MINERÍA AURÍFERA ¿El oro vale mas que la vida? MINERÍA AURÍFERA ¿El oro vale mas que la vida? Minería aurífera ¿El oro vale más que la vida? Jan Souverein Director fes Bolivia Daniel Agramont Lechín Coordinador de proyectos fes Bolivia Apoyo Concurso FES 2023: Briyan Soukup y Fabiana Borja Coordinación Concurso fes 2023: Daniel Agramont Lechín Cuidado de edición: José Manuel Baptista Apoyo en la coordinación editorial: Camila Pemintel Cano Diseño de la portada: Ana Gabriela Huiza © Friedrich-Ebert-Stiftung en Bolivia( fes Bolivia) Friedrich-Ebert-Stiftung en Bolivia( fes Bolivia) Av. Hernando Siles 5998, esq. calle 14, Obrajes Tel:(591 2) 275 0005 https://Bolivia.fes.de La Paz, Bolivia Depósito Legal: 4-1-6985-2023 ISBN: 978-9917-625-96-4 Diagramación e impresión: Plural editores 500 ejemplares Impreso en el Estado Plurinacional de Bolivia Las opiniones contenidas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de sus autores. Este libro se publica bajo licencia Creativa Commons: Atribución- No Comercial- Sin Derivadas 4.0 Internacional(CC-BY-NC-ND 4.0) Esta licencia permite a otros descargar y compartir esta obra con otros siempre y cuando se atribuya la autoría y fuente de manera adecuada. No se permite, sin embargo, cambiar de forma alguna los contenidos ni crear obras derivadas o hacer un uso comercial. “Solo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado y el último pez atrapado, nos daremos cuenta de que el dinero no se puede comer”. Proverbio nativo norteamericano 7 Índice Presentación...................................................... 9 Primer lugar Categoría: Testimonio, crónica o reportaje...... 13 Un poco más cerca, Amazonía..................... 15 Sofía Mair Primer lugar Micro Video....................................................... 23 El lado oscuro de la Minería Aurífera.......... 24 Nadia Noemi Puma Paco, Javier Pedro Calle Layme, Alejandra Marcela Rodriguez Guzman, Ing. Waldo Vargas Ballester, Agustin Moises Cardenas Revilla Segundo lugar Categoría: Testimonio, crónica o reportaje...... 25 Yo Chamita Esse Ejja......................................... 27 Milán Dorado Segundo lugar Micro Video....................................................... 39 Bajo el brillo del oro..................................... 40 Carla Michelle Siles Choque Tercer lugar Categoría: Testimonio, crónica o reportaje...... 41 Misión el Dorado.......................................... 43 Pablo Quiroz 8 Tercer lugar Micro Video....................................................... 53 Juntos podemos ser la Voz............................ 54 Rodrigo Riveros Menciones especiales ...................................... 55 El Brillo Melancólico................................... 57 Alejandro Aguilar Desde el cielo por el Mitti............................ 65 Miguel Alejandro Nina Perez Custodios de la Biodiversidad Un testimonio de la resistencia ante la minería del oro.................................. 66 Angela Balanza Café y oro..................................................... 76 Diego Javier Chávez Gutiérrez De ríos muertos y otros desastres mayores.......................................... 77 Juan Pedro Debreczeni El verdadero precio del oro.......................... 87 Juan Carlos Bautista Proyección de un minero veinteañero......... 88 Gabriel Zuna Alternativas al uso del mercurio en la minería de oro ..................................... 98 Joaquín Perez Mancilla Polvo de oro.................................................. 99 Clarivel Loayza Cuando el río suena, es porque dragas trae: la criminalización por el derecho a la defensa del territorio(Teoponte, septiembre 2016).......................................... 109 Mábel Poma 9 Presentación La Amazonía es un tesoro de biodiversidad. Alberga un 10% de todas las especies conocidas en la Tierra, incluidas más de 3.000 especies de peces, 400 especies de mamíferos, 1.300 especies de aves y 40.000 especies de plantas. Pero, además, esta región desempeña un papel clave en la preservación de la vida en el planeta. Es un regulador del clima de la Tierra al actuar como un importante sumidero de carbono. Su densa vegetación absorbe y almacena cantidades masivas de dióxido de carbono. Así, la selva amazónica produce aproximadamente el 20% del oxígeno del mundo, y por ello es conocida como“el pulmón de la Tierra”. También es crucial para el suministro de agua a las áridas regiones andinas. La evaporación actúa como un mecanismo de redistribución; ésta se desplaza en un estado gaseoso desde la Amazonía hacia las regiones circundantes, donde se precipita como lluvia. Sin embargo, actualmente, la selva amazónica se encentra en peligro debido a la creciente actividad humana en los ocho países que se reparten su territorio. En Bolivia, además del avance de la deforestación, con el propósito de ampliar las áreas de cultivo y ganadería, el desarrollo de la minería aurífera se está dando a un ritmo alarmante y con escaso control por parte del Estado. En el Amazonas se talan grandes áreas de bosques para crear espacio para las operaciones mineras, al mismo tiempo que se remueven grandes cantidades de tierra en los ríos, lo que provoca la erosión del suelo, la contaminación del agua y la pérdida de la biodiversidad. Esto plantea una amenaza no sólo a su ecosistema único sino también al delicado equilibrio del medioambiente de la Tierra. La minería del oro conlleva varios problemas asociados que la diferencian cada vez más del 10 concepto tradicional de extractivismo, que se refería a un modelo de desarrollo promovido por el Estado; y se traduce en un nuevo conjunto de ilícitos que los Estados deben combatir. En Bolivia, la minería aurífera, a pesar de querer ser mostrada como cooperativa y de pequeña escala por parte de los actores, en la realidad se trata de un conjunto de actividades de gran escala que manifiestamente no cumplen con normas básicas ambientales o laborales. Se remueven enormes cantidades de tierra, lo que significa mayor deforestación y desvío de ríos, para posteriormente utilizar maquinaria pesada. El uso de mercurio en el proceso de extracción presenta una preocupación adicional. De acuerdo a reportes de organismos internacionales y autoridades de regulación de países vecinos, el uso de este metal para la separación del oro se realiza en nuestro país sin los requerimientos mínimos de uso responsable. Esto supone un grave peligro para la salud de las comunidades locales, lo que afecta su salud y sustento. En este contexto es que la Friedrich-Ebert-Stiftung en Bolivia(FES Bolivia), en la séptima versión de su concurso anual, busca contribuir a la visibilización de los impactos causados por el avance de la minería del oro; pero también de las alternativas planteadas desde las comunidades locales y pueblos indígenas. Preservar la Amazonía no es sólo una cuestión de preocupación regional sino un imperativo global, ya que las consecuencias de su declive se sentirían en todo el mundo, afectando la estabilidad climática, la biodiversidad y el bienestar de innumerables comunidades. Al mismo tiempo, la minería aurífera se ha convertido en una de las escasas fuentes de ingreso para muchas de las comunidades en la Amazonía. No es infrecuente que las personas de esas comunidades participen en la explotación del oro, sabiendo que generan graves daños medioambientales y para su propia salud y la de sus familias. Debido a la falta de alternativas económicas, apenas quedan otras opciones en la búsqueda de mejorar su situación socioeconómica. Ante esta situación compleja, el rol de la sociedad civil es cada vez más importante para crear conciencia sobre los desastrosos impactos de la extracción aurífera desaforada, debatir las problemáticas de estos desafíos y llegar a posibles respuestas que permitan exigir la acción de los gobiernos. Para tal efecto, este año el concurso de la FES contó con dos categorías, crónica y micro-video. La primera premia a un típico texto de tipo periodístico que narra una serie de hechos reales, de corte personal o recompuesto a partir de testimonios de 11 terceros. La segunda es una incursión de la FES en videos cortos que tienen principalmente el objetivo de ser visualizados de forma online , sobre todo a través de redes sociales. Continuando con la metodología de trabajo de años anteriores, se acompañó a las y los participantes, incluyendo un taller de capacitación en el mes de julio. La evaluación y calificación por parte de un jurado compuesto por cuatro expertos en diversas áreas: Ruth Alípaz, Héctor Córdoba, Lisette Dávalos y Rodrigo Patiño. Esta obra no hubiera sido posible sin las valiosas contribuciones de las y los participantes en ambas categorías. Manifestamos nuestro agradecimiento por permitirnos conocer y compartir sus historias y sus propuestas artísticas. Asimismo, agradecemos el importante apoyo de Omar Rincón y Ronald Melgarejo en el desarrollo de los talleres y en la provisión de herramientas y asesoramiento para la redacción de crónicas y grabación de videos. Por otra parte, expresamos nuestro gran aprecio por la competencia, rigurosidad e idoneidad con que las personalidades del Jurado desempeñaron su labor. Finalmente, comunicamos nuestra profunda gratitud a Briyan Soukup y Fabiana Borja por la excelente capacidad profesional, la proactividad y el esfuerzo invertido a lo largo de todo el concurso. Esperamos que las crónicas y los micro-videos contenidos en esta publicación sean una contribución a la concientización sobre la magnitud, los impactos, la complejidad y las contradicciones de la minería aurífera en Bolivia. Es la invitación y el pedido a todas las personas e instituciones interesadas en juntar fuerzas para buscar e implementar soluciones para la protección y conservación de la Amazonía boliviana. Porque la vida vale más que el oro. Jan Souverein Director FES Bolivia Daniel Agramont L. Coordinador de proyectos FES Bolivia primer lugar Categoría: Testimonio, crónica o reportaje Sofía Mair 15 Un poco más cerca, Amazonía Sofía Mair A los 10 años, pintaba en la parte norte del mapa de Bolivia manchas verdes y dibujaba ríos ondulados, imaginando cómo sería si fuera más difuso. A los 13 años, leí El embrujo de la selva y soñé con internarme en la Amazonía. A los 15 años, avancé en colegio la Guerra del Acre y anhelé otra vez conocer esos parajes. A los 19 años, pasé Antropología Amazónica y la Amazonía hecha historia, gente y territorio volvió a rondar mi cabeza, esta vez con contenido social. A los 23, escuchaba atenta a una gran amiga y sus aventuras en la Amazonía y nuevamente el deseo vibraba. A los 25, desde un mirador en Rurrenabaque le dije a mi colega: “Quiero trabajar un tiempo aquí, es mi sueño”. Y no sabía aún que el bosque escuchaba mi deseo y susurraba: “ten paciencia” . A los 26, ¡por fin! –y diría en el tiempo adecuado– estoy en la Amazonía, y es un mundo de oportunidades y desafíos. Sus indómitos paisajes, su gente acogedora y valiente, sus caminos hacia las comunidades y sus utopías me abrazan. No es como en sueños. Es real y compleja. Tiene su belleza y sus desafíos. Entre zafra, chaco, minería, extracción de madera, el desarrollo productivo y social siguen siendo una incógnita. No quiero decir que no hay avance. Hay un largo y rescatable camino hacia un desarrollo integral, un mañana mejor. Hay un horizonte que resplandece, pero también una historia que pesa, duele y parece repetirse. La pregunta es, ¿hasta qué punto el hoy está dividiendo estas realidades? Al intentar cada día comprenderla un poco más, como por efecto, descubro algo nuevo en mí. (Transcripción de diario, agosto 2023) 16 Llegué a Pando en octubre de 2023 sabiendo muy poco –casi nada– del contexto y la realidad de la Amazonía Norte, pero con muchas ganas de empaparme de contexto y poder acompañar a las organizaciones en sus demandas. No sabía cuáles eran ni quiénes componían estas organizaciones, ya que pocas veces, para un externo, en los medios y discursos, la Amazonía tiene rostro de pueblo y de humano. Es más: en la mayoría de los casos ni rostro tiene. Al tercer día que me incorporé al nuevo trabajo, me tocó presenciar una Asamblea del bocinab 1 en la cual representantes de las diferentes organizaciones matrices campesinas e indígenas de la región interpelaban a los máximos representantes nacionales del inra y la abt . Las discusiones giraban en torno a los conflictos por el uso y aprovechamiento de recursos forestales en Tierras Fiscales no disponibles, los conflictos de competencias entre la jioc 2 y la ja 3 y jo , 4 el precio de la castaña, la propiedad de tierra, 1 Bloque de Organizaciones Campesinas e Indígenas del Norte Amazónico de Bolivia. 2 Jurisdicción Indígena Originaria Campesina. 3 Jurisdicción Agroambiental. 4 Jurisdicción Ordinaria. el plus 5 Pando y la minería ilegal de oro aluvial en el Madre de Dios. Todo era tan confuso para mí, ya que no estaba familiarizada con muchos de estos términos y problemas. Sí, la Amazonía tenía sus grandes conflictos, históricos y coyunturales, que motivaban a las organizaciones y sus dirigencias a discutir, proponer e incidir, promoviendo la gobernanza real y democrática en sus territorios, cuestionando y construyendo nuevos horizontes para pensarse y vivir dignamente. Aquella vez, el tema del oro en los ríos había sido uno más, sin duda no fue el principal. Unas cuantas voces, en su gran mayoría de los líderes que vivían cerca del Madre de Dios, cuestionaban los efectos de la contaminación por el mercurio y la destrucción de parte de los medios de vida de las comunidades que vivían o tenían su chaco cerca de las laderas de los ríos. Recuerdo haberme imaginado las escenas que compartían: barcos de las cooperativas mineras de personas extrañas invadiendo los territorios y entrando en conflicto con las comunidades. Si tuviera que dar dos colores a estas imágenes serían blanco y negro. 5 Plan de Uso de Suelo. 17 Las semanas y meses transcurrieron y poco a poco fui introduciéndome al contexto, por un lado, porque la misma realidad y dinámica de las comunidades y organizaciones sociales te impulsaba a involucrarte y por otro lado por interés y curiosidad propia. Fue así como conocí mejor qué implicaba vivir en las comunidades de ese amplio territorio verde. Aprendí mucho de los avances y las dificultades, los sueños, horizontes, historia y cadenas de quienes en diferentes periodos históricos y ante diversas circunstancias buscaron gestionar su territorio. Intercambiando conocimientos, comiendo, durmiendo, recorriendo las desiertas y polvorientas carreteras, pagando los víveres e insumos básicos sorprendida por los elevados precios.(¡Qué locura que la gente que menos recursos económicos tiene es la que paga los precios más altos!). Escuchaba los testimonios del tiempo de la goma, de las barracas, de los cuadros de servidumbre al cual estuvieron sometidas las comunidades; también escuché de luchas por tierra y territorio, recuperación de los espacios y gestión integral del bosque. A veces, sentada con las personas y en las comunidades del ahora, pensaba en los grandes cambios que se hubiesen dado, pero tratando de reconocer también las cosas que se mantenían. ¿Qué se mantenía? Que todavía esta gente era invisible para el Estado: el Estado como gobierno, pero sobre todo el Estado como la población boliviana. Las dificultades, carencias e injusticias que sucedían aquí parecían perderse en medio de los frondosos bosques que aún quedaban. Así también aprendí mucho más sobre las dinámicas de las cooperativas mineras. El gran impacto ambiental que causaban: deforestación, contaminación, repercusiones sobre la salud –el mercurio derramado no perdonaba ni al agua, ni a los peces, ni a los humanos–, y el debilitamiento de las organizaciones campesinas e indígenas. En ese marco –primero desconcertada y luego con una visión más nítida– iba asimilando que esas balsas que recorrían los ríos estaban dirigidas en su gran mayoría por personas ajenas a la Amazonía, pero operativizadas por hombres y mujeres pandinos, especialmente campesinos e indígenas. Que más allá del empleo a quienes subían a su cubierta, llevaban empleo a las comunidades olvidadas y marginadas de la historia y la atención pública. Las comunidades revendían gasolina, ofertaban comida, y en muchos casos, niñas. La brecha entre comunarios y mineros se iba acercando. Fue entonces que los colores blanco y negro adquirieron matices. 18 En julio, la minería pasó de ser un tema de conversación privado a ser un tema público. ¿La razón? La intervención a las balsas que operaban en el Madre de Dios. Ese día, estábamos asistiendo a una reunión de coordinación con la Mesa Directiva de la Sub Central de Mujeres Campesinas en Puerto Rico. Hablábamos sobre alternativas económicas sostenibles cuando una llamada interrumpió la conversación. La compañera había rechazado dos veces la llamada y recién a la tercera contestó: “Debe ser algo importante, por eso estará insistiendo” . Se alejó para que pudiésemos seguir el debate. No pasaron ni diez minutos cuando volvió. Su rostro había cambiado. Se sentó y tardó unos segundos para que la voz saliera: “Están quemando las balsas… ¿Cómo van a hacer esto?... Y los compañeros, ¿estarán bien?”. Luego compartió lo sucedido. Las compañeras se indignaron. Yo sentí una mezcolanza de emociones. Por un lado, parecía que por fin el Estado había intervenido un problema que amenazaba la conservación de la Amazonía y la salud y bienestar de los pueblos. Por otro lado, pensé en los que estaban en las balsas, seguramente todos campesinos e indígenas. La intervención fue contra ellos. No contra los dueños de las balsas, no contra las cooperativas mineras y mucho menos contra quienes sacaban la mejor tajada de esta actividad económica que para 2021 había extraído 42,8 toneladas de oro. Terminamos el taller casi al ocaso. Mientras retornábamos de la comunidad, intercambiábamos percepciones sobre la temática. “¿Por qué han hecho eso sin avisar? Ahora los compañeros están detenidos, ¿y los dueños de las balsas? Tantas veces se ha hablado de eso, que hay que controlar, nunca nadie ha controlado y ahora, ¿así violentamente se está frenando? Si no es con el oro, ¿de qué vamos a vivir? La castaña no vale, no hay trabajo en las comunidades. Si hubiera, ¿acaso estaríamos sacando oro, contaminando el río, tumbando monte y comiendo pescado envenenado?”. Las mujeres intercambiaban una serie de preguntas sin respuesta. Ni ellas ni yo podíamos contestarlas ahora. Ni el Estado respondió con actos a estas demandas históricas y justas de la población campesina e indígena de las comunidades. Y cuando respondió lo hizo sin tomar en cuenta su contexto, necesidades y realidades. Les puso arroz que no tiene sostenibilidad, les dio maíz cubano, les quiere dar palma africana. Es más, muchas veces escuchó y no quiso –porque implica una responsabilidad enorme– dar una respuesta. Y finalmente, muchas veces ni los escuchó, pues no les prestó atención. 19 No había trabajo, es verdad. Las tantas veces que había conversado con las comunidades, era lo primero que resaltaba. En su mayoría vivían de la recolección de la castaña. Algunos lo habían combinado con la recolección de acaí, majo y palma real. El dinero obtenido de esta dura y riesgosa actividad intensiva de tres meses, era estirado para vivir todo el año. Los últimos meses antes del inicio de la zafra, para muchos consisten en un periodo de sobrevivencia. Sus pequeños chacos les salva entonces: les da yuca, plátano, cítricos y otros. Y es precisamente en estos contextos altamente vulnerables, donde se abren los caminos para que las cooperativas mineras –cuya denominación“cooperativa”, que denota una condición social que les exenta de pagar impuestos, porque se supone que no tienen recursos– ingresen y conviertan a las víctimas en parte de los victimarios. Al menos temporalmente, hasta que hayan terminado su búsqueda y extractivismo en la zona y se desplacen hacia nuevos espacios y tejan nuevas alianzas. Al dejar a la última compañera cerca de su comunidad, sentí un fuerte dolor de cabeza. Mucha información para procesar, pensé. En agosto entré dos semanas al campo. Me tocó movilizarme por el Sena, ciudad intermedia muy relacionada al acopio y reventa de la castaña y la minería de oro. Llegué al hotel y después de una ducha refrescante salí a dar una vuelta y terminé conversando con una señora. Me comentó que estaría de viaje. Cuando le pregunté a dónde, me respondió “a la marcha” . Y comprendí: se sumaría a la marcha en La Paz, en la cual los trabajadores, quienes se beneficiaban de una u otra forma de la minería del oro aluvial, exigirían al gobierno garantías para sus actividades. Le hice algunas preguntas relacionadas, recordando los tiempos en los cuales hacía investigación. Ella era parte de una cooperativa, tenía dos balsas( “doscitas nomás tengo” , enfatizó) y no contaba con licencia ambiental. Subcontrataban a los campesinos e indígenas, mejor si eran de las comunidades en cuyos territorios se realizaban las actividades. Dudaba de la contaminación por mercurio: “es neumonía lo que les da, a veces corre la brisa y no se abrigan(…) la gente aquí muere de malaria, de chikunguña, de hambre, de falta de plata(…) de lo último que muere es de mercurio”. Me recomendó preguntar en las comunidades, a la gente de base, cómo ellos percibían la minería: “Ellos quieren, están de acuerdo. Si nos vamos, ¿quién les va a dar trabajo?”. La miré, y en ella sentía ver a tantos otros“más privilegiados” quienes aprovechaban 20 las necesidades y carencias para generar dependencia y aglutinar aliados estratégicos. La pobreza, la falta de oportunidades y la vulneración de derechos hace posible esto. Más tarde, cuando volvía a mi cuarto, me detuve en una ventana y vi mi reflejo. ¿Yo también tenía algo de aquella mujer? ¿Hasta qué punto yo era responsable o al menos cómplice de esto que estaba pasando? ¿En qué me beneficiaba y en qué me perjudicaba todo esto? Por primera vez, me sentí parte del problema. Unos días más tarde, mientras cenaba, escuchaba la conversación entre dos hombres, que se habían sentado con un par de cervezas en la mesa de al lado. También hablaban del oro. “¿Tú crees que el Estado no está involucrado? Claro que están. Ellos son del grupo que sacan más plata, ellos y los empresarios(…) Dicen que nosotros somos los malos, que nos vale el bosque, el río y los indígenas(…) Nosotros también somos los peones”. La discusión prosiguió y planteaba los escenarios ante la intervención del Estado: “¿Tú crees que nos van a controlar? No, no pueden. Aquí se alza todo Pando, vivimos de eso, no hay más(…) ¿Y los indígenas? ¡Finalmente que se jodan los indígenas! Seguirán trabajando con nosotros porque no tienen plata, ellos van a ser los primeros que van a reclamar cuando ya no puedan ganarse alguito(…) Esa es la realidad, y hasta que no haya otra cosa, que los ambientalistas y los medios den alternativas reales, les den trabajo, esto seguirá así”. Entre el alcohol y la música fuerte, las palabras retumbaban en mi cabeza. Me interpelaban en lo más profundo. Sentí rabia. Rabia porque se repetía la historia. Porque no habíamos sido capaces de exigir, garantizar y apoyar el desarrollo integral a los pueblos indígenas y campesinos en la Amazonía. Que pese a las grandes conquistas persistían condiciones de vida tan injustas. No sentí rabia contra la gente, sentía indignación con la historia. La penúltima semana de agosto tuvimos una serie de talleres sobre derechos de las mujeres en las comunidades del Municipio de San Lorenzo. El último día de recorrido tocó trabajar con dos comunidades muy cercanas al Madre de Dios. Antes de girar a la derecha para ingresar a una comunidad Takana, el funcionario que nos acompañaba me dijo que pararíamos en esa entrada, que a algunos metros estaba un ex puerto de acopio de la barraca de la familia Hecker. Le hice caso. Unos cuantos pasos y el Madre de Dios, imponente, se expandió ante mis ojos. Saqué el celular y busqué un buen ángulo. Estaba a punto de sacar la foto cuando algo me detiene. En mi pantalla aparece el río, el 21 cielo, los árboles. Pero también hay cinco barcos negros, pegados. Bajé el celular y le pregunté al comunario, “¿Eso es…? … Oro, oro en el río, son dragas. Con esa cooperativa trabajan varios compañeros de aquí(…) saque la foto nomás, con draga y todo, así es ahora el Madre de Dios”. Le hice caso, tomé la foto y me quedé observando. En pleno sol de medio día, con un silencio envolvente de por medio, sin ningún tipo de control, la draga va revolviendo el oro del río. De entre el agua y la arena, va buscando las diminutas partículas de oro. Una vez que rastree la zona y se constate que no hay más, se irá, sin ningún tipo de responsabilidad, sin ningún aviso ni consecuencia. Dejará unos cuantos mililitros más de mercurio en el agua, restará oxígeno a los ríos, desestabilizará las tierras que se encuentran cerca de los ríos, tumbará árboles indiscriminadamente, sin importar su valor para la conservación de la biodiversidad y la Amazonía. Se irá, así como se fueron quienes explotaron la goma, los barraqueros, y otros. Se irán, habiendo explotado el territorio y a los que habitan en él. Y la historia se repetirá. Saqué unas cuantas fotos más mientras escuchaba al compañero contarme cómo fue antes este punto de acopio. Hoy está vacío. El movimiento campesino e indígena logró reivindicar su derecho a la tierra y al territorio. Ya no es de los Hecker. Es de ellos y ellas. ¿Pero será de ellos en términos de gobernanza real? Horas más tardes estábamos finalizando el taller. Cuatro mujeres cargaban una olla grande y un balde de refresco y repartían la comida: un majadito y un refresco de toronja. Me senté al lado del dirigente y le pregunté cómo estaba la comunidad. “Ahí vamos(…) siempre luchando, trabajando para ganarnos algo, para que estemos bien”. Después de dudar un poco, le hice la pregunta: “¿y la minería?”“Ahí va(…) sí, sabemos que contamina, que nos está matando los peces, que nos está tumbando el monte, sí, sabemos(…) pero ¿cómo le voy a decir al compañero que no puede trabajar si no hay trabajo?(…) aquí se sufre, no hay ficha 6 (…) mire, para que vayamos a trabajar, aunque sabemos que estamos mal, es porque es muy necesario(…) yo hago mi chaco, no voy al oro(…) pero va mi hijo, de aquí varios van”. Mientras compartíamos un majadito y un refresco de toronja, suspiramos. Todos. Un suspiro de resignación. 6 Dinero 22 A veces pienso que sí. Pero después recuerdo las sonrisas. Escucho las voces pícaras y risueñas. Pienso y veo las acciones altamente resilientes –orgánicas, económicas y sociales– que como sea han logrado las comunidades, esta gente valiente. Pienso en la gobernanza y gestión territorial que realizan, sus luchas, conquistas y esperanzas. Su esperanza. Quizás es esto lo que nunca –ni Estado, ni barraca, ni cooperativas– han podido borrar ni extraer. Y es esta quien sostiene la posibilidad de algo diferente. Pero claro, entre la esperanza y la acción efectiva tienen mucho que trabajar. Tenemos. Todos, nadie puede hacerse el ciego. primer lugar Micro Video Nadia Noemí Puma Paco, Javier Pedro Calle Layme, Alejandra Marcela Rodríguez Guzmán, Ing. Waldo Vargas Ballester, Agustín Moisés Cárdenas Revilla 24 E l lado oscuro de la minería aurífera “Desafíos y esperanzas en la lucha contra la explotación de oro en los ríos bolivianos” segundo lugar Categoría: Testimonio, crónica o reportaje Milán Dorado 27 Yo Chamita Esse Ejja Crónica de mi cambio de visión a partir de una experiencia de muestreo de cabello para determinar presencia de mercurio en la etnia Esse Ejja Milán Dorado De seguro fue el aburrimiento que me generó el encierro, por culpa de un supuesto virus letal, en realidad también debía concluir con la tesis de maestría sobre ecología y conservación, de cualquier manera, tuve que hacer algo que me permitiera viajar, huir. En el primer trimestre del dos mil diecinueve se había intentado hacer una colecta o toma de muestras de cabellos para identificar presencia de metilmercurio en la cuenca del Río Beni, fallida en todo caso, esto por no haber diseñado una metodología adecuada de intervención, pero tampoco se cumplieron con los protocolos requeridos. Es entonces que me hice cargo del diseño metodológico para una segunda intervención en este trabajo, y como lo dije antes, necesitaba viajar, salir de la ciudad, salir del encierro. Rápidamente y después de una apertura en las rígidas reglas pandémicas decidí desarrollar la metodología para el estudio sobre la presencia de mercurio en mujeres en etapa reproductiva de la etnia Esse Ejja, en las tres comunidades más importantes: Portachuelo Bajo, Portachuelo Alto y Eyiyoquibo. Debemos recalcar que la selección de esta etnia no fue algo fortuito, pues obedece a los siguientes criterios: a. Alimentación. La etnia Esse Ejja al ser nómadas, viven navegando los distintos ríos de nuestra amazonia, pero especialmente el Río Beni y Madre de Dios. Por lo tanto, su fuente más importante de alimentación es el río. 28 b. Cultura. Los Esse Ejja son nómadas adaptados a la fuerza, en asentamientos o poblados, como quieran definirlos. Éstas son tres fundamentalmente. Dos en el departamento de Pando, a riveras del Río Beni y uno río arriba de la misma cuenca, en el departamento de La Paz, en el municipio de San Buenaventura. Ya hablaremos a detalle de cada uno. c. Salud. Por no presentar costumbres“normales” como las nuestras, porque nosotros los sedentarios hemos proyectado toda una estructura y un sistema de atención de salud para las distintas poblaciones remotas, pero de ubicación fija en territorio. Implementando postas de salud, en el peor de los casos y atendidas por enfermeras a nombre de doctores como es costumbre. Pero que sirven de hitos geográficos en el momento de las campañas de salud acostumbradas. ¿Adivinen quiénes no tienen estas postas? Bueno, como se habrá dado cuenta, estos tres simples parámetros me ayudaron a identificar un hit de éxito en mi metodología de estudio. Para información general y de contexto, debo recalcar que a lo largo de la cuenca y sub cuencas del Río Beni existen cuatro etnias importantes, estas son: Tacanas, T´simanes, Mosetén y Esse Ejja. Y un número de comunidades de los llamados“interculturales” o mejor dicho colonizadores, provenientes de las tierras altas, aimaras en su mayoría, los cuales se dedican al comercio, tala de árboles y minería, entre otras actividades económicas. Sugiero profundizar en el estudio al respecto de mi etnia favorita Esse Ejja, para este caso leyendo: Los Esse Ejja de Bamonte y Kociancich, Plural editores (2007). No quiero redundar en sus características y rasgos antropológicos porque se trataría de otro libro. Empero, es muy emocionante para mi haber convivido con ellos y conocido un poco de su cosmovisión, su filosofía, su naturalidad y poder escribir de ello ahora. Para ser sincero con usted, lector, es importante para mí aclarar que, sin el enfoque universitario y la capacitación adquirida en aulas y trabajos de campo desarrolladas por la maestría, me hubiera sido muy difícil estructurar esta metodología de trabajo. Es por ello que recomiendo recurrir a las ciencias sociales y sus diferentes estudios y métodos científicos para planear algo parecido. Según Bamonte y Kociancich, existen tres asentamientos importantes de la cultura Esse Ejja, son justamente las que apliqué a este estudio. No es 29 sorprendente mencionar que al buscar en la página del ine (Instituto Nacional de Estadística), la pobreza de los datos es triste, muy escasa, por demás desactualizada, pues desde el 2012 que no existe otro censo de poblaciones en nuestro país, sin embargo, con el libro de los autores referidos pude encontrar muy buena información. La estrategia de cualquier estudio debe comprender de objetividad, no debe abarcar muchos parámetros de análisis, debe ser lo más puntual posible, por eso inicialmente decidí proyectar la toma de muestras para definir la presencia de mercurio en una sola etnia y no así en varias. Esto me permitiría tener un resultado claro, representativo y de gran importancia debido a sus condiciones de consumo alimentario y de vida. Las otras etnias, si bien presentan rasgos nómadas, a diferencia de los Esse Ejja, adoptaron costumbres alimentarias diversas, desde la recolección de frutos y la caza de animales salvajes en el bosque, hasta la implementación de cultivos y la crianza de animales. Por lo tanto, no me ofrecían un resultado notorio. Los Esse Ejja son expertos navegadores, conocen muy bien el río, obedecen el lenguaje pluvial, respetan su diversidad, entendieron que los peces grandes son para conseguir dinero, víveres, combustible o el vicio con el que los engañan, el alcohol. Aprendieron que los de tierras altas son de cuidar, embriagan y condicionan, les enseñaron a cuidarse, a no fiarse. El intercultural sabe que ellos son buenos para la pesca, saben que venden barato, saben que no son ambiciosos, saben que tienen muchas necesidades, una de las más importantes es justamente el de aprender de las cosas nuevas que trae el conocimiento, la tecnología. El Esse Ejja por naturaleza es simple, despierta y duerme con los diferentes sonidos del río y el bosque, no necesita mayor abrigo y protección que el fuego. Él sabe dónde va a pernoctar en las largas jornadas de pesca. Son semanas que navegan río abajo o río arriba, viajan con toda su familia o en grupos de hombres también, por sus objetivos comerciales solo ubican geográficamente los puertos donde podrán acomodar sus peces, suelen ser Rurrenabaque o Riberalta. A lo largo de mis viajes, tanto para tomar las muestras de cabello como cuando volví a verlos para hacerles entrega de sus resultados, pude observar la cantidad de Esse Ejjas asentados de manera temporal a orillas a lo largo del río. Naturalmente no pude tomarles muestras a ellos, eso definitivamente me pareció una flaqueza de la metodología, pues no había pensado en ello al diseñarla. 30 El error es de origen conductual, de enfoque simple. Nunca hice un estudio así, a una etnia nómada, ya estoy listo ahora para una próxima experiencia. Ojalá se dé un nuevo estudio o seguimiento de monitoreo, debido claro, a los resultados de esta investigación, a futuro, como política de estado y no por solidaridad de alguna ong , religión o un pobre estudiante necesitado de temas de investigación, como fue el caso. “Chamita” o“Chama” además de ser una danza autóctona de ambas etnias(Tacana y Esse Ejja) de simbología ancestral en su cultura, proviene de la lengua Tacana y significa“el que no sabe nada”. Ese es el sobrenombre que usan aquellos que no son Esse Ejja para referirse de manera despectiva a aquello que sus costumbres de consumo y de expansionismo territorial no logran entender. Chamas son aquellos del Pueblo Indígena en Contacto Inicial , de Mamani y Sanjinés, tierra Editores(2022). Contacto Inicial por ser“los pueblos indígenas que se encuentran en un gradiente de evolución social inicial por lo que deben transitar del aislamiento al contacto intermitente, luego al contacto permanente, hasta llegar a estar‘integrados’”(Wise y Ribeiro,1978). Y así. Si no perteneces al mundo sedentario, se te desplaza del análisis global. No sirves como elemento de planificación, como humano de consumo. Es momento de describir la experiencia. ipen es una red global que trabaja por un futuro libre de tóxicos en la humanidad. Pueden visitar su página web: ipen.org. Ellos se encontraban desarrollando un estudio en Latinoaméricasobre la presencia de mercurio por explotación minera en grupos etarios de mujeres en edad reproductiva. Naturalmente trabajan con un laboratorio especializado en los Estados Unidos. El laboratorio se llama bri (Biodiversity Research Institute): https://briwildlife.org El veintiuno de octubre del año dos mil veinte (21/10/2020) recibí el ok para la metodología de trabajo por parte del ipen , todo este trámite se realizó por email al cien por ciento y con gran confianza mutua. Recibí también un conjunto de protocolos a seguir para que el muestreo sea de calidad y se cumplan los pasos requeridos por el laboratorio bri . A continuación, un resumen: Documentación previa toma de muestra: a. Carta de presentación determinando el objetivo del estudio b. Formulario de consentimiento c. Formulario de Participación Voluntaria 31 d. Formulario de confidencialidad de información e. Formulario de cuestionario para el muestreo de mercurio en el cabello Requisitos para la toma de la muestra: a. epp ´s(Mandil, barbijo, guantes de nitrilo, cofia, etc.) b. Tijeras metálicas c. Algodón d. Alcohol para desinfección e. Codificación en bandas autoadhesivas una vez tomada la muestra f. Bolsitas ziploc codificada con una banda autoadhesiva por toma g. Pañuelos desechables de limpieza h. Material de escritorio, tamp(almohadilla de tinta) y otros Procesos de toma de muestra La premisa del estudio consideraba solamente la toma de muestra de cabello a mujeres desde los dieciocho a los cuarenta y cinco años. Este grupo etario permite no generar problemas de tipo cultural o sociológico legal en las comunidades, relacionados con menores de edad. Como parte de la metodología, decidí desarrollar una estrategia especial: consistía en llegar a las comunidades de manera sorpresiva y desarrollar una rápida presentación conjuntamente a sus autoridades y no darles tiempo para que puedan alterar la toma de muestra, por ejemplo,tomar un baño o usar algún producto estético en el cabello. Esta estrategia también consideraba discriminar cabellos tintados o con algún producto sospechoso en el cabello. Una vez firmados o sellados con huellas digitales (pues existen muchas mujeres que no saben escribir en esta etnia) los formularios, se procedió al mini corte de cabello. La muestra se debía tomar de la nuca, a menos de un centímetro del cuero cabelludo, tomando un largo opcional de cinco centímetros como mínimo, en el caso de que el individuo no tuviera cabello largo, cosa que no pasó en la experiencia. Una vez tomada la muestra se la etiquetó con el autoadhesivo codificado, dicho código va conjuntamente documentado en el formulario de 32 consentimiento, donde va el nombre del individuo, en este caso la mujer. Inmediatamente se introduce la muestra etiquetada a una bolsita ziploc, que también contiene una etiqueta con el código de la muestra. Inmediatamente la limpieza y desinfección de las herramientas de corte, cambio de guantes. Para concluir el muestreo individual se hizo una explicación informando la fecha tentativa de la devolución de los resultados de los análisis de laboratorio. Las muestras Es muy importante recalcar que, una vez ubicadas geográficamente las poblaciones más grandes: Portachuelo Bajo, Portachuelo Alto(Pando) y Eyiyoquibo(La Paz) –hay algo así como cuatrocientos veinte kilómetros de distancia entre ambas poblaciones de La Paz(Eyiyoquibo, río arriba) a Pando (Portachuelo Alto y Bajo, río abajo)– se desarrolló un cálculo del tamaño de la muestra de la población con fines estadísticos. Pese a ello, y los problemas de desconfianza y timidez, logramos acercarnos a nuestros objetivos poblacionales y los resultados reflejan un buen tamaño de muestra de carácter representativo en la población. Toma de muestras por población para el estudio Logradas el 5, 6 y 9 de noviembre de 2020. Población Portachuelo Bajo- Pando. Portachuelo Alto- Pando. Eyiyoquibo- La Paz. Nro. de Familias 68 32 95 Fuente propia. Raúl Dorado. 2023. Muestras tomadas 26 9 30 Decidí, debido a la larga distancia entre las comunidades de La Paz y Pando(514 km/Tierra – 420 km/río), empezar por las poblaciones de Pando. Para ello debía llegar a Riberalta, ciudad muy importante del Beni, a orillas del Río Madre de Dios y con un buen aeropuerto, que estratégicamente posee y donde confluyen los ríos navegables Beni y Madre de Dios. El Río Beni limita a los tres departamentos: La Paz, Beni y Pando. Dejando para el final la última toma de muestra en la población de Eyiyoquibo, en el municipio de San Buenaventura, en el departamento de La Paz. Que ya me quedaba“cerca” a casa. Anticipando mi llegada a las comunidades de Portachuelo Alto y Bajo en fecha quince de septiembre del dos mil veinte, ya me había comunicado con el señor Alberto Ortiz, meses atrás, 33 autoridad cirabo (Central indígena de la región amazónica de Bolivia) quién me conectó con la autoridad de Portachuelo Alto y Bajo: el señor Sanjinez Mamio. Fechas de las tomas de las muestras de cabello POBLACIÓN Portachuelo Bajo- Pando. Portachuelo Alto- Pando. Eyiyoquibo- La Paz. Fuente propia. Raúl Dorado. 2023. FECHA 05/11/2020 06/11/2020 09/11/2020 Llegué a Riberalta el dos de noviembre del dos mil veinte. Tras un vuelo desde La Paz al pequeño aeropuerto con las comodidades básicas, me esperaba un querido amigo médico con el que haríamos luego, unos meses después, la devolución de los resultados. Ese mismo día tuve la suerte de reunirme con el Sr. Sanjinez Mamio, Capitán Cacique de Portachuelo Bajo y Alto. Muy desconfiado, me invitó a la reunión de su comunidad que se llevaría a cabo ese jueves cinco de noviembre. Pero claro, yo tenía que encargarme de llegar solo al lugar. No había transporte alguno, había que pasar en pontón el Río Beni a la frontera de Pando, provincia Madre de Dios, municipio de Puerto Gonzalo Moreno. Esta autoridad me aconsejó ir en motocicleta. Me las arreglé para alquilar una motocicleta gracias a los contactos de mi amigo médico y me alisté para iniciar el viaje ese jueves cinco de noviembre del dos mil veinte. Partí a las cinco de la mañana, pues me indicaron que el viaje iba a durar unas cuatro horas en moto. Así fue, un viaje solitario muy hermoso, en contacto pleno con la naturaleza y una carretera poco más y desértica, me encontré con un hermoso árbol de almendro gigante, bello, di gracias casi hasta el llanto por apreciar semejante belleza. Llegué a la población de Portachuelo cerca de las diez de la mañana, los brazos y las piernas me temblaban, pues hace décadas no conducía una motocicleta y la falta de práctica cobró factura. No había nadie esperándome, pero siempre aparece alguien curioso a quién pude pedir que llamara a su autoridad para iniciar la reunión. Pasaron algunos minutos y llegaron dos vagonetas del gobierno, al parecer de algún proyecto. Era la razón principal de la reunión de las dos comunidades ese día. Reunión que yo aprovecharía para hacer lo mío. Naturalmente tuve que esperar que esos técnicos tratasen de convencer a los Esse Ejja de 34 Portachuelo que sembraran cacao, asaí o algún producto para que pudiesen optar por prestamos agrarios. Sinceramente todo ese show me aburría mucho, era increíble cómo se esforzaban en repartir sus trípticos y otros regalos hechos papel que luego terminaron ensuciando el piso de aquel hermoso salón hecho de tablones. Una vez terminada la campaña entré en acción, tuve una buena recepción de la comunidad, inmediatamente después de la presentación me delegaron al telecentro (lugar donde se encontraba el teléfono de las dos comunidades, una computadora y una impresora que no tenía tinta, construcción diseñada para el altiplano, no para un lugar tropical, si ustedes me lo preguntan). Me deshidraté como no lo imagina en el trabajo de la toma de muestras, hubo una buena recepción por parte de las damas de la comunidad. Claro, de asistencia nada más. Trabajé muy duro hasta que se hizo de noche. Tuve que buscar dónde dormir en el mismo telecentro . Al día siguiente fui a buscar señoras casa por casa en Portachuelo Alto. Calenté la motocicleta y empecé a subir hacia la carretera por otro camino, pues por ese camino emplazaba esta otra comunidad, no muy distante a la otra. Terminé antes del mediodía, ya no hubo más mujeres que quisieran ser donantes de cabello, decidí cargar mi terrible caja de plástico impermeable y asegurarla a la motocicleta para volver a Riberalta y buscar algo de comer, pues sí, no había comido algo contundente los dos días. Es que en estas comunidades no existen restaurantes, señores. Sí, la noche anterior pude encargar una cena muy austera, pero tuve suerte realmente. ¿Qué imagina usted que cené? Pues sí, fue obviamente pescado fresco, arroz, yuca. Hasta ese momento, sin la sospecha de los altos niveles de mercurio que podría presentar el delicioso manjar. El sábado siete de noviembre del dos mil veintidós tomé un bus con rumbo a Rurrenabaque, había que terminar la toma de muestras en San Buenaventura, en la comunidad Esse Ejja de Eyiyoquibo. Me reuní con una autoridad inquieta, triste, me dijo que su cargo estaba en riesgo, que el método del gobierno había llegado a socavar su cargo, ese método se trataba de dividir las bases y crear un paralelismo, eso me dijo. Para ello usan alcohol y dinero. Muy triste por toda esa experiencia me dediqué a lo que fui, no quise indagar más, en medio de la toma de las muestras llegó un sujeto de actitud prepotente al cual tuve que explicar detalladamente mi 35 trabajo. Me escudé en mi casa académica de estudios y alegando que se trataba de la salud de la población. —¡Ya vinieron antes a robarnos cabello!, me dijo. —¡Nunca nos traen los resultados y no sirve de nada, porque nunca se hace nada!, exclamó. Sus razones me parecieron muy valederas, y su estado etílico me instó a tomar estrategias relacionadas con la empatía. Para un día después de mi cumpleaños, el trece de noviembre del dos mil veinte, ya había alistado los paquetes de muestras para enviarlos vía dhl a Estados Unidos. A los laboratorios del bri . El dieciséis de ese mes salió de Bolivia para llegar a los laboratorios el veinticuatro del mismo mes. Es muy importante, querido lector, que usted sepa que todo lo que se envió a laboratorios fueron muestras de cabello con códigos, sin ningún nombre personal. Esto para garantizar el anonimato. Actualmente soy el único custodio de los documentos de consentimiento firmados. Los resultados Contexto: Los niños son especialmente vulnerables y pueden estar expuestos directamente al comer pescado contaminado. El metilmercurio bioacumulado en el pescado y consumido por las mujeres embarazadas puede provocar problemas de desarrollo neurológico en el desarrollo prenatal. La exposición transplacentaria es la más peligrosa, ya que el cerebro del feto es muy sensible. Los síntomas neurológicos incluyen discapacidad intelectual, convulsiones, pérdida auditiva y de visión, retraso en el desarrollo, trastornos del lenguaje y pérdida de memoria. Se ha informado de una afección llamada acrodinia(o«enfermedad rosa») en los bebés y niños pequeños, caracterizada por la aparición de extremidades rojas y dolorosas con hinchazón local y picor intenso, y que puede ir acompañada de insomnio, irritabilidad y sensibilidad a la luz como consecuencia de la exposición crónica al mercurio. oms / ops exposición al mercu rio : un asunto importante para la salud pública .( oms 2021) En el año 2000, el Consejo Nacional de investigación de los Estados Unidos(United States National Research Council) estableció una“dosis de referencia” de 1000 µg/kg(1 ppm), y señaló que, en las mujeres en etapa reproductiva, no se debía de exceder ese nivel( u . s . epa , 2001 ). El jueves veintidós de abril del año dos mil veintiuno(22/04/2021) llegaron los resultados de 36 los análisis de cabello para determinar la presencia de metilmercurio, esto por correo electrónico. Al fin estaba a poco tiempo de cumplir mi misión con el estudio. Pero había que armar todo el protocolo de entrega comprometido. Llegaron con los resultados dos formatos para acompañar los resultados. 1. Carta de informe de resultados de la encuesta sobre mercurio en el cabello. 2. Información sobre el mercurio. Recomendaciones y preguntas frecuentes. Y fue el momento de ponerse en campaña para el último tramo de esta empresa de casi siete meses de trabajo. Paralelamente, el ipen ya estaba preparando el informe internacional para presentarlo el 15 de junio, de seguro con algún evento grande. Este informe lleva el siguiente título:“La exposición al mercurio de las mujeres en cuatro países latinoamericanos productores de oro, junio 2021”. Participaron los hermanos países de Brasil, Venezuela, Colombia y Bolivia. De todos ellos nuestro país fue el que más muestras de cabello pudo recolectar. Tabla de cantidad de muestras logradas por país estudio ipen País Brasil Venezuela Colombia Bolivia Unm. Muestras. 34 35 29 64 Extraído del informe: La exposición al mercurio de las mujeres en cuatro países latinoamericanos productores de oro(IPEN 2021). Esta cantidad de muestras hace del estudio un nivel alto de representatividad de las poblaciones y su problemática con relación al metilmercurio. Puede descargar este informe en el siguiente link: https://ipen.org/sites/default/files/documents/ ipen-lac-hg-hair-sampling- four-countries-v1_ 9bw-es.pdf Para el doce de mayo del dos mil veintiuno, hice la entrega de los resultados en reunión con autoridades Esse Ejja en la población de Eyiyoquibo y el quince de mayo del mismo año organizamos juntamente con mi amigo médico, la última incursión en dos motocicletas, rumbo a las poblaciones de Portachuelo, Alto y Bajo. 37 Cuadro de cálculo de la media aritmética y mediana de los valores recolectados por el laboratorio en este estudio Población Número de Muestras Portachuelo Bajo 26 Portachuelo Alto 9 Eyiyoquibo 30 Promedio General Promedio sin el valor extremo Media 5,92 7,96 14,70 9,53 7,61 Mediana 5,72 7,58 7,81 S/Valor extremo 8,95 Muestras de Control 4 0,20 Fuente propia. Raúl Dorado. 2023. Como podemos observar en este cuadro, los valores alcanzados por población son muy altos al valor permisivo mencionado anteriormente. Portachuelo Bajo y Alto comprenden una media aritmética de presencia de metilmercurio de 6.94 ppm en una muestra de 35 individuos. Eyiyoquibo, sin embargo, cuenta con una media aritmética de 8.95 ppm. Sin contar el valor en un individuo que poseía 181.34 ppm. Si tomamos en cuenta este valor para sacar la media aritmética en Eyiyoquibo, estaríamos hablando de 14.7 ppm. Gracias a estos resultados hace un mes atrás, o sea, el mes de julio de este año, dos mil veintitrés, también concluí un segundo trabajo de muestreo de cabello y su respectivo análisis en los laboratorios de la Universidad Mayor de San Andrés. Esta vez, gracias a la invitación del cepilap (Central de Pueblos Indígenas de La Paz). Como era de esperar, volvimos a desnudar los altos niveles de presencia de metilmercurio en varias poblaciones a lo largo de la cuenca del Beni, pero en el resto de las cuatro etnias: T’simanes, Moseten y Tacana. Con valores similares. Pero, es otra historia que se escribe sola. Disculpe, querido lector, si mi experiencia descrita le ha parecido fría y poco emotiva, especialmente esta última parte. Pero no pude desarrollar sentimientos buenos, mi mente tuvo batallas fuertes sobre el trabajo en su inicio, mi mayor decepción fue el rechazo de mi perfil de tesis por la universidad, me dijeron que mi tema de estudio sobre contaminación con mercurio no se relacionaba con la línea profesional que tengo, es que soy arquitecto y decidí estudiar una maestría en Ecología y Conservación. Imagino que el ego académico no permite una apertura holística al ejercicio del conocimiento colectado en las mismas aulas de una carrera en ciencias puras y naturales. Pero decidí seguir adelante con mis 38 objetivos éticos, ya había comprometido mi palabra con el estudio del ipen . Después vino la tormenta, al analizar los resultados del laboratorio se apoderó de mí una profunda depresión, no podía creer lo que estaba sucediendo en mi país, en un estado que banderea el indigenismo, el indianismo. Un estado que simplemente usa a los indígenas para hacer pequeños burgueses de la corrupción, las leyes las tenemos y son bellas en el papel. Admiro y quiero ser un Chama, un Chamita más, porque ellos no son como nosotros los sedentarios, ellos viven la brisa al navegar sus ríos y sus pequeños ojos brillan al encontrar paz. segundo lugar Micro Video Carla Michelle Siles Choque Bajo el brillo del oro “Las profudas heridas de mi tierra” tercer lugar Categoría: Testimonio, crónica o reportaje Pablo Quiroz 43 Misión El Dorado Pablo Quiroz “Más allá del río, pasando los árboles, se encuentra El Dorado, una ciudad de oro. Las calles, las casas, todo es de oro”. Estas fueron las palabras que una vez, en la escuela, Cacho, de 15 años, escuchó de su profesor en una clase de historia. Desde entonces, esa descripción, más la alucinante imagen que inventó en su mente motivada por su creatividad, no salió de su cabeza. “Eso cuenta la leyenda” , añadió posteriormente su maestro. Sin embargo, el estudiante hizo caso omiso a ese último detalle y prefirió dejarse convencer por su espíritu aventurero de que algún día encontraría esa ciudad perdida en la exuberante y misteriosa selva. Farith Salvatierra, también conocido como Cacho, es habitante de Riberalta, una ciudad situada en la Amazonía boliviana, capital de la Provincia de Vaca Díez, en el departamento del Beni. Se localiza en la cuenca amazónica, situada en la confluencia de los ríos Beni y Madre de Dios. Por su ubicación geográfica, el entorno es abrumadoramente verde, debido a que la selva lo domina todo. O dominaba, ya que ese manto verde que se extiende en toda esta región del país se vio afectado por máquinas pesadas, minas a cielo abierto, campamentos mineros y ríos turbios. Es decir, el hombre es el responsable detrás de esta situación debido a la ambición desmesurada que lo impulsa a terminar con la selva tropical más grande del mundo en nombre de un desarrollo desenfrenado. Esto se debe a que su riqueza en diferentes recursos ha dado lugar a actividades extractivas, por ejemplo, la búsqueda de oro, actividad que registró un aceleramiento repentino desde la última parte del Siglo xx . Cacho y su familia, como lo es el caso de muchas otras familias de esta región en la década de los 44 años noventa, deben luchar diariamente contra las adversidades y desafíos que la vida en este espacio desafiante les presenta. Su hogar consistía en una modesta casa de cuatro paredes construidas con materiales del entorno, cubierta con una calamina y rodeada de vegetación densa. Sus ropas, gastadas por el uso constante y el paso del tiempo, cuentan la historia de la ardua rutina que desempeñan día tras día para sobrevivir en este espacio implacable. Pese al esfuerzo de sus padres, la familia llegó a un punto de desesperación ante la falta de recursos. “Ya no hay dinero, hijo. No habrá comida. Te tocará trabajar” , esa era la orden que su madre le dio a Cacho, quien no tenía la más mínima idea de que esas palabras cambiarían su vida para siempre, y no para bien. Cacho comenzó generando algunas monedas al trabajar de cargador de frutas, grava, arena y pescado en los puertos de los ríos cercanos. Sin embargo, esto no significó una ayuda importante para cubrir las necesidades básicas de su familia. De modo que se vio obligado a incurrir en otras actividades. En uno de los días en los que Cacho retornaba a su casa después de una mañana en la escuela, observó a un grupo de hombres reunidos en la orilla del río Madre de Dios. Esto despertó su atención, lo que lo llevó a acercarse, tímidamente, lo suficiente como para pasar desapercibido entre aquellos hombres. Lo que llegó a observar lo hipnotizó a tal grado que dejó de lado esa timidez y se acercó aún más. Uno de ellos estaba sacando arena del río, mientras los que observaban, entre broma y broma, vociferaban: “ahí veo oro” . Cacho quedó encantado por lo que sus ojos registraban, ya que, al parecer, El Dorado estaba más cerca de lo que su profesor le dijo en clases. Y no solo eso, sino que también esto representaba una gran oportunidad para generar el dinero que faltaba en su hogar. Motivado por eso, Farith se presentó para trabajar en el garimpo, actividad que consiste en la extracción informal o ilegal de minerales, como el oro y las piedras preciosas, de manera artesanal, utilizando herramientas básicas y métodos rudimentarios. De esta forma, Cacho se convirtió en uno de los treinta garimpeiros que se ubicaron en esa parte del Río Madre de Dios. Sin embargo, un detalle que en ese momento el joven trabajador pasó por alto, debido a la falta de información, es que la minería de garimpo puede tener impactos significativos en el medio ambiente, ya que suele llevar a la deforestación, la contaminación del agua y la degradación del suelo. Además, suele operar fuera del marco legal y puede involucrar la explotación de 45 trabajadores y problemas de salud en los habitantes de los alrededores. El 2022, la Organización de los Estados Americanos( oea ) ordenó al Estado boliviano a presentar un plan de acción para reducir el uso y comercialización del mercurio y así contrarrestar sus efectos en el medio ambiente. Además, Bolivia fue uno de los 140 países que se adhirieron al Convenio de Minamata. Este convenio es el primer acuerdo ambiental mundial negociado en el siglo xxi , el cual aborda la cuestión del mercurio, desde su extracción hasta su gestión como desecho. Frente a esto, en enero del año 2022, el Gobierno del presidente Luis Arce presentó dos proyectos. El primero, denominado Plan de Acción Nacional( pan ), será ejecutado en dos años con una inversión de 500.000 dólares para la elaboración de estrategias que a la larga permitan una reducción gradual del uso del mercurio en la minería. La segunda iniciativa es el proyecto Planet gold Bolivia, la cual durará cinco años con un presupuesto de unos 6,5 millones de dólares, con el fin de aumentar el acceso al financiamiento que conduzca a la adopción de tecnologías sostenibles sin mercurio. Cacho incursionó en las tareas de extractivismo de oro en los ríos del Amazonas por dos razones: ayudar a su familia con el dinero que se le entregaba a cambio de trabajar en el garimpo y hallar rastros que le lleven a encontrar el tan ansiado Dorado. De concretarse este último, ya no sería necesario trabajar nunca más, pensaba Cacho, en su inocencia y curiosidad. Es más, su voluntad era tal que tomó la decisión de dejar la escuela cuando apenas estaba iniciando la secundaria. Sus padres no objetaron tal situación. Al parecer, existían otras prioridades en ese momento. El grupo con el cual extraía minerales estaba conformado, en su mayoría, por bolivianos. Solo los contratantes eran de nacionalidad brasilera, quienes obligaban a trabajar horas extras a los garimpeiros. En muchas ocasiones eran amenazados con no recibir su paga en caso de no cumplir con las extremas exigencias. Pero ante las urgentes necesidades de los contratados, no les quedó otra que acatar las órdenes de los patrones, atentando contra su salud. De lunes a lunes, de sol a sol, Cacho se preparaba para enfrentar las duras condiciones que le aguardaban en las minas. Debía pasar horas bajo el sol abrasador, golpeados por olas de calor, excavando en el barro y sacando tierra en busca de cualquier rastro de oro en medio de uno de los ríos. Conforme pasaban las horas, caían presas de la desesperación. Cacho y sus compañeros nunca recibieron un informe de un aproximado de la 46 cantidad de oro que se extraía tras ciertas temporadas de trabajo. De modo que el pago nunca fue justo, ya que no respondía al resultado de su labor. Las jornadas de trabajo eran rutinarias. Desde muy temprano debían presentarse para continuar con las labores de extracción. En ocasiones, pasaban la noche en el campamento, ya que no les quedaba de otra. Esto debido a las altas horas en la que terminaban el trabajo. Un lugar humilde y básico era el refugio del cual disponían los garimpeiros para descansar. Este campamento minero estaba compuesto por chozas de madera que ellos mismos también tenían que construir con sus propias manos, mientras que los contratantes pasaban las horas de descanso en mejores condiciones. Sin embargo, cualquier espacio era cómodo tras las horas y horas de trabajo en los ríos. Las condiciones aquí son difíciles: el aire es húmedo y sofocante, los insectos nunca parecen dar tregua y el ruido constante de las máquinas y los compañeros de trabajo crean un ambiente frenético. Se acomodaban alrededor de una tenue luz de las lámparas de queroseno. Pese a cualquier inclemencia, estas especies de refugios otorgaban la protección suficiente contra la humedad y cualquier animal. En otras palabras, durante las noches, este campamento es un mundo aparte. Las noches son oscuras y misteriosas, el murmullo del río cercano se mezcla con los sonidos de la selva, creando una sinfonía única. Pero nada evitaba que sientan la ausencia de la comodidad y la tranquilidad de una habitación silenciosa con una cama. Algunas noches, antes de cerrar los ojos, compartían algunas historias, muchos de ellos explicaban el motivo por el que se encontraban trabajando en ese lugar. No era de extrañar que una lágrima interrumpiera algún relato. Su mayor impulso para despertar al día siguiente era encontrar algún brillo entre las aguas y la arena que les permitiera cambiar sus vidas y las de sus familias. La alimentación que se les brindaba constaba de arroz, pescado o cerdo, el cual debía ser cazado. Durante los momentos de descanso, los contratantes también les facilitaban a los garimpeiros una bolsa con coca y una botella de alcohol, para seguidamente continuar con los trabajos. A pesar de las limitaciones, cada comida representaba una oportunidad para reunirse como comunidad.“ Compartir lo que teníamos y ayudarnos entre nosotros era una parte especial de nuestra vida en la mina ”, explicaba Cacho. En cuestión de semanas, Farith rápidamente destacó en el grupo por sus habilidades en natación. Él era el único que sabía bucear, de modo que los 47 patrones le lanzaron el reto de aventurarse a aguas más profundas en el río. Se le asignó la labor de ubicar la manguera de la maquinaria extractora en el punto más profundo y céntrico de esa fuente fluvial con el fin de obtener una mayor cantidad de minerales. Cacho logró satisfacer a los contratantes. Sin embargo, esto le llevó a tener que trabajar horas extras. Al sumergirse en aguas más profundas, la llegada de la luz era nula, por lo que no existía diferencia si trabajaba de día o de noche. Los brasileros solo querían observar resultados. Las labores de extracción consisten en varios pasos, el primero de estos, y en el cual Cacho comenzó a trabajar al inicio, consistía en sacar sedimentos desde lo más profundo del río. Pues era en esos sedimentos donde se encontraba el oro, mezclado con arena y rocas. Si no estaba buceando, Farith también colaboraba en las siguientes tareas. El segundo paso en este proceso consistía en la trituración de la roca que contiene el oro. Generalmente, esto se hacía utilizando molinos de mano o trituradoras rudimentarias. Seguidamente, el material triturado se mezclaba con mercurio líquido. El mercurio forma una amalgama con el oro presente en la roca triturada, lo que permite la separación posterior del oro del resto de los minerales. Esto era posible debido a la afinidad del mercurio por el oro. Posteriormente, la amalgama se sometía a procesos como el lavado y la filtración para separar el oro de otros materiales. Luego, la amalgama se calienta en recipientes abiertos para vaporizar el mercurio. El vapor de mercurio se recoge y luego se condensa nuevamente en forma líquida. Este proceso libera vapores de mercurio a la atmósfera, lo que es perjudicial para la salud humana y el medio ambiente. Finalmente, el oro resultante se procesa más para separar el mercurio residual y otros contaminantes. Después de utilizarlo, los mineros tiran el mercurio a los ríos contaminando a los peces y alrededores. La actividad aurífera ha crecido exponencialmente en los últimos años. En 2020, se exportaron 25 toneladas de oro metálico con un valor de 1.276 millones de dólares, mientras que en 2022 alcanzó a 64 toneladas con un valor de 3.003 millones, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas( ine ). Respecto al mercurio, en 2015 Bolivia importó 151,5 toneladas de mercurio mientras que un año después alcanzó la cifra récord 238,3 toneladas. En 2020 importó 165,2 toneladas, superando a países como India(113) o Emiratos Árabes Unidos (104), convirtiéndose en uno de los principales importadores del mundo según un comunicado del 48 Viceministerio de Comercio Interior. Según Annals of Global Health, en un estudio realizado en 2016, en toda la región amazónica se pierden anualmente entre 130.000 y 220.000 años de vida saludable debido a la discapacidad inducida por intoxicación moderada crónica con mercurio metálico. Tomando todo en cuenta, se considera que el mercurio altera las condiciones de salud de más de 1.5 millones de personas en toda la Amazonía. Solo fue cuestión de tiempo para que Cacho evidenciara las primeras consecuencias. Iniciaba el siglo xxi , Farith, con poco más de veinte años, comenzó a notar cambios en su salud. Experimentó dolores de cabeza persistentes y notó temblores en sus manos. Al principio, atribuyó estos síntomas al agotamiento natural del trabajo en la mina, pero pronto se volvieron inquietantes. Su apetito disminuyó y su piel comenzó a mostrar señales de enrojecimiento e irritación. Sin embargo, pese a todas estas muestras, Cacho no disminuyó la intensidad de su esfuerzo, ya que, a los ojos atentos de los patrones, no tenía valor ninguna queja o malestar, así como tampoco alguna señal de enfermedad. El objetivo era sacar y sacar arena, con la esperanza de hallar oro, oro y más oro. Los días se convirtieron en semanas, las semanas se convirtieron en meses. Lo que comenzó como un malestar en las manos, acompañado de algunas manchas rojizas, pasó a convertirse en artrosis por el manejo de mercurio. La manipulación de objetos se tornó más difícil, y ni qué decir cuando se trataba de zambullirse en el río. Tomar objetos con las manos era una labor complicada que requería de mayor precisión. “Pensé que con algunas cremas que mi esposa me daba, podía recuperarme y disminuir el dolor” , decía Cacho. Pero nada parecía contrarrestar los malestares. Llegó a un punto en el que, con el transcurso del tiempo, el afectado se acostumbró al dolor, ya que sin el mayor recurso con el cual trabajaba, sus manos, su familia nuevamente regresaría a los brazos de la pobreza. Pero eso no era todo. Cuando era momento de colocar la amalgama en recipientes abiertos para vaporizar el mercurio, Cacho inhalaba el vapor de ese metal. Esto atacó directamente a su sistema nervioso. Si ya de por sí tenía artrosis, sufrir temblores regulares en las manos llevó a Cacho a la preocupación. Pero hasta ese punto, jamás pasó por su cabeza que la causa estaba en el río. Sus familiares y amigos le advertían que posiblemente se debiera a la picadura de algún insecto. Le recomendaban reposo, pero el joven trabajador se excusaba en que era necesario continuar con las labores en el Madre de Dios. 49 También le aplicaban algún remedio tradicional basado en ciertas hojas del entorno y al no hacer efecto, Cacho decía que no era nada y que pronto pasaría. Pero, además, por momentos, mantener el equilibro se convirtió en una tarea difícil. Hubo días en los que algunos“extraños mareos” lo obligaban a tener que sujetarse en el objeto o persona más próxima para no caer al suelo. “Creo que alguna vez tuve que caminar con un palo para no caer” , aclara Farith. Constantemente sufría de problemas estomacales, que derivaron en diarrea. Hasta ese entonces, Cacho nunca recibió la información necesaria para descubrir el motivo de sus malestares. Es así como, impulsado por su inquietud y preocupación, finalmente decidió buscar ayuda. Visitó a un médico local en Riberalta que le explicó lo que le sucedía: envenenamiento por mercurio, una condición que se desarrolla cuando éste se acumula en el cuerpo a lo largo del tiempo. Bastaba con inhalarlo, ingerirlo o incluso tocarlo para empezar a sentir sus efectos. Al conocer esa noticia, Cacho esperó hasta los últimos días del mes para comunicarles a sus contratantes cual era el estado de su salud. Los oyentes, al escucharlo, reaccionaron de una manera despectiva. Lo intimidaron para luego, aprovechando la situación, expulsar a Cacho del campamento. De esta manera, los contratantes se desentendieron del deber de entregarle el pago completo de ese mes. La revelación sobre su frágil estado de salud y la pérdida de su única fuente de ingresos sacudieron a Farith hasta lo más profundo de su ser. Se dio cuenta de que su búsqueda de riqueza había tenido un costo demasiado alto. Las mismas partículas de oro que había estado extrayendo con tanto esfuerzo estaban envenenando su cuerpo y robándole su salud. La perspectiva de enfrentar problemas graves y daños irreversibles lo llenó de miedo y remordimiento. El monto que estaba dedicado a solventar los gastos de su familia, al final fue utilizado para comprar remedios que aliviasen la intensidad de los dolores y malestares. Sin embargo, pese a todo, solo fue cuestión de algunos años para que Farith regresase al campamento minero en el Amazonas para retomar las actividades de extracción de oro. A pesar de las dificultades y riesgos, de los cuales ya tenía conocimiento, no abandonó su participación en el uso de mercurio en la extracción de oro. Supo que también otros de sus compañeros comenzaron a mostrar las mismas consecuencias. Entre ellos, unos sufrieron mayores daños, otros menos; otros, pese a todo, se 50 mantenían firmes en el río. Incluso, algunos fueron obligados a abandonar las minas ya que no estaban respondiendo de acuerdo con las exigencias, ya que llegaron a un nivel de daño irreversible. La Organización Mundial de la Salud clasifica al mercurio como una de las diez substancias químicas o grupos de substancias químicas que plantean mayor preocupación para la salud pública. Según un estudio del Fondo Mundial para la Naturaleza( wwf , por sus siglas en inglés), existe una clasificación de consecuencias a partir de dos tipos de mercurio. El primero consiste en la inhalación de lo que se conoce como mercurio elemental. Las consecuencias de esta son: insomnio, temblores, inflamación de boca y labios, enfermedad de los riñones, inflamación y edema pulmonares y desórdenes gastrointestinales. La segunda clasificación consiste en el consumo de mercurio orgánico. Las consecuencias de esta son: molestias de la vista, desórdenes neuromusculares y psicomotores, pérdida de audición, temblores musculares, parálisis y retrasos y deterioro cognitivos y motores. Sin duda, el efecto en el ser humano es altamente peligroso. Hoy, con más de 40 años, Cacho cuenta con una familia establecida, su esposa y una niña. Tiene diabetes, como resultado de algunos males que contrajo en sus años de juventud al trabajar en las minas. Pese a todo el tiempo que dedicó a la extracción aurífera, Cacho nunca logró ahorrar el dinero suficiente que le permitiera llevar una vida cómoda, lejos de la búsqueda de la satisfacción de las necesidades básicas de cualquier hogar. Esta es una de las muchas historias que uno puede conocer de aquellos que sufren las consecuencias del manejo de mercurio en la búsqueda de oro en los ríos del Amazonas. Sin duda, conocer el testimonio de quienes ingresan al río, entierran sus manos en la arena, respiran el vapor de ciertas mezclas, ingieren líquidos cargados de ciertos metales o consumen animales con cierta carga de contaminación, es un grito desgarrador que apela a la conciencia humana. En medio de la belleza de la selva amazónica, se oculta una realidad sombría que afecta a cientos y cientos de seres humanos que buscan una vida mejor. Quienes se aventuran a participar, en la mayoría de las ocasiones no tienen el más mínimo conocimiento de los efectos que derivan en una vida dolorosa, cargada de incertidumbre, que también puede traer consigo la muerte. De esta manera, más nombres se suman a la lista de víctimas de estas enfermedades relacionadas con el mercurio, transformándose así en un símbolo doloroso de los desafíos 51 que enfrentan las comunidades que dependen de la minería informal para sobrevivir. En su lucha por obtener un ingreso y un sustento diario, estas personas a menudo no tienen otra opción que exponerse a los peligros del mercurio, un elemento altamente tóxico que puede causar daños irreversibles a su salud y al ecosistema circundante. La contaminación del mercurio da lugar a efectos que se extienden a los seres vivos en las selvas amazónicas, creando una cadena de consecuencias negativas. Mirar a sus ojos y a los de muchas otras víctimas, nos obliga a enfrentar nuestras responsabilidades como sociedad global. Nos recuerda que cada acción tiene consecuencias, y que nuestra búsqueda de prosperidad no debe venir a expensas de la salud humana y el equilibrio ecológico. En última instancia, esta reflexión nos llama a emprender un camino de cambio, para que las futuras generaciones no tengan que pagar el precio de las decisiones tomadas en el presente. Esta es la historia de Farith Salvatierra, hombre que se convirtió en un testimonio vivo de los peligros ocultos de la minería con mercurio y el impacto devastador que puede tener en la vida de los seres humanos, y en diferentes fuentes de vida, como los ríos, los animales y la vegetación. Antes de terminar, una cruel ironía: después de todo, Cacho nunca logró encontrar El Dorado, solo halló el alto precio de jugar con el mercurio. tercer lugar Micro Video Rodrigo Riveros 54 Juntos podemos ser la voz “Escucha a la vida, escucha nuestra voz” MENCIONES especiales 57 El brillo melancólico Alejandro Aguilar Muchos dirán que el oro es un metal de abundancia y de poder, sin embargo, no siempre fue visto así, en la época de los noventa, en los lugares alejados de la ciudad de La Paz, podemos encontrar el sector de Suches, donde los mismos trabajadores y vecinos del lugar nos cuentan y nos narran cómo fue llegar hasta donde están y cómo influyó el oro en el camino, este metal que en su tiempo fue conocido como una piedra maldita. En las profundidades de las montañas, rodeado de un paisaje montañoso y exuberante, se encontraba el pintoresco pueblo de Suches. Este lugar, que parecía detenido en el tiempo, estaba impregnado de la rica historia minera que había sostenido a la comunidad durante generaciones. Suches es un lugar alejado de la sociedad, con costumbres andinas, donde se dedicaban a la crianza de llamas para poder subsistir. Al estar cerca del país vecino Perú, los comunarios de la zona trasportaban y comercializaban su lana y carne de llama en las fronteras peruanas, pues en esas tierras el control fronterizo era bajo, la seguridad policial no existía y les quedaba más cerca ir al Perú a vender el producto. Ellos mismos sabían que era más fácil que traer al centro de la ciudad de La Paz. A pesar de tener este pequeño pueblo unas condiciones climáticas tan fuertes que la vida era un constante desafío, la comunidad vivía en armonía con la naturaleza. Las llamas eran más que simples animales; eran compañeras esenciales para la supervivencia, la crianza de llamas era una tradición de generación en generación. Los habitantes del pueblo aprendieron a respetar y cuidar de estas resistentes criaturas que se habían adaptado a la altitud y a las duras condiciones climáticas. 58 Pablo Quispe, un compañero cooperativista de la región, nos relata que por los años 1993 y 1997, en la dictadura del presidente en ese tiempo, Gonzalo Sánchez de Lozada, la maquinaria extranjera que provenía de otro país llegó hasta los recónditos lugares de Suches para explorar las tierras vírgenes del lugar. Suches, antes conocido como un pueblo que se dedicaba a la crianza de llamas y por estar en armonía con la naturaleza, vio cómo sus tierras eran explotadas sin consentimiento alguno, veían cómo se hacían caminos y se deforestaban las áreas naturales. Las molestias y reclamos fueron llevados hasta la autoridad máxima del lugar, pero todos quedaron en nada, debido a que los trabajadores decían que eran mandados por el gobierno y la comunidad no podía hacer nada al respecto. Al observar el crecimiento económico y ver cómo las empresas extranjeras sacaban el oro en grandes cantidades, los comunarios empezaron a exigir que ellos tenían derecho a tener un porcentaje de esas ganancias, por lo que llegaron a un acuerdo en el cual los comunarios los dejaban trabajar y las empresas ayudaban construyendo colegios, plazas, centros de salud. Sin embargo, el deseo de la comunidad de tener más dinero y no estar satisfechos con las obras, llevó a que los mismos comunarios exigiesen ser trabajadores de las empresas para así sacar un porcentaje extra. Los encargados de las empresas se negaron a esas exigencias y empezaron a ver enfrentamientos que repercutieron en daños y destrozos de la maquinaria, incluso peleas que acabaron con heridos. Fue tanta la insistencia de la comunidad que las empresas que trabajaban en el lugar decidieron aceptar este convenio. Los comunarios, sin tener conocimiento acerca de la extracción de oro ni de los procesos, fueron excluidos de los trabajos y les daban los quehaceres más detestables en ese tiempo, ya que tenían que limpiar letrinas, ser cocineros, porteros y choferes de los extranjeros. Durante ese tiempo en que el oro estaba en su auge, las empresas extranjeras acababan con todo lo que se les cruzaba en el camino para poder seguir extrayendo el oro. Los comunarios que ya estaban en las empresas, al ver cómo estaban destruyendo sus tierras, empezaron a protestar, y a exigir que se cumplieran las tradiciones y las costumbres del lugar, las cuales eran darle una ofrenda a la Pachamama y respetar todo lo que les era brindado. Sin embargo, los trabajadores extranjeros no hicieron caso a esas peticiones burlándose de los mitos y leyendas de los lugareños. Los comunarios, al ver que no se 59 respetaba las tradiciones, les dijeron que en cualquier momento la Pachamama iba a castigarlos por los daños que le estaban causando. No fue mucho tiempo después que, a pesar de las advertencias, seguían trabajando hasta el día en que llegó una noticia a los oídos de los trabajadores. Todos en el lugar hablaban de que habían encontrado una mina de oro, uno de los mejores yacimientos, pero que estaba en el centro del lago Suches. Al escuchar esa noticia todas las empresas estaban dispuestas a hacer cualquier cosa para poder extraer el mineral, llamaron a sus mejores técnicos especialistas para dar una solución y así poder ver la manera en la cual se pudiera trabajar en ese lago. Llegaron muchos extranjeros, los cuales cuentan sus relatos, que al entrar al lago justo en el centro del mismo se veía un reflejo, como de un toro, al cual llamaron“toro de oro”. Las leyendas decían que era un tesoro Aymara, que estaba completamente esculpido de oro macizo, se decía que tenía un brillo dorado tan intenso que iluminaba la noche más oscura. Al escuchar esa noticia fue una pelea para ver quien se adjudicaba y quien tenía la mejor idea para extraer el“toro de oro”, no fue mucho tiempo después que profesionales extranjeros con buzos especiales empezaron a explorar las aguas del lago Suches. Ellos indicaban que por más que buscaban no encontraban el famoso“toro de oro”, pero que en lo más profundo del lago había un reflejo que justo al querer llegar a ese lugar, les empezaba a faltar oxígeno, ese brillo dorado hipnotizó a todos los trabajadores del lugar, haciendo que su ambición empujara a muchos a meterse al lago a buscarlo. Desde esa noticia a finales del 95 fue cuando comenzaron los cuentos del oro, llamándola la era del brillo melancólico; muchos comunarios, profesionales, trabajadores, solo por el deseo de conseguir el famoso toro de oro, cuyo resplandor atraía a muchos que se metían al lago para poder sacar el tan preciado oro, pero solo lograban salir con una pequeña pepita de oro. Sin embargo, lo que no se daban cuenta era que las bajas temperaturas que congelaban el lago a los-10°C, y los suelos, los lodos, hacían que las personas que entraban al lago en busca del tesoro ya no regresaran a sus hogares. Era tan triste encontrar al día siguiente los cuerpos flotando en el lago, ya sin vida. No fue hasta mediados de 1996 que alguna persona que se metía al lago, lo único llegaba a sacar era una simple pepita de oro, que se encontraba en las orillas. Esas personas desafortunadas que lograron sacar, aunque sea una pepita de oro del lago 60 empezaban a tener complicaciones de enfermedades, las cuales posteriormente ocasionaban su padecimiento. Muchos doctores señalaban como la causa las bajas temperaturas del lago, pero los Yatiris del lugar decían que era la venganza de la Pachamama. La gente y los pobladores del lugar empezaron a tener miedo y decían que era su castigo por haber destruido sus tierras sin consentimiento. Los cuerpos de las personas que habían muerto por causas no conocidas eran enterrados con su pepita de oro, porque decían que estaba maldita, que era mejor dejarla con la persona que la sacó. No fue hasta los años 2015-2016 que el cementerio donde se encontraban los cuerpos tuvo que ser movido por diferentes motivos de ampliación de la carretera, y relatan que al mover los cuerpos vieron que muchos tenían enterrados con ellos una pepita de oro. Los trabajadores que estaban realizando los trabajos en el cementerio, sin ser de la comunidad y felices de encontrar oro, se las guardaban sin saber qué les iba a ocasionar, pues no pasó mucho tiempo hasta las personas empezaron a contraer algunas enfermedades que a algunos los llevó a su padecimiento. Volviendo al año 1997, los trabajos se seguían manteniendo, los extranjeros manejaban todo el proceso y los comunarios se dedicaban a trabajos forzosos. Sin embargo, a finales del 97 llegó una alarma, una alarma a todas las empresas, llegó la noticia de que debían acumular todo el oro extraído, que no importaba dejar las máquinas y el proceso, pero que todo el oro tenía que acumular en ese momento, esta alarma se debía a que, en la ciudad de La Paz, la sede de gobierno, estaba existiendo un golpe de estado al presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. Lo que los comunarios se dieron cuenta es que las empresas extranjeras todas trabajaban para él y lo que estaba haciendo era acumular todo lo extraído y salir del país con todas las riquezas. Pablo nos relata que llegaron helicópteros con personal armado,“ no distinguí bien, pero sabía que no eran bolivianos” , nos menciona, ellos se encargaron de cargar el oro en los helicópteros y salir del lugar, después llegaron los carros blindados, sacaron las cantidades sobrantes y pasaron al Perú. Todo el oro extraído de los lugares fue trasladado en avionetas y helicópteros, cuenta Don Octavio Mamani, cooperativista de la región de Tacacoma, acotando a los hechos anteriormente mencionados que vieron avionetas volar, pero que una no logró alcanzar vuelo, los comunarios dicen que esa avioneta era del sector de Suches, la Pachamama eran 61 tan celosa que se habla que si se saca cualquier cosa de la Pachamama siempre tienes que devolverle, es por eso que las costumbres te hablan de ofrendas a la Pachamama. Todo el oro que se extrajo de Suches, algunas partes venían del lago, los mismos trabajadores por la codicia y riqueza no se dieron cuenta lo que estaban haciendo y fue así que vieron cómo la avioneta que estaba sobrevolando la parte boscosa del sector se estrelló en medio del monte, numerosos exploradores han intentado descubrir el lugar específico donde cayó la avioneta y así dar existencia a ese lugar. Sin embargo, el terreno inaccesible, la densa selva y la falta de pruebas concretas han hecho que su ubicación siga siendo un enigma. Muchos comunarios del lugar, fuerzas armadas, fuerzas americanas, quisieron encontrar la ubicación, pero debido a los factores naturales del lugar, fueron muchos los que ingresaron, pero no regresaron. Algunos dicen que la maldición del lago Suches cayó sobre los frondosos bosques de Payayungas al estrellarse la avioneta, pues el lugar se volvió tan peligroso para los humanos que querían ingresar que le denominaron el pequeño Paititi en honor a las leyendas del hermano vecino peruano. Volviendo al pueblo de Suches, todos los trabajadores extranjeros habían abandonado el lugar, solo quedaban los trabajadores de la comunidad, al ver que dejaron todo el equipo y maquinaria pensaban que ellos iban a continuar con el trabajo, pero fue tanta la ignorancia de no saber manejar maquinaria que con el tiempo fueron desmantelándolas y usándolas como estatuas siendo un atractivo de la plaza principal del pueblo. Habiéndose quedado sin maquinaria y viendo que se perdieron un poco las costumbres del pastoreo y además que no se generaba la misma ganancia vendiendo y comercializando la llama, el pueblo empezó a decaer, la gente empezó a migrar a otros lugares. Sin embargo, los que se quedaron intentaban realizar la extracción de manera artesanal, pero grosso modo, la extracción del oro era una fuente de esperanza y desesperación en ese tiempo. La comunidad se veía atrapada en un ciclo vicioso de trabajo agotador y peligroso en busca del oro que les permitía sobrevivir. Hasta mediados del 99 que las actividades auríferas empezaron a retomar con fuerza, esto debido a que en el pueblo empezaron a pensar en sus beneficios y decidieron contratar a profesionales para que pudieran manipular los equipos o en todo caso enseñarles a usarlos. Fueron en busca de conocedores tanto del lado peruano como del boliviano y es así cuando poco a poco empezaron 62 a contratar gente para el trabajo con maquinaria para retomar las actividades. Se vieron en tanta necesidad y pobreza que, por ese motivo, ahora el mayor sustento económico del pueblo y de los comunarios de la zona es la minería aurífera. Viendo que a Suches estaba volviendo un auge en la minería del oro como en sus siglos pasados fue que empezaron a llegar inversionistas, gente capacitada y trabajadores, pero, así como llegaron gente de bien al lugar también empezó a llegar personas mal vivientes. No fue hasta el año 2003 cuando ya se había estabilizado la extracción de la minería en el sector que empezaron a ocurrir bastantes hechos que hasta el día de hoy recuerda el pueblo. Los procesos mineros del lugar eran idénticos que, en años pasados, igual al de los extranjeros, no cambiaban en nada, aprendieron técnicas de recuperación donde se utilizaba mercurio para mejorar el proceso. Sin embargo, para comprar el mercurio de Bolivia, por el viaje que realizaban y los costos que implicaba eso, preferían comprar del hermano vecino peruano. Al pasar al vecino país, lo que nos cuenta Pablo es que al boliviano le gustaba alardear, decían que les iba muy bien, que tenían muy buena extracción, decían que iban a ser el pueblo con la mejor economía del lugar y lo fueron, pero alardear y presumir fue lo que los llevó al caos. Esos comentarios llegaron a oídos de malvivientes, y empezaron a robar a las cooperativas, llegaban en vagonetas, armados, entraban a las cooperativas y empezaban a robar el oro y fácilmente se escapaban al vecino país. Empezaron a existir asaltos a las personas que transportaban el oro para vender lo robado en la ciudad de La Paz, los malvivientes realizaban robos a las casas de las personas que sabían que conservaban su oro guardado, la gente ya sentía miedo porque los ladrones andaban armados y no tenían miedo a tirar del gatillo. Pablo nos cuenta que sucedieron bastantes eventos que fueron históricos en el pueblo de Suches, pero el más influyente fue el siguiente: Fue una fatídica fecha de 2003 cuando un grupo de tres peruanos y un boliviano llegaron al pueblo de Suches, ellos ya sabían las fechorías que iban a cumplir y esperaron a la noche, en esa noche lúgubre y oscura porque no alumbraba la luna fueron a robar a una cooperativa. Lo que no se dieron cuenta es que ya las cooperativas contaban con más seguridad y vigilancia; cuando llegaron a la cooperativa el encargado avisó que se habían entrado extraños, 63 todos salieron con sus palas, machetes y piedras a defender, pero no sabían que ellos estaban armados, no fue más que el sonido de los disparos lo que se escuchaba en esa noche y los gritos de los compañeros de la cooperativa, lo que hizo que los malvivientes se suban a su movilidad y empiecen a escapar, ya las cooperativas viendo que existía tanto robo tenían un aviso mediante radio y fue lo que hicieron, alertaron a las cooperativas y éstas alertaron a los comunarios. Solo se veía un pequeño manto de polvo en el camino cuando empezaron a sonar las alarmas y empezó la persecución, no fue hasta una mala curva donde los malvivientes se pasaron de largo que ya no pudieron salir de la movilidad. La población y los comunarios, cansados de tanto robo y hurto, quemaron el auto con las personas adentro, perdiéndose vidas, para que sepan que ya estaban hartos y que ellos empezarían a tomar la justicia en sus manos. Hoy en día se puede ver el auto todavía quemado en el pueblo de Suches. Lo que nos cuentan no solo habla de un robo de oro, sino también de la resiliencia de las personas y de cómo las comunidades pueden unirse en tiempos difíciles. Aunque el oro fue robado, el espíritu de lucha y la determinación de los mineros brillaron más intensamente que nunca. Generación tras generación, la tradición minera continuó y las historias de valientes mineros se transmitieron de padres a hijos. Los mineros se convirtieron en figuras legendarias en el pueblo, y se celebraba anualmente un día en su honor, cuando se comparten anécdotas y se recuerda su valentía en el pueblo de Suches, todas las historias que muchas veces se cuentan con una cerveza en la mano son una joya enclavada en el altiplano que contaba la historia de su gente con orgullo. Detrás de cada pepita de oro hay historias humanas que merecen ser contadas, las familias que dependen de la mina para su sustento, generación tras generación, conocen el sacrificio y la tenacidad como nadie más. La historia de los pueblos mineros, en especial de Suches, es un reflejo de nuestra compleja relación con las aspiraciones humanas. A medida que la tecnología y la sociedad avanzan, es importante recordar que detrás de cada pepita de oro hay vidas, sueños y desafíos que merecen ser honrados y entendidos en toda su profundidad. Pues en ese entendido, el proceso minero y la cultura en el pueblo de Suches son dos elementos que a menudo se entrelazan. Sin embargo, cambiar el proceso minero por la cultura es un desafío complejo debido a 64 las diferencias inherentes entre estos dos aspectos y las consideraciones prácticas y socioeconómicas involucradas. Hoy en día la zona es un potencial campo en el ámbito de la extracción de material aurífero, empero, no está de más aclarar que los pueblos que dependen de la extracción de oro a menudo experimentan una serie de desafíos y complejidades que afectan tanto a su economía como a su comunidad en general. La relación entre los pueblos mineros y el medioambiente que los rodea es a menudo una danza delicada, la extracción de minerales entra en conflicto con la preservación de la naturaleza, puesto que la tierra es perforada y excavada, dejando cicatrices que pueden tardar siglos en sanar, así como también los ríos pueden verse contaminados, y los hermosos paisajes que alguna vez rodearon los pueblos pueden desvanecerse lentamente. 65 Desde el cielo por el Mitti Miguel Alejandro Nina Perez “La crucial existencia de los Esse’Ejja” 66 Custodios de la biodiversidad Un testimonio de la resistencia ante la minería del oro Ángela Balanza Es época seca: las lluvias menguan y el clima es desfavorable. Los cielos se tornan grisáceos, envueltos en una neblina casi constante, resultado del inicio de la temporada de chaqueos, que desencadenan los incendios más cruentos de este período del año. En medio de este desolador paisaje, aquellos custodios de los verdes bosques amazónicos, con el corazón contrito, inhalan el acre aroma del humo impregnado en el aire. Llevan el alma cansada de ver cómo su amada selva se consume ante la voracidad de aquellos que buscan expandir sus límites para cultivar especies depredadoras que agotan el suelo. Ese suelo, otrora rico en nutrientes y sustento de una fauna única que solía representar la esencia de nuestra nación, se desgasta poco a poco, como si se borrara una parte vital de su identidad. Sin embargo, su sufrimiento no se limita al ver los grandes árboles destruirse. Sino también recae sobre los cuerpos indefensos de los animales atrapados entre las implacables llamas de fuego. Como guardianes de los parques y áreas protegidas, los guardaparques tienen la responsabilidad de rescatar a estas criaturas, y en muchos casos, arriesgan sus propias vidas sin el equipo adecuado para afrontar tal desafío. No obstante, los incendios que devoran la Amazonía boliviana son solo uno de los horrores que asolan la región. Un problema aún más aciago, es el que ensombrece el espíritu de los guardaparques: la agonía de ver cómo los ríos que solían frecuentar en su infancia, aquellos donde se sumergían con alegría, se han convertido en afluentes contaminados, debido a una actividad extractiva que, como un espectro 67 letal, ha arrancado la vitalidad del entorno natural: la minería aurífera. En este escenario tenemos a Marcos Uzquiano, un guardaparques muy comprometido con la tierra que lo vio nacer y que, desde temprana edad, anheló convertirse en el guardián de aquella exuberante selva que lo rodeaba, un sueño que eventualmente se hizo realidad. Ingresó como guardaparques en el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado 1 ( pn anmi ) Madidi, una reserva recién creada apenas tres años antes de su ingreso voluntario. Esta zona protegida es un tesoro de biodiversidad y se alza como la más diversa del mundo en términos de especies, albergando cerca del 50% de la flora y fauna de Bolivia. 2 El compromiso de Marcos hacia el territorio que amaba se fusionó con el de otros doce guardianes de la naturaleza. Su misión inicial se centraba en evitar la tala ilegal de madera mara, cerca de los ríos Tuichi, Quendeque, el arroyo Arana, Siliamas, Pacay y otros afluentes. Sin embargo, en aquel tiempo, estos valientes voluntarios carecían de campamentos fijos 1 Decreto Supremo Nº 24123, del 21 de septiembre de 1995. 2 Expedición Científica identidad madidi (Informe Ejecutivo, 2015) que pudieran servir como centros de operaciones para coordinar estrategias de vigilancia más efectivas. Además, su labor implicaba patrullar las zonas conflictivas en pequeños grupos o incluso construir sus propios puestos de control improvisados. Por fortuna, el esfuerzo conjunto de estos apasionados por la naturaleza condujo a la evolución de sus operaciones. Poco a poco, establecieron nuevos puntos de control a lo largo de la vasta región que se extendía desde Bala hasta Colorado, pasando por Sadiri, Apolo, Santa Cruz Valle Ameno, San Buenaventura, Ixiamas y Puerto Soledad, todos ellos en el norte del departamento de La Paz. La década entre 2001 y 2010 marcó un periodo de florecimiento para el parque. El número de guardaparques aumentó y recibieron capacitación constante, así como equipamiento mejorado. Paralelamente, las comunidades locales cosecharon los frutos de nuevos proyectos, como el Proyecto Café Madidi, que benefició a la Asociación de Productores de Café Apolo( apca ). Además, se realizaron investigaciones científicas que descubrieron nuevas especies, atrayendo a renombrados investigadores a nuestro país. Un ejemplo notable es el Monito Lucachi ( Plecturocebus aureipalatii ), una diminuta criatura 68 descubierta por el biólogo inglés Robert Wallace entre 2000 y 2005. El entusiasmo por nombrar esta nueva especie de mono tití condujo a instituciones relevantes como el sernap (Servicio Nacional de Áreas Protegidas), Fundesnap(Fundación para el Desarrollo del Sistema Nacional de Áreas Protegidas), Wildlife Conservation Society( wcs ) y Charity Folks a organizar una subasta que recaudó alrededor de 650,000 dólares. Estos fondos debían destinarse a un fondo fiduciario para el pn anmi Madidi, además de recaudar aproximadamente 35,000 dólares anuales para la gestión del parque. Aunque actualmente persiste el problema de que el apoyo financiero a menudo no llega directamente a las Áreas Protegidas, esto debido a una serie de obstáculos burocráticos que desvían los recursos económicos, dejando en segundo plano el objetivo primordial para el cual fueron originalmente designados. Durante esta época de importante afluencia turística y fomento de investigaciones y hallazgos, Marcos y sus compañeros empezaron a escuchar rumores provenientes de expertos que señalaban el potencial aurífero de la región. Fue en el año 2011 cuando observaron con pesar y alarma los primeros indicios de minería mecanizada en Suyo Suyo, dentro del mismo Área Natural que protegían. Preocupados, actuaron con celeridad, convocando a las autoridades correspondientes y logrando repeler la amenaza incipiente. Pero los desafíos no se limitaron a eso. En la comunidad Laji Lurizani, del municipio de Pelechuco, se toparon con una compañía minera china que estaba abriendo un camino que penetraba en el corazón del Parque Nacional. Con determinación y movilización, nuestros guardaparques lograron que esta empresa enfrentara las consecuencias de su actuar, pagando una multa y deteniendo la obra hasta que obtuvieran un permiso de exploración, y no de explotación. Estos no eran incidentes aislados. Varias instancias de minería ilegal acechaban el área, a pesar de ello, mediante esfuerzos meticulosos, se lograba frenar su avance. Paradójicamente, muchas de estas cooperativas ostentaban concesiones que, en teoría, les permitían operar en la zona. Finalmente, para regocijo de aquellos interesados, la rezonificación preliminar del Parque llegó a su conclusión, otorgando permisos a las mismas mineras que ya habían penetrado en el área. Esta lamentable concesión hizo eco en los guardaparques, quienes, con el pesar de no haber logrado prevenir esta dolorosa acción, alzaron sus voces mediante 69 pronunciamientos, exigiendo una reconsideración de la decisión. Sin embargo, sus súplicas cayeron en oídos sordos y, en su lugar, suscitaron represalias en su contra, especialmente en el caso de Marcos, quien era en ese entonces jefe de protección del Madidi y que de manera injustificada destituyeron de su cargo, dejando en claro la postura de aquellos que lo rodeaban y evidenciando la indiferencia hacia su dedicación. Por otro lado, la insistente interferencia de los mineros auríferos no cedía, ya que sus apetitos crecían. La nueva ofensiva logró su cometido al obtener una ley que legalizaba el acceso a las áreas protegidas. Esta controvertida ley es la 535 de Minería y Metalurgia del 2014, que en su artículo 220 autoriza la actividad de explotación en las Áreas Protegidas, siempre y cuando se cumpliera con la “norma ambiental”. Tras la promulgación de esta ley, numerosos municipios pactaron acuerdos con las cooperativas mineras para permitir el uso de maquinaria pesada en sus territorios, bajo la justificación de impulsar el “desarrollo local”. Nuestro guardaparques relata que Apolo fue uno de esos municipios, el cual convocó a otras localidades vecinas para acusar al sernap de intervenir en sus planes de progreso. Esta artimaña logró persuadir a la población indígena, haciéndoles creer que la apertura de caminos en realidad los beneficiaría. Dos años más tarde, en 2016, el flujo de financiamiento internacional que sostenía al Parque experimentó una drástica reducción, dejando a todos impotentes ante esta cruda realidad. Casi simultáneamente, pese a la resistencia de las comunidades indígenas en desacuerdo, se forjó el respaldo para llevar a cabo el ambicioso“Proyecto Hidroeléctrico Bala-Chepete”, en un momento ya crítico para la región. En medio de este vaivén de intereses, Marcos asumió el papel de director interino del pn anmi Madidi. Su batalla fue contundente contra aquellos que buscaban beneficios a expensas del parque. Por otro lado, cuando el Decreto Supremo Nº 3549 de 2018 fue aprobado, la flexibilidad para otorgar licencias ambientales que permitieran actividades dentro de las Áreas Protegidas se volvió aún más evidente. Y para debilitar aún más la línea de defensa del Madidi, varias fuerzas se aliaron, tanto de la Central Cooperativa Minera de Apolo como de la fsutc Tupaj Katari de la provincia Franz Tamayo, con la intención de eliminar a quien consideraban un obstáculo. Como resultado, Marcos fue destituido de su cargo interino; aunque su remoción definitiva 70 del lugar se demoraría un poco más. Asimismo, añadiendo un problema más a la alianza entre mineros y federación de campesinos, la Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera( ajam ) y el sernap sellaron un convenio de intercambio de datos y mapas sobre las zonas donde se podría realizar la explotación de oro, colaboración que mantendría el fuerte tráfico de concesiones mineras en secreto durante los años 2019-2021. En consecuencia, la llegada de la pandemia brindó un espacio de oportunidad para las cooperativas acechantes. Surgieron aperturas de caminos y asentamientos en las cabeceras de los afluentes de la región. Se intentaron aplicar sanciones, pero lamentablemente, el gobierno central cedió mayor protagonismo a la Federación de Cooperativas Mineras Auríferas del Norte de La Paz( fecoman ), lo que resultó en la reubicación de Marcos fuera del Parque, hacia la Reserva de la Biosfera Estación Biológica del Beni( ebb ). Desde entonces, el pn anmi Madidi se ha visto invadido no solo físicamente, sino también en términos institucionales, por los empresarios mineros. Estos magnates tienen ahora el poder de nombrar a los encargados del Parque e incluso de determinar los días en los que los amenazados guardaparques pueden llevar a cabo inspecciones. Estas revisiones, en su mayoría, son poco más que formalidades, ya que las cooperativas mineras ocultan su maquinaria cuando saben que se realizarán las revisiones. Además, negocian con éxito las multas impuestas, reduciéndolas en su beneficio, mientras utilizan a los comunarios como pantalla protectora. Paradójicamente, ningún alto ejecutivo minero ha enfrentado sanciones directas... La preocupante situación no solo involucra a empresas nacionales, sino también a compañías extranjeras, tanto chinas como colombianas, las cuales, lejos de acatar las normativas ambientales, desatan su maquinaria pesada en una embestida que causa daños irreversibles al entorno. Para los guardaparques del Madidi, la impotencia se ha vuelto un compañero constante. Se ven forzados a observar con frustración cómo cada vez más campamentos mineros se asientan en las cabeceras del río Tuichi y sus afluentes, como el Amantala y el Motosolo. Además, han presenciado la construcción ilegal de una intrincada red de caminos que se abren paso desde las orillas de los ríos. La angustia y la tristeza se arraigan en el corazón de Marcos y sus colegas. Sus denuncias, reportes y llamados de auxilio parecen caer en saco roto, mientras el 71 desalentador sentimiento de que sus esfuerzos pasan desapercibidos se cierne sobre ellos. La inacción notoria del Estado, o, mejor dicho, su negligencia manifiesta para tomar medidas en respuesta a esta crisis, ha permitido y continúa permitiendo que las empresas mineras consoliden su posición en la región. Estas compañías han profundizado sus raíces y están asfixiando cualquier atisbo de esperanza para revertir los daños causados. Además, tratan de encubrir sus acciones ilegales al hacer creer que la explotación de la zona ya estaba en marcha antes de la creación del Parque, en un intento descarado de legalizar lo que es intrínsecamente ilegal. Además, cada día, cuando los guardaparques se esfuerzan por cumplir con su labor, se encuentran con obstáculos impuestos por aquellos que ahora se autoproclaman dueños del territorio y que, bajo la promesa engañosa de un desarrollo ficticio, han logrado conquistar a algunas comunidades indígenas, si bien no a todas. Estas comunidades se vuelven cómplices funcionales de las empresas mineras y la Federación de Campesinos, quienes, en muchos casos, recurren a tácticas intimidantes contra los guardaparques, involucrando incluso a mujeres y niños, y amenazando con la aplicación de la“justicia comunitaria”. Es evidente que esta influencia proviene de instancias gubernamentales de alto nivel. Por lo que, en la actualidad, Marcos y sus compañeros se enfrentan a un escenario desprotegido e inseguro en su lugar de trabajo. Se sienten atrapados, limitados tanto por las acciones de los comunarios como por la presencia amenazante de los mineros, quienes en ocasiones portan armas. Esta táctica de obstaculizar su labor tiene consecuencias directas: es imposible determinar con certeza la cantidad de maquinaria que se despliega en la región y, peor aún, la magnitud del desastre ocasionado. En medio de esta sombría realidad, el arduo trabajo y dedicación de los guardaparques se ven frustrados por un entorno hostil que pareciera estar en contra de sus esfuerzos por proteger un patrimonio natural invaluable. Por otro lado, al denunciarse actos de violencia como el sufrido por el guardaparques Raúl Santa Cruz, quien fue agredido por mineros mientras intentaba llevar a cabo tareas de control en la zona, se ha evidenciado una marcada inclinación de las autoridades judiciales hacia aquellos que violan la normativa, recibiendo recompensas en lugar de castigos. La situación actual de Raúl y Marcos resulta irónica, ya que refleja con precisión la manera en que opera la justicia en Bolivia en la actualidad. Ellos, 72 los guardaparques, se ven procesados por cumplir con su deber, mientras que aquellos que buscan enriquecerse a expensas de la tierra quedan impunes. A pesar de algunos esfuerzos aislados de fiscales y, ocasionalmente, de declaraciones provenientes del sernap acerca de la lucha contra la minería ilegal en el norte del departamento de La Paz, los intentos por frenarla se han mostrado insuficientes y débiles en su impacto. Aunque eventualmente, ha habido instancias en las que se han obtenido respuestas. Un ejemplo de ello fue cuando salió a la luz la preocupante intención del Viceministerio de Medio Ambiente, junto con la abt , el sernap y las cooperativas mineras, de acordar la actualización de los Planes de Manejo y Zonificación de las Áreas Protegidas Madidi, Apolobamba y Cotapata. Este peligroso acuerdo buscaba expandir la zona de aprovechamiento de recursos naturales aún no explorados en áreas que hasta entonces estaban protegidas. Sin embargo, diversos colectivos ambientales, guardaparques y sobre todo los pueblos indígenas que habitan en el norte de La Paz, lograron revertir esta decisión, anulando el acuerdo entre las mencionadas instituciones. A pesar de este triunfo, es importante reconocer que su carácter definitivo es incierto, ya que podría ejecutarse en algún momento antes de que el Plan de Manejo y la Zonificación del Madidi alcancen su término en 2024. El desafío persiste y la lucha por la protección de estos espacios naturales continúa. En cuanto a la posibilidad de que los empresarios mineros o las cooperativas cambien sus métodos de extracción para adoptar prácticas más responsables con el medioambiente, es importante abordar esta cuestión desde varios ángulos. Aunque se han propuesto diversos proyectos que intentan presentar métodos de extracción menos perjudiciales, como el llamado“oro verde”, es crucial reconocer que este enfoque no es universalmente aceptado ni implementado. La falta de voluntad para cambiar radica en la reticencia de algunas empresas y cooperativas a abandonar sus prácticas habituales, incluso cuando se les brindan alternativas más sostenibles. En muchas ocasiones, los mineros expresan disposición a aprender nuevos modos si el Estado o los propios guardaparques los capacitan, pero la mera disposición a aprender no es suficiente. Se requiere un compromiso más sólido para explorar y adoptar modelos innovadores, incluso buscando ejemplos exitosos en otros países, especialmente cuando los inversores tienen los recursos para capacitar a sus trabajadores. 73 En ese contexto, es preciso saber que la minería ilegal acarrea una serie de efectos dañinos tanto para el medioambiente como para la salud humana. Esto se debe en parte al uso de grandes cantidades de mercurio en el proceso de extracción del oro. El mercurio genera desechos que entran en contacto con el agua, convirtiéndose en metilmercurio, una forma altamente tóxica del metal. Esta sustancia es perjudicial para los peces y presenta un riesgo para los seres humanos que los consumen como alimento. Además, el mercurio se convierte en el principal contaminante de suelos y cuerpos de agua, lo que causa daños irreversibles a la flora y fauna local. Es relevante destacar que Bolivia importa una cantidad significativa de mercurio, como lo revela un estudio de las Naciones Unidas realizado en 2018. Este informe advierte que Bolivia ocupa el segundo lugar a nivel mundial en importación de mercurio. 3 Sorprendentemente, la cantidad de mercurio que ingresa al país supera incluso la cantidad de oro extraída utilizando este mineral. En el año 2019, Bolivia importó alrededor de 250 mil kilogramos de mercurio, principalmente provenientes de México, que es el principal exportador de mercurio a Latinoamérica. 3 Centro de Documentación e Información Bolivia cedib . Según las afirmaciones de Oscar Campanini, director del Centro de Documentación e Información Bolivia( cedib ), todo este metal pesado va a parar tanto a la minería ilegal como a la exportación ilícita desde nuestro territorio hacia países vecinos, sin un control adecuado. Esta situación plantea un preocupante escenario en el que el mercurio fluye sin restricciones, alimentando tanto la actividad ilegal dentro del país como el comercio ilícito en el extranjero, sin que exista una supervisión efectiva. Simultáneamente, los efectos adversos en la salud, tanto de los indígenas que habitan en las áreas afectadas como de los propios mineros, son alarmantes debido a la exposición a los vapores de mercurio, presentes en el aire y en el agua. Según el“Dossier Hemerográfico: Salud y uso de mercurio en Bolivia, Periodo: 2022-2023” del cedib , los síntomas perjudiciales se manifiestan en el corto plazo, incluyendo problemas estomacales, respiratorios y dolores de cabeza. No obstante, los efectos a largo plazo son aún más inquietantes, ya que podrían llevar a daños renales, neurológicos y cardiovasculares. Además, se ha observado que la exposición al mercurio puede generar problemas en el desarrollo de niños y bebés, lo que agrega un nivel adicional de preocupación a esta crítica situación. 74 Frente a la evidencia de todas estas graves consecuencias, parece que las autoridades gubernamentales tienen su mirada dirigida en otra dirección, casi rayando en una indiferencia hacia el sufrimiento de los habitantes de estas Áreas Protegidas. Estas autoridades parecen ignorar el impacto devastador de la minería ilegal y otras actividades igualmente perjudiciales para la biodiversidad de la zona, como la tala indiscriminada, los incendios descontrolados y la caza ilegal. La desesperanza se apodera día a día de los guardaparques, quienes enfrentan una posición peligrosa debido al abandono institucional y a condiciones de vida precarias. Campamentos cuya infraestructura se encuentra en ruinas, como es el caso de la Reserva de la Biosfera Estación Biológica del Beni( ebb ) en San Borja, son ejemplos de las condiciones en las que estos incansables trabajadores deben desenvolverse. A pesar de estar acostumbrados a vivir en entornos naturales, siguen siendo seres humanos con derechos fundamentales, incluido el acceso a servicios básicos. Sin embargo, a pesar de esta difícil situación, Marcos contempla la vasta selva ante él y mantiene la esperanza de que aún es posible cambiar las circunstancias actuales. Observa a los niños correr entre los árboles y navegar en pequeñas barcazas por los ríos. Él entiende que estos niños, así como los de las ciudades, a través de una educación ambiental adecuada, podrían llegar a apreciar y valorar la inmensa riqueza natural que esta tierra nos brinda. Ya que, si no actuamos, nos enfrentamos a un futuro incierto y sombrío, marcado por aguas completamente contaminadas, suelos despojados de árboles y un aire que irrita los pulmones con cada respiración. Aunque es loable el esfuerzo de denunciar la minería ilegal a través de las redes sociales o en eventos, la verdadera acción transformadora radica en lograr un cambio estructural en las políticas gubernamentales, independientemente del gobierno de turno, con el fin de preservar lo que queda de nuestro valioso patrimonio natural. La protección de estas áreas protegidas no es solo una responsabilidad de quienes trabajan en ellas, sino un compromiso que debe ser abrazado por toda la sociedad y reflejado en decisiones concretas y sostenibles. Sin verdaderas soluciones, los guardaparques, se encuentran solos, y limitados en su capacidad para prevenir la devastación de las Áreas Protegidas, las cuales representan un territorio precioso que alberga a millones de especies y a comunidades indígenas que aún conservan sus tradiciones ancestrales, legado que en sus manos es una responsabilidad que deben salvaguardar. 75 El desafío es grande y la tarea ardua, pero como sociedad, tenemos la oportunidad de cambiar el rumbo y asegurar un futuro en el que estas Áreas Protegidas continúen siendo refugios seguros para la vida silvestre, fuentes de inspiración y patrimonios naturales que merecen ser apreciados y conservados por las generaciones venideras. Bibliografía Fuente Primaria Uzquiano, M. 2023 26 de julio. Entrevista con guardaparques del pn anmi .[Entrevista personal] Webgrafía Balanza, A. 2022 Diario Energético.“Minería verde: un plan de cinco acciones para obtener oro de forma responsable”. Recuperado de: https://diarioenergetico.com/mineria-verde-un-plan-de-cinco-acciones-para-obtener-oro-de-forma-responsable/ Hemeroteca& Biblioteca Especializada, hbe. 2023 cedib .“ dossierhemerográfico : salud y uso de mercurio en bolivia perio do : 2022 – 2023”. Recuperado de: https://www.cedib. org/noticias/dossier-hemerografico-salud-y-uso- de-mercurio- en-bolivia-periodo-2022-2023/ Servicio Nacional de Áreas Protegidas, sernap . 2020 El Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi cumple 25 años como el área protegida más biodiversa del mundo. Recuperado de: http://sernap.gob.bo/el -parque-nacional-y- area-natural-de-manejo- integrado-madidi-cumple-25-anos-como-el-area-protegida- mas-biodivesa-delmundo/ Sierra, Y. 2019 Mongabay.“Robert Wallace: el científico inglés que descubrió el mono tití del Madidi”. 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Su búsqueda y demanda fue avanzando e incrementándose con el proceso civilizatorio del planeta. Guerras, conquistas, ascensos y caídas de imperios a lo largo de la historia de la humanidad, fueron motivadas por la ambición del oro, un metal que continúa siendo determinante para el devenir de los seres humanos. La búsqueda y acumulación de oro es, ha sido, el correlato de nuestra evolución como especie. A lo largo de siglos, fiebres del oro explotaron en diferentes partes del mundo; con ello, la movilización económica y social que arrastran, incluyendo, por supuesto, la depredación de ecosistemas. Millones de años de actividad geológica hicieron que la Cordillera Oriental, sobre todo en el departamento de La Paz, acumulara vetas de oro. También, a lo largo de millones de años, la erosión de estas montañas transportó el preciado mineral hacia los valles que se derivan de las alturas cordilleranas, depositándose en sus cauces, sitios que en términos técnicos se denominan yacimientos aluviales, cuya 78 concentración de oro es variable, factor que determina los emprendimientos mineros que desde hace décadas se desarrollan en aquella región. El estudio“Mercurio en la pequeña minería aurífera de Bolivia”(2021), indica que, para el año 2020, existían 2.077 cooperativas mineras, de las cuales aproximadamente el 70% son auríferas y cuya producción, concentrada principalmente en La Paz, cubre el 97% del oro que se produce en el país. Asimismo, se estima que un 2% de la producción aurífera proviene de vetas de minería primaria y un 75% de operaciones mineras aluviales. ¿Oro, o el mercurio de los ríos? Al norte de La Paz, en la tradicional región aurífera, se abre un vasto paisaje de tupidas y cerradas serranías talladas por serpenteantes ríos. Destaca la imagen que presentan las laderas de los cerros: árboles gráciles que se levantan erguidos entre la tupida vegetación, cuyo verdor contrasta fuertemente con el color ocre de las caudalosas aguas de los ríos que atraviesan estos valles. Cuando niño, había oído hablar de Tipuani, un lugar casi mítico por sus historias de fabulosas vetas de oro y las riquezas amasadas por quienes se aventuraban hasta aquellas alejadas latitudes. Su tradición aurífera se remonta a mediados del siglo xx , cuando empezó la explotación de oro y con ello la colonización de la región, destinada, por sus condiciones geológicas, a concentrar la actividad minera. Me encuentro en Teoponte, a casi 50 kilómetros de Tipuani, un lugar tal vez más conocido por el alfiler rojo que marcó su lugar en el mapa de Bolivia, en 1970, cuando un grupo de 67 jóvenes insurgentes decidió continuar la lucha armada iniciada por Ernesto Che Guevara. La elección del epicentro para su gesta no fue casual, en Teoponte se encontraba la planta de la compañía aurífera norteamericana South American Placers, cuyas instalaciones fueron saqueadas y dos de sus técnicos extranjeros secuestrados como parte de las primeras acciones guerrilleras. Su campaña se prolongó por escasos tres meses, durante los cuales estos mismos ríos y montañas atestiguaron su lucha y determinación; vidas segadas a bala y por las mismas fuerzas de la naturaleza. Aquí, de pie, a orillas del río Kaka, observo cómo una barcaza se mueve sobre las aguas cobrizas hasta que se detiene. Cual dinosaurio metálico, 79 desde su cubierta, una larga pala mecánica se eleva y clava sus colmillos en el lecho del río. Araña su fondo e implacable levanta la carga de tierra y rocas, mientras escurre sus aguas como baba de perro rabioso. La máquina gira sobre su eje y coloca la carga para su tratamiento en las cintas transportadoras, así dando inicio al proceso de cernido y lavado, hasta conseguir el ansiado oro que se esconde entre el revoltijo gris extraído. “Aquí el oro se explota así. Todo el proceso se hace en las dragas: sacan el material, lo pasan por los cernidores mientras el oro, que es más pesado, va quedando abajo y al final esa masa se mezcla con mercurio y lo queman para sacar el oro, lo que no sirve se bota de nuevo al río y así…”, comenta con naturalidad el chofer que me acompaña. Como desahuciando el futuro, en silencio, observamos las operaciones. Tal vez ambos intuimos que en algún momento se acabará el oro y detrás solo quedará la chatarra de sus maquinarias y la devastación de sus efectos. Agacho la cabeza y fijo la mirada en la orilla. Como suelo hacer en los viajes, recojo una llamativa piedra: entre blanca y gris, es perfectamente redonda. Con dudas y cierto temor, la guardo en el bolsillo ¿Cuánto mercurio habrá en ella? Centros mineros y la cadena contaminante Sinuosas y peligrosas son las rutas que conectan a los municipios de la región minera del norte de La Paz: Tipuani, Mapiri, Guanay, Teoponte y Caranavi, entre otras poblaciones que surgieron de estas serranías al influjo de la minería. Estos centros urbanos son pequeñas metrópolis en sí mismas; cobijan gente de aquí y de allá: bolivianos provenientes de diversas regiones, chilenos, colombianos, chinos y un sinfín de apátridas que se mezclan, hacen negocios y dedican sus días a un solo fin: explotar y comerciar con oro. La cantidad de personas que habita en estos municipios es fluctuante, la gente se mueve en función de la dinámica que establece el negocio del oro. Los centros poblados se caracterizan por el comercio y otras actividades que se generan como consecuencia del efecto multiplicador de la minera. Otra cosa que prolifera es la basura: grandes cantidades de desechos que, sin mayor reparo, terminan en improvisados botaderos o directamente arrojados al río aportando a su tan característico color y nivel de contaminación. No se percibe la presencia del Estado y sus instituciones llamadas a establecer control 80 minero y judicial. Por esa misma razón, avasallamientos, conflictos por tierras y pozas de oro; hechos de violencia, trata y tráfico de personas, entre otros sucesos que levantan titulares en los medios, están prácticamente naturalizados en el imaginario de la gente que vive o hace negocios en estos municipios. La explotación de oro se constituye en la principal fuente de generación de recursos económicos y sustento para la gente de estas localidades. Por tanto, grande y complejo resulta el desafío de establecer o perfilar equilibrios entre las necesidades de la población y el costo ambiental de la industria minera. De la ecuación también participan los actores políticos, económicos y sociales respecto a su relación con el Estado y su capacidad de movilización cuando sus intereses entran en juego. En el otro extremo, río arriba, están las comunidades indígenas y otras poblaciones, grandes y pequeñas, estrechamente relacionadas con el río y los recursos que provee. Estos grupos humanos, ajenos a las actividades mineras, se encuentran gravemente afectados por los efectos nocivos para la salud resultantes del uso indiscriminado de mercurio. Ni qué decir de la biodiversidad, que desde hace décadas soporta los efectos de la actividad humana. Las rutas que abre el oro Cada día, a grandes velocidades, cientos de vehículos con doble tracción se mueven en uno y otro sentido a través de los caminos que unen a los centros mineros. Raros son los autos que llevan placas; es el imperio de los chutos y el mercado gris de los combustibles. Entre Apolo y Mapiri, recorro el tramo en una vagoneta conducida con destreza y habilidad por la señora Andrea, la única mujer al volante de su sindicato y, evidentemente, la más responsable en la ruta comparada con sus colegas que, sin reparo ni miedo a la muerte, rompen las curvas a toda velocidad, sin bocina ni advertencia alguna. Forjada a fuerza de arduo trabajo, doña Andrea cuenta cómo, al igual que otras personas de la región, un tiempo se dedicó a la minería. Es común que las concesiones operadas por cooperativas mineras determinen un espacio al día, una pausa durante la cual permiten que los“poceros” busquen, de manera artesanal, oro en las pozas y lugares destinados para ese efecto. Se trata de una forma de retribución por la extracción de sus recursos naturales. Grande es el interés pues, si hay suerte, los recolectores pueden dar con el preciado metal y llevárselo sin pagar un centavo. Esta tarea, sin embargo, apenas 81 se permite durante una hora al día, lo que provoca violentas peleas entre las personas ansiosas de extraer algo de oro. Doña Andrea, de hecho, recibió una pedrada en la cabeza la última vez que se encontraba en esas faenas. “¡Grave! casi me rompen la crisma… ahí mismo, en el río me podía morir… ¿qué iba a ser de mis hijos? Nada, dije… hasta ahí nomás. Desde esa vez ya no me metí más a buscar oro y con este auto nos ganamos la vida…”. Mientras que, en las dragas, muy pocos saben cómo son las condiciones de trabajo: cuántas horas al día bregan los obreros, de qué seguridad gozan, cuáles son los niveles de explotación laboral que enfrentan. En los pueblos mineros saben que es natural operar en medio de carencias, precariedad y que durante sus faenas pueden morir. Muchos caen al río o sufren graves accidentes operando la maquinaria, ni qué decir de los niveles de contaminación a los que se exponen manipulando de manera directa el mercurio. Son personas anónimas, mano de obra, brazos que forman parte de la cadena productiva del oro; vidas con limitada esperanza de vida. A lo largo del viaje se aprecia cómo la actividad minera no solo ha contribuido a la contaminación de los ríos, el uso de maquinaria pesada también ha transformado la geomorfología de los cauces, donde se cavan enormes pozas y levantan depósitos artificiales de rocas, tierra y otros sedimentos grises. Esas mismas intervenciones provocan desastres en las poblaciones durante la época de lluvias, pero también la muerte de mineros en su afán de sacar oro de las pozas:“Reportan un tercer fallecido por el deslizamiento de un talud en Mapiri”, titula la noticia en el portal de un periódico mientras escribo esta crónica. Así, los ríos, en realidad son vistos y entendidos como espacios de trabajo, una posibilidad de subsistencia; lugares donde cada jornada hay que dedicar horas de esfuerzo para dar con el preciado metal. A estas alturas, dejaron de ser ríos y se convirtieron simplemente en acueductos a cielo abierto, canales que llevan las aguas residuales de la explotación minera. No transcurre la vida en sus aguas, solo basura y sedimentos pesados; hombres anónimos que, en sus orillas o montados en aparatosas maquinarias y embarcaciones, circundan sus aguas con el único fin de extraer oro. Con el mercurio en las venas A mediados del siglo xvi , el metalúrgico español Bartolomé de Medina, descubría el método de amalgamación con azogue también llamado“beneficio de patio”. 82 Procedente del árabe,“azogue” quiere decir mercurio, y su utilización fue determinante durante el proceso de explotación minera en las colonias españolas, optimizando el rendimiento durante la extracción de plata. Sus principios se aplicaron también a la obtención de oro, sellando de esa manera el destino imperecedero de los tres metales. Ampliamente usado para la extracción de oro, cuando el mercurio es desechado en los ríos, entra en contacto con microorganismos que tienen la capacidad de transformarlo en una molécula orgánica altamente tóxica: el metilmercurio, que fácilmente es absorbido por los organismos vivos, plantas y peces; éstos últimos, alimento y fuente de sustento de las poblaciones ribereñas. De vuelta en casa, recurro a los mapas para constatar lo que ya imaginaba ¿A dónde conducen estos ríos, a dónde llevan sus tóxicas y amarillentas aguas? Lo sabía desde la escuela, pero no quería aceptarlo; todos ellos corresponden a la cuenca del Amazonas… Sí, uno de los santuarios de vida natural más emblemáticos del mundo. Sus consecuencias ya se sienten, no solo allá, sino río arriba, en Bolivia, poblaciones indígenas Tacana, Esse Ejja y otras, que paulatinamente son envenenadas. Y es que invisible, el mercurio avanza por sus ríos, de los que depende su vida y sustento. Sagrados en su cosmovisión, resulta trágico y paradójico que, por intereses y fuerzas ajenas a su cultura y cosmovisión, estos mismos ríos estén contaminando sus existencias. Desde Riberalta, donde confluyen los Ríos Beni y Madre de Dios, Vincent Vos, biólogo con más de 20 años de experiencia en la región, me explica: “El mercurio entra en la cadena trófica; o sea, los pequeños microorganismos lo van absorbiendo en todo un proceso de bioacumulación y biomultiplicación, que hace que se concentre en cada organismo y no salga de su cuerpo. Cada miembro de la cadena trófica, animales que se comen unos a otros, van acumulando mercurio y eso hace que cuando nosotros, los humanos, comemos, por ejemplo, un surubí, el pescado tenga un millón de veces más mercurio que la propia agua del río”. Los datos señalan que, para obtener un kilo de oro, se requieren entre cinco y diez kilos de mercurio, por lo que su alta demanda está casada con la del oro. El mercado informal de mercurio mueve grandes cantidades del tóxico mineral y no existen controles rigurosos respecto a su transporte y comercialización, por lo que los cooperativistas pueden acceder a este insumo en la cantidad que demanden sus faenas. 83 Los peces, bufeos, caimanes y otras especies de animales acuáticos, aves y plantas también sufren las consecuencias, tanto que ponen en riesgo las condiciones para garantizar su vida y reproducción al interior de los ecosistemas. El estudio“Mercurio en la pequeña minería aurífera de Bolivia”(2021) explica que es común amalgamar el mineral en bruto, es decir, usar el mercurio desde la etapa inicial de molienda, constituyendo una de las peores prácticas de uso indiscriminado del mercurio. Este modo de extracción, ampliamente extendido en los ríos del norte de La Paz, demanda elevadas cantidades de mercurio para mezclarlo en el molino, lo que repercute en los altos niveles de contaminación y perdida de mercurio durante las operaciones en los propios ríos. En marzo del año pasado, el portal de periodismo y medio ambiente, La Región, informaba que el Coordinador del doctorado en Toxicología Ambiental de la Universidad de Cartagena, Colombia, Jesús Olivero, advertía a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos( cidh ) que, en base en 350 muestras científicas, las concentraciones de mercurio en los organismos de los indígenas de la cuenca amazónica del río Beni, tienen entre siete y hasta 27 veces más de lo tolerable por el organismo humano. También en La Región, el presidente de la Central de Pueblos Indígenas de La Paz( cpilap ), Gonzalo Oliver Terrazas, denunció que la contaminación de los indígenas se manifestó en dificultades para el aprendizaje y complicaciones en las mujeres durante los embarazos. Por ello, la organización indígena impulsó una investigación a través de muestras de cabello en 36 comunidades de seis pueblos indígenas: Esse Ejjas, Tsimanes, Mosetenes, Leco, Uchupiamona y Tacanas. Los resultados muestran que, de 302 personas analizadas, el 74.5% registran niveles de mercurio que superan los límites permitidos por la Organización Mundial de la Salud. El metilmercurio, cada vez más presente en los organismos de las poblaciones afectadas, es un compuesto neurotóxico que se fija en los órganos internos como el hígado y los riñones, aunque su acumulación más severa se registra en el sistema nervioso. “Las comunidades con mayores niveles deben ser atendidas medicamente con prioridad y apoyados con análisis clínicos a las personas. Esta atención debería incorporar las evaluaciones de los potenciales daños neurológicos que ocasiona el metilmercurio, especialmente en los niños”, reza una de las conclusiones del estudio“Contaminación por mercurio en comunidades indígenas asentadas 84 en los ríos Madre de Dios y Beni”(2023), encargado por la misma cpilap . Todo ello tiene sentido considerando el mapa elaborado por el Centro de Documentación e Información Bolivia( cedib ) sobre las concesiones mineras y los recursos hídricos, que grafica cómo el Departamento de La Paz concentra la mayor parte de las concesiones mineras. Se trata pues, de sitios de explotación minera aluvial, es decir actividades mineras que afectan directamente la biodiversidad de los ríos Coroico, Challana, Tipuani, Mapiri, Yuyu, Uyuni y Kaka, afluentes todos, del río Beni. De esa manera, la vertiente tóxica que arrastran estos cauces avanza aguas arriba, hasta llegar al río Madre de Dios, que alimenta al gran Amazonas que finalmente termina desembocando sus aguas en el océano Atlántico. A raíz de ello, más de 60 instituciones, como fundaciones, iglesia católica, colectivos y colegios de profesionales, entre otros, demandaron al Estado boliviano anular concesiones mineras que, según denuncias documentadas se encuentran afectando el Parque Nacional Madidi, así como a la vida de sus poblaciones indígenas originarias. Pero el problema no se circunscribe solamente al río, no. Como en la economía, la industria del oro y su efecto multiplicador cobra también otros recursos: las incursiones en las áreas naturales traen consigo el desmonte de los bosques, el uso indiscriminado de maderas, caza desmedida, erosión, avance y crecimiento de la frontera agrícola, todo en desmedro de los delicados ecosistemas. El oro en cifras Desde 2010 el precio internacional del oro se incrementó y logró sus valores más altos en 2012, provocando la expansión de las actividades extractivas de oro a nivel internacional, incluyendo las de la pequeña minería aurífera que se caracterizan por el uso intensivo de mercurio. De hecho, la producción de oro en Bolivia registró su mayor volumen en 2019, con una cantidad de producción total de 42 toneladas y un valor de 1.739 millones de usd , según los datos del estudio“Mercurio en la pequeña minería aurífera de Bolivia”(2021). En 2019, un año antes de la pandemia causada por el Covid19, la onza troy de oro se cotizaba a 1.292,9 usd ; para enero de 2021, la misma onza troy alcanzaba 1.869,11 usd . Mientras que, a inicios de este año, el oro llegó a cotizarse en 1.898,97 85 usd . Tal es así que, salvo pequeñas fluctuaciones, la cotización del oro en el mercado internacional no ha hecho otra cosa que incrementarse de forma sostenida desde 2017. Este desfile de divisas dispara preguntas al aire: ¿Acaso importan las vidas de las familias directamente afectadas por el negocio del oro? ¿Será este metal amarillo más valioso que sus existencias, que el futuro de su territorio y el legado para sus descendientes? Todo parece indicar que el peso y precio del oro determinará lo que vaya a suceder en adelante. ¿Cambiará algo? En enero de este año, el Gobierno anunció que, dando cumplimiento a compromisos internacionales como el Convenio de Minamata(2013), que tiene por objeto proteger la salud humana y el medio ambiente de los efectos adversos del mercurio, se encararán proyectos para gestionar el uso del mercurio en la minería aurífera, así como ejecutar acciones para controlar y reducir progresivamente la utilización de ese elemento. A más de ello, no hace mucho surgieron noticias sobre acciones de intervención contra actividades de la minería ilegal en Bolivia. Sin embargo, el daño ambiental hecho está y en algunos casos será irreversible. Con fundamento, Vincent Vas sentencia: “El mercurio no se va, el mercurio que se ha ido utilizando durante todas estas décadas sigue aquí, sigue en el ecosistema, no se biodegrada; va a estar ahí para siempre… en los mercados, los peces se ven bonitos, pero están llenos de mercurio, la gente no lo sabe, no lo ve y se los come”. Y es más complejo de lo que parece, incluso los peces provenientes de ríos ajenos a la actividad minera presentan altos niveles de contaminación, pues su dinámica de movilidad y migración hace que también ingresen a los torrentes de los ríos ya marcados con la mancha indeleble del mercurio, por lo que se contaminan. De nuevo, aguas arriba, en los valles del norte de La Paz, no es necesario ser biólogo para comprender que esos ríos no volverán a albergar vida. Cobra sentido aquella sentencia que alguna vez leí: “Cuando muere el río, muere el hombre…” Suman y siguen: estudios, noticias, anuncios, no obstante, el tamaño y complejidad del desafío parece que desborda las capacidades de instituciones y los responsables de tomar decisiones. Tampoco se habla de plazos o tiempos perentorios para emprender acciones efectivas para empezar, al menos, a contener 86 o mitigar los dañinos efectos de la minería en la naturaleza y las personas. Contradictorio también resulta que, cada vez, con mayor énfasis, se afirme que en pocos decenios más, por encima del oro, el agua será el recurso más preciado del planeta. Se librarán guerras por sus reservas y otros vaticinios similares que en el fondo no alcanzan a disminuir, ni menos aún remediar los daños que los humanos provocamos a los recursos hídricos. ¿Qué hay de nosotros mismos? Cómodos habitantes de las grandes ciudades… ¿Cuánto estamos haciendo para cuidar el agua? ¿Cuál es nuestra cuota de participación en la cadena productiva y comercial del oro? Impotencia es lo que se siento mientras castigo el teclado para dar sentido a estas líneas. Las palabras se deslizan mientras allá, a más de 800 kilómetros de mi cristalino vaso de agua, mercurio, basura, sedimentos mineros, desechos de combustibles y otros que no alcanzo a imaginar, continúan fluyendo por el cauce de esos ríos. Fijo la mirada en esa corriente, me pierdo en su vaivén, cierro los ojos y dejo que el dolor se me clave en la garganta… es verdad, este planeta no merece a nuestra especie. 87 E l verdadero precio del oro Juan Carlos Bautista “La verdadera riqueza de Bolivia” 88 Proyección de un minero veinteañero Gabriel Zuna Hoy me enteré de que Elvis murió. No murió ayer ni hoy, ni recibí directamente la noticia. Me enteré al ver su cuenta de feisbuk. Quería enviarle un mensaje luego de no hablar por más de dos años, pero cuando empecé a escrolear a través de sus publicaciones encontré posts en los que estaba etiquetado, fotos en las que salía él abrazado de amigos y familiares, encabezadas por reflexiones que parecían epitafios. Los comentarios en esas publicaciones, que iban por la línea de lamentaciones como Siempre te extrañaré y Eres mi mejor amigo, eran indicios de que había pasado lo que temía. Lo conocí durante una fiesta de año nuevo en Sorata. Entré con mi pareja de ese entonces en una discoteca donde ella se acercó a Elvis y a su grupo de amigos y preguntó si podíamos incorporarnos. Me senté en la mesa grande que tenían reservada, al lado de él. Era un hombre grande, ocupaba un asiento y medio, y todas las atenciones del resto de invitados eran dirigidas a él. Me sentía inseguro, no parecía alguien con mucha paciencia, sospechaba que en cualquier momento me pediría que me vaya, nos botaría pensando que éramos pildoritas. Pero su aspecto sombrío era sólo apariencia. Generamos química rápidamente. —Me llamo Gabriel, mucho gusto –dije. —Yo me llamo Elvis –se presentó. —¿Elvis? —Sí. Elvis. —A ver cantá unos temitas. Hacer esa broma era una apuesta peligrosa, era más probable que se emputara y me mandara a la mierda a que se riera, pero se carcajeó y me palmeó el hombro. De inmediato pidió una caja de cervezas 89 y me convidó un par. Servíte, por favor, dijo. Ofrecí pagar el valor de los tragos, pero no me dejó. Yo invito, insistió, esta noche yo pago todo, hasta las putas. Elvis actuaba como un magnate que no se impone límites. Al principio creí que era narco, todo en él lo indicaba: la ropa fina y nueva, el derroche de dinero, los ojos rojos, las encías grises y los dientes amarillos, la panza cervecera. También todo en él indicaba que su muerte estaba cerca: la respiración agitada, los párpados que se desbordaban sobre sus ojos, prácticamente cegándolo, la piel reseca. Y como haría una persona que conoce la fecha de su muerte, quería gastar todos sus bienes materiales antes de aventurarse por ese camino. Esa noche bebimos y bailamos. Tomé suficiente alcohol, con el patrocinio de Elvis, para accionar un motor de etanol y vi cómo el resto de los invitados en la mesa de Elvis se durmieron. —Tomas como albañil –se impresionó Elvis al ver que todavía me entraba más chela– —¿A qué te dedicas, pues? Albañil no creo que seas. —Soy escritor –dije– Salud. —­Ah. Los escritores toman harto, ¿no? Salud. —Sí. ¿Vos a qué te dedicas? —Soy minero del oro. —¡Con razón! –pensé y dije en voz alta sin querer. –Por eso tienes tanta plata para gastar. —Sí, pero es que estamos de suerte. Recién no más encontramos una veta y nos pagaron una buena platita. No siempre tengo tanto como ahora. Ya me fui a la ciudad, compré estas ropas y estoy chupando desde el anterior sábado. Me lo quiero gastar todo ahora que puedo, como dice esa canción. —¿Estás de vacaciones? —Algo así. Le dije a mi equipo que iba a descansar dos semanas. He trabajado casi todo el año y me toca divertirme. Estaba de acuerdo, luego de un año de deslomarse, un par de semanas de vacaciones era menos de lo que un trabajador merecía en recompensa. Pregunté a Elvis sus planes para divertirse. Dijo que desde que empezó con la maratón de farras estuvo con una mujer diferente cada noche, que fumó marihuana todos los días luego de despertar y, aunque no le gustan mucho las drogas fuertes, también jaló cocaína y estuvo a punto de tomar unas pastillas que le ofrecieron cuando estuvo en la ciudad. Desafiaba mis preconceptos sobre los mineros. Con el traje y la camisa que llevaba puestos parecía más integrante de grupo de cumbia que minero, y me sorprendía que, con la edad que aparentaba y el 90 oficio que desempeñaba, estuviera tan interesado por las drogas recreativas, pero más me sorprendió enterarme de que teníamos la misma edad. —Allá por la zona de Guanay –me contó más tarde– yo trabajo para un caballero que es dueño de la mina. Él nos deja entrar a mí y a mis camaradas para picar la piedra y buscar el oro, pero nosotros tenemos que llevar nuestras herramientas y ver cuánto tiempo trabajamos cada día. ¿Vos alguna vez has trabajado en una mina? —No, pero sí he estado dentro de varias. —Entonces sabes más o menos cómo es ahí adentro. Son túneles laaargos. Al principio es fácil, puedes caminar, puedes respirar, pero mientras más adentro entras el aire se pone más pesado y los callejones se hacen chiquitos, tienes que caminar agachado y al último tienes que arrastrarte mientras jalas las herramientas para seguir picando. Imagináte, cuando llegas a la parte más aprieta ya no hay caso de seguirse moviendo, apenas puedes estirar tus brazos con el taladro y apoyarlo en la piedra. Hay que ser bien fuerte porque cuando estás echado con el taladro frente a tu cara, si no lo agarras bien rebota y te puede romper la nariz. —¿Vos entras en las partes más pequeñas? – pregunté. Por el tamaño de Elvis me parecía inverosímil que él cupiera en los sectores más estrechos, lo imaginaba como un coágulo de sangre que tapaba una arteria. Entro, pues. Hay partes que son ya muy pequeñas, difícil de entrar, donde les metemos a los flaquitos, los changuitos. Así pagan su derecho de piso. —¿A vos te hicieron pagar derecho de piso? —Sí. Cuando tenía 18, recién empezando, trabajé un mes antes de encontrar oro por primera vez. Saqué unos gramitos, valor de seis mil bolivianos sería. Para compartir con el equipo, me dijo uno de los mayores, me estaba pidiendo que les repartiera lo que acababa de sacar: Si quieres te lo quedas, pero ya no vuelves a trabajar en esta mina, o lo repartes con todos y sigues trabajando. Yo sabía que me iban a pedir así y dije bueno, mejor regalarles esto que no es mucho antes que regalarles cuando encuentre una veta grande. Después de eso estuve dos semanas a base de coca y pan porque no tenía plata, todos mis ahorros los gasté. Por suerte encontramos otra veta y esa vez sí me tocó harta plata. —Pero por qué hambreaste, ¿acaso no te pagaron por todo ese mes que trabajaste? —No pagaban. No se trabaja con sueldos. —¿Te pagan según cuánto trabajes? 91 —Tampoco. Te pagan según cuánta suerte tienes. Hay gente que empieza a trabajar y en su primera semana encuentra dos, tres vetas de oro. Otros no tienen suerte. Trabajan meses y no encuentran nada, el oro se escapa de ellos, al final se van con las manos vacías. Si encuentras oro ganas, sino te arruinas. Por eso es cuestión de suerte y de tener olfato para encontrar. Nadie te paga por tu trabajo no más. Una vez con mi equipo estuvimos casi tres meses sin encontrar nada. Picábamos, picábamos. Hacíamos turnos de 24 horas y sacábamos pura piedra, nada de oro, ni un gramo. En el pueblo pedíamos fiado, para comer, para dormir, en todo lado teníamos que rogarnos, por favor, le voy a pagar mañana, pasado, la próxima semana, ya voy a sacar oro y le voy a pagar. Hasta que por fin encontramos una buena veta de oro, calculamos que valía unos dos mil dólares todo lo que sacamos, pero había que repartir entre cuatro. —Se llevaron quinientos dólares cada uno. —Ojalá. No, pues. Ese oro que encontramos hay que entregarle al dueño de la mina. Él pertenece a la cooperativa que después lo vende el oro. Se quedan con la mayor parte y nos dan un porcentaje. Como no tenemos contrato ganamos según cuánto oro saquemos y cuánto le dé la gana al dueño de pagarnos. Esa vez cada uno se llevó unos doscientos, menos de doscientos dólares. Lo bueno es que cuando encuentras una veta de oro ahí cerquita hay otra y luego otra. Cuando volvimos a entrar en el mismo socavón a los dos días encontramos más oro y pagamos lo que debíamos en el pueblo y nos fuimos de fiesta. —Pero algo de plata has debido ahorrar, ¿no? Para cuando no encuentres oro no te mueras de hambre. —¿Para qué? Yo no ahorro. Esas son huevadas. Plata que yo gano la gasto. Al final, uno nunca sabe qué día se va a morir y más cuando trabajas en la mina. Sin darte cuenta te puedes asfixiar o te quedas atrapado y nadie te salva. Una vez casi me pasa: Tenía que bajar diez metros para poder llegar hasta el final del callejón que estábamos taladrando. Yo no más estaba trabajando esa parte de la mina, mis compañeros se fueron porque en las paredes no había señales de una veta, pensaban que estaba hueveando y que iba a perder el tiempo, pero yo sentía que ahí había oro. Entonces me metí al fondo del socavón. Estaba taladrando, taladrando. ¿Cuánto habré avanzado? Ni dos metros no ha debido ser. Me fijé mi reloj, habían pasado casi cuatro horas y el taladro se quedó sin combustible. Saldré no más, pensé y empecé a acomodarme para subir lo que había bajado. Intenté 92 alcanzar hacia arriba con mis manos, intenté levantar un pie y me di cuenta que no podía mover mis piernas. Entre las piedras que piqué se había atascado el taladro y el taladro no me dejaba mover a mí. A veces escuchaba historias de mineros que entraban en el socavón y terminaban aplastados en un derrumbe, atrapados por la piedra. Pensaba que no me podía pasar porque siempre le mostraba respeto al tío y a la mina. Yo siempre le daba su cigarro, su coca al tío, entonces creía que no me podía pasar nada malo, pero ese día vi que no importa cuánto respeto tengas, igual no más te puedes quedar atrapado si la mina te quiere arrebatar. No hay quien te ayude. Cada que intentaba levantar las piernas sentía que las piedras tronaban y me iban aplastando más, parecía que mientras más intentaba salir más me tragaba. Estuve una hora quieto, apenas me movía. La linterna de mi casco funcionaba y cuando miraba hacia arriba podía ver el pasillo más ancho al que tenía que volver, no estaba muy lejos, pero cuando estiraba las manos para agarrarme de la piedra y hacía fuerza para elevarme sentía cómo me entraba el aire pesado y se me cerraban los pulmones. Ese rato dije aquí va a ser mi tumba. Dije si me quedo aquí me voy a morir por culpa de los gases, porque ahí abajo se respira polvo tóxico y si no tienes cuidado se te llenan los pulmones y ya no hay caso de limpiarlos. No quería gritar, me daba vergüenza que me encuentren así, pero me desesperé y grité. ¡Ayuda!, grité. Varias veces grité. Metía ese aire pesado y gritaba, y cada vez que gritaba me entraba menos aire y el grito salía más suavito. Va a ser mi tumba siempre, dije. Ya me estaba resignando cuando uno de los changos, de los más nuevos, llegó y preguntó Qué ha pasado. Le dije que vaya a buscar ayuda porque estaba atascado. Volvió con otros dos compañeros que me lanzaron una soga para que me amarre y ellos jalen desde arriba. ¡Jale, jale!, les escuchaba gritar y yo también hacía el esfuerzo por empujar con mis piernas. Pudieron sacarme de mi tumba, pero en lo que jalaban para liberarme algunas piedras me cortaron las piernas. No me dolía. A los tres días ya estaba bien, ya podía trabajar. Más bien el chango de mi equipo escuchó, porque si no me habría muerto ahí. El taladro que estaba usando se quedó ahí abajo atrapado entre las piedras, pero tiempo después cuando apareció otro chango nuevo le hicimos que entrara en ese pasillo angosto y que rescate el taladro. Tu derecho de piso le dijimos. Quedé impresionado con su relato y la ligereza con la que lo contaba. Pregunté: —¿No te dio miedo volver a entrar en la mina después de eso? 93 —No. Un poco tal vez. Me di cuenta de mi error. Tengo que meterme con cuidado, pues. Ahora ya me fijo bien si me voy a atorar o no. A veces igual no más me tengo que arrastrar por espacios angostos, pero no hay de otra. Ese es mi trabajo. Algo tengo que hacer pa ganar plata. —Pero podrías hacer otras cosas, pues. De albañil, de transportista, de mesero. Tantos trabajos que hay. —Eso no es para mí. En esos trabajos pagan poco. En la mina se trabaja harto, es una explotación que se hace uno mismo, pero se saca tanta plata que vale la pena. Hay algunos tíos que trabajan 10, 15 años, ganan todo lo que quieren y luego se van a la ciudad, construyen edificios, ponen tiendas, no vuelven a trabajar nunca más en su vida. —¿Y vos quisieras eso? —Quisiera. Pero no tanto. Para eso hay que ahorrar, pues. Y yo no quiero ahorrar tanto. A mí me gusta tener todo lo mejor. Los mejores tragos, las mejores mujeres, los mejores autos. Todavía no tengo auto, pero algún día que saque harto mineral me voy a comprar una Hilux. En cambio, esos tíos que ahorran y ahorran pa hacer construir, tienen que hambrear, no se compran las cosas que quieren, casi no salen de fiesta. No saben disfrutar de la vida. Elvis empezó a contarme acerca de todas las mujeres con las que había estado, adultas y jovencitas a las que conocía en los bares de Guanay y de Coroico, damas de compañía de todas las edades. —Todas tienen un precio –decía– yo cuando conozco a una chica linda la invito a pasear, la llevo a bailar, le compro alguna cosa y me la llevo a un telo. Si les ofreces 200, 300, 400 bolivianos, aflojan. Vos sabes. No eres changuito pa que te enseñe estas cosas. Como suele suceder en los espacios que son colonizados por contingentes de hombres, la demanda por servicios sexuales incrementó a medida que la cantidad de mineros en la región de Guanay creció. Algunas de sus calles, que son silenciosas y apagadas durante el día, se vuelven el salón de fiesta de los mineros durante la noche. Hombres como Elvis van a los bares en busca de compañía femenina, una compañía que, ellos creen, les es debida por la peligrosidad del trabajo que hacen. Poco les importa de dónde o por qué vienen esas mujeres, solo les interesa que están dispuestas y disponibles. Al fin y al cabo, el dinero lo compra todo. Entonces Elvis me dijo la frase que delimitaba su personalidad: —Yo soy minero, pero mi razón de vivir es la concha. 94 Estaba inclinado a creerle, después de lo que me había contado me parecía posible que dijera la verdad, pero lo dijo sin convicción, como si supiera que algo estaba mal, que no podía ser sano estar tan seguro de que no existe un mejor motivo para vivir. Lo miré y le dije —No te creo. Tomamos más cerveza. Secamos dos botellas en cuestión de segundos. Elvis se estaba preparando para confesar algo que le enturbiaba la felicidad. —Antes yo siempre quería tener una familia. Una esposa, una casa, tener hijos, pero todo eso murió en mí. —¿Qué pasó? —No hay con quien. Eso pasó. Hay que saber bien en quien confiar para hacer esas cosas. Y no tengo con quien. —Pero tenías. —Tenía pues. Mi enamorada. Mi exenamorada. Me dejó hace un mes. —Ya sé. Te dejó porque se enteró que la cuerneabas. –rió y me gritó en el oído, para sobrepasar el ruido de la música: —Entonces dime vos, que te consideras tan fiel. Uno puede hacer muchas promesas y comprometerse, pero si de repente llega un culito perfecto lo dudas, ¿no ve? Consideras ponerle los cuernos a tu mujer –todo tenía un precio–. Pero no. Nada. Ella sabía. No es nada de eso. —Ella sabía, ¿y no le importaba? —No, pues. Teníamos un acuerdo. Ella sabía que yo me deslomo trabajando de minero y que necesito desahogarme, necesito diversión. Sabía que yo ando con otras mujeres cuando estoy allá trabajando. No le importaba. Lo único que me pedía era que no le cuente y cuando estuviera con ella no les hiciera ojitos a otras. La razón de que Elvis se esforzara tanto en su trabajo era, entonces, su exenamorada, con la que quería casarse y formar una familia. El dinero que tenía ahorrado, y que ahora quería despilfarrar, lo acumuló para aportar al proyecto de vida que imaginaba con su pareja. El discurso de“vivir por la concha” y el rechazo por el ahorro eran excusas para ocultar sus sentimientos heridos. Prefería mostrarse como un gigoló que solo piensa en sexo antes que como un hombre lastimado. Ahora arriesgaba su vida por el dinero“fácil” que prometía la minería y despilfarraba ese dinero para remedar un estilo de vida que solo se ve en las películas o en los sueños húmedos. Elvis, de 23 años, con la piel morada, los ojos amarillentos, halitosis, 95 las manos llenas de cicatrices, y ahora de paso sin la mujer amada. Pero convencido de que debía seguir trabajando en los socavones para continuar costeando la diversión entre botellas de cerveza tibia y en medio de piernas que al recibirlo no lo abrazan ni le piden que se quede. —No entiendo –dije–. Si tenían el trato de que podían estar con otras personas, ¿por qué terminaron? ¿Ella se volvió celosa de pronto? —Lindo hubiera sido eso. Terminamos porque yo quería tener hijos con ella. Desde un principio le dije que me gustaría tener una familia y que estaba yendo a trabajar de minero, exponiendo mi vida para reunir la plata y construírselo una casa. Le dije que cuando la casa estuviera lista nos casaríamos. Ella dijo ya, me dijo que también quería conmigo, me prometió que iba a ser la mamá de mis wawas, pero ya no podré tener hijos con ella. —Ya sé. Porque estuvo con otro —No. Eso no importa. Te dije que teníamos un trato. Mientras yo no estaba en Sorata podía hacer lo que quiera con otras mujeres, pero ella también podía hacer lo que quiera con otros hombres. Los hombres tenemos necesidades, y las mujeres igual que nosotros sienten esas necesidades, ¿no ve? Ni modo que le pida permiso, pero yo no le dé a ella. Eso no era importante, para mí lo único importante era que al final se tenía que casar conmigo cuando yo dejara de trabajar. —Entonces, ¿por qué ya no puedes tener hijos con ella? —Porque ella recibió la semilla de otro hombre. —¿Está embarazada? –pregunté, tontamente. —Sí. Ya se casó con él. Si nuestra amistad hubiese sido más antigua, le habría abrazado. Le serví un vaso de cerveza y brindé con él sin decir salud. Sería equivocado decir que el hedonismo y la apatía de Elvis se debían solamente al abandono de su expareja. Desde un principio buscó los placeres que el dinero puede procurar: drogas, fiesta, sexo. E intercambió su salud y el futuro que decía ansiar junto a su pareja por la oportunidad de experimentar brevemente la vida disoluta que se promociona como la ideal. Pero era evidente en su cara la desilusión por no poder tenerlo todo. Fuimos amigos epistolares durante un tiempo. Chateábamos de vez en cuando y lo visité una vez en Guanay, donde me mostró las discotecas a las que iba a fiestear cada que tenía oportunidad, y que funcionaban paralelamente como burdeles. Él conocía a todas las chicas que trabajaban en 96 ellos y me recomendó con quiénes se disfrutaba más. Elvis se veía más avejentado aún y el polvo de la mina le estaba arrugando rápidamente la piel. Estaba menos gordo, pero su adelgazamiento parecía señal de una enfermedad y no de mejoría en su salud. —¿Ya encontraste a tu mujer ideal? –pregunté entre tragos. —Ya me he rendido con eso –confesó, hizo un gesto de desdén con los labios– Ahora quiero divertirme con estas hembras hermosas. —¿Y eso es todo? —Es todo. ¿Qué más quieres? —No sé. Vos dijiste que algún día querías tener casa y una familia. Te desanimaste muy rápido sólo porque una persona te desilusionó. —Es que así uno aprende. Te das cuenta que la vida no es como en las películas. No hay caso de confiar en nadie. Mejor vivir tranquilo y pasarla bien. —¿Y qué vas a hacer cuando seas viejo y tu cuerpo ya no aguante? ¿Cómo la vas a pasar bien cuando ya no tengas plata y estés sin familia? —Vos pensá en el futuro –dijo con los ojos cargados de bilis–. Yo solo quiero vivir ahora, y voy a aprovechar mientras el cuerpo todavía me responde. Luego de eso se levantó de la mesa y se fue con una chica a la que estaba chequeando desde hace rato. Fueron a“hacer pieza” y ya no lo volví a ver. Me di cuenta de que todo el tiempo le reprochaba sus comportamientos como si fuera un hijo al que estaba disciplinando, a pesar de que teníamos la misma edad y era él quien parecía mi tío. Le daba la contra sin motivo, sabía que en cualquier otro momento yo también habría disfrutado de la fiesta y los placeres que puede comprar el dinero con la misma falta de escrúpulos que Elvis, pero ese día lo vi tanto peor que la vez en que lo conocí, que no pude evitar preocuparme. No tenía nada más que hacer ahí. Aproveché su ausencia para pagar los tragos que había consumido e irme de la discoteca. Esa noche él no invitó nada, era aparente que no le estaba yendo bien en la mina. Mientras escribía esta crónica revisé el perfil de feis de Elvis. Quería ver en qué andaba, tantear si sería adecuado escribirle luego de tanto tiempo sin vernos y de la separación abrupta durante nuestro último encuentro. Por las publicaciones que vi deduje que está muerto. Me pregunto si la mina le cobró la vida, si en algún pasillo del socavón terminó atorado por segunda vez y en esa oportunidad su equipo no 97 llegó a tiempo para salvarlo de los gases tóxicos. Tal vez murió por una enfermedad derivada del trabajo o a causa de una infección de transmisión sexual. Se me ocurrieron muchas posibilidades. Me pregunto si todo ese trabajo sólo para poder coger y vivir algunos años de lujo y desenfreno, al final, valió la pena. 98 A lternativas al uso del mercurio en la minería de Oro Joaquín Perez Mancilla “No todo está perdido” 99 Polvo de oro Clarivel Loayza Era el 14 de octubre del 2020, en las noticias nacionales e internacionales se hacía el recuento de las personas contagiadas y muertas a causa del Covid. En Bolivia se afirmaba lo siguiente:“El Ministerio de Salud reportó hoy 219 contagios nuevos de co vid -19, con un total acumulado de 139.141 casos y el número de fallecidos subió a 8.377 con los 26 decesos registrados en las últimas horas”. 1 El señor Rufo Loayza Gonzales, maestro de profesión, político de corazón, amante de su pueblo Ixiamas 2 1 Reporte Epidemiológico 14 de octubre de 2020, Instituto Nacional de Laboratorios de Salud inlasa . 2 El municipio de Ixiamas, capital de la Provincia Abel Iturralde, está ubicado al norte del Departamento de La Paz en la región conocida como pie de monte amazónico donde se encuentra también El Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado( pn anmi ) Madidi. tierra tacana, 3 orgulloso de sus raíces y presidente de la Cooperativa minera aurífera“El Turbión”, fue uno de los fallecidos ese día. Ese mismo día, una de sus hijas cumplía 37 años, y le pidió varias cosas, entre ellas sacar adelante la Cooperativa fundada hace más de veinte años. Ésta no había logrado trabajar por diversos motivos, pero ahora se hacía necesario activarla como mecanismo de resiliencia a la fuerte crisis económica que se estaba viviendo, 3 Los tacanas son un pueblo indígena originario de la Amazonía boliviana. Viven en los poblados de Ixiamas, Tumupasa y San Buenaventura, de la provincia de Abel Iturralde, en el departamento de La Paz; también se encuentran diseminados por los ríos Beni, Madre de Dios y Orthon, en el departamento del Beni. Pertenecen a la familia sociolingüística tacana y es una de las 36 naciones indígenas reconocidas en la Constitución Política del Estado. 100 no solamente por el Covid, sino más bien a causa de la indiscriminada explotación forestal impulsada por las asl 4 y empresas madereras que se instalaron por décadas en Ixiamas y que por un tiempo sostuvieron económicamente a la provincia. El negro Loayza o Rufito, como le decían sus amigos, o el profe Rufo como lo conocía la mayoría, fue un personaje importante en Ixiamas, respetado por muchos ya que, en su paso por este mundo, hizo varias cosas por su región, sobre todo en el ámbito de la educación, por lo que su partida fue una gran pérdida, no solamente para su familia y amigos, sino para toda la población y comunidades alrededor. Él, orgulloso de ser tacana, estaba consciente de la importancia del cuidado de la selva y también del daño tan grande que 4 Como se cita en el artículo 1ro, parágrafo II del Reglamento de la Ley Forestal(D.S. 24453) las Agrupaciones sociales del lugar son“Colectividades de personas con personalidad jurídica o que la adquieran para tal efecto, conformadas por usuarios tradicionales, comunidades campesinas, pueblos indígenas y otros usuarios del lugar que utilizan recursos forestales, dentro de la jurisdicción de una Municipalidad o Mancomunidad de Municipalidades, constituidos y calificados conforme a la Ley y el presente reglamento para ser beneficiarios de concesiones en las áreas de reserva destinadas para tal fin”. se estaba haciendo con el famoso“aprovechamiento forestal”, por lo que buscó alternativas que pudieran generar un movimiento económico interesante y que lograra sacar adelante a las familias ixiameñas. En la minería encontró una alternativa, tal vez no la mejor, pero la única que tenían en ese momento; así que, con algunos de los socios, intentaron hacer la documentación para obtener el Derecho Minero que se requiere para la explotación minera. Sin embargo, esos intentos requerían de mucho más tiempo, dinero y energía de la que él o cualquiera de los socios podían dar, ya que cada quien estaba inmerso en sus actividades diarias relacionadas a la agricultura y ganadería, siendo la minería una alternativa y no una prioridad. Además, este proceso implicaba vivir en la ciudad de La Paz o realizar recurrentes viajes de dieciocho horas para hacer el seguimiento a los tramites y la verdad ninguno estaba dispuesto a hacerlo, era más importante el trabajo en sus lugares para el sustento diario de sus familias; por ello, en el transcurso de veinte años los socios de la cooperativa, a la cabeza de Rufo Loayza, buscaron formas de continuar con estos trámites sin tener que abandonar sus fuentes de trabajo. Incluso ofrecieron acciones a quienes podían correr con los gastos que realizaban los apoderados 101 o representantes legales, lastimosamente en varias oportunidades fueron engañados, o estafados, por personas inescrupulosas que lo único que querían era aprovecharse de la ignorancia de los socios en el ámbito minero, por lo que muchas veces estuvieron a punto de abandonar el barco. Sin embargo, el negro Loayza se había propuesto hacer los trámites de la cooperativa aprovechando que hacía poco se había jubilado y que ahora sí tenía el tiempo, incluso la necesidad, de que este nuevo emprendimiento funcionase ya que, una cosa era tener la concesión y otra muy diferente el contrato minero; ellos solo tenían la concesión. De esta manera, en septiembre del 2020, Rufo Loayza se presentó en la ciudad de La Paz no solo como presidente de la cooperativa, sino también como representante legal con el poder que le habían conferido los socios que, después de mucho tiempo, se habían reunido para reestructurarla, alentados por la esperanza de tener una nueva forma de sustentar a sus familias. Lastimosamente la muerte lo sorprendió antes de tiempo; sin embargo, previo a este fatídico suceso, él, como presintiendo la muerte, habló con una de sus hijas, para que pudiera continuar con la meta que él se había trazado y ella, una mujer pequeña de tez morena y ojos negros, esta vez no pudo negarse. Esta petición, la de incursionar en el mundo de la minería, se la había hecho varios años antes, pero ella se negó porque no estaba de acuerdo con estas formas que tiene el ser humano de explotar“la naturaleza”. Al contrario, como cientista social y artista del teatro y los cuentos, ella siempre había apoyado e impulsado a través de sus obras el cuidado y respeto a todos los seres vivos, al entorno, a eso que las personas llaman naturaleza como si los humanos fuéramos ajenos a ella; pero ese 14 de octubre del 2020, su vida daría un giro de 180 grados al perder a su progenitor. El dolor hizo que en ella surgiera la fuerte convicción de cumplir la promesa que le había hecho a su padre, sin saber las consecuencias que esta decisión traería. Sin duda, la pandemia del Covid marcó un antes y un después a niveles económico, político y social en el mundo entero. Obviamente Ixiamas no estaba exento de aquello, aquí las personas volvieron a practicar antiguas formas de subsistencia como la caza, la pesca, recolección. Sobre todo, volvieron a cultivar alimentos para el autoconsumo y a practicar el trueque, pero esto no era suficiente, también se necesitaba generar circulante para poder complementar la dieta alimentaria y cubrir otras necesidades así que, poco a poco, la minería aurífera se iba poniendo de moda en Ixiamas. 102 La minería no es algo nuevo ni desconocido para los habitantes del norte de La Paz, pero tampoco existe una tradición minera como en algunos lugares del altiplano tal como es el caso de Potosí u Oruro. Es más, hasta hace algunas décadas atrás, Ixiamas estaba habitado únicamente por indígenas tacanas que, en el periodo incaico, recién tuvieron contacto con los quechuas quienes buscaban expandir su imperio. Posteriormente, durante la colonia se hicieron presentes en este territorio sacerdotes franciscanos y alguno que otro extranjero que llegaba por causalidades de la vida, algunos en busca del famoso“dorado”, otros cumpliendo su misión de evangelizar y varios escapando de sus lugares de origen en busca de mejorar sus condiciones de vida; fue recién a partir de lo que se llamó relocalización minera 5 durante la república en la década de los 80s, 5 Relocalización minera o Relocalización de los mineros(o solamente relocalización) es el nombre dado en Bolivia al proceso de cierre de minas tras la promulgación del Decreto Supremo 21060 el 29 de agosto de 1985, durante el gobierno de Víctor Paz Estenssoro. La relocalización tuvo entre sus más fuertes impactos el crecimiento de la población urbana y la ocupación de nuevos territorios. Los mineros que se desplazaron, cuyo número se calcula en más de 30.000(Espinoza, 2011), junto a sus familias, que empezaron a llegar a la provincia Abel Iturralde, aymaras y quechuas, antes conocidas como“colonos” y que ahora se denominan“comunidades interculturales”, con vastos conocimientos en la explotación de minerales como el estaño y la plata. Mineros de corazón que buscaron por todos los medios adecuarse a su nuevo lugar de residencia cambiando incluso de rubro para lograrlo, dedicándose a la explotación forestal, venta de tierras y, en el mejor de los casos, a la agricultura, conformando de esta manera nuevas comunidades. Por otro lado, habitantes originarios de Ixiamas guardan en su memoria el cómo llegaron algunos migrantes extranjeros, entre ellos resalta uno de apellido Howard que, después de recorrer varios países desde Estados Unidos, llegó hasta Ixiamas y se asentó allí instado no solo por la belleza y riqueza natural del lugar, sino porque habría encontrado mucho oro, el cual acumulaba y guardaba en frascos de vidrio como si fueran hojuelas de maíz. Dicen en Ixiamas que antes este metal se encontraba a simple vista en las riberas de los ríos en forma de pepitas, lo hicieron hacia muchas ciudades de Bolivia como El Alto, Santa Cruz de la Sierra, Cochabamba y La Paz, pero también poblaron áreas de expansión agrícola como Alto Beni, Chapare, Caranavi y Abel Iturralde. 103 “como si fuera una piedra más”, por lo que no había necesidad de utilizar azogue, cianuro u otros agentes químicos para amalgamar el metal… Ahora es diferente… Antes del Covid la minería no era una práctica común en la región, solamente algunas personas pertenecientes a un par de cooperativas mineras se dedicaban a la explotación de oro y obviamente lo hacían de manera artesanal. Sin embargo, a causa de la fuerte crisis económica, cada día hay más personas en Ixiamas dedicándose a la minería, esto se vio el 6 de agosto del presente año cuando desfilaron más de siete cooperativas mineras, siendo que el año pasado solamente había dos. A grandes rasgos, este era el contexto de la minería en Ixiamas, mismo al que ella, la hija del profe Rufo, debía incursionar. Como mujer le resultó difícil ya que básicamente este es un mundo con esencia masculina. Tuvo que empezar desde cero asumiendo la presidencia de la cooperativa y la representación legal porque los socios confiaron en que, residiendo ella en la ciudad de La Paz, le sería más fácil agilizar y hacer seguimiento a los trámites. Además, tenían presente la promesa que ella le había hecho a su papá antes de morir, por lo que confiaban en que no los defraudaría. Esta mujer que conocía el mundo de la antropología, los títeres y los cuentos, tuvo que aprender desde la terminología hasta los procedimientos que se utilizaban en minería para la extracción del oro, algo sabía sobre el mercurio, pero no había profundizado en el tema hasta esos momentos en los que, de tanto investigar, supo que ahora la gente ya no encontraba pepitas de oro en la riberas de los ríos como antes, sino que encontraban polvo de oro, oro aluvial, un polvo tan fino que la única manera de extraerlo es amalgamarlo con mercurio o cianuro. Al darse cuenta de las consecuencias que la utilización de estos agentes químicos tenía en humanos y animales, ella, consciente de que lo había dejado todo para cumplir una promesa, quería hacerlo de la mejor manera, siendo leal a sí misma. Así que decidió luchar contra estas formas de contaminación que tanto afectan a los ríos y con ello a los peces y el agua que consumen los que habitan las comunidades indígenas tacanas, t’simanes y Esse Ejja, que nada tienen que ver con la minería. Así que, con esa nueva meta en la cabeza y el corazón, ella decidió dedicarse exclusivamente a resolver el tema de la legalidad de la cooperativa y después trabajar imponiendo nuevas formas de hacer minería. Para ello se requería dinero; ella y su madre invirtieron 104 lo que pudieron, los socios también, sin embargo, se requería más para proseguir con los trámites así que fue necesario buscar a alguien externo a la cooperativa que pudiera invertir. Siempre hay mecenas para este tipo de actividades. Mientras resolvía el tema legal de la cooperativa, paralelamente se encontraba investigando sobre tecnologías relacionadas al tema de amalgamiento del polvo de oro. De esta manera, logró saber que el 2016 unas mujeres indígenas colombianas propusieron e impulsaron un proyecto 6 de minería artesanal basada en técnicas ancestrales donde no se requiere el mercurio para amalgamar el oro, sino que se utiliza una planta conocida por estas mujeres como escoba o babosa 7 que cumple la misma función que el mercurio y que, según la investigación realizada, equivaldría a la planta de la malvilla en Ixiamas. Otra alternativa estaba relacionada con el procedimiento por el 6 https://youtu.be/23ReYhDcvFI 7 Parthenium hysterophorus , comúnmente llamada escoba amarga o simplemente escoba, es una planta herbácea de la familia Asteraceae, natural de las zonas cálidas de América, desde el sur de los Estados Unidos: Luisiana, Florida; pasando por el Caribe: Cuba y otras Antillas, así como Suramérica, desde Venezuela hasta Argentina y Uruguay y España(Valladolid). cual, a través de la evaporación y condensación del mercurio, se logra recuperar este metal para poder reutilizarlo una y otra vez. Sin embargo, éste solo estaba disponible en algún ingenio de Viacha, donde regularmente se hacen este tipo de trabajos. La existencia de estas alternativas era como una luz al final del túnel, principalmente porque ella, como mujer indígena de raíces tacanas igual que su padre, no concebía la idea de contaminar las aguas o la selva que tanto les había dado desde hace tanto tiempo. Además, en su cosmología estaban presentes los Jichis 8 como reguladores y guardianes de la selva, a los cuales hay que respetar con la misma devoción que con la Pachamama o Dios, o por lo menos eso creía ella. La emoción de encontrar otras formas de explotar este metal que vayan acordes a su forma de pensar le daba las fuerzas para persistir frente a los problemas a nivel legal que tan tediosos resultaron ser, ya que la concesión se encuentra en un lugar estratégicamente 8 Los Jichis son los dueños y las dueñas de la selva, son dueños de los animales, de los árboles, de las lagunas, de las personas. Ellos regulaban la vida en la selva, a ellos se les pedía permiso para cazar, pescar y recolectar porque no se podía tomar más de lo que se necesitaba ya que las personas no son dueñas de nada, sí los Jichis.(Loayza, 2017) 105 desfavorable, muy cerca del parque nacional Madidi y de la tco Tacana 1, por lo que el proceso de la obtención de derecho minero se vio estancado. Pese a ello, logró conseguir un permiso transitorio para realizar pruebas amparados en la Resolución ministerial Nro. 94/2021 del 29 del abril del 2021 decretado por el Ministerio de Minería, lo que le permitió, por un par de meses, intentar trabajar en la concesión y tener la oportunidad de demostrar que las cosas se pueden hacer de manera responsable; un par de meses de ilusiones frágiles cual alas de mariposa. Lastimosamente ella continuaba viviendo en el mundo de las historias y los cuentos, donde soñar y crear era la base de su trabajo y diario vivir, pero en la vida real se chocó con una pared. El mundo de la minería era todo lo contrario, aquí se encontraban las pasiones más bajas del ser humano: el egoísmo, la codicia, la ambición de poder, el dinero, el brillante oro… la desconfianza, la eterna soledad… Durante el 2021 y 2022 ella y su equipo sostuvieron varias reuniones con autoridades de Ixiamas y algunas comunidades alrededor, a todos se les advertía que pronto la cooperativa El Turbión empezaría con pruebas para la realización posterior de operaciones mineras a mediana escala, es decir, con maquinaria pesada incluida. Al principio, todos miraban a esa pequeña mujer que había heredado tan complicada misión con desdén y con medias sonrisas incrédulas le daban golpecitos en el hombro en señal de aliento instándola a seguir adelante, pero dudaban de ella precisamente por ser una mujer en un mundo predominantemente masculino. Fue así que el 7 de septiembre de 2022, después de tanto papeleo, de firmar acuerdos, obtener permisos y demás, a Ixiamas llegaron las primeras maquinarias que iniciarían la apertura de un pequeño camino que conduciría al lugar destinado para campamento. Fueron sentimientos encontrados los que inundaban el ambiente ese día: por un lado, lágrimas de emoción se asomaban en los ojos de quienes por veinte años habían esperado de alguna manera aquel momento, por otro, el temor de lo que implicaba el ingreso de la minería a tal escala en Ixiamas, aún a manera de prueba. Todo esto con la consigna y compromiso de que en ningún momento se usarían agentes químicos en el proceso de extracción del metal, además de generar empleos para la población y, de alguna forma, reactivar la economía de Ixiamas. Eran ambiciosos sueños que tal vez podían, con el paso del tiempo, hacerse realidad. Fueron dos meses en los que tuvo que enfrentarse, no solamente con las personas que estaban en 106 desacuerdo con estas actividades y que no querían escuchar y entender los procedimientos que la cooperativa planteaba para la ejecución de dichas pruebas, sino también con las autoridades indígenas del territorio tacana, quienes aducían que como dueños no se les había notificado ni pedido permiso para la realización de estas actividades. Sin embargo, ella tenía registros de los intentos que había hecho para lograr sostener reuniones y exponer el proyecto libre de mercurio, pero estas nunca fueron llevadas a cabo por diversos motivos, por lo que dichas autoridades antepusieron una Resolución y Denuncia Pública a la cooperativa en fecha 21 de septiembre del 2022 en la que se decía que“ante el incentivo de Avasallamientos de parte de la Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera– ajam al cuadricular territorio de la tco de la Nación ancestral Tacana y el incentivo de actividades mineras–extractivas de parte de la supuesta Empresa o cooperativa Minera Aurífera El Turbión sin la autorización correspondiente y falta de consulta previa libre e informada a la tco ”. Esta denuncia, convalidada por tratarse de un territorio ancestral, carecía de fundamentos, ya que se acusaba a los socios de la cooperativa de avasalladores, siendo ellos también indígenas tacanas, con los mismos derechos que todos los originarios del lugar, además que ni siquiera se tocaba los límites de la tco . Tampoco dudaron en acusarlos de contaminación, cuando la lucha principal de esta cooperativa era precisamente trabajar sin contaminar y así marcar un hito en la minería como propuesta de indígenas tacanas que buscan otros medios de subsistencia respetando el entorno. Lamentablemente los desencuentros hicieron que hubiera una falta de entendimiento entre ambos bandos. Precisemos que El Turbión no es la única cooperativa intentando trabajar, sino que, como se mencionó anteriormente, existen otras dos cooperativas que ya están trabajando desde hace algunos años en Ixiamas, además de otras nuevas. Estas cooperativas utilizan el sistema de balsas para la extracción del metal, lo que implica la utilización de mercurio para amalgamar el polvo de oro. Esto es de conocimiento general de los pobladores de Ixiamas, son las mismas autoridades, tanto municipales como indígenas, quienes son parte de estas cooperativas. Una está compuesta por indígenas tacanas de las comunidades de la tco y la otra, por comunidades interculturales. A ellos no se les dice nada, es más, se los encubre quizás porque tienen poder e influencias políticas. Tampoco se hizo nada cuando llegaron los garimperos brasileños por unos meses durante la pandemia y se 107 llevaron oro, contaminando los ríos y cometiendo otros abusos como violaciones. A ellos tampoco se les dijo nada y los defensores del medio ambiente en Ixiamas permanecieron callados ante tales abusos. Con el paso de los dos meses de prueba, algunos momentos resultaron satisfactorios como cuando las personas se le acercaban para agradecerle el empleo en la mina. Ella sentía que estaba cumpliendo lo que le había prometido a su papá; sin embargo, los sinsabores fueron mayores que estos momentos de alivio. Al principio ella no imaginó que ser presidente de una cooperativa implicaba tantos riesgos, las personas creían que por tener este cargo ella tenía mucho dinero sin pensar más bien que lo que estaba haciendo era invertir para lograr realizar un sueño. Aprendió lo que es la paranoia y el miedo a partir del acoso ya que siendo una mujer relativamente joven y soltera recibía casi a diario invitaciones para “salir”, tomar una cerveza y demás, lo que hizo que se aislara de todo: con ello llegó la soledad. Inclusive una noche unos desconocidos intentaron entrar a su casa con la intención de cometer alguna fechoría… así, ella, aprendió a dormir con un ojo abierto y para mayor seguridad, con un revolver bajo la almohada por si acaso. La situación se hacía insostenible, ella anhelada regresar a su mundo, aquel donde no había este tipo de problemas y donde los sueños se pueden hacer realidad encima de un escenario. Pero aún faltaban los designios de la naturaleza, los cuales hay que simplemente aceptar: lluvias intensas que provocaron inundaciones y algunas pérdidas materiales. Esa fue la gota que rebalsó el vaso para dar por concluidas las actividades de prueba, además que el permiso transitorio también había llegado a su fin. Con todos los problemas mencionados y sin oro para compensar tan arduo trabajo, las maquinarias se retiraron, lo que por un lado estaba bien ya que la codicia y ambición empezaba a verse en los ojos de los socios y de otras personas contagiadas quizás, por la fiebre del oro; y, por otro lado, con un sentimiento de fracaso en el corazón por no haber cumplido con la promesa. Para el 2023 la cooperativa aún continúa intentando legalizar la documentación obteniendo el derecho minero u otro permiso transitorio, pero eso no será posible mientras el gobierno no regule los tramites y problemas que hay con relación a la minería aurífera en el país. Ella volvió a sus actividades retomando el arte y la ciencia, aún con dudas en el corazón por haberse involucrado en el mundo de la minería que, cual pandilla, una vez estando ahí, no te permite 108 salir fácilmente, pero también con grandes aprendizajes. El más grande de ellos, saber que el brillo del oro puede cegar a tal punto que olvidamos de quiénes somos, de dónde venimos, para qué y qué estamos haciendo, nos olvidamos sobre todo que los humanos somos naturaleza y que tratar de dominarla adueñándonos de sus tesoros es vulnerar nuestros propios derechos si no lo hacemos con equilibrio y respeto. Sé que ella en estos momentos está meditando sobre si todo el esfuerzo valió la pena, si el discurso de cuidar el medio ambiente no solamente es un discurso disfrazado para encubrir el antropocentrismo del ser humano, si realmente vale la pena que los humanos sobrevivamos y sigamos luchando mientras no haya un cambio en nosotros, pero un cambio que nos acerque a ese equilibrio y respeto del que se habla. Sé que ella tiene días de tristeza, confusión y otros llenos de alegría donde se llena de fuerzas para transitar por instantes el camino de su padre, lo sé porque ella, esa mujer pequeña, de tez morena y ojos negros soy yo. 109 Cuando el río suena, es porque dragas trae: la criminalización por el derecho a la defensa del territorio (Teoponte, septiembre 2016 ) Mábel Poma El municipio de Teoponte se encuentra ubicado en la provincia Larecaja, al norte del departamento de La Paz. Esta población está dentro de la denominada “ruta del oro”. Teoponte generó noticia en julio de 2012 a causa de la explotación de oro en el radio urbano de la población y como consecuencia de este surgieron enfrentamientos entre la Cooperativa Relámpago y pobladores del lugar, dejando como resultado un total de diez heridos de ambos bandos y volquetas retenidas. Los vecinos del radio urbano demandaban que las autoridades competentes se aproximaran al lugar en conflicto para que pudieran realizar la respectiva inspección y así encontrar una solución evitando enfrentamientos mayores. 1 Según Henry Apuri, 2 gran parte de los pobladores se oponían al ingreso de maquinaria pesada al radio urbano de la población porque era el inicio del avance y desastre ambiental que iban a ocasionar las cooperativas mineras en la zona urbana, en la búsqueda incansable del oro. Yo conocí la población de Teoponte el 2013, un año después de los enfrentamientos suscitados. 1 https://www.cedib.org/wp-content/uploads/2013/09/ conflictos-mineros-8.13.pdf 2 Indígena Leco de la población de Teoponte. 110 Allí, Apuri me mostró el lugar exacto dónde estaba ubicado el campamento de la empresa minera South American Placer Inc( sapi ). Después de algo más de un par de años él retornaba a su tierra con la intención de habitar y empezar a construir la empresa turística que venía trabajando en mente durante sus viajes por diferentes países de Sudamérica. Mientras ingresábamos a Teoponte, observé una draga que estaba en el río Kaka y algunos acompañantes del“surubí” 3 murmuraron que“ las cooperativas todo están destrozando ” y efectivamente dentro del radio urbano se encontraba el campamento de la sapi . Henry, con un suspiro, recordaba parte de su infancia como trabajador dentro de las minas buscando oro, como también recordaba el auge de la población en los años 80 por el alza que realizaba la empresa. Después de un breve descanso en su domicilio ubicado en la calle Santa Cruz, nos dirigimos inmediatamente al campamento para observar de cerca las condiciones en las que había quedado después de que la Cooperativa Relámpago pasara por ahí. Eran aproximadamente las seis de la tarde, hacía 3 Autos de transporte público, de modelo Toyota Caldina o similares que ingresan a los Yungas desde la terminal Minasa de Villa Fátima. un calor sofocante, pero era un horario ideal para ir de observadores ya que no existían muchas personas en el lugar a las cuales les incomodara nuestra presencia. Al ingresar al campamento observamos que solo quedaba un cementerio de chatarra; un avión con las partes dispersas en diferentes lugares del campamento, una casa tipo almacén construida de madera, dañada por la incursión de maquinaria y que en aquel entonces fungía como pulpería para los trabajadores de la sapi . También pude observar algunas planchas que pertenecían a las dragas y por último, porque ya oscurecía y no había mucha visibilidad, llegamos al inicio de lo que era la pista aérea, completamente desolado. Henry era quién, a través de su memoria, me dibujaba imaginariamente la ubicación precisa de la pista porque en ese momento se encontraba cubierta por materiales que se utilizaban para la draga. Al caer la noche, retornamos inmediatamente al domicilio de Henry. Al llegar lo único que deseábamos era poder bañarnos porque estábamos llenos de tierra, no podíamos meter con facilidad nuestros dedos entre los cabellos. Lamentablemente no teníamos agua, Henry revisó las cañerías imaginando que el problema podría estar ahí, pero no encontró ninguno. Cansados de esperar, decidimos salir en busca de comida porque 111 también teníamos hambre, y nos dirigimos a la plaza principal del pueblo, en el camino algunos de los pobladores, los más antiguos, amigos de su padre Sixto Apuri Chinari, reconocieron a Henry extendiéndole un abrazo de bienvenida e invitándolo a visitarlos al día siguiente. Inmediatamente preguntamos por el agua y con una carcajada nos respondieron que justo se nos ocurre llegar el día que no hay agua en el pueblo, la dotación de agua se realizaba entre dos a tres días en la semana, y que solo los que contaban con tanques de agua tenían el líquido elemento toda la semana, nos recomendaron dejar los grifos abiertos para escuchar la llegada del agua porque el horario de abastecimiento tampoco era fijo, podía ser desde la mañana o por la tarde y solo por unas horas. Al día siguiente, nos encontrábamos en la misma situación, sin agua hasta casi el medio día; entre tanto, decidí sentarme en la puerta de la casa y observaba como iban y retornaban las motocicletas del campamento, algunas son de servicio público y otras de propiedad privada, en ambos casos transportaban mayormente a mujeres que sostenían bateas para lavar tierra y colgaban un morral al costado. Al retornar del campamento también las veía en motocicletas, pero llenas de lodo y mientras observaba aquello una vecina que estaba de paso me recomendó entrar a la vivienda porque como no había agua las calles de tierra estaban levantando mucho polvo con el paso de las motocicletas y automóviles y no había con que regarlas, pero también me comentó entre carcajadas que las motocicletas con barranquilleras y barranquilleros preferían pasar por esa calle porque no era la avenida principal. “Tienen vergüenza de que los vean que están viniendo de la barranquilla” , me decía a lo lejos mientras ella seguía caminando. Alrededor del mediodía, logramos abastecernos de agua en los recipientes que teníamos a nuestro alcance. El agua estaba turbia, pero al menos nos servía para lavarnos cuando lo necesitáramos, me preocupaba la situación limitante de agua porque el clima es cálido y es necesario estar constantemente hidratados, e implicaba gastos adicionales. Después de bañarnos, fuimos hacia la plaza e ingresamos a una pensión, 4 los comensales protestaban sobre las pocas horas de abastecimiento de agua y Henry de inmediato intervino en la conversación y les cuestionó el hecho de haber permitido el destrozo del tanque de agua por parte de las cooperativas mineras. Los 4 Establecimiento donde se puede consumir alimentos; desayuno, almuerzo y cena. 112 comensales solo lo miraron y guardaron silencio. Le pregunté a Henry dónde estaba el tanque de agua que yo no lo había visto y me respondió que estaba a unos pocos metros entre la pulpería y los retazos del avión. “Está todo destrozado, por eso no hay agua” , dijo en voz alta y molesto. Después de almorzar volvimos a casa porque durante las primeras horas de la tarde es raro ver personas caminar por el pueblo y esto se debe al calor sofocante, mientras esperábamos que transcurrieran las horas para volver al campamento y fotografiar lo que quedaba de éste, conversábamos sobre la historia minera de Teoponte y su experiencia personal al respecto. Era inevitable que él hablase de su padre Sixto, lo hacía efusivamente y no sentía transcurrir el tiempo. Y antes de entrar a conocer esos detalles, él me preguntó si alguna vez escuché hablar de Teoponte y yo respondí que conocía algo del lugar por las historias de la“guerrilla de Teoponte” y por el enfrentamiento que hubo entre pobladores y cooperativistas, pero un conocimiento muy superficial, porque solo lo vi en las noticias más no ahondé en información. Él respondió riendo que al menos conocía el nombre porque la mayoría de los citadinos no sabe ni la existencia del lugar. Me invitó a caminar por el canchón de la casa en búsqueda de motacú. “He visto chanchos esta mañana por acá, seguro que hay motacú y de los mejores, los chanchos sí saben alimentarse”. Levantamos los más carnudos y nos sentamos en el suelo de la sala porque no había sillas y también porque era el lugar más fresco, mientras él pelaba y comíamos motacú recordó cómo esperaba en el mismo lugar durante meses a su padre, que estaba en los socavones de la mina. Aproximadamente en los años 70 Sixto Apuri llegó a radicar en Teoponte, desde Candelaria. Su hermano Luis, profesor del campamento de la sapi , lo motivó para ser trabajador de esta, y es así que fue contratado como guía de la empresa. “Su principal labor era guiar a los mineros y a los gringos cuando se lanzaban al río en bote. Los Lecos somos conocidos por nuestra destreza de dominio de ríos”, afirmó Henry. “(…) mi padre era el mejor nadador de ríos, no lo digo por ser mi padre, cuando vayamos a Teoponte tú puedes preguntar a los más viejos qué saben de mi padre y vas a escuchar sus apreciaciones. Los gringos no contrataban a cualquiera para trabajar como botero, solo los que realmente conocían bien los ríos y eran excelentes nadadores podían trabajar como boteros, y es así que mi padre fue contratado. 5 5 Entrevista realizada el 20 de agosto de 2023. Recordando nuevamente nuestra visita a Teoponte en 2013. 113 Él refiere que en esa época de bonanza de la sapi (70’s–80’s) existía en el campamento un tanque de almacenamiento de agua que era distribuido al campamento y también para los pobladores. También había un motor grande que proveía electricidad a toda la población, cancha de tenis, de fútbol y piscina, todos con césped, similar a un club privado. Cine, pulpería, hospital, matadero, escuela, casas estilo chalet que eran propiedad de los extranjeros, pista aérea. En fin, un lujo. Todo el campamento se encontraba alambrado y las comodidades eran de uso exclusivo para inversionistas y trabajadores de la sapi . Cuando visitamos en su domicilio al“negro Willy”, como lo llaman en Teoponte, nos comentó que cuando él era joven veía desde el alambrado como solo los trabajadores e inversionistas disfrutaban de los lujos, “el resto del pueblo no podíamos entrar y eso me daba bronca”. 6 Este comentario me vino a la mente tras la entrevista realizada a Henry recordando mi primer ingreso a Teoponte. “Mi padre trabajó aproximadamente diez años para la sapi , luego decidió emprender su propio camino como minero, porque no existía la posibilidad de dejar de ser botero y probar en otras áreas, era todo supervisado, los gringos tenían hasta cámaras de vigilancia para evitar robos. 7 Fue así que Sixto Apuri decidió emprender y explorar caminos en búsqueda de oro. Continuó su travesía más arriba de San Juanito en compañía de un amigo, iniciando socavones clandestinos donde encontraron bastante oro, como estaquilla, dice Henry, bajaba el río abrazado de su bolsa engomada cargando el dinero que obtenía por la venta de oro que encontraba y así pasaron los años, la misma rutina, pero bajo los ojos observadores de los pobladores quienes ya pertenecían a algunas cooperativas mineras del lugar. “(…) mi padre decidió ir más allá de los socavones que había explorado, pero esta vez nos fuimos como familia. Tuvimos que caminar por pircas, y en ese camino mi padre encontraba chontas. Posteriormente se constituyeron en la zona El Porvenir de Santa Rosa de Mapiri, “el lugar era virgen, mi papá construyó una casa con madera y chima. Lo habitamos con algunos pobladores de Bolsa Negra, casi todos eran de allí. Sembrábamos 6 Conversación realizada en el domicilio del poblador Willy. No tengo referencia del apellido. 7 Entrevista realizada el 20 de agosto de 2023. Recordando nuevamente nuestra visita a Teoponte en 2013. 114 en los arenales yuca, maíz, plátano, sandía para lograr subsistir, pero nos robaban constantemente porque los de Bolsa Negra eran colonos y no podían combatir con el clima, como nosotros que somos nativos. 8 Es en este pasaje de su vida que Henry empezó como trabajador dentro de los socavones, él recuerda que su padre es quien encabezaba la marcha hacia la mina, sujetando en su mano una barreta porque tenía experiencia como barretero. Detrás estaba el traspalero que tiraba la tierra a cinco o seis metros del lugar, luego don Sixto era el encargado de colocar dinamitas para abrir socavón. Con el tiempo crearon la cooperativa El Porvenir, logrando un taladro grande y un taladro punta de diamante con los cuales rompían la peña. “Era tiempo de laja, mi padre taladraba, hacía los huecos, metía las dinamitas y a causa de eso se enfermó con fibrosis pulmonar. Solo usaba su polera como tapabocas, absorbía plomo y todo tipo de metales pesados, cada vez que entrabas más profundo se reducía el oxígeno. Ahí entraba yo, utilizábamos compresoras para meter aire, porque el oro está en la peña y tienes que subir, y el aire se acaba, y yo sabía meter la manguera, se ve a los paisanos llorar. 8 Entrevista realizada el 20 de agosto de 2023. También he sido carretillero y era lo peor porque significa que no eres fuerte para trabajar dentro de la mina, el carretillero saca la tierra con oro para que las mujeres laven. También he sido anotador, yo tenía que registrar quiénes y cuántas carretillas sacaban, era duro el trabajo”. Y a causa de este trabajo se dieron los primeros decesos en El Porvenir, recuerda Henry. “(…) incluso nosotros hicimos el primer cementerio, porque Racacha fue sepultado y después al Carola que se lo llevó el cochazo. 9 Según lo que me enteré, actualmente ese sigue siendo el cementerio principal de El Porvenir y es grande, de diferentes comunidades aledañas llevan a sus difuntos allá”. 10 La sapi y comsur fueron las primeras empresas transnacionales que ingresaron a Teoponte con la intención de explotar oro, dejando al lugar en medio de montañas de piedras y aguas estancadas y sucias. (Erbol Archivos, 9 de agosto, 2015). “Si bien es cierto que estas empresas tocaron casi todo el poblado, no lo hicieron con el campamento, y lo dejaron 9 Cochazo, término utilizado para referirse a la presa de agua creada por el trabajo minero y que cuando baja del cerro arrasa con tierra, árboles y todo lo que esté a su paso. 10 Entrevista realizada el 20 de agosto de 2023. Recordando nuevamente nuestra visita a Teoponte en 2013. 115 así, lo abandonaron, tampoco cortaban el suministro de agua y luz, como lo hacen las actuales cooperativas yendo estas acciones en contra de la ley. Los pobladores no supieron hacerle mantenimiento para sacar provecho del lugar. Se podía haber hecho un hermoso balneario y así generar atractivo turístico, pero ni las autoridades ni la población lo vio así”. Antes de retornar a la ciudad de La Paz, volvimos al lugar donde estaba ubicado el campamento y pude constatar que el tanque de agua había quedado totalmente destruido. La cooperativa Relámpago había ingresado y destrozado todo lo que quedaba del campamento porque supuestamente debajo de todos los lujos que habían construido los inversionistas de la sapi había mucho oro. Efectivamente sí habían encontrado oro, pero no en la magnitud imaginada, es por este motivo que los pobladores también querían extraer oro de estos predios. No era posible porque habían sido vendidos a la Empresa Bartos, de propiedad de la familia Chamón, y por consiguiente éstos cedieron sus predios a la cooperativa Relámpago, generando el conflicto anteriormente mencionado en julio de 2012. Este conflicto fue el inicio del avance de las cooperativas mineras hacia el radio urbano de la población. “Al ingresar al campamento ya habían tocado el cinturón de seguridad del pueblo” , dijo Henry pero él no imaginaba que más pronto de lo que pensó las cooperativas empezarían a entrar a la zona urbana por el costado de su casa. “Nuestras visitas a Teoponte se dieron con mayor frecuencia, en un año hasta tres veces, porque invitábamos a amigos extranjeros a conocer el lugar antes de ir hacia Rurrenabaque. Veíamos estos viajes como el inicio de nuestro proyecto turístico. Lamentablemente, las condiciones respecto a los servicios básicos como el agua eran incómodas para los turistas, por ello con el paso del tiempo equipamos aquella casa con insumos básicos (tanque de agua) que nos permitieran sobre todo acceder al agua en cualquier momento”. Pasaron los años y el trabajo intenso por constituir el proyecto turístico en Teoponte iba en marcha, hasta que el año 2016, casi al inicio de la gestión, Henry, recibió llamadas constantes de algunos familiares y amigos que vivían en la población, alertándolo del posible inicio de trabajo a cielo abierto por parte de tres cooperativas“Unión Teoponte”,“Mariscal de Cepita” y“Lecos”. Una de las vecinas colindantes con el terreno de Henry era accionista de la cooperativa“Unión Teoponte”, y había cedido sus predios a la cooperativa para iniciar la explotación, haciendo caso omiso a lo establecido por ley, “…la ley señala que debe haber mínimamente 50 metros de distancia entre el cráter y mi terreno, pero 116 estaban a menos de 30 metros, sin medir las consecuencias de los daños materiales y humanos” , dijo Henry. 11 El retorno, criminalización por la defensa de la tierra y territorio Factores ajenos a nuestra voluntad impidieron que retornáramos a Teoponte a principios de 2016, pero habíamos planificado ir aproximadamente a mediados de agosto o septiembre. Fue cuando nos convocaron algunos pobladores a asistir a una reunión de emergencia en el mes de agosto para tratar temas vinculados a las cuadrillas que las cooperativas anteriormente mencionadas iban a trabajar. Como principal afectado consideraban que Henry, o su padre, tenían que estar presentes para oponerse al trabajo extractivo minero. Los pobladores comentaron que los inversionistas querían aprovechar la ausencia de los dueños para iniciar con el trabajo y ellos poco o nada podían hacer si el dueño no estaba presente para defender su predio. Inmediatamente anoticiados de lo acontecido acudimos a la reunión 11 Entrevista realizada el 20 de agosto de 2023. si bien las autoridades vecinales suspendían de forma sistemática las convocatorias con la intención de causarnos fastidio con estos retrasos constantes, ya que nos veíamos perjudicados en nuestras actividades laborales en la ciudad de La Paz. Pero vimos la forma de organizarnos y estar presentes en el lugar. En septiembre, nos percatamos del ingreso de materiales y movilización de personas que pertenecían a las cooperativas involucradas, todo sucedía alrededor de la casa donde habitábamos, y era inevitable pensar lo peor. Buscamos reuniones permanentes con el alcalde de ese entonces, Eddy Mejía, para informarle y pedirle intervención inmediata ya que veíamos conflictos en el horizonte. Vecinos de otras zonas de la población llegaban noche tras noche al domicilio de la familia Apuri para informarnos que las cooperativas habían decidido ingresar con maquinaria al lado del terreno, y contaban con el respaldo del alcalde porque el oro encontrado iba a ir en beneficio de la población y de la gestión de este. Esperamos pacientes a que llegara el día, mientras tanto vecinos que se oponían al ingreso de maquinaria pesada al área urbana se reunían en la casa de Henry, para aunar fuerzas, porque si permitían que las cooperativas iniciaran la excavación, esto 117 iba a extenderse como efecto dominó en las demás zonas que también ya estaban en la mira. Es así que, a mediados de septiembre, en horas de la madrugada, cuando gran parte de la población descansaba, iniciaron el trabajo de desmonte. El sonido de los árboles arrancados desde la raíz, sonidos similares a crujidos, el sonido de la maquinaria golpeando el suelo fueron el inicio del conflicto entre Henry Apuri y la Cooperativa minera“Unión Teoponte”. La cooperativa había planificado muy bien el horario para iniciar con la excavación, estaban seguros de que los vecinos que se oponían no iban a poder llegar al lugar para impedir las operaciones, al promediar las seis de la mañana Henry salió a confrontar a los mineros para pedirles la autorización o licencia ambiental que les permitiera generar el daño que estaban ocasionando. Recuerdo bien que las ardillas corrían despavoridas por todas partes intentando escapar del ruido ocasionado por las máquinas y caídas de los árboles. Inmediatamente me movilicé en búsqueda de apoyo porque temía que los mineros fueran a agredirnos, algunos vecinos se aproximaron a la vivienda de Henry y empezaron a lanzar petardos como anuncio de convocatoria y alerta a los vecinos de otras zonas. Los hombres que resguardaban las maquinarias amenazaron con machetes a Henry, si es que impedía su funcionamiento. Los pobladores iban llegando de a poco y algo temerosos al ver gente afín a las cooperativas con machetes, algunos hombres y mujeres que se oponían al trabajo también llegaban con machetes. La situación se tornaba tensa mientras las horas transcurrían, y en caravana decidieron llegar a la alcaldía que se encontraba en la plaza principal. El alcalde recibió a algunas autoridades vecinales y a los afectados directos para escuchar las protestas y peticiones, pero como era de esperar el alcalde poco o nada podía(o quería hacer), pues él era a la vez un cooperativista minero, si bien no pertenecía a alguna de las cooperativas en conflicto, pues era representante de aquel grupo. Simplemente decidió no responsabilizarse por las consecuencias de las excavaciones a menos de 30 metros del área urbana y nos informó que él advirtió a los representantes de las cooperativas que la población estaba molesta y que él no podía hacer más que pasar la responsabilidad a las autoridades administrativas mineras del Estado. Entretanto, la resistencia opositora a las excavaciones continuaba, al igual que los operarios y parte de la población que apoyaba la continuación del trabajo minero. Al mismo tiempo, las amenazas de búsqueda a Henry, 118 por parte de colombianos nos era comunicado por su primo Oscar Apuri(+), ex presidente de la central de cooperativas mineras del norte de La Paz, pese a todo continuamos en resistencia por la tierra y territorio. Por medio de una reunión de emergencia quedó acordado en acta que se pondría una bandera boliviana en representación de respeto a la propiedad de la familia Apuri. Después de meses de constante lucha, la criminalización del derecho a la protesta y defensa del territorio se hizo efectiva por medio de una denuncia penal en contra de Henry, por avasallamiento a predios mineros, juicio que no tuvo avance por falta de continuidad por parte de la cooperativa“Unión Teoponte”. De la criminalización a la autoidentificación Henry cree que después de todo lo malo que ocurrió y ocurre aún en Teoponte con las cooperativas mineras, lo que puede agradecerles en parte es el impulso por concienciar a su territorio sobre la importancia de la autoidentificación a la hora de defender su territorio. “Muchos se avergüenzan de nuestros orígenes, cuando estábamos en conflicto con la cooperativa, ellos creían que me insultaban al decirme chimán y yo les decía, ¡sí! soy chimán, leco, ayoreo, tacana y soy todo eso pues, mi cara habla sola. No voy a negar que el autoidentificarme en mi documento de identidad me permitió hacer este conflicto más mediático pero también me ha permitido impulsar a los nativos del lugar, a los jóvenes teoponteños que existimos dentro de la Constitución Boliviana y que estamos reconocidos dentro de las 36 etnias indígenas y somos Lecos de Larecaja y no hay por qué sentirse avergonzado, ahora ya no soy el único autoidentificado Leco de mi región, también está autoidentificado mi hermano de lucha, Arsenio Yarari”. 12 Si bien este conflicto dejó muchas lecciones en la población de Teoponte, la autoidentificación fue una de las que marcó el imaginario social de la población, quienes afirmaban que tenían orígenes Lecos siempre fueron combativos. Bibliografía https://bit.ly/3v15ToG https://bit.ly/4ahevrr https://bit.ly/4af7eIG 20 de agosto de 2023, entrevista realizada a Henry Apuri. 12 Entrevista realizada el 20 de agosto de 2023.