cÉÄêÉêç=OMMU= La situación de los sindicatos en Venezuela Dr. Kurt-Peter Schütt En la actualidad las organizaciones sindicales en Venezuela están muy debilitadas. Esto se debe por un lado a que la Confederación de Trabajadores Venezolanos(CTV) está siendo combatida por el gobierno considerándola parte de la oposición política y no es reconocida como parte negociadora. Por otro lado se han creado nuevos sindicatos, reunidos en la Unión Nacional de Trabajadores(UNT) y alineados con el gobierno, que más que luchar por mejoras salariales y de las condiciones de trabajo sirven para apoyar el proyecto“revolucionario” chavista. Las dos restantes centrales obreras, la Confederación de Sindicatos Autónomos de Venezuela (CODESA) y la Confederación General de Trabajadores(CGT) están actualmente negociando con la CTV la creación de una central única, que podría pertenecer a la proyectada Confederación Sindical de las Américas(CSA). Las organizaciones sindicales internacionales deberían apoyar activamente el proceso de unificación nacional especialmente mediante actividades de asistencia técnica, pero sobre todo sería importante que tuvieran un juicio más claro sobre la política del gobierno venezolano. . La CTV en el sistema corporativo (1958-1998) La central obrera CTV(Confederación de Trabajadores de Venezuela) fue fundada bajo la tutela del Partido Acción Democrática(AD) en el año 1946. Como primera fuerza civil en el poder desde la independencia, AD monopolizaba entre 1945 y 1948 la política y el aparato estatal, pero tuvo que ceder a un golpe militar. Basado en esta experiencia histórica, AD y otros partidos surgidos en esos años que conjuntamente habían derrocado la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez en el año 1958, hicieron un pacto, el Pacto de Punto Fijo, con el fin de mantener la fuerza militar alejada de la política. Este pacto incluía todas las fuerzas políticas civiles con excepción de los comunistas y estableció una democracia competitiva, al principio relativamente abierta y corporativa. Los sindicatos constituían un pilar de este sistema político con la función principal de integrar política y socialmente a los trabajadores. El estado reconocía a los sindicatos como representantes legítimos de los intereses de los trabajadores y les concedía posibilidades de participación muy atractivas en todas las decisiones que tenían que ver con la clientela sindical. En contrapartida los sindicatos se comprometían a conservar la paz laboral y canalizar sus reclamos a través de las instancias estatales. La influencia de AD y otros partidos sobre la central obrera dominante CTV limitaba la autonomía y el margen de acción de los sindicatos. También la legislación laboral era muy restrictiva e intervencionista. Las prescripciones de la ley laboral de 1974 prácticamente imposibilitaban el ejercicio del derecho de huelga, y otra ley del año 1990 obligaba a la jefatura sindical a revelar su gestión financiera, bajo la amenaza de ser intervenida por instancias de control estatales en caso de incumplimiento. Por otro lado, la CTV disponía de un grupo parlamentario propio que podía proponer proyectos de ley para reformas favorables a los trabajadores. La relación con el estado pasaba a través del ministerio de trabajo 1 que favorecía los sindicatos de su agrado, por ejemplo concediéndoles un trato preferencial en negociaciones salariales. A partir de este papel específico, la CTV desarrolló un perfil que apuntaba a la cooperación y el diálogo y no al conflicto y la confrontación. En consecuencia, dentro de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores(ORIT), que es la organización regional americana de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), la CTV es considerada una federación sindical más bien conservadora. El sistema corporativo funcionó con éxito durante más de veinte años. En un contexto de crecientes ingresos provenientes de la renta petrolera se lograban metas que normalmente serían excluyentes. Los gastos en consumo crecían rápidamente, pero eran totalmente conciliables con un crecimiento igual de rápido de las inversiones. Los salarios en el sector industrial subían mucho más rápido que la productividad y sin embargo no reducían las altas ganancias de las empresas. Y elevados gastos sociales del estado eran compatibles con enormes inversiones estatales en el sector productivo. Especialmente después de la nacionalización de la industria petrolera en el año 1974, las élites políticas apostaban al modelo del capitalismo de estado con financiación sustentada en rentas, en el cual el estado tiene el papel del agente central del desarrollo. Sin embargo, este modelo fracasó ya en los años ochenta, debido a la megalomanía de los proyectos políticos, la exuberante burocracia estatal que se produjo por la incesante creación de nuevas instituciones, las ineficiencias administrativas y organizativas del gobierno y un clientelismo político desbordante, a la vez que los ingresos petroleros ya no crecían o incluso disminuían. Se demostró que el estado pretendía ser omnipotente, pero en realidad sólo era omnipresente. La devaluación de la moneda nacional en el año 1984, para muchos venezolanos una experiencia traumática, significaba el visible y palpable fin de la bonanza; incrementó los conflictos de distribución de bienes y erosionó la base de legitimación del corporativismo. Este proceso estaba acompañado de una creciente burocratización de los partidos y de los sindicatos, y de su incapacidad de reconocer las razones estructurales para el fracaso de un desarrollo basado en rentas, lo cual los alejaba cada vez más de su base social. En el año 1984 fracasó un pacto social tripartito por falta de recursos, y en 1989 hubo una rebelión popular – el“Caracazo” – en respuesta al intento del presidente Carlos Andrés Pérez de introducir un cambio de rumbo, en el fondo necesario pero socialmente desequilibrado, hacia una estrategia de desarrollo basada en el mercado. En aquel plan de reforma se demostraba la muy limitada autonomía de la CTV, ya que varios sindicatos de los servicios públicos llamaban a la huelga para rechazar el proyecto, mientras que los representantes sindicales en el parlamento lo aprobaban. También la política del presidente Rafael Caldera (1994–1999), que estuvo basada en un discurso populista fracasó y los principales iniciadores del Pacto de Punto Fijo terminaron perdiendo su prestigio, colaborando ellos mismos con su desacreditación. Veinte años de caída económica se reflejaron en una rápida informalización del mercado laboral con diversos signos de anomia social. El porcentaje de afiliación sindical de la población, que en 1975 estaba en un 33%, disminuyó hasta 13,5% en 1995. Según datos del ministerio de trabajo – los últimos disponibles son del año 2005 – alrededor de un 11% de la población económicamente activa estaba incluido en convenios colectivos de trabajo, sin embargo no todos esos trabajadores pertenecen a un sindicato, por lo tanto el número actualizado de afiliados debe ser mucho menor a esta cifra. La marginalización de la CTV en el Chavismo (1999-2004) En 1998, Hugo Chávez basó su campaña electoral en una crítica de la democracia“representativa”, a la cual contraponía su concepto de la democracia“participativa”, y no dejó duda de que la“corrupta” y“burocratizada” CTV era uno de sus enemigos principales. La CTV reaccionó a los ataques con un congreso extraordinario en el año 1999, en el cual se tomó la resolución de una democratización fundamental de todos los sindicatos y de la central misma, sin embargo no hubo consecuencias inmediatas a esa decisión. Después de la asunción del presidente Chávez el 2 de febrero del 1999, el nuevo gobierno atacó frontalmente a los sindicatos con varias medidas llegando hasta la intervención de un gremio, la expropiación de su sede y el embargo de cuentas bancarias. Para prevenir más intromisiones la cúpula de la CTV dimitió en su totalidad y nombró una conducción provisoria con la realización de elecciones internas. En ese intento de relegitimación participaba entre otras corrientes el chavista Frente Bolivariano de Trabajadores(FBT), que también formaba parte de la comisión electoral. Del lado opuesto se formó el Frente Unitario de Trabajadores(FUT), cercano al partido Acción Democrática y otras agrupaciones políticas. Ya en la fase preparativa hubo fuertes disputas llegando a politizar el proceso de tal manera que ya no se focalizaba en los temas sindicales sino meramente en la cuestión del apoyo a la oposición política o al Chavismo. Las elecciones de la nueva dirigencia sindical, tanto en los sindicatos como en la CTV se estiraron de agosto de 2001 hasta enero de 2002 y de esta manera se dejaron abiertas todas las posibilidades para procedimientos irregulares e 2 intentos de manipulación de todas las distintas partes involucradas. Se puede dar por cierto que en las organizaciones sindicales básicas participaron más de 920.000 trabajadores y en las de la central alrededor de 304.000 de las elecciones. Esto prueba que a principios de 2002 la CTV era la central obrera más fuerte y la de mayor cantidad de afiliados a sindicatos. Por otro lado, en el largo proceso electoral terminó desapareciendo el 49% de las actas, por lo cual el resultado arrojó poca luz sobre la real correlación de fuerzas. Del escrutinio de las actas disponibles surgió como ganador el candidato principal del FUT, Carlos Ortega, con el 57,4% de los votos, mientras el candidato del FBT, anterior intendente de Caracas y posterior Ministro de Educación, recibió el 15,8%. La elección de Carlos Ortega como presidente de la CTV es en cierta medida plausible teniendo en cuenta su larga historia de dirigencia gremial en el sector petrolero, mientras que su adversario se había presentado como candidato personal del presidente Chávez, sin tener ninguna experiencia sindical. Hay que agregar que los trabajadores afiliados a sindicatos forman parte de la clase media que no representa el electorado“natural” del Chavismo. Con el apoyo de la Corte Suprema de Justicia la parte chavista no reconoció el resultado. El gobierno nacional respondió a este fracasado intento de toma de poder con una política de no reconocimiento de la CTV y de los sindicatos adheridos a ella como legítimos representantes de los trabajadores y fomentó a través del Ministerio de Trabajo la fundación de sindicatos paralelos, a los cuales apoyaba en todo momento. Tan sólo en los años 2003 y 2004 el número de sindicatos reconocidos por el Ministerio del Trabajo aumentó de 2.974 a unos 4.000. Bajo la conducción de Ortega la CTV se incorporó de lleno en la oposición política. En el momento del auge de protestas en contra del gobierno de Chávez, la CTV llamó a la huelga contra su“creciente política dictatorial” y contribuyó de esa forma a las manifestaciones masivas que desembocaron el 11 de abril de 2002 en el derrocamiento de Chávez y nombramiento como Presidente de Pedro Carmona Estanga, por un muy breve período de tiempo. Entre diciembre de 2002 y febrero de 2003, la CTV y la asociación patronal FEDECAMARAS(Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela) se unieron en una alianza inusual y organizaron un “Paro Cívico” con el fin de derrocar al presidente. El paro fue apoyado por los directivos de la empresa estatal PDVSA(Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima), que paralizó la extracción y exportación de petróleo. Al fracasar en esta aventura, Ortega se exiló en Costa Rica en 2004. Después de volver ilegalmente a Venezuela en diciembre de 2005 fue condenado a una pena de prisión de 16 años y logró huir del penal en agosto de 2006. Hoy Ortega vive en el Perú cuyo gobierno le concedió asilo por“razones humanitarias”. La CTV sigue considerándolo su presidente legítimo que está siendo perseguido por la justicia venezolana por razones políticas. Bajo la gestión del secretario general de la CTV, Manuel Cova, quien había sido candidato junto al presidente exilado en la lista del FUT, la central continuó su política como parte de la Coordinadora Democrática, una coalición abierta de la oposición política. Esta coalición se abocó a la activación de un referéndum revocatorio contra el presidente – previsto en la constitución bolivariana – la cual el 14 de agosto de 2004 ratificó el mandato de Hugo Chávez con una clara victoria. Con el estado como enemigo, solo apoyada en partidos opositores débiles y resignados, habiendo perdido sindicatos miembros y probablemente también desangrada económicamente, la influencia real de la CTV se redujo al mínimo. La central había terminado en la insignificancia. Las restantes centrales sindicales de la “Cuarta República” Las tres restantes centrales obreras tienen poco peso en cuanto al número de sus afiliados. De las elecciones internas de la Confederación de Sindicatos Autónomos de Venezuela(CODESA) participaron en 2001/2002 sólo 9.300 afiliados repartidos en 34 sindicatos nacionales y regionales, y en la Confederación General de Trabajadores(CGT) participaron 7.940 afiliados de 49 sindicatos nacionales y regionales. Ambas organizaciones pertenecen a la cristiana Confederación Mundial del Trabajo(CTM) y a nivel continental a la Central Latinoamericana de Trabajadores(CLAT). La CGT simpatizaba en un principio con el proyecto del presidente Chávez, y varios de sus dirigentes recibieron altos puestos en el aparato del gobierno. La Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela(CUTV), brazo sindical del Partido Comunista de Venezuela (PCV), es otra central de sindicatos, cuyo mayor número de afiliados proviene de los trabajadores metalúrgicos del estado federal de Aragua. No hay números de afiliados exactos disponibles, ya que no se sometió a elecciones. La CUTV es a nivel internacional miembro de la comunista Federación Sindical Mundial(FSM) y a nivel continental forma parte del Comité Permanente de Unidad Sindical de los Trabajadores de América Latina(CPUSTAL), que hoy se apoya principalmente en los sindicatos cubanos. El Partido Comunista y la CUTV como su correa de transmisión, apoyan en principio el proyecto chavista. El secretario general del PCV, Oscar Figuera, es a la vez presidente del CUTV y diputado parlamentario y mantiene una posición marxista-leninista. La negativa del Partido Comunista ante el llamado del presidente Chávez a una autodisolución e integración al bolivariano Partido Socialista Unido de Venezuela(PSUV) a 3 mediados de diciembre del 2006, es un indicio de cierta distancia crítica frente al Chavismo. Las centrales obreras chavistas En uno de sus frecuentes discursos televisivos, que por ley se transmiten por cadena nacional, tanto en radios como en canales de televisión estatales y privados, el presidente Chávez declaró el 26 de marzo de 2007:“Se requiere el brazo, el partido y los sindicatos, pero no cada uno por su lado, no autónomos. Con los sindicatos pasa lo mismo que con los partidos, que quieren autonomía y tomar decisiones; eso no puede ser así, no venimos a hacer bochinche sino una revolución.” El entonces Ministro de Telecomunicaciones y simultáneamente presidente de la empresa de telecomunicación CANTV, Jesse Chacón, actualmente Ministro del Despacho de la Presidencia, dijo en abril de 2007 en un discurso dirigido a los empleados de esa empresa que acababa de ser nacionalizada: “Ahora ustedes son empleados del Estado Revolucionario y tienen que subordinar sus derechos a los intereses de la revolución, y el que no está de acuerdo, tiene la libertad de irse de la empresa...” La concepción política del presidente Chávez es la de una democracia delegativa en la cual el pueblo delega por el período de un mandato todo el poder en el presidente, para que éste ejecute la voluntad del pueblo. No hay lugar en ese ideario para la división de los poderes, independencia de la justicia e instituciones intermediarias como partidos y sindicatos, ya que ellos solamente interfieren en la comunicación directa entre el pueblo y su conductor y podrían alterar la voluntad del pueblo. Con el mismo concepto, la organización sindical de los trabajadores sólo tiene sentido si los sindicatos forman parte integral de un partido único revolucionario y tienen como única función la preparación y organización de elecciones, la movilización y la difusión de sus mensajes. No sorprende entonces que hasta la fecha no se ha constituido formalmente una central obrera chavista con el apoyo del presidente. Desde abril de 2003 existe una junta sindical provisoria con el nombre de Unión Nacional de Trabajadores(UNT) que reúne mayoritariamente organizaciones que pertenecían antes a la CTV. Según datos propios, probablemente no muy confiables, la UNT disponía en el 2005 de unos 600.000 afiliados. Al estar expuesto a una presión directa del gobierno, los sindicatos provendrán probablemente de la administración pública y de las empresas estatales. Desde un principio competían dentro de la UNT varias corrientes, por lo cual recién en junio del año 2006 se pudo realizar el congreso constitutivo de más de 2.000 delegados para elegir la junta directiva. En el congreso se enfrentaron dos fracciones, por un lado una aparente mayoría alrededor del dirigente sindicalista Orlando Chirino que abogaba por elecciones inmediatas y una minoría con la dirigente Marcela Máspero quien quería postergarlas teniendo en cuenta las elecciones presidenciales de diciembre de 2006. El abandono por parte de la fracción minoritaria marcó el fracaso del congreso. Orlando Chirino representa la trotskista Corriente Clasista Unitaria Revolucionaria Antiimperialista(C-CURA), cercana a la Tercera Internacional, y lucha hoy por un sindicalismo unido “democrático, participativo y autónomo”. Con respecto al referéndum constituyente del 2 de diciembre de 2007 llamó a abstenerse de votar lo cual posiblemente fue la causa de su despido por parte de su empleador, la empresa estatal PDVSA, en febrero de 2008. Marcela Máspero había sido en la“Cuarta República” diputada nacional por el partido socialcristiano COPEI (Comité de Organización Política Electoral Independiente) y miembro dirigente de la CTV y de la CLAT, y actualmente dirige una agrupación con el nombre Opción de Izquierda Revolucionaria (OIR). Ella aboga por el apoyo incondicional al presidente Chávez y presentó la solicitud de afiliación al Partido Socialista Unido de Venezuela. Además forman parte de la UNT las siguientes tres fracciones, más allá de cierta cantidad de mini-grupos: La Fuerza Bolivariana de Trabajadores(FBT), ortodoxa seguidora de Chávez, bajo el mando del actual Ministro del Trabajo José Ramón Rivero, del ex Ministro de Industrias Ligeras José Khan y del diputado nacional Oswaldo Vera, quién hace poco propuso la disolución de la UNT, ya que habría cumplido con su meta principal de la“liquidación” de la CTV; Autonomía Sindical, brazo sindical del partido pro-chavista Patria para Todos(PPT) conducida por el diputado Orlando Castillo; y el Movimiento de Trabajadores Revolucionarios Alfredo Maneiro(MONTRAM), con cierta base en el sector público, cuyos líderes, Franklin Rondón y el diputado Francisco Torrealba, también solicitaron la afiliación a la PSUV. Considerando la cantidad de corrientes internas y sobre todo las frecuentemente observadas ambiciones personales de los dirigentes, parece muy poco probable que con el personal actual la UNT llegue a ser alguna vez una central obrera con personería jurídica. Más allá de esto, con vistas a las elecciones regionales y municipales previstas para octubre y noviembre de 2008, la prioridad absoluta del presidente Chávez será probablemente lograr fundar formalmente su Partido Socialista Unido de Venezuela, el cual hasta la fecha también carece de una constitución legal. Falta agregar que el presidente 4 Chávez había propuesto una reforma constitucional que contemplaba la creación de“consejos de trabajadores”, lo cual hubiera podido quitarles la base a los sindicatos. La reforma fue rechazada con escasa mayoría en el referéndum del 2 de diciembre de 2007. Las centrales obreras venezolanas desde un punto de vista internacional En Venezuela el estado es el único perceptor de las importantes ganancias generadas por el petróleo, y él decide cómo se reparten, lo cual marca una fuerte posición de supremacía sobre el sector privado y la sociedad en general. Por esta razón es muy difícil para organizaciones socio-políticos alcanzar un mayor grado de autonomía. El estado chavista quiere desarrollar una economía local con empresas estatales, cooperativas y las llamadas empresas de producción social, en contra del sector privado establecido, pero no logra llevar a la práctica esa meta. De hecho renació el modelo del capitalismo de estado sustentado en la renta petrolera, pero esta vez en forma de una democracia plebiscitaria con conducción autoritaria, en la cual los sindicatos apenas son tolerados y tienen muy poco margen de acción. Los sindicatos venezolanos están abocados a la lucha de su propia supervivencia y no juegan un papel activo en el proceso de unificación de la ORIT y la CLAT o incluso lo rechazan, como la UNT y la comunista CUTV. La dirigente de la UNT Marcela Máspero, hasta enero de 2007 miembro del comité ejecutivo de la CLAT, hoy considera la fusión de ORIT y CLAT como una maniobra de la oligarquía y del imperialismo con el fin de un aislamiento del chavismo. Las tres centrales obreras CTV, CODESA y CGT están actualmente negociando sobre la formación de una organización única para el año 2008, que a su vez sería miembro en la proyectada Confederación Sindical de las Américas(CSA). Sería muy deseable aunque poco probable que la fusión de CTV, CODESA y CGT traiga consigo una renovación de personal y una reflexión sobre las posiciones de la política sindical. Las organizaciones sindicales internacionales deberían apoyar activamente el proceso de unificación nacional especialmente mediante actividades de asistencia técnica, pero sobre todo sería importante que tuvieran un juicio más claro sobre la política gubernamental. Contacto en Alemania: Jana Zitzler Friedrich-Ebert-Stiftung IEZ/Referat Lateinamerika und Karibik Godesberger Allee 149 53175 Bonn Tel.: Fax: E-Mail: 0228/883-533 0228/883-404 Jana.Zitzler@fes.de 5