ANÁLISIS Luis Fernando Trejos Rosero/ Reynell Badillo Sarmiento Julio de 2025 La violencia después del Acuerdo de paz: ¿cómo es hoy(y cómo será) la guerra en Colombia? Pie de imprenta © 2025 FES(Friedrich-Ebert-Stiftung) Editor Friedrich-Ebert-Stiftung Colombia(Fescol) Calle 71 n° 11-90, Bogotá https://colombia.fes.de/ Responsables de la publicación: Oliver Dalichau, Representante de la Fundación Friedrich-Ebert en Colombia Coordinador del proyecto Saruy Tolosa Contacto: saruy.tolosa@fes.de Diagramación vargasramirezangela@gmail.com Las opiniones expresadas en este documento no representan necesariamente las de la Fundación Friedrich-Ebert( FES ). No se permite el uso comercial de los materiales editados y publicados por la Fundación Friedrich-Ebert( FES ) sin autorización previa por escrito de la FES . Las publicaciones de la Fundación Friedrich-Ebert no deben utilizarse con fines electorales. ISBN 978-958-8677-96-5 Luis Fernando Trejos Rosero/ Reynell Badillo Sarmiento Julio de 2025 La violencia después del Acuerdo de paz: ¿cómo es hoy(y cómo será) la guerra en Colombia? Contenido 1. Introducción...................................................... 3 2. Transiciones, momentos y ciclos de la violencia armada................. 4 3. Fragmentación del ecosistema de violencia............................ 6 3.1 Atomización violenta de las AUC ..............................  6 3.2 Atomización violenta de las insurgencias .........................  7 3.3 Efectos de la atomización .....................................  8 4. Rasgos del conflicto actual que lo distinguen del conflicto armado tradicional.................................... 11 4.1 Desideologización pero no despolitización de los grupos armados ...  11 4.2 Una(s) guerra(s) más local(es) .................................  12 4.3 Los alter ego y la negación plausible ............................  13 4.4 Violencias urbanas más independientes .........................  14 5. Conclusiones.................................................... 16 Bibliografía ....................................................  17 Siglas y acrónimos............................................... 19 1 Introducción * Colombia parece enfrentar una nueva ola de violencia derivada del conflicto armado. La cantidad de personas desplazadas en los primeros seis meses de 2025 ya supera el total registrado durante 2024(Asamblea General de las Naciones Unidas, 22 de enero de 2025). Otros hechos, como los explosivos en Cali que dejaron al menos siete muertos y decenas de heridos en junio de 2025, incremen tan la sensación de que estamos regresando a los noventa o a la época oscura del paramilitarismo. Estas analogías son intentos por darle sentido a una nueva cara del conflicto armado que no resuena con lo observado durante la década de 2010-2020. Este trabajo parte, sin embargo, de la hipótesis de que asimilar la violencia actual con la guerra que vivimos en los años noventa o a comienzos de los 2000 es un error. Soste nemos que las violencias armadas en Colombia atraviesan un proceso de transición que aún no concluye, pero que ya deja ver algunos rasgos característicos. En lugar de asumir que estos son solo el reciclaje de dinámicas pasadas, proponemos hacer un esfuerzo por diferenciarlos y ubicarlos en el presente. Lo que no supone ignorar el pasado sino reconocer las continuidades y las rupturas. Mientras escribimos este artículo la violencia organizada continúa reconfigurándose, por lo que inevitablemente habrá elementos que se escapen de nuestro análisis. Lo que hacemos es observar patrones e hipotetizar que, a partir de este presente, pueden identificarse ciertas regularidades que persistirán en el futuro cercano. Estas características no son necesariamente exclusivas de la guerra actual; de hecho, varias han estado presentes en otros momentos del conflicto. No obstante, sí creemos que ayudan a ubicar la discusión en términos más rigurosos que una simple narrativa de retorno al pasado. La guerra cambió y los esquemas para analizarla deben cambiar con ella. Nuestra tesis central es que el conflicto armado contemporáneo en Colombia está definido por una fragmentación del ecosistema de violencia. Esto implica, primero, un cambio cuantitativo: hoy hay muchos más grupos armados que en el pasado, y la mayoría son disidencias de los actores tradicionales del conflicto o incluso disidencias de esas di* Agradecemos los comentarios recibidos a versiones iniciales de este artículo por parte de los participantes en el grupo de expertas y expertos en paz y seguridad en Colombia organizado por Fescol. Especialmente, las observaciones y la lectura detallada de Elizabeth Dickinson, Andrés Aponte, Angélica Durán Martínez, Laura Bonilla, Andrés Preciado, Gina Cabarcas, Andrés García y Ángela Olaya. Asimismo, a Melanie Merlano por su trabajo como asistente de investigación y la recolección de múltiples indicadores de violencia. sidencias. Sin embargo, más allá del aumento en el número de actores, argumentamos que también se ha producido un cambio cualitativo. Para ilustrar ese cambio destacamos cuatro rasgos del conflicto actual que lo distinguen del conflicto armado tradicional: 1) la desideologización y politización paralelas de la guerra; 2) la subnacionalización de las interacciones entre los actores violentos; 3) la creación de alter ego por parte de los grupos armados para generar negación plausible y diluir responsabilidades; y 4) el aumento de las violencias urbanas. Este artículo se organiza en otras tres partes y una conclusión. En la segunda dialogamos con la idea de que en Colombia existen diferentes ciclos de violencia, como propone Francisco Gutiérrez Sanín. En la tercera rastreamos la frag mentación del ecosistema violento desde la atomización de las Autodefensas Unidas de Colombia( AUC ) y contrastamos este proceso con las dinámicas previas a 2006. En la cuarta desarrollamos los cuatro rasgos mencionados para mostrar que el cambio no se limita al número de actores sino también a su naturaleza. Finalmente presentamos las conclusiones. Las cifras utilizadas para sustentar nuestros planteamientos provienen principalmente de una base de datos original que construimos a partir de los reportes anuales de OCHA Colombia(Office for the Coordination of Humanitarian Affairs) y de cifras oficiales de la Policía Nacional. La reconstrucción histórica fue elaborada a partir de informes del Centro Nacional de Memoria Histórica( CNMH ), el Sistema de alertas tempranas de la Defensoría del Pueblo ( SAT ) y fuentes secundarias como reportes de centros de pensamiento y trabajos académicos. Este esfuerzo se enmarca en el proyecto“Transiciones posibles de la guerra y la paz en Colombia a casi una década del Acuerdo de paz”, auspiciado por la Friedrich-Ebert-Stiftung en Colombia(Fescol), cuyo objetivo es generar un espacio de análisis de alto nivel sobre la reconfiguración de las dinámicas de la violencia armada desde la desmovilización a partir de noviembre de 2016 de las FarcEP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo) hasta la actualidad. La violencia después del Acuerdo de paz: ¿cómo es hoy(y cómo será) la guerra en Colombia? 3 2 Transiciones, momentos y ciclos de la violencia armada Desde la década de 1940, Colombia ha vivido múltiples episodios de violencia difíciles de agrupar bajo una única etiqueta. Diversos académicos han intentado organizar esta historia en“ciclos”, entendidos como periodos en los que la violencia armada comparte ciertos rasgos diferenciadores. Deas(2015) y Melo(2021) proponen una periodi zación en términos de ciclos de guerra y paz. En cuanto a la violencia más reciente, Palacios y Safford(2012) identifi can cuatro fases históricas sucesivas de violencia política: la violencia sectaria bipartidista(1945-1953), la mafiosa (1954-1964), la guerrillera(1960-1980) y las violencias de la década de los noventa. Más recientemente, Francisco Gutiérrez Sanín(2020, 2025) ha propuesto que hemos atravesado tres ciclos de guerra: la Violencia(1940-1960), la guerra contrainsurgente(años 60-2020), y un tercer ciclo que comienza a comienzos de la década de 2020. Toda periodización es necesariamente in completa y deja fuera ciertos matices. Por eso, aquí no intentamos proponer otra. No obstante, nos sumamos al esfuerzo de Gutiérrez Sanín por comenzar a definir esta nue va violencia que, al menos, no se parece a la de décadas anteriores. A nuestro juicio, la principal característica que define este nuevo ciclo es la transición de un conflicto armado tradicional(de carácter nacional y centrado en la lucha por la toma del poder) hacia múltiples conflictos territorializados con objetivos menos claros. Esta transformación vuelve más compleja cualquier lectura de la violencia, pues exige comprender dinámicas locales que no siempre resultan evidentes para quienes no conocen a fondo la subregión en conflicto. Precisamente por no reconocer esa complejidad es que, a nuestro entender, seguimos haciendo lecturas equivocadas. Insistimos en utilizar marcos nacionales para interpretar conflictos que están claramente atravesados por lógicas y economías locales. Este artículo busca, entonces, tomar distancia del nivel nacional sin perderlo de vista, y proponer algunos factores que, aun cuando no explican por sí solos cada conflicto específico, sí ayudan a dotar de sentido al panorama general cuando intentamos agrupar estas violencias para repensar el conflicto armado colombiano. Reconocer la existencia de múltiples conflictos no implica ignorar sus conexiones. Por el contrario, supone comprender que dichas conexiones se dan en contextos profundamente diferenciados. La tabla 1 presenta algunas de las diferencias más notables entre el ciclo anterior y el nuevo ciclo de violencias armadas. Las secciones siguientes se encargan de desarrollar cada uno de estos elementos con mayor profundidad. 4 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V Diferencias entre el anterior y el nuevo ciclo de violencia armada Tabla 1 Conflicto armado tradicional, 1964-2016 Nuevo contexto de violencias armadas, 2017-2025 Oligopolio de la violencia: tres grandes organizaciones político-militares( AUC , FarcEP , ELN ), junto con otras que adquirieron relevancia por periodos más acotados: EPL , M-19 y autodefensas locales o regionales. Fragmentación del ecosistema de violenci a: constelación de nuevos grupos, muchos aún sin identidades claramente definidas. Existe gran variación entre ellos en cuanto a capacidades militares, extensión territorial y pretensiones. Es un conflicto de“disidencias de las disidencias”. Metarrelatos globales o regionales: los grupos armados enmarcaban su lucha en guerras globales como el comunismo/anticomunismo, el guevarismo, el bolivarianismo o el maoísmo. Desideologización con politización: los grupos ya no apelan a metarrelatos globales ni a ideologías coherentes, pero sí construyen identidades políticas por medio de manuales, constituciones y comunicados. No hay fervor ideológico, pero sí contenido político. Conflicto nacional: aunque existían particularidades regionales(como los bloques y frentes de guerra con nombres territoriales: Norte, Caribe, Oriental…), los grupos mantenían objetivos y coordinaciones de alcance nacional. Multiplicidad de conflictos subnacionales: incluso los grupos armados con aspiraciones nacionales muestran hoy comportamientos territorialmente diferenciados. Las interacciones parecen responder más a lógicas locales que a alineamientos ideológicos. Responsabilidades(más o menos) claras: los grupos solían asumir la autoría de delitos graves, como secuestros o masacres, para demostrar autoridad o competir con otros actores. Alter ego criminales: los grupos crean entidades de papel sin mando visible ni rostros conocidos que asumen la responsabilidad de acciones que el grupo principal no quiere reconocer públicamente. Violencia urbana subordinada: los actores criminales urbanos operaban bajo subordinación o tercerización por parte de los grupos armados más grandes. Violencias urbanas más independientes: emergen actores urbanos con mayor autonomía económica y operativa, capaces de sostenerse sin depender de las organizaciones armadas tradicionales. La violencia después del Acuerdo de paz: ¿cómo es hoy(y cómo será) la guerra en Colombia? 5 3 Fragmentación del ecosistema de violencia No es propósito de este artículo hacer un recuento detallado de todos los grupos armados que han participado en la guerra colombiana. Sin embargo, la Constitución de 1991 puede considerarse un buen punto de partida, en tanto funcionó como el último gran pacto de paz antes del nuevo milenio(Gutiérrez Sanín, 2011; Trejos y Badillo, 2023). Fue asumida como un mito político fundacional: una apertura democrática que parecía allanar el camino hacia la pacificación del país. Se creía que uno de los múltiples ciclos de violencia se había cerrado, dado que varios actores armados –incluyendo a la Autodefensa Obrera( AO ), al Ejército Popular de Liberación( EPL ), al Movimiento 19 de Abril (M-19), al Partido Revolucionario de los Trabajadores( PRT ) y al Movimiento Armado Quintín Lame( MAQL )– se desmovilizaron a principios de los años noventa. Algunos de estos incluso tuvieron representación en la Asamblea Nacional Constituyente. Sin embargo, los dos grupos insurgentes más importantes, las FarcEP y el ELN , no participaron de ese pacto. Ambos consideraron tener el respaldo social y económico suficiente para continuar la lucha armada, a pesar del contexto internacional adverso tras la disolución de la Unión Soviética. El Centro Nacional de Memoria Histórica(2015) mues tra cómo, de hecho, estas guerrillas aprovecharon la desmovilización de otras insurgencias para expandirse a sus antiguas zonas de control. Paralelamente, las autodefensas regionales comenzaron a unificarse hasta culminar en las Autodefensas Unidas de Colombia( AUC ), fundadas oficialmente en 1997(Romero, 2009; Zuluaga Nieto, 2015). Con la aparición de las AUC se configuró el escenario del conflicto armado pos1991, dominado por tres grandes acto res nacionales: las FarcEP , el ELN y las AUC . Los dos primeros encarnaban la insurgencia armada, orientada a la toma del poder; las AU C, en cambio, agrupaban distintos proyectos paramilitares y de autodefensas con el objetivo de derrotar esa insurgencia. Casi tres décadas después el panorama es mucho más complejo. Hoy en Colombia operan al menos una docena de grupos armados, con identidades políticas difusas y diversas capacidades criminales y militares. A este fenómeno lo denominamos fragmentación del ecosistema de violencia: un proceso de atomización en el número de actores armados que disputan el monopolio de la violencia al Estado. No obstante, el cambio no es solo cuantitativo. A diferencia del oligopolio anterior, los grupos actuales no se organizan bajo lógicas claramente contrainsurgentes sino que presentan identidades y objetivos más ambiguos. 3.1 Atomización violenta de las AUC Este proceso de fragmentación puede rastrearse hasta la desmovilización de las AUC entre 2004 y 2006. Las Auto defensas Unidas de Colombia fueron una suerte de confederación paramilitar que unió múltiples grupos de autodefensas locales y regionales bajo una misma estructura ( CNMH , 2018a). Por eso no sorprende que, tras su desmovi lización, muchos de esos grupos permanecieran activos o se reconfiguraran en nuevas estructuras dedicadas al control local(Trejos y Badillo, 2020). Estos nuevos actores fueron denominados por el Estado como“bandas criminales”(Bacrim). Para 2013, se estimaba que en el país había más de treinta Bacrim, agrupando entre 4.000 y 10.000 hombres(Bargent, 2013; HRW , 2010). Muchos de estos grupos desaparecieron con el tiempo, ya sea por acción del Estado o por su derrota a manos de organizaciones rivales. Sin embargo, los más fuertes sobrevivieron y absorbieron a otros. En 2025, el grupo más promi nente es el Ejército Gaitanista de Colombia( EGC )(Badillo y Trejos, 2022). En 2018, el EGC sufrió una disidencia: el Frente Virgilio Peralta Arenas( FVPA ), conocido como los Caparros, reducido hoy a un puñado de municipios del bajo Cauca. Pero ni el Ejército Gaitanista de Colombia ni el Frente Virgilio Peralta Arenas son los únicos grupos herederos de esa atomización. Las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada ( ACSN ), en el norte del Caribe, provienen del bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia(Badillo et al., 2025). Los Rastrojos, aunque surgieron bajo el cartel del norte del Valle y no estrictamente de las AUC , se fortalecieron en el vacío que dejó su desmovilización( CNMH , 2016; 2018b). La Inmaculada, en Tuluá, es una facción escindida de los Rastrojos( El Tiempo, 13 de junio de 2025). En Buenaventura, los grupos Shottas y Espartanos emergen de la Local, que a su vez proviene de la Empresa, creada por exmiembros del bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia( CNMH , 2025a). La Oficina de Enviga do, aunque originada en el cartel de Medellín, fue cooptada por las AUC a través del bloque Metro( CNMH , 2025b), al igual que los Pachelly en el Valle de Aburrá. En el sur del país, en Putumayo, la Constru surgió tras la desmovilización del frente Sur del Putumayo de las Autodefensas( InSight Crime, 2019). Sin haber pretendido hacer una lista exhaustiva, la abundancia de ejemplos demuestra que el conflicto actual sigue 6 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V marcado por los legados de la atomización de las AUC , incluso en grupos que, por la cantidad de transformaciones, difícilmente pueden ser vinculados directamente con el proyecto paramilitar original. 3.2 Atomización violenta de las insurgencias Este no es el único proceso de fragmentación. Hoy presenciamos una atomización similar en el otro extremo del espectro ideológico: las insurgencias. Aunque más reciente, este proceso sigue en curso. El 10 de junio de 2016, cuando las FarcEP aún no se habían desmovilizado, surgió la primera disidencia: el frente primero Armando Ríos, en Gua viare. En 2021 la Fundación Core identificaba al menos treinta estructuras disidentes. En ese momento, estas disidencias parecían oscilar entre la autonomía regional y dos proyectos de unificación: por un lado, el liderado por Gentil Duarte e Iván Mordisco, y por otro, la llamada Segunda Marquetalia, liderada por alias Iván Márquez. El primer bloque, compuesto por frentes que nunca se desmovilizaron, se consolidó bajo la etiqueta de Estado Mayor Central( EMC ). La Segunda Marquetalia, en cambio, agrupó a excombatientes rearmados tras haber firmado el Acuerdo de paz. Sin embargo, ambos proyectos intentaron reactivar antiguas estructuras, por lo que hoy esa distinción entre “disidentes” y“rearmados” es irrelevante( CNMH , 2024). En 2024 ya aparecían disidencias de las disidencias: de la Segunda Marquetalia emergió la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano( CNEB ), y del Estado Mayor Central el Estado Mayor de los Bloques y Frentes( EMBF ). Incluso el ELN , que aún no se ha desmovilizado, sufrió una escisión en Nariño: el frente Comuneros del Sur. Cualquier clasificación de estos grupos debe entenderse como provisional: estamos ante un proceso aún en reconfiguración. Todo esto implica que el conflicto contemporáneo es, en su mayoría, un conflicto entre disidencias. En el gráfico 1 organizamos este proceso en cuatro categorías: 1. Grupo original: actores del conflicto tradicional. Solo el ELN permanece activo. 2. Primeras disidencias: frentes regionales que emergen directamente de los grupos originales. Suelen surgir durante o después de procesos de paz. 3. Grupos aglomeradores: estructuras que buscan articular a las primeras disidencias bajo un mando más amplio: como el Estado Mayor Central o la Segunda Marquetalia para las FarcEP o el Ejército Gaitanista de Colombia para las AUC . 4. Segundas disidencias: escisiones de los proyectos aglomeradores que intentan hacer su propio camino. Cabe destacar que las disidencias no requieren la desaparición del grupo original. Por ejemplo, el frente Comuneros del Sur se creó mientras el ELN sigue activo; del mismo modo, la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano y el Estado Mayor de los Bloques y Frentes coexisten con el Estado Mayor Central y la Segunda Marquetalia, respectivamente. Este proceso puede repetirse y continuar en el tiempo. No afirmamos que esta configuración sea definitiva, pero sostener esta mirada permite entender de manera más ordenada las continuidades y rupturas de una guerra que, aun cuando ha mutado, sigue anclada a muchas de sus raíces históricas. Trayectorias de los grupos armados en la guerra contemporánea en Colombia Gráfico 1 GRUPO ORIGINAL FARC-EP AUC ATOMIZACIÓN (PRIMERAS DISIDENCIAS) Múltiples frentes de disidencias y rearmados GRUPOS AGRUPADORES Estado Mayor Central( EMC ) Segunda Marquetalia Bacrim (Múltiples grupos armados disidentes o rearmados) Ejército Gaitanista de Colombia( EGC ) SEGUNDAS DISIDENCIAS Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano( CNEB ) Estado Mayor de los Bloques y Frentes ( EMBF ) Frente Virgilio Peralta Arenas (Los Caparros) ELN Frente Comuneros del Sur La violencia después del Acuerdo de paz: ¿cómo es hoy(y cómo será) la guerra en Colombia? 7 3.3 Efectos de la atomización Los procesos de atomización son complejos porque, usualmente, generan un aumento en la conflictividad armada. Esto se debe a que las rupturas dentro de estas organizaciones no suelen ser amistosas ni negociadas, sino que implican que antiguos aliados compitan ahora por las mismas comunidades, territorios y recursos que antes compartían(Atuesta y Pérez-Dávila, 2018; Alcocer y Hesles, 2025; Esberg, 2025). Varias subregiones de Colombia ilustran este fenómeno. El gráfico 2, por ejemplo(página 10), muestra las tasas de ho micidio en seis subregiones donde se han producido guerras entre grupos armados 1 . Como se puede observar, estas tasas presentan un incremento abrupto tras la identificación de conflictos entre organizaciones armadas. Otros indicadores, como el desplazamiento forzado, también tienden a aumentar significativamente. Entre los casos mencionados en el gráfico se encuentran grupos de distinta naturaleza: el Ejército Gaitanista de Co lombia y las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada en la Sierra Nevada de Santa Marta; el ELN y el EPL en el Catatumbo; y el ELN junto con disidencias de las FarcEP en el norte del Cauca y en Arauca. Aunque en cada territorio los grupos compiten por objetivos distintos, el efecto común de estas disputas ha sido el incremento de repertorios específicos de violencia, como el homicidio. Nuestro argumento sobre la fragmentación del ecosistema de violencia también se refleja en la clasificación anual del Comité Internacional de la Cruz Roja( CICR ) sobre los conflictos armados en Colombia. En la tabla 2 puede verse que el número de conflictos armados activos reconocidos por esta organización aumentó significativamente, pasando de cinco a ocho en los últimos años. Esto respalda la idea de un aumento en el número de actores armados, como hemos documentado hasta aquí. Sin embargo, la clasificación del Comité Internacional de la Cruz Roja ilustra también el cambio cualitativo asociado a esta fragmentación. No solo han surgido nuevos grupos sino que se observa una tendencia hacia la horizontalización de la violencia, es decir, el predominio de guerras entre actores armados no estatales. Mientras que en 2020 el 80% de los conflictos eran verticales(entre el Estado y un grupo armado), en 2025 el Estado solo participa en el 40% de ellos. Lo que hoy observamos es, entonces, una multiplicidad de conflictos entre fragmentos. Casi todos los grupos armados activos en Colombia son el resultado de desmovilizaciones incompletas o de fracturas internas. Esta fragmentación ya no es una anomalía dentro del conflicto: es su núcleo. Y esto implica también que los grupos armados se vuelven más difíciles de distinguir entre sí en cuanto a sus modalidades de violencia, sus propuestas políticas y sus formas de gobernanza armada. El primer paso para definir mejor nuestra guerra es comprender este nuevo escenario sin forzar su asimilación a las organizaciones madres. Las cuatro características que desarrollaremos a continuación tienen como propósito dar sentido a este nuevo ecosistema fragmentado y mostrar que no solo cambia el número de actores sino también sus formas de operar. Conflictos armados en Colombia identificados por el CICR , 2020 -2 025 Tabla 2 Año Número de conflictos Partes enfrentadas 1 Estado colombiano-Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de paz. 2020 Cinco 2 Estado colombianoELN . 3 Estado colombianoEPL . 4 Estado colombianoAGC . 5 ELN EPL . 1  Para esto utilizamos las Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo. 8 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V Año Número de conflictos Partes enfrentadas 1 Estado colombiano-Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de paz. 2 Estado colombianoELN . 2021 Cinco 2022 Seis 2023 Siete 2024 Ocho 3 Estado colombianoAGC . 4 Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de pazSegunda Marquetalia. 5 Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de pazComandos de Frontera. 1 Estado colombiano-Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de paz. 2 Estado colombianoELN . 3 Estado colombianoAG C. 4 ELN AGC . 5 Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de pazSegunda Marquetalia. 6 Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de pazComandos de Frontera. 1 Estado colombiano-Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de paz. 2 Estado colombianoELN . 3 Estado colombianoAGC . 4 ELN AGC . 5 Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de pazSegunda Marquetalia. 6 Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de pazComandos de Frontera. 7 Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de pazELN . 1 Estado colombiano-Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de paz. 2 Estado colombianoELN . 3 Estado colombianoAGC . 4 ELN AGC . 5 Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de pazSegunda Marquetalia. 6 Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de pazComandos de Frontera. 7 Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de pazELN . 8 Antiguos miembros de las Farc que no se acogieron al Acuerdo de pazAGC . Fuente: elaboración propia con información del Comité Internacional de la Cruz Roja. La violencia después del Acuerdo de paz: ¿cómo es hoy(y cómo será) la guerra en Colombia? 9 Tasa de homicidios en subregiones con guerras entre grupos armados antes y después del inicio de las confrontaciones* Gráfico 2 ALTO PATÍA Y NORTE DEL CAUCA 85 83 160 81 80 81 79 80 79 75 120 70 65 66 80 60 56 40 ARAUCA CATATUMBO 150 114 70 58 58 36 100 79 75 72 102 88 71 66 8 62 50 54 48 95 77 68 48 39 26 Tasa de homicidios (por 100.000 habitantes) 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 2023 2024 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 2023 2024 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 2023 2024 SIERRA NEVADA-PERIJÁ 32 80 31 30 30 60 26 25 21 40 20 19 19 17 19 SUR DE BOLÍVAR 79 40 75 63 35 30 44 25 35 36 33 20 21 21 SUR DE CÓRDOBA 41 36 35 34 26 18 23 22 17 * Las barras verticales señalan cuándo empezaron las guerras. Fuente: Policía Nacional de Colombia y Sistema de alertas tempranas. Elaborado por Reynell Badillo Sarmiento y Luis FernandoTrejos Rosero. 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 2023 2024 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 2023 2024 2010 2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021 2022 2023 2024 10 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V 4 Rasgos del conflicto actual que lo distinguen del conflicto armado tradicional 4.1 Desideologización pero no despolitización de los grupos armados Durante años, en el conflicto armado tradicional las narrativas contenidas en documentos, entrevistas y discursos de los actores armados tradicionales estuvieron permeadas por referencias a ideologías de alcance global y, eventualmente, regional, como el marxismo, el leninismo, el maoísmo, el anticomunismo o el bolivarianismo. No fueron pocas las ocasiones en las que las insurgencias se enfrentaron militarmente por contradicciones ideológicas, lo cual demuestra el peso real de esos referentes en sus agendas y estructuras. En el caso de las organizaciones guerrilleras, la ideología funcionaba como brújula para el esfuerzo“revolucionario”: de ella se derivaba la visión de sociedad y de Estado que cada grupo buscaba construir a nivel nacional. Además, establecía una suerte de frontera ética que limitaba el comportamiento del grupo armado frente a sus enemigos, frente a otras organizaciones insurgentes y frente a las comunidades bajo su control o influencia(Gutiérrez Sanín y Wood, 2014). En otras palabras, la ideología moldeaba tanto las dinámicas de cooperación como de conflicto entre actores armados. Las experiencias de federalización o coordinación operativa entre grupos armados colombianos también se vieron impulsadas por afinidades ideológicas. En el caso de las insurgencias, el primer antecedente fue la creación de la Coordinadora Nacional Guerrillera en 1984, con el objetivo de propiciar espacios de deliberación política y articular tanto el trabajo político como las acciones militares de las insurgencias. Esta coordinadora incluyó al Comando Ricardo Franco( CRF ), al ELN , al EPL , al M-19, al MAQL , al Movimiento de Integración Revolucionaria Patria Libre( MIR PL ) y al Partido Revolucionario de Trabajadores de Colombia ( PRT ). Otro ejemplo es la fusión entre el MIR PL y el ELN , que dio origen a la Unión Camilista Ejército de Liberación Nacional( UC ELN ) en 1987. Ese mismo año se conformó la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, integrada por el EPL , las FarcEP , el M-19, el Movimiento Armado Quintín Lame, el Partido Revolucionario de los Trabajadores y la Unión CamilistaELN . Por su parte, los grupos armados con vocación contrainsurgente también buscaron alianzas motivadas ideológicamente. Desde mediados de los años ochenta comenzó a operar la Coordinadora Nacional de Autodefensas, que buscaba articular experiencias y fomentar la cooperación entre grupos de autodefensas regionales: en Córdoba bajo el liderazgo de Fidel Castaño; en el Magdalena medio y Puerto Boyacá, comandadas por Henry Pérez; en Cundinamarca conformadas por el ejército privado del narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha; y en la Sierra Nevada de Santa Marta lideradas por Hernán Giraldo y Adán Rojas ( CNMH , 2022; Ronderos, 2014; Sánchez, 2023). Posteriormente, en 1997, nacieron las Autodefensas Unidas de Colombia( AUC ) como una federación paramilitar con un Estado Mayor, vocería nacional y cierta autonomía de los bloques y frentes que la integraban. Este proyecto se desmovilizó entre 2003 y 2006 tras un proceso de negocia ción con el gobierno del presidente Álvaro Uribe(20022010)(Ruiz, 2023; CEV , 2022). Incluso las AUC , que no eran una organización insurgente, se guiaban por una lógica ideológica, especialmente por medio de un discurso contrainsurgente y anticomunista(Gutiérrez Sanín, 2019). Ese marco ideológico ayuda a explicar, en parte, su forma de gobernar a los civiles bajo su dominio, las alianzas políticas que establecieron y sus patrones de victimización (Feldmann, 2024). En el conflicto armado contemporáneo esta tendencia de “polos ideológicos” comenzó a cambiar desde mediados de la década anterior, a medida que la ideología fue cediendo paso a una visión mucho más pragmática del país, de sus regiones y de la guerra. El proceso de desideologización se evidencia en una serie de alianzas y cooperaciones regionales entre actores supuestamente antagónicos desde el punto de vista político-ideológico. En el sur de Córdoba y el Urabá antioqueño(zona del Parque Nacional Natural Paramillo), el bloque Iván Ríos –una disidencia de las antiguas FarcEP – y el Ejército Gaitanista de Colombia actuaron como aliados( Verdad Abierta, 17 de febrero de 2015; CNMH , 2015). Más recientemente, en el sur del Chocó, unidades del EGC y una disidencia comandada por Iván Mordisco han combatido conjuntamente al ELN ( Colombia+20, 18 de febrero de 2025). Antes de entrar en guerra en el sur de Bo lívar, el ELN y el EGC incluso pactaron un acuerdo de no agresión. Estas situaciones muestran cómo, en el presente, la decisión de cooperar o confrontar militarmente a otro grupo armado difícilmente puede explicarse a partir de compromisos ideológicos. Otras variables parecen ser mejores predictores de estas decisiones: los recursos humanos y materiales disponibles, la trayectoria histórica en el territorio o las alianzas ya existentes con actores legales e ilegales. Esto complejiza cualquier lectura externa: ya no basta La violencia después del Acuerdo de paz: ¿cómo es hoy(y cómo será) la guerra en Colombia? 11 con identificar insurgentes y paramilitares, pues se trata de una red de relaciones localizadas que escapan a marcos binarios. Antes, bastaba con conocer los compromisos ideológicos de un grupo armado para hacer conjeturas relativamente informadas sobre sus alianzas y enfrentamientos. Hoy, esos compromisos rara vez explican sus interacciones locales. Por eso es fundamental reconocer que este cambio importa. Ahora bien, esta desideologización no implica, de ninguna manera, que el conflicto se haya convertido en una guerra puramente“criminal”. Por el contrario, sostenemos que muchos de los grupos comúnmente denominados “criminales” se han politizado de manera significativa, aunque no mediante grandes marcos ideológicos o doctrinas estructuradas. Proponemos entender la política en la guerra desde tres niveles. Primero, las formas y narrativas. Los grupos armados continúan usando y mostrando públicamente símbolos como himnos, banderas, escudos y estatutos. Esto no es meramente retórico. Dichos elementos discursivos se traducen en acciones concretas: el respeto(al menos declarado) al derecho internacional humanitario, la inversión en plataformas comunicativas como páginas web, la creación de escuelas de entrenamiento político, entre otros(Badillo y Mijares, 2021). El discurso, en este sentido, tiene efectos prác ticos que no deben subestimarse. Segundo, las gobernanzas armadas en los territorios. No todos los grupos armados gobiernan a civiles: algunos se enfocan únicamente en regular las interacciones entre actores criminales o en mantener las actividades económicas que los sostienen. Pero cuando sí gobiernan, lo hacen mediante la oferta de bienes y servicios(seguridad, justicia, infraestructura, regulación de economías legales e ilegales, etcétera) o mediante la imposición de normas de comportamiento civil: cuarentenas, prohibición de ciertas prendas, control de horarios, etcétera. En estos casos, los grupos regulan relaciones entre“gobernantes”(ellos mismos) y“gobernados”(las comunidades), lo cual los vuelve actores inherentemente políticos. Esto sugiere que muchos grupos buscan imponer un modelo de convivencia. Una línea de investigación valiosa sería explorar la relación entre el discurso político de estos grupos y sus prácticas de gobernanza. A prior i, pareciera que algunos proyectos están centrados en preservar mercados ilegales, como los“combos” de Medellín(Blattman et al., 2025), mientras que otros, como el Ejército Gaitanista de Colombia en Urabá, muestran un componente más ideológico o comunitario. Esta dimensión política merece mayor atención en el debate académico. El tercer nivel tiene que ver con la forma en que los grupos armados viven la democracia electoral. Estos participan en las elecciones de múltiples formas, principalmente por medio del saboteo o la cooptación del proceso. Ambas estrategias pueden dirigirse tanto a la oferta electoral, afectando a los actores encargados de organizar o competir en la elección, como a la demanda electoral, afectando el comportamiento de los votantes. En el caso del saboteo, los grupos armados pueden atacar a funcionarios, intimidar jurados o entorpecer la logística electoral. En Meta, por ejemplo, se registró el asesinato de un jurado electoral( El Espectador, 29 de mayo de 2022), lo que afectó directamente la oferta electoral en esa zona. En otros casos, el sabotaje apunta a la demanda: en zonas rurales de Santa Marta, las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada impidieron votar a los civiles( Colombia+20, 13 de marzo de 2022). La cooptación, por su parte, también puede dirigirse a ambos niveles. Algunos grupos permiten de forma selectiva las campañas políticas en sus zonas de influencia, restringiendo de facto la oferta de candidatos. Al mismo tiempo, pueden presionar a los votantes para apoyar a ciertos aspirantes, modificando así la demanda electoral. Aunque estos patrones han sido bien documentados, aún entendemos poco sobre por qué los grupos eligen una estrategia u otra o por qué deciden intervenir sobre la oferta o la demanda electoral. Una agenda urgente consiste en explicar esta forma de participación política: ¿cómo influyen variables como el control territorial, la legitimidad entre civiles o las relaciones con élites locales en estas decisiones? Lo cierto es que prácticamente todos los grupos armados activos en el nuevo contexto participan, de alguna forma, en la política electoral. Esto demuestra que no estamos ante un escenario puramente criminal, como algunos sostienen( Swissinfo, 29 de abril de 2024). En síntesis, consideramos un error profundo centrar el análisis en la“falta de ideología” como criterio diferenciador de la guerra contemporánea. Los grupos actuales son tan políticos como los de hace unas décadas, pero nuestro entendimiento de lo político debe expandirse y ajustarse a estas nuevas formas de actuar, gobernar e intervenir en la democracia. 4.2 Una(s) guerra(s) más local(es) Los grupos armados no solo interactúan por medio de la violencia. También se alían para ciertas actividades, acuerdan no agredirse, se dividen el territorio o, en efecto, entran en guerra. Esto no es nuevo: ha ocurrido históricamente en Colombia y en otros conflictos alrededor del mundo(Staniland, 2012), pero la lógica que estructura estas interacciones ha cambiado. Como explicamos en la sección anterior, mientras que en el pasado las alianzas o enemistades solían estar guiadas por compromisos ideológicos, hoy estas decisiones responden cada vez más a dinámicas subnacionales que escapan a ese tipo de marcos. A este proceso lo denominamos re-territorialización de la guerra: la idea de que lo que ocurre en ámbitos locales o subnacionales resulta más útil para explicar las interaccio12 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V nes entre actores armados que cualquier principio ideológico enunciado desde el nivel nacional. En otras palabras, la escala territorial ha pasado de ser un campo de operación a convertirse en el nivel central de análisis. Tomar en serio esta re-territorialización permite explicar mejor situaciones como el pacto de no agresión entre el ELN y el Ejército Gaitanista de Colombia en el sur de Bolí var, incluso mientras ambos grupos mantenían tensiones abiertas en el Chocó. O la alianza puntual del ELN con disidencias para combatir al EGC en Bolívar, al tiempo que lo enfrenta militarmente en Arauca o el Catatumbo. No negamos que en la guerra persistan elementos nacionales. Pero es cada vez más evidente que leer al país como un todo homogéneo resulta limitado. Entender el conflicto hoy exige un conocimiento localizado, sensible a las dinámicas territoriales concretas. Nuestra propuesta epistemológica para abordar estas interacciones subnacionales parte de tres elementos clave: 1. El territorio: ¿qué lo hace valioso para un grupo armado? ¿Qué actividades se desarrollan allí? ¿Cuál es la relación del grupo con los civiles? 2 Los actores armados presentes: ¿quiénes son? ¿Cuándo llegaron? ¿Qué trayectoria tienen en la zona? 3 Las interacciones entre ellos: ¿hay alianzas? ¿Competencia? ¿Algún tipo de hegemonía? En otro trabajo(Trejos et al., 2019) desarrollamos esta pro puesta con mayor detalle y mostramos sus ventajas analíticas. Un corolario de esta perspectiva es que entender la guerra exige conocimiento local. Solo quienes conocen de cerca un territorio pueden identificar con precisión las razones detrás de las alianzas, enfrentamientos o pactos entre grupos. Esto no implica que los análisis comparados o generales sean inviables: hoy existe un conocimiento local suficientemente robusto que permite trazar patrones más amplios. Hay académicos y actores de la sociedad civil especializados prácticamente en cada región del país; entidades oficiales como la Defensoría del Pueblo con presencia y capacidades de investigación territorial; y organizaciones internacionales que recogen información de manera cotidiana en todo el territorio nacional. Por tanto, cualquier persona interesada en entender un evento reciente en una subregión, con el suficiente esfuerzo de contextualización, puede formular interpretaciones informadas. La alternativa(interpretar los hechos desde el nivel central, sin conexión con el conocimiento local) no solo es limitada: es una pérdida de las capacidades analíticas que se han adquirido durante décadas en los territorios. Y lo que es más importante aún: muchas subregiones comparten patrones. El sur de Córdoba y el Urabá antioqueño son zonas hegemónicas donde el Ejército Gaitanista de Co lombia ha consolidado una gobernanza armada estable. Arauca y el Catatumbo son territorios donde el ELN ha tenido una presencia rebelde de largo aliento y ha combatido a las disidencias para proteger ese control. El sur de Bolívar y el sur del Chocó son zonas de presencia histórica del ELN , ahora retada por el EGC . Montes de María y partes de la Sierra Nevada de Santa Marta, consideradas pacificadas, han experimentado recientemente la llegada de nuevos actores violentos. Por eso, reconocer la complejidad subnacional de la guerra no significa fragmentar el país en feudos desconectados. Al contrario, proponemos aprovechar este conocimiento local para identificar similitudes entre subregiones y dar explicaciones más sofisticadas sobre el conflicto armado contemporáneo. Pensar localmente no implica renunciar a lo comparativo: es el primer paso para hacerlo bien. 4.3 Los alter ego y la negación plausible Un cambio notorio respecto al conflicto armado tradicional tiene que ver con la forma en que los grupos armados reconocen –o evitan reconocer– su participación en actos de violencia. Durante años, fue común que grupos de autodefensa perpetraran masacres en múltiples municipios del país sin ocultar su autoría, presentándolas como castigos contra presuntos colaboradores de la guerrilla. De manera similar, las guerrillas se responsabilizaban abiertamente de tomas armadas o secuestros masivos, incluso cuando las víctimas civiles eran numerosas. Ciertos delitos, como el narcotráfico, tendían a mantenerse en una zona más ambigua, pero la autoría de hechos violentos solía ser asumida con claridad. En el conflicto contemporáneo, por el contrario, los reconocimientos públicos de responsabilidad son mucho más escasos. Por ejemplo, la gran mayoría de asesinatos de líderes sociales no han sido reivindicados por ningún grupo; y eventos de alto perfil, como el más reciente(mayo de 2025) Plan Pistola 2 , han sido negados por las organizaciones a las que se presume responsables. Sostenemos que esta ambigüedad en torno a la autoría está relacionada con los esfuerzos de politización de los grupos armados. En el marco legal vigente, existe una división dicotómica entre grupos“políticos” y grupos“criminales”. Si bien el reconocimiento político sigue siendo una decisión discrecional del gobierno, los grupos han comprendido que tomar distancia de ciertos delitos, como el narcotráfico, la extorsión, las mal llamadas“limpiezas sociales” o los asesinatos de civiles, puede facilitar ese reconocimiento. 2 “Los planes pistola se pueden definir como un repertorio de violencia en el que los grupos armados ilegales asesinan de manera selectiva integrantes de la Fuerza Pública, en territorios donde tienen cierta influencia, como respuesta al asesinato o captura de algún integrante relevante de la agrupación por parte de las autoridades”(Mercado, 2025). La violencia después del Acuerdo de paz: ¿cómo es hoy(y cómo será) la guerra en Colombia? 13 Sin embargo, muchos de esos delitos siguen siendo fundamentales para su sostenibilidad financiera o para mantener su control territorial y social. Por ejemplo, comprometerse públicamente a no asesinar civiles podría debilitar su capacidad percibida para imponer orden en un municipio, autoridad que suele sostenerse, en parte, en la amenaza de violencia. Nuestro argumento es que los grupos armados han encontrado un mecanismo para resolver esta tensión: la creación de alter ego criminales. Se trata de grupos armados sin rostro, sin estructura visible, sin liderazgo conocido y sin aspiraciones políticas aparentes, que surgen repentinamente en territorios donde los grupos armados“politizados” ejercen hegemonía. El propósito de estos alter ego es permitir la comisión de ciertos actos violentos al tiempo que ofrecen una vía de negación plausible. Si el grupo principal es señalado, puede desligarse formalmente del hecho y reducir su exposición a sanciones penales o costos políticos en el contexto de negociaciones con el Estado. Estos alter ego requieren un delicado equilibrio: deben estar lo suficientemente desvinculados del grupo madre como para negar cualquier conexión formal, pero lo bastante alineados en el territorio como para no disputar su autoridad ante la población civil. Ejemplos recientes ilustran esta estrategia. En Santa Marta, un grupo denominado la Muerte publicó videos y panfletos anunciando una“limpieza social”. Las ACSN , hegemónicas en la zona y actualmente en diálogo sociojurídico con el gobierno, negaron cualquier vínculo. Sin embargo, los homicidios se cometieron. En el Valle del Cauca, un grupo autodenominado Nueva Generación de los Rastrojos amenazó a la alcaldesa de Río Frío. Aunque el grupo la Inmaculada, en proceso de acercamiento con el gobierno, ha sido señalado como responsable de estas amenazas, niega esos vínculos. En Nariño, es un secreto a voces que las Autodefensas Unidas de Nariño son una extensión del frente Comuneros del Sur, que se encuentra en proceso de negociación con el gobierno nacional( El País, 5 de diciembre de 2024). Más recientemente, en abril de 2025, en el sur del Cesar apareció un grupo autodenominado Nuevo Renacer de la Mano Negra, que difundió panfletos amenazantes y, según varios habitantes, está vinculado al Ejército Gaitanista de Colombia(entrevista con civil). También debe tenerse en cuenta que al“desmarcarse” de ciertos repertorios de violencia buscan no ser relacionados con infracciones graves al derecho internacional humanitario. Esto tendría como objetivo evitar instancias penales internacionales y en caso de eventuales negociaciones o diálogos con el gobierno no asumir responsabilidad por la comisión de delitos no amnistiables. Estos grupos no son disidencias ni escisiones reales. No están siendo combatidos por los grupos principales ni han declarado una guerra contra ellos. Tampoco se presentan como organizaciones armadas formales: no se les conoce una estructura de mando ni portavoces identificables. En realidad, son grupos de papel; entidades nominales creadas con el objetivo específico de dispersar la responsabilidad del grupo hegemónico en el territorio. La tabla 3 con tiene algunos de estos ejemplos. 4.4 Violencias urbanas más independientes Debido a que el conflicto armado ha afectado con mayor intensidad las zonas rurales del país, la violencia urbana ha sido históricamente poco estudiada. Sin embargo, la evidencia disponible indica que las ciudades también han sido escenarios clave de la guerra. En Barranquilla, por ejemplo, las AUC desterraron o absorbieron a todas las organizaciones criminales locales existentes antes de su llegada(Trejos, 2013). En Santa Marta, lograron imponer su control Ejemplos de potenciales alter ego criminales Tabla 3 Grupo politizado Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada La Muerte Alter ego La Inmaculada Nueva Generación de los Rastrojos Comuneros del Sur Autodefensas Unidas de Nariño Ejército Gaitanista de Colombia Nuevo Renacer de la Mano Negra Los Costeños Bloque Resistencia Caribe Territorio Santa Marta-Troncal del Caribe Tuluá, Valle del Cauca Nariño Sur del Cesar Área Metropolitana de Barranquilla 14 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V frente a las Autodefensas de Hernán Giraldo(Badillo et al., 2025). En Medellín, el bloque Metro prácticamente subordi nó a todas las estructuras locales(Durán-Martínez, 2024). Dicho de otra manera, cuando los actores armados nacionales decidían urbanizar la guerra, sus capacidades militares solían traducirse en hegemonía o subordinación de los grupos urbanos. Sin embargo, el panorama actual es distinto. A pesar de ser la organización con mayor presencia territorial y número de hombres armados, el Ejército Gaitanista de Colombia ( EGC ) no ha logrado controlar ninguna de las principales capitales del país. En Medellín tuvo que pactar su presencia con el crimen local. En Barranquilla ha intentado aliarse con estructuras locales para derrotar a los Costeños, sin mucho éxito. En Santa Marta, desde 2021 libra una guerra prolongada y desgastante con las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada( ACSN ). En Sincelejo solo logró establecerse tras un conflicto sangriento con el grupo local los Norteños, y en Cartagena sostiene, desde 2019, una guerra abierta contra múltiples organizaciones locales. Lo notable es que ninguno de estos grupos urbanos supera al EGC en número de combatientes, capacidad militar o músculo financiero. Y, sin embargo, han logrado resistir por años. Esto sugiere que la violencia urbana contemporánea es menos subordinada al conflicto armado nacional. Más que un apéndice, la violencia urbana es ahora un actor con autonomía relativa: los grupos locales negocian, pactan o resisten frente a los nacionales. Estos grupos no parecen estar vinculados con economías transnacionales, sino que obtienen rentas locales mediante la extorsión, el microtráfico, la apropiación de tierras, entre otras actividades. Aun así, han desarrollado suficiente infraestructura de violencia y capacidad organizativa como para no ser absorbidos fácilmente. Esto indica que los procesos de paz o negociación ya no pueden centrarse exclusivamente en los grupos armados de alcance nacional, sino que deben incluir a estas estructuras urbanas, cada vez más sofisticadas. Además, los grupos nacionales han recurrido a tercerizar la violencia urbana, subcontratando actores locales. Por tanto, cualquier proceso de paz debería incluir preguntas clave sobre a quiénes subcontratan, cómo lo hacen y para qué. Sin esta dimensión, incluso si se logra reducir la violencia rural, la urbana podría permanecer inalterada. Cabe destacar que los grupos urbanos han mostrado capacidad para controlar temporalmente la violencia y disposición a participar en procesos de diálogo sociojurídico. En Buenaventura, Medellín y Quibdó se pactaron treguas que redujeron significativamente los homicidios. Sin embargo, esta capacidad de contención debe evaluarse con cautela: no garantiza sostenibilidad ni desmovilización ordenada. Una tarea pendiente, tanto para la academia como para el Estado, es entender mejor la violencia urbana. Muchas preguntas siguen sin respuesta: ¿cuántas personas integran estos grupos?, ¿qué implica esa membresía?, ¿de qué viven?, ¿qué tantos controles reales ejercen los líderes?, ¿cuál es el papel de las cárceles en su funcionamiento? Sin esta información, cualquier estrategia de paz será incompleta, pues no podrá ofrecer soluciones sostenibles a la violencia en las ciudades. Lo que sí es evidente es que las ciudades colombianas se han convertido en epicentros de formas de violencia que, aunque a veces parecen desconectadas del conflicto rural, también se alimentan de él. Los grupos más militarizados ya no logran imponerse como antaño: hoy deben pactar, tercerizar y negociar con estructuras locales. En las ciudades, son apenas uno entre muchos. La violencia después del Acuerdo de paz: ¿cómo es hoy(y cómo será) la guerra en Colombia? 15 5 Conclusiones Este artículo ha buscado definir la violencia contemporánea en Colombia. Partimos de la idea de que el nuevo ciclo de la guerra está definido por la fragmentación del ecosistema de violencia. Es decir, por la aparición de múltiples actores armados que son disidencias de aquellos que libraron el conflicto armado durante la guerra fría y hasta principios de los 2000 o están de alguna manera conectados con ellos. Sin embargo, el cambio no es únicamente el incremento de los actores, sino que su naturaleza y sus interacciones también se han modificado radicalmente. Para ello, proponemos cuatro características explicativas: la paralela desideologización y politización de estos grupos, la subnacionalización de sus interacciones, la dilución de la responsabilidad en acciones armadas a través de alter ego criminales y la independización de las violencias urbanas. Este trabajo busca ser un punto de partida para quienes intentan dar sentido a las múltiples guerras locales que hoy se desarrollan en el país. Hay debates urgentes, aunque aquí apenas esbozados, que permanecen escasamente explorados en la academia colombiana: la participación de estos nuevos actores en la democracia electoral; las lógicas que rigen sus interacciones, tanto violentas como no violentas; los matices de sus gobernanzas armadas o las estrategias mediante las cuales asumen o diluyen la responsabilidad por sus hechos violentos. Aunque el pasado ofrece algunas pistas, el presente exige nuevos datos y nuevas interpretaciones. Nuestro objetivo principal es cuestionar ciertas lecturas dominantes y evidenciar las limitaciones de seguir entendiendo el conflicto contemporáneo como una guerra nacional, cohesionada e ideologizada. Sabemos que nuestro marco analítico requiere más evidencia empírica para consolidarse, pero pensamos que permite, al menos, formular predicciones útiles para interpretar el comportamiento de los nuevos actores armados. No pretendemos que lo planteado aquí sea extrapolable a cada subregión. Por supuesto que hay matices y diferencias que ignoramos. Pero sí esperamos contribuir a que los debates sobre la guerra en Colombia adquieran un matiz distinto, más sensible a los cambios, más atento a las lógicas subnacionales y más dispuesto a repensar las categorías con las que hemos descrito la violencia durante décadas. 16 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V Bibliografía Alcocer, M. y L. 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Y sin embargo, se mueve: negociación gobiernoELN (pp. 33-43). Ediciones Ántropos. Siglas y acrónimos ACSN Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada AO Autodefensa Obrera Bacrim bandas criminales CNEB Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano CRF Comando Ricardo Franco EGC Ejército Gaitanista de Colombia ELN Ejército de Liberación Nacional EMBF Estado Mayor de los Bloques y Frentes EMC Estado Mayor Central EPL Ejército Popular de Liberación FarcEP Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo FVPA Frente Virgilio Peralta Arenas M-19 Movimiento 19 de Abril MAQL Movimiento Armado Quintín Lame MIR-PL Movimiento de Integración Revolucionaria Patria Libre PRT Partido Revolucionario de los Trabajadores SAT Sistema de alertas tempranas(Defensoría del Pueblo) UC ELN Unión Camilista Ejército de Liberación Nacional La violencia después del Acuerdo de paz: ¿cómo es hoy(y cómo será) la guerra en Colombia? 19 Acerca de los autores Luis Fernando Trejos Rosero . Profesor-investigador del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad del Norte(Barranquilla). Director del Instituto de Desarrollo Político e Institucional del Caribe de la misma institución y líder del grupo de investigación Conflictos y posconflictos desde el Caribe. Reynell Badillo Sarmiento . Estudiante del doctorado en ciencia política en la Universidad de Chicago con maestría en estudios internacionales de la Universidad de los Andes(Bogotá). E internacionalista de la Universidad del Norte. 20 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V La violencia después del Acuerdo de paz : ¿cómo es hoy(y cómo será) la guerra en Colombia? → El artículo muestra cómo la violencia contemporánea en Colombia no puede entenderse como un simple retorno al conflicto armado de décadas pasadas. Sostenemos que el país atraviesa un nuevo ciclo de guerra, caracterizado por la fragmentación del ecosistema de violencia: un aumento en el número de actores armados, muchos de ellos disidencias de disidencias, y un cambio cualitativo en sus formas de operar. → Proponemos cuatro rasgos distintivos de este nuevo escenario: la desideologización con politización de los grupos armados; la re-territorialización de sus interacciones; la creación de alter ego criminales que diluyen la responsabilidad; y la autonomía creciente de las violencias urbanas. → A partir de una base de datos propia y evidencia cualitativa, mostramos que esta fragmentación transforma la lógica del conflicto y desafía los marcos tradicionales de análisis. Más que una guerra nacional ideologizada, hoy enfrentamos múltiples conflictos subnacionales que exigen nuevas categorías interpretativas Encontrará más publicaciones de la Friedrich-Ebert-Stiftung en el siguiente enlace: ↗ www.fes.de