Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Nils Castro ISBN 9962-651-02-6 © Nils Castro. Fundación Friedrich Ebert- Panamá Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento. Diseño gráfico: Editora Novo Art, S.A. Panamá Tel.: 260-9771 E-mail: novoart1@cableonda.net Diseño y diagramación: Maika I. Fruto Portada: Juan Luis González Primera edición: Enero 2005 2,000 ejemplares Impreso en Colombia por: Quebecor World Bogotá para Editora Novo Art, S.A.- Panamá Contenido Prólogo 7 A modo de presentación: Del diálogo, la luz 11 Tempranas advertencias, viejas disyuntivas y nuevos aprendizajes 14 Con las ideas, llegaron los temas 16 Una instancia foránea 19 En busca de protagonista 21 Un capitalismo socialista 24 De la guerra caliente a la fría 31 Las revoluciones de los 50 35 La revolución cubana 41 La extrapolación izquierdista 47 Una isla tenaz 54 Cambios de método: el reformismo militar 61 Hermoso sueño, duro desenlace 66 La renovación sandinista 69 Difícil transición 73 La vertiente cristiana 78 En las redes de la globalización 81 Cada progreso incuba nuevas demandas 85 La crisis neoliberal y los movimientos sociales 89 El objetivo o los métodos 94 Los modelos preestablecidos salen de escena 98 Las relaciones más apropiadas a nuestros fines 101 La coexistencia y las reformas no han concluido 105 ¿De qué objetivos hablamos? 110 Crear es la palabra 113 Bibliografía 117 Prólogo En los últimos lustros, asistimos a transformaciones que provocaron la pérdida de algunos de los grandes referentes políticos e ideológicos que caracterizaron al siglo XX. Las nociones de certidumbre, desarrollo y estabilidad entraron en crisis y con ello, los fundamentos de la democracia política y sus formas jurídicas, culturales y sociales. En la práctica esto se convirtió en la pérdida de la ciudadanía social, económica y ambiental en amplias regiones del mundo. En la región centroamericana, como parte de ese proceso de cambios, los principales conflictos armados encontraron soluciones políticas dirigidas a fortalecer la institucionalidad democrática a través de diálogos y pactos sociales incluyentes. Sin embargo, pese a los esfuerzos realizados, los modelos y métodos empleados no logran propiciar el desarrollo humano sostenible de los ciudadanos y ciudadanas. El resultado es el deterioro acelerado de la situación socioeconómica de gran parte de la población, en medio del desempeño insatisfactorio del sistema político y la merma de la capacidad de autodeterminación de los Estados. No obstante, la paz y la democracia se encuentran presentes en todos los países de la región, hay deficiencias en cuanto a sus principios rectores, por un lado, la solidaridad social y económica, por el otro, la participación ciudadana. Por ello, la construcción de una democracia viva en la región, una democracia para la realización de la dignidad humana, es un compromiso permanente de la Fundación Friedrich Ebert. La realidad emergente coloca en escena la necesidad de emprender nuevas transformaciones sociales, políticas, culturales y ambientales de carácter progresista y de tendencia democrática, con una visión social incluyente, solidaria y participativa, por medio de ideas, proyectos y métodos diferentes. Existen suficientes experiencias, conocimientos y capacidades para reexaminar la transformación en la región y hacer propuestas adecuadas y eficaces. El proyecto político que América Latina demanda para el siglo XXI, debe ser recreado a partir de un análisis crítico de las experiencias anteriores y un balance de las experiencias recientes que permita identificar las principales lecciones y formas creativas de participación política, acción social y control ciudadano de las instituciones que configuran y definen la vida democrática. En la coyuntura regional, recuperar la acción propositiva de la izquierda es una vía para pensar América Latina desde sus propias realidades, problemas, improntas, contradicciones y tareas. En este sentido, para la Fundación Friedrich Ebert, impulsar un proceso de reflexión sobre los desafíos políticos actuales que contribuya a la generación de nuevas propuestas para la izquierda democrática centroamericana es una tarea válida, vigente y necesaria. La recuperación de la acción propositiva de la izquierda y la definición de su papel en la vida democrática, con capacidad para producir, recrear y validar socialmente un proyecto de dimensiones continentales, implica necesariamente crear oportunidades, escenarios y espacios donde dirigentes y académicos representativos de las diversas corrientes de la izquierda en la región puedan reencontrarse para intercambiar y valorar experiencias, ideas, diagnósticos y sugerencias. Como un primer paso en esa dirección, se organizaron y desarrollaron en cinco países de la región centroamericana una serie de mesas de diálogo en torno al ensayo Las izquierdas latinoamericanas: observaciones a una trayectoria, preparado por el doctor Nils Castro, reconocido intelectual latinoamericano y militante de amplia trayectoria política. La Fundación Friedrich Ebert tiene previsto dar continuidad a este proceso de reflexión sobre las necesidades y oportunidades de las izquierdas latinoamericanas en el siglo XXI, facilitando y ampliando estos espacios plurales para el intercambio regional y la evaluación colectiva de las experiencias; en el entendimiento de que en ellos está el sustrato para la construcción de nuevos consensos progresistas y democráticos que apenas inician su recorrido por la región. Ulrich Storck Representante de la Fundación Friedrich Ebert para Costa Rica, Nicaragua y Panamá A modo de presentación: DEL DIÁLOGO, LA LUZ Este pequeño libro es, sin más pretensiones, lo que su título explícitamente promete: ciertas observaciones a determinados momentos de una trayectoria –la que las izquierdas hasta la fecha han trazado en gran parte de nuestra América–, para de allí entresacar y proponer algunas conclusiones. Y uso intencionadamente la palabra proponer, porque estas páginas han sido enriquecidas por una concurrida ronda de conversaciones entre una plural diversidad de participantes, y porque su intención es servir para continuar agregando interlocutores, temas y mejoras a dichas observaciones, a través de otra ronda mayor. Gracias al aliento, la credibilidad y la convocatoria de la Fundación Friedrich Ebert, lo que al inicio fue una brevísima y modesta ponencia para un debate organizado en Sao Paulo por la Fundación Perseo Abramo en el 2003, a lo largo del siguiente año dio pie a dos iniciativas de mayor alcance: una, convertir aquella ponencia en un pequeño ensayo y someterlo a varios grupos de discusión, integrados por personalidades representativas de diferentes grupos, tendencias o matices de las izquierdas centroamericanas, para discutir y sumar contribuciones. Pero, sobre todo, para propiciar una sana cultura de diálogo entre los exponentes de esa pluralidad. Las mesas de discusión –caracterizadas siempre por la pluralidad de sus integrantes– tuvieron lugar, consecutivamente, en Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Guatemala y El Salvador. Aparte de compartir un buen café y tomar nota de los principales frutos del debate, se procuró alentar que los contertulios, luego de agotar el texto que se les sometía, continuaran reuniéndose para dialogar sobre otros temas de su propia elección, generalmente relativos a su propia particularidad nacional. Nunca se les propuso mitigar diferencias, establecer un consenso o suscribir algún documento común, sino fomentar el hábito dialéctico de repetir periódicamente la tertulia como ámbito donde mantener el intercambio y producción de ideas. Además, el autor recibió valiosas colaboraciones individuales enviadas desde otras latitudes, en particular de Argentina, Bolivia, Cuba, Puerto Rico y República Dominicana. Lo anterior no debe sugerir que el presente libro consiste en un inventario o recuento de las contribuciones vertidas por esa nutrida suma de dirigentes, militantes o académicos de izquierda dispuestos a colaborar. Más exacto es decir que estas páginas tienen mucho que agradecerle a la experiencia y el talento de todas esas voces. Sin embargo, para que el texto pudiera mantener cierta consistencia lógica, esas contribuciones debieron ser asumidas e hilvanadas por el autor, a quien así le toca la responsabilidad por todos sus defectos. Con el tiempo, algunos de esos defectos podrán superarse, porque esta edición está destinada –por la propia Fundación Ebert– a servir de material para nuevos debates adicionales, recuperando y agregando contertulios y países, cuyas aportaciones seguirán corrigiendo, mejorando y enriqueciendo sus contenidos. Pero que, principalmente, deberán servir para que los participantes continúen creando ideas y alternativas a lo largo de la discusión, a través de un diálogo que, respetando las respectivas diferencias y nutriéndose con ellas, estimulará la producción intelectual y podrá allanar el camino al arte de materializar juntos sus coincidencias de propósitos. Nils Castro E n la evolución de las izquierdas latinoamericanas, los sucesivos aportes llegados de fuera de Nuestro Continente han interactuado, en diversas formas y sentidos, con los esfuerzos locales por explicar nuestra propia realidad y procurar alternativas adecuadas para cambiarla. Pero aquellos aportes y estos esfuerzos no han sido homogéneos ni pasivos. Además de las grandes contribuciones recibidas –como las ideas de la Ilustración, de la república liberal o del socialismo–, también nos llegaron pautas que reflejan controversias y endosan actitudes ajenas a nuestras circunstancias. Así, unas veces la síntesis de la experiencia foránea con las interrogantes locales fue provechosa y otras equívoca y hasta contraproducente, y no pocas veces la creatividad nativa ha debido remplazar al talento importado. Hoy las izquierdas latinoamericanas reconstruyen sus propuestas políticas a tenor de las exigencias sociales y morales que caracterizan a un Continente donde la desigualdad y la pobreza alcanzan magnitudes intolerables, que retan los últimos límites de la paciencia popular. Con esto, al cabo de una larga experiencia cabe preguntarse: ¿cuántos de los temas tradicionalmente discutidos y de los instrumentos en que antes nos hemos apoyado justificaron la atención dispensada, y cuándo todavía influyen –acertada o desacertadamente– en la organización de nuestras prácticas? ¿Y cómo esto incide sobre la actual decantación de las nuevas perspectivas latinoamericanas de izquierda? 14 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Tempranas advertencias, viejas disyuntivas y nuevos aprendizajes El tema dista de ser nuevo. Ya en Nuestra América –un breve y enjundioso ensayo de 1891– José Martí afirmaba que“con los oprimidos[hay] que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores”, apuntando que para cumplir ese objetivo es preciso“conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento”, puesto que ese es el“único modo de librarlo de tiranías”. Y advertía que para eso“la universidad europea ha de ceder a la universidad americana”, pues “los estadistas naturales surgen del estudio directo de la naturaleza” y no de copiar postulados foráneos. En consecuencia, concluye Martí, nuestra historia“de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia”, puesto que la reflexión latinoamericana debe reemplazar al conocimiento exótico, así que“injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”. La necesidad de apropiarse de la cultura universal se subordina al imperativo de cultivar propuestas enraizadas en la originalidad de nuestras realidades y de nuestros tiempos. Martí impulsó el pensamiento latinoamericano contemporáneo al poner lo mejor del liberalismo democrático-radical de su época a resolver las demandas del siglo XX a este lado del mar. Para hacer causa“con los oprimidos” postuló la necesidad de organizar un partido político encaminado a alcanzar no una sino dos emancipaciones: frente al régimen colonial español y la previsible hegemonía norteamericana, y frente a las injusticias del orden social existente Las izquierdas latinoamericanas: 15 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA en las respectivas repúblicas americanas. Por eso no le bastó crear un partido independentista sino que fundó el Partido Revolucionario Cubano, orientado a establecer“el sistema opuesto” al interés de los colonialistas y de los opresores locales. 1 Las disyuntivas entre hacer la guerra de independencia y hacer la revolución social venían de antiguo. Habían significado una importante diferencia, por ejemplo, entre los dos mayores protagonistas de la insurgencia mexicana: el cura independista Miguel Hidalgo y el cura revolucionario José María Morelos. Convocar a los criollos ricos en apoyo a la independencia implicaba respetarles el orden social establecido por la administración colonial. Convocar a las masas para integrar al ejército liberador requería asumir sus reclamos de emancipación social. En Sudamérica, Simón Bolívar también conoció ese dilema. A esos dos ejes –autodeterminación nacional y liberación social– enseguida se le agregaría un tercero, que ha seguido acompañándolos hasta el día de hoy, el de la cuestión democrática: ¿qué tanto de concentración o descentralización del poder, de pluralidad del debate o de autoridad decisoria, de persuasión o de fuerza, se debe ejercer –y por cuánto tiempo– para garantizar que los cambios se hagan realidad con la debida eficacia, sin que sus adversarios los puedan revertir? y ¿qué tan pronto liberar el debate y la participación de nuevos actores para estimular que dichos cambios produzcan nuevos desarrollos adicionales? 1 En este sentido, fue precursor del programa de los movimientos afroasiáticos de liberación del tercer cuarto del siglo XX. 16 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Estos y otros temas no menos comprometedores se nos han reiterado a todo lo largo del camino, renovándose en cada experiencia. Es preciso revisar varios de los episodios más aleccionadores de la evolución de las izquierdas latinoamericanas y de su pensamiento, para observar las vicisitudes de sus procesos de arraigo y reproducción en nuestras realidades, y sus resultados. Ello interesa especialmente ahora, cuando algunos de sus principales referentes han colapsado o deben reexaminarse al calor de las nuevas expectativas. Con ese propósito, a lo largo de las próximas páginas comentaremos algunas de esas experiencias, sin que esto pretenda trazar una historia de dichos procesos. Antes bien –como lo dice el título de este ensayo–, lo que aquí se hace es observar determinados momentos de una trayectoria, entresacándolos en orden no siempre cronológico, para extraerles ciertas conclusiones en razón del interés que ellos tengan respecto al presente y al próximo futuro, de los que hoy todos somos responsables. Con las ideas, llegaron los temas A mediados del siglo XIX, en el liberalismo latinoamericano rivalizaban dos corrientes: un ala demócrata-radical ilustrada, luego seducida por el positivismo, y el ala popular, portavoz de un anhelo de reivindicaciones sociales. En ciertos países –como Colombia y Honduras– esa disyuntiva siguió viva entre los liberales del siglo XX, atrapados entre promesas de reformas y prácticas clientelistas. Mas esto no sólo causó estímulos y decepciones, sino también un vivaz intercambio de ideas y personas a lo largo del prolongado empalme entre el liberalismo popular y las propuestas socialistas que seguirían viniendo. Las izquierdas latinoamericanas: 17 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Las ideas socialistas –de diversos orígenes ideológicos– arribaron a América Latina desde mediados del siglo XIX. Las trajeron inmigrantes con experiencia política, así como una intelectualidad criolla que difundió las ideas y acontecimientos de Europa, tales como los de la Comuna de París. Como es natural, al inicio primó la difusión de esas ideas, y sólo más tarde comenzaron los primeros intentos de aplicarlas a nuestras realidades. 2 Los grupos de inmigrados crearon organizaciones y periódicos socialistas y anarquistas que se ocupaban de las disputas políticas que tenían lugar en sus países de origen. Las agrupaciones latinoamericanas reflejaban las divergencias entre las distintas corrientes del socialismo y sus controversias con los anarquistas, y después asimismo las confrontaciones entre la II y la III internacionales. Eso ayudó a esclarecer ideas y reflejó la vocación internacionalista de las izquierdas. Pero la materia de muchas de esas polémicas no eran los respectivos problemas nacionales, sino debates distantes de la situación real que nuestros pueblos experimentaban. Junto con las buenas ideas más generalizables, también arribaron temas y controversias correspondientes a vicisitudes y particularidades ajenas, atribuyéndoles supuesta 2 El romántico argentino Esteban Echeverría escribió su Dogma socialista en 1846. En Colombia se fundó un Club Socialista en 1849. El publicista chileno Francisco Bilbao fundó en 1850 una Sociedad de la Igualdad. Durante la primera guerra cubana de independencia(1868-78) surgieron algunos grupos anarquistas, y una organización sindical de los trabajadores tabacaleros. En esos años, en México aparecieron círculos obreros, una liga anarquista y el periódico El socialista, y en 1884 el mexicano Juan Mata Rivera tradujo el Manifiesto comunista. En 1887, en Chile se fundó un partido socialista, que en 1890 organizó la primera huelga de los trabajadores salitreros. En 1895 se constituyó el Partido Socialista argentino, que se afilió a la II Internacional; su mentor, Juan Bautista Justo, tradujo El capital, congregó a importantes intelectuales de la época e incursionó en la explicación marxista del papel de la ciencia y la técnica en el desarrollo social. 18 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA validez en nuestra América. No pocas veces su adopción dogmática dificultó reconocer realidades, dispersó fuerzas, obstaculizó acordar alianzas y contribuyó a enfrentar entre sí a los integrantes de las izquierdas latinoamericanas. Ante la preeminencia ideológica de las internacionales europeas, por ejemplo, el cubano Julio Antonio Mella alertó sobre la necesidad de basarse en las particularidades latinoamericanas, y abordar con criterio propio lo que tocaba hacer en nuestros países. Aun así, la militancia de Mella se adecuó a las orientaciones de la III Internacional y –asesinado en plena juventud– su temprana muerte no permitió verlo resolver el dilema. No obstante, en los primeros 30 años del siglo no faltaron acontecimientos y temas propios que requerían examinarse con nuevos instrumentos. Al Sur, Uruguay tuvo las reformas de José Batlle; Chile vivió notables progresos de organización sindical y política, y la experiencia de su primer Frente Popular; Argentina, el estallido de Córdoba y una reforma que se propagó a gran parte de las universidades de América Latina. Las realizaciones prácticas se adelantaban a al desarrollo de una concepción capaz de orientarlas. Al Norte, el hecho cimero fue la Revolución mexicana y el largo proceso de decantación de sus opciones, sobre todo entre 1913 y el final de los años 30. Sin embargo, en esa época la influencia mexicana en el pensamiento político latinoamericano más derivó del ejemplo de sus líderes populares y de las acciones de los gobiernos revolucionarios –en particular el de Lázaro Cárdenas– que del discurso de sus ideólogos. La excepción fue La raza cósmica de José Vasconcelos, cuya visión global de los problemas latinoamericanos influyó sobre las concepciones nacional-revolucionarias en muchos países del Continente. Las izquierdas latinoamericanas: 19 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Una instancia foránea Por otro lado, en Europa había estallado el proceso que más estimuló la conciencia política de la época: la Revolución rusa y los desarrollos y opciones que ella desplegó desde 1917 hasta cuando el estalinismo diezmó al liderazgo originario de la Revolución. Modelo y fuente de inspiración, en América Latina la hazaña bolchevique estimuló el nacimiento de nuevos partidos de izquierda y la conversión de organizaciones socialistas en comunistas, profundizó la diferenciación entre esas dos vertientes e incrementó el activismo de ambas, dejando en el pasado a las antiguas influencias anarquistas, aunque muchos conservaron su espíritu libertario. Lo que comenzaba en Rusia y parecía próximo a contagiar a Alemania y buena parte de Europa del Este, dio origen a la III Internacional y precipitó la crisis de la II. Además de los debates sobre las nuevas tareas revolucionarias, también se discutieron las alternativas de los países coloniales, semicoloniales o atrasados. Por un tiempo, el tema incluyó la posibilidad de impulsar en esos países la opción nacional-revolucionaria, de carácter pluriclasista, que en América Latina ya contaba con el referente mexicano. Aunque la Internacional, que al inicio se pensó como un foro donde intercambiar ideas, experiencias y solidaridades entre los revolucionarios del mundo, enseguida tomó otro curso. En parte a solicitud de algunos partidos miembros, pasó de orientar a tutelar las posiciones políticas de sus integrantes, y a fijar los términos de su diferenciación frente a las demás vertientes de la izquierda. En los años 20 esto derivó en la consigna de privilegiar la lucha de “clase contra clase”, rechazándose la cooperación con las 20 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA organizaciones que no adoptaran el papel de destacamento de la vanguardia obrera y el objetivo de instaurar la dictadura del proletariado, a despecho de las coincidencias que pudiera haber en otros temas. Sin que las izquierdas latinoamericanas hubieran sido parte relevante de esas decisiones, éstas tendrían larga incidencia sobre sus ulteriores evoluciones. Las definiciones adoptadas indujeron cismas entre quienes pensaban que América Latina aún debía transitar etapas de maduración gradual o preferían acometer sin más demoras una inmediata transformación revolucionaria, entre quienes llamaban a luchar por una democratización más integral y quienes anteponían resolver las urgencias sociales aun al costo de prescindir de las reivindicaciones democráticas, y entre quienes creían en la opción de organizar grandes partidos populares o privilegiaban la creación de destacamentos de élite o vanguardia revolucionaria. Todo ello sin parar mientes en que en las circunstancias latinoamericanas esas opciones no necesariamente debían excluirse entre sí, o que las transiciones entre unas y otras podían ser tan fluidas y recurrentes como la diversidad de las situaciones regionales y temporales. A la postre, la III Internacional constituyó una instancia calificadora que valoraba las conductas de sus miembros conforme a parámetros doctrinarios cuyos orígenes no reflejaban las realidades de América Latina. Y que, más tarde, subordinaría sus respectivas actividades a la prioridad de defender los intereses estratégicos de la asediada República soviética(o los intereses de alguno de sus grupos dirigentes), incluso en desmedro de los requerimientos y oportunidades de los pueblos y partidos latinoamericanos. Las izquierdas latinoamericanas: 21 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA En busca de protagonista Algunos partidos socialistas, sin caracterizarse necesariamente como antisoviéticos, prefirieron conservar su independencia conceptual y organizativa, pese a que la desaparición de la II Internacional los había dejado en cierto aislamiento. Aun así, en unos pocos casos como el chileno, estos partidos lograron cierta fortaleza. Pero las más de las veces la bifurcación entre comunistas y socialistas mermó los éxitos de ambas opciones, como asimismo restringió la posibilidad de desarrollar concepciones socialistas o socialdemócratas originales –marxistas, cristianas u otras–, a pesar de que la originalísima riqueza de las circunstancias americanas así lo reclamaba. Entre las particularidades que exigían examinarse para explicar la realidad de muchos países latinoamericanos, sobresalían las relativas a la situación agraria y la cuestión indígena, así como la presencia de otros grupos humanos no previstos en el legado teórico del socialismo europeo sobre las clases sociales. Por ejemplo, las masas de pobres y marginados que no se ajustan a la definición teórica de proletariado, o la de unos sectores de las capas medias que tampoco calzan en la correspondiente definición de pequeña burguesía, pero que pueden constituir importantes sujetos revolucionarios. Igualmente, las relativas a la heterogeneidad de las estructuras socioeconómicas coexistentes y superpuestas en esas naciones todavía mal integradas, agravada por la implantación de enclaves económicos extranjeros desarticulados de los demás componentes de cada país. Ello dificultaba 22 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA identificar a los posibles protagonistas sociopolíticos de cualquier proyecto de transformación reformadora o revolucionaria de la situación. La persistencia de oligarquías precapitalistas, la importancia social de la economía rural, la precariedad de la industria y del movimiento obrero, la endeble existencia de burguesías nacionales, así como el relevante activismo de la clase media y de sus expresiones estudiantiles y gremiales, causaban dudas sobre la posibilidad de que la realización de los cambios revolucionarios necesariamente correspondiera a la clase obrera y su vanguardia política. No obstante, así lo prescribía la simplificación ideológica que la III Internacional estableció como visión del mundo. En Perú, esas cuestiones fueron tempranamente abordadas por el liberalismo radical, sin que el pensamiento marxista tuviera respuestas que brindar hasta que José Carlos Mariátegui asumió el tema. El más poderoso creador de pensamiento político en la América Latina de su tiempo, Mariátegui entre otras cosas rechazó el determinismo que en su época prevalecía, como también“la reducción del proceso histórico a una pura mecánica económica”, afirmando que la revolución sólo puede realizarse movilizando los sujetos humanos efectivamente capaces de cambiar el orden existente. Por ello, señalaba, es preciso que esos sujetos desarrollen “la conciencia previa de su interés de clase”, un proceso cultural que para los revolucionarios implica dos aspectos diferentes: el marxismo como método de interpretación histórica de la sociedad, y la mística que es propia de la misión de luchar por la regeneración no sólo de la clase oprimida sino del conjunto de la sociedad. Aunque en la realidad peruana, ¿dónde encontrar dichos sujetos? Las izquierdas latinoamericanas: 23 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Las llamadas“condiciones objetivas” de la revolución socialista no estaban presentes: la economía capitalista no se había desarrollado con amplitud, faltaba una burguesía capitalista“patrona de la economía nacional”, y se carecía de una clase obrera con suficiente presencia socioeconómica y cultural. En el marco presidido por la sociedad tradicional y los enclaves de capitalismo colonialista, no había una nación integrada, sino una superposición de fracciones socioeconómicas, agregadas a lo largo de una secuencia histórica distinta de aquella que los teóricos europeos habían descrito. El país estaba dividido por fronteras interiores, históricas, geográficas, económicas, étnicas y culturales. En particular, se desarticulaba en tres zonas económicas: la costa, con cierto desarrollo agrícola e industrial, la andina, que conservaba estructuras precapitalistas de impronta feudal y, entremezclado con ellas, el colectivismo indígena. A lo anterior se sumaba la selva amazónica, que permanecía al margen de la civilización. Y cada componente de esa superposición se había agregado sin eliminar los sistemas preexistentes, así que bajo todo ese andamiaje perduraban las extendidas raíces del colectivismo indígena precolonial. Por lo tanto, dedujo Mariátegui, el protagonista de la revolución podía ser el pueblo indígena. Así pues, tal como había sostenido el liberal Manuel González Prada –de quien tanto Mariátegui como Víctor Raúl Haya de la Torre fueron discípulos–, la situación indígena no era un tema cultural o filantrópico, sino la cuestión económica y agraria del reparto de la tierra. A lo que Mariátegui añadió la conclusión de que, para crear otra realidad mejor,“sus realizadores deben ser los propios indios”. 24 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA El asunto involucraba más que el solo problema indígena, pues también aludía a la identidad y el papel sociopolítico de los demás grupos sociales americanos que tampoco figuraban en el inventario teórico europeo, como las comunidades afroantillanas de la costa continental del Caribe y buena parte del Brasil. Pero la precaria salud de José Carlos Mariátegui no le dejó tiempo para llevar su tesis a la práctica en el partido comunista que él fundo para este fin. Esa tesis, empero, todavía tiñe el debate ideológico en la región andina, aunque en vida de su autor la III Internacional la descartó. 3 Un capitalismo socialista El principal contrincante teórico de Mariátegui fue su ex compañero Víctor Raúl Haya de la Torre. Luego de destacarse en el movimiento estudiantil y las universidades populares, fue exiliado y temporalmente radicó en México, de cuyas experiencias fue testigo y donde fundó la Alianza Popular Revolucionaria Americana( APRA ). 4 Si bien no logró el propósito de crear una organización política continental, sí le dio a Perú un nuevo tipo de partido, de carácter popular. Haya de la Torre perseveró en hacer del Partido Aprista Peruano( PAP ) una organización disciplinada, pero conce3 Así lo demuestra la discusión sobre los movimientos indígenas y campesinos de Ecuador y Bolivia, por ejemplo. No es este el caso, sin embargo, del indigenismo de la izquierda neo-zapatista del estado mexicano de Chiapas, que tiene otras motivaciones y menor trascendencia efectiva en la vida política de su país. 4 Mariátegui era uno de sus miembros iniciales, pero fue progresivamente crítico de sus postulados y se separó para fundar el Partido Comunista peruano, que sería un denodado contrincante del aprismo. Las izquierdas latinoamericanas: 25 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA bida como una alianza de trabajadores urbanos, campesinos, clase media e intelectuales, así como de elementos de la burguesía nacional, y destinada a luchar contra la aristocracia terrateniente, el capital extranjero y el imperialismo. Su concepto de quiénes deberían integrar el partido disentía del modelo prohijado por la III Internacional y el adoptado por Mariátegui. Sin embargo, en lo que toca a su estructura organizativa, Haya escogió el sistema de dirección y la estructura celular característicos del modelo bolchevique, apropiados para actuar bajo condiciones de represión y clandestinidad. De primer intento, Haya planteó su propuesta como una revisión del marxismo esquemático, señalando que no cabía “inventarle” un ambiente europeo a la realidad americana, sino“descubrir” las verdades de esta realidad en sus propios espacio y tiempo históricos. Por ejemplo, acerca del imperialismo, que para los países que habían transitado todas las etapas del desarrollo histórico figuraba como la última fase del capitalismo, a despecho de que, en su lugar, para las naciones más atrasadas el capitalismo había llegado por primera vez bajo la forma imperialista, con lo cual ésta había sido su primer modo de implantación. Mientras Mariátegui se centró en los agentes internos del atraso y la dependencia peruanos, Haya de la Torre puso mayor atención en sus factores externos. Ambos coincidieron en lo que toca a la heterogénea composición socioeconómica del país –la superposición de realidades propias equivalentes a distintas etapas del desarrollo europeo–. A lo cual Haya agregó que ante la penetración del imperialismo algunos de esos componentes superpuestos ejercen papeles cómplices, como los feudos tradi- 26 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA cionalistas que funcionan al servicio de imperialismo a la vez que éste feudaliza el ámbito social de las inversiones capitalistas. Ante eso, Haya de la Torre propuso impulsar un capitalismo nacionalista, autónomo y con proyección social, similar al que él había visto predicar en el México de la época. Su enemigo principal era la oligarquía, que domina al Estado y subordina sus intereses a los extranjeros; en consecuencia, ese capitalismo debía acometer la nacionalización progresiva de la riqueza, arrebatándola al imperialismo para entregarla a quienes la trabajen en provecho del bien colectivo, a través de corporaciones de fomento. Como etapa previa al socialismo, ese nacionalismo capitalista respetaría la riqueza individual, ofreciendo ancho campo a la iniciativa privada que promoviera la desfeudalización y el progreso de los pueblos indoamericanos. Desde el primer momento el aprismo fue blanco de un decidido rechazo de los partidos de la III Internacional. Pese a coincidir –durante los primeros lustros– en la prédica antioligárquica y antimperialista, y enfrentar las mismas dictaduras de derecha, prevaleció la consigna de“clase contra clase” y la disyuntiva entre la vía revolucionaria o las reformas gradualistas, descartándose toda posibilidad de cooperación frente a unas realidades que ambas corrientes igualmente consideraban inaceptables. Cosa que, por supuesto, en nada contribuyó a mejorar la suerte, la organización ni la educación política de los trabajadores ni de los indígenas peruanos, como tampoco la de los demás latinoamericanos. La propuesta aprista fue más capaz de captar en el corto plazo la cultura política de gran parte de la sociedad peruana. Aunque por años Haya de la Torre dirigió su partido Las izquierdas latinoamericanas: 27 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA desde el exterior, cuando en 1931 pudo volver a Perú enseguida fue electo presidente de la República. No obstante, la derecha inmediatamente lo derrocó y el aprismo fue proscrito. En su larga clandestinidad, ese partido siguió reivindicando la democracia parlamentaria, y rechazó tomar las armas o admitir cualquier tipo de dictadura, incluida la proletaria. Cuando ante el crecimiento de la amenaza fascista en Europa, en 1935 la Internacional decidió promover la política de articular Frentes Populares con las demás izquierdas, era demasiado tarde. Haya de la Torre replicó que los apristas ya constituían un frente en el que los trabajadores, campesinos, estudiantes e intelectuales participaban a la vez, sin requerir la dirigencia proletaria que se les proponía. Sin embargo, con el paso de los años, Haya y su partido fueron distanciándose de su posición antimperialista y socializante, y adoptaron una política crecientemente conciliadora con la oligarquía peruana y los gobiernos de Washington. Muchas de las críticas que en los años 20 y 30 eran excesivas, en los 50 llegaron a estar completamente justificadas. Medio siglo más tarde cabe preguntarse si ese deterioro fue exclusivamente endógeno, o si al mismo también contribuyó la hostilidad permanente que el movimiento comunista y la izquierda radical le sostuvieron a escala mundial. Las tesis de Haya de la Torre se habían formado observando la experiencia revolucionaria mexicana, donde sus supuestos tuvieron otra expresión similar, aunque regionalmente menos conocida. Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas en México se practicaron políticas nacionalistas 28 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA y socializantes, se impulsó la reforma agraria y la educación popular, y se estimuló la sindicalización. En ese ambiente, Vicente Lombardo Toledano organizó la Confederación de Trabajadores de México( CTM ) y la Confederación de Trabajadores de América Latina que por unos años tuvo influencia regional. Con todo, a Lombardo se le criticó que su política se limitaba a respaldar un desarrollo capitalista autónomo con responsabilidad social, que él conceptuaba como condición previa para pasar al socialismo. Pero enseguida de concluir el mandato de Cárdenas empezó el reflujo. Los subsiguientes gobiernos mexicanos contuvieron las proyecciones revolucionarias del proceso, y su régimen antepuso asentarse políticamente y fomentar el desarrollo capitalista nacional. Su Partido Nacional Revolucionario( PNR ) pasó a denominarse Revolucionario Institucional( PRI ) y no mucho después Lombardo Toledano perdió el control de la CTM . Más tarde fundó el Partido Popular, concebido como una organización de masas con ideología marxista y objetivos socialistas, pero con una vocación democrático-electoral discrepante del modelo leninista de partido de vanguardia. No obstante, antepuso la política de defender lo que quedaba de la anterior orientación nacional-revolucionaria del país, y su escasa independencia crítica frente a los gobiernos post cardenistas, además de las restricciones políticas imperantes en la época, le impidieron el crecimiento esperado. 5 Por otra parte, el gobierno de Cárdenas sostuvo una política decidida de solidaridad con la República española, gesta 5 Durante varios lustros, reales o supuestas conspiraciones de la derecha sirvieron de argumento para paralizar a las izquierdas frente a la continua descomposición moral y derechización de los gobiernos“revolucionarios” postcardenistas. Las izquierdas latinoamericanas: 29 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA que movilizó a las izquierdas latinoamericanas y fortaleció la política antifascista de crear alianzas pluriclasistas. Al concluir la Guerra Civil, México dio refugio a millares de familias republicanas, incluyendo una importante proporción de la intelectualidad antifranquista. Durante los siguientes decenios esa inmigración tuvo hondo impacto en el desarrollo de la cultura progresista, la vida académica y la industrialización mexicana, y también alcanzó amplia influencia en el desarrollo ideológico latinoamericano. Cárdenas también dio refugio a León Trotsky, quien en México fundó la IV Internacional. Desde el punto de vista teórico, las divergencias de concepción estratégica que habían dado lugar a la decisión de expulsarlo de la URSS interesaban a todo el movimiento revolucionario mundial. Y, sobre todo, a los partidos de izquierda de las naciones europeas a las cuales la revolución bolchevique hubiera sido llevada por el Ejército Rojo, de haberse decidido no limitarla a un solo país, así como a los partidos de las naciones que se habrían visto más afectadas por la“revolución permanente”, en el supuesto de que esas dos propuestas de Trotsky hubieran prevalecido en Moscú. Sin embargo, la cuestión medular no estuvo en las divergencias teóricas planteadas por Trotsky, sino en la lucha por el control del poder y su consiguiente denuncia de la excesiva autoridad acumulada por José Stalin. En realidad, el grueso de la argumentación polémica que a la larga ambas partes llegaron a desplegar se escribió después de la expulsión de Trotsky y de la persecución a sus simpatizantes. Sin demérito de su valor teórico, esa polémica no fue el motivo principal de la ruptura, sino la forma en que ambas partes rivales procuraron legitimar sus respectivas 30 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA posiciones. De haberse tratado exclusivamente de un conflicto entre dos propuestas estratégicas, quizás sus consecuencias no hubieran alcanzado tales extremos represivos y tan enormes costos políticos. En cualquier caso, al menos en los primeros tiempos, la controversia entre los comunistas y trotskistas latinoamericanos –en las diversas formas que ella tomaría–, de nueva cuenta fue un reflejo local de remotas controversias de ultramar. Una confrontación que no atañía a los temas y posibilidades latinoamericanas, pero que vino a fraccionar a las izquierdas nativas por razones ajenas al interés de sus pueblos. Luego, posteriores eventos le fueron agregando otros motivos a la divergencia inicial, pues con el tiempo a las discrepancias y resentimientos se les añaden estilos y culturas políticas que se realimentan a sí mismos. La paradoja está en que algunos viejos reflejos todavía subsisten cuando sus motivos originarios hace mucho dejaron de existir –así fueran ellos la revolución permanente o la puja por el poder–, e incluso cuando la bandera roja ya ni siquiera ondea sobre el Kremlin. Esto no niega que la controversia tuvo distintas consecuencias intelectuales e ideológicas de amplio interés. Añadió ocasiones de rediscutir la naturaleza y las alternativas del socialismo y de sus relaciones con las demás corrientes políticas. Generó ámbitos adicionales de pluralidad reflexiva, entre quienes evitaron alinearse con la III o con la IV internacionales –se incrementó la pluralidad ideológica del socialismo– e incluso entre algunos de los partidos leales al liderazgo soviético. Las izquierdas latinoamericanas: 31 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Al cabo, eso fortaleció el campo del marxismo y el socialismo independientes, y el del marxismo académico, que pasaría a tener mayor influencia en las ciencias sociales, propiciando nuevos desarrollos y aplicaciones del pensamiento de izquierda no subordinadas a las prioridades del interés y el control estatal o partidista, así como mayor diálogo con las corrientes progresistas ajenas al marxismo. Además, aunque con el tiempo las filas de la corriente trotskista mermaron, ésta se instaló a la izquierda del espectro, adjudicándose una función de vigilante crítica de las demás tendencias y conductas de izquierda, incluso con olvido de la crítica a las derechas. De la guerra caliente a la fría Ante la Gran Depresión, el crecimiento de la amenaza fascista y la II Guerra Mundial, la estrategia de aliar las fuerzas democráticas suavizó antagonismos. Quienes debían contribuir a la derrota del enemigo principal se concedieron una tregua, desde el gobierno de Franklin D. Roosvelt hasta las izquierdas latinoamericanas, comprometidas con el antifascismo. La política del Buen Vecino no sólo distendió relaciones, sino que finalmente propició el abandono del discurso antimperialista y socializante de algunos veteranos partidos reformistas, como el APRA y la venezolana Acción Democrática( AD ), que se acogieron a la excusa de que era el imperialismo quien había cambiado, a fin de acomodarse a la situación prevaleciente. En contrapartida, en el período de la II Guerra Mundial y los primeros años 50, en Sudamérica surgieron dos grandes movimientos nacionalistas y reformadores de origen mi- 32 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA litar, con respaldo popular u obrero y con participación de segmentos de la clase media y el empresariado, que alcanzaron importante proyección social: en Argentina el peronismo y en Bolivia el Movimiento Nacionalista Revolucionario( MNR ). A su manera, en Brasil el obrerismo o trabalhismo encabezado por Getulio Vargas tuvo similitudes con esos movimientos, aunque con origen y liderazgo civil. En los tres casos se trató de procesos y dirigencias sociopolíticas de perfil antioligárquico, populista, corporativo y estatizante, que usaron métodos autoritarios para introducir reformas institucionales y robustecer la soberanía nacional. Igualmente, de procesos que ganaron la adhesión de la mayoría popular y obrera en detrimento de las izquierdas previamente establecidas, y que mantuvieron una heterogeneidad social y una ambigüedad político-ideológica ante la cual dichas izquierdas tuvieron dificultades y errores para identificar el carácter de esos movimientos. Una visión dogmática y exclusivista les dificultó percibir los contenidos populares y progresistas presentes en esos fenómenos, para asumir una actitud política más adecuada frente a los mismos y entre la masa de sus seguidores. Más allá de eso, dentro de cada uno de estos movimientos se formó una corriente de nacionalismo populista o de izquierda nacional que asimiló retazos de la cultura socialista, aunque al margen de los partidos de esa filiación y de los partidos comunistas. En Brasil y Bolivia eso aún tiene huellas en la forma de partidos o corrientes sucesoras de aquellos movimientos, y en Argentina a través de la izquierda peronista. Las izquierdas latinoamericanas: 33 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Al terminar la II Guerra Mundial, la victoria antifascista renovó el prestigio soviético, a lo que se sumó la aparición del llamado campo socialista y, enseguida, el surgimiento de la Revolución China. Como gesto conciliador con las potencias occidentales, Stalin hizo desvanecer la III Internacional, cuyos partidos así quedaron privados de lo que la misma aún pudiera conservar como ámbito de debate “horizontal”, en beneficio de la hegemonía del PCUS. A la par, en Europa occidental se constituyó la Internacional Socialista, que con un perfil socialdemócrata orientado al Estado de Bienestar remplazó a la desaparecida II Internacional. 6 No obstante, tras un breve período de optimismo pacifista, en poco tiempo se entronizó la G uerra Fría; el macartismo se impuso en Estados Unidos y en América Latina reinó una generalizada persecución contra los aliados de ayer. Bajo la obsesión anticomunista, Washington prohijó a viejos y nuevos dictadores –los Trujillo, Somoza, Pérez Jiménez y Batista, entre otros–, particularmente en los países de la Cuenca del Caribe. Durante el subsiguiente período, en esa región descollaron las luchas para recuperar la democracia representativa tradicional, que llegaron a ser la principal motivación de las izquierdas. En América Latina, la Guerra Fría impuso un forzoso alineamiento de todos o casi todos los gobiernos y movimientos políticos con una u otra de las superpotencias y 6 Vale anotar que, además, en 1948 se creó la Comisión Económica para América Latina(cepal), de la onu, que aportaría la plataforma conceptual y técnica, de espíritu tercermundista, que Raúl Prebisch y otros inspiraron para los países latinoamericanos, la cual más tarde orientaría la política socioeconómica de los regímenes nacional-revolucionarios de los años 60 y 70. 34 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA su campo de influencia, casi siempre el de Estados Unidos. Durante varios años, los contados esfuerzos temporales de neutralidad y adhesión al Movimiento de los Países No Alineados sólo pudieron expresar una aspiración simbólica más que una ejecutoria real. Lejos de la relativa efectividad que el neutralismo alcanzó en el ámbito afroasiático, a la sombra de la Guerra Fría cada proceso o régimen político latinoamericano pronto fue calificado y tratado según su supuesta o efectiva adscripción a uno u otro de esos dos campos de influencia. Aun así, pese a la atmósfera anticomunista dominante, repetidas veces los esfuerzos por recuperar la democracia formal dieron lugar a coincidencias y cooperaciones temporales entre las izquierdas y determinados segmentos de los partidos reformistas y liberales. Además, promovió una cultura política de defensa de la democracia frente a cualquier autoritarismo, pese a las limitaciones que esa democracia pudiera tener. Aunque bajo ese clima opresivo las izquierdas de la época no estuvieron en capacidad de realizar la Revolución que proponían, el mérito de sus luchas por defender o recuperar los derechos democráticos y por formar y movilizar cuadros para ese fin, fue indiscutible. La caída de cada uno de aquellos dictadores se propició a través del clima de movilización social articulado principalmente por las izquierdas, aunque ellas no fueran las beneficiarias de su éxito. En ese contexto, comunistas, socialistas, nacionalistas revolucionarios y simpatizantes de otras corrientes de izquierda contribuyeron decisivamente a lograr los progresos sociales y políticos consagrados en las nuevas Cartas constitucionales que varios países latinoamericanos adoptaron en los años de la posguerra. Las izquierdas latinoamericanas: 35 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Las revoluciones de los 50 Al Sur, en la primera parte de los años 50 la experiencia más sobresaliente fue la Revolución boliviana, por las transformaciones que logró y también por sus consecuencias políticas y conceptuales. Sorprendidos por los acontecimientos, comunistas y trotskistas coincidían en calificar al Movimiento Nacionalista Revolucionario( MNR ) de fascista 7 y en desconocerlo como una opción de izquierda, por lo que al cabo ambos vieron a la Revolución desarrollarse sin influir en su curso. Esto a su vez contribuyó a empantanarla y a que el proceso luego retrocediera, enseguida de que el propio MNR sintió que había desatado un proceso que desbordaba las intenciones de sus iniciadores, y procuró refrenarlo. Agregándose tardíamente a un movimiento que había detonado sin ellos, comunistas y trotskistas apoyaron el golpe del general René Barrientos, quien en vez de reanudarlo poco después reprimiría a los mineros y estudiantes revolucionarios. Tales desencuentros entre el proyecto nacional, el proyecto social y el proyecto democrático acabarían incrementando las inestabilidades propias de una revolución inconclusa. Pero, derrotada la oligarquía, nacionalizadas las minas y hecha la reforma agraria, el país ya no volvió a ser el mismo. En el área mesoamericana, conviene recordar otras cuatro experiencias de ese entonces. Una, el dramático final del esfuerzo de Jorge Eliécer Gaitán, en Colombia, por refor7 De la misma forma en que el Partido Comunista argentino descalificó al peronismo, lo que le impidió un adecuado tratamiento de ese fenómeno. El trotskismo argentino evaluó más apropiadamente al movimiento peronista. 36 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA mar las causas estructurales del atraso y la violencia sociopolíticos desde las posiciones de un liberalismo popular de vocación socializante. Líder indiscutido del partido mayoritario, Gaitán fue asesinado poco antes de las elecciones, lo que desató una enorme sublevación popular que no alcanzó a transformar al país porque careció de conducción político-partidaria. Cerradas las puertas a toda expectativa reformadora, ello derivó en un movimiento guerrillero que, pasando por distintas concepciones y liderazgos, 55 años después aún prosigue. Otra, el derrocamiento del gobierno democrático del coronel Jacobo Árbenz, en Guatemala, por medio de una invasión mercenaria que el gobierno de Estados Unidos auspició sin disimulos. Con todo, la Revolución guatemalteca apenas se había propuesto una prudente política de apertura democrática y de discreta independencia diplomática, así como una moderada reforma agraria que, sin embargo, podía afectar intereses de la United Fruit Company, una poderosa empresa bananera norteamericana. La sospecha de que tales pasos, junto al apoyo que los comunistas guatemaltecos le declararon al gobierno constitucional, pudieran derivar en dirección a un alineamiento antiestadunidense, bastaron para disparar ese desenlace, y una larga secuela de regímenes contrainsurgentes y terrorismo de Estado. Ello interrumpió violentamente un proceso democrático y modernizador, que el gobierno norteamericano de la época interpretó a la luz de la Guerra Fría, aún antes de la Revolución cubana. Las frustraciones así provocadas dieron lugar a sucesivos movimientos guerrilleros y a una abrumadora y persistente estrategia represiva contra las poblacio- Las izquierdas latinoamericanas: 37 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA nes que pudieran servir de entorno social a los insurgentes, al costo de millares de vidas y desarraigos. Aunque la guerrilla al cabo de 35 años se desmovilizó a cambio de un conjunto de reformas sociales y políticas, la violencia extrajudicial de derecha continúa y al país se le frustró su mejor oportunidad de modernización. Asimismo, la cautelosa Revolución costarricense de 1948, generalmente atribuida a la socialdemocracia de ese país, que impulsó significativas reformas de perfil socialmente progresista –las llamadas“garantías sociales”– pero evitó entrar en colisión con la política norteamericana de la Guerra Fría. De hecho, esas reformas habían sido adoptadas por una alianza gobernante de socialcristianos y comunistas, que poco después sufrió un alzamiento armado destinado a derrocarla. No obstante, el acuerdo que puso término a la guerra civil incluyó tanto deponer al gobierno, abolir al ejército y proscribir al partido comunista y sus simpatizantes, como el compromiso de respetar dichas“garantías”, pese al derrocamiento del gobierno que las había instaurado. 8 El respeto a dichas“garantías sociales” no solo posibilitó pactar el cese del conflicto, sino que hizo de Costa Rica el país socialmente más avanzado de Centroamérica. Así, paradójicamente, en una nación pequeña y de escaso interés estratégico para Estados Unidos, ello prohijó un híbrido en el que un desarrollo socialdemócrata se combinó con una política exterior ajustada a las preferencias de Washington, lo que le permitió al proceso desenvolverse sin mucho 8 Cuando unos años después los socialcristianos pudieron reintegrarse a la vida política costarricense lo hicieron repudiando toda relación con sus antiguos aliados, que permanecieron en la ilegalidad. 38 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA ruido pero relativa tranquilidad. Fruto y garantía de ese modelo fue un sistema político bipartidista que, sin embargo, medio siglo después ha empezado a desmoronarse. Y finalmente, en Venezuela –tras sendas rebeliones en dos importantes guarniciones militares–, la articulación de un amplio movimiento de protesta civil derrocó la dictadura de Pérez Jiménez. Su éxito fue posible al combinar los recursos políticos de los partidos tradicionales y de un vigoroso movimiento popular inspirado, principalmente, por el Partido Comunista de la época. Sin embargo, acto seguido los partidos socialdemócrata y socialcristiano, excluyendo al comunista, suscribieron el pacto de Punto Fijo, por medio del cual establecieron los compromisos políticos que acotaron los límites institucionales de una democracia cupular que, además de excluir a las izquierdas, eludió realizar los cambios estructurales más importantes que se esperaban de ese proceso. Eso permitió consolidar un régimen de democracia tolerada –formal y representativa–, que fue respetuosa de los derechos ciudadanos en tiempos en que menudeaban las dictaduras militares. Aun así, fue un sistema político excluyente para determinados actores e insuficiente para desahogar demandas sociales de creciente complejidad, lo que 30 años después la llegaría a caracterizar como una democracia insatisfactoria. Estas limitaciones y la necesidad de reformar el sistema para darle mayor apertura participativa, marcarían los comportamientos políticos venezolanos hasta el final del siglo. Las divergentes consecuencias de las revoluciones guatemalteca y costarricense permiten una observación adicional: en la atmósfera de la Guerra Fría, allí donde el aconteci- Las izquierdas latinoamericanas: 39 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA miento tuvo apoyo del pequeño partido comunista y pareció amenazar a una influyente transnacional norteamericana, la calificación ideológica y la represalia contrarrevolucionaria fueron muy duros. Mas donde no había intereses estadunidenses bajo real o presunta amenaza, se dispensó una considerable tolerancia –justificada adicionalmente por la proscripción de los comunistas y sus simpatizantes–, aunque las reformas emprendidas fueron mayores. Haciendo abstracción de sus respectivas características etnoculturales, a la postre Costa Rica por un largo período constituyó el país centroamericano con mejor evolución sociopolítica y cultural, y Guatemala el más atrasado y opresivo. Telón de fondo, en el XX Congreso del PCUS la dirigencia soviética hizo la denuncia pública de los errores y atrocidades del régimen estalinista y anunció un proceso de reformas, que luego infortunadamente se estancó, pese a que en esa época el país alcanzaba sus mejores tasas de desarrollo económico. La ocasión fue propicia no sólo para suprimir los excesos dogmáticos y abusos del poder, sino para flexibilizar el debate académico y las libertades públicas, y para estimular la creatividad intelectual y científica indispensable para superar a Estados Unidos en la arena económica. Sin embargo, en otros campos, esa ampliación de libertades resquebrajó el control del llamado campo socialista ocasionando crisis centrífugas como las de Hungría y Checoslovaquia, que amenazaron la integridad del sistema. Además, surgió un amenazador desentendimiento con China, cuyo liderazgo no compartía esa intención de apertura. Allí, como en la propia URSS , otras dirigencias consideraron riesgoso abandonar las prácticas verticales, 40 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA centralistas y dogmáticas del estalinismo, que hasta entonces habían asegurado la cohesión de ese heterogéneo conjunto de naciones. Para preservarlas, impusieron restringir las reformas anunciadas en el XX y el XXII Congresos del PCUS , frustrándolas con el largo estancamiento de tiempos de Brézhnev, durante el cual el país soviético dejó esfumarse la dinámica competitividad que ya había empezado a mostrar. El deshielo post estalinista precipitó a una dramática ruptura de grandes alcances con la China de Mao Zedong, donde las prácticas estalinistas se radicalizaron en lugar de mitigarse. Por lo contrario, se combinaron con un intenso voluntarismo revolucionario y crecientes expresiones de resentimiento nacional contra la Unión Soviética, de la cual hasta entonces China había recibido cuantiosas ayudas. En América Latina, aquellos acontecimientos tuvieron efectos cruzados: unos militantes los asimilaron y siguieron adelante, otros se trasladaron a organizaciones progresistas desvinculadas de la URSS , y algunos desistieron. 9 Sin embargo, durante ese mismo período la Unión Soviética iba a recuperar amplias simpatías alrededor del planeta gracias a gestos de tanta relevancia como su defensa de la nacionalización del canal de Suez o el respaldo que más tarde le dio a los movimientos afroasiáticos de liberación y a la Revolución cubana, que la mostraron como un poder capaz de contener la hegemonía estadunidense y solidarizarse con las causas del Tercer Mundo. 9 Lo cierto es que la militancia latinoamericana estuvo muy lejos de sospechar que los horrores estalinistas existían, y que tras el XX Congreso del pcus la mayor parte de la misma confió en que esos errores enseguida serían definitivamente subsanados. Las izquierdas latinoamericanas: 41 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Por otro lado, en el plano teórico, la crítica a las políticas del estalinismo abrió las puertas a la revisión de sus secuelas ideológicas, lo que en el período subsiguiente estimuló el marxismo académico y antidogmático, y la renovación de la sociología, la investigación histórica y la filosofía afines al marxismo, con notable participación de autores latinoamericanos. En especial, en los temas relativos a la obra del joven Marx, el humanismo marxista, las particularidades de América Latina y de su periodización histórica, así como la teoría de la dependencia. 10 No obstante, el desarrollo teórico e ideológico de las izquierdas de la época alcanzó éxitos de mucho mayor aliento que los obtenidos en su práctica de organización y de crecimiento políticos. La revolución cubana Sin duda, por largo tiempo el estímulo que más contribuyó a movilizar a las izquierdas latinoamericanas, y a impulsar nuevos desarrollos creativos de su investigación, pensamiento y movilización política fue la Revolución cubana. Al final de los años 50, durante el ciclo de las luchas contra las dictaduras implantadas en el área de la Cuenca del Caribe, el siguiente tirano en caer fue Fulgencio Batista, derro10 Sin pretender una lista exhaustiva, puede mencionarse a Héctor Agosti, Clodomiro Almeida, José Aricó, Rodney Arismendy, Sergio Bagú, Longino Becerra, Agustín Cueva, Orlando Fals Borda, Pablo González Casanova, Andrés Gunder Frank, Néstor Kohan, Rodolfo Mondolfo, Diego Montaña Cuellar, Aníbal Quijano, José Revueltas, Darcy Ribeiro, Emir Sader, Adolfo Sánchez Vázquez, Enrique Semo, Ludovico Silva, Ricaurte Soler, Nelson Werneck Sodré y René Zavaleta Mercado, entre varios más. 42 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA tado por una audaz combinación de resistencia popular urbana y guerrilla rural. Al respecto, conviene puntualizar ciertas características de ese acontecimiento histórico, pues durante el siguiente decenio determinadas interpretaciones de lo acontecido sirvieron para plantear algunas extrapolaciones equívocas sobre sus posibles derivaciones latinoamericanas. 11 1. En primer lugar, a Batista lo derribó una rebelión de amplia base ciudadana, surgida de una profusa resistencia urbana de fuerte inspiración cívica, asentada especialmente en la clase media. 12 La generación que en los años 50 se iniciaba en la política tenía abuelos que narraban la zaga de la insurgencia mambisa 13 y padres que recordaban la resistencia contra la dictadura de Gerardo Machado. La historia aún estaba viva en el ejemplo y las letras de José Martí, cuyos textos eran familiares a cada estudiante. 2. Una de las primeras formas de la rebelión fue el Movimiento, nombre informal de varios grupos espontáneos, sin conexión mutua, donde los jóvenes antibatistianos discutían la situación e ideaban formas de enfrentarla. De esos grupos, el dotado de más fuerte liderazgo y visión fue sin duda el que un 11 Estas líneas no pretenden hacer un análisis histórico del desarrollo inicial de la Revolución cubana, lo que constituye otro tema. Aquí sólo se abordan ciertos puntos cuya inexacta interpretación motivó algunas generalizaciones desacertadas sobre el asunto que interesa al presente ensayo: el papel de los modelos, métodos y objetivos en las izquierdas latinoamericanas. 12 Su conversión en movimiento guerrillero y campesino sólo ocurriría en los siguientes años. 13 Mambises eran los insurgentes cubanos y sus ejércitos, alzados en las dos guerras contra el yugo colonial español, en 1868-78 y 1895-98, la segunda de ellas convocada por Martí, quien allí murió en combate. Las izquierdas latinoamericanas: 43 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA 26 de julio, al mando de Fidel Castro asaltó el cuartel Moncada hace ya más de 50 años. Esta fue una acción urbana que le proporcionó referente, nombre y líder comunes a todos esos grupos, y que poco después igualmente les dio un ideario, contenido en La historia me absolverá, el discurso con que Fidel sustentó ante el tribunal las razones éticas, históricas y sociales de aquella acción. 3. Como el Programa del Moncada, ese discurso ofreció una propuesta de amplia aceptabilidad social. Para caracterizarlo ahora habría que llamarlo socialdemócrata o progresista; sus páginas no sugieren intenciones socialistas. De otro modo, no hubiera convocado la adhesión que enseguida concitó, en uno de los países más codiciados, vigilados y penetrados por los intereses norteamericanos, donde los prejuicios anticomunistas habían sido intensamente sembrados. Lo que en otras palabras significa que desde el primer momento Fidel aplicó una de sus máximas fundamentales, aunque no siempre una de las más citadas: ser revolucionario es hacer en cada momento lo más revolucionario que en ese momento se pueda hacer. 4. Cuando Fidel salió al exilio la resistencia urbana prosiguió. Además, lo hizo con mayor coherencia y efectividad a escala nacional, pues ya tenía nombre, líder, programa y método de acción: los cubanos leales al legado martiano y a la gesta de los años 30 volvían a la lucha armada. Cuando los expedicionarios del Granma desembarcaron en Cuba el Mo- 44 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA vimiento urbano tenía articulación nacional, los estaba esperando y se había tomado a tiros la ciudad de Santiago de Cuba para distraer las fuerzas de la dictadura. 5. Cierto es que en los primero días esos expedicionarios fueron diezmados y sólo un frágil puñado logró reagruparse en la Sierra Maestra. Sin embargo a los pocos días una columna de 50 jóvenes, con sus armas, subió desde la ciudad de Santiago a reforzarlos. Durante un prolongado período, el Llano sostuvo a la Sierra, pese a que los combatientes urbanos eran más vulnerables que quienes estaban en la montaña. Sólo en los últimos 10 meses la guerrilla rural se hizo autosostenible y nunca contó con más de mil quinientos efectivos en armas. Cuando sus columnas entraron a Santiago y La Habana, éstas ya se habían sublevado. 6. No obstante, hazañas militares como las crecientes derrotas al ejército tradicional y la Invasión al occidente de la Isla fueron decisivas para colapsar al régimen de Batista y los grupos socioeconómicos que lo respaldaban. En las serranías, el Ejército Rebelde se convirtió en una fuerza armada campesina capaz de culminar la obra de los ejércitos mambises, y su irrupción en los centros urbanos sería concluyente para eliminar y sustituir al ejército tradicional, y decidir la cuestión del Poder a favor de la corriente más revolucionaria. 7. El método de lucha adoptado no había sido previsto ni compartido por el antiguo partido comunista. Pero eso no significa que Fidel y el pequeño círcu- Las izquierdas latinoamericanas: 45 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA lo de sus más íntimos actuaban sin una guía ideológica coherente. Fidel había leído a Lenin y en algún momento se lo recomendó a Abel Santamaría; más tarde reclutó en México al Ché Guevara, quien tenía conocimientos del marxismo. Una fresca y original interpretación marxista de las posibilidades cubanas ayudó a concebir aquella estrategia de lucha, pero no se habló del asunto más que lo indispensable. Por ejemplo, Vilma Espín, heroína que fue una de las primeras dirigentes nacionales del Movimiento, no escuchó hablar de marxismo hasta después de haberse terminado la guerra. 14 8. El primer Programa del Movimiento 26 de Julio, redactado entre otros por José Pazos y Regino Boti en los primeros meses de la Revolución, adaptó a la realidad cubana la estrategia de desarrollo que en aquella época la CEPAL –liderizada por un grupo de intelectuales progresistas encabezado por Raúl Prebisch– le proponía a los países latinoamericanos. De hecho, las primeras iniciativas de la Revolución cubana coincidieron con lo que ese organismo regional recomendaba y fueron su aplicación más completa. Frente a la política de agresión contrarrevolucionaria desatada por Estados Unidos, las grandes nacionalizaciones y reformas emprendidas en los dos primeros años se adoptaron con base en su propia 14 Ver varios testimonios sobre estos temas en la revista Santiago, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba, número 11 de junio de 1973 y número 18-19 de junio y septiembre de 1975. 46 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA lógica y en la fuerza de la aceptación social que el momento propiciaba, como acciones de legítima respuesta en defensa de la dignidad del país. Sólo después de la victoria de Playa Girón esas medidas serían explicadas o sustentadas en términos socialistas. 9. Recién concluida la guerra contra Batista, todavía en algunos partidos comunistas latinoamericanos se calificaba a los integrantes del Movimiento 26 de Julio como“aventureros pequeño burgueses”. En 1960, Blas Roca –uno de los dirigentes comunistas cubanos más prominentes– dictaminó que lo que estaba a sucediendo en Cuba correspondía a “lo que se ha definido como una revolución democrático burguesa en los países coloniales, semicoloniales o dependientes, o sea, una revolución agraria y antiimperialista”. 15 Con menos perspicacia, a inicios de 1961 un fascículo mimeografiado por la célula trotskista de los trabajadores ferroviarios cubanos todavía estigmatizaba a Ernesto Ché Guevara como un aventurero pequeño burgués opuesto a que la Revolución tomara rumbo socialista. La admiración suscitada por la Revolución cubana enseguida despertó un enorme caudal de simpatías y solidaridades, que atrajo a millones de latinoamericanos –como a millones de cubanos– hacia una ori15 En 29 artículos sobre la Revolución cubana, Publicaciones del Comité Municipal de la Habana del Partido Socialista Popular, 1960, p. 20. Las izquierdas latinoamericanas: 47 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA ginal y palpable izquierda“fidelista” que no requería demasiadas precisiones doctrinales. Muchos latinoamericanos desearon un futuro similar para sus países, sin que esto necesariamente significara creer que era preciso alzarse en armas, aunque no pocos jóvenes sintieron tentaciones guerrilleras. Como, también, algunos cubanos se vieron intuitivamente atraídos por la idea de proseguir la gesta en cualquier país hermano. Las Cien preguntas a un guerrillero, de Armando Bayo, 16 así como los Pasajes de la guerra revolucionaria de Ernesto Che Guevara fueron copiosamente reeditados. La extrapolación izquierdista El hecho de que una cálida revolución socialista latinoamericana surgiera al margen de los cánones preestablecidos abrió un parteaguas entre una parte de la izquierda tradicional y las nuevas izquierdas atraídas o promovidas por esa revolución. Pero más allá del sano debate, al poco tiempo algunas tergiversaciones elaboradas a la izquierda de la verdad histórica invadieron la escena. El hecho es que la experiencia cubana nunca probó que un pequeño foco guerrillero pueda atraer a un pueblo a la guerra revolucionaria; en Cuba la resistencia social empezó antes que la guerrilla, y el Llano sostuvo a la Sierra durante un importante período, hasta que ella pudo sostenerse a sí misma. 16 El ex general de la República española que entrenó en México a los expedicionarios del Granma. 48 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Mucho menos demostró que fuera posible alzar a las masas –y ni siquiera al proletariado– convocándolas a nombre de un proyecto socialista y antimperialista radical. En Cuba la gente se rebeló porque repudiaba los latrocinios y abusos de la tiranía y porque un joven dispuesto a jugarse la vida –como Fidel lo demostró tanto en el Moncada como en el Granma y en Playa Girón– les ofreció un proyecto cívico, socialmente fraternal y moralmente creíble dentro de la cultura política de su país y su tiempo: lo más revolucionario que aquel momento podía aceptar. 17 ¿Por qué la tenaz fortaleza del proyecto cubano? En primer lugar por ser insospechablemente endógeno. Ninguna internacional política, ni ninguna conspiración o asesoría foránea lo indujo. Además, porque a la reivindicación democrática y de equidad social anunciada en el Programa del Moncada lo acompañó un fogoso carácter patriótico. Sus motivaciones populares desahogaron los viejos agravios íntimos que databan de la intervención norteamericana de 1898, la frustración del proyecto martiano y la tutela imperial, así como la corrupción de la democracia y las dictaduras así implantadas. Que este arraigado sentimiento pudiera cobrar explicación teórica bajo el concepto de antimperialismo es algo que la mayoría de los cubanos aprendió sólo después. Lo que conduce a preguntarnos: ¿qué le sucedió a los siguientes intentos insurreccionales de su tipo en América Latina? A mi juicio, esos proyectos no siempre se basaron 17 No tengo la menor duda de los extraordinarios méritos morales y políticos, del enorme talento, la incomparable honestidad de principios, la ejemplar modestia y la ilimitada valentía del Ché Guevara. Sin embargo, cabe recordar que el Ché llegó directamente a la Sierra y no conoció la mayor parte de la vida cubana sino después de la guerra. Las izquierdas latinoamericanas: 49 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA en un efectivo conocimiento de la realidad donde iban a operarse, comparable al conocimiento que Fidel Castro tenía de la sociedad cubana de los años 50. En cierta medida, los patrones ideológicos adoptados de antemano simplificaron en exceso o distorsionaron el examen de las respectivas realidades particulares. Aunque dichos intentos se inscribieran en los ideales de una vanguardia, no siempre se correspondieron con las condiciones, demandas y posibilidades efectivas de las distintas sociedades nacionales a las cuales fueron propuestos. En otras palabras, había desencuentros entre el“método de conocimiento” y la“utopía” movilizadora a los que aludía Mariátegui. En consecuencia, no siempre el voluntarismo revolucionario fue consecuente con la máxima de hacer en cada caso lo más que el lugar y el momento efectivamente podían admitir. Se ha dicho que la propuesta de alentar guerrillas revolucionarias se refería a países con características parecidas a las que habían prevalecido en Cuba. De ser ese el caso, eso bastaría para explicar por qué les faltó éxito, pues las condiciones prerrevolucionarias cubanas –tanto objetivas como subjetivas – no habían tenido paralelo en la mayoría de las demás naciones de la región. Aparte de los factores históricos que antes hemos evocado y que se remontan a las guerras cubanas de liberación nacional, desde el punto de vista geográfico y socioeconómico la isla de Cuba era un caso especial. La suavidad geográfica y la industria azucarera le había deparado un sistema de comunicaciones y transportes que integraba la mayor parte de su longitud territorial, articulando campos, fábricas y puertos donde se desplegaba una población culturalmente bastante homogénea y una clase trabajado- 50 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA ra organizada a casi todo el largo del país. El acontecer político cubano afectaba casi al unísono a la mayor parte de su territorio y población. Nada similar podía encontrarse en Bolivia o Nicaragua, donde los espacios demográficos en los que tocaba insertarse a las izquierdas aún permanecen desarticulados en segmentos étnicos y geográficos recíprocamente incomunicados no sólo por la escasez de vías terrestres, sino por múltiples diferencias y hasta desconfianzas culturales. Vistas así las cosas, el país guerrillero que por su integración poblacional y su memoria revolucionaria tenía mayores similitudes con Cuba era El Salvador. Todos los demás resultaban bastante diferentes. No en balde, el desarrollo de la guerra en ese pequeño país así lo corroboró, pues de hecho el FMLN nunca fue derrotado, a pesar de que combatió en circunstancias mucho más adversas que las cubanas. Por otra parte, en muchos casos el papel del apropiado conocimiento de las correspondientes realidades particulares se vio desbordado por determinadas concepciones y prejuicios polémicos asumidos al margen de ese conocimiento. Por ejemplo, la insondable discusión entre el criterio –que prevaleció en las dirigencias comunistas tradicionales– de que la Revolución cubana era una experiencia singular e irrepetible, o el de que ella aportaba un modelo inmediatamente generalizable a demás los países latinoamericanos –enarbolado por una izquierda radicalizada–. Engrosada esta última, poco después, por la adhesión de quienes secundaron las tesis maoístas, que reivindicaron para el Tercer Mundo la vía campesina y la guerra popular prolongada, del campo a la ciudad. Las izquierdas latinoamericanas: 51 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Aquí se superponen cosas distintas y hasta incompatibles. Por un lado, qué es lo que se cree posible hacer ante determinada realidad, con los recursos disponibles (sobre todo considerando que esa es una realidad social, esto es, dotada de componentes culturales que se figuran sus propias expectativas). Por otro, cómo las organizaciones y tendencias políticas que rivalizan entre sí generan argumentaciones y buscan aliados –tanto en el país como en el exterior– no sólo para actuar sino para prevalecer unas sobre las otras, a veces incluso por medios violentos. Y, también, cómo los aliados, necesidades y controversias de ultramar influyen sobre el curso del debate y, en particular, sobre la toma e instrumentación de decisiones locales. Al menos en lo que toca a América Latina, la dirigencia soviética generalmente desaprobó la idea de animar la organización de guerrillas. En su óptica, eso introducía elementos de disturbio en el equilibrio del sistema mundial, que constituía su prioridad global. Así pues, se argumentó contra esa opción, aunque alegando otros motivos. A su vez, en su propia etapa, la dirigencia cubana –como a su turno la de la China maoísta– vieron en esa alternativa la posibilidad de desgastar al imperialismo fomentándole “muchos Vietnams” en diversas latitudes. Como también hubo quien vio la promoción de insurrecciones y guerrillas como una forma de defender al país sede de la Revolución desplazando la zona de conflicto hacia territorios más remotos. Es decir, la toma de decisiones no siempre se fundamentó en las efectivas posibilidades y expectativas locales y endógenas, sino que se vio afectada por las concepciones 52 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA globales o el interés estratégico de otros grandes actores, a veces distantes. Por lo tanto, no siempre según la experiencia cubana sino incluso a contrapelo de sus enseñanzas. Al asumirse la teoría pro guerrillera y su extrapolación foquista como tesis de validez general, su aplicación naturalmente tuvo efectos distintos en las diferentes realidades nacionales. En Colombia, por ejemplo, las condiciones estaban dadas desde antes de la Revolución cubana. En Nicaragua, con importante cooperación externa, se logró derrotar a la dictadura e iniciar una transformación del país, aunque sin lograr la necesaria autosostenibilidad y permanencia a la Revolución. En El Salvador, pese a la excesiva ideologización y la falta de consenso entre los grupos insurgentes, el terreno fue propicio e incluso constituyó una reanudación del movimiento revolucionario de 1932, y sólo un enorme esfuerzo norteamericano pudo impedir su victoria. Pero en Bolivia como en Perú o Venezuela, o el norte argentino, las mejores intenciones y hombres no bastaron para cambiar el estado de cosas existente, o mejor dicho, no para cambiarlas por esos medios. En el terreno práctico, ello demostró que los parecidos generales más ostensibles –como ser igualmente países subdesarrollados, con altas tasas de problemas sociales y explotación, con cierto historial de rebeldías, etc.– entre pueblos de diversa formación histórico-cultural, realidades geográficas y demográfica diferentes, así como distintas experiencias, liderazgos y expectativas, al final pueden dar lugar a comportamientos políticos poco similares. En otras palabras, realizar los mismos objetivos en ámbitos disímiles requiere seleccionar métodos diferentes. Las izquierdas latinoamericanas: 53 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Por eso merece considerarse por separado la insurrección dominicana de 1965, uno de los acontecimientos más dramáticos de su época, y que se desarrolló por otros medios. Bajo el liderazgo del coronel Francisco Caamaño, parte del ejército y la mayoría de la población se rebelaron contra el régimen golpista que había depuesto al gobierno constitucional de Juan Bosch –el primer gobierno verdaderamente democrático en la historia de la República Dominicana–. Pese a la naturaleza esencialmente constitucionalista de la victoria popular, ésta sufrió el contragolpe de una cruenta invasión militar estadunidense que impidió reinstalar a Bosch y expatrió a Caamaño. Esto introdujo la sórdida sucesión de reelecciones de Juan Balaguer –ex ministro del tirano Rafael L. Trujillo–, bajo cuyo largo mandato numerosos dirigentes populares fueron eliminados, decepcionados o corrompidos. Con el pretexto de“proteger” a los residentes norteamericanos, la invasión impidió que un movimiento ciudadano, al cual el gobierno estadunidense consideró potencialmente sospechoso de simpatizar con la revolución cubana accediera a gobernar. Así, en el contexto de la Guerra Fría, Washington dejó feroz constancia de que no permitiría una alternativa de tales características en otro país del área, aun al costo de actuar contra un gobierno legítimo y democráticamente mayoritario. Y con esto, al país intervenido se le cercenó la mejor oportunidad de modernizarse, reconfirmándolo como una isla neocolonial y subdesarrollada. 18 18 Caamaño conservó un inmenso prestigio en su país. Sin embargo, al querer reemprender el movimiento revolucionario al frente de un grupo guerrillero, no generó una similar convocatoria social. Murió en heroica soledad en una escaramuza, con escasos efectos sobre la rutina política dominicana. 54 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Aun así, en lo que toca a las guerrillas latinoamericanas de aquellos años, todavía faltan las fuentes y la distancia histórica suficientes para ahondar en el tema y sus consecuencias teóricas. Sin embargo, hay suficientes evidencias para volver sobre una observación recurrente en estas páginas. La de que las teorías generales son necesarias –pese a que las tutelas globales ejercidas a su nombre sean indeseables–, pero que dichas teorías no bastan para tomar decisiones nacionales, con inapropiado conocimiento de las particularidades históricas, estructurales y socioculturales de los respectivos pueblos y de sus disímiles posibilidades y expectativas políticas. Una isla tenaz Aunque la mayor parte de la literatura sobre las izquierdas latinoamericanas no suele incluir el tema de la nación puertorriqueña, éste es especialmente valioso para caracterizar varios aspectos de la problemática general de nuestra América, que en este caso se condensan, principalmente en lo relativo a la dialéctica entre los nacional y lo clasista, así como en lo que toca a las experiencias de los pueblos de la Cuenca del Caribe. A semejanza de las demás naciones latinoamericanas, en Puerto Rico las izquierdas han evolucionado como un movimiento plural y dinámico, constituido por tendencias distanciadas tanto por discrepancias político-ideológicas como por incompatibilidades personales entre sus líderes. Lo que determinó su diferenciación respecto a sus pares del Continente ha sido la cuestión colonial, que le otorgó un aleccionador piso común y Las izquierdas latinoamericanas: 55 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA una fuente de diversidad a sus corrientes: el reclamo de soberanía y autodeterminación para la Isla, y los medios para obtenerlas. Como nación continuamente sometida a regímenes coloniales –el español y enseguida el estadunidense–, sus izquierdas han evolucionaron bajo el imperativo de combinar de una u otra forma la cuestión política colonial con la propuesta socioeconómica orientada a construir una república con justicia y solidaridad sociales. Tras la euforia pronorteamericana generada cuando las tropas estadunidenses expulsaron a las autoridades españolas, sobrevino el desencanto de que los nuevos mandos le negaron a los puertorriqueños tanto la categoría de ciudadanos norteamericanos como la posibilidad de elegir a sus propios gobernantes y decidir sus propias leyes. En ese contexto, las viejas corrientes anexionista y autonomista de la oligarquía criolla asumieron un estilo político que combinó los reclamos parciales con las muestras de fidelidad dirigidas a acreditarse como los mejores administradores locales para el nuevo poder colonial. No obstante, la dominación estadunidense no sólo impuso el idioma y las costumbres anglosajonas, sino que entregó el país al capital estadunidense interesado en la industria agroexportadora del azúcar. Al cañaveralizar la superficie agrícola, amenazó las fuentes de subsistencia de las elites tradicionales y revitalizó el sentimiento y el discurso nacionalistas. A su vez, la industrialización azucarera incrementó la masa obrera vinculada al sindicalismo norteamericano y, así, al Partido Obrero Socialista de Estados Unidos. El lenguaje clasista y las reivindicaciones de la izquierda 56 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA obrera se integraron a la aspiración de incorporar a la Isla al movimiento socialista norteamericano, y las demandas independentistas fueron estigmatizadas como señuelos de la oligarquía local para desviar al movimiento obrero de sus objetivos clasistas. 19 Sólo más tarde surgió el Partido Nacionalista, que con el liderazgo de Pedro Albizu Campos agrupó a quienes anteponían la cuestión nacional y cultural en un movimiento independentista con sentido antimperialista –aunque no socialista–. Este propuso una república de propietarios criollos, orientada a la solidaridad patriótica con desarrollo capitalista equilibrado, mediante la rectoría de un Estado interventor, cercano al modelo aprista. En respuesta, la autoridad colonial y las elites anexionista y autonomista desataron una represión que enseguida encarceló a la dirigencia nacionalista. En los años 30, con Luis Muñoz Marín a la cabeza, la izquierda moderada independentista dio lugar al Partido Popular Democrático, favorable a lograr la soberanía nacional y crítico del latifundismo azucarero. El PPD predicaba la reforma agraria y la industrialización, y apoyó las políticas del New Deal impulsado por Franklin D. Roosvelt. Por otra parte, surgió el pequeño Partido Comunista, que se planteó la lucha por la independencia y la revolución dentro de la óptica establecida por la III Internacional. En los años 40, dentro de la estrategia de Frente Amplio adoptada por esa Internacional, muchos de sus cuadros se 19 Lo que evoca el llamado de Rosa Luxemburgo a los obreros polacos, de militar con el movimiento proletario internacional sin dejarse distraer por las reivindicaciones patrióticas de una nación anexionada por un ocupante extranjero, a las que se consideró reaccionarias. Las izquierdas latinoamericanas: 57 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA sumaron al Partido Popular, en espera de un diálogo con Washington que permitiera concretar la soberanía nacional puertorriqueña. Sin embargo, bajo el impacto de la doctrina Truman y la Guerra Fría el liderazgo dominante en ese partido prefirió replegarse al autonomismo, que supuestamente sería más idóneo para lograr la modernización económica, descartando el proyecto independentista. A su vez, Washington aceptó que el gobernador de Puerto Rico fuera un nativo escogido por votación popular, con lo cual en 1952 se estableció el régimen que aún se denomina Estado Libre Asociado(ELA), que durante muchos años legitimó la dominación colonial, exhibiéndola como una tutela que favorecería el desarrollo modernizador del país. Ante el oportunismo del PPD, la izquierda independentista se escindió para constituir el Partido Independentista Puertorriqueño(PIP). Éste enarboló una propuesta modernizadora y de protección de la economía nacional, en términos cercanos a los capitalistas, frente a la hegemonía del capital estadunidense. El PIP se orientó a crear una república democrática de ciudadanos libres, iguales y solidarios, en cuya concepción la herencia del nacionalismo liberal puertorriqueño predominó sobre el ideal socialista. Poco más tarde, el intento insurreccional del Partido Nacionalista de Albizu Campos –al que se le negaba toda posibilidad de beligerancia política legal– sirvió de pretexto para que el gobierno del Estado Libre Asociado desbordara la ola represiva que suprimió a todo el liderazgo de esa organización y al del reaparecido Partido Comunista, así como a gran parte de los dirigentes del PIP. Contando con mayor 58 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA membresía, la fortaleza política de este último le permitió sobrevivir, aunque en las difíciles condiciones de los años 60 su capacidad electoral quedó disminuida. Tras la eliminación del nacionalismo albizuista y del PC, emergió un activo movimiento independentista con fuerte arraigo estudiantil, que se radicalizó con el surgimiento de la Revolución cubana y las movilizaciones contra la Guerra de Vietnam –a la cual miles de puertorriqueños eran enviados por el servicio militar estadunidense–. Ese movimiento aspiraba a convertir la lucha nacional en revolución socialista. Por su parte, el PIP perseveró en su apego a la vía electoral como el camino para transformar el orden colonial. En los años 70, el“milagro” puertorriqueño empezó a desplomarse, dando paso a una creciente inquietud social. Como opción independentista adicional surgió el Partido Socialista Puertorriqueño(PSP), liderizado por José Mari Bras que, a diferencia de los grupos más radicales y en sintonía con la propuesta democrática de la Unidad Popular chilena, también optó por participar en el sistema electoral como forma de influir en la cultura política del país. Mientras el PIP proponía una alternativa de progreso social compatible con el capitalismo e identificaba como sujeto político al pueblo en general, el PSP sostuvo una concepción leninista ceñida al protagonismo de la clase obrera y ofrecía el ejemplo de la Revolución Cubana como el modelo por alcanzar. Mas el predominio del asistencialismo entronizado por el modelo económico modernizador y el ELA mantuvo a los sectores populares y obreros alejados de las izquierdas, instrumentándolos como masa de apoyo al partido anexionista. Las izquierdas latinoamericanas: 59 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA La crisis del modelo no alentó al independentismo ni a la revolución social, sino a la demanda de obtener mayor incorporación de Puerto Rico a las ventajas económicas y políticas propias de los Estados de la Unión. De hecho, la existencia misma de la clase trabajadora puertorriqueña dependía de la presencia de las empresas norteamericanas, y la promesa de los beneficios de la ciudadanía estadunidense y de los correspondientes subsidios contrarrestó eficazmente la posibilidad de convertir la conciencia económica y sindical en conciencia patriótica y progresista. La propuesta independentista se percibió como riesgosa tanto para la seguridad económica de los trabajadores como para la seguridad policiva del sistema colonial. La mentalidad de contrainteligencia que dominaba a los cuadros civiles y militares norteamericanos de la Guerra Fría se complementó con el conservadurismo de los pro anexionistas locales, traduciéndose en paranoia anticomunista y represión. La cultura de la Guerra Fría y la persecución a todos los matices de la izquierda culminaron en la disolución del PSP y en la contracción del PIP, que durante ese difícil período debió luchar más por conservar que por ampliar su masa electoral. Pero esto no suprimió el aliento de resistencia y crítica de las izquierdas y del independentismo. En la etapa subsiguiente y en las circunstancias de la globalización, el PIP ha permanecido vigente, como un partido activo y beligerante en el campo cultural y político, que ahondó en el análisis de las alternativas del país y la elaboración de propuestas, y ha sabido mantener vigencia electoral. En particular, su defensa de la ética política y el éxito de sus luchas por expulsar las bases militares de la Armada 60 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA estadunidense en Culebra y en Vieques han incrementado su peso y autoridad social 20 . Estas luchas implicaron repetidos períodos de prisión para sus principales dirigentes, pero también inmensas movilizaciones pluralistas de la sociedad puertorriqueña –secundadas por los sindicatos, universidades e iglesias y por los puertorriqueños emigrados a Estados Unidos–, otorgándole al PIP una relevante autoridad moral. A la postre, el desgaste del ELA como solución política para la crisis ha destruido el antiguo equilibrio del bipartidismo entronizado por el régimen. Si bien al inicio eso favoreció al anexionismo, acto seguido puso en evidencia el rechazo de Washington a asimilar a Puerto Rico como Estado de pleno derecho dentro de la Unión, así como el relegamiento económico de la Isla, que hoy reporta más costos que beneficios a la potencia colonial, lo que temporalmente ha beneficiado al autonomismo como el partido del mal menor. Finalmente, el paroxismo policial desatado a raíz de los brutales atentados terroristas del 11 de septiembre ahora convoca a los puertorriqueños a la defensa de sus derechos civiles y del estado de derecho, afectados por la Patriotic Act y otras decisiones domésticas norteamericanas que –a falta de una soberanía propia– la potencia colonial igualmente aplica en la Isla. Como sucedía en los países latinoamericanos asolados por las dictaduras de seguridad 20 Rubén Berríos permaneció un año en la playa de Vieques, bajo soles y tormentas, para impedir –exitosamente– la reanudación de los ejercicios de bombardeo de la Marina estadunidense. Durante ese esfuerzo, la mayor parte de la Dirección del PIP fue a prisión, donde recibió muchas muestras de solidaridad de dirigentes cívicos e intelectuales estadunidenses y latinoamericanos. Las izquierdas latinoamericanas: 61 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA nacional, la defensa del frágil marco democrático y legal ha pasado a ser indispensable para preservar el espacio donde el PIP y otras fuerzas políticas pueden preservar mejores opciones para el pueblo puertorriqueño. Cambios de método: el reformismo militar Al final de los años 60 e inicios de los 70, la frustración de las revoluciones del 68, la intervención soviética contra la Primavera de Praga, el revés sufrido por la zafra azucarera cubana de 1970, y el inicio de los gobiernos de Velasco Alvarado y Salvador Allende aportaron elementos para reevaluar la visión de las alternativas de las izquierdas latinoamericanas, por un lado, y las políticas del gobierno revolucionario cubano, por el otro. En aquellas circunstancias, persiguiendo el propósito de acelerar el desarrollo económico y social del país, así como su seguridad frente a las amenazas militares norteamericanas, el Estado cubano amplió y diversificó el caudal de sus vinculaciones con la URSS y el llamado campo socialista. Se incrementó la colaboración y la dependencia económica y técnica, y en consecuencia también el campo de las coincidencias interpretativas entre las respectivas dirigencias políticas. A la vez, en América Latina se avizoró la posibilidad de lograr cambios estructurales por la vía nacional-revolucionaria, o por medio de una transición democrática y gradual orientada al socialismo. Esas novedades le restaron protagonismo a la estrategia de la guerra de guerrillas –progresivamente desgastada por su escasez de éxitos palpables– y volvió a colocar otras opciones en primer plano. 62 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Es significativo que los regímenes nacional-revolucionarios encabezados por las fuerzas armadas surgieron precisamente en países donde antes hubo brotes guerrilleros y crecientes inquietudes sociales. En particular, el Perú de Juan Velasco Alvarado, el breve gobierno de Juan José Torres en Bolivia y el más duradero de Omar Torrijos en Panamá. Esos gobiernos, al hacerse presentes a la par de la experiencia civil de Salvador Allende, abrieron otras tantas discusiones y nuevos parteaguas entre las izquierdas. El nacionalismo revolucionario militar adoptó políticas que recuerdan el programa de sus antiguos precedentes mexicano y aprista. Sin embargo, a diferencia suya, lo hizo a partir de la premisa de que para resolver las causas sociales de las guerrillas y del apoyo popular a las mismas, se requerían reformas estructurales en el ámbito socioeconómico. La joven oficialidad militar asumió que, para cumplir esta misión era necesario sacar del poder a los tradicionales partidos oligárquicos y a sus mentores, que se valían de los instrumentos del Estado para perpetuar la vieja situación. Ello eliminaría la conflictividad social subsanando sus causas, lo cual venía a constituir una contrapropuesta a la doctrina de seguridad nacional, entonces en boga, proporcionándole base popular y contenido social progresista en el marco de un programa de economía mixta, independencia diplomática y atención a las principales reivindicaciones sociales. El esquema era factible en países donde la oficialidad del mayor componente de las fuerzas armadas –el ejército– provenía de la clase media baja y las capas populares, conservando sus raíces y afinidades, pero no donde la oficialidad procedía de la clase alta o había sido asimilada Las izquierdas latinoamericanas: 63 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA por la ella. El origen popular no sólo proveía una óptica antioligárquica y nacionalista a esos mandos reformistas, sino también la posibilidad de concitarles apoyo social. Una vez más, el programa aplicado fue básicamente el de las estrategias desarrollistas diseñadas por la CEPAL . Luego de echar a los políticos tradicionales de las posiciones de poder gubernamental, se nacionalizaron los medios de producción fundamentales y el sector productivo estratégico quedó bajo el control del Estado. Se creó un área mixta y un área social de la economía, se acometió la reforma agraria, se incrementaron las inversiones en infraestructura para el desarrollo y se practicó una política exterior más independiente y propensa al no-alineamiento. 21 Una franja de las izquierdas, que en esta oportunidad sí incluyó a los respectivos partidos comunistas, apoyó a esos regímenes que, asimismo, cooptaron a no pocos intelectuales progresistas. 22 No obstante, las decisiones políticas fundamentales permanecieron en manos de los jefes militares, menos aptos para desempeñar esta función, proclives a improvisar medidas de facto y con frecuencia moralmente más vulnerables. Esto alimentaría dos polos de resistencia civil: uno oligárquico, que reclamaba el retorno de la institucionalidad democrática tradicional(abierta o encubiertamente apoyado por los intereses estadunidenses 21 En Panamá, esa política ayudó a crear condiciones de movilización popular, unidad nacional y solidaridad internacional más propicias para renegociar con Estados Unidos la desaparición de la Zona del Canal y de las bases militares extranjeras, y obtener la propiedad y control de esa vía interoceánica. 22 La adhesión de los partidos comunistas se facilitó gracias a su aceptación previa del concepto de dictadura del proletariado, que anteponía realizar las reformas socioeconómicas a la meta de promover una mayor democratización. 64 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA y los grandes medios de comunicación privados). Otro representativo de la izquierda más radical que coincidía con el primero en denunciar la naturaleza autoritaria del régimen, a la vez que le atribuía un carácter presuntamente contrarrevolucionario y pro imperialista, aunque generalmente sin ofrecer alternativas más factibles ni atrayentes que las de un quimérico levantamiento revolucionario que, en la práctica, tampoco concretaban. Al cabo, en Bolivia, en poco tiempo el gobierno del general Juan José Torres fue derribado por sus colegas de derecha. En Ecuador, un intento similar se degradó en una vulgar dictadura. El proceso peruano, más radical, duradero y completo, luego de la enfermedad de Juan Velasco Alvarado resultó finalmente revertido a través de un relevo de mandos basado en el orden de sucesión prescrito por el escalafón militar, en beneficio de oficiales más conservadores, que enseguida distanciaron a los colaboradores civiles de izquierda y devolvieron la autoridad política a los partidos de derecha. Esto daría paso a un par de decepcionantes gobiernos civiles que así antecedieron la funesta emersión del terrorismo de Sendero Luminoso. En Panamá, a la par de introducir un conjunto de reformas de amplio interés social, se desarrolló una creativa estrategia internacional orientada a movilizar respaldo mundial a las demandas panameñas en la negociación de un nuevo Tratado del Canal. Al propio tiempo, el general Torrijos propició una política de solidaridad con las organizaciones o corrientes insurreccionales más proclives a pactar soluciones pacíficas a las principales causas de conflicto armado en los países de la región. Aún después de la desaparición de Torrijos, esa política –encaminada a favorecer la liberación Las izquierdas latinoamericanas: 65 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA nacional, la justicia social y la modernización democrática de los sistemas políticos prevalecientes en el área– sería precursora de un estilo negociador y progresista que, en los años 80 se plasmaría en el Grupo de Contadora y otras iniciativas pacificadoras de perfil más conservador. Enseguida de firmarse los Tratados del Canal, Omar Torrijos previó que era oportuno iniciar lo que él llamó“el repliegue”: retornar a los militares a su vida profesional en los cuarteles, crear un partido popular del proceso nacional-revolucionario, reabrir el juego democrático pluralista y proseguir el proyecto reformador por medios políticos civiles a través de la capacidad de inclusión y movilización social de este partido y de su fuerza electoral. Pero Torrijos falleció en un sospechoso accidente aéreo sin haber completado este propósito, y sus sucesores militares fueron renuentes a entregar al partido las funciones políticas que retenían. Este sería uno de los factores de la degradación del proceso revolucionario y la precipitación de la crisis que finalmente culminó en la brutal e innecesaria invasión estadunidense de la Navidad de 1989, y la consiguiente reposición de la política oligárquica en el gobierno del país. En resumen, Bolivia, Perú y Panamá alcanzaron importantes transformaciones que, según el caso, fueron desde la nacionalización de la minería hasta la reforma agraria, y de la creación de un fuerte sector estatal de la economía a la eliminación del monopolio oligárquico de la vida política. Sin embargo, por su propia naturaleza el reformismo militar fue un movimiento autolimitado, pues al excluir la participación de nuevos protagonistas políticos careció de capacidad para generar un partido y un sistema político cuyo arraigo civil lo haga autosostenible, esto es, apto para garantizar la preservación y la continuidad de sus lo- 66 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA gros. 23 Así las cosas, más tarde muchos de sus resultados se degradaron, revirtiendo a la situación anterior. Aunque la promoción social mejoró gracias a las nuevas fuentes y protagonistas del desarrollo, a la postre la economía y la política volvieron a privatizarse, con lo cual el empobrecimiento y marginación reemprendieron y agravaron su marcha sin otro dique que los contuviera. En América Latina, donde ya existía una veterana cultura política de rechazo al autoritarismo militar, este final respaldó la convicción de que la lucha por las transformaciones y el progreso sociales no justifica depender de esa alternativa como el instrumento capaz de impulsarlos. Pasada esa experiencia, incluso las personalidades de izquierda que habían apoyado al reformismo militar lo consideraron una oportunidad excepcional y concluida, optando definitivamente por las alternativas políticas civiles. Hermoso sueño, duro desenlace Por aquellos años Chile vivió la esperanzadora y finalmente trágica tentativa de la Unidad Popular. Una coalición de las izquierdas que incluyó a los socialistas, los comunistas, la izquierda cristiana y un ala del Partido Radical, logró la elección presidencial de Salvador Allende. Se instaló un gobierno constitucional de inspiración socialista y democrática que, desde los primeros días, fue obstruido y hostilizado 23 Esta continúa siendo una de las deficiencias del chavismo, que al eludir la conversión del Movimiento V República en un verdadero partido civil, capaz de asumir gestión y responsabilidad política propias, deja a sus simpatizantes –y al destino del proceso– a expensas de la situación personal de su líder y de su relación con el Ejército. Las izquierdas latinoamericanas: 67 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA por la derecha económica y política, que retuvo el control del Congreso y de la Corte Suprema de Justicia y los instrumentó para este fin. Por un lado, el gobierno de Washington reaccionó en los términos de la Guerra Fría y no de conformidad con las preferencias democráticas y constitucionales del pueblo chileno. La economía del país fue permanentemente hostilizada por los intereses norteamericanos y varias agencias de Washington actuaron como articuladoras de la escalada conspirativa de las derechas. Por otro lado, los prejuicios anticomunistas arraigados en la mayor parte de la Democracia Cristiana cerraron la posibilidad de concertar con ella un espacio o proyecto común. Con esto, la derecha más conservadora obtuvo amplia libertad para orquestar una ofensiva desestabilizadora que en poco más de un año corroyó y al final desmintió la alegada institucionalidad constitucional del ejército chileno. Se llevó a cabo la nacionalización del cobre, la reforma agraria y un importante conjunto de reivindicaciones sociales. No obstante, mientras las medidas populares incrementaron con rapidez el poder adquisitivo de la población, la economía fue estrangulada por el boicot empresarial, la agitación política reaccionaria y provocadora, la hostilidad norteamericana y la desinformación periodística, agudizándose la crispación social, así como la escasez de abastecimientos, la inflación y la recesión. El consenso entre los dirigentes de la Unidad Popular sobre la ruta a seguir –moderar o radicalizar el proceso, hacer concesiones, apelar a los métodos tradicionales del poder revolucionario o innovar– se hizo cada vez más difícil y, finalmente, el go- 68 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA bierno popular fue violentamente remplazado por una larga y opresiva tiranía militar, que desgarró el tejido de la sociedad y la cultura política del país. La tragedia chilena –en una nación dotada de experimentada cultura de concertación política– frustró las esperanzas latinoamericanas de contar con una vía electoral y pacífica de acceso de las izquierdas al gobierno y de transición gradual a un socialismo democrático. Dejó en el desconcierto y orfandad programática a quienes la habían propuesto, y pareció avalar el discurso de sus críticos más radicales –los sustentadores doctrinarios de la violencia revolucionaria y la dictadura del proletariado–, sin que éstos a su vez pudieran ofrecer otra opción más convincente y factible para ese país ni para la región sudamericana. Cabe pensar que, en las circunstancias de la Guerra Fría y de la incertidumbre que las izquierdas chilenas encararon entre la hipótesis de la vía democrática y las certezas del modelo cubano –frente a una derecha alarmada pero arrogante y con poderosos respaldos–, el gobierno de Allende fue más allá de lo que en aquellas condiciones podía hacerse. Eso, terror de por medio, erosionó tanto los alcances del liderazgo y la cultura política del país que, 30 años después, los gobiernos de la Concertación Democrática permanecen sin de completar la reconstrucción de la democracia, conformándose con hacer menos de lo que cabe para concluir su interminable transición. En los demás países del Cono Sur, descollaron los esfuerzos por recuperar la democracia liberal en Argentina, Brasil y Uruguay, que padecieron férreas dictaduras militares de Las izquierdas latinoamericanas: 69 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA seguridad nacional –unas tiranías más corporativas que personales–, que una y otra vez confrontaron distintas modalidades de resistencia popular, articuladas por organizaciones de izquierda que para hacerlo pagaron enormes sacrificios humanos. Lamentablemente, en el caso argentino la recuperación democrática degeneró en la corrupción menemista del peronismo, facilitada por una repetida insuficiencia de los intentos por aglutinar una alianza estable de las izquierdas, que ya de por sí la dictadura había diezmado. En los otros dos países, sin embargo, los esfuerzos democratizadores se enriquecieron con la gradual estructuración de un nuevo tipo de grandes partidos o coaliciones de izquierda –el Partido de los Trabajadores y el Frente Amplio– que, en interacción con sus nuevas realidades nacionales, ahora ponen a prueba alternativas políticas originales, capaces de incorporar multitudes a un multicolor abanico de corrientes progresistas. 24 La renovación sandinista En Centroamérica, al cabo los sandinistas perdieron el poder y la mayor parte de su obra revolucionaria fue desmantelada; el FMLN salvadoreño negoció la terminación de la lucha armada y se convirtió en un importante partido político que, aun sin desplazar a la derecha del poder, hizo posible darse un país mejor que el anterior a la guerra; y la URNG guatemalteca suscribió unos acuerdos de 24 Tratándose de experiencias en curso, aún es prematuro forzar la obtención de conclusiones teóricas sobre la experiencia de estos procesos. Sin embargo, más adelante se hacen algunas observaciones sobre este género de partidos. 70 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA paz que comprometían a realizar reformas socioeconómicas, políticas y humanitarias que los sucesivos gobiernos han mantenido sin cumplir, mientras que en las circunstancias de esa tensa paz dicha organización se ha fraccionado. La Revolución sandinista fue la más relevante expresión de las izquierdas latinoamericanas después de la Revolución cubana. Tras varios lustros de perseverantes esfuerzos constructivos bajo la dictadura somocista, el sandinismo tomó cuerpo en distintas concepciones de la lucha armada. Al tenor de las disyuntivas discutidas en aquel entonces, así como de diferentes liderazgos, concurrieron tendencias como la insurreccional, más policlasista y urbana, la proletaria, que evocaba una definición clasista, y la de la guerra popular prolongada, de impronta más rural que, a fin de cuentas, sólo tuvieron éxito al converger, juntas, en una ofensiva común. En ese momento, la insurrección antisomocista contó, además, con respaldos internacionales asimismo distintos pero confluyentes: desde las prioridades liberales y humanitarias del Presidente Carter a la visión reformadora y nacionalista del general Torrijos, y de la óptica socialdemócrata venezolana, reivindicadora de la democracia formal, hasta la visión revolucionaria de la solidaridad cubana. Síntesis de distintas corrientes e influencias, el sandinismo intentó un proyecto original basado en el pluralismo político, la economía mixta, la militancia no-alineada en el plano internacional, y una amplísima participación popular que incluyó a millares de creyentes socialmente comprometidos. Las izquierdas latinoamericanas: 71 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Su revolución no sólo eliminó una dinastía dictatorial y la fuerza militar que la sostenía, sino que quebró un sistema de presión política que gravitaba sobre los demás países del área. A la vez, ofreció a los pueblos centroamericanos una esperanza fresca y tangible, que en Nicaragua renovó la cultura política y le dio vigencia a los derechos ciudadanos, desarrolló exitosos programas de alfabetización y enseñanza general, promovió la justicia e impulsó la reforma y modernización agraria, creó empresas productivas mixtas, estatales y cooperativas, y atendió las urgencias sociales articulando las iniciativas gubernamentales con la organización y participación comunitarias. Se impulsó la modernización de un país que había padecido brutales decenios de oscurantismo. No obstante, el entusiasmo y el voluntarismo revolucionarios pronto transgredieron los márgenes tolerables para la contraofensiva reaganista de los años 80, que ya venía en curso. Más por sus ostentaciones retóricas que por la radicalidad de las transformaciones materiales realizadas, la Revolución exacerbó a una derecha republicana que en Washington ya estaba embalada en la carrera ideológica, militar y tecnológica dirigida a derrotar a la economía y la influencia soviética y que, por lo mismo, no podía admitir un pequeño pero destellante desafío dentro de lo que consideraba su patio trasero. La fantasiosa versión de que Nicaragua pudiera volverse una cabeza de playa cubana o soviética en Centroamérica dio pretexto para orquestar un embargo internacional, y una vasta agresión contrarrevolucionaria que en los siguientes años le costó al pueblo nicaragüense más de 30 mil vidas humanas y 17 mil millones de dólares en pérdi- 72 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA das materiales. El largo peso de varios frentes de guerra privó de recursos económicos y cuadros dirigentes al proyecto sandinista, lo puso a la defensiva y agotó la resistencia social y moral de gran parte de la población. Al propio tiempo, generó circunstancias en las que afloraron determinadas deformaciones del proceso revolucionario: el centralismo excesivo, el autoritarismo personal, la permisividad y la corrupción –particularmente la relativa al modo de instrumentar el régimen de propiedad–. Sin que esta última hubiera alcanzado los extremos conocidos en otros países o la que la misma Nicaragua ha visto antes y después, en momentos difíciles ella hirió la sensibilidad popular y mermó la capacidad del núcleo dirigente para evitar y corregir errores. Eso minó al proceso desde dentro al corroer la confianza ciudadana en el liderazgo moral de los revolucionarios, y limitar la aptitud de su partido para darle renovación y continuidad a su gobierno. Un cuarto de siglo después de que los revolucionarios entraron en Managua, al cabo de tres derrotas electorales del sandinismo y tres consecutivos gobiernos restauradores de la democracia liberal tradicional –todos dóciles a la hegemonía del recetario neoliberal–, Nicaragua ha vuelto a ser uno de los países socialmente más empobrecidos y desiguales del Continente americano. Dramático ejemplo, luego de que la Revolución había reducido el analfabetismo de un 53 a un 12 por ciento, hoy cerca del 40 por ciento de los niños en edad escolar ha dejado de asistir a clases. El sandinismo, aunque política y parlamentariamente fuerte, lejos de“gobernar desde la calle” en el sentido gramsciano, dejó de organizar las condiciones necesarias para movilizar Las izquierdas latinoamericanas: 73 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA una resistencia colectiva capaz de impedir esa regresión. 25 Su estructura partidista se encasquilló en los rejuegos políticos del toma y daca de concesiones y espacios burocráticos, al costo de perder identidad ideológica sin ganar votantes. La preservación de intereses congela oportunidades de reactualizar objetivos y oferta programática, lo que dificulta resurgir como un partido diferente de los demás actores del sistema. Por lo mismo, en tiempos que reclaman relevos generacionales, es preciso incorporar nuevos liderazgos alternativos, más que preservar a la dirigencia tradicional. Entre tanto, la situación socioeconómica sigue deteriorándose en un país donde aún subyace una cultura política de fuerte sentido crítico, así como experiencias de liderazgo que la Revolución en su tiempo forjó. Las crecientes protestas y movilizaciones sociales revelan una inconformidad popular que desborda los arreglos y contemporizaciones ahora reinantes y busca otros canales de organización. Ello manifiesta la necesidad de reconstruir el diálogo incluyente entre las distintas corrientes del sandinismo y el de su partido con las distintas expresiones del movimiento popular, a fin de renovar las propuestas, métodos y estilos de la izquierda nicaragüense. Difícil transición Fuertes en distintos momentos del siglo pasado, en la transición al siglo XXI las izquierdas centroamericanas han pasado –a similitud de sus congéneres de América 25 Cosa que, en contraste, la movilizaciones de la sociedad civil y el movimiento popular sí han logrado en Costa Rica y El Salvador. 74 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Latina– por un período de indefiniciones que ahora tienden a esclarecerse. No cabe decir que sus difíciles esfuerzos y la sangre vertida dejaron escasos frutos. De hecho, el reemplazo de los regímenes oligárquico-militares, la reivindicación de la legalidad y de los derechos humanos, y la modernización democrática de las sociedades guatemalteca y salvadoreña son obra suya. Y a ella igualmente se debe, en gran medida, que ese progreso también alcanzara a otros países. El sistema político que todavía prevalece en Guatemala data del modelo contrainsurgente, donde el partido hegemónico era el ejército, la única institución pública con cobertura a escala nacional en un país de gran complejidad étnica y geográfica. Los demás partidos eran carátulas desechables, constituidos por candidatos funcionales al sistema en vísperas de cada elección y descartados al concluirla, al margen de sus resultados. En contraste, en El Salvador, país dirigido por una burguesía más competente, la derecha supo darse partidos de duradera consistencia y organización. Aunque en ambos países, el espacio político tolerado casi siempre permaneció cerrado a todo matiz de las izquierdas, permitiéndose apenas una pasajera oportunidad al reformismo demócrata cristiano. Tras años de guerra, los acuerdos de paz aportaron cierta apertura para establecer espacios para el debate político-ideológico y la organización de otro género de partidos, oportunidad mucho mejor aprovechada en El Salvador que en Guatemala. Pero, en los dos casos(aunque con distintos grados y matices) después de decenios de aniquilamiento o expatriación de las personalidades y dirigentes de izquierda, y de militarización o clandestinidad Las izquierdas latinoamericanas: 75 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA revolucionaria de los sobrevivientes, la cultura política de unos y otros quedó severamente afectada. La clandestinidad y el riesgo propician una cultura de selección y exclusión, y una tensión ideológica que ayuda a los militantes a resistir y a la vez aleja a importantes segmentos populares. En cambio, la adaptación o readaptación a vivir, sobrevivir, convivir, dialogar y crecer en circunstancias de paz tiene costos sociales, intelectuales y emocionales y toma tiempo en digerirse. En Guatemala como en El Salvador, en la lucha contra la tiranía el objetivo común de derrotar al régimen puso a coincidir a las diferentes concepciones, organizaciones y liderazgos revolucionarios, y los ayudó a aglutinar a la gente. Sin embargo, en la relativa paz de la democracia tradicional recuperada y la desmilitarización de la política, las diferencias vuelven a aflorar, y con ellas las antiguas querellas y personalismos que, enseguida, dan maquillaje ideológico a unos fraccionamientos cuyos motivos reales pueden deberse a razones bastante más elementales. Se tuvo una transición tutelada que desemboca en una readaptación inconclusa. Pero el cambio de circunstancias exige reinterpretar una realidad rápidamente modificada por la paz, la democratización formal, el cambio de táctica de los viejos actores y la emersión de otros que no fueron parte de la guerra, y por el surgimiento de nuevos flujos e iniciativas económicas que antes se habían contenido. 26 Emprender esa reinterpretación es indispensable para descubrir las nuevas necesidades, expectativas, oportu26 Tarea tanto más difícil en Guatemala, por la pluralidad étnica, lingüística y cultural del país, y su complejidad geográfica. 76 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA nidades y opciones políticas, y a los participantes que podrán secundarlas, a fin de diseñar las correspondientes propuestas programáticas –de corto, mediano y largo plazos–, que hagan factible concertar los necesarios acuerdos y alianzas puntuales entre quienes podrán asumirlas. Pero hacerlo requiere crear marcos de tolerancia mutua, desintoxicarse de antiguas tensiones, desconfianzas y agravios que eran parte de contextos ya transcurridos. Y, sobre todo, demanda construir, junto con las nuevas ideas, otros estilos de expresión y trabajo que faciliten el diálogo incluyente con los coterráneos que no fueron militantes insurreccionales y con los jóvenes conciudadanos que no crecieron en el ambiente de represión y guerra. Esto es, emprender el diálogo con las mayorías. Para ello es indispensable avanzar en la misión legal, cultural y social de ensanchar los espacios de aceptación y tolerancia que la transición le ha dejado a las izquierdas, de forma que su propia participación permita crear condiciones más propicias y ensanchamientos adicionales. A esto se agrega el imperativo de construir organizaciones con potencial electoral en el seno de dichas mayorías, haciéndolo en las condiciones de la democracia realmente existente. Hay que competir en esta democracia para poder abrirle camino a la otra que proponemos. Antes se peleó contra la dictadura por medios militares y ahora toca luchar y progresar por otros medios, que requieren aprender a manejar nuevos instrumentos y superar con renovado ingenio y atractivos la superioridad económica del adversario. Mas hay que lograrlo sin dejarse absorber por la vorágine electoral, que puede enajenar los objetivos Las izquierdas latinoamericanas: 77 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA esenciales. La insurrección posibilitó retornar de la dictadura a la democracia formal, pero no toca dejarse cooptar en el agotamiento del sistema político tradicional, sino de participar para cambiarlo. Conseguir más alcaldías y diputaciones es necesario, puesto que son valiosos instrumentos, pero este no es el objetivo del partido. 27 En su lugar, es preciso combinar la actividad permanente de un partido de luchadores sociales con los requerimientos periódicos de sus campañas electorales, que demandan otro eje de organización: el que genera y evalúa candidatos apropiados, recursos financieros legales y formas de desplegarse, y que selecciona temas y modalidades de campaña capaces de ensanchar espacios de aceptación, y de ganar y conservar cuotas adicionales de liderazgo, representación y poder. Con todo, ni la democratización ni la eficacia del partido se miden por el número de diputados y alcaldes que el sistema le conceda a las izquierdas en el plano electoral. Se miden, antes bien, por la capacidad que ellas sean capaces de desarrollar para incrementar la inclusión social, la democratización económica y la solución de los principales problemas específicos de la población, transfiriéndole participación y poder a la gente, a ratos dentro y la mayoría de las veces fuera de los períodos electorales. 27 Generalmente, en estas páginas el concepto de objetivo se emplea en el sentido de los objetivos estratégicos. Sin embargo, en el presente comentario se usa en contraste con los objetivos a corto, mediano o largo plazo, o referidos a determinada circunstancia coyuntural –como la de unas elecciones– a diferencia de los objetivos históricos o finales de un partido de izquierda. Vale observar que no pocas veces las discrepancias entre militantes se deben a que los polemistas están asumiendo el concepto a diferente escala temporal, refiriéndose uno a determinadas metas inmediatas –como las reivindicativas o electorales– y otro a la aspiración de largo plazo –como la finalidad transformadora o socialista de la organización–. 78 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Lograrlo implica reconocer que, así como en la mayor parte de América Latina, tanto en el Salvador como en Guatemala hay un conjunto de movimientos sociales –una izquierda social– que no siempre es identificada y asumida por los partidos, pero que, respetando su naturaleza intrínseca y aprendiendo de ella, debería ser su campo de inmersión. Como también existe una anquilosada concepción de lo que debe entenderse por izquierdas, a la que es preciso ampliar o desectarizar para darle cabida a sectores adicionales que, aunque no se manifiesten como antisistémicos, sí representen poblaciones inconformes con el modelo político y económico vigente. La vertiente cristiana Desde el siglo XIX, las grandes causas sociales latinoamericanas contaron con la participación de creyentes y activistas con militancia católica. En los años que siguieron a la ola de simpatías suscitada por las revoluciones cubana y nicaragüense, y a sus repercusiones en las ciencias sociales latinoamericanas, esto se expresó a través de los postulados humanistas y la práctica social de la Teología de la Liberación. Las nuevas aportaciones que las izquierdas independientes y el marxismo académico pusieron en circulación –como, por ejemplo, la teoría de la dependencia– calaron entre muchos religiosos y laicos preocupados por la dramática situación de los desposeídos latinoamericanos. Como secuela del renovador Concilio Vaticano II y en contraste con el papel generalmente reaccionario de la mayoría de las autoridades eclesiásticas, en 1968 se celebró en la ciudad colombiana de Medellín la Conferencia Las izquierdas latinoamericanas: 79 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA General del Episcopado Latinoamericano, cuyos pronunciamientos dieron mayor autoridad y vuelo a esa tendencia. Luego, la vertiente progresista de la Iglesia continuó promoviendo otros encuentros y una sustanciosa producción doctrinal, que tuvo su siguiente hito en la Conferencia de Puebla, México, en 1976, dándole continuidad a un proceso que seguiría desarrollándose pese a la resistencia de las autoridades y sectores eclesiásticos más conservadores. Este movimiento se ha expandido por la mayor parte de América Latina en escasa interacción con los partidos de las izquierdas previamente establecidas, y en la Revolución sandinista tuvo algunas de sus expresiones más notorias. Como proyecto solidario cuya característica es de naturaleza más social y moral que política, esa Teología privilegia el trabajo en las comunidades de población pobre y marginada, combinando la labor evangelizadora con la de organización comunitaria orientada a que los pobres puedan hacerse cargo de mejorar sus condiciones de vida, por sí mismos, de forma continua y con independencia de las autoridades establecidas y los partidos políticos. Desde la Declaración de Medellín, dicha Teología proclamó que el episcopado latinoamericano no puede ser indiferente a las injusticias sociales, ni sordo al clamor de millones de personas que esperan de sus pastores“una liberación que no les llega de ninguna[otra] parte”. Como lo indica esa Declaración, esa pobreza no es casual, sino efecto de las estructuras económicas, sociales y políticas características “del sistema que padecemos”. Allí los obispos socialmente comprometidos advierten que la brecha que sigue creciendo entre ricos y pobres contradice el plan del Creador y constituye un pecado social. De donde ellos deducen un 80 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA compromiso con los pobres conforme al cual amar a Dios exige reclamar justicia para los oprimidos y procurar la liberación de quienes más la necesitan. Esto conlleva una dimensión política de la misión apostólica que, al modo de la caridad de Jesús, es subversiva frente a ese orden social y ante la injusticia institucionalizada. Tal definición ha propiciado un fecundo diálogo de los teóricos de la Teología de la Liberación y el marxismo académico, particularmente en los ámbitos del humanismo y de la teoría de la dependencia. Aun así, los planteamientos de esa izquierda cristiana, que constituyen una respuesta esencialmente ética, ofrecen acertados análisis y denuncias de la realidad existente, pero las más de las veces se quedan cortos en la tarea de construir una propuesta política y económica alternativa, y son proclives a repetir estribillos retóricos de la izquierda más radical, de escasa eficacia práctica para impulsar mayores progresos sociales. No obstante, reuniendo propósitos, sensibilidades y experiencias, esta limitación es superable. Porque ese proceso de renovación teológica con sentido social, y de organización comunitaria de las poblaciones afectadas, permite recrear oportunidades de diálogo y cooperación entre las izquierdas laicas y la Iglesia comprometida con redimir a los pobres aquí en la tierra. En no pocos lugares, ello ha permitido pasar del aislamiento de una izquierda rígida, radicalizada o sectaria a otra de fértil implantación en la vida comunitaria. Sin embargo, estas son oportunidades que las izquierdas tradicionales generalmente han desaprovechado. Entre ambas partes aún perdura la huella de antiguas descon- Las izquierdas latinoamericanas: 81 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA fianzas, que se remontan a la Iglesia cómplice de concepciones y regímenes reaccionarios, así como al anticlericalismo liberal y al ateísmo de la III Internacional. Pero donde cristaliza un reencuentro con sentido social progresista, los resultados son promisorios, como lo demostró la experiencia del PT brasileño. En las redes de la globalización Como parte que es del plantea donde vive, la evolución latinoamericana no escapa a los efectos de las transformaciones que ocurren en los centros mundiales de poder y a escala global; en particular, cuando estas transformaciones afectan las condiciones, circunstancias, métodos y medios con los cuales esa evolución deberá continuarse. En los últimos decenios del siglo XX, en distintas regiones del mundo se multiplicaron rápidos progresos de las técnicas productivas, los sistemas de transporte, el procesamiento de información y las telecomunicaciones, generándose nuevas modalidades de producción de bienes y servicios, con impacto en las actividades económicas y gerenciales, los ámbitos del trabajo e incluso en la vida cotidiana. Las interrelaciones de las empresas y países en gran parte del mundo han adquirido mayor sustancia, rapidez, versatilidad y complementariedad. Más que en cualquier período anterior, lo que sucede en unas partes del planeta afecta enseguida a las demás. Esta profusa interrelación se ha vuelto un componente ineludible de las circunstancias en las que ahora es preciso actuar. 82 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA A ese enjambre de interconexiones y dependencias mutuas se le denomina globalización. Y aunque el concepto también sirve para ocultar o sesgar ciertos aspectos del fenómeno, no debe confundirse con el de neoliberalismo. Ciertamente, en épocas anteriores otras innovaciones asimismo transformaron las condiciones de existencia en grandes porciones del planeta. Por ejemplo, los adelantos de las técnicas náuticas y la construcción naval, que les permitieron a los navegantes europeos darle la vuelta a África, arribar a Oriente y conquistar América, entrelazando intereses, acontecimientos, vidas, economías y culturas de varios continentes, e incorporándolas como partes de un sistema mundial de mayor complejidad. O la introducción de la máquina de vapor en la industria, la navegación y el ferrocarril, que en el siglo XIX volvió a transformar las relaciones comerciales, las finanzas y la geopolítica mundiales. No obstante, esos barcos y rutas interoceánicas pertenecían a determinados grupos e intereses y estaban a su disposición, no al servicio de la humanidad. Por consiguiente, no fue igual participar del fenómeno como navegante portugués, colonizador español o comerciante holandés, que hacerlo como proletario europeo, indígena avasallado o esclavo africano. Igual que tampoco equivale hacerlo ahora como banquero neoyorquino, tecnólogo alemán o gerente japonés, que como pequeño productor peruano, obrero brasileño o desplazado colombiano. Pero ya sea en el siglo XVI, en el XIX o en el XXI, cuando un fenómeno de ese género despliega e impone sus efectos, es ineludible readecuarse a nuevas circunstan- Las izquierdas latinoamericanas: 83 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA cias. Aun así, los medios y oportunidades para intentarlo también son desiguales. A lo largo de la historia, cada globalización ha tenido lugar entre unos que tienen el sartén por el mango y otros que se fríen sobre el brasero. Por eso, cada caso obliga a preguntar quiénes son los globalizadores y quiénes los globalizados, y qué es preciso plantearse para cambiar efectivamente los términos de su relación mutua. Mas nada podrá lograrse sin reconocer que la vieja situación y sus reglas han cambiado. Si bien los liberales y socialdemócratas de mediados del siglo XX alentaron los ideales de la Welfare State y lograron una fuerte implantación de las propuestas de la CEPAL en la cultura política latinoamericana, hoy las premisas básicas de aquellos proyectos dejaron de estar vigentes. En ningún caso la respuesta a las nuevas circunstancias podrá reducirse a rechazar que la globalización existe. Gústenos o no, ella está ahí, prepotente e invasora, al margen de lo que opinemos al respecto. Motivo por el que resulta trivial que algunas izquierdas se pronuncien negándose a reconocer la globalización, como si el enojo de nuestros desplantes la pudiera disipar. Antes bien, el asunto es discernir cómo lidiar con ella en función de las necesidades y objetivos populares. En eso los globalizadores tomaron pronta ventaja, adelantándose en dos aspectos: el de estudiar el fenómeno y el de justificar las formas de manejarlo en su propio beneficio. De eso trata el neoliberalismo. Mientras la globalización es un fenómeno objetivo, el neoliberalismo es una ideología interesada en interpretarlo y regularlo según el interés de los globalizadores. Por una parte, constituye un conjunto de postulados sobre cómo operar con mayor 84 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA provecho ese fenómeno 28 y, por otra, un elenco de justificaciones destinadas a persuadir a los globalizados de que ese manejo es el único“científico” y“realista”, por lo que no queda sino otorgarle nuestra cooperación, o nuestra resignación. Como ideología, el neoliberalismo facilita potenciar la conducta de los globalizadores y doblegar la de los globalizados. Mientras da mayor intensidad a la explotación de los pueblos y justifica un manejo irrefrenadamente mercantilista, explotador e insolidario de la globalización, enriquece sin cortapisas morales a los primeros y empobrece sin piedad a los segundos. Pero, aunque la experiencia mundial ya puso en evidencia los errores conceptuales y las atroces consecuencias sociales del credo neoliberal, del lado de los globalizados todavía falta sistematizar una contrapropuesta sustanciada en la teoría y eficiente en la práctica. No basta derrotar conceptual y políticamente al neoliberalismo y los neoliberales, es preciso construir una propuesta alterna capaz de asumir las nuevas circunstancias globales según el interés de nuestros pueblos, de modo persuasivo y eficaz. El camino para lograrlo no puede reducirse al simple aferramiento a los antiguos postulados de la CEPAL , que en su tiempo desempeñaron un papel nacionalista, reformador, industrializante y modernizador, porque hace varios lustros cumplieron su ciclo y quedaron agotados. Como tampoco puede restringirse a denunciar al neoliberalismo y las in28 En provecho, claro está, de los grandes oligopolios transnacionales y de las potencias económicas que reglamentan y manejan a favor suyo las respectivas políticas estatales, así como las relaciones internacionales y las decisiones de los principales organismos financieros multilaterales. Las izquierdas latinoamericanas: 85 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA humanas consecuencias de su aplicación –para hacerlo ya existe abundante material empírico–, sino que es preciso trascenderlo con una propuesta de nuevo género, que lo remplace. Esto implica comprender la globalización como un conglomerado de fuerzas y oportunidades contradictorias, y sistematizar los conocimientos y la estrategia que permitan intervenir en sus estructuras para modificarlas como mejor corresponda a los intereses y expectativas de los globalizados. En otras palabras, dotarnos de una propuesta alterna para luchar con mejores probabilidades de éxito en la tarea de construir un porvenir diferente, en lugar del imposible regreso al pasado previo a la globalización. En otras palabras, luchar por otra forma de dominar al fenómeno, para que este contribuya a globalizar la equidad entre las gentes, la justicia, la cooperación y la solidaridad sociales, en la lucha contra la apropiación de las riquezas y progresos mundiales por una pequeña minoría, y la marginación y empobrecimiento de la inmensa mayoría de los países y pueblos. Cada progreso incuba nuevas demandas Ya en el curso del proceso globalizador, el período final del siglo XX fue marcado por el torbellino de la perestroika y el colapso de la Unión Soviética, que contrastaron con la exitosa reconversión de la política económica de la República Popular China y el correspondiente reemplazo de la política internacional que antes el maoísmo había instaurado. En ambos casos –y por causas muy diferentes–, dos potencias que habían ejercido importante influencia externa sobre significativas porciones de la izquierda latinoamericana, de pronto dejaron de hacerse sentir como antes lo hicieron. 86 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Los grupos que dependían de una u otra de esas fuentes de orientación o paradigmas quedaron en el vacío. El cambio de la estrategia china y, asimismo, la debacle soviética afectaron a las demás corrientes de la izquierda, que también resintieron la desaparición de aquellos referentes, pues buena parte de la organización de su discurso político y programático descansaba en su contraposición crítica al llamado“socialismo real”. Sin duda, entre otras cosas, el sistema soviético desconoció la tesis que Carlos Marx dejó resumida en su célebre cuarto párrafo del Prólogo a su Contribución a la crítica de la economía política. Por efecto de la rigidez estalinista y de la frustración del deshielo propuesto por el XX y el XXII Congresos del PCUS , las prioridades del control político-burocrático y la perpetuación del régimen resultante de la dictadura del proletariado prevalecieron sobre las de la revolución científica y tecnológica. En creciente grado esto mermó la eficiencia, competitividad y sostenibilidad del sistema soviético y, al cabo, las relaciones de producción creadas en la URSS dejaron de ser“formas de desarrollo de las fuerzas productivas”, y se tornaron en trabas a ese desarrollo, una contradicción que, al dejarse de resolver, finalmente estremeció toda la“inmensa superestructura” erigida sobre ella. 29 Lo acontecido contrasta con la estrategia de desarrollo adoptada en China y Vietnam donde, a partir de las llamadas reformas, las iniciativas destinadas a garantizar el 29 Ver Prólogo de la“Contribución a la crítica de la economía política”, en Carlos Marx y Federico Engels, Obras escogidas en dos tomos, tomo I, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1951, o ediciones posteriores. Las izquierdas latinoamericanas: 87 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA desarrollo competitivo de las fuerzas productivas pasaron a primar sobre la conservación del formato –soviético o maoísta– de las relaciones de producción previamente instauradas por las respectivas revoluciones. A nadie se ocultan los riesgos que este experimento involucra, a través de la tensión que establece entre los principios y objetivos socialistas y las exigencias de la economía de mercado. Sin embargo, cualquiera que al final lleguen a ser sus resultados, ellos tendrán gran impacto sobre el patrimonio colectivo de la cultura de las izquierdas del mundo. 30 Por otra parte, a contrapelo de la dogmática preestablecida, lo que sucedió en la Rusia soviética y su enorme periferia demostró, por si faltara, que ninguna revolución es irreversible, y que el régimen revolucionario incluso puede morir sin haber perdido el gobierno –como los árboles que también mueren de pie–, si se degradan las motivaciones humanas indispensables para realimentar la revolución y renovarle soluciones de readaptación, reproducción, cambio y continuidad a sus bases y expectativas socioculturales, económicas y políticas. De esa reversibilidad se desprenden varias observaciones. Una de ellas, que al completar cada realización o etapa del acontecer práctico o de la historia, la realidad queda modificada y comienzan a abrirse, a su vez, nuevos abanicos de demandas, alternativas y oportunidades. En consecuencia, en sus respectivas circunstancias y conforme a 30 Al preguntarle a un responsable del Departamento Internacional del Partido Comunista chino si las nuevas políticas de su país afectan el carácter socialista establecido por la Revolución, contestó: Por ese medio, en los últimos 10 años 220 millones de chinos dejaron de ser pobres, ¿acaso no es este el propósito de la Revolución? 88 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA sus propios niveles de conciencia, son las personas y pueblos involucrados quienes disciernen entre el inmovilismo o las nuevas opciones, y quienes deciden cursar una u otra de las distintas alternativas, eligiendo según sus propias creencias, expectativas y posibilidades. Además, que ninguno de esos caminos alternos está históricamente determinado de antemano, y que sólo la conciencia, iniciativa, organización y voluntad de esas personas y pueblos le dan y renuevan el sentido a dichos cambios sociales, y a sus objetivos. Sólo esas personas y pueblos –y no alguna supuesta ley rectora del devenir histórico– podrán aportarle y renovarle autosostenibilidad, mantenimiento y rectificación de rumbo a esos logros, impedir que perezcan, acumular experiencias y plantearse nuevos objetivos. Pero sólo lo harán mientras crean que ellos son aún moral y materialmente preferibles a sus eventuales alternativas, lo cual en gran parte dependerá de sus respectivos liderazgos y proyectos políticos e ideológicos. Y, finalmente, que los propios cambios y revoluciones sociales, al realizarse, modifican a las personas y pueblos que los moldearon, así como a las circunstancias nacionales y las condiciones externas en que los acontecimientos han tenido lugar. Si el programa se ha cumplido, la realidad que lo pedía y justificaba ha dejado de ser la que era, iniciando otra realidad. Lo que en el siguiente período dará pie al reclamo ciudadano de rehacer objetivos, programa y estilo de trabajo para emprender una nueva generación de cambios adicionales. En consecuencia, dado que ninguna revolución es el final de la Historia, los cambios que cada una produzca, y los gobiernos que los implantan y administran, nunca llegan Las izquierdas latinoamericanas: 89 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA a disponer de un capital definitivo, conquistado de una vez y para siempre. Nadie se corona de una vez por todas. En su lugar, cada día, en cada coyuntura, los protagonistas deben volver a la calle a ganarse de nueva cuenta la legitimidad y la subsistencia, la renovación y la continuidad que por sus nuevos resultados merezcan, en consonancia con el desarrollo de las demandas y expectativas de los pueblos que los sustentan, y del movimiento de las circunstancias en que eso tiene lugar. La crisis neoliberal y los movimientos sociales ¿Acaso tras la debacle soviética desaparecieron las razones para plantearse objetivos de izquierda? En realidad, si comparamos los actuales indicadores latinoamericanos de pobreza y miseria, de desempleo e informalización, de explotación y abuso, de marginación y desamparo, de desnutrición e insalubridad, con aquellos que se padecían al concluir la II Guerra Mundial, a los inicios de la Revolución cubana, en época de las guerrillas, durante el gobierno de Salvador Allende, en tiempos del reformismo militar o de los procesos de recuperación de la democracia liberal, inmediatamente salta a la vista que la situación de los pueblos de este rico Continente ha continuado empeorándose, sin misericordia. Y que esto se ha agravado sobre todo en los últimos 20 años, a lo largo de unas democratizaciones subordinadas al interminable servicio de la deuda externa y a los ajustes, desprotecciones y privatizaciones neoliberales. Todas las estadísticas corroboran que ese estado de cosas empeora o, más exactamente, que la injusta condi- 90 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA ción humana de millones y millones de latinoamericanos sigue degradándose, con creciente intensidad. Así pues, aunque es cierto que al otro lado del mundo el modelo soviético dejó de ser exitoso, la realidad palpable de América Latina es que, desde el punto de vista humanitario, el reinado del modelo neoliberal ha venido arrojando resultados mucho peores, al fracasar en lo que toca al imperativo de salvaguardar la calidad de vida de la gente –de los pueblos globalizados–, y precipitar una inexcusable catástrofe social. No obstante, ese“fracaso” neoliberal se refiere exclusivamente al deterioro causado a la vida socioeconómica y moral de los pueblos. Aunque para el debate teórico esa catástrofe ha dejado la prédica neoliberal a la defensiva, en lo que corresponde a los enormes intereses de las empresas transnacionales y las potencias capitalistas –de los globalizadores–, las prácticas neoliberales siguen teniendo un éxito feroz, ya que aún mantienen su lucrativa capacidad para ampliar la apropiación de la planta productiva latinoamericana por las transnacionales, de incrementar la extracción de los recursos de nuestros países hacia las naciones más prósperas, y de generar mayores concentraciones de capital especulativo y expoliador. Sobre la estela de este pecado social, un fantasma ya salió a recorrer América: el de la ingobernabilidad. La defenestración de sucesivos presidentes ecuatorianos, la precipitada desaparición de varios gobiernos argentinos, los crecientes movimientos indígenas de la región andina y la arrasadora insubordinación popular boliviana, el insólito régimen popular venezolano, dan fe de que ese fracaso neoliberal Las izquierdas latinoamericanas: 91 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA acelera el agotamiento de los sistemas políticos en que había venido asentándose la democracia tradicional, dando lugar a situaciones de ingobernalidad y de posible caos e inviabilidad económica. 31 Si bien los movimientos sociales que esa crisis socioeconómica y política está precipitando muestran creciente capacidad para deslegitimar mandatarios y desintegrar sistemas de gobierno, también pueden desembocar en duraderas incapacidades para remplazarlos por opciones democráticas y populares más viables y eficaces. Esos movimientos necesitan contar con organizaciones políticas apropiadas y popularmente aceptables que les proporcionen una orientación estratégica adecuada a las nuevas circunstancias, ya que sin ésta ellos pueden abrirle la caja de Pandora al desbarajuste y a la reacción, en vez de ofrecerle una opción revolucionaria o una nueva etapa del desarrollo a sus respectivos países. En América Latina, el gradual pero persistente agotamiento del paradigma neoliberal se expresa tanto en el derrumbe del que fue el“ejemplar” modelo argentino, como en la debilidad del crecimiento y la masiva emigración de personas que muestra el caso mexicano, y en la “crónica ineptitud para revertir la escandalosa regresividad de la distribución del ingreso” que agobia a los chilenos, 31 Al contrario de lo que suelen alegar las derechas, en lo que toca al caso venezolano la situación creada por el agotamiento del sistema de democracia restringida instaurado en 1958 –como el Caracazo lo puso de manifiesto al reflejar la incapacidad de dicho sistema para instalar las reformas neoliberales–, más el impacto mismo de estas reformas, generaron la crisis sociopolítica de la cual surgió el chavismo. En vez de ser causante de lo ocurrido, el chavismo es su efecto. Un efecto providencial, pues en manos de sus actuales oponentes esa crisis se encaminaba al caos. 92 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA evidenciando que los tres países que la literatura neoliberal más ensalzaba hoy en día están“en serios problemas”. 32 El debilitamiento del neoliberalismo en la cultura política se empareja con su persistencia en las decisiones gubernamentales y el manejo estatal de las economías. Sin embargo, esta combinación ya no cuenta con la resignada tolerancia de los pueblos que antes –para huir de las dictaduras militares y de la hiperinflación– se doblegaban frente a las imposiciones de quienes dominan los organismos financieros internacionales. 33 Pero la bancarrota de las circunstancias que en el pasado impusieron el auge del neoliberalismo no implica ahora su inmediata desaparición. Antes bien, el maridaje de su debilitamiento y su perseverancia lo que hace es mostrarnos un estado de cosas –como lo diría Gramsci– donde lo viejo no termina de morir pero lo nuevo tampoco acaba de nacer o, mejor dicho, donde todavía falta una propuesta capaz de enterrar a la anterior. En ese interregno puede aflorar no sólo una esperanza, sino también toda clase de barbaridades. Este es el marco que hoy acota el surgimiento de nuevos actores sociales y políticos y, asimismo, es el marco de sus limitaciones. Ha propiciado la emersión de los piqueteros argentinos, del nuevo movimiento campesino mexicano, del movimiento indígena andino, así como de los 32 Atilio Borón,“Neoliberalismo vs. movimientos sociales en América Latina”, en Rebelión, 31 de agosto de 2004, en www.rebelion.org 33 “La amenaza del desborde inflacionario y el chantaje de los rorganismos financieros internacionales –agitando el espantapájaros del‘riesgo país’, la fuga de capitales, la especulación contra las monedas locales, etc.– cumplieron un notable papel en el‘disciplinamiento’ de pueblos y gobiernos díscolos, y en la resignada aceptación de la amarga medicina neoliberal”. Ídem. Las izquierdas latinoamericanas: 93 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA movimientos identitarios –de género, de etnia, de lengua, etc.–. Además, moviliza contra las iniciativas real o supuestamente neoliberales a las capas medias y a las organizaciones de la“sociedad civil”, amenazadas de pauperización. Ello pone en escena lo que Atilio Barón denomina una “nueva morfología de la protesta social”, paralela a la decadencia de varios de los grandes partidos populistas y de muchos modelos tradicionales de organización sindical, asociados a un tipo de base social que se ha modificado por la reducción cuantitativa del proletariado industrial y la diversificación del universo asalariado, junto con el crecimiento de la masa de desempleados permanentes, de precarizados, marginados e informales, arrojando un variopinto ejército de descontentos –el“pobretariado” del que nos habla Frei Beto– que no estaba previsto en los arquetipos tradicionales o importados de clasificación sociopolítica. Esto demanda una nueva discusión sobre las formas de agrupamiento, la dirección de marcha, la dirección política y la orientación estratégica de tales ejércitos, que hasta ahora bloquean proyectos, ponen regímenes en crisis y derriban gobiernos, pero no proporcionan alternativas viables. Además exige una re-discusión de la democracia que nos han dado –meramente electoral–, que en los últimos lustros viabilizó las políticas de ajuste y estabilización relacionadas con el empobrecimiento masivo que origina y moviliza dichos ejércitos. Una discusión orientada a proponer otros modelos de partido y de democracia más incluyentes y participativos y, sobre todo, más eficaces para defender y mejorar la calidad de vida de las mayorías sociales, y para combatir las causas estructurales de la marginación y de la corrupción. 94 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA El objetivo o los métodos La presente situación impone colocar en primer plano las responsabilidades sociales de la economía. En el orden social, la economía no es un fin en sí misma, sino un conjunto de actividades indispensables para resolver los requerimientos del desarrollo humano incluyente y sostenible. Ninguna corriente económica que deje de resolverlos puede considerarse históricamente exitosa, por mucho que incremente las ganancias de las transnacionales. O, lo que es lo mismo, la experiencia de 20 años de reformas neoliberales que han ocasionado un insostenible deterioro social, como también un inexcusable estancamiento económico de nuestros países, cuyos recursos son crecientemente succionados. Por consiguiente, es ahora cuando esos pueblos más necesitan partidos, proyectos y transformaciones revolucionarias capaces de demostrar que otro mundo es posible, en el marco de las nuevas realidades. Lejos de probar que los partidos deban o puedan ser remplazados por la espontaneidad de los movimientos sociales, las experiencias recientes –como las frustraciones que siguieron al éxito de las grandes movilizaciones rurales e indígenas en Ecuador y Bolivia– prueban lo contrario. Para que sus acciones confluyan a lograr y defender objetivos definidos y factibles, esos movimientos requieren conducción política estructurada y previsora. Ofrecerla compete a partidos organizativa y conceptualmente adecuados a ese propósito, es decir, a partidos reacondicionados para hacerlo. Para demostrar que ese otro mundo es factible, ¿qué transformaciones son éstas y cómo deberán emprenderse, a tra- Las izquierdas latinoamericanas: 95 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA vés de qué instrumentos y acciones? Quien haya recorrido estas páginas habrá visto que, por cerca de un siglo, las izquierdas latinoamericanas discutieron principalmente acerca de las formas o el método para realizar el cambio revolucionario. No obstante, ante las demandas y circunstancias de la actual situación, lo que resulta indispensable discutir son sus objetivos, sus propósitos para cada etapa y coyuntura, y su finalidad histórica. Más de un siglo de trayectoria de las izquierdas latinoamericanas no puede seguir resumiéndose en otros tantos relatos y explicaciones sobre ensayos y errores, donde a nombre del modelo y el método se debaten, prueban y descartan diferentes derroteros, con la pérdida de las vidas más valiosas, sin que la utopía logre cumplirse. Sin embargo, para contestarnos qué hacer, y cómo hacerlo, es preciso discutir adónde es deseable y factible llegar –qué es lo que se quiere conseguir– en nuestros propios tiempos y condiciones. Por decenios, el debate acerca de los métodos prevaleció sobre la cuestión de los objetivos simplemente porque se daba por sentada la validez universal de uno u otro modelo, que resplandecía más allá del horizonte. Así como a inicios del siglo XX América Latina recibió ideas socialistas que tomaron tiempo en aclimatarse, igualmente recibió ejemplos de cómo otros pueblos habían logrado liberarse de la opresión y la pobreza. Tales ejemplos vendrían a trastrocarse en modelos o patrones que presuntamente bastaría reproducir. Y al asumirlos como las finalidades por alcanzar, la discusión pasaba a centrarse en los métodos para reeditarlos a este lado del mundo. Si el qué hacer ya estaba aclarado, bastaba discernir el cómo hacerlo. 96 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA En sus respectivos tiempos, tres modelos prevalecieron. En el primer cuarto del siglo XX, el pueblo mexicano peleó una revolución tumultuosa y sangrienta, con resultados y destinos inciertos, mientras que el pueblo ruso culminó otra que, enunciando un proyecto más definido, erigió un modelo que en Europa gozó de alta consideración. Eso suscitaría un conjunto de interrogantes: ¿Cómo alcanzar algo similar en América Latina? ¿Con qué proletariado o cuáles masas populares e indígenas hacerlo? ¿Tomando de una vez por todas el cielo por asalto o cursando los azares de algún proceso intermedio? ¿Instalando una dictadura popular o a través de determinada evolución democrática? 34 Y, en consecuencia, ¿qué tipo de partido, de proyecto y conductas crear conforme a la opción escogida? Del modelo mexicano derivó el credo aprista y, más tarde, a su manera, el proyecto de desarrollo propuesto por la CEPAL . Del modelo bolchevique resultó toda una generación de partidos comunistas, y de sus críticos de la izquierda contraria a la violencia revolucionaria y la dictadura del proletariado, salió una de partidos socialistas. Aquellos partidos dejarían extensa huella en la cultura política latinoamericana, a la que aportaron cuantiosa formación de activistas y dirigentes. No pocos de ellos, tras esperar por una revolución que no llegaba a cuajar, impulsaron otras opciones organizativas y políticas que permitieran alcanzar resultados parciales pero tangibles a plazos más inmediatos. 34 Lo que recuerda el viejo dilema bizantino entre organizar la revolución o hacer reformas, en el que el marxismo esquemático olvidaba que toda revolución involucra un conjunto de reformas, y que más vale conquistar reformas –que para la gente son progresos– que tullirse en espera de revoluciones que aún no pueden hacerse, así como la verdad empírica de que la vida de la mayoría de los revolucionarios latinoamericanos suele invertirse en luchar por reformas más que en materializar verdaderas revoluciones. Sobre esto volveremos más adelante. Las izquierdas latinoamericanas: 97 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Más tarde, en Asia –veinte años después de que el partido comunista chino cambiara de estrategia tras el aplastamiento de la insurrección obrera de Shangai–, su pueblo finalmente emergió victorioso de una larga guerra nacional-liberadora y social-revolucionaria, gracias a la tenacidad de un ejército campesino. Lo cual implicó que, a falta del debido proletariado industrial, el objetivo podía conquistarse levantando las fuerzas rurales. Para la izquierda radical más insatisfecha con el paradigma soviético, la experiencia china pareció ajustarse mejor a nuestra realidad y las posibilidades de esta parte del mundo. Al extremo de que hubo quienes no sólo proclamaron su preferencia por el modelo asiático, sino alegadas similitudes entre las condiciones chinas y latinoamericanas. 35 Como en los viejos tiempos de las escisiones trotskistas, del ala más radicalizada de los partidos comunistas surgió una generación de cismáticos maoístas. Finalmente, al iniciarse los años 60 resplandeció la victoria del pueblo cubano, tan familiar y cercano En breve tiempo, problemas que por siglos habían agobiado a los latinoamericanos encontraron solución de modos no sólo atrayentes, sino asequibles, y a costos notablemente menores que los pagados por los pueblos de Rusia y China. Lo que así emplazó un tercer modelo, de autóctona originalidad, surgido de la entraña de un pueblo hermano. Una vez más, establecido el qué hacer tocaba ocuparse de resolver el cómo repetirlo en las demás latitudes regionales. 35 Quedando por aclarar si llegaban a esa conclusión por desconocimiento de las realidades y de la evolución de Rusia, China o América Latina o, como es más probable, por conocer sólo algunas generalidades sobre las mismas. 98 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Dado que no pocos partidos comunistas demoraron en asimilar las imprevistas originalidades de la opción cubana –y sobre todo sus posteriores implicaciones guevaristas–, toda un caudal de cuadros jóvenes y más impacientes abrió un camino distinto, originando otra generación de partidos o movimientos de la izquierda revolucionaria. Pero ¿era factible reproducir esa experiencia en nuestras demás latitudes? Ahora, 30 años después, ¿está formándose, de nueva cuenta, otra generación de organizaciones o partidos de las izquierdas latinoamericanas? De ser así, ¿deberán todas esquematizar un parecido modelo de organización y procedimientos? Los modelos preestablecidos salen de escena Páginas atrás evocamos la discusión acerca de si el caso cubano –o mejor dicho, si cierta interpretación de la victoria fidelista – era o no generalizable a otros países. En los años 60, la Revolución cubana despertó inmensas simpatías continentales, que dieron vida al ideal de alcanzar transformaciones semejantes en otros países, aunque no necesariamente por la vía armada. Más tarde –tras la inmolación del Ché en Bolivia, la frustración de las revoluciones del 68 y el aplastamiento de la Primavera de Praga, las implacables disyuntivas impuestas por la controversia chino-soviética y el revés del proyecto de la zafra azucarera de 1970–, las dificultades económicas obstruyeron el sueño cubano de lograr por medios propios un rápido desarrollo. Férreamente bloqueada y amenazada por Estados Unidos, y forzada contra su voluntad a definir posición en la con- Las izquierdas latinoamericanas: 99 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA troversia chino-soviética, 36 Cuba –como plaza sitiada– se vio compelida a congelar su trayectoria de pluralidad revolucionaria tercermundista y vincularse en creciente grado al sistema económico encabezado por la URSS , lo que conllevó asumir sus condiciones y criterios funcionales. 37 A la postre ello se extendió a las formas de encauzar el debate ideológico y las decisiones políticas y, al cabo, algunas de las diferencias que en los primeros años hicieron más atractivo al experimento fidelista fueron atemperándose al modelo soviético de los tiempos de Brézhnev. Y aunque se mantuvo el reconocimiento latinoamericano a los notables logros sociales y culturales de la Revolución, así como al derecho de Cuba a tomar sus propias determinaciones, declinó uno de los principales atractivos que antes habían alentado la esperanza de reproducirla en otras latitudes del Continente. Pese a todos los sueños, esfuerzos y vidas consagrados al ideal de la lucha armada revolucionaria, y al apoyo dado a otras alternativas, lo cierto es que a la larga la Revolución cubana quedó como el único acontecimiento de su género en América Latina. Si bien la guerrilla sandinista más tarde tomó el poder en Nicaragua, en las condiciones socioeconómicas, culturales y geográficas de ese otro país, y en sus circunstancias de agresión extranjera, la permanencia 36 En nombre del no alineamiento, de la unidad del movimiento revolucionario mundial, y en su propio interés, Cuba evitaba adherirse a una de las partes. Sin embargo, la perentoria exigencia maoísta de que cada país y partido definieran una posición –la que además habría de ser hostil a la otra parte– contribuyó a que Cuba optara por la opción más realista. 37 Eso implicó la incorporación de Cuba al Consejo de Ayuda Mutua Económica ( CAME ) –el bloque económico encabezado por la URSS –, que involucraba la asignación de los roles que cada Estado miembro debía asumir en la producción y el intercambio de productos entre los integrantes del grupo, así como la uniformación de sus respectivas estructuras y métodos de administración y control. 100 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA de los ex guerrilleros en el gobierno –la aptitud de su proyecto para reproducir su continuidad– se hizo políticamente insostenible, pese al auxilio externo que les fue proporcionado. Hoy por hoy, la propuesta sandinista sólo puede recuperar viabilidad a través de otros métodos y proyecto, diferentes de su modelo y estilo originarios, y del esquema que después ha privado al sandinismo de desarrollar capacidad democrática para volver al gobierno por medios electorales. 38 El cierre de los años 80 registró dos cambios sustantivos: China reconsideró el modelo de desarrollo que antes preconizara, y emprendió una audaz pero compleja transición que, inicialmente, debió superar las incertidumbres reflejadas en la crisis de Tiananmen. Por el lado opuesto, la URSS reconoció que el modelo que ella antes entronizara se había convertido en un factor de estancamiento de sus fuerzas productivas, así como de apatía e inconformidad sociales, y en pocos años se desintegró durante un errático intento de reformarlo. En consecuencia Cuba, que había reformulado su modelo inicial para acoplarlo al soviético, debió enfrentar un“período especial” de reajuste que, bajo las condiciones de la política estadunidense de bloqueo económico, hostigamiento diplomático y amenaza militar ha sido doblemente difícil. Así, al comenzar los años 90 aquellos tres modelos habían quedado como grandes referentes históricos –de aciertos y errores, así como de inspiraciones y desengaños– del 38 Por otra parte, las únicas otras guerrillas que han perdurado en América Latina son las colombianas, cuyos orígenes y comportamientos son anteriores y ajenos al modelo cubano y sólo pueden explicarse en el contexto histórico y sociocultural de su propio país. Las izquierdas latinoamericanas: 101 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA patrimonio cultural de la izquierda, pero habían dejado de representar caminos por repetir. Esto lleva a una conclusión que ya hemos anticipado: la de que durante la mayor parte del siglo XX las izquierdas latinoamericanas discutieron con ahínco los métodos para cumplir su misión histórica, pero lo que ellas generalmente se planteaban no eran los objetivos por alcanzar, sino las formas de lucha presumiblemente requeridas para lograrlo. Dándolos por sabidos, esos objetivos se vieron suplantados por la misión de reproducir en América Latina lo que antes se había conseguido en Rusia, en China o, en el mejor de los casos, en Cuba. Pero, a inicios del siglo XXI y considerando cada uno de aquellos modelos, cabe preguntarse: ¿todavía alguno constituye lo que hoy cabe proponer? Y si éste no es el caso, entonces ¿qué es lo que sí debe constituirlo? Las experiencias recientes demuestran que en diferentes latitudes de nuestra América ya están a prueba distintas modalidades de una nueva generación de organizaciones de izquierda, ahora menos vanguardistas y más vinculadas a la pluralidad de las reivindicaciones y movimientos sociales. Las relaciones más apropiadas a nuestros fines Al asumir aquellos tres modelos o referentes históricos, las respectivas izquierdas adoptaban un paradigma, el de la revolución y la construcción socialistas entendidas como la derrota y reemplazo del capitalismo, que se asumían conforme a determinado patrón conceptual: el del 102 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA salto de un estadio histórico al siguiente, según el esquema que los simplificadores del marxismo habían hecho prevalecer. Un esquema que, además, demandaba instaurar cierta modalidad de la dictadura del proletariado –o más exactamente, de la concepción soviética de esa dictadura–, 39 a fin de derrotar a la burguesía y sus aliados. La cuestión de la dictadura del proletariado –o de una “dictadura con respaldo popular” como prefirió definirla el dominicano Juan Bosch– merece una consideración más detenida, que excede el propósito de estas páginas. Aun así, debe señalarse que la práctica soviética vició el concepto al remplazar la idea de ejercer un poder revolucionario temporal que pueda realizar y defender las transformaciones básicas, por la de un régimen vertical, burocrático e inmovilista de carácter permanente, así como al remplazar el principio del pluralismo revolucionario por un monolitismo que a la larga sofocaría la creatividad intelectual y laboral, y la plural riqueza de la vida cívica. Adicionalmente, esta instrumentación del concepto añadió, a nombre del internacionalismo proletario, no sólo un natural deber de solidaridad, sino también la virtual exigencia de realinear al país revolucionario respeto a la estructura bipolar que las superpotencias le habían sobrepuesto al mundo. Esto es, la de subordinar el proyecto nacional a las prioridades estratégicas del otro polo global 39 Definición que entre otras cosas suponía, a plazo perentorio, eliminar los instrumentos del mercado como medio idóneo para impulsar el desarrollo económico requerido para satisfacer las demandas sociales correspondientes a las nuevas relaciones socialistas. Ese punto de vista negaba la temprana experiencia soviética de la NEP , que en su tiempo fue exitosa hasta el día en que las autoridades de Moscú la suprimieron por razones políticas y no económicas, descartándola incluso en la literatura teórica. Las izquierdas latinoamericanas: 103 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA de poder. En tanto que ese alineamiento entrañaba asumir un papel invariablemente crítico frente a Estados Unidos, para los procesos revolucionarios o nacional-liberadores de los países más débiles –como Nicaragua–, en los términos de la Guerra Fría eso los llevaba a enfrentar las represalias norteamericanas, cuyos costos podían finalmente frustrar las promesas del proceso, aunque alimentaran la conciencia antimperialista de otros pueblos. Acatar y cumplir en mayor o menor grado esas dos premisas –la dictadura del proletariado y el alineamiento internacional–, o dejar de cumplirlas, daba la pauta para calificar al partido, proceso o régimen de que pudiera tratarse. 40 Cada una de ambas premisas se apoyaba en determinadas sustentaciones teórics –de ningún modo injustificadas o gratuitas–, en las que se condensaba una importante experiencia histórica y determinada proyección política. Pero más allá de la consistencia teórica y práctica de dichas sustentaciones doctrinales, lo que aquí cabe observar es que hoy por hoy cada componente de esa argumentación ha perdido las principales fuentes de autoridad que lo avalaban, y por consiguiente ha vuelto a ser materia sujeta a discutirse. Entre otras razones, porque en las nuevas circunstancias es indispensable diferenciar, por un lado, lo que en aquel cuerpo ideológico pudo haberse implantado conforme al interés estratégico de una superpotencia –la cual además ha desaparecido–, o respondiendo a unas 40 En la práctica, para algunos incluso cabía pasar por alto otras características no menos sustanciales, así que eventualmente casos tan dispares como los de Albania, China, Vietnam, Etiopía, Yugoslavia, Cuba, la República Democrática Alemana, Rumania o la República Popular Democrática de Corea podían caber o dejar de caber en el mismo saco clasificatorio. 104 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA condiciones histórico-coyunturales que pueden haber perdido vigencia. En otras palabras, ahora se requiere replantear y desarrollar esas premisas, una vez más, según los efectivos intereses de nuestras naciones, en sus actuales circunstancias y perspectivas. Por supuesto, el imperialismo sigue ahí, incluso exhibiendo una belicosidad que ignora al derecho internacional, desconoce a los organismos multilaterales que deben velar por su cumplimiento, agrava la expoliación de nuestros países y pone en peligro la estabilidad y la cordura del planeta. Pero la estructura del sistema mundial, y su funcionamiento, han experimentado cambios de importante magnitud, y el teatro de los acontecimientos donde las izquierdas latinoamericanas deben defender a sus pueblos y ofrecerles nuevos caminos para darse otro futuro mejor, ya no es el de antes. Hay que tener en cuenta nuevos factores y operar con otros instrumentos. En consecuencia, los juicios preelaborados, las formas y procedimientos rituales –esos que ya en el pasado carecieron de suficiente eficacia– tampoco pueden permanecer idénticos. Por ejemplo: puesto que no cabe proteger las expectativas de estos pueblos apelando a la protección y ayuda de potencias lejanas, toca organizar otras iniciativas y solidaridades, en primer lugar las que nuestras naciones deben y pueden darse entre sí. En sus circunstancias y tiempo, aquellas premisas y sus respetivas sustentaciones teóricas hicieron parecer innecesaria la tarea de reconsiderar lo que siempre debió ser el primer tema de toda izquierda: esclarecer sus propios fines, puesto que los mejores modelos tomados de otros lares y épocas no pueden remplazar los objetivos y moti- Las izquierdas latinoamericanas: 105 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA vaciones endógenas y actuales. Porque, aparte de las aportaciones útiles que esos modelos nos ofrecen, ellos a la vez condensan y reeditan visiones, pautas intereses y estrategias que no necesariamente se corresponden con las condiciones en que ahora debemos cumplir nuestros propósitos. Los cuales, en última instancia, son los de que nuestra gente viva mejor, sin que al recibir dichas aportaciones el proyecto se vea enmarañado en cuestiones que dificulten discernir nuestras presentes y futuras expectativas, o se nos exponga, a golpes de represalia, a incumplir dichos propósitos o, todavía peor, a perder la oportunidad de intentarlo. La coexistencia y las reformas no han concluido Ello supone otras formas de plantearse las relaciones con el imperialismo, y de concebir al internacionalismo. La cuestión de las relaciones con el imperialismo –particularmente con un imperialismo que ha quedado sin contrapesos en un planeta unipolar– es demasiado compleja y seria para reducirla a la repetición de consignas que, por lo demás, no bastan para cambiar la situación. Cuando se gobierna en interés popular, o se manejan efectivas posibilidades de lograrlo, es preciso concebir y gestionar un régimen de relaciones y cohabitación con las potencias imperialistas que no se reduzca a la lógica de la confrontación. Es preciso asumir una lógica de coexistencia y negociación, que conlleva articular concertaciones entre los países de condiciones similares a las nuestras para lograr nuevos términos de correlación y discusión con las naciones hegemónicas, con las cuales es ineludible convivir en este planeta. 106 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Si bien ya no cabe adscribirse a una superpotencia rival, eso tampoco implica capitular ante la vencedora. En vez de claudicar, China y Vietnam reajustaron sus métodos; Cuba resiste mientras readecua su proyecto en nuevas circunstancias; Brasil construye su propia alternativa concertando entendimientos con los países del Sur. En uno u otro casos y circunstancias, la cuestión es buscar los mejores resultados posibles dentro del mundo que de veras existe, a la vez que integrar un esfuerzo colectivo para cambiarlo. Si el propósito esencial del proyecto es lograr que cada pueblo latinoamericano realice su derecho a vivir material y espiritualmente mejor, debemos sin más demoras encontrarle soluciones posibles en el mundo de hoy –en esta vida–, mientras seguimos edificando condiciones más propicias para conquistar el que deseamos. Algunos pretenden que ello significa optar por un programa de reformas parciales y posponer indefinidamente la realización de verdaderas revoluciones. Mas el asunto es si ahora esta última es una posibilidad factible y, si no lo es, qué ha de hacerse a lo largo de los años que pasarán antes de que eso llegue a replantearse. En la práctica, desde siempre la lucha por la conquista y defensa de reformas ha sido una fecunda forja de organizaciones y escuela de cuadros que, por un lado, logra mejoras para la vida popular y, por el otro, capacita para emprender objetivos superiores. Cuando no se puede avanzar a grandes saltos, se adelanta paso a paso, pues en términos prácticos más vale mantenerse andando, aunque sea a paso reformista, que anquilosarse a la espera de saltos que por ahora no pueden darse. En palabras del Presidente Hugo Chávez,“no acepto que[actualmente] vivamos un período de revoluciones proletarias; Las izquierdas latinoamericanas: 107 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA la realidad nos lo dice día a día. Pero si me dicen que por esa realidad no se puede hacer nada por los pobres, entonces respondo[que] jamás aceptaré que no pueda haber redistribución de la riqueza en la sociedad. Creo que es mejor morir en la batalla que mantener una bandera revolucionaria muy alta y muy pura, y no hacer nada...[Prefiero] avanzar un poco, aunque sea un milímetro, en la dirección correcta, en vez de soñar en utopías”. 41 El tema atañe especialmente a los partidos de izquierda cuya capacidad de inserción y movilización popular debe combinarse con una estrategia de participación electoral, entendida como forma de organización social, como medio para conquistar gobiernos locales, de lograr representación y vocerías parlamentarias, y como vía para formar cuadros, mejorar la vida de la gente y alcanzar el gobierno del país. Dos cosas son esenciales. En primer lugar, en cada circunstancia es preciso orquestar diversas formas de lucha y, por lo tanto, incursionar en la vía electoral no debe conllevar el abandono de otras. Al fin y al cabo, las formas de lucha de las organizaciones de izquierda –desde la vía democrática hasta la insurreccional– responden a las circunstancias que es preciso enfrentar, en correlación con las conductas del adversario y de sus modos democráticos o autoritarios, participativos o excluyentes, consultivos o arbitrarios, dialogantes o represivos, de manejar el poder. En tal sentido, la lucha armada no es una idea en el vacío sino la respuesta a la opresión cuando ya no quedan otros 41 Ver Tariq Alí,“¿Por qué ganó Chávez?”, en La Jornada, México, D.F., 19 de agosto de 2004. 108 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA modos de ponerle término y, a la inversa, la lucha electoral responde a la posibilidad de crear y ampliar oportunidades democráticas de desarrollo pacífico, efectivamente respetadas, que permitan satisfacer los objetivos populares. En segundo lugar, esta forma de lucha exige desarrollar aptitudes de competitividad electoral sin perder identidad política por efecto de la tentación oportunistas de ceder concesiones supuestamente lucrativas para ganar electores del“centro”. El llamado centro es una arena amorfa que no nos corresponde, que ya tiene dueños más legítimos y donde podemos dejar de ser quien somos. Si para ocuparlo se oculta, degrada o abandona la identidad de izquierda, junto con ella se pierden no sólo crecientes segmentos de la confianza y votación popular, sino también la consistencia política y moral que nos capacita para enarbolar un proyecto coherente. De lo que se trata no es de correrse al centro, sino de presentar desde la izquierda una propuesta más incluyente, en un lenguaje persuasivo más amigable, para mover a los electores honestos hacia una perspectiva donde ellos puedan encontrar su propio lugar. Desde luego, nuestro mundo ha empeorado. La globalización neoliberal y su incapacidad para ofrecer apropiada gestión social ha engendrado un planeta donde civilización y barbarie no se excluyen sino que cohabitan. Como observa Marta Suplicy, estamos ante fuerzas del mercado que, al tiempo que generan nuevas tecnologías y riquezas, agravan las desigualdades y crispaciones sociales y económicas que esos progresos deberían remediar. Así que a semejante calamidad debemos contraproponerle un pro- Las izquierdas latinoamericanas: 109 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA yecto consciente y confiable de globalización gobernada en interés de los pueblos, para lograr un mundo despolarizado, donde regulaciones sociales controlen el mercado y corrijan sus desafueros,“para que la competencia salvaje ceda lugar a la interdependencia y cooperación entre los países”. 42 Eso exige reformar el sistema mundial, la estructura de la ONU , las reglas de la OMC , rechazar el unilateralismo como lo requiere la democratización de las relaciones internacionales, y avanzar hacia un sistema global donde prevalezcan los valores del comercio justo y equitativo. Tales objetivos demandan articular un conjunto de prioridades, como la de buscar y promover amigos y aliados entre las personalidades y las estructuras sociales, económicas y políticas de los países hegemónicos, así como impulsar la concertación de los globalizados para robustecer resistencias, presiones y negociaciones comunes frente a los globalizadores. Sin embargo, para esto igualmente es imprescindible reconstruir nuestra autoestima y dignidad, pues ninguna potencia toma en serio a quienes se entregan sin luchar. La historia enseña que los imperios nunca reconocen deberes de gratitud a favor de los genuflexos. Lo que no significa ignorar los límites que llevan de la dignidad al conflicto –los que la retórica radical reclama ultrapasar–, cuando eso implica asumir costos cuyas consecuencias conlleven negarle a nuestros pueblos precisamente lo que nos proponíamos: lograr solidariamente una vida de mejor calidad material y moral para todos. 42 Discurso en la apertura del XXII Congreso de la Internacional Socialista, en São Paulo, el 27 de octubre de 2003. 110 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA ¿De qué objetivos hablamos? Así pues, esclarecer nuestros propios objetivos es indispensable para valorar modelos y métodos. Es decir, para determinar si ellos ahora son eficaces para que los pueblos latinoamericanos consigan liberarse de sus desigualdades y penurias, desterrar injusticias y darse solidariamente una realidad más humana donde construir la felicidad que merecen, al más corto plazo y al menor costo posibles. Puesto que en su oportunidad ciertos modelos o métodos no bastaron para alcanzar esta meta, la cuestión de los objetivos salta a primer plano, donde deberá seguir, para ayudarnos a diseñar otros medios más productivos. A despecho de esa retórica radical, nuestra misión no es concitar heroicos martirios, como tampoco permanecer justificando una interminable posposición de utopías, sino impulsar la transformación de este mundo en otro mejor. Seguramente, muchos de los 53 millones de brasileños que votaron por Lula saben qué ocurrió en Chile en 1973 y enaltecen los méritos de Salvador Allende. Pero no votaron aspirando al honor de repetir su glorioso sacrificio, sino para obtener una vida más decente. Aunque miles probablemente estarían dispuestos a sacrificarse por redimir a su pueblo, el objetivo de las izquierdas es el de construir otra realidad, no el de el de inmolarse por un sueño que luego siga sin cumplirse. 43 En América Latina, la cuestión de los objetivos de las izquierdas deberá abarcar por lo menos tres ejes: el nacio43 Así como el primer objetivo de un gobierno progresista que asume el mandato es cumplir sus promesas, no el de generar situaciones que lo impidan, o el de justificar su incumplimiento. Las izquierdas latinoamericanas: 111 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA nal, en sus dos aspectos: tanto el relativo al requerimiento de completar la efectiva integración mutua de las poblaciones componentes de cada país –sin dejar comunidades ni regiones marginadas ni excluidas–, como el relativo a la exigencia de recuperar autodeterminación y soberanía para que, en las actuales circunstancias de globalización e integración internacional, cada nación pueda materializar sus respetivos derechos y oportunidades, y preservar su legítima personalidad cultural, y para que nuestros gobiernos recuperen la facultad de decidir y actuar conforme a los legítimos intereses de sus respectivos pueblos, en vez de administrarlos al servicio de las transnacionales. El eje social, relativo a la exigencia de erradicar la opresión, el atraso, la exclusión y el abuso, de satisfacer las exigencias populares de justicia, solidaridad, participación y equidad sociales, así como las de formación, trabajo productivo y salario decentes, servicios sociales básicos, e igualdad de oportunidades de desarrollo personal, para reducir y cerrar la brecha de las inequidades socioeconómicas, y de las marginaciones y discriminaciones sociales y regionales, corrigiendo tanto sus causas estructurales y materiales como sus expresiones psicológicas y culturales. Puesto que el ideal de igualdad, fraternidad y justicia es consustancial a las izquierdas, la prioridad de este eje es el irrenunciable empeño en reducir y cerrar la brecha de la injusta distribución de la riqueza producida. Cosa que es inseparable del esfuerzo por incrementar la productividad para disponer de mayor riqueza a distribuirse. Y el eje democrático, relativo a la necesidad de garantizar la representación y la participación de la pluralidad sociopolítica, ideológica y etnocultural del país –y la de 112 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA cada ciudadano– en las deliberaciones y decisiones de interés colectivo, así como la de garantizar la fiscalización y control de las organizaciones populares y cívicas sobre la gestión pública, y la fiscalización estatal sobre toda forma de gestión que pueda afectar el interés de las colectividades sociales que integran la nación. Lo que, en consonancia con la misma tendencia a la igualdad, es inseparable del esfuerzo continuo por eliminar las exclusiones y perfeccionar los ámbitos y practicas de legítima representación, participación y pluralidad, que conllevan informar a las mayorías, consultarlas y acompañarlas a realizar su voluntad, junto con respetar los derechos de las minorías. A lo cual debe agregarse la urgencia de elaborar un nuevo sistema de propuestas de la izquierda en el campo de la economía y del desarrollo de las fuerzas productivas con efectos de equidad social, dirigidos, sobre todo, a manejar las condiciones y oportunidades de la revolución científico-técnica y de la globalización en formas aptas para salvaguardar y mejorar las condiciones de vida de nuestros pueblos. Globalizar la fraternidad y la colaboración, en vez de la expoliación y la inequidad. Pero esas nuevas propuestas en el campo de la economía deberán trascender la usual repetición de prejuicios ideológicos, y la apología de pretéritos esquemas de encerrazón proteccionista, que si bien tuvieron pasados méritos, en su actual ineficacia práctica dan lugar a escasa capacidad innovadora y eficiencia productiva, privilegiando a una minoría protegida en detrimento de las mayorías consumidoras, con resultados demasiado regresivos y conservadores. Acerca de cada uno de esos ejes y propuestas, y sobre una amplia diversidad de otros temas, queda mucho más por Las izquierdas latinoamericanas: 113 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA abordar. Sin embargo, estas líneas no pretenden un inventario exhaustivo ni remplazar debates mayores, sino señalar que la consideración de esos tres ejes y de sus interacciones es indispensable, sin que eso conlleve eludir otros asuntos. Crear es la palabra Como hace años lo resumió la Conferencia Episcopal de Medellín,“América Latina se encuentra, en muchas partes, en una situación de injusticia que puede llamarse de violencia institucionalizada[...] Tal situación exige transformaciones globales, audaces, urgentes y profundamente renovadoras.” Hacerlas –y lograrlo con éxito–, corresponde a las izquierdas. Por supuesto, no es fácil. Por principio, nada tiene por qué ser fácil para las izquierdas porque, en esencia, mientras el papel de las derechas es reproducir el pasado, el de las izquierdas es producir el futuro. Los reaccionarios conocen lo requerido para reeditar privilegios e inequidades, y hasta para perfeccionar su reproducción, y para ello conservan el inventario de casi todas las respuestas. En cambio, el papel de las izquierdas es crear la utopía idónea y justa para cambiar las cosas, elaborar nuevas propuestas y debatir los consensos necesarios para juntar fuerzas y construir alternativas de mejor proyección social. Suyas son todas las preguntas, porque su campo no es el de reincidir sino el de transformar, no es la repetición trillada sino el ancho campo de la invención y la aventura, rebosante tanto de esperanzas como de incógnitas y riesgos inexplorados, donde nadie sobra porque todos podemos aportar. 114 Las izquierdas latinoamericanas: OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA Por lo mismo, otra conclusión queda a la vista. La de que sólo los propios latinoamericanos –desde sus respectivas particularidades nacionales– pueden determinar cuáles han de ser los objetivos a buscar y los mejores métodos para hacerlos realidad. Tras un siglo de lidiar con modelos ajenos que al cabo no fueron los más idóneos según los resultados obtenidos, lo que el nuevo estado de cosas nos entrega debe asumirse como emancipación y como oportunidad, pues ya a nadie más le toca tutelarnos y somos los responsables por todos los actos realizadores de nuestro futuro. La utopía, agrega Marta Suplicy evocando a Eduardo Galeano, siempre está sobre nuestro horizonte: cuando avanzas dos pasos, ella se aleja otros dos. Caminas diez más y ella estará otros tantos más adelante. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para eso, para hacernos caminar, y lo que ahora toca es compartir una buena caminada. Por lo mismo, es hora de debatir, y no para disgregar sino para agruparse fuerzas y emprender juntos el camino necesario. Tal como Martí lo advirtió en Nuestra América, “es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”. Puesto que no hay determinación previa de la historia, ni potencias providenciales que la hagan por nosotros, ni mucho menos a nuestra medida, es a nosotros a quienes corresponde definir, concertar y construir. Ante la gravedad y urgencia de las necesidades latinoamericanas, sólo nuestra imaginación, solidaridad y empeño podrán proponer y construir las soluciones que estos pueblos y realidades demandan. Las izquierdas latinoamericanas: 115 OBSERVACIONES A UNA TRAYECTORIA A un siglo de distancia, al hablarnos de ese mismo imperativo, ya Martí nos dijo que, por eso, a esta hora“los jóvenes de América se ponen la camisa a codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura del sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación”. Bibliografía Aguilar Rivera, José Antonio:“Notas sobre la izquierda antiliberal”, en Nexos , México, marzo del 2003. Anderson, Perry: Los orígenes de la posmodernidad, Anagrama, Barcelona, 2000. Barrios Morón, J. Raúl:“El nacionalismo militar boliviano”, en Nueva Sociedad n. 81, Caracas, enero/ febrero de 1986. Berryman, Phillip: Teología de la liberación, Siglo XXI, México, 1989. 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