FES BRIEFING COLOMBIA, CÓMO LA CRISIS EN GAZA PROFUNDIZA LA POLARIZACIÓN INTERNA 1 Mauricio Jaramillo Jassir 2 Septiembre de 2024 En Colombia la política exterior depende en extremo del gobierno de turno como una consecuencia natural del régimen presidencialista. Es usual que cada cuatro años haya cambios drásticos respecto de la posición frente a los vecinos, la manera como se aborda la paz de cara al mundo, el enfoque en la lucha contra las drogas o en la importancia a los espacios multilaterales, entre otros. Si bien la Constitución tiene unas orientaciones generales que buscan que se prioricen los lazos con América Latina y el Caribe(artículo 277), no todos los presidentes las han respetado. El ejemplo más reciente y concreto fue el de Iván Duque(2018-2022) que se alejó de los espacios de diálogo y concertación regional como la Unión de Naciones Suramericanas(Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños(Celac). También es válido recordar que la política exterior no es un tema de relevancia en términos electorales, ni es prioritario para la opinión pública como el empleo, la seguridad o la salud. No se trata de un asunto sobre el que se debata públicamente con frecuencia o sobre el que la sociedad exija rendición de cuentas. Se suele ver como un campo de expertos y poco se sabe sobre las posturas que adopta el país en el escenario internacional. Si bien esto ha cambiado ligeramente en años recientes con más información por conducto de las redes sociales, Colombia aún está lejos de democratizar los temas internacionales. De otro lado, la política exterior colombiana hacia Israel y Palestina está marcada por una serie de hitos que comienzan con la abstención a la Resolución 181 de 1947 de la Asamblea General de Naciones Unidas que creó el Estado de Israel. En ese momento, el gobierno colombiano consideraba que, sin el aval de los países árabes, la estabilidad de la zona sería afectada. No se trataba de oponerse a la creación del Estado israelí, pues su reconocimiento fue inmediato, sino de llamar la atención sobre la necesidad de hacerlo con un consenso mayor con los vecinos. Desde ese entonces, Colombia se esmeró por tener relaciones equilibradas tanto con los países árabes como con Israel. En 1995 en su calidad de presidente del Movimiento de Países No Alineados( MNOAL ), el jefe de gobierno Ernesto Samper Pizano(1994-1998) visitó por primera vez de manera oficial los Territorio Ocupados. En efecto, se apoyó expresamente la negociación de los Acuerdos de Oslo y la naciente Autoridad Nacional Palestina. 1 Las opiniones consignadas en este documento no representan necesariamente las de la Friedrich-Ebert-Stiftung(Fescol). 2 Mauricio Jaramillo Jassir, PhD. Profesor asociado de carrera, Universidad del Rosario, Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos. Grupo de Estudios Políticos e Internacionales. De forma más reciente, ocurrieron dos hitos fundamentales que, en apariencia son contradictorios, pero en la práctica han sido compatibles. De un lado, el acercamiento por razones militares y estratégicas a Israel y, de 1 FES BRIEFING otro, el reconocimiento sorpresivo del Estado palestino. El acercamiento estratégico a Israel se materializó en la adquisición por parte de Colombia de fusiles de asalto Galil(en reemplazo de los alemanes G3) y aviones de combate Kfir para la Fuerza Aérea Colombiana. Esto llevó a la profundización de lazos con Tel Aviv que se convirtió en socio privilegiado militar para Bogotá en las mayores ofensivas militares contra las guerrillas en los 90 y comienzos de los 2000. Como resultado de la profundización de lazos y tratando de sobrepasar el plano militar, en 2013 se firmó el Tratado de Libre Comercio. El reconocimiento de Palestina ocurrió de forma aparatosa y sorpresiva. En los gobiernos de Juan Manuel Santos (2010-2014 y 2014-2018) Colombia votó en contra del establecimiento del Estado palestino en el seno de Naciones Unidas. En 2011 siendo miembro no permanente del Consejo de Seguridad se abstuvo y un año más tarde, en la Asamblea General volvió a abstenerse cuando se solicitó el reconocimiento como Estado observador. El argumento de Santos era que cualquier reconocimiento a Palestina debía provenir de una negociación con Israel, y no de forma unilateral. Sorpresivamente, cuatro días antes de dejar la presidencia, el 3 de agosto de 2018, firmó el reconocimiento de Palestina como Estado ¿Por qué cambio la postura del gobierno colombiano? La entonces ministra de relaciones exteriores María Angela Holguín lo planteó de manera categórica: Hasta ahora creíamos que el reconocimiento surgiría de una negociación, pero en los últimos años no ha habido avances.[…] el pasado 20 de julio, la población árabe-israelí podría comenzar a ser objeto de discriminación en el marco de la nueva ley sobre Israel como nación del pueblo judío. Estos últimos desarrollos y la crisis humanitaria en la Franja de Gaza nos hicieron creer en la pertinencia de reconocer el Estado palestino. Desde la llegada de Gustavo Petro a la presidencia colombiana(2022-) las relaciones con Palestina se han profundizado. Por primera vez en la historia Colombia ha asumido una postura de apoyo al tiempo que condena enérgicamente las acciones de Israel en Gaza, lo que coincide con una sociedad colombiana notoriamente polarizada. La multiplicidad de lecturas en el mundo sobre la crisis humanitaria en esa Franja se refleja hoy en la ciudadanía colombiana que por lo general se mueve dentro de cuatro sesgos, aquellos de las comunidades de descendientes de libaneses, sirios y palestinos; progresistas; la comunidad judía; y conservadores. Los descendientes de palestinos y simpatizantes del progresismo son muy activos en la condena a las acciones de Israel, en la movilización constante en manifestaciones y en las redes advirtiendo sobre lo que entienden como un genocidio y rechazando la idea de que exista una confrontación, por eso evitan el uso de la palabra “guerra”. Dentro de este segmento suele denunciarse el“sionismo”, noción polisémica que se invoca para aclarar que se pueden hacer críticas contra el Estado de Israel que no necesariamente van dirigidas a la comunidad judía. Sin embargo, no pocas veces el anti-sionismo sirve para promover ideas abierta o veladamente antisemitas. En redes es usual ver cómo cualquier opinión emitida por judíos es rápidamente contestada con un recordatorio de su condición religiosa, importa poco el tema de debate, el intercambio siempre se termina con algún descalificativo antisemita. Lo mismo ocurre con la radicalización conservadora. En la defensa a ultranza de la ofensiva israelí posterior a los ataques terroristas del 7 de octubre, se suelen invocar estereotipos sobre los árabes y musulmanes, claras señales de islamofobia y arabofobia. Dentro de estas posturas se habla de Israel como un pueblo superior, civilizado, predispuesto para el desarrollo, mientras a los árabes palestinos se les ve como salvajes y violentos. Un reconocido periodista digital, Diego Santos, tiene por costumbre asegurar que“a los árabes se les educa para odiar a los judíos o israelíes”, afirmación que desconoce las complejidades del mundo árabe, pero dentro de una lógica simplista que se difunde rápidamente. Francisco Thoumi, reconocido profesor universitario por sus estudios sobre los enfoques alternativos en la lucha contra las drogas publicó un texto en uno de los portales más respetados por la academia, Razón Pública, en el que aseguraba que: Los judíos tenían y siguen teniendo una enorme capacidad de organización y de lograr el apoyo de los poderes del mundo –lo que no se puede decir de los palestinos–. Los primeros son globalizados y cosmopolitas, mientras que los segundos pueden tener otras 2 FES BRIEFING cualidades pero no las necesarias para manejar la situación de forma exitosa[…] Cada grupo social está definido por su historia. Con la crisis en Gaza este tipo de prejuicios sobre la población árabe(y en menor medida musulmana) se han multiplicado. En medio de esta polarización que se agudiza con determinados picos de violencia(ataque al Hospital Shifa, bombardeo del campo de Jabaliya, masacre en ciudad de Gaza a finales de febrero, etc.) el rol de los medios de comunicación no ha sido cabalmente profesional, bien sea por ignorancia sobre el contexto o porque la línea editorial se ha vuelto ideológica y terminan por “informar” de acuerdo con sus sesgos. En su edición del 21 de noviembre de 2023, el diario El Tiempo(el de mayor circulación nacional) en un polémico titular afirmó que“5.600 niños[palestinos] habrían muerto en Gaza” lo que produjo una aireada reacción de lectores que recodaban que habían sido asesinados. En la emisión del 2 de noviembre, Noticias Caracol uno de los telediarios más vistos a nivel nacional, publicó un reportaje con una infografía donde se hablaba de “1.400 israelíes asesinados y 8.800 muertos”, la última cifra en referencia a las víctimas palestinas. La reacción en redes fue inmediata para denunciar la forma como algunos medios se refieren específicamente a la muerte de israelíes, mientras a los palestinos se les registra desde la generalidad. A mediados de octubre, la revista Semana entrevistó al embajador israelí Gali Dagan. Se trata de un medio de amplia cobertura nacional y que se ha distinguido históricamente por las investigaciones rigurosas, pero en el último tiempo ha adoptado una línea ultraconservadora con menos esmero por la rigurosidad. La entrevista fue condescendiente con el funcionario israelí sin ningún cuestionamiento a los señalamientos por violaciones a los derechos humanos, muestra del interés de determinados medios cercanos a la derecha por justificar las acciones de Tsahal. RCN un medio también de amplia cobertura y reconocidamente conservador, entrevistó al embajador palestino con preguntas insistentes sobre el vínculo entre la Autoridad Nacional Palestina y Hamás, a pesar de que dicho funcionario ha aclarado hasta la saciedad que Hamás no representa a su comunidad. Los medios no tienen ni tiempo ni disposición para intentar alguna pedagogía y explicar las diferentes posturas relativas a la legítima defensa por parte de Israel, o las denuncias de genocidio, apartheid y limpieza étnica. Si acaso analizan alguna coyuntura en específico, como cuando la Corte Internacional de Justicia respondió a la acción interpuesta por Sudáfrica. Sin embargo, su labor no es suficientemente constante y la coyuntura se suele abordar con simplismos y estereotipos, imposible para la ciudadanía informarse. La postura enérgica del gobierno colombiano de denunciar el genocidio también ha incidido en las percepciones. Los seguidores de Gustavo Petro tienden a ver en el tema de Palestina una reivindicación del Sur Global(antes Tercer Mundo) respecto de un Occidente que en nombre de un esfuerzo civilizatorio anacrónico y colonial ha sido arrogante y violento. En contraste, sus contradictores lo acusan de antisemita e incluso de condescendencia con el terrorismo islámico. En medio de semejante polarización difícilmente caben espacios para un diálogo o para explicaciones. Colombia ha visto reflejada su polarización en la disputa Israel-Palestina con el agravante que los medios de comunicación, generadores de opinión( influencers) y políticos buscan sacar provecho sin tener certeza o, siquiera claridad sobre las dinámicas del Medio Oriente. CONTACTO Friedrich-Ebert-Stiftung ( FES ) Calle 71 nº 11-90| Bogotá-Colombia Teléfono(+57 1) 601 347 30 77/ 601 347 30 92 saruy.tolosa@fes.de https://colombia.fes.de 3