ORDEN GLOBAL Y REGIONAL LA PACHAMAMA, DESCENTRALIZACIÓN Y CIUDADES INTELIGENTES EN AMÉRICA LATINA La digitalización como agenda de la integración regional Sofía Beatriz Scasserra Paola Ricaurte Quijano Setiembre 2023 América Latina posee una historia de integración y desintegración signada por procesos externos y una agenda impuesta por los grandes capitales trasnacionales. La digitalidad de nuestra era presenta muchos problemas muy conocidos, pero también ofrece la oportunidad de comprender nuevos procesos de integración digital a partir de la conquista de los territorios que se nos han despojado, con tecnologías propias y diversas y la relocalización de puestos de trabajo. Se necesita de forma urgente una agenda de integración latinoamericana 4.0 que aproveche las capacidades regionales digitales y promueva la soberanía digital. ORDEN GLOBAL Y REGIONAL LA PACHAMAMA, DESCENTRALIZACIÓN Y CIUDADES INTELIGENTES EN AMÉRICA LATINA La digitalización como agenda de la integración regional Sofía Beatriz Scasserra Paola Ricaurte Quijano Setiembre 2023 Índice 1. INTRODUCCIÓN 2 2. UNA AGENDA LATINOAMERICANA: EXPANSIÓN, TERRITORIO, INTEGRACIÓN Y LA LÓGICA DE LO COMÚN 4 2.1 Territorio, descentralización y reterritorialización............................................................... 4 2.2 Teletrabajo con derechos.................................................................................................. 6 2.3 Integración y gobernanza latinoamericana digital con lógica de lo común..................................................................................................... 7 3. TERRITORIO, INFRAESTRUCTURA TECNOLÓGICA Y RESILIENCIA COMUNITARIA 8 Conclusiones.................................................................................................................... 9 Referencias bibliográficas.................................................................................................. 10 1 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- LA PACHAMAMA, DESCENTRALIZACIÓN Y CIUDADES INTELIGENTES EN AMÉRICA LATINA 1 INTRODUCCIÓN No hace falta decir aquí que vivimos en una sociedad tecnológicamente potenciada. No hace falta describir lo que ocurrió en las sociedades en las últimas dos décadas, al quedar sumergidos en excesos de conectividad, la cultura de la comodidad(Magnani, 2019) y el solucionismo tecnológico (Morozov, 2014) como paradigma imperante. No hace falta hablar de las vicisitudes que la pandemia y la inmersión tecnológica trajeron consigo. No hace falta hablar de aceleración, de fusión, de profundización… Todo esto ya ha sido escrito, analizado, reescrito y planteado por diversos autores en varias latitudes. Una nueva sociedad se gesta día a día en la relación con las tecnologías digitales. Conceptos como nativos digitales, descentralización y gobierno 4.0 nos remiten a la urgencia de pensar la sociedad inserta en un mundo donde no es esa América Latina la que escribe las reglas y donde apenas si logra apropiarse de ciertos desarrollos tecnológicos a fin de estructurar alguna emancipación posible del colonialismo digital feroz. ¿Cómo emancipar una región cuya poca libertad digital se inscribe en un marco colonial? A simple vista parece un proceso de deconstrucción imposible, lejano y utópico, pero el pesimismo jamás ayudó a nadie y jamás nos caracterizó como región. Los sueños de integración latinoamericana vienen desde Simón Bolívar e incluso antes. La sociedad latinoamericana vive en una constante puja entre lo interno y lo externo: desarrollar una sociedad hacia dentro o mirar con ojos maravillados la integración en clave europea, sufriendo el síndrome del impostor, pensando que jamás llegaremos a ser lo que deseamos ser. La puja entre la alianza interna natural y geográficamente pertinente y la inserción extrarregional necesaria para la subsistencia y la obtención de divisas es constante, con una restricción en la balanza de pagos que mueve los ojos hacia el viejo continente con esperanzas de por fin emular una economía estable y de crecimiento firme. Desde pequeños nos dijeron que América Latina no estaba integrada, que debíamos mirar a nuestros puertos con la esperanza de que la exportación de materias primas trajera las divisas necesarias para poder crecer. Pero cada tanto vuelven los sueños de integración regional. Nos miramos y nos reconocemos como pares y hermanos, y las esperanzas de lograr un bloque fuerte, unido y poderoso vuelven a surgir. ¿Cómo integrar una sociedad que sueña con una integración inalcanzable al estilo europeo? Lo cierto es que la geografía es lo único que no se puede modificar. El mundo nos es dado tal cual es, con sus ríos, mares, montañas y planicies. Por lo que buscar una agenda común no solo es necesario, sino urgente en una vecindad digital cada vez más abierta al mundo y a lo externo. En efecto, si la tierra, sus extensiones y nuestra escasa infraestructura nos separan, debemos integrarnos en aquello que nos une fácilmente: la digitalidad. Se podría pensar que puesto que vivimos en una sociedad de digeratis, abierta y con comunicaciones globales, debería ser momento de abandonar los sueños de integración. La conexión con otros países y regiones se desarrolla de forma cada vez más simple e instantánea. Los traductores ayudan a atravesar la barrera idiomática. Las comunicaciones y los sistemas de información nos hacen ver los grandes espacios abiertos que tiene el mundo para ofrecernos. La revolución logística productiva a través de canales digitales y la capacidad predictiva de nuestro comportamiento redujeron las barreras en el transporte en espacio y tiempo como nunca. El mundo se mueve. No así los seres humanos, cada vez más castigados por barreras físicas migratorias y límites impuestos entre continentes. Aun así, nunca fue tan necesario buscar una agenda común en la región. Y es que el paradigma digital nos ofrece un nuevo mundo de desafíos que es casi imposible enfrentar aislado. En efecto, en el mundo se debaten la regulación de las empresas de tecnología y los cambios y vicisitudes que trajeron. ¿Qué capacidad tiene un país latinoamericano de regular una empresa como Twitter, que fue vendida por el mismo valor de la deuda externa argentina con el Fondo Monetario Internacional? Más aún, si en la economía digital la escala es lo que da poder, si el dato aislado no sirve de nada, si lo que tiene valor es el big data, las infraestructuras, la capacidad de conectar mercados, la agenda digital se impone como agenda común: una sociedad latinoamericana 4.0. Democracias cada vez más debilitadas, gobernantes más expuestos y la noción de transparencia imperante en una sociedad confundida que cree que la privacidad es opacidad.«No tengo nada que ocultar» resuena en las charlas de café y las opiniones políticas. Pero cuando todo queda expuesto, se presta a interpretación, a ser juzgado. El ojo mira y juzga. ¿Qué ojo? ¿Cómo juzga? ¿A qué costo? Transparencia y privacidad parecen conceptos contrapuestos en una sociedad que todo lo expone, todo lo muestra, todo lo juzga. Lo cierto es que no son conceptos contrarios sino más 2 1. INTRODUCCIÓN bien indisociables: la transparencia debe integrar la privacidad, así como la libertad debe incluir la justicia social. No existe verdadera transparencia sin la privacidad y viceversa. La poca privacidad que queda en los bordes de la política es hackeada, explorada, cuestionada y puesta a prueba casi constantemente. Pérdida de datos, filtraciones, phishing, entre otras, son algunas de las muchas formas de falta de seguridad y debilidad que enfrentan nuestras sociedades y que muestran la peor cara del poder: hasta qué punto esto no es utilizado para extorsionar, alcanzar objetivos políticos e instaurar un sentido social determinado en una sociedad latinoamericana que parece virar de la derecha a la izquierda según la influencia de otros países. Economía, tecnología y sociedad: tres dimensiones que se suman y se enroscan sin cesar escribiendo la historia del capitalismo. Los cambios en los modelos productivos y en la forma que adoptó el capitalismo siempre moldearon la sociedad en la que vivimos. La revolución industrial produjo las ciudades como forma de producción industrial, movió a la población desde las regiones agroproductoras hacia las formas de vida urbana. El capitalismo financiero produjo sus«Wall Streets» en versiones locales y periféricas: los centros financieros se sitúan como parte de un tejido urbano, encabezando el poder financiero en cualquier país del mundo, buscando generar ganancias sin piedad por fuera de la economía real y obligando a los Estados a sostenerlos para que la economía en su conjunto no perezca ante las repetidas crisis producto de esa emancipación que el capital financiero ha obtenido. Hoy estamos frente a un nuevo capitalismo cibernético. Un capitalismo que subsume las relaciones sociales, la vida misma, y las monetiza generando un excedente algorítmico. En efecto, es la dataficación de todo lo que conocemos, y su consecuente transformación en información predictiva a través de algoritmos, lo que ha llevado al capitalismo a una nueva fase tecnoeficiente que parece no encontrar límites geográficos ni subjetivos. Ese capitalismo tiene su correlato social: la ciudad inteligente como forma de vida y desarrollo humano. Ya no es más la ciudad industrial la que importa, ni el gran centro financiero. Hoy el capitalismo transforma las ciudades en grandes centros de vigilancia, en granjas de datos, para obtener información predictiva que ordene el tránsito, ordene los servicios públicos, ordene la logística, ordene la sociedad, ordene la vida… Este nuevo paradigma social parece inevitable. No se puede pensar una sociedad inmersa en un capitalismo cibernético sin ciudad inteligente, así como es imposible pensar en la industria sin un centro fabril. Las redes 5G que se vienen instalando lenta pero incansablemente en el mundo terminarán de diseñar la vida 4.0 prediciendo producción y consumo, gasto e inversión, seguridad y cultura, ciudadanía y empleo. La pregunta aquí no es ciudad inteligente sí o ciudad inteligente no. Tampoco es lograr una cámara de video que observe constantemente, decorada con la bandera whipala, a modo de«latino washing», para sentirnos orgullosos de haber ganado la batalla contra el imperialismo al imponer tradición latinoamericana por sobre un logo tecnológico foráneo. La ciudad inteligente es parte de este paradigma. La pregunta es: ¿será conducida por una sociedad latinoamericana 4.0 con sus limitados pero poderosos recursos?, ¿nos la conducirán desde fuera o nos refugiaremos en un romanticismo antiguo de resistencia tecnofóbica negando un proceso de cambio tecnológico que nos deje fuera de las cadenas globales de producción? La ciudad inteligente importada abre un horizonte de dominación colonial inédito. Una colonización que ya no es una extracción de recursos físicos como fuera antaño el extractivismo de materias primas de la región, sino de datos a través del dominio de las telecomunicaciones. Mucho se habla en nuestra era sobre la recolección de datos sin recompensa a cambio. Lo cierto es que con relación a los bienes naturales, extracción y extractivismo son dos conceptos bien diversos. El primero refiere a su mera utilización para producción local y autosubsistencia. El extractivismo en cambio es la toma de bienes naturales de manera indiscriminada, en grandes volúmenes y con fines de exportación. Podríamos argumentar que este concepto tampoco cabe a los datos, dado que esa exportación se da sin ingreso de divisas a la región. Es pues aún peor: una extrahección(Gudynas, 2013) de recursos sin miras al impacto social, una toma de datos del sur que se procesan en el norte global, diseñando productos predictivos y sistemas de premios y castigos para modificar nuestra conducta bajo estándares foráneos. Un colonialismo total y absoluto. Ese colonialismo se da a través, primeramente, de las plataformas digitales que ordenan la oferta y la demanda urbana de bienes y servicios. Plataformas de comercio electrónico, de venta y entrega de productos, de movilidad, de vivienda y hasta de cuidado de mascotas. Estas plataformas no son casos aislados. Son formas de construir una ciudad inteligente neoliberal que se alimenta del extractivismo de datos y la privatización de lo común: la simpleza de la vida cotidiana urbana. En efecto, una ciudad inteligente no es únicamente la que tiene cámaras de seguridad instaladas en cada esquina y que mira a sus ciudadanos de forma sospechosa. La ciudad inteligente se desarrolla en una nueva forma público-privada de extractivismo de datos, predicción de cotidianeidad, diseño de incentivos, modificación de comportamiento del tejido urbano para que sea más tecnoeficiente. Sea el Estado o el privado a través de sus plataformas tecnológicas, el proceso industrial es el mismo. Todo esto ya se da con telecomunicaciones cada vez más avanzadas, pero el 5G lo llevará a otro nivel: la capacidad de predicciones instantáneas, de múltiples dispositivos conectados y de procesamiento de datos a un nivel superior dará lugar a hogares y fábricas inteligentes que modifiquen las formas de vida urbana como nunca. El programa de instalación de la red 5G no es meramente económico y tecnológico, sino intrínsecamente civilizatorio. Modifica las relaciones sociales hacia paradigmas tecnoeficientes, buscando maximizar nuestras interacciones con una lógica liberal de oferta y demanda, utilitarismo y satisfacción. No existe lógica de lo común. No existe lógica de justicia social. 3 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- LA PACHAMAMA, DESCENTRALIZACIÓN Y CIUDADES INTELIGENTES EN AMÉRICA LATINA 2 UNA AGENDA LATINOAMERICANA: EXPANSIÓN, TERRITORIO, INTEGRACIÓN Y LA LÓGICA DE LO COMÚN El escenario es sombrío, pero ¿cuándo fue mejor? El colonialismo está impreso en nuestra historia a fuego y sangre. Y las lógicas de lo digital parecen perseguir el mismo destino. Pero existen otras lógicas que también están marcadas en nuestro ADN : lógicas que nos han dado sentido de resistencia popular, de amor a lo nuestro, de entendimiento de lo común y una visión histórica de hermandad. Mi«comadre», mi«compadre», mi«compañero/a» es aquel con quien lucho, con quien crezco, en quien me refugio. Las personas latinoamericanas somos famosas por nuestra calidez, nuestra camaradería aun en lo poco y nuestra simpleza. Por ahí es hora de buscar soluciones en aquello que nos constituye en nuestro ADN . En ese sentido, existe una salida posible a una historia de dependencia y depredación de recursos. Pero esa salida precisa de elementos impostergables: la sociedad digital latinoamericana debe, necesariamente, trabajar en una agenda común. 2.1 TERRITORIO, DESCENTRALIZACIÓN Y RETERRITORIALIZACIÓN Esa agenda común de integración latinoamericana tiene que estar anclada al territorio. El territorio debe ser entendido, más que como una materialidad física, como un«lugar habitado por lo que somos, individual y colectivamente, donde se materializan las relaciones entre nosotros y con el entorno, donde, en definitiva, se construye el sentido de lo común» (Ricaurte, 2023). El territorio es en realidad una infraestructura de relaciones(Painter, 2010), y como tal, una tecnología política(Elden, 2010). Las características geográficas, económicas y sociohistóricas del territorio de América Latina han marcado el desarrollo de grandes concentraciones urbanas que presentan enormes desafíos para su gestión y que colapsan con la idea de la smart city importada. Las megaúrbes expandidas como San Pablo o Ciudad de México, así como otras grandes ciudades de la región como Buenos Aires, Río de Janeiro, Bogotá o Lima, requieren atender necesidades de infraestructura, movilidad, agua, energía, salud, vivienda, empleo, telecomunicaciones, pero se encuentran a merced de las tecnologías de vigilancia y de captura de datos que monitorean a las poblaciones vulnerabilizadas. Al mismo tiempo, estas ciudades son polos de atracción para poblaciones desplazadas que no encuentran acceso a empleo, educación o salud en sus localidades y países y que enfrentan tanto la violencia económica y social como la violencia ecocida asociada con los macroproyectos extractivos y la violencia armada de los grupos delincuenciales que controlan sus territorios. Así, los proyectos extractivistas físicos y digitales despojan a las comunidades de la posibilidad de anclarse al territorio, de relacionarse a través del territorio. Una visión latinoamericana integradora debe pensar el territorio de América Latina y el territorio internet(Ciacci, 2019) como lugares de construcción de lo común que hay que disputar al capital y a la lógica del despojo. Recuperar el territorio físico y digital es recuperar soberanía e identidad latinoamericanas. Las ciudades secuestradas por el capital financiero y tecnológico pueden ser origen de nuevas disparidades tanto dentro de los Estados nacionales como a nivel regional y global. En el contexto de los Estados nación, las ciudades concentran inversiones, tecnología, conocimiento, que dan lugar a la expansión de capacidades, innovación y actividades económicas cuyos beneficios son capturados principalmente por actores corporativos trasnacionales que impiden el fortalecimiento de las economías locales. Los nuevos trabajos para la economía digital(donde existe un universo heterogéneo de autonomía, precariedad e inestabilidad, por momentos, y de oportunidades, por otros) son absorbidos por trabajadores en las ciudades que poseen acceso a conectividad y capacidades para desempeñarlos. Mientras tanto, las comunidades marginalizadas, habitantes de las periferias urbanas, de las zonas rurales y remotas, cuentan con acceso limitado o nulo a tecnologías digitales, a la educación y a las oportunidades para mejorar su calidad de vida, mientras son expuestas a la captura indiscriminada de datos que generarán conocimiento y beneficio para otras personas diferentes de ellas. Esta desigualdad infraestructural y de datos es también sustento de la violencia epistémica, cultural y social. El desarrollo de políticas para disputar el imaginario de la smart city neoliberal y reducir la brecha infraestructural, digital y económica entre las zonas urbanas y rurales debe partir de una redistribución infraestructural impulsada por y con las comunidades, considerando sus necesidades y sus características lingüísticas, culturales, étnicas, sociohistóricas. Para el presente y el futuro de América Latina es crucial garantizar un proyecto que promueva la soberanía tecnológica y de datos como un elemento central de fortalecimiento económico, político, social y cultural en la región. 4 2. UNA AGENDA LATINOAMERICANA: EXPANSIÓN, TERRITORIO, INTEGRACIÓN Y LA LÓGICA DE LO COMÚN La falta de voluntad política, el colonialismo interno(González Casanova, 2006) y las relaciones estructurales internacionales asimétricas de poder dificultan la apuesta por políticas públicas que amplíen las capacidades regionales para cubrir las grandes necesidades de inversión, infraestructura, formación de talento y legislaciones con visión de futuro a fin de sacar el mayor provecho de la economía digital en beneficio de la región. Las legislaciones dispersas, inconexas, desarticuladas a nivel nacional y regional, sin un trabajo diplomático que permita impulsar una visión regional con respecto a la posición latinoamericana en el mapa geopolítico, nos vuelven presas fáciles para que los intereses internacionales de las corporaciones y los países industrializados sean los que marquen la agenda a nivel nacional y regional a través de acuerdos bilaterales. Las políticas públicas actuales no parecen conducir a que avancemos en la soberanía tecnológica y de datos a nivel regional. Al contrario, de continuar así, contribuirán a ahondar las relaciones de dependencia de conocimiento e infraestructuras controladas por los gobiernos, capitales y corporaciones trasnacionales. La soberanía tecnológica y de datos se refiere a la capacidad de autodeterminación de una comunidad, un país o una región para controlar sin injerencia exterior y para su propio beneficio. La soberanía tecnológica y de datos no es solamente un proyecto económico, es un proyecto político, social, cultural y ambiental nodal para garantizar la autodeterminación de los pueblos, la gobernabilidad y la democracia en la región. Esa apuesta por una política tecnológica soberana y basada en el impulso a las fortalezas comunitarias locales debe contemplar la redistribución educativa, infraestructural, tecnológica y económica para que las poblaciones puedan acceder a alternativas materiales y organizativas a fin de mejorar su calidad de vida. La expansión infraestructural en zonas periféricas, semiurbanas y rurales puede a la vez limitar la concentración del poder del capital trasnacional en las ciudades vigiladas, permitir la redistribución de recursos y generar mayor resiliencia a las poblaciones frente a los embates económicos y de violencia epistémico-cultural, extractiva y delincuencial. Por eso, pensamos que la contrarrevolución digital requiere romper de raíz las tendencias históricas que favorecen la concentración material que despoja a los territorios y poblaciones. Sin embargo, las actuales tendencias en las políticas de desarrollo científico y tecnológico neoliberales bajo las presiones de los capitales financieros internacionales están diseñadas para continuar la dependencia y la hegemonía tecnológica y así garantizar la expansión de las fronteras de acumulación de valor basada en el despojo de las poblaciones y los territorios del llamado sur global. Toda iniciativa que surja de la sociedad o en contra del capital trasnacional es inmediatamente ofuscada con múltiples estrategias para proteger los intereses de las corporaciones. Estas desigualdades, por tanto, generan a la vez mayores brechas a nivel global. La economía digital es un mito para América Latina, puesto que cada año crecen las distancias entre países ricos y pobres porque la riqueza es acumulada por países industrializados y corporaciones trasnacionales (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo[ UNCTAD ], 2021) de manera obscena. Los datos fluyen desde el sur para alimentar las voraces máquinas algorítmicas de unos pocos actores que poseen el control sobre la infraestructura, los protocolos, los estándares, el software, el hardware, los datos, los algoritmos y el talento. Los actores corporativos y los gobiernos de los países ricos despliegan estrategias agresivas a nivel de los organismos internacionales, la cooperación internacional, el lobby legislativo, los pactos con los gobiernos, la inyección de recursos a la academia y la sociedad civil para imponer una agenda orientada claramente a ahondar las formas de intervención en el desarrollo tecnológico y tecnopolítico en nuestros países. América Latina se encuentra en medio de un forcejeo geopolítico y tecnológico entre Estados Unidos y China, disputada por Europa(Scasserra y Martínez, 2021), que tiene como propósito consolidar los mercados de nuestros países como fuente de datos y bienes naturales. Frente a este escenario, las respuestas deben ser contundentes si queremos construir soberanía tecnológica y de datos que genere condiciones para que los sectores más precarizados de la población mejoren su calidad de vida. Algunas condiciones como la extensión, la orografía y el control de los territorios por los grupos delincuenciales pueden ser retos para el despliegue de infraestructura. Sin embargo, otras condiciones, como la riqueza natural, cultural y una historia de lucha por la soberanía, la tierra y la autonomía de los pueblos, pueden transformarse en oportunidades si se establecen premisas básicas alineadas con los intereses de las comunidades. América Latina posee bienes tangibles e intangibles que son imprescindibles para el desarrollo de tecnologías emergentes. 5 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- LA PACHAMAMA, DESCENTRALIZACIÓN Y CIUDADES INTELIGENTES EN AMÉRICA LATINA Las políticas macroestructurales deben apuntar a la integración regional en términos de infraestructura. Un país no puede solo. La falta de inversión en infraestructura tecnológica desde la perspectiva del interés público y como columna vertebral de la producción de conocimiento y valor acarrea consecuencias dramáticas en la capacidad de generar condiciones de bienestar para la región. Mientras los centros urbanos concentran la infraestructura y la conectividad, las periferias padecen el abandono del Estado. Sin embargo, esas periferias son indispensables para la supervivencia. Desplegar y distribuir la infraestructura tecnológica en el territorio de América Latina puede ser un movimiento estratégico para construir soberanía tecnológica y de datos en la región. Además, puede conducir a una mayor resiliencia, crecimiento económico y autodeterminación de las comunidades, para dar cabida a un ecosistema tecnológico más sostenible, equitativo y soberano en América Latina. Si el territorio es disputado por las industrias extractivas y el crimen organizado, es hora de que impulsemos las condiciones materiales para recuperarlo. La vuelta al territorio debe ser con trabajo, con condiciones que permitan a las comunidades y los pueblos seguir anclados a la tierra. La pandemia mostró la centralidad del territorio y la posibilidad de explorar la desconcentración de centros urbanos y la generación de nuevas formas de vida y de actividad económica. La descentralización del entorno urbano lleva a pensar que nuevas inversiones y ecosistemas económicos son posibles en lugares que se encuentran olvidados en términos infraestructurales e institucionales. Volver al territorio parece ser un destino cierto para una población que olvidó cómo cultivarlo, pero que no olvidó sus raíces culturales de hermandad y aprendizaje. Chile(31 %) y Brasil(22 %)(«Porcentaje de personas que tienen la posibilidad de trabajar de manera remota en países seleccionados de América Latina en 2019», 2023). Durante la pandemia, se estima que 23 millones de personas trabajaron desde sus casas en América Latina(Naciones Unidas, 2021). De acuerdo con Statista, para junio de 2020, el 73 % de las personas trabajadoras reportaron que estaban trabajando desde sus hogares(«Porcentaje de empleados que trabajaron desde casa durante el confinamiento en México en junio de 2020», 2023). En Chile, en promedio el 74 % de las empresas en Santiago ya habían adoptado el teletrabajo desde marzo de 2020(«Empresas con la mayor adopción del trabajo a distancia debido al covid -19 en la región metropolitana de Santiago de Chile en marzo de 2020, por sector», 2023) y se hizo evidente que las empresas del sector industrial fueron las que más adoptaron dicha modalidad. Sin embargo, las posibilidades de acceder al teletrabajo son desiguales en la región. En América Latina el trabajo informal es una realidad latente. En Perú más del 70 % de los encuestados dijeron que no podían trabajar o estudiar desde sus hogares(«Porcentaje de encuestados que tienen la posibilidad de trabajar o estudiar a distancia durante el brote del nuevo coronavirus[ covid -19] en Perú en marzo de 2020»). Formas de organización laboral provenientes de iniciativas propias orientadas a la defensa de los derechos constituyen una alternativa a la economía de plataformas. ¿Se puede volver a la tierra desde lo digital? El impulso a formas alternativas de organización laboral que generen condiciones de trabajo digno a partir de propuestas regionales basadas en infraestructuras distribuidas ofrece una oportunidad de desconcentrar nuestro centro de vida de las metrópolis urbanas. La territorialidad es, entonces, una forma de contrarrevolución en lo digital: si lo masivo y concentrado es lo que le funciona al capital trasnacional para el dominio de la región, proponemos extendernos en un territorio distribuido al calor de la tecnología. No queremos ser rentables para el capitalismo digital que busca instalar la ciudad inteligente con una lógica de vigilancia y de usina de datos para la industria digital algorítmica. Queremos ser rentables para nosotros mismos, buscando soluciones en lo local. Descentralizarnos también ha dado lugar al crecimiento de formas de negocios diversas como las cooperativas, como veremos más adelante. Descentralizarnos es hoy una forma de no ser serviles al capitalismo digital. Durante el año 2020 se dio un fenómeno muy interesante en la región. Por primera vez en la historia la mayoría de los países de América Latina estaban regulando en la misma materia a la vez(Perdomo Ospina y Ottaviano, 2022). Y mientras unos inclinaron la balanza hacia los trabajadores, otros lo hicieron hacia las empresas. Lo curioso del caso es el cambio político que se dio en muchos países de la región. La legislación uruguaya, históricamente prosindical, encontró dificultades para representar a los trabajadores de forma efectiva en su nueva ley de teletrabajo producto de la emergencia de un gobierno de derecha en ese país. Colombia siguió ese mismo camino, pero la reforma laboral encauzada por el gobierno de Petro trae esperanzas de reabrir debates. 2.2 TELETRABAJO CON DERECHOS Una consecuencia de la descentralización de la infraestructura como oportunidad para la emergencia de economías alternativas con proyección regional puede ser la promoción del teletrabajo y de formas organizativas de trabajadoras y trabajadores de la economía digital. Antes de la pandemia, un estudio mostró que los países con mayor capacidad para que las personas trabajaran desde sus hogares eran Colombia(45 %), Argentina(44 %), México(39 %), El teletrabajo resulta polémico para el movimiento sindical en el sentido de que se ponen en riesgo derechos fundamentales del trabajo y se dificulta la representación efectiva de los trabajadores. No obstante, en una región con grandes centros urbanos que concentran bienes y servicios y ahondan las asimetrías con las periferias no urbanas, el teletrabajo deviene una oportunidad política sin precedentes. El teletrabajo, pues, para que sea una verdadera oportunidad regional debe ser con derechos. Estos derechos podrían tipificarse en voluntariedad colectiva, sindicación, 6 2. UNA AGENDA LATINOAMERICANA: EXPANSIÓN, TERRITORIO, INTEGRACIÓN Y LA LÓGICA DE LO COMÚN ejercicio de la negociación colectiva, reversibilidad potestativa del trabajador, respeto a la jornada, derecho a la desconexión, conciliación con trabajo de cuidado, salud y seguridad y costos a cargos del empleador, derecho a la privacidad, entre otros. Pero, y sobre todo, el teletrabajo obliga a los sindicatos a tener una fuerte agenda que ocupe el espacio digital. Si antaño se sindicalizaba a los trabajadores en su lugar de trabajo, yendo a las fábricas, y esas fábricas se movieron a un computador, el movimiento sindical debe, en carácter urgente, hacerse presente allí. Esa presencia debe ser con estrategias de activismo en red y de comunicación que hagan visibles las demandas de los trabajadores en la era digital y representen esos intereses. El trabajador digital está solo y expuesto a ser sujeto de dumping laboral, buscando en la precariedad aquello que el empleador utilice como ventaja comparativa para bajar sus costos, destruyendo el empleo decente en pos de una sociedad de trabajo cada vez más precaria e isolada. Ese no puede ser el destino inevitable ni deseable de la región. Para eso se necesita un movimiento sindical regional cada vez más despierto, audaz, solidario y unido. América Latina tiene esos recursos, con fortalezas y debilidades heterogéneas, pero los lazos de solidaridad tejen una única sociedad de trabajo fuerte y despierta, con capacidad de respuesta, de elevar las condiciones de trabajo de todos los latinoamericanos. Si la tecnología nos aísla, el movimiento sindical digitalizado nos une. Y no existe nada más fuerte que los trabajadores de América Latina unidos con un objetivo común. 1 2.3 INTEGRACIÓN Y GOBERNANZA LATINOAMERICANA DIGITAL CON LÓGICA DE LO COMÚN Puntos cardinales, puertos, ríos navegables y una cordillera que parece infranqueable. Estos son algunos de los elementos geográficos que antaño parecían articularnos en un solo camino del Inca que unía la América comercial de norte a sur. Las lógicas cambiaron con la Conquista. La sangre derramada nos obligó a mirar hacia fuera y buscar el comercio en un modelo se subordinación y dependencia para la extracción y extractivismo despiadados de materias primas que cambiaron nuestros sistemas de cultivo, que pasaron de ser sustentables a necesitar saldo exportador para alimentar pueblos enteros que nos sometieron. Con la llegada del siglo XX y las lógicas de integración en busca de la paz entre las economías poderosas del mundo, la lógica de integración latinoamericana también cambió y pasamos a desear aquello que sería imposible de alcanzar. Algunos sectores políticos marcaban una agenda de integración productiva, otros marcaban una agenda que buscaba abrir nuestras economías a un mayor extractivismo mediante tratados de libre comercio con el primer mundo. Lo cierto es que la digitalidad demanda nuevas formas de integración: el big data sudamericano resulta más valioso que los datos nacionales y solo podremos acumular ese valor con una gobernanza regional. En efecto, mientras las mismas elites económicas de siempre proponen una integración al primer mundo con un extractivismo despiadado de datos a través de acuerdos de comercio electrónico y grandes acumulaciones de litio que se van por la minería a través de acuerdos de materias primas, otros sectores populares proponen recuperar la Unión de Naciones Suramericanas( UNASUR ) y llevar la agenda digital a otra dimensión. Basta de gobernanza con una lógica económica. Llegó la hora de pensar una gobernanza con aquello que nos caracteriza: una lógica de lo común. Nuestros datos valen en el agregado, también nuestras vidas y recursos valen más así. El potencial humano en la región solo puede encontrar su máximo esplendor en la unión de las naciones en pos de normas que introduzcan tecnología con estudios de impactos serios, pasando por fases y mitigando riesgos y consecuencias que puedan sufrir nuestros pueblos, buscando reivindicar derechos culturales, económicos y sociales en un capitalismo que no encuentra fronteras ni siquiera en la subjetividad del pensamiento. Esta gobernanza debe imponer reglas claras: si usted, empresa trasnacional tecnológica, quiere venir a hacer negocios con nosotros los latinoamericanos, debe pagar impuestos regionales, pasar estándares de calidad y aprobación a cargo de una autoridad regional competente, debe entender que aquí se respeta el derecho de las comunidades a acceder a su información y, sobre todo, debe respetar la alegría de nuestro pueblo y entender que es responsable de la tristeza y odio que su algoritmo desparrama. Esta agenda, puesta así en palabras sencillas, parece más una expresión de voluntad y utopía que una agenda regional, pero no lo es: es una condición de necesidad en un mundo digital donde el que no se une es aplastado por un capitalismo despiadado cuyos actores son más poderosos que nuestros gobernantes. El verdadero poder no yace en la política, ni siquiera en la economía nacional-regional. El verdadero poder hoy está en empresas que se han creído dueñas del mundo y colonizan nuestra región de una forma más despiadada que la que utilizaron los conquistadores. Las burguesías nacionales poco pueden hacer más que ser compradas para acceder a los deseos de estos poderes foráneos. En efecto, ellos están más sometidos que el pueblo movilizado. 1 Un ejemplo de esto es el documento Lineamientos para un modelo de código de trabajo para América latina y el Caribe, desarrollado por la Confederación Sindical de las Américas. https://csa-csi.org/sdm_ downloads/lineamientos-para-un-modelo-de-codigo-de-trabajo-para-america-latina-y-el-caribe-2/ 7 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- LA PACHAMAMA, DESCENTRALIZACIÓN Y CIUDADES INTELIGENTES EN AMÉRICA LATINA 3 TERRITORIO, INFRAESTRUCTURA TECNOLÓGICA Y RESILIENCIA COMUNITARIA Como hemos argumentado, la noción de territorialidad es central para impulsar una política tecnológica que permita generar condiciones materiales para el bienestar de las comunidades que se encuentran al margen del acceso a infraestructura y recursos. En oposición a la idea de creación de polos de desarrollo que incrementan la concentración de poder y capital, fomentan la desterritorialización causando vulnerabilidad en las comunidades locales y facilitan la captura por el capital trasnacional, aquí proponemos el despliegue de infraestructura tecnológica distribuida, anclada a las localidades, a las necesidades de las comunidades y a sus características particulares, como una política que contribuya a fortalecer la resiliencia y a atender algunos de los problemas fundamentales que enfrentamos como región, como el impacto de la violencia económica, extractiva y armada. Esta propuesta enfatiza la idea de promover políticas que les permitan a las comunidades locales retomar el control de sus territorios y recursos, y aprovechar la tecnología para apoyar su resiliencia frente a las presiones externas. La expansión de la infraestructura tecnológica de manera distribuida requiere el apoyo de recursos materiales, institucionales y legales para que las comunidades locales establezcan formas autodeterminadas para el fortalecimiento de capacidades, despliegue, gestión y uso de infraestructuras como internet, intranets, microcentros de datos comunitarios, redes móviles y otras herramientas digitales que les permitan comunicarse, producir conocimiento, organizarse políticamente y colaborar. Esta visión debe estar acompañada de la apuesta por respuestas locales, específicas para cada contexto en el que desarrollen, desplieguen y usen infraestructuras tecnológicas a partir de sus identidades, coyunturas y relaciones territoriales con el fin de apoyar la sostenibilidad social, económica y medioambiental. Puesto que el poder de las comunidades locales reside en formas de gobernanza territorial comunitaria que permiten gestionar el control de sus territorios y recursos, la reterritorialización a través de modelos de desarrollo tecnológicos locales, distribuidos, cooperativos y participativos, dirigidos y desplegados por ellas, puede contribuir a desafiar el poder y la influencia de las industrias extractivas y las redes delincuenciales. El desarrollo de infraestructura local también puede contribuir a eliminar la presión de los grandes centros urbanos y permitir así que más personas encuentren en lo local alternativas de vida más equitativas y sostenibles. En América Latina existen ya respuestas locales, en términos de desarrollo y despliegue de infraestructura, gobernanza territorial, defensa ante el extractivismo y la violencia armada, fortalecimiento de capacidades, generación de recursos y autonomía, ancladas a una visión comunitaria enclavada en sus raíces culturales. Estas iniciativas ejemplifican cómo una propuesta para el despliegue de modelos de desarrollo tecnológico e infraestructura distribuida no es hipotética o utópica, sino que responde a prácticas culturales y comunitarias y a iniciativas ya existentes que contribuyen a fortalecer las capacidades y condiciones materiales de las comunidades. Uno de estos ejemplos es el despliegue de tecnología solar comunitaria. En Chile, desde 2009, la comunidad mapuche kurarewe ha desarrollado su propia central de energía solar para abastecerse de energía limpia. Este planteamiento les permite reducir su dependencia de los combustibles fósiles y promover prácticas energéticas sostenibles, y así caminar hacia la autonomía, la autodeterminación y la soberanía energética comunitaria. Este proyecto es una lucha contra las hidroeléctricas y contra la imposición de un modelo de desarrollo energético que no se ajusta a las necesidades ni a la visión de la comunidad. Otro ejemplo asociado con el despliegue de infraestructuras de telecomunicaciones comunitarias es el caso de Redes A.C. en México. 2 Esta asociación ha librado una batalla legal y tecnológica contra las políticas excluyentes del Estado mexicano y contra el abandono infraestructural. Lleva décadas promoviendo el desarrollo de redes comunitarias en zonas distantes o con condiciones orográficas complejas que hacen que esos territorios no sean rentables para las corporaciones. A pesar de la complejidad técnica, legal y política que implica el despliegue de redes comunitarias, este caso podría ser un modelo para una política que promueva estas iniciativas comunitarias con condiciones materiales, legales e institucionales para su sostenibilidad en el tiempo. Un último ejemplo es el caso de soberanía tecnológica en Argentina aplicado a la agricultura. Argentina históricamente se ha caracterizado por formas de organización cooperativa en torno a la tecnología y el desarrollo de software libre. En este caso, un grupo de agricultores y desarrolladores de 2 https://www.redesac.org.mx/ 8 3. TERRITORIO, INFRAESTRUCTURA TECNOLÓGICA Y RESILIENCIA COMUNITARIA software de la Universidad Nacional de Jujuy se articularon para desarrollar un programa informático de código abierto que ayudara a los agricultores a gestionar sus cultivos de forma más eficiente. Este software permite a los agricultores controlar las condiciones meteorológicas, seguir el crecimiento de los cultivos y gestionar los sistemas de riego con mayor eficacia. Este caso muestra las posibilidades virtuosas de articulación en la producción de conocimiento local y el desarrollo de capacidades comunitarias aplicadas a una necesidad específica. El caso de Argentina con su desarrollo a nivel nacional de cooperativas de telecomunicaciones que brindan internet y servicios telefónicos y de televisión por cable a los pueblos del interior resulta sumamente interesante en un sector que parece estar cada vez más monopolizado por las grandes empresas de telecomunicaciones. La Federación de Cooperativas de Telecomunicaciones( FECOTEL ) tiene actualmente alrededor de 250 cooperativas afiliadas Estas cooperativas crecieron sobre todo en poblados alejados a donde no era rentable llegar por falta de población y la necesidad de una infraestructura gigantesca para alcanzar los lugares más remotos del país. O sea, crecieron producto de la descentralización que proponemos. Otro caso ejemplar es la Federación de Cooperativas de Trabajo, Tecnología, Innovación y Conocimiento( FACTTIC ), un proyecto de soberanía tecnológica encaminado a apoyar a los sectores trabajadores con desarrollo tecnológico que les permite organizarse, sindicalizarse. Estas iniciativas están ocurriendo actualmente, en muchos casos al margen de los apoyos y políticas nacionales y con un esfuerzo muy alto de las comunidades que muestran su capacidad de lucha y resiliencia. Por esta razón, es importante que las políticas provean las condiciones materiales básicas para que se multipliquen las posibilidades de las comunidades de tomar las riendas de su presente y su futuro. CONCLUSIONES La sociedad latinoamericana supo estar integrada en una sociedad comercial y cultural antes de la llegada de los conquistadores. La memoria histórica de aquellos que ganaron la batalla nos hizo olvidar quiénes éramos en realidad, y la integración hacia fuera nos hizo creer que nuestras capacidades son débiles y nuestros problemas, insolucionables. Nos hicieron creer que solo podremos saltar al desarrollo con ayuda externa, a través del capital económico o del capital financiero. Nuestra sociedad siempre valoró lo común, el respeto por la naturaleza y por formas de vida diversas. Y aún lo sigue haciendo. Si algo entendemos de la digitalidad es que caracteriza lo común como ningún otro capital económico. Los datos valen en el agregado, la tecnología se plantea como formas de organización social, lo público y lo privado deben convivir necesariamente en infraestructuras digitales. No es posible pensar lo digital sin un Estado activo, y esto se puede ver cada vez más en debates internacionales en los que los Estados comienzan a tomar protagonismo luego de años de letargo y adormecimiento frente a procesos que no podían comprender. En este sentido, lo digital se plantea como un nuevo desafío. Un desafío posible y concreto. No se plantea aquí una solución folclórica de alternativas desarrolladas a la fuerza, que no funcionan y que solamente generan opiniones contrarias en una sociedad que necesita soluciones a la orden del día. Lo que aquí se plantea es impulsar procesos que ya están ocurriendo que deslocalizan la vida urbana y desconcentran las grandes ciudades de América Latina. Lo cierto es que lo nacional nos queda chico frente a la vergüenza de la desigualdad. Las formas de vida urbana han dado lugar a la dominación, la pobreza, la exclusión y el atraso. En este texto se analizó el impulso de la descentralización como forma de resistencia al capital digital, la ciudad inteligente de vigilancia y exclusión, como también la convivencia y reaprendizaje de nuevas formas de apropiación del territorio que buscan devolverle a la sociedad latinoamericana lo que siempre fue y jamás debió haber dejado de ser: una sociedad conectada con los bienes comunes, con nuevas formas económicas sustentables de tecnología y con una tierra que tanto nos ha regalado. La nueva era de integración y vuelta a lo que fuimos debe traer una nueva agenda de derechos laborales que se exporten a toda la región. El teletrabajo y el desarrollo de infraestructura digital soberana tienen ese potencial, y los sindicatos globales integrados y trabajando en la región han demostrado capacidades para elevar los estándares regionales al negociar colectivamente acuerdos marco globales y regionales y crear sindicatos allí donde era necesario. Si esto no se logra, la digitalidad solo generará más ciclos de dependencia y colonialismo en una sociedad centralizada en grandes masas urbanas excluidas. Hace falta conducción política y líderes que entiendan lo que sucede y cómo responder a estas nuevas oportunidades. El momento en América Latina es propicio, con giros políticos históricos como el de Chile y Colombia y con líderes que ya han mostrado su interés por comprender la integración latinoamericana no en clave meramente comercial, sino social, productiva y política. El reimpulso de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños( CELAC ), por ejemplo, nos muestra que es el momento de plantear ideas nuevas en una región que busca nuevas formas de integración frente a un mundo incierto. Finalmente, se precisa una nueva agenda de educación ciudadana en lo digital que tenga en cuenta una visión más amplia de lo que significa el alfabetismo en esta nueva era. Que genere ciudadanos que comprendan la tecnología y sus aproximaciones como forma de empoderamiento ciudadano y porque tener tecnologías alternativas es sinónimo de soberanía, cultura y emancipación. Si no se intenta educar en alfabetismos aumentados(Ferrarelli, 2021) desde la infancia, el proyecto de territorialidad fracasará a largo plazo producto de las presiones del capital trasnacional por conquistar una tierra que se resiste a ser colonizada. La resistencia siempre fue nuestra identidad. Fortalecer la conexión con los nuestros a través de lo digital y recuperar la digitalidad a través de la soberanía son los actos máximos de resistencia de un pueblo que no aspira a ser nacional, sino continental, integrado, unido y libre. 9 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- LA PACHAMAMA, DESCENTRALIZACIÓN Y CIUDADES INTELIGENTES EN AMÉRICA LATINA REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Elden, S.(2010). Land, terrain, territory. Progress in Human Geography, 34(6), 799-817. https://doi. org/10.1177/0309132510362603 Ferrarelli, M.(2021). Alfabetismos aumentados: Producir, expresarse y colaborar en la cultura digital. Austral Comunicación, 10(2). https://doi.org/10.26422/aucom.2021.1002.fer Ciacci, J.(2019). ¿Territorio internet? Espacios, afectividades y comunidades. Sursiendo. 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Coordina el nodo de América Latina y el Caribe de la Red Feminista de Investigación en Inteligencia Artificial, fr. Contacto: pricaurt@tec.mx La Fundación Friedrich Ebert( FES ), creada en 1925, es la fundación política más antigua de Alemania. Es una institución privada y de utilidad pública, comprometida con el ideario de la democracia social. La fundación debe su nombre a Friedrich Ebert, primer presidente alemán democráticamente elegido, y da continuidad a su legado de hacer efectivas la libertad, la solidaridad y la justicia social. Cumple esa tarea en Alemania y en el exterior en sus programas de formación política y de cooperación internacional, así como en el apoyo a becarios y el fomento de la investigación. CONTACTO Friedrich-Ebert-Stiftung Representación en Uruguay Gral. Arturo Baliñas 1145, Piso 8 Montevideo, Uruguay Responsables Dörte Wollrad| Directora FES Sindical Viviana Barreto| Directora de Proyectos El Proyecto FES Sindical Regional( FSR ) tiene como objetivo principal trabajar junto al movimiento sindical en América Latina y el Caribe y, de esa forma, contribuir a fortalecer su capacidad de diseñar propuestas y estrategias para enfrentar los múltiples desafíos a nivel nacional, regional y global. El uso comercial de todos los materiales editados y publicados por la Friedrich-Ebert-Stiftung( FES ) está prohibido sin previa autorización escrita de esta. Coordinación de publicaciones| Jandira Dávila Arte y diagramación| Cooperativa de trabajo SUBTE Corrección y edición| María Lila Ltaif Más información: sindical.fes.de Contacto: sindical@fes.de Las opiniones expresadas en esta publicación no representan necesariamente las de la Friedrich-Ebert-Stiftung o las de la organización para la que trabajan los/as autores/as o las de las entidades que auspiciaron la investigación. ISBN 978-9915-9562-5-1 LA PACHAMAMA, DESCENTRALIZACIÓN Y CIUDADES INTELIGENTES EN AMÉRICA LATINA La digitalización como agenda de la integración regional El diagnóstico para América Latina puede ser sombrío. En efecto, la nueva era digital ofrece un panorama incierto en el que América Latina parece no ser protagonista de su propio destino frente a capitales digitales con un poder jamás visto que dictan las reglas de juego de la economía y de la sociedad desde otras latitudes, asignando roles específicos a cada región. El de América Latina parece ser, una vez más, el de proveedor de materias primas, esta vez digitales, y mano de obra barata. El colonialismo digital y la geopolítica exterior parecen, una vez más, hacer que la región tenga serias dificultades a la hora de elegir su propio destino. No obstante, la digitalidad ofrece oportunidades nunca vistas para sortear desventajas geográficas, políticas, económicas y sociales. Se puede marchar sin pausa pero sin prisa hacia una nueva integración 4.0: pensar la sociedad digital latinoamericana no solo es necesario, sino que es posible en una región que ha sabido innovar y desarrollar tecnologías alternativas. La digitalidad exige pensar con lógica de lo común en un mundo donde los datos solo valen en lo agregado y las tecnologías digitales requieren de escala para ser eficientes y efectivas. Se propone una nueva agenda de reterritorialización, buscar una integración latinoamericana a partir de aquello que nos caracteriza como sociedad, de nuestra identidad y nuestra cultura. Dicha agenda exige comprender nuevos procesos de integración con una lógica diversa, volver a ocupar espacios territoriales con tecnologías digitales propias, soberanas y libres, que lleven a espacios de resistencia digital, a ocupar espacios digitales, habitar tecnologías alternativas y descentralizar las grandes ciudades apartándonos del modelo de ciudad inteligente impuesto por el capital trasnacional. La relocalización del empleo a partir de las nuevas tecnologías digitales puede ser un elemento esencial para esta transición, en pos de una nueva sociedad digital latinoamericana. Es hora de dejar atrás la idea de que la inversión extranjera directa y la exportación de commodities son nuestra única forma de desarrollo y pensar hacia dentro una región que puede tener un destino digital común y soberano. Para más información: sindical.fes.de| sindical@fes.de @fes_sindical@fes_sindical FES Sindical Regional@fes_sindical