Las Socialdemocracias europeas: ¿ha llegado el ocaso? Peter Lösche 1 1 Politólogo, Doctorado en la Universidad de Berlín y Kennedy Memorial Fellow Harvard University, Profesor de la Universidad de Göttingen, República Federal de Alemania 1 Las Socialdemocracias europeas: ¿ha llegado el ocaso? Sobre el estado actual de los partidos socialdemócratas en Europa ∗ Peter Lösche Traducción del alemán: Bet Gerber 2 ¿Es que finalmente ha llegado el cierre terminal y definitivo del siglo socialdemócrata? Desde hace ya casi veinte años que debatimos en torno a esta sentencia de Ralf Dahrendorf sin que resulte claro, si es que esta formulación hacía referencia al final del Estado social nacional de sesgo keynesiano o a la extinción de los partidos socialdemócratas. La globalización y la europeización apuntan hacia la erosión del modelo social europeo. El debilitamiento de los partidos socialdemócratas parece indiscutible, al menos si se los evalúa en relación con los resultados electorales y a su participación en las instancias gubernamentales. Así por ejemplo, en Dinamarca, el socialdemócrata Poul Nyrup Rasmussen estuvo al frente del gobierno durante ocho años hasta que en el 2001 tuvo que entregar el poder al liberal de derecha Fogh Rasmussen, que hoy gobierna el país junto al partido populista de derecha. En el mismo año en Italia, una coalición de centroderecha comandada por Berlusconi reemplazó a D´Alema y Amato. En Austria fracasó la gran coalición dirigida por el socialdemócrata Victor Klima. Fue reemplazada por una coalición del ÖVP(Partido Nacional Austriaco) junto al FPÖ, que responde al populismo de derecha y que, hacia septiembre de 2002, también entró en crisis. En Francia Jospin gobernó desde 1997 junto a los comunistas y a los verdes, pero sufrió una amarga derrota en las elecciones presidenciales del 2002, ocupando un tercer lugar después de Chirac y el populista de derecha Le Pen. En Holanda, Wim Kok, que llevó adelante un gobierno exitoso desde 1994 perdió en marzo de 2002 frente a los demócratas cristianos y a los mutantes populistas de derecha. Sin embargo, tras su claro triunfo electoral, la nueva coalición no se sostuvo ni ∗ El presente material se publicará en una revista alemana de Ciencia Política junto con los anexos correspondientes que no se adjuntarán en la versión actual. No quisiera dejar de agradecer a mi amigo y colega Franz Walter, quien no solamente ha estimulado de diversas formas la elaboración del presente material, sino que también hizo un aporte sustantivo al mismo a través de sus ensayos sobre la Erosión del medio social , La reserva de los marginales, (Tagesspiegel del 24/7/2002), el Ocaso de las socialdemocracias europeas y El vacío de las izquierdas (Tagesspiegel del 18/8/2002). 2 Fundación Friedrich Ebert en la Argentina 2 siquiera cien días, hasta que se desató la crisis que desembocó en su ruptura. Quedaron pocos países en los que la socialdemocracia siguió en el poder: Finlandia, Alemania, Grecia, Gran Bretaña y Suecia. En términos generales, podría decirse que en la última década el sistema europeo de partidos ha entrado en una etapa de transformaciones. No se trata solamente del ocaso de los partidos socialdemócratas, sino que sus opositores históricos, los democristianos y los conservadores, también enfrentan problemas similares, en tanto perdieron elecciones y cargos gubernamentales. Paralelamente, los partidos verdes se encuentran en ascenso y los liberales parecen vivir una etapa de renacimiento. Pero, ante todo, se ha expandido el fantasma del populismo de derecha. ¿Cuáles son los motivos de estas transformaciones, en especial, para el – aparente- ocaso de la socialdemocracia? Desde un punto de vista abstracto, podrían mencionarse tres razones: (1) La crisis de la sociedad industrial tradicional, la sociedad de la producción que constituía el enclave tradicional de los obreros calificados. La unidad entre crecimiento económico y progreso social, el keynesianismo, llegó a su fin. (2) La globalización, es decir el retorno a un capitalismo extremo“libre” del control social y político. En sentido contrario, los éxitos socialdemócratas se basaban justamente en el poder de la política nacional, en la intervención del Estado nacional en la economía y en la sociedad. Bajo el signo del nuevo capitalismo de Manchester se expanden la pobreza y la miseria; los típicos votantes cautivos socialdemócratas, es decir, los obreros calificados y los empleados comunes se ven desplazados hacia espacios marginales. (3) La retracción del Estado sobre sí mismo, que tiene como consecuencia el surgimiento de dos economías paralelas prácticamente disociadas: la economía estatal, es decir pública, a la que corresponde el servicio público pero también, por ejemplo, la economía agrícola regulada y subvencionada por el Estado, y, por otra parte, la economía privada, que al no contar con protección estatal queda en manos del libre juego de las fuerzas del mercado(Alain Touraine). Sin embargo, antes de entrar en este análisis sistemático y, aparentemente, esclarecedor, deberíamos detenernos para clarificar y diferenciar algunas cuestiones. Es probable que la actual debilidad de los partidos socialdemócratas se vincule sólo con las oscilaciones del péndulo, que han de ser consideradas desde una perspectiva histórica. ¿Acaso no ha sucedido que tras la Segunda Guerra Mundial hubo una predominancia conservadora y democristiana de más de una década en los países europeos, seguida, en los años‘60 y‘70 por un deseo generalizado de una mayor justicia social y el triunfo concomitante de las socialdemocracias europeas? ¿Y este proceso no fue sucedido en los años‘80 por el 3 predominio de los conservadores y de los neoliberales, y en los años‘90 por la primacía de las“nuevas” socialdemocracias neoliberalizadas? Ocurre también, que hacia el cambio de siglo el péndulo parece oscilar nuevamente en favor de las socialdemocracias. ¿Cómo deberían evaluarse los ajustadísimos triunfos electorales de las coaliciones rojo-verdes en Suecia y Alemania? ¿Es que el péndulo se dirige nuevamente hacia la izquierda? Al mismo tiempo es necesario señalar que un socialdemócrata no es igual a otro socialdemócrata, aunque resulte demasiado banal siquiera expresar esta cuestión. Un ciudadano sueco podría perfectamente ser miembro del SPD(Partido Socialdemócrata Alemán) o del Partido Verde, en tanto que los blairistas serían bien acogidos en los partidos más bien burgueses de muchos países europeos. En todo caso, las condiciones específicas que hacen a cada Estado nacional juegan siempre un papel destacado – a pesar de la Unión Europea y de la globalización – a la hora de dilucidar por qué en un país las socialdemocracias entran en crisis, mientras que en otro inician una etapa de ascenso. Entonces, ¿es posible generalizar? Si se considera a las socialdemocracias europeas en general desde la Segunda Guerra Mundial, integrando sus orígenes y su historia completa y se centra el eje del análisis en la última década, es decir: en un proceso intelectual de generalización y posterior abstracción, se perfila un modelo que parece anunciar el ocaso de estos partidos. En lo sucesivo me atendré a este modelo, generalizándolo y analizando detenidamente el descenso de las democracias europeas. El análisis se planteará en cuatro etapas: 1) ¿La socialdemocracia europea ha perdido su propia energía, fuerza y vitalidad? 2) ¿La socialdemocracia ha perdido su orientación conceptual y de contenidos? 3) ¿Se ha erosionado el fundamento que alguna vez constituyera segura base social estructural de la socialdemocracia? 4) El principio de la esperanza: ¿existen perspectivas futuras para las socialdemocracias europeas? I Pérdida de energía, fuerza y vitalidad En las postrimerías del siglo XIX, las socialdemocracias derrochaban energía, dinamismo y juvenil vitalidad, manteniendo estas características también en el período comprendido entre las dos guerras mundiales e incluso en los años‘50. Eran los partidos de las promesas futuras, de las visiones. Hoy parecen estar consumidas, agotadas, faltas de dinamismo. Las fuentes de energía parecen escasear, los partidos socialdemócratas aparecen escindidos de sus fuentes originales. En el contexto de un planteo abstracto en extremo esto tiene que ver con procesos generales de desarrollo social que, sin embargo, se tornan concretamente visibles en los partidos. 4 1. Erosión del medio social El típico enclave socialdemócrata, en Alemania la comunidad solidaria, creció a partir de un humus de características definidas en lo que hace a su estructura social: específicamente, el entorno de vida de los obreros calificados. Este medio social estaba atravesado desde el punto de vista organizativo por una red que lo vinculaba con diversas organizaciones, con el partido, con los sindicatos, con las asociaciones culturales y recreativas, etc. De esta forma tenía impacto en la sociedad. Estaba integrado a través de una visión conjunta de futuro, una representación determinada respecto de una sociedad alternativa y mejor. Al finalizar la sociedad de la producción, este medio que constituía el entorno del sector trabajador calificado también se vio erosionado.“Pluralización de los estilos de vida” e “individualización” son los conceptos que los sociólogos utilizan en la actualidad para hacer referencia a estos procesos. 2. Las organizaciones en declive Los partidos socialdemócratas pierden afiliados y en este sentido no juega un papel menor el envejecimiento de quienes los componen. Los partidos tienen grandes problemas para reclutar a mujeres y a jóvenes. Así por ejemplo, la cantidad de afiliados del SPD descendió de más de un millón desde fines de los años’70, a los 710.000 con los que cuenta hoy. Incluso el“New Labour” –partido supuestamente moderno- padece de manera similar la merma de afiliados: desde 1997 perdió 125.000 miembros, lo que lo condujo a los 280.000 con que cuenta en la actualidad. El descenso en la cantidad de afiliados trae consigo problemas financieros, ya que los ingresos vía aportes partidarios se reducen, y en compensación se buscan donantes generosos o ayuda del Estado. El viejo partido de funcionarios, el sistema de delegados, parece derrumbarse. En su lugar surgen nuevos canales de comunicación, nos referimos a la conformación de un nuevo tipo de partido, como es el partido mediático: la conducción partidaria se dirige a los simpatizantes y a los afiliados preferentemente vía medios electrónicos y gráficos, salteando a los activistas partidarios. Las viejas estructuras partidarias que iban desde las asociaciones locales, pasando por las federaciones regionales, hasta las organizaciones a nivel nacional parecen inútiles, están en un proceso de implosión. Este proceso se acentúa cuando – como sucede en muchos partidos europeos – se implementan elementos de democracia directa, las“bases partidarias” y la dirigencia comunican directamente entre sí. Lo que ocurre de facto es algo así como la centralización de los partidos: en el marco de un 5 proceso de adaptación a las corrientes de turno, la diferenciación de antaño en asociaciones locales y regionales, en comunidades de trabajo y grupos de interés y el agrupamiento en distintas alas ideológicas, se desdibuja en aras de la eficiencia, adoptando una suerte de “formato aerodinámico standard”. La organización partidaria se ve desplazada por el“partido instalado en la función pública”, a través de los bloques en los parlamentos, a través de secretarios de área e intendentes votados directa o indirectamente a nivel comunal, y también a través de los miembros del gabinete de gobierno a nivel federal y nacional. Surgen los“partidos de bloque”. En los bloques parlamentarios, en las administraciones municipales y en los gabinetes gubernamentales se nuclea el verdadero centro de poder de los partidos, allí se encuentran también los recursos organizativos y financieros. Este proceso se desarrolla bajo el rótulo de la“profesionaliz ación” y, en cierta medida, significa que los partidos se desligan aún más de sus bases originales de electores, de su anclaje en la sociedad. Hacia afuera presentan un perfil tecnocrático, desde el punto de vista programático resultan cada vez menos diferenciables de sus competidores – según expresa la queja general. Desde luego que hay excepciones a nivel nacional, como por ejemplo en Italia, en donde aun está vigente el primado de la organización partidaria. Los fraccionamientos intrapartidarios que alguna vez fueran motor de los debates de contenido, pero también de la construcción de un perfil propio, se debilitan cada vez más. Esta cuestión no juega un papel menor a la hora de intentar explicar la pérdida de contenidos específicos por parte de las socialdemocracias y también en el hecho de que se les reproche representar no mucho más que maquinarias de padrinazgos políticos. También en este caso la excepción hace a la regla, como lo demuestran los courants entre los socialistas franceses. Frente a la falta de fuerzas organizativas se busca reemplazarlas desde afuera, la “profesionalización” funciona como sucedáneo. Ya no son los militantes quienes llevan adelante las campañas electorales, sino los gerentes de campañas profesionales, para quienes las cosas pasan básicamente por la presencia en los medios y las relaciones públicas. Las palabras claves son Kampa 3 , War Room, Dick Morris 4 . La comunicación personal, que alguna vez fuera la ventaja comparativa del partido de funcionarios y afiliados, queda al margen. En este contexto no es casual que los expertos en campañas profesionales tengan cada vez más dificultades para lograr que los votantes cautivos, es decir, los propios afiliados partidarios, se movilicen y lleguen a las urnas. 3 comité de campaña de G. Schröder, cuyo funcionamiento y estructura eran externos al SPD 4 jefe de campaña de Bill Clinton 6 3. La esclerosis de las socialdemocracias Los afiliados, los funcionarios, las mismas organizaciones se esclerotizan, envejecen, tanto en sentido físico como en un más amplio sentido intelectual. La mayor parte de los activistas partidarios socialdemócratas en Europa pertenece hoy en día a la generación de los baby boomers. Son aquellos que a fines de los años’60 y’70 se abocaron a la política con un gran ímpetu juvenil y muchas utopías en la cabeza y en el corazón. Hoy en día ya han acumulado 30 ó 40 años en la cuestión, en el negocio, han encanecido y están cansados; reina el“realismo”, es decir, el cinismo. En determinadas ocasiones, las propias organizaciones se desplazan concientemente hacia espacios externos para que el equilibrio de poderes dentro del partido, logrado tras décadas de esfuerzo, no naufrague. A menudo debemos tratar con miembros que son jubilados del servicio público: así se filtran actitudes y formas de actuar burocráticas. Las organizaciones juveniles socialdemócratas casi no juegan papel alguno, en todo caso se han convertido en organizaciones para el desarrollo de las carreras profesionales. 4. La fragmentación de las redes sociales Después de la Segunda Guerra Mundial, en torno a muchos partidos socialdemócratas europeos se multiplicaron las organizaciones culturales y recreativas, las cooperativas y los emprendimientos comunitarios. El brazo más importante de los partidos socialdemócratas al interior de las sociedades eran los sindicatos. Es sabido que los vínculos entre los partidos y las organizaciones de los trabajadores ya no son tan estrechos. En Suecia, la pertenencia colectiva de los sindicatos a la socialdemocracia tocó su fin ya en las postrimerías de los años’80. Por su parte, el New Labour se diferencia del Old Labour justamente porque la importancia de cada afiliado, pero también la del bloque de la Cámara de los Comunes, se ha fortalecido respecto de los sindicatos. Dentro del Labour Party, en septiembre de 2002 se conformó un frente de oposición contra el Primer Ministro que partió del seno de los sindicatos. Finalmente es necesario señalar que la nueva distancia existente entre los sindicatos y las socialdemocracias también tiene consecuencias financieras, los aportes sindicales ya no fluyen generosamente hacia el partido, el clamor por financiamiento público para los partidos es cada vez más fuerte – la crisis financiera actual del Labour Party es ejemplo de ello. 7 II Pérdida de orientación conceptual y de contenidos Los socialdemócratas han perdido la orientación conceptual, el sentido normativo, la perspectiva de futuro. Ésta era precisamente la fuerza impulsora del movimiento socialdemócrata de trabajadores desde fines del siglo XIX. Con esta pérdida, para muchos afiliados y funcionarios del partido también se diluyó la motivación vinculada a las causas y objetivos que los hacía socialdemócratas. En otros términos: el factor aglutinante del medio socialdemócrata se ha desecado y pulverizado. 1. La tarea de desarrollar un concepto de“socialismo democrático” Lo que alguna vez distinguió a los socialdemócratas de los democristianos, conservadores y liberales, fue la idea de una sociedad diferente, mejor, más justa. La democracia no debía limitarse solamente a la política, sino extenderse también a la economía y a la sociedad, se trataba, entonces, de una democracia económica, o bien de una democracia industrial. Sin embargo, los debates acerca de hacia dónde se quiere ir ya prácticamente no existen. En lugar de estas discusiones, hoy ocupan el escenario de debate planteos que ya no tienen su eje en cuestiones sociales, sino en aspectos éticos, cuestiones sobre valores, principios cristianos, comunitarismo y sobre la relevancia del liberalismo en la actualidad. Junto con esto, observamos cierto distanciamiento de una imagen humana positiva, optimista. Casi subrepticiamente se ha deslizado una imagen humana negativa, que responde a la máxima homo homini lupus ∗ . Si se intenta elaborar algunas cuestiones de contenido entre los intelectuales del partido socialdemócrata, cuestiones que, supuestamente, deberían ser específicamente socialdemócratas, sucede que se mencionan objetivos que podrían provenir tanto de la disciplina social católica como de la ética protestante: superación de la pobreza, inclusión en el mercado laboral, distribución más justa del ingreso y del patrimonio, formación y capacitación para todos, estándares mínimos del Estado social. La “solidaridad”, que alguna vez tuviera un contexto social concreto se ve reducida a “contención social”. El debate en torno a la Tercera Vía ilustra la pérdida de orientación, funcionando a corto plazo como reemplazo de debates programáticos. Aludía al alejamiento del Estado social tradicional, una vez más a la superación de la pobreza y subrayaba también la relevancia de la libertad – igualdad – fraternidad, tríada de la Revolución Francesa. En el plano de la acción, apunta al pragmatismo: en versión libre de la formulación blairista, la buena ∗ El hombre es el lobo del hombre. 8 política se reconoce en tanto funcione. Ahora bien: ¿quién determina que una política “funciona”? ¿A quién le sirve qué política? ¿Acaso son los encuestadores los jueces adecuados para estas cuestiones? Gerhard Schröder lo ha planteado en forma análoga: no existe una política económica de izquierda o de derecha, solamente existe una buena o mala política económica. Aquí se trasluce la teoría democrática schumpeteriana: la democracia como método, como mecanismo de regulación para la elección y el recambio entre élites – sin contenido. 2. El descrédito provocado por el socialismo de Estado Indiscutiblemente, el agotamiento de los partidos socialdemócratas en lo que hace a su sentido normativo, se vincula con el socialismo estatal autoritario, el leninismo y el estalinismo. Estos se caracterizaban por una sobredosis de utopías, de regulación estatal, control y reglamentación, abonando un terreno fértil para la ideología neoliberal. Esta cuestión que parece banal no debería eludirse a la hora de analizar la situación. 3. El agotamiento de la programática socialdemócrata como consecuencia del ejercicio de gobierno Las socialdemocracias europeas en el gobierno se adaptaron a numerosas restricciones – supuestas o reales-, a la globalización de los mercados financieros, a la europeización de los mercados de bienes, a la independencia del Banco Central Europeo, a los límites impuestos por la Unión Europea al endeudamiento estatal. De esta forma, tuvo lugar una especie de“colonización” neoliberal de la política socialdemócrata en materia económica y social. Los socialdemócratas terminaron representando la consolidación del presupuesto y llevando adelante políticas de austeridad. Se pusieron a la cabeza de los procesos de privatización, de desestatización y de reducción de impuestos. Flexibilizaron los mercados laborales y se orientaron hacia la estabilidad monetaria. Desde luego que, en este sentido, existen marcadas diferencias entre los diferentes Estados socialdemócratas europeos. Así por ejemplo, en Holanda se logró sanear las finanzas estatales, reducir el desempleo e introducir el empleo de tiempo parcial. Persistieron algunos problemas como la inflación, un sistema de salud apenas sustentable y la escasez de docentes en las escuelas. En Gran Bretaña, bajo el gobierno de Blair, el desempleo y la inflación se mantuvieron dentro de límites reducidos, pero los salarios se anclaron en bajos niveles, en tanto el sistema público de salud, la infraestructura de tránsito y el sistema educativo todavía generan enormes problemas. Los socialdemócratas suecos ultimaron su 9 ideología de los“centro s populares”, conservaron el tripartidismo tradicional y la cooperación del capital, trabajo y Estado y, con ello, la aspiración a un Estado de bienestar en funcionamiento. Sin embargo, hubo brutales saneamientos del presupuesto y los recortes profundos de los programas sociales estuvieron a la orden del día. En este sentido cabe agregar un elemento que hace al agotamiento de la programática socialdemócrata. Ha quedado demostrado que las socialdemocracias a cargo de gobiernos, ya sea a nivel municipal, provincial o nacional, han sido susceptibles de manejos corruptos, y que desde el punto de vista ético no estaban en una escala más alta que los partidos más conservadores. Esto es lo que sucedió, por ejemplo, en Italia, Alemania, Francia y Austria. Se ha perdido la antigua seguridad de superar desde el punto de vista ético a los “burgueses”. 4. La indiferenciación En el contexto de las presiones de ajuste impuestas por el Tratado de Maastricht, en vistas de la globalización y de la europeización y de las reformas neoliberales tildadas de “necesarias”, hubo escasas diferencias en las prácticas desarrolladas por las socialdemocracias europeas y sus contrincantes conservadores y democristianos. Si bien analizando en detalle, hubo diferencias tecnocráticas entre los distintos programas y concepciones partidarias, para el elector común, estas diferencias son apenas perceptibles. Cuando de elecciones se trata, la cuestión pasa por la competencia económica, o mejor dicho: la cuestión pasa por la imagen de la competencia económica. A fines de poner en relevancia las diferencias entre los partidos, durante las campañas electorales se apela a “temas viscerales”, se intenta emocionalizar y movilizar prejuicios. Esto pone temas sobre la mesa que, en general, son instrumentalizados por los populistas de derecha. De esta forma, los resultados electorales se convierten en una cuestión casual. Los gobiernos electos casi no pueden responder a un determinado mandato, una tarea a desarrollar que tenga que ver con los contenidos programáticos. En este sentido, los programas electorales se parecen al más común y corriente listado de compras. Los contenidos, si es que se los puede encontrar alguna vez, responden a una mera puesta en escena y, de esta forma, pierden autenticidad. 5. ¿Sentido normativo? Lo que les falta a las socialdemocracias europeas, lo que se ha perdido, es el gran relato de la humanización de la sociedad, de la igualdad social, económica, política y cultural, de la 10 justicia social. Faltan, además, los símbolos, imágenes y rituales correspondientes, que alguna vez formaran parte constitutiva del entorno característico. Esto provoca problemas para identificarse con el partido, incluso para los afiliados fieles. De esta forma, también se pierde“credibilidad” en lo que hace a percibir a las socialdemocracias como“dignas”, a “creer” y“confiar” en ellas. En este vacío confluyen los gerentes de las campañas electorales, los especialistas en prensa, los profesionales de la imagen. A ellos les compete la identificación con un partido, la movilización de los votantes cautivos y de una parte de los votantes volátiles. No obstante, en determinadas circunstancias, los gurúes de las campañas electorales pueden lograr exactamente lo contrario de lo que se proponen. Ejemplo: el encuestador en jefe de Tony Blair, Philip Gold, dijo respecto de su cliente: “ Tony Blair no es considerado real. Le falta convicción, todo él es pura imagen y presentación, dice cosas para agradar a la gente, pero no porque realmente crea en ellas.” III Pérdida de la base estructural-social Las socialdemocracias europeas no solamente perdieron energía, fuerza, vitalidad y orientación conceptual, sino que, además, ya no están seguras de su raigambre social. 1. La desintegración del sector de obreros calificados En casi todos los países de Europa, el enclave socialdemócrata tuvo un fundamento en la estructura social, el sector de trabajadores calificados y empleados comunes. Esta base social se vio erosionada en las últimas tres décadas. La palabra clave en este contexto es sociedad productiva. En versión actual: creciente polarización de la sociedad en nuevas clases medias y“nuevos pobres”. Cabe señalar también, que no es menor el papel que ha jugado en este proceso el ascenso social de las hijas e hijos de los obreros calificados socialdemócratas, es decir, la revolución educativa de fines de la década del’60 hasta mediados de la del’70. Los socialdemócratas academizados de la generación del’68 se han desligado cultural y económicamente de sus raíces originales. Sus palabras claves han sido ecología, emancipación de las mujeres, matrimonios homo y multiculturalismo. Los trabajadores no calificados de las clases más bajas no podían hacer nada con todo esto, más bien les resultaban conceptos excluyentes. Los post-materialistas y los nuevos materialistas se han quedado y se siguen quedando sin palabras frente a estas cuestiones. Las nuevas clases bajas, los nuevos pobres“no tienen patria”. 11 2. La nueva tendencia centrista Lanzados a la captación de votantes volátiles, los socialdemócratas europeos se fueron desplazando política y socialmente hacia el centro. Se convirtieron en partidos de coalición y de articulación por excelencia. En esta apertura hacia todos los costados, limaron cada vez más su perfil. De esta forma, se profundizó cada vez más la desvinculación de las clases bajas. Las socialdemocracias se alejaron cada vez más del entorno vital del ciudadano común. Esta nueva tendencia hacia el centro ya no tenía un color, una marca, un perfil, más bien se presentaba gris y aburrida. De esta forma, la sociedad se vio atravesada aunque más marcadamente las clases bajas- por un fenómeno que forma parte de la queja general: el rechazo hacia los partidos y hacia los políticos, lo que no significa rechazo hacia la política. La nueva tendencia centrista de los socialdemócratas – aunque también de los conservadores y de los democristianos – sirvió de tierra fértil para el populismo de derecha en toda Europa. Allí en donde los socialdemócratas se mostraron más bien vagos y tendientes al centro, los populistas de derecha tomaron una posición clara, marcada y definida. 3. El ascenso del populismo de derecha El ascenso de los partidos populistas de derecha se vincula claramente con el ocaso de las socialdemocracias europeas – esto es, al menos, lo que se vislumbra a través de los resultados electorales de los últimos cinco años. Esta tendencia se impuso desde Italia y Portugal en el sur, hasta los países escandinavos en el norte. En Portugal, el Partido Nacional de Derecha alcanzó el 8,8% de los votos; en Francia, Le Pen con el Frente Nacional logró el 17% de los votos en las elecciones presidenciales; en Bélgica, Dewinter con el Vlaams Block alcanzó el 9,9%; el populista de derecha que sucedió a Fortuyn en mayo del 2002 en Holanda, alcanzó un 17%; Blocker logró un 21,1% con el Partido Nacional Suizo; Bossi, un 3,9% con la Lega Nord en Italia(sin sumar a Fini con los neofascistas y a Berlusconi); en Dinamarca, Pia Kjaersgaard alcanzó el 12% de los votos con su Partido Nacional; en Noruega, Karl Hagen logró el 14,7% con el Partido Progresista; y finalmente, Haider, en Austria, cosechó el 26,9% de los votos con el FPÖ. Sin embargo, cabe señalar que no solamente las cosechas electorales señalan el éxito de los nuevos radicales, los derechistas agresivos: habría que agregar los hechos de violencia de la extrema derecha registrados en muchos países europeos. 12 En este contexto, los populistas de derecha se dirigen a sus electores a través de“temas viscerales”, prejuicios, emociones. En cada país europeo el síndrome del prejuicio de corte populista de derecha se expresa en forma diferente, específica, sesgada por las tradiciones político-culturales nacionales. Sin embargo, hay algunos elementos comunes: inmigración, asilo, miedo frente al Islam y a los musulmanes, temor ante un exceso de “extranjerización”, criminalidad y vandalismo, corrupción y escándalos, resistencia frente a los tecnócratas, sobre todo aquellos que están“ahí arriba” en la lejana Bruselas. Quiere decir, entonces, que el populismo de derecha no se puede reducir a un sencillo denominador común económico o social, sino que, ante todo, tiene un cuño cultural. En este sentido, también entran en juego temores frente a los cambios que pueda sufrir el propio estilo de vida. No se trata precisamente de la realidad concreta en materia económica, social y política, sino de lo que se dice sobre la realidad. Lo que provoca impacto, entonces, no es la amenaza directa de los inmigrantes o de lo extraño, sino la amenaza que representa el rumor, lo que se dice sobre ellos. En lo que hace a los partidos políticos establecidos y sus falencias, Ralf Dahrendorf ha señalado que los neopopulistas plantean las cuestiones que otros prefieren esconder debajo de la alfombra: inmigración, asilados, la ley y el orden, quién es el perdedor y quién es el ganador de la globalización y de la europeización. El populismo de derecha no es sólo y necesariamente un fenómeno de las clases bajas. Puede desarrollarse en todas las clases y atravesando los distintos sectores, y puede captar a la pequeña y mediana burguesía, como sucede en Holanda. En estos sectores toma un perfil social específico. Sería un gran error asociar directamente al populismo de derecha con las clases bajas o con el proletariado lumpen. Es necesario tomar en cuenta que los populistas de derecha no sólo encuentran apoyo electoral en los sectores trabajadores, sino también en quienes fueran votantes cautivos de la socialdemocracia. Los éxitos electorales del FPÖ hablan a las claras en este sentido. Si bien en 1986, el Partido Socialdemócrata Austríaco había reunido al 57% de los trabajadores, el resto se había nucleado en el ÖVP(partido conservador) o entre los abstencionistas, en el año 2000 la proporción de trabajadores se distribuía equitativamente entre el Partido Socialdemócrata Austríaco y el FPÖ de Haider. El FPÖ logró entre los trabajadores el 48% de los votos, en el sector de menores de 30 años, el 35% y entre el electorado masculino, también un 35%. Los populistas de derecha parecen poner de manifiesto la ebullición interna de las sociedades europeas, cabe señalar que no son solamente los excluidos y los marginados quienes los votan. Ofrecen soluciones fáciles, fórmulas mágicas, se expresan sobre 13 cuestiones“feas” respecto de las cuales los sectores políticos“establecidos” prefieren callar. Únicamente en Alemania los partidos populistas de derecha no cosecharon éxitos a nivel nacional, logrando resultados significativos sólo en las elecciones de algunos parlamentos regionales. Sin embargo, en la República Federal del Alemania, el potencial de electores del populismo de derecha es de dimensiones similares al de los demás países europeos, situándose entre el 10 y el 20%. ¿Por qué, entonces, los populistas de derecha no registran éxitos electorales significativos en Alemania? A continuación se sintetizan algunas tesis al respecto: (1) Los extremistas de derecha y los populistas de derecha están ferozmente enfrentados, siempre están atravesados por rasgos de camarillas sectarias. (2) Los dos grandes partidos nacionales, la Democracia Cristiana/ Unión Social Cristiana(CDU/CSU) y la Socialdemocracia(SPD), después de la Segunda Guerra Mundial, en especial en los años’50, lograron integrar exitosamente a sectores provenientes de la derecha: los pequeños militantes nacionalsocialistas, los seguidores de los nazis no fueron excluidos, sino que se intentó captarlos. (3) Con excepción de las épocas de la Gran Coalición 5 desde 1966 hasta 1969, en la República Federal de Alemania siempre hubo una oposición fuerte con la que se podían identificar los desconformes y quienes se sentían proclives a la protesta. Concretamente: el ascenso del NPD(Partido Nacionalista Alemán) en los tiempos de la Gran Coalición fue frenado inmediatamente cuando la CDU/CSU en 1969/70 asumió su papel como partido opositor en el conflicto en torno a la política respecto de los países del este. (4) Otro factor: en Alemania falta hasta ahora una personalidad carismática que reavive permanentemente el síndrome del prejuicio, es decir, falta un Haider. (5) Por último: a diferencia de la cercana Austria, los alemanes han aprendido de su historia, en el sentido que tanto el nacionalsocialismo como el Holocausto no fueron un mero accidente, sino que fueron procesos vinculados con causas y su posible actualización suscita reacciones muy sensibles. 4. Abstencionistas La pérdida del fundamento socioestructural de la socialdemocracia, la desvinculación de quienes están insatisfechos desde el punto de vista social, no solamente se manifiesta a 5 La Gran Coalición nucleaba a los dos grandes partidos alemanes: SPD(Partido Socialdemócrata Alemán) y CDU(Unión Demócratacristiana) 14 través del populismo de derecha, sino también en la participación cada vez menor en las elecciones – un fenómeno que afecta a Europa en general. Precisamente los socialdemócratas pierden potenciales electores a través de los abstencionistas. Actualmente, una alta participación electoral tiene un impacto positivo para los partidos socialdemócratas, en tanto que años atrás la regla vigente era justamente la opuesta: para los electores socialdemócratas, votar era prácticamente un sobreentendido, jamás hubieran pensado en quedarse en casa en el día de las elecciones. En Francia, la participación electoral en las elecciones presidenciales del 2002 descendió un 10% respecto de las de siete años atrás, alcanzando un 70%. En Gran Bretaña, el escenario del éxito del New Labour, la participación electoral descendió de un 72% en 1997 a un 59,5% en el 2001. La aplastante victoria de Tony Blair, el grueso colchón de mandatos en la cámara baja, debe atribuirse al derecho electoral de mayorías. No obstante, en lo sucesivo, el Labour Party apenas alcanzó el 40% de los votos, un porcentaje similar al de los socialdemócratas suecos y alemanes en el otoño septentrional del 2002. La abstención electoral tiene numerosos motivos, no existe el“partido unificado” de los abstencionistas. Lo que probablemente sea cierto, es que algunos votantes potenciales de la socialdemocracia no vayan a votar a conciencia, basándose en una decisión política racional – porque los grandes partidos resulten ya demasiado parecidos desde el punto de vista del contenido, porque no ofrecen alternativas personales, o por disconformidad frente al actual estado del sistema político, de los partidos y, en especial, de los políticos. IV El principio de la esperanza: ¿hay futuro para las socialdemocracias europeas? Un cuadro gris, con poco colorido: las socialdemocracias europeas han perdido sus fuentes de energía, sus enclaves tradicionales están erosionados, el sentido normativo está agotado, la fuerza organizativa debilitada, se ven desplazadas por los populistas de derecha y por los abstencionistas. ¿Significa esto, que las socialdemocracias han llegado a su fin? Un frágil consuelo, que no deja de ser reconfortante, se vislumbra en el hecho de que muchos opositores históricos de los partidos socialdemócratas, es decir, los conservadores y los democrátacristianos, se encuentran en la misma situación. Al mismo tiempo, pueden mencionarse algunos indicios que apuntan en una dirección algo más esperanzadora en lo que hace al futuro de los socialdemócratas. Esto remite, en primer término, a una cuestión muy simple y plausible: la continuidad y la relativa estabilidad de los partidos socialdemócratas. Si bien sus estructuras organizativas 15 están debilitadas, el hecho es que aún existen. Los activistas partidarios y los funcionarios están preparados, precisamente critican que no se los convoque a la lucha durante las etapas calientes de las contiendas electorales, dado que son reemplazados por los gerentes de campaña y los profesionales de la imagen. Las“alas de izquierda” han invernado – y con ellas también el recuerdo de que existen alternativas al actual status quo social y económico. En definitiva, los conceptos socialdemócratas no están archivados en el museo de la historia. Asimismo, cabe destacar que todavía existen los votantes cautivos o votantes fieles, aún cuando esta especie se haya tornado más escasa, estos sectores votan más bien por tradición y por el recuerdo que por motivaciones actuales. La proporción de votantes volátiles, la“extraordinaria volatilidad del electorado”, está sobredimensionada por sectores de interés, por los gerentes de las campañas electorales, por las empresas consultoras dedicadas a las encuestas. A pesar de la disminución de las diferencias entre los partidos socialdemócratas y sus opositores conservadores o democristianos, a pesar de la presión hacia el centro y a pesar también, del“pulido” de determinados perfiles definidos para acercarse al centro, los votantes pueden diferenciar claramente entre“izquierda” y “derecha”. El criterio al que responden sigue siendo cómo se ubican los partidos con respecto al Estado de bienestar europeo. Aún distinguen con claridad un partido de centroizquierda de otro de centroderecha. La socialdemocracia europea también tiene una oportunidad importante en tanto los electores no se dejan manipular tan fácilmente, no es en absoluto cierto que sean tan manejables por los gerentes de campañas electorales. Exigen contenidos, conceptos y visiones. Las posiciones respecto de los contenidos políticos que asumen los partidos, los issues o temas de agenda siguen siendo el criterio más importante a la hora de decidir el voto, cuando los ciudadanos y ciudadanas deben concurrir a las urnas. Precisamente, los potenciales votantes socialdemócratas son escépticos frente a los tecnócratas, Wim Kok en Holanda tuvo una amarga experiencia al respecto. La puesta en escena de aspectos carismáticos palidece con el correr de los años: ésta es una de las principales causas de las dificultades que atraviesa actualmente Tony Blair y el New Labour Party. En el electorado se percibe un anhelo por solidaridad, honestidad, sinceridad, lealtad, por personalidades consistentes. Cabe señalar también, que el capitalismo desenfrenado, neoliberalizado, globalizado, polarizador de la sociedad, conlleva – en términos dialécticos – su propia contradicción; coloca a la vieja cuestión social, es decir, el planteo en torno a la sociedad de clases y a la justicia social, nuevamente a la orden del día. En los años’70, los intelectuales europeos debatían apasionadamente sobre la“crisis de legitimación del capitalismo tardío”, sin que ésta se hubiera producido. Hoy por hoy, los síntomas de crisis del capitalismo son 16 ineludibles: cracks en las bolsas, que no solamente significan la destrucción de miles de millones, sino también la de, por ejemplo, las coberturas sociales para la pensión y jubilación de millones de personas; falsificaciones de balances, polarizaciones económicas y sociales a nivel mundial. El neoliberalismo sin maquillaje se desacredita cada vez más por su propia mano. La reivindicación de un Estado que asuma un papel activo, es decir, por la intervención estatal en la economía y en la sociedad se hace oír cada vez con mayor fuerza. Planteándolo en forma diferente y muy abstracta: la contradicción entre capital y trabajo no se ha diluido aún cuando la sociedad de la producción, que alguna vez constituyera la garantía social del entorno socialdemócrata, está tocando su fin. En este contexto, los socialdemócratas pueden aprovechar la experiencia práctica y las propuestas teóricas para desarrollar una perspectiva de futuro propia. Concretamente: desde mediados de los años’80, Nueva Zelanda se encuentra a la cabeza de las reformas neoliberales. La privatización, la desestatización, la transformación de los sistemas sociales estaban a la orden del día. Responsables de este proyecto eran el Labour Party y el National Party, los socialdemócratas y los conservadores. Entre tanto, el neoliberalismo se ha agotado, ya se ha iniciado un proceso de retorno de esas tendencias – de vuelta a los programas sociales tradicionales, ante todo, a un papel más activo del Estado en la economía y en la sociedad. ¿Es que el comunitarismo ofrece un camino hacia el futuro?“Comunidad”, algo que suena a solidaridad, es el concepto que está en el eje de este planteo. También la concepción de Estado que esto implica, apunta a vincular tradiciones socialdemócratas y liberales, poniendo en un primer plano a la iniciativa propia, a la responsabilidad propia, pero también a un papel activo del Estado. Si bien es cierto que el populismo de derecha se filtra en los espacios vacíos que ha dejado la socialdemocracia tanto desde el punto de vista cultural como organizativo y normativo, estos espacios pueden ser cubiertos asumiendo también los temas que resultan tabú y engorrosos-aún cuando estos temas afecten estructuras que tocan prejuicios- si es que esta especie de“ofensiva de esclarecimiento” representa una oportun idad. Además, cabe subrayar que el populismo de derecha“en el poder” desencanta, se desencanta por sí mismo. Por ejemplo, en Austria las recientes elecciones marcaron cambios en el escenario político. El FPÖ de Haider cayó en las encuestas, en particular, entre los sectores de trabajadores. El fracaso de los neopopulistas de Fortuyn en Holanda representa señales en el mismo sentido. 17 Sin embargo, cabe señalar que las épocas de“largos” períodos de predominancia socialdemócrata(y también de la conservadora o democristiana) parecen cosa del pasado. A pesar de la continuidad y de la estabilidad: los cambios frecuentes entre los partidos serán una característica de la vida política futura. Justamente aquí radica la gran oportunidad de las socialdemocracias europeas, es decir, en la posibilidad de desplazar a los conservadores, democristianos o liberales más rápidamente que en tiempos pasados. Para esto es necesario realizar esfuerzos para regenerar y revitalizar el potencial organizativo que aún existe, movilizar a los activistas y funcionarios del partido que están listos para la acción, recuperar el sentido normativo. Si esto resulta, entonces querrá decir que el siglo socialdemócrata no ha terminado. 18