ANALISIS DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS LA ULTRADERECHA EN EL SALVADOR: EL PECULIAR CASO DE NAYIB BUKELE Manuel Meléndez-Sánchez Noviembre 2023 Nayib Bukele ha adoptado algunas posiciones propias de ultraderecha desde que obtuvo el poder, particularmente con relación a los contrapesos democráticos, la seguridad ciudadana y el conservadurismo social. Este“giro a la derecha” ha sido selectivo y estratégico: no corresponde a compromisos ideológicos firmes, sino más bien a las necesidades y oportunidades políticas que Bukele ha enfrentado durante su gobierno. Esta interpretación implica que no se pueden descartar más giros—ya sea hacia la derecha o la izquierda— según evolucionen las necesidades políticas del mandatario. A su vez, estos futuros giros podrían definir cómo evoluciona el naciente régimen autoritario de El Salvador. DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS LA ULTRADERECHA EN EL SALVADOR: EL PECULIAR CASO DE NAYIB BUKELE Manuel Meléndez-Sánchez Noviembre 2023 En cooperación con Índice 1. INTRODUCCIÓN ......................................................................... 4 2. BUKELE EN EL PODER: UN GIRO ESTRATÉGICO Y SELECTIVO HACIA LA ULTRADERECHA ................. 6 3. CONCLUSIÓN ............................................................................ 10 REFERENCIAS ................................................................................................ 11 3 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – LA ULTRADERECHA EN EL SALVADOR: EL PECULIAR CASO DE NAYIB BUKELE 1. INTRODUCCIÓN “Soy de izquierda radical”(Dalton, 2012, párr. 36), afirmó Nayib Bukele, entonces recién inaugurado como alcalde de un pequeño municipio de El Salvador, en una entrevista realizada en 2012.“Toda la vida he sido de izquierda y mi pensamiento es de izquierda”(párr. 19). Sin embargo, durante los últimos años, el presidente de El Salvador se ha ganado la admiración –inspirando a más de un imitador–, entre la (ultra)derecha internacional(Linthicum, 2023). ¿Cómo deberíamos de interpretar esta aparente transformación ideológica? ¿Es Nayib Bukele un político de derecha? En estas páginas sostenemos que Bukele es ante todo un populista sin compromisos ideológicos firmes. Es un hecho que el mandatario salvadoreño ha adoptado un conjunto de posiciones propias de la derecha –e incluso de la ultraderecha–, desde que asumió el poder, pero lo ha hecho selectivamente y más por conveniencia que por convicción. Esta interpretación nos otorga las herramientas para entender con más claridad la aparente transformación de Bukele y nos permite entrever una serie de interrogantes importantes que ayudarán a definir cómo evoluciona el naciente régimen autoritario de El Salvador. Durante casi tres décadas, El Salvador mantuvo uno de los sistemas de partidos políticos más estables de América Latina(Mainwaring, 2018). En la década de 1990, la Alianza Republicana Nacionalista(ARENA), se consolidó como el partido dominante de la derecha salvadoreña. Simultáneamente, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional(FMLN), exguerrilla convertida en partido político tras los acuerdos de paz que pusieron fin al conflicto armado(c. 1979-1992), comenzó a aglutinar las fuerzas electorales de la izquierda. Entre 1994 y 2018, estos partidos funcionaron como dos polos opuestos que definieron la política electo ral del país. ARENA y el FMLN acapararon la gran mayoría de los votos en cada una de las 14 elecciones celebradas durante este período. 1 1 Entre 1994 y 2018 se celebraron cinco elecciones presidenciales y nueve elecciones de alcaldes y diputados. Las elecciones presidenciales y las elecciones de alcaldes y diputados coincidieron dos veces(en 1994 y 2009). ARENA ganó las elecciones presidenciales de 1994, 1999, y 2004; el FMLN triunfó en las elecciones de 2009 y 2014. ¿Qué tipo de derecha representó ARENA? En sus inicios, el partido poseía una fuerte tendencia de extrema derecha, personificada claramente en su principal líder y fundador, el Mayor Roberto d’Aubuisson. D’Aubuisson –exmilitar, anticomunista acérrimo y autor intelectual del asesinato del monseñor Óscar Arnulfo Romero–, fundó el partido en 1981 a su imagen y semejanza. No obstante, tras fracasar como candidato presidencial en la elección de 1984, el propio d’Aubuisson optó por darle al partido un giro más moderado. En 1985, d’Aubuisson le entregó el liderazgo del partido al empresario Alfredo Cristiani, quien llegaría a la presidencia en 1989. A partir de entonces, ARENA pasó a representar una derecha más convencional. Particularmente durante sus tres primeros gobiernos, la agenda principal del partido consistió en implementar principios de libre mercado e impulsar reformas económicas afines a los intereses de la poderosa derecha empresarial, sobre todo la privatización, la apertura comercial y la dolarización. Antonio Saca, el último presidente de ARENA(2004-2009), realizó un gobierno más bien de centroderecha. El exlocutor de radio intentó distanciarse públicamente de la derecha empresarial tradicional del país, posicionando los programas sociales como un eje central de su gestión, aunque jamás llegó a desviarse de los principios de libre mercado que definían el ideario arene ro. Además, Saca continuó profundizando las políticas de “mano dura” contra las pandillas que había implementado su predecesor, Francisco Flores Pérez(1999-2004). En pocas palabras, durante sus veinte años en el poder, ARENA fue, por encima de todo, un firme defensor de políticas propias de la derecha convencional, particularmente en el ámbito económico y, durante sus últimos dos gobiernos, con relación a la política de seguridad. Una vez en la oposición, ARENA(y, por extensión, la derecha salvadoreña) experimentó dos procesos que resultarían transcendentales, y que ayudarían a sentar las bases para la llegada de Bukele. En primer lugar, el partido perdió la llamada“unidad granítica”(Martínez y Arauz, 2009) que había logrado imponer durante décadas. Tras su derrota en la elección presidencial de 2009, el liderazgo tradicional del partido –con Cristiani al mando–, acusó a Saca de traicionar los principios de ARENA, expulsándolo del partido. Saca y sus allegados fundaron entonces un nuevo partido de derecha, la Gran Alianza Nacional(GANA)(Galeas y Galeas, 4 INTRODUCCIÓN 2012). En segundo lugar, ARENA sufrió una especie de crisis ideológica silenciosa. Antes de llegar al poder, el FMLN se había opuesto férreamente a la agenda conservadora y neoliberal de los gobiernos de ARENA. Este constante choque ideológico ayudó a definir la orientación programática de ARENA y a cristalizar la“marca” del partido en la mente de los votantes. Pero, una vez en el poder, el FMLN optó por, a lo mucho, suavizar el modelo neoliberal que había impulsado ARENA. Además, con la breve excepción de una tregua entre pandillas negociada por el Presidente Mauricio Funes(2009-14), el FMLN dio continuidad a las políticas de mano dura introducidas por Flores y Saca. Por lo tanto, ARENA, partido de derecha por excelencia, se encontró en la extraña e inesperada situación de hacer oposición a un gobierno que debía –y afirmaba–, ser de izquierda pero que, en lo medular, actuaba más bien como un gobierno de centroderecha. Como resultado de las pugnas internas y de la convergencia(involuntaria) con el FMLN, ARENA dejó de ser el estandarte indiscutible de la derecha, al menos en la mente de los votantes: en vísperas de la elección presidencial de 2019, la mayoría los salvadoreños ya no apreciaba ninguna diferencia importante entre los dos partidos (Meléndez-Sánchez, 2021). Este fue el contexto en el que Nayib Bukele puso de cabeza al sistema político salvadoreño. Bukele había iniciado su carrera política dentro del FMLN, partido al que su familia había apoyado –y con el cual había hecho negocios–, por muchos años. En 2012, Bukele fue electo alcalde de Nuevo Cuscatlán, un pequeño municipio de clase media colindante con el Área Metropolitana de San Salvador. Tres años más tarde, Bukele se convirtió en el abanderado del FMLN por la alcaldía de San Salvador, posiblemente el cargo político más poderoso y visible aparte de la presidencia. Bukele superó a su contrincante de ARENA por poco más de tres puntos porcentuales. A estas alturas, Bukele se había convertido en uno de los políticos más populares del país, gracias tanto a su buena gestión como alcalde como a su estilo político iconoclasta. Pero, además, Bukele había comenzado a reñir con el FMLN. Acusaba al FMLN, no sin razón, de gobernar como si fuese ARENA, a repudiar a su propio partido por proponer “medidas neoliberales”(Valencia et al., 2016) en lugar de impulsar los cambios estructurales que había prometido. Al poco tiempo reconoció, públicamente, que el FMLN haría lo posible por impedirle ser presidente. A pesar de estas alianzas estratégicas, Bukele no se comportó como un candidato de derechas. De hecho, procuró –y logró–, trascender la tradicional lógica derecha-izquierda de la política salvadoreña(Meléndez-Sánchez, 2021). Dentro de la narrativa de Bukele, ARENA y el FMLN no eran partidos ni de derecha ni de izquierda, sino más bien vehículos políticos corruptos y oportunistas que respondían, a fin de cuentas, a una misma élite“oligárquica”. En su conjunto, estos partidos, sus financistas y los supuestos intereses fácticos que representaban constituían un establishment político y económico –“los mismos de siempre”, según los apodó Bukele–, que mantenían a El Salvador hundido en la miseria. En pocas palabras, Bukele fue un candidato plenamente populista sin una clara orientación ideológica. Fue una estrategia sumamente exitosa. Bukele ganó la elección presidencial de 2019 con más del 53 por ciento de los votos, superando por unos 21 puntos porcentuales al candidato de ARENA y por casi 40 puntos al candidato del FMLN. El estudio de opinión pública y comportamiento electoral más incisivo de esa elección(Córdova Macías et al., 2019) ayuda a corroborar la tesis de Nayib Bukele como un candidato sin orientación ideológica concreta más allá del populismo. El estudio pidió a los participantes que se autoposicionaran en el espectro ideológico, desde la extrema izquierda(1) hasta la extrema derecha(10). En promedio, los votantes que expresaban intención de votar por ARENA y por el FMLN se autoposicionaron a la derecha(7.4) y a la izquierda(4.2), respectivamente(p. 24). Mientras tanto, el votante Bukele promedio señalaba no ser ni de izquierda ni de derecha, aunque se inclinaba levemente hacia la derecha(5.4). Por otra parte, más de la mitad de las personas que dijeron haber votado por el FMLN y casi un tercio de las personas que dijeron haber votado por ARENA en la segunda vuelta de la elección presidencial de 2014 se declaraban decididos a votar por Nayib Bukele(p. 42). La variable que mejor explicaba la intención de voto por Bukele, según los modelos estadísticos del estudio, era el descontento hacia los dos partidos políticos tradicionales(p. 53). Efectivamente, el FMLN expulsó a Bukele del partido en octubre de 2017. La decisión provocó el primer acercamiento de Bukele con la derecha. Aunque Bukele anunció que formaría un nuevo partido político llamado Nuevas Ideas (NI), por cuestión de tiempos optó por inscribirse como el candidato presidencial de GANA: el partido fundado por Saca y otros exareneros. En ese momento, GANA era nominalmente un partido de centroderecha, pero en la práctica se comportaba como un partido poco ideológico que respondía ante todo a cálculos políticos. Se había convertido, por ejemplo, en un aliado legislativo importante del gobierno del FMLN. 5 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – LA ULTRADERECHA EN EL SALVADOR: EL PECULIAR CASO DE NAYIB BUKELE 2. BUKELE EN EL PODER: UN GIRO ESTRATÉGICO Y SELECTIVO HACIA LA ULTRADERECHA El posicionamiento ideológico de Bukele ha evolucionado durante sus primeros cuatro años en el poder. La narrativa populista perfeccionada durante la campaña electoral ha sido constante. Pero, además, el mandatario ha adoptado tres posiciones propias de la ultraderecha(Rovira Kaltwasser, 2023): ha desmantelado los contrapesos democráticos, impulsado un agresivo punitivismo penal y defendido el conservadurismo social. Sin embargo, este“giro a la derecha” ha sido selectivo, tal y como lo evidencian las narrativas impulsadas por el presidente en torno a dos reformas importantes: la adopción del bitcoin como moneda de curso legal y la reforma de pensiones. Efectivamente, al repasar la evolución del posicionamiento de Bukele respecto a cada una de estas áreas, resulta evidente que los cambios no corresponden a compromisos ideológicos bien defini dos, sino más bien a las oportunidades y los desafíos políticos que el mandatario ha enfrentado durante su gobierno. Como presidente, Bukele ha demostrado un profundo desprecio por la concepción liberal de la democracia: se ha esmerado por eliminar los contrapesos, desmantelar sistemáticamente las instituciones de rendición de cuentas y concentrar el poder político bajo el Ejecutivo. Como en el caso de muchos políticos de la ultraderecha, estas actitudes resultan particularmente evidentes en relación con el órgano judicial. En febrero de 2021, el partido de Bukele y sus aliados obtuvieron una supermayoría en la Asamblea Legislativa. En mayo, a pocas horas de ser juramentados los nuevos diputados, Bukele utilizó su nueva supermayoría para destituir a los magistrados de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y al fiscal general(Redacción BBC News Mundo, 2021a). Unos meses más tarde, Bukele obligó a un tercio de todos los jueces del país a retirarse(Redacción BBC News Mundo, 2021b). Este golpe contra el órgano judicial le ha permitido a Bukele socavar otro contrapeso importante: la Constitución. En septiembre de 2021, por ejemplo, la nueva Sala Constitucional –elegida a dedo por Bukele–, emitió una controvertida reinterpretación de la Constitución que avaló la reelección presidencial del mandatario. Más allá del órgano judicial y la Constitución, Bukele ha utilizado los poderes del Ejecutivo, su abrumadora popularidad y su supermayoría legislativa para socavar prácticamente todas las demás instituciones que ejercían un contrapeso frente al Ejecutivo. Por ejemplo, ha reducido y centralizado el financiamiento de los gobiernos municipales, restringido el acceso a la información pública, aumentado el control del Ejecutivo sobre las 69 agencias autónomas y semiautónomas del Estado y nombrado a sus aliados para presidir organismos de rendición de cuentas nominalmente independientes, como la Corte de Cuentas y la Procuraduría de Derechos Humanos. Desde que obtuvo la presidencia, Bukele ha justificado cada embestida en contra de los contrapesos como un paso necesario para la profundización de la democracia: los contrapesos y los poderes no electos son, para Bukele, obstáculos antidemocráticos para la realización de la voluntad popular. Esta perspectiva quedó plasmada claramente en una serie de tuits publicados por el mandatario en mayo de 2021, mientras se desarrollaba el golpe en contra del órgano judicial.“El poder del pueblo está ahora representando”, anunciaba Bukele,“y esos representantes ahora deben cumplirle al pueblo”(Bukele, 2021a). Arremetía, además, en contra de la comunidad internacional: ¿Esperan que la gente vote abrumadoramente por un nuevo Gobierno, espere 2 años para que le permitan votar abrumadoramente[…] por una nueva@AsambleaSV [Asamblea Legislativa] y que después de todo sigan los mismos funcionarios?[…] El 75% del pueblo salvadoreño votó en elecciones libres por el cambio que estamos viendo (Bukele 2021b). “Eso es todo,” escribió el mandatario,“se llama DEMOCRACIA 2 . En 200 años, nuestro país no la había saboreado, ahora sí”(Bukele, 2021a). 2 Con mayúsculas, en el original. 6 BUKELE EN EL PODER: UN GIRO ESTRATÉGICO Y SELECTIVO HACIA LA ULTRADERECHA Sin embargo, Bukele no siempre se posicionó como enemigo de los contrapesos. Por ejemplo, en 2013, el entonces alcalde de Nuevo Cuscatlán opinaba que los contrapesos –en este caso, la no reelección presidencial–, eran necesarios para garantizar el respeto a la voluntad popular:“La Constitución no permite que la misma persona sea presidente dos veces seguidas[…] Eso es para garantizar que no se mantenga en el poder y que él ocupe su poder para quedarse en el poder. Si él sale del poder y regresa,[que sea] porque el pueblo lo quería traer de regreso”(Girón, 2021). Podemos observar, entonces, una importante transformación en el posicionamiento de Bukele en torno a la democracia y los contrapesos. Es posible que esta transformación refleje un cambio genuino en las convicciones ideológicas del presidente salvadoreño. Pero el giro de Bukele más bien parece ser consistente –y esto es lo medular–, con la evolución de los intereses estratégicos del mandatario. En 2013, cuando los contrapesos no obstaculizaban las ambiciones del alcalde Bukele, estos contrapesos eran, a lo mucho, una molestia. Pero unos años más tarde, cuando llegaron a limitar de manera importante el poder del presidente Bukele, los contrapesos se convirtieron en un enemigo de la democracia y la voluntad popular. En cuanto a temas de seguridad, durante los primeros dos años en el poder, el gobierno del presidente Bukele sostuvo un proceso de diálogo con las tres principales pandillas del país: la Mara Salvatrucha(MS-13), el Barrio 18 Revolucionarios y el Barrio 18 Sureños. A cambio de reducir el número de asesinatos, el gobierno ofreció a las pandillas mejorar las condiciones dentro de los centros penales y extender beneficios a los pandilleros en libertad(Martínez et al., 2020). Efectivamente, durante este período se produjo una reducción importante en los índices de criminalidad. Aunque Bukele atribuía los avances en seguridad ciudadana a su llamado Plan Control Territorial, los resultados eran más bien consistentes con el proceso de diálogo entre el gobierno y las pandillas(Dudley, 2020; Meléndez-Sánchez, 2022; Romero y Vichez, 2022). El diálogo con las pandillas era una estrategia que Bukele venía desarrollando desde antes de su gestión como alcalde de San Salvador. A partir de la campaña electoral de 2014-2015, el equipo de Bukele estableció contactos con líderes de pandillas de la capital. A través de estas negociaciones, se lograron acuerdos importantes que le permitieron a Bukele y su equipo ingresar a territorios controlados por las pandillas, primero para poder llevar a cabo actos de proselitismo y, más tarde, para poder ejecutar proyectos y obras públicas(Martínez, 2018). En otras palabras, desde 2014 Bukele había utilizado el diálogo como su principal herramienta frente al problema de las pandillas. La política de seguridad de Bukele dio un giro dramático a finales de marzo de 2022. Luego de que la Mara Salvatru cha desatara una matanza que cobró al menos 87 vidas en un espacio de 72 horas, Bukele se declaró en guerra abierta contra las pandillas. Su bancada legislativa aprobó de inmediato un régimen de excepción que suspendió varios derechos constitucionales. Desde entonces, el ejército y la policía han privado de libertad a más de 70.000 personas, lo que equivale aproximadamente a uno de cada 100 salvadoreños. Además, la Asamblea Legislativa ha endurecido las penas por delitos relacionados con el crimen organizado y avalado los juicios sumarios. A pesar de que varias organizaciones domésticas e internacionales han denunciado violaciones sistemáticas contra de los derechos humanos, el régimen de excepción ha sido extremadamente popular entre los salvadoreños y parece, al menos por el momento, haber desarticulado a las pandillas(Martínez et al., 2023). La nueva política represiva de Nayib Bukele ha definido la percepción de su gobierno tanto dentro como fuera de El Salvador. Esta política de“mano dura” representa, sin lugar a dudas, un giro radical hacia la derecha en materia de seguridad. Sin embargo, proponemos dos observaciones importantes para esclarecer las implicaciones políticas e ideológicas del régimen de excepción. En primer lugar, vale la pena recordar que el régimen de excepción es, precisamente, un giro. Durante al menos siete años, mientras resultaba conveniente, Bukele y su equipo consideraron que los pandilleros eran actores con los que se podía dialogar y con quienes incluso se podía llegar a acuerdos importantes. Desde marzo de 2022, los pandilleros se han convertido en“terroristas” irredimibles que no merecen disfrutar derechos de ningún tipo: las cifras de homicidios del gobierno, por ejemplo, ya no toman en cuenta a los pandilleros muertos(Espinoza, 2022). La velocidad y magnitud de este giro parecen indicar que la política de seguridad de Bukele no ha reflejado, al menos históricamente, un compromiso ideológico, sino más bien una estrategia pragmática que responde a los desafíos y a las oportunidades de cada momento. En segundo lugar, el régimen de excepción ha catapultado dramáticamente la proyección internacional de Bukele. Por un lado, Bukele ha recibido fuertes críticas por parte de organizaciones, actores políticos y medios de comunicación extranjeros por las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante el régimen de excepción. La respuesta de Bukele ante estas y otras críticas ha sido contundente: el mandatario ha tildado a estos elementos de la comunidad internacional de hipócritas(Bukele, 2022), acusándolos de ser cómplices en la represión de los salvadoreños:“¿Cuántas décadas más, llenas de decenas de miles de muertos, deberíamos de haber aguantado los salvadoreños, para que las recetas de las ONGs y la‘comunidad internacional‘ comenzaran a funcionar?”, escribió en marzo de 2023 (Bukele, 2023a). Además, en varias ocasiones Bukele ha repetido algunas de las teorías conspirativas favoritas de la derecha“antiglobalista” internacional para desprestigiar a sus críticos(Bukele, 2023b). En este sentido, Bukele se ha comportado como un político de ultraderecha. Pero, por otro lado, Bukele ha demostrado una actitud ambigua hacia sus admiradores de la derecha internacional. Efectivamente, ha tenido algunos acercamientos importantes como, por ejemplo, con representantes de la ultraderecha estadounidense. Pero, por lo general, ha sido renuente a la 7 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – LA ULTRADERECHA EN EL SALVADOR: EL PECULIAR CASO DE NAYIB BUKELE hora de autoposicionarse como miembro de la derecha internacional y ha estado muy lejos de convertirse en un líder de la ultraderecha radical latinoamericana lo que, dada su deslumbrante popularidad en la región, podría lograr fácilmente. El populismo, los ataques contra los contrapesos y la guerra contra las pandillas han definido el primer gobierno de Bukele. Pero el mandatario también ha dado un evidente giro a la derecha en sus expresiones relacionadas a los valores tradicionales. La religión no figuró en el discurso político de Bukele hasta la recta final de la campaña presidencial, cuando sus con trincantes lo acusaron de ser musulmán. Desde ese momento, Bukele comenzó a utilizar algunos elementos retóricos cristianos, aunque nunca se transformaron en un pilar fundamental de su plataforma(Aguilar Vásquez, 2022a). Sin embargo, la religión sí se ha convertido en un punto de referencia importante de la retórica bukelista desde que el mandatario asumió el poder. En una entrevista realizada en 2021, Bukele compartió algunos detalles sobre su vida espiritual: Yo creo mucho en Dios y no es un tema de religión, es un tema de ese poder universal, Dios. Y respeto todas las religiones pero siento que la relación con Dios es personal. Y yo siento que Dios me ha llevado donde él quiere. Y aquí estamos(En Cortinas con Luisito y Berth, 2021). Conforme a esta idea de la intervención divina, Bukele ha utilizado la religión para presentar a su gobierno y a su persona como instrumentos de Dios, especialmente en momentos de crisis o durante enfrentamientos con sus enemigos políticos. Abundan los ejemplos. El 9 de febrero de 2020, cuando Bukele irrumpió en el Congreso rodeado de militares, se sentó en la silla del presidente de la Asamblea Legislativa, cerró los ojos, hizo una oración y declaró que Dios había hablado con él:“Si quisiéramos presionar el botón[y cerrar el Congreso], solo presionamos el botón. Pero, pero, pero… le pedí a Dios y Dios me dijo:‘Paciencia, paciencia’”(Aguilar Vásquez, 2022a, p. 171). A principios de junio, cuando la tormenta tropical Amanda azotó el país, Bukele observó: Las élites dicen(que) ese presidente mucho menciona a Dios, mucho mete a Dios en la política. Yo no meto a Dios en la política, Dios está en todos lados, y Dios nos va a ayudar, y Dios nos va a sacar de esta, estoy seguro 100%, y nosotros vamos a ser instrumentos de Dios para ayudarle al pueblo salvadoreño(Aguilar Vásquez, 2022b, párr. 7). La cristianización de la retórica bukelista ha coincidido con un giro a la derecha en cuanto al aborto y a los derechos de la comunidad LGBTI. Cuando aún era alcalde de Nuevo Cuscatlán, por ejemplo, Bukele fue contundente en cuanto a los derechos sexuales:“Yo creo que la lucha de derechos civiles de nuestro tiempo es la comunidad LGBTI. Y yo quiero estar del lado correcto de la historia” (ElSalvadorG, 2014). También criticó fuertemente a los activistas antiaborto en al menos una ocasión:“¿Por qué los‘defensores de la vida’ no defienden el derecho de Beatriz a vivir? Talvez son defensores del‘fanatismo’, que es diferente”, afirmó el mandatario, haciendo referencia al caso de una joven salvadoreña a quien se le prohibió interrumpir un embarazo inviable(Citado en Observatorio de la Comunicación 2021). El giro a la derecha comenzó durante su campaña presidencial. De hecho, Bukele se declaró“pro-vida”(Bukele, 2018), aunque aclaró que estaría a favor del aborto cuando la vida de la madre estuviera en riesgo(GatoEncerrado, 2018). Dijo además que, a pesar de tener“amigos y conocidos que son gays”, el matrimonio debía ser solamente “entre hombre y mujer”(Nóchez, 2018). Este giro se intensificó una vez asumió la presidencia. En 2021, en el contexto de un proyecto de reforma constitucional, Bukele aclaró que jamás aceptaría un artículo constitucional que amenazara el“DERECHO A LA VIDA 3 (desde el momento de la concepción)”(Bukele, 2021c), o al matrimonio en su“diseño original, UN HOMBRE Y UNA MUJER 4 ”(Bukele, 2021c). Además, Bukele aclaró que los salvadoreños necesitan“una Constitución que nos lleve al futuro, pero manteniendo siempre nuestros principios y nuestra fe en Dios, como la fuerza que guía todas nuestras acciones”(Bukele, 2021c).“Algún día nos vamos a dar cuenta de que es un gran genocidio,” precisó el mandatario acerca del aborto a pocos meses de convertirse en presidente(Mahtani, 2023, párr. 1). Por otro lado, Bukele eliminó o marginó a los pocos mecanismos institucionales que existían para representar a la comunidad LGBTI en el quehacer gubernamental como, por ejemplo, la Secretaría de Inclusión Social y la Dirección de Diversidad Sexual(GatoEncerrado, 2022). ¿Qué factores explican el giro hacia la derecha de Bukele con relación a los valores tradicionales? Una explicación sensata guarda relación con la opinión pública. Según la encuesta LAPOP, en 2018 casi el 83 por ciento de los salvadoreños reconoció que la religión era muy importante en sus vidas(Barómetro de las Américas de LAPOP, 2022a), y casi el 86 por ciento sostuvo pertenecer a una religión cristiana(Barómetro de las Américas de LAPOP, 2022b). Por otro lado, los derechos LGBTI representan un tema controvertido. En la misma encuesta, el 58.4 por ciento de los salvadoreños señaló que estaba en total desacuerdo con permitir el matrimonio entre parejas del mismo sexo(y menos del 8 por ciento se mostró totalmente de acuerdo) (Barómetro de las Américas de LAPOP, 2022c). Y, aunque una pequeña mayoría de los salvadoreños apoya el aborto en algunas circunstancias, en la práctica su legalización no deja de ser un tema polémico(Cidón Kiernan, 2018). En este contexto, abrazar la religión, repudiar los derechos LGBTI y abstenerse de impulsar cambios constitucionales relacionados con el aborto resulta ser la estrategia política más conveniente. 3 Con mayúsculas, en el original. 4 Con mayúsculas, en el original. 8 BUKELE EN EL PODER: UN GIRO ESTRATÉGICO Y SELECTIVO HACIA LA ULTRADERECHA Como hemos advertido, desde que llegó a la presidencia, Bukele ha profundizado o adoptado posiciones que, en su conjunto, son propias de la ultraderecha, particularmente en cuanto a contrapesos, seguridad ciudadana y valores tradicionales. Hemos sostenido que estos giros corresponden a una lógica política pragmática y no a compromisos ideológicos firmes. Algunas de las estrategias que Bukele ha utilizado para promover dos reformas importantes de su gobierno –la adopción del bitcoin como moneda de curso legal y la reforma de pensiones–, dejan en evidencia la maleabilidad ideológica del mandatario salvadoreño: es un presidente que ha utilizado argumentos más afines a la centroizquierda cuando hacerlo resulta conveniente políticamente. El 5 de junio de 2021, Bukele anunció que presentaría un proyecto de ley para declarar el bitcoin moneda de curso legal. Las criptomonedas suelen asociarse con actores e ideas de la extrema derecha internacional(Golumbia, 2016). Sin embargo, en el caso salvadoreño, Bukele presentó la bitcoinización en buena parte como una propuesta que aspiraba a reducir las desigualdades de ingreso y de acceso a la economía formal.“En el corto plazo,” prometió Bukele,“esto [la adopción del bitcoin] va a generar empleos y ayudar a promover la inclusión financiera a miles de personas que están afuera de la economía formal” 5 (BBC News, 2021, párr. 5). Con la reforma, Bukele también aspiraba a reducir los costos de las remesas del extranjero, fuente de ingreso importante para muchas familias de bajos ingresos en particular. Además, la reforma parecía diseñada en parte con el objetivo de expandir –o al menos sostener–, el protagonismo del Estado en la economía. Por ejemplo, la adopción de la criptomoneda se centralizaría a través de Chivo, una nueva monedera digital propiedad del Estado. Bukele también anunció que el Estado salvadoreño ofrecería bonos respaldados por la criptomoneda. Estos bonos, así como las demás ganancias generadas por las inversiones del Estado en los mercados internacionales de bitcoin, prometían ser una herramienta importante para un gobierno que intentaba manejar una precaria situación fiscal sin verse obligado a cortar los gastos. Estos dos objetivos de la reforma –reducir desigualdades socioeconómicas y expandir o sustentar el rol económico del Estado–, son inconsistentes con una agenda ideológica de derecha y, mucho menos, de ultraderecha. 2. Eliminar una disposición que permitía a los cotizantes retirar hasta el 25 por ciento de sus aportaciones de manera anticipada. 3. Aumentar la rentabilidad de los ahorros de pensiones en un punto porcentual, del seis al siete por ciento. 4. Permitir que el 100 por ciento de los ahorros de pensiones se inviertan en bonos del Estado. Antes de la reforma, las Administradoras de Fondos de Pensiones(AFP) privadas no podían invertir más del 45 por ciento de los ahorros en bonos del Estado. Tal como lo han señalado varios expertos y analistas(Labrador, 2022), el principal objetivo de esta reforma es ayudar a financiar las actividades del gobierno a mediano plazo, especialmente a través de los componentes dos y cuatro. Además, existe la posibilidad de que la reforma ponga en riesgo la sostenibilidad fiscal del sistema de pensiones en el mediano y largo plazo. Pero, a pesar de responder a necesidades prácticas, el hecho es que, al menos de acuerdo con lo escrito, se trata de una reforma progresiva y redistributiva: aparte de aumentar los beneficios, abre las puertas para lo que sería, en la práctica, una nacionalización completa de los fondos de pensiones. Desde esta perspectiva, la reforma de pensiones, tal como lo fue la adopción del bitcoin, es incompatible con una agenda dogmática de derecha. Finalmente, la bitcoinización no ayudó a rescatar la situación fiscal del gobierno. En diciembre de 2022, Bukele pro movió una reforma al sistema de pensiones con los siguientes componentes(entre otros): 1. Aumentar en un 30 por ciento el monto de las pensiones para la mayoría de cotizantes, aunque el aumento disminuye significativamente para las personas que se encuentran en la parte superior de la distribución de prestaciones. 5 En inglés, en el original. 9 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – LA ULTRADERECHA EN EL SALVADOR: EL PECULIAR CASO DE NAYIB BUKELE 3. CONCLUSIÓN Bukele es un populista que, desde llegar a la presidencia, ha adoptado posiciones de ultraderecha en cuanto a los contrapesos, la seguridad ciudadana y el conservadurismo social. Hemos sostenido que el mandatario ha adoptado estas posiciones selectiva y estratégicamente; su aparente “giro a la derecha” no corresponde a la reivindicación de compromisos ideológicos claros, sino más bien a las necesidades y oportunidades políticas de cada coyuntura. ¿Qué valor tiene esta interpretación del“giro bukelista”? Es decir, ¿importa cómo y por qué un presidente adopta posiciones radicales? La respuesta es evidente: si es cierto que el giro de Bukele responde a un cálculo fundamentalmente político y no a un conjunto de convicciones ideológicas más o menos estables, entonces es probable que el presidente vuelva a reposicionarse cuando cambien sus necesidades políticas. Existen, por ejemplo, dos escenarios a mediano y largo plazo que no se pueden descartar. En primer lugar, es posible que el mandatario dé un giro a la izquierda, particularmente en cuanto a materia económica. Irónicamente, el aparente éxito del régimen de excepción ha entrañado un reto inesperado para Bukele: la gran mayoría de salvadoreños ahora identifica los temas económi cos como su mayor preocupación. Cuando la prioridad de Bukele consistía en resolver el problema de seguridad sin sacrificar su popularidad, un giro hacia la derecha manodu rista era la solución política más sensata, al menos a corto plazo. El mismo cálculo, pero con respecto a los problemas económicos de los salvadoreños, podría motivar a Bukele a adoptar medidas redistributivas o intervencionistas propias de la izquierda. Puede que esto no fuera una solución económica viable a largo plazo, pero podría resultar ser la solución política más atractiva a corto plazo. El segundo escenario apunta en la dirección opuesta. Bukele goza de una popularidad aplastante entre los salvadoreños. Es por esta razón que, desde su punto de vista, desmantelar los contrapesos en nombre de la“voluntad popular” resulta políticamente rentable. Pero parece inevitable que, tarde o temprano, la popularidad de Bukele disminuya. En ese momento, es posible que Bukele recrudezca su giro a la derecha, llegando a adoptar incluso una de las características más nocivas de la ultraderecha: el desdén no solo por la dimensión horizontal de la democracia, sino también por su dimensión vertical. Si Bukele decide virar en esa dirección, ya no habrá contrapesos que puedan detenerlo. 10 REFERENCIAS REFERENCIAS Aguilar Vásquez, L. E. (2022a). Nayib Bukele, el bukelismo y el uso de la religión. Realidad y Reflexión, 1(55), 164-184. https:// doi.org/10.5377/ryr.v1i55.14429 –.(2022b, 22 de septiembre). El bukelismo y su peligroso uso de la religión. Noticias UCA. https://noticias.uca.edu.sv/articulos/ el-bukelismo-y-su-peligroso-uso-de-la-religion Barómetro de las Américas de LAPOP. (2022a, 20 de diciembre). Could you please tell me how important is religion in your life? [Beliefs: Importance of Religion. El Salvador.] 2018. Tableau Public. https://public.tableau.com/app/profile/lapop.central/viz/ shared/BT6QZ7XFS –. (2022b, 20 de diciembre). What is your religion, if any?[Beliefs: Religion. El Salvador. 2018.] Tableau Public. https://public. tableau.com/app/profile/lapop.central/viz/shared/RP5TTKQPK –. (2022c, 20 de diciembre). 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Parte de las ideas acá desarrolladas fueron discutidas en un workshop realizado en el Instituto de Ciencia Política(ICP) de la Pontificia Universidad Católica de Chile(UC) los días 11 y 12 de agosto del 2023. AUTOR FICHA TÉCNICA Manuel Meléndez-Sánchez , doctorando en Ciencia Política por la Universidad de Harvard. Investiga temas relacionados con la democracia y sus desafíos en Centroamérica y México. Fundación Friedrich Ebert en Chile Hernando de Aguirre 1320| Providencia| Santiago de Chile Responsable Dr. Cäcilie Schildberg Representante de FES-Chile https://chile.fes.de https://fesminismos.fes.de Edición de contenido: Sarah Herold Directora de proyectos FES-Chile Edición de estilo: Guillermo Riveros Álvarez El uso comercial de todos los materiales editados y publicados por la Friedrich-Ebert-Stiftung(FES) está prohibido sin previa autorización escrita de la FES. Las opiniones expresadas en esta publicación no representan necesariamente las de la Friedrich-Ebert-Stiftung{o de la organización para la que trabaja el autor}. ISBN 978-956-6138-70-9 LA ULTRADERECHA EN EL SALVADOR: EL PECULIAR CASO DE NAYIB BUKELE Nayib Bukele llegó a la presidencia de El Salvador sin una clara orientación ideológica más allá del populismo. Ya como presidente, el mandatario ha adoptado tres posiciones que, en su conjunto, son propias de la ultraderecha: ha desmantelado los contrapesos democráticos, impulsado un agresivo punitivismo penal y defendido el conservadurismo social. Estas posiciones de ultraderecha -ante todo, el punitivismo penal de su“guerra contra las pandillas”–, han definido la imagen internacional del mandatario. Sin embargo, este“giro a la derecha” ha sido selectivo y estratégico: no parece corresponder a compromisos ideológicos firmes, sino más bien a las necesidades y oportunidades políticas que el presidente Bukele ha enfrentado durante su gobierno. En otros ámbitos –por ejemplo, con relación a la adopción del bitcoin como moneda de curso legal o a la reforma de pensiones–, el mandatario ha impulsado narrativas que son más propias de la centroizquierda. Esta interpretación implica que no se pueden descartar más giros –ya sea hacia la derecha o la izquierda–, según evolucionen las necesidades políticas del mandatario. A su vez, estos futuros giros podrían definir cómo evoluciona el naciente régimen autoritario de El Salvador.