DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS ACÁ NOS CONOCEMOS TODOS Dirigencia política, debate público y polarización política en Uruguay Iván Schuliaquer Julio 2024 Uruguay ha sido reconocido históricamente como un país con baja polarización política. En tiempos en que esta crece a nivel global, ¿cómo indagar en este tema y en los dilemas que plantea para la democracia uruguaya? ¿Cómo hacerlo para pensar los desafíos de una época en la que crece el extrañamiento ante los adversarios políticos y cuando discursos que fomentan la violencia política dejaron de ser la excepción y, en muchos casos, aparecen naturalizados? Este trabajo estudia las actitudes y posicionamientos de la dirigencia política uruguaya ante grandes temas. Es una manera de indagar en el estado de la democracia uruguaya, en tanto su salud se relaciona con la forma en que se tramita la pluralidad entre posturas contrapuestas. El trabajo de campo incluyó la realización de 30 entrevistas en profundidad con cuadros políticos superiores del oficialismo y de la oposición. Esto permite un panorama más claro del avance del fenómeno de la polarización política en Uruguay, en función de qué consideran razonable y lógico las élites políticas. DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS «ACÁ NOS CONOCEMOS TODOS» Dirigencia política, debate público y polarización política en Uruguay Autor: Iván Schuliaquer Equipo de investigación: Federico Beltramelli, Federico Barreto, Jimena Torres Álvarez e Iván Schuliaquer Investigador externo: Gabriel Vommaro 1 Julio 2024 1 Agradecemos la colaboración de Brian Majlim en el trabajo de campo. Índice 1. INTRODUCCIÓN 2 2. EL ESTUDIO, LOS DIRIGENTES ELEGIDOS Y LAS PREGUNTAS 4 3. IZQUIERDAS Y DERECHAS, ALGO QUE ORDENA 5 4. LOS TEMAS CENTRALES DE LA POLÍTICA URUGUAYA, DIVISIONES Y ACUERDOS 8 4.1 Economía......................................................................................................................... 8 4.2 Seguridad........................................................................................................................ 9 4.3 Corrupción....................................................................................................................... 9 4.4 Medios y periodistas........................................................................................................ 10 4.5 Aborto y feminismo......................................................................................................... 11 4.6 Sindicalismo..................................................................................................................... 12 4.7 Salida de la dictadura....................................................................................................... 12 4.8 Diálogo con los adversarios políticos, autoritarismo y amenazas a la democracia............ 12 5. CONCLUSIÓN 15 Referencias bibliográficas................................................................................................. 18 Anexo 1. Entrevistados y entrevistadas............................................................................ 19 Anexo 2. Cuestionario realizado a entrevistados/as......................................................... 20 Acerca de las y los autores............................................................................................... 21 1 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG-«ACÁ NOS CONOCEMOS TODOS» 1 INTRODUCCIÓN Uruguay ha sido reconocido históricamente como un país con baja polarización política. En tiempos en que esta crece a nivel global, ¿cómo indagar en este tema y en los dilemas que plantea para la democracia uruguaya? ¿Cómo hacerlo para pensar los desafíos de una época en la que crece el extrañamiento ante los adversarios políticos y cuando discursos que fomentan la violencia política dejaron de ser la excepción y, en muchos casos, aparecen naturalizados? Este trabajo estudia las actitudes y posicionamientos de los dirigentes de la política institucional uruguaya ante grandes temas. Es una manera de indagar en el estado de la democracia uruguaya, en tanto su salud se relaciona con la forma en que se tramita la pluralidad entre posturas contrapuestas. El trabajo de campo incluyó la realización de 30 entrevistas estructuradas con cuadros políticos superiores del oficialismo y de la oposición: presidentes de partidos, ministras/os, diputadas/os y senadoras/es nacionales. Eso permite un panorama más claro del avance del fenómeno de la polarización política en Uruguay, en función de qué consideran razonable y lógico(y qué no) las élites políticas. A la vez, habilita a trazar reflexiones más generales sobre sus vínculos con la radicalización política y/o con el autoritarismo, así como a relevar en qué temas hay acuerdo entre las fuerzas, cuáles dividen y hasta dónde llegan los desacuerdos y la legitimidad que se les otorga a los adversarios. En 2023 publicamos un estudio con la Friedrich Ebert Stiftung( FES ) sobre las redes sociales de los principales dirigentes de Uruguay(Schuliaquer et al., 2023). Ahí observamos que el debate en Twitter, una de las escenas públicas fundamentales del presente, muestra dos comunidades claramente separadas y con muy poca conexión entre ellas: la Coalición Multicolor de un lado y la oposición del Frente Amplio( FA ) del otro. Esto va a contramano de la tradición uruguaya del consenso, lo cual se refuerza con la constatación de que en esas redes el centro del espacio público lo ocupan no solo figuras moderadas, sino también dirigentes que radicalizan el debate y ganan reputación a partir de erosionar la legitimidad de los rivales políticos. A la vez, desde el regreso de la democracia ha habido en Uruguay una clara diferencia programática entre los distintos partidos. Algo que con el creciente protagonismo del FA se organizó de manera más clara en torno al clivaje izquierda-derecha. ¿Se pueden sostener esas diferencias sobre la visión del mundo y las propuestas disímiles para organizar la sociedad sin que eso derive en una polarización tóxica que acepte el uso de la violencia contra el adversario político y la deslegitimación de la existencia pública de los rivales? Como mostramos en nuestro trabajo previo, cabe matizar esa tendencia a la polarización en redes con dos constataciones que prueban, en la experiencia comparada, parte de la excepcionalidad uruguaya. La primera es que el tamaño y la centralidad política de dirigentes en Twitter se condicen con su peso y jerarquización en la política institucional. Es decir, a diferencia de otros casos, los que tienen centralidad en las redes ya fueron consagrados previamente por la política institucional. La segunda constatación es que los medios de comunicación, como mostramos para el debate sobre el referéndum respecto a la Ley de Urgente Consideración en 2022, aparecen como actores más de equilibrio que de polarización y son consultados y referidos en redes por dirigentes de diversos colores políticos. Es decir, son un espacio compartido de un debate público pluralista. Si bien débil respecto a otros casos, hay en las redes en Uruguay una tendencia mayor a la polarización, que en algunos casos deviene en radicalización deslegitimadora del adversario político. Sin embargo, el extrañamiento respecto a los rivales políticos no se define(solo) en las redes sociales. Si en Uruguay la política institucional es la principal dadora de jerarquías a la hora de participar del debate público digital, es pertinente entrevistar a sus figuras más relevantes para auscultar su situación política. De ahí este estudio, que se detiene en las actitudes, posiciones y percepciones de cuadros políticos superiores de los distintos partidos sobre cuestiones diversas. En tanto las redes son solo una parte de la escena pública, que interactúa a su vez con otros espacios, esta investigación es más analógica. Indagar en estos actores es clave, ya que el rol de las élites sobre el debate público y sobre la polarización es fundamental(Abramowitz, 2015; McCoy et al., 2018; Tucker et al., 2018). Aunque se ha vuelto frecuente nombrarla como si fuera algo reciente, la polarización política no es novedosa en la historia. El libro clásico sobre el siglo XX de Eric Hobsbawm lleva en su título«la era de los extremos». Por tanto, ¿por qué hablar de esto como si fuera una novedad? En América del Sur depende del país, pero parte de esta nueva etapa de polarización política comenzó a inicios de los 2000 y se profundizó de manera muy clara desde mediados de los 2010, 2 1. INTRODUCCIÓN Figura 1 Polarización política en el mundo en 2023 en coincidencia con la masificación de los medios digitales y sus lógicas. Esta última etapa está marcada por que en varios casos la polarización llega a puntos que no se habían manifestado desde el regreso de las democracias. Sin embargo, Uruguay es uno de los países menos polarizados del planeta según el índice v-dem(figura 1). En una escala de 0 a 4, en 2023 Uruguay tiene 0,69. Por mucha distancia, es el menos polarizado de América y la cuarta democracia menos polarizada del planeta. Aparece después de Noruega, Botsuana e Irlanda. Está muy lejos de la polarización de sus vecinos: Argentina tiene 3,65 y Brasil 3,55. A la vez, Uruguay es uno de los doce países del mundo que están por debajo del 1 en la escala, y una de las ocho democracias (entendemos que los datos sobre polarización en los cuatro países autoritarios ahí incluidos no es pertinente para nuestro trabajo). Uruguay sostiene una muy baja polarización, por debajo de 1, desde 1987. Un dato que solo comparte a nivel planetario con Dinamarca e Irlanda. Fuente: v-dem. 3 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG-«ACÁ NOS CONOCEMOS TODOS» 2 EL ESTUDIO, LOS DIRIGENTES ELEGIDOS Y LAS PREGUNTAS El cuestionario que presentamos a cada uno de los entrevistados/as(anexo 2) se detuvo en temas centrales de la vida social uruguaya: economía, ayudas sociales, seguridad, corrupción, medios y periodismo, valores culturales, sindicatos, la forma en que se tramitó la salida de la dictadura y el diálogo con los adversarios políticos. En Uruguay hay acuerdo programático marcado dentro de las fuerzas políticas. Si bien hay diferencias intrapartidos, existe una afinidad ideológica que los reúne y que los hace responder de maneras coherentes. Esto no es llamativo en un país con la centralidad que tienen los partidos, pero señala diferencias con lo que sucedió en otros países a medida que avanzaron los partidos profesional-electorales (Panebianco, 1988), en los que los militantes perdieron peso ante los grupos de interés y el programa pasó a ser cada vez menos importante y definitorio. En Uruguay la orientación programática es aún una gran ordenadora y los partidos son agregadores de intereses. Las entrevistas fueron 30 en total y todas se hicieron(de forma presencial o virtual) entre setiembre y diciembre de 2023. Nuestro foco estuvo en los cuatro partidos principales(Cabildo Abierto, Frente Amplio, Partido Colorado y Partido Nacional) y en tres tipos de actores: legisladores nacionales, ministros y presidentes de partido. Los legisladores(entre senadores y diputados) son los más numerosos de la muestra: veinticuatro en total; doce de ellos son del oficialismo: seis del Partido Nacional( PN ), tres del Partido Colorado( PC ) y tres de Cabildo Abierto( CA ); doce de ellos pertenecen al FA , la mitad de los cuales son parte del Movimiento de Participación Popular( MPP )—para cumplir con la proporcionalidad de las bancas que ocupan— y la otra mitad, de distintos sectores. Se cumplió, a la vez, con la proporcionalidad de 70 % de varones y 30 % de mujeres que se comprueba en el Parlamento. En lo que refiere a presidentes de partido, se entrevistó a tres de ellos: de Cabildo Abierto(que es, a su vez, senador), del Frente Amplio y del Partido Colorado; no se logró concertar una entrevista con el presidente del Partido Nacional. Por último, se entrevistó a cuatro ministros del gabinete nacional: dos del Partido Nacional, uno de Cabildo Abierto y uno del Partido Independiente( PI ). Las entrevistas estructuradas fueron pensadas para ser desarrolladas en una hora de conversación, algo que en líneas generales se cumplió, pese a que las duraciones fueron dispares. Los dirigentes de los distintos espacios políticos se prestaron a responder con buena voluntad y con tiempo suficiente para que las entrevistas dieran material para este trabajo. Nuestra muestra cuenta con 30 líderes políticos con cargos jerárquicos de primer orden, pero representa poco más del 20 % del universo indagado y no podemos decir que sea representativa. No obstante, su elección al azar, más su proporcionalidad, permiten extraer ciertas conclusiones y lecturas sobre el debate público uruguayo. Este trabajo no es«sobre lo que pasa», sino sobre las actitudes y posicionamientos de los actores ante los temas. Si bien eso puede ser un límite, no deja de ser un elemento importante para indagar en la política uruguaya, ya que la manera en que los dirigentes definen la realidad y sus desafíos repercute sobre los cursos de acción y los horizontes de su acción política. ¿En qué temas están de acuerdo? ¿En cuáles no? ¿Qué distancia perciben respecto a los otros actores políticos? ¿Hay temas que parecen irreconciliables? ¿Cuáles son las cuestiones que menos polarizan y cuáles son las que más lo hacen? ¿Reconocen a los adversarios políticos como actores legítimos? ¿Cómo tramitan las diferencias? Las diferencias en política son clave. Sin ellas, no viviríamos en democracia, ya que las distintas propuestas para organizar lo social no explicitarían que están en disputa ni se someterían a votación. En Uruguay los partidos han sido un mediador clave para gestionar esas diferencias. ¿Dónde están las rupturas hoy? ¿Están entre oficialismo y oposición? ¿Están entre los partidos? ¿Están entre los sectores de los partidos? ¿Hasta dónde llega la polarización? ¿Es ideológica, es afectiva y/o es tóxica? En el próximo apartado nos detendremos en las percepciones ideológicas que tienen sobre ellos mismos y los distintos partidos políticos. En el siguiente, tema por tema, profundizaremos en las distintas cuestiones abordadas y en sus respuestas. 4 3. IZQUIERDAS Y DERECHAS, ALGO QUE ORDENA 3 IZQUIERDAS Y DERECHAS, ALGO QUE ORDENA Las entrevistas realizadas terminaron siempre con la misma pregunta, que pedía a los dirigentes que se autoposicionaran ideológicamente en una escala de 1 a 10, siendo 1 izquierda y 10, derecha. A la vez, se les pidió que colocaran a su partido y al resto de los partidos principales(Frente Amplio, Partido Nacional, Partido Colorado y Cabildo Abierto) en el mismo eje(figura 2). Una primera evidencia es que, más allá de tres personas que se negaron a responder(todas mayores de 60 años), el eje izquierda-derecha resulta ordenador para la gran mayoría de los dirigentes políticos. Esto se refuerza por el hecho de que existe un fuerte consenso sobre el espacio que ocupa cada uno de los partidos. Por lo tanto, esa división toma una forma que vuelve cognoscibles el mundo político y sus coordenadas. Sí, en el presente en Uruguay tiene sentido hablar de izquierda y de derecha. Una segunda evidencia: en promedio, los actores colocan a sus propios partidos cerca de donde los colocan miembros de otros partidos. Es decir, no hay gran disonancia respecto a eso y las evaluaciones que hacen son relativamente parecidas. La sorpresa, en perspectiva comparada, es que en Uruguay, en este posicionamiento ideológico, lo que dicen los actores de sí mismos es parecido a lo que piensan los otros partidos sobre ellos, ya sean sus aliados o adversarios. En ese sentido, encontramos que en Uruguay hay distancia ideológica y muchas veces polarización ideológica, sin embargo, no se llega a una polarización tóxica. Quizás la gran diferencia con otros casos regionales es que, en general, los partidos rivales aparecen como actores que representan otras perspectivas y propuestas con las que no se acuerda, pero no aparece cuestionada la legitimidad del otro a expresarlas. De esa pluralidad y esa forma de gestionar las diferencias está hecha la democracia. La aclaración puede resultar obvia, pero no es un dato menor para pensar el estado del debate público cuando en varios países crecen fuerzas políticas autoritarias que desconocen tanto el derecho de los adversarios a expresarse públicamente como el de tener representación institucional. Ahora nos detenemos en las particularidades de cada uno de los partidos. En el Frente Amplio todos los actores colocan a su partido en la izquierda del espectro político. Sin embargo, la mayoría lo coloca a la derecha de la autopercepción que tienen sobre ellos mismos. En promedio, los frenteamplistas entrevistados se colocan en 3 a ellos mismos y colocan al partido en 4. No obstante, hay unos pocos que colocan al partido a su izquierda y dos que hacen coincidir su autoposicionamiento con el posicionamiento de su partido. Es decir, los actores asumen, desde el vamos, que el partido es una instancia de mediación ideológica cuya expresión política no está completamente alineada con ellos. Esto implica de por sí una construcción de posiciones colectivas en la pluralidad y la diferencia. El propio partido requiere negociaciones entre actores que no necesariamente se ubican de la misma manera. Eso también fue claro en las respuestas de autoposicionamiento de los propios miembros del Frente Amplio, que cubrieron toda la gama de la izquierda, del 1 al 5. A eso se suma otra paradoja, ya que, según Pérez et al.(2022, p. 44), los dirigentes del partido se quejan de que el comité de base está a la izquierda del partido. Aquí los propios legisladores se consideran, en su mayoría, también a la izquierda del Frente Amplio. Como si el efecto del propio partido fuera llevar hacia el centro las tendencias de las bases y de los dirigentes. En lo que refiere a las percepciones del FA sobre los principales partidos del oficialismo, reconoce cierta diversidad de posicionamientos en el Partido Nacional, Cabildo Abierto y el Partido Colorado, pero la distancia entre ellos es menos significativa de lo que consideran esos partidos de sí mismos. Todos colocados de la derecha clásica hasta la extrema derecha. Al mismo tiempo, ven a blancos y colorados más a la derecha que el resto de los jugadores. Si vamos al Partido Nacional, la percepción promedio de sus dirigentes sobre sí mismos y sobre el partido los coloca en el 6, la centroderecha. Sin embargo, solo uno de ellos colocó al partido en la misma posición en la que está él. El resto se percibe a la izquierda o a la derecha de su partido. Como en el FA , el PN es percibido por sus partidarios como una instancia de mediación ideológica y todos lo califican entre 5, 6 y 7. 5 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG-«ACÁ NOS CONOCEMOS TODOS» Figura 2 Percepción de la dirigencia sobre ubicación ideológica Fuente: elaboración propia. 6 3. IZQUIERDAS Y DERECHAS, ALGO QUE ORDENA En lo que refiere a los otros partidos, los actores del Partido Nacional ubican a los de Cabildo Abierto claramente entre la derecha y la extrema derecha. No hay acuerdo respecto a si el Partido Colorado se encuentra a su izquierda o derecha, pero sí hay acuerdo en colocarlo en el espectro de la centroderecha. En lo que refiere al Frente Amplio, lo ubican entre 3 y 4. Solo una persona del PN y una del FA ven a todos los actores de la Coalición Multicolor en el mismo lugar. La primera coloca a todos en la centroizquierda(5), mientras pone al FA en la extrema izquierda(1). Es la única figura del oficialismo que pone ahí a la oposición. La segunda persona ve a todos los actores de la Coalición Multicolor en la extrema derecha (10), mientras coloca al FA en la izquierda 3. Ambas perspectivas muestran un distanciamiento marcado respecto a los adversarios políticos y, sobre todo, la dificultad de encontrar puntos de encuentro. La figura del PN considera, en su respuesta, que el oficialismo pertenece a una opción«liberal democrática» que tiene legitimidad para actuar institucionalmente. Mientras que el FA no es, en sus palabras, una fuerza democrática, sino autoritaria. Esas definiciones son problemáticas para el debate público, ya que desconoce las credenciales de expresión pública y representación política de los rivales. En este caso, además, antes que señalar y aceptar las distancias ideológicas, más propias de la lógica partidaria establecida, se apropia del centro político mientras coloca a su adversario en el extremo, algo presentado como patológico. La diferencia ya no es de lente o de forma de mirar el mundo, sino de legitimidad. No obstante, esta visión es claramente excepcional dentro de la política institucional uruguaya. Los miembros del Partido Colorado se ubican en el centro, aunque colocan a su partido ligeramente en la centroderecha(6) y se autoperciben hacia la centroizquierda(5). En todos los casos se ven a la izquierda de su partido. A la vez, colocan al Partido Nacional a su derecha(7) y a Cabildo como un actor en la extrema derecha(9). En lo que refiere al Frente Amplio, lo ven más a la izquierda(3). Los cabildantes entrevistados se dividen entre quienes colocan a su propio partido a la derecha y quienes prefieren no responder. Sobre todo evitan la pregunta sobre su propio partido, al que creen que habría que ubicar, según el tema,«a veces en 10 y en otros en 1». Para ellos el Partido Nacional está en una derecha clara(8) y el FA es un actor de centro(lo ubican del 5 al 7), no lo ven como izquierda. Es decir, para ellos el sistema político uruguayo va del centro hacia la extrema derecha. No hay actores de izquierda y, a la vez, no perciben una amplia distancia o separación con el resto de los actores políticos. El mapa general y la ubicación promedio que da cada fuerza política muestran que el Frente Amplio percibe más distancia de la que perciben los miembros de la coalición respecto a él. Esto expresa que los miembros de la coalición ven mucha más distancia dentro del propio esquema de gobierno, mientras que en el FA prima una lectura más de clivaje oficialismo-oposición en que los partidos aliados son percibidos mucho más cercanos entre sí. Al mismo tiempo, hay una paradoja: el sistema es percibido como agrupado más del centro hacia la derecha, pero los dirigentes(al menos los entrevistados para este trabajo) se piensan a sí mismos más a la izquierda de su partido y del sistema político en general. 7 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG-«ACÁ NOS CONOCEMOS TODOS» 4 LOS TEMAS CENTRALES DE LA POLÍTICA URUGUAYA, DIVISIONES Y ACUERDOS La primera pregunta que se les hizo a los dirigentes políticos fue general y abierta: cómo ven la política uruguaya en la actualidad. La enorme mayoría de las respuestas versaron sobre la fortaleza de la democracia en el país, evaluada como muy positiva. Más allá de los partidos, existe un acuerdo claro respecto a que ahí hay algo muy importante a sostener y a reivindicar. Si es cierto que la democracia es también un credo, que precisa ser realimentado socialmente, eso parece estar muy presente entre los dirigentes uruguayos: le cantan a la democracia, la ven como un valor social fundamental y como parte de la identidad de su país. 4.1 Economía En el apartado sobre economía se preguntó sobre la posición ante cuatro cuestiones: el grado de intervención del Estado, el nivel de impuestos, si las empresas de servicios públicos deben ser privadas o públicas y la opinión sobre las ayudas sociales. La enorme mayoría de los dirigentes, más allá de su color político, están de acuerdo con el grado en que interviene el Estado en la economía uruguaya. Esa coincidencia es clara en el rol histórico que ha tenido en el país, aunque afloran algunas diferencias sobre lo que pasó en los últimos años. Dentro de la Coalición Multicolor, hay total acuerdo entre los colorados, una clara mayoría de apoyos de los blancos y también un apoyo de Cabildo Abierto. Quienes están menos de acuerdo, claramente minoritarios, creen que el Estado debería intervenir menos. No obstante, nadie rechaza de manera tajante la forma en que participa el Estado en la economía. En el Frente Amplio prima también un acuerdo claro sobre el grado en que ha intervenido el Estado históricamente, aunque varios señalan cierta erosión de su participación durante el gobierno de la Coalición Multicolor. Que las empresas de servicios públicos deben ser gestionadas por el Estado genera un amplio y sostenido consenso en todos los partidos. A la vez, aparece como una cuestión saldada para los distintos dirigentes. Son varios los que señalan el referéndum de 1992 como la referencia ineludible de cosa juzgada por la población y la necesidad de no innovar. Incluso algunos actores respondieron que era imposible responder en abstracto esa pregunta en un caso como el uruguayo, donde las empresas públicas son centrales y«funcionan bien». Sí existe una(pequeña) diferencia, sobre todo, en actores del Partido Nacional y de Cabildo Abierto, que señalan que las empresas públicas deberían estar siempre en régimen de competencia con actores privados. La mayoría de los actores consideran adecuada la carga impositiva general. Coinciden blancos, colorados y frenteamplistas. Una narrativa que se repite en los dirigentes del partido que conduce el oficialismo es que, más allá de que hubieran deseado reducirla, es el precio a pagar por un Estado presente. En el FA se repite la referencia a la reforma impositiva que se hizo durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez y, por lo tanto, hay un acuerdo en cierto rumbo general. Sin embargo, algunos dirigentes del Partido Nacional creen que son excesivos y varios del FA afirman que están mal distribuidos, a favor de actores extranjeros poderosos y en detrimento de los pequeños y medianos empresarios uruguayos. Este último punto es compartido por dirigentes de Cabildo Abierto. Hasta aquí, es importante señalar que tres puntos económicos centrales que podrían ser fruto de discordia muy clara en otros países, por una cuestión programática entre izquierdas y derechas, no lo son en Uruguay. Hay acuerdo general en varios de los puntos, o matices. No obstante, ese consenso no es tal cuando se habla de ayudas sociales. Las ayudas sociales son un punto de separación clara entre oficialismo y oposición. Quienes son parte de la Coalición Multicolor consideran que las ayudas sociales son suficientes. Algunos eligen como ejemplo citar la manera en que intervino el Estado durante la pandemia de covid-19. Otros señalan también que la ayuda es la justa y necesaria y se reconocen partidarios de que sea lo menor posible para evitar lo que consideran efectos perniciosos sobre el nivel de actividad de las personas. Por el contrario, en el Frente Amplio hay un claro consenso respecto a que las ayudas sociales son insuficientes y creen que el Estado debería participar más activamente. A la vez, afirman que durante el gobierno actual se fue reduciendo la ayuda, que eso es notorio y que repercute en el estado de la cuestión social. A pesar del desacuerdo marcado, cabe destacar que la disidencia no es extrema, en tanto la disputa se da entre quienes dicen que son suficientes o insuficientes. No hay actores que señalen que las ayudas sociales son excesivas o deberían eliminarse. 8 4. LOS TEMAS CENTRALES DE LA POLÍTICA URUGUAYA, DIVISIONES Y ACUERDOS 4.2 Seguridad El tema siguiente se abordó desde una doble pregunta: cuáles son los principales problemas de seguridad que tiene el país y qué soluciones posibles creen que hay que dar. Aquí el consenso fue claro y unánime: el principal problema es el narcotráfico. Sin dudas, una situación que preocupa y respecto a la cual los distintos sectores políticos consideran que no han sabido dar buenas respuestas cuando les tocó gobernar. En este punto no se ve una distancia entre los distintos partidos y también hay coincidencia en la necesidad de abordar el tema como política de Estado. Si bien no es algo expresado por todos, el terreno parece abonado para plantear acuerdos básicos y perdurables entre las fuerzas políticas sobre este tema en particular. Al mismo tiempo, hay otros problemas ligados a la seguridad que también nombran algunos dirigentes: la superpoblación carcelaria y lo que sucede en esos espacios, el enfoque punitivista y el crecimiento del lavado de activos (estos dos últimos son señalados por dirigentes frenteamplistas). A contramano de lo que señala todo el resto de la dirigencia entrevistada, un miembro de Cabildo Abierto y una del Partido Nacional señalan que el principal problema es la educación de los jóvenes. En lo que refiere a las soluciones posibles, los enfoques son variados y en muchos casos coincidentes. No hay marcadas diferencias partidarias. Muchos afirman que es clave modificar el modelo carcelario, un espacio que muchos consideran un multiplicador de la delincuencia, y que debería existir un plan de rehabilitación más eficiente. Algunos creen que se precisan cárceles de máxima seguridad, otros que hay que reducir la población carcelaria. Y otros indican que hay que fortalecer el control fronterizo y mejorar la preparación policial. Muchos entrevistados dicen que no cuentan con herramientas para proponer soluciones, que hay que convocar a especialistas. Hay coincidencias en la necesidad de un plan integral, lo cual va de la mano con una preocupación marcada por el avance del narcotráfico: la mayoría lo ve creciendo en el futuro cercano y muchos temen la capacidad que pueda tener para corromper distintas esferas estatales. A pesar de la influencia del«modelo Bukele» en los climas de opinión, solo un dirigente del Partido Nacional señaló hacia El Salvador para pensar en una posible solución y aseguró, además, que habría que mirarlo con reparos. Más allá del tema de la seguridad, varios de los dirigentes creen que el narcotráfico es el principal problema estructural que tiene hoy Uruguay y están preocupados por la forma en que puede integrarse, de manera más o menos larvada, en la actividad política. Por fuera del narcotráfico, hay contrapuntos sobre la cuestión de la inseguridad en general. Mientras la mayoría de los dirigentes oficialistas destacan la gestión de seguridad y la disminución de gran parte de los delitos, en la oposición tienen una consideración diferente y sostienen que las mejoras estadísticas en ciertos delitos no resultan del todo fiables ya que dependen de que las víctimas hagan las denuncias. 4.3 Corrupción En lo que refiere a la corrupción se hicieron dos preguntas: si aumentó en las últimas décadas en Uruguay y si afecta a todos los partidos por igual. La primera pregunta polarizó de manera muy clara. Las respuestas fueron diametralmente opuestas según el partido político: todos los dirigentes del Frente Amplio estuvieron de acuerdo en que la corrupción aumentó, en tanto los miembros del oficialismo se manifestaron totalmente en desacuerdo con esa afirmación. La pregunta hablaba de las últimas décadas, pero los dirigentes respondieron sobre el actual período de gobierno. Por ejemplo, las figuras de Astesiano y de Marset estuvieron en el centro de las respuestas del oficialismo y de la oposición, aunque, por supuesto, las explicaciones sobre las implicancias de esos casos fueron divergentes. En el oficialismo prima una narrativa de hechos de corrupción aislados y personales, en los que se separó a funcionarios «como correspondía». En la oposición se sostiene que los distintos casos involucran a la cúpula del gobierno y que, por lo tanto, el oficialismo es responsable. El estudio es una foto del último trimestre de 2023 en Uruguay. No hay forma de extraerse de la época en que fue hecho. En este caso, marcado por la cuestión fundamental de que ciertos actores están en el oficialismo y otros en la oposición. No sabemos si sostendrían la misma posición ante un cambio en su posición relativa. Eso demandaría, si cambian los partidos en el gobierno, un estudio comparativo más adelante. Volviendo, la gran mayoría de los actores políticos coinciden en que la corrupción en Uruguay ha sido 9 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG-«ACÁ NOS CONOCEMOS TODOS» históricamente baja y en que la tolerancia a ese tipo de prácticas es mucho más condenada socialmente que en otros países. Más allá de eso, hay una diferencia clara y marcada en este punto. Respecto a si la corrupción es igual en todos los partidos, las divisiones no son tan claras como en la respuesta anterior. «La corrupción es una cuestión humana, no partidaria» es una idea repetida por varios dirigentes. La mayoría señala que en Uruguay los casos de corrupción no son sistémicos. Cabildantes y colorados están de manera unánime totalmente de acuerdo. Entre los blancos prima la misma postura, aunque algunos actores consideran que la oposición es menos transparente y un dirigente opina que el FA es más corrupto. Por su parte, la mayoría de los dirigentes del Frente Amplio están en desacuerdo con la afirmación de que la corrupción es igual en los distintos partidos y señalan más corrupción en el oficialismo, con un foco claro en el gobierno actual y en la fuerza política que lo conduce. No obstante, también hay frenteamplistas que sostienen que la corrupción no cambia según el color político. 4.4 Medios y periodistas Uno de los dilemas centrales de la democracia contemporánea tiene que ver con los cambios fundamentales que se han dado en la escena pública. De la mano de la masificación de los medios digitales y redes sociales, los medios tradicionales y el periodismo tienen más competidores que antes a la hora de representar y narrar la realidad y eso no está por fuera de la disputa por señalar cuáles son los temas más relevantes de la política y la sociedad. Eso ha venido acompañado, de manera cada vez más marcada, por críticas de distintos actores sociales sobre el trabajo de los medios y los periodistas mainstream, así como por disputas cada vez más marcadas por definir y disputar cuál es la verdad(Waisbord, 2018). Eso ha colaborado, por ejemplo, a que teorías conspirativas(que ya existían y en muchos casos eran antiguas) ampliaran su velocidad y escala de transmisión. En el caso de la política, una realidad cada vez más fragmentada donde los actores políticos más importantes no comparten una agenda de hechos ni hay siquiera consenso sobre«lo que pasó» vuelve los acuerdos cada vez más difíciles(Schuliaquer y Vommaro, 2020). Las disputas se trasladan de la interpretación de los hechos a la definición más básica: pasó algo o no pasó. Algo llamativo en el caso uruguayo es la excepcionalidad en este punto: los medios y los periodistas son bien valorados por los dirigentes de los distintos espacios. Los actores políticos reconocen la legitimidad de esos espacios para informar a la sociedad. Circular por esos espacios y usarlos como referencia de«lo que pasa» implica que los dirigentes políticos comparten cierta agenda de hechos. Por tanto, Uruguay cuenta con un elemento fundamental para tener un debate público menos polarizado: los hechos que construyen los medios informativos son, en general, compartidos. Sin hechos en común los acuerdos son mucho más difíciles. Esto no implica negar que la interpretación de los hechos conlleva alineamientos ideológicos marcados y 10 4. LOS TEMAS CENTRALES DE LA POLÍTICA URUGUAYA, DIVISIONES Y ACUERDOS que eso implica diferencias entre los partidos. Algo esperable en democracia, en tanto vivimos en sociedades plurales con diferencias ideológicas y de intereses. Respecto a la valoración específica sobre los medios, la gran mayoría califica su trabajo como bueno. Si bien esto está distribuido en los distintos partidos, es mucho más claro dentro del Partido Nacional y de Cabildo Abierto. En el Partido Colorado y en el Frente Amplio son varios también los que creen que el trabajo de los medios es regular. Ninguno de los entrevistados lo considera malo o muy malo. Eso es una excepcionalidad en un mundo digital que en varios países se presta para una crítica permanente al lugar de los medios tradicionales. En este caso, hay cierto acuerdo sobre qué suelo se pisa y ciertas reglas de juego compartidas entre los diferentes partidos para informarse de lo que sucede. No hay escena mediática dividida entre los partidos: circulan por los mismos espacios y la dieta mediática garantiza el encuentro con los otros. Tampoco está la noción de que los medios estén claramente alineados políticamente. El contraejemplo a mano, nombrado por varios dirigentes, es el caso argentino y su hiperpartidización. Sobre el trabajo de los periodistas la valoración es más positiva que sobre los medios. Los que consideran regulares a los medios consideran bueno el trabajo de los periodistas. Los califican de profesionales y serios. Esto va a contramano de la escena pública de varios países donde la acusación directa a los periodistas es parte central del debate público. Entre los dirigentes aparecen ciertas críticas sobre el estado del periodismo, pero el foco no está en una intencionalidad maliciosa. Por el contrario, cuando aparece, el foco está en la impericia, en la deficiencia de la formación, en la falta de tiempo por las condiciones en las que trabajan o en la búsqueda de entretenimiento por sobre la rigurosidad. No hay detrás acusaciones de alineamiento político o económico, menos de falsear conscientemente la verdad. En líneas generales, la enorme mayoría de los actores entienden a los medios y a los periodistas como dos esferas separadas. A la vez, como actores con legitimidad pública para intervenir en el espacio público para informar y como mediadores fundamentales para multiplicar las participaciones públicas de los dirigentes. Es decir, como aliados. Si el trabajo de periodistas y medios es bien considerado por los distintos colores políticos, la polarización ideológica se da en un escenario donde se comparten varias de las reglas de juego, así como«el suelo que se pisa», lo cual implica ciertos acuerdos básicos sobre el debate público. Por ejemplo, respecto a quiénes son los agentes centrales con legitimidad para representar la realidad. Por otro lado, cuando se pregunta qué medios consumen, la mayoría de los dirigentes señalan que leen tres medios diariamente: El País, La Diaria y El Observador. Más allá de las diferencias ideológicas que se asumen entre esos medios, los políticos de los distintos espacios los reconocen como lugares donde informarse de lo que sucede. A la vez, también una mayoría elocuente señala a Twitter como el principal espacio a través del que se mantienen informados. La centralidad de esta red social genera algunos problemas para la escena pública, como señalamos en nuestro trabajo anterior(Schuliaquer et al., 2023): la separación entre oficialismo y oposición es clara y marcada, de manera que presentan dos comunidades muy distantes entre sí y la estética que se premia muchas veces apunta más a la disputa abierta y encendida con los adversarios que al diálogo o la negociación. 4.5 Aborto y feminismo En términos de valores culturales se hicieron dos preguntas: si están de acuerdo con la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo(o el aborto legal) y si están de acuerdo con el movimiento feminista. Las respuestas y las diferencias varían significativamente entre los dos temas. Este punto hace evidente que las divisiones dependen de los temas. A veces se dan entre partidos que forman parte del oficialismo, otras dentro de los mismos partidos. En Uruguay no se puede definir toda la representación institucional en un clivaje único entre dos posiciones contrapuestas que incluya los diversos temas. La separación por temas muestra que las divisiones pueden ir reconfigurándose, la afinidad partidaria no define tan claramente los posicionamientos ante todas las cuestiones. Por lo tanto, la polarización dista de ser extrema: no se puede decir que en Uruguay exista una división entre «nosotros» y«ellos» que eclipse y subsuma todo otro tipo de divisiones(McCoy et al., 2018). A pesar de que distintos estudios señalan al aborto como un tema especialmente polarizante, eso no se observa entre oficialismo y oposición. Sin dudas, sí genera una separación clara de la mayoría de los dirigentes con Cabildo Abierto, que está monolíticamente en desacuerdo. En el Frente Amplio, el Partido Colorado y el Partido Nacional hay una clara mayoría de acuerdo. Es decir, es una política con fuerte apoyo de los distintos sectores políticos a partir de una lectura que resalta el enfoque de la salud pública. Después hay matices sobre la forma de aplicación, con críticas variadas. En los tres partidos también hay algunos actores que se manifiestan en contra. Entre quienes no están de acuerdo, varios señalan el problema de la baja tasa de natalidad de Uruguay y otros su posición de que la vida comienza con la concepción. Respecto al feminismo, el clivaje tampoco es del todo nítido entre oficialismo y oposición, aunque la cercanía es menos clara. Cabildo Abierto repite su posicionamiento: sus dirigentes están en contra de los movimientos feministas. Posiciones coincidentes con una derecha dura en valores culturales: conservador, antifeminista y antiaborto. La clara mayoría de los dirigentes del Frente Amplio están totalmente de acuerdo con los movimientos feministas. Muchos los señalan también como la principal irrupción programática o una de las principales. En el Partido Colorado prima un claro acuerdo con los movimientos feministas, pero un dirigente se manifiesta totalmente en desacuerdo. Entre los blancos las posiciones están bastante repartidas. Es difícil señalar una postura dominante. Hay actores que se declaran completamente en contra, otros relativamente en desacuerdo y otros de acuerdo. 11 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG-«ACÁ NOS CONOCEMOS TODOS» Ninguno está totalmente de acuerdo. Varios de quienes están de acuerdo o en desacuerdo creen que es fundamental resolver distintas asimetrías que favorecen a los hombres por sobre las mujeres y entienden que los movimientos feministas han logrado fuertes avances, pero también son varios los dirigentes que señalan una radicalización que nombran como un ataque contra los varones. De nuevo, la separación oficialismo-oposición genera problemas para hacer cognoscible todo el universo político uruguayo. Estas posiciones contrapuestas sobre el rol del sindicalismo generan preguntas sobre la posibilidad de que ese espacio fundamental para la representación sectorial de los trabajadores sea visto como legítimo, o no, por los distintos actores del sistema político, y sobre las limitaciones que eso puede conllevar a la hora de las disputas públicas que se presentan en toda sociedad democrática donde los intereses entran en tensión. En este punto, es más que probable que los conflictos que involucren cuestiones ligadas al mundo del trabajo sean tramitados y leídos desde una perspectiva polarizada. 4.6 Sindicalismo La pregunta siguiente fue qué valoración tienen los dirigentes sobre el rol del sindicalismo en la política uruguaya. Esta cuestión demostró ser una fuente de división muy importante. La experiencia concreta del PIT-CNT fue clave en las respuestas y muestra una clara diferencia. Mientras el Frente Amplio valora al sindicalismo de manera muy positiva, como un actor fundamental de la vida pública, en el oficialismo la enorme mayoría lo califica de manera negativa. Si bien la mayoría coincide en que el sindicalismo juega un rol fundamental para representar a los trabajadores, y varios de ellos también señalan la ausencia de corrupción en los sindicalistas más reconocidos a diferencia de lo que ocurre en otros países, tienen una visión general negativa. Colorados, cabildantes y la mayor parte de los blancos comparten esa postura. El resto de los miembros del Partido Nacional tienen una consideración peor y califican al sindicalismo uruguayo como muy negativo. La principal crítica de los dirigentes del oficialismo aparece en una frase que fue repetida por tres de los entrevistados y que se puede resumir de esta manera:«Antes se decía que el PIT-CNT era el brazo sindical del Frente Amplio, hoy se puede decir lo contrario: el Frente Amplio se volvió el brazo político del PIT-CNT ». Es decir, critican el alineamiento entre la central sindical única y el partido de oposición. No obstante, eso muchas veces se combina con una queja por la participación política del sindicalismo, al que se acusa de representar cada vez menos los «verdaderos reclamos» de los trabajadores. En el Frente Amplio se considera que el PIT-CNT es un actor fundamental de la política uruguaya, clave en los derechos de los trabajadores, y se resaltan conquistas que ha conseguido. A la vez, muchos de ellos señalan que la unidad sindical le ha brindado una fortaleza fundamental. El Frente Amplio tiene conexión orgánica con organizaciones sociales, entre las que se cuenta el PIT-CNT (Pérez et al., 2022). Es decir, hay una base programática que marca la posición ante los sindicatos. Es decir, si los actores sindicales y empresariales suelen entrar en conflicto, el rol del Estado, en general, y el del gobierno, en particular, juegan un papel decisivo. Aquí parece existir una clara disidencia entre oficialismo y oposición en función de cómo abordar esas cuestiones y cómo resolverlas cuando estos conflictos aparecen. 4.7 Salida de la dictadura A los dirigentes se les preguntó su opinión sobre la manera en que Uruguay gestionó la salida de la dictadura y la cuestión de los derechos humanos. De nuevo, las alianzas y las cercanías entre partidos cambian con este tema. Colorados y cabildantes están totalmente de acuerdo: les parece que fue una salida ejemplar y un modelo si se la compara con las que tuvieron lugar en otros países de la región. Por su parte, blancos y frenteamplistas muestran respuestas no del todo coincidentes. En el Frente Amplio se intercalan respuestas que van entre el acuerdo con reparos y un desacuerdo no contundente que se focaliza antes en la cuestión de los derechos humanos que en la forma en que se dio la salida. Solo dos actores del Frente Amplio rechazan de plano la manera en que se hizo y la califican como mala. Entre los blancos están todas las posiciones expresadas: hay quienes están totalmente de acuerdo(«un proceso ejemplar»), quienes están de acuerdo(«perduró la democracia, que es lo más importante»), quienes están en desacuerdo(suelen recordar la proscripción de Wilson Ferreira) y quienes están totalmente en desacuerdo(señalan la falta de condena a la violación de derechos humanos por el Estado). Por lo tanto, si en Cabildo Abierto y en el Partido Colorado hay acuerdo programático, no podemos decir lo mismo en los dos partidos mayoritarios de la política contemporánea uruguaya, el Frente Amplio y el Partido Nacional. Al mismo tiempo, actores frenteamplistas(sobre todo), colorados y blancos destacan el avance en los últimos años en las causas ligadas a los crímenes cometidos durante la dictadura como algo relevante y saludable que fortalece la democracia. Por el contrario, un dirigente de Cabildo Abierto señaló el avance de esas causas como una cuestión ilegal que ataca el espíritu con el que se salió de la dictadura. 4.8 Diálogo con los adversarios políticos, autoritarismo y amenazas a la democracia Sobre democracia específicamente se hicieron tres preguntas: si es fácil dialogar con los adversarios políticos(a los que se nombró, según el caso, como«oficialismo» u «oposición»), si existen sectores autoritarios en Uruguay y, por último, si identificaban amenazas recientes a la democracia. 12 4. LOS TEMAS CENTRALES DE LA POLÍTICA URUGUAYA, DIVISIONES Y ACUERDOS Para la gran mayoría de los dirigentes es fácil(o muy fácil) dialogar con el adversario político. Este dato es clave, ya que implica que reconocen en el otro a un actor legítimo con el que interactuar, negociar, discutir. Más allá de que es un diálogo en la diferencia ideológica. Dirigentes de los distintos partidos señalaron:«Acá nos conocemos todos». Una forma de indicar que la cercanía es algo que se da fácilmente y que, por lo tanto, la conversación amable es parte de esa proximidad. Algo que dos entrevistados reforzaron con otra frase, atribuida a un periodista estrella argentino, que dice que«en Uruguay son todos primos». Una prueba de que hay que resguardar y cuidar los vínculos y la convivencia, aun en la disidencia, porque, más allá de las disputas, nadie prevé un horizonte donde el otro no esté presente. A la vez, que las interacciones y el diálogo con los adversarios políticos sean habituales y bien considerados es un factor definitorio para reducir la polarización(Pettygrew y Tropp, 2008). En esa línea, la mitad de los entrevistados están totalmente de acuerdo en que es fácil hablar con los adversarios políticos. A eso se agrega que otro cuarto de ellos están de acuerdo con la afirmación. En general la aclaración es que dialogar no implica llegar a consensos y que muchas veces los resultados quedan muy lejos de puntos en común. En su mayoría, señalan al diálogo como una tradición uruguaya que incluye también posiciones políticas diferentes y conflicto. Por lo tanto, hay una asunción clara de la distancia programática y de que los partidos representan intereses diversos sin que eso se transforme en una relación que permita la violencia política o la polarización tóxica. El cuarto de dirigentes restante se divide en partes iguales entre actores que están en desacuerdo o en total desacuerdo en que es fácil dialogar. Ahí hay actores colorados, blancos y frenteamplistas, aunque la mayoría son frenteamplistas que, en líneas generales, señalan que no ha habido respeto del oficialismo actual por la fuerza política más importante de la oposición. La mayoría de los dirigentes no identifican amenazas recientes a la democracia. Entre los que sí, un dirigente blanco y uno colorado señalan a la inteligencia artificial. Los dirigentes del FA que reconocen amenazas apuntan, principalmente, al narcotráfico y, luego, a la erosión de la institucionalidad durante el gobierno actual, nombrando como ejemplo los casos Marset y Penadés. En términos de posicionamiento y actitudes son pocos los actores que están fuertemente polarizados al punto de negar legitimidad al adversario político. El otro aparece como un actor con otra ideología, cuyo derecho a la expresión y a la existencia pública no es puesto en cuestión. Esta reflexión no viene de preocupaciones nativas ni explicitadas de la política uruguaya, donde el respeto por el otro está naturalizado en la gran mayoría de los actores. Por el contrario, esta reflexión surge de la comparación con otros países donde muchos dirigentes consideran a sus adversarios políticos como enemigos que son ilegítimos y, muchas veces, presentados como criminales. Existen, no obstante, excepciones entre los entrevistados. Si bien su peso es muy reducido en el campo que estudiamos, ese lugar reducido probablemente no se condiga del todo con el peso sobre la escena pública que tienen estos actores, ya que en redes y medios el escándalo sobresale y muchas veces termina siendo más visible o viralizable. A la vez, si más de la mitad de los entrevistados reconocen que hay actores autoritarios en la política y, por lo tanto, consideran a parte de sus adversarios como tales, también hay una dificultad. Sin embargo, la gran mayoría no piensa que sean actores dominantes y no creen que impliquen un riesgo para la democracia, en tanto confían en la perdurabilidad de ese régimen y en que está internalizado por la gran mayoría de los actores. Por último, distintos actores señalan una preocupación respecto al diálogo que tiene que ver con cierta disociación, para muchos difícil de sostener, entre ataques públicos fuertes de ciertos dirigentes, sobre todo a través de Twitter, y luego un trato que se pretende más amable en el Parlamento. Como si ese desdoblamiento no tuviera consecuencias, como si el mundo online y el mundo offline no se conectaran. Respecto a si hay o no sectores autoritarios en Uruguay, diez de los dirigentes respondieron que no y diecinueve que sí. De estos últimos, ocho de la Coalición Multicolor señalan al Partido Comunista, tres del Partido Nacional afirman que Cabildo Abierto es autoritario, aseveración a la que se suman nueve frenteamplistas, y nueve frenteamplistas también dicen que dentro del Partido Nacional hay sectores autoritarios(en su mayoría, apuntan al herrerismo). 13 Figura 3 Temas que polarizan entre Coalición Multicolor y Frente Amplio • Sindicalismo • Ayudas sociales • Corrupción FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG-«ACÁ NOS CONOCEMOS TODOS» Temas que no polarizan • Impuestos • Intervención del Estado • Empresas públicas • Medios • Periodismo • Seguridad Temas con otros clivajes • Aborto • Feminismo • Salida de la dictadura 14 5. CONCLUSIÓN 5 CONCLUSIÓN Si Uruguay está al borde de un escenario de polarización extrema, eso no sale de posicionamientos y actitudes de los dirigentes políticos. Con contadas excepciones, los actores entrevistados parecen tener claro qué intereses representa cada partido, tanto los propios como los rivales, así como de qué manera gestionar las diferencias sin llegar a deslegitimar a los adversarios. Es decir, amortiguando los posibles choques. Los partidos actúan en Uruguay, y de manera muy nítida, como agentes de representación ideológica que agregan intereses (Luna et al., 2020). Es un sistema partidario con anclaje claro. Se caracterizan por una consistencia marcada entre cómo se autoperciben y cómo los percibe el resto. Esto, a la vez, muestra una correlación con lo que mostramos respecto a las redes sociales: los partidos tienen una centralidad fundamental para jerarquizar a las élites políticas en el espacio público. Las posiciones de los partidos y la cercanía o distancia que tienen entre sí varían mucho según el tema. Entre las cuestiones que polarizan se destacan tres: la corrupción, el sindicalismo y las ayudas sociales. La corrupción es más de carácter moral, pero las otras dos son dimensiones claramente programáticas: la oposición apoya al sindicalismo y quiere más ayuda social y el oficialismo tiene una visión negativa del sindicalismo y cree que la ayuda social es la justa y necesaria. Las posiciones son coincidentes y coherentes con el clivaje izquierda-derecha. que no monolíticas), hay también diferencias dentro de la coalición oficialista, así como divergencias dentro de los partidos Nacional y Colorado. Cabildo Abierto sí, en este punto, se muestra totalmente en contra. Por lo tanto, hay diferencias programáticas entre los partidos, así como identidades colectivas distintivas. En función de su discurso y su ubicación en el espectro ideológico, son orientativos para los electores, pero también para las propias élites políticas. A la vez, en varios temas hay acuerdo en los partidos mayoritarios del sistema político. Por tanto, algunos temas están en discusión y otros no. Entre lo naturalizado también están los consensos. Y eso es clave también cuando se acerca una elección: en el esquema actual de la política uruguaya, no todo se somete a votación cada cinco años. Los dirigentes aceptan la competencia política y el juego de diferencias que implica. A la vez, hay un cimiento compartido de normas y reglas en un trasfondo que aparece en dirigentes de los distintos espacios: cuando algo está legislado, aun cuando contravenga concepciones o principios de los actores, ya tiene legitimidad suficiente. Es tomado como algo asumido que redunda en políticas de Estado, una forma de institucionalizar la cooperación entre fuerzas políticas. En ese sentido, la política está lejos de ser pensada como un juego de suma cero entre dos adversarios políticos totalmente confrontados, como suele ser el caso en los países con polarización tóxica. En muchos otros de los temas hay divergencias y posturas encontradas, pero no parecen ser clivajes claros de polarización. De hecho, es muy claro el consenso en muchos puntos centrales. También hay, entonces, acuerdos y puntos de encuentro muy marcados entre las distintas fuerzas. Entre ellos, el grado de participación del Estado en la economía, el peso de los impuestos o la coincidencia en que las empresas de servicios públicos deben seguir siendo estatales. En esas cuestiones parecen primar matices antes que posturas sensiblemente contrapuestas. La raíz del modelo económico uruguayo no está en el centro de las divisiones. En temas de seguridad tampoco hay grandes desacuerdos y sí hay un acuerdo central respecto al narcotráfico como el principal asunto a resolver, tema que a la vez es señalado como una amenaza para la convivencia social. Luego, ni el aborto legal ni el feminismo polarizan claramente entre oficialismo y oposición, al contrario de lo que sucede en otros países donde la emergencia de derechas duras ha tenido en la oposición a la legalización del aborto y a los movimientos feministas un punto central de articulación. Más bien ahí, mientras en el Frente Amplio priman posturas de apoyo(aunA eso se suma también el acuerdo bastante expandido de que hablar con los adversarios políticos es fácil. Si bien hay figuras que no reconocen a sus adversarios como actores legítimos para participar democráticamente, la enorme mayoría de los actores consideran a sus adversarios como legítimos. Y admiten un contacto frecuente y habitual. Algo que va contra la tendencia a la homofilia de la lógica de las redes sociales y medios digitales así como de los países donde la polarización es más extrema. Esto es importante porque, en esos casos, esa separación taxativa termina aumentando el distanciamiento y la dificultad de encontrar puntos de encuentro. En lo que dicen los propios dirigentes no parece haber indicios claros de que eso vaya a cambiar rápidamente. No se puede descartar que la polarización política se vuelva tóxica y crezca en Uruguay, pero sí asegurar que en la propia dirigencia institucional tal y como estaba a fines de 2023 tiene una presencia mínima. 15 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG-«ACÁ NOS CONOCEMOS TODOS» Es decir, si bien circula entre distintos actores del debate público uruguayo la noción de que el país está más polarizado que antes, entre los dirigentes no hay una polarización que implique un extrañamiento marcado ante los rivales. Y esto es importante porque distintos estudios sostienen que las élites, a las que nos dedicamos en este trabajo, tienen en esta época más incentivos para polarizar y para priorizar la competencia descarnada por sobre la cooperación con sus adversarios(Iyengar y Westwood, 2015). Si bien no tenemos elementos para saber si la sociedad está polarizada«por abajo», sí podemos ver que «por arriba», y en la gran mayoría de los dirigentes, no hay una polarización que devenga en un rechazo absoluto y en una deslegitimación permanente del otro. Cierta luz de alerta, sin embargo, aparece ante actores que desconocen las credenciales democráticas de sus adversarios y que naturalizan discursos violentos que corren el horizonte de lo decible al normalizar el agravio y la estigmatización contra adversarios que son presentados como enemigos. Hoy forman parte del paisaje político, pero están lejos de ser dominantes. Las elecciones de 2024 serán un buen parámetro para saber si su presencia disminuye, se mantiene o crece. La polarización ideológica en Uruguay está consolidada en el tiempo, con consistencia en algunos posicionamientos y puntos de división que, en varios casos, siguen los clivajes izquierda-derecha. Pero no hay indicios claros de que la polarización afectiva sea dominante ni de que exista una aversión expandida y marcada por los adversarios políticos. Cierta polarización es necesaria en democracia en tanto siempre se trata de cómo se gestionan y elaboran las diferencias. Si bien distintos actores prevén que en un año electoral las disputas políticas se crisparán y entienden que ello es parte normal y lógica de la dinámica política, las respuestas muestran a dirigentes jugando el mismo juego. En tanto la democracia precisa, como decía Juan Linz(1978), ser the only game in town, cuanto mayor respeto muestren los actores entre sí, más sólida será la democracia. También porque distintos trabajos han mostrado que el rol definitorio para sostener o erosionar la democracia está en los actores, antes que, por ejemplo, en el desarrollo social o económico. Acá los actores proclaman una creencia en la democracia y asumen como propias sus reglas y la forma de convivir, sobre todo, con fuerzas políticas de otro signo. Además, el sistema de partidos uruguayo ha demostrado ser un claro agregador de intereses(Luna et al., 2021) y no hay hasta hoy muestras de debilidad. Más bien lo que mostramos es coincidente con lo que expresan quienes señalan que desde que gobernó el Frente Amplio por primera vez ha habido un realineamiento del sistema en torno de dos bloques ideológicos confrontados(Buquet y Piñeiro, 2014). A lo cual cabe agregar que hay muchos temas, como varios relacionados con la economía, que están lejos de polarizar. 16 5. CONCLUSIÓN Traer estas reflexiones sobre la polarización y la erosión de la democracia no parece del todo pertinente en el caso uruguayo, ya que para los actores entrevistados la democracia no está en riesgo ni, en la gran mayoría de los casos, aparece un rechazo permanente y total a sus adversarios políticos. No obstante, si se reflexiona en perspectiva comparada, no es lo que sucede en estos tiempos en otros países de la región, donde la violencia política y las amenazas a la democracia crecen como no había sucedido desde los años ochenta. Al mismo tiempo, no hay en Uruguay, ni en el campo de la centroizquierda ni en el de la centroderecha, partidos que hayan fracasado en su ejercicio de gobierno. El Frente Amplio y la Coalición Multicolor, encabezada por el Partido Nacional, aparecen como las dos alternativas políticas más claras y competitivas. No solo por el caudal de votos, sino porque sus electorados están relativamente fidelizados y sostienen una identificación con esos partidos. Así, la permeabilidad para terceras opciones radicalizadas, como se dio en otros países, parece difícil en el corto plazo. Esto es más claro en el caso de las opciones que se presentan del centro a la derecha, dado que en varios países el proceso que avanza es el de crecimiento de derechas extremas de perfil menos democrático, o autoritario, que terminan ocupando el espacio que antes tenían la derecha mainstream o las centroderechas. La única salvedad a esas dinámicas claras de la política uruguaya podría tener más que ver con el clima político sudamericano—con la centralidad política que tienen opciones autoritarias en Argentina y Brasil—, algo que se ha probado como un factor desestabilizador de la democracia en otros momentos(Pérez Liñán y Mainwaring, 2015). Por tanto, en Uruguay existen diferenciación política y clivajes ideológicos, pero se está lejos de una guerra cultural. No hay polarización tóxica donde se acuse al adversario de enemigo, ni está permitido(para la enorme mayoría de la dirigencia) el insulto recurrente o la legitimación de la violencia sobre el otro político. Ese terreno en el que Uruguay está desde el regreso de la democracia se sostiene. Los dos partidos que más claramente organizan el juego político y los alineamientos son el Partido Nacional y el Frente Amplio. La polarización actual en Uruguay no genera anclajes políticos tan novedosos y hay, incluso, ciertos acuerdos en algunos puntos entre esos partidos. Si parte de la novedad política de las extremas derechas en otros países tiene un punto central en los valores culturales, vemos que en Uruguay esa distinción parece ser más clara en un clivaje posible con las posiciones de Cabildo Abierto. Si bien este partido es parte del oficialismo y se ha integrado rápidamente al sistema político a pesar de haber sido una novedad en 2019, está lejos de conducir al oficialismo, así como de dominar sus premisas culturales y discursivas. En esos puntos son varias las diferencias con colorados y blancos. En Uruguay, por lo tanto, hay lugar para la polarización ideológica, pero la polarización afectiva tiene poco espacio. En las entrevistas han sido excepcionales las descalificaciones morales o la deslegitimación personal a los adversarios políticos. Si aceptamos la premisa de parte de los trabajos sobre polarización que señalan que las élites juegan un rol fundamental, ya que están entre sus principales productores, tenemos un caso en que la polarización parece tener menos condiciones de posibilidad. Por supuesto, con la aclaración de que aquí tenemos una muestra que no llega a ser representativa. Esperamos que los resultados de este estudio no sean solo insumos para trabajos académicos, sino que el estado de situación aquí planteado sirva también de insumo a estructuras partidarias, medios de comunicación, organizaciones sociales e institucionales a los efectos de participar del debate público, orientar posibles prácticas y resguardar la democracia. Al mismo tiempo, a eso colaboran diferentes consensos claros entre los distintos partidos, que no consideran que todas las dimensiones de lo social y lo político se reduzcan a la distinción y exclusión entre un nosotros y un ellos que brinde posiciones coincidentes en cada campo en cuestiones económicas, comunicacionales, políticas, valores culturales y corrupción. Por el contrario, las posiciones y alineamientos entre los partidos cambian según el tema, y eso puede incluir distintos posicionamientos dentro de los propios partidos. Esa mediación permanente en mesas a las que se sientan varios actores con posturas disímiles obliga a negociaciones, o amortiguaciones como decía Real de Azúa, y también lleva al sistema político hacia cierta moderación. 17 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Abramowitz, A.(2015). The new American electorate: Partisan, sorted, and polarized. En Thurber& Yoshinaka, American gridlock: The sources, character, and impact of political polarization. Nueva York: Cambridge University Press, 19-44. Buquet, D., y Piñeiro, R.(2014). La consolidación de un nuevo sistema de partidos en Uruguay. Revista Debates, 8(1), 127-148. https://doi.org/10.22456/1982-5269.44774 Iyengar, S., y Westwood, S. J.(2015). Fear and loathing across party lines: New evidence on group polarization. American Journal of Political Science, 59(3), 690-707. Linz, J.(1978). La quiebra de las democracias. Madrid: Alianza. Luna, J. P., Rodríguez, R. P., Rosenblatt, F., y Vommaro, G.(2021). 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Ahora me gustaría recorrer diferentes aspectos de la realidad para conocer su opinión En el plano de la economía ¿Cree que es adecuado el grado en que el Estado uruguayo interviene en la actividad económica? ¿Cree que es mejor que las empresas de servicios públicos estén gestionadas por privados o por el Estado? ¿Qué opinión le merecen los impuestos que cobra el Estado uruguayo? ¿Son excesivos, suficientes, insuficientes? ¿Qué opinión le merecen las ayudas sociales que brinda el Estado uruguayo? ¿Son excesivas, suficientes, insuficientes? En el plano de la seguridad En cuestiones de seguridad, ¿cuáles cree que son los principales problemas que vive el país y qué tipo de soluciones se deberían implementar?(indagar por: 1. Más poder a la policía. 2 penas más duras vs. que se aplique la ley). Respecto a la corrupción ¿Diría que en Uruguay ha aumentado la corrupción política en las últimas décadas? ¿Cree que la corrupción afecta a todos los partidos por igual? ¿Por qué? En el plano de la seguridad En cuestiones de seguridad, ¿cuáles cree que son los principales problemas que vive el país y qué tipo de soluciones se deberían implementar?(indagar por: 1. Más poder a la policía. 2 penas más duras vs. que se aplique la ley). Respecto a su consumo de medios y redes ¿Cómo se informa? ¿Cuáles son los tres medios que más consume(en orden)? ¿Cómo considera el trabajo de los medios uruguayos? ¿Cómo considera el trabajo de los periodistas? ¿Qué periodistas lee/escucha más? ¿En quiénes confía más? ¿En qué redes sociales tiene cuenta? ¿Con qué frecuencia la consulta? ¿Para qué la/s utiliza(diálogo con otros partidos, formas de participar, polémica, discusión, posturas)? En temas de valores culturales ¿Está de acuerdo con la ley IVE ? ¿Está de acuerdo con el movimiento feminista? En la arena política ¿Qué piensa del rol de los sindicatos en la política uruguaya? ¿Qué opinión le merece el modo en que Uruguay resolvió la salida de la dictadura y la cuestión de los derechos humanos? Respecto a la democracia ¿Es fácil dialogar con el oficialismo/la oposición? ¿Cree que hay sectores políticos autoritarios en Uruguay? ¿Cuáles son? ¿Identifica alguna amenaza reciente a la democracia uruguaya que lo preocupe especialmente? Le voy a pedir ahora que se autoposicione En una escala de 1 a 10, siendo 1 izquierda y 10 derecha, ¿dónde se ubicaría? Siendo 1 izquierda y 10 derecha, ¿dónde colocaría al Frente Amplio? Siendo 1 izquierda y 10 derecha, ¿dónde colocaría al Partido Nacional? Siendo 1 izquierda y 10 derecha, ¿dónde colocaría a Cabildo Abierto? Siendo 1 izquierda y 10 derecha, ¿dónde colocaría al Partido Colorado? 20 ACERCA DEL AUTOR Iván Schuliaquer. Doctor por la Universidad Sorbonne Nouvelle y por la Universidad de Buenos Aires. Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas ( CONICET ), Argentina, y profesor de la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Nacional de San Martín. Sus trabajos se focalizan en las cuestiones de política y comunicación. EQUIPO DE INVESTIGACIÓN Federico Beltramelli. Doctor en Comunicación por la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad de La Plata. Docente e investigador del Departamento de Medios y Lenguajes del Instituto de Comunicación de la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República. Sistema Nacional de Investigadores-Agencia Nacional de Investigación e Innovación( SNI-ANII ). Jimena Torres Álvarez. Licenciada en Ciencia Política por la Universidad de la República y maestranda en Información y Comunicación de la misma universidad. Actualmente es becaria de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación( ANII ) y estudia temas de medios y política. Cuenta con experiencia profesional en políticas públicas. Sobre todo, en políticas sociales y de juventudes, con especialización en el área de género. Federico Barreto. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de la República( Udelar ). Coordinador general de la Unidad de Comunicación de la Udelar. Fue director del Instituto Nacional de la Juventud( INJU ) del Ministerio de Desarrollo Social y trabajó en la creación del Sistema Nacional de Cuidados. Fue coordinador de la Comisión NOALABAJA y militante estudiantil en la ASCEEP-FEUU . Gabriel Vommaro. Es doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales, investigador del CONICET y profesor en la escuela Idaes de la Universidad Nacional de San Martín, donde dirige la Maestría en Sociología Política. Entre sus temas de investigación se cuentan: organizaciones partidarias y activismo político; relación entre Estado y organizaciones sociales; medios de comunicación y política. La Fundación Friedrich Ebert( FES ), creada en 1925, es la fundación política más antigua de Alemania. Es una institución privada y de utilidad pública, comprometida con el ideario de la democracia social. La fundación debe su nombre a Friedrich Ebert, primer presidente alemán democráticamente elegido, y da continuidad a su legado de hacer efectivas la libertad, la solidaridad y la justicia social. Cumple esa tarea en Alemania y en el exterior en sus programas de formación política y de cooperación internacional, así como en el apoyo a becarios y el fomento de la investigación. CONTACTO Friedrich-Ebert-Stiftung Representación en Uruguay Gral. Arturo Baliñas 1145, Piso 8 Montevideo, Uruguay Responsables Dörte Wollrad| Directora FES Sindical Patricia González Viñoly| Directora de Proyectos El uso comercial de todos los materiales editados y publicados por la Friedrich-Ebert-Stiftung( FES ) está prohibido sin previa autorización escrita de esta. Las opiniones expresadas en esta publicación no representan necesariamente las de la Friedrich-Ebert-Stiftung o las de la organización para la que trabajan los/as autores/as o las de las entidades que auspiciaron la investigación. Coordinación de publicaciones| Jandira Dávila Arte y diagramación| Cooperativa de trabajo SUBTE Corrección y edición| María Lila Ltaif Más información: uruguay.fes.de Contacto: fesur@fes.de ISBN 978-9915-9662-1-2 «ACÁ NOS CONOCEMOS TODOS» Dirigencia política, debate público y polarización política en Uruguay En un contexto global donde la polarización política aumenta, Uruguay se destaca por su relativa baja polarización. Este estudio investiga cómo la dirigencia política uruguaya gestiona sus diferencias sin deslegitimar a sus adversarios. A través de 30 entrevistas en profundidad con figuras políticas tanto del oficialismo como de la oposición, se analiza el estado de la democracia uruguaya y cómo se maneja la pluralidad de opiniones. La investigación revela que, aunque existen diferencias programáticas, estas no suelen derivar en una polarización tóxica ni en la deslegitimación de la competencia política. El sistema partidario uruguayo, caracterizado por su claro anclaje ideológico, permite que los partidos actúen como representantes de intereses agregados. Entre los temas que más polarizan se encuentran la corrupción, el sindicalismo y las ayudas sociales, mientras que en otros temas, como la seguridad y la participación del Estado en la economía, hay un notable consenso. Además, el estudio destaca que las redes sociales reflejan esta centralidad de los partidos en la jerarquización de las élites políticas y que estas redes pueden contribuir tanto a la polarización como a la creación de consensos. A pesar de las tendencias globales hacia la polarización extrema, en Uruguay las y los actores políticos mantienen un nivel de respeto mutuo y legitimidad hacia sus adversarios. Las entrevistas muestran que en la política uruguaya, aunque la polarización ideológica es clara, la polarización afectiva es mínima. La dirigencia política en Uruguay ve la democracia como un juego compartido, en el que la cooperación y el respeto a las reglas establecidas son fundamentales para mantener la estabilidad democrática. Este estudio no solo aporta a la literatura académica, sino que también ofrece insumos valiosos para el análisis político. Para más información: uruguay.fes.de| fesur@fes.de @FES_Uruguay@fes_uruguay Fundación Friedrich Ebert- Uruguay FES Uruguay