ANALISIS DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS SOCIALDEMOCRACIA Y ACCIÓN DE MASAS: PEÑA GÓMEZ EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA DEMOCRACIA DOMINICANA Las reflexiones centrales del pensamiento de Peña Gómez sobre la democracia se organizan en seis preocupaciones básicas: 1) la alternabilidad en el poder, 2) la dimensión pluralista de la competencia política, 3) la construcción de consensos, 4) la participación política de la ciudadanía, 5) la centralidad de los gobiernos locales y 6) la dimensión internacional de toda democracia política. Wilfredo Lozano Octubre 2024 La solidaridad internacional, sobre todo con los pueblos del llamado Tercer Mundo, constituyó un componente central del ejercicio de liderazgo de Peña Gómez y de la vida política de su partido, lo que le permitió apreciar el giro transnacional que estaba adquiriendo la política mundial. DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS SOCIALDEMOCRACIA Y ACCIÓN DE MASAS: PEÑA GÓMEZ EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA DEMOCRACIA DOMINICANA Wilfredo Lozano Octubre 2024 Contenido Introducción........................................................................................................ 2 La trayectoria del liderazgo.................................................................................. 2 El sentido político de las coyunturas.................................................................... 5 La crisis del postrujillismo..................................................................................... 6 El PRD, el maestro y el discípulo........................................................................... 7 La estrategia para vencer a Balaguer en 1978 y la política de alianzas......................................................................................... 9 La política de alianzas y el contacto con los militares................................................................................ 10 La política de alianzas en el plano internacional...................................................................................... 10 El PRD en el poder: la gobernanza del conflicto y el Estado........................................................................................................... 12 La crisis de 1984: la pérdida de la hegemonía popular..................................................................................... 13 El camino cerrado hacia el poder: la amenaza autoritaria a la transición democrática............................................... 15 El pensamiento político de Peña Gómez y la democracia............................................................................... 17 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – REPÚBLICA DOMINICANA INTRODUCCIÓN Me propongo discutir en este trabajo las ideas centrales que Peña Gómez fue construyendo en torno al proceso de democratización que experimentó República Dominicana en el tor tuoso período iniciado con la desaparición de la dictadura de Trujillo en 1961 y que en su experiencia como líder político se prolongó hasta finales de los años noventa del pasado siglo XX 1 . En este proceso de construcción democrática, que cubre el largo período 1961-1998, Peña Gómez tuvo un papel destacado y protagónico, siendo esto el componente central que no sólo lo condujo a un liderazgo nacional y global en el país, en el PRD y en la socialdemocracia internacional, sino también a una determinada visión e interpretación de la historia nacional y latinoamericana. En este trabajo discuto lo que a mi criterio son las ideas centrales del pensamiento político de José Francisco Peña Gómez. En la literatura periodística y en los trabajos de politólogos y sociólogos, este líder político por lo general es visto como un hacedor político, como un gran líder popular; lo que es más importante, incluso su principal antagonista político-Joaquín Balaguer- llegó a calificarlo como el mejor orador político del país. Esta caracterización de Balaguer era en cierto modo un dardo envenenado, porque si bien expresa una cierta nobleza hacia Peña Gómez, por omisión la imagen que se deja caer es la de que el líder popular fue precisamente eso, un líder operativo, un gran movilizador político, pero no un hombre de pensamiento. El presente ensayo se propone mostrar que Peña Gómez, al igual que los otros dos grandes líderes políticos, Juan Bosch y Joaquín Balaguer, en torno a los cuales se ha construido la política dominicana moderna, también fue un hombre de pensamiento político coherente y significativo, siendo su idea de la democracia la que finalmente triunfó como propuesta doctrinal y como esquema de acción política en el terreno que finalmente es más relevante para el cambio histórico: la acción colectiva de masas. En tal sentido, argumento que al final de la biografía del líder popular que fue Peña Gómez el analista de hoy puede reconocer una concepción de la política democrática donde la acción de masas motoriza la propuesta de participación social, al tiempo que se inscribe en una visión que articula la participación como requisito del espacio democrático que se construye, lo cual conduce a un replanteamiento de la relación entre acción de masas y Estado. Desde mi punto de vista, esta es la novedad de la contribución de Peña Gómez al proceso de desarrollo democrático: una mirada desde 1 En rigor los procesos de democratización deben verse como dinámicas abiertas, pues en tanto las formaciones políticas democráticas se caracterizan por la incertidumbre de los regímenes, ya que dependen del horizonte abierto de las decisiones de los electores, de acuerdo con la alternabilidad del poder, como componente constitutivo de las reglas mismas de su estabilidad política. como régimen. Cuando hablamos entonces de transiciones democráticas estamos por definición hablando de formaciones inacabadas y procesos reversibles. Para una introducción al estudio de los procesos de transición democrática en América Latina véase a Guillermo O’Donnel y Phillippe Schmitter(editores)(1988): Transiciones desde un gobierno autoritario (cuatro tomos). PAIDOS, Buenos Aires. Una reflexión general se encuentra en Laurence Whitehead: Democratización. Teoría y experiencia. FCE, México, 2002. abajo y un concepto de la participación como requisito y condición del edificio democrático que se intenta construir 2 . LA TRAYECTORIA DEL LIDERAZGO Peña Gómez inició su vida política en el PRD como simple militante hasta llegar a ser su máximo líder. Vale la pena es tablecer un paralelo biográfico de los líderes constructores de la democracia dominicana moderna. Balaguer nació en el seno de una familia de origen rural de clase media, y desde muy joven siempre se codeó y tuvo su formación política inicial en un medio intelectual. Ciertamente, encontró muchos escollos para ser aceptado en los círculos de prestigio de su ciudad natal, Santiago, pero desde temprano fue un miembro de la élite intelectual. Bosch fue un intelectual igualmente surgido de la clase media a quien desde joven se le reconocieron sus dotes intelectuales y literarios. Ambos líderes no sólo provenían de la clase media del Cibao, sino que desde jóvenes se dedicaron a la vida intelectual y política 3 . Peña Gómez tuvo un origen distinto: provenía de una familia campesina pobre. Su madre biológica nació en Haití 2 La obra de Peña Gómez, a diferencia de la de Bosch y Balaguer, está constituida sobre todo por sus discursos políticos. Hasta la fecha sólo se han publicado 17 volúmenes de los discursos. La colección se organiza en cinco series. La primera serie consta de un volumen bajo el título de Lucha por la democracia y reúne los discursos pronunciados entre 1963 y 1965. La segunda serie consta de tres volúmenes bajo el título Hacia la democracia y cubre los discursos de 1966 a 1973. La tercera serie reúne tres volúmenes bajo el titulo Por la conquista de la democracia y cubre los discursos de 1974 hasta el 15 de agosto de 1978. La cuarta serie consta de seis volúmenes y cubre los discursos desde el 16 de agosto de 1978 hasta el 15 de agosto de 1982 y finalmente una quinta serie bajo el título Participación en la democracia y cubre los discursos desde el 16 de agosto de 1982 al 15 de agosto de 1986 y cubre los restantes volúmenes. Toda la serie fue recopilada, ordenada y editada por la profesora Sarah Peralta de Rathe y se publicó en Editorial Corripio en 1986. A los discursos debe añadirse su tesis doctoral sobre la reelección en la historia política dominicana, un volumen sobre su experiencia municipal al frente del ayuntamiento de Santo Domingo y su libro Primero la Gente que resume su propuesta de gobierno para las elecciones de 1996. Esos escritos constituyen un ejercicio formidable que ejemplifica con espíritu clásico la compleja relación entre estrategia y táctica política. No constituyen en modo alguno ensayos doctrinales, ni piezas didácticas, fueron respuestas a problemas que debían ser enfrentados en el ejercicio cotidiano de la política de partido, a propósito del esfuerzo de construcción democrática en una sociedad autoritaria y un régimen de fuerza, como lo fueron los ejercicios de gobierno de Balaguer entre 19661978 y, aunque en menor medida, en el complejo período de libre competencia democrática 1986-1996. Sin embargo, por la naturaleza coyuntural del grueso de sus escritos los textos de Peña Gómez expresan con mucha claridad la concepción orgánica de la democracia en el pensamiento y acción del líder perredeísta y por ello, además, constituyen un valioso e imprescindible instrumento intelectual para el estudio del proceso democratizador dominicano en el largo periplo republicano que va desde 1962 hasta el año 1998. 3 Para una apreciar la biografía política de Balaguer contamos con algunos trabajos importantes, a saber: Aliro Paulino: Balaguer. El hombre del destino (Ediciones Mundo Diplomático, Santo Domingo, 1986); Francisco Rodríguez de León: Trujillo y Balaguer. Entre la espada y la palabra (Letra Gráfica, Santo Domingo, 2004). Para el estudio de la biografía política e intelectual de Jua Bosch puede consultarse a Jesús Adolfo Becerril Valencia Juan Bosch: una vida por la democracia. Una biografía política. (FUNGLODE, Santo Domingo, 2010). 2 LA TRAYECTORIA DEL LIDERAZGO y su padre fue un campesino dominicano pobre, que tuvieron ambos que huir de la persecución trujillista contra los nacionales haitianos en el año de la matanza, en 1937, durante el llamado“corte”. Sus padres de adopción fueron también campesinos pobres de la llamada Línea Noroeste. Durante muchos años vivió en el mundo rural hasta avanzada su juventud. Aunque desde niño se le reconoció dotado de gran inteligencia, su formación intelectual se retardó por la pobreza del medio familiar en que nació y desarrolló su primera juventud. De esa forma, primero ayudó a su padre dominicano en las labores del campo, luego, ya adulto, pudo formarse como locutor y maestro. Su desarrollo intelectual y político fue rápido y turbulento, como lo fueron igualmente los años en que definió su ini ciación a la política: la crisis de la sociedad dominicana en el postrujillismo(1961-1966) 4 . Aquí se puede apreciar un aspecto central de la biografía de los grandes liderazgos en torno a los que se sentaron las bases iniciales de nuestro aún precario sistema demo crático. Por caminos distintos los tres líderes del proceso democrático dominicano(Balaguer, Bosch y Peña Gómez) iniciaron su vida pública en contextos de crisis social del Estado. Pero los contextos y respuestas individuales fueron muy distintos. Balaguer y Bosch en su juventud temprana y como intelectuales precoces, se vieron de alguna manera obligados a dar respuestas al contexto de crisis del orden político posterior a la ocupación norteamericana(19161924) en el gobierno de Horacio Vázquez(1924-1930) y su desenlace trágico en la dictadura trujillista(1930-1961). Bosch tuvo que someterse al dictador viéndose obligado a trabajar como empleado del Estado y administrar su pluma y talento literario con cautela ante el poder despótico, logrando luego, con astucia e inteligencia, un temprano exi lio 5 . Balaguer optó por asimilarse al régimen trujillista convirtiéndose, como él mismo propone, en un cortesano de palacio al servicio del poder dictatorial 6 . La situación inicial así creada produjo en ambos jóvenes resultados tangibles en los siguientes treinta años que siguieron al ascenso de Trujillo al poder: mientras Balaguer se convirtió en uno de los cerebros intelectuales del régimen, Bosch llegó a constituirse en el principal líder político del exilio antitrujillista. De esta forma, en su juventud la decisión inicial de ambos 4 Aunque no se tiene una biografía más o menos“definitiva” de José Francisco Peña Gómez, con el tiempo se ha ido reuniendo una serie de importantes trabajos que permiten apreciar su trayectoria biográfica en sus líneas generales. Véanse al respecto: Cándido Gerón: Peña Gómez: una vida dedicada a la democracia (Archivo General de la Nación. Santo Domingo, 2020); Diómedes Remigio: Peña Gómez. Su pensamiento político (Editora Victoriana, Santo Domingo, 1994) y Peña Gómez . Biografía política(Impresión Leo Antillas, Santo Domingo, 1996); Osvaldo Santana: Peña Gómez. Sus orígenes . Editora Nuevo Diario, Santo Domingo, 1981): Víctor Salmador(1990): José Francisco Peña Gómez. Sus orígenes, su biografía, su personalidad y pensamiento. Madrid, 1990). Farid Kury: Peña Gómez. Biografía para escolares. Editora Centenario. Santo Domingo, 2003. 5 Todo indica que tuvo que asumir rápidamente la ruta del exilio porque el dictador se proponía nombrarlo senador de la República, comprometiéndolo de esa forma con el régimen. 6 Véase el libro de Joaquín Balaguer Memorias de un cortesano de palacio en la era de Trujillo (Editora Corripio, Santo Domingo, 1988). líderes frente a Trujillo gravitó permanentemente en la trayectoria total de sus vidas. Tras la desaparición del dictador, Balaguer asumió la dirección del Estado como continuador del poder dictatorial y aunque tuvo que exiliarse en 1962 hasta 1966, tras la ocupación militar norteamericana de 1965 y las elecciones del año 1966 bajo la ocupación militar norteamericana, pasó de nuevo a la conducción del poder estatal, mientras Bosch, tras su regreso al país en 1961, pasó a ser el líder del principal partido político moderno que se construyó en el país tras la desaparición del tirano, el PRD. En los dos casos aquí vistos, los dos líderes mantuvieron de alguna manera cierta afinidad electiva, en el sentido en que Goethe plantearía el asunto. Desde temprano ambos fueron reconocidos como intelectuales distinguidos, ambos iniciaron su vida política sin una clara diferencia entre su quehacer como literatos e intelectuales y su función política, a lo que debe sumarse que, tras la desaparición de la dictadura trujillista, los dos pasaron a liderar como figuras prominentes las fuerzas políticas más importantes en torno a las cuales comenzó a organizarse el proceso político moderno en el país, en lo que podría definirse como la transición política posttrujillista 7 . A todo esto, se suma una mirada“desde arriba” del proceso político en la que, mientras Balaguer veía los retos modernizadores de la sociedad y de la política como una tarea del Estado, conducido por un liderazgo fuerte, Bosch asumía los mismos retos en una mirada democrática, e igualmente desde arriba, en la que se asignaba un papel central al liderazgo político partidario y al líder que lo conducía. Peña Gómez dio otra mirada al reto modernizador que se le imponía a la sociedad dominicana tras el fin de la dictadura, pero también asumió una ruta política diferente, guardando las apariencias del lenguaje democratizador de la época que arropaba los tres discursos: a diferencia de los otros dos líderes políticos, Peña Gómez no entró a la política pública en posesión de un argumento doctrinal previo donde se diseñara una mirada de lo que debía ser el orden democrático posttrujillista. Su mirada ideológicopolítica se fue construyendo en la medida en que se fue construyendo como figura política. Esto lo diferenciaba tajantemente de Balaguer que se convirtió en cortesano palaciego de Trujillo, poseyendo un arsenal intelectual heredado del orden caudillista dominicano tradicional y de una cultura política humanista de ascendencia hispanista. Bosch también fue construyendo una mirada de lo político en tanto joven escritor y no en tanto dirigente político. Lo central aquí es apreciar una idea simple, cargada de consecuencias históricas: la mirada desde arriba de Bosch y 7 Para una visión de la crisis política desatada al final del primer gobierno posterior a la desocupación norteamericana en 1924 debe verse a Víctor M. Medina Benet Los responsables. El fracaso de la Tercera República. Narraciones de historia dominicana, 19241930(Bibliófilos, impreso en amigo del Hogar, Santo Domingo, 1976). En una perspectiva moderna véase a Manuel García Arévalo y Francis Pou: La caída de Horacio Vásquez y la irrupción de Trujillo en los informes diplomáticos españoles (Academia Dominicana de la Historia, Santo Domingo, 2017). Una interesante descripción del contexto cultural dominicano en todo el período postlilisista(1899) hasta la dictadura trujillista se encuentra en Félix E. Mejía: De Lilís a Trujillo (Bibliófilos, Santo Domingo, 2011). Un inteligente análisis de la situación de los intelectuales bajo la dictadura trujillista lo constituye el libro de Andrés L. Mateo: Mito y cultura en la Era de Trujillo (Librería La Trinitaria, Santo Domingo, 1993). 3 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – REPÚBLICA DOMINICANA Balaguer respecto al cambio político condujo a Bosch a una mirada redentora de la democracia que lo llevó a la defensa del socialismo por la vía de una intachable visión ética del mundo, tras radicalizar su discurso y asumir una propuesta que combinaba los orígenes democráticos iniciales y una visión igualitaria del orden social, a lo que se suma su visión del partido como organizador del cambio modernizador, que lo condujo a la articulación de una mirada redentora y de corte caudillista del cambio democrático. Balaguer es el antagonista por excelencia de la democracia: no creyó nunca en la idea de la alternabilidad en el poder, asumió que ante la imposibilidad de una acción ordenada de las masas sólo el Estado y dentro de este un gran líder(primero Trujillo, luego él mismo) podía realizar la redención social de la nación. Peña Gómez siguió otro camino. Al igual que Bosch llegó a la defensa de la propuesta democrática en gran medida a consecuencia de su preocupación por la desigualdad, su idea de la alternabilidad en el poder se sostenía en la permanente y firme crítica de los males que el continuismo político había provocado en la historia de la joven república 8 . De esta forma llegó a la convicción de que la democracia encontraba su legitimidad no sólo en el principio de la representación mayoritaria y popular, sino sobre todo en el principio de participación. De ahí que entendiera que más que el partido lo que debía organizarse era el pueblo mismo. Tres rutas distintas frente al cambio social y la modernización política quedaron así trazadas, lo cual tendría profundas consecuencias en la vida de la nación dominicana. Si apreciamos el discurso de Peña Gómez en su vínculo con su actuar político cotidiano, veremos que fue armando un discurso y mirada democrática de lo político en tanto se enfrentó directamente a la lucha política, y fue precisamente en ese espacio de lucha que también fue construyendo su propia mirada teórica de la cuestión democrática. Podría decirse que lo que para Balaguer y Bosch fue un punto de llegada, el encuentro del intelectual con la política, para Peña Gómez fue un punto de partida, la construcción de una mirada de lo político en la que la acción fue adquiriendo la forma, la mirada y el propio contenido, de un proyecto democrático. Es por esto que resulta tan difícil la captación de los ejes del discurso político peñagomista, pues este se define en el proceso mismo del actuar político y a dicho proceso hay que apelar para inteligir su sentido y coherencia. Podemos así reconocer que en Peña Gómez el motor de su ingreso a la política fue su fina sensibilidad social y su clara vocación por la justicia. En su personalidad se cohesionaron raras cualidades en un mismo individuo, hablo de su bondad y apertura, unidas a su sentido de justicia. Por ello su rápido involucramiento en el PRD, recién llegada la organización al país, en los meses que siguieron a la desaparición del tirano. En ese momento convulso, como a todos los jóvenes con sensibilidad social y política de la época, a Peña Gómez lo movía su deseo 8 Véase Hugo Tolentino Dipp: La funesta reelección (Editora Búho, Santo Domingo, 20199 que recoge su famosa e importante polémica sobre la reelección con el historiador Enrique Apolinar Henríquez(Don Quiquí). por la apertura democrática, pero lo que lo condujo al PRD fue su visión y preocupación por lo social y la desigualdad 9 . Bosch tenía una clara convicción del sentido social de la lucha por la democracia. En la coyuntura posttrujillista no creía que la lucha por las libertades político-electorales debía ponerse por delante de la lucha por la igualdad y las reformas sociales. Estaba seguro de que lo central era organizar a las masas para las luchas contra la desigualdad y la pobreza, pues las características totalitarias de la dictadura y su verticalidad absoluta como mecanismo de dominio, rápidamente conducirían al desmoronamiento del régimen, una vez desaparecida su figura central, Trujillo 10 . Tengo la convicción de que Peña Gómez se acerca al PRD ciertamente con una mirada democratizadora en la búsqueda de la apertura política de la sociedad dominicana, pero claramente la visión que acabo de describir y que defendía Bosch, la del sentido social de esa tarea, terminó predominando. Pero, mientras en Bosch ese propósito constituía un programa ya diseñado ex ante de su llegada al país, en Peña Gómez era un propósito que apenas comenzaba a organizar su viaje político, en la trayectoria y en las tareas que comenzaba a enfrentar como líder democrático. El ingreso de Peña Gómez al PRD recién llegada la organización al país no fue como un alto dirigente sino como un simple militante de base. Fue su inteligencia y dedicación lo que llamó la atención al liderazgo dirigente del PRD, particularmente a Juan Bosch, el máximo líder de ese par tido, quien rápidamente acercó la figura del joven político a su persona. A partir de allí se produjo una estrecha relación entre el joven dirigente de origen popular y el intelectual y reconocido líder del PRD, cuyo liderazgo de masas se hacía cada vez más evidente. La historia de esa amistad marcó mucho del contenido individual y subjetivo de la política democrática de partidos durante los años que van de 1962 hasta la muerte de ambos lideres 11 . Aunque para 1965 Peña Gómez era ya, después de Bosch, la principal figura del PRD, en realidad su estrella comenzó a destacarse con luz propia tras el estallido de la revolución constitucionalista, en ese año. A él le tocó el privilegio de hacer el llamado a las masas para que respaldaran en las calles lo que en principio debió ser un simple golpe militar, pero esta vez para reponer en el poder a un presidente 9 Para una visión del PRD en la coyuntura posttrujillista debe verse el Ángel Miolán El PRD desde mi ángulo (Editorial Letras de Quisqueya, Santo Domingo, 1984). Para la historia del PRD contamos con el libro de Fulgencio Espinal Breve historia del PRD. Ideología e interpretación (Alfa y Omega, Santo Domingo, 1982) que reúne importantes documentos sobre la organización. Nicolas Silfa, uno de los líderes del PRD en el exilio que tras su regreso al país terminó en las filas del Partido Reformista de Balaguer, en su libro Guerra, traición y exilio (tres tomos)(Madrid, 1980) presenta una importante perspectiva para el estudio de los años críticos tras la muerte de Trujillo. 10 Para apreciar las bases conceptuales de este punto de vista debe verse su libro de 1959 Trujillo causas de una tiranía sin ejemplo (en Obras Completas , Vol. IX, edición de Efemérides Patrias, Santo Domingo, 2009). 11 Pese a la importancia de esa amistad en la historia de la política dominicana moderna, esta no ha sido debidamente estudiada más allá del simple anecdotario. 4 EL SENTIDO POLÍTICO DE LAS COYUNTURAS legítimo-Juan Bosch- depuesto por el golpe de Estado del 25 septiembre de 1963 que lo condujo al exilio 12 . Pero su verdadero momento comenzó a afirmarse con la salida de Bosch del PRD en 1973, a partir de la cual Peña Gómez pasó sin duda alguna a ejercer el liderazgo de la organización. El tercer gran momento de Peña Gómez sobrevino cuando le tocó liderar la lucha que culminó en la derrota electoral de Balaguer en 1978. En ese momento la capacidad táctica y el acertado diseño estratégico de la lucha peñagomista dio sus frutos. En la trayectoria descrita, sin embargo, tras la llegada al poder de Antonio Guzmán del PRD en 1978, a Peña Gómez le tocaron años difíciles con su partido en el poder. Difíciles por cuanto tuvo que emplearse al máximo en la lucha interna del PRD que ahora amenazaba a la unidad misma del Estado. En esos años Peña Gómez tuvo que enfrentar uno de los momentos más difíciles de su carrera: la revuelta de 1984, donde como líder popular y jefe del partido tuvo que asumir las consecuencias políticas del convenio con el FMI 13 . De esas crisis el PRD salió muy debilitado, marcándose a partir de ese punto el ascenso de masas de Balaguer que dos años después(1986) lo llevó de nuevo al poder. A Peña Gómez le tomó casi una década recuperar a su partido y volver a convertirlo en una organización de masas con posibilidades de alcanzar el poder. Su prueba de fuego definitiva fue la coyuntura de 1994-1996 donde gano las elecciones en 1994 siendo víctima de un colosal fraude electoral 14 ; sin embargo, 12 Véase Piero Gleijeses La esperanza desgarrada (Editora Corripio, Santo Domingo, 2012). Este libro es una versión enriquecida y revisada de su libro The Dominican Crisis publicado por The Johns Hopkins University Press en 1978. La versión en español del libro la publicó el FCE en México en 1977. 13 Para una visión de las complejidades de esta coyuntura debe verse a Joan Nelson Crisis económica y política de ajuste (Editorial Norma, Bogotá, 1994), que presenta un inteligente análisis de la coyuntura de crisis de la deuda en el marco del acuerdo con el FMI en un marco comparativo latinoamericano. De todos modos, el análisis más penetrante de la crisis dominicana de la deuda en esa coyuntura es el de Milton Mesina Memorias del ajuste de una economía en crisis (Fondo para el Avance de las Ciencias Sociales, Santo domingo, 1998), que tiene la virtud de permitir apreciar los problemas al interior del gobierno de Jorge Blanco. 14 Véase a Bernardo Vega Las dolosas elecciones de 1994(op. cit.) . El proceso electoral dominicano de 1994 no ha sido estudiado con la profundidad que merece, pues este define en muchos sentidos el“parteaguas” a partir del cual se articula el nuevo escenario político dominicano contemporáneo y, en consecuencia, constituye el punto de iniciación del modelo político que finalmente complementa los cambios de orden económico de ascendiente neoliberal iniciados en el país en 1990, tras las reformas económicas balagueristas de ese año. El primer libro de importancia sobre esa coyuntura es el de Juan Bolívar Díaz Fraude electoral (MONOGRAF, Santo Domingo, 1996). El ensayo del embajador John Graham La crisis electoral de 1994. Alejándose del precipicio (Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo, 2011), aunque condicionado por el habitual cuidado diplomático, representa un texto fundamental, pues Graham fue, junto a Monseñor Agripino Núñez Collado, el negociador entre Peña Gómez y Balaguer en esa coyuntura difícil. El libro de Bernardo Vega Las dolosas elecciones de 1994 y su coincidencia tuvo que pactar con Balaguer un acuerdo político, el llamado Pacto por la Democracia , que condujo a la reforma constitucional y con ello a la reforma del sistema político, en aspectos centrales del sistema de justicia, del sistema electoral y de la política de partidos. Finalmente, en 1996 en las elecciones de ese año, aunque ganó la primera vuelta con un 47% del voto popular, tuvo que aceptar en la segunda vuelta que un“tercero excluido” alcanzara el poder, me refiero al PLD y su candidato en esas elecciones, Leonel Fernández Reyna. Lo que ocurrió en 1998 no solo fue la muerte de Peña Gómez, sino el triunfo municipal del PRD, pero también el inicio del descenso del poder de masas de ese partido y el inicio de otro ciclo político bajo la hegemonía del partido creado por Bosch tras su salida del PRD, me refiero al PLD 15 . EL SENTIDO POLÍTICO DE LAS COYUNTURAS Veamos ahora someramente las coyunturas políticas en las que los tres grandes líderes políticos creadores del sistema de partidos dominicano moderno definieron en muchos sentidos los linderos que orientaron el desarrollo intelectual de sus liderazgos. Mientras en Balaguer la reflexión intelectual si bien estuvo estrechamente ligada a su destino político y en Bosch su formación literaria e intelectual inicial tuvo una cierta autonomía de la política, en Peña Gómez su pensamiento político y el desarrollo intelectual de sus ideas, fue el producto de su involucramiento concreto a las luchas político-partidarias y nacionales. En ese sentido es que debe comprenderse sus ideas como el producto de una doble necesidad: de un lado la surgida del entendimiento del alcance de las coyunturas en las que se vio involucrado y por otro la creciente convicción intelectual de que la política debía comprenderse en un enfoque que trascendiera la coyuntura y por ello actuar con inteligencia y eficacia requería siempre de un cierto enfoque estratégico. En Bosch también esa convicción existió y como se ha visto 16 , esta lo llevó siempre a una reflexión sistemática de cada paso que daba en la política. Pero en Peña Gómez la búsqueda de la misma mirada estratégica lo llevó a la reflexión histórica y social en un creciente enfoque internacionalista, siempre sujeto y conectado a requerimientos coyunturales que dotaban a la reflexión de un asidero político inmediato. Fue de esa forma que Peña Gómez organizó su universo intelectual y desarrolló su formación y cultura política y humanista. con el embargo contra Haití (Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo, 2022) es una reflexión interesante que contiene pertinentes críticas al enfoque de Graham. Las memorias de Monseñor Agripino Núñez Collado también deben verse. En mi libro La política del poder (FLACSO-República Dominicana, impreso por Editora Búho, Santo Domingo, 2023) hago por mi parte una reflexión crítica sistemática al estudio de Graham. 15 Para una visión de este período consúltese a Wilfredo Lozano La razón democrática (Universidad Iberoamericana, FLACSO Programa República Dominicana y Centro Bonó, impreso por Editora Búho, Santo Domingo, 2013), particularmente los capítulos V, VI y VII. 16 Wilfredo Lozano, op. cit. , cap. VIII. 5 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – REPÚBLICA DOMINICANA LA CRISIS DEL POSTRUJILLISMO Al igual que muchos jóvenes que surgían a la vida pública en el inicio del turbulento período de crisis política postrujillista en la primera mitad de los años sesenta del siglo XX, Peña Gómez se involucra en la política estimulado por el anhelo de libertad pública que acompañó los inicios de las luchas democráticas. Pero, a diferencia de la mayoría de estos jóvenes, él tenía no sólo una gran sensibilidad social sino una genuina vocación política, en el estricto sentido weberiano del término. De ahí su rápido ascenso como joven político en las filas del PRD. Esta capacidad la captó rápidamente Juan Bosch, el principal líder de la organización, como ya se sostuvo arriba, de forma tal que, en poco menos de dos años, tras el golpe de Estado que depuso a Bosch del poder en septiembre 25 de 1962, Peña Gómez, siendo un joven de 27 años, pasó a ser el dirigente del PRD que tuvo que asumir la dirección práctica del partido en la clandestinidad, tras el exilio del principal líder de la organización. En ese desempeño fue Peña Gómez la cabeza dirigente que asumió la responsabilidad del contacto interno con los militares en la conspiración para reponer a Juan Bosch en el poder. Y fue esa condición la que le permitió ser la persona que el sábado 24 de abril de 1965 en la tarde, en el programa habitual del PRD por radio, Tribuna Democrática , llamar a las masas a apoyar a los militares que habían depuesto a Donald Red Cabral como presidente de facto exigiendo el regreso de Bosch al po der. En ese momento Peña Gómez pasa a otro nivel de su liderazgo en ascenso. Ahora ya no era simplemente el joven político que luchaba por la vuelta al poder de su líder Juan Bosch. En esa nueva condición, de conspirador constitucionalista pasó a constituirse en la personalidad política que en el terreno interno representaba al partido de masas que lideraba la parte civil de la conspíración que perseguía la restitución del gobierno constitucional elegido en 1962 con Bosch al frente 17 . De esa forma el joven líder pasó a ser una pieza importante de la acción abril de 1965 18 . 17 Véase Piero Gleijeses: La esperanza desgarrada(op. cit.). 18 En los días que siguieron al alzamiento del 24 de abril, el proceso revolucionario mismo evoluciona rápido y a los cuatro días de la revuelta, tras la práctica victoria de los militares constitucionalistas, esta vez apoyados popularmente por las masas civiles, los Estados Unidos deciden invadir el país. A partir ese se momento los acontecimientos se suceden rápido, Francisco Caamaño asume el liderazgo militar de la revolución y desde el exilio Bosch decide apoyar la designación de este líder militar como presidente. A partir de ese momento la dirección del movimiento pasa a manos de Caamaño, aun después del regreso de Bosch al país, pues ya Caamaño había sido proclamado presidente por la Asamblea Nacional reunid en la Zona Constitucionalista. En esa nueva fase predominantemente política de la revolución constitucionalista el PRD continúa siendo la principal organización política que apoya al movimiento y en la cual se apoya políticamente Caamaño y el liderazgo militar constitucionalista. Ciertamente, el movimiento de izquierda también participa de ese proceso, pero su liderazgo y poder fue siempre subordinado al poder militar constitucionalista y siempre reconoció la izquierda el liderazgo político del PRD. En esa fase del proceso fue Peña Peña Gómez aprendió rápido. Entre el 25 de septiembre de 1963 día en que se produjo el golpe de Estado contra Juan Bosch y el 24 de abril de 1965 mediaron apenas 17 meses, es decir un año y medio. En ese período el joven dirigente pasó de ser un organizador y movilizador político nato, a convertirse en un conspirador, un fino negociador y un dirigente político cada vez más importante para la sobrevivencia del PRD. Durante los meses de la guerra civil de 1965, sobre todo en su fase final negociadora con los norteamericanos, Peña Gómez pasó a ocupar un papel menos visible. El liderazgo público, claro está, quedó en los hombros de Caamaño y Juan Bosch, aun cuando Peña Gómez mantuvo un importante papel en la articulación del liderazgo interno del partido 19 . La conspiración cívico-militar para reponer a Juan Bosch en el poder y restaurar la constitución de 1963 ha sido poco estudiada 20 . De todos modos, debe referirse algunos asuntos. En primer lugar, me parece evidente que el contacto con los militares por parte de Peña Gómez no solo constituyó un momento determinante para el estallido de abril de 1965, cuya evidencia histórica es clara 21 . Lo relevante es que su conexión con los militares fue vital para el porvenir de su liderazgo: esto lo ayudó a sostener la vida misma del PRD en el gobierno de los llamados doce años de Joaquín Balaguer (1966-1978). Peña Gómez mantuvo permanentemente esa conexión con el estamento militar y ello claramente ayudó a frenar el ímpetu represivo de las fuerzas más autoritarias del régimen balaguerista, como fueron los casos de la acción de Gómez el líder del PRD que mantuvo la cohesión interna del partido y en la práctica lo representaba ante el gobierno de Caamaño. De todos modos, durante todo ese proceso el liderazgo de Peña Gómez se mantuvo en segundo plano, respecto a la dirección del partido que siempre se mantuvo en manos de Juan Bosch. Véase respecto a este proceso a Piero Gleijeses, La esperanza desgarrada(op. cit.) , Bernardo Vega Las dolosas elecciones de 1994 y su coincidencia con el embargo contra Haití (Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo, 2022). 19 Véase a Gleijeses, (op. cit.) 20 Hay poca literatura al respecto. De manera sistemática los dos estudios más importantes sobre la cuestión militar desde la muerte de Trujillo hasta el final del gobierno de los doce años de Balaguer (1966-1978) son los libros G. Pope Atkins Los militares y la política en la República Dominicana (Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo,1987) y el de Brian J. Bosch Balaguer y los militares dominicanos (Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo, 2010) sobre los militares y la política en República Dominicana. En su libro sobre a revolución constitucionalista(op. cit.) Piero Gleijeses desarrolla un importante análisis de la conspiración militar que dio paso a la insurrección del 24 de abril de 1965. El libro de Bernardo Vega: Cómo los americanos ayudaron a colocar Balaguer en el poder (Fundación Cultural Dominicana, Santo Domingo, 2004) contiene importante información sobre el tema. En la perspectiva del análisis del significado histórico de la conspiración militar constitucionalista el libro de Juan Bosch Crisis de la democracia de América en la República Dominicana continúa siendo un referente importante. El estudio de Roberto Cassá Los doce años: Contrarrevolución y desarrollismo (Alfa y Omega, Santo Domingo, 1986) aporta un punto de vista de izquierda en el análisis de la conspiración. 21 Véase el libro de Piero Gleijeses La Esperanza desgarrada(op. cit), que es una revisión y ampliación de su texto La crisis dominicana (op. cit.). Esta versión incorpora material desclasificado de los archivos norteamericanos y merece verse. 6 EL PRD, EL MAESTRO Y EL DISCÍPULO la llamada Banda Colorá en los años setenta 22 . Igualmente, esos contactos con los militares fueron claves para muchos años después poder responder a coyunturas difíciles como fue la situación creada con la guerrilla de Caamaño y sobre todo para poder frenar el ímpetu golpista de sectores militares tras la derrota de Balaguer en 1978. EL PRD, EL MAESTRO Y EL DISCÍPULO De todos modos, lo más relevante que debemos destacar es el proceso mismo de formación política y desarrollo intelectual que estaba experimentando Peña Gómez. En apenas cinco años(1961-1966) experimentó un asombro so desarrollo político que lo fue conduciendo de una situación de simple militante del PRD en 1961, organizador político, secretario general, hasta convertirse en el dirigente que condujo propiamente la organización, tras el fin de la guerra de abril en 1966, la derrota electoral de Bosch ese mismo año y la llega de Balaguer a la presidencia. De esta forma Peña Gómez pasó a ser el dirigente que después de Bosch logró una mayor influencia en la organización polí tica popular democrática más importante del país. En esta trayectoria, en un lustro Peña Gómez adquirió madurez, prestigio y una gran capacidad para el manejo de difíciles coyunturas políticas como líder popular. Con la salida de Bosch del país en 1967 Peña Gómez pasó a otra condición que fue depositando en su figura política la responsabilidad completa de la dirección del PRD, aunque siempre quedó claro en todos esos años que el líder indiscutible de la organización era Juan Bosch 23 . La salida de Bosch del PRD generalmente se interpreta como un resultado de las disputas internas entre grupos de poder en el mejor estilo clientelista latinoamericano. En tal sentido ha predominado la argumentación planteada por Bosch en la explicación de su renuncia y salida del PRD 24 . 22 Véanse al respecto el discurso de Peña Gómez en Tribuna Democrática del 20 de enero de 1987:“Respuesta al profesor Bosch”, en: Por la conquista de la democracia: Tomo III, Vol. 2, pp. 41-50. 23 Véase a Alberto Despradel(Chico): 18 cartas de Juan Bosch a José Francisco Peña Gómez, 1970-1972. (Editora Manatí, Santo Domingo, 2009). 24 Tras su salida del PRD, en una larga entrevista concedida a la Revista ¡Ahora¡(nro. 525/1973) Bosch explica lo que a su criterio fueron los determinantes de su renuncia. Señala en esencia que había una profunda diferencia de criterio entre la denominada Comisión Permanente que él presidía y el Comité Ejecutivo que controlaba Peña Gómez. Indica que ambos organismos eran prácticamente irreconciliables. Señala, aunque no desarrolla el punto, que había profundas diferencias ideológicas al respecto, dejando entrever que mientras la CP era progresista y defensora de la liberación nacional el Comité Ejecutivo era controlado por un pensamiento de derecha. En ningún momento explica el contenido de ambos puntos de vista. Señala además que el Comité Político tenía una composición pequeño burgués que hacía predominar el interés personal por sobre el partidario. En el mismo número de la revista en la entrevista a Peña Gómez él mismo indica, en un tono más conciliador, que no había diferencias de mayor calado entre él y el profesor Bosch y sin declararlo directamente deja ver que en la decisión de Bosch Las disputas“pequeñoburguesas” y ambiciones de poder que Bosch argumentaba existían en la organización, como de alguno modo existen en toda organización política en el mundo moderno, eran una realidad, pero también había un problema político de fondo. Más allá de las luchas internas y dejando de lado la interpretación civilista de Bosch, en el sentido de que esas disputas revelaban un estilo del hacer político personalista, donde lo que importaba eran los intereses individuales de los dirigentes y no los intereses generales de la organización, en función de un ideal político de justicia social y democracia, las disputas revelaban la existencia de un problema político mayor. Todo indica que en el seno de la organización se fue acentuando una diferencia de enfoque político en lo que se refiere a la caracterización del régimen y la consecuente estrategia política que debía seguirse en la lucha para desplazar a Balaguer del poder. Esas diferencias no eran simplemente tácticas, implicaban una diferencia estratégica e incluso ideológico-política en la concepción misma de la función y objetivo del partido. De ahí el resultado del cisma que la disputa produjo: la salida de la organización de su presidente y líder. El problema parece ya venía gestándose años atrás. Mi apreciación es que la disputa se profundizó con el regreso de Juan Bosch de Europa en el año 1970, pero se hizo fuerte con la propuesta de dictadura con respaldo popular como nueva tesis política planteada por el líder. Dicha tesis expresaba ciertamente el giro izquierdista de Bosch en su rechazo a lo que llamaba la“democracia representativa”, la cual interpretaba como un verdadero fraude y fracaso político. La dirigencia del PRD situada más al centro, a lo que se sumaba la parte más conservadora, fuerzas que ciertamente existían en la organización como partido poli clasista, rechazaban el enfoque de Bosch, al punto de que lograron impedir que la tesis de la dictadura con respaldo popular en la realidad práctica nunca fuera aceptada como una nueva propuesta doctrinal del partido, aunque sí fue aprobada formalmente en la sexta convención. De hecho, Peña Gómez nunca aceptó la tesis de Bosch, pero su rechazo fue más prudente y cauteloso; asimismo, nunca disputó con Bosch de manera pública en torno a la tesis que este último planteaba, sino hasta después de la salida del último de la organización. En ese marco, incluso puede interpretarse la salida de Peña Gómez hacia Europa con el propósito de finalizar sus estudios de postgrado como un indicio de que entre el líder y su discípulo predilecto existían diferencias, aunque el análisis de la correspondencia de esa época entre ambos dirigentes expresa claramente que en esos años predominó su visión caudillista y autoritaria. Indica que en realidad el PRD era más consecuente en el tema de la lucha por la liberación nacional que el grupo que junto a Bosch formó el PLD, pues en el fondo lo que importa es la acción práctica y no el planteamiento teórico. No cierra la posibilidad de un entendimiento y señala con astucia que la reconciliación no era entre Bosch y él, Peña Gómez, sino entre el profesor y las masas perredeístas. Finalmente, aclara que entre ambos líderes había una clara diferencia: el esquema de alianzas que él defendía no sólo incluía partidos progresistas y de izquierda sino a la propia burguesía y que en cambio contradictoriamente Bosch hablaba de rechazar el componente burgués de un gran acuerdo nacional, pero en la práctica trataba de incluir aliados burgueses en el bloque de fuerzas políticas que impulsaba. 7 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – REPÚBLICA DOMINICANA se mantenía la estrecha amistad y el afecto genuino de Bosch hacia su discípulo Peña Gómez 25 . Bloque se bloqueaba la posibilidad de movilizar al único partido opositor que en ese contexto tenía fuerza de masas 27 . En la justificación de su salida del PRD Bosch no planteó directa y claramente que renunciaba porque existía una pro funda diferencia entre él y la dirigencia del partido en materia ideológica-política y en la interpretación del sentido misional que debía tener el PRD respecto al porvenir del país, pero eso fue lo que ocurrió. Ciertamente, el punto central que justificaba su salida de la organización Bosch no lo planteó como un cisma ideológico, sino como un problema organizacional y una diferencia ética respecto a la práctica de la política. Ahora bien, en la práctica la disputa, tanto en el terreno ideológico-político, como estratégico-táctico, giró en torno a la cuestión electoral. Para Bosch la acción electoral, dado el carácter de semidictadura del régimen balaguerista de los doce años, constituía un error político, que conducía al fracaso y a la perpetuación del régimen balaguerista, al“matadero electoral”, para emplear la caracterización que Bosch empleó en un lenguaje popular. Antes de la salida de Bosch del PRD Peña Gómez no se enfrentó abierta y públicamente al líder del partido, pero eran claras sus diferencias. Mientras Peña Gómez y muchos dirigentes del partido argumentaban que el terreno electoral era el único en el que se podía enfrentar con éxito a Balaguer, Bosch sostenía que ese camino estaba vedado, que era“un matadero”. Pero la tesis de dictadura con respaldo popular no establecía un camino estratégico para enfrentar concretamente al régimen Balaguerista, dejando en la incertidumbre el marco estratégico para la acción táctica 26 . De cualquier forma, todo parece indicar que las diferencias entre Peña Gómez y Bosch se acentuaron tras la llegada de Francisco Caamaño y la creación de su foco guerrillero. A partir de ahí el camino de la ruptura quedó abierto. La disputa se vio clara tras la creación del Bloque de la Dignidad Nacional que Bosch organizó de cara a las elecciones de 1974 y que tuvo corta vida. La idea, del frente político planteada por Bosch era amplia y ella incluyó a muchas organizaciones de la izquierda. Pero tras la salida de Bosch del PRD la vida del Bloque quedó condenada y del mismo un poco después salió de dicho frente el propio PRD(ahora bajo la dirección de Peña Gómez), el PQD, el PRSC y el MPD. En ese contexto, como el PRD continuaba siendo el partido político de oposición más importante y con verdadero arrastre de masas, ese proyecto quedó anulado. En realidad, el Bloque de la Dignidad Nacional estaba desde el inicio destinado al fracaso. Por lo pronto, pese a que Bosch continuaba siendo una figura importante de la política nacional, un verdadero líder, su nuevo partido, el PLD, en sus inicios no tenía fuerza de masas, de modo que lo aportado por Bosch en la propuesta de acuerdo era en esencia su gran prestigio político. Al excluirse el PRD del 25 La correspondencia de Bosch a Peña Gómez reunida por Alberto Despradel deja claro este punto, aunque la misma solo reúne 18 cartas de Bosch a Peña Gómez enviadas entre 1970 y 1972. Véase su libro 18 cartas de Juan Bosch a José Francisco Peña Gómez (Editora Manatí, Santo Domingo, 2009). 26 Después de la salida de Bosch del PRD las diferencias de Peña Gómez con su antiguo profesor y amigo se hicieron públicas. Véase Nota 192 Visto a la distancia de medio siglo, podemos comprender lo difícil que era en ese momento un entendido político entre Bosch y Peña Gómez en un frente opositor a Balaguer, con apenas un año de haberse producido la salida de Bosch del PRD y creado el PLD. Pero según me parece esto ocurrió también porque el propio Bosch estaba convencido de que frente a Balaguer la vía electoral era impracticable y por ello no puso un gran empeño en el éxito de la empresa propuesta por él mismo. En realidad, la idea que Bosch proponía, tras el Bloque de la Dignidad Nacional, era la misma que Peña Gómez había venido planteando en el seno del PRD antes de la división, la de que solo un gran acuerdo político con los sectores de oposición al régimen balaguerista que integrara un amplio espectro político podía avanzar con efectividad una estrategia que desplazara a Balaguer del Poder. De haber tenido éxito el Bloque, aun cuando fuese derrotado elec toralmente por Balaguer, de hecho era la idea de Peña Gómez la que hubiese triunfado. Un poco después Peña Gómez trabajo en una idea más abarcadora que se cohesionó bajo la idea del llamado Acuerdo de Santiago 28 , que integró no solo a fuerzas liberales, centristas y de derecha, sino también a grupos políticos de izquierda, como el MPD. Este nuevo frente en la práctica constituyó un experimento o ensayo de lo que sería la estrategia exitosa de Peña Gómez en 1978 que logró sacar 27 El Bloque de la Dignidad Nacional se anunció oficialmente el 26 de septiembre de 1973, aunque desde finales de 1972 se venía discutiendo su posibilidad. La primera concentración pública del Bloque se hizo en el Estadio Cibao el 7 de octubre. La disolución del bloque vino un poco después como consecuencia de la división del PRD con la salida del PRD de su presidente y líder Juan Bosch. A consecuencia de ello, salieron del bloque el propio PRD, el PQD, el PRSC y el MPD. Para diciembre del mismo año el Bloque ya revelaba su debilitamiento hasta que finalmente se disolvió un poco después tras el anunció de Bosch de que en el contexto no existían garantías para una competencia electoral justa, ante el propósito del régimen balaguerista de impedir cualquier alternativa electoral de la oposición con posibilidades de éxito. En realidad, Bosch tenía razón, pero los determinantes de esa situación eran más complejos que el simple propósito balaguerista de perpetuarse en el poder, pues planteaban toda una modalidad política autoritaria de exclusión o bloqueo de una competencia democrática justa. Pero la discusión planteada abarcaba ese problema e iba más lejos, pues obligaba a reconocer un tema crucial: si se descartaba la acción armada y habiendo un efectivo bloqueo para la justa competencia electoral ¿cuál debía ser, entonces, la acción estratégica a ser impulsada? Peña Gómez planteaba que la única vía era la electoral y emplearla en primer lugar rompiendo la lógica excluyente del modelo autoritario balaguerista hasta lograr un modelo de verdadera competencia electoral. Es cierto que este enfoque no fue nunca planteado con claridad por Peña Gómez. Por su parte Bosch planteaba una vía no electoral como respuesta al autoritarismo del régimen, pero esta tesis nunca fue en realidad planteada de manera precisa, ni mucho menos se planteó una opción política propiamente tal alternativa al recurso de la competencia electoral. 28 El Acuerdo de Santiago fue anunciado por Peña Gómez la noche del 28 de diciembre del 1973 en la residencia de Antonio Guzmán en la ciudad de Santiago. El acuerdo incluyó, además del PRD, a los partidos PQD, PRSC y al izquierdista MPD. Véase el libro de Rafael Chaljub El Acuerdo de Santiago (Argos, Santo Domingo, 2015) 8 LA ESTRATEGIA PARA VENCER A BALAGUER EN 1978 Y LA POLÍTICA DE ALIANZAS a Balaguer del poder. La novedad del Acuerdo de Santiago fue que integró a la mayoría de los opositores políticos a Balaguer, salvo el PLD y algunos grupos minoritarios. Asimismo, este Frente integró a algunas fuerzas de izquierda como el MPD. Por otro lado, la iniciativa tuvo mayor vida que la del Bloque, pese a que también hubo de retirarse de la contienda electoral de 1974, más allá de que en la disolución de esta alianza electoral gravitaron significativamente las presiones represivas del régimen balaguerista 29 . En la coyuntura de 1974 Peña Gómez ya era un político maduro. No sólo había vivido la experiencia de la división del PRD, pues había tenido que enfrentar situaciones muy complejas y procesos políticos de difícil manejo. En 1963, siendo apenas un joven dirigente, tuvo que asumir serias responsabilidades en el PRD, tras el golpe de Estado del 25 de septiembre a Juan Bosch; había vivido en la clandestinidad, tanto en la fase inmediata al golpe de Estado, como diez años después en el momento de crisis que siguió al desembarco guerrillero de Caamaño en 1973; había sido un conspirador junto a oficiales jóvenes simpatizantes de Bosch, experiencia que lo llevó a su llamado al pueblo a que apoyara la insurrección militar el 24 de abril de 1965; había vivido la guerra de abril y liderado al PRD en los meses que siguieron a la ocupación militar norteamericana en la llamada zona constitucionalista. A todo esto se agrega que, tras el fin de la guerra de abril de 1965 y la derrota electoral del PRD en 1966, Peña Gómez tuvo que asumir la responsabilidad del partido, tras el largo viaje de Bosch a Europa en 1967, que lo mantuvo alejado del país hasta 1970. A partir del regreso de Bosch s la batalla interna en el PRD giró abril de 1965 la aceptación o rechazo de la tesis de la dictadura con respaldo popular, el conflicto en torno a las influencias de la izquierda en el PRD, las diferencias en cuanto a las estrategias electorales y de enfoque respecto a importantes coyunturas como la guerrilla de Caamaño y las leyes agrarias en el año 1973 30 . Como se aprecia, Peña Gómez había atravesado por toda una tortuosa serie de eventos conflictivos que terminaron 29 En general el mejor análisis de la represión balaguerista en el gobierno de los doce años(1966-1978) que incluso cuantifica sus dimensiones es el ensayo de Isis Duarte y José Pérez“Consideraciones en torno a la política represiva y asistencial del Estado dominicano, 1966-1978”, en: Realidad Contemporánea, v. II, núm. 10-11, Santo Domingo. En mi libro El reformismo dependiente (2da edición ampliada(FLACSO-Programa República Dominicana, impreso en Editora Búho, Santo Domingo, 2020), realizo también en un análisis del papel y significado de la repre sión en el gobierno de los doce años. A diferencia del análisis de Duarte y Pérez, en mi libro presento un esquema tipológico relativo a los momentos que asumió la represión política en todo el periodo de gobierno de Balaguer, donde demuestro que la represión en dicho régimen fue un fenómeno cambiante en el tiempo y que además la misma no constituyó una característica estática ni estructural del régimen balaguerista. La misma representó un recurso político necesario para alcanzar un objetivo que era imprescindible para la estabilización del bonapartismo dependiente: la desmovilización política de la oposición y la ex clusiòn de los partidos y actores políticos opositores en lo relativo a su participación en los poderes efectivos del Estado, como lo era en lo esencial el poder congresional o legislativo. 30 Es muy posible que el desembarco guerrillero de Caamaño en 1973 fuera el punto crítico de las diferencias entre Bosch y Peña Gómez, acelerando el rompimiento entre ambos líderes, pero esto requiere una investigación más profunda. dotándolo de una rica experiencia de dirección política, sobre todo en el terreno táctico 31 . LA ESTRATEGIA PARA VENCER A BALAGUER EN 1978 Y LA POLÍTICA DE ALIANZAS La prueba de fuego de la estrategia peñagomista fueron las elecciones de 1978. La experiencia de 1970 con todo y su fracaso, como ya se insinuó, constituyó el laboratorio de 1978. El Acuerdo de Santiago demostró que era posible organizar una alianza política que enfrentara con éxito el balaguerismo. Mostró así que era posible organizar un gran acuerdo político que lo enfrentara y además que en ese acuerdo la presencia de la izquierda era posible. Sin embargo, 1974 manifestó carencias importantes como estrategia electoral. En primer lugar, dado la reciente salida del PRD de Juan Bosch, en la organización perredeísta, si bien Peña Gómez era reconocido como el líder y principal dirigente, su poder aún tenía espacios blandos y en la orga nización existían focos internos que mostraban dudas res pecto a la estrategia electoral en desarrollo. A esto se añade el hecho de que en ese momento Juan Bosch contaba con un prestigio político indiscutible en importantes sectores de influencia en el país y, en consecuencia, era visto con un poder de convocatoria de masas muy amplio. Asimismo, en 1974 el Acuerdo de Santiago se organizó sin una clara apreciación de la cuestión militar, sobre todo del papel que los estamentos armados podían jugar en caso de un conflicto que los involucrara. Finalmente, en ese momento no era clara la posición norteamericana respecto a la cuestión de la alternabilidad democrática. En la administración republicana era evidente que Balaguer gozaba de aceptación 32 . Pero cuatro años después, en 1978, la situación era otra. Balaguer no tenía un reconocimiento y apoyo compacto en el cuadro de fuerzas y sectores políticos conservadores y de derechas. En algunos grupos empresariales, como los del Cibao, las críticas al régimen balaguerista eran más o menos abiertas. Los grandes terratenientes del Este del país, como ya lo habían mostrado en 1973 y 1974, tenían abierta inconformidad con el proceso de reforma agraria que les afectó y, aunque las llamadas leyes agrarias no produjeron una ruptura definitiva con el régimen, produjeron fisuras. De forma tal que incluso en sectores militares, a su vez terratenientes, la inconformidad con el proceso de reforma agraria era abierta 33 . De esta forma, aunque los altos mandos militares man31 No debe olvidarse que, a principios de los setenta, tras el regreso de Bosch al país, Peña Gómez salió a culminar estudios de post grado en la Universidad de Paris, completando así su formación política. En ese período que duró alrededor de dos años Bosch entabló una lucha contra la influencia de los partidos de izquierda en el PRD(las llamadas garrapatas). 32 Sobre las sutilezas de esta dinámica negociadora véase a Piero Gleijeses: La esperanza desgarrada(op. cit.) y a Jonathan Harthlyn: La lucha por la democracia en la República Dominicana (FUNGLODE, Santo Domingo, 2008). 33 Véase Wilfredo Lozano El reformismo dependiente(op. cit.), capítulo 6, particularmente el parágrafo 6.2. 9 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – REPÚBLICA DOMINICANA tuvieron siempre una firme lealtad a Balaguer, en la propia oficialidad que no tenía acceso a los privilegios de la casta militar dominante, había una notoria inconformidad 34 . En 1978 la influencia política de Bosch había mermado y en su defecto en la opinión pública el PRD era reconocido como la principal organización de oposición y con gran poder de convocatoria popular. Por otro lado, Peña Gómez había ganado prestigio como dirigente de la Internacional Socialista y su amistad con figuras importantes de este movimiento político internacional era apreciada. Finalmente, en 1978 la administración de la Casa Blanca había pasado a manos del Partido Demócrata y el nuevo presidente Jimmy Carter sostenía una nueva política hacia Latinoamérica en materia de derechos humanos y defensa de los gobiernos democráticos. Esa nueva situación le facilitó la tarea a Peña Gómez. En estas condiciones impulsó una nueva y ambiciosa estrategia. Por lo pronto, su claro liderazgo nacional e internacional le permitió cohesionar de manera muy efectiva su liderazgo interno en el PRD, de forma que en dicha organización ya nadie dudaba del poder y liderazgo de Peña Gómez, lo cual le permitió alinear a la dirigencia del partido con la estrategia electoral que estaba impulsando. De esta forma, en 1978 Peña Gómez impulsó una exitosa estrategia electoral que se expresó en tres niveles: 1) una estrategia de alianzas internas, tanto en lo relativo a los actores políticos nacionales como a las fuerzas empresariales y sectores sociales de influencia; 2) una línea de contactos con los sectores militares; y 3) finalmente, una estrategia internacional hacia los Estados Unidos, con los llamados liberales de Washington. Veamos con cierto detalle la acción peñagomista. LA POLÍTICA DE ALIANZAS Y EL CONTACTO CON LOS MILITARES Sería un error pensar que la política de alianzas que Peña Gómez impulsó se limitaba al terreno de las relaciones y acuerdos con los actores políticos. Él tenía una visión amplia de las alianzas, derivada de su visión de la composición social de la sociedad dominicana, visión parcialmente derivada de las propuestas que el propio Juan Bosch había formulado años atrás en obras como Trujillo: causas de una tiranía sin ejemplo . El primer componente del asunto era el propiamente partidario. Peña Gómez siempre vio al PRD como una organización en la que coexistían los intereses de diversos grupos y clases so ciales. Para el líder socialdemócrata era esa heterogeneidad de intereses políticos y sociales coexistentes la que le daba al PRD un potencial de influencia a escala nacional que lo convertía en la práctica en un microcosmos de la sociedad dominicana. En un lenguaje gramsciano pudiera decirse que era esta característica la que le facilitaba al PRD su potencial de hegemonía política sobre la sociedad. En esa perspectiva realmente gramsciana, Peña Gómez sostuvo su propuesta socialdemócrata y produjo lo que posiblemente haya sido el más significativo intento de reforma sociopolítica de inspira ción socialdemócrata que haya habido en el país. Visto así, lo que Peña Gómez estaba proponiendo era, en ese plano, una gran alianza que incorporaba a las clases medias urbanas, los grupos y sectores profesionales corporativos(sindicatos, asociaciones profesionales, clubes barriales y organizaciones populares) y los sectores progresistas del empresariado nacional en sus diversas expresiones económicas(industriales, agrarios, comerciantes, banqueros). En el plano político esta propuesta se traducía en la búsqueda de acuerdos con sec tores de las llamadas derechas políticas, coyunturalmente en conflicto con el régimen balaguerista, el movimiento obrero organizado, el movimiento estudiantil y a los partidos de izquierda dispuestos a asumir ese tipo de compromiso político, como lo fue el caso del MPD. En el plano militar Peña Gómez siempre reconoció la necesidad de mantener un vínculo con el estamento militar, no porque entendiera que tenerlos en consideración era un componente necesario de cualquier perspectiva conspirativa hacia la cual se pudiera evolucionar en la lucha política, sino porque esa relación era imprescindible para lograr precisamente lo contrario: su alejamiento de la sumisión al poder de la casta balaguerista y quizás de manera principal para evitar que, independientemente de la agudización de los conflictos políticos, no se tuviera que llegar a una situa ción como la que provocó la guerra civil de 1965. En esa visión, el trato con los militares derivaba del reconocimiento de cuatro momentos articulados de lo que pudiéramos definir como la expresión histórica del poder político en sociedades con escaso desarrollo institucional y un fuerte componente presidencialista en el manejo del Estado. En primer lugar, en ese enfoque, los militares tenían una función mediadora con los poderes decisionales del país, vale decir, con el presidente, la élite política, los grupos de poder económico y sectores de influencia ideológica como la Igle sia. En segundo lugar, los militares tenían en momentos de crisis un poder arbitral incuestionable. En tercer lugar, los militares tenían en sí mismos una fuerza política significa tiva, en la que se apoyaba el poder presidencial, teniendo a su vez importancia geopolítica. Finalmente, todo esto se conecta al cuarto componente importante: el hecho de que los militares, dado su origen popular, a la hora de las decisiones políticas, tenían en concreto fuerte influencia en materia electoral 35 . Probablemente fue la conspiración constitucionalista la que inició los contactos recurrentes con los militares, los que en esa ocasión ayudaron a que en la clandestinidad Peña Gómez junto al líder del PRD, Juan Bosch, pudiera sobrevivir en ese momento. Finalmente, no puede dejar de señalarse que en la crisis política provocada por el fraude electoral de 1994 muchos militares apoyaron a Peña Gómez en sus reclamos ante el fraude. LA POLÍTICA DE ALIANZAS EN EL PLANO INTERNACIONAL El tema de las alianzas tiene en el plano internacional una especificidad que es necesario distinguir. En este plano los 34 Véase Bryan Bosch: Balaguer y los militares(op. cit.) 35 Véase Pope Atkins: Los militares y la política en la República Dominicana(op. cit.) y Brian J. Bosch: Balaguer y los militares dominicanos(op. cit.) . 10 LA POLÍTICA DE ALIANZAS Y EL CONTACTO CON LOS MILITARES actores involucrados se organizan en el sistema internacional expresando intereses políticos y organizaciones especí ficas, y su actuación está mediada por el lugar que ocupan en el sistema de estados naciones sus organizaciones, pero también sus estados. En tal sentido Peña Gómez comprendió que, en esencia, desde el punto de vista de los intereses del PRD como partido era necesario distinguir al menos tres escenarios: 1) el propio del movimiento socialdemócrata en la escena mundial a través de su organicidad institucional: la Internacional Socialista; 2) el movimiento progresista latinoamericano en el que debía considerarse no sólo a los actores políticos organizados en partidos, sino también a determinadas formaciones estatales(congresos, gobiernos locales, etc.); y 3) los llamados liberales de Estados Unidos, en el que debían distinguirse, un núcleo de personalidades políticas que por lo general operaban en Washington, tanto en la esfera civil como en el nivel congresional, el ala progresista o liberal del Partido Demócrata y finalmente la propia administración de gobierno. De esta forma, en la coyuntura de 1978, en el momento difícil en que, tras conocerse los resultados electorales que dieron claramente el triunfo al PRD, se hizo claro esta diversidad de esfuerzos políticos de Peña Gómez. Aliados latinoamericanos como Carlos Andrés Pérez y el gobierno venezolano ejercieron presiones directas para que los resultados electorales fueran reconocidos, personalidades como Felipe González dieron un gran apoyo a Peña Gómez en su esfuerzo europeo y global, aliados como la socialdemocracia sueca hicieron un lobby importante en el nivel de los gobiernos europeos y centroamericanos y los liberales de Washington indudablemente contribuyeron a que el presidente Jimmy Carter asumiera un liderazgo en las presiones para obligar al gobierno de Balaguer a reconocer los resultados electorales. Todos estos esfuerzos no se hubieran materializado si Peña Gómez en el período previo no hubiese articulado una hábil estrategia de movilización de aliados. aquí un giro que modifica la apreciación gramsciana. Para Gramsci la guerra de movimiento era la propia en estados y sociedades poco articulados, donde el componente societal era débil y el poder estatal muy fuerte(Oriente). En cambio, -argumentaba Gramsci- en Occidente, donde la sociedad civil es fuerte y el Estado se ve obligado a orquestar una acción de permanentes compromisos y alianzas, la guerra de posición es la línea estratégica que se impone, donde en el plano de la sociedad se gana espacio en una lógica de asedio al Estado. En el caso de Peña Gómez lo que se produce es una combinación de ambas líneas estratégicas o lógicas de acción política. De esta forma apreciamos que en Peña Gómez por un lado hay un permanente esfuerzo de concertación de alianzas que persiguen involucrar en un común propósito fuerzas políticas diferentes, al tiempo que se reconoce la convicción de que la acción política democrática requiere de compromisos y acuerdos en una lógica de guerra de movimiento. Igualmente, Peña Gómez articula una estrategia posicional donde se va ganando terreno en una lógica de asedio al antagonista autoritario (Balaguer), apoyándose en un esfuerzo de permanentes encuentros y luchas coyunturales(guerra de movimiento), hasta lograr llegar a la situación o asedio final, a través de un canal donde la política de aliados reconoce sus compromisos, el momento electoral. Si se quiere emplear el símil gramsciano pudiera decirse que en Peña Gómez se reconoce una gran capacidad para pensar la acción política como una combinación de la guerra de movimiento con un permanente esfuerzo por ganar espacios o posiciones estratégicas(guerra de posición). Es así que, en mi criterio, en el enfrentamiento al poder balaguerista en los doce años(1966-1978) Peña Gómez asumió una clara estrategia de largo plazo que podría sintetizarse en los siguiente momentos: a) el territorio de Posiblemente Peña Gómez no fue un lector sistemático de Antonio Gramsci 36 , pero en su práctica política no cabe dudas de que fue de hecho un discípulo del pensador italiano. En tal sentido estoy pensando en la claridad que siempre tuvo Peña Gómez de que la política moderna exigía un esquema flexible que permitiera amplias concertaciones de fuerzas y de que el“momento cultural” constituía un componente determinante de la política moderna. Todo esto se aprecia con mayor claridad al reconocer la importancia de la política de alianzas para Peña Gómez, pero sobre todo es determinante al apreciar su habilidad para pasar de lo que Gramsci llama la guerra de movimiento a la guerra de posición 37 . Incluso en esto la visión de Peña Gómez introduce 36 En todos los textos que he leído de Peña Gómez, incluidos sus diecisiete tomos de discursos, no he encontrado una sola mención a la obra de Gramsci, pero sí diversas menciones de Lenin y del propio Carlos Marx. Para la discusión sobre el análisis gramsciano de la guerra de posición y la guerra de movimiento véase Antonio Gramsci: Notas sobre Maquiavelo, la política y el Estado moderno (Nueva Visión, Buenos Aires, 1972). 37 En sus Notas Maquiavelo, la política y el Estado moderno Gramsci discute los conceptos de guerra de movimiento y guerra de posición con cierta amplitud. Para Gramsci la guerra de posición y la guerra de movimiento refieren a una analogía militar que describe“momentos” o“modalidades” de la lucha política. Como tales, dichos momentos no suponen ni una sucesión necesaria de acontecimientos o momentos, ni una relación de mutua dependencia, aluden a dos formas del conflicto. Para nuestro caso lo importante es que en Gramsci ambos momentos sean distintos y separados, aunque históricamente la metáfora militar a la que corresponde alude a dos momentos de la lucha militar: la guerra rápida y de movimiento que fue lo propio de los conflictos militares anteriores a la Primera Guerra Mundial, iniciados tras las guerras napoleónicas, y la larga lucha posicional que fue la característica del conflicto bélico mundial iniciado en 1914, con la lucha de trincheras. En cambio, en Peña Gómez ambos momentos se interconectan, pero no se suceden en una relación de necesidad lineal o histórica. Para Gramsci hay una estrecha relación entre lo que él denomina la revolución pasiva y la guerra de posición. Por ello en sus Notas el análisis de la primera sucede al análisis de la segunda, aunque indudablemente este orden obedece en cierto modo al ordenamiento que inicialmente Togliatti le dio a los Cuadernos de la cárcel de Gramsci . En la edición argentina de las Notas sobre Maquiavelo , en las que me apoyo, el análisis de la lucha política y la guerra militar (pp. 75-83) es previo al análisis sobre la revolución pasiva (pp.83-93) que se detiene sobre todo en el caso italiano y el proceso del llamado Risorgimento . En Peña Gómez ambas modalidades de la lucha pueden coexistir en un mismo momento del conflicto político, pero todo indica que en su caso hubo una cierta intuición de la problemática gramsciana, puesto que para el socialdemócrata dominicano claramente la acción electoral(guerra de movimiento) indica un momento necesario y previo a la fase democratizadora(guerra de posición) cuya analogía con la idea de la revolución pasiva es clara. 11 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – REPÚBLICA DOMINICANA la disputa política no podía ser el choque armado, ni la permanente protesta de la sociedad civil organizada, sino el electoral; en este sentido en una guerra posicional había que ir ganando terreno hasta cercar la casamata electoral balaguerista y derrotarla; b) era imprescindible una amplia y flexible política de alianzas que se desplegaba en una permanente lucha o guerra de movimiento donde se involucraban los actores políticos con la sociedad en el terreno coyuntural; c) el momento internacional era un componente fundamental, tanto en el marco de las acciones coyunturales(guerra de movimiento), como en las acciones estratégicas(guerra de posición); d) la cuestión militar ocupaba un lugar estratégico como mediación que debía neutralizarse en una potencial situación crítica. Para concluir con esta parte del análisis, debemos reconocer que en 1978 Peña Gómez logró articular un diseño estratégico donde el momento internacional desempeñó un rol articulador de aliados poderosos a nivel de los estados y de las organizaciones políticas con relevancia internacional que le permitió acercar a actores nacionales relevantes en el ámbito empresarial, ideológico y cultural, al tiempo que le dio confianza a los aliados políticos locales de la viabilidad de la empresa en la que se habían embarcado. Pero lo más importante es que el momento internacional fue un factor determinante para lograr neutralizar a los sectores militares“duros” que se negaban a reconocer la derrota de Balaguer, al tiempo que al final de la crisis suscitada con el evidente triunfo del PRD que revelaban los números de la JCE, el propio Balaguer se vio forzado a aceptar la derrota. Sin embargo, nada de esto hubiera podido articularse si Peña Gómez no hubiese logrado articular una compacta alianza de fuerzas políticas nacionales, al tiempo que cohesionaba su propio partido(PRD) en un esfuerzo unitario. Por ello debemos prestar atención especial al modo en que Peña Gómez manejó el equilibrio interno del PRD en la lucha de facciones. Posiblemente subestimó el propio poder que había ganado en el plano nacional o lo sacrificó para lograr una suerte de equilibrio tenso entre las facciones del partido. Pero la idea que presidía esta estrategia de alianzas era sencilla: ceder el paso a los grupos de centro derecha del partido para poder cohesionar fuerza en el plano popular. A mi criterio esta idea estaba sosteniendo la estrategia de alianzas no sólo en su política de aliados, sino sobre todo organizando una visión para lograr la unidad de las diversas fuerzas políticas a lo interno del partido. Tengo la convicción de que para las elecciones de 1978 ello fue un componente clave para que el PRD eligiera a Don Antonio Guzmán candidato a la presidencia de la República. En ese enfoque estratégico Guzmán en muchos sentidos era el candidato ideal: político honesto, con una probada trayectoria ciudadana y patriótica, con ideas liberales, pero conservador en lo político y conectado a grupos tradicionales del poder agrario y terrateniente del norte del país. A todo esto, en la visión estratégica que Peña Gómez estaba armando, se unió su claro entendimiento del papel histórico que jugaba la clase media, sobre todo en sus estratos urbanos. Grupo social con una gran capacidad de movilización social, poder de convocatoria en los grupos subalternos y vocación modernizadora y democrática. En medio de estos movimientos Peña Gómez no sólo aprendió a organizar su accionar político en un enfoque que no olvidaba la fina conexión entre el comportamiento de los actores propiamente políticos y el condicionante social de la vida política en su conjunto, aprendió así a negociar no solo con la clase media, los grupos de presión en el partido y las bases populares, logró sobre todo aprender a negociar con las élites, en quienes finalmente descansaba el poder en el conjunto de la nación. EL PRD EN EL PODER: LA GOBERNANZA DEL CONFLICTO Y EL ESTADO La lucha interna en el PRD no puede ser interpretada simplemente como el producto de la incapacidad de la pequeña burguesía de producir un orden social y político estable. Esta es la interpretación de Bosch sobre el conjunto de la formación social dominicana, interpretación que fue el leit motiv que lo condujo a fundar el PLD, en la búsqueda de un instrumento político ejemplar que pudiera conducir a la nación dominicana hacia un orden social y político justo y políticamente estable. Sin embargo, en la apreciación de Bosch hay un indiscutible contenido de verdad, pese a la rigidez de su enfoque. Ciertamente, en una formación social con una estructura societal poco articulada y la presencia de un Estado tan poderoso, es muy difícil cimentar organizaciones políticas estables, el conflicto distributivo es permanente y la lucha social y política en general se organiza en búsqueda de posiciones en el Estado con el propósito de alcanzar privilegios distributivos. Peña Gómez compartía con Bosch gran parte de su enfoque social, pero a diferencia del maestro se propuso operar con el material que se tenía a mano, asumiendo la realidad del conflicto del modo anteriormente planteado. En ese sentido, para Peña Gómez la realidad de las facciones era un hecho social, no sólo político. En consecuencia, si se quería actuar con eficacia en política y alcanzar resultados debía asumirse la fragilidad social en que se desenvolvían los actores progresistas que gravitaban en el PRD. Pero lo más importante a mi criterio es que Peña Gómez comprendió con mucha claridad un hecho prácticamente imperceptible incluso para los intelectuales: 1) la base dirigencial de la política de masas se generaba en esa pequeña burguesía organizada en diversas expresiones corporativas y políticas: partidos, gremios y organizaciones profesionales, etc. El PRD no escapaba a esa realidad. 2) Pero también Peña Gómez comprendió que para él ejercer liderazgo sobre esos estamentos dirigenciales y gobernarlos debía encontrar un mecanismo de permanentes acuerdos y compromisos que le permitieran ejercer un liderazgo general. A lo que se añade que de esa forma él podía hacer de la presencia de las masas populares en la acción del partido el componente central del ejercicio de su liderazgo. Peña Gómez no sólo buscaba así un compromiso con la pequeña burguesía, sino un espacio donde la acción de masas encontrara un espacio organizado. En muchos sentidos, a mi juicio, ese era el contenido policlasista del PRD que Peña Gómez cohesionaba, a lo que se añade otra función clara en el horizonte político del enfoque peñagomista: la idea de que, pese al cúmulo de debilidades de la clase media, o pequeña burguesía en el lenguaje de Bosch, la misma desempeñaba 12 EL PRD EN EL PODER: LA GOBERNANZA DEL CONFLICTO Y EL ESTADO una función mediadora frente a las masas populares y las élites económicas que gobernaban la nación. Esa función mediadora debía dirigirse políticamente para poder crear las capacidades políticas y organizacionales que permitiera una movilización de masas del pueblo. Fue en esa perspectiva que Peña Gómez organizó la estrategia de alianzas que le permitió al PRD derrotar a Balaguer en 1978. Sin embargo, una vez alcanzada la victoria e instalado el gobierno de Antonio Guzmán en el poder, surgió una nueva dimensión del conflicto interno. Ahora, tras la realidad del poder, el conflicto faccional se trasladó al Estado y con ello, al choque político entre los aparatos de Estado. De esta forma, tras la llegada al poder, en el PRD la lucha entre sus diferentes facciones adquirió un nuevo significado. Ahora las acciones faccionales pasaron a ocupar determinados espacios estatales de poder, lo que supuso una nueva lógica del conflicto 38 . Veamos. El grupo que lideraba Majluta y el recién instalado presidente Antonio Guzmán de hecho pasó a controlar el Poder Ejecutivo en su conjunto. En cambio, la principal facción antagónica, bajo la dirección de Salvador Jorge Blanco, pasó a controlar el senado de la República y desde allí pasó a tener una influencia determinante en el conjun to del Congreso Nacional. De esta forma en la práctica el choque entre ambas facciones articuló un conflicto cuasi permanente entre los dos principales poderes del Estado, el Ejecutivo y el Legislativo. Así el primer gobierno de la transición democrática entre 1978 y 1982 operó siempre en permanente riesgo de ingobernabilidad 39 . En ese conflicto Peña Gómez no intervino directamente, pero hubo de constituirse en un permanente mediador, esta vez como un intermediario de facto entre los dos grandes poderes estatales y de esta forma como mediador del conflicto entre los propios aparatos y poderes del Estado. Esta fue una tarea difícil, pues Peña Gómez desde el punto de vista doctrinal o ideológico, siempre estuvo más cerca de las ideas del senador Salvador Jorge Blanco que del grupo Majluta-Guzmán. El primero sostenía ideas más cercanas a los planteamientos de la socialdemocracia a la que estaba adscrito Peña Gómez, mientras que el grupo liderado por Guzmán y Majluta, siendo de corte liberal y modernizador, en lo político sostenía ideas más conservadoras, al tener en su composición un sector empresarial de ascendiente agrario y mercantil, por lo general representando los intereses de los grupos empresariales del Cibao 40 . LA CRISIS DE 1984: LA PÉRDIDA DE LA HEGEMONÍA POPULAR Después de una tortuosa lucha la convención perredeista de 1981 eligió como candidato presidencial para las elecciones de 1982 al senador Salvador Jorge Blanco. Con su triunfo electoral, los papeles se invirtieron, pues ahora la facción liderada por el senador pasó a controlar el poder ejecutivo y la de Majluta y el fenecido presidente Guzmán pasó a controlar el congreso, con la elección al senado del propio Jacobo Majluta, quien paso a ser presidente de la cámara alta. En ese segundo acto del mismo drama conflictual interno del PRD Jorge Blanco se enfrentó a igual resistencia congresional de la facción controlada por Majluta, en el impulso de las políticas de gobierno que requerían apoyo congresional, con una diferencia: ahora el gobierno de Jorge Blanco heredaba resultados de políticas económicas impulsadas por la administración de Antonio Guzmán de su partido ahora en el poder. En el plano económico los principales problemas heredados fueron dos: el creciente déficit fiscal a que condujo la política de reformas sociales y políticas asistenciales (aumentos salariales y del volumen del empleo público, reivindicaciones asistenciales en materia educativa, de salud, etc.) y el creciente endeudamiento externo 41 . Por otro lado, hubo de enfrentarse a un esquema de política económica donde predominaban intereses agrocomerciales, con las consecuencias de lugar en lo relativo al estimulo para el crecimiento interno en materia industrial. Todo esto pronto forzó al nuevo gobierno a impulsar una política de ajuste y al acuerdo con el FMI. Dicho acuerdo desencadenó una protesta generalizada en todo el país, marcando el inicio del descenso de la hegemonía del PRD en los sectores populares 42 . Tras las protestas populares que provocó el acuerdo con el FMI, 1984 fue quizás el momento más difícil en la carrera política de Peña Gómez en lo que refiere a la fuerza de masas de su liderazgo. A Peña Gómez le tomó más de un lustro recuperar el ascendiente de masas que su liderazgo tenía en el momento de llegada al poder del PRD en 1978. En esas condiciones entre 1984 y 1990 la política dominicana dio un giro importante, lo que comprometió al proceso mismo de transición democrática iniciado en 1978. En primer lugar, desató una crisis de hegemonía del PRD sobre el movimiento de masas, que le permitió a Balaguer su recuperación política, al punto de que, dos años después de la crisis de 1984, en 1986, el viejo caudillo conservador ganaría las elecciones, regresando al poder, 38 Para una reflexión general sobre el tema del faccionalismo véase a Nicos Poulantzas; Poder político y clases sociales en el estado capitalista (Siglo XXI, México, 1971). 39 Véase Jonathan Harthlyn: La lucha por la democracia en la República Dominicana(op. cit.) y Wilfredo Lozano: El reformismo dependiente(op. cit.). 40 En este primer gobierno del PRD a Peña Gómez en la práctica se le impidió el acceso al Palacio Nacional, siendo el líder político del partido de gobierno, como él mismo declarara en varias ocasiones. 41 Véase Carlos Despradel 40 años de economía dominicana (Editora Búho, Santo Domingo, 2005). 42 Sobre estos procesos puede verse a Laura Faxas: El mito roto. Sistema político y movimiento popular en la República Dominicana, 1961-1990 (Siglo XXI, FUNGLODE, FLACSO-Repúbli ca Dominicana, México, 2007). Ver además Wilfredo Lozano: La urbanización de la pobreza (FLACSO-Programa Repúbli ca Dominicana, impreso en Editora Búho, Santo Domingo, 1998), Leopoldo Artiles:“Los diez años de gobierno del Dr. Joaquín Balaguer: la dialéctica entre la inercia y la transformación”, en: Historia general del pueblo dominicano, Vol. VI, coordinado por Roberto Cassá, Academia Dominicana de la Historia, 2018). 13 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – REPÚBLICA DOMINICANA en un contexto muy distinto al que le permitió regresar al país y ganar el poder en 1966 43 . En segundo lugar, en las nuevas condiciones políticas de la transición democrática a Balaguer no le fue posible manejar el estamento militar como su principal recurso de dominio sobre el conjunto de los actores políticos, como fue lo propio bajo el régimen de los doce años(1966-1978). En tercer lugar, Balaguer hubo de enfrentarse al hecho de la autonomía del empresariado que le impidió manejarlo en esta nueva experiencia como un cuerpo corporativo subordinado a la dirección del poder ejecutivo. Por el contrario, para regresar al poder, en esa situación Balaguer tuvo que convencer al empresariado de que él representaba la opción necesaria para desplazar al PRD del poder como opción que le permitiría al empresariado precisamente mantener su autonomía. Por otro lado, no puede perderse de vista que en la práctica el empresariado se encontraba dividido, siendo su mayor evidencia el siguiente escenario: los empresarios del norte, el llamado grupo de Santiago, había dado su apoyo a Antonio Guzmán y al gobierno perredeísta y pese a su derrota política y salida del poder, el PRD había ganado espacio político en importantes sectores empresariales, de forma tal que en esta nueva experiencia de poder Balaguer encontró en lo esencial su base de apoyo empresarial en el empresariado concentrado en Santo Domingo en torno a la actividad industrial y comercial importadora, además de algunos sectores del poder financiero. Pero lo más importante de la nueva situación es que el regreso de Balaguer al poder en 1986 se hizo en condiciones de un escenario político competitivo y pluralista donde el sistema de partidos había ganado un espacio legítimo en la sociedad y ante el empresariado y tanto el PRD desplazado del poder como el PLD eran ahora partidos con poder político significativo, lo que convertía el congreso en un poder que Balaguer no podía manejar a su discreción, como fue lo propio en el gobierno de los doce años(1966-1978). Si se analizan las condiciones de la gobernabilidad política de los dos gobiernos del PRD en la transición democrática entre 1978 y 1986, debemos reconocer que lo importante para nuestros fines es destacar que, en las nuevas condiciones asumidas por el conflicto interno en el PRD, Peña Gómez no solo arbitraba el conflicto de los grupos de interés internos en el partido. Su liderazgo pasaba a constituir ahora un componente de la gobernabilidad del régimen político y por ello del proceso mismo de transición democrática. Este aspecto no fue visto ni por el propio Peña Gómez, ni por los dos gobiernos perredeístas con Guzmán y con Jorge Blanco a la cabeza, respectivamente. Aquí surge un nuevo componente político en la lucha faccional, dada la dimensión estatal del conflicto. A la larga este componente estatal del conflicto obligaba a Peña Gómez a inclinarse más por la facción liderada por Jorge Blanco que por la liderada por Antonio Guzmán. Esto era casi una consecuencia de dos hechos: por un lado, el ascendiente abiertamente conservador del gobierno de Antonio Guzmán y el cerco que la administración produjo en la figura de Peña Gómez, como se ha visto arriba, pero fue sobre todo el producto de que el agrupamiento faccional de Jorge Blanco tenía mayor afinidad ideológica y política con las ideas de ascendiente socialdemócrata de Peña Gómez. Las consecuencias de este hecho se verían un poco más tarde, cuando Jorge Blanco pasó a presidir el gobierno en el periodo 1982-1986. La lucha faccional llegó a extremos entre los bandos perre deístas en el poder, al punto de que desde el congreso al gobierno se le dificultaba permanentemente la aprobación de iniciativas que requerían apoyo congresional, pues la facción antagónica lo enfrentaba desde el congreso. De esta forma, la gestión de gobierno del PRD encontró su principal dificultad en la lucha faccional interna, lo que planteó un serio problema de gobernabilidad a la transición a todo lo largo de la fase liberal de todo el proceso de transición democrática en el largo período 1978-1996 44 . Pero hay que hacer precisiones. Por un lado, quizás el principal problema del gobierno de Guzmán se encontró en otro sitio: el provocado, en la fase inicial de la transición democrática, por la doble tensión consistente en que tuvo que asumir tareas democratizadoras, entre las cuales las principales fueron la desmilitarización del Estado, la apertura política, el fortalecimiento de las condiciones de un ejercicio democrático del poder, sobre todo en materia electoral y la libertad de prensa, mientras por otro lado tuvo que asumir presiones sociales de las bases populares del PRD y del conjunto de la población pobre en el manejo de tareas reivindicativas en materia salarial y asistencial. Esto lo condujo a una política populista que en un corto tiempo produjo un creciente endeudamiento y déficits fiscales crecientes. Por otro lado, en el caso del gobierno de Jorge Blanco su problema fue de carácter más delimitado, pero de consecuencias políticas catastróficas: administrar la crisis económica que la apertura democrática estimuló, en parte a consecuencia de un esquema populista de gestión económica, pero sobre todo resultado del profundo déficit social que se había producido como producto del ejercicio autoritario del poder que era superado 45 . En lo que refiere al rol de Peña Gómez en esa difícil coyuntura al menos dos asuntos deben comentarse aquí. En primer lugar, tras el ascenso del PRD al poder, la lucha faccional tenía una directa consecuencia en las políticas públicas que intentaba implementar la nueva administración perredeísta en el Estado, de forma tal que las mismas afectaban de manera desigual a los jefes de tendencias o facciones en la organización, favoreciendo sobre todo a aquellos dirigentes partidarios, locales y nacionales, que controlaban la implementación de políticas públicas, sobre todo en materia de empleos públicos y asistencialismo social. Esto afectaba el potencial de arbitraje al que estaba 43 Véase Leopoldo Artìles“Ideología de la burguesía industrial dominicana”(1963-1974), en: Estudios sociales, XIX, (65) pp. 37-71, 1986 y Lozano La política del poder. La crisis de la democracia dominicana en el siglo XXI (FLACSO-Programa República Dominicana, impreso en Editora Búho, Santo Domingo, 2022). 44 Véase Wilfredo Lozano: La política del poder….(op.cit.). 45 Véase Wilfredo Lozano“Los gobiernos del PRD: 1978-1986. Transición democrática, movilización popular y crisis económica”, en Roberto Cassá Historia General del Pueblo Dominicano, Vol. VI, Academia Dominicana de la Historia. Impreso en Editora Búho, Santo Domingo, 2018). 14 LA CRISIS DE 1984: LA PÉRDIDA DE LA HEGEMONÍA POPULAR acostumbrado el líder máximo de la organización, Peña Gómez, no tanto en su capacidad de arbitraje ante las tendencias, sino en la hegemonía misma de su figura ante el movimiento de masas, vale decir, ante la base misma de su propio partido. En segundo lugar, había un componente de tipo ideológico-político involucrado en la disputa entre tendencias y ello también afectaba el liderazgo del presidente del partido, dado su rol internacional como dirigente de la Internacional Socialista y, sobre todo, en tanto estaba comprometido con una visión socialdemócrata de la política, principalmente en materia de las políticas sociales y en lo relativo a la visión misma de la democracia que debía impulsar el partido. En el caso del gobierno de Don Antonio Guzmán, el cual, siendo una personalidad de ideas liberales, no tenía un igual compromiso con la visión socialdemócrata de Peña Gómez, a lo que se sumaba que en el gobierno predominaban los intereses del empresariado del norte del país y sobre todo se trataba de impulsar, desde las políticas económicas del gobierno, un enfoque donde predominaban los intereses agrariomercantiles y financieros. Para suerte de Peña Gómez, los grandes compromisos de masas del PRD obligaron al gobierno de Antonio Guzmán a una política de aumentos salariales y generación de empleos, apoyándose en el potencial del Estado como empleador, al tiempo que liberalizaba una política de precios y asistencia social en favor de los grupos populares. Pero había un componente de la situación descrita que produjo consecuencia no buscadas(Weber) que afectaron el liderazgo de Peña Gómez frente a la base de masas de su propio partido. Se trata de las disputas presidenciales, donde las facciones se enfrentaron agresivamente por la nominación del próximo candidato presidencial, donde terminó imponiéndose Salvador Jorge Blanco, quien también ganó las elecciones de 1982. Tras las protestas de 1984 la realidad es que el PRD entró en una espiral de descenso de su simpatía de masas. En ese clima Jacobo Majluta ganó las primarias del año siguiente, pero su candidatura encontró una fría aceptación de muchos sectores de su propio partido, sobre todo del grupo en el poder liderado precisamente por el presidente Jorge Blanco. En ese clima, en las elecciones de 1986 el triunfo de Balaguer se produjo bajo la sombra de miles de votos observados sin contar. Fue así que Balaguer ascendió por quinta vez al poder 46 . Pero en esas circunstancias la semilla de la división quedó sembrada en el PRD, tras la disputa entre Majluta y Peña Gómez por el control del partido y la nominación presidencial de 1990. La propia organización quedó en una especie de limbo jurídico, forzando a ambos dirigentes a crear destacamentos políticos independientes que condujeron a Majluta a la fundación del Partido La Estructura y a Peña Gómez a la creación del Bloque Institucional Socialdemócrata(BIS), hasta que finalmente Majluta salió del PRD fundando el Partido Revolucionario Institucional(PRI). De esta forma a Peña Gómez la JCE le reconoció dere46 Véase a Wilfredo Lozano:“Los gobiernos del PRD…” (op. cit.) y Leopoldo Artiles“El gobierno de los diez años…” (op. cit.) chos como presidente del PRD. A partir de ese momento Peña Gómez de nuevo quedó como el líder indiscutible de la organización, pero el costo político fue alto. Hubo de conformarse con un partido diezmado en su capacidad hegemónica ante las masas populares, al tiempo que el escenario político se rediseñaba con el ascenso de Joaquín al poder en 1986 y la creciente presencia de masas del PLD de Juan Bosch. Se comenzaba así a entrar en otro ciclo político, donde el proceso de transición democrática iniciado en 1978 asumía ahora un rostro conservador en un formato populista. Ahora bien, el regreso de Balaguer al poder en 1986, lejos de resolver los problemas de gobernabilidad de la transición democrática en su fase liberal(1978-1986) mostró los pies de barro de la propuesta conservadora, en términos de políticas de desarrollo, pero también de gobernabilidad. Por lo pronto, el proceso de reformas que en la segunda fase de su gobierno impulsó el PRD en la administración de Jorge Blanco, que estimuló las protestas populares de 1984 por el acuerdo con el FMI, al final de ese gobierno dieron sus frutos y las cuentas gubernamentales comenzaron a sanearse, el déficit fiscal se redujo y la estabilización de precios se hizo presente. Lo central de ese proceso es que un nuevo modelo de inserción a la economía mundial se estaba produciendo y la matriz exportadora dominicana comenzó a orientarse hacia los servicios, concretamente hacia la economía del turismo. La política económica balaguerista, si bien no bloqueó la expansión exportadora de los servicios, lo que hizo fue tratar de restablecer el proteccionismo estatal y la industrialización por sustitución de importaciones, cuya viabilidad en las nuevas condiciones neoliberales era inviable. El modelo estatista de política económica, que en esas condiciones se trataba de reactivar, generó consecuencias catastróficas y en el plano fiscal el régimen entró en una grave crisis que terminó llevando al país a un verdadero desabastecimiento en rubros vitales de la economía, como lo eran los combustibles. En esas condiciones el descontento social se reactivó y esta vez generalizó un ciclo de protestas que favoreció en esta oportunidad al partido de Juan Bosch, el PLD, que se colocó como la organización favorita a ganar las elecciones de 1990. EL CAMINO CERRADO HACIA EL PODER: LA AMENAZA AUTORITARIA A LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA La segunda fase de la transición democrática(19861996) se caracterizó por su sesgo conservador. No hubo aquí un giro represivo como fue lo propio del régimen balaguerista, Lo que la caracterizó fue el abandono de un discurso político integrador y democrático y su sustitución por un relato redentor y mesiánico, a ello se une el cambio neoliberal en materia de políticas de desarrollo, unido a la profundización de la práctica populista y clientelar en el Estado. Todo ello condujo a un manejo distinto del control del conflicto social por parte del Estado, discurso que ahora se caracterizó por el permanente recurso a la articulación de clientelas y lógicas corporativas. De esta forma en la fase conservadora de la transición democrática 15 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – REPÚBLICA DOMINICANA (1986-1996) la idea que fue afirmándose en el imaginario social se organizó en torno a la construcción del mito nacionalista, al cual acudió el conservadurismo balaguerista en el afán de sostener la imagen deteriorada de su poder. Fue así que en esos años se comenzó a articular un relato según el cual la nación dominicana se encontraba asediada por un enemigo externo capaz de liquidar su identidad. El asedio tenía una personificación clara: Haití, y se encarnaba en una figura claramente delimitada: Peña Gómez. No había que ir demasiado lejos para reconocer el verdadero origen del temor que el discurso nacionalista comenzó a articular: este encontraba su explicación en los cambios que en el Estado se estaban produciendo que comenzaron a desplazar el favor de las masas de un poder mesiánico y clientelista a un relato alternativo al de la élite dirigente enraizada en el control del Estado. Este nuevo discurso político alternativo afirmaba la participación y el diálogo, confiaba en la decisión del ciudadano en lo que compete a los grandes problemas colectivos; en una palabra, se estaba afirmando un nuevo discurso político más participativo, más democrático y pluralista, del cual eran sus personalidades dirigentes el propio Juan Bosch y naturalmente Peña Gómez. Esto se hizo evidente en 1990, cuando el PLD prácticamente ganó las elecciones y sólo la rigidez de su líder máximo, Juan Bosch, en aceptar una alianza con Peña Gómez que potenciara un rechazo social incuestionable al desconocimiento de la voluntad popular, impidió en esa oportunidad sacar por segunda vez a Balaguer del poder. Cuatro años después, le tocó el turno a Peña Gómez en 1994. En esa ocasión, sin embargo, Peña Gómez sí pudo demostrar la realidad del fraude producido en su contra, obligando a una negociación política que produjo un conjunto de cambios institucionales que sentaron las bases del actual ordenamiento político de la democracia dominicana 47 . A partir de ese momento, la trampa nacionalista fue el principal instrumento empleado para frenar la fuerza de masas de Peña Gómez y tras ello a las fuerzas democráticas del país. Pero veamos antes que nada el significado del fraude de 1994. Es muy difícil que una acción política de esa envergadura se urdiera simplemente por miembros de su camarilla política, en un total desconocimiento por parte de Balaguer 48 . El propio embajador Graham deja ver esa posibilidad en su reconocido ensayo sobre la crisis de 1994 49 . En el ensayo de Bernardo Vega, como en el libro de Juan Bolívar Díaz, hay plena coincidencia en que el fraude fue urdido y ejecutado por el alto mando del PR y que de hecho Balaguer estuvo enterado 50 . Lo importante para nuestros fines no es la discusión historiográfica, a propósito de esta evidencia inicial. Lo central es la discusión sobre el significado del fraude en la cultura política dominicana. En el gobierno de los doce años, en el que Balaguer logró diseñar un modelo político autoritario excluyente de las fuerzas políticas opositoras en la dinámica electoral, el recurso del fraude en los certámenes electorales fue algo habitual sobre el cual Balaguer tenía absoluto control y en torno a cuya práctica se produjo una cultura de aceptación pasiva de resultados electorales fraudulentos 51 . Por lo demás, esto era un componente propio de la secular cultura política dominicana 52 . El nuevo ordenamiento político que en el país se comenzó a articular a partir de 1978, en principio, debía comenzar a desterrar esta práctica abiertamente autoritaria y fraudulenta y, en efecto, con sus aberraciones y dificultades, la misma había comenzado a ser desterrada de la práctica electoral dominicana, por lo menos en los dos certámenes electorales bajo los gobiernos del PRD(1982 y 1986). Al regresar al poder en 1986 Balaguer muy posiblemente no apreció a cabalidad el alcance del proceso de transición democrática iniciado en 1978 y asumió que su simple control del poder ejecutivo era suficiente para restablecer una lógica de exclusiones políticas. En 1990 ejercitó esa práctica, pero el PLD no pudo demostrar técnicamente las acciones fraudulentas de que fue víctima Bosch, pero tampoco logró producir las acciones políticas que comprometieran a los actores nacionales e internacionales con poder de impugnación (grupos de presión, empresarios, organizaciones y líderes religiosos, sociedad civil) en el rechazo a dichas acciones. Por ello las acciones de protesta del PLD en ese momento pronto se disolvieron. Tengo la convicción de que Balaguer posiblemente creyó que su eficaz metodología empleada en el gobierno de los doce años funcionaba en las nuevas condiciones. Pero en 1994 las cosas no respondieron a ese procedimiento y las acciones contra el fraude produjeron sus resultados. En este punto surge la pregunta: ¿por qué Balaguer se vio forzado a negociar en 1994 y en 1990 no hubo una negociación política semejante? La respuesta aparentemente puede ser sencilla, pero no lo es. En primer lugar, debe desterrarse la idea de que en 1990 no hubo negociaciones. Sí las hubo, pero de una naturaleza diferente a las planteadas en 1994. Balaguer en 1990 no negoció con Bosch ni el PLD porque este último ciertamente no tuvo un respaldo de los grupos de poder que forzaran al caudillo conservador a negociar. Balaguer negoció, pero sobre todo lo hizo con el alto empresariado. De esta forma, mientras en el 1990 lo que se produjo(¿a consecuencia de la crisis?) fue un pacto económico conocido como“Pacto de Solidaridad Económica”, en 1994 lo que se produjo fue un pacto político, conocido como“Pacto por la Democracia”. Mientras el primero condujo a una serie de transformaciones que cambiaron la orientación de la economía nacional, haciéndola más abierta, en 1994 el acuerdo político condujo a una reforma económica e institucional que 47 Véase el libro de Bernardo Vega Las dolosas elecciones de 1994 (op. cit). 48 Ibidem. 49 Véase Graham, op. cit. 50 Bernardo Vega op. cit, Juan Bolívar Díaz: Fraude electoral (op. cit). 51 En mi libro E l reformismo dependiente op. cit. hago un pormenorizado análisis del significado estructural de la exclusión polí tica en el gobierno de los doce años de Joaquín Balaguer. Véase además a Jonathan Harthlyn, La construcción de la democracia (op. cit.). 52 Una visión panorámica de la cultura política electoral dominicana se puede reconocer en Campillo Pérez: Historia electoral dominicana (Junta Central Electoral, Santo Domingo, 1986) 16 EL CAMINO CERRADO HACIA EL PODER: LA AMENAZA AUTORITARIA A LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA permitió un cierre” conservador del proceso de transición democrática iniciado en 1978, pero que estabilizó la práctica electoral en un canon institucional aceptado por los actores políticos organizados(partidos). que hizo demasiadas concesiones, pero si se aprecia en perspectiva histórica muchas de sus decisiones fueron centrales para que la democracia dominicana pudiera abrir surcos institucionales de significativa permanencia. La crisis planteada por el fraude electoral de 1994 puso en peligro el proceso mismo de transición democrática iniciado en 1978, siendo sus resultados tangibles el alejamiento definitivo del poder de Peña Gómez, el fin de la carrera política presidencial de Balaguer y un giro político estabilizador de la política democrática en un marco conservador que condujo al poder al PLD y en la esfera presidencial a Leonel Fernández. En esa muy difícil coyuntura Peña Gómez dio de nuevo muestras de una genuina vocación democrática negociando con Balaguer un acuerdo político que condujo a una reforma institucional que cerró el paso al reeleccionismo histórico, pero sobre todo sentó las bases del actual modelo político-electoral dominicano, a través de la introducción del esquema del balotaje o doble vuelta. Claramente este nuevo esquema por lo general introduce en las soluciones político-electorales un modelo de alianzas y compromisos donde las terceras fuerzas pasan a ocupar un rol significa tivo y por ello reducen el poder de las primeras mayorías. En la coyuntura de 1996 esto redujo las opciones de poder del PRD y en concreto fue lo que bloqueó el acceso de Peña Gómez a la presidencia. De todos modos, en el largo plazo este nuevo modelo político competitivo condujo a un nueva práctica y cultura electoral que terminó articulando un esquema institucional de la práctica clientelar y populista, dando paso a lo que podemos denominar“modelo clientelar corporativo” de movilización populista 53 . Peña Gómez murió en 1998 dos años después de su derrota en 1996. Murió en medio del proceso electoral de medio término a que condujo la reforma política de 1996. En estas elecciones el PRD obtuvo una gran victoria electoral, pero como el Cid Campeador, esa victoria no la pudo ver Peña Gómez, pues murió en medio de la campaña. Terminaba así sus días envuelto en las luchas por la democracia. La personalidad política de Peña Gómez ciertamente fue controversial. Su convicción del papel determinante de la solidaridad en la política lo llevó a sobredimensionar la función de la subjetividad en la toma de decisiones. De esta forma, para ejemplificar con claridad en el alcance de esta afirmación, en su política de aliados muchas veces hizo concesiones exageradas, lo mismo puede decirse de su brillante manejo de la lucha de tendencias en el seno de su partido, el PRD, tanto en el plano interno, como en las experiencias de gobierno. Pero también debe decirse que ello fue un componente central para que su gran capacidad de tolerancia pudiera convertirse en un arma política determinante, lo que lo condujo a solucionar conflictos muy graves, lo mismo que su desprendimiento fue un componente central para el establecimiento de acuerdos, donde, si se piensa en pequeño, podría decirse EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE PEÑA GÓMEZ Y LA DEMOCRACIA No es exagerado afirmar que todo el pensamiento político de Peña Gómez gira en torno a la construcción de la democracia, tanto en lo relativo a los procedimientos que deben caracterizarla como en lo relativo al marco institucional en que teóricamente debe producirse su desempeño. En ese sentido, a mi criterio, seis preocupaciones básicas organizan las reflexiones centrales del pensamiento peña gomista: 1) la alternabilidad en el poder de todo régimen democrático, 2) la dimensión pluralista de la competencia política, 3) la construcción de consensos y el lugar del “acuerdo”, o la concertación, en la vida política democrática, 4) la necesidad de la participación política de la ciudadanía en los problemas de la vida pública, 5) la función de los gobiernos locales en la arquitectura gubernamental del Estado democrático y 6) la dimensión internacional de toda democracia política. Si algo cohesionó las ideas iniciales de Peña Gómez fue su creciente convicción de los males históricos que el continuismo político producía en la vida política nacional, con su secuela de autoritarismo, conflictos y fracturas políticas. Tan es así que su tesis universitaria con la cual obtuvo el título de abogado la dedicó al estudio histórico de esta problemática. Esta convicción se hizo más fuerte en Peña Gómez en la medida en que el régimen balaguerista de los doce años se afirmaba en el poder con las consecuentes secuelas autoritarias. El problema no lo era tanto el de la continuación coyuntural de una persona al frente del poder ejecutivo, en este caso del doctor Balaguer. El problema lo era tal en tanto esa situación dañaba el andamiaje democrático del país, afirmando en el mismo un poder despótico, acentuado desigualdades en el proceso de desarrollo y bloqueando las posibilidades del cambio modernizador de la sociedad y de la política. En ese sentido, Balaguer era el ejemplo señero, pues su continuidad en el poder durante doce largos años, si bien abrió cierto espacio de desarrollo, el costo social y político del este fue alto: impidió el desarrollo de la vida democrática, prácticamente cerró las posibilidades de construcción de un sistema de partidos competitivo, al tiempo que anulaba el potencial de participación ciudadana en la construcción del Estado. De ahí que en muchos sentidos fuera el rechazo al continuismo balaguerista lo que en Peña Gómez fortaleció su convicción antirreeleccionista, no por un rechazo personal a Balaguer sino por una visión de lo pernicioso que era el bloqueo de la alternabilidad en el poder como posibilidad institucional de la vida democrática 54 . 53 Véase Wilfredo Lozano: La política del poder. La crisis de la democracia dominicana en el siglo XXI(cit). 54 Personalmente Peña Gómez tenía una formal relación de amistad con Balaguer, basada en un reconocimiento recíproco de ambos líderes. Balaguer incluso llegó a señalar las cualidades oratorias de Peña Gómez, como se ha señalado arriba. Pero 17 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – REPÚBLICA DOMINICANA Pero la cuestión de la alternabilidad política en el manejo del Estado democrático lleva inevitablemente unido como hermano siamés el debate sobre el pluralismo, pues no de otro modo puede pensarse las opciones que aseguren la alternabilidad en el poder. La cuestión del pluralismo le fue muy cara a Peña Gómez, no tan sólo como preocupación intelectual sino sobre todo como cuestión política. Sin la diversidad política difícilmente puede hablarse en la sociedad moderna de libertades democráticas. Pero es a partir de ese punto que el debate propiamente teórico se afirma, pues, siguiendo en cierto modo a Schumpeter y a una reflexión lejana como la de Lefort, debe recuperarse la idea de que en el Estado democrático reina la incertidumbre, en el sentido de que en este la esencia del poder no tiene un centro localizado personalmente, siendo un marco institucional también descentrado como condición de que en este no se afirme un poder que monopolice y unilateralice la lógica decisional, trátese de un régimen presidencialista con su división de poder(ejecutivo, congresional y judicial), parlamentario con su división natural entre parlamento y ejecutivo, e incluso de una monarquía de tipo constitucional, como el caso español con su triple fractura entre el poder del rey, el del parlamento y el del ejecutivo. De esta forma, el pluralismo debe ser visto aquí en una doble dimensión: la propia de la diversidad de fuerzas, pero también la de la fractura institucional misma del poder en el marco del Estado democrático. Peña Gómez asumió así su visión de la dimensión plural de la sociedad política. Esa visión fue clave para poder gobernar las luchas de tendencias en su propio partido, el PRD. La misma fue determinante para poder manejar las tensiones entre el partido de gobierno y el propio gobierno cuando al PRD le tocó llegar al poder, al igual que fue determinante en el manejo de las dispuestas entre los poderes del Estado, atravesados por las disputas interpartidarias. Su concepción pluralista de la política era incluso más profunda y se expresaba al menos en dos niveles más: el de la política de aliados que lo condujo a un complejo esquema de relaciones diversas que atravesaban el espectro de la vida política democrática: desde los partidos de izquierda hasta llegar a las fuerzas políticas conservadoras. Este esquema, o visión de la diversidad en la vida política, se expresó a su vez en las relaciones que mantuvo con di versos actores internacionales, desde el Frente Sandinista en Nicaragua, la Revolución Cubana con Fidel Castro a la cabeza, la socialdemocracia europea, pasando por la diversidad de partidos latinoamericanos, las complejidades de la socialdemocracia africana hasta llegar a los grupos liberales norteamericanos a lo interno del Partido Demócrata, como también en las expresiones más a la izquierda de la singular socialdemocracia norteamericana 55 . en lo político me parece claro que el principal antagonista de Balaguer fue Peña Gómez. 55 Peña Gómez llegó a forjar estrechas amistades con Felipe Gonzáles que fue presidente de España y uno de los principales líderes de la socialdemocracia; con Willy Brand, un respetable líder del proceso que condujo a la transición pos guerra fría y líder del SPD alemán. Asimismo, fue gran amigo de Carlos Andrés Pérez, a cuya relación se debe en gran medida la gran La visión descrita le permitió a Peña Gómez la asunción de la política en una lógica de construcción de consensos, no visto como la construcción de mayorías aplastantes en una lógica autoritaria, sino asumido como el esfuerzo por producir acuerdos y compromisos con una cobertura de actores diversos que permita reconocer la representación de la diversidad sin sacrificar la toma de decisiones pertinentes y equilibradas. Esa búsqueda de consensos le ayudó a construir su propio partido, el PRD, como un crisol de diversidades sociales y políticas, como también le ayudó a la construcción de las grandes alianzas que en vida construyó y que llevó al PRD a ganar el poder en 1978 y en 1994 a defender los derechos de un gran frente político víctima de un histórico fraude electoral. Esa capacidad de concertación ayuda a comprender su gran desprendimiento personal que le permitió arribar al famoso Pacto por la Democracia que lo condujo a la solución de un gran conflicto político, tras el cual, en las elecciones que le sucedieron al acuerdo, en 1996 el PRD y sus aliados perdieron las elecciones. Pero lo principal es que dicho pacto produjo una reforma constitucional que permitió estabilizar las conquistas de la transición democrática dominicana de finales del siglo XX, aun cuando fuere en un marco institucional débil y en medio de una cultura política clientelar y populista 56 . En todo esto la cuestión de la participación política y la construcción de ciudadanía constituyen la pieza articuladora, como el objetivo democrático más significativo: construir la casa democrática con base en loa cimientos del derecho de los individuos, como de los correspondientes compromisos que los vinculan a las instituciones del Estado democrático. Sin ese componente las instituciones democráticas quedarían huecas y víctimas del juego de élites políticas, como del juego clientelar. Ciertamente, en muchos sentidos es este componente participativo el que construye la política como el mecanismo inventado para que los sujetos participantes de la comunidad política manejen y resuelvan en conjunto los problemas comunes que les aquejan. Esta idea cara a Hanna Arendt en muchos sentidos es la que le permitió a Peña Gómez hacer de la conexión con lo local, con la vida del municipio, el componente más cercano del sujeto individual, del ciudadano en concreto, al Estado democrático como estructura más general del orden político 57 . Por ello el solidaridad venezolana en la crisis de 1978 que condujo en 1978 a la entrega del poder a Antonio Guzmán por parte de Balaguer, tras el triunfo del PRD en las elecciones de ese año. 56 Este es una problemática compleja: en general las democracias latinoamericanas si bien funcionan en el plano electoral pese a sus graves imperfecciones, desde la perspectiva de la ciudadanía democrática la región sostiene sus marcos democráticos de manera frágil e inestable. Los ejes visibles de esa debilidad son claramente la fuerza del clientelismo en la vida política y el peso del populismo. 57 En el 1997 Peña Gómez publicó un interesante libro (Gestión municipal: 1982-1986, Editora de colores) que nos proporciona la mirada del líder sobre la forma participativa de ejercer el poder en materia de gobierno en el terreno local, tras su experiencia como alcalde de Santo Domingo, Distrito Nacional. Ese libro revela con creces la vocación democrática de Peña Gómez, al tiempo que muestra las enormes dificultades para sostener una visión parti cipativa de la política democrática donde el ciudadano ocupe el lugar central en sociedades como la dominicana, atrapada en una 18 EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE PEÑA GÓMEZ Y LA DEMOCRACIA ideal democrático de Peña Gómez sentó en el municipio, en el gobierno local, una gran expectativa en la ruta hacia la participación de la ciudadanía en la vida democrática, más allá del momento de la representación electoral. De ahí la convicción de Peña Gómez de que la genuina democracia se encontraba no solo en la construcción del momento de representación electoral que dotaba de un mandato popular al liderazgo institucional del Estado, sino en el momento local o municipal, que permitía gobernar el territorio con una presencia participativa más o menos permanente de la acción del ciudadano, como vecino o miembro de una comunidad activa 58 . No puede quedar fuera de esta reflexión el lugar ocupado en el pensamiento de Peña Gómez por la cuestión internacional. Ninguno de los grandes líderes políticos dominicanos(Balaguer, Bosch y Peña Gómez) subestimó la función central de las relaciones internacionales en sus decisiones y acciones en el espacio nacional. Pero en los casos de Balaguer y Bosch la dimensión internacional de la política se apreció como un condicionante de la acción política, no de un componente necesario de su ejercicio interno. Sobre todo en Balaguer la cuestión internacional fue asumida como un aspecto determinante para la toma de decisiones, que siempre se asumía delimitada en términos estrictamente nacionales. En Bosch lo internacional, además de un condicionante, se asumió en sus determinantes de tipo ideológicos, pero la construcción de lo nacional se apreció siempre como un universo propio, específico e indepen diente. En Peña Gómez la cuestión política internacional se apreció siempre como un componente necesario de la vida política nacional, lo que lo condujo no sólo a una mirada realista, como lo fueron los casos de Balaguer y Bosch, sino también internacionalista, en función de lo cual lo nacional mismo en sus determinantes políticos liberadores se apreció también en sus componentes y dimensiones internacionales. De ahí que en Peña Gómez la solidaridad internacional, sobre todo con los pueblos del llamado tercer mundo, constituyera un componente central de la vida política de su partido y sobre todo del ejercicio de su propio liderazgo. Pero lo internacional tenía también una dimensión orgánica de lo nacional, lo que le permitió extender su política de aliados al campo internacional con éxitos sobrados, al tiempo que también le permitió apreciar una dimensión no vista por los otros dos grandes liderazgos: el giro transnacional que estaba adquiriendo la política mundial. Es este último aspecto el que le permitió a Peña Gómez asumir una agenda política más amplia que incorporaba la dimensión diaspórica de la sociedad dominicana contemporánea, permitiéndole asumir de manera orgánica acciones en la comunidad dominicana residente en el exterior e incorporar a su agenda política conquistas como la doble nacionalidad de los dominicanos nacidos en el exterior. cultura clientelista y patrimonialista. En su libro y Programa de Gobierno Primero la gente es donde quizás se expresa de manera más amplia y sistemática la visión participativa de la política democrática propuesta por Peña Gómez. 58 Se podría criticar este enfoque diciendo que en su expresión histórica las acciones de Peña Gómez no cristalizaron este ideal democratizador en instituciones que lograran sobrevivir de manera permanente a la propia experiencia del líder social demócrata. Parcialmente esto es cierto, pero no lo es en otra vertiente: en primer lugar, la objeción no puede desestimar el planteamiento político de Peña Gómez en cuestión como propuesta política en sí misma, la cual Peña Gómez la dejo cristalizada en muchos escritos y sobre todo en el contenido mismo de sus acciones. Pero lo central es que pese a la señalado, la obra de Peña Gómez constituyó el mayor esfuerzo democratizador realizado en el país desde la perspectiva de la acción de un sujeto popular en construcción, también lo es el hecho de que muchas de sus iniciativas sí cristalizaron y se constituyeron en pilares fundamentales de la democracia dominicana en el presente. Señalo sólo algunas: la mayor presencia del municipio en la vida política nacional, la reforma constitucional democratizadora de 1994 en materia de ciudadanía, y en ese marco la reforma del poder judicial, su crítica al autoritarismo, la idea de la democracia social como ideal político participativo, entre otros elementos. Además de sus innumerables discursos por Tribuna Democrática, debe verse el libro de Peña Gómez Primero la gente, que presenta una síntesis de su programa de gobierno en las elecciones de 1996, pero que refleja bien sus ideas y pensamiento políticos. Para una reflexión en torno a esta pro blemática debe verse: Jacqueline Jiménez Los partidos políticos en República Dominicana. Actividad electoral y desarrollo organizativo(Editorial Centenario, Santo domingo, 1999), Rosario Espinal Autoritarismo y democracia en la República Dominicana (op. cit.), Jonathan Harthlyn La lucha por la democracia en la República Dominicana (op. cit.), Wilfredo Lozano La razón democrática (UNIBE-FLACSO-FES-Centro Bonó, impreso en Editora Búho, Santo Domingo) y La política del poder y la crisis de la democracia dominicana en el siglo XXI (op. cit.). 19 ACERCA DEL AUTOR PIE DE IMPRENTA WILFREDO LOZANO Sociólogo dominicano. Profesor de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UASD. Ha sido profesor e investigador visitante en la UNAM, la Universidad de Salamanca, FLACSO México y el Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México del cual es egresado. Exsecretario general de FLACSO. Actualmente se desempeña como director ejecutivo del Instituto Nacional de Migración de República Dominicana. Especialista en sociología política y sociología económica de las migraciones. Ha publicado numerosos estudios sobre migración, historia social y sociología política. Sus libros más recientes: La razón democrática(2013), La política del poder(2017/2023), El reformismo dependiente(2020), Mercado de trabajo agrícola e inmigración(2024). Fundación Friedrich Ebert Edificio Plaza JR, piso 8, av. Tiradentes esq. Roberto Pastoriza, Santo Domingo. www.caribe.fes.de Responsable Gilbert Kluth Representante FES República Dominicana Director FES Cuba Tel.: 809-221-8261 Coordinadora de Proyectos Paula Rodríguez El uso comercial de todos los materiales editados y publicados por la Friedrich-Ebert-Stiftung(FES) está prohibido sin previa autorización escrita de la FES. Las opiniones expresadas en esta publicación no representan necesariamente las de la Friedrich-Ebert-Stiftung o de la organización para la que trabaja el autor. Esta publicación ha sido impresa en papel fabricado bajo los criterios de una gestión forestal sostenible. ISBN: 978-9945-509-50-2 SOCIALDEMOCRACIA Y ACCIÓN DE MASAS: PEÑA GÓMEZ EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA DEMOCRACIA DOMINICANA Las reflexiones centrales del pensamiento de Peña Gómez sobre la democracia se organizan en seis preocupaciones básicas: 1) la alternabilidad en el poder, 2) la dimensión pluralista de la competencia política, 3) la construcción de consensos, 4) la participación política de la ciudadanía, 5) la centralidad de los gobiernos locales y 6) la dimensión internacional de toda democracia política. La solidaridad internacional, sobre todo con los pueblos del llamado Tercer Mundo, constituyó un componente central del ejercicio de liderazgo de Peña Gómez y de la vida política de su partido, lo que le permitió apreciar el giro transnacional que estaba adquiriendo la política mundial.