en el territorio y en el municipio que se constituyen en el espacio eficiente del juego regulatorio así como en el campo de ejercicio de los derechos de ciudadanía. Emergen así municipios, ciudades y unidades subnacionales y regionales como ejes de nuevas centralidades que parecen configurar una nueva matriz de gestión política y social. T.S. Marshall en 1949 elabora el concepto contemporáneo de ciudadanía a partir del reconocimiento de derechos civiles, políticos y sociales. Las sociedades democráticas del fin de siglo viven la paradoja de la expansión de los derechos políticos en un marco de reducción de los derechos civiles y sociales que caracterizaron la construcción del estado de bienestar. Así, el contenido actual de la realización de derechos de ciudadanía se refiere a la distancia entre la igualdad formal y la igualdad real, o más explícitamente, a la superación de«la brecha entre la igualdad política y la desigualdad económica y social»[3]. Y es en esta dimensión de la ciudadanía que se inscribe la preocupación por la formulación de políticas de género, tema en que los municipios han tenido un protagonismo que muchas veces se anticipó a las políticas nacionales. e rcceoiugodliroardnodinalelda s ecesióldanes einnstrtaencias La globalización ha tenido como contracara la redefinición del rol de los estados nacionales y la configuración de una nueva geografía económica, política y social que tiene al lugar/territorio como espacio central y a la ciudad como lugar estratégico. Entre los factores que constituyen este proceso cabe señalar: * nuevas lógicas de gobernanza, donde la gobernanza local aparece como recurso estratégico ante la pérdida del monopolio de la legitimidad del estado central, que se comparte cada vez más con el municipio y los gobiernos locales; * el avance de los procesos de integración regional y la conformación de grandes bloques de países como el Mercosur, inducidos por cambios económicos y tecnológicos. * El aumento en la escala y la complejidad de transacciones económicas; * El desarrollo de nuevas tecnologías de planificación, de gestión y organización de las administraciones públicas, donde se impulsan la descentralización y la formulación de acciones innovadoras que dan lugar a la configuración de«unidades estratégicas» de actuación. * la creciente densidad de los servicios en la organización de la economía, lo cual ha alimentado el crecimiento de 10 servicios para empresas y sectores, donde las ciudades se constituyen en proveedores de servicios e insumos para estos fenómenos; * la internacionalización de una agenda de temas estratégicos que aparecen crecientemente como condición del desarrollo, la sustentabilidad social y la gobernabilidad. Algunos ejemplos son la equidad de género, las nuevas funciones de los municipios y las ciudades, la protección ambiental, y particularmente, la promoción del desarrollo económico y social. Los problemas del empleo y las dificultades del desarrollo son insuficientemente satisfechos por el estado central e intentan resolverse por regiones en función de sus condiciones, la especificidad de su problemática y las capacidades y competencias. Saskia Sassen señala que en la economía internacional actual estamos presenciado una suerte de triangulación: donde usualmente existían dos partes – la economía global(o el sistema internacional) y los gobiernos nacionales, hay ahora un tercero: las grandes ciudades o áreas metropolitanas. La economía goblal se materializa en una red transfronteriza de regiones estratégicas y más específicamente de sus centros, las ciudades estratégicas(Sassen, 1999). En virtud de estos procesos las ciudades y municipios de la región han visto incrementarse sus funciones políticas y sociales, así como han incrementado su poder relativo. Las diferencias regionales(de oportunidades, de infraestructura, de recursos, de tecnologías de gestión, de apertura al cambio, etc) constituyen unidades estratégicas que se articulan en verdaderas regiones pivotales y regiones virtuales(Boisier, 1998). En este contexto, la coordinación de ciudades y municipios es una reacción a esta necesidad de configuración y pertenencia a una unidad estratégica. La gestión de las ciudades cumple diversas funciones políticas, sociales y económicas como se ha venido planteando: i. La ciudad ha sido vista como espacio de diferenciación. En muchos de los casos de la región, la configuración de modelos de gestión diferenciados ha sido promovida desde gobiernos municipales de partidos de oposición al gobierno nacional, que han apostado por diferenciarse a partir del tipo de sociedad y el modelo de gestión que impulsan desde lo local. La experiencia de gobierno del PT en Brasil comenzó por legitimarse y autoafirmarse desde el ámbito municipal y en una racionalidad de oposición con el gobierno central; es también el caso del gobierno de Montevideo y el gobierno de la ciudad de Rosario. ii. La ciudad como espacio de identidad. Este factor es complementario del señalado previamente; la ciudad ha sido reconfigurada como un ámbito de reafirmación de un lugar en el mundo, de un modo de ser, de una forma de inserción en el sistema público. Es el caso de Montevideo, que ha vivido en estos últimos quince años lo que en otros trabajos hemos señalado como la«refundación del municipio en Uruguay»(Laurnaga, 2001); es decir, como espacio de referencia de un estilo de gestión autónomo. iii. La ciudad como espacio de ciudadanía. Como se señaló en las paginas iniciales, esta dimensión es sustantivamente un efecto de la crisis del estado nacional y del sistema de
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Fortaleciendo escenarios de encuentro : un paso más ; Unidad Temática de Género y Municipio, Unidad de Desarrollo Social, Unidad de Desarrollo Económico Local, Red de Mercociudades
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