Edició 1 n 972 45 o -2 an 01 ivers 7 ario NUEVA SOCIEDAD  268 ¿Qué lee(y escribe) la izquierda? COYUNTURA Ernesto Semán Luciana Boiteux TRIBUNA GLOBAL Didier Fassin/ Mariana Lorenz TEMA CENTRAL Martín Bergel Maristella Svampa Verónica Gago Tomás Straka Roberto Lampa Massimo Modonesi Eduardo Gudynas Fernando Molina Bruno Bimbi ENSAYO Enzo Traverso NUEVA SOCIEDAD es una revista latinoamericana abierta a las corrientes de pensamiento progresista, que aboga por el desarrollo de la democracia política, económica y social. Se publica cada dos meses en Buenos Aires, Argentina, y circula en toda América Latina. Directora: Claudia Detsch Jefe de redacción: Pablo Stefanoni Coordinadora de producción: Silvina Cucchi Editor de la plataforma digital: Mariano Schuster Administración: María Eugenia Corriés, Vanesa Knoop, Karin Ohmann N ueva S ociedad N o 268 Diseño original de portada: Horacio Wainhaus Arte y diagramación(portada e interior): Fabiana Di Matteo Ilustraciones: Mariano Grassi Fotografía de portada: Shutterstock Corrección: Germán Conde, Vera Giaconi Traducción al inglés de los sumarios: Kristie Robinson Impreso en Talleres Gráficos Nuevo Offset, Viel 1444, Buenos Aires, Argentina Los artículos que integran N ueva S ociedad son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el pensamiento de la Revista. Se permite, previa autorización, la reproducción de los ensayos y de las ilustraciones, a condición de que se mencione la fuente y se haga llegar una copia a la redacción. N ueva S ociedad – ISSN 0251-3552 Oficinas: Defensa 1111, 1 o A, C1065AAU Buenos Aires, Argentina. Tel/Fax:(54-11) 4361-4108/4871 Correo electrónico: (distribución y ventas) El portal N ueva S ociedad es una plataforma de reflexión sobre América Latina. Articula un debate pluralista y democrático sobre política y políticas latinoamericanas. es un proyecto de la www.nuso.org 268 Marzo-Abril 2017 ■ ÍNDICE COYUNTURA 4293 Ernesto Semán. Trumpismo: una minoría de masas 4 4294 Luciana Boiteux. Brasil: las cárceles de la droga y de la miseria 14 TRIBUNA GLOBAL 4295 Mariana Lorenz. La policía como objeto de estudio. 23 Entrevista con Didier Fassin TEMA CENTRAL 4296 Martín Bergel. De utopías globales, ruidos y recomposiciones. 34 Una conversación sobre prácticas de lectura y movimientos sociales 4297 Maristella Svampa. Cuatro claves para leer América Latina 50 4298 Verónica Gago. Intelectuales, experiencia e investigación militante. 65 Avatares de un vínculo tenso 4299 Tomás Straka. Leer el chavismo. Continuidades y rupturas 77 con la historia venezolana 4300 Roberto Lampa. El sinuoso regreso de la economía heterodoxa 87 4301 Massimo Modonesi. Lecturas de las izquierdas mexicanas 100 4302 Eduardo Gudynas. Los ambientalismos frente a los extractivismos 110 4303 Fernando Molina. Focos de lectura de la izquierda boliviana 122 4304 Bruno Bimbi. A tu revolución le falta fresa 137 ENSAYO 4305 Enzo Traverso. Memoria del futuro. Sobre la melancolía de izquierda 154 SUMMARIES n Segunda página La izquierda ha sido tradicionalmente parte de la cultura letrada. Los debates acerca de sus tácticas, estrategias y mundos deseables e indeseables quedaron plasmados en libros, muchos de ellos clásicos que aún hoy son sostén de ideas y polémicas. Pero ¿sigue siendo así? ¿Qué leen –y escriben– las izquierdas en la actualidad? ¿En qué autores se referencian? ¿Qué temas abordan? Estas son algunas de las preguntas que dieron forma al Tema Central de este número de N ueva S ociedad . Son varios los ejes y las dimensiones que se desarrollan, y en conjunto se compone un mapa de preocupaciones e ideas fuerza en América Latina y también de«palabras claves» de esta diversidad de sensibilidades englobadas habitualmente bajo la denominación de«izquierda». No menos importante, se analizan también tensiones, sesgos, aporías y ausencias. En una conversación con Amador Fernández-Savater, Franco Ingrassia y Rodrigo Nunes, Martín Bergel aborda las relaciones entre izquierdas, redes sociales y prácticas de lectura. El acento está puesto sobre todo en los movimientos que cuestionaron la globalización, muchos de los cuales apostaron por construir visiones«prefigurativas» de la política(anticipar el«mundo nuevo» en las prácticas actuales) y sociabilidades cosmopolitas. Sin duda, las redes sociales constituyeron una marca de época en estos movimientos, que transformaron, a su turno, las formas de«leer» y discutir la política. De manera complementaria, Verónica Gago aborda los cambios en Argentina y América Latina en la época reciente, marcados por la dialéctica entre lo destituyente y lo constituyente, y se pregunta cómo se ubica la militancia frente a una serie de experiencias que ponen justamente en crisis los modelos pedagógicos clásicos de la política 3 N ueva S ociedad 268 Segunda página y cuál es el estatuto del pensamiento y la investigación frente a los nudos de conflicto y disputa que caracterizaron el continente en la época reciente. El artículo de Maristella Svampa presenta cuatro ejes para organizar una posible lectura de la«década progresista» latinoamericana: el avance de las luchas indígenas, el cuestionamiento de la visión hegemónica de desarrollo a la luz de la expansión del extractivismo, la reactualización de la figura de la de pendencia y, finalmente, los populismos«infinitos». Estos ejes promovieron la producción política y teórica de las izquierdas, al tiempo que dejaron ver tensiones y dilemas en relación con la democracia, el cambio social y los vínculos entre sociedad y Estado. En el marco de la reemergencia de«populismos de alta intensidad», Tomás Straka analiza las raíces ideológicas del chavismo, los discursos e ideas que puso en juego y las tensiones internas que recorren sus derivas. Si bien el chavismo recuperó una tradición nacional-popular muy presente en Venezuela, reconfiguró algunos de sus elementos en una reactua lización de esa tradición denominada«socialismo del siglo xxi ». Massimo Modonesi, por su parte, se centra en el corpus de lecturas que alimenta la visión del mundo e inspira y sostiene las prácticas políticas del Movimiento de Regeneración Nacional(Morena) y del Ejército Zapatista de Liberación Nacional ( ezln ), dos expresiones emblemáticas –y a la vez muy diferentes– de la izquierda mexicana: una de ellas vinculada a la política estatal; la otra, desarrollada en las«grietas» del sistema. Fernando Molina mapea las lecturas de la izquierda boliviana, reactivada y transformada desde la llegada al poder de Evo Morales, haciendo hincapié en el«foco de lectura» de la Vicepresidencia. Liderado por Álvaro García Linera, este espacio desarrolló una sistemática invitación a intelectuales de todo el mundo y generó un conjunto de intercambios, temáticas e influencias cruzadas. Finalmente, tres temas ineludibles en cualquier revisión de las lecturas y la producción de las izquierdas de esta década: las visiones heterodoxas de la economía, a las cuales se aboca el artículo de Roberto Lampa; las diversidades sexuales, que trabaja Bruno Bimbi; y la cuestión ambiental y, junto con ella, el extractivismo, problematizados por Eduardo Gudynas. Las tres esferas tienen en común una relación no lineal –y a menudo problemática– con las izquierdas latinoamericanas. Todas ellas están atravesadas por líneas de«afinidad conflictiva», espe cialmente las últimas dos. Este mapeo del pensamiento actual de las izquierdas regionales puede ser un«insumo» en este momento de retrocesos políticos y de necesidad de las izquierdas de(re)pensar sus proyectos, en el actual contexto de profundas transformaciones nacionales y globales. n COYUNTURA Trumpismo: una minoría de masas E rnesto S emán Donald Trump cuenta la historia de un pasado mítico, el de los Estados Unidos de los años 50, una nación pura, victoriosa, próspera y segura –y no menos jerárquica–. Con ese discurso logró congregar a una«minoría de masas» con ansias refundacionales. Por estos días se lo compara, incluso, con el populismo latinoamericano. Estas analogías ofrecen una puerta de acceso inesperada y atractiva a la política norteamericana, pero no para entender a Trump, sino para analizar las preocupaciones de quienes hacen la comparación. Mientras tanto, las instituciones que lo volvieron posible aparecen hoy dispuestas a salvar el país. A tribulados por cambios que no comprenden, agazapados en un rincón con sus armas listas para disparar contra la utopía cosmopolita que los oprime: la hipérbole que deforma a los votantes de Donald Trump monopoliza la atención de los análisis domésticos y globales sobre Estados Unidos en este momento de implosión de régimen. Ese votante, una secreción del imaginario modernista en su expedición angustiada a un mundo ajeno, la inspección a la mosca que rompió el espejo, está instalado en un tiempo muerto, dominante. Es el paisaje fijo, prudentemente instalado a los costados, para ocultar el espectáculo verdaderamente aterrador que lo rodea: no el del«fascismo americano» que Trump ha llevado al poder, sino el de las instituciones de la democracia norteamericana que lo hicieron posible y que hoy asoman, familiares y siniestras, dispuestas a ofrecer la salvación del país. El movimiento que llevó a Trump a la Casa Blanca se conformó a partir de un rechazo a la creciente desigualdad del llamado«poder material» que hace Ernesto Semán: es escritor y profesor de historia en la Universidad de Richmond. Su próximo libro es Ambassadors of the Working Class: Argentina’s International Labor Activists and Cold War Democracy in the Americas(Duke University Press, en prensa). Palabras claves : democracia, elites, populismo, Donald Trump, Estados Unidos. 5 C oyuntura Trumpismo: una minoría de masas que los ciudadanos perciban que no tienen un control efectivo sobre el destino de sus vidas y que la política democrática no ofrece un camino para recuperar ese control. Ese rechazo se expresó en un deseo iracundo de retorno mítico a los eeuu de los años 50 en tres imágenes claras: la de la superioridad extrapolítica de una causa nacional forjada alrededor de la Constitución y cuyo mensaje se consolidó alrededor del Tea Party en la última década; la de una fuerte homogeneidad social basada, paradójicamente, en el establecimiento de fuertes jerarquías internas: las de una«América blanca» y una defensa irrestricta de la libertad económica individual; y la perspectiva de una movilidad social ascendente asociada a los dos componentes previos. La renovación de las estructuras políticas que produjo esta combinación es una de las más formidables de la política norteamericana desde el New Deal y no se expresa solo en la figura de Trump: apenas 59 de los 237 diputados republicanos actuales estaban en el Congreso antes de 2008, un recambio inédito para la esclerosada dinámica local 1 . Hasta ahí no hay elementos novedosos. Se trata de ideas que están en el corazón de los marcos ideológicos del Partido Republicano. Si el gobierno de Trump prospera, puede que su agenda de gobierno no sea tan distinta de la de otra administración republicana: un programa de reducción de impuestos para las corporaciones, el intento negociado por reducir el gasto público en los remanentes del Estado de Bienestar, la erosión progresiva de los mecanismos regulatorios del Estado en áreas como el medio ambiente, las relaciones laborales, la salud y la educación, y un intento por restringir la movilidad social y la circulación física de minorías diversas, en contraste con una mayor liberalidad en la circulación de los agentes económicos. Muchas de esas ideas son, además, nociones que de distintas formas circulan por las venas del Partido Demócrata, particularmente desde el comienzo de la Guerra Fría, pero con especial énfasis tras la profunda renovación que produjo el partido desde fines de los 80 y que se expre só en la llegada de Bill Clinton al poder en 1992. El discurso revulsivo sobre la inmigración es un campo fértil para ver lo nuevo dentro de una larga tradición política nacional. Trump no inventó el miedo a los inmigrantes como instrumento de control político de la sociedad norteamericana. En su discurso al Congreso en 1995, por ejemplo, el presidente Clinton advirtió sobre los inmigrantes«que ocupan nuestros puestos de trabajo» y«demandan más gastos y mayores servicios del Estado», y defendió su gestión por haber 1. Andrew Taylor:« gop Struggles with Shift from Opposition Party to Governing» en ap , 6/3/2017. N ueva S ociedad 268 6 Ernesto Semán sostenido«un mayor respeto por las leyes» y«haber reforzado las fronteras, incrementado el personal de seguridad y efectuado más deportaciones que las administraciones anteriores». Pero fue Obama quien, de hecho, llevó los números de deportados a su punto máximo histórico. Trump y el núcleo duro de supremacistas blancos que lo rodean acentúan más claramente que en el pasado el rol de este discurso en la producción de disciplinamiento social de dos formas: miedo entre los inmigrantes y beneficio negativo(benefi cio de no ser inmigrante) en el resto de la sociedad. Algo novedoso, en todo caso, es el formidable despliegue legal y militar doméstico que Trump hereda de las gestiones de Obama y George Bush hijo. Y lo que sí es inédito, y sobre lo que discurren estas líneas, es la forma que toma este programa, los realineamientos que produjo y seguirá produciendo y las consecuencias sobre el futuro político de eeuu . En lo que podría llamarse«fascismo americano», el movimiento de Trump constituye una «minoría de masas» que busca el retorno a un orden fundado en la ideología consagrada en la Constitución y sus derivados, definida como un siste ma organizado en torno de la libertad individual y el derecho de propiedad (no siempre dicho, pero referido sobre todo a la esclavitud). Tal sistema está cimentado sobre una serie de derechos negativos que defienden al individuo frente al Estado. La llegada de Trump al poder se produce mediante mecanismos institucionales diseñados para la limitación del espacio público y la contención de quienes lo integran. Algunos de estos mecanismos, perfeccionados durante la última década, son de carácter instrumental: sobre todo, los nuevos requerimientos de identificación para votar que excluyen a minorías y sectores bajos de la escala social que no cumplen esos requisitos(contar con identificación oficial y que exista correspondencia entre la dirección que figura en el documen to y la efectiva al momento de votar) y los rediseños de distrito(lo que se conoce como gerrymandering) que tornan la participación política local de esas minorías en algo crecientemente inútil. Otros de esos mecanismos se vinculan con la radical transformación de la esfera pública, sobre todo en dos planos: la participación irrestricta de las corporaciones en la financiación de la política, consagrada por la Suprema Corte en 2010 en el caso«Citizens United versus Federal Election Commission », que autoriza a las empresas a aportar fondos de manera ilimitada a las campañas electorales, y el paralelo desmantelamiento del poder de las organizaciones colectivas, particularmente los sindicatos 2 . 2. Sobre este proceso y la forma en que afectó la relación entre los trabajadores y la política, v. el excelente trabajo de Jane F. McAlevey: No Shortcuts: Organizing for Power in the New Gilded Age, Oxford University Press, Nueva York, 2016. 7 C oyuntura Trumpismo: una minoría de masas La condición de«minoría de masas» como rasgo básico de esta versión americana del fascismo es crucial para imaginar el futuro de Trump en dimensiones que ni este ni el círculo que lo rodea terminan de imaginar. En contradicción con la narrativa desesperada que utilizan los medios para describir a la base trumpista, en eeuu los más postergados no votaron a Trump, ya sea porque han sido expulsados de la esfera pública o simplemente se les ha impedido acceder a esta, ya sea porque votaron mayoritariamente al Partido Demócrata. Trump sí logró cierto apoyo sindical(obtuvo el mayor caudal de votos de familias sindicalizadas de un candidato republicano desde Ronald Reagan 3 ), pero aun ese apoyo(de los trabajadores en mejor posición) fue sustancialmente menor que el que recibió Hillary Clinton. La obsesión de Trump por encontrar una masa de ciudadanos que lo apoyara en las calles durante su asunción presidencial –que, sin embargo, no se hicieron presentes– evidencia su herida narcisista y el legado estético de las multitudes fascistas que forman su imaginario y el de quienes lo rodean. Pero el sujeto político que Trump ha creado está mayormente recluido en su espacio familiar. Más allá de la estética de masas que el presidente anhela, su éxito se juega, en verdad, en lograr una efectiva desmovilización, acentuar la diferencia entre activistas radicalizados y ciudadanos excluidos y perfeccionar los mecanismos institucionales que tornen a la oposición en un actor políticamente irrelevante. Desigual y aislado, el individuo es el verdadero sujeto de la identidad política naciente. ■■  Make it Great Esa identidad está en su lema original:«Make America Great Again». El efecto es extravagante, más poderoso que lo que su simpleza indica. Trump narra la historia de un pasado mítico, el de los eeuu de los años 50, una nación pura, victoriosa y mundial, ideológica y moral en su anclaje constitucional, próspera, segura e imaginariamente irreversible. Por sobre todas las cosas, una historia articulada en el sutil lenguaje de la jerarquía extrapolítica de la raza sobre la cual descansa el orden mayor e inamovible de la propiedad. Ahí,«Make America Great Again» se escucha como«Make America White Again», y«Law and Order» se entiende como la vigilancia del Estado militarizado sobre los cuerpos negros en tanto puente de acero para la libertad de los blancos, una tradición que arranca con el formidable aparato policial y discursivo desplegado desde fines de 1600 para prevenir la fuga de negros, una de las mayores fuentes de 3. Noam Scheiber, Maggie Haberman y Glenn Thursh:«Trump’s Inroads in Union Ranks Have Labor Leaders Scrambling» en The New York Times, 17/2/2017, p. 12. N ueva S ociedad 268 8 Ernesto Semán preocupación en las colonias del Sur aun antes de que la nación naciera 4 . Pero la escatología refundacional demanda una crítica voraz a todo lo que alejó a eeuu de ese pasado grandioso: las guerras que no se ganaron y los militares que ya no pelean para ganar, los diarios que ya no reflejan la verdad, las empresas que llevan sus puestos de trabajo al exterior, los políticos que han abandonado a su comunidad. Y he ahí la paradoja que hace inteligible la confrontación de Trump con el statu quo que viene a rescatar: solo es posible refundar las bases de legitimidad de un orden mediante un ataque frontal a sus elites. Los primeros meses de Trump no se tratan de una acción sistémica de resultados esperables, ni de un acuerdo a espaldas del público, sino de la refundación de un orden. La relación de Trump con la prensa, y en particular su pelea con el diario The New York Times, sirve como ejemplo de esta dinámica, no tanto por su importancia como por lo que esa confrontación revela. El New York Times, como cualquier diario de trayectoria y prestigio, es un medio que habla desde el poder. Su discursividad circula por dos carriles bien definidos que tienen muy poco que ver con la crítica o el apoyo a un gobierno. En uno de esos carriles están sus interlocutores, sean aliados o adversarios: el Partido Demócrata, Trump, las agencias de inteligencia, los otros medios, los escritores, aquellos con los que comparte o discute el futuro del país. Es decir, mucho más que«los que mandan», la categoría más tenue con la que el sociólogo José Luis de Imaz describía a un poder nunca consolidado en Argentina; en este caso se trata del mundo de un poder establecido y extendido que se percibe, muchas veces con razón, aun por encima de la competencia política. Por el otro carril, su otra audiencia, la del mundo ajeno, aquel al que van los periodistas del Times: profesionales a mitad de camino entre el representante del diario y el etnógrafo, enviados a recoger información sobre esa realidad distante que no deja de extrañar e interesar, para horrorizarse o para celebrarlo, ya sea el votante de Trump en Michigan o el inmigrante mexicano a punto de ser deportado. Trump fue quien vio esa distancia infranqueable para el New York Times, brecha que él zanjó con los instrumentos que mejor maneja: los de Twitter, la prensa amarilla y su experiencia en los círculos de 4. Martín Plot hace una interesante lectura de la frase, situándola dentro de su caracterización del movimiento liderado por Trump como«voluntarista». Ed Baptist sostiene que la vigilancia a los negros siempre fue más allá de garantizar la esclavitud o la explotación económica y se vinculaba a la necesidad de garantizar y reproducir jerarquías domésticas y una noción de«libertad negativa» a favor de los blancos. M. Plot:«Elecciones y regímenes políticos» en Temas y Debates N o 32, 2016; E. Baptist:«Creating White Freedom by Hunting Enslaved Africans», inédito, septiembre de 2016. 9 C oyuntura Trumpismo: una minoría de masas la autoayuda financiera 5 . En su único momento verdaderamente populista, Trump produjo un escenario político nuevo: presentó a la elite como una oligarquía.«The failing New York Times», el decadente New York Times, como se refiere el presidente al diario, es una acusación in toto al viejo orden. O mejor dicho, es tanto una descripción del diario como una denuncia contra las bases de legitimidad de aquel orden que Trump apuesta a reconstruir. Las posibilidades de sobrevivir en esa confrontación son limitadas por defi nición. No porque esto sea una revolución, sino porque, justamente, ahí se juega la supervivencia de un orden. Cierto, el enfrentamiento de Trump con las agencias de inteligencia y militares puede licuarse en el ábaco de las asignaciones presupuestarias y el concierto del complejo militar-industrial. La irrupción de un escenario de confrontación militar internacional puede ayudar a hacer ese proceso aún más rápido 6 . La impresión de los que, como yo, creen que las batallas ideológicas son disputas sobre las bases materiales del poder es que el final de esa pelea por construir un futuro anclado en un pasado ideal está lejos de ser claro o favorable para Trump. Las probabilidades de que las instituciones acechadas«salven» a eeuu de la amenaza de Trump son tan altas como las de que Trump acomode su estrategia para convertirse en un líder efectivo de esas elites. Y ambas posibilidades son preocupantes. Esa encrucijada trágica entre Trump y las fuerzas que pueden salvar la democracia de la que este surgió es el verdadero ethos nacional. En los años 60, Seymour«Marty» Lipset presentó una tipología política que iluminaba el bajo fondo del denominado «excepcionalismo americano» mucho más certeramente que el libro que escribió con ese título 30 años después. En su análisis del macartismo como versión del autoritarismo vernáculo(un movimiento que hoy sin duda asimilaría con el del trumpismo), el sociólogo, fundador del neoconservadurismo y al mismo tiempo asesor del think tank que nutrió de ideas al clintonismo dentro del Partido Demócrata, destacaba que lo singular de eeuu no fue solo que, a diferencia de otros movimientos autoritarios, el macartismo hubiera fracasado. Lo distintivo, y aquello que tornaba el sistema político más estable, es que las fuerzas que derrotaron al macartismo no fueron sus víctimas sino las elites económicas y los conservadores 7 . Algo no dicho en su texto y tan relevante entonces como ahora: se trató de las mismas fuerzas que generaron el espacio para su crecimiento y las mismas que 5. Para una discusión sobre este rasgo en particular de Trump, v. la interesante reflexión de Daniel Fridman:«Candidatos ricos, votantes pobres» en La Nación, 31/12/2016. 6. El aumento de los gastos en defensa impulsado por Trump en su propuesta de presupuesto nacional, entre otras cosas, parece buscar ese objetivo inmediato. 7. S. Lipset: Political Man: The Social Bases of Politics, Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1960, p. 172. N ueva S ociedad 268 10 Ernesto Semán absorbieron bajo un formato institucional y organizado el mandato del terror como herramienta para control social, desmantelamiento del movimiento obrero y repliegue del Estado que caracterizó a eeuu después del New Deal. Si la analogía es válida para imaginar una«salida institucional» a la crisis generada por el ascenso de Trump, las razones para preocuparse por esa salida aumentan.(Torcuato Di Tella me relató alguna vez su primer encuentro con Lipset en la Universidad de Columbia en los 50 cuando este aún no había abandonado del todo su sólida base marxista en el funcionalismo, pero empezaba a trabajar en su obra fundamental sobre los atributos de los ciudadanos proclives a opciones políticas autoritarias. Di Tella era apenas un estudiante que le declaró a Lipset su deseo de entender –y desterrar– al peronismo. Lipset, a tono con la época en la que el populismo se leía como una desviación de clase bajo el lente de Karl Marx, lo mandó a leer El dieciocho Brumario. La recomendación tuvo un efecto limitado, pero la obsesión de Di Tella transformó la investigación de Lipset, quien luego entabló trato con Gino Germani y trabajó in extenso sobre la base social del peronismo como uno de los ejemplos que demostraban el efecto desestabilizador de las modernizaciones truncadas en la subjetividad política de la clase trabajadora. Aquella asociación temprana del peronismo con los trabajadores manipulados por un demagogo, que tomó forma quizás fundacional en las charlas de Di Tella con Lipset, es aún hoy el discutible marco explicativo con el que se analiza cualquier fenómeno de masas, incluida la llegada de Trump al poder). ■■  El Moloch populista Los repetidos análisis de Trump bajo la lupa de los populismos latinoamericanos, las comparaciones con una variedad meliflua de procesos políticos que van desde el chavismo a Augusto Pinochet y desde Alberto Fujimori al peronismo, ofrecen una puerta de acceso inesperada y atractiva a la política norteamericana: no para entender a Trump, sino para analizar las preocupaciones de quienes hacen la comparación. Por una vez, al menos, las referencias al peronismo en particular no son solo derivado de la vocación autorreferencial argentina, y por una vez también, su utilidad es mayor que la de alimentar una cultura nacional en permanente y antropofágica expansión.(Las referencias a Trump como un nuevo Perón también son un salto al vacío imaginario en el que la ucronía es más válida que la analogía: la figura perfecta sería la de un hombre del gobierno de la Década Infame –régimen que dirigió Argentina entre 1930 y 1943– que en algún momento luego de 1942 decide lanzar su candidatura presidencial para evitar la llegada de una revolución social. Quizás alguien como Alberto Barceló, el líder conservador que gobernó el popular municipio de Avellaneda entre 11 C oyuntura Trumpismo: una minoría de masas 1909 y los años 1930 y que emergió entre las filas oficiales para denunciar la candidatura mediocre de Robustiano Patrón Costas –el candidato que efectivamente postuló el régimen– y la afectación cosmopolita de Carlos Saavedra Lamas –canciller histórico que se convirtió en blanco de sectores nacionalistas–. Barceló debía lograr de esta manera producir una profunda renovación dentro de la coalición ofi cial, rescatarla y evitar así la llegada de Perón, que en este abuso retórico sería Bernie Sanders. Dicho de otro modo: Trump no es quien viene desde afuera a romper el régimen, sino el que surge desde adentro para refundarlo). Desde fines de los años 40 y hasta hoy, las ciencias sociales y el discurso político norteamericano recurren a la figura del peronismo para aler tar sobre las tendencias autoritarias nacionales. La referencia es al mismo tiempo vaga y precisa y se dirige a aquellas identidades que puedan caracterizarse por un fuerte liderazgo personal, una crítica a las instituciones vigentes, una mayor intervención del gobierno en la economía y un rol dominante de los sindicatos en la política. La recurrencia en la sociología funcionalista norteamericana es tal y tan superflua que en 1974 Eldon Kenworthy sostuvo que, como categoría de análisis, el peronismo(y uno se ve tentado a extender el juicio al populismo en general) se convirtió en una pieza clave de cualquier teoría global,«el pequeño caso que, amoldado a los requerimientos de la teoría, imparte un aura de universalidad» a preocupaciones fuertemente locales 8 . Entre otras cosas, la referencia insistente al populismo latinoamericano oscurece las características profundamente nativas del fenómeno Trump. Pero sobre todo, revela la definición estrecha de democracia política que manejan quienes usan esa figura. Como bien señala Thea Riofrancos en una de las mejores críticas al abuso de las referencias al populismo,«acentuar las instituciones y las normas como la esencia de la‘democracia’ es una definición que tiene una histo ria, y es una historia que arranca por negar otras definiciones más radica les de ese concepto» 9 . Aplastar dentro de una misma definición(populismo, Trump, peronismo, político latinoamericano) cualquier fenómeno que ofrezca resistencia a las instituciones disuelve de inmediato el hecho básico de que, al menos en sus casos históricos(peronismo en Argentina, varguismo en Brasil y cardenismo en México), los populismos latinoamericanos de los años 30 y 40 se montaron sobre la expansión de derechos sociales y económicos y no en su limitación, surgieron de la mano de 8. Eldon Kenworthy: The Function of the Littleknown Case in Theory Formation: Or What Peronism Wasn’t, Cornell University, Latin American Studies Program, Ithaca, 1974. 9. Thea Riofrancos:«Democracy Without the People» en n +1 Magazine, 6/2/2017. N ueva S ociedad 268 12 Ernesto Semán la consolidación de organizaciones colectivas y no sobre su desmantelamiento, y encararon un fuerte proceso de regulación de la vida social y económica, no su total liberalización. El núcleo duro de la adscripción a estos populismos fue la certeza de millones de individuos postergados de que podían obtener mediante la organización colectiva y la pertenencia a una identidad mayor el mismo poder que otros detentaban individualmente en la sociedad a la hora de decidir no solo sus propios intereses, sino los rasgos fundamentales de la sociedad. Que analistas varios, mayormente vinculados al Partido Demócrata, imaginen que el fenómeno de Trump puede ser leído como populismo latinoamericano no solo es disparatado, sino que también bloquea la posibilidad de ver dinámicas democráticas más radicales como el verdadero espacio para una oposición novedosa. Puesto de otro modo, Wisconsin es a Trump lo que la localidad platense de Berisso fue al peronismo: son las cunas de las que emergieron y en las que se pueden leer sus rasgos distintivos y opuestos. Desde 2009, el Partido Republicano experimentó en ese estado con los rasgos fundamentales de una renovación política aun antes de que nadie imaginara que la lideraría Trump: una drástica eliminación del poder de negociación de los sindicatos, una apuesta por el financiamiento privado de la política para contrarrestar el anclaje sindical del Partido Demócrata(Trump fue, justamente, uno de los que financiaron al goberna dor Scott Walker en la campaña para permanecer en el poder ante el pedido demócrata de removerlo), el rediseño de distritos electorales y la sanción de nuevas exigencias para votar señaladas anteriormente, que recién este año fueron revocadas por la Justicia con el argumento de que, efectivamente, marginan de forma casi exclusiva a votantes demócratas. Nada de lo que ocurre hoy fue súbito e inesperado: cuando el Partido Demócrata perdió el referéndum que había promovido y demostró que no había podido movilizar su propia base sindical, quedó claro que el Partido Republicano estaba comenzando algo nuevo.«Es hora de limitar el poder de los sindicatos, y en eso espero poder ser la fuente de inspiración para muchos otros líderes», dijo Walker luego de su victoria. (En esa época, escribí un artículo para Página/12 en esta misma línea que se titulaba«Wisconsin, la pelea de fondo». No fue la única nota en ese tono, pero la reacción mayoritaria del Partido Demócrata ante el evento fue que se trataba de una dinámica encapsulada y que en la elección general los trabajadores no tendrían otra opción que volver al Partido Demócrata. En 2012, Obama ganó su reelección con cuatro puntos menos que en 2008 y Hillary Clinton perdió por menos de un punto. Había en esa negación demócrata una mirada estática de la 13 C oyuntura Trumpismo: una minoría de masas política muy distinta de la del promedio de cualquier lector de diarios latinoamericano, mucho más dispuesto a registrar transformaciones, y quizás por eso, a realizarlas 10 ). No hay posibilidad alguna de imaginar a Trump y a su asesor estrella de la Alt-Right Steve Bannon 11 en el poder sin la implosión callada del Partido Demócrata como instrumento de acción colectiva. Ni hay modo de imaginar una salida distinta de la radicalización de Trump o de su institucionalización sin una profunda reformulación del Partido Demócrata o el surgimiento de otra alternativa. Enfrentados al fenómeno presuntamente inesperado del triunfo de Trump, buena parte de los líderes partidarios depositan sus esperanzas en el escenario(nada improbable en una coyuntura volátil) de que escándalos como la relación de Trump con el gobierno ruso provoquen una crisis terminal en su gobierno. Es más fácil reavivar el miedo ancestral a la amenaza rusa que revisar la crisis de representatividad terminal que los acosa y la pérdida de un proyecto de país significativamente distinto. Una crisis republicana que se produzca antes de una renovación demócrata podría garantizar la continuidad de la elite partidaria actual que sobrevive a caballo de esta crisis, y que se reforzó pírricamente en su esfuerzo por aplastar a Bernie Sanders. Liderazgos emergentes como el de Yvanna Cancela(joven senadora estadual de Nevada) y otros de la nueva camada generacional pueden ser el comienzo de una renovación o el grupo que les dé nuevos aires a las viejas estructuras. Como un fenómeno político que engloba a todo eeuu , la figura de Trump encierra, en su potencial éxito o su eventual fracaso, un microcosmos de las limitaciones estrechas de la política norteamericana y de las potencialidades siempre a punto de estallar. 10. E. Semán:«Wisconsin, la pelea de fondo» en Página/12, 20/2/2011. 11. Sobre este tema, v. Laura Raim:«La derecha‘alternativa’ que agita a Estados Unidos» en Nueva Sociedad N o 267, 1-2/2017, disponible en. n COYUNTURA Brasil: las cárceles de la droga y de la miseria L uciana B oiteux Las últimas masacres carcelarias revelaron que, como ya se había advertido, el sistema penitenciario brasileño es un polvorín: superpoblado, insalubre, totalmente inadecuado y listo para explotar. Las leyes represivas del tráfico de drogas han logrado aumentar la población carcelaria, pero al mismo tiempo fortalecieron a las grandes organizaciones criminales. Se trata de un sistema ineficaz en la protección de la salud pública, pero que tiene entre sus metas el disciplinamiento social de los más pobres, en especial los jóvenes y los negros. E ste texto tiene por objeto relacionar las recientes masacres de presos en Brasil, que vuelven a despertar la atención de los medios y de las autoridades, con la permanente«crisis penitenciaria» que vivimos, fruto de una sociedad punitiva pero selectiva con sus blancos y de una política de drogas represiva, que ha sustentado el sobreencarcelamiento creciente con el beneplácito del Poder Judicial y que agrava cada día las condiciones de vida de los presos en nuestro sistema penitenciario. El fin de 2016 estuvo marcado por la profundización de la crisis económica, y la respuesta del gobierno ilegítimo de Michel Temer fue la adopción de políticas neoliberales de contención del gasto público, especialmente en salud y educación, y de reducción de derechos sociales. En este contexto, 2017 marca el regreso a una explosión de violencia contra los presos, a partir de la matanza que incluyó la decapitación de casi 60 personas en una penitenciaría del estado de Amazonas –estado que posee una de las tasas más altas de superpoblación carcelaria del país, 259% 1 –, que después se extendió a dos estados más. Para comprender este escenario, es preciso decir que la opción brasileña por el Luciana Boiteux: es magíster y doctora en Derecho Penal. Es profesora adjunta de Derecho Penal y coordinadora del Grupo de Investigaciones en Política de Drogas y Derechos Humanos de la Universidad Federal de Río de Janeiro( ufrj ). Palabras claves: derechos humanos, encarcelamiento, punitivismo, tráfico, Brasil. Nota: traducción del portugués de Claudia Solans. 1. Ministerio de Justicia de Brasil: Levantamento nacional de informações penitenciárias(Infopen), diciembre de 2014, disponible en. 15 C oyuntura Brasil: las cárceles de la droga y de la miseria refuerzo de la represión, especialmente contra el tráfico de drogas y los deli tos patrimoniales(en línea con las demandas mediáticas de castigo), no fue acompañada por el nivel de gastos necesario para ejecutar esa estrategia. En Brasil, existen altas tasas de encarcelamiento que sobrecargan el sistema penitenciario y que resultan de una opción punitiva desenfrenada e irracional, sin que se invierta en mejoras en las condiciones carcelarias o en la reducción del número de presos. El país se convirtió en el cuarto mayor encarcelador del mundo en cantidad absoluta de personas presas 2 , con 622.202 presos en diciembre de 2014 –últimas cifras divulgadas oficialmente–, lo que corresponde a una tasa de 306,22 presos por cada 100.000 habitantes 3 . Posiblemente hoy, en 2017, estos números deben de haber aumentado aún más, pero no hay informaciones oficiales. En los últimos 14 años(2000-2014) se verificó un aumento de 267,32% del nú mero de presos; en comparación con otros países de América Latina, Brasil posee proporcionalmente la tasa más alta 4 , seguido de México, Chile, Colombia y Perú 5 . Para comprender la causa de esta epidemia de encarcelamiento en Brasil, debemos tener en cuenta el gran aumento de la cantidad de presos por el delito de tráfico de drogas, que tuvo el mayor crecimiento en los últimos años en representatividad penitenciaria, conforme con lo ya analizado en estudios anteriores 6 . Sin embargo, a pesar del aumento de la represión, en las últimas décadas Brasil pasó de ser un país de tránsito de drogas ilícitas a uno de alto consumo, no obstante haber endurecido de manera considerable sus leyes represivas y profundizado el déficit carcelario. El endurecimiento de la política criminal de drogas, que se inicia con la Constitución de 1988 y que convirtió ese delito en aberrante y redujo los beneficios penitenciarios, fue reforzado 2. Según el Departamento Penitenciario Nacional, Estados Unidos, Rusia y China han reducido sus tasas de encarcelamiento en los últimos años, pero Brasil sigue una trayectoria diametralmente opuesta, ya que ha incrementado su población carcelaria en un orden cercano a 7% anual. Ministerio de Justicia de Brasil: ob. cit. 3. Ibíd. 4. Tasa de presos por cada 100.000 habitantes. 5. Fuente: International Centre for Prison Studies, . 6. L. Boiteux y Ela Wiecko(coords.): Tráfico de dro gas e Constituição, Ministerio de Justicia, Brasilia, 2009, disponible en; L. Boiteux:«Drogas y prisión: la represión contra las drogas y el aumento de la población penitenciaria en Brasil» en Pien Metal y Coletta Youngers(eds.): Sistemas sobrecargados. Leyes de drogas y cárceles en América Latina, Transnational Institute/ Washington Office on Latin America, Ámsterdam-Washington, 2010; L. Boiteux y João Pedro Padua:«La desproporción de la Ley de Drogas: los costes humanos y económicos de la actual política en Brasil» en Catalina Pérez Correa(ed.): Justicia desmedida. Proporcionalidad y delitos de drogas en América Latina, Fontamara, Ciudad de México, 2012; L. Boiteux y J.P. Padua:«Respuestas estatales al consumidor de drogas ilícitas en Brasil. Un análisis crítico de las políticas públicas (civiles y penales)» en C. Pérez Correa(ed.): Consumo, consumidores de drogas y las respuestas estatales en América Latina, Fontamara, Ciudad de México, 2014. N ueva S ociedad 268 16 Luciana Boiteux a partir de la Ley de Drogas 11343/06, que aumentó el mínimo de la pena privativa de libertad por el delito de tráfi co(art. 33) de tres a cinco años. A pesar de haberse quitado la posibilidad de que los consumidores vayan presos, en la ley se mantuvo la tenencia de drogas como delito. Y aunque se introdujeron penas alternativas, el efecto perverso de la norma fue el encarcelamiento de consumidores pobres como traficantes, tal como analizamos en una investigación realizada en Río de Janeiro y en Brasilia 7 . Por lo tanto, el resultado de estos diez años de la ley –la primera legislación de drogas sancionada después del fin de la dictadura empresarial-militar(1964-1984) y después de la Constitución democrática de 1988– fue el aumento de los encarcelamientos. Aunque parezca contradictorio, la redemocratización en el Brasil significó un avance del punitivismo y del Estado penal y llevó a un gran aumento del número de presos, al mismo tiempo que se fortalecieron facciones delictivas que actúan en los presidios y fuera de ellos, cada vez más involucradas en el lucrativo tráfico de drogas. Paradóji camente, se estima que fue justamente el aumento de la represión penal al tráfico lo que condujo al fortalecimien to de los grupos delictivos responsables del narcotráfico. Nótese con esto que, en la perspectiva de la criminología crítica que adoptamos, el aumento del número de presos por tráfico no signi fica un aumento del tráfico en sí, sino el refuerzo de la actuación selectiva del sistema de justicia criminal dirigido contra ese tipo de delito; es decir que el sistema(que es estructuralmente selectivo) coloca intencionalmente como prioridad de la actuación policial este tipo de represión. A su vez, el Poder Judicial cumple con su parte aplicando penas altas y reduciendo garantías en los procesos por ese delito. A pesar de la ampliación del debate público sobre política de drogas en Brasil, tanto la superpoblación carcelaria como las condiciones penitenciarias empeoraron bajo la influencia directa de esa política represiva, que abusa de la prisión preventiva y no prioriza las penas alternativas, medidas que podrían por lo menos aliviar parcialmente la superpoblación. Y las consecuencias se sienten dentro de las prisiones. En este sentido, consideramos que el número excesivo de presos lleva al fortalecimiento de las organizaciones criminales, toda vez que estas amplían sus áreas de influencia. Cuanto más presos se envían a las prisiones, e incluso cuanto peores son las condiciones de encarcelamiento, más fuertes devienen las organizaciones criminales, pues el Estado pierde el control dentro de las cárceles: los agentes penitenciarios, cuyo número está muy por debajo del necesario y cuyas condiciones de trabajo están precarizadas, se vuelven vulnerables, mientras que los 7. L. Boiteux y E. Wiecko: ob. cit. 17 C oyuntura Brasil: las cárceles de la droga y de la miseria líderes criminales ayudan a organizar a los presos e incluso les ofrecen asistencia y protección. Del lado de afuera, estas mismas redes organizan el tráfico de drogas y se for talecen financieramente. Cuantas más personas estén encarceladas, más fuertes serán las facciones criminales, pues estas se organizan en ausencia del Estado. Al mismo tiempo, el prohibicionismo, que sirve como base ideológica para la criminalización del tráfico de drogas, crea los mercados ilícitos y el negocio lucrativo se amplía cada vez más. Es la propia prohibición de las drogas la que crea estos monopolios ilícitos, y resulta cierto que la represión penal no genera ningún efecto sobre la reducción del consumo o incluso del tráfico, sino que, por el contrario, tiene como resultado el aumento del encarcelamiento, del tráfico y de la oferta de drogas. El cuadro es grave; la cuestión penitenciaria en Brasil nunca fue tomada en serio, a pesar de las leyes, los principios y las regulaciones que reconocen los derechos humanos de los presos y determinan las condiciones dignas de encarcelamiento. Los políticos conservadores son elegidos por una política del miedo y defienden banderas popu listas de endurecimiento de penas ya absurdamente altas. En la política brasileña, defender los derechos humanos es defender a«bandidos», a pesar de la ausencia de garantía de derechos para los presos. El resultado es el que se ve en la práctica cotidiana de casi todas las penitenciarías brasileñas: condiciones indignas, corrupción, violencia, tortura y muerte, a pesar de lo que determina la letra de la ley. De acuerdo con los datos oficiales 8 , incluso habiéndose casi triplicado el número de plazas ofrecidas, el déficit penitenciario brasileño aumen tó más del doble, lo que significa que la población penitenciaria ha crecido muy por encima de la capacidad instalada, incluso si aumentó(aunque de manera insuficiente) el gasto en construcción de prisiones. Según la misma fuente, el número de presos es superior al número de plazas en los presidios: la tasa media de ocupación en las penitenciarías brasileñas es de 167%, con porcentajes bastante más altos en estados como Rondônia(292%), Pernambuco(237%) y Alagoas(228%), además del ya citado Amazonas(259%) 9 , que fuera escenario de la primera masacre de este año. Esta situación de crisis en las cárceles brasileñas ya era denunciada incluso antes de los últimos hechos de violencia. De acuerdo con datos oficiales, el número de muertes intencionales en el sistema penitenciario fue seis veces mayor que la tasa de crímenes letales intencionales verificada en Brasil en 2013 10 . Amnistía Internacional ya venía denunciando esta gravísima situación de violencia penitenciaria todos los años en su informe anual, además de la continuidad de las prácticas cotidianas 8. Ministerio de Justicia de Brasil: Infopen 2014. 9. Esto sin contar que la mayor parte de los establecimientos penales tampoco está preparado para recibir poblaciones específicas como lgbt , ancianos y discapacitados. 10. Ministerio de Justicia de Brasil: Infopen 2015. N ueva S ociedad 268 18 Luciana Boiteux de tortura en el sistema penitenciario. En las penitenciarías y delegaciones de policía, torturas y malos tratos, como electroshock, asfixia por ahoga miento, golpizas y quemaduras por cigarrillo, son prácticas ampliamente difundidas 11 . Para Amnistía Internacional,«superpoblación extrema, condiciones degradantes, tortura y violencia siguieron siendo problemas endémicos en las prisiones brasileñas» luego de la redemocratización del país 12 ; estos problemas ya fueron denunciados a los organismos internacionales de derechos humanos, principalmente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ( cidh ) y a la Corte Interamericana de Derechos Humanos(Corte idh ). Esta situación, que se registra cotidianamente en todo el país, termina llamando la atención de los medios cuando alcanza niveles de tragedia, y entonces llega a las instancias internacionales en razón de la ineficiencia del Estado brasi leño para impedir las muertes y las torturas, o incluso procesar o condenar a los culpables, como ocurrió en los presidios Aníbal Bruno, en Pernambuco 13 , y Urso Branco 14 , en Rondônia, denunciados en 2000 frente a la Corte idh , e incluso el Presidio Central de Porto Alegre, considerado uno de los peores de Brasil. Más recientemente, el Complejo Penitenciario de Pedrinhas, en el estado de Maranhão, también obtuvo repercusión nacional por el gran número de muertes y las escenas filmadas de decapitación de presos en una rebelión 15 . Sin embargo, uno de los casos más dramáticos pasó a la historia como la Matanza de Carandiru, cuando 111 presos fueron ejecutados por la Policía Militar de San Pablo en 1992 16 . Este caso es aún más emblemático pues se había 11. Amnistía Internacional:«Brasil.‘Eles nos tratam como animais’. Tortura e maus-tratos no Brasil: desumanização e impunidade no sistema da Justica Criminal», 2001, disponible en . 12. Amnistía Internacional:«O estado dos dereitos humanos no mundo 2014-2015», disponible en. 13. El caso del antiguo presidio Aníbal Bruno (hoy Complejo Penitenciario del Curado) en Pernambuco fue llevado en 2011 a la cidh de la Organización de Estados Americanos( oea ) por una coalición de entidades de derechos humanos, frente a la falta de respuesta oficial del gobierno estadual y federal a las graves denuncias de torturas y agresiones(tales como estupros, golpizas, intentos de homicidio, etc.). Fuente: Archivo Aníbal, disponible en. 14. El caso del presidio Urso Branco fue el primero en Brasil en recibir una medida cautelar de la cidh . En 2002, una rebelión dio como resultado la muerte de por lo menos 27 personas. Pero este no fue un caso aislado: entre los años 2000 y 2010 se contabilizaron más de 100 muertes en este presidio, como señaló la ong Justicia Global. 15. El presidio de Pedrinhas fue conocido nacionalmente en razón de las 62 muertes de detenidos practicadas por otros presos de forma cruel, a comienzos de 2014, y que se difundieron en videos con escenas de decapitaciones que fueron exhibidos por los medios de comunicación. Tales muertes ocurrieron en un contexto de superpoblación carcelaria en el estado brasileño que posee el segundo peor índice de desarrollo humano ( idh ), la menor expectativa de vida y las tasas más altas de mortalidad infantil del país. 16. En 1992, 340 policías militares invadieron el presidio y permanecieron durante cerca de media hora supuestamente para contener una rebelión: el resultado fue la muerte de 111 detenidos, 102 de los cuales fueron asesinados a tiros, cuando ninguno de ellos portaba armas de fuego. Puede encontrarse un informe fotográfico en O Globo,. 19 C oyuntura Brasil: las cárceles de la droga y de la miseria logrado castigar en primera instancia a algunos de los mandantes y ejecutores de esa matanza. Aun así, recientemente, el Tribunal de Justicia de San Pablo anuló el juicio en medio de cuestionamientos 17 . Frente a este macabro historial de violaciones de derechos humanos y de superpoblación carcelaria, estos últimos diez años de vigencia de la referida Ley de Drogas dejaron ver un agravamiento del cuadro. Brasil tiene un alto porcentaje de prisión preventiva(una media de 40%) y un Poder Judicial represivo y conservador –además de lento–, que a pesar de ser especializado y estar muy bien remunerado y estructurado no actúa como garantía de derechos; por el contrario, la mayoría de sus miembros se concibe como agente de seguridad pública. Hoy no hay cómo debatir el encarcelamiento en masa en Brasil sin apuntar al Poder Judicial como uno de los grandes responsables, cuando este deja de aplicar las normas limitadoras del poder punitivo, legitima la violencia policial e ignora la tortura, además de flexibilizar el principio de presunción de inocencia previsto en la Constitución. Pero ¿quiénes son los presos que sufren esta violencia institucional en Brasil? El perfil general de los encarcelados proviene directamente de la estructura vertical, punitiva y selectiva del sistema penal en un país atravesado por la desigualdad, el racismo, la exclusión social y la negación de derechos y que toma la opción represiva penitenciaria como forma de control social de la pobreza. Según datos de diciembre de 2014 18 , son jóvenes(hasta 24 años), afrodescendientes, con baja escolaridad(no poseen la primaria completa) y pobres, con el delito del tráfico de drogas como el más frecuente(28%), tanto entre hombres como entre mujeres, aunque el porcentaje de las presas por ese delito sea mucho más elevado: cerca de 58%. Las penitenciarías tienen color: la raza es un recorte esencial para comprender el sistema penitenciario brasileño. Datos de Infopen 2014 señalan que dos de cada tres personas presas son negras 19 . Esto significa que más de 61% de la población carcelaria es negra, mientras que en la población brasileña en general la proporción de negros es de alrededor de 53%. Además, en razón del número tan elevado de hombres presos, la situación de extrema vulnerabilidad de las mujeres encarceladas acaba siendo invisibilizada. Aunque el número de presas en Brasil sea significativamente más bajo que el masculino en términos absolutos(en la actualidad son 33.793, es decir, 5,8% del total), debe destacarse que el ritmo de crecimiento de la tasa de encarcelamiento de mujeres es aún más alto que el de hombres(Brasil es el quinto país en números absolutos 17. Marina Novaes:«Justiça de São Paulo anula julgamentos de pm s pelo massacre do Carandiru» en El País Brasil, 29/9/2016. 18. Ministerio de Justicia: Infopen 2014, cit. 19. Información brindada por los estados brasileños consolidada en el Infopen con datos referentes a diciembre de 2014. N ueva S ociedad 268 20 Luciana Boiteux de presas) 20 . De 2000 a 2014, el número de presas por cada 100.000 habitantes saltó de 5,8 a 35,4, lo que significa un aumento de 567% en 15 años 21 , mientras que el de hombres creció 267%. Considerando entonces el delito de tráfico como el que más encarcelamientos genera, se debe destacar que el perfil encontrado en Río de Janeiro, bastante semejante a datos de otros estados, es de pequeños traficantes detenidos mientras actuaban solos(60,8%), arrestados en delito flagrante(91,9%), lo que sugiere casualidad en el encuentro de la droga más que investigación; 65,4% responde solamente a tráfico y 66,4% a primeras detenciones. En los Juzgados Criminales de Río de Janeiro, solo 15,8% fue condenado también por asociación y 14,1% en concurso con posesión de arma; el porcentaje restante estaba desarmado. Del total de las sentencias, 41,6% de los reos recibió penas por debajo del mínimo. En Brasilia, los datos son semejantes pero solo 0,6% fue condenado por tráfico en concurso con posesión de armas y 72,2% responde solo por tráfico, siendo la mayoría de las condenas (50,3%) por más de cinco años. La selectividad del sistema penal se confirma en las dos ciudades 22 . Una investigación más reciente de Julita Lemgruber y Marcia Fernandes, realizada en Río de Janeiro y con foco en delitos flagrantes, verificó que dos tercios de las personas presas por delito flagrante de tráfico en 2013 portaban pequeñas cantidades de drogas(hasta 50 gramos) y que la mitad de los reos fue detenida con una única especie de sustancia. En gran parte de esos casos, por lo tanto,(…) las informaciones probablemente llevarían a la imputación de posesión para consumo propio, más que a la de transporte para comercialización. 23 Además, en 85,5% de los procesos, los detenidos llevaban solo la droga en el momento del delito flagrante,«sin nin gún otro objeto capaz de sugerir actividades de comercialización o práctica de delitos conexos». De hecho, la regla en Brasil es tener la«investigación criminal como excepción y no la regla en la justicia criminal. En líneas generales, el sistema prácticamente solo actúa en relación con los casos de detención en flagrante, o en aquellos en que ya existen elementos de prueba previos para la conclusión de la investigación (detenido identificado, testigos disponi bles y otras pruebas)» 24 . 20. Ministerio de Justicia: Levantamento nacional de informações penitenciárias. Infopen Mulheres, junio de 2014, disponible en. Por primera vez en su historia, el Departamento Penitenciario Nacional lanzó el Infopen Mujeres, con datos referentes a junio de 2014, y reconoció así la importancia de destacar el recorte de género de la población penitenciaria femenina. Estos datos se refieren a 2013 y son los que fueron contabilizados a partir de la variable «género», pues parte del total de los presos informados no hacía esa distinción. 21. Ibíd. 22. L. Boiteux y E. Wiecko: ob. cit. 23. J. Lemgruber y M. Fernandes: Tráfico de drogas na cidade do Rio de Janeiro: Prisão provisória e direito de defesa, cesec , Río de Janeiro, 2015, disponible en. 24. Instituto de Pesquisa Econômica Aplicada ( ipea ):«A aplicação de penas e medidas alternativas. Relatório de pesquisa», ipea , Río de Janeiro, 2015, p. 87. 21 C oyuntura Brasil: las cárceles de la droga y de la miseria En resumen, los principales factores que explican el sobreencarcelamiento en Brasil y que refuerzan el proceso de criminalización de la pobreza son: a) el aumento de presos por tráfico de dro gas, especialmente a partir de la nueva ley(N o 11343/06), en su mayoría jóvenes, vulnerables, pobres, negros y mujeres, que ocupan posiciones subalternas en el tráfico, posiblemente usuarios, porta dores de pequeñas cantidades de drogas, en su mayoría no reincidentes; b) la opción represiva prevaleciente, que opta por la prisión preventiva, encubierta por los tribunales brasileños que niegan la libertad provisional a la mayoría de los presos de delito flagrante, especialmente en el caso del tráfico; y c) la poca aplicación de penas alternativas a la prisión, a pesar de que existen leyes vigentes que deberían llevar a una interpretación de que la prisión preventiva sería aplicable solo en casos excepcionales. Por lo tanto, frente a este panorama, para entender los recientes acontecimientos en las cárceles brasileñas, debemos tener en mente no solo el aumento del encarcelamiento sino también la mayor representatividad de traficantes de drogas presos, lo que fortalece a las organizaciones criminales y sus relaciones con el tráfico internacional fuera de las prisiones. Estos factores fueron los responsables por la tragedia que ocurrió el día 1 o de enero de 2017 en el Complejo Anísio Jobim(Compaj), del estado de Amazonas, cuando 17 horas de rebelión terminaron con 56 muertos(parte de ellos, decapitados) y más de 200 fugitivos, en la que fue considerada la mayor masacre del sistema penitenciario del estado y una de las mayores registradas en el país en todos los tiempos. Algunos días después, otros cuatro presos fueron ejecutados en el presidio al que fueron transferidos los sobrevivientes, situado en la misma ciudad, lo que llevó el total de muertos a 60. Los administradores privados del presidio, incluso teniendo noticias de que algo iba a ocurrir, no tomaron las precauciones necesarias para impedir la masacre, atribuida a disputas originadas en el fin de la alianza de casi 20 años entre dos de las mayores agrupaciones criminales del país: el Comando Vermelho, de Río de Janeiro, aliado a una facción que actúa en el norte del país, la«Familia del Norte», y el Primer Comando de la Capital( pcc ), originario de San Pablo, que disputan el lucrativo mercado del tráfico y la zona de influen cia en los presidios 25 . Los dos grupos 25. Se afirma que en los últimos años el pcc fortaleció su presencia en algunas de las rutas más importantes del tráfico internacional de drogas y armas, siendo responsable por los principales cargamentos de cocaína llegados de Colombia y Bolivia y marihuana de Paraguay. El Comando Vermelho, a su vez, fue perdiendo importancia en estas rutas después de la detención en Colombia de Luiz Fernando da Costa, conocido como Fernandinho Beira-Mar, en 2001. En esta disputa, la ruptura definitiva se habría dado el 22 de junio de 2016, cuando el pcc , en una operación cinematográfica, ejecutó en Paraguay al traficante Jorge Rafaat Tou mani, que era considerado«el rey del tráfico». La acción habría contado con más de 100 mercenarios que tenían armamento pesado, incluyendo una ametralladora calibre 50 –capaz de derrumbar helicópteros–, para fusilar al traficante en medio de la calle. Alfonso Benites:«Assassinato do‘rei do tráfico’ na fronteira deixa em alerta autoridades brasileiras» en El País Brasil, 22/6/2016. N ueva S ociedad 268 22 Luciana Boiteux principales tienen una estrategia de expansión nacional, y llega un momento en ese proyecto en que uno comienza a estorbar al otro 26 , y esa dinámica fue la que motivó la masacre. En Amazonas, la mayoría de los muertos estaba ligada al pcc . Algunos días después, en otros dos estados, ocurrieron más masacres: 33 decapitados y descuartizados en Roraima y posteriormente un motín en la Penitenciaría Estatal de Alcaçuz, en Río Grande del Norte, que dejó 27 muertos y unos diez heridos. Todos estos hechos se deben a ajustes de cuentas y disputas entre los grupos criminales que actúan en el tráfico de drogas y se organizan den tro de los presidios. Nótese que la región norte de Brasil es ruta de tráfico inter nacional por ser frontera con los países productores de cocaína. La disputa por el control de las cárceles es una estrategia de fortalecimiento de las organizaciones criminales en sus actividades ilegales 27 . Por lo tanto, fueron justamente las disputas alrededor del control de las redes internacionales de tráfico las que llevaron al fin de la alianza entre esas dos prin cipales facciones criminales del país, las cuales, hasta entonces, lograban mantener el orden y la convivencia pacífica en los presidios y fuera de ellos por medio de acuerdos. Una vez rotos esos acuerdos, lo que se vio fue la absoluta falta de control sobre esas disputas dentro de las prisiones y la pelea por el lucrativo mercado del tráfico. Se considera que el sistema penal brasileño puede transformarse a partir del reconocimiento y la efectivización de derechos y garantías individuales de los presos y acusados, así como por medio de la interpretación legalista y humanitaria de las leyes vigentes. Pero en verdad, solo se conseguirá reducir el nivel de encarcelamiento en Brasil a partir de la amplia reforma de la represiva e inefi caz política de drogas hoy vigente, que no alcanza su principal objetivo declarado –la protección de la salud pública– pero ha sido bastante eficiente para aumentar el número de encarcelamientos y el control social de la pobreza, su objetivo real pero no explicitado. No son los grandes traficantes los que están pre sos, son los menos importantes pero que resultan piezas claves en la estructuración del tráfico altamente lucrativo. El sistema penitenciario brasileño es hoy un polvorín: superpoblado, insalubre, totalmente inadecuado, listo para explotar en cualquier momento; por lo tanto, no hay que hablar de«crisis actual». Esta crisis es permanente, y mantener a las personas pobres y negras en nuestras prisiones es un proyecto estructural que tiene como objetivo mantener el control social punitivo sobre las clases bajas, con la justificación de«combatir el narcotráfi co». En tiempos de crisis y de ajuste fiscal, si se mantiene la misma estrategia punitiva –como parece ser el caso–, la situación se tornará aún más grave y volveremos a ser testigos de nuevas matanzas. La resistencia a este modelo se muestra más que nunca urgente y necesaria. 26. Gil Alessi:«Rebeliões sinalizam fim de pacto entre pcc e cv e espalham tensão em presídios» en El País Brasil, 20/8/2016. 27. G. Alessi:«Massacre em presídio de Manaus deixa 56 detentos mortos» en El País Brasil, 2/1/2017. n TRIBUNA GLOBAL La policía como objeto de estudio Entrevista con Didier Fassin M ariana L orenz E ntre 2005 y 2007, el antropólogo y sociólogo francés Didier Fassin pasó 15 meses patrullando los suburbios de París. Varias veces por semana, acompañó a la Brigada Anticriminalidad en sus recorridos por los barrios populares de la capital francesa, donde la mayor parte de los habitantes son inmigrantes o hijos de inmigrantes. Los resultados de esa investigación etnográfica están reunidos en La fuerza del orden. Una etnografía del accionar policial en las periferias urbanas(Siglo xxi , Buenos Aires, 2016). Cuando se le pregunta por las particularidades de su reciente objeto de investigación, Fassin dice haber tratado a los policías como a cualquier otro grupo de los que estudió, si bien admite que una diferencia central es el poder que tienen sobre la población. El método utilizado, la etnografía, es lo que según él permitiría generalizar verticalmente, identificando mecanis mos, procesos y lógicas que pueden encontrarse en cualquier lugar. Por eso considera que sus hallazgos son válidos también para nuestras latitudes. El argumento central de Fassin –profesor de Ciencias Sociales en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton y Director de Estudios en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París– hace tambalear nuestro sentido común sobre la función de las fuerzas de seguridad: no se trata de mantener el orden público sino de sostener y reproducir el orden social con sus desigualdades. Cree que su aporte desde las ciencias sociales ha sido contribuir al reconocimiento de la violencia policial y la discriminación que se ejercen sobre ciertos grupos poblacionales. Aunque el panorama parezca poco alentador , asoma un atisbo de esperanza cuando señala que una herramienta para la pacificación es la reduc ción de la distancia social mediante el reclutamiento de agentes que provengan de lugares similares a aquellos en los que tendrán que trabajar. Mariana Lorenz: es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires( uba ). Becaria posdoctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas(Conicet) de Ar gentina en el Instituto de Investigaciones Gino Germani. Participa en diversos grupos de investigación sobre fuerzas de seguridad. Es docente del Instituto Universitario de la Policía Federal. Palabras claves : desigualdad, etnografía, policía, racismo, violencia, Francia. N ueva S ociedad 268 24 Entrevista con Didier Fassin ¿Qué desafíos presentó para usted trabajar con un objeto de estudio como las fuerzas de seguridad? ¿Qué similitudes y diferencias encontró respecto de otras investigaciones antropológicas o sociológicas que haya emprendido? En términos de investigación, las fuerzas de seguridad tienen dos características importantes. En primer lugar, la criminología es un campo de estudios muy consolidado dentro de las ciencias sociales, lo que significa que hay numerosos académicos que han estado trabajando sobre la policía por décadas y han desarrollado un conocimiento experto, pero también han tejido redes y afinidades. En segundo lugar, las fuerzas de seguridad han sido estudiadas ampliamente sobre todo mediante análisis cuantitativos, cuestionarios y entrevistas, pero no mediante trabajos de campo en profundidad, al menos no hasta hace poco. Mi investigación se contrapone a estos dos aspectos. No soy criminólogo, y nunca antes de la investigación realizada para el libro La fuerza del orden había trabajado sobre la policía. Además, allí utilicé el método etnográfico, es decir, la presencia durante largos periodos y la observación del trabajo cotidiano. Esto significó dedi car tiempo a estudiar las dimensiones legales, institucionales e históricas del accionar de la policía en Francia y el resto del mundo, pero también habilitó una mirada más desprejuiciada sobre esta actividad y me permitió asombrarme y preguntarme acerca de cuestiones que eran evidentes para los criminólogos. En cierto modo, traté a los policías como a cualquier otro grupo de los que había estudiado anteriormente, ya sean inmigrantes indocumentados en Francia, campesinos indígenas en Ecuador o pacientes con sida en Sudáfrica. Sin embargo, una diferencia a señalar es que tienen poder sobre la población –por delegación del monopolio del uso legítimo de la fuerza, como lo dice Max Weber– y a menudo abusaban de él, lo que me ponía en la situación delicada de ser testigo de cosas que me causaban rechazo pero frente a las cuales no podía reaccionar. Describí mi relación con la policía como una combinación de complicidad –ya que, después de todo, estaba con ellos cuando hostigaban a las minorías– y duplicidad –ya que me reservaba mis opiniones–. Esa fue la única forma de llevar adelante mi investigación durante 15 meses en un periodo convulsionado 1 . Pero no logré engañar a los policías: sabían que no era uno de ellos y respetaron mi diferencia. Por mi parte, traté de ser leal con ellos por la confianza que me demostraron. De hecho, cuando comencé a escribir el libro, me debatía en un conflicto entre lealtades: 1. El recorte temporal corresponde al periodo que transcurrió entre las revueltas de octubre de 2005, luego de la muerte de dos adolescentes refugiados en una subestación eléctrica para escapar de los policías que los perseguían en Clichy-sous-Bois, y las de noviembre de 2007, tras la muerte de dos jóvenes en motocicleta atropellados por un patrullero en Villiers-le-Bel. 25 T ribuna G lobal La policía como objeto de estudio hacia los policías que habían aceptado mi presencia entre ellos todo ese tiempo; hacia mi profesión e institución, dado que es importante preservar la autonomía intelectual y el rol social de las ciencias sociales; y, fundamentalmente, hacia la gente sobre la cual la policía ejercía su poder en forma abusiva y discriminatoria. ¿Qué habilita o permite una mirada que se distancia de la idea de«cultura policial»? Si bien no es posible pensar como un policía, el hecho de pasar día y noche en una patrulla con varios equipos de las brigadas anticriminalidad y de las fuerzas de seguridad regulares por un periodo largo permite al menos observar cómo piensan a través de lo que dicen y cómo actúan. A pesar de que los agentes que acompañé tenían algunas características comunes entre sí y similares a las que otros describieron en otras partes del mundo, evité hablar de cultura, que es una forma de reificar esas similitudes. Preferí analizar situaciones e interacciones para entender los procesos y mecanismos que dan lugar a la violencia o la discriminación. También presté atención a las justifi caciones que los policías usaban para dar cuenta de sus actos desviados o perturbadores. Más que juzgarlos o denunciarlos, traté de comprender cómo dan cuenta de la agresividad y la arbitrariedad hacia el público con el que interactúan. En particular, pude identificar que lo que la mayoría de la gente, incluido yo, considera actos de violencia y discriminación para ellos era simplemente un castigo. Se daban a sí mismos y a los demás dos razones para eso: la gente no los quiere, lo que justifica su hostilidad, y los jueces son demasiado indulgentes, lo que justifica que ocupen su lugar. Ambas afirma ciones son falsas, dado que la popularidad de la policía entre la población permanece relativamente alta y el sistema judicial se ha vuelto más severo en las últimas décadas, pero servían para legitimar sus desviaciones. Humillar, insultar o pegarle a alguien en la calle, desde su perspectiva, eran formas de hacer justicia. ¿Cómo enfrentó sus propios prejuicios o concepciones previas acerca de las fuerzas de seguridad y pudo introducirse en ese grupo social? Mi ingreso a las fuerzas policiales fue sorprendentemente fácil. Pedí un permiso y lo obtuve. Hubo algo de suerte en esto, como luego advertí, ya que nunca más pude obtener una autorización, a pesar de que tuve buenas repercusiones de mi primera incursión en el campo y no hice públicos los resultados de este primer estudio hasta pasados tres años. Esa experiencia me hizo pensar que la dificultad del acceso no era el único motivo por el cual los criminólogos hacen poco trabajo de campo. Otras causas son la autocensura de los investigadores, la ignorancia del método etnográfico y el tedio que producen largas horas de observación N ueva S ociedad 268 26 Entrevista con Didier Fassin en las que no pasa nada. Probablemente por esas múltiples razones es que mi estudio del trabajo de las patrullas policiales fue pionero en Francia. Precisamente, uno de los hallazgos más importantes de mi investigación es uno de los más autoevidentes una vez que se lo formula. La mayor parte del tiempo que los oficiales dedican a patrullar los barrios se caracteriza por la falta de acción y la ausencia de actividad. Se pasan esas largas horas comentando noticias, políticas de inmigración, pases esperados, los nuevos uniformes, las armas que desean, novedades familiares o los últimos juegos electrónicos. Reciben muy pocas llamadas, y las que llegan a menudo son errores o bromas. Debo aclarar que mi trabajo se centra en el distrito policial más grande de Francia, que no es particularmente tranquilo: de hecho, sus índices de criminalidad son significativamente superiores a los del resto del país. La escasez de intervenciones reactivas, es decir, en respuesta a llamadas del público, da lugar a un exceso de intervenciones proactivas, es decir, detener y requisar a personas en lugares públicos, basándose generalmente en la apariencia; lo que suele llamarse«caracterización racial» que, por supuesto, es ilegal pero también muy común. Entonces, contrariamente a las representaciones que más usualmente muestran las novelas policiales, las series televisivas y películas de detectives –donde los policías realizan persecuciones en una actividad apasionante–, la experiencia más común en la patrulla policial es el aburrimiento. Esto tiene múltiples derivaciones, una de las cuales es la necesidad de producir acción; la otra es reaccionar en exceso a eventos menores. De hecho, en primer lugar, bajo la presión de la«cultura del resultado», que implica cierta cantidad de arrestos mensuales, los policías deben hallar sospechosos, cosa que hacen chequeando los permisos de los inmigrantes para encontrar personas indocumentadas y requisando a los jóvenes de los complejos de viviendas sociales por tenencia de marihuana. Deteniendo a estas presas fáciles, pueden alcanzar sus objetivos cuantitativos a costa de prácticas ilegales, que difícilmente son denunciadas y nunca sancionadas: por el contrario, son alentadas por sus superiores y por el Ministerio del Interior. En segundo lugar, cuando ocurre un problema, la respuesta policial es cuantitativa y cualitativamente desproporcionada. Por una simple reyerta entre ciudadanos, varios patrulleros se apresuran a concurrir al lugar y a menudo intervienen brutalmente sin distinguir a los sospechosos de los testigos o vecinos. El castigo al azar y colectivo por parte de la policía es frecuente en los barrios pobres. ¿Es posible pensar que los territorios y sujetos estigmatizados por los policías no son otros que los que en general estigmatiza el resto del conjunto social? 27 T ribuna G lobal La policía como objeto de estudio Cada sociedad tiene la policía que merece o produce. Según la importancia que cada una le dé al respeto de la ley o al mantenimiento del orden, a la aplicación del principio de justicia o a la práctica de la discriminación racial, tendrá tipos de actuación policial muy distintos. En Francia, en las últimas tres décadas, las inequidades sociales aumentaron, la segregación etnorracial concentró a las minorías en complejos de viviendas sociales y la estigmatización de los inmigrantes y de sus hijos se volvió común en los altos niveles de gobierno. No debemos olvidar que, cuando era ministro del Interior, Nicolas Sarkozy dijo que iba a«limpiar los complejos de viviendas sociales con una hidrolavadora» y calificó a la juventud de«escoria»; dos años después, fue elegido presidente. Esto fue en el momento en que estaba llevando adelante mi investigación y entonces no parecía sorprendente que la policía se sintiese habilitada para actuar como lo hacía. Sería incorrecto considerar que los oficiales son racis tas sin inscribir sus discursos y prácticas en el racismo de la institución policial y las políticas gubernamentales. El racismo de la policía no es únicamente un rasgo individual; es sobre todo un rasgo sistémico. Deberíamos pensarlo como un racismo institucional y político, respaldado por la mayoría de la población. Uno de los factores importantes que explican la hostilidad y agresividad de la policía hacia las minorías, como los negros y los árabes, es que 80% de los agentes son hombres y mujeres blancos que provienen de áreas rurales y pequeñas ciudades de regiones desindustrializadas. Tienen escasa o nula experiencia en diversidad etnorracial y entornos urbanos. Cuando toman su primer puesto en ciudades con complejos de viviendas sociales y una gran concentración de población inmigrante, están desconcertados, impresionados e intimidados. Los únicos oficiales que vi comportarse correctamente con los jóvenes de estos barrios de bajos recursos fueron los que habían sido criados en lugares similares. A primera vista, puede parecer paradójico que la animosidad mutua entre la policía y su público sea tan intensa cuando de hecho comparten el mismo trasfondo de clase trabajadora. Aparentemente, la principal diferencia es el color de piel; pero, si se analiza en profundidad, se vincula con el lugar donde han pasado su vida, asistido a la escuela, practicado deportes, etc. Sería entonces simplista pensar que el problema se resolvería contratando a policías negros y árabes, ya que, mucho más que por su origen, estos están presionados por los colegas para poner a prueba su lealtad hacia la institución. El factor de pacifi cación más importante es la reducción de la distancia social, por lo que una posible solución es el reclutamiento de policías que provengan de lugares similares a aquellos en los que tendrán que trabajar, independientemente de su color de piel. N ueva S ociedad 268 28 Entrevista con Didier Fassin ¿Qué elementos componen lo que usted define como la«economía moral del trabajo policial»? Propuse definir la economía moral(o redefinirla, ya que se trata de un con cepto propuesto inicialmente por el historiador británico E.P. Thompson) como la producción, circulación y apropiación de normas, valores y afectos. Esta economía moral caracteriza cierto campo de actividad social y, a menudo, un cierto tipo de problema. La relevancia de este concepto es mostrar que las normas, los valores y los afectos son objetos de movilización, competencia, adaptación y disputa. En el caso de la actuación policial, las normas de profesionalismo, los valores de justicia y el resentimiento se combinan de manera equívoca. Por ejemplo, el resentimiento contra su público puede llevar a los oficiales a desacredi tar su ética profesional y a distorsionar los principios de justicia desarrollando castigos extrajudiciales. Por supuesto, entre los policías hay diferencias, y algunos agentes se sienten incómodos cuando advierten el trabajo sucio que se espera que hagan. He descrito situaciones de conflicto y dilemas éticos con los que se enfrentan algunos agentes. En esos casos, cabe hablar de subjetividades morales (utilizando un concepto que propuso Michel Foucault) para dar cuenta de estos conflictos y dilemas, de la ma nera de enfrentarlos y resolverlos. Sin embargo, dada la solidaridad de clan que une a la policía, generalmente es muy difícil que aquellos que rechazan las prácticas desviadas de su profesión puedan expresarlo, debido a la respuesta esperable de sus pares, que se traducirá en exclusión, y al posible castigo por parte de los superiores. La mayor parte del tiempo hacen silencio o, en algún momento, abandonan la institución. El resultado es que, a largo plazo, la policía tiende a conservar a sus miembros más duros. ¿Cómo caracterizaría la actitud de la sociedad francesa hacia las fuerzas del orden? La relación es ambigua y diferencial. Ambigua, porque la policía goza de un amplio reconocimiento y las encuestas muestran altos niveles de confianza, pero las historias de violencia policial aparecen todo el tiempo y generan protestas callejeras. Diferencial, porque la popularidad de la policía proviene principalmente del público mayoritario, mientras que las minorías étnicas, los inmigrantes del Tercer Mundo, los habitantes de complejos de viviendas sociales y especialmente los jóvenes tienen la experiencia frustrante y humillante de ser constantemente abusados por la policía. Luego de los ataques terroristas de noviembre de 2015, la declaración del estado de emergencia y su renovación permanente desde entonces –que implicaba poderes especiales para la policía y una reducción del control por parte del sistema judicial– iluminaron esta tensión. Esta política fue apoyada por 29 T ribuna G lobal La policía como objeto de estudio la vasta mayoría de la población, porque no sintió los efectos de su aplicación. Pero afectó profundamente a los musulmanes y árabes, que padecían la discriminación sistemática en las detenciones y cacheos y en los allanamientos de viviendas. ¿Qué entiende por violencia policial? La violencia policial tiene una defini ción legal: implica el uso ilegítimo o desproporcionado de la fuerza física. En regímenes democráticos, siempre hay una posibilidad –indudablemente limitada– de que los ciudadanos hagan una denuncia e incluso la posibilidad de una condena. Durante mi trabajo de campo, casi no presencié violencia policial en términos legales, como podría ser una golpiza. Esos casos existen, por supuesto, sobre todo en barrios de bajos recursos, donde los habitantes son violentados, pero también en protestas callejeras, donde los manifestantes pueden ser golpeados. Pero una hipótesis general que propuse es que en las últimas décadas, al menos en Francia, se ha reducido la violencia policial, dado que la institución ha comprendido que los accidentes y muertes pueden generar disturbios; y los agentes temen las potenciales, aunque infrecuentes, consecuencias administrativas o judiciales. Al mismo tiempo, sin embargo, ha habido una generalización de prácticas de acoso, humillación, hostigamiento, insultos, denigración, etc., que podríamos reunir bajo el denominador común de violencia moral. Esta violencia no es reconocida como tal por el sistema judicial y, de manera más general, por la sociedad, a pesar de que a menudo afecta a las víctimas más que el uso de la violencia física. Aunque invisible en la sociedad, la violencia moral es extremadamente efectiva a la hora de mostrar el poder de la policía y su impunidad a aquellos sobre los que se ejerce. Un hallazgo importante de mi investigación es que la principal función de la policía en los complejos de viviendas sociales y barrios pobres no es la reducción de la criminalidad, sino la demostración de fuerza. No es mantener el orden público, sino imponer un orden social, en el que todos tienen un lugar. En Argentina –y en general en América Latina–, los miembros de las fuerzas de seguridad tienen prohibido realizar reclamos colectivos y, por lo tanto, no pueden organizarse en sindicatos. En La fuerza del orden usted hace referencia a los sindicatos de la policía francesa. ¿Cuál es su función? ¿Cuáles son sus reivindicaciones y reclamos más frecuentes? Los sindicatos de la policía tienen mucho poder en Francia. Agentes, oficiales y comisionados tienen distintos sindicatos y, en cada caso, hay dos o tres sindicatos principales, que se supone cubren el espectro político, desde la extrema derecha hasta la izquierda. Esta representatividad, sin embargo, da una perspectiva sesgada del nivel de politización de la policía. De hecho, si bien el sindicato de la N ueva S ociedad 268 30 Entrevista con Didier Fassin extrema derecha obtuvo solo 5% de los votos, en las últimas elecciones nacionales más de 50% de la policía votó por el Frente Nacional, el partido de Marine Le Pen. La mayoría de los policías adhiere a los programas de la derecha o la extrema derecha, pero sus sindicatos desarrollan lazos con diversos partidos políticos por razones de índole más pragmática que ideológica. Sus demandas son fundamentalmente de dos tipos: un aumento de los recursos humanos y materiales(más personal, mejores patrulleros, etc.) y una expansión del poder(menor control judicial de su accionar, mayor capacidad de uso de las armas y una definición más amplia de lo que se considera legítima defensa). Dada su influencia en los sucesivos gobiernos, su popularidad social y los recientes ataques terroristas, la policía se ha beneficia do con una considerable extensión de su autonomía, prerrogativas y derechos gracias a nuevas leyes votadas en los últimos años. Esta evolución se ha convertido en una amenaza para la democracia, ya que normaliza el estado de emergencia. Cuando se termine, apenas se sentirá la diferencia respecto de lo que la policía puede hacer. Como Walter Benjamin escribió en otro contexto, la excepción se volverá en regla. ¿Cómo explica los recientes sucesos de brutalidad policial en Estados Unidos? ¿Qué nos dicen acerca de la discriminación y el racismo en las fuerzas del orden en ese país? Pensar que la violencia policial es un fenómeno reciente en Estados Unidos sería un error. Ha habido cientos de Ferguson por año antes de 2014 cuando, en esta ciudad del estado de Missouri, un policía blanco mató a un joven negro disparándole mientras huía. Estos homicidios eran ignorados por los medios, los políticos y el público, a excepción, por supuesto, de las comunidades afroamericanas e hispanas, que tenían amplio conocimiento sobre estos sucesos. Lo que sí es novedoso es la toma de conciencia sobre esta problemática y el conteo de las víctimas: 1.146 personas muertas a manos de la policía en 2015. Estas cifras abrumadoras pueden ser interpretadas de dos maneras complementarias. En primer lugar, la brutalidad es un hecho generalizado en eeuu : las armas circulan libremente y en algunos estados están incluso admitidas en los campus universitarios; en promedio, hay un tiroteo masivo a diario; y en su entrenamiento, los policías aprenden que deben usar sus armas a la menor sospecha de peligro o resistencia. En segundo lugar, el racismo sigue estando profundamente arraigado en la sociedad y en particular entre los oficiales: eso explica el hostigamiento sistemático de las minorías, que muchas veces da lugar a asesinatos cuando la persona huye o reacciona; este hostigamiento funciona como una forma de control sobre las comunidades negras y, en términos más generales, 31 T ribuna G lobal La policía como objeto de estudio sobre los pobres, pero además permite extorsiones pecuniarias a través de multas, una práctica que, tal como se ha comprobado recientemente, es común en numerosos municipios y apunta específicamente a personas de color. La combinación de brutalidad y racismo, ambos con una historia de larga data en eeuu , explica el nivel extremo de la violencia policial en este país. ¿Cómo se conecta su investigación en Francia con la recurrencia de la violencia policial en otros países? Habiendo dado conferencias y presentado mi investigación en todos los continentes, de Fráncfort a Los Ángeles, de Melbourne a Johannesburgo, de Hong Kong a San Pablo, me ha impresionado el eco que recibió: en todos lados, académicos, activistas, ciudadanos y a veces incluso los miembros de las fuerzas de seguridad señalan las similitudes entre mis hallazgos y las experiencias de los policías de sus propios países o ciudades. Por supuesto, en el fenómeno que analizo hay diferencias de intensidad y de forma entre un país y otro, incluso a veces entre una ciudad y otra, y por fortuna no todas las ciudades tienen los mismos niveles de violencia que Río de Janeiro, donde mueren 500 personas por año a manos de la policía en las favelas. Sin embargo, hay patrones en el uso discrecional del poder, en la concentración de las intervenciones en barrios pobres, en el ejercicio discriminatorio de la ley que recae sobre las minorías étnicas y la población de bajos recursos y exime a la clase media. Es importante remarcar la existencia de estos patrones porque la etnografía, que lleva a cabo una observación en profundidad de un número limitado de lugares(simplemente porque lleva tiempo conocerlos y construir lazos de confianza con aquellos a quienes se estudia), generalmente es criticada por su falta de representatividad y, por ende, la posibilidad de generalizar los resultados. Lo que se revela sobre el lugar en el que se llevó a cabo la investigación puede ser verdadero e interesante, pero también específico. Como respuesta a esta crítica, he mostrado que si bien la etnografía no permite generalizar horizontalmente, es decir, sus hallazgos no se pueden extender a la totalidad de la población o el territorio, sí puede generalizar verticalmente identifican do mecanismos, procesos y lógicas que pueden encontrarse en cualquier lugar. Por ejemplo, concluí que la policía, cuando comete actos brutales, a menudo acusa a sus víctimas de haber insultado a los oficiales y ofrecido resistencia a ser arrestadas; así logra revertir el cargo mediante una acusación que con frecuencia lleva a una condena y una sentencia. Este es un fenómeno general en la medida en que se repite en muchos lugares del mundo, pero no podemos inferir por lo tanto que todos los agentes actúen N ueva S ociedad 268 32 Entrevista con Didier Fassin así. Entender la diferencia entre ambos tipos de generalización es crucial. De hecho, lo que permite la etnografía es una comprensión más profunda de la sociedad mediante una observación directa y participante, a diferencia de las estadísticas, los documentos y las entrevistas. El etnógrafo presencia, describe y analiza hechos, a menudo en lugares a los que otros, incluso los periodistas, no van. Los periodistas que escriben acerca de la policía generalmente patrullan con ellos durante un día o una noche con un equipo que la institución les asigna. El etnógrafo pasa meses o años con los oficiales. Sus hallazgos son únicos, y cuando refie re a temas de relevancia social como en el caso de la policía, su trabajo puede tener consecuencias importantes para la democracia, al revelar hechos en la esfera pública. Cuando salió mi libro, fue debatido en diarios y revistas, en radio y televisión; fue criticado por el ministro del Interior y por algunos sindicatos policiales; fue apropiado y utilizado por organizaciones no gubernamentales pero también por empleados públicos; contribuyó modestamente al reconocimiento de la violencia policial y la discriminación sobre ciertos grupos poblacionales. Creo que las ciencias sociales juegan un papel importante en la esfera pública y que la etnografía ocupa un lugar especial. Ha sido así recientemente en Francia y en eeuu en el caso de la policía, y estoy seguro de que también es así en América Latina. Enero de 2017 RE­VIS­TA DE CIEN­CIAS SO­CIA­LES Quito N o 57 DOSSIER: Pensamiento social latinoamericano y caribeño. Presentación del dossier, David Cortez, Gabriel Orozco y Santiago Castro-Gómez. El concepto de Matriz de Pensamiento: una propuesta epistemológica decolonial para el escenario actual latinoamericano, Verónica Soto Pimentel. Región América Latina: procesos regionales entre la dependencia y la autonomía, Wendy Vaca Hernández. La dialéctica de Calibán: pensamientos descolonizantes para la cuestión negra en América Latina, Dana Rosenzvit. Brasil: entre la modernidad alternativa y la alternativa a la modernidade, Daniel Carvalho Ferreira y Thiago Aguiar Simim. Agustín Cueva en la década de 1960: dilemas acerca de cultura e identidad ecuatoriana, Andrés Tzeiman. DIÁLOGO: Intersecciones de género, clase, etnia y raza. Un diálogo con Mara Viveros, Jenny Pontón Cevallos. TEMAS: Estrategia de Salud de la Familia en Brasil: un análisis de su aplicabilidad, Luiz Antonucci, Maria das Dores de Loreto, Amelia Bifano, Edna Miranda y Diego Procópio. tic y pobreza en América Latina, John Gabriel Rodríguez y Angélica SánchezRiofrío. Visibilización y procesos de construcción de memorias entre afrodescendientes. El caso de El Afroargentino, Paola Carolina Monkevicius. RESEÑAS. Íconos es una publicación cuatrimestral de Flacso-Ecuador, La Pradera E7-174 y Av. Almagro, Quito, Ecuador. Tel.:(593 2) 3238888. Correo electrónico:. Página web:< www.revistaiconos.ec>. TEMA CENTRAL ¿ Qué lee(y escribe) la izquierda? De utopías globales, ruidos y recomposiciones Una conversación sobre prácticas de lectura y movimientos sociales M artín B ergel A l menos desde la Ilustración, la lectura ha ocupado un lugar nodal en los proyectos emancipatorios cobijados en el seno de las tradiciones de izquierda. Pero, al calor de la revolución digital de las últimas dos décadas, ese sitial ha experimentado profundas transformaciones sobre las que quizás aún no se ha reflexionado lo suficiente. En este diálogo, Amador Fernández-Savater, Franco Ingrassia y Rodrigo Nunes(todos ellos nacidos en los años 70 e involucrados activamente en movimientos sociales de las últimas dos décadas) desandan algunos aspectos relativos a los cambios recientes en las relaciones entre izquierdas, redes sociales y prácticas de lectura. Desde sus ciudades de cabecera –Madrid, Rosario y Río de Janeiro, respectivamente–, pero en conexión con muchos otros sitios del mundo, en las dos décadas pasadas los tres participantes de esta conversación han estado involucrados en numerosos espacios e iniciativas vinculados a un ir y venir entre pensamiento y movimientos sociales. Fernández-Savater ha participado, entre otros, en los movimientos antiglobalización, v de Vivienda y 15m , es editor de Acuarela Libros y colabora activamente en blogs y medios digitales. Ingrassia fue uno de los fundadores del colectivo cultural Planeta/ x y actualmente forma parte de la Universidad del Hacer, uno de los proyectos de la organización política rosarina Ciudad Futura. Nunes, por último, participó activamente en las primeras ediciones del Foro Social Mundial y fue uno de los editores de la revista Turbulence. Es profesor de filosofía en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro ( puc /Río) y autor del libro Organisation of the Organisationless. Collective Action After Networks(Mute, Londres, 2014). Martín Bergel : es historiador y profesor en la Universidad de Buenos Aires( uba ). En los inicios del siglo xxi, estuvo involucrado en las redes del movimiento global, donde tuvo la fortuna de conocer a los tres participantes de esta conversación. Palabras claves: información, lectura, lenguajes, política, redes sociales, utopías. 35 T ema C entral Una conversación sobre prácticas de lectura y movimientos sociales Me gustaría proponerles que examinemos el recorrido de lo que han sido los cambios de los últimos 20 años en las condiciones y prácticas de lectura para los intelectuales, militantes y, más en general, las sensibilidades de izquierda(un campo vago e internamente estratificado que habría que especificar). Como sabemos, en estas dos décadas hemos asis tido –quizás con menos sobresaltos de lo esperado– a profundas mutaciones sociales y culturales en los modos en que se producen y circulan los sentidos sociales y en el lugar que en esas situaciones radicalmente novedosas ocupan los textos. Pero antes de adentrarnos en ese ejercicio de recapitulación de los marcos de experiencia en los que ustedes han estado involucrados activamente, permítanme comenzar preguntando algo más general relativo al estatuto contemporáneo de los textos. En la introducción a la edición en castellano de la Historia de la lectura en el mundo occidental 1 , Roger Chartier recuerda que en las últimas décadas se ha hablado recurrentemente de la posibilidad de la muerte del libro; y al mismo tiempo, las estadísticas indican que nunca se han producido ni han circulado tantos libros como en nuestro tiempo. A juicio de ustedes, ¿tiene sentido diferenciar los objetos impresos de los textos que circulan velozmente en formato digital? ¿Cómo se ha configurado el inter juego entre ambos tipos de textos, aquellos que se reproducen en el formato histórico del tipo de objeto que llamamos libro y aquellos que vemos solo en pantallas y teléfonos celulares? Franco Ingrassia: Creo que la diferencia entre libros impresos y textos digitales se puede pensar en términos de corte y de flujo. El surgimiento de internet rele va a la edición de libros de su función de«publicación»: la circulación digital es mucho más veloz, amplia y económica. Ese es el flujo: una marea incesante de textos a los que podemos acceder. Nuestra capacidad de acceso excede en mucho nuestras posibilidades de lectura. Pero esa nueva ecología digital permite que el libro impreso adquiera un nuevo estatuto. La edición creo que puede ser entendida hoy como una operación de corte, de subrayado. Una agencia editorial(las más de las veces colectiva) se toma el esfuerzo de aislar temporalmente un texto o una serie de textos del flujo, para destacarlos. Y de esa manera se produce una finitud, partiendo de ese campo virtualmente infinito de la circu lación digital, que nos invita a la lectura. Es así como resulta posible que uno lea un libro que obtuvo uno o dos años atrás, mientras que es improbable que haga lo mismo con un pdf descargado con la misma antelación. Y me parece también que esta ecología textual dual implica el desarrollo de una subjetividad lectora igualmente dual, que desarrolla criterios para manejarse tanto en la finitud de los libros impresos como en la infinitud del acceso digital. A esas operaciones de flujo y corte realizadas por otros tenemos que superpo ner las propias, convirtiéndonos en editores de nuestros propios itinerarios de 1. Guglielmo Cavallo y Roger Chartier(dirs.): Historia de la lectura en el mundo occidental, Taurus, Ciudad de Mèxico, 2006. N ueva S ociedad 268 36 Martín Bergel lectura. Y pienso que esas operaciones necesitan criterios de orientación que necesariamente se encuentran fuera de la ecología textual. Leemos para algo que está más allá de la práctica de lectura y del mundo de los textos, leemos para que parte de lo que leemos se articule, se componga, afecte mundos de prácticas no textuales. Rodrigo Nunes: Además de la dinámica de corte y flujo que describe Franco, podemos pensar nuestra relación contemporánea con la lectura en términos de la díada ruido-información. La altísima velocidad y el bajísimo costo de la producción y circulación en formato digital conllevan una oferta de información que, si no es infinita, excede en mucho la capacidad de procesamiento de cualquier individuo. Este exceso de información se convierte en ruido; de allí la importancia de la función de filtrado. Nuestros filtros nos vienen de nues tros intereses prácticos, de la educación que tuvimos: cada vez más, nuestros filtros son los otros, y nuestra red de amistades(amistades digitales o extradi gitales) funciona como extensión de nuestra capacidad de recoger y procesar información. Pero también vienen del capital simbólico asociado a cada fuente y a cada medio, y ahí me parece que la publicación impresa tiene todavía su peso: que algo esté disponible fuera de internet, que un autor no sea apenas reconocido en los blogs sino también en medios más convencionales(libros, revistas), todavía son elementos que operan como filtros relevantes. Esto se vincula no solo con el capital acumulado por la publicación impresa en general, y por algunos nodos(editoriales, periódicos) en particular, sino también con el hecho de que uno instintivamente supone que una actividad cuyos costos son más elevados moviliza filtros más exigentes. Y esto sugiere algu nas cuestiones interesantes a la izquierda, dado que, aunque la digitalización ha permitido una explosión en la producción y circulación de textos críticos o militantes, la propiedad de los medios de atribución de capital simbólico no ha cambiado tanto. Diría entonces que sí, todavía hay diferencia entre ambos universos textuales, aunque el consumo creciente de libros en pdf u otros formatos complique las fronteras entre los dos tipos de lectura, y que la diferencia está sobre todo relacionada con la calidad de atención y con el tiempo que se supone implicado no solamente en la lectura, sino también en la escritura. En formato digital la cosa suele funcionar más por saturación: leemos muchas cosas menores sobre un mismo tema, cada una de las cuales añade relativamente poco, pero con todas vamos acumulativamente componiendo cuadros de situación. Mientras que con los libros la expectativa es que aborden cuestiones de más largo aliento, que dialoguen con un conjunto más amplio de fuentes de información, que ofrezcan 37 T ema C entral Una conversación sobre prácticas de lectura y movimientos sociales © Nueva Sociedad/ Mariano Grassi 2017 N ueva S ociedad 268 38 Martín Bergel miradas más completas. Hay que observar, sin embargo, que esta dinámica de exceso y sobreproducción también ha penetrado el mercado editorial. Grandes intelectuales como Alain Badiou, Jacques Rancière y Slavoj Žižek hoy alternan tratados teóricos publicados espaciadamente con una oleada constante de pequeños libros de divulgación o comentario sobre temas corrientes. Incluso los libros contemporáneos que tienen una pretensión sinóptica ya no suelen ser grandes síntesis originales –como lo eran Las palabras y las cosas, el Anti-Edipo o incluso Imperio–, sino textos mucho más parciales que dialogan con una masa de información más reciente y restricta, porque ya nadie tiene condiciones de sintetizarlo todo, y menos aún bajo los imperativos de producción constante que pesan en particular sobre los académicos. Amador Fernández-Savater: Me viene a la cabeza la distinción que hace Reinaldo Laddaga entre el«régimen estético» y el«régimen práctico» de las artes. En el primero, los autores son especialistas que trabajan en cierto retiro del mundo una obra con bordes estrictos y se relacionan más tarde a través de espacios«desafectados»(galería, museo) con públicos silenciosos y desconocidos. En el segundo, el autor es más un«punto de paso» que recoge y relanza un flujo de conversación incesante, hecha de segmentos, vinculada a la«actualidad» y relativamente desjerarquizada. La diferencia aquí sería que estos dos regímenes no se suceden en el tiempo, como explica Laddaga, sino que conviven(y se contaminan). No sé si esta distinción puede ser útil en cuanto a libros y textos, pero al menos coincide con mi experiencia. Hablando como editor, el rebote que por años recibíamos en la editorial Acuarela o la revista Archipiélago, por ejemplo, era escasísimo(una carta de vez en cuando, algo en la presentación ocasional de un libro, cosas así). Pero cada libro o número de la revista tenía, por sus mismas condiciones de producción, cierta potencialidad de acontecimiento, de sacudida, de irrupción. Y hablando como lector, la lectura de un libro a mí desde luego me reclama esa suspensión del mundo(del trajín del mundo más bien) de la que habla Laddaga. Cierto apartamiento, serenidad y atención casi incompatible(físicamente) con el estado de inquietud permanente de las redes. Por otro lado, en el«régimen práctico del libro»(si cabe hablar así), lo que valoro más es la condición amateur de muchos invitados a la conversación(una auténtica«rebelión de los públicos»), la posibilidad(legitimada) de compartir versiones en beta(borradores, bocetos, croquis) de las cosas que se van pensando, lo autorizado que uno se siente a escribir desde la sola autoridad de su propia experiencia(contar algo que hayas vivido en primera persona), etc. 39 T ema C entral Una conversación sobre prácticas de lectura y movimientos sociales En los dos regímenes, la amenaza(«la muerte del texto») me parece que es un poco la misma: la indiferencia. Que por aislamiento o circulación banal, por lentitud mortífera o velocidad estúpida, un escrito no resuene, no interpele, no conmueva, no se vincule, no encuentre lectores, no cree nuevos autores. Fascinantes las vías de indagación que abren sus respuestas. Pero ahora sí querría que vayamos a la historia más concreta de las últimas dos décadas. Les propongo que tratemos de recuperar los distintos momentos y expectativas que se dieron en estos años, que no subsumamos todo el periodo bajo una única mirada. Hacia fines del siglo pasado, el surgi miento del movimiento antiglobalización y otros movimientos afines y la aparición de una militancia vinculada a las nuevas redes sociales entonces apenas incipientes(hablamos de la era previa a Facebook) dieron lugar a expresiones de optimismo. Algunos incluso vaticinaron que asistíamos a una verdadera ruptura epocal en los modos de la política emancipatoria. ¿Qué recuerdan de las discusiones y emociones que entonces circulaban? Y al mismo tiempo, ¿cómo se reordenaron las prácticas de lectura en esos momentos iniciales de las redes sociales? afs : Hago memoria y veo un pasaje en esos años que podríamos llamar«del underground a las redes». Es decir, veníamos del mundo de los fanzines y los circuitos de autoproducción, un trabajo medio artesanal, la impresión por fotocopias, mucha presencia física para todo(distribución, venta directa, encuentros), el correo como medio de comunicación(recibíamos cartas en el apartado de correos con la misma ilusión que si fueran cartas de amor), etc. Y pasamos a las redes telemáticas, las listas de correo, las agencias de contrainformación, los foros en línea, muchas horas de pantalla para todo, un verdadero aprendizaje. Un pasaje que no es lineal o absoluto, sino combinado. También recuerdo en esos años haber trabajado en revistas y hojas de agitación( Archipiélag o, Contrapoder, Desobediencia Global), los grupos de lectura de libros difíciles y ricos( Mil mesetas, La sociedad del espectáculo) en espacios y centros sociales, los dossiers sobre temas importantes del momento(violencia, copyleft, trabajo, etc.). Mi amiga Marta, a la que pregunto por sus recuerdos al respecto, me dice de hecho que piensa que entonces hacíamos un uso más colectivo de la red, en el sentido de investigar juntos algo y no simplemente leer cada cual sus cosas. Fernández-Savater:«Me acuerdo de la importancia Me acuerdo de la importancia que tuvieque tuvieron entonces ron entonces libros como Imperio y Multitud de Antonio Negri y Michael Hardt. Libros que devoramos para entender la libros como Imperio y Multitud de Negri y Hardt» n nueva conformación del poder global(acéfalo pero con polos de atracción y fuerza, etc.), la guerra desatada tras el 11 de septiembre de 2001(guerra N ueva S ociedad 268 40 Martín Bergel infinita, guerra constituyente, guerra ordenadora), el carácter del movimien to que nace en Seattle, la naturaleza del sujeto colectivo que se esbozaba(la «multitud»), su composición, estrategia, lenguaje, etc. Una recepción polémica, en disputa con la«vieja política» interna al movimiento global(nacionalpopular, estadocéntrica, etc.), que abrió y a la vez cerró, que abrió las cabezas a otras nociones, imágenes y lenguajes, pero también recreó finalmente feti ches, palabras claves y una langue de bois que tenía respuestas para todo desde categorías previas. Me acuerdo del aire que nos dio un«autor» como Wu Ming(una banda de cinco escritores y activistas italianos que venían de experimentar inicialmente con el«nombre colectivo» Luther Blissett). Algunos leíamos Wu Ming como línea de fuga de esas relaciones tan pesadas e instrumentales con la teoría que antes comentaba, en la que los conceptos se«aplican» y los hechos «se encajan». Sus textos mezclaban la literatura y el ensayo, dejaban entrar la experiencia vivida en los relatos, investigaban en la cultura popular los materiales para contar historias, tenían una«voluntad de estilo» que los alejaba del simple molinillo ideológico militante, escribían con mucho humor, se acercaban a mundos no estricta o estrechamente políticos, etc. Dentro de la idea(que hoy me parece tan problemática) de«la política como comunicación», Wu Ming representaba una singularidad, un trabajo singular, una posibilidad de singularización(y no de repetición mecánica de las teorías de los grandes nombres). Por último, me acuerdo de la experiencia de Indymedia-Madrid, en la que tratamos de combinar la«apertura al caos»(la libre publicación de texto o imagen, hoy algo banal, pero entonces insólito y fundador) y una«línea editorial» que hiciera, como antes decía Franco, un corte en el flujo, un trabajo editorial de orientación y subrayado(desde las posiciones propias del colectivo editorial, que eran muy cercanas a las de los«desobedientes» italianos). Esta tentativa fue respondida muy duramente(una auténtica«guerra troll») por personas y sectores que entendían que estábamos desvirtuando una herramienta que debía ser horizontal(sin más filtro que el cronológico) y apro piándonosla desde posiciones político-ideológicas muy concretas. En fin, todo lo que he mencionado más arriba(libros, autores, plataformas, dis cusiones, etc.) tenía lugar en un«área» muy acotada: de la autonomía, de los movimientos sociales. El movimiento global era algo así como«todos los movimientos sociales juntos». Una apertura con respecto a momentos políticos anteriores, sin duda, pero aún muy relativa vista desde hoy. Los límites de esa«área» fueron felizmente desbordados luego a raíz de movimientos como el«No a la 41 T ema C entral Una conversación sobre prácticas de lectura y movimientos sociales guerra» y la respuesta social al atentado del 11 de marzo de 2004. De lo colectivo (o del«movimiento de movimientos») pasamos entonces a«lo personal conectado»(blogs y luego redes sociales, otras formas de lectura/escritura). Fernández-Savater: «De lo colectivo(o del ‘movimiento de movimientos’) pasamos entonces a‘lo personal conectado’» n fi : La pregunta me remite a una imagen concreta: una pila de textos impresos, obtenidos de internet, separados en folios. Creo que es una imagen transicional, como buena parte de lo que pasó en esos momentos, no solo en el campo de la lectura. Creo que esa especie de biblioteca singular de materiales digitales permitía aplicar a ese nuevo tipo de acceso digital operaciones aprendidas en la experiencia de lectura«tradicional»: subrayados, anotaciones al margen, etc. Recuerdo también el acceso vía internet a traducciones de algunos materiales muy referenciados en ese momento que estaban disponibles antes de su publicación«oficial» y que incluso eran mejores que las traducciones posteriormente publicadas(por ejemplo, la versión de Imperio de Eduardo Sadier). Era una época en la cual, al menos en Argentina, las dificultades tecnológicas y económicas para la edición de libros impresos era todavía considerable(luego nuevas tecnologías como la impresión por demanda y el offset digital cambiarían radicalmente los umbrales de acceso), por lo que la popularización de internet implicó una explosión de acceso a textos que permitieron tomar contacto con otras culturas políticas. Por otra parte, el modo pre-redes sociales de compartir esas lecturas reenviaba a una circulación más tradicional: fotocopias de textos impresos, revistas en papel, etc. Nosotros, en tanto lectores, también estábamos en transición, y si bien el acceso era digital, la mayoría necesitaba la impresión del texto para poder leerlo, es decir, para poder aplicar sobre el texto las operaciones que producían una lectura. rn : Lo más impactante de la experiencia de esos años, para mí, fue el acortamiento del tiempo entre acontecimiento, producción de información y elaboración teórica a su respecto, y posterior difusión de esas ideas novedosas. Me acuerdo que en 1997 salió la primera edición brasileña de La sociedad del espectáculo(es decir, ese libro que había circulado y tenido importancia en Mayo del 68 en Francia llegaba a Brasil con tres décadas de retraso). Pero apenas un par de años después yo lograba acompañar«en tiempo real» lo que pasaba en los Días de Acción Global, los debates que rodeaban a los movimientos en Argentina, Europa, México, Estados Unidos o en otras partes de Brasil. Fue un cambio apasionante: mientras las cosas antes parecían N ueva S ociedad 268 42 Martín Bergel arribar cuando ya eran episodios de los libros de historia, ahora era posible intervenir en un debate global en vivo. Entre los muchos pronósticos optimistas de entonces, uno que se desplegó de modo bastante distinto a lo que imaginábamos fue el Be the media que Indymedia tenía como eslogan. Es verdad que hoy tenemos una capacidad Nunes:«La apuesta por generalizada de producción y circulación de contenido escrito y audiovisual, y que«ser la saturación como vía de disminución del poder de los medios corporativos no trajo los los medios» es una posibilidad efectivamente disponible para una parcela acotada pero significativa de la población mundial. Pero la apuesta por la saturación como vía de disminución del poder de los medios corporativos resultados esperados» n no trajo los resultados esperados. Todos producimos textos e imágenes todo el tiempo, pero si observamos quiénes son las voces de mayor autoridad –aquellas en quienes la gente se apoya para compartir información en las redes sociales–, vemos el lugar preponderante que sigue ocupando la gran prensa, o individuos asociados a ella. No creo que pueda decirse que se trata únicamente de una cuestión de inercia, y que si los medios corporativos todavía no han desaparecido, aun así vienen perdiendo poder de modo constante y solo una cuestión de tiempo nos separa de su eclipse. Una postura de ese orden nos llevaría a ignorar el serio y a la vez interesante problema que nos plantea la cuestión de los filtros. La saturación genera mucha información, pero no se han creado filtros en la misma proporción y, por lo tanto, el resultado son cantidades enormes de ruido. Al fin y al cabo, mucho de lo que hoy hacen los medios corporativos no es más que vendernos de vuelta la información que producimos todos, pero fil trada, editada, contextualizada. La apuesta por la saturación de fines del siglo pasado era optimista no solamente porque suponía una teleología objetiva (una línea ascendente en la democratización de los medios de producción y difusión de información, que auguraba siempre mejores condiciones para las victorias populares), sino también porque esa teleología servía para disolver, más que resolver, el problema de la mediación(en la medida en que el crecimiento inevitable de la información instantánea eliminaría la mediación, ya no era ningún problema o desafío pensarla). Pero creo que lo que finalmente descubrimos es que el crecimiento exponencial de la información inmediata, justamente porque transmuta la información en ruido, replantea el problema de la mediación. De manera que lo que debilita a los medios tradicionales 43 T ema C entral Una conversación sobre prácticas de lectura y movimientos sociales puede ser también lo que impide que se los mate: lo que disminuye su importancia es, en su reverso, lo que confirma su necesidad. En último análisis, la duda que surge es si el ideal de la ausencia de mediación, por más que nos parezca deseable, es irrealizable, e irrealizable justamente porque acaba por producir su contrario(la necesidad de mediación); de modo que lo que habría que hacer, en vez de buscar eliminar la mediación, sería encontrar la manera de transformarla, distribuirla, democratizarla. Yo también asocio esa primera etapa a Indymedia, como experiencia que condensaba la apuesta por la universalización de la producción de noticias, historias, etc., como suerte de utopía de indistinción entre productores y lectores de textos. Y, como decía Rodrigo, todo eso bajo la idea de que ese movimiento de productores/lectores podía resultar tan potente como los mass media. Pero ustedes mismos advierten que ese momento duró poco, y que pronto sobrevinieron esos fenómenos de«ruido» de los que hablaban. Un ruido que vehiculizaba a menudo emociones bastante negativas(resentimientos, desconfianzas, etc.). ¿Cómo se fueron procesando históricamente esas cuestiones cuando aparecieron –si es que llegaron a procesarse–, y cómo pensarlas hoy? rn : Lo que se me ocurre aquí es hablar de otro tipo de transición generacional. El movimiento global de comienzos de siglo fue un fenómeno de época de la así llamada Generación x , y se caracterizaba por ideas muy fuertes acerca de la autoría, del anonimato, de denuncia de concepciones consideradas anticuadas de lo que era un«genio» o un«líder». Los textos se debían firmar de manera colectiva, los nombres propios se ocultaban detrás de una serie de seudónimos, había una valorización de la invisibilidad, así como dosis importantes de paranoia en relación con todo lo que se podía concebir como voluntad de poder o esfuerzo por crear algún tipo de brand personal o político. Había por tanto una tensión ineliminable que venía de nuestra doble condición de militantes y«trabajadores culturales»(por la naturaleza misma de este tipo de actividad productiva). Porque, al fin y al cabo, en condiciones de atomización frente al mercado y según las mismas teorías que suscribíamos, lo que hace un trabajador cultural es siempre, de una u otra forma, apropiarse privadamente de procesos colectivos. Un asunto que debería enfocarse no como una cuestión moral –como si se tratase apenas de lidiar con defecciones éticas que desaparecerían a golpes de voluntad–, sino desde una perspectiva táctica y estratégica relativa a cómo podemos tramitar esa tensión de maneras políticamente sanas y cómo nos organizamos colectivamente para salir de la atomización. Pero en este entonces creo que teníamos todavía una visión demasiado moralista del tema, lo que resultaba en una experimentación constante de la contradicción como culpa y paranoia. N ueva S ociedad 268 44 Martín Bergel Hoy, entonces, observo comportamientos y estrategias de red que creo que serían inaceptables hace 15 años, lo que es a la vez sano en algunos aspectos y preocupante en otros. Porque muchas de las crisis que teníamos en el movimiento global, experiencias bastante destructivas como la que relataba recién Amador alrededor de Indymedia-Madrid, giraban alrededor de una paranoia contra la manifestación de la individualidad(fuese realmente individual o expresión de un colectivo, como la de un grupo editorial). Era una lógica que presuponía que los espacios debían mantenerse indefinidamente abiertos, lo que traía implicado que la formación de identidades dentro de estos espacios fuera inmediatamente sospechosa. Hoy quizás esa paranoia se ha evaporado, pero eso parece ocurrir en desmedro de los afanes por construir colectividad, afanes que ahora parecen ser los que resultan sospechosos(puesto que traen aparejada una suerte de miedo en relación con que mezclarnos con otros y otras puede quitarnos la voz). La colectividad que se construye en plataformas como Facebook y Twitter es más bien la de las«burbujas» de gente que está de acuerdo entre sí, lo que es un problema no solamente por todo lo que la burbuja filtra y sesga, sino también por la dinámica competitiva que la disputa por el mercado de likes asume: en gran parte, las personas digitales constituyen sus propias identidades a través de los Otros que se encuentran fuera de sus respectivas burbujas. Para la salud de un ecosistema de movimiento, esto es terrible, porque a menudo lleva a que se elija como peores enemigos a quienes están más cercanos a nosotros. afs : En la asamblea donde decidimos poner fin a nuestra experiencia como colectivo editorial de Indymedia-Madrid, uno de los amigos y compañeros – hacker y con mucho más olfato que los demás para leer las transformaciones de internet– nos habló de los blogs:«es lo que viene». Creo recordar que a los demás no nos pareció ninguna buena Fernández-Savater: «Las subjetividades militantes llegaron tardísimo al mundo noticia: lo veíamos como una«privatización» o una«individualización» de la experiencia de la red. de los blogs y también Las subjetividades militantes llegaron al de las redes sociales» n tardísimo al mundo de los blogs y también al de las redes sociales. Tiene que ver con un rechazo –ético, estético, político– de«lo personal». En un blog –luego en un perfil o en un muro, aunque es distinto– se elabora un«punto de vista personal» sobre el mundo, en el que todas las dimensiones de la experiencia vital(un libro, un sueño, relaciones amistosas, amorosas, políticas...) están en un mismo plano. La subjetividad militante, sin embargo, era(¿era?) una 45 T ema C entral Una conversación sobre prácticas de lectura y movimientos sociales subjetividad mucho más«disociada»: el hacer político es la«figura» que se destaca sobre el fondo(oculto) de la vida cotidiana. Sin embargo, ahora pienso que nos equivocamos en aquella asamblea al juzgar«lo que venía» simplemente como una expresión del«narcisismo autorreferencial de las subjetividades contemporáneas», incapaces de construir algo colectivo. Los blogs fueron determinantes en el movimiento v de Vivienda, por ejemplo(por una vivienda digna, contra la especulación) y las redes sociales lo han sido más tarde en otros. Ese«punto de vista personal» no era solipsista, se ponía en relación con otros, creaba así una conversación y un ecosistema: la blogosfera. Más libre y descentralizado que el actual, donde estamos todos apelotonados en los«corrales» de Twitter o Facebook. En las manifestaciones espontáneas tras el atentado del 11 de marzo de 2004, en el movimiento v de Vivienda y después, la confianza en«lo personal» se activó políticamente: cuanto más«personal» es una voz, más credibilidad le otorgo. La fuerza movilizadora de los mensajes que convocaban a manifestarse el 13 de marzo de 2004 contra el«apagón» mediático y las mentiras del gobierno del Partido Popular tras el atentado se basaba, por ejemplo, en que «conocía a quien me lo enviaba». Es como si los blogs hubiesen nacido como«respuesta» a los males de Indymedia (el«ruido» del discurso hiperideologizado y desencarnado)«superando» su contexto. Por un lado, la socialización de la tecnología más allá de las redes activistas hizo más inclusiva y participable la cosa política. Por otro lado, en esa blogosfera emergía una subjetividad lectora/escritora más rica que la precedente, en el sentido de que se experimentaban otros vínculos entre el yo y el nosotros, entre lo personal y lo común. Desde luego, al día de hoy la economía libidinal del ego en las redes sociales tiene efectos terribles en todos los niveles. Pero ¿cómo ir más allá sin volver simplemente atrás? Volviendo al mundo de los libros –esos rectángulos de medio kilogramo de peso con tapas, páginas, letras y otras convenciones que muchos de nosotros seguimos queriendo y hasta venerando–, también en las últimas dos décadas la concentración de grandes cadenas editoriales coincidió con el fenómeno de las pequeñas editoras independientes. ¿Qué balance hacen de ese movimiento? ¿Qué podemos aprender todavía en relación con las políticas del libro en cuanto a su fabricación, distribución, fomento de usos y tipos de lectura, etc.? fi : Si, volviendo a una idea del principio, la edición en papel puede asumir una función de corte ante el flujo textual digital, entonces me parece que la N ueva S ociedad 268 46 Martín Bergel clave es estratégica: ¿en función de qué proyecto, de qué lógica o de qué horizonte se producen esos cortes? En ese sentido, creo que la polaridad entre los«fetichistas del objeto-libro» y los«estrategas editoriales» se presenta en toda su tensión. En los primeros, lo que comanda el trabajo editorial es el goce ligado a la producción del objeto. En los segundos, se trata de una apuesta política, de un intento de intervención en un campo intelectual. Obviamente, los procesos reales son más complejos que este esquema y con frecuencia presentan figuras editoriales que hibridan elementos de ambas polaridades. Pero creo que el esquema es válido a la hora de leer las prácticas de publicación en papel en las condiciones contemporáneas de disponibilidad digital: si no es ya para permitir el acceso al texto, ¿para qué editar un libro? ¿Cuánto de goce del editor hay, cuánto de estrategia de intervención(la cual, por supuesto, suele implicar su propio goce)? La pregunta, muy amplia y general, sería: ¿qué es leer en nuestra era digital? ¿Y cómo la lectura puede vincularse aún a prácticas de transformación social? afs : Inspirado en la lectura reciente de un par de artículos de Diego Sztulwark sobre Pierre Hadot y Ricardo Piglia, se me ocurre decir que leer podría ser, en la era digital, un trabajo o una técnica de«cuidado de sí». Vivimos, como es bien sabido, en la época de la dispersión, de la interrupción, del multitasking. ¿El carácter«político» de la lectura-escritura no podría tener que ver hoy, ya no solo con la«formación»(o cualquier otra manera de verla como el«medio» para un«fin»), sino con la experiencia que habilita? Estar ahí y no en otra parte. Estar concentrado y no disperso. Estar en algo y no«en todo y en nada». Encontrar un tiempo y un espacio propios. Fijar algunos pensamientos. Hundirse en el mundo que otro nos propone y a la vez activar nuestra imaginación sensible para«reapropiárnoslo». Podríamos pensar la lectura y la escritura(ya simplemente en el nivel de los 1.000 cuadernos, blocs de notas que uno lleva encima) como una«disciplina» –de recogida y registro de impresiones, conexiones y elaboración de sentido– contra el ruido mental, la vida diferida, la dispersión y la interrupción permanentes, etc. fi : Sumo una perspectiva más: si definimos al pensamiento como«la práctica de pensar la práctica», el momento en que una experiencia, singular o colectiva, adquiere reflexividad, el centro de esa práctica de pensamiento estará en lo que hace obstáculo(como bloqueo o como amenaza de dispersión) a dicha experiencia situada. Si ese trabajo de pensamiento recurre a la recombinación de hipótesis, ideas y conceptos, entonces podemos hablar de herramientas conceptuales, utilizadas en el trabajo de pensamiento siempre de formas distintas, 47 T ema C entral Una conversación sobre prácticas de lectura y movimientos sociales en función de la singularidad problema/obstáculo a pensar. Finalmente, si llamamos«caja de herramientas» al«espacio teórico» en el que esos conceptos se encuentran en«disponibilidad», preparados para ser apropiados por una práctica de pensamiento, entonces las prácticas de lectura se podrán pensar como los procedimientos que extraen estos elementos de los textos en función del enriquecimiento de la caja de herramientas.«Saquear» un texto para, de forma fragmentaria y asistemática, obtener de él las herramientas Ingrassia:«‘Saquear’ un texto que puedan ayudar a cambiar la vida y transformar el mundo. para, de forma fragmentaria y asistemática, obtener de él Para terminar, me gustaría que volvamos a pensar la cuestión de los textos y sus usos en las herramientas que puedan ayudar a cambiar la vida una perspectiva de larga duración. La discusión acerca del peso efectivo que han tenido y transformar el mundo» n los textos en las culturas de izquierda puede ofrecer distintas perspectivas. De un lado, se pueden traer a colación experiencias como la del dirigente comunista chileno Luis Emilio Recabarren, fundador de numerosos periódicos en la pampa salitrera a comienzos del siglo xx ; periódicos que, en un hábitat literalmente desértico, tuvieron poderosos efectos en la creación de una de las tradiciones de izquierda más potentes de América Latina(casi como oasis milagrosos en los que, en medio de condiciones sumamente hostiles, se hablaba y se obraba a partir de textos de Marx o Bakunin). Por otro lado, el reciente«giro afectivo» de las humanidades puede conducir a una relativización de la anterior confianza ilustrada en las facultades emancipatorias de la lectura, en su papel en el favorecimiento de sujetos críticos y autoconscientes, etc. Para enfoques de ese estilo, el universo de las emociones es tanto o más efectivo en la composición de mundos políticos que las ideas que vehiculizan los textos. ¿Cómo ven ese debate? ¿Qué lugar puede o debe ocupar la cultura escrita en los movimientos y experiencias políticas por venir? rn : En cierto sentido, se puede decir que la izquierda es la última«religión del libro», un hecho que se observa en la relación obsesiva que el marxismo ha mantenido siempre con sus textos fundadores, pero también en la preocupación constante por ubicar precedentes históricos y definir posiciones frente a hechos pasados, o en la manía de producir«declaraciones» de solidaridad, repudio, etc., que suelen funcionar como sustitutos de acciones concretas. De esto resulta, entre otras cosas, un modo muy problemático de actuar en el mundo, que consiste en creer que el contenido lógico-racional de los enunciados es autosuficiente, sin considerar que enunciar algo es ya una performance que posee cargas afectivas que trascienden los contenidos(y que por ende es crucial entender cómo se enuncia, y no solamente qué se enuncia). De allí N ueva S ociedad 268 48 Martín Bergel que la izquierda muchas veces suene arrogante, desconectada de la vida, y produzca más rechazo que adhesión, incluso(o especialmente) cuando lo que se dice parece ser lo que todos deberían pensar; y también la inevitable conclusión de que, si la gente no nos escucha, es porque es estúpida y no porque no les hablamos de verdad. Ser materialista en política implica pensar la circulación de los enunciados en todas sus dimensiones: no solo los contenidos, sino las formas y los afectos que activamos o con que nos conectamos. A modo de epigrama, podemos decir que un materialista es alguien que comprende que, en la frase«but if you go carrying pictures of Chairman Mao/ you ain’t gonna make it with anyone anyhow»[si vas por ahí con retratos del presidente Mao, no vas a tener éxito de todos modos], el problema está en «carrying pictures». Hay también la idea de que lo afectivo sería una mera ilusión que se puede deshacer«enseñando» la verdad. Mucho antes del«giro afectivo», Spinoza ya decía que, aunque lo imaginativo pueda ser una perspectiva limitada sobre lo real, conlleva en sí una realidad positiva: aunque yo identifique erróneamen te las causas de lo que siento, sentirme de esta o aquella manera no es falso, porque es algo que efectivamente se produjo en el mundo. Esto se vincula al tema tan actual de los populismos de derecha. Como observó Yves Citton, si nos limitamos a decir a quienes se sienten agobiados por la inseguridad económica, la criminalidad, la crisis de la migración, etc., que es irracional o moralmente condenable hacerlo, sin ofrecer una visión de lo que hay que cambiar en el mundo que produjo esos afectos, es natural que la gente acabe buscando a políticos que por lo menos parezcan tomarse su agobio en serio. afs : No creo que nos sirva la distinción entre texto y emoción, escrito y afectivo. Siento más bien que forma parte de la cultura(de separaciones y disociaciones) que rechazamos. Hay una revuelta sana contra la«tiranía del Libro». ¿A qué me refiero? Una rebelión contra la Teoría que presupone la realidad sin escucharla, proyectando categorías previas. Es una verdadera«maldición» de nuestra cultura política e intelectual. Ver lo que se quiere ver, ver lo que tal o cual libro o autor dicen que hay que ver. Esta cultura del Libro es profundamente nihilista porque en el fondo la realidad no importa nada, es siempre signo de otra cosa: tal o cual movimiento, por ejemplo, es la manifestación de tal o cual Sujeto Político deducido en tal o cual libro. Relacionarse con signos es aplicar un código: el signo tiene siempre-ya sentido y solo hay que aplicarle el código adecuado. Es una relación muy torpe con los textos, muy rígida, muy alienada. 49 T ema C entral Una conversación sobre prácticas de lectura y movimientos sociales Pero la salida no me parece que esté en disociar el pensamiento de los afectos, sino en volver a conectarlos(lo que el filósofo francés Henri Meschonnic llama«restituir el ritmo» entre cuerpo y lenguaje). Tomar el afecto(el ser afectados por algo) como aquello que necesitamos para pensar, para activar el pensamiento, para salir de la repetición(presuposición/proyección) e ir más allá. El afecto es lo que interrumpe los códigos preestablecidos y nos pone en movimiento. No tiene sentido, es lo que nos empuja a una creación de sentido. No es cierto que leer sea desconectar del mundo. Ni que pensar requiera «arrancarse los ojos», como decía Platón(que sí defendía esta oposición entre pensamiento y mundo sensible). No es verdad que«los textos impongan un real» y que, por tanto,«la lectura no traiga consigo ningún sensible». Leer puede ser relacionarse con los afectos disimulados en un texto, despertar sus deseos dormidos. No solo descifrar mensajes o información racional contenida en signos. Leer requiere una activación de la imaginación sensible: colocar junto a las palabras que leemos nuestras experiencias o vivencias. Leer puede ser esta operación de traducción por la cual ponemos en relación lo leído con lo vivido con lo pensado con lo oído con lo visto con... Abril-Mayo 2017 Barcelona Nueva época N o 115 (RE)INTERPRETANDO EL ISLAM EN EUROPA Coordinado por Jordi Moreras ARTÍCULOS: Jordi Moreras, ¿Qué islam para qué Europa? Iker Barbero, Criminalización de la comunidad musulmana: el caso de«los 11 del Raval». Stéphane Lathion, Lecciones de la islamofobia. Corinne Torrekens, La prohibición del velo integral en Bélgica: entre histeria colectiva y política simbólica. Encarnación La Spina, El reconocimiento del islam en sociedades liberales: límites y contradicciones. Lina Klemkaite, Cruces de liderazgo: de los imanes a los nuevos predicadores e intérpretes del islam. Christian J. Backenköhler, Multiculturalismo y pluralismo jurídico de base religiosa: el derecho islámico en España. Sol Tarrés y Javier Rosón, Genealogía de la institucionalización del islam en España. RESEÑAS DE LIBROS. Revista cidob d’Afers Internacionals es una publicación académica cuatrimestral de relaciones internacionales y desarrollo de la Fundación cidob , c/ Elisabets, 12- 08001 Barcelona, España, Tel.(+34) 93 302 6495. Se edita en formato impreso y digital. Página web:< http:// www.cidob.org/publicaciones/(filter)/53216>. Cuatro claves para leer América Latina M aristella S vampa Es posible leer la última década de América Latina a partir de cuatro ejes: el avance de las luchas indígenas; el cuestionamiento de la visión hegemónica de desarrollo a la luz de la expansión del extractivismo; la reactualización de la figura de la dependencia y, vinculado a ella, el alcance efectivo de un regionalismo latinoamericano desafiante. La última clave alude al retorno de los populismos«infinitos». Sin duda, estas no son las únicas claves político-ideológicas, pero la interrelación y la dinámica recursiva que se estableció entre ellas han jugado un rol preeminente en la reconfiguración del escenario político-social a escala regional. A partir del año 2000, América Latina ingresó en un nuevo ciclo político y económico caracterizado por un novedoso escenario transicional, marcado por el protagonismo creciente de los movimientos sociales y por la crisis de los partidos políticos tradicionales y de sus formas de representación; en fin, por el cuestionamiento al neoliberalismo y la relegitimación de discursos políticamente radicales. El cambio de época tomó un nuevo giro con la emergencia de diferentes gobiernos que, apoyándose en políticas económicas heterodoxas, se propusieron articular las demandas promovidas«desde abajo», Maristella Svampa: es socióloga y escritora. Es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas(Conicet) de Argentina y profesora de la Universidad Nacional de La Plata( unlp ). Palabras claves: dependencia, desarrollo, extractivismo, populismo, América Latina. Nota: este texto retoma temas desarrollados en el libro de M. Svampa Debates latinoamericanos. Indianismo, desarrollo, dependencia y populismo(Edhasa, Buenos Aires, 2016). 51 T ema C entral Cuatro claves para leer América Latina al tiempo que valorizaron la construcción de un espacio regional latinoamericano. Frente a ello, no pocos autores alentaron grandes expectativas de cambio y escribieron con optimismo acerca del«giro a la izquierda», la«nueva izquierda latinoamericana» y el«posneoliberalismo», entre otros tópicos. Para designar a estos nuevos gobiernos, se impuso como lugar común la denominación genérica de progresismo; si bien tiene el defecto de ser demasiado amplia, esta categoría permite abarcar una diversidad de corrientes ideológicas y experiencias políticas gubernamentales, desde aquellas de inspiración más institucionalista hasta las más radicales, vinculadas a procesos constituyentes. Más aún, en una América Latina diezmada por décadas de neoliberalismo y ajustes fiscales, el progresismo fue emergiendo como una suerte de lingua franca, común a diferentes países, más allá de la diversidad de experiencias y los horizontes de cambio. La hegemonía del progresismo estuvo ligada al boom de los commodities. En un artículo publicado en esta revista, definimos la actual fase de acumulación que atraviesa América Latina con el concepto de«Consenso de los Commodities» 1 , cuya caracterización parte del reconocimiento de que, a diferencia de lo que ocurría en los años 90, las economías latinoamericanas fueron enormemente favorecidas por los altos precios internacionales de los productos primarios, lo que se verá reflejado en las balanzas comerciales hasta los años 2011-2013. En este contexto, todos los gobiernos latinoamericanos, más allá de su signo ideológico, apostaron por las ventajas comparativas, habilitaron el retorno de una visión productivista del desarrollo y negaron o buscaron escamotear los crecientes conflictos ligados a las implicancias(daños ambientales, impactos sociosanitarios) de los diferentes modelos de desarrollo. Con el correr de los años, el cambio de época fue configurando un escenario conflictivo en el cual una de las notas mayores es la articulación entre tradición populista y paradigma extractivista. Categorías críticas como la de«(neo)extractivismo»,«maldesarrollo»,«nueva dependencia» o«populismos del siglo xxi », y otras de tipo propositivo, como«autonomía»,«Estado Plurinacional»,«buen vivir»,«bienes comunes»,«derechos de la naturaleza»,«ética del cuidado» o «posextractivismo», atraviesan los debates intelectuales y políticos, así como las luchas sociales de la época y plantean modos diversos –si no antagónicos– de pensar la relación entre economía, sociedad, naturaleza y política. 1. M. Svampa:«‘Consenso de los Commodities’ y lenguajes de valoración en América Latina» en Nueva Sociedad N o 244, 3-4/2013, disponible en. N ueva S ociedad 268 52 Maristella Svampa Para dar cuenta de estos escenarios en disputa, presentaré algunas líneas de cuatro debates que, si bien atraviesan la historia latinoamericana de los últimos siglos, han vuelto a constituirse en claves importantes para leer el escenario político actual bajo el ciclo progresista(2000-2016). El primer eje se refiere al avance de las luchas indígenas y nos convoca a pensar acerca de la expansión de las fronteras de los derechos de los pueblos originarios. El segundo alude al cuestionamiento de la visión hegemónica de desarrollo, sobre todo, a la luz de la expansión del extractivismo en sus diferentes modalidades. El tercero nos inserta en el plano geopolítico y remite a dos cuestiones: por un lado, la reactualización de la figura de la dependencia, categoría faro del pensamiento crítico latinoamericano, y por otro lado, al alcance efectivo de un regionalismo latinoamericano desafiante. La última clave remite al retor no de los populismos«infinitos» en América Latina. Sin duda, estos debates no son las únicas claves político-ideológicas, pero la interrelación y la dinámica recursiva que se estableció entre ellos han jugado un rol preeminente en la reconfiguración del escenario político-social a escala regional. ■■  El avance de las luchas indígenas: entre la demanda de autonomía y la consulta previa En las últimas décadas asistimos a un ascenso de los pueblos indígenas y a una apertura de las oportunidades políticas; esto se hizo visible, entre otros factores, en el cruce de la agenda internacional –la discusión en la Organización de las Naciones Unidas( onu ) acerca de los derechos colectivos de los pueblos originarios que derivó en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo( oit ), en 1989 y, posteriormente, en la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas, de Hacia los años 90, la apelación a una ciudadanía étnica devino una herramienta 2007–, con las agendas regionales y nacionales(la crisis del Estado modernizador desarrollista y, posteriormente, del neoliberalismo, el fracaso de la integración en una identidad mestizo-campesina, la presencia cada vez política ineludible n más masiva de indígenas en las ciudades) y cuestiones de índole político-ideológica(la crisis del marxismo y la revaloración de las construcciones anclada en lo étnico y lo cultural). En suma, hacia los años 90, la apelación a una ciudadanía étnica devino una herramienta política ineludible en la dinámica de empoderamiento de los pueblos indios, no solamente en términos de reconocimiento cultural, sino también vinculado a la reivindicación de la tierra y el territorio. 53 T ema C entral Cuatro claves para leer América Latina Sin embargo, en los últimos 15 años, el proceso de expansión de la frontera de derechos tuvo como contracara la expansión de las fronteras del capital hacia los territorios indígenas, junto con la emergencia de una nueva conflictividad. En consecuencia, en el marco de los gobiernos progresistas, esta problemática –leída primero como tensión y posteriormente como antagonismo– fue suscitando respuestas diferentes, frente a lo cual los pueblos originarios colocaron en el centro del conflicto la cuestión de la autonomía y, de modo más generalizado, la defensa del derecho de consulta previa. En América Latina, la autonomía como mito movilizador presenta tres momentos sucesivos y diferentes: en primer lugar, irrumpe innovadoramente como demanda democrática con el levantamiento neozapatista de Chiapas, en 1994( momento fundacional), que constituye además el primer movimiento contra la globalización neoliberal; en segundo lugar, la autonomía –aunque no en clave indígena– tuvo su momento destituyente en 2001-2002 con las movilizaciones y levantamientos urbanos en Argentina(asambleas de barrio, movimientos de desocupados, fábricas recuperadas por los trabajadores, colectivos culturales), que cuestionaron el neoliberalismo y rechazaron las formas institucionales de la representación política; en tercer lugar, hacia 2006, el eje se trasladó a Bolivia, donde la demanda de autonomía estaría asociada al proyecto de creación de un Estado plurinacional( momento constituyente), con la asunción de Evo Morales. Fue en Bolivia donde se expresó de manera más acabada el proyecto político indígena autonómico, ilustrado por el Pacto de Unidad, integrado por ocho importantes organizaciones indígenas y campesinas que, en 2006, prepararon especialmente para la Asamblea Constituyente un documento que proponía la creación de un Estado comunitario y plurinacional. Sin embargo, esa propuesta autonómica encontró límites, primero en la propia Asamblea Constituyente y, por consiguiente, en la Constitución del Estado Plurinacional que se sancionó finalmente. Segundo, una vez derrotadas las oligarquías regionales, a partir de 2009, con el proceso de consolidación de la hegemonía del Movimiento al Socialismo( mas ), el gobierno boliviano dejó en evidencia que las llamadas«autonomías indígenas originario-campesinas» ( aioc ) ocupaban un lugar marginal en su agenda. Ciertamente, uno de los problemas fundamentales ha sido la tensión entre la autonomía como el núcleo duro del Estado plurinacional y su base extractiva y neodesarrollista. Así, la soberanía de las aoic sobre los territorios ancestrales encontró una muralla en la voluntad estatal de controlar el territorio, en especial el dominio sobre los N ueva S ociedad 268 54 Maristella Svampa recursos naturales no renovables 2 . En suma, si bien hubo efectos democratizadores importantes en relación con el lugar de los pueblos originarios, visibles, entre otras cosas, en la lucha contra la discriminación étnica y el racismo, y en la recuperación de la dignidad por parte de sectores indígenas históricamente marginados, en Bolivia el gobierno de Evo Morales terminó por consolidar«un Estado plurinacional débil, organizado de modo jerárquico y no igualitario» 3 , en el que los niveles de codecisión que implicaba el Estado plurinacional sobre los recursos naturales fueron netamente subordinados a la lógica centralista del partido gobernante. Otra de las cuestiones fundamentales del ciclo progresista asociadas a los pueblos originarios es el derecho de consulta previa, libre e informada( cpli ), incorporada a todas las constituciones latinoamericanas a través del ConveOtra de las cuestiones nio 169 de la oit de 1989. La cuestión devino crucial debido a la multiplicación de fundamentales del ciclo progresista es el derecho de consulta previa, megaproyectos extractivos ligados a la expansión de la frontera petrolera, minera y energética y a los agronegocios(soja, caña de azúcar y palma africana), que amenazan libre e informada n directamente a los territorios indígenas y conllevan un aumento exponencial de los procesos de violación de derechos fundamentales. Al respecto, un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe(Cepal) sobre la situación de los pueblos indígenas, basado en los reportes del relator especial sobre los pueblos originarios de la onu (periodo 2009-2013), resalta como uno de los grandes nudos de los conflictos la expansión de actividades extractivas en territorios indígenas. El informe reproduce además un mapeo que identifica al menos 226 conflictos socioambientales en territorios indígenas de América Latina durante el periodo 2010-2013, asociados a proyectos extractivos de minería e hidrocarburos 4 . En ese marco, la cpli se instaló en un campo de disputa social y jurídica crecientemente complejo y dinámico. En la perspectiva de los gobiernos 2. Retomamos aquí los análisis de José Luis Exeni Rodríguez:«Autogobierno indígena y alternativas al desarrollo» en J.L. Exeni Rodríguez(coord..): El proceso de las autonomías indígenas en Bolivia. La larga marcha, Fundación Rosa Luxemburgo, La Paz, 2015, pp. 13-73. 3. Luis Tapia:«Consideraciones sobre el Estado plurinacional» en aavv : Descolonización, Estado plurinacional, economía plural y socialismo comunitario. Debates sobre el cambio, Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, La Paz, 2011. 4. Cepal: Los pueblos indígenas de América Latina, Avances en el último decenio y retos pendientes para la garantía de sus derechos, onu , Santiago de Chile, 2014, disponible en. 55 T ema C entral Cuatro claves para leer América Latina latinoamericanos, es claro que esta constituye algo más que una piedra en el zapato. En razón de ello, más allá de las declaraciones grandilocuentes en nombre de los derechos colectivos o los derechos de la naturaleza, no hubo gobierno latinoamericano que no se propusiera minimizar la cpli y acotarla a sus versiones débiles, no vinculantes, mediante diferentes legislaciones y reglamentaciones; así como facilitar su tutela o manipulación en contextos de fuerte asimetría de poderes. Esto es válido para un gobierno democratizador como el de Evo Morales, que no se privó de hacer un uso claramente manipulado de la cpli durante el conflicto del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure( tipnis ). Pero también lo es para una gestión fuertemente criminalizadora de las luchas indígenas, como la ecuatoriana, donde la cpli corre el riesgo de ser reformulada bajo otras figuras, como por ejemplo, la consulta prelegislativa. En Perú, los sucesivos gobiernos neoliberales, desde Alan García hasta Ollanta Humala con su progresismo fallido, buscaron colocar un freno(violento) a la demanda del derecho de consulta, sobre todo respecto de la megaminería, principal foco de conflictos sociales en el país. En Argentina se aprobaron le yes estratégicas, como la de hidrocarburos de 2014, que habilita el fracking sin incorporar la cpli . En fin, también el Brasil desarrollista de Dilma Rousseff llegó a desestimar las medidas cautelares de la Corte Interamericana de Derechos Humanos( cidh ) que frenaban la construcción de la controversial megarrepresa de Belo Monte, en el estado de Pará. Frente a la degradación o manipulación que la cpli sufre en manos de los diferentes gobiernos y las dificultades jurídico-administrativas que conlleva su implementación, en varios países se han desvanecido las expectativas de inicios del ciclo progresista. Las cpli se han convertido en un«campo minado» 5 . El reclamo por lograr su cumplimiento persiste, no hay duda de ello, pero en un contexto de gran desconfianza y desencanto hacia las posibilidades efec tivas de ejercer este derecho. ■■  La crítica al desarrollo y el modelo extractivo La segunda clave de época, estrechamente ligada a la anterior, es la crítica a la visión hegemónica de desarrollo, que en la actualidad aparece asociada al modelo extractivo-exportador. Hay que tener en cuenta que ha habido 5. César Rodríguez Garavito: Etnicidad.gov: los recursos naturales, los pueblos indígenas y el derecho a la consulta previa en los campos sociales minados, Dejusticia, Bogotá, 2012, cap. 1. N ueva S ociedad 268 56 Maristella Svampa enfoques críticos de la visión hegemónica del desarrollo en América Latina desde el comienzo de la discusión sobre los límites del crecimiento 6 , pasando por los debates sobre el desarrollo sustentable y los análisis en términos de «postdesarrollo» 7 . Sin embargo, una nueva etapa se abrió hacia el año 2000, con el ingreso al «Consenso de los Commodities» y la posterior crítica al(neo)extractivismo, que instala un nuevo cuestionamiento a la ideología del progreso, ilustrada en la actualidad por la expansión de megaproyectos extractivos(megaminería, explotación petrolera, nuevo capitalismo agrario con su combinación de transgénicos y agrotóxicos, megarrepresas, grandes emprendimientos inmobiliarios, entre otros). Más allá de sus diferencias internas, estos modelos presentan una lógica extractiva común: gran escala, orientación a la exportación, ocupación intensiva del territorio y acaparamiento de tierras, amplificación de impactos ambientales y sociosanitarios, preeminencia de grandes actores corporativos transnacionales y tendencia a la democracia de baja intensidad. Asimismo, el boom de los commodities y sus ventajas comparativas fueron afir mando un acuerdo cada vez más explícito acerca del carácter irresistible de la dinámica extractivista, lo cual obturaría la posibilidad de un debate de fondo sobre las alternativas al modelo extractivo-exportador. Una consecuencia de ello ha sido el proceso de«ambientalización de las luchas», en términos de Enrique Leff, visible en la emergencia de diferentes movimientos socio-eco-territoriales, rurales y urbanos, indígenas y de carácter multiétnico, orientados contra sectores privados(corporaciones, en gran parte transnacionales) así como contra el Estado(en sus diferentes escalas y niveles). En la dinámica del conflicto, parte de estos movimientos sociales tienden a ampliar y radicalizar su plataforma representativa y discursiva incorporando otros temas, tales como el cuestionamiento a los modelos de desarrollo, y ponen así en crisis incluso la visión instrumental y antropocéntrica de la naturaleza. Así, a diferencia de épocas anteriores en las que lo ambiental era una«dimensión» más de las luchas, en los últimos 15 años asistimos a una resignificación de la problemática que postula una mirada integral de la crisis 6. Donella H. Meadows, Dennis L. Meadows, Jorgen Randers y William W. Behrens iii : Los límites del crecimiento. Informe al Club de Roma sobre el predicamento de la humanidad, fce , Ciudad de México, 1972. 7. Arturo Escobar:«El postdesarrollo como concepto y práctica social» en Daniel Mato(coord.): Políticas de economía, ambiente y sociedad en tiempos de globalización, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 2005. 57 T ema C entral Cuatro claves para leer América Latina socioecológica en clave de paradigma civilizatorio. En esa línea, estamos ante la emergencia de un pensamiento político radical, que apunta a una nueva racionalidad ambiental y a una visión posdesarrollista materializada en nuevos conceptos y lenguajes. ■■  Regionalismos, geopolítica y nuevas dependencias Hay una tercera clave, de índole también histórica, que plantea una reactualización de las relaciones de dependencia bajo el signo del extractivismo. En la actualidad, asistimos a importantes cambios geopolíticos, manifiestos en el fin del mundo unipolar y en la configuración de un esquema oligopólico de poder, ilustrado por la emergencia de nuevas potencias globales, entre ellas, la República Popular China. En este marco, la cuestión de la sucesión hegemónica y la posibilidad de que China devenga un nuevo hegemón suscitan hoy intensos debates historiográficos y políticos. La cuestión de la sucesión hegemónica y la posibilidad Una primera cuestión se refiere a la pre sencia económica de China en la región de que China devenga un nuevo hegemón suscitan latinoamericana. Hacia el año 2000, China no ocupaba un lugar privilegiado hoy intensos debates n como destino de exportaciones u origen de importaciones de los países de la región. Sin embargo, a comienzos de la segunda década del nuevo milenio, fue desplazando como socios comerciales de la región a Estados Unidos, a países de la Unión Europea y a Japón. En 2013 ya ocupaba el primer lugar como proveedor de las importaciones de Brasil, Paraguay y Uruguay; el segundo en el caso de Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Honduras, México, Panamá, Perú y Venezuela; y el tercero para Bolivia, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. En el caso de las exportaciones, en 2015 era el primer destino de Brasil y Chile, y el segundo de Argentina, Colombia, Perú, Uruguay y Venezuela 8 . Por supuesto, lo más notorio no es la vinculación –inevitable y necesaria, por cierto– con China, sino el modo en que esta se viene operando. Dentro del campo progresista, la interpretación predominante es que la relación con China habría ofrecido la posibilidad de ampliar los márgenes de autonomía 8. M. Svampa y Ariel Slipak:«China en América Latina: Del Consenso de los Commodities al Consenso de Beijing» en Ensambles N o 3, 2015. N ueva S ociedad 268 58 Maristella Svampa de la región en relación con la hegemonía estadounidense 9 . En ese marco, para algunos, la relación con China adquiere un sentido político estratégico, de cooperación Sur-Sur. Sin embargo, el intercambio con China es claramente asimétrico: mientras que 84% de las exportaciones de los países latinoamericanos a China son commodities, 63,4% de las exportaciones chinas a la región son manufacturas. Esta asimetría se ha ido traduciendo en un proceso de reprimarización de las economías latinoamericanas, visible en la reorientación hacia actividades primario-extractivas con escasa generación de valor agregado. La segunda cuestión importante en términos geopolíticos es el alcance del regionalismo autónomo latinoamericano, uno de los tópicos más reivindicados por los gobiernos progresistas. Bien podría decirse que a partir de 2000 asistimos, en palabras de Jaime Preciado Coronado, a la emergencia de un «regionalismo latinoamericano desafiante» 10 en clave antiimperialista, crítico de la tradicional hegemonía estadounidense. El gran hito de este nuevo regionalismo fue la Cumbre de Mar del Plata(Argentina), de 2005, cuando los países latinoamericanos dijeron«no» al Área de Libre Comercio de las Américas( alca ), promovida por eeuu , y crearon la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América( alba ) bajo el impulso del carismático Hugo Chávez. En la línea latinoamericanista se pergeñaron proyectos ambiciosos, entre ellos, la creación de una moneda única(el sucre) y el Banco del Sur, que sin embargo no prosperaron, en parte debido al escaso entusiasmo de Brasil, país que a raíz de su rol de potencia emergente juega en otras ligas globales. La creación de la Unión de Naciones Suramericanas(Unasur) en 2007 y, posteriormente, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños(Celac) en 2010 –inicialmente como foro para procesar los conflictos de la región dejando fuera a Washington– jalonan ese proceso de integración regional. Sin embargo, todo esto estuvo lejos de evitar que, con posterioridad, eeuu firmara tratados de libre comercio de forma bilateral con varios países latinoamericanos. En la actualidad, tanto la tesis del regionalismo desafiante como la de la cooperación Sur-Sur parecen ser más una suerte de wishful thinking que 9. Esto ya habría sucedido durante la Guerra Fría respecto a la Unión Soviética, aun si hoy no existe una polarización ideológica semejante. 10. J.A. Preciado Coronado:«Paradigma social en debate; aportaciones del enfoque geopolítico crítico. La Celac en la integración autónoma de América Latina» en Martha Nelida Ruiz Uribe (coord..): América Latina en la crisis global: Problemas y desafíos, iuit -Clacso-Alasudt , Ciudad de México, 2013. 59 T ema C entral Cuatro claves para leer América Latina prácticas económicas y comerciales realTanto la tesis del mente existentes de los diferentes gobiernos progresistas latinoamericanos. Por un lado, la tesis comenzó a ser relativizada a raíz del pasaje a una Unasur de«baja intensidad» 11 , signada por el final de los regionalismo desafiante como la de la cooperación Sur-Sur parecen ser más una suerte de wishful grandes liderazgos regionales(la muerte de Chávez y de Néstor Kirchner y el fin del mandato de Luiz Inácio Lula da Silva, tres líderes que apostaron fuertemente a thinking que prácticas económicas y comerciales realmente existentes n la integración regional) y, a partir del surgimiento de nuevos alineamientos regionales de carácter más aperturista(como la Alianza para el Pacífico) en 2011, con la participación de países como Chile, Colombia, Perú y México. Por otro lado, la firma de convenios o acuerdos unilaterales entre China y varios gobiernos latinoamericanos en los últimos años(muchos de los cuales comprometen a sus economías por décadas) están lejos de ser la excepción. Al contrario, constituyen una regla bastante generalizada en los últimos tiempos, lo cual, en lugar de afianzar la integración latinoamericana, no hace más que potenciar la competencia entre los países de la región como exportadores de commmodities. En suma, pese a la apertura de un espacio regional latinoamericano, la competencia económica entre países y la confirmación de una relación comercial privilegiada con China, basada en la demanda de commodities y en la vertiginosa consolidación de un intercambio desigual, parecerían estar marcando la emergencia de nuevas relaciones de dependencia, cuyo contorno se estaría definiendo al calor de las negociaciones unilaterales que aquel país mantiene con cada uno de sus socios latinoamericanos. ■■  El regreso de los populismos infinitos Más allá de las diferencias evidentes, son varios los gobiernos progresistas que ilustran configuraciones políticas vinculadas a los populismos clásicos del siglo xx (1940-1950). Así, las inflexiones políticas que adoptaron los go biernos de Chávez en Venezuela(1999-2013), Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner en Argentina(2003-2007 y 2007-2015, respectivamente), Rafael Correa en Ecuador(2007-2017) y Evo Morales en Bolivia(desde 2006), todos ellos en países con una notoria y persistente tradición populista, habilitaron el retorno del populismo en sentido fuerte. 11. Nicolás Comini y Alejandro Frenkel:«Una Unasur de baja intensidad. Modelos en pugna y desaceleración del proceso de integración en América del Sur» en Nueva Sociedad N o 250, 3-4/2014, disponible en. N ueva S ociedad 268 60 Maristella Svampa Entiendo el populismo como un fenómeno político complejo y contradictorio, que presenta una tensión constitutiva entre elementos democráticos y elementos no democráticos. Esta definición propone una óptica crítico-comprensiva y se aparta del tradicional uso peyorativo y descalificador del concepto 12 , que predomina en el ámbito político-mediático, donde se reduce el populismo a una política macroeconómica(despilfarro o gasto social) y a la demagogia y al autoritarismo político(déficit republicano), y se dejan de lado, interesadamente, otros componentes. Así, en consonancia con otros análisis como el de Gerardo Aboy Carlés, propongo pensar el populismo a partir de la coexistencia de dos tendencias contradictorias:«la ruptura fundacional(que da paso a la inclusión de lo excluido), pero también la pretensión hegemónica de representar a la comunidad como un todo(la tensión entre plebs y populus; esto es, entre la parte y el todo)» 13 . Esa tensión constitutiva de los populismos hace que estos traigan a la palestra, tarde o temprano, una perturbadora pregunta, en realidad, la pregunta fundamental de la política: ¿qué tipo de hegemonía se está construyendo en esa tensión peligrosa e insoslayable entre lo democrático y lo no democrático, Durante el ciclo entre una concepción plural y otra organicista de la democracia, entre la inclusión de las deprogresista hemos mandas y la cancelación de las diferencias? asistido a una reactualización de la Así, mi hipótesis es que durante el ciclo progresista hemos asistido a una reactualización de la matriz populista n matriz populista. En la dinámica recursiva, esta fue afirmándose a través de la oposición y, al mismo tiempo, de la absorción y el rechazo de elementos propios de otras matrices contestatarias –la narrativa indígena-campesina, diversas izquierdas clásicas o tradicionales, las nuevas izquierdas autonómicas–, que habrían tenido un rol importante en los inicios del«cambio de época». Desde el punto estrictamente político, asistimos a un populismo de alta intensidad 14 , en el cual 12. Propongo una óptica crítico-comprensiva, que retoma los diferentes elementos que constituyen el fenómeno populista no solo como matriz político-ideológica, sino sobre todo en tanto régimen político. He desarrollado extensamente el tema en Debates latinoamericanos. Indianismo, desarrollo, dependencia y populismo, Edhasa, Buenos Aires, 2016 y en Del cambio de época al fin de ciclo. Extractivismos, gobiernos progresistas y movimientos sociales, Edhasa, Buenos Aires, en prensa. 13. G. Aboy Carlés:«Las dos caras de Jano. Acerca de la relación compleja entre populismo e instituciones políticas» en Pensamento Plural vol. 7, 7-12/2010, disponible en. 14. Aníbal Viguera establece dos dimensiones para definir el populismo: una, según el tipo de participación, y la otra, según las políticas sociales y económicas(«‘Populismo’ y‘neopopulismo’ en América Latina» en Revista Mexicana de Sociología vol. 55 N o 3, 7-9/1993). En función de este tipo ideal, propongo distinguir entre un populismo de baja intensidad, de carácter unidimensional (estilo político y liderazgo, que puede coexistir con políticas neoliberales), y un populismo de alta intensidad, que ensambla estilo con políticas sociales y económicas que apuntan a la inclusión social. He abordado el tema en el capítulo final de la segunda parte de Debates latinoamericanos, cit. 61 T ema C entral Cuatro claves para leer América Latina coexiste la crítica del neoliberalismo con el pacto con el gran capital; procesos de democratización con la subordinación de los actores sociales al líder; la apertura a nuevos derechos con la reducción del espacio del pluralismo y la tendencia a la cancelación de las diferencias, entre otros. A esto hay que agregar que, a diferencia de los populismos conservadores o de derecha que se expanden en la actualidad en Europa y eeuu , los populismos latinoamericanos del siglo xxi fomentaron la inclusión social, de la mano de un lenguaje nacionalista y a la vez latinoamericanista, y no de la xenofobia o el racismo. Ahora bien, mientras que el proceso venezolano se instaló rápidamente en un escenario de polarización social y política(1999-2002), en Argentina la dicotomización del espacio político aparece recién a comienzos en 2008, a raíz del conflicto del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con las patronales agrarias por la distribución de la renta sojera, y se exacerba a límites insoportables en los años siguientes. En Bolivia, la polarización signó los comienzos del gobierno del mas , en la confrontación con las oligarquías regionales; sin embargo, esta etapa de«empate catastrófico» se clausura ha cia 2009, para abrir luego a un periodo de consolidación de la hegemonía del partido de gobierno. En esta segunda etapa se rompen las alianzas con diferentes movimientos y organizaciones sociales contestatarios(2010-2011). Esto es, la inflexión populista se opera en un contexto más bien de ruptura con importantes sectores indigenistas. Para la misma época, Rafael Correa inserta su mandato en un marco de polarización ascendente que involucra tanto a los sectores de la derecha política como –de modo creciente– a las izquierdas y los movimientos indigenistas. El afianzamiento de la autoridad presidencial y la creciente implantación territorial de Alianza País tuvieron como contrapartida el alejamiento del gobierno respecto de las orientaciones marcadas por la Asamblea Constituyente y su confrontación directa con las organizaciones indígenas de mayor protagonismo(como la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, conaie ) y los movimientos y organizaciones socioambientales que habían acompañado su ascenso. Lejos ya de aquellas caracterizaciones que al inicio del cambio de época aludían a un«giro a la izquierda», en 2017 la reflexión sobre el retorno de los po pulismos en América Latina inserta a la región en otro escenario político, más pesimista, que trae a la luz la tensión constitutiva que los recorre. Desde el punto estrictamente político, la actualización del populismo de alta intensidad afirma un modelo de subordinación de los actores sociales(movimientos sociales y organizaciones indígenas) y apunta a la cancelación de las diferencias, lo que pone de relieve la amenaza a las libertades políticas o su cercenamiento. N ueva S ociedad 268 62 Maristella Svampa Por otro lado, el retorno del populismo de alta intensidad y el final del ci clo progresista aparecen asociados. Así, desde el punto de vista económico y más allá de los manifiestos de buenas intenciones, se observa que el extrac tivismo actual no condujo a un modelo de desarrollo industrial o a un salto de la matriz productiva, sino a una reprimarización y a mayores conflictos socioterritoriales. A esto hay que sumar el fin del llamado « superciclo de los commodities » 15 , lo que algunos vinculan sobre todo a la desaceleración del crecimiento en China. La mayoría de los gobiernos latinoamericanos no están bien preparados para la caída de los precios de los productos primarios y ya se observarían consecuencias en la tendencia a la caída en el déficit comer cial 16 . Dicho de otro modo, los países latinoamericanos exportan mucho a China, pero esto no alcanza para cubrir el costo de las importaciones desde ese país. Todo ello conllevará no solo más endeudamiento, sino también una exacerbación del extractivismo, es decir, una tendencia al aumento de las exportaciones de productos primarios a fin de cubrir el déficit comercial, con lo cual se ingresaría en una suerte de espiral perversa(multiplicación de proyectos extractivos, aumento de conflictos socioambientales, desplazamientos de poblaciones, entre otros). No es casual por ello que se anuncien nuevas exploraciones en zonas de frontera o en parques naturales(en Bolivia, Venezuela, Ecuador, Argentina, entre otros). Por último , el neoextractivismo abrió una nueva fase de criminalización y violación de los derechos humanos. En los últimos años, fueron numerosos los conflictos socioambientales y territoriales que lograron salir del encapsu lamiento local y adquirir una visibilidad nacional. Lo que resulta claro es que la expansión de la frontera de derechos(colectivos, territoriales, ambientales) encontró un límite en la expansión creciente de las fronteras de explotación del capital en busca de bienes, tierras y territorios, y tiró por la borda aquellas narrativas emancipatorias que habían levantado fuertes expectativas, sobre todo en Bolivia y Ecuador. Para decirlo de otro modo, el fin del boom de los commodities nos confronta a la consolidación de la ecuación«más extractivismo/menos democracia » , que ilustran los contextos de criminalización de las luchas socioambientales y el bastardeo de los dispositivos institucionales disponibles(audiencias públicas, consulta previa de poblaciones originarias, consulta pública), escenario que hoy comparten tanto gobiernos progresistas como aquellos otros conservadores o neoliberales. 15. Otaviano Canuto: « The Commodity Super Cycle: Is This Time Different? » en Ecomomic Premise N o 150, 6/2014. 16. Joan Martínez Alier:«Sudamérica, El triunfo del post-extractivismo en el 2015» en La Jornada, 21/2/2015. 63 T ema C entral Cuatro claves para leer América Latina ■■  Fin de ciclo y posprogresismos En la actualidad, los progresismos realmente existentes parecen haber entrado en una fase final, ilustrada por el giro conservador que adoptaron dos de los países más importantes de la región: Argentina y Brasil, a lo cual hay que añadir la crisis generalizada que atraviesa el gobierno venezolano. Cabe Los progresismos realmente aclarar que la crisis no se debe solo a factores externos(el fin del superciclo de los commodities y el deterioro de los índices económicos), sino también a existentes parecen haber entrado en una fase final, ilustrada por el giro factores internos(el aumento de la polarización ideológica, la concentración de poder político, el incremento de la conservador que adoptaron Argentina y Brasil n corrupción). Ciertamente, con los años y a medida que los regímenes se fueron consolidando, la concentración y la personalización del poder político impidieron la emergencia y la renovación de otros liderazgos, al tiempo que alentaron formas de disciplinamiento y de obsecuencia que socavaron cualquier posibilidad de pluralismo político dentro de los diferentes oficialismos. Esto incluye tanto a organizaciones y movimientos sociales –que otrora tenían agenda propia y se caracterizaban por su accionar contestatario– como a intelectuales, académicos y periodistas –otrora defensores del derecho a la disidencia y del pensamiento crítico–. El tema no es menor y nos confronta a un problema recurrente en la historia política latinoamericana, que golpea de lleno el ciclo progresista y termina, lamentablemente, por darle forma definitiva: el hiperli derazgo y, a través de ello, la tendencia de los gobernantes a perpetuarse en el poder o, por lo menos, a buscar permanecer longevamente en él. Por otro lado, el fin de ciclo y el eventual giro político se insertan en un es cenario mundial muy perturbador, marcado por el avance de las derechas más xenófobas y nacionalistas en Europa, así como por el inesperado triunfo del magnate Donald Trump en eeuu . Todo ello augura importantes cambios geopolíticos, que además de producir un empeoramiento del clima ideológico internacional, en el cual las demandas antisistema de la población más vulnerada se articulan con los discursos más racistas y proteccionistas, impactarán de modo negativo en la región latinoamericana, en un contexto global de mayor desigualdad. Asimismo, podría decirse que, pese a la sobreutilización de la hipótesis conspirativa, el giro conservador está vinculado, en gran parte, a las limitaciones, N ueva S ociedad 268 64 Maristella Svampa mutaciones y desmesuras de los gobiernos progresistas. Sin embargo, no todo es ilusión conspirativa: en América Latina, los procesos de polarización política habilitaron la vía más espuria del golpe parlamentario y aceleraron con ello el retorno a un escenario claramente conservador. Esto sucedió al menos en tres casos: con Manuel Zelaya en Honduras(2009), con Fernando Lugo en Paraguay(2012) y, sin duda, el más resonante de todos, con el impeachement contra la presidenta de Brasil Dilma Roussef en 2016, a quien sucedió su vicepresidente Michel Temer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño( pmdb ). Tampoco es posible reducir los progresismos existentes a una pura matriz de corrupción, como pretenden algunos, bastardeando la categoría«populismo» o utilizándola en un sentido unilineal y olvidando los componentes democráticos de los cuales fueron portadores. Ciertamente, al inicio del ciclo, todos los progresismos implicaron la potenciación de un lenguaje de derechos(sociales, colectivos, económicos, culturales) y abrieron un espacio a diferentes políticas de democratización. Pero entre 2000 y 2016, mucha agua corrió bajo el puente. La mirada retrospectiva nos obliga a reconocer que no es lo mismo hablar de «nueva izquierda latinoamericana» que de« populismos del siglo xxi ». En el pasaje de una caracterización a otra, algo importante se perdió, algo que evoca la evolución hacia modelos de dominación de corte tradicional, basados en el culto al líder, su identificación con el Estado y la búsqueda o aspiración de perpetuarse en el poder. No por casualidad, hacia el final del ciclo, el evidente desacoplamiento entre progresismos e izquierdas habilitaría la reintroducción de categorías recurrentes como las de populismo y transformismo, que irían permeando una parte importante de los análisis críticos contemporáneos. El agotamiento y el fin del ciclo progresista nos confrontan con un nuevo escenario, cada vez más desprovisto de un lenguaje común. Por un lado, es cierto que, sin apelar a retornos lineales, los actuales gobiernos de Brasil y Argentina recrean núcleos básicos del neoliberalismo, a través, entre otras cosas, de políticas de ajuste que favorecen abiertamente a los sectores económicos más concentrados, así como del endurecimiento del contexto represivo. Sin embargo, la emergencia de una suerte de«nueva derecha» es todavía la excepción, no la regla. Por otro lado, todo parece indicar que estamos asistiendo al inicio de una nueva época, de carácter más expoliatorio en términos de derechos a escala regional, que augura más incertidumbre y menos pluralidad, en un contexto internacional ya marcado por grandes cambios geopolíticos. Se abre así un nuevo escenario a escala global y regional más atomizado e imprevisible, que marca el fin de ciclo del progresismo como lingua franca, aunque atravesado por múltiples protestas sociales. Este seguramente será el punto de partida para pensar el posprogresismo que se viene. Intelectuales, experiencia e investigación militante Avatares de un vínculo tenso V erónica G ago En los últimos 15 años, la figura del intelectual ha sido desafiada, combatida y reorganizada en relación con prácticas que la han puesto severamente en cuestión. Pero ¿cuál es el estatuto del pensamiento y la investigación frente a los nudos de conflicto y disputa que caracterizaron el continente en los últimos años? ¿Cómo se ubica la militancia frente a una serie de experiencias que ponen justamente en crisis los modelos pedagógicos clásicos de la política? Debemos leer estas preguntas desde la actualidad: una crisis de la propia noción de movimiento social y un declive de los gobiernos llamados progresistas que usufructuaron su legitimidad. E l prejuicio antiintelectual tiene una gran influencia entre intelectuales y militantes y ha logrado sedimentar una serie de lugares comunes que siguen operativos. Por ejemplo, la remanida división entre pensar y hacer; entre elaborar y experimentar; entre comodidad y riesgo. Se trata, sin dudas, de polos que concentran caricaturas: la abnegación militante por la práctica como si estuviera despojada de ideas y la adoración límpida del intelectual por el cielo de los conceptos como si de una pura abstracción se tratara. A pesar de lo estereotipado de estas figuras, continúan marcando los confines de un mapa que, sin embargo, ha cambiado muchísimo, con cimbronazos que Verónica Gago: es docente en la Universidad de Buenos Aires( uba ) y en la Universidad Nacional de San Martín(Unsam). Es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas(Conicet) de Argentina. Es miembro de Tinta Limón Ediciones. Palabras claves: activismo, antiintelectualismo, destituyente, extractivismo, militancia, multitud. N ueva S ociedad 268 66 Verónica Gago hacen trabajosa la vuelta atrás. En este sentido, la cuestión puede plantearse al revés: cada vez que reemerge este binarismo(en su fórmula más brutal: los que hacen y los que piensan) es en respuesta disciplinadora a un desplazamiento de la relación entre pensamiento y práctica. Por eso, el antiintelectualismo, en lugar de ser un guiño hacia lo popular(como muchas veces se sobreactúa), es un llamado al orden y una confirmación de las jerarquías clasistas. Lo hemos escuchado en los últimos años de muchas maneras 1 : tal idea no se entiende en un barrio; tal concepto no lo puede haber elaborado un grupo de desocupados; no hace falta teoría para saber lo que hay que hacer cuando hay hambre; pensar es un lujo, etc. El estigma toma forma condescendiente y paternalista porque reacciona al tembladeral de los lugares asignados, autoatribuyéndose las mejores intenciones. Hay ecos que se hacen presentes, de modo discontinuo, en el ejercicio de dividir el campo político en dos.«Los que luchan y los que lloran», tituló Jorge Masetti la entrevista-libro que hizo con Fidel Castro en Sierra Maestra(1958), preludio de su conversión de periodista en guerrillero. La cesura tajante, en diagramas como ese, llama al combate, repudia la pasividad y, en todo caso, interpela a las herramientas intelectuales a que desenfunden su poder de fuego. En cambio, la división entre quienes hacen y quienes piensan traza una división mucho más conservadora y forzada: no provee ningún llamamiento ni interpelación; más bien confirma la división pasiva y subordinada entre un arriba y un abajo, donde el saber es un sobrevalorado poder de elite y el hacer un modesto recurso subalterno. Propongo aquí un ejercicio situado: una especie de cartografía de problemas en los que la relación entre pensamiento y práctica se ha visto conmovida en la última década y media. Me voy a concentrar en Argentina pero debiera quedar en evidencia también que esa delimitación se hace imposible: la perspectiva transnacional emerge de la propia coyuntura conmovida del periodo en cuestión. No solo es un gesto más allá del nacionalismo metodológico que intenta imponerse como premisa una y otra vez, sino que me gustaría evidenciar cómo ese supuesto se ha visto desarmado a partir de la dinámica material de ciertos acontecimientos político-intelectuales. 1. Esta reflexión tiene un carácter situado: involucra la experiencia que he tenido como miem bro del Colectivo Situaciones y de la editorial Tinta Limón. Acudo a tal reflexión colectiva, que hemos hecho junto con otros colectivos y compañeros y compañeras alrededor de la práctica de investigación militante para dar cuenta de estas polémicas. Se trata de una experiencia que, en mi reflexión, sigue operando en distintos niveles, como premisas afectivas e intelectuales, más allá de la existencia del colectivo como grupo. 67 T ema C entral Intelectuales, experiencia e investigación militante. Avatares de un vínculo tenso © Nueva Sociedad/ Mariano Grassi 2017 N ueva S ociedad 268 68 Verónica Gago Creo que vale la pena sumar otro desplazamiento: no se trata tanto de entender qué leen las militancias para comprender sus claves de acción y clasificar las en tradiciones determinadas, sino de pensar hasta qué punto la militancia supone políticas de lectura. Por tanto, en el campo de la lectura hay una productividad que no se reduce a modelos pedagógicos preestablecidos. La imagen contorneada del intelectual-lector(de libros y de coyunturas) especializado es la que se preserva respecto a los regímenes de lectura que logran, en ciertas situaciones, tejer relaciones y efectuar otras operaciones: justamente las que desobedecen la distinción entre lo manual y lo intelectual y las que se practican no para construir un capital simbólico o un prestigio personal, sino para arriesgarse al nombrar y valorizar modos de existencia que denuncian y combaten las formas de explotación y dominio. Es posible explorar tres imágenes-polémicas para abordar de otro modo esta relación entre conceptos y experiencias. ■■  Uno: lo destituyente La crisis de 2001 en Argentina –enlazada a una secuencia continental de revueltas y levantamientos antineoliberales– proveyó un espacio de creación teórico-política. El momento de irrupción de«subjetividades de la crisis», que tomaron forma de movimientos de desocupados, experiencias autogestivas en fábricas y barrios, y modalidades de economía alternativa y popular (del trueque a las redes de abastecimiento y ferias), mostró una capacidad de impugnación y de acción capaz de quebrar el consenso neoliberal. A la vez logró articular, de modo novedoso, resistencias que venían tejiéndose desde años atrás. Toda la teoría política se pone a prueba en momentos como esos. Las respuestas reactivas de infantilización, desprecio y clausura respecto del heterogéneo movimiento fueron múltiples y vinieron de muchos lados(y siguen disputando la interpretación de los acontecimientos): justo cuando el Partido Justicialista( pj ) en sus territorios más tradicionales afrontaba el más duro de los cuestionamientos de las últimas tres décadas, las visiones que solo se empeñan en detectar el orden no veían allí más que al pj rearmándose; cualquier atisbo de encontrar en esas emergencias algo que no fuera víctimas o población meramente desesperada era voluntarista o sobreestimaba el poder popular. A partir de la investigación militante colectiva, nombramos aquel poder como destituyente: justamente por su capacidad de derribar y vaciar la hegemonía del sistema político de partidos y por abrir una temporalidad de indeterminación radical a partir de la fuerza de los cuerpos en la calle. Quisimos, además, subrayar que aquello que se tildaba de espontáneo era más bien 69 T ema C entral Intelectuales, experiencia e investigación militante. Avatares de un vínculo tenso la visibilización de una trama que estaba pacientemente construida, que sintetizaba una larga elaboración por abajo y que tenía la densidad de cuestionar la distinción misma entre lo«social» y lo«político». Hablamos entonces de un «nuevo protagonismo social» 2 . El modo en que el concepto de multitud resonó en el debate alrededor de la caracterización y valoración de ese«sujeto» político novedoso proyectó también la experiencia argentina hacia el plano de los debates teóricos de otras latitudes y encontró en nombres como Antonio Negri y Paolo Virno, por nombrar a los que más se citaron entonces, interlocuciones concretas. Pero ¿por qué? Sobre todo, porque coincidieron un ciclo de luchas en América Latina contra el neoliberalismo y un ciclo de luchas en Europa contra la globalización y la guerra(con Génova 2001 como escena clave), que forzaron la producción de conceptos estratégicamente comunes para dar cuenta de subjetividades que ya se desmarcaban en la práctica del modelo obrero fordista(periférico o central) y que implicaban un balance respecto de los modos de derrota de los años 70. Tales ciclos, además, se inscriben en un plano abierto por la insurgencia zapatista, que marca a toda una generación militante a escala La insurgencia zapatista marca a toda una generación militante planetaria. a escala planetaria n Agreguemos que la producción del grupo Comuna en Bolivia coincidía, en un paralelismo no casual, con teorizaciones similares, tras una trayectoria también singular. La reacción(del binarismo ordenancista entre los que piensan y los que hacen) también tuvo su interpretación sobre esta coyuntura: desde diversas plumas intelectuales 3 se instaló la idea colonial de que Europa ponía sus conceptos sobre las prácticas latinoamericanas, justo cuando los sujetos poscoloniales irrumpían en las propias metrópolis europeas,«provincializando» Europa. Denunciando un imperialismo intelectual(que sitúa a América Latina como receptáculo pasivo de categorías«foráneas»), se reafirmaba una geografía teórica y política que estaba siendo puesta en crisis por la emergencia de una política que tomaba su fuerza de otros sujetos, de otros territorios. Y justo cuando América Latina devenía una suerte de escena de vanguardia de la insurgencia, parecía quedar minorizada su producción conceptual, que no se podía ver sino como siempre tutelada. Como si no pudiese 2. Colectivo Situaciones: 19 y 20. Apuntes sobre el nuevo protagonismo social, Tinta Limón, Buenos Aires, 2002. 3. Quien lo hizo de modo más explícito fue José Pablo Feinmann; v., por ejemplo,«Poder y contrapoder» en Página/12, 14/12/2002. N ueva S ociedad 268 70 Verónica Gago pensarse lo que aquí sucede más que como un aderezo experiencial para una adecuación bibliográfica que sigue el ritmo de«modas» o teorías dominantes, lo que revela una imposibilidad de leer desde otro lugar unas subjetividades que aparecen como«ilegibles» y, por tanto, menospreciadas políticamente 4 . Esta cuestión, sin embargo, muestra algo interesante: el debate epistémico que todo momento de insurrección y revuelta pone en marcha y que hace a la propia definición política del momento como destituyente 5 . El interrogante común sobre un poder constituyente, capaz de crear mundo desde abajo e imponer nuevas reglas –es decir: el despliegue del problema sobre a qué da lugar la fuerza destituyente en términos de construcción de nuevas formas de organizar las relaciones sociales partiendo de las luchas del momento– se clausuró en Argentina con el asesinato de los militantes Darío Santillán y Maximiliano Kosteki el 26 de junio de 2002. Fue la represión pura y dura lo que le dio aire al sistema político para llamar a elecciones. Se reprimía también un modo de composición entre pensamiento y práctica que estaba en la base de la producción de lenguajes y conceptos políticos también novedosos. ■■  Dos: el príncipe versus la multitud La indeterminación del poder destituyente tuvo luego dos lecturas de cierre y clausura. Una, que operó a escala continental, fue la clasificación sociológica de lo multitudinario bajo la categoría omnicomprensiva de«movimientos sociales». Cito a Silvia Rivera Cusicanqui, quien analiza un proceso similar en Bolivia: Lo que nos ha pasado es que nos hemos enardecido con el vigor de las masas, con la capacidad destituyente de las movilizaciones, y automáticamente les hemos calzado el nombre de«movimientos sociales», para transformarlas en sujetos de poder. Los artífices ideológicos del«proceso de cambio»[boliviano] han intentado aplacar su efervescencia, aquietar el magma social ingobernable e ilegible que significaban. Han querido reducirlos a un discurso y a un liderazgo carismático y autoritario. 6 4. Es fundamental, aunque va más allá de los últimos 15 años, tener en cuenta en la genealogía de problematización de la relación entre prácticas, teorías y colonialidad que las traducciones que se hicieron de los estudios de la subalternidad desde Bolivia por Silvia Rivera Cusicanqui, Rossana Barragán, Raquel Gutiérrez Aguilar, Alison Spedding y Ana Rebeca Prada no se entienden sino a partir de la necesidad de pensar racionalidades políticas minoritarias que parecían metabolizarse y pacificarse por medio del multiculturalismo neoliberal y, por tanto, que ponían en evidencia la necesidad de volver a evaluar la condición de dominación. 5. Para más detalles de este debate, v. Diego Sztulwark:«¿Puede la trascendencia configurar luchas radicales? Notas de ontología política» en Grupo Martes, s./f.,; Horacio González:«Cacerolas, multitud, pueblo» en Página/12, 11/2/2002. 6.«Palabras mágicas», ponencia presentada en el Coloquio Internacional de Saberes Múltiples y Ciencias Sociales y Políticas, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 18 a 21 de octubre de 2016. 71 T ema C entral Intelectuales, experiencia e investigación militante. Avatares de un vínculo tenso La noción de«movimiento social» se convirtió en credencial de legibilidad: daba cuenta de un repertorio de demandas, de unos rasgos identitarios y, fi nalmente, de una estructura de interlocución con el Estado capaz de cierta gestión de recursos. Funcionó, en buena medida, como modo de estabilización que congeló ciertas maneras de hacer y pensar que quedaron desfasadas respecto a nuevas dináLa noción de«movimiento social» se convirtió en credencial de legibilidad. Funcionó como modo micas de movilización. La segunda clausura fue el desplazamiento –en Argentina de de estabilización n modo literal, pero de modo amplio en todos los países del ciclo«progresista»– de la idea de lo destituyente como una renovación de la idea de«golpe» contra el gobierno: ahora la derecha era«destituyente». Lo destituyente pasó así de ser una indeterminación de las fuerzas populares a una amenaza que obligaba a un llamado a la defensa de un gobierno. El persistente obstáculo para pensar la figura colectiva(sea la multitud u otra) como príncipe(para tomar las categorías de Maquiavelo y Gramsci, además de la producción del operaísmo italiano) redunda en un fetichismo del liderazgo populista. Sea el caso de Néstor Kirchner o de Cristina Fernández en Argentina o el de Evo Morales y, en particular, el de Álvaro García Linera en Bolivia, aun con todas sus diferencias, los efectos son similares: una inflación de un radicalismo retórico que encontró en la teoría de Ernesto Laclau una forma de justificar una nueva«autonomía» de lo político, con síntesis per sonales. El problema es el tipo de sustitución de la figura colectiva por el liderazgo personal cuando funciona como expropiación de una plusvalía política producida desde abajo. El problema, claro está, no es el liderazgo en sí (que no es más que una proyección transitoria del imaginario de la multitud), sino la naturaleza de la forma política que la articulación de cierto liderazgo pone en juego y la disputa epistémica que se anuda ahí. El punto tampoco es exigir purismo a los gobiernos llamados progresistas(un decálogo de lo que deberían ser), sino mostrar hasta qué punto su propio modo de ser impide un balance político sobre los efectos concretos que se esconden una y otra vez en nombre de la«soberanía nacional». Los liderazgos populistas han desplazado habitualmente la investigación sobre la forma popular comunitaria democrática e introdujeron una suerte de cláusula expropiatoria que, por ejemplo, en el último ciclo latinoamericano buscó neutralizar la crítica al modo en que las condiciones neoliberales se articularon con iniciativas neodesarrollistas y relanzaron formas nuevas de N ueva S ociedad 268 72 Verónica Gago despojo y explotación. La teoría de Laclau –que se postuló como síntesis de tal momento en la región– identifica a las fuerzas que deforman y ame nazan la unidad de la institución política y jurídica exclusivamente con las fuerzas del mercado global y las elites locales. En esta identidad total, sin embargo, se descuida todo efecto«destituyente»(para volver al término) proveniente de la dinámica social«desde abajo» que no quede inscripta en «demandas» aceptables por el sistema político 7 y se desacredita toda fuerza de desborde que obligue a replantear(como sucede con frecuencia) el juego de la institución política en términos de lo común-múltiple 8 . Con este movimiento, la autonomía ya no es una capacidad desde abajo de condicionar y redefinir el poder, sino la articulación discursiva que se hace desde arriba. La sustitución del materialismo plebeyo por las figuras etéreas y discursi vas del pueblo desplaza una serie de problemas que hoy estallan en América Latina como claves incomprendidas del llamado«giro neoconservador» de la región: violencias territoriales, economías informales-ilegales, conflictos neoextractivos por despojos territoriales y de recursos, renovadas formas de explotación capitalista bajo dispositivos de explotación financiera(de los sub sidios sociales a través de su funcionamiento como garantía para el endeudamiento con instituciones bancarias, por ejemplo) y una intensiva guerra por la«seguridad». Llego hasta acá para marcar que el populismo resituó el lugar de los intelectuales como«usina» privilegiada de discurso y de la producción de apoyo: tras la destitución de su papel como autoriEl argumento utilizado dad, los intelectuales retornaron como los es el de una«traición» en las urnas de ese pueblo al que se quiso encargados de la llamada«batalla cultural» frente a los medios de comunicación, en el marco de la festejada«vuelta del Estado». Esa función entró en crisis con las derrotas representar y favorecer n electorales(en Argentina y en Bolivia, pero también hay que tener en cuenta la situación brasileña y ecuatoriana). El argumento utilizado es el de una«traición» en las urnas de ese pueblo al que se quiso representar y favorecer. 7. Una opinión de Laclau en los medios, que se replicó mucho por entonces, señalaba:«Las demandas de los pueblos originarios no fueron respondidas puntualmente, pero tampoco son centrales para la estructuración de la política». En E. Laclau:«La real izquierda es el kirchnerismo» en Página/12, 2/10/2011. 8. Llamamos común-múltiple a la capacidad productiva de lo social más allá de la posición de demanda que Laclau parece exigir a la dinámica populista de la democracia que teoriza. 73 T ema C entral Intelectuales, experiencia e investigación militante. Avatares de un vínculo tenso La evaluación de García Linera –el más celebrado gobernante-intelectual progresista– fue la más elaborada y, al mismo tiempo, la más problemática: dijo en Buenos Aires que uno de los obstáculos de los gobiernos de izquierda ha sido«la redistribución de riqueza sin politización social». Se trata de la ampliación de las clases medias mediante una inclusión de sectores subalternos por medio del consumo, algo que, según sus palabras, no alcanza a una modificación del«sentido común». Consumo sin hegemonía produciría así«una nueva clase media, con capacidad de consumo, con capacidad de satisfacción, pero portadora del viejo sentido común conservador» 9 . Vemos aquí un nuevo punto de cierre, desde arriba, de una discusión clave de nuestro continente sobre la composición de las clases trabajadoras, la ampliación del consumo de bienes no durables y los dispositivos precarios de inclusión social que aparecen como la forma«posible» de redistribución de la riqueza y de intervencionismo estatal. Pero además, la politización social queda únicamente medida por el signo de los resultados electorales. Desde el punto de vista de García Linera, la paradoja es trágica: el Movimiento al Socialismo( mas ) produjo a los sujetos que lo llevan a la derrota. El«gobierno revolucionario» se ve sobrepasado por cómo se transformaron quienes fueran los protagonistas de los movimientos sociales que impusieron la agenda antineoliberal en el ciclo 2000-2005. La sociología(o sociologización) de estos cambios en los hábitos de consumo a través del análisis de la composición de clase busca eludir y/o reemplazar –con más o menos astucia política– la idea de«traición» popular hacia un proyecto gubernamental que dice tener su razón de ser en el bienestar de los más pobres. Se intenta así practicar una comprensión de los efectos indeseados o incontrolables del ascenso social, de la modernización inclusiva o del neodesarrollismo(variaciones de un léxico que no son menores), sin afrontar las críticas al modo de subjetivación y de descomposición de la base comunitaria que, desde más de un espacio y desde más de una voz, se venían realizando. Hemos leído también en intelectuales como Emir Sader la recriminación hacia lo que llama la«ultraizquierda» como causa de la derrota progresista 10 . Este argumento, que acusa de complot y de instrumentalismo a las alianzas entre movimientos e intelectuales críticos, con el solo propósito de una 9.«García Linera en Argentina: No hay revolución verdadera sin revolución cultural» en Notas, 29/5/2016. 10. E. Sader:«A los intelectuales latinoamericanos» en Página/12, 28/11/2016. N ueva S ociedad 268 74 Verónica Gago posición«aventurera» que busca conseguir un lugar en el campo político, no solo es mezquina(se atribuye la famosa hegemonía del espacio político), sino que sobre todo pone a la crítica como«causante» de un amplio rechazo –que aún no se termina de discutir a fondo– de la legitimidad de los gobiernos progresistas, y de este modo evitan problematizar en serio las causas de las sucesivas«derrotas». Esto implica no solo la infantilización del electorado de distintas clases sociales, sino también el desconocimiento de cómo operan fuerzas bastante más complejas: las iglesias contra la llamada«ideología de género», las finanzas como formas de explotación de las economías popula res, las concesiones a las multinacionales como expropiaciones directas a las comunidades. El surgimiento de un populismo que se desplaza del gobierno pero que organiza teológicamente el campo político en Argentina inventa, en cambio, una forma de presencia en los territorios, de disputa por el deseo comunitario y de trama afectiva con las subjetividades vulnerabilizadas por las violencias que no estaba presente en el populismo progresista en el poder. Sin embargo, no puede entenderse uno sin el otro. En Argentina, el papel de la Iglesia católica fue clave en la dinámica territorial de la última campaña presidencial. Fue fundamental también el papel de las iglesias –en particular las evangélicas– en Brasil en la construcción de la atmósfera y del mismo proceso parlamentario del impeachment de Dilma Rousseff, así como en la producción de nuevas candidaturas(el caso emblemático es el del flamante alcalde de Río de Janeiro 11 ). ■■  Tres: conflictividad social, entramados comunitarios y neoliberalismo El reverso del mapa de la conflictividad actual tal vez surja de investigar los modos de politización que sí acompañaron las modificaciones del paisaje latinoamericano en los últimos 15 años y que no responden, justamente, a las claves hegemónicas por las que el imaginario progresista hoy siente nostalgia o sobre las cuales proyecta decepción. Las«subjetividades en crisis» de la época se vinculan con unas condiciones que se estructuraron alrededor de un modo de inserción de tipo neoextractiva en el mercado mundial, con unas micropolíticas organizadas en torno de las condiciones neoliberales del lazo social, y una hegemonía nunca del todo revertida y especialmente relanzada 11.«Marcelo Crivella, el polémico pastor evangélico homofóbico que ganó la alcaldía de Río de Janeiro» en bbc , 31/10/2016. 75 T ema C entral Intelectuales, experiencia e investigación militante. Avatares de un vínculo tenso del sector financiero en el modo de acumulación. La combinación entre las políticas de inclusión por consumo y la dinamización de formas nuevas de explotación financiera y precarización del trabajo se va profundizando y so fisticando, bajo el signo del giro neoconservador. Por momentos el lenguaje es simplemente patético: en Argentina, los subsidios sociales al desempleo o a las formas de empleo autogestivo pretenden ser coordinados ahora desde una«Agencia de Talentos», y en el Ministerio de Trabajo hablan de«personal originario». La necesidad de conceptualizaciones estratégicas –frente a una conflictivi dad social cuya«opacidad» es también estratégica– introduce nuevamente la pregunta por la composición de luchas y enunciados, de conceptos y prácticas de frontera. En los últimos años pueden señalarse dos constelaciones de problemas que han buscado mapear las conflictividades y construir la crítica desde lo que el ritmo de las luchas va dibujando en América Latina: por un lado, todo el debate alrededor de la cuestión del neoextractivismo, del extractivismo ampliado y el relanzamiento de modos de explotación de la fuerza de trabajo en sus condiciones actuales; por otro, la perspectiva de los«entramados comunitarios», como los llama Raquel Gutiérrez Aguilar: una forma de pensar las variaciones de lo común, la comunalidad y lo comunitario como modalidades del esfuerzo colectivo de transformación y de puesta en marcha de prácticas anticoloniales o de descolonización. Así como la crítica de la economía política de Karl Marx se desplaza hacia las zonas de la producción en las que se constituyen materialmente las clases como fuerzas sociales, la investigación militante retoma la preocupación por la dimensión no discursiva de la constitución de subjetividades. O dicho de otro modo: las iniciativas de investigación militante entrenan cierta sensibilidad para componer enunciados y conflictos. No se trata tanto de una temati Una forma de actualidad zación(como construcción de agenda), sino de una cuestión de método y de un compromiso práctico. de la investigación militante se vincula con el mapeo de la composición de Una forma de actualidad de la investigación militante se vincula con el mapeo de la composición de las clases laboriolas clases laboriosas, subalternas, populares n sas, subalternas, populares(todas variaciones que vale la pena tener en cuenta). Pero es necesario agregar un tercer componente que es clave en nuestra coyuntura: la cuestión de la violencia contra las mujeres, que obliga a que la cuestión N ueva S ociedad 268 76 Verónica Gago de género asuma, como dice Rita Segato,«un real estatuto teórico y epistémico». La embestida«familiarista y patriarcal» que impulsa una trama de violencias machistas se articula hoy con las nuevas formas de explotación y extracción de valor que tienen como blanco predilecto los gestos y espacios de autonomía construidos tanto en medio de las abigarradas urbes latinoamericanas como en las comunidades indígenas y campesinas y, especialmente, en las formas de mixtura que surgen de esos territorios. Los femicidios territoriales –como llaman las activistas de Honduras y Guatemala a los asesinatos de protagonistas de las luchas contra las transnacionales– condensan formas del conflicto que estructuran nuevos modos de la guerra o de las dinámicas contrainsurgentes. El movimiento ligado al Paro de Mujeres abre un espacio radicalmente heterogéneo donde puede leerse el mapa del trabajo desde una perspectiva feminista, la cual incorpora las economías informales, precarias e incluso ilegales como elementos claves de la nueva composición social. Las luchas por la autonomía y soberanía sobre el cuerpo y la multiplicidad de violencias (institucionales, territoriales, domésticas, etc.) se enhebran de modo indisociable, sacando del gueto del género a tales conflictividades. Queda abierta así la pregunta por la capacidad instituyente de esa fuerza común, callejera y cotidiana, por donde fluye hoy la cuestión de su capacidad política, o más precisamente, de la radicalidad de una«política en femenino», como lo teoriza Gutiérrez Aguilar. En este sentido, puede pensarse que más que un cierre del ciclo de gobiernos progresistas como clave de lectura de la región, vale la pena valorizar la apertura de un ciclo de conexión transversal empujado por el movimiento de mujeres(donde la palabra misma ha dejado de estar encorsetada para alojar una interseccionalidad de experiencias), en el que se revitaliza la necesidad de poner en tensión prácticas y conceptos, nutridos por un deseo micropolítico de fabulación con otro y otras y de indeterminación de la coyuntura regional. Leer el chavismo Continuidades y rupturas con la historia venezolana T omás S traka Definir el chavismo en cuanto ideología ha sido motivo de continuas polémicas desde que Hugo Chávez irrumpió en la escena latinoamericana hace dos décadas. Las opiniones son encontradas y van desde quienes no ven en el movimiento ideología alguna, sino una mezcla ecléctica cuyo único objetivo es justificar la toma del poder y la permanencia en él, hasta quienes lo conciben como una forma novedosa y creativa de reactualizar el socialismo(socialismo del siglo xxi ) y de radicalización democrática, pasando por quienes simplemente ven en él una imitación de Cuba (socialismo del siglo xx ). ■■  Un producto histórico venezolano L os pareceres sobre la ideología de Hugo Chávez y el movimiento que encabezó han ido cambiando en la medida en que lo ha hecho el propio chavismo en su ejercicio del poder, pero en su conjunto ponen el acento en dos características esenciales de este fenómeno político: cierta vaguedad, especialmente en la primera etapa, anterior al socialismo(1992-2005), cuando la combinación de ideas provenientes de diversas fuentes era más difusa; y, junto con ello, una capacidad extraordinaria para concitar emociones, de apoyo o rechazo, que influye significativamente en lo que cada quien concluya del ideario de Chávez y sus seguidores y lo aleja del análisis académico. Por otra parte, Tomás Straka: historiador venezolano. Integra el Instituto de Investigaciones Históricas Hermann González Oropeza de la Universidad Católica Andrés Bello(Caracas) y dirige la maestría en Historia en esa casa de estudios. Palabras claves: nacionalismo, socialismo del siglo xxi , Simón Bolívar, Hugo Chávez, Venezuela. N ueva S ociedad 268 78 Tomás Straka aunque Chávez estableció estrechas alianzas con el resto de los gobiernos de izquierda que llegaron al poder en América Latina a inicios del siglo xxi e influyó de diversas formas en la mayor parte de ellos, bien por la vía ideo lógica o mediante apoyos financieros más concretos, son significativas las diferencias con otros procesos. Fue mucho más lejos que Luiz Inácio Lula da Silva, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, Rafael Correa e incluso Evo Morales y Daniel Ortega en el objetivo de«acabar con el capitalismo» –objetivo que pocos de ellos asumieron como tal– y de demoler la democracia liberal(«burguesa», en sus palabras). Por eso su inserción dentro de la llamada«nueva izquierda», aunque esencialmente correcta, requiere de muchas puntualizaciones. Las siguientes páginas esperan ser una contribución a este debate. Es tanto lo que se ha escrito sobre el tema que no pretendemos ofrecer más que un panorama inicial desde el cual partir hacia otras interpretaciones más detenidas. Esperamos demostrar que el chavismo, lejos de ser un fenómeno de aparición abrupta, reunió y sintetizó muchas corrientes de pensamiento presentes en Venezuela a lo largo del siglo xx . Que si bien la combinación en sí misma tiene algo de novedosa, existen tantas continuidades como rupturas con respecto al proceso histórico en el que se formó. En este sentido, este artículo ensayará tres objetivos: una caracterización muy general de la evolución del pensamiento de Hugo Chávez hasta llegar al«socialismo bolivariano», una síntesis sumaria de sus principales tesis y una aproximación a las corrientes históricas de las que se alimentó. ■■  Entre el nacionalismo y el socialismo real Mucho se ha debatido si desde el principio el proyecto de Chávez fue socialista, o si la construcción del«socialismo bolivariano», como terminó denominando a su ideología, fue el resultado de una paulatina radicalización. Sus contactos con grupos comunistas desde la década de 1980 1 , así como su visita a La Habana en 1994 y la presencia de asesores de extrema izquierda ya en la campaña electoral de 1998, abonan la tesis de que siempre profesó algún tipo de pensamiento socialista y de que sus continuas declaraciones afirmando que no era socialista o comunista en la primera fase de su vida pública(pueden verse muchas de ellas en internet) no fueron más que estratagemas para 1. El tema fue trabajado extensamente por el periodista Alberto Garrido. V. Guerrilla y conspiración militar en Venezuela. Testimonios de Douglas Bravo, William Izarra, Francisco Prado, Catalá, Caracas, 1999, y Guerrilla y revolución bolivariana: documentos, edición del autor, Caracas, 2003. 79 T ema C entral Leer el chavismo. Continuidades y rupturas con la historia venezolana no asustar a los electores. Un poco en el estilo de Fidel Castro, que negó ser comunista durante toda la guerra de guerrillas y los primeros dos años de su gobierno. De hecho, Chávez no habló de socialismo hasta el Foro Social Mundial de San Pablo de 2005, es decir, después de la seguidilla de victorias que desbarataron a sus principales oponentes(el paro petrolero y el golpe de 2002, el paro de 2003, el referéndum de 2004 y, finalmente, el aplastante triunfo en las elecciones presidenciales de 2006). Pero aun aceptando la enorme influencia de Chávez sobre su movimiento –«hiperliderazgo», en palabras de Juan Carlos Monedero−, el chavismo en cuanto movimiento debe ser visto más allá de las ideas de un solo hombre, incluso cuando eventualmente haya logrado imponerlas. De tal manera que una revisión de los textos más o menos docEl chavismo en cuanto movimiento debe ser visto más allá de las ideas trinales puede dar cuenta de aquello en de un solo hombre n lo que cree(o creía) la mayor parte de sus seguidores. Como los materiales son superabundantes y aún no hay una compilación sistemática, podemos hacer el recorrido leyendo el Libro azul(1991), escrito por Chávez cuando aún era un militar conspirador; la Agenda alternativa bolivariana(1996), que escribió al salir de la cárcel; el Libro rojo(2010), con las bases doctrinales del Partido Socialista Unido de Venezuela( psuv ); el«Proyecto nacional Simón Bolívar, primer plan socialista. Desarrollo económico y social de la nación, 2007-2013», su plan de gobierno para aquel periodo y un documento clave para comprender el proceso de implementación del socialismo; la«Propuesta del candidato de la patria comandante Hugo Chávez para la gestión bolivariana socialista 2013-2014»(2012), que es su segundo plan de gobierno redactado de cara a las elecciones de 2012 y recogido post mortem en el«Plan de la Patria. Segundo plan socialista de desarrollo económico y social de la nación, 2013-2019»(2013), presentado por Nicolás Maduro ante la Asamblea Nacional como el«legado y testamento político del comandante Hugo Chávez». Son textos que están al alcance de todos en internet. A ellos habría que sumar algunos otros trabajos producidos por intelectuales cercanos a la Revolución, como los de Jorge Giordani, el cerebro detrás del modelo económico, sobre todo su muy importante La transición venezolana al socialismo (2009); los escritos del nacionalista argentino Norberto Ceresole en los primeros años de su gobierno; los textos de Heinz Dietrich –creador de la expresión«socialismo del siglo xxi »– en el tiempo en que apoyó a la Revolución; lo producido por el Centro Internacional Miranda, think tank y escuela de cuadros en la que trabajaron intelectuales como el ya mencionado Juan Carlos N ueva S ociedad 268 80 Tomás Straka Monedero 2 ; y los textos de los articulistas del portal Aporrea.org(muchos de ellos, en la actualidad, muy críticos hacia el gobierno). Si algún elemento transversal vemos en todos ellos es su oposición sistemática al neoliberalismo y su condena al sistema democrático que imperó en Venezuela entre 1958 y 1998 como resultado del Pacto del Punto Fijo 3 (la «democracia representativa», en contraposición a la«participativa», según el discurso oficial). Pero en el ínterin Chávez pasó de exaltar la«tercera vía» de Tony Blair y de esbozar un modelo típicamente nacionalista y desarrollista, a asumir la tesis del«socialismo del siglo xxi » de Dietrich, aunque de una forma bastante libre; para finalmente llegar a su propia versión del socialismo. El Libro azul es una declaración de principios muy generales para alcanzar una sociedad«participativa, protagónica y solidaria», cuya naturaleza se explica poco. Su tesis titulada«El árbol de las tres raíces» está basada en los idearios (o mejor dicho, en una interpretación de los idearios) del pensador y pedagogo Simón Rodríguez(1769-1854), el libertador Simón Bolívar(1783-1830) y el líder democrático-liberal Ezequiel Zamora(1817-1860). El sistema ideológico ebr (por Ezequiel, Bolívar y Rodríguez) se apega esencialmente a la historia clásica nacionalista(la llamada«historia patria»). La Agenda alternativa bolivariana, escrita específicamente para oponerse al plan de ajustes implementado en 1996 con el nombre de Agenda Venezuela, podría definirse de manera general como un programa desarrollista y nacionalista que le otorga un gran papel al Estado y al control de los recursos de la nación, en oposición al neoliberalismo entonces en boga. Es el tipo de propuesta con la que Chávez gana la Presidencia en 1998. Y en ambos casos no se distanciaba de lo que podría esperarse de un típico militar nacionalista y hasta un poco fascista. Durante un tiempo, Ceresole fungió como uno de sus asesores estrella y probablemente fue clave en la formación de la tesis de la unión Ejército-líder-pueblo, que mantuvo hasta la muerte. Sin embargo, más allá de eso y de una confesa admiración por Juan Domingo Perón, en especial después de que se estrechara la alianza con Néstor Kirchner, su«peronismo» se limitó a ciertas formas de liderazgo. En las elecciones de 2006, el presidente venezolano afirmó que quien votaba por él lo estaba haciendo por el socialismo. Embriagados en la bonanza de los petrodólares, los venezolanos lo hicieron masivamente, aunque no con 2. Se puede acceder a muchas de las publicaciones producidas por este centro en. 3. Acuerdo de gobernabilidad firmado entre los partidos Acción Democrática( ad ), Comité de Organización Política Electoral Independiente(Copei) y Unión Republicana Democrática( urd ), firmado el 31 de octubre de 1958 tras el derrocamiento del dictador Marcos Pérez Jiménez. 81 T ema C entral Leer el chavismo. Continuidades y rupturas con la historia venezolana demasiada conciencia ideológica. No por eso, sin embargo, Chávez dejó de cumplir su palabra y comenzó a aplicar el«Proyecto nacional Simón Bolívar, primer plan socialista. Desarrollo económico y social de la nación, 2007-2013». Si bien en el revés electoral del referéndum constitucional de 2007 la«transición al socialismo», como se la llama, sufrió un traspié, el proceso siguió a través de todo un enramado de leyes específicas destinado a«desmontar el capitalismo» y promover un vasto plan de estatizaciones 4 . Para definirlo de una manera muy general, el socialismo bolivariano es una versión del socialismo de planificación central reformado, en la que el Estado controla los resortes fundamentales de la economía, se encarga de impulsar el bienestar social, le deja a la empresa privada una participación en ciertas áreas no críticas –especialmente en el nivel de las pequeñas empresas y el comercio minorista– y se impulsan empresas de carácter social, Como objetivo ideal, de esas comunas ha de salir un parlamento comunal al estilo de cooperativas y otras iniciativas comunitarias. En el campo político, de alcance nacional n espera sustituir la«democracia burguesa», como la vivida de 1958 a 1998, por una«participativa», cuya expresión máxima es el Estado comunal, en el que la sociedad se organiza en comunas que atiendan los problemas locales. Como objetivo ideal, de esas comunas ha de salir un parlamento comunal de alcance nacional. ■■  Las tesis fundamentales En su concepción y fundamentación ética e histórica, el ideario chavista ha mantenido en todo momento un conjunto de convicciones que pueden entenderse como sus tesis fundamentales 5 : 1. Cumplir la meta de grandeza trazada por Bolívar y abandonada por los gobiernos posteriores que traicionaron su ideario. La entrega del país a los intereses imperialistas foráneos operativizada por su aliada local, la oligarquía, ha destruido esa comunidad independiente, feliz y próspera a la que se llama patria. Bolívar dejó dicho, de una vez y para siempre, cuál es el camino a seguir: solo hay que retomar su senda para lograr la grandeza. Pero Bolívar fue 4. V. el estudio dirigido por Jesús María Casal y Jorge Luis Suárez: La libertad económica en Venezuela. Balance de una década(1999-2009), Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2011. 5. Agradezco al politólogo e historiador Guillermo T. Aveledo Coll por sus consejos y orientaciones en este aspecto, así como por haberme permitido leer un trabajo que en este momento está desarrollando sobre el tema. N ueva S ociedad 268 82 Tomás Straka traicionado por la oligarquía. Y por eso el Ejército, en cuanto heredero directo del Ejército Libertador, es el primer encargado de realizar esto; junto con el pueblo, que siempre fue bolivariano, debe rescatar su obra. 2. Debido a sus intereses antinacionales, la oligarquía no forma parte de la patria. Esta última estaría constituida por el pueblo –en el sentido de las clases populares–, los campesinos, los pueblos indígenas y los mestizos herederos de los esclavos, cuya redención solo es posible mediante su liberación, a través de la Revolución, del dominio de los intereses extranjeros y de las oligarquías. La alianza pueblo-Ejército es la clave para alcanzar este objetivo liberador. 3. Por ello, la historia ha sido una constante e implacable lucha entre el pueblo y las clases dominantes, comenzada con la resistencia de los indígenas a los conquistadores; seguida por los cimarrones, llevada más alto que nunca por el Libertador y después por líderes populares como Ezequiel Zamora. Los guerrilleros comunistas de la década de 1960 fueron los auténticos continuadores de aquellas luchas, ahora finalmente consumadas por Chávez. 4. De toda la historia venezolana, el largo periodo entre 1830 y 1999, llamado Cuarta República, fue sin duda el peor en cuanto a entreguismo al imperialismo y las oligarquías. Y dentro de él, la democracia de 1958 a 1998(el«puntofijismo») representó el momento más oscuro, porque bajo la apariencia de una democracia se perfeccionó el control de las oligarquías y del imperialismo y se engañó al pueblo con una falsa sensación de protagonismo. El neoliberalismo es la expresión más clara de ese dominio de los intereses transnacionales y de las elites. 5. Por eso es una tarea de primer orden acabar con el capitalismo, que en cuanto sistema es el que crea el imperialismo y alimenta a sus aliados locales, así como con los valores burgueses(por ejemplo, la democracia representativa) que le impiden al pueblo tomar las riendas de su destino y alcanzar los altos fines a los que está llamado. Es perentorio, por tanto, crear una nueva ética socialista que a su vez ayude a forjar a un nuevo venezolano(el«nuevo republicano»). 6. La lucha contra el capitalismo no solo es necesaria para que la patria alcance su nivel de potencia, sino para que la vida misma del planeta se mantenga, comoquiera que la explotación irracional la ha puesto en riesgo. Obviamente, esta puntualización es muy general y admite ajustes, especialmente adiciones. Pero consigna los elementos esenciales presentes en casi todos los 83 T ema C entral Leer el chavismo. Continuidades y rupturas con la historia venezolana textos doctrinales o más o menos ideológicos del chavismo. Ahora bien, es importante recalcar que ninguna de estas ideas fue inventada por Chávez. Todas, en grado mayor o menor, gravitaban en el panorama político venezolano, y en todo caso lo que él hizo fue combinarlas y meterlas en un mismo paquete. ■■  ¿Una ideología de reemplazo? Cuando el historiador Germán Carrera Damas define el«bolivarianismo-mi litarismo» como una«ideología de reemplazo» 6 , se refiere a la citada condición de aglutinador de muchas de las ideologías adversas a la democracia representativa que existieron entre 1958 y 1998, especialmente entre las izquierdas comunistas. Ante la caída del Muro de Berlín y el descrédito de socialismo real –argumenta–, el pensamiento antiliberal y anticapitalista se recondujo bajo formas nacionalistas, como el«bolivarianismo». Una tesis similar es la deEl pensamiento sarrollada por la periodista Mirtha Rivero en su best seller La rebelión de los náufragos, una crónica sobre la caída del gobierno de Carlos Andrés Pérez aparecida en 2010 7 . antiliberal y anticapitalista se recondujo bajo formas nacionalistas, como El título se basa en una frase del discurso pronunciado por el presidente Pérez el«bolivarianismo» n cuando se enteró de su destitución en 1993 que para muchos fue premonitoria: «Es como la rebelión de los náufragos políticos de las últimas cinco décadas. Los rezagos de la subversión de los años 60» 8 . Aunque ambas ideas minusvaloran lo que tiene el chavismo de identidad propia y sus antecedentes, también es cierto que Pérez no estuvo del todo desencaminado cuando se refirió a una alianza de todos los sectores que du rante años se opusieron, desde la derecha y desde la izquierda, al sistema democrático y que entonces, ante su crisis estructural, aprovechaban la coyuntura para hacerse con el poder. Lo que parece sostener esta idea es que la reunión de comunistas y desafectos con el sistema que estaban a la derecha forma el primer chavismo. En efecto, si ensayamos una especie de«genealogía» de las convicciones señaladas en el apartado anterior, encontramos al 6. G. Carrera Damas: El bolivarianismo-militarismo. Una ideología de reemplazo, Ala de Cuervo, Caracas, 2005. 7. Alfa, Caracas, 2010. 8. El discurso puede hallarse en varios sitios en la web. Lo hemos tomado de. N ueva S ociedad 268 84 Tomás Straka menos dos de estas fuentes: el pensamiento de la izquierda comunista guerrillera de la década de 1960, en especial del sector más radical que no se pacificó en 1968; y el bolivarianismo nacionalista tradicional del Ejército. El segundo fue un dispositivo que se fue estructurando en torno de lo que el filósofo e historiador Luis Castro Leiva llamó el«historicismo político bolivariano», que unía la nacionalidad al culto a Bolívar 9 , pero que en el sector militar adquirió una connotación particular al presentarse a sí mismo como el heredero directo del Ejército Libertador. Fue, por supuesto, una manipulación introducida cuando realmente se crearon las modernas fuerzas armadas a principios del siglo xx y se buscó inspiración en la Independencia para darles un asidero doctrinal. Este bolivarianismo, que encajaba muy bien con las ideas desarrollistas impulsadas durante la dictadura militar de la década de 1948 a 1958, pronto se unió a otro venido de la izquierda guerrillera. En el esfuerzo por«nacionalizar» el marxismo tras el fracaso de la lucha armada, un sector disidente del Partido Comunista, el Partido de la Revolución Venezolana( prv ), fundado en 1966 y liderado por el comandante Douglas Bravo, alineó los objetivos de una revolución socialista con la versión de izquierda del bolivarianismo. Es una versión que se propulsó con la Revolución Cubana y especialmente por la Conferencia Tricontinental de La Habana, aunque venía de la década de 1920 y ya había tenido portavoces tan importantes como Augusto César Sandino. Denominado «neobolivarismo» por el historiador Ricardo Melgar Bao, básicamente veía a Bolívar como antecesor del antiimperialismo y el latinoamericanismo. Cuando los dos partidos de izquierda venezolanos que llevaban adelante la guerra de guerrillas, el Comunista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria ( mir) 10 , decidieron regresar a la vida democrática, Cuba centró su apoyo en el prv . Cuando el grupo de Chávez era una logia militar, el Movimiento Bolivariano-200, Bravo entró en contacto con él, influyó en su doctrina y lo apoyó en la conspiración para derrocar al gobierno de Pérez a través de la fachada legal En el chavismo se unen denominada Frente Patriótico, en el que actuaban muchas figuras públicas. dos corrientes inicialmente contradictorias: el nacionalismo bolivariano militar y el socialismo De esta manera, en el chavismo se unen dos corrientes inicialmente contradictorias: la del nacionalismo bolivariano militar, que sueña con hacer de Venezuela una potende los guerrilleros n cia, y el socialismo de los guerrilleros, en 9. Ver L. Castro Leiva: De la patria boba a la teología bolivariana, Monte Ávila, Caracas, 1991. 10. El mir se conformó con un ala disidente del socialdemócrata ad . 85 T ema C entral Leer el chavismo. Continuidades y rupturas con la historia venezolana la versión de sus sectores más radicales que siguieron en la clandestinidad. Su versión de la historia(lo de la Cuarta República y sus males, la glorificación de la guerrilla de la década de 1960, la abominación de la democracia«puntofi jista», la necesidad de acabar con el capitalismo) es la de la extrema izquierda; pero muchos de los símbolos, metas y medios(la idea de patria, el deseo de ser potencia, la convicción de que los militares pueden intervenir en la política e incluso gobernar) son los de la tradición del Ejército. Chávez los asumió, ya que expresaban muy bien su proceso de una revolución fundamentada en dos pilares, el popular y el militar, que lo tenía a él en el centro; pero no significó un compromiso mayor. ■■  Continuidades y rupturas Leído en esta clave, el chavismo se insertó en algunas tradiciones venezolanas de larga data, como la del bolivarianismo, y en otras que, si bien no eran mayoritarias, tenían gran presencia en muchos sectores, sobre todo académicos, intelectuales y políticos, desde hacía medio siglo. Por otro lado, también hay que resaltar que la democracia venezolana del periodo 1958-1998 no fue, al menos hasta la etapa llamada«neoliberal», un régimen de derecha, en el sentido dado a la palabra como una política antipopular y permeable a los intereses foráneos. Más bien al contrario. Si la guerrilla y los golpes militares fracasaron en la década de 1960, se debió a que los principales partidos llevaron adelante importantes reformas sociales que beneficiaron a buena parte de la población y tuvieron una actitud tan antiimperialista como les fue posible en medio de la Guerra Fría(y con Cuba armando una insurrección armada). La creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo( opep ), impulsada por el gobierno adeco de Rómulo Betancourt en 1960, y la nacionalización del petróleo decretada por el también adeco Carlos Andrés Pérez en 1976 son dos ejemplos claros de ello. Otro tanto puede decirse del hecho de que algunos de los grandes promotores y héroes de la democracia, en particular de ad , como el educador Luis Beltrán Prieto Figueroa y el especialista petrolero y artífice de la opep Juan Pablo Pérez Alfonzo, fueran asumidos también como héroes en el discurso chavista 11 . Por eso, si bien en la honda crisis de la década de 1990 los ciudadanos optaron por la propuesta«antisistema» de Chávez, esto se debió en gran medida a que 11. Hay que admitir que Prieto Figueroa se separó de ad en 1968 y se desplazó hacia la izquierda en los años siguientes. Su partido, el Movimiento Electoral del Pueblo( mep ), forma parte de la alianza chavista. Pérez Alfonzo fue también muy crítico en sus últimos años, aunque no renunció a su militancia. N ueva S ociedad 268 86 Tomás Straka no hablaba un lenguaje del todo desconocido: revolución, antiimperialismo, ataque a la oligarquía, de eso se venía hablando en todo el espectro político desde la década de 1930. Es más, el primer Chávez fue en gran medida la reacción de una tradición contra el neoliberalismo que la ciudadanía identificaba como la causa del empeoramiento de sus condiciones de vida. La ruptura vino cuando en 2005 comenzó a hablarse de«socialismo». Pero nunca rompió tajantemente con ideas ya presentes en Venezuela, al menos en los sectores antisistema(los«náufragos»), a las que las nuevas circunstancias y la gran influencia de un líder muy carismático llevaron al poder. El Cotidiano re ­ vis ­ ta de la rea ­ li ­ dad me ­ xi ­ ca ­ na Marzo-Abril de 2017 Ciudad de México N o 202 DIVERSIDAD SEXUAL: REIVINDICACIÓN Y NEGACIÓN DE DERECHOS ARTÍCULOS. Presentación, Mariana Celorio. El riesgo de expropiar la subjetividad como dilema ético al investigar la diversidad sexual, Juan Guillermo Figueroa. Violencia biopolítica contra poblaciones de la diversidad sexual: homofobia, derechos humanos y ciudadanía precaria, Mariana Celorio. Un huésped no invitado: homofobia en los arreglos parentales de padres gay en la Ciudad de México, Óscar Emilio Laguna.«El mal ejemplo»: masculinidad, homofobia y narcocultura en México, Guillermo Núñez. De la persecución al reconocimiento de las minorías sexuales en la Ciudad de México, Santiago Ulloa. Reflexiones sobre políticas públicas: diversidad sexual en México, Luz María Galindo. Las lesbianas en México continúan invisibilizadas en las políticas públicas, Josefina Valencia y Rubí Romero. Matrimonio igualitario en México: la pugna por el Estado laico y la igualdad de derechos, Héctor Miguel Salinas. Migración lgbti a la Ciudad de México, Gloria Angélica Careaga y Ximena Elizabeth Batista. Cuerpos disidentes en movimiento: miradas sobre movilidad transgénero desde la frontera sur de México, Ailsa Winton. La libertad como principio humano, como fundamento ético y como medio para la cultura. Las tesis de La persona humana y el Estado totalitario, de Antonio Caso, Fernando Montiel. El Cotidiano es una publicación de la Universidad Autónoma Metropolitana. Av. San Pablo 180, Edif. K-011, Col. Reynosa Tamaulipas, C.P. 02200, Ciudad de México. Tel. 53 18 93 36. Apartado Postal 32-031, Ciudad de México, 06031. Correo electrónico:. El sinuoso regreso de la economía heterodoxa R oberto L ampa La relación entre economía heterodoxa e izquierdas latinoamericanas ha sido tortuosa durante la última década. Más allá de un fuerte cambio discursivo, no ha sido posible superar al bloque histórico ortodoxo, que fue hegemónico durante las décadas pasadas. Se pueden encontrar explicaciones en las decisiones de los gobiernos, que eligieron un camino gradualista y no confrontativo en el ámbito del debate económico propiamente dicho. La resiliencia demostrada por el neoliberalismo y, por ende, por la teoría económica ortodoxa a escala global, ha actuado como un formidable obstáculo. E l terremoto político ocurrido en Argentina y Brasil, junto con el ajuste fis cal implementado por la coalición frenteamplista en Uruguay durante el año pasado, marcó tanto simbólica como fácticamente el fin de un largo ciclo progresista en la región sudamericana y el regreso a políticas económicas neoliberales, al menos en sus economías principales. Un aspecto poco considerado de la nueva coyuntura político-económica ha sido la feroz pelea que los flamantes gobiernos conservadores han dado para lograr un cambio dis cursivo en el ámbito económico. En el caso argentino, por ejemplo, el jefe Roberto Lampa: es doctor en Historia del Pensamiento Económico. Fue investigador invitado en la Universidad de París 1 Panthéon-Sorbonne, en la New School for Social Research(Nueva York) y en la Universidad de Macerata(Italia). Se desempeña como docente de la maestría en Desarrollo Económico de la Universidad Nacional de San Martín(Unsam), codirector de su escuela de invierno e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina. Palabras claves: economía, heterodoxia, pensamiento crítico, progresismo, América Latina. N ueva S ociedad 268 88 Roberto Lampa de gabinete Marcos Peña Braun declaró en diciembre del año pasado:«En la Argentina se piensa que ser crítico es ser inteligente, pero nosotros creemos que(…) el pensamiento crítico(…) le ha hecho mucho daño a la Argentina» 1 . Semejante énfasis es representativo de una actitud compartida por todas las fuerzas conservadoras del continente e indicaría la necesidad de depurar el debate político-económico latinoamericano de la hegemonía critica –es decir, heterodoxa –, lo que sugiere implícitamente que, en la década pasada, los distintos gobiernos«populares» lograron imponer un cambio radical de clima de época en el ámbito de las ideas políticas y económicas. Desde nuestro punto de vista, respecto del pensamiento económico, creemos que en ambos casos se trata de una clara sobrestimación de lo que efectivamente sucedió. Un análisis cuidadoso de los acaecimientos del pasado reciente demuestra que la relación entre izquierdas y economía heterodoxa ha sido por lo menos complicada y que el regreso del pensamiento crítico a las principales instituciones económicas de los países sudamericanos fue tortuoso y estuvo lleno de obstáculos. El caso más emblemático es, sin lugar a dudas, Brasil. En términos generales, podemos pensar que en los países emergentes el nivel de ortodoxia de las políticas económicas depende en primer lugar del grado de apertura de la economía, dado que esta última reduce paulatinamente tanto las herramientas utilizables como los objetivos posibles de la política económica implementada por las autoridades nacionales. De manera más precisa, la etapa neoliberal del capitalismo se caracterizó por la creciente competencia transnacional y, por ende, por la continua búsqueda de la máxima eficiencia de las econo mías a costa de la dinámica salarial, las regulaciones y la expansión del Estado de Bienestar. La intensidad de estas tendencias ha sido tal que en la literatura económica se ha debatido largamente una hipótesis explicativa llamada race to the bottom (carrera hacia abajo). Según esta teoría, en el capitalismo actual los países emergentes pueden beneficiarse enormemente de la apertura financiera y comercial solo a condición de ser competitivos y atractivos para los grandes flujos de capitales transnacionales. De esa manera, todos los gobiernos na cionales se encuentran afectados por una inusual«restricción externa» sobre 1. Entrevista a Marcos Peña Braun en el programa A dos voces en la señal tn , 8/12/2016, disponible en. 89 T ema C entral El sinuoso regreso de la economía heterodoxa © Nueva Sociedad/ Mariano Grassi 2017 N ueva S ociedad 268 90 Roberto Lampa las políticas económicas y sus objetivos: de repente, todo lo que podemos o tenemos que decidir depende indisolublemente de lo que decidieron o van a decidir los demás países/competidores. El resultado que la evidencia empírica muestra 2 es entonces que todas las políticas económicas de los distintos países convergen a escala global, pero hacia una reducción permanente del costo del trabajo, de las regulaciones medioambientales, de los controles de capitales, etc., con un aumento proporcional de la desigualdad, de la volatilidad financiera y de la contaminación. Como destaca Pierre Salama en un trabajo de 2011, en ambos mandatos de Luiz Inácio Lula da Silva están presentes tales improntas«ortodoxas»: en el primero, la ortodoxia prevalece netamente mientras que en el segundo tiende a afirmarse cierto intervencionismo«herético», si bien se conservan numero sos aspectos ortodoxos(metas de inflación, tasas de interés muy altas, poca inversión pública, recaudación fiscal moderada). Semejante juicio se puede extender también a los gobiernos de Dilma Rousseff, durante los cuales el Ministerio de Hacienda fue ocupado tanto por un ministro«lulista»(Guido Mantega) como por un ortodoxo duro y puro(Joaquim Levy) que, entre otras cosas, por primera vez en la historia de Brasil, prohibió el tradicional aumento anual del salario mínimo. Solo en los caóticos cinco meses previos al golpe institucional de mayo de 2016 el cargo de ministro fue ocupado por Nelson Barbosa, un economista heterodoxo, doctor por la New School for Social Research de Nueva York(el centro mundial más prestigioso para el estudio de la economía heterodoxa y crítica) y discípulo de Lance Taylor, uno de los más influyentes entre los economistas estructuralistas contemporáneos. Sin em bargo, este lapso no fue suficiente para que se notara algún cambio sustancial respecto del rumbo anterior. Dada esta premisa, el aspecto más interesante y que probablemente representa el punto de contacto más significativo entre los gobiernos de Lula y de Rousseff y el pensamiento económico heterodoxo fue un aspecto colateral, aunque no secundario, de la política económica: el regreso de la política industrial. Una característica de las reformas neoliberales implementadas en el continente a partir de la década de 1980 había sido la completa eliminación de semejante herramienta. En Brasil, esto había pasado en 1983, durante la presidencia de João Baptista de Oliveira Figueiredo, como consecuencia de la profunda crisis económica del país y el paquete de ajuste que el Fondo 2. V., por ejemplo, ocde : Growing Unequal? Income Distribution and Poverty in oecd Countries, ocde , 2008. 91 T ema C entral El sinuoso regreso de la economía heterodoxa Monetario Internacional( fmi ) exigió a cambio de un préstamo puente de rescate. Con los gobiernos del Partido de los Trabajadores( pt ), en cambio, el Banco Nacional de Desarrollo EconóLa corriente de pensamiento económico heterodoxo que más se destacó en el caso brasileño fue el evolucionismo mico y Social( bndes ) volvió a jugar un papel clave en la economía brasineoschumpeteriano n leña: los créditos productivos otorgados crecieron desde 2,2% del pib en 2005 hasta 4% en el primer mandato de Rousseff. Dicho en otras palabras, la corriente de pensamiento económico heterodoxo que más se destacó en el caso brasileño no fue el desarrollismo tradicional, ni el keynesianismo(cuyo papel fue, como vimos, marginal), sino el evolucionismo neoschumpeteriano. Esta escuela económica tiene su origen en los trabajos pioneros de Joseph Alois Schumpeter, quien en la primera mitad del siglo xx formuló una teoría del desarrollo económico en la cual la innovación jugaba un papel fundamental. En particular, a juicio de Schumpeter, los bancos tenían que cumplir una misión neurálgica en el sistema económico: decidir qué proyectos empresariales merecían ser financiados y cuáles no. De esa forma, el desarrollo económico ya no es el producto accidental del operar espontáneo de los mecanismos automáticos de mercado, sino que se convierte en un proceso planificado de facto, en el cual se identifican ex ante los sectores estratégicos para el desarrollo y se dirige hacia ellos a todos los agentes económicos por medio de la política crediticia, que actúa como una formidable barrera para que las empresas que no son innovadoras o competitivas sean expulsadas del mercado. Esta perspectiva fue relanzada por el economista italiano Paolo Sylos Labini, quien extendió la idea original de Schumpeter a los distritos industriales (clústeres) de pequeñas y medianas empresas( p y me s), pero fue sobre todo en los últimos años cuando el neoschumpeterismo se impuso al gran público gracias al libro de la economista italoestadounidense Mariana Mazzucato El Estado emprendedor. Mitos del sector público frente al privado(2013) 3 . En ese trabajo se relanza la centralidad schumpeteriana de la innovación, aunque se aclara un problema poco considerado por el propio Schumpeter(o, mejor dicho, al cual Schumpeter no quiso darle una solución satisfactoria, probablemente por razones ideológicas que lo llevaban a desconfiar del intervencionismo estatal): dado que la innovación es un proceso enormemente incierto y acumulativo, no tiene atractivo económico para los privados –especialmente en 3 . rba , Barcelona, 2014. N ueva S ociedad 268 92 Roberto Lampa su primera etapa– y, en consecuencia, el Estado tiene que convertirse en el motor de la innovación. Para ello debe hacerse cargo de la investigación básica por medio de instituciones específicas y, obviamente, por medio de una cuota significativa de su presupuesto. Desde este punto de vista, es indudable que la segunda pata de la política industrial brasileña ha sido justamente la inversión en ciencia y tecnología. A través de la estructura ramificada del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación se han logrado avances muy Es indudable que la significativos en la inversión para investiga ción y desarrollo( i + d ), bien ejemplificados segunda pata de la política industrial brasileña ha sido por el polo tecnológico de Campinas y la construcción del primer y único acelerador de partículas de América Latina(Sirius). justamente la inversión en ciencia y tecnología n A pesar del papel secundario que jugó en el reparto de los altos cargos ministeriales y gubernamentales, cabe destacar que el pensamiento económico heterodoxo logró un crecimiento importante en la academia brasileña. En un trabajo reciente 4 se estimó que 42% de los profesores de economía de facultades brasileñas pertenecen a corrientes de pensamiento no ortodoxas: un resultado impresionante, sobre todo si se lo compara con el resto de la región, como veremos. A primera vista, muchos de los comentarios relativos al caso brasileño parecerían extensibles también a Uruguay. Pero si miramos a las autoridades económicas del país, pasadas y presentes, podemos concluir que es muy difícil o casi imposible encontrar elementos que demuestren algún tipo de contacto con la economía heterodoxa. Al contrario, en su mayoría, los ministros de Economía y gerentes del Banco Central se caracterizaron por un discurso que podemos definir como muy tradicional y ortodoxo. Este ha sido el caso, por ejemplo, del actual ministro de Economía Danilo Astori, cuyas declaraciones se han caracterizado siempre por un fuerte escepticismo sobre la expansión fiscal y un énfasis en la necesidad de respetar los equilibrios macroeconómicos internos y externos. De hecho, los enfrentamientos entre este ministro y las fuerzas más radicales que componen el Frente Amplio han sido frecuentes y a la vez muy duros. Sin embargo, durante su primer mandato(2005-2008), el ministro Astori fue también el autor 4. Rafael Galvão de Almeida e Ian Coelho de Souza Almeida:«Issues in Teaching of Economics and Pluralism in Brazil » , trabajo presentado en el xxi Encuentro Nacional de Economía Política, São Bernardo do Campo, 31 de mayo al 3 de junio de 2016. 93 T ema C entral El sinuoso regreso de la economía heterodoxa de la reforma impositiva de diciembre de 2006(Ley 18083), que representa un logro inimaginable para cualquier otro país sudamericano, especialmente si pensamos en Brasil y Argentina, cuyas estructuras tributarias siguen siendo extremadamente regresivas. Con el objetivo declarado de acercarse a una composición del ingreso tributario parecida a la de los países del Primer Mundo, con la reforma de Astori se eliminaron impuestos distorsivos sobre el consumo: se redujeron las alícuotas del impuesto al valor agregado( iva ) y se eliminó el iva mayorista, que determinaba un típico efecto cascada sobre toda la cadena de la distribución; se volvió a introducir el impuesto sobre los ingresos de las personas físicas con un sistema de alícuotas progresivas y, sobre todo, se introdujeron impuestos sobre la renta tanto económico-empresarial como financiera. El resultado de la reforma tributaria fue una dramática caída de la desigualdad en el país, visible sobre todo en la dinámica del coeficiente de Gini: en 2016, su valor fue de 0,382 puntos(0,46 en 2006), dato que ubica a Uruguay como el país más igualitario de América Latina, comparable a los menos igualitarios de Europa. Asimismo, la relación entre el decil más rico y el decil más pobre de la población se redujo de 19 a 12 veces durante la última década. Para decirlo de otra manera, los gobiernos progresistas de Uruguay muestran una extraña paradoja: un discurso tibio y hasta escéptico sobre los tradicionales caballos de batalla de la economía heterodoxa se vio acompañado por reformas audaces que, en un sentido amplio, se pueden definir « keynesianas » , sobre todo si consideramos la tasación de la renta (explícitamente propuesta por Keynes en su Teoría general del empleo, el interés y el dinero). Además, cabe agregar un elemento significativo para nuestro análisis, repre sentado por los discursos del ex-presidente José Pepe Mujica, que mucho han contribuido a popularizar la « vía uruguaya » al desarrollo sustentable. Algunas de las charlas dadas por Mujica en importantes cumbres internacionales (en primer lugar, la cumbre sobre el clima Río+20 de 2012) muestran una clara alusión a algunos paradigmas que se han popularizado en el campo de la economía heterodoxa durante los últimos años. En primer lugar, se destaca en la retórica de Mujica una fuerte crítica a la idea misma de crecimiento económico, motivada por la escasez de los recursos primarios y medioambientales del mundo actual, que impediría replicar los estándares de vida del Primer Mundo en todo el planeta sin determinar una catástrofe natural de enormes dimensiones. N ueva S ociedad 268 94 Roberto Lampa La referencia es claramente a la « teoría del decrecimiento feliz » popularizada por el controvertido economista francés Serge Latouche. En su visión, el planeta se estaría « occidentalizando » , es decir, estaría replicando el estilo de vida occidental(no sostenible) en todas sus áreas, lo cual llevaría a la Tierra a la destrucción inminente. Como salida, Latouche propone una estrategia de decrecimiento de las economías y un estilo de vida más sobrio, basado en pequeñas comunidades locales de autoproductores. En segundo lugar, la crítica de Mujica a los indicadores económicos tradicionales como única manera de evaluar el nivel de vida de las personas es una clara referencia al célebre trabajo de la comisión compuesta por Amartya Sen, Joseph Stiglitz y Jean Paul Fitoussi que en 2009 publicó un análisis detallado sobre los límites del pib como indicador capaz de resumir tanto la performance económica como el progreso social propiamente dicho. En particular, los tres economistas insistían en la necesidad de introducir algunos indicadores complementarios al pib que tuvieran en cuenta tanto el bienestar(es decir la suma de ingresos, posibilidades de realizarse y salubridad del medio ambiente) producido por el crecimiento como la sostenibilidad futura del modelo de crecimiento. En tercer lugar, la reiterada afirmación de Mujica sobre que el desarrollo no puede ir en contra de la felicidad de los individuos hace referencia a los estudios de la rama conocida como happiness economics. Según este paradigma, en todos los países existen patrones comunes Los economistas en los determinantes de la felicidad. A partir de la felicidad intentan modificar la visión de los gobiernos sobre el de este supuesto, se intenta medir la felicidad por medio de encuestas subjetivas y datos objetivos. Como consecuencia, no se niega la importancia del ingreso per cápita para deterbienestar económico n minar la felicidad, pero se estima que esta relación no es lineal, es decir que el ingreso per cápita es relevante hasta cierto nivel a partir del cual se deja de darle importancia. De esa manera, los economistas de la felicidad intentan modificar la visión de los gobiernos sobre el bienestar económico de su población, para que adopten estrategias de crecimiento más sustentables, por ejemplo por medio de una reasignación de los recursos ya existentes. En definitiva, tanto Brasil como Uruguay muestran que si bien existieron puntos significativos de contacto con el debate económico heterodoxo con temporáneo, no se puede hablar de un nuevo clima de época. En un sentido general este juicio es extensible también a Argentina, aunque la influencia del pensamiento heterodoxo fue indudablemente superior en este último caso. 95 T ema C entral El sinuoso regreso de la economía heterodoxa De manera esquemática, podemos afirmar que la influencia del pensamiento heterodoxo en Argentina aumentó constantemente de intensidad a lo largo de los 12 años de gobierno kirchnerista. Durante el primer gobierno de Néstor Kirchner, el Ministerio de Economía fue ocupado por Roberto Lavagna, un economista ecléctico, abierto a los aportes de la economía heterodoxa. De hecho, la interrupción de las misiones del fmi en 2003 y la sucesiva reestructuración de la deuda argentina en default en 2005 son difícilmente compatibles con los típicos supuestos de la economía mainstream. Sin embargo, en este primer mandato la influencia del pensamiento hete rodoxo fue mayor en las políticas que se implementaron en el mercado de trabajo. A partir de 2005, Argentina fue uno de los pocos países que implementaron planes de trabajo garantizados( job guarantee) después del experimento estadounidense de la « War on Poverty » del presidente Lyndon B. Johnson, durante los años 60. Con el Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupados se crearon dos millones de empleos sociales(con un desembolso correspondiente a 1% del pib ): a cambio de cuatro horas diarias de trabajo comunitario o social, se pagaba un salario mínimo. La idea de un plan de job guarantee fue elaborada originariamente por el economista heterodoxo estadounidense Hyman P. Minsky(quien solía definirse como institucionalista y keynesiano-financiero). La idea básica es que las épo cas de recesión prolongada y de alto desempleo convierten la desocupación en un fenómeno estructural y de largo plazo. A su vez, esto implica obsolescencia de la mano de obra desempleada, que termina expulsada del mercado de trabajo de una manera permanente. De esa forma, cuando un país vuelve a crecer y a generar puestos de trabajo, seguirá exhibiendo un alto porcentaje de población inactiva, que quedará al margen de la sociedad. Para evitar que esto ocurra, Minsky propone la creación de puestos de trabajo por parte del Estado(es decir, un Estado « empleador de última instancia » ), a condición de que el salario mensual sea igual(y nunca superior) al salario mínimo. Una vez que la economía se reactiva(también gracias a los nuevos empleos), la demanda de trabajo del sector privado aumenta, lo que hace aumentar los salarios del sector privado y permite reabsorber progresivamente a los trabajadores empleados en los « planes » (atraídos por los salarios superiores). En épocas más recientes, este ámbito de estudios ha sido profundizado por varios economistas aglutinados en el Levy Economics Institute, entre ellos Randall Wray y Pavlina Tcherneva, quienes en 2003-2005 colaboraron con la elaboración de los planes del gobierno argentino. No obstante, sería excesivo N ueva S ociedad 268 96 Roberto Lampa afirmar que la política económica argentina hasta 2010 fue « heterodoxa ». Principalmente esto se debe a la política monetaria y al perfil de los altos cargos del Banco Central de la República Argentina( bcra ). Durante los años 2003-2010, la presidencia de esa institución fue ocupada por economistas (muy) ortodoxos como Alfonso Prat-Gay(ministro de Hacienda del gobierno de Mauricio Macri durante 2016) y Martín Redrado. Además, el bcra siguió siendo una entidad autónoma cuyo objetivo principal era garantizar la estabilidad de los precios. Esta situación se modificó en enero de 2010, cuando fue nombrada presiden ta del bcra la economista heterodoxa Mercedes Marcó del Pont. Las nuevas autoridades del banco reformaron la Carta Orgánica de la institución y mostraron una inequívoca cercanía con la postura típica de los economistas poskeynesianos. Como evidencia el artículo 3 de la nueva Carta Orgánica, con la reforma se terminó la independencia del bcra y cambió su objetivo principal: « El banco tiene por finalidad promover, en la medida de sus facultades y en el marco de las políticas establecidas por el gobierno nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social » . Además, en distintas ocasiones Marcó del Pont manifestó su adhesión a la teoría del dinero endógeno(es decir, la teoría monetaria heterodoxa que rechaza la teoría cuantitativa del dinero y niega que la emisión de moneda sea infla cionaria). De esa forma, las tradicionales Jornadas del Banco Central, que en la década de 1990 habían sido una pasarela para economistas ultraortodoxos de todo el mundo, se transformaron en el gotha del pensamiento heterodoxo mundial e incluyeron la participación de los más conocidos entre los economistas poskeynesianos, marxistas y estructuralistas contemporáneos(entre ellos, Marc Lavoie, Anwar Shaikh, Mark Setterfield y Philip Mirowski). Esta etapa de creciente cercanía entre las autoridades económicas argentinas y la economía heterodoxa siguió hasta el final del segundo mandato de Cris tina Fernández de Kirchner. En 2013, Axel Kicillof(un economista heterodoxo de formación marxista, pero cuyo ámbito de investigación ha sido la economía keynesiana 5 ) fue nombrado ministro de Economía. Desde el comienzo de su mandato, el background teórico heterodoxo de Kicillof se manifestó en distintas ocasiones: una de las más emblemáticas fue el caso de la Secretaría 5. Ver A. Kicillof: Fundamentos de la teoría general. Las consecuencias teóricas de lord Keynes, Eudeba, Buenos Aires, 2008. 97 T ema C entral El sinuoso regreso de la economía heterodoxa de Política Económica, que pasó a llamarse de Política Económica y Planifi cación del Desarrollo, lo que interrumpió la « conspiración del silencio» que había afectado a la palabra « planificación » durante décadas. Podemos entonces afirmar que en el breve lapso 2013-2015 Argentina fue el único país suda mericano cuyas autoridades económicas procedían por completo del campo de la economía heterodoxa. Sin embargo, esta situación inusual y potencialmente fecunda no implicó el surgimiento de una nueva hegemonía en el ámbito académico. En ninguna de las principales universidades nacionales del país(La Plata, Buenos Aires, Córdoba, Mendoza) cambiaron los programas de estudio y la enseñanza siguió monopolizada por las corrientes más ortodoxas. Frente a la imposibilidad de acceder a estas En ninguna de las principales instituciones, la economía heterodoxa quedó relegada a unas pocas universidades del conurbano bonaerense(San Martín, universidades nacionales argentinas cambiaron los Quilmes, General Sarmiento, Moreno). programas de estudio n Por lo que concierne al resto de la región sudamericana, la influencia del pen samiento económico heterodoxo propiamente dicho sobre las izquierdas ha sido poco relevante comparada con los casos examinados. Por lo general, los esfuerzos de los gobiernos de Bolivia, Venezuela y Ecuador se han dirigido hacia la construcción de un nuevo imaginario político, en el cual se restablecía el primado de la política sobre la economía, como reacción al conjunto de las decisiones impuestas previamente por las instituciones internacionales sobre los distintos países. De esa manera, la crítica del neoliberalismo se encauzó hacia una categoría primariamente política, es decir la « soberanía » , y dejó al margen el discurso económico heterodoxo. No sorprende entonces que las izquierdas de la Alianza Bolivariana hayan apuntado principalmente a recuperar a los pensadores nacionales y los actores de la lucha de la liberación, desde Simón Bolívar hasta Juana Azurduy. Además, se hizo hincapié en la herencia cultural de los pueblos originarios para relanzar la actualidad de formas asociativas como las pequeñas comunidades locales y las asambleas, como herramientas para construir desde abajo procesos de transformación social(el Poder Comunal en Venezuela). Un excelente ejemplo de esta actitud se encuentra en el volumen El pensamiento económico de Hugo Chávez, de Alfredo Serrano Mancilla 6 , en el cual se analizan las fuentes y las 6. El Viejo Topo, Barcelona, 2014. N ueva S ociedad 268 98 Roberto Lampa lecturas que inspiraron la acción del líder bolivariano. Es llamativo el hecho de que entre ellas encontramos al filósofo István Mészáros, el epistemólogo Oscar Varsavski, el pensador marxista Antonio Gramsci, a los políticos y pensadores latinoamericanos Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Omar Torrijos, Juan Velasco Alvarado, Juan José Torres, Juan D. Perón y finalmente, como único economista, al institucionalista estadounidense John Kenneth Galbraith. Sin embargo, cabe destacar que las dificultades que las economías de estos países evidenciaron en el último año determinaron un cierto acercamiento de los gobiernos a los análisis económicos heterodoxos. En particular, se destacan la organización en Bolivia del ii Congreso de la Asociación de Pensamiento Económico Latinoamericano( apel ), cuyo objetivo es « aportar al debate sobre las políticas públicas que coadyuven al sostenimiento del proceso de crecimiento con inclusión y permitan superar las limitaciones actuales de América Latina » –aunque sin grandes cambios en la « exitosa» política macroeconómica interna– y las ocho « Tesis económicas del chavismo » elaboradas por Serrano Mancilla durante septiembre de 2016. En este sentido, es probable que la relación entre los países de la Alianza Bolivariana y la economía heterodoxa se profundice aún más en un futuro próximo, aun si la principal razón de semejante acercamiento parece ser puramente instrumental: la búsqueda de un«plan b » frente a los acontecimientos estadounidenses y británicos, cuyo impacto podría ser catastrófico. En conclusión, podemos afirmar que la relación entre economía hetero doxa e izquierdas latinoamericanas ha sido tortuosa durante la última década. Más allá de un claro interés y también de una manifiesta voluntad de cambiar el paradigma económico de referencia de la región sudamericana, no se ha logrado superar definitivamente al bloque histórico ortodoxo, hegemónico durante las décadas pasadas. Por un lado, se puede encontrar una explicación de este fenómeno en las decisiones de los gobiernos elegidos democráticamente, que en muchos casos han optado por un camino gradualista y no confrontativo en el ámbito del debate económico propiamente dicho. Por otro lado, un análisis más cuidadoso de los acontecimientos políticos y económicos recientes nos debería llevar a destacar no tanto la crisis sino la resiliencia del neoliberalismo, a pesar de la tremenda recesión comenzada luego de la quiebra de Lehman Brothers y de sus catastróficas consecuencias sobre las sociedades del hemisferio norte. Este fenómeno paradójico se ha discutido ampliamente en la literatura económica. En La extraña no-muerte 99 T ema C entral El sinuoso regreso de la economía heterodoxa del neoliberalismo 7 , por ejemplo, Colin Crouch destaca de qué modo el escenario global poscrisis se caracteriza por una mayor centralización de los capitales tanto industriales(léase: empresas transnacionales) como financieros (léase: bancos). Desde una posición que comparte el diagnóstico de Crouch, Mirowski agrega algunos elementos cruciales para entender la complicada coyuntura que estamos viviendo, en su libro Nunca dejes que una crisis te gane la partida. ¿Cómo ha conseguido el neoliberalismo, responsable de la crisis, salir indemne de la misma? 8 . En su análisis, el neoliberalismo es el producto de un pensamiento colectivo y facetado, que logra mantenerse hegemónico y paralizar a sus opositores gracias a su estrategia de la matrioska: sutilezas para los insiders de la disciplina económica e ignorancia para los outsiders. Milton Friedman, por ejemplo, destacaba que la causa de la recesión de 1929 fue la ausencia de intervención de la Reserva Federal y a la vez publicaba columnas semanales en Newsweek diciendo todo lo contrario y acusando a la intervención estatal de ser causa única de la misma crisis. Desde este punto de vista, las dificultades evidenciadas por los gobiernos regionales serían también un reflejo de la fuerza demostrada por el neolibe ralismo y, por ende, de la teoría económica ortodoxa a escala global. 7. Capital Intelectual, Buenos Aires, 2012. 8. Deusto, Barcelona, 2014. Lecturas de las izquierdas mexicanas M assimo M odonesi ¿Qué se lee en las izquierdas mexicanas? ¿Qué lecturas retroalimentan la visión del mundo, inspiran y sostienen las prácticas políticas del Movimiento de Regeneración Nacional y del Ejército Zapatista de Liberación Nacional? El«corpus» se compone de posteos en las redes y de artículos de periódicos y revistas, donde se publican y circulan noticias y reportajes, pero también columnas de opinión de los intelectuales orgánicos de cada uno de estos movimientos. Finalmente, algunos libros pueden ser considerados referencias ineludibles, textos que todo militante zapatista u obradorista tiene que leer. No obstante, aun con esta pluralidad de fuentes, cada movimiento lee a los suyos. ¿ Q ué se lee en las izquierdas mexicanas? ¿Qué lecturas alimentan su visión del mundo, inspiran y sostienen sus prácticas políticas? En el México actual, se distinguen cuatro ámbitos de agregación política que expresan posturas situadas a la izquierda del espectro político-institucional y del sentido común sociocultural: los primeros dos concentrados, respectivamente, alrededor del Movimiento de Regeneración Nacional(Morena) y del Ejército Zapatista de Liberación Nacional( ezln ); el tercero, disperso en una galaxia Massimo Modonesi: es historiador y sociólogo. Se desempeña como profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México( fcp y s unam ) y es director de la revista Memoria del Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista. Palabras claves: izquierda, zapatismo, Andrés Manuel López Obrador, México. 101 T ema C entral Lecturas de las izquierdas mexicanas de colectivos, movimientos y organizaciones sociales y políticas de distintas dimensiones, orígenes sociales y perspectivas políticas; y el cuarto, atomizado en personas de sensibilidad progresista que actúan aislada y esporádicamente y se integran a convocatorias masivas en circunstancias excepcionales. En cada uno de estos ámbitos se desarrollan prácticas y dinámicas específi cas de politización, que implican referencias ideológicas determinadas, con sus respectivas fuentes. Si para los dos últimos, por su carácter plural y diversificado, es difícil rastrear claves comunes, respecto de Morena y del za patismo, dos fuerzas políticas que presentarán candidatos en las próximas elecciones presidenciales de 2018 y cuyo perfil es delimitable y reconocible, es posible identificar algunas referencias que influyen de forma decisiva en la configuración de su visión del mundo o, mejor dicho, de su ideología. ■■  Redes, periódicos y revistas Cuándo nos preguntamos qué se lee en los ambientes de izquierda, antes de tratar de identificar autores y textos representativos, debemos tomar en cuenta el peso y la forma de la mutación de los hábitos de lectura que se instalaron a través de la extensión e intensificación del acceso y el uso de las redes sociales. En efecto, gran parte del tiempo de lectura se dedica a la lectura de tuits y posteos que solo en ocasiones contienen vínculos a artículos o libros, pero que en la mayoría de los casos vierten opiniones puntuales y sintéticas enmarcadas en debates y diálogos entre diversos usuarios. Esta forma de lectura representa una modalidad de información y de politización de una parte importante de los jóvenes mexicanos que simpatizan con alguna agrupación de izquierda o militan en ella, o que simplemente reflejan su izquierdismo en la red o asistiendo a convocatorias puntuales, tanto electorales como de movilización callejera. Además del universo de las redes, la información de la que abrevan las izquierdas y los izquierdistas pasa por canales más tradicionales. Las generaciones menos jóvenes recurren a algunos históricos medios de comunicación impresos como el diario La Jornada y el semanario Proceso, pero también a páginas de contrainformación, entre las cuales destacan los portales Desinformémonos, Contralínea, Revolución 3.0, Sin Embargo o Izquierda Diario. Por otra parte, como en otras latitudes, el mundo de las revistas de análisis político ha padecido el giro hacia el mundo virtual, pero es notable y lamentable constatar que en México existe actualmente solo una revista con un inequívoco perfil de izquierda publicada en papel y con una distribución bastante N ueva S ociedad 268 Massimo Modonesi 102 Ni Morena ni el zapatismo cuentan actualmente con una limitada: la«revista de crítica militante» Memoria, fundada en 1983, de periodicidad trimestral y cuyo número más reciente es el 260 1 . Ni Morena ni el zapatismo cuentan actualmente con una revista de debate y revista de debate y análisis político, y las que análisis político n tienen lectores y cierta influencia no pertenecen propiamente al universo de izquierda –es decir, o bien no se definen como tales o bien explícita o implícitamente se colocan a la derecha de Morena–. Es el caso de Nexos y de otras revistas en papel o virtuales de menor relevancia, sobre cuya influencia y perfil habría que hacer una investigación específica. ■■  Intelectuales orgánicos En los medios de comunicación escrita nombrados anteriormente se publican y circulan noticias y reportajes, pero también columnas de opinión. Además de los intelectuales de izquierda no encasillables en alguna área política determinada, existen núcleos de intelectuales orgánicos que vertebran tanto a Morena como al universo zapatista que acompaña al ezln . Algunos se destacan por ser considerados puntos de referencia como formadores de opinión o por, como se dice en el argot militante en México,«tirar línea». Se trata tanto de periodistas como de académicos, algunos directamente involucrados en la organización, otros simplemente«compañeros de ruta». Generalmente, sus opiniones circulan por medio de artículos, pero en varios casos son autores de libros de éxito y difusión variables. En el círculo interior de la intelectualidad orgánica de Morena, existe un núcleo de académicos que participa de forma directa en la vida partidaria, como Héctor Díaz Polanco, Armando Bartra, Luciano Concheiro, John Ackerman, Pedro Salmerón, Raquel Sosa, Claudia Sheinbaum y Enrique Dussel; escritores como Paco Ignacio Taibo ii , Elena Poniatowska y Fabrizio Mejía; periodistas como Pedro Miguel y Jesús Ramírez Cuevas o caricaturistas como Rafael Barajas,«El Fisgón», entre otros. Del lado del zapatismo, la cuestión de la«cercanía» siempre ha sido un tema delicado, lo cual, junto con cierto antiintelectualismo que caracteriza al 1. Hay que señalar que la página, que fue activada hace poco más de dos años como parte de una nueva época de la revista, recibe alrededor de 12.000 visitas mensuales, con picos de 20.000 a la salida de nuevos números. 103 T ema C entral Lecturas de las izquierdas mexicanas movimiento desde por lo menos 1999, hace que solo unos pocos intelectuales sean reconocidos explícitamente como«compañeros» por el ezln . Acompañan al zapatismo o se definen zapatistas académicos como Pablo González Casanova, Carlos Antonio Aguirre Rojas, Ana Esther Ceceña, Gilberto López y Rivas, los fallecidos Luis Villoro y John Berger, periodistas-ensayistas como Luis Hernández Navarro, Raúl Zibechi y Gloria Muñoz. Otros, más alejados de las dinámicas internas, pero que constituyen puntos de referencia son, por ejemplo, Adolfo Gilly y John Holloway. Todos ellos suelen escribir artículos de opinión en distintos medios y algunos de ellos participan activa y profusamente en redes sociales. Como intelectuales orgánicos, cumplen un papel fundamental, para decirlo con Gramsci, al asumir funciones no solo de crítica del statu quo, sino también de«conexión» y«organización», y de disputa por el sentido común. Al mismo tiempo, salvo los que directamente intervienen en la definición programática de Morena y los que gozan de la confianza de la comandancia del ezln , los intelectuales no son los principales constructores de la configuración ideológica que rige a estos movimientos. En efecto, si una franja minoritaria –pero fundamental– de los activistas y dirigentes de los movimientos se nutren de lecturas de algunos de estos autores, la mayoría de la militancia de base se alimenta de información periodística y solo excepcionalmente lee artículos de opinión y, en todo caso, se forma principalmente a partir de la lecturas de las intervenciones de sus líderes(Andrés Manuel López Obrador y el subcomandante antes Marcos, hoy Galeano) y de los documentos producidos por su organización que se reproducen en la páginas«oficiales»:; ;;. En todo caso, cada uno se lee a sí mismo, es decir, cada movimiento lee a los suyos. En última instancia, las verdaderas lecturas obligadas son las que emanan de los líderes, referentes ideológicos por excelencia a la hora de elaborar sus versiones de nacionalismo popular y de marxismo indianista, respectivamente. En este sentido, sin el afán de rastrear a fondo las bases ideológicas de ambos movimientos, podemos señalar algunos libros de cabecera, textos icónicos que todo militante zapatista u obradorista, respectivamente, tiene que leer. Más que glosar críticamente estos textos, me limitaré a señalar algunos de sus elementos más significativos, los cuales no solo delinean una parte im portante del panorama ideológico de las izquierdas mexicanas en la actualidad, sino que traslucen las diferencias y los puntos de confrontación política N ueva S ociedad 268 Massimo Modonesi 104 entre obradorismo y zapatismo, que inevitable y lamentablemente tenderán a exacerbarse conforme se acerquen los comicios de julio de 2018.
 ■■  Libros del ideario obradorista En el caso de Morena, son imprescindibles los libros del propio López Obrador, incluido el último, publicado en enero de 2017, como preludio a la campaña electoral de 2018. En su bibliografía se incluyen 15 libros, entre los cuales figuran algunos estudios históricos –en particular, ligados al periodo de la Revolución Mexicana y a su región natal, Tabasco– y un número mucho mayor de ensayos políticos que fueron acompañando sus candidaturas a la Presidencia en 2006 y 2012: Un proyecto alternativo de Nación (2004); Contra el desafuero. Mi defensa jurídica(2005); La mafia nos robó la Presidencia (2007); La gran tentación. El petróleo de México(2008); La mafia que se adueñó de México... y el 2012(2010); No decir adiós a la esperanza(2012); Neoporfirismo. Hoy como ayer(2014). Estos libros fueron pensados y elaborados como instrumentos de propaganda, escritos con un estilo sencillo y didáctico para que pudieran circular ampliamente y ser leídos por los militantes y los simpatizantes del obradorismo. Lo mismo que el más reciente, presentado el 30 de enero pasado en la Plaza de Santo Domingo de la capital y cuyo título es todo un programa: 2018, la salida. Decadencia y renacimiento de México. En efecto, el libro recoge parte de los 50 lineamientos presentados por el mismo López Obrador al ii Congreso Nacional de Morena en noviembre de 2016 y constituye la base para la elaboración del Nuevo Proyecto Alternativo de Nación que fue encargado a una comisión de 70 notables nombrada directamente por el futuro candidato presidencial. Desde la primera frase se reitera el lema y la clave de la propuesta política de López Obrador:«la corrupción es el principal problema de México». Y si esta es la causa fundamental de la decadencia, en consecuencia, el renacimiento pasa esencialmente por adoptar la«honestidad como forma de vida y de gobierno». El pensamiento nacional-popular de López Obrador se basa en un paralelismo histórico: el neoliberalismo equivale a un neoporfirismo –en referencia al régimen de Porfirio Díaz(1876-1911)– y, por lo tanto, su superación requiere algo similar o equivalente a la Revolución Mexicana. Algo que se prefiere llamar regeneración o renacimiento para evitar cualquier resonancia radical: respecto de la forma, se insiste en que será no violenta, una«revolución de las conciencias» y, en relación con el contenido, apoyándose en Francisco J. Múgica, se propone simplemente«moralidad y algunas pequeñas reformas», y siguiendo a José María Morelos,«moderar la indigencia y la opulencia». 105 T ema C entral Lecturas de las izquierdas mexicanas La lista de la citas de revolucionarios mexicanos, a quienes López Obrador estudia desde hace años y toma como fuente de inspiración, es de amplio espectro e incluye a Francisco Madero 2 –elogiado por su cabal democratismo–, a Adolfo López Mateos 3 –por su nacionalismo desarrollista– y a los antiporfiristas La lista de la citas de y libertarios hermanos Flores Magón –por su programa social–. revolucionarios mexicanos, a quienes López Obrador La decadencia neoporfirista se manifies ta, según López Obrador, en una«repúbliestudia desde hace años y toma como fuente ca simulada», manejada por una«banda de malhechores», de«delincuentes de cuello blanco» que saquean y privatizan a su de inspiración, es de amplio espectro n antojo, ahondan las desigualdades, impiden el desarrollo e hipotecan la soberanía. En contra del«crecimiento ineficiente y excluyente» propio del neolibe ralismo, el renacimiento deberá fundarse en la austeridad(es decir, el recorte de sueldos y privilegios de políticos y burócratas), que permitirá rescatar al Estado como promotor del desarrollo, recuperar la soberanía y los recursos energéticos, y proteger el campo para impulsar la autosuficiencia alimentaria. López Obra dor propone alcanzar un Estado de Bienestar clásico,«de la cuna a la tumba», centrado en medidas que ya exploró como jefe de gobierno de la Ciudad de México entre 2000 y 2006: la educación y las pensiones a los adultos mayores. Para los jóvenes, propone un plan masivo de empleo ligado a grandes obras públicas y a la construcción de viviendas, carreteras, líneas de ferrocarril, un nuevo aeropuerto internacional y un corredor en el istmo de Tehuantepec. El aumento de los salarios mínimos y la recuperación del poder adquisitivo responden al lema«Para el bienestar de todos, primero los pobres» –que ya fue eslogan de la campaña de 2006–, a decir de López Obrador, no solo un«imperativo ético», sino también una condición necesaria para«garantizar la paz social». Todo ello, respetando e impulsando las«ganancias lícitas» de la inversión privada y tomando como modelo la rehabilitación del corredor Reforma-Centro Histórico que impulsó también como jefe de gobierno de la Ciudad de México. En la visión de López Obrador, el renacimiento desembocará en una«república fraterna y amorosa» fundada en un«código del bien», una«Constitución moral» basada en los principios de honestidad, justicia y amor al prójimo. En 2. Presidente entre 1911 y 1913. 3. Presidente entre 1958 y 1964. N ueva S ociedad 268 Massimo Modonesi 106 un plano más teórico y menos programático, el ideario de Morena descansa en las 20 tesis de política del filósofo argen-mex Enrique Dussel, que fue y sigue siendo lectura básica en los cursos de formación política que impulsa el partido. El libro del filósofo liberacionista El ideario de Morena salió en mayo de 2006, justo en el año descansa en las 20 tesis de política del filósofo argen-mex Enrique Dussel n de surgimiento del obradorismo como movimiento, dos meses antes del fraude electoral y el plantón de reforma. Contiene una panorámica caracterización de la política y lo político bajo la forma de tesis teóricas. Tiene la virtud de ser abarcador y de lograr, en una apretada síntesis de 159 páginas(más de 100 menos que el libro de López Obrador), plantear las principales cuestiones de fondo. A pesar de su carácter eminentemente teórico, el texto es claro y pretende ser didáctico, lo cual lo aproxima a un manual. Por otra parte, su autor, integrante de Morena y miembro del Consejo Nacional del movimiento, ha sido invitado a presentarlo en el marco de diversos cursos de formación política que fueron realizados por el partido desde su nacimiento formal en 2011. Ya entrando en sus contenidos, más allá de las generalidades que contiene, en varios aspectos más específicos que le confieren originalidad existe una plena correspondencia con el ideario obradorista. Para empezar, la primera tesis trata de«la corrupción de lo político», que Dussel aborda obviamente de forma más abstracta que López Obrador, en relación con el pasaje de la potentia a la potestas(dualidad de origen spinoziana), y de la necesidad de sostener como alternativa un poder obediencial –lo cual, dicho sea de paso, es una traducción teórica del principio del mandar obedeciendo zapatista–. Por otra parte, a la par de la ética, entre referencias bíblicas y citas de Karl Marx, Antonio Gramsci y Rosa Luxemburgo, Dussel insiste en un principio de factibilidad estratégica –ubicado entre el anarquismo y el conservadurismo–, que no deja de resonar a realismo y pragmatismo político, algo de lo cual López Obrador hizo y hace ampliamente gala. Pero el aspecto de mayor convergencia se da sin duda alrededor de la tesis según la cual el pueblo es el actor político por excelencia, el sujeto de la historia, tesis que resuena en el lema de Morena que recita«Solo el pueblo salvará al pueblo». Dussel reivindica la centralidad del concepto de pueblo, a partir de la distinción entre populus y plebs, e invoca el principio de hegemonía y la posibilidad concreta de la construcción de un nuevo orden político-institucional, sin desdeñar varios elementos de la teorización sobre el populismo de Ernesto Laclau. 107 T ema C entral Lecturas de las izquierdas mexicanas Por último, en antítesis al autonomismo, Dussel vincula las luchas sociales y políticas a la necesidad de la construcción de una instancia partidaria, un liderazgo no vanguardista y una(nueva) institucionalidad, basada en la combinación de representación y democracia participativa por medio del poder ciudadano. En la última tesis, la número 20, sostiene la posibilidad y la necesidad de conquistar y transformar el poder estatal a través del«ejercicio delegado obediencial del poder», en contra de la idea de no toma del poder –de origen zapatista y cuya teorización es obra de John Holloway 4 –, que termina siendo«moralismo, idealismo, apoliticismo abstracto». ■■  El zapatismo versus la hidra capitalista en tres tomos Además de los comunicados –que se intensificaron en tiempos recientes a raíz de la decisión de crear un Concejo Indígena de Gobierno y postular a una candidata a las elecciones presidenciales de 2018–, el libro que funge actualmente como referencia del pensamiento político zapatista son los tres tomos titulados El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista: más de 1.000 páginas en las que se reúnen las ponencias presentadas en el seminario homónimo realizado en San Cristóbal de las Casas en Chiapas entre el 3 y el 9 de mayo de 2015. El tomo i contiene tres secciones –«Nuestra mirada hacia dentro»,«Nuestra mirada a la Hidra» y«Qué hacer»– en las que se presentan las participaciones de integrantes de la Comisión Sexta del ezln , principalmente el subcomandante insurgente Moisés –actual vocero– y el subcomandante Galeano(antes Marcos). En los tomos ii y iii aparecen las ponencias de los intelectuales invitados por el ezln , entre los cuales podemos reconocer a varios integrantes de lo que podríamos llamar el«círculo interno» de la intelectualidad zapatista: Sergio Rodríguez Lascano, Carlos Antonio Aguirre Rojas, Gilberto López y Rivas, Gustavo Esteva, Paulina Fernández Christlieb, Arturo Anguiano, Raúl Zibechi y Pablo González Casanova. Además, aparecen contribuciones de otros que, sin ser orgánicos, son considerados cercanos o referencias intelectuales: Adolfo Gilly, Immanuel Wallerstein, John Holloway, Michael Löwy y Silvia Federici, para señalar a los más destacados. Además de la mirada hacia dentro, hacia el ejercicio de la autonomía en las comunidades zapatistas, presentada por el subcomandante Moisés en clave 4. Holloway es autor de Cambiar el mundo sin tomar el poder. El significado de la revolución hoy, El Viejo Topo, Barcelona, 2003. N ueva S ociedad 268 Massimo Modonesi 108 de«economía política» alternativa desde abajo, el leitmotiv que origina la convocatoria y que atraviesa los volúmenes es la disputa entre capitalismo y anticapitalismo, la caracterización de la llamada Hidra capitalista, monstruo de 1.000 cabezas que se regeneran al ser cortadas, y las virtudes, los límites y los desafíos de las luchas que en contra de ella se libran y se librarán. Para dar cuenta de esta disputa, el sub Galeano utiliza la metáfora del«muro» y la «grieta»(este último término, anteriormente conceptualizado por Holloway) y se refiere al Sistema Capitalista –con mayúsculas– como una hidra de«múl tiples cabezas», con«formas y modos diversos de dominar», como fuente de muerte, destrucción, depredación y guerra. A pesar de refrendar la dimensión práctica –«la resistencia zapatista es nuestra bibliografía»–, en la intervención del Sub se invita a un esfuerzo de reflexión y análisis, como complemento dialéctico de la práctica:«necesitamos teorías y conceptos. Necesitamos pensamiento crítico». Este pensamiento crítico está explícita y directamente vinculado al marxismo, en particular respecto de la caracterización de la hidra capitalista, más que en relación con las formas y los contenidos de la lucha política y de las alternativas posibles. Mediante el arsenal conceptual marxista –mercancía, ley del valor, medios y relaciones de producción, explotación, plusvalor, etc.–, se busca dar cuenta de la relación capital-trabajo y rastrear la«genealogía del capitalismo», asumiendo que las hipótesis generales de Marx, mutatis mutandi,«se confirman en actualidad». Más puntualmente, se hace referencia a la teorización de David Harvey sobre la persistencia de la lógica de la acumulación originaria como despojo del territorio y los recursos naturales. También se abren interrogantes sobre cuál es la«cabeza madre» de la hidra, sobre el lugar y el papel del capital financiero y del Estado. Se define la crisis económica como sistémica, integral y terminal(con referencia a la hipótesis de Wallerstein), destinada a agudizarse y presentada como una tormenta que se avecina, una hipótesis catastrofista ligada a la de«guerra mundial». En la misma tónica, las numerosas ponencias presentes en los tomos ii y iii se centran en aportar a la caracterización de la hidra en general como sistema capitalista o en resaltar algunas de sus distintas cabezas: racismo, urbanización salvaje, despojo de bienes comunes, imperialismo, opresión de género, etc. Al mismo tiempo, tanto los invitados como los dirigentes zapatistas no dejan de destacar y exaltar las resistencias, las rebeldías y las autonomías como una especie de antihidra. En este sentido, el sub Galeano evoca la práctica como método para transformar la realidad, para destruir un sistema dominante pero«no omnipresente ni inmortal». Por su parte, el subcomandante Moisés 109 T ema C entral Lecturas de las izquierdas mexicanas insiste en la lucha anticapitalista como«resistencia y rebeldía» y convoca a «organizarse y destruir el sistema capitalista», ya que«no se puede humanizar». Destaca, además, el ejercicio ejemplar de la autonomía en las comunidades zapatistas y dibuja una línea de demarcación política respecto de los «partidistas», la«izquierda institucional» y López Obrador. La polaridad entre ambas visiones de la política salta a la vista, más allá de las descalificaciones mutuas y sin necesidad de recapitular todos los puntos del conflicto. Independientemente de las formas y los ritmos de la crisis del capitalismo, la tormenta que se avecina y que puede preverse con precisión meteorológica tiene el rostro de Donald Trump y el formato de un proceso electoral que, como otros anteriores, se anuncia explosivo. Mientras tanto, cada movimiento se prepara para lo que viene leyendo a los suyos, leyéndose a sí mismo, fortaleciendo sus convicciones y su discurso, pero encerrándose tendencialmente en una lógica autorreferencial. Septiembre-Diciembre 2016 Ciudad de México N o 108 RELACIONES DE MÉXICO CON ASIA-PACÍFICO: RETOS Y OPORTUNIDADES ARTÍCULOS: Carlos de Icaza, México: objetivo Asia-Pacífico. Julián Ventura Valero y Rodrigo Meléndez Armada, Relaciones económicas México-China: una agenda de oportunidades. Jorge Heine, La locomotora china y la apuesta por Asia en el nuevo siglo. Ulises Granados, La relación México-Japón: más allá de la coyuntura económica. José Luis Bernal Rodríguez, La Asociación Estratégica entre México y la República de Corea a diez años de iniciada. Fernanda Vázquez Vela, India y México: de lo coyuntural al bilateralismo más sólido. Armando G. Álvarez Reina y Luz Mariana Espinoza Castillo, México y Australia en el Siglo del Pacífico. José Gerardo Traslosheros Hernández, México y Nueva Zelanda: un puente entre Latinoamérica y Asia. Rogelio Granguillhome Morfín y Miriam Rubinstein Derzavich, México y la ansea : en busca de una relación estratégica. Luz María de la Mora Sánchez, El Tratado de Asociación Transpacífico: ¿una puerta en Asia-Pacífico? Héctor A. Ortega Nieto y Luis Ángel Castañeda Flores, mikta : ampliar los alcances de la política exterior mexicana. Revista Mexicana de Política Exterior es una publicación cuatrimestral del Instituto Matías Romero, Secretaría de Relaciones Exteriores. República de El Salvador Núm. 47, Col. Centro, Del. Cuauhtémoc, Ciudad de México, CP 06080. Tel.:(55) 36 86 50 00 Exts. 8268 y 8247,(55) 36 86 51 63 y(55) 36 86 51 48. Correo electrónico:. Página web: . Los ambientalismos frente a los extractivismos E duardo G udynas En toda América Latina, los debates sobre cuestiones ambientales conducen a los llamados«extractivismos», como la megaminería a cielo abierto, las perforaciones petroleras o los monocultivos intensivos. Esta problemática alimenta movilizaciones ciudadanas y generó nuevos abordajes teóricos y diagnósticos más precisos, que a su vez desbordaron al terreno político. Por ello es importante examinar las relaciones y la mutua alimentación que existe entre posiciones ambientales, izquierdas y prácticas extractivistas, con sus principales manifestaciones, actores, posibilidades y límites. A unque no es raro que se diga que hoy en día se vive una expansión de los debates ambientales y que una de sus expresiones son las críticas a los extractivismos, en realidad los antecedentes se remontan por lo menos a la década de 1970. En consonancia con el debate internacional, se instalaron discusiones sobre cuestiones como los límites ecológicos al crecimiento económico o el deterioro de la fauna y la flora silvestres. Asimismo, se crearon los primeros grupos ambientalistas en América Latina, asomaron investigaciones pioneras en ecología y conservación, y se lanzaron diálogos con el mundo político. El ambientalismo se tornó un campo plural, con posiciones tanto reformistas como radicales, unas más tecnocráticas y otras más politizadas. Eduardo Gudynas: es integrante del Centro Latino Americano de Ecología Social( claes ), Montevideo. Palabras claves : ambientalismo, desarrollo, extractivismo, postextractivismo, sustentabilidad. 111 T ema C entral Los ambientalismos frente a los extractivismos Entre ellas se pueden encontrar las primeras denuncias por contaminación en sitios mineros y petroleros. De manera muy similar a los debates actuales, las alertas que en los años 70 se plantearon sobre los límites ecológicos al crecimiento económico fueron resistidas por gobiernos, políticos, académicos y empresas. Esos actores defendían el crecimiento económico como meta central del desarrollo y minimizaban los aspectos ambientales. Un nuevo empuje en la cuestión ambiental se inició a mediados de la década de 1980 y alcanzó un pico a inicios de la década de 1990. La cobertura temática se amplió mucho más(se sumaron, por ejemplo, la economía ecológica o la ética ambiental), se extendieron las articulaciones ciudadanas y estaban en marcha los experimentos de los partidos verdes 1 . Se planteaban más denuncias sobre los efectos de emprendimientos mineros o petroleros, pero el extractivismo como estrategia no era necesariamente una cuestión central para los ambientalistas, sino que era entendido solo como causa de distintos impactos ecológicos. A medida que avanzaba la década de 1990, ese empuje languideció. Prevaleció un contexto político conservador, proliferaron reformas enfocadas en el mercado y en el ambientalismo se extendieron posiciones funcionales al crecimiento económico. Estas, a su vez, apostaron a la autorregulación del empresariado extractivista por medio de la denominada«responsabilidad social empresarial» y la mitigación de algunos de sus efectos ambientales. ■■  Eclosión extractivista y nueva crítica ambiental A inicios del siglo xxi la situación comenzó a cambiar sustantivamente. A pesar de las evidencias de graves deterioros ambientales y de las alertas por cambios ecológicos planetarios(especialmente el cambio climático), se fortalecieron todos los extractivismos en todos los países. Proliferaron proyectos de megaminería a cielo abierto, la explotación petrolera avanzaba sobre todo en áreas tropicales, se aceptó el fracking(fracturación hidráulica) y se disparó la superficie dedicada a monocultivos. 1. Un buen ejemplo de esas discusiones lo ofrecen dos números de Nueva Sociedad dedicados al ambientalismo. En 1987, el número 87 se enfocó en«lo político y lo social de lo ecológico», con críticas al capitalismo desde el ambientalismo latinoamericano. Más tarde, al tiempo de la Eco 92, el número 122 abordó«el desafío político del medio ambiente», lo que deja en claro una ampliación aún mayor de la temática. Ambos números están disponibles en. N ueva S ociedad 268 Eduardo Gudynas 112 Al mismo tiempo, se precisó el concepto: se definieron los extractivismos como modos de apropiación de grandes volúmenes o con alta intensidad de recursos naturales, para ser en su mayoría exportados como materias primas 2 . Su expansión respondía a la particular situación global de altos precios de las materias primas, a la disponibilidad de capital que llegaba como inversiones a esos sectores y a una sostenida demanda, especialmente desde China. Es importante subrayar que los volúmenes extraídos, especialmente de minerales, hidrocarburos y granos, son enormes. El déficit comercial físico(expor taciones de recursos naturales menos importaciones, medidos en unidades físicas como toneladas de minerales o granos) creció desde 1980 y alcanzó el nivel de 700 millones de toneladas en 2005 para toda América Latina. El mayor extractivista es Brasil: se estima que exportó unos 500 millones de toneladas de recursos naturales hacia el año 2010 3 . Actividades como la megaminería a cielo abierto son una Actividades como la megaminería a cielo abierto son una«amputación» ecológica(por ejemplo, la mina Yanacocha, en el norte de Perú, remueve 180 millones de toneladas por «amputación» ecológica n año). Además, se utiliza todo tipo de contaminantes(distintas sustancias peligrosas en la minería, fugas y derrames de hidrocarburos y aplicaciones de agrotóxicos en los monocultivos). Por lo tanto, los extractivismos envuelven impactos ambientales muy graves, que cubren amplias superficies, con muy pocas opciones de ser amortiguados o remediados, y muy difíciles de gestionar al estar anclados en los mercados globales 4 . Paralelamente, se imponen severas reconfiguraciones territoriales, como las concesiones de explotación o los permisos de ampliación de la frontera agropecuaria, y no menos importante, las obras de infraestructura y provisión de energía(es el caso de grandes represas hidroeléctricas en la Amazonia). 2. La definición se discute en E. Gudynas: Extractivismos. Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la naturaleza, cedib / claes , Cochabamba, 2015. En esa formulación se continúa con los antecedentes históricos del concepto, se enfoca en el modo de apropiación y, por lo tanto, se aplica a emprendimientos que pueden estar en manos de agentes económicos estatales, mixtos o privados, y queda en claro su vinculación con la globalización. Bajo esta perspectiva, los extractivismos no son una industria y son plurales, incluyendo los conocidos casos minero y petrolero, pero también algunos sectores agrícolas, forestales, pesqueros, etc. 3. Pablo Samaniego, María Cristina Vallejo y Joan Martínez-Alier:«Commercial and Biophysical Deficits in South America, 1990-2013» en Ecological Economics vol. 133, 3/2017. 4. E. Gudynas: Extractivismos, cit. 113 T ema C entral Los ambientalismos frente a los extractivismos Como no podía ser de otra manera, esto generó todo tipo de alertas y cuestionamientos desde los ambientalismos y reacciones de muchísimas comunidades locales en todos los países latinoamericanos sin excepción. Muy rápidamente se acumuló un abrumador volumen de información sobre la pérdida de biodiversidad, efectos de la contaminación en suelos, agua y sobre la salud de las personas, y crecientes niveles de violencia. El ambientalismo también colaboró en identificar impactos sociales, especialmente en comu nidades campesinas o indígenas, en un amplio abanico de cuestiones, como los efectos en la salud o la destrucción de prácticas económicas tradicionales. A partir de esta tríada de efectos locales(ambientales, territoriales y sociales), se avanzó en reconocer los llamados«efectos derrame» sobre otras dimensiones sociales, económicas y políticas(y que iban más allá de los casos de emprendimientos extractivistas específicos). Entre ellos se cuentan, por ejemplo, efectos económicos(como los cambios en los sistemas tributarios, los controles a los flujos de capital en esos sectores, etc.), comerciales(la inserción exportadora de cada país o las incapacidades de coordinación regional en la oferta de commodities) y así sucesivamente para otros sectores 5 . Esas discusiones obligaban a repensar categorías básicas, como las de justicia o democracia. En el primer caso, muchos subrayaron una y otra vez que no podía haber una verdadera justicia social sin una justicia ambiental: de nada servía dar bonos en dinero a los sectores más pobres si ellos continuaban viviendo en lugares contaminados. En el segundo caso se apuntó a las restricciones democráticas para poder imponer los extractivismos, desde trabas al acceso a la información o la consulta ciudadana hasta la tolerancia de la violencia contra militantes locales. 5. Ejemplos de aportes recientes para distintos países se encuentran en William Sacher y Alberto Acosta: La minería a gran escala en Ecuador. Análisis y datos estadísticos sobre la minería industrial en el Ecuador, Abya Yala/ Universidad Politécnica Salesiana, Quito, 2012; José Seoane, Emilio Taddei y Clara Algranati: Extractivismo, despojo y crisis climática. Desafíos para los movimientos sociales y los proyectos emancipatorios de nuestra América, Herramienta, Buenos Aires, 2013; Emiliano Terán Mantovani: El fantasma de la Gran Venezuela. Un estudio del mito del desarrollo y los dilemas del petroEstado en la Revolución Bolivariana, Celarg, Caracas, 2014; Pablo Villegas N.: Geopolítica de las carreteras y el saqueo de los recursos naturales, cedib , Cochabamba, 2013; Gian Carlo Delgado-Ramos: Ecología política de la minería en América Latina , unam / ciich , Ciudad de México, 2010; Maristella Svampa y Mirta A. Antonelli(eds.): Minería transnacional, narrativas del desarrollo y resistencias sociales, Biblos, Buenos Aires, 2009; Catalina Toro Pérez, Julio Fierro Morales, Sergio Coronado Delgado y Tatiana Roa Avendaño(eds.): Minería, territorio y conflicto en Colombia, Universidad Nacional, Censat, Bogotá, 2012; Andréa Zhouri, Paola Bolados y Edna Castro(eds.): Mineração na América do Sul. Neoextrativismo e lutas territoriais, Annablume, San Pablo, 2016. Una biblioteca con distintos textos digitales está disponible en. N ueva S ociedad 268 Eduardo Gudynas 114 En los planos político y económico, los extractivismos se organizaron de distinto modo: por un lado, bajo los gobiernos conservadores persistió una importante liberalización en favor del mercado y un Estado subsidiario; por otro lado, bajo los gobiernos progresistas tuvieron lugar intentos de un mayor control estatal(lo que se discutirá más abajo). En pocos años, el término «extractivismo» se popularizó y se lo aplicó a toda clase de situaciones(tales como extractivismos urbanos, financieros, epistémicos, etc.). Aunque eso re forzó la difusión de la problemática, a la vez se perdió precisión en las discusiones. Sin embargo, el debate con gobiernos y empresas requería precisar el concepto, ya que desde esos espacios se insistía con que todo uso de los recursos naturales era una forma de extractivismo. El ambientalismo respondía, por ejemplo, que no es lo mismo ni tienen los mismos impactos un agricultor que provee al mercado nacional que los monocultivos de exportación. Algo similar ha ocurrido con el concepto de neoextractivismo. En su sentido original hacía referencia a un«nuevo extractivismo progresista», diferente de aquellos propios de los gobiernos conservadores. Pero la palabra también se popularizó, y no faltan los casos La crítica ambientalista no puede ser descripta como antiminera en que incorrectamente se supone que ese prefijo«neo» refiere a cualquier extractivismo reciente. También es importante advertir que la crítica ambientalista no puede ser descripta o antipetrolera n como antiminera o antipetrolera. El calificativo «anti», con toda su carga peyorativa, es muy usado por gobiernos, empresas y académicos que defienden esos emprendimien tos pero no por los grupos ciudadanos. La rigurosidad de la definición es otra vez clave, ya que los cuestionamientos ciudadanos son, por ejemplo, contra los extractivismos, y esto no es necesariamente un sinónimo de minería o agricultura. Finalmente, otra particularidad es que la crítica a los extractivismos en muchos sitios maduró en propuestas de alternativas de salida a ese tipo de desarrollo(conocidas como postextractivismo). Esto ha tenido un gran desarrollo especialmente en Perú, donde se discuten transiciones postextractivistas desde hace una década. ■■  Los extractivismos y la divergencia izquierda/progresismo Como se adelantó arriba, en algunos países el cuestionamiento ambiental a los extractivismos ocurrió bajo el tránsito político desde gobiernos conservadores hacia una nueva izquierda. Es importante recordar que algunos 115 T ema C entral Los ambientalismos frente a los extractivismos sectores del ambientalismo apoyaron y participaron de esos cambios 6 . Muchos militantes verdes ocuparon posiciones en los nuevos gobiernos, se fortaleció la atención política a algunos problemas ambientales e incluso se lograron innovaciones. Entre las más destacadas están la aprobación de los derechos de la naturaleza en la Constitución de Ecuador o la apelación a otra lógica al denunciar el cambio climático que esbozó el gobierno boliviano; también hubo gestos emblemáticos, como el nombramiento de Marina Silva, una mujer militante y mestiza, como ministra del Ambiente en Brasil. Sin embargo, rápidamente asomaron dificultades en el frente ambiental. Los nuevos gobiernos no solo mantuvieron los extractivismos, sino que los reforzaron, la institucionalidad y gestión ambiental quedaron relegadas, y se repetían conocidos problemas(como débiles evaluaciones ambientales o incumplimientos de las consultas ciudadanas). Incluso se pusieron en entredicho los avances ambientales que la izquierda había anunciado. Por ejemplo, en Ecuador el propio gobierno pasó a sostener que los derechos de la naturaleza eran«derechos supuestos», para así permitir la explotación petrolera en sitios amazónicos; en Bolivia, el gobierno tenía posiciones muy radicales sobre el cambio climático, pero sus medidas en el ámbito nacional seguían alimentando la emisión de gases de efecto invernadero; y en Argentina, Brasil y Uruguay se liberaron las semillas transgénicas para promover los monocultivos. En todos esos países se seguían acumulando casos e información sobre los impactos locales de los extractivismos y, en especial, sobre la afectación de aguas y suelos, y como ocurría en la década de 1970, desde los gobiernos se minimizaba la evidencia del deterioro ambiental y se insistía en pretendidas soluciones tecnológicas. Puede argumentarse que aquella izquierda que apostaba inicialmente por la justicia ambiental, junto con otras ideas como la radicalización de la democracia o la profundización de los derechos humanos, una vez en el gobierno abandonó varios de sus objetivos originarios para mantenerse dentro de un desarrollismo basado en el crecimiento económico a cualquier costo, y para ello, las exportaciones extractivistas eran el combustible. Quedó en evidencia que izquierda y progresismo son proyectos políticos diferentes, y el ambientalismo jugó un papel importante en poner en claro esa divergencia. 6. Distintas figuras del ambientalismo apoyaron a Alianza País de Ecuador, el Movimiento al Socialismo( mas ) de Bolivia, el Partido de los Trabajadores( pt ) de Brasil, el Frente Amplio( fa ) de Uruguay y el presidente Fernando Lugo en Paraguay. N ueva S ociedad 268 Eduardo Gudynas 116 Esa distinción es uno de los resultados de una renovación entre algunos ambientalistas, ya que muchas críticas convencionales no eran efectivas ante los progresismos. No se podía denunciar que los extractivismos progresistas eran, por ejemplo, dependientes de empresas transnacionales, ya que bajo esos gobiernos las compañías estatales cobraron un enorme papel en algunos sectores. Es más, los progresismos insistían en que los extractivismos eran indispensables para poder revertir la pobreza. Este tipo de discursos simplistas tienen un fuerte apoyo ciudadano, especialmente en las grandes ciudades, donde no se padecen los impactos locales de los extractivismos. Todo esto obligó a que la crítica ambientalista se adentrara más en sus revisiones sobre las estrategias de desarrollo, el papel del Estado y sus implicancias políticas. Aunque las aristas de los debates más recientes no pueden detallarse aquí, sí debe señalarse que quedaron en evidencia distintas limitaciones en las estrategias estatales progresistas; que el desempeño social y ambiental de las empresas estatales casi siempre era negativo; que, salvo excepciones, no existía un nexo directo entre exportaciones de recursos naturales y asistencia social; y que los impactos ambientales, territoriales y sociales eran muy graves, especialmente en los grandes proyectos. Por si fuera poco, se desnudó el La crítica ambientalista a los extractivismos tuvo efectos multiplicadores n papel del Estado en recortar la participación ciudadana y en tolerar, o incluso promover, violaciones a los derechos de las personas. Más recientemente se sumó el desenmascaramiento de casos de corrupción en marcos legales o en proyectos extractivistas. De esta manera, la crítica ambientalista a los extractivismos tuvo efectos multiplicadores, y no solo ante cuestiones ecológicas, ya que dejó en claro que, aunque con otras justificaciones, los progresismos volvieron a caer en roles subordinados como proveedores de materias primas y externalizaron sus impactos ambientales y sociales. ■■  Actores, voces, tendencias Existe una amplia diversidad de actores enfocados en las intersecciones entre ambientalismo y extractivismos. Su base descansa en una gran diversidad de grupos locales, con distintos niveles de organización, que van desde comunidades indígenas o campesinas a los militantes por el ambiente, los derechos humanos, la salud y muchos otros temas. Es notable además el creciente papel del liderazgo de las mujeres en las movilizaciones ante los extractivismos; además, las mujeres son más resistentes a aceptar las compensaciones económicas para tolerar la contaminación. 117 T ema C entral Los ambientalismos frente a los extractivismos © Nueva Sociedad/ Mariano Grassi 2017 N ueva S ociedad 268 Eduardo Gudynas 118 También es muy visible un enorme conjunto de organizaciones ciudadanas que articulan campañas con análisis. Muchas son ong ambientalistas(como Acción Ecológica en Ecuador), otras son centros de información y análisis(se destaca el Centro de Documentación e Información Bolivia – cedib –), y hay otras que han logrado una impactante especialización en la evaluación de los extractivismos(el mejor ejemplo es CooperAcción en Perú) 7 . Estas organizaciones se articulan a su vez en redes que son nacionales en unos casos y continentales en otros; como ejemplos nacionales se cuentan la Red Mexicana de Afectados por la Minería( rema ) o la peruana red Muqui sobre minería, ambiente y comunidades, y a escala continental se destacan el Movimiento Mesoamericano contra el Modelo Extractivista Minero( m 4) y el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina( ocmal ) 8 . En otros casos se han conformado redes temáticas o sectoriales que han abordado los extractivismos como un tema central: ejemplos ilustrativos son la Red Latinoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Sociales y Ambientales y la red Iglesias y Minería, que es un espacio religioso ecuménico 9 . En ese entramado colectivo hay aportes individuales que contribuyen a fortalecer estas discusiones y que a la vez muestran la diversidad de orígenes y recorridos. Es oportuno compartir algunos ejemplos. El ecuatoriano Alberto Acosta es un economista que asumió posiciones ambientalistas, acompañó a varios movimientos ciudadanos, desempeñó un papel clave como presidente de la Asamblea Constituyente al dar un decisivo apoyo a los derechos de la naturaleza y fortalecer la perspectiva del«buen vivir», y desde ese lugar se volvió un importante animador de estos debates. El peruano Marco Arana viene de un ámbito muy diferente, como sacerdote católico que luego se sumó a la resistencia ciudadana frente a proyectos megamineros, superó un duro hostigamiento desde empresas y gobierno y avanzó en una práctica social, ambiental y política. En Colombia, Manuel Rodríguez Becerra se inició en la universidad, luego fue el primer ministro de Medio Ambiente para después regresar a la academia, y desde allí, poco a poco, se vinculó con organizaciones ciudadanas para ser una voz independiente y respetada de alerta ante los extractivismos. No puede dejar de olvidarse el papel de muchos líderes locales que en su resistencia a los extractivismos terminan convertidos en iconos respetados internacionalmente(como Máxima Acuña en Perú). Otros han 7. Puede encontrarse más información en los sitios;;. 8. Puede encontrarse más información en los sitios;; ;. 9. Puede encontrarse más información en los sitios; . 119 T ema C entral Los ambientalismos frente a los extractivismos perdido la vida debido a la violencia generada por los extractivismos, como le ocurrió a Berta Cáceres, una líder indígena lenca de Honduras, feminista y ambientalista, asesinada en 2016. También se cuenta un número cada vez mayor de intelectuales que reflexio nan sobre estos temas y a la vez acompañan las movilizaciones ciudadanas 10 . De todos modos, se deben reconocer tensiones en esos espacios académicos, ya que hay otros universitarios que priorizan un debate que en realidad discurre en inglés, en journals y en polémicas con la bibliografía más que con la política local. La situación se complica un poco más por la presencia de investigadores del Norte que abordan la situación latinoamericana pero minimizan el debate conceptual autóctono, para ubicarse en una actitud de superioridad epistémica como si con sus aportes, por fin, comenzara un serio aborda El debate es más je de estos asuntos. intenso, con más La situación del debate muestra que es más intenso, con más movilizaciones y presencia ciudadana en los países andinos, mientras que la presencia ciudadana, en los países andinos n situación opuesta, donde el cuestionamiento ambiental a los extractivismos es más débil y está más acotado localmente, se da en Brasil. Entre esos dos extremos, en distintos niveles, se ubican los países de América Central y el Cono Sur. Por ejemplo, en Bolivia, Ecuador y Perú han tenido lugar movilizaciones ciudadanas de gran envergadura contra emprendimientos extractivistas o proyectos asociados, se han lanzado marchas nacionales en defensa de recursos naturales(y en particular del agua), y se mantiene un fuerte debate que regularmente se ventila en los principales medios de prensa. Se articulan demandas de grupos ambientalistas con otro tipo de organizaciones, tales como las que defienden los derechos humanos o federaciones de pueblos indígenas. El aporte de académicos es más visible, un puñado de ong son muy activas y hay cierta receptividad en la prensa. 10. Además de los ya mencionados, se pueden destacar los aportes de Maristella Svampa, Horacio Machado, Mirta Antonelli, Gabriela Merlinsky y José Seoane en Argentina; Oscar Campanini, Marco Gandarillas, Georgina Jiménez, Cecilia Requena y Pablo Villegas en Bolivia; los brasileños Andréa Zhouri y Bruno Milanez; Camila Toro en Colombia; José de Echave, Carlos Monge o Martin Scurrah en Perú; Emiliano Terán Mantovani y Edgardo Lander en Venezuela; y Gian Carlo Delgado en México. También hay aportes que se originan fuera del continente pero que dialogan estrechamente con los actores latinoamericanos y son solidarios con las movilizaciones ciudadanas; un ejemplo destacado es el de Joan Martínez Alier, profesor emérito en la Universidad de Barcelona. N ueva S ociedad 268 Eduardo Gudynas 120 En Argentina, Chile y Uruguay han tenido lugar importantes movilizaciones contra emprendimientos extractivos, tanto localmente como en algunos casos a escala nacional, sea frente a emprendimientos específicos o ante políticas gene rales. Asimismo, está instalada una discusión ciudadana, que de tanto en tanto se articula con debates políticos más amplios y logra así una mayor difusión. En México, Colombia y varios países centroamericanos, las movilizaciones involucran además la defensa de los derechos humanos y la denuncia de asesinatos y otras formas de violencia sobre ambientalistas. En cambio, en Brasil, la protesta y la resistencia de los últimos años han sido sobre todo locales y no se han logrado establecer coordinaciones nacionales estables. Mientras que en Bolivia, Ecuador y Perú tuvieron lugar marchas en defensa de los recursos naturales que partieron desde remotos lugares del país hasta llegar a la capital, eso no ha ocurrido en Brasil. A su vez, mientras en las naciones andinas se disecaban los componentes económicos y políticos de los extractivismos progresistas, en Brasil ni las grandes ong ni muchos académicos lograron la independencia necesaria frente a los gobiernos del Partido de los Trabajadores( pt ) para potenciar esa crítica. De la misma manera, en los países andinos se instaló un debate sobre moratorias mineras o petroleras, mientras que en Brasil se discutían diferentes niveles de regalías en la reforma del Código Minero o en la explotación del petróleo marino. Esta situación parece haber cambiado con la crisis del gobierno de Dilma Rousseff y el desastre de la ruptura de la represa minera en Mariana(Minas Gerais) en 2015 11 . De todos modos, la enorme relevancia que ha logrado la crítica ambiental a los extractivismos queda en evidencia por la intensidad de las reacciones que provoca. Desde el sector empresarial de los países andinos se reconoce que la crítica al extractivismo y las alternativas postextractivistas son la mayor amenaza que vive, por ejemplo, el sector minero 12 . La presión política es tan intensa que los políticos deben responder. En los países bajo gobiernos conservadores, como Perú, los ministros tildan a los ambientalistas de radicales de izquierda que impedirían la inversión y el crecimiento económico, mientras que en las naciones progresistas a menudo se los califica de«iz quierda infantil» o de«funcionales a la derecha» y se ha buscado clausurar sus organizaciones. En Bolivia el debate ha sido tan potente que el propio 11. A. Zhouri, P. Bolados y E. Castro(eds.): ob. cit. 12. Álvaro Ponce Muriel: Minería moderna para el progreso de Colombia, Cámara Asomineros andi / Cámara Colombiana de Minería/ Federación Nacional de Productores de Carbón, Bogotá, 2014. 121 T ema C entral Los ambientalismos frente a los extractivismos vicepresidente responde regularmente en la prensa e incluso realizó una gira con conferencias en al menos cinco países en la que sostuvo que el cuestionamiento extractivista es parte de una«pseudoizquierda de cafetín» 13 . ■■  Un debate en marcha Los cuestionamientos ambientales a los extractivismos están en pleno proceso. Es un flanco que no ha decaído, sino que, por el contrario, se ha fortalecido y ampliado. Se hermana con otros cuestionamientos a los entendimientos y prácticas de la política en la región y a las concepciones del desarrollo. Teje nuevos diálogos, tanto con movimientos de base urbanos, como en especial con organizaciones campesinas o indígenas en los espacios rurales. Pero también hay cuestiones no resueltas, y varias orbitan alrededor de la problemática del valor. Muchos persisten en entender que solo los humanos son sujetos de valor y la naturaleza es un cúmulo de objetos, aunque entienden que es necesario un cambio radical en las estrategias de desarrollo para no destruir el entramado ecológico. Esa postura lleva a aceptar a los extractivismos, incluyendo las variedades progresistas. Otros consideran que una alternativa postextractivista comulga con el reconocimiento de los derechos de la naturaleza, por lo cual se reconocen valores intrínsecos en lo no humano, y esta es una ruptura con toda la tradición de la modernidad. Este postextractivismo alimenta alternativas que simultáneamente son poscapitalistas y postsocialistas. Con esto queda en evidencia que es en el campo de la crítica ambiental a los extractivismos donde están teniendo lugar, en América Latina, reflexiones esen ciales sobre otros modos de entender la sociedad, la política y la naturaleza. 13. Puede verse la conferencia en. Focos de lectura de la izquierda boliviana F ernando M olina La izquierda tuvo una fuerte influencia en Bolivia a lo largo del siglo xx , y la historia de los movimientos populares es indisociable de los debates político-teóricos de las diferentes tendencias del socialismo. Desde la llegada de Evo Morales al poder, a comienzos de 2006, se potenciaron varios de sus«focos de lectura» y se crearon otros nuevos, entre ellos y el más importante, el«foco de la Vicepresidencia». A partir de sus publicaciones e invitaciones, es posible construir un mapa de lecturas y de influencias políticas e intelectuales. ¿ Q ué lee la izquierda boliviana? ¿Para qué lo hace? Estas dos preguntas pueden llevarnos a muchas otras, del tipo: ¿de qué izquierda hablamos?, y aun: ¿es realmente izquierda? O: las lecturas de tal o cual grupo ¿deben inferirse de su práctica política? Y en ese caso, ¿puede tomarse la autodefinición ideológica de un grupo como indicador de lo que lee(suponer, digamos, que los trotskistas leen a León Trotski)? Eludiremos estas preguntas a partir de las siguientes decisiones metodológicas: - Reconocer como«izquierda» a todo lo que, a la vez, se reconoce como tal. Esto deja por fuera el indianismo, lo que, tratándose de Bolivia, constituye una decisión de grandes alcances. Sin embargo, esta exclusión no es nueva en Fernando Molina: es periodista y escritor. Ha producido numerosas obras ensayísticas, históricas y políticas sobre Bolivia. Dos de sus últimas publicaciones son La izquierda boliviana frente a la revolución y la democracia. Del marxismo nacional al mas (Libro Nómadas, Cochabamba, 2016) y La idea aristocrática y la idea liberal. Estudio de la élite política boliviana del siglo xix (Libro Nómadas, Cochabamba, 2017). Palabras claves: capitalismo, izquierda, marxismo, Álvaro García Linera, Bolivia. 123 T ema C entral Focos de lectura de la izquierda boliviana los estudios bolivianos, ya que la complejidad del universo indianista lo hace a menudo merecedor de un tratamiento por cuerda separada. - No inferir una«lista de lecturas» directamente de las ideologías que suponemos profesan los grupos, pues en nuestra época fijar estas ideologías puede conducirnos a terreno deleznable; en cambio, lo haremos a partir de indicios no retóricos, esto es, de referencias encontradas en los productos intelectuales de izquierda, como seminarios y publicaciones. Ello sin duda nos llevará a eliminar a los grupos que no producen intelectualmente, pero quizá esto sea lo natural, suponiendo que estos grupos tampoco tienen una actividad lectora digna de atención. - Tomar en cuenta a autores bolivianos solamente cuando estos sean leídos de manera general, a fin de no caer, por esta vía, en lo primero que queríamos evitar: esto es, en hacer una tipología de la izquierda misma, antes que una descripción de lo que está leyendo. ■■  Panorama de lecturas Aplicando estas reglas, encontramos los siguientes«focos de lectura»(que seguramente no son todos los existentes): Focos de lectura de la Vicepresidencia. Con el impulso del vicepresidente Álvaro García Linera, en este espacio se vienen produciendo, desde hace varios años, los seminarios«Pensar el mundo desde Bolivia», en los cuales han participado algunos de los más importantes intelectuales radicales de la actualidad, a quienes se ha invitado porque –vamos a suponer– se conoce su producción intelectual y se la considera esclarecedora de los procesos sociales en marcha. Los nombres más destacados son: Antonio Negri, Michael Hardt, Immanuel Wallerstein, David Harvey, Ernesto Laclau, Samir Amin, Boaventura de Sousa Santos, Enrique Dussel y Slavoj Žižek. A ellos hay que sumar a los bolivianos García Linera –comentarista de todos los invitados– y Luis Tapia 1 . 1. El programa completo de esta serie de seminarios ha sido el siguiente: Primer ciclo(2007-2008): Antonio Negri, Enrique Dussel, Gayatri Spivak, Immanuel Wallerstein, Hugo Semelman Merino, Wim Dierckxsens, Ernesto Laclau, Judith Revel, Michael Hardt, Giuseppe Cocco, Luis Arce Catacora, Raúl Prada Alcoreza, Luis Tapia Mealla, Álvaro García Linera; Segundo ciclo(20102011): Slavoj Žižek, Samir Amin, Boaventura de Sousa Santos, Jorge Veraza, Andrés Barreda, Ul rich Brand, Vanessa Redak, Alex Demirovic, Ana Esther Ceceña, Enrique Dussel, Álvaro García Linera; Tercer ciclo(2011-2016): Bob Jessop, Ignacio Ramonet, David Harvey, Martha Harnecker, Pablo Iglesias, Rosa Rodríguez, Jung Mo Sung, Julio Gambina, Jaime Estay, Wim Dierckxsens, José Luis Coraggio, Luis Eduardo Aute, Álvaro García Linera, Luis Arce Catacora. Cuarto ciclo (2016-2017): Diego Fussaro, Manuel Castells. N ueva S ociedad 268 Fernando Molina 124 Además de las publicaciones de García Linera y del grupo Comuna 2 , aparecen otras tres referencias ineludibles: Michel Foucault, Pierre Bourdieu y el sociólogo boliviano René Zavaleta. Adicionalmente, como pivotes de este grupo, están las publicaciones Le Monde diplomatique, cuya sección boliviana ha apoyado al gobierno de Morales a lo largo de esta década y es animada por periodistas relacionados con el mas ; y La Época, un semanario fuertemente oficialista y cercano a Cuba. Las refe rencias que aparecen aquí son más latinoamericanistas, castristas y de«marxismo nacional», sobre todo en los casos de Ignacio Ramonet y Atilio Borón. Este último, además, fue el primer profesor de la Escuela de Comando Antiimperialista creada por el gobierno para la formación de los oficiales de las Fuerzas Armadas. Foco de lectura«Autodeterminación». El profesor Luis Tapia, uno de los principales expertos en Zavaleta, fue junto con García Linera miembro del grupo Comuna, pero hoy se ha convertido en uno de los críticos del gobierno de Morales y García Linera desde la izquierda. En los últimos años ha reflotado el grupo de estudios Autodeterminación, activo en los años 90 y antecedente de Comuna, que cumple una prolífica labor de publicación de ensayos, prin cipalmente de autores que pueden agruparse en los estudios poscoloniales y el feminismo radical. Foco de lectura«marxista». En los focos de lectura que hemos mencionado está presente el legado de Karl Marx, pero de manera, si se quiere,«espectral», es decir, como un motivo de inspiración para teorías que, al fin y al cabo, se apartan audazmente del«marxismo histórico». En cambio, una parte de la izquierda boliviana, dividida a su vez en varios grupos doctrinales distintos, parece empeñada en la labor de«regresar a Marx», labor que –huelga decirlo– se da hoy en todas partes, impulsada por la crisis económica mundial.«Regresar a Marx», en este caso, significa usarlo directamente para el análisis y la práctica política, suponiendo que hasta ahora ha sido mal leído y peor aplicado. Esta labor no la cumplen los residuos de los partidos marxistas tradicionales, que continúan preconizando el«marxismo-leninismo» de tanta extensión en el siglo xx y tan poca potencia heurística hoy. Más bien reside en think tanks financiados por instituciones internacionales. Uno de 2. Espacio político-intelectual del que formaba parte el vicepresidente. Con su llegada al gobierno, el colectivo perdió incidencia y se dividió. Ver Pablo Stefanoni:«Los intelectuales y las tensiones de la‘revolución’» en Brecha N o 1.540, 28/5/2015, disponible en. 125 T ema C entral Focos de lectura de la izquierda boliviana ellos es el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario(Cedla), que lleva a cabo análisis críticos de la realidad económica y política del país usando para ello, entre otros insumos, la producción del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales(Clacso) –que en algunos casos es portadora del esfuerzo de«regresar a Marx» y en otros, no–. La oferta de autores. Esta lista, confeccionada con datos parciales de la demanda(es decir, de lo que consumen aparentemente los lectores de la izquierda), resulta confirmada por una somera exploración de la oferta de las tres li brerías de ciencias sociales que tiene La Paz. Todas ellas cuentan con títulos de los autores mencionados anteriormente. Se registra una venta constante de los También reportan buenas ventas de otros pensadores radicales contemporáneos: Eric Hobsbawm, Louis Althusser, Paul «clásicos» de la izquierda, de Hegel a Gramsci n Ricoeur, Gilles Deleuze, etc. Se registra una venta constante de los«clásicos» de la izquierda, de Georg Hegel a Antonio Gramsci, pasando por supuesto por Marx, pero no es posible determinar en qué medida estos textos son usados con propósitos políticos. ■■  Entre marxismo y posmarxismo Para pasar del plano descriptivo al interpretativo, trabajemos con las lecturas del«foco de la Vicepresidencia», el más importante de la izquierda boliviana en este momento. Por motivos de espacio, no haremos lo mismo con los demás focos, que son más pequeños y tienen una mucha menor influencia en la política nacional. Las lecturas del«foco de la Vicepresidencia», que en su mayor parte son de teorías que oscilan entre el neomarxismo(moderno) y el posmarxismo(posmoderno), ¿qué sentido tienen, en caso de que tengan uno? El sentido parece ser cultivar una visión radical(basada en la conciencia de la o las«crisis del capitalismo» y las oportunidades que proporciona), sofisticada y actualiza da del mundo social y su transformación, que parta de Marx pero que al mismo tiempo incorpore los avances introducidos por: a) la crítica filosófica, económica y sociológica al marxismo histórico; b) la superación del cientifi cismo en las disciplinas sociales, incluyendo la superación del cientificismo en el marxismo; c) la fusión de las«dos escuelas» de los estudios sociales (la humanística-filosófica y la científica) en una misma aproximación, que sea hermenéutica y predictiva a la vez; d) un historicismo sin«leyes de la historia» o, mejor decirlo, una conciencia alerta a la historicidad del mundo; N ueva S ociedad 268 Fernando Molina 126 e) la revaloración de la actividad o«agencia» humana, en simultáneo con el desarrollo en modelos sociológicos multivariables y semideterministas; f) el combate contra la«fuerza opresiva de la modernización», no solo sobre las plebes europeas, sino también sobre los Estados periféricos, las culturas y religiones no europeas, las minorías culturales y sexuales, etc. Vamos a explicar esto, que puede parecer muy«técnico», de forma algo más sencilla, mediante breves presentaciones del pensamiento de algunos de los autores leídos en este«foco». Por supuesto, vamos a hablar de pensamientos que, aunque coincidentemente revolucionarios o de«democracia radical», son también distintos y aun contradictorios entre sí. A diferencia del tipo de trabajo intelectual que hacía la izquierda en el siglo xx –que podemos comparar con el escolástico medieval, pues partía de un pensamiento común, buscaba interpretarlo correctamente y luego aplicarlo a las«novedades» con un espíritu conservador–, el trabajo intelectual de izquierda de hoy no es monista(aunque el pensamiento de Marx siga cumpliendo en él, explícita o implícitamente, un papel inspirador y articulador), no se espanta de la duda y aun de la incoherencia, y no busca llegar a conclusiones que sean verdaderas y a la vez útiles, como se intentaba en el pasado. Wallerstein y la redefinición de la«ciencia marxista». El modelo epistemológico de la mayor parte de la izquierda desde Marx hasta la caída del Muro de Berlín fue el proporcionado por las ciencias, que a su vez, como se sabe, imitaban el ejemplo de la física newtoniana. Por tanto, el pensamiento marxista, que ponía el acento en el aspecto positivista de la teoría de su fundador, buscó producir certidumbres sobre el mundo social, entendiendo por«certidumbres» teorías causales inexorables y predictivas. Buscó y, como es lógico, encontró tales teorías en la economía. Sostuvo que Marx había desarrollado un sistema que«reflejaba» la economía capitalista moderna, un sistema que incluso podía matematizarse. Consideró los factores individuales, institucionales, ideológicos y psicológicos como secundarios y dependientes –en última instancia– de los intereses económicos, así como de la lucha social que estos propiciaban. Por tanto, estableció conceptos sobre la sociedad que tenían una base económica, tales como«capitalismo»(un modo de producción),«clase social»(un grupo determinado por su forma de participación en el proceso productivo),«tareas de clase»(objetivos propios de un grupo unificado de in tereses y de un momento de desarrollo tecnológico), etc. En ningún momento consideró que el mundo social fuera indeterminado o indeterminable, ni que el ser humano fuera incapaz de descubrir una«verdad» sobre él. Aunque en su juventud Marx había entendido la verdad, hegelianamente, como un juicio 127 T ema C entral Focos de lectura de la izquierda boliviana teórico que resultaba de la praxis social, es decir, que se formaba en ella y era inseparable de ella, el marxismo-leninismo olvidó este legado y definió la verdad, igual que Santo Tomás, como todo juicio teórico que correspondía (reflejaba) plenamente la realidad 3 . Esta teoría epistemológica y, sobre todo, el nivel de certidumbre que cree que puede producir(certidumbre nomotética, o proveniente de«leyes» sociales similares a las leyes de la naturaleza) se han hecho incompatibles con el pensamiento contemporáneo. En primer lugar, por el propio desarrollo de las ciencias naturales, que se han topado con que El mundo social resulta, por su complejidad, reacio el universo es intrínsecamente indeterminado(es decir, varía de manera no lineal) a la certidumbre teórica n e indeterminable(en ciertos bordes, incognoscible). Con mucha mayor razón, el mundo social resulta, por su complejidad, reacio a la certidumbre teórica. Esta constatación revalorizó, en el pensamiento político, las elaboraciones intelectuales más escépticas, basadas en la voluntad y en la creencia antes que en la certeza, menos racionalistas y, por tanto, menos economicistas(por muy importante que sea la economía, se concluyó, el mundo social es multicausal y no lineal). En el extremo de estas elaboraciones se hallan las que usan el método«ideográfico», que consiste en la descripción e intuición de lo singular suponiendo que cada cosa es única, irregular e irrepetible. Por otra parte, la confianza en la certidumbre que tenía el marxismo se ha hecho insostenible por obra de la demolición filosófica, de larga data, que ha sufrido la epistemología realista ingenua –o teoría del«reflejo» de la realidad en la men te–. A esta altura, resulta obvio que la ciencia carece del poder que antes se le atribuía para poner al sujeto«fuera» del objeto que pretende conocer, aun si este objeto es un electrón. Así lo ha demostrado Werner Heisenberg. Mucho más si, en la doctrina marxista, la condición de posibilidad de la objetividad reside en una circunstancia política: la identificación con los intereses de la clase re volucionaria en el momento del análisis.(Pero ¿en qué consiste exactamente esta identificación?). El(relativo) consenso actual es que al conocer se transforma lo conocido. Solo las verdades lógicas y matemáticas son válidas al margen de las circunstancias(es decir, absolutas); las verdades empíricas dependen siempre de decenas 3. V.I. Lenin: Materialismo y empiriocriticismo, Pueblos Unidos, Montevideo, 1948. N ueva S ociedad 268 Fernando Molina 128 de factores externos a ellas, son parciales y pueden caducar. A este consenso podría adherir el joven Marx, que veía el mundo natural como un resultado de la praxis humana,«construido» por los hombres al existir y enfrentarse a él. Pero entonces, como dice un eminente filósofo disidente del socialismo real,«el mundo existente sería, desde un punto de vista teórico, aún más difícil de entender que el mundo teológico; incluso sería difícil justificar su existencia(pues el ser humano tendría muchos menos motivos racionales que Dios para crear el mundo ex nihilo)» 4 . Frente a este panorama, Immanuel Wallerstein propone dejar de lado la pretensión cientificista del marxismo, pero sin caer en lo meramente ideográfico. Wallerstein propone Para él, la respuesta epistemológica reside en las«ciencias sociales», entendidas dejar de lado la pretensión cientificista del marxismo, pero sin caer en lo como una conjunción ecléctica de ciencia y humanidades(y sus respectivos paradigmas metodológicos: el legismo y la hermenéutica), por un lado; y una conmeramente ideográfico n junción de economía, sociología, historia y etnografía, por el otro. Así, no es preciso abandonar la búsqueda de certidumbres, sino solo fijarles a estas certidumbres límites precisos. Para Wallerstein, tanto el mundo natural como el social«funcionan» de dos maneras: una reiterativa y lineal, digamos«rutinaria» –o, en sus palabras,«normal»–, y otra crítica, cuando las«bifurcaciones» que inevitablemente se van acumulando en la etapa previa(por la tendencia del universo a la entropía, expresada en la segunda ley de la termodinámica) se hacen extremas y sobreviene el cambio(por ejemplo: una estrella se enfría). El conocimiento sobre la etapa estructuralmente invariable puede ser nomotético y, por tanto, producir certezas que, sin embargo, necesariamente dejan de ser tales en la etapa crítica. La crisis es el momento de la incertidumbre, el momento ideográfico. Nadie puede predecir –y en esto el cientificismo mar xista estaba completamente equivocado– ni el comienzo, ni la duración, ni los resultados de las crisis. Solo sabemos que, durante una crisis social, la voluntad de los seres humanos puede tener un efecto mayor que en el periodo«normal»: la crisis es, por tanto, un espacio de disponibilidad, pero lo es igualmente para los interesados en el cambio total y para los partidarios de la restauración de lo existente por otros medios. 4. Leszek Kolakowski:«Karl Marx and the Classical Definition of Truth» en Marxism and Beyond, Paladin, Londres, 1971, p. 68. 129 T ema C entral Focos de lectura de la izquierda boliviana Una vez superadas las barreras disciplinarias y epistemológicas que han dividido el conocimiento sobre la sociedad, es posible estudiar, como hace Wallerstein, el capitalismo como un«sistema-mundo» histórico, mezclando los métodos nomotético e ideográfico, y no como un«modo de producción», que por tanto debe su existencia al cumplimiento de«requisitos» lógicos(el requisito, por ejemplo, de la labor asalariada). El«sistema-mundo capitalista», en cambio, puede incluir espacios sin producción industrial, sin obreros, etc., con tal de que estos hayan sido incorporados históricamente al dominio del capital. También pueden concebirse las crisis como espacios abiertos a la innovación y la lucha, y no como expresiones de la«maldición» del capitalismo, que lo condenara a hundirse irremediablemente. Negri y la redefinición de la dinámica social. El filósofo italiano Antonio«Toni» Negri comenzó su carrera teórica, en los años 60, sustituyendo la justificación marxista de la revolución social, la de la crisis económica, por una versión más actualizada: la contradicción entre la estrategia burguesa de reparación de las crisis del capitalismo por medio de la intervención ordenadora del Estado(keynesianismo) y la lucha de la clase obrera para conservar, durante y después de la crisis, las posiciones ganadas en los momentos de auge capitalista. En este primer momento, Negri concibe la lucha obrera como«fuerza de producción» política, con el disciplinamiento también político, estatal, de las relaciones de producción capitalistas. Posteriormente, renunciando a toda fundamentación«materialista» de la revolución, usaría a Baruch Spinoza para encontrar tal fundamentación en un factor psicológico-político: el conatus (impulso) por emanciparse de la opresión. Entonces, una vez eliminado el determinismo económico, el sujeto revolucionario ya no tiene por qué ser la «clase obrera»(en sentido marxista) y pasa a ser la«multitud». A la inversa, el enemigo deja ser la burguesía para convertirse en el«capital», conceptualizado en un sentido más general que el económico, es decir, incluyendo en él al Estado. En el plano internacional, Negri sustituye el«imperialismo» –una figura económica– por el«imperio» –una figura política–. Al ampliar las razones que llevan a las clases a la lucha social, Negri puede prescindir de las clases«de vanguardia»; lo que cuenta es el enfrentamiento entre dos grandes bloques: la multitud(o condensación de las reivindicaciones que surgen desde abajo sin unificarse, a diferencia del«pueblo» de Laclau) y el imperio(o cristalización de las pulsiones conservadoras y reproductoras del poder de los privilegiados). N ueva S ociedad 268 Fernando Molina 130 Puesto que no se deriva de una teleología económica, este esquema es formal, se puede desplazar a cualquier parte del mundo y a lo largo de toda la historia. Por tanto, esta, la historia, puede concebirse como el resultado, impredecible y abierto, de la dialéctica entre la multitud y el imperio, que en términos diacrónicos se llama el«poder constituyente» de las masas arrebatadas por el conatus del cambio, y el«poder constituido» o conatus, también muy humano, por el orden. El poder constituido resulta, por tanto, de la represión de la fuerza creativa de la humanidad a lo largo del tiempo. Siempre es reaccionario, incluso cuando ha sido constituido por el pueblo y su revolución. De ahí que la teoría de Negri, muy usada por la izquierda boliviana en la lucha contra el neoliberalismo en los años 90, haya perdido poder heurístico y movilizador desde que aquella llegara al gobierno en 2006. Bourdieu y la redefinición de«sociedad» y«clase». Conocemos los esfuerzos de Antonio Gramsci y Louis Althusser por repetir la cuidadosa y compleja formalización de la economía capitalista realizada por Marx en el estudio de la sociedad no económica(Estado, clases sociales, ideologías), esfuerzos que por distintos motivos quedaron en un estadio fragmentario. Hay una continuidad entre esta aspiración y el trabajo sociológico de Pierre Bourdieu. Apoyándose en el estructuralismo, este logra formalizar de una manera muy persuasiva el mundo social como un sistema holístico, interdependiente, multivariable, sin necesidad de eliminar del análisis los procesos de domiMuchos intelectuales nación ni el cambio social. Su enfoque, sin embargo, no es historicista y, por eso, resulde la izquierda boliviana han adoptado la ta excesivamente formal e intemporal(y ha sido criticado por esto). conceptualización y el Tal como ocurre en todo el mundo, muchos léxico de Bourdieu n intelectuales de la izquierda boliviana han adoptado la conceptualización y el léxico de Bourdieu para referirse a la sociedad(espacio social), el Estado(campo político), la ideología(campo simbólico), etc. También ha sido muy útil la definición de Bourdieu de las«clases» en función de la posesión por parte de ellas de distintos tipos de«capital»(entendido como todo patrimonio, medio de distinción, conocimiento o poder); no solo, por tanto, el capital económico, por lo que la«clase» bourdiana es muy distinta de la«clase» marxista. Las clases según Bourdieu poseen también capital biológico(o étnico), cultural, simbólico, etc. Además, para este pensador, las clases son siempre«modelos teóricos» usados en la elucidación de la dinámica social, nunca realidades: son los sociólogos los que«forman» las clases, mientras que para los individuos la 131 T ema C entral Focos de lectura de la izquierda boliviana pertenencia a una«clase formada» es una«propensión», determinada por la dosificación de capitales que poseen y por la necesidad de reproducirlos, pro pensión que algunos pueden eludir y de la que muy pocos son conscientes. Esto rompe con el esencialismo de clase que se desprende de Marx y que tan terribles consecuencias tendría en manos de Stalin. Más aún si tomamos en cuenta que Bourdieu diferencia la«condición de clase», que es la intrínseca a un grupo humano, de la«posición de clase», que es la que surge de sus relaciones con cada una de las otras clases y con el sistema completo de clases en un determinado periodo de su evolución. Las posiciones de clases establecen una jerarquía social. Sin embargo, en contra del marxismo convencional, una clase con más dotación de capital económico puede, al mismo tiempo, ocupar una posición de menor importancia que otra en el espacio social. Bourdieu también estudia las«estrategias» y los«medios» de reproducción de las posiciones de clase, que, coherentemente, no solo son estrategias y medios económicos y politicos, sino también biológicos(control de la descendencia por medio de la regulación de los matrimonios), educativos y culturales, simbólicos, etc. Todo esto es utilísimo para estudiar el caso de Bolivia, donde la falta de desarrollo de la«sociedad civil» capitalista, la pervivencia –real o simbólica– de las relaciones de dependencia personal, la existencia de clases que son a la vez estamentos, etc., hacen inviable la aplicación de criterios puramente económicos o politicos. Bourdieu ha tenido un fuerte impacto en una parte de la izquierda boliviana al permitirle concebir la«revolución» en términos de redistribución de distintos tipos de capital, y por tanto como revolución política, simbólica o cultural, eludiendo el«requisito lógico» marxista para una revolución social, esto es, la redistribución radical de la propiedad. Laclau y la redefinición del populismo. Ernesto Laclau fue un posmarxista; «lo que no quiere decir antimarxista», como le gustaba repetir. A diferencia de Harvey y Negri, rechazó la dialéctica, un tipo de lógica que para él sigue siendo homogeneizadora, que sigue formando parte de la razón instrumental o«mundo de la técnica», y por eso no puede dar cuenta de la radical heterogeneidad del mundo social, que no es como la heterogeneidad que vemos entre un imán de carga positiva y otro de carga negativa(con la que trabaja la dialéctica), sino como la que hay entre el acero y el plástico. Para él, la incapacidad de abarcar la heterogeneidad de lo existente, propia de una lógica homogeneizadora como la dialéctica, explica las limitaciones de la teoría de Marx sobre el capitalismo y su devenir. N ueva S ociedad 268 Fernando Molina 132 Laclau, seguidor de la teoría semiológica de Jacques Derrida y del psicoanálisis lacaniano, no se propone«arreglar» el marxismo, sino deconstruirlo para Laclau hace una purgarlo de sus contenidos dialécticos(y, por otra parte, de los cientificistas). Dice compleja descripción de las condiciones de posibilidad de una que la esencial heterogeneidad e impredecibilidad del mundo social no se hace evidente por la existencia de ciertas regularidades históricas y transitorias, que «formación hegemónica» n son articulaciones«hegemónicas» de lo diverso. Laclau hace una compleja descripción de las condiciones de posibilidad de una«formación hegemónica», es decir, explica cuándo lo que es esencialmente parcial y diverso se articula en un todo y alcanza un rango universal pero contingente. Laclau parte de las«demandas» que no han sido satisfechas por las instituciones del poder. La unificación de estas demandas insatisfechas constituye la primera etapa de la construcción hegemónica(lo que implícitamente saca al poder de tal construcción, aunque este vuelva a entrar en ella en las siguientes etapas). Esta articulación equivale al paso, bien conocido en el marxismo, de las demandas económicas a las demandas políticas, que en el caso de Laclau opera como el paso de demandas«democráticas», producidas por algún tipo de exclusión o privación, a demandas«populares», producto de la articulación«equivalencial» de demandas democráticas. Para que este tránsito se produzca tiene que haber un«conector», que normalmente es una consigna polisémica como«tierra para el que la trabaja»,«nacionalización del gas», etc., un líder o una lucha particular pero capaz de simbolizar las distintas demandas. Esa simbolización no funciona por medio de un«denominador común» de las demandas, sino de un«significante vacío», es decir, de algo que sea capaz de significar diversas demandas a la vez. Este significante vacío es un«nombre» con el que un grupo social se identifica y en torno del cual se constituye. Esta constitución del grupo se realiza siempre en oposición a un adversario común. Bajo esta teoría«discursiva», el nombre sigue significando el momento constitutivo de su hegemonía incluso más tarde, cuando las demandas que estaban en su origen se resuelven o desaparecen. Tal es el«efecto retroactivo» de todo nombre. Constituido en torno de un significante vacío, de un nombre, el grupo, siendo una parcialidad social, organiza su hegemonía y encarna la universalidad. Lo hace de manera imperfecta, ya que es genéticamente diverso y todo en él tiende a la división. Pero el nombre al que se aferra es una evocación de la 133 T ema C entral Focos de lectura de la izquierda boliviana unidad/oposición que le ha dado origen, y por esto para él es una promesa de plenitud(que, sin embargo, por razones lacanianas, nunca se llena). En torno del nombre y de su promesa, el grupo constituye un orden social, que durará una etapa histórica, hasta que ese nombre ya deje de unificar y las demandas estén satisfechas o vuelvan a separarse unas de otras y se hundan, aisladas, en la indistinción social. Por cierto, el significante vacío/nombre puede ser tanto una consigna como una personalidad carismática(Perón o Evo, por ejemplo). Cumplidos los pasos de la construcción hegemónica, el resultado es un«pueblo» que es menos que la población total, pero que la hegemoniza. Todo proceso de este tipo, por tanto, es populista. Todo movimiento hegemónico es populista. La Revolución Mexicana, pero también la Revolución Rusa; el fascismo igual que el comunismo, todos estos momentos deben considerarse populistas. Lo único diferente del populismo es una institucionalidad tan extendida y eficiente que resuelva las demandas populares apenas aparez can; o los momentos históricos en los que las demandas todavía están desarticuladas entre sí y no existe más que lo particular. Pero esos son momentos no políticos. La política, por tanto, siempre es populista(tal es la muy fuerte conclusión del trabajo de Laclau). Harvey y la redefinición del humanismo. El geógrafo David Harvey plantea un«humanismo revolucionario», es decir, anticapitalista. En general, el humanismo ha buscado la superación de los obstáculos que presenta el mundo moderno a la realización de los legítimos deseos de los seres humanos de aprovechar su tiempo en la Tierra de manera constructiva, armónica, trascendente y feliz, obstáculos tales como la necesidad, la explotación y la discriminación, que tienden a convertir a las personas en«cosas», a«alienarlas». El humanismo revolucionario, además, cree que la vía para lograrlo es la destrucción de la sociedad capitalista, pues la considera la fuente de los males sociales actuales. No se trata por tanto de un humanismo«insípido»,«blando» y«utópico», como el que tuvo en el Marx maduro a su mayor crítico, sino de un humanismo lúcido, capaz de identificar las condiciones objetivas de la alienación y de trascen derlas por medio de la violencia emancipadora. Como se sabe, para Althusser, el Marx que contaba era el maduro, a quien consideraba antihumanista. El escritor francés buscaba«defender el marxismo de las interpretaciones burguesas o pequeñoburguesas que lo amenazan», de las cuales las principales eran el «economicismo» o teoría cientificista que deriva todas las decisiones de causas N ueva S ociedad 268 Fernando Molina 134 económicas, eliminando la autonomía humana(la doctrina soviética), y el«humanismo» o pensamiento subjetivista, que no toma en cuenta la superioridad y trascendencia de las estructuras sociales respecto de las decisiones individuales, con lo que la revolución deja de estar vinculada a la necesidad histórica y se convierte en un movimiento ético(y, por tanto, una expresión de la generosidad paternalista del pequeñoburgués/burgués). Sin embargo, la senda abierta por los Manuscritos económico-filosóficos del joven Marx fue seguida por pensadores de la talla de Jean-Paul Sartre, Erich Fromm, Marshall Berman, etc. Por su parte, Harvey, de forma ecléctica, fundamenta su humanismo tanto en la«alienación», el fenómeno al que se consagran los Manuscritos, como en las contradicciones del capitalismo tratadas en El capital. Si el ser humano es vaciado de sí mismo por el mundo moderno y su eficiencia lucrativa y tecnológica, no hay que olvidar que el núcleo pro ductor de esta alienación no es una«modernización» amorfa, sino la lógica implacable de la acumulación de dinero. A diferencia de los humanistas burgueses, Harvey respalda la violencia social cuando es la mínima necesaria para vencer«lo perverso» del mundo. Zavaleta y la redefinición de la Revolución Boliviana. El economicismo marxista mostró su mayor debilidad al considerar como«superestructural» –y por tanto, como una variable dependiente– la fuerza más autónoma y con mayor capacidad de agencia de la política moderna, que es la lucha por la identidad(nacional, de género y étnica). Esta concepción llevó a dos creencias simétricas: un internacionalismo que exigía a los revolucionarios subordinar los sentimientos patrióticos y nacionalistas, así como las singularidades de cada sociedad, a las determinaciones generales del capitalismo mundial y de la lucha de clases de escala internacional(creencia afincada sobre todo en las filas trotskistas), y un«nacionalismo soviético», que exigía lo mismo pero en aras de la conservación y el bienestar del«socialismo en un solo país», creencia propia del estalinismo. Con la extensión del socialismo real después de la Segunda Guerra Mundial, el panorama cambió: aparecieron pugnas nacionalistas entre distintos Estados«obreros» y surgieron nuevas necesidades teóricas en los luchadores de los países periféricos. Estos veían en el sometimiento de sus naciones a las potencias imperialistas la explicación del subdesarrollo de las primeras, y en la«liberación nacional», una poderosa herramienta de agitación que debían usar para disputar el control de las masas a los movimientos 135 T ema C entral Focos de lectura de la izquierda boliviana «nacionalistas revolucionarios» que, en representación de las clases medias patrióticas, habían comenzado a transformar sus respectivos países(en Bolivia con la Revolución Nacional de 1952). En esta nueva etapa se produjo el nacimiento de una peculiar criatura teórica, una suerte de«marxismo nacional» que, usando las teorías leninista, trotskista y maoísta y siguiendo el ejemplo cubano, intentó inscribir las revoluciones antiimperialistas en las que actuaba dentro de un proceso más profundo de construcción del socialismo. En lugar de plantear la lucha contra el capitalismo, estos teóricos se propusieron incorporar a las clases medias y otros sectores nacionalistas de sus países en la construcción de un capitalismo «soberano» que, conducido por un Estado fuerte(«capitalismo de Estado»), lograra el«cumplimiento de las tareas de la etapa burguesa de la revolución» y creara así las condiciones del paso del capitalismo al socialismo, que podía darse de manera inmediata y progresiva(trotskismo y maoísmo) o luego de un interregno de décadas y siglos(estalinismo). El marxismo nacional, como se ve, trataba de liberarse del corsé del economicismo, que le exigía esperar mucho tiempo a la aparición de las condiciones(sobre todo, la industrialización completa del país) que hicieran posible la socialización de los medios de producción. Para ello recurría a la experiencia de los partidos comunistas ruso y chino, que había demostrado el poder de la lucha política para«saltar» las etapas económicas y hacer cumplir a un sujeto social las tareas que, desde el punto de vista del economicismo, le correspondían a otro. El mayor marxista nacional boliviano fue René Zavaleta, cuya relevancia actual se explica por su intento de justificar la tesis de que la Revo lución Nacional solo sería llevada hasta sus úlEl mayor marxista nacional boliviano fue René Zavaleta n timas consecuencias por el gobierno de los mineros(que entonces hegemonizaban el bloque popular), con una rica fundamentación historicista, en la que se habla de los rasgos«señoriales» de la opresión clasista, el comportamiento insurreccionalista de la población, la debilidad del Estado nacional, la falta de conciencia nacionalista consecuente y el papel de los indígenas en la historia del país; en fin, un número importante de temas todavía relevantes para la iz quierda y que el pensamiento zavaletiano contribuye a dilucidar. Las categorías con las que Zavaleta pretendió aplicar el«método» marxista a la producción de un«conocimiento local», esto es, a la creación de un«marxismo boliviano», tales como«sociedad abigarrada»,«momentos constitutivos»,«centralidad de clase», etc., son las más usadas por los intelectuales radicales del país. N ueva S ociedad 268 Fernando Molina 136 ■■  A modo de cierre: qué tipo de teoría social busca la izquierda boliviana La parte principal de la izquierda boliviana, que además se encuentra en el poder, participa del debate mundial para comprender el capitalismo actual «más allá de Marx»; fundamentar la lucha contra el capitalismo en múltiples formas de rebeldía(económicas, éticas, nacionalistas, etc.); generar una teoría que, admitiendo ciertos condicionamientos históricos, no sea sin embargo teleológica; combinar un determinismo limitado(derivado de las teorías estructuralistas e historicistas) con un mayor espacio para la voluntad y la creatividad de los sujetos(humanismo y populismo); enraizar su lucha en la tradición«local»(nacionalismo) y en las identidades étnicas(indianismo, que no tocamos aquí); y, finalmente, para ampliar y diversificar el catálogo de las revoluciones posibles y deseables, según estas sacudan distintos campos sociales, abandonando así el«pensamiento trascendental», que en el pasado intentó fijar la lucha de la izquierda en la busca de la justicia y la igualdad perfectas. En su lugar, adopta un pensamiento más escéptico, orientado primero que nada a luchar contra ciertas formas de injusticia y de desigualdad concretas y particularmente intolerables. Esto último corresponde a lo que esta izquierda está haciendo en el gobierno, que conserva desde hace 11 años. Un estudio aparte merece el debate, contradictorio y apasionante, de la izquierda boliviana en torno de distintas concepciones de la democracia y el uso de los métodos representativos de gobierno como medios de transformación social. Este debate, particularmente intenso en el periodo previo a 2006, gracias sobre todo al grupo Comuna, ha perdido intensidad desde esa fecha, es decir, durante el periodo gubernamental. Bibliografía Bourdieu, Pierre: Las estrategias de reproducción social, Siglo xxi , Ciudad de México, 2011. Harvey, David: Diecisiete contradicciones del capital y el fin del neoliberalismo, Traficantes de Sueños/ iaen , Madrid-Quito, 2014. Laclau, Ernesto: La razón populista, fce , Buenos Aires, 2005. Negri, Antonio y Michael Hardt: Imperio, Paidós, Barcelona, 2000. Wallerstein, Immanuel: Las incertidumbres del saber, Gedisa, Barcelona, 2005. Zavaleta, René: Lo nacional-popular en Bolivia, Siglo xxi , Ciudad de México, 1985. A tu revolución le falta fresa B runo B imbi Muchos autores de izquierda subestiman, desprecian o consideran secundarias las luchas contra las opresiones que no son de clase, o insisten en que su superación depende apenas del fin del capitalismo. Otros solo admiten las reivindicaciones de lgbt , negros y feministas si tienen «recorte de clase» y acusan a los movimientos identitarios de reformistas, liberales o posmodernos. Tal vez sea hora de buscar en la literatura, la crónica y el testimonio lo que tantos teóricos marxistas han sido incapaces de entender. Yo soy débil, me aterra la edad, no puedo esperar diez o quince años a que ustedes recapaciten, por mucha confianza que tenga en que la Revolución terminará enmendando sus torpezas. Tengo 30 años. Me quedan otros veinte de vida útil, a lo sumo.(…) Si fuera un buen católico y creyera en otra vida no me importaba, pero el materialismo de ustedes se contagia, son demasiados años. La vida es esta, no hay otra. O en todo caso, a lo mejor es solo esta. ¿Tú me comprendes? Aquí no me quieren, para qué darle más vueltas a la noria, y a mí me gusta ser como soy, soltar unas cuantas plumas de vez en cuando. Chico, ¿a quién ofendo con eso, si son mis plumas? Senel Paz,«El lobo, el bosque y el hombre nuevo» 1 Bruno Bimbi : es periodista, doctor en Letras/ Estudios del Lenguaje por la Pontificia Uni versidad Católica de Río de Janeiro y activista gay. Es autor del libro Matrimonio igualitario (Planeta, Buenos Aires, 2010; en portugués: Casamento igualitário, Garamond, Río de Janeiro, 2013), corresponsal de Todo Noticias( tn ) en Brasil y editor del blog Tod@s. Se desempeña como coordinador político y legislativo en el gabinete del diputado brasileño Jean Wyllys. También es tesorero de la ejecutiva estadual del Partido Socialismo y Libertad( psol ) en Río de Janeiro. Twitter:<@bbimbi>. Palabras claves : identidad, izquierda, lgbt , marxismo, populismo. 1. En Jonathan Dettman: El lobo, el bosque y el hombre nuevo. Una versión anotada para el estudiante de literatura, Northern Arizona University, Flagstaff, 2006, p. 32. N ueva S ociedad 268 Bruno Bimbi 138 N o creo que haya un texto teórico capaz de explicarle a parte de la izquierda lo equivocada que está cuando desprecia, subestima o trata como secundaria toda forma de opresión que no sea de clase, mejor que el cuento«El lobo, el bosque y el hombre nuevo», del cubano Senel Paz. En la relación de Diego y David, llevada al cine en 1994 por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío en la premiada Fresa y chocolate, hay más enseñanzas sobre la crueldad y las injusticias que en cientos de páginas de lenguaje académico. Estamos en Cuba, en 1979. David –el narrador–, un militante de la Unión de Jóvenes Comunistas que nació en una zona rural y emigró a la capital para estudiar en la universidad gracias a una beca del Estado, comienza una inesperada amistad con Diego, un maricón culto y demasiado crítico, al que conoce en el Coppelia, famosa heladería de La Habana donde Diego pide fresa,«habiendo chocolate». Pronto descubren que comparten su admiración por la obra de José Lezama Lima, también homosexual y autor icónico de la literatura cubana; que a David le gustan el teatro y los libros prohibidos, y que, además de a Lezama, Diego lee a Mario Vargas Llosa,«un reaccionario que habla mierdas de Cuba» 2 , pero cuya última novela David se muere por leer. Tanto que, para conseguirlo, luego de cambiar de un bolsillo a otro su carnet del Partido –para aclarar los tantos–, se anima a ir a la guarida del maricón. La historia de Diego y David, al llegar al cine y a la televisión, hizo que los cubanos se cuestionaran sus prejuicios sobre la homosexualidad. Fue algo revolucionario. Las umap cerraron, leyes que excluían a los gays de la docencia fueron anuladas por En el juego del adentro y el afuera de la Revolución, los maricones –«pájaros», en el lenguaje de La Habana– habían quedado del lado equivocado. el Tribunal Supremo en 1975 y hasta Fidel pidió perdón n «Nunca hemos creído que un homosexual pueda personificar las condi ciones y los requisitos de conducta que nos permitan considerarlo un verdadero revolucionario», declaraba Fidel Castro en 1965, año de la creación de las Unidades Militares de Apoyo a la Producción( umap) , a las que enviaron a los homosexuales y otros«disidentes» a cosechar la caña de azúcar. De la Cuba de entonces a la de hoy muchas cosas cambiaron –las umap cerraron, leyes que excluían a los gays de la docencia fueron anuladas por el Tribunal Supremo en 1975 y hasta Fidel pidió perdón–, como fueron cambiando, al mismo tiempo, en países capitalistas. 2. Ibíd., p. 12. 139 T ema C entral A tu revolución le falta fresa En junio de 1969, la policía de Nueva York irrumpió en el Stonewall Inn, lo que dio lugar a la histórica revuelta de la que nació el orgullo gay. En Inglaterra y Gales, las relaciones sexuales entre dos hombres mayores de 21 años dejaron de ser ilegales recién en 1967. El artículo 175 del Código Penal alemán, que criminalizaba el sexo entre varones, continuó vigente del lado capitalista y del socialista hasta 1994, años después de la caída del Muro de Berlín. El mundo avanzó a ambos lados de la Cortina de Hierro, pero el dogmatismo de algunas corrientes de izquierda les impide procesar esos cambios y actualizar sus teorías oxidadas para que pongan los pies en el siglo xxi . Ya no dicen que un gay no puede ser un revolucionario, ni pretenden mandarnos a cortar caña de azúcar para hacernos hombres, pero no aceptan que reivindicar derechos civiles para lgbt –y para negros, mujeres y otros oprimidos– sea parte de la lucha por un mundo más justo. Aún hoy, algunos dicen que el matrimonio igualitario es una«reivindicación burguesa», que las«pautas identitarias» son«funcionales al capital», que el activismo gay es producto del pinkmoney, que solo se puede luchar contra la homofobia o la transfobia si es«con perspectiva de clase», que esas opresiones solo acabarán con el fin del capitalismo –y que el capitalismo las produjo– y que los derechos lgbt en Israel son«pinkwashing sionista» –concepto que combina antisemitismo y homofobia 3 –, entre otras barbaridades. En un artículo reciente 4 , publicado por la Corriente Socialista de los Trabajadores –agrupación trotskista brasileña seguidora de Nahuel Moreno–, Diego Vitello y Priscila Guedes usan la dicotomía«posmodernismo versus marxismo» para un debate sobre representatividad identitaria lleno de clichés sobre la inutilidad de toda lucha que no sea de clases. Como ejemplo, usan la elección, en 2016, en San Pablo, del concejal Fernando Holiday, un joven negro y gay del Movimiento Brasil Libre, grupo financiado por empresarios y partidos de derecha que apoyó el impeachment de Dilma Rousseff. Pero Holiday, a pesar de ser negro y gay, tiene posiciones racistas y homofóbicas. No es«posmoderno» –ni siquiera en la acepción usada por ellos–, no participa de movimientos identitarios y, claro, no es«marxista», ni siquiera liberal. En su artículo, los autores hacen una caricatura de lo que llaman«posmodernismo», que asocian al activismo feminista, negro, lgbt , etc.,«sin perspectiva 3. No me extiendo aquí sobre ese tema, que ocupará un capítulo de un próximo libro. 4. D. Vitello y P. Guedes:«Sobre Fernando Holiday e o debate da representatividade», 4/1/2017, disponible en. N ueva S ociedad 268 Bruno Bimbi 140 de clase», que no refleja la forma de pensar de la mayoría de los activistas de esos movimientos. Dicen que, para los«posmodernos», los negros deben luchar apenas por los negros, los lgbt por los lgbt , las mujeres por las mujeres, etc., mientras que«para los marxistas, no es posible superar las opresiones sin luchar para derrotar este sistema». El artículo es una colección de falacias, pero, conociendo sus orígenes teóricos, es un avance. En 1969, cuando estaba preso en Perú, Nahuel Moreno escribió Moral bolche o espontaneísta 5 ,«un programa moral» para la educación de los militantes que parece del Opus Dei. Allí, Moreno habla de«la decadencia del imperio romano, con sus orgías, sus emperadores‘marido de todas las mujeres y mujer de todos los maridos de la corte’» –referencia más que obvia a la homosexualidad– y lamenta que muchos militantes provienen de una sociedad en quiebra, nauseabunda, con padres separados que se meten los cuernos, con amigos o conocidos que relatan orgías sexuales reales o imaginarias, con películas que se solazan en describir todas las variantes de perversión sexual, con la lectura diaria de la cantidad de marihuana o ácido lisérgico que consume la juventud norteamericana o europea, con películas pornográficas japonesas o suecas que superan todo lo hecho en la guerra por los franceses o alemanes, con pederastas o lesbianas, con crimen o asaltos varios. En una narrativa con referencias a la vida íntima de Marx, Engels, Lenin y Trotski –como cuando la teología cristiana recurre a personajes bíblicos como modelos para todos los tiempos–, Moreno critica el existencialisNahuel Moreno critica el existencialismo, mo, el Mayo Francés y el«espontaneísmo», despotrica contra la libertad de«hacer lo que uno quiera», y elogia la moral de los cubanos, el Mayo Francés y el «espontaneísmo» n representada por el Che Guevara, porque llevó al extremo«la liquidación o castración[sic] de lo inmediato» y, gracias a haber renegado de las necesidades humanas, impuso la máxima necesidad:«la de la revolución». No hay, para él, principios morales absolutos, sino apenas una regla pragmática: es«moral» lo que conduzca a la revolución proletaria. El líder trotskista argentino habla de la familia formada por la pareja monogámica heterosexual con hijos con el fervor religioso de una encíclica papal, critica la infidelidad, la promiscuidad y las orgías, llama a la prostitución un«acto repugnante» y cuestiona la«libertad de expresión sexual» y de tomar drogas, que considera libertades burguesas, pero admite que, a veces, esas reivindicaciones pueden ser útiles a la revolución. 5. N. Moreno: La moral y la actividad revolucionaria, Perspectiva, Bogotá, 1988. 141 T ema C entral A tu revolución le falta fresa Y aquí está lo que perdura: si un movimiento contra características de la moral de un determinado periodo histórico crece, debe ser respaldado, no porque sea importante, sino porque sirve como«consigna de transición» contra el capitalismo. Si esas consignas«significan, para un simpatizante, un conoci do, un grupo, un militante recién llegado o roído por el peso de los fetiches o tabúes burgueses, un punto de ruptura con la moral burguesa», entonces son «utilísimas y necesarias». Pero no pueden agotarse en sí mismas ni convertirse en«moral lumpen»; deben ser usadas para ayudar a comprender«que vivimos una guerra de clases y que la herramienta principal de ella es el partido, con su moral suprema». Ahí está el trasfondo del texto de Vitello y Guedes. Superados los prejuicios de antaño, ya no condenan la homosexualidad como perversión burguesa, pero solo aceptan las reivindicaciones del movimiento lgbt como«consignas de transición» si son útiles para enfrentar al capitalismo. Las luchas«identitarias» no son importantes, pero pueden ser instrumentalizadas. Y no son los únicos que piensan así. Analicemos, por ejemplo, el libro En defensa de la intolerancia –¡vaya título!–, del sociólogo esloveno Slavoj Žižek, autor infaltable en toda mesita de venta de libros de eventos universi tarios«progres». La obra de este escritor erudito y provocador –que dijo que habría votado por Donald Trump contra Hillary Clinton– da soporte teórico a otras corrientes de izquierda –a menudo cercanas a los nostálgicos de la Unión Soviética y a los populistas latinoamericanos– que, con una lectura fundamentalista de sus clásicos, desprecian las luchas de feministas, negros, lgbt , ecologistas 6 y otros que cometen la herejía de distraer su atención del fundamento vital de todo revolucionario: la lucha de clases. Como música de fondo, resuenan los acordes espectrales de las peores lecturas de Sobre la cuestión judía de Marx. Žižek ataca las«políticas identitarias posmodernas de los estilos de vida particulares» que«se adaptan perfectamente a la idea de sociedad despolitizada» 7 . En un ejercicio retórico increíble, compara los fundamentalismos y nacionalismos xenófobos del siglo xxi con«la multicultural y posmoderna‘política identitaria’», que agruparía«estilos de vida 8 híbridos y a grupos divididos en infinitos subgrupos», entre los cuales cita a«las mujeres hispanas, los 6. Es curioso que, en su afán por descalificar todas esas causas, Žižek considere al ecologismo una política«identitaria» o incluya la homosexualidad en una lista de cuestiones relacionadas con el multiculturalismo. Parece la enciclopedia china de Borges. 7. S. Žižek: En defensa de la intolerancia, Sequitur, Madrid, 2008, p. 46. 8. Nótese la repetición de la expresión«estilo de vida» en cada referencia de Žižek a la homo sexualidad, la misma que usan la Iglesia católica y los pastores neopentecostales homofóbicos. N ueva S ociedad 268 Bruno Bimbi 142 homosexuales negros, los varones blancos enfermos de sida y las madres lesbianas». Según Žižek, la oposición entre fundamentalismo y política identi taria es«una impostura que esconde una connivencia» y ambos son funcionales al capitalismo. Este autor también admite que las reivindicaciones de los colectivos queer puedan tener algún lugar en la Historia con mayúsculas del pensamiento marxista, pero solo si el cuestionamiento a la heteronormatividad se realiza de modo que represente una amenaza para el modelo de producción capitalista. Para Žižek,«habría que apoyar la acción política queer en la medida en que‘metaforice’ su lucha hasta llegar –en caso de alcanzar sus objetivos– a minar el potencial mismo del capitalismo»… pero el problema es que«el sistema capitalista es capaz de neutralizar las reivindicaciones queer, integrarlas como‘estilos de vida’» 9 . El capital, ese gran titiritero. En una argumentación circular, reconoce el«impacto liberador» de los movimientos identitarios y dice que no está minusvalorándolos, pero advierte sin embargo que, para realizar sus reivindicaciones, es necesario«el retorno a la primacía de la economía» 10 : Toda esa proliferación de nuevas formas políticas en tomo a cuestiones particulares (derechos de los gays, ecología, minorías étnicas...), toda esa incesante actividad de las identidades fluidas y mutables, de la construcción de múltiples coaliciones ad hoc, etc.: todo eso tiene algo de falso y se acaba pareciendo al neurótico obsesivo que habla sin parar y se agita continuamente, precisamente para asegurarse de que algo – lo que de verdad importa – no se manifieste, se quede quieto. De ahí que, en lugar de celebrar las nuevas libertades y responsabilidades hechas posibles por la«segunda modernidad», resulte mucho más decisivo centrarse en lo que sigue siendo igual en toda esta fluida y global reflexividad, en lo que funciona como verdadero motor de este continuo fluir: la lógica inexorable del capital. 11 Derrape: los maricones somos falsos y neuróticos que luchamos por nuestros derechos civiles apenas para garantizar que lo que de verdad importa no cambie. Lo leo y recuerdo lo que le decía Diego a David en su casa de La Habana: Yo sé que la Revolución tiene cosas buenas, pero a mí me han pasado otras muy malas, y, además, sobre algunas tengo ideas propias. Quizás esté equivocado, fíjate. Me gustaría discutirlo, que me oyeran, que me explicaran. Estoy dispuesto a razonar, a 9. S. Žižek: ob. cit., p. 69. 10. Ibíd., p. 70. 11. Ibíd., p. 111. 143 T ema C entral A tu revolución le falta fresa © Nueva Sociedad/ Mariano Grassi 2017 Mariano Grassi es diseñador e ilustrador. Colabora con editoriales, medios, agencias, universidades, empresas y fundaciones. Sus ilustraciones se aplican a libros álbum, ilustración editorial, comics y otros productos. Ha participado con pinturas y dibujos en muestras individuales y colectivas en Argentina y en el exterior. Página web:. N ueva S ociedad 268 Bruno Bimbi 144 cambiar de opinión. Pero nunca he podido conversar con un revolucionario. Ustedes solo hablan con ustedes. Les importa bien poco lo que los demás pensemos. 12 Si las opiniones de Žižek –que ya ha escrito otros textos ultraconservadores sobre la cuestión lgbt , como aquel que cuestiona el derecho de las personas trans a usar los baños que corresponden a su identidad de género 13 – representan una versión radical del desprecio histórico de cierta izquierda a los activismos«identitarios» –rescatado recientemente por un análisis oportunista de las causas de la elección de Trump–, otros autores más conectados con el mundo real y abiertos al diálogo han intentado hacer una síntesis entre los dogmas marxistas y las reivindicaciones de los movimientos sociales que luchan contra opresiones no-de-clase, pero a veces se quedan a mitad de camino. En La izquierda que no teme decir su nombre, el filósofo brasileño Vladimir Safatle dice que«la lucha contra la desigualdad social y económica es la principal lucha política», que« somete a todas las demás» 14 . Partiendo de una premisa saludable en tiempos de posibilismo, resignación, acomodación y desesperanza –que la izquierda debe ser una«defensora radical del igualitarismo» y enfrentar la concentración de la riqueza y su resultado de exclusión, desigualdad, Safatle enuncia una miseria y«flexibilización» del trabajo–, Safatle enuncia una consecuencia muy problemática: consecuencia muy problemática: que la izquierda también debe que la izquierda también debe ser«indiferente a las diferencias». Su política, propone, debe ser la de«la indiferencia». ser«indiferente a las diferencias» n Hay varios problemas en este libro de Safatle (con quien coincido en varios debates de la política brasileña), pero quiero poner el acento en tres. El primero es que, como otros, tiene miedo de que la lucha contra opresiones no-de-clase amenace la primacía de lo económico, como si la necesidad de preservar un dogma teórico lo obligara a pelearse con la realidad. Dice, por ejemplo, que el problema del reconocimiento de las identidades«culturales» –volveremos a esa palabra– se transformó en el problema fundamental, «abriendo la puerta para cierta secundarización de las cuestiones marxistas tradicionales vinculadas a la centralidad de procesos de redistribución y 12. S. Paz: ob. cit., p. 20. 13. S. Žižek:«The Sexual is Political» en The Philosophical Salon, 8/2016,. 14. V. Safatle: A esquerda que não teme dizer seu nome, Três Estrelas, San Pablo, 2012, p. 21. 145 T ema C entral A tu revolución le falta fresa de conflicto de clase» 15 ; una relación causal que muchos afirman y nadie demuestra. Leyéndolo, recuerdo al diputado Eduardo Amadeo, ex-funcionario del gobierno más neoliberal de Argentina en décadas, durante el debate del matrimonio igualitario, gritando en el Parlamento:«¿Por qué, en vez de ocuparse de los homosexuales, no se ocupan de los chicos chagásicos?», como si una cosa impidiese la otra. Cuando estaba escribiendo el libro Matrimonio igualitario 16 , busqué en los archivos del Congreso: Amadeo jamás presentó un proyecto para ocuparse de los chicos(o los adultos) chagásicos. Y la comparación no es antojadiza: el mismo argumento de Safatle, dicho por izquierda –Amadeo lo decía por derecha–, sirvió a militantes del Partido de los Trabajadores ( pt ) brasileño para justificar que era necesario sacrificar los derechos de las mujeres, los gays o los guaraní-kaiowá en beneficio de la primacía de lo eco nómico, pero después entregaron el Ministerio de Economía a un banquero para hacer el ajuste. El segundo problema es que, al hablar de multiculturalismo –contradictoriamente, ya que primero clasifica peyorativamente ciertas luchas como«cultu rales» y después usa argumentos multiculturalistas para atacarlas–, Safatle insinúa una opción política muy cuestionable que no confiesa del todo, cuan do dice que, si bien la dinámica de las luchas identitarias«tuvo[tiempo pasado] su importancia por dar mayor visibilidad a algunos de los sectores más vulnerables de la sociedad(como negros, mujeres y homosexuales)», a partir de cierto momento –continúa–, comenzó a funcionar de manera contraria a aquello que prometía, pues podemos actualmente decir que esa transformación de conflictos sociales en conflictos culturales fue tal vez uno de los mayores motores de una ecuación usada hasta el cansancio por la derecha mundial, en especial en Europa. Ella consiste en aprovecharse del hecho de que las clases pobres europeas son compuestas mayoritariamente por inmigrantes árabes y africanos y, así, patrocinar una política brutal de estigmatización y exclusión política travestida de choque de civilizaciones. 17 Es decir, en nombre del multiculturalismo y de una falsa cuestión de clase(los inmigrantes musulmanes son proletarios, los gays son burgueses 18 ), precisamos 15. Ibíd., p. 28. 16. B. Bimbi: Matrimonio igualitario: intrigas, tensiones y secretos en el camino hacia la ley, Planeta, Buenos Aires, 2010. 17. V. Safatle: ob. cit., p. 28. 18. Un prejuicio tan absurdo como el mito del judío rico: no hay relación entre sexualidad y clase social. N ueva S ociedad 268 Bruno Bimbi 146 callar para no estigmatizar a los pobres homofóbicos musulmanes, tratando la negación de derechos, la violencia física y simbólica y el odio como una cuestión de diversidad cultural. Dice Safatle que hay«una línea recta que va de la tolerancia multicultural a la perpetuación racista de la exclusión» y que, así,«el único lugar donde la diferencia puede florecer en libertad es en nuestro Occidente, defendido por megaaparatos de seguridad antiterroristas» 19 . Es cierto que, en algunos países de Europa donde los derechos lgbt ya dejaron de ser polémicos, la derecha xenófoba usa el miedo –muchas veces justificado– de gays, judíos, mujeres y otros para reforzar su discurso nacionalista antiinmigración. Algunos activistas gays de estos países se refieren a ese fe nómeno como«homonacionalismo», un discurso que usa el orgullo gay, incorporado a la identidad nacional, como justificación para políticas xenófobas contra inmigrantes de naciones homofóbicas, generalizando injustamente para colocarlos como una«amenaza cultural» para sus tradiciones liberales 20 . Sin embargo, transformar un problema tan complejo en argumento simplista contra las políticas identitarias y los derechos civiles, o usarlo para, con un barniz de multiculturalismo, justificar la violenta homofobia de los países islámicos apelando al concepto de«eurocentrismo» –como si la conquista de derechos de mujeres y lgbt fuese algo inherente a la cultura«occidental» y no el resultado de mucha lucha política– es deshonesto. La fetichización del fundamentalismo islámico y su retórica antiimperialista –muchas veces asociada al antisemitismo y su discurso de odio contra Israel– es una tara izquierdista que nunca voy a entender. El tercer problema, que ya anticipamos, es la dicotomía entre política y cultura, que Safatle asocia a otra, entre las políticas«igualitaristas» y las«de la indiferencia», a su vez asociada a la falsa oposición entre opresiones de-clase y no-de-clase(o«sociales» versus«identitarias»). La mejor crítica que leí a ese artificio está en el libro Crónicas del estado de excepción, de Idelber Avelar: [Para Safatle], las políticas ancladas en el reconocimiento de diferencias étnicas, nacionales, de género y sexuales«buscan atomizar la sociedad por medio de una lógica impermeable(…) que funciona en el plano cultural e ignora los planos político y económico»[p. 35]. He aquí la repetición de otro lugar común que la izquierda ha sido incapaz de repensar: la extraña idea de que la lucha en torno de los derechos indígenas o quilombolas, por ejemplo, es«cultural», y la lucha de la izquierda clásica, centrada en las clases sociales, es«política». 19. V. Safatle: ob. cit., p. 29. 20. Escribí sobre ello:«Holanda: del matrimonio gay al nacionalismo gay» en blog tn , 14/10/2014, . 147 T ema C entral A tu revolución le falta fresa En ese argumento circula una serie de términos que, en su sentido a veces equívoco, dan una dimensión del problema:«atomizar»,«veleidad comunitarista»,«reificación de la diferencia»,«cultual y no económico» son algunos de los ejes del universalismo izquierdista. Por más que el sentido de los términos sea confuso(…), el argumento parece claro: esa historia de colocar luchas afrobrasileñas, indígenas, feministas, antihomofóbicas y antitransfóbicas en el mismo plano de las luchas tradicionales de la izquierda, ancladas en la clase obrera, solo puede llevar a la«lógica estanca» de la «atomización». 21 Avelar cuestiona con ironía cómo ese discurso se asemeja al de la derecha conservadora, que culpa a los«particularismos» y«racialismos» por la emergencia de«esa cosa incómoda llamada racismo, que no existía cuando los‘racialistas’ negros estaban callados» 22 . El propio Safatle parece anticiparse a la crítica cuando aclara que su cuestionamiento a las políticas identitarias o«multiculturalistas» no tiene nada que ver con el miedo de los conservadores a«que el cosmopolitismo o el relativismo cultural vayan a provocar una erosión de las bases de nuestros valores occidentales» 23 , pero, como bien señala Avelar, no queda claro que ese miedo, tan propio de la derecha europea, no sea pariente del miedo de la izquierda à la Safatle de que las luchas«culturales» de indígenas, negros, mujeres y lgbt «atomicen» la lucha«importante» para sus«valores». Mucho más interesante es el debate planteado en el libro Los irreductibles, en el que el filósofo trotskista francés Daniel Bensaïd analiza diferentes lecMucho más interesante es el debate planteado en el libro Los irreductibles, turas del concepto marxista de«clase», advierte que no hay una definición ex presa en El capital 24 y trata de entenderdel filósofo trotskista francés Daniel Bensaïd n lo de forma más amplia que en sus versiones ortodoxas. Sin embargo, en uno de los enunciados de la serie que da título al libro, afirma que la lucha de clases es irreductible a las«identidades comunitarias»(¿y no viceversa?). Su modo de encarar la tensión entre políticas de reconocimiento y de clase es, junto con la de Nancy Fraser, una de las más lúcidas que citaremos(recomendamos leer a ambos), pero encontramos en ella elementos comunes con otros autores, como la irreductibilidad unilateral antes mencionada, que retornan a lo que entendemos que es el corazón de nuestro problema. 21. I. Avelar: Crônicas do estado de exceção, Azougue, Río de Janeiro, 2014, p. 148. 22. Ibíd. 23. V. Safatle: ob. cit., p. 35. 24. D. Bensaïd: Os irredutíveis. Teoremas da resistência para o tempo presente, Boitempo, San Pablo, 2008, p. 35. N ueva S ociedad 268 Bruno Bimbi 148 En primer lugar, Bensaïd cuestiona la comprensión de los individuos como «combinación original de pertenencias múltiples» –que permite dar cuenta de otras pertenencias además de la de clase– y dice que, a partir de la crítica posmoderna a la vulgata ortodoxa, estamos disolviendo las relaciones de clase en un individualismo metodológico, naturalizando diferencias de sexo y raza y tratando como biológico y ahistórico lo que deberíamos ver como oposición estructurante. En ese sentido, reconoce que,«contra la reducción dogmática de cualquier conflicto social al conflicto de clase, llegó la hora de la pluralidad de campos y contradicciones» 25 , pero expresa su recelo de que ese movimiento deshaga la oposición entre burgueses y proletarios y acabe borrando todo antagonismo(no solo los de clase) y transformando cualquier diferencia conflictiva en una«diversidad sin diferencia». Así, la emergencia de movimientos identitarios y nuevas perspectivas teóricas que dan cuenta de conflictos no-de-clase vuelve a ser vista como una amenaza para la lógica de los pares antagónicos. Hay algo no explicitado, pero que está presente como motivo de recelo: a diferencia de la lucha de clases, que el marxismo entiende como oposición entre intereses irreconciliables, la homofobia y la transfobia, por ejemplo, no pueden ser descriptas en esos términos. No se trata de un antagonismo entre homo- y heterosexuales, o entre cis- y transgénero. Aunque existan privilegios y exclusiones basados en tales distinciones, el fin de esas formas En la homofobia y la transfobia de opresión, discriminación y violenno se trata de un antagonismo entre homo- y heterosexuales, cia no depende de la abolición de la diferencia –por la victoria de un antagonista sobre el otro–, sino de la supeo entre cis- y transgénero n ración de la norma –social, cultural y jurídico-política– que la torna relevante. Una norma con orígenes históricos complejos, que puede ser derrotada como parte de un proceso político, social y cultural en el que los antagonismos no están marcados por la oposición identitaria, sino por el enfrentamiento contra otros actores(ideológicos, religiosos, políticos) que defienden el statu quo en función de intereses diversos que no tienen que ver con la pertenencia a una clase, sino con otras relaciones de poder. Para que lgbt tengan los mismos derechos, reconocimiento social, respeto, dignidad y oportunidades que las personas cisgénero y/o heterosexuales, estas últimas no precisan dejar de existir o ser derrotadas –y, de hecho, nuestra victoria depende también de convertir a parte de ellas en aliadas contra la norma que reproduce la opresión–. 25. Ibíd., p. 44. 149 T ema C entral A tu revolución le falta fresa Por momentos, el texto de Bensaïd resulta aporético. En su interesante reseña de los debates entre Nancy Fraser, Judith Butler y Richard Rorty, parece inclinado a coincidir con Fraser en puntos fundamentales, como la necesidad de encontrar una síntesis entre políticas de reconocimiento y redistribución, la idea de que el no reconocimiento es una injusticia fundamental, esté o no relacionado con una desigualdad de distribución –de modo que no haría falta demostrar que produzca discriminaciones económicas para que el daño deba ser reparado– y la aceptación de que las injusticias de estatus(como las que afectan a mujeres, negros, lgbt , etc.) son tan serias como las de distribución(económicas o de clase) y son conceptualmente irreductibles entre sí 26 , sin jerarquías. Para Fraser,«no toda ausencia de reconocimiento es un resultado secundario de la mala distribución, o de la mala distribución agregada a la discriminación legal» 27 ;«no toda mala distribución es un subproducto del no reconocimiento» 28 . Es por ello que ni los teóricos de la distribución ni los del reconocimiento tuvieron éxito en sus intentos de subsumir las preocupaciones de los otros. La solución, para Fraser, es desarrollar una concepción amplia de justicia basada en la posibilidad de las personas de participar en condiciones de igualdad en la vida social 29 , para que distribución y reconocimiento puedan ser vistos como dimensiones mutuamente irreductibles de la justicia 30 –algo diferente de la irreductibilidad unilateral propuesta por Bensaïd–. A pesar de reconocer que sus argumentos son«sólidos», Bensaïd cuestiona las«fórmulas evasivas» de Fraser sobre la relación entre las injusticias de reconocimiento y los modos de producción 31 . Volviendo a Marx, critica que, al disociarlos,«nos contentamos en corregir las discriminaciones y rectificar la mala distribución, sin tener que revolucionar las relaciones de producción y, por lo tanto, las relaciones de propiedad» 32 . Así, advierte, la reconciliación entre izquierda cultural e izquierda socialdemócrata no sale de«los límites fijados por el despotismo de mercado». Más adelante, reconoce a la crítica «posmoderna» la virtud de estimularnos a«no tratar la diferencia y la alteridad como aditivos accesorios a la crítica de la economía política» 33 , pero 26. Ibíd., p. 47. 27. N. Fraser:«Reconhecimento sem ética?» en Lua Nova N o 70, 2007, p. 116. 28. Ibíd., p. 117. 29. Fraser pone el acento en las consecuencias objetivas de la falta de reconocimiento, en detrimento de las consecuencias subjetivas que son enfatizadas por otros autores, un aspecto que no vamos a abordar a aquí, aunque nos parezca que descuida una parte del problema. 30. N. Fraser: ob. cit., pp. 118 y 123. 31. D. Bensaïd: ob. cit., p. 49. 32. Ibíd., p. 50. 33. Ibíd., p. 84. N ueva S ociedad 268 Bruno Bimbi 150 cuestiona que el« yo múltiple» de la posmodernidad, al reducir la totalidad a «migajas»(pertenencias de clase, género, etnia, nación), no admita que aún existe una gran narrativa:«la del Capital ventrílocuo, sujeto tiránico impersonal de la escena desolada del mundo», del cual los individuos son, aun contra su voluntad, los órganos y miembros, lo que perpetúa la ideología dominante 34 . n n n La lectura crítica de textos teóricos podría continuar más allá de la extensión de este artículo. Nuestro objetivo inicial era recomendar lecturas para la izquierda, pero preferimos hacer primero una crítica a parte de lo que esta efectivamente lee. Porque hace falta leer críticamente a algunos autores para entender cuán profundo es el pozo en que parte de la izquierda se está enterrando, por su incapacidad para dialogar con sufrimientos, expectativas y demandas que no entiende porque no las describió Marx en el siglo xix , algo de lo que sería muy injusto culpar a Marx. Muchos autores, cuando no subestiman o desprecian directamente las luchas contra las opresiones no-de-clase, insisten en que su superación depende directamente del fin del capitalismo y que fueron por él producidas, aunque la evidencia histórica muestre otra cosa: que existían desde mucho antes del capitalismo, permanecieron intocadas o hasta empeoraron en muchos países socialistas y hubo contra ellas avances significativos en sociedades ca pitalistas, como resultado de luchas políticas y sociales que Safatle o Žižek llamarían, con cierto desdén,«culturales». Y cuando esto último queda en evidencia, denuncian que se trata de un engaño, una trampa del capital para distraernos, pinkwashing, pinkmoney. Muchos no comprenden que, si es cierto que en el capitalismo esas opresiones se entrecruzan y se potencian con las de clase –como en las repúblicas soviéticas se entrecruzaban y potenciaban con la falta de libertades democráticas y otras formas de opresión–, ese«recorte de clase» que reclaman es apenas eso, un recorte, y como tal solo será útil, inclusive para quienes aspiran a superar el capitalismo, visto como parte de una realidad más compleja. Las corrientes de izquierda que comprendieron esto son acusadas de«reformistas»,«liberales»,«posmodernas»,«multiculturalistas»,«identitarias», etc.; términos usados de forma vulgar, con sentido siempre negativo y a veces inclusive como sinónimos. La acusación de fondo es que estas corrientes no son más de 34. Ibíd., p. 86. 151 T ema C entral A tu revolución le falta fresa izquierda, porque implican admitir un enunciado tabú: que hay vida más allá de la lucha de clases. En parte por esa forma de pensar –aunque no solo por ella–, muchos autores marxistas y corrientes de izquierda han tratado como niños mimados a algunos gobiernos retrógrados, autoritarios, machistas, homofóbicos y antisemitas de América Latina(Venezuela, Ecuador, Nicaragua) y aún miran con simpatía a algunas dictaduras teocráticas de Medio Oriente, porque comparten con ellas su enemistad con Estados Unidos e Israel. En Brasil, donde escribo, muchos justificaron también –en nombre de la primacía de las cuestiones de clase– las alianzas del lulopetismo con el fundamentalismo neopentecostal, que lo llevaron a postergar todas las reivindicaciones descalificadas por «identitarias»… Pero el pt también se alió con el sistema financiero, el agro negocio y las grandes constructoras y dejó la lucha de clases para otro día. Y, en parte también por esos problemas, una porción de la izquierda tuvo dificultades para entender las masivas protestas de junio de 2013 en Brasil, la «primavera árabe» y la resistencia de jóvenes y mujeres contra las dictaduras teocráticas islámicas, las movilizaciones de millones de mujeres contra Trump, las gigantescas marchas por«Ni Una Menos» en Argentina, el empoderamiento político de la comunidad lgbt y su lucha por el matrimonio igualitario y el reconocimiento de la identidad de género de las personas trans, la resistencia de los pueblos indígenas brasileños contra la usina de Belo Monte, las rebeliones de los negros de eeuu contra el racismo institucional y otras luchas que se gestaron fuera de los sindicatos obreros, las huelgas generales y los partidos clasistas y que, por eso mismo, no encuentran explicación en sus manuales. No se trata de negar la relevancia de los conflictos de clase, sino de entender No se trata de negar la relevancia de los que estos existen junto conflictos de clase, sino de entender que estos existen junto a muchos otros que no a muchos otros n son menos relevantes ni están subordinados a aquellos. Algo que, en buena parte de los textos teóricos que parte de la militancia de izquierda tiene en su mesita de luz, ha sido subestimado o directamente rechazado. n n n Pero volvamos al principio. Comenzamos, a propósito, con un texto literario –y además, de un cubano–, y decíamos que, en el cuento de Paz, hay más enseñanzas que en cientos de páginas de teoría política. Dice Avelar en su N ueva S ociedad 268 Bruno Bimbi 152 crítica a Safatle –y coincido– que la izquierda uspiana 35 precisa visitar el Xingu, región indígena del Mato Grosso, para ver lo que sus aliados les hacen a los pueblos originarios y descubrir que tal vez su«universalismo hegelianomarxista» sea menos universal de lo que parece 36 . Podríamos agregar otras realidades que esa izquierda haría bien en conocer, pero, como el objetivo era pensar lecturas, decidimos anticipar desde el inicio una conclusión que ahora enunciamos: a veces precisamos buscar en la literatura lo que la teoría se muestra incapaz de decir. Dejar de lado, por un minuto, a los teóricos que se leen y comentan hasta el cansancio en ciertos círculos, todos hablando el mismo lenguaje, citando los mismos libros, revisitando los mismos temas, usando el mismo instrumental teórico y discutiendo con la misma gente en su burbuja; y aventurarse por los caminos desconocidos de la ficción, la crónica y el testimonio, que dan voz a los silenciados. Debe haber buenos textos históricos sobre el fracaso y la degeneración autoritaria y corrupta de la revolución apoyada por cubanos y soviéticos en Angola, pero no creo que sean mejores que las novelas A geração da utopia, Mayombe, As aventuras de Ngunga o Predadores, de Pepetela. Debe haber libros para explicarles la revolución iraní a los sectores de la izquierda que aún admiran a la dictadura de los ayatolás, pero nada mejor que Joseph Anton, de Salman Rushdie. Mucho se ha escrito sobre el estalinismo y sobre el asesinato de Trotski, pero me quedo con El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura. Del mismo modo, ante la falta de mejores formulaciones teóricas que los ayuden a conocer a esos maricones a los que nunca entendieron –hace falta empatía antes que teoría–, les recomiendo leer algunas novelas y cuentos de temática lgbt . Hay muchos autores; en una lista arbitraria, justificada apenas por el gusto personal, menciono a Pablo Simonetti, Osvaldo Bazán, David Leavitt, Eduardo Mendicutti, Manuel Puig, Annie Proulx, Michael Cunningham, Jaime Bayly, David Rees, John Boyne o Marguerite Yourcenar. Por ejemplo, para enfrentar los prejuicios de algunos textos teóricos que analizamos en este artículo, lean las novelas Mientras Inglaterra duerme, de David Leavitt, y La más maravillosa música, de Osvaldo Bazán, que hablan de esa relación conflictiva entre la izquierda y los gays, como lo hizo Senel Paz y, claro, Reynaldo Arenas. 35. Referencia a la elite académica progresista de la Universidad de San Pablo( usp ). 36. I. Avelar: ob. cit., p. 150. 153 T ema C entral A tu revolución le falta fresa Cierro este artículo con una novela de Bazán 37 , por los mismos motivos que me llevaron a abrirlo con el cuento de Paz. Osvaldo cuenta la historia de amor de Héctor y Rubén en la violenta Argentina de los años 70. Uno, un pibito lindo con flequillo rebelde, desenfadado, lleno de ganas de vivir un mundo nue vo; un militante«de formación marxista» que en esos años se va acercando al peronismo revolucionario;«un puto con conciencia de clase» que participa del Frente de Liberación Homosexual, una de las primeras organizaciones políticas gay de Argentina.«Amar libremente en un país liberado». El otro, hijo de la burguesía terrateniente que renegó de su herencia y su linaje para asumir la causa del proletariado como propia; un chongo que dice que no es homosexual y le cuesta saber que sí lo es; doblemente clandestino, por su amor por Héctor y por su militancia en la guerrilla peronista; un tipo bueno, deseable, lleno de contradicciones, que cree profundamente que el pueblo siempre será más importante que él mismo. Es una historia de amor de dos militantes –en una época en la que militar era arriesgar la vida–, cuyo amor era tan subversivo para el enemigo como para los compañeros.«El pueblo no es puto», le dice Alfredo, su cuñado y jefe político dentro de la orga, a Rubén, que parece obligado a elegir entre la militancia y el deseo, entre Héctor y la Patria, entre su deber como revolucionario –al que Moreno dedicaría sus enseñanzas«morales»– y su deber como hombre. «No estamos para pendejadas, la liberación, ¿ves la liberación? Está ahí, ahí, fijate, en la esquina, la ves, ¿está buena, no? ¡Mirá qué tetas tiene la liberación, hermano!». La familia, el capitalismo, la Iglesia, los militares, el imperialismo... pero también el futuro por el que luchan, el mundo por el que se juegan la vida. ¿El hombre nuevo tampoco los entiende? Una frase del narrador lo dice todo, de una forma que, mientras continúe siendo cierta, será como un abismo:«La revolución se desnudaba reaccionaria frente a sus ojos. Si los compañeros ganaban, él continuaría siendo un oprimido». 37. O. Bazán: La más maravillosa música. Una historia de amor peronista, Perfil Libros, Buenos Aires, 2002. n ENSAYO Memoria del futuro Sobre la melancolía de izquierda E nzo T raverso El marxismo funcionó durante mucho tiempo como vehículo de una memoria de clase y de las luchas emancipatorias. Para ello periodizó la modernidad como una sucesión de revoluciones: una línea recta unía 1789 con 1917, pasando por 1848 y la Comuna de París. Pero se trataba en verdad de una memoria teleológica, una memoria para el futuro. Esa visión se plasmó en varias obras de arte analizadas en este artículo, que forma parte del libro Mélancolie de gauche(melancolía de izquierda), de Enzo Traverso. Se trata de producciones que transformaban la esperanza mesiánica en incitaciones a la acción revolucionaria. E l marxismo nació y se construyó históricamente como una teoría tendiente a interpretar el mundo y, a la vez, como un proyecto de transformación revolucionaria del mundo. La memoria vehiculizada por el marxismo estaba indisociablemente ligada a ese proyecto. Así, una vez cercenada su dimensión utópica, el marxismo dejó de actuar como vector de transmisión de una memoria de clase, de las luchas emancipadoras y de las revoluciones. En efecto, no cabe duda alguna de que la utopía es el tropismo secreto de la visión marxista de la historia. En El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, la memoria se evoca como «la tradición de todas las generaciones muertas» que«oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos» 1 . La revolución moderna dirigida contra el capitalismo –continúa Marx–«no puede Enzo Traverso: es profesor de la cátedra Susan and Barton Winokur de Humanidades en la Universidad de Cornell desde 2013. Es especialista en historia de la Europa contemporánea, con foco en la historia intelectual del siglo xx en una perspectiva comparada. Entre sus temas de investigación destacan el Holocausto nazi y los referidos a historia y memoria. Entre sus muchos libros se encuentra La historia como campo de batalla. Interpretar las violencias del siglo xx ( fce , Buenos Aires, 2012). Palabras claves: comunismo, historia, marxismo, melancolía, modernidad, utopía. Nota: este artículo es un extracto del libro de Enzo Traverso Mélancolie de gauche. La force d´une tradition cachée( xix exxi e siècle), La Découverte, París, 2016, y se reproduce con la autorización del autor. El libro será editado en español este año por fce . Traducción del francés de Gustavo Recalde. 1. Carlos Marx: El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Fundación Federico Engels, Madrid, 2003, p. 10. 155 E nsayo Memoria del futuro. Sobre la melancolía de izquierda sacar su poesía del pasado[sino] solamente del porvenir» 2 . Debe«dejar que los muertos entierren a sus muertos» y deshacerse de las«reminiscencias de la historia universal»(que habían cegado a sus ancestros) para poder proyectarse hacia el futuro 3 . La historiografía marxista estuvo siempre caracterizada por una fuerte tentación teleológica. Postulaba el comunismo como telos, como finalidad de la historia, y esta vi sión engendraba una periodización de la modernidad cuyas etapas estaban marcadas por la memoria de las revoluciones. Una línea recta unía 1789 con 1917, pasando por las revoluciones de 1848 y la Comuna de París 4 . Después de Octubre, el proceso se tornaba mundial y la curva ascendente se dividía en varias líneas que pasaban por Europa(la Resistencia en 1945, 1968, Portugal en 1974), América Latina (Cuba en 1958-1959) y Asia(China en 1949 y Vietnam en 1975). Fue así como, en la década de 1920, Albert Mathiez describía a los bolcheviques como los herederos de los jacobinos 5 ; como en las décadas siguientes León Trotski e Isaac Deutscher analizaban el estalinismo según el modelo de Termidor y del bonapartismo 6 ; como en 1968 los actores de Mayo pensaban haber vivido un«desafío general», del mismo orden que las revueltas de julio de 1917 en Petrogrado antes de la Revolución de Octubre 7 ; como en 1971 el historiador Adolfo Gilly describía la Comuna de Morelos, en el México zapatista de 1915, a la luz de la Revolución Rusa 8 , etc. Eric Hobsbawm resumió bien este profundo núcleo de la memoria marxista recordando las palabras de un sindicalista británico que, en los años 1930, se dirigía a un conservador de esta manera:«Su clase representa el pasado, mi clase representa el futuro» 9 . Historiografía y memoria estaban pues entrelazadas, se alimentaban recíprocamente. La memoria apuntaba al futuro, era una memoria para el futuro que anunciaba los combates por venir. Desde luego, el recuerdo de las revoluciones no se limitaba al momento de júbilo de la emancipación vivida como acción colectiva, ya que incluía también la tragedia de sus derrotas. Durante las jornadas más oscuras de la guerra civil en Rusia, cuando el poder soviético estaba amenazado y la revolución parecía condenada, el fantasma de la Comuna de París acosaba a los bolcheviques. Un triunfo del 2. Ibíd., p. 13. 3. Ibíd. 4. Ver Casey Harison:«The Paris Commune of 1871, the Russian Revolution of 1905, and the Shifting of the Revolutionary Tradition» en History and Memory vol. 17 N o 2, 2007. 5. A. Mathiez: Le bolchévisme et le jacobinisme, Librairie de l’Humanité, París, 1920. 6. L. Trotski:«El Estado obrero, Termidor y bonapartismo»[1935] en Ernest Mandel(comp): Trotski: Teoría y práctica de la revolución permanente, Siglo xxi , Ciudad de México, 1983; I. Deutscher:«Two Revolutions» en Marxism, Wars and Revolutions, Verso, Londres, 1984. 7. Ver Daniel Bensaïd y Henri Weber: Mai 68: une répétition générale, Maspero, París, 1968. 8. A. Gilly: La revolución ininterrumpida 19101920, Era, Ciudad de México, 2007. 9. E. Hobsbawm:«The Influence of Marxism 1945-1983» en How to Change the World: Tales of Marx and Marxism, Yale University Press, New Haven-Londres, 2011, p. 362. N ueva S ociedad 268 Enzo Traverso 156 Figura 1. El cuarto estado, de Giuseppe Pellizza da Volpedo, 1901(Museo del Novecento, Milán). Ejército Blanco habría conducido a la masacre, exactamente como sucedió durante la«semana sangrienta» de mayo de 1871, pero a una escala incomparablemente mayor. Una dictadura militar de los blancos –escribió Víctor Serge en sus memorias– se presentaba como la salida más probable, lo que significaba, para los bolchevi ques, que serían todos«ahorcados o fusilados». Pero lejos de sembrar el desánimo y la desmovilización, esta conciencia aguda del peligro no hacía más que«galvanizar el espíritu de resistencia» 10 . A largo plazo, la historia les daría la razón:«Nosotros, los rojos, a pesar del hambre, los errores –e incluso los crímenes– avanzamos hacia la ciudad futura» 11 . La iconografía socialista y comunista ilustró durante un siglo esta visión teleológica de la historia. Sus imágenes se grabaron en la memoria de varias generaciones de militantes –de obreros a intelectuales– hasta modelar su imaginario. Actuaron como«referencias subliminales» o«centinelas fantasmales del pensamiento», según la feliz expresión de Raphael Samuel, cuyo análisis puede resultar tan importante como la exégesis de los textos 12 . El cuarto estado(1900) de Giuseppe Pellizza da Volpedo, uno de los más célebres cuadros inspirados en el socialismo anterior a la Gran Guerra, describe el avance de las clases trabajadoras hacia un futuro luminoso: su marcha emancipadora los aleja de las tinieblas, bien visibles en un segundo plano, allí donde comenzó su camino(figura 1) 13 . 10. V. Serge: Memoires d’un révolutionnaire et autres écrits politiques, Robert Laffont, París, 2001, p. 108. 11. V. Serge:«La ville en danger» en V. Serge: ob. cit. 12. R. Samuel: Theatres of Memory, Verso, Londres, 1994, p. 27. 13. Ver Michele Nani:«‘Dalle viscere del popolo’. Pellizza, il Quarto Stato e il socialismo» en M. Nani, Liliana Ellena y Marco Scavino: Il Quarto Stato di Pellizza da Volpedo tra cultura e politica, Istituto Salvemini, Turín, 2002. 157 E nsayo Memoria del futuro. Sobre la melancolía de izquierda El cuarto estado es una perfecta ilustración pictórica de la estrategia socialista descripta por Friedrich Engels poco antes de su muerte, en su prefacio –tan célebre como controvertido– a una reedición de 1895 del ensayo de Marx Las luchas de clases en Francia. Tras haber señalado un desplazamiento del centro de gravedad del movimiento socialista europeo de Francia –el lugar de las revoluciones del siglo xix – hacia Alemania, el país donde la socialdemocracia lograba avances electorales impresionantes(de 100.000 votos en 1871 a dos millones en 1890), Engels tomaba nota de una radical reorientación estratégica. El tiempo de los combates callejeros y las barricadas había pasado. La«rebelión a la vieja usanza» se había vuelto obsoleta al lado del«gran ejército único, el ejército internacional de los socialistas, que avanza incontenible y crece día por día en número, en organización, en disciplina, en claridad de visión y en seguridad de vencer» 14 . El socialismo era ineluctable, y todo esfuerzo por acelerar su llegada era inútil, cuando no peligroso:«Aun cuando este poderoso ejército del proletariado no haya alcanzado todavía su objetivo y, lejos de lograr la victoria con un solo gran golpe, deba avanzar lentamente de posición en posición en un combate duro, tenaz, eso demuestra de manera concluyente que era imposible conquistar la transformación social mediante un simple ataque sorpresa» 15 . Este crecimiento lento pero inexorable de la socialdemocracia alemana se desarrollaba a sus ojos«tan tranquilamente como un proceso de la naturaleza» 16 . Retrospectivamente, las revoluciones del siglo xix adquirían un sabor «blanquista», y esta crítica al método insurreccional enfrentaba dos temporalidades históricas: por un lado, la eruptiva y fulminante de la revolución y, por el otro, la de un cambio evolutivo, mucho más lento, homogéneo y opaco pero irresistible. Existía allí, in nuce, la dialéctica que Antonio Gramsci se encargaría de teorizar más tarde entre la«guerra de movimientos» y la«guerra de posiciones» 17 . Según Engels, el futuro del socialismo pertenecía a la segunda y, en consecuencia, la memoria de las barricadas se convertía en un obstáculo que corría el riesgo de interponerse en este ascenso gradual pero seguro. Repentinamente, las revoluciones del siglo xix se habían vuelto, a semejanza del terrorismo populista para los socialdemócratas rusos, «una expresión de impaciencia política», un conjunto de combates que«se anticipaban a su tiempo», sucedían 14.«Introducción de Federico Engels» en Carlos Marx: La lucha de clases de 1848 a 1850, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1973, p. 14. 15. Ibíd. 16. Para un análisis detallado de las revisiones de Engels al final de su vida, v. Jacques Texier: Révolution et démocratie chez Marx et Engels, París, Presses Universitaires de France, 1998. 17. A. Gramsci: Guerre de mouvement et guerre de position, comp. de Razmig Keucheyan, La Fabrique, París, 2011; Perry Anderson: Sur Gramsci, Maspero, París, 1978. N ueva S ociedad 268 Enzo Traverso 158 «demasiado pronto» y se desarrollaban«demasiado rápido» como para consolidar las conquistas 18 . La Gran Guerra interrumpió la continuidad lineal y evolutiva del siglo xix , y la acción revolucionaria, con su temporalidad fulminante y devastadora, reapareció en 1917. Pero esta aceleración no puso en tela de juicio el avance de la historia, el cual cambiaba de velocidad, no de dirección ni de fina lidad. La visión utópica del socialismo salió incluso fortalecida. Tras la Revolución de Octubre, la utopía dejó de ser la representación abstracta de una sociedad liberada proyectada a un futuro lejano y desconocido para convertirse en el imaginario desenfrenado de un mundo por construir en el presente. En 1919, en medio de la guerra civil rusa y de una ola de levantamientos revolucionarios en Europa Central, Vladímir Tatlin concebía su Monumento a la Tercera Internacional(figura 2). Inspirada en el mito de la Torre de Babel, su obra se identificaba con el constructivismo. Fue pensada como un monumento –del que solo se hizo la maqueta– que debía no solo ser admirado sino también utilizado para demostrar que el arte era un instrumento necesario para la construcción del socialismo. No se trataba de crear un símbolo sino de mostrar de manera concreta que el mundo nuevo podía surgir de una fusión entre la estética y la política 19 .«Radicalmente antimonumental», este proyecto arquitectónico Figura 2. Tatlin junto a un modelo de su Monumento a la Tercera Internacional, 1919. difería profundamente de todos sus predecesores. No tenía nada que ver con la verticalidad lineal de la Torre Eiffel, que se limitaba a celebrar la modernidad industrial, ni con el simbolismo convencional de la Estatua de la Libertad, ni tampoco con la Torre del 18. Ver Claudia Verhoeven:«Time of Terror, Terror of Time. On the Impatience of Russian Revolutionary Terrorism(Early 1860s-Early 1880s)» en Jahrbücher für Geschichte Osteuropa vol. 58 N o 2, 2010. 19. Ver Norbert Lynton: Tatlin’s Tower: Monument to Revolution, Yale University Press, New Haven, 2009; Pamela Kachurin:«Working(for) the State. Vladimir Tatlin’s Career in Early Soviet Russia and the Origins of The Monument to the Third International» en Modernism/Modernity vol. 19 N o 1, 2012. El proyecto de Tatlin no se realizó debido a la oposición de Anatoly Lunatcharsky, comisario del pueblo para la Cultura. Ver Sheila Fitzpatrick: Lunacharski y la organización soviética de la educación y de las artes, Siglo xxi , Madrid, 1977. 159 E nsayo Memoria del futuro. Sobre la melancolía de izquierda Trabajo de Auguste Rodin, nunca construida pero creada bajo la forma de una maqueta que se dio a conocer públicamente con miras a la Exposición Universal de 1900. Conforme al espíritu de la iii República, la torre de Rodin idealizaba las virtudes redentoras del trabajo, descripto como una espiral ascendente desde la agotadora tarea de los obreros hasta las creaciones logradas con la ayuda de la ciencia y la técnica, vectores de un progreso colocado bajo el signo de la providencia y el sacrificio recompensado(figura 3). Tatlin rompía con esta concepción tradicional del arte y la cultura. Compuesto de vidrio y acero, su«monumento» debía integrar en una sola estructura tres elementos distintos que giraban sobre sí mismos: un cubo, una pirámide y un cilindro. En la base, el cubo albergaría al gobierno soviético( Sovnarkom) y su rotación duraría un año; la pirámide alojaría a la Internacional Comunista ( Komintern) y giraría sobre sí misma en el curso de un mes; el cilindro, con una rotación diaria, se convertiría en sede de un órgano de propaganda publicado simultáneamente en varios idiomas, con una sala de conferencias, una imprenta, un telégrafo, una radio y un poderoso proyector capaz de iluminar la noche con eslóganes revolucionarios 20 . La espiral evocaba el movimiento evolutivo de la ciencia(y la idea originaria de revolución como rotación astronómica), mientras que la pirámide le otorgaba al edificio su carácter vertical, como una flecha lanzada hacia el cosmos: la Figura 3. Modelo en yeso de la Torre del Trabajo, de Auguste Rodin, 1898-1899(Museo Rodin, París). revolución como ruptura y asalto del cielo. La Torre de Babel ya no simbolizaba la confusión de lenguas sino una nueva comunidad universal lanzada a la conquista del futuro. Muchas otras obras de arte fueron creadas con un espíritu similar. En 1921, Lenin quiso transformar el obelisco de Moscú, instalado en vísperas de la guerra en honor a la dinastía Romanov, en un monumento 20. Ver Susan Buck-Morss: Dreamworld and Catastrophe: The Passing of Mass Utopia in East and West, mit Press, Cambridge, 2002; Margit Rowell:«Vladimir Tatlin: Form/Faktura» en October N o 7, 10/1978. N ueva S ociedad 268 Enzo Traverso 160 Figura 4. Un nuevo planeta, de Konstantin Yuon, 1921(Galería Estatal Tretiakov, Moscú). de homenaje a los grandes pensadores socialistas, dedicado a utopistas como Tomasso Campanella, Tomás Moro, Saint-Simon y Charles Fourier. Ese mismo año, Konstantin Yuon pintaba un cuadro titulado Un nuevo planeta. A sus ojos, el advenimiento del socialismo era mucho más que un simple giro histórico; se trataba de una suerte de revolución copernicana que modificaba nuestra visión del mundo, incluso de un Big Bang que cambiaría el propio cosmos(figura 4). Durante la década de 1920, la propaganda soviética mostraba a Lenin con el brazo extendido hacia el futuro, guía esclarecido en medio de un mundo de industrias, chimeneas y máquinas, donde una multitud de obreros trabajaba enérgicamente para construir una sociedad nueva(figuras 5 y 6). En 1933, el arquitecto Boris Iofán ganó el concurso para la construcción del Palacio de los Soviets de Moscú(fi gura 7). Su proyecto jamás se concretó, pero sus planos, dados a conocer al público inmediatamente, alimentaron el imaginario soviético de la época. Allí se ve un rascacielos –respuesta comunista al Empire State Building inaugurado en Nueva York dos años antes– coronado por una gigantesca estatua de Lenin, con su índice nuevamente apuntando hacia el futuro, rodeado de nubes y aviones 21 . 21. S. Buck-Morss: ob. cit. 161 E nsayo Memoria del futuro. Sobre la melancolía de izquierda Figura 5. Lenin en un poster soviético, 1920. Figura 6. Lenin, de Adolf Strakhov, 1924(Museo de Arte Spencer, Universidad de Kansas). Figura 7. Proyecto del Palacio de los Soviets, de Boris Iofán. N ueva S ociedad 268 Enzo Traverso 162 Figura 8. Moisés desciende del monte Sinaí, ilustración de Gustave Doré para una edición de la Biblia, 1865. Estos afiches y estatuas de Lenin son la versión secular de una iconografía de inspiración bíblica. Recuerdan, por ejemplo, un célebre grabado de Gustave Doré que muestra a Moisés descendiendo del monte Sinaí con las Tablas de la Ley y su dedo apuntando hacia el cielo(figura 8). Así, la esperanza mesiánica se había transformado en incitación a la acción revolucionaria 22 . Esta asombrosa afinidad entre la iconografía socia lista y la bíblica, su modelo, revela la permanencia en la tradición comunista de un impulso religioso que convive –exhibido visualmente aunque negado teóricamente– con su ateísmo expreso. Marx había heredado su ateísmo de la Ilustración radical y sus discípulos lo transformaron en doctrina oficial, pero a medida que esta ideología se convertía en parte integrante de la cultura socialista, se apropiaba de las esperanzas, los sueños y las expectativas que durante siglos habían adquirido una forma religiosa. El ateísmo secularizaba aspiraciones religiosas: es así como debería leerse la célebre definición de la religión como«opio del pueblo», que significa a la vez alienación y deseo emancipador. Según Marx,«la miseria religiosa es, al mismo tiempo, la expresión de la miseria real y la protesta contra ella. La religión es el sollozo de la criatura oprimida, es el significado real del mundo sin corazón, así como es el espíritu de una época privada de espíritu. Es el opio del pueblo» 23 . La iconografía comunista expresaba esta tensión mesiánica hacia un mundo liberado –una nueva era poshistórica, como lo sugería Marx– que reproducía a su modo la escatología cristiana. Después de la Segunda Guerra Mundial, el imaginario soviético seguía poblado de fábricas y naves espaciales cuya velocidad supersónica había reemplazado la temporalidad febril y 22. Este mesianismo secularizado no es asimilable al«lenguaje popular de la publicidad» analizado por Carlo Ginzburg en su ensayo sobre lord Kitchener, que contiene una interesante genealogía del dedo que señala. Ver C. Ginzburg:«‘Tu país te necesita’. Un estudio de caso sobre iconografía política»[2001] en Prohistoria: Historia, Políticas de la Historia N o 7, 2003. 23. K. Marx:«Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel» en Los anales franco-alemanes, Barcelona, 1970, pp. 101-102. Para un análisis de este pasaje, v. Michael Löwy: The War of Gods: Religion and Politics in Latin America, Verso, Londres, 1996. 163 E nsayo Memoria del futuro. Sobre la melancolía de izquierda Figura 9. Horizonte, de Erik Bulatov, 1971-1972(Museo de Arte de Vanguardia magma , Moscú). repentina del asalto revolucionario. El avance hacia el socialismo se medía en toneladas de acero, decenas de miles de tractores, aviones y misiles fabricados por la industria soviética, en vez de por los millones de votos ganados por la socialdemocracia en elecciones, pero el telos de la historia seguía inalterado. Al igual que la vanguardia,«la cultura estalinista seguía orientada hacia el futuro» 24 , tratando de modelar la vida cotidiana y magnificar los logros materiales del socialismo. Fue recién en los años 70, en la época del estancamiento brezhneviano, cuando el crecimiento económico se detuvo y el futuro se volvió incierto. Fue entonces cuando apareció en la Unión Soviética un arte«post-utópico», del que Horizonte, cuadro de Erik Bulatov, resulta emblemático. Allí se observa a un grupo de ciudadanos soviéticos paseando por una playa y avanzando hacia el mar, pero el horizonte frente a ellos es invisible, cortado por una franja que recuerda la Orden de Lenin, la principal distinción honorífica de la urss . Esta estética desmitifica dora, sin embargo, era más percibida como una crítica al socialismo real que como un rechazo al proyecto socialista(figura 9). Incluso en América Latina, donde la utopía socialista se entremezclaba con 24. Boris Groys: The Total Art of Stalinism: AvantGarde, Aesthetic Dictatorship, and Beyond, Verso, Londres-Nueva York, 2011, p. 113. N ueva S ociedad 268 Enzo Traverso 164 Figura 10. Detalle de Epopeya del pueblo mexicano, de Diego Rivera, 1929-1935(Palacio Nacional, Ciudad de México). las temporalidades cíclicas de las comunidades indígenas, las representaciones socialistas de la historia no podían sustraerse a la mitología de un camino ascendente hacia el futuro. Así, las pinturas murales de Diego Rivera que decoran las escaleras del patio interno del Palacio Nacional de México (figura 10) muestran, en una suntuosa perspectiva diacrónica, el camino de las clases trabajadoras entre un pasado de opresión y un futuro emancipado. El recuerdo de las luchas anticoloniales y la revolución campesina convergen naturalmente allí hacia la organización del movimiento obrero moderno, multinacional y multirracial, dominado por la figura tutelar de Marx 25 . La teleología marxista no estaba necesariamente formulada en términos de causalidad determinista; podía también adquirir la forma de utopía, lo que Ernst Bloch llamaba una filo sofía de la«anticipación»( Vorschein). Bloch consideraba el marxismo como una«conciencia anticipatoria» que daba forma al sueño emancipador presente desde la Antigüedad en las sociedades humanas. Por eso dedicó a Marx el último capítulo de su Principio esperanza, en el cual se analizan las«imágenes-deseos del instante satisfecho» 26 . En vez de una«utopía 25. V. especialmente su Epopeya del pueblo mexicano(1929-1951), realizado en las escaleras del Palacio Nacional de México. 26. Véase E. Bloch: El principio esperanza[3], Trotta, Madrid, 2007. Sobre Bloch, v. Arno Münster: Tagträume vom aufrechten Gang. Sechs Interviews mit Ernst Bloch, Suhrkamp, Fráncfort, 1977, y Vincent Geoghegan: Utopianism and Marxism, Methuen, Londres, 1987, cap. 6. 165 E nsayo Memoria del futuro. Sobre la melancolía de izquierda fría» que describe el socialismo como inscripto en las leyes de la historia, el marxismo era, a los ojos de Bloch, un proyecto social arraigado en un optimismo antropológico heredado de la Ilustración: el largo proceso por el cual la humanidad aprende a«caminar parada». En términos similares, Herbert Marcuse explicaba el vínculo dialéctico entre la memoria y la utopía socialista basándose en la noción de inconsciente. La función de la memoria, según puede leerse en Eros y civilización(1955), consiste en «preservar las promesas y las potencialidades que fueron traicionadas e incluso prohibidas por el individuo maduro y civilizado». Los deseos a la vez insatisfechos y no olvidados pueden proyectarse en el futuro como utopías de la felicidad universal. En este camino, Marcel Proust se une a Marx:«La recherche du temps perdu [búsqueda del tiempo perdido] llega a ser el vehículo de una futura liberación» 27 . Esta memoria orientada hacia el futuro debe forjarse contra la memoria alienada de la sociedad de clases: la civilización represiva está hecha de disciplina y sumisión; siembra la duda en lugar de cosechar el placer. Se trata de una«memoria ligada a la mala conciencia, al sentimiento de culpa y de pecado», en la cual las imágenes de libertad«se vuelven tabúes» 28 . La contramemoria marxista debía pues orientarse hacia la felicidad reprimida de los seres humanos y hacer de la utopía una promesa de libertad. Esta utopía salvada e inscripta en la memoria tenía una dimensión romántica: unía el futuro liberado a un pasado ancestral. A semejanza de la conservación de las estructuras y las tendencias de la psicología infantil en el adulto,«la imaginación preserva el‘recuerdo’ de un pasado subhistórico» ofreciendo a la lucha por la emancipación«la imagen de la unidad inmediata entre lo particular y lo universal bajo el signo del principio del placer» 29 . Siguiendo los pasos de Bloch, Marcuse proponía un marxismo dialéctico despojado de toda forma de determinismo histórico para el cual el camino al socialismo no iba, según la definición canónica, de la utopía a la ciencia, sino más bien«de la ciencia a la utopía» 30 . La ciencia no anunciaba el advenimiento del socialismo, pero este último podía basarse en sus resultados con el fin de satis facer un sueño ancestral de felicidad. Incluso reinterpretado como utopía –o como una alternativa posible a la barbarie–, el socialismo seguía siendo el telos histórico, es decir, el objetivo fijado por la acción y alimentado por un conjunto de deseos que la memoria había cultivado. Si hubiera que resumir en una fórmula la concepción marxista de la memoria, 27. H. Marcuse: Eros y civlización, Sarpe, Madrid, 1983, p. 34. 28. Ibíd., p. 163. 29. Ibíd., p. 109. 30. H. Marcuse:«The End of Utopia» en Five Lectures, Allen Lane, Londres, 1970, p. 63. N ueva S ociedad 268 Enzo Traverso 166 podríamos adoptar la definición su gerida por Vincent Geoghegan:«Recordar el futuro» 31 . Todos estos textos e imágenes muestran que la teleología marxista hacía de la memoria un elemento clave de su imaginación utópica. No podía pues confundirse con el futurismo de izquierda, es decir, un movimiento vanguardista fascinado por la velocidad, la tecnología y la modernidad que pretendía conquistar el futuro «aboliendo» la historia, según la prescripción de los futuristas italianos 32 . A lo largo de los primeros años del poder soviético, Trotski criticaba el nihilismo mnemónico reivindicado por los futuristas rusos y señalaba la parte de la anamnesis incorporada en la acción revolucionaria. En Literatura y revolución(1924), precisa: En el rechazo futurista del pasado, extremado, no se esconde un punto de vista revolucionario proletario, sino el nihilismo de la bohemia. Nosotros, marxistas, vivimos con las tradiciones y no por ello dejamos de ser revolucionarios. Hemos estudiado y guardado vivas las tradiciones de la Comuna de París desde antes de nuestra primera revolución. Luego se les han añadido las tradiciones de 1905, con las cuales nos hemos nutrido para preparar la segunda revolución. Remontándonos más lejos, hemos vinculado la Comuna a los días de junio de 1848 y a la gran Revolución Francesa. 33 Lo que el marxismo no podía aceptar en el futurismo no era su carácter subversivo ni, en el caso del futurismo ruso, su crítica radical a la sociedad burguesa; era más bien su negación de la tradición revolucionaria:«Mientras que nosotros entramos en la revolución, el futurismo cayó en ella» 34 . Según Trotski, la revolución no era una tabula rasa, ya que tenía su propia visión del pasado, como una suerte de contramemoria opuesta a las interpretaciones oficiales de la historia. La revolución era el momento en el cual esta visión«resurgía de las profundidades de la memoria» y empujaba a sus actores a crear«una brecha hacia el futuro» 35 . Esto no impedía que Trotski compartiera con el futurismo una fe ciega en la máquina como motor para transformar el mundo. Algunos pasajes de Literatura y revolución describen el futuro socialista en términos prometeicos, amalgamando la utopía fourierista de la«armonía universal» y una idealización del progreso y de la tecnología típica del siglo xix . Según el revolucionario ruso, el socialismo estaba destinado a reconfigurar las características geo lógicas del planeta y transformar la relación entre las especies humana y animal, hasta volver el mundo 31. V. Geoghegan:«Remembering the Future» en Utopian Studies vol. 1 N o 2, 1990. 32. Ugo Tommei:«Aboliamo la storia» en Italia Futurista, 5/1917, cit. en Emilio Gentile:«La nostra sfida alle stelle». Futuristi in politica, Laterza, Roma, 2009, p. 26. 33. L.Trotski: Literatura y revolución[1924], cap. iv , edición digitalizada disponible en. 34. Ibíd. 35. Ibíd. 167 E nsayo Memoria del futuro. Sobre la melancolía de izquierda irreconocible. Sus dichos visionarios son suficientes para asustar a cual quier ecologista de nuestra época: El hombre ha realizado ya ciertos cambios no carentes de importancia en el mapa de la naturaleza; simples ejercicios de estudiante en comparación con lo que ocurrirá. La fe solo podía prometer mover montañas; la técnica, que no admite nada«por fe», las derribará y las desplazará realmente. Hasta ahora solo lo ha hecho con fines comerciales o industriales(minas y túneles); en el futuro lo hará en una escala incomparablemente mayor, conforme a proyectos productivos y artísticos abarcadores. El hombre hará un nuevo inventario de montañas y ríos. Enmendará seriamente y en más de una ocasión la naturaleza. Remodelará, eventualmente, la tierra a su gusto. No tenemos ningún motivo para temer que su gusto sea mediocre.(...) El hombre socialista dominará la naturaleza toda, incluidos esos faisanes y esos esturiones, por medio de la máquina. Designará los lugares donde las montañas deben ser derribadas, cambiará el curso de los ríos y contendrá los océanos. La novela de Alexandre Bogdanov Estrella roja(1908), una de las pocas incursiones marxistas en la ciencia ficción, ya había descripto el socialismo como un futuro tecnológico que se concretaría en Marte 36 . A diferencia de Bogdanov, sin embargo, Trotski mantenía una tensión dialéctica entre memoria y utopía. En su notable biografía de Trotski, Deutscher estudió el estilo a la vez narrativo y analítico de Historia de la Revolución Rusa y presentó este libro como la reconstitución empática de un momento de autoemancipación proletaria cargado de memoria. Bosquejando el retrato de las multitudes en movimiento, Trotski trató de«penetrar sus nervios», señaló sus sentimientos y quiso compartirlos con el lector. Los hombres y las mujeres de la revolución no habían elegido las circunstancias de sus acciones, pero actuaban de acuerdo con su conciencia. Trotski –continúa Deutscher–«está orgulloso de esos hombres, aun en el caso de que sean iletrados y groseros, y quiere que estemos orgullosos de ellos. La revolución es, para él, ese momento breve pero cargado de sentido en el que los humildes y los oprimidos tienen final mente la palabra, y, a sus ojos, ese momento redime siglos de opresión. Y lo evoca con una nostalgia que confiere a su recreación un relieve intenso y brillante» 37 . 36. A. Bogdanov: Estrella roja, Nevsky Prospects, Madrid, 2010. V. tb. K.M. Jensen:«Red Star: Bogdanov Builds a Utopia» en Studies in Soviet Thought vol. 23 N o 1, 1982. 37. I. Deutscher: Trotski, el profeta desterrado, arces-lom , Santiago de Chile, 2008. Summaries n Resúmenes en inglés Ernesto Semán: Trumpism: A Minority of Masses [4293] Donald Trump tells the story of a mythical past, of the United States in the 50s: a pure, victorious, prosperous, and safe nation –and no less hierarchical. With this discourse he managed to congregate a«minority of masses» with refoundational yearnings. These days he is even compared with Latin American populism. These analogies offer an unexpected and attractive access to North American politics –not for understanding Trump, but for analyzing the preoccupations of those making the comparison. Whilst the institutions that made it possible, today appear willing to save the country. Key Words: Democracy, Elites, Populism, Donald Trump, United States. which has among its goals social discipline of the poorest, particularly the young and black. Key Words: Human Rights, Imprisonment, Punitivism, Trafficking, Brazil. Mariana Lorenz: Police as an Object of Study: An Interview with Didier Fassin [4295] Key Words: Ethnography, Inequality, Police, Racism, Violence, France. Martín Bergel: Of Global Utopias, Noises, and Recompositions: A Conversation about Reading Practices and Social Movements [4296] Key Words: Information, Languages, Politics, Reading, Social Media, Utopias. Luciana Boiteux: Brazil: Prisons of Drugs and Misery [4294] The recent prison massacres revealed that, as had already been warned, the Brazilian prison system is a ticking time bomb: overpopulated, insanitary, totally inadequate, and ready to explode. The repressive drug trafficking laws have managed to increase the prison population, but, at the same time, strengthened the large criminal organizations. It’s an ineffective system, Maristella Svampa: Four Keys to Understanding Latin America [4297] It is possible to read the last decade in Latin America considering four axes: advance of the indigenous struggle; questioning of the hegemonic vision of development in light of the expansion of extractivism; updating of the figure of dependency; and, tied to this, the effective scope of a defiant Latin American regionalism. The last axis alludes to the return of«infinite» 169 N ueva S ociedad 268 Resúmenes en inglés populisms. Certainly these are not the only key political-ideological issues, but the interrelation and the recursive dynamics that were established between them have played a pre-eminent role in the reconfiguration of the socio-political scenario on a regional scale. Key Words: Dependency, Development, Extractivism, Populism, Latin America. of democratic radicalization, as well as those who simply see in it an imitation of Cuba(20 th -century socialism). Key Words: Nationalism, 21 st -century socialism, Simón Bolívar, Hugo Chávez, Venezuela. Roberto Lampa: The Sinuous Return of the Unorthodox Economy [4300] Verónica Gago: Intellectuals, Experience, and Militant Investigation: Avatars of a Tense Bond [4298] In the past 15 years the figure of the intellectual has been challenged, fought, and reorganized in relation to practices that have put it severely into question. But, what is the status of thinking and investigation in the face of the conflict and dispute nodes that characterize the continent in recent times? Where does activism fit in, faced with a series of experiences that challenge the classic pedagogic models of politics? We must read these questions from today, in the midst of a crisis in the very notion of social movement and a decline in so-called progressive governments that enjoyed their legitimacy. Key Words: Anti-Intellectualism, Activism, Dismissive, Extractivism, Multitude. Tomás Straka: Understanding Chavism: Continuities and Ruptures with Venezuelan History [4299] Defining Chavism in terms of ideology has been the cause of continuous controversy since Hugo Chávez burst onto the Latin American scene two decades ago. Opinions range from those who don’t see in the movement an ideology, but an eclectic mix whose only objective is to justify taking of power and staying in power, to those who conceive it as a novel and creative way of reusing socialism(21 st -century socialism) and During the last decade, the relationship between unorthodox economy and Latin America’s Left has been torturous. Beyond a strong discursive change, it has not been possible to overcome the orthodox historical bloc, hegemonic during the past decades. Explanations can be found in the governments’ decisions, opting for a gradualist and non-confrontational change in the realm of economic debate itself. The resilience demonstrated by neoliberalism and, thus, by orthodox economic theory on a global scale has acted as a formidable obstacle. Key Words: Critical Thinking, Economics, Progressiveness, Unorthodox, Latin America. Massimo Modonesi: Readings of the Mexican Left [4301] What does Mexico’s Left read? What readings feed back the worldview, inspire and maintain the political practices of the Movimiento de Regeneración Nacional(Morena) and the Ejército Zapatista de Liberación Nacional ( ezln )? The corpus is made up of posts in networks and of magazine and newspaper articles, where news and reports are published, but also opinion columns by organic intellectuals of each of these movements. Finally, some books can be considered inescapable references, texts that all Zapatista or Obradorist activists have to read. Nevertheless, even with this plurality of sources, each movement mostly reads its own. Key Words: Left, Zapatism, Andrés Manuel López Obrador, México. N ueva S ociedad 268 Summaries 170 Eduardo Gudynas: Environmentalisms versus Extractivisms [4302] All over Latin America, debates about environmental questions lead to so called«extractivisms», such as largescale open pit mining, oil drilling, or intensive monoculture. These problems feed citizen movements and generate new theoretical approaches and more accurate diagnoses, which in turn overflow into the political terrain. It is therefore important to examine the relations and the mutual feeding that exist between environmental positions, the Left, and extractivist practices, with their main manifestations, actors, possibilities, and limits. Key Words: Development, Environmentalism, Extractivism, Post-Extractivism, Sustainability. Fernando Molina: Reading Focuses of the Bolivian Left [4303] The Left had a strong influence in Bolivia over the 20 th century and the history of popular movements is inseparable from the political-theoretical debates of the different trends of socialism. Since Evo Morales’ arrival in power at the start of 2006, various«reading focuses» were strengthened, and other new ones were created, among them – and the most important – the «focus of the Vice Presidency». From publications and invitations, it is possible to construct a map of reading and political and intellectual influences. Key Words: Capitalism, Left, Marxism, Álvaro García Linera, Bolivia. Bruno Bimbi: Your Revolution Lacks Strawberry [4304] Many authors on the Left underestimate, disregard, or consider secondary the struggles against non-class oppressions, or insist that overcoming them depends only on ending capitalism. Others admit that the grievances of lgbt , blacks, and feminists do have«a cut of class», but accuse the identity movements of being reformists, liberals, or postmodern. Maybe it’s time to look to literature, features, and testimonies for what so many Marxist theorists have been incapable of understanding. Key Words: Identity, Left, lgbt , Marxism, Populism. Enzo Traverso: Memory of the Future: About the Left’s Melancholy [4305] For a long time, Marxism worked as the vehicle for the memory of class and emancipatory struggles, periodizing modernity as a series of revolutions: a straight line united 1789 with 1917, via 1848 and the Paris Commune. But in truth it was about a teleological memory, a memory for the future. Such a vision is expressed in various pieces of art analyzed in this article, extracted from the book Mélancolie de gauche[Melancholy of the Left], recently published by Enzo Traverso. It is about productions that transformed the messianic hope in incitations of revolutionary action. Key Words: Communism, History, Marxism, Melancholy, Modernity, Utopia. DÓN­DE CON­SEG­ UIR NUES­TRAS PU­BLI­CA­CIO­NES www.nuso.org Ale­ma­nia: F. Delbanco, Tel.:(49 4131) 2428-8, e-mail:. Ar­gen­ti­na: Dis­tri­bui­do­r: Jor­ge Wald­hu­ter, Pavón 2636, Buenos Aires, Tel./Fax: 6091.4786, e-mail: . Li­bre­rías, Buen­ os Ai­res: Waldhuter La Librería, Av. Santa Fe 1685, Tel.: 4812.6685. Bo­li­via: en La Paz: Yachaywasi, Tel.: 2441.042, e-mail: , Fax: 244.2437. Plural Editores, Tel./Fax: 2411.018, e-mail:. Colombia: Librería Fondo de Cultura Económica, Calle 11 No. 5-60, Barrio La Candelaria, Bogotá, Colombia. Tel.:(571) 2832200, e-mail:. Costa Rica: Librería Nueva Década, Tel.:(506) 2225.8540, e-mail:. Ecuador: LibriMundi, Tel.:(5932) 252.1606, 223.4791, e-mail:. Es­pa­ña: Marcial Pons-Librero, Tel.:(34 914) 304.3303, e-mail: ; Mundi-Prensa Libros,(34 914) 363.702. Gua­te­ma­la: F&G Libros de Guatemala, 31 avenida"C" 5-54, zona 7, Colonia Centro América, 01007 Guatemala, Tel.:(502) 2433 2361 (502) 5406 0909, e-mail:. Ja­pón: Ita­lia Sho­bo, Fax: 3234.6469; Spain Sho­bo Co., Ltd., Tel.: 84.1280, Fax: 84.1283, e-mail: . Nicaragua: Instituto para el Desarrollo y la Democracia(Ipade), Km 9 1/2 carretera a Masaya, Tel.: 276.1774 (Ext. 8), Apartado Postal 2438, e-mail:. Pe­rú: El Virrey, Bolognesi 510, Miraflores, Lima, Tel.: 444.4141, e-mail:. Puer­to Ri­co: en Río Piedras: Compañía Caribeña de Libros, Tel.:(1-787) 297.8670, e-mail:. Ven­tas y con­sul­tas por In­ter­net: Distribución internacional a librerías: PARA SUSCRIBIRSE A NUEVA SOCIEDAD S U S ­C R I P ­CI Ó N A N UAL BIE­N AL In­cluye fle­te aé­reo Amé­ri­ca Lat­i­na 6 nú­me­ros US$ 70 12 nú­me­ros US$ 121 Res­to del mun­do US$ 107 US$ 196 Argentina$ 515$ 1.030 > Formas de pago 1. Pa­go on­li­ne: In­gre­se en, don­de en­con­tra­rá un for­mu­la­rio pa­ra re­gis­trar su pe­di­do y efec­tuar el pa­go. 2. Pa­go con tarj­e­ta de créd­ i­to vía pos­tal: Com­ple­te el cu­pón in­clui­do en la re­vis­ta y en­víe­lo por co­rreo a: Nue­va So­cie­dad, De­fen­sa 1111, 1º A, C1065AAU Bue­nos Ai­res, R. Ar­gen­ti­na. 3. 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Chile: economía política del desgaste Santiago Ortiz Crespo . Los laberintos de la Revolución Ciudadana en Ecuador Alicia Lissidini. Uruguay: derechos y cambio social. ¿Un país de izquierda? Sarah Ganter . En Cuba todo sigue distinto Luis Alberto Restrepo/ Socorro Ramírez . Colombia: sorpresas y sobresaltos de la paz Martha Nubia Bello . Colombia: la guerra de los otros Esther Solano Gallego . Brasil: la caída del pt y el ascenso conservador José Luis Rocha . El orteguismo y sus circunstancias. Claves de un éxito volátil ENSAYO Martín Bergel . Tentativas sobre Mariátegui y la literatura mundial SUMMARIES 267 ENERO-FEBRERO 2017 EL FANTASMA DEL POPULISMO COYUNTURA Matari Pierre. No es lo mismo ser borracho que cantinero: México, el librecambio y la Gran Muralla de Donald Trump TRIBUNA GLOBAL Hinde Pomeraniec/ Raquel San Martín. ¿Países poderosos o influyentes? Reconfiguraciones globales en el siglo xxi TEMA CENTRAL Yves Sintomer. ¿Condenados a la posdemocracia? Aníbal Pérez-Liñán. ¿Podrá la democracia sobrevivir al siglo xxi ? Wolfgang Merkel. Por qué sobreviven los regímenes autoritarios Laura Raim. La derecha«alternativa» que agita a Estados Unidos Tomás Várnagy. Derechas locales, ¿tendencias globales? Hungría, Polonia y más allá Ralf Melzer. Populismo de derecha en Alemania. Un desafío para la socialdemocracia Roberto Gargarella. Pensar sobre la democracia, discutir sobre los derechos Hans-Jürgen Burchardt. La crisis actual de América Latina: causas y soluciones Carlos de la Torre. Los populismos refundadores. Promesas democratizadoras, prácticas autoritarias Juan Carlos Monedero. La democracia agredida. Populismo, posdemocracia y neoliberalismo ENSAYO Axel Honneth. Sendas de la renovación. La idea de una forma de vida democrática SUMMARIES 269 E n nuestro próximo número MAYO-JUNIO 2017 Fakepolítica y democracia www.nuso.org Marzo-Abril 2017 COYUNTURA Ernesto Semán Trumpismo: una minoría de masas Luciana Boiteux Brasil: las cárceles de la droga y de la miseria TRIBUNA GLOBAL Mariana Lorenz La policía como objeto de estudio. Entrevista con Didier Fassin TEMA CENTRAL Martín Bergel Una conversación sobre prácticas de lectura y movimientos sociales Maristella Svampa Cuatro claves para leer América Latina Verónica Gago Intelectuales, experiencia e investigación militante. Avatares de un vínculo tenso Tomás Straka Leer el chavismo. Continuidades y rupturas con la historia venezolana Roberto Lampa El sinuoso regreso de la economía heterodoxa Massimo Modonesi Lecturas de las izquierdas mexicanas Eduardo Gudynas Los ambientalismos frente a los extractivismos Fernando Molina Focos de lectura de la izquierda boliviana Bruno Bimbi A tu revolución le falta fresa ENSAYO Enzo Traverso Memoria del futuro. Sobre la melancolía de izquierda