cuadernos de la transformación 16 El consumo y los bienes comunes: vida material, los tiempos y los límites del planeta Vivianne Ventura-Dias Patrones de producción y consumo Vida material Cambio climático Sociedades de consumo 16 cuadernos de la transformación El consumo y los bienes comunes: vida material, los tiempos y los límites del planeta Vivianne Ventura-Dias La Friedrich-Ebert-Stiftung(FES), fundada en 1925 en Alemania, es una institución privada de utilidad pública comprometida con las ideas de la Democracia Social. Lleva el nombre del primer presidente del Estado alemán elegido democráticamente, Friedrich Ebert, y es portadora de su legado en cuanto a la configuración política de la libertad, la solidaridad y la justicia social. A este mandato corresponde la Fundación en el interior y el exterior de Alemania con sus programas de formación política, de cooperación internacional y de promoción de estudios e investigación. fes-transformacion.org © Friedrich-Ebert-Stiftung, 2021 Proyecto Regional Transformación Social-Ecológica Yautepec 55, col. Condesa, Cuauhtémoc, C. P. 06140, Ciudad de México Teléfono:+52(55) 5553 5302 http://www.fes-transformacion.org FES Transformación Social-Ecológica @fes_tse Proyecto Regional Transformación Social-Ecológica Comuníquese con nosotros para solicitar publicaciones: transformacion@fesmex.org responsable Astrid Becker directora del proyecto regional fes transformación social-ecológica en américa latina ISBN: 978-607-8642-78-6 Las opiniones expresadas en esta publicación no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la Friedrich-Ebert-Stiftung. El uso comercial de todos los materiales editados y publicados por la Friedrich-Ebert-Stiftung está prohibido sin previa autorización escrita de la FES. Contenido 1. Introducción 4 2. El consumo de la producción y la producción del consumo 9 2.1 Las cosas y su vida social 10 2.2 El fetichismo de las mercancías: reificación y control social 13 2.3 La vida material y los tiempos de la vida 21 La vida material 22 Los tiempos de la vida 28 3. Los sobrepasados límites de los recursos del planeta 31 3.1 El consumo y el cambio climático: problemas perversos 31 3.2 La producción y el consumo: responsabilidades diferenciadas 38 4. Consideraciones finales 41 Bibliografía 44 4 1. Introducción El consumo y las inquietudes que provoca nos conciernen a todos y todas. Somos todos consumidores en mayor o menor medida al consumir productos nuevos o usados, conscientes de los efectos dañinos del consumo agregado en el medio ambiente, o al buscar gratificación inmediata sin pensar en el bien común. En realidad, el consumo incluye todos los tipos de actividades individuales y sociales que son necesarias para que cada individuo pueda sobrevivir físicamente, elaborar valores morales, filosóficos y culturales, situarse en su medio social, actuar políticamente, construir su identidad, disfrutar el ocio y la vida. Para organizar su proceso de vida, los individuos utilizan diferentes insumos de diversas instituciones (el Estado, la familia, las comunidades, las organizaciones mercantiles y no mercantiles). El consumo requiere tiempo y espacio; un espacio que ha asumido características distintas desde los coloridos bazares y mercados populares, pasando por las grandes tiendas y los centros comerciales, hasta las que se inmiscuyen en los espacios de la vida íntima cotidiana. En la economía capitalista, el consumo de bienes y servicios es la centella que pone en movimiento el motor de la producción y las inversiones. Cuando el consumo final de individuos y hogares se contrae, los efectos en el empleo y en el ingreso en la compleja división de trabajo internacional que caracteriza la producción de bienes y servicios contemporánea pueden ser dramáticos, como fue constatado en el colapso sin precedentes de la actividad económica de todos los países en 2020, por motivo de la pandemia del nuevo coronavirus. 1 1 La preocupación por los efectos de la enfermedad(COVID-19) provocada por un nuevo coronavirus causante del síndrome respiratorio agudo severo(SARS-CoV2, por sus siglas en inglés) llevó al confinamiento de los habitantes del globo(con excepciones) en sus viviendas, restringiendo notablemente sus movimientos y, por ende, su consumo presencial, excepto de bienes y servicios considerados esenciales. Inicialmente caracterizada como un síndrome respiratorio agudo severo, la COVID-19 fue más tarde considerada una enfermedad multisistémica, porque los efectos directos del virus y la respuesta inflamatoria inducida afectan prácticamente a todos los órganos del cuerpo humano. La compra de bienes duraderos, como autos, o de bienes raíces fue aplazada o cancelada, y parte del consumo de bienes no duraderos pasó a realizarse principalmente por comercio electrónico. Las consecuencias económicas en el ingreso y el empleo de la súbita reducción en el consumo, en escala planetaria, subrayaron el peso de los servicios considerados no esenciales por las autoridades sanitarias en la composición del consumo urbano. Se trata principalmente de actividades que requieren la presencia física de proveedores y consumidores, como peluquerías, academias de gimnasia, clínicas médicas, dentales, ópticas y veterinarias, y otros servicios de cuidados personales. De igual manera, las pérdidas fueron cuantiosas en todos los servicios de proximidad y movilidad, como bares, restaurantes, hoteles y servicios asociados al turismo, viajes y todo el gran conjunto de servicios educacionales, culturales y deportivos, desde cines hasta museos, incluyendo fiestas nacionales, festivales culturales, Juegos Olímpicos, Semanas de la Moda, además de escuelas y universidades, porque implican aglomeraciones de personas. 2 Para el medio ambiente y el cambio climático, los efectos fueron contradictorios. La cesación impensada de las actividades humanas en las principales ciudades y metrópolis, durante el periodo de mediados de marzo hasta junio de 2020, incidió en el consumo global de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero(CO 2 y otros). A principios de abril, hubo una reducción de las emisiones de carbono diarias globales de 19%, si se les compara con el mismo mes del año anterior. Empero, los datos más recientes apuntan a una reducción de las emisiones de cerca de 7% para todo 2020 en relación con 2019, aunque la actividad económica de todos los países permaneció deprimida por la crisis sanitaria(Le Quéré et al., 2021). Por otra parte, la permanencia forzada de personas y familias en sus casas ocasionó un crecimiento de los desechos de los hogares que, sumándose a los desechos hospitalarios y al material de protección descartable, en escala de mil millones diarios, llenaron los vertederos y aumentaron la polución de aire, mares y ríos, agravando la crisis preexistente de con2 El sector del turismo y la hospitalidad(hoteles, bares y restaurantes) representa en promedio 20% del PIB de los países europeos y llega a 26% en España. En este país, de los 315 mil bares y restaurantes, 60 mil tuvieron que cesar sus actividades y se espera que otros 40 mil hayan cerrado al cierre de 2020 (The Economist, 2020). 5 taminación por plástico. 3 Al mismo tiempo, en compensación por sus pérdidas durante la pandemia, las grandes compañías de las industrias contaminantes –como combustibles fósiles, plásticos, automóviles y transportes aéreos– lograron generosas subvenciones estatales, así como la suspensión, dispensa o abolición de normas y legislaciones de protección al medio ambiente, y sin ofrecer, en contrapartida, la manutención del empleo(Gardiner, 2020). 4 Es incontestable que la acción humana es un factor prominente de la actual crisis ambiental, en la que sobresalen las dramáticas consecuencias del“desorden climático” o emergencia climática, como debemos llamar al fenómeno catastrófico del cambio climático. Existen sólidas evidencias de que los ecosistemas individuales y la biósfera global fueron y están siendo profundamente desfigurados por la producción y el consumo humano. 5 Primero, porque nuestro estilo de vida es altamente dependiente de los combustibles fósiles, y porque hay una desproporción entre la magnitud del consumo humano y la cantidad de recursos existentes en la Tierra, asociada a una desproporción entre el tiempo de consumo de los recursos naturales 3 La pandemia forzó a las personas, en todo el mundo, a cambiar sus hábitos de consumo, reemplazando comidas en restaurantes por comidas repartidas a domicilio, en material descartable. Asimismo, en los hospitales, la vida de los trabajadores de la salud depende de la utilización masiva de material de protección sanitaria compuesto por mascarillas y batas quirúrgicas, delantales de polietileno, guantes de vinilo y de nitrilo, boinas y gorros de polipropileno, entre otros. Todos desechables. En China, el Ministerio de Ecología y Medio Ambiente estimó que los hospitales de Wuhan produjeron cerca de 240 toneladas de desechos diariamente en el pico de la pandemia, en comparación con 40 toneladas diarias en tiempos normales. Según el Instituto de Medio Ambiente de Tailandia, los desechos plásticos en ese país aumentaron de 1 500 a 6 300 toneladas por día, debido al incremento de las comidas repartidas a domicilio (Duer, 2020). Por otra parte, la pandemia intensificó una guerra de precios entre el plástico realizado con derivados del petróleo y el plástico reciclado. Un documento de Reuters muestra que hasta las botellas producidas con plástico reciclado se tornaron menos viables después de la pandemia(Brock, 2020). 4 Más allá de los cielos azules y las aguas limpias de los canales de Venecia, la pandemia de la COVID-19 y las políticas adoptadas por los gobiernos para controlarla desnudaron las relaciones laborales injustas de los trabajadores en actividades esenciales, como el procesamiento de carnes animales, repartidores, motoristas de camiones, enfermeros, paramédicos, cajeras de supermercados, cuidadores de personas mayores dependientes, entre otros. 5 La biósfera(del griego bios , vida, y sphaira , esfera) es la delgada capa del planeta Tierra en donde se desarrolla la vida. Las capas superiores de la atmósfera tienen poco oxígeno y la temperatura es muy baja, mientras que las profundidades de los océanos renovables y no renovables y los tiempos necesarios para la producción y reposición de los mismos. A su vez, la crisis ambiental está intrínsecamente relacionada con la desigual distribución de riqueza e ingreso entre países y, dentro de los países, por razones de clase, género, raza y etnia. Sigue vigente el principio de las responsabilidades comunes por la salvaguarda de las fuentes de vida del planeta, pero diferenciadas porque el impacto del consumo de un campesino boliviano es insignificante cuando se compara con el consumo promedio en los países más ricos y el de los grupos sociales más ricos en los países más pobres. 6 En términos ecológicos, el consumo implica el uso de recursos físicos y naturales para la producción de bienes y servicios que satisfarán necesidades y deseos humanos(naturaleza como fuente de recursos), así como el uso de los ecosistemas para absorber los desechos del mismo consumo(naturaleza como sumidero). Para satisfacer la demanda creciente de bienes y servicios, las empresas están colectivamente extrayendo recursos de la Tierra a un ritmo superior a la tasa de reposición natural, mientras la acumulación de desechos industriales, animales y humanos sigue contaminando aire, suelos, mares y ríos. El Centro de Resiliencia de Estocolmo presentó evidencias de que, como resultado de las actividades humanas a escala planetaria, diversos sistemas de la Tierra están sobrecargados, ocasionando el deterioro de sistemas naturales que soportan la vida en el planeta, sobrepujando límites ambientales significativos, de los cuales la transformación del clima es uno de los más espectaculares. 7 superiores a los 1 000 metros son oscuras y frías. La biósfera representa el conjunto de todos los ecosistemas de la Tierra y es una de las cuatro capas que rodean la Tierra junto con la litósfera(rocas), la hidrósfera(agua) y la atmósfera(aire). 6 La doctrina de responsabilidades comunes pero diferenciadas –y sus capacidades respectivas– reconoce la distinta contribución de los Estados a la degradación del medio ambiente mundial. El principio constitutivo del Derecho Internacional del Medio Ambiente fue inscrito en la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, de 1992(Principio 7). 7 Los nueve límites o fronteras planetarios, definidos por el Centro de Resiliencia de Estocolmo, corresponden a límites ambientales seguros dentro de los cuales la humanidad puede desarrollarse sin que los impactos causados al medio ambiente sean irreversibles. Ellos son: 1. Cambio climático; 2. Cambio de la integridad de la biósfera(pérdida de biodiversidad); 3. Agotamiento del ozono estratosférico; 4. Acidificación de los océanos; 5. Alteración de los ciclos biogeoquímicos: flujos de nitrógeno y fósforo a la biósfera y los océanos; 6. Cambio en el uso del suelo (sistema de tierras); 7. Uso de agua dulce y el ciclo hidrológico global; 8. Carga de aerosoles atmosféricos; 9. Polución química e introducción de nuevas entidades(Steffen et al. , 2015). 6 De seguir en la dirección actual, será muy difícil garantizar la manutención de la calidad de vida de quienes ya la tienen, mejorar la calidad de vida de los muchos que aún no la tienen, así como asegurar la preservación de diferentes especies de seres vivos y de la gran mayoría de los ecosistemas que han contribuido a la vida tal como la conocemos(Rodríguez-Becerra, 2019). A pesar de las consecuencias ecológicas del consumo, la crítica moral al consumo no resiste una argumentación lógica, porque el consumo humano no es un epifenómeno de la cultura y la producción capitalistas. Primeramente, el consumo corresponde a una suma de prácticas y actividades relacionadas con la adquisición, posesión y utilización de cosas necesarias para sostener y reproducir la vida material, moral e intelectual de individuos y comunidades, que se cumplen en un contexto de relaciones sociales situado históricamente. 8 Sin embargo, el consumo no se restringe a la compra de bienes y servicios porque involucra imaginarios, deseos y subjetividades. Consumir es comunicar, distinguirse y autoidentificarse en sociedades informadas por el individualismo, la competencia y el uso instrumental de las personas para beneficios individuales. Como se propone más adelante, la enajenación(o la reificación) en las sociedades capitalistas no significa una violación de principios morales o una consciencia distorsionada, sino una característica de la racionalidad en sociedades de profunda mercantilización de todas las esferas de la vida. 9 Cambiar las prácticas de consumo nocivas significa cambiar la racionalidad de las formas de vida y de la organización social en el capitalismo. El consumo es un tema multidimensional y multidisciplinario, como se procura señalar en los siguientes apartados de este documento, con múltiples temas y perspectivas que no pueden ser cubiertos en un corto ensayo. El objetivo de ese documento es más limi8 Consumir proviene etimológicamente del latín consumere (agotar, desgastar), formada por el prefijo com más sumere (tomar, atrapar). El sentido original era el de usar algo hasta que se agotara o se acabara. Consumir o consumo no debe ser confundido con el verbo consumar, que proviene del latín consummare (completar, formar un total, cumplir, acabar, realizar una cosa hasta su culminación y perfección), formado por el prefijo com (junto) más summare , forma verbal de summus , que significa el punto más alto, la parte esencial. 9 Lukács afirma, como Marx, que la reificación significa simplemente que“una relación entre personas asumió el carácter de una cosa”(citado en Honneth, 2008, p. 21). tado: abordar el consumo humano como una práctica social articulada en la vida material cotidiana, con sus contradicciones, sus tiempos, sus racionalidades y afectividades. Algunas de esas prácticas pueden y deben ser cambiadas para que el consumo de recursos materiales y la producción de desechos humanos y animales se vuelvan más sostenibles y no amenacen las fuentes de vida del planeta. Sin embargo, es un proceso de largo plazo porque implica transformar las bases éticas y filosóficas del vivir y convivir en la modernidad. El consumo humano ocurre en contextos socioeconómicos y culturales determinados, en los cuales los tiempos están ordenados según las exigencias del trabajo y de la vida social de la modernidad capitalista, tanto en los países céntricos, como en los periféricos. Lejos de ser un actor pasivo, sometido a las trampas del mercado, e irresponsable de sus actos, el consumidor o la consumidora es un sujeto activo que mantiene relaciones ambivalentes con los objetos que le rodean, le seducen y que le incitan a poseerlos. De origen reciente, la identidad de consumidor(a) aventaja –y a veces opaca– las de trabajador(a) o ciudadano(a), que coexisten en el mismo ser. Una noción adicional es que, si bien en la teoría económica, los hogares son definidos como centros de decisiones de consumo, incluso en las sociedades más industrializadas, el hogar todavía se destaca como un espacio de producción material de la vida cotidiana. Históricamente, las variaciones en las formas de vivir y morar, los cambios demográficos y la dinámica de las estructuras familiares incidieron en el complejo proceso de producción y reproducción de la vida material. En la economía reproductiva o del cuidado, los avances en la organización física de las viviendas, la introducción de aparatos domésticos para el confort, ahorradores de tiempo y energía, y los servicios personales privados y públicos(educación, salud, entretenimiento, entre otros) contribuyeron a mejorar la calidad de vida de mujeres y niñas, consideradas como responsables del suministro de los cuidados en los hogares. 10 10 Desde el famoso artículo de Ruth Schwartz Cowan en los setenta, la literatura feminista mostró que la mecanización de las actividades domésticas, a pesar de reducir la intensidad de la carga doméstica para las mujeres, no se tradujo en una reducción del tiempo dedicado al trabajo de cuidado, porque la tecnología creó nuevas actividades que fueron asignadas a las mujeres(Cowan, 1976). 7 La literatura sobre los aspectos históricos, antropológicos, sociológicos, psicológicos, económicos, culturales, estéticos, filosóficos, ambientales y morales del consumo es inmensa. Una bibliografía que hasta los años ochenta se resumía a algunas decenas de obras, principalmente en inglés y francés, ha crecido desde entonces exponencialmente en todos los idiomas. Sin embargo, no existe un consenso sobre las características de una sociedad de consumo y tampoco sobre su génesis y evolución. Permanece una noción imprecisa asociada, por una parte, a la diseminación a todas las capas de la población de la posesión de bienes diversificados, adquiridos o heredados, que satisfacen necesidades materiales y deseos idiosincrásicos y, por otra parte, a la preeminencia del consumo mercantil en la cotidianidad de las personas. Los primeros estudios históricos establecieron la formación incipiente de la sociedad de consumo a partir de la difusión del progreso material derivado del capitalismo mercantil e industrial entre los siglos XVII y XVIII en Gran Bretaña, Francia y Holanda. Más tarde, fueron documentadas situaciones de progreso en la vida material –principalmente de las élites aristocráticas y burguesas, con cierta generalización de las clases subalternas– en China(dinastía Ming, 1520-1644) y en Florencia, Venecia y Génova(entre los siglos XIII y XV), entre otros(Clunas, 1991; Trentmann, 2016a). En cada una de esas sociedades, las acciones de los Estados y los mercados, ingresos y precios, estructuras sociales, el comercio internacional y el proceso de urbanización incidieron en el aumento de la posesión de cosas y en la dinámica de la difusión social del consumo. Para el abaratamiento de los precios de productos antes considerados de lujo –como tabaco, azúcar, café, chocolate– y las prendas de vestir, y para la extensión de su consumo a las clases trabajadoras de los países europeos, fue(y sigue siendo) vital la explotación del trabajo esclavo o servil en las Américas, África y Asia(y forzoso o casi esclavo en los talleres asiáticos contemporáneos)(Beckert, 2014). 11 Es en las economías capitalistas que el consumo deja de ser un aspecto de la vida individual y social para desempeñar un rol esencial en la reproducción del propio sistema. Además, aunque en todas las sociedades humanas, los bienes y servicios hayan sido comprados, intercambiados, regalados y utilizados, fue solamente en los marcos socioeconómicos más recientes de los siglos XIX y XX que algunas de las prácticas del consumo fueron incorporadas en un ser que asumió la identidad de“consumidor” o“consumidora”, convirtiéndose en una categoría política que reemplazó la de ciudadano o ciudadana(Trentmann, 2006a). 12 Finalmente, es importante destacar que la literatura sobre el consumo abandonó la idea de una cultura de masas monolítica, que fue dominante hasta la tercera parte del siglo pasado, y del consumidor como un ser alienado, pasivo y mistificado. Sin embargo, el hedonismo narcisista del consumo de gratificación individual inmediata asumió características más agudas en el capitalismo digital, de plataforma, cognitivo o de espectáculo, que hace 70 años, cuando Theodor Adorno y Max Horkheimer escribieron sus críticas a la estandarización de la industria cultural; John Galbraith, a la complacencia de la sociedad opulenta; y Herbert Marcuse, a la satisfacción compensatoria en una sociedad represora. 13 Marx adoptó y desarrolló el influyente concepto-imagen del fetichismo de las mercancías para indicar el ocultamiento de las relaciones sociales de producción en el intercambio de las mercancías. Las relaciones entre cosas en el intercambio mercantil encubren las relaciones entre seres humanos en el proceso de producción y, principalmente, las relaciones de explotación del trabajo humano y de la naturaleza. Ese ocultamiento es aun más complejo hoy día, en la era de la fragmentación internacional de la producción, la competencia por bajos sueldos en el ámbito global, la concentración de la producción entre pocos grupos corporativos y de inversionistas, la industrialización masiva de una multitud de bienes y servicios y 11 “Las trayectorias del té, del café y del chocolate fueron marcadas por el desplazamiento y la desvalorización. Involucraron un trasplante global sin precedentes de plantas, personas y gustos[…]. El escritor francés Bernardin de Saint-Pierre confesó en 1773 que desconocía si el café y el azúcar fueron decisivos para la fortuna de Europa. Sin embargo, estaba seguro de que ambos habían causado una gran tragedia a los dos continentes agraviados: América fue despoblada porque los europeos necesitaban tierra para el cultivo; África fue despoblada porque los europeos necesitaban trabajadores para cultivar en América” (Trentmann, 2016a, traducción mía). 12 En el Reino Unido, el Partido Laborista, bajo el liderazgo de Tony Blair desde 1994(New Labour), adoptó la visión del ciudadano usuario de servicios públicos, defendida por el gobierno conservador de Margaret Thatcher(Needham, 2007). 13 El libro Dialéctica de la Ilustración , de Adorno y Horkheimer, que incluye un capítulo sobre la industria cultural, fue publicado por primera vez en 1944, pero fue más conocido tras su reedición en 1969(Horkheimer y Adorno, 2002). Asimismo, la primera edición del libro de Galbraith es de 1958, mientras que El hombre unidimensional de Herbert Marcuse es de 1964 (Galbraith, 2010; Marcuse, 2007). 8 amplios medios de control social mediante las tecnologías digitales, biotecnología e inteligencia artificial. En la sociedad de consumo global, los consumidores procuran ignorar que el bajo precio de los bienes y servicios se debe generalmente a las condiciones de precariedad de los trabajadores que los sirven y a un pasivo ambiental que se acumula. El oro, la plata, el azúcar, el algodón, el chocolate, la papa, el tomate, el maíz de las Américas, extraídos o cultivados con trabajo esclavo o servil, ampliaron las fronteras del consumo en Europa y Asia, mientras los invasores europeos destruían los modos de producción y consumo de las poblaciones originarias, cuyas prácticas solían estar más en armonía con los tiempos de renovación de los recursos naturales(Proyecto Regional Transformación Social-Ecológica, 2019, pp. 60-62). Como en otras civilizaciones aplastadas por el colonizador, la asimilación de las prácticas de consumo de los invasores ocurrió a partir de las propias culturas de consumo locales. A lo largo de los siglos, las diversas formaciones que componen las naciones latinoamericanas terminaron por incorporar a su cultura material los objetos de consumo importados, mediante conductas de imitación, resistencia, negociación y modificación de hábitos de consumo (Bauer, 2001). El espíritu de las prácticas y saberes de los pueblos nativos nos indica un camino deseable, pero no necesariamente factible en la escala actual de las necesidades y deseos de las poblaciones latinoamericanas urbanas y metropolitanas, considerando el desarrollo tecnológico alcanzado por la sociedad industrial y de servicios. En tiempos recientes, son raros los pueblos en los que la cantidad y calidad de su alimentación, ropa o el confort del hogar están subordinadas a su propia capacidad de producción y autoabastecimiento. De una manera u otra, están todos y todas integrados en la economía monetizada y de consumo industrial, aunque en las desiguales e injustas sociedades latinoamericanas un gran contingente poblacional todavía tiene un acceso marginal a los bienes y servicios necesarios para una vida material satisfactoria. Al abordar un tema tan vasto como el del consumo, es inevitable el riesgo de perderse en el laberinto de actores, objetos, símbolos, sistemas de suministro, poder económico y relaciones de poder en la creación de gustos, necesidades y deseos. Por esta razón, como fue señalado al inicio, en ese breve ensayo no tenemos la expectativa de cubrir el vasto campo de estudios del consumo, o de proporcionar una visión integrada de una literatura fragmentada por disciplinas y opciones doctrinarias, sino de ofrecer una visión amplia de la complejidad del consumo en una sociedad capitalista, ordenada según clases sociales, género, razas y etnias, con sus aspectos contradictorios y ambivalentes. Inevitablemente, un gran número de temas cruciales no serán abordados. Por limitación de espacio y opción personal, el documento se refiere a los aspectos abstractos del consumo y no analiza sus condiciones materiales en América Latina. En los tiempos de crisis yuxtapuestas que la humanidad está enfrentando, el pensamiento crítico tiene que adoptar un marco que integre soluciones simultáneas para los problemas sociales y ecológicos. Es decir, la construcción de sociedades con equidad, autonomía individual y libertad, implica enfrentar las contradicciones y tensiones que se establecen cuando, al mismo tiempo, se debe pensar en instituciones, políticas y recursos financieros para mitigar los efectos dañinos de la acción humana sobre los ecosistemas del planeta. Es esencial reconocer que la equidad social debe traducirse en la extensión a todos y todas de los patrones de confort material permitidos por el conocimiento científico y tecnológico acumulado por la humanidad; es decir, implica un mayor consumo de bienes y servicios, amplitud que tendrá efectos nocivos en el medio ambiente. Como es evidente, una mayor equidad en el consumo debería incidir, simétricamente, en una reducción de los niveles de consumo de las clases dominantes en países ricos y pobres, que fomentan una cultura de despilfarro incompatible con el hambre de millones. Sin embargo, no es realista suponer que esos mismos grupos, que ocupan posiciones de privilegio en las estructuras de poder, podrán ser persuadidos a renunciar voluntariamente a los niveles de derroche a los que están acostumbrados. El conflicto tendrá que dirimirse por la lucha de los movimientos sociales. En lo que sigue, el objetivo subyacente es resaltar que los cambios incuestionables que deben ser introducidos en las prácticas de consumo para reducir el impacto del consumo humano(e industrial) sobre el medio ambiente y el desorden climático suponen cambios más profundos y de largo plazo en las formas de producción y reproducción de la vida, en la organización de los tiempos y en la conciencia de las personas. Implica también una transformación radical de las formas de producción y distribución de la riqueza con vistas a la reconstrucción de las socie- 9 dades humanas sobre nuevas bases. Como proponía Herbert Marcuse, se necesita un cambio radical que involucre no solamente una transformación de las instituciones sociales, sino también una transformación en la estructura de las necesidades, aspiraciones y gratificaciones de los individuos distintas de las que hoy prevalecen en una sociedad de violencia, represión, gratificación inmediata, explotación del trabajo y de la naturaleza(Marcuse, 2000). Este ensayo se compone de dos capítulos sustantivos, además de esta introducción y un capítulo de comentarios finales. En la sección 2 se problematiza la noción de consumo de bienes y servicios en la economía capitalista contemporánea, con el fin de proporcionar elementos para un análisis crítico de las prácticas actuales del consumo. Con este propósito, se busca integrar las prácticas del consumo a la cultura material y cotidiana de las sociedades, y los tiempos asociados. En la sección 3, más empírica, se plantea la complejidad de los objetivos de mitigación de los determinantes del cambio climático, como el límite planetario, que demanda la atención más urgente. Las responsabilidades individuales de los consumidores son contrapuestas a las responsabilidades colectivas de accionistas y directivos de las grandes corporaciones multinacionales. Finalmente, a la luz de las reflexiones de las secciones anteriores, se plantean algunas de las cuestiones relevantes para el consumo en un proyecto de transición hacia sociedades más justas, más solidarias y con políticas efectivas para salvaguardar las fuentes de vida del planeta. 2. El consumo de la producción y la producción del consumo Inicialmente ignorado, o considerado parte natural de la vida económica y social moderna, el consumo material y cotidiano –un epifenómeno de la producción, el producto final de las actividades de producción y distribución– pasó a ocupar un lugar de prestigio en las tentativas de comprender el capitalismo como un sistema cultural complejo. Desde la década de 1980, el consumo, el consumidor, sus imaginarios y sus idiosincrasias, los objetos de consumo y la producción del consumo han sido intensa y extensivamente estudiados, sobre todo por antropólogos, arqueólogos, sociólogos, geógrafos, filósofos e historiadores, constituyendo una bibliografía amplia y diversificada, imposible de ser abarcada por una sola persona. Anteriormente estudiados desde el aspecto de la producción y la oferta, es apenas en las últimas décadas del siglo pasado que los estudios se volvieron hacia los demandantes de los productos. Es decir, se buscó entender la formación de los gustos y preferencias de los consumidores a partir de una mejor comprensión de sus subjetividades, hábitos, rutinas y comportamientos. La economía ha sido la disciplina que menos ha aportado al estudio del consumo, excepto por las contribuciones de algunos economistas institucionalistas y marxistas. 14 El consumo pasó a ocupar un lugar importante en la teoría económica a partir de los años 1860-1879, con la emergencia de la microeconomía marginalista, que defendía que el valor era creado en el mercado por la evaluación del consumidor de la utilidad de la mercancía, y no por la fuerza de trabajo en el momento de la producción. 15 Posteriormente, la economía convencional transformó al consumidor en un ser pasivo que reacciona a precios y cantidades y define sus preferencias considerando las limitaciones de su presupuesto. Las dimensiones culturales y sociales del consumo están incluidas en el conjunto de elecciones del consumidor, algo que los economistas asumen como un dato determinado exógenamente. 16 Al contrario, los estudios multidisciplinarios sobre el consumo muestran que este transciende la satisfacción de necesidades utilitarias. La demanda por bienes y servicios es socialmente construida e históricamente transformada. Esta sección está enfocada en el consumo final, es decir, el de bienes y servicios adquiridos por consumidores individuales o colectivos(hogares, escuelas, hospitales y otras instituciones) como medios para satisfacer sus necesidades y deseos, sean estos materiales o simbólicos. Sin embargo, el consumo inter14 En particular, dos economistas enriquecieron la teoría del consumo y del consumidor: Thorstein Veblen y su teoría del consumo conspicuo(Veblen, 2007), y Tibor Scitovsky(1992) y su teoría de las necesidades humanas y de la imposibilidad del crecimiento ilimitado del consumo humano. 15 William Stanley Jevons, Carl Menger y Léon Walras. 16 Las excepciones son la economía sociológica y la economía comportamental. 10 mediario de empresas agrícolas, mineras, manufactureras y de servicios es el principal responsable de la contaminación de suelos, ríos y mares y la degradación de la biósfera, esto debido a la extracción de los recursos naturales, la explotación del trabajo en escala global y la producción de desechos industriales. Asimismo, es el consumo agregado de millones de personas –la magnitud del consumo humano– lo que tiene efectos nocivos en la biodiversidad, en el cambio climático y en la destrucción de las fuentes de la vida en el planeta. Ese capítulo está dividido en tres secciones, cada una de las cuales plantea un área-problema particular, sin un orden jerárquico preciso. En la sección 2.1 se parte del complejo mundo de las cosas y de sus interacciones con los seres humanos. Posteriormente, en la sección 2.2 se procura introducir un marco de análisis de la cultura material en la que se inscribe el consumo. Ese marco, ecléctico e incipiente, se nutre de los conceptos marxistas enriquecidos por la visón freudiana de la subjetividad, mediante las reflexiones de Herbert Marcuse. Se introduce ese marco inacabado como un aporte a la reflexión sobre las relaciones entre cultura y la vida material inmediata. En la sección 2.3 el consumo es vinculado a formas de sociabilidad que ocurren en el tiempo, a partir de los ordenamientos de la vida social. En especial, se busca entender los aspectos narcisistas y de gratificación instantánea característicos de la modernidad madura, que contrastan con el tiempo que es necesario para los cuidados de la vida humana y no humana. 2.1 Las cosas y su vida social Vivimos rodeados por objetos materiales, artefactos, herramientas, cosas que consumimos sin haberlas producido y sin saber cómo fueron producidas. Cosas útiles, decorativas, creativas, simbólicas, de valor económico o meramente afectivo y biográfico. Cosas de diferentes tamaños, que pueden tener la escala de esculturas, palacios y monumentos, o ser tan pequeñas como un anillo, un peine o un botón. Esos objetos tienen sus significados inscritos en sus formas, usos y trayectorias. Cosas concebidas como entes inanimados y que, con todo, crean vínculos sentimentales, están asociados a aromas, sabores, colores de un pasado alegre o triste, infancia, juventud o edad madura. Puede ser el bizcocho( madeleine) de Proust o el juguete de la marca Rosebud que invoca la infancia del ciudadano Kane, una personalidad narcisista y ególatra, apasionado por objetos de todo tipo, que acumula sin tener el tiempo suficiente para disfrutarlos. 17 Las cosas pueden tener una vida larga, en los casos de construcciones, muebles u objetos de adorno que atravesaron diferentes periodos históricos y que terminan por ser admiradas como piezas de museo. Otras tienen una vida muy breve, como los artículos destinados al desecho una vez utilizados: son los pañuelos de papel o las mascarillas quirúrgicas que irán a ensuciar ríos y mares, pero también los platos de comida artísticamente preparados, de vida efímera, que se descomponen en su consumo-consumación. Algunos objetos constituyen medios para realizar actos y procedimientos establecidos, otros son deseados como signos de privilegio y estatus social o por su valor estético, y muchos otros, por alguna insensata pasión. 18 Las cosas piden más cosas, infraestructuras y servicios asociados. El té pide azúcar, limón, tazas, porcelanas, teteras. Los alimentos piden cocinas, heladeras, platos, cubiertos, mesas, sillas, manteles, armarios, vajillas, sartenes, servicios de agua, gas, electricidad y desechos. Los autos piden carreteras, gasolineras, garajes y estacionamientos, talleres de reparación, sistemas de normas y fiscalización, escuelas para conductores y servicios de licenciamiento. Las ropas piden máquinas de lavar y planchar o servicios sustitutos, armarios, cajones y perchas. De cierta manera, los bienes de consumo se organizan como sistemas materiales de satisfacción de necesidades. Un famoso texto del enciclopedista de la Ilustración francesa Denis Diderot, de 1772, sobre la compra de una nueva bata, originó el“efecto Diderot”, que designa la espiral en que se entra cuando un consumo encadena una serie de otros consumos relacionados entre sí, sin traer satisfacción al comprador. Diderot 17 Gore Vidal, en su libro Empire , describe al personaje de William Randolph Hearst, en el cual Orson Welles se inspiró para crear al egocéntrico Charles Foster Kane, como alguien que compraba compulsivamente objetos de arte, muebles y cuadros que acumulaba aún empacados(Vidal, 1988). 18 Para el sociólogo Georg Simmel, el deseo por los objetos aumenta en la medida en que estos resisten nuestro deseo de poseerlos(consumirlos). El valor de un objeto equivale a un juicio subjetivo. Así, el valor económico sería generado mediante un tipo de intercambio de sacrificios, toda vez que la satisfacción de un deseo tiene un precio(Simmel, 2004). 11 empieza su texto lamentándose por no haber guardado su vieja bata, que le había sido tan fiel, mientras que la otra le había dejado sin identidad. 19 Describe cómo la primera estaba en armonía con los modestos muebles de su habitación, pero desde el momento en que adquiere la nueva bata escarlata, empieza a cambiar todos los muebles, pinturas, esculturas, objetos de decoración y tapices para que el espacio esté más acorde con la nueva bata de lujo. Al final, esas compras no le traen felicidad. El consumo, como una práctica social, involucra la adquisición, posesión y utilización de objetos y servicios. El consumo no se refiere solamente a la posesión de cosas, sino que incluye prácticas rutinarias como tomar un vaso de agua, autocomplacerse con una buena ducha, tomar clases de piano, comprar medicinas o utilizar servicios médico-hospitalarios. En realidad, el consumo corresponde a una suma de prácticas. El consumo es un acto, un resultado y un proceso. Es un proceso social complejo por el cual las personas construyen los mundos materiales en que viven, densos de significados simbólico-afectivos, y que, a su vez, de manera recíproca, vuelven a incidir sobre ellas. Existen formas de consumo según clases de cosas. Algunas cosas pueden ser acumuladas, guardadas para un uso futuro, coleccionadas por una manía o compulsión, para el disfrute íntimo de su posesión o para exhibir riqueza ante los demás. 20 Asimismo, los objetos pueden ser atesorados porque, en tanto sean objetos de consumo, pueden convertirse en bienes de inversión, como las obras de arte, los bienes raíces o simples bienes duraderos, como los autos, que se transforman en reserva de valor en periodos de inflación monetaria. Las cosas requieren cuidados; algunas deben ser manipuladas con gran cautela y atención, por su valor afectivo o por su elevado valor de cambio. Otras son compradas y desechadas, como las prendas de bajo precio producidas en países de África y Asia, que los 19 “Bajo su abrigo, no temía la torpeza de un sirviente, ni la mía, ni las chispas de fuego, ni la caída del agua. Yo era el amo absoluto de mi bata vieja, ahora me había convertido en esclavo de la nueva”(Diderot, 1772, traducción mía). 20 Stefan Zweig fue un coleccionista obsesivo, desde su juventud, de manuscritos autografiados de músicos(Mozart, Bach, Haydn, Handel, Brahms) y escritores(Lutero, Verne, Locke, Goethe, Freud, entre otros)(Zweig, 1943). Para una interesante introducción al mundo de los coleccionistas(de relojes antiguos), véase el prefacio de Landes(2000). consumidores de países ricos compran por decenas y que, al cabo de una breve vida, volverán a los países africanos y asiáticos como ropa usada o como desechos no deseados. 21 Las personas usan cosas para satisfacer las necesidades materiales de alimentarse, vestirse, protegerse del frío y del calor, moverse en un territorio, tener un espacio privado y un techo, pero esas funciones asumen formas y diseños variados. En realidad, desde que las sociedades humanas se organizaron como formaciones jerarquizadas para el control de la producción material y su distribución, los grupos sociales hegemónicos se distinguen de los grupos subalternos por diferencias en la calidad y cantidad de objetos que utilizan para satisfacer las mismas necesidades: las telas de las indumentarias y sus adornos, los materiales utilizados en los utensilios domésticos, la alimentación, los muebles y objetos de decoración, la capacidad de mantener servidumbre y la arquitectura de las residencias. En las civilizaciones antiguas, el lujo y la extravagancia de las clases dominantes afirmaban las bases materiales de la exclusividad suntuaria y la ostentación del rango, estableciendo y legitimando su poder directo por el“poder simbólico”. Es decir, el consumo y el sistema de signos asociados están imbricados en un sistema de relaciones de poder. 22 Todos los objetos cargan un significado y cuentan una historia. Algunos objetos tienen valor porque son nuevos, participan de una moda, pasajera, y otros son valorizados por su antigüedad. Son objetos de arte o, más recientemente, objetos usados, como las carteras Chanel o Hermès, que son vendidas en subastas por cifras muy superiores a su precio original. La no21 En 2016, una decisión de los países del este de África(Kenia, Uganda y Ruanda) de prohibir la importación de ropas usadas resultó en la amenaza de Estados Unidos de revocar el acceso preferencial de esos países a su mercado. Solamente Ruanda mantuvo su política comercial para proteger la industria textil local(Wolff, 2020). 22 Según Pierre Bourdieu, en las sociedades contemporáneas, el poder simbólico es un poder subordinado, una forma transfigurada y legitimada de otras formas de poder(Bourdieu, 1977). El consumo es estructurado por diferentes conjuntos de disposiciones estéticas y morales que, mediante experiencias de vida, se incorporan en clases particulares y posiciones de estatus. Estos aspectos de un habitus más general también se integran en el capital simbólico(o, más específicamente, en el capital cultural) que activamente refuerza las relaciones de poder(Bourdieu, 1984). 12 ción de la vida social de los objetos, creada por Arjun Appadurai, permite ver a los objetos en su dinámica, acompañando su transformación de artesanías en regalos, de regalos en mercancías o de mercancías en piezas de museo. Cosas que cambian de estado en el momento en que entran al circuito mercantil o salen de él(Appadurai, 1991). Esa transformación en el tiempo conforma la tendencia inherente de las cosas a mudar de aspecto, que solo es interrumpida cuando una acción humana interviene para detener la“corrosión de la historia”. Aun los objetos artísticos, que aspiran a la ilusión de permanencia, no son más que agregaciones momentáneas de materiales volátiles como pintura, tejido, acrílico, vidrio, acero, lienzo, que pueden descomponerse si no son protegidos adecuadamente(Appadurai, 2006, pp. 15-16). Lo que se puede afirmar es que la historia del consumo humano no empieza con el capitalismo industrial y tampoco se va a acabar cuando este llegue a su fin. Desde el momento en que las sociedades relativamente indiferenciadas de cazadores y recolectores se transformaron en sociedades sedentarias, progresivamente más complejas, productoras de sus propios alimentos, herramientas, vestimentas y viviendas, el consumo humano se orientó hacia la posesión de cosas por los servicios que estas proveen, o por la representación simbólica que encierran. Como muestran los estudios antropológicos, las sociedades nómadas de cazadores mantienen un modo de vida que es incompatible con la acumulación de herramientas y objetos(Sahlins, 1972). El consumo en el cual el cálculo, ejercido en un horizonte temporal, exige que parte de la producción sea ahorrada para permitir su renovación, solamente fue posible a partir de las economías del periodo neolítico, cuando comunidades humanas se establecieron en un territorio particular, en diferentes partes del planeta, cerca de 12 mil años atrás. Con la institución de la agricultura y de las sociedades sedentarias, los productos del trabajo humano, como las herramientas, podían ser conservados y guardados para su utilización posterior como medios de producción. Animales y plantas podían ser consumidos o reservados, como reproductores o semillas para producción futura. Objetos materiales como instrumentos, cacerolas, viviendas, telas y prendas de vestir han sido la materia básica de la investigación etnográfica utilizada por la antropología cultural y social, de origen reciente. Los estudios antropológicos muestran que las cosas, con su diversidad y particularidades, contribuyen a entender mejor a las personas como actores históricos. En la interacción con el mundo material, mediante su trabajo o el consumo del trabajo de otros, los seres humanos se transforman en agentes sociales. En su historia, los seres humanos fueron capaces de captar o aprehender la constitución real de las cosas para cambiar el propósito al que por su estructura física real estaban destinadas(Dussel, 1984, p. 28). La invención, la construcción y el uso de los objetos materiales forman parte de la historia de la humanidad y de las culturas. Según Frank Trentmann(2012), con la sociedad de consumo, el Homo consumens(el hombre en tanto consumidor) reemplazó al Homo faber(el hombre en tanto productor), aunque las fronteras no sean tan precisas. Richard Sennett examinó los conceptos de Homo faber y Animal laborans utilizados por Hanna Arendt, quien consideraba que las personas que producen cosas y no comprenden lo que hacen estarían en la categoría de Animal laborens, mientras que el Homo faber posee la capacidad de analizar y evaluar el resultado de su trabajo, una vez completado. Contrario a la concepción de su maestra, que separaba así el trabajo manual del trabajo intelectual, Sennett suscribe un materialismo cultural, en el cual el proceso de producir cosas concretas significa“preocuparse por las cualidades de las telas o el modo correcto de preparar un pescado… Abierto a los sentidos, el materialista cultural quiere investigar dónde se encuentra el placer y cómo éste se organiza”. Su propuesta es que“sólo podemos lograr una vida material más humana si comprendemos mejor la producción de las cosas”(Sennett, 2009, pp. 19-20). El consumo y la producción están interrelacionados: saber cómo se prepara un pescado es importante para saborear bien un plato de pescado, así como el cocinero aprende a mejorar su plato conociendo las diferentes apreciaciones de quienes lo consumieron. Aunque la materialidad de las cosas conforme la sustancia de la“vida material”, cierto es que sus funciones, sus valores de uso, sus utilidades, no dejan de ser abstractas. El desarrollo económico, tecnológico, social e institucional aumentó la diversidad de objetos que pueden satisfacer las mismas necesidades en mercados segmentados por clases, gustos e ingreso. Alimentarse, vestirse, habitar, trasladarse de un punto a otro, son funciones que pueden ser satisfechas por la posesión de bienes que suministran esos“servicios”, por el alquiler de dichos bienes o por la compra de servicios suministrados por personas o por 13 instituciones. Se puede comprar o alquilar un auto para un transporte individual o se puede pagar por los servicios de un taxista. De igual manera, se puede comprar una lavadora o comprar los servicios de una lavandería. Se puede equipar una cocina con todos los utensilios para preparar comidas y cenas o alquilar los servicios de restaurantes, ya sea para comer en sus locales o para recibir comidas preparadas por reparto a domicilio. A diferencia de la producción de los objetos materiales en que, como se expone más abajo, el trabajo humano es invisible a los consumidores, el trabajador o la trabajadora que suministra la mayor parte de los servicios no puede esconderse. Es el caso de los servicios personales, principalmente, ya sean los servicios de cuidados y de salud, o los servicios de esparcimiento, puesto que la compra de un servicio involucra la compra directa de formas específicas de trabajo humano. Es decir, coloca al consumidor en contacto inmediato con el prestador del servicio, ya sea el taxista, el trabajador de la lavandería, la mesera, el cocinero, el médico, la sirvienta, la fisioterapeuta, la enfermera y el entregador de pizza, entre otros(Ventura-Dias, 2020). En nuestra era de la información y comunicación, algunos artefactos, como los smartphones, son máquinas poderosas de múltiples usos y significados. Son máquinas polisémicas, toda vez que el costo de los modelos del año los transforma en objetos de privilegio que comunican comportamientos y valores de quien los ostenta, al mismo tiempo que su tecnología sofisticada invita al consumo a grupos de menos ingresos al seducirlos con una calidad profesional, innecesaria para fotos y videos de uso doméstico. Los objetos y su consumo juegan un rol fundamental en la construcción de las identidades individuales y en la política de la vida cotidiana. Por esa razón, los factores que mueven el consumo por el lado de la demanda deben ser encontrados en la vida cotidiana de las personas ordinarias, en los espacios donde las personas producen y reproducen sus existencias, inventan significados, desarrollan costumbres y buscan sentidos para sus vidas. En el transcurso del siglo XX, la vida material y la vida cotidiana –dos dimensiones de la vida social y cultural que tardaron en obtener reconocimiento académico– fueron integradas a las ciencias humanas para fundamentar una mejor comprensión del consumo individual, así como de los mecanismos del consumo de masas y la formación de una sociedad orientada hacia el consumo. El consumo, su composición y formas están intrínsecamente relacionados con la vida pública y privada de las personas, la organización física de los hogares, el acceso a los servicios básicos(agua corriente, gas y electricidad), el tiempo de ocio y, en fin, el contenido y los ritmos de la vida cotidiana. A pesar de la oposición de los que consideran a Karl Marx una figura anacrónica, la visión materialista de la historia, difundida por el marxismo, proporciona algunos elementos para el estudio crítico de la vida material y cotidiana, a los que se deben añadir los aportes del conocimiento psicoanalítico de Freud sobre la subjetividad de las personas. Si bien es verdad que Marx no desarrolló una teoría de la cultura y raramente emplea el término cultura, dejó un método para el análisis de las prácticas culturales a partir de las condiciones materiales de la producción. Entre los marxistas tradicionales, sin embargo, predominó una narrativa teleológica de la historia, con énfasis en la economía como un condicionante material y determinístico de las instancias restantes de la vida social. Quizá se debiera considerar que“el factor determinante supremo en la historia es, en último análisis, la producción y reproducción de la vida real”, desde una perspectiva contingente y abierta del proceso histórico. 23 Para Enrique Dussel, el filósofo marxista argentino-mexicano, los condicionantes materiales de la producción humana deben ser encontrados en la vida real, material, con sus imponderables.“La vida es el a priori material y real de todo quehacer productivo”(Dussel, 1984, p. 15). 2.2 El fetichismo de las mercancías: reificación y control social En la famosa“epifanía” que Marx registró en el prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política, escrito en 1859, se encuentran algunas de sus reflexiones acerca de la relación entre la transformación material de las condiciones de producción 23 La cita es de Engels y continúa así:“ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa para decir que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta y absurda…”. Carta de Friedrich Engels a Joseph Bloch, septiembre de 1890, en Engels, 2010, pp. 33-37. 14 y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en suma,“ideológicas” o culturales, dentro de las cuales los hombres cobran conciencia de los conflicto y los dirimen(Marx, 1980, pp. 4-5). 24 A lo largo de su vasta obra, Marx y Engels dejaron fragmentos de textos y observaciones en los que reconocen las dificultades para interpretar las complejas relaciones entre la existencia material de los seres humanos y los productos inmateriales de la conciencia humana(Kloskowska, 1979). Cuando Marx considera la dinámica derivada de las contradicciones entre relaciones sociales y fuerzas de producción, no como abstracciones, sino como actividades específicas y como relaciones de seres humanos reales, esas fuerzas se convierten en algo más activo, más complicado y contradictorio que nociones metafóricas de “infraestructura” y“superestructura”(Williams, 2005, pp. 33-34). 25 A menudo, los académicos se olvidan de que Marx no analizó el trabajo, la producción o el intercambio como generalidades históricas, sino como formas sociales específicas de un tipo de sociedad capitalista: el capitalismo industrial-manufacturero de fines del siglo XIX y principios del XX. No se puede transponer el análisis marxista para el siglo XXI sin considerar las transformaciones sociales, culturales, tecnológicas, institucionales y políticas, entre las que el consumo de masas ocupa un papel considerable, transfigurando roles y disipando las expectativas revolucionarias de que la clase obrera se convirtiera en un nuevo suje24 “En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio[ überbau ] jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina [ bedingen ] el proceso social, político e intelectual de la vida en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia”(Marx, 1980, pp. 4-5). A causa de este párrafo, el marxismo ha sido vulnerable a las acusaciones de reduccionismo y determinismo. 25 En su análisis del Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte , Marx se refiere a las relaciones entre diferentes formas de propiedad, las condiciones sociales de existencia y la“superestructura” de“sentimientos, espejismos, modos de pensamiento y perspectivas sobre la vida distintas y formadas de manera peculiar”(Marx, 2002, p. 43). to histórico. El análisis debe incluir las características propias que el trabajo, la producción y el intercambio mercantil asumen en el contexto actual de las relaciones sociales del capitalismo, apoyado en una economía de servicios concentrada en actividades financieras y en rentas derivadas de la apropiación del conocimiento por el capital(Ventura-Dias, 2017). No se puede desconocer la capacidad del capitalismo de reinventarse continuamente bajo nuevas formas y modalidades. Si bien se mantiene la explotación de la fuerza de trabajo, esa explotación se da bajo nuevas formas en el mundo de la flexibilidad laboral y la precarización de la“economía de tareas”( gig economy). 26 Los tres conceptos utilizados por Marx que influenciaron –y siguen influenciando– los estudios críticos del consumo, vistos como parte integrante del modelo cultural capitalista contemporáneo, son fetichismo, alienación e ideología. Estos tres conceptos están relacionados entre sí en lo que correspondería a una teoría de la cultura o antropología marxista. Está fuera de los propósitos de este ensayo hacer una revisión de la vasta literatura que analiza críticamente esos conceptos. Solo se ofrecen algunas consideraciones introductorias focalizadas en las nociones de reificación y alienación, a partir de las contribuciones marxistas y freudianas, para ayudar a pensar el consumo en la vida cotidiana. Fetichismo ha sido una palabra clave en la construcción de un discurso cultural eurocéntrico que oponía a los fetiches primitivos una organización social sana, racional y“civilizada”(Apter, 1991; Iacono, 2016). 27 El término fetichismo fue utilizado por primera vez, de forma sistemática, por Charles de Brosses en 1757, en el marco de un estudio sobre religiones“primitivas”, y en este contexto fue utilizada por Hegel y los filósofos de la Ilustración. 28 Para De Brosses, el feti26 Véase Ventura-Dias, 2020 para referencias bibliográficas. 27 El término fetiche proviene de la palabra portuguesa feitiço , bajo la forma fetisso , que era utilizada desde la Alta Edad Media para referirse a la hechicería. Posteriormente, fetiche fue empleada para los objetos del culto africano, particularmente en el África Occidental. La palabra tiene origen en el latín facticius , cuyo primer significado fue“producido por el hombre”(manufacturado), pero del cual también se derivó ficticio, artificial (Pietz, 1985). 28 En los manuscritos dejados por Marx, existen notas de lectura del libro de Charles de Brosses traducido al alemán, además de otros textos que empleaban los términos de fetiche y fetichismo sobre religión comparada(Iacono, 2010, p. 103; Pietz, 1993, pp. 133-138). 15 chismo abarcaba la idolatría de objetos terrestres, materiales. En El capital, Marx utiliza el término para destacar la opacidad de las relaciones sociales en el intercambio de las mercancías por su valor monetario. 29 Posteriormente, los términos fetiche y fetichismo fueron empleados en la teoría psicoanalítica, a partir de los trabajos de Sigmund Freud, para analizar actos considerados como patologías sexuales, en los cuales un objeto o una parte del cuerpo de la mujer son transformados en fetiches. 30 Para Marx como para Freud, el fetiche significa la transmutación simbólica de las cosas, el momento en que las cosas asumen el lugar de relaciones humanas y sociales. De acuerdo con el filósofo Alfonso Iacono, el fetichismo religioso, socioeconómico y psicoanalítico se refiere a objetos que ocupan el lugar de un dios, a cosas que ocupan el lugar de seres humanos y a partes que ocupan el lugar del todo; o sea, objetos cuyos origen y sentido de sustitución se perdieron o fueron encubiertos(Iacono, 2016, p. 1). Cabe recordar que Marx empieza su análisis del modo de producción capitalista por las propiedades de las cosas y su transformación en mercancías, aunque el punto de partida de la producción material sean los individuos produciendo en sociedad o la producción socialmente determinada de los individuos. 31 Al identificar la mercancía como la forma elemental de la riqueza, Marx la define como una cosa apta para satisfacer necesidades humanas, ya sean materiales o simbólicas: La mercancía es, en primer lugar, un objeto exterior, una cosa que merced a sus propiedades satisface ne29 La noción del fetichismo de la mercancía de Marx influenció a pensadores del siglo XX, como Georg Lukács, Walter Benjamin, Max Horkheimer, Theodor Adorno y, posteriormente, Jean Baudrillard y Guy Debord. 30 Los actos y fantasías considerados como patologías sexuales fueron documentados y clasificados entre 1880 y 1890. La primera referencia al fetichismo en psicoanálisis fue hecha por Alfred Binet en 1887(Rose, 1988, p. 150, nota 4). 31 “La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un‘enorme cúmulo de mercancías’, y la mercancía individual como la forma elemental de esa riqueza. Nuestra investigación, por consiguiente, inicia con el análisis de la mercancía”(Marx, 2008, p. 43). En el Manuscrito de 1865, Marx comentó que, en realidad, el orden debería ser invertido, y la mercancía ocupar el último lugar, porque formaría la transición entre el primer y el segundo volumen de El capital . El segundo volumen trataría del proceso de circulación del capital. cesidades humanas del tipo que fueran. La naturaleza de esas necesidades, el que se originen, por ejemplo, en el estómago o en la fantasía, en nada modifica el problema. Tampoco se trata aquí de cómo esa cosa satisface la necesidad humana, de si lo hace directamente, como medio de subsistencia, es decir, como objeto de disfrute, o a través de un rodeo, como medio de producción(Marx, 2008, p. 43, cursivas mías). 32 Continúa Marx:“El hecho de ser valor de uso parece ser una premisa necesaria para la mercancía, pero el de ser mercancía es condición indiferente para el valor de uso”. 33 Es decir,“el valor de uso es el soporte material del valor de cambio –valor este último reflejo, segundo, derivado”(Dussel, 1984, p. 11). Las mercancías son productos del trabajo humano que, al transformar las materias naturales, crea cosas útiles para otros. Al contrario, el aire, la tierra virgen, las praderas y los bosques naturales son cosas que tienen valor de uso y no son valores, porque“su utilidad para el hombre no ha sido mediada por el trabajo”(Marx, 2008, p. 50).“Para producir una mercancía, [el trabajo humano] no sólo debe producir valor de uso, sino valores de uso para otros, valores de uso sociales”(Marx, 2008, p. 50). Asimismo, quien se va a servir del producto del trabajo humano como valor de uso debe obtener la mercancía mediante el intercambio, es decir, en el mercado. 34 Una cosa puede ser producto del trabajo humano, ser útil y no ser mercancía, como es el caso cuando una mujer produce un vestido o un anillo para su propia utilidad. 32 Es importante destacar que Marx aceptaba los valores simbólicos de las cosas, en contraste con lo que afirman autores de la literatura de consumo; por ejemplo:“Karl Marx estaba claramente equivocado al suponer que solo porque las cosas fueron producidas por trabajo asalariado y hechas para su venta(en lugar de para uso personal), fueron despojadas de su esencia y significado. Gracias a los antropólogos, en particular, ahora disponemos de una serie de estudios que muestran cómo los bienes siguen siendo recipientes emocionales y vehículos de la vida social”(Trentmann, 2012, p. 13, traducción mía). 33 Echeverría(1998, p. 155) criticó la asimetría en el tratamiento marxista del proceso de acumulación del valor capitalista y del valor de uso y su reproducción. 34 En una nota, Friedrich Engels añadió que no basta producir para otros, porque el campesino medieval producía para el señor feudal el trigo del tributo y para el cura el del diezmo. “Pero ni el trigo del tributo ni el del diezmo se convertían en mercancías por el hecho de ser producidos para otros. Para transformarse en mercancía, el producto ha de transferirse a través del intercambio a quien se sirve de él como valor de uso” (Marx, 2008, p. 50). 16 El valor de uso de la mercancía es independiente de la forma de producción de la mercancía:“El sabor del trigo no revela quién lo ha cultivado, si un siervo ruso, un campesino parcelario francés o un capitalista inglés. En otras palabras, a pesar de ser objeto de necesidades sociales, y hallarse por ende en un contexto social, el valor de uso no expresa alguna relación social de producción”(Marx, 1980, p. 10). Es en el momento del intercambio cuando se configura el fetichismo de la mercancía, en un proceso de sustitución según el cual la mercancía pasa a estar dotada de cualidades que se derivan de relaciones humanas, ocultas al comprador. Para el comprador(consumidor), el intercambio en el mercado es percibido como una relación entre dos cosas, la mercancía y el dinero. Marx utiliza la figura del fetichismo de las mercancías para dramatizar el carácter“misterioso” de la forma-mercancía de las cosas,“porque manifiesta la relación social entre los productores y la suma total del trabajo, como una relación social entre objetos, una relación que existe aparte y al margen de los productores”(Marx, 2008, p. 89). Es decir, el valor monetizado de las mercancías esconde las relaciones sociales de producción, relaciones de explotación, que están en la base de la producción material. En el intercambio mercantil, el resultado de relaciones sociales entre humanos se propone a los seres humanos como una relación social entre cosas. Por otra parte, para Marx, el fetichismo de las mercancías no es utilizado en el sentido gráfico, es decir, no implica que las personas estén bajo una falsa conciencia o ilusión al establecer una relación entre cosas, en el acto de comprar el objeto deseado, cuando deberían observar las relaciones sociales específicas de la producción de la mercancía. Para Marx, el dinero, la moneda, es la materialización necesaria del trabajo social abstracto. La mercancía no es un producto mítico de una creencia o ilusión, toda vez que la objetividad social de la mercancía es muy distinta de la del fenómeno religioso. En la vida real, algunas de las cosas que nos rodean son simulacros creados por nosotros mismos. Objetos familiares presentes en nuestra vida ordinaria son literalmente fetiches; es decir, son objetos dotados de calidades de reproducción, imitación y representación de relaciones y características humanas. El fetichismo de la mercancía es parte de los mecanismos de creación de ilusiones sin las cuales la reproducción social capitalista no sería posible(Tombazos, 2010). Debemos introducir a otros autores para ampliar el concepto de fetichismo. Georg Lukács utilizó el término reificación para abarcar la deshumanización de las relaciones entre los seres humanos en el capitalismo, en el que predominan la cosificación de las relaciones sociales y la personalización de las cosas. Para Lukács, la universalización del intercambio mercantil establecido por el capitalismo afecta toda la relación del sujeto con el mundo, porque las personas pasan a percibir a los compañeros con los que interactúan, la relación con la naturaleza, las cosas que intercambian y a sí mismas como objetos cosificados(Lukács, 1968). Es esencial destacar que Lukács no considera la reificación capitalista de la vida social como una violación de principios morales, sino una desviación de un tipo de praxis o visión humana del mundo característica de la racionalidad de nuestra forma de vida: el tratamiento instrumental de los otros solamente representa un hecho social, no un error moral. Su argumento acerca de la reificación tiene un carácter normativo indirecto. La reificación tampoco constituye un error de categoría epistémica:“La reificación constituye un síndrome estable y multidimensional de la conciencia distorsionada que afecta profundamente nuestros hábitos y modos de comportamiento y que no puede ser revertida por una corrección cognitiva”(Honneth, 2008, p. 25). En su comportamiento reificador, los individuos perciben a los otros seres humanos y a la naturaleza como meras oportunidades para actividades económicamente rentables, o como medios para alcanzar propósitos individuales. Sin embargo, según el filósofo Axel Honneth, existen diferencias entre el tratamiento instrumental de otros individuos y un comportamiento reificador de los seres humanos. En el primer caso, el individuo utiliza las calidades humanas para ventajas personales, mientras que el término reificación debería ser utilizado para un trato de los seres humanos que excluye exactamente lo que en ellos existe de humano. En la reificación o cosificación de los seres humanos existe un proceso de deshumanización de los seres en condiciones de dominación, como cosas que carecen de propiedades y capacidades humanas. Ejemplos extremos son la esclavitud, el racismo, el antisemitismo, la trata humana(y el colonialismo)(Honneth, 2008, p. 78). A partir de la relectura de Lukács, Honneth acepta que la reificación es un problema central de la sociedad moderna, pero no está convencido de que la 17 reificación se derive de la forma capitalista de la organización económica. 35 No obstante, al final de su ensayo, reflexiona sobre la profunda colonización de la vida íntima, familiar, del tiempo de ocio y de la opinión pública, entre otros, por los principios del mercado capitalista. El filósofo se refiere a la tendencia a la autorreificación, que aumenta en la medida en que los sujetos se involucran cada vez más en prácticas institucionalizadas que requieren que ellos se autodescriban públicamente a fin de vencer a la competencia en el mercado, ya sea el profesional o el amoroso. En entrevistas profesionales, servicios de encuentros amorosos, currículos profesionales, los individuos deben aprender a venderse de manera convincente y dramática. Los que postulan a un trabajo deben percibir sus propios sentimientos y actitudes hacia el trabajo como objetos que deben responder a las expectativas de los otros. Al final de sus reflexiones, el crítico Honneth afirma que Lukács, en su libro publicado en 1925,“con insuficiente análisis teórico y excesiva generalización”, pudo haber anticipado la dirección de la sociedad capitalista actual(Honneth, 2008, p. 85). A su vez, el concepto de reificación de Lukács y el del fetichismo de la mercancía, nos remiten a la alienación, otro importante recurso para la crítica social. La alienación es un concepto útil para comprender un conjunto de patologías sociales que están diseminadas en la vida contemporánea y que pueden ser mejor entendidas como diferentes formas de enajenamiento de uno mismo: ausencia de sentido, indiferencia respecto al mundo, incapacidad de identificarse con sus propios deseos y acciones(Neuhouser, 2014, p. xi). 36 Para Marx, alienación es una acción mediante la cual(o un estado en el cual) una persona, un grupo, una institución o una sociedad se torna(y permanece) 35 Honneth concibe la reificación como un conjunto de prácticas que niegan o ignoran la primacía del reconocimiento como praxis social. Para Honneth, el reconocimiento es el modo primario de aprehender a los otros, un modo que forma la base para actitudes y prácticas subsecuentes, incluida la propia reificación, mientras que para Lukács es la relación mercantil que afecta toda relación del sujeto con el mundo que lo rodea (Butler, 2008). 36 En psicoanálisis, el concepto marxista de alienación se corresponde con el concepto de neurosis: indica estados patológicos en que partes del propio cuerpo de la persona, aun partes de su propia vida mental(percepciones, pensamientos y sentimientos), parecen ajenos a ella, como si no pertenecieran a su ego(Freud, 1962, p. 13). ajeno en relación con: 1. los productos de su propia actividad y la actividad en sí misma; y/o 2. la naturaleza o el medio ambiente en que vive; y/o 3. la especie humana(como miembro de la humanidad); y/o 4. otros seres humanos(Mészáros, 1970). Como resultado y parte del mismo proceso, el sujeto permanece alienado de sí mismo, de su ser, de sus posibilidades humanas históricamente creadas(Petrovic, 2001). El concepto de alienación tiene su propia historia y compone una problemática vasta y compleja que no puede ser desarrollada en ese corto ensayo sobre el consumo humano. Al traer los conceptos de reificación y alienación a la discusión, el propósito es señalar la alienación como parte integral de las prácticas cotidianas en las sociedades contemporáneas, y no meramente calificar a los consumidores como seres alienados o inconscientes. Además, asociar la modernidad capitalista a la reificación en comportamientos, acciones y prácticas no significa desconocer la subjetividad compleja de los sujetos sociales. Como fue señalado anteriormente, las interrelaciones entre cultura y producción material de la existencia no son lineales y mucho menos unidireccionales. Al contrario, se afirma su carácter dialéctico, así como la naturaleza diversa, compleja, contradictoria y ambivalente del ser humano. Al inicio de la obra La civilización y sus descontentos(1930), Sigmund Freud desaconseja juicios apresurados acerca de los falsos criterios utilizados por las personas cuando buscan poder, éxito y riqueza para sí mismos, y admiran esas cualidades en otros, mientras subestiman lo que es realmente valioso en la vida(Freud, 1962, p. 11). La simplificación del análisis de las acciones humanas olvida las discrepancias entre pensamientos y acciones de las personas(disonancia cognitiva), así como la diversidad de sus deseos. La incorporación de los conceptos centrales del psicoanálisis freudiano a la teoría crítica nos lleva a Herbert Marcuse, un filósofo de la Escuela de Frankfurt ahora casi olvidado. Marcuse utilizó la teoría de los instintos de Freud para demostrar que, no obstante su apariencia biológica, esta teoría era fundamentalmente social e histórica, y permitía entender la naturaleza encubierta de ciertas tendencias determinantes de la política en el capitalismo. Como pensaba Freud, la civilización está construida sobre un necesario refrenamiento de la vida instintiva, de la sexualidad, bajo lo que él denominó principio de realidad. Según Marcuse, esa instancia a la cual el principio del placer debe someterse, se presenta bajo una for- 18 ma histórica concreta en las sociedades capitalistas. Marcuse imaginó que la crítica de Freud a las consecuencias de la represión podría ser transformada en un proyecto emancipatorio en las sociedades más industrializadas. En la visión freudiana, dos instintos antípodas, Eros y Tánatos, coexisten en los hombres: el instinto del placer y el de la destrucción, de la muerte, continuamente en conflicto. 37 Freud no creía que un cambio en las relaciones de propiedad y en la distribución de las riquezas fuese suficiente para reducir la agresividad de los hombres. Él criticaba la concepción idealista equivocada de la naturaleza humana de los socialistas, que eliminaba la complejidad del inconsciente humano, presuponiendo, por tanto, que el ego tiene control total del inconsciente( Id)(Freud, 1962, p. 90). Sin embargo, admitía que las relaciones de los seres humanos con sus pertenencias son instrumentos para el ejercicio de la agresividad humana y que, por ende, la transformación de las relaciones de propiedad podría contribuir a reducir la atracción de los hombres hacia la violencia. En otras palabras, la abolición de la propiedad privada, una distribución más justa de la riqueza y la satisfacción de las necesidades básicas de todos los individuos contribuirían, pero no serían suficientes para eliminar la agresividad de los hombres(Freud, 1962, pp. 59-60). Influenciado por los filósofos de la Ilustración y los utilitaristas, Freud identificaba la búsqueda de la felicidad, en la vida práctica, como el propósito de la vida humana. 38 Los seres humanos quieren ser felices, tener una buena vida y así permanecer por un largo tiempo. Biológicamente, el organismo es guiado por el principio del placer, el lado hedonista de la psique humana, lo que significa, por una parte, alejarse del dolor y, por otra parte, buscar experiencias de placer, lo que, según Freud, corresponde al sentido más estricto de felicidad y solamente es posible como una satisfacción episódica de necesidades. 39 Para cada individuo, el mundo externo(la naturaleza), su propio cuerpo y la relación con los otros hombres son fuentes de dolor, sufrimiento, desilusión, crueldad, engaños, represión y trabajos indeseables. Para aliviar esas tensiones son necesarias medidas paliativas, entre las cuales Freud incluyó los intentos personales para desviar la atención del origen de las molestias, ya sea dedicándose a actividades creativas y científicas o a la jardinería, por ejemplo. O mediante gratificaciones sustitutas, como puede ser el consumo del arte y de otros bienes y servicios(aunque Freud no mencione al consumo en sí) y el consumo de drogas. Freud defiende a la civilización( kultur) de los“descontentos” con la modernidad, que otros consideran responsable de nuestra miseria y que, por lo tanto, juzgan que seríamos más felices si pudiésemos volver a una condición más primitiva. Él encuentra esa afirmación sorprendente porque todos las cosas que nos protegen de las fuentes primarias de sufrimiento (dolor, enfermedades, hambre y desastres naturales) son parte de la misma cultura o progreso tecnológico (Freud, 1962, pp. 34-36). 40 Sin embargo, la civilización es fundamentalmente represiva porque el convivio en comunidad requiere la limitación de los instintos, tanto los impulsos hacia la satisfacción de los deseos individuales como el instinto de la destrucción. (Freud, 1962, p. 59). La cultura representa la satisfacción aplazada, metódicamente controlada, que presupone infelicidad en la negación del placer. La lucha por la existencia, la escasez y la cooperación incitan a la renuncia y a la represión en el interés de la seguridad, el orden y la vida en comunidad. En realidad, la teoría freudiana mantiene que la represión aumenta con el progreso cultural porque la agresión a ser suprimida también aumenta(Marcuse, 1970, pp. 5, 13). 37 Freud se refería a hombres blancos y europeos. No consideraba sujetos históricos a las mujeres, quienes aparecen solamente en sus roles de objeto sexual y madre. 38 Si bien la búsqueda de la felicidad es tan antigua como la propia historia, la idea moderna de felicidad como derecho del individuo en su vida material, surge en la Ilustración, con filósofos como Voltaire, Rousseau y Diderot, y posteriormente es desarrollado por los filósofos utilitaristas como Jeremy Bentham y John Stuart Mill. 39 Cuando una situación que es procurada por el principio del placer se prolonga en el tiempo, produce un contentamiento blando. Freud cita a Goethe:“Nada es más difícil de aguantar que una sucesión de bellos días”(Freud, 1962, p. 23). 40 Freud reflexionó sobre la relación entre las conquistas de la civilización y la felicidad:“Los hombres tienen orgullo de sus logros[…]. Sin embargo, parece observarse que ese poder recién adquirido sobre el espacio y el tiempo, la dominación de las fuerzas de la naturaleza, que es un anhelo de hace miles de años, no ha aumentado la satisfacción placentera que ellos esperan de la vida y no les hizo más felices”(Freud, 1962, p. 35). 19 Marcuse interpreta la teoría freudiana de instintos como una teoría de dominación, definida como una situación en la que, de cierta manera, los objetivos y propósitos de los individuos, así como los medios para ejecutarlos, son externos a ellos, son imputados a ellos. La dominación puede ser ejercida por otros seres humanos, por la naturaleza y por las cosas, pero también puede ser interna, ejercida por el mismo individuo sobre sí mismo, en la forma de autonomía. En la teoría freudiana, esta forma tiene un papel esencial: el superego adopta los modelos autoritarios –el padre y sus representantes– y convierte sus comandos y prohibiciones en sus propias leyes, en la conciencia del individuo. El dominio de sus impulsos se transforma en un logro propio: en autonomía(Marcuse, 1970, pp. 1-2). Es en el marco de la dominación que se define la libertad. Las elecciones de los individuos implican establecer los medios para satisfacer sus necesidades con un mínimo de disgusto y renuncia. En las sociedades más industrializadas, se estrecha la diferencia entre dominación y libertad. El individuo reproduce en el nivel más profundo, en su estructura instintiva, los valores y los patrones de comportamiento que sirven para mantener la dominación, mientras la dominación se convierte en algo menos autónomo, menos“personal”, más objetivo y universal, a partir del aparato económico, político y cultural(Marcuse, 1970, pp. 2-3). El análisis de las sociedades opulentas, a la luz de los conceptos freudianos y marxistas, llevó a Marcuse a concluir que el nivel de progreso técnico y de desarrollo económico alcanzado debería eliminar los esfuerzos, renuncias y reglas impuestas a los seres humanos, anteriormente justificadas por la escasez, la lucha por la existencia, la pobreza y la debilidad física. Las sociedades ricas tienen condiciones para permitir un grado más elevado de liberación de los instintos sin perder lo que han logrado o sin paralizar el proceso de avances técnicos. Como lo indica Freud, la ruta básica para tal liberación sería la recuperación de una gran parte de la energía instintiva que fue desviada hacia el trabajo alienado y la gratificación inmediata, con su subsecuente redireccionamiento para la satisfacción de las necesidades de los individuos autónomamente desarrolladas. Con todo, Marcuse señalaba que para que la posibilidad abierta por el progreso técnico se tornara realidad, deberían ocurrir cambios fundamentales en instituciones sociales, políticas y culturales, transformaciones esas que no sucederían de manera espontánea y voluntaria. Al mismo tiempo, Marcuse previno sobre las formas insidiosas, aunque efectivas, de control social perfeccionadas por las sociedades industriales avanzadas. Acerca del consumo, tema que nos interesa más directamente, el filósofo llamó la atención sobre la manipulación de las necesidades humanas más profundas e íntimas en favor de intereses privados, mediante una racionalidad tecnológica que oblitera la posibilidad de una crítica radical, incorpora masas de individuos al sistema establecido y elimina modelos alternativos de formas de vida. Marcuse denunció la racionalidad tecnológica como un proyecto histórico específico, en el centro del cual se encuentra la experiencia, transformación y organización de la naturaleza como un mero componente de la dominación. Una dominación que no es ejercida por el terror, sino por la tecnología sobre la doble base de un aparato productivo extremamente eficiente y de condiciones materiales de vida continuamente más elevadas (Marcuse, 2007, p. xi). Por esa razón, en las sociedades de capitalismo avanzado, el fetichismo de la mercancía alcanza niveles más profundos que lo anticipado por Marx. El intercambio en el mercado, en abstracto, no solamente esconde los orígenes humanos del valor, incorporados en mercancías impersonales, sino promueve hábitos, reacciones intelectuales y emocionales que vinculan a las personas, en tanto consumidores, al sistema social, como un todo, y a la eficiencia de su aparato productivo(Marcuse, 2007, p. 14). 41 Al mismo tiempo, se acentúa la alienación, que es parte integrante de la modernidad; esa pérdida de autonomía y libertad, derivada de la angustia de saber que las decisiones sobre la vida y la muerte, sobre nuestra propia seguridad física, emocional y moral, están fuera de nuestro control(Marcuse, 2007, pp. 35-36). 41 “Los productos adoctrinan y manipulan; promueven una falsa conciencia que es inmune a su falsedad. Y a medida que estos productos beneficiosos estén disponibles para más personas en más clases sociales, el adoctrinamiento que llevan a cabo deja de ser publicitario; se convierte en una forma de vida. Es una buena forma de vida, mucho mejor que antes, y como buena forma de vida, milita contra el cambio cualitativo. Así emerge un patrón de pensamiento y comportamiento unidimensional en el que las ideas, aspiraciones y objetivos que, por su contenido, trasciendan el universo establecido del discurso y la acción son repelidos o reducidos a los términos de este universo. Se redefinen por la racionalidad del sistema dado y de su extensión cuantitativa”(Marcuse, 2007, p. 14). 20 Marshall Sahlins destaca la doble tragedia del consumidor en las sociedades industriales: escasez artificial por los precios y el hecho de que su vida depende de ganar y gastar, permanentemente forzado a tener que escoger entre objetos, consciente de que cada elección significa una pérdida, porque elimina otras posibilidades(Sahlins, 1972, p. 4). El antropólogo propone una paradoja al afirmar que las economías de cazadores y recolectores fueron sociedades de abundancia precursora. La afirmación es incongruente porque el concepto de sociedad opulenta alude a una en la cual las necesidades materiales son satisfechas, mientras que la vida de los nómadas cazadores es de sobrevivencia insegura, ya que están siempre en búsqueda de comida, bajo la amenaza de los animales. Sahlins disiente respecto a los caminos para la abundancia propuestos por los economistas. Ante la noción de que los deseos humanos son infinitos mientras que los medios para satisfacerlos son limitados, los economistas plantean producir más con tecnologías que aumenten la productividad de los medios disponibles. El antropólogo sugiere la alternativa de los nómadas: la aceptación de necesidades materiales pocas y finitas, junto a medios técnicos constantes, inmutables, pero adecuados a las necesidades. De esa manera, las personas pueden disfrutar una vida material satisfactoria. Tanto Marcuse como Galbraith criticaron la“ideología” conformista provocada por los medios de comunicación de las sociedades opulentas de los años sesenta. Una lectura retrospectiva de esos autores, a la luz de los cambios en la distribución de los ingresos y de la riqueza en los países industrializados, permitiría decir que sus previsiones pesimistas perdieron fuerza, no porque la sociedad se volviera menos represiva, sino porque los años setenta representaron el ocaso del modelo asociado al Estado regulador y al crecimiento de la producción y la redistribución bajo patrones fordistas-keynesianos, que sostenían formas de vida orientadas hacia el consumo de masas. Las bases sociales de las sociedades de la abundancia empezaron a erosionarse con la privatización de los servicios públicos, el progresivo vaciamiento del estado de bienestar, la decadencia de las condiciones sociales y materiales, y, principalmente, a partir del continuo aumento de la desigualdad en la distribución de la riqueza y los ingresos, por el empobrecimiento de las clases medias que enfrentan niveles crecientes de inseguridad social y por el consecuente fortalecimiento de las fuerzas conservadoras y los movimientos políticos de derecha(Rose, 1990, pp. 65-68). Por otra parte, al principio de los sesenta, cuando Marcuse escribió El hombre unidimensional(en el que diversas formulaciones están abiertas al debate), las sociedades industrializadas no disponían aún de los instrumentos de control social facilitados por las tecnologías digitales multifuncionales, la biotecnología, la neurociencia, las ciencias comportamentales, los grandes datos y la inteligencia artificial, entre otras. La vigilancia se extendió desde un control ejercido por el Estado mediante cámaras de video y reconocimiento visual, instaladas en todos los espacios públicos, hasta los rastros digitales que dejamos en internet de los libros que leemos, de los restaurantes que visitamos, de nuestras preocupaciones de salud, así como de nuestros deseos materiales y sexuales, para que, a partir de ellas, empresas privadas definan sus estrategias de ventas y aumento de ganancias. 42 El aparato de cultura de masas es más diversificado, extensivo e invasivo en la actualidad, en la era de las redes sociales y la universalidad de la comunicación por internet y los smartphones, que en la época de Marcuse, cuando la comunicación de masas dependía de la prensa escrita, cine, radio y un incipiente sistema de televisión de alcance limitado. La disparidad entre las promesas de abundancia, ocio y libertad de los medios de comunicación actuales y las experiencias diarias de las personas que participan en el mundo virtual nunca ha sido mayor. Marcuse, Foucault y otros formuladores de una teoría crítica de la vida social introdujeron progresivamente más complejidad en las relaciones entre subjetividades y representaciones colectivas; entre prácticas sociales –como el consumo, comportamientos conscientes o inconscientes individuales– y la vida material inmediata. En particular, Michel Foucault se interesó por el ejercicio del poder y las relaciones de dominación en las circunstancias banales de lo cotidiano, en la familia, entre padres e hijos, entre hombres y mujeres, entre profesores y estudiantes, y en las instituciones represivas oficiales. 43 42 Zuboff(2019) definió el“capitalismo de la vigilancia” como “un nuevo orden económico que reivindica la experiencia humana como materia prima gratuita para prácticas comerciales disimuladas de extracción, predicción y ventas”. 43 Michel Foucault dedicó sus últimos años de vida al estudio de las prácticas disciplinarias mediante la gestión de la vida individual y social, el control y la regulación de los procesos biológicos de la población por el Estado, en lo que denominó “biopolítica” y“biopoder”(Foucault, 2007). 21 Asimismo, las diferentes generaciones de historiadores que crearon y desarrollaron la escuela francesa de los Annales influyeron en el reconocimiento de la historia cultural como un estudio de las mediaciones (relación dialéctica) entre las condiciones objetivas de la vida de los seres humanos y la manera como ellos y ellas viven sus vidas, mientras generan sus imaginarios en la relación con los objetos materiales. 44 Como vimos anteriormente, las personas construyen un universo de significados mediante la posesión y el uso de las cosas, en sus diversas formas, siendo la forma mercantil la más constante. Los objetos que nos rodean y que elegimos para nuestra cotidianidad representan un vínculo crucial entre nosotros como individuos y la estructura social y económica. La noción de“mentalidad” fue diseminada por esos historiadores para designar formas de conciencia, hábitos de pensamiento, percepciones del mundo, ideologías, que traducen visiones del mundo o sensibilidades colectivas que informan nuestros comportamientos. La mentalidad es un concepto empírico que se propone como más amplio que ideología porque integra lo que no está formulado, lo que se conserva encubierto en la esfera de las motivaciones inconscientes(Vovelle, 1991, p. 19). Si bien el concepto de clase o lucha de clases mantiene su influencia en el pensamiento de diversos historiadores de los Annales, el fenómeno colectivo englobado en el término mentalidades no puede ser reducido a una clase específica(Schöttler, 1995, pp. 79-80). No se puede olvidar que, en la actualidad, la“civilización material” se ha convertido en el centro de la política. La crisis y posterior desintegración de los 44 Los Annales fue una importante revista histórica en Francia, fundada en 1929 por los célebres historiadores Marc Bloch y Lucien Febvre. Durante el periodo que precedió a la Segunda Guerra Mundial, la revista congregó a su alrededor a un grupo de historiadores y de representantes de diversas áreas de las ciencias sociales, bajo el nombre de Escuela o Grupo de los Annales . En 1944, Marc Bloch, miembro activo de la Resistencia francesa, fue asesinado por la Gestapo. Después de la guerra, Lucien Febvre y Fernand Braudel, junto a otros, fundaron la Asociación Marc Bloch, asociación científica que tenía como propósito el estudio de las“civilizaciones”. La asociación retomó la edición de la revista con el nuevo título de Annales , Economies , Sociétés , Civilizations , que permaneció hasta 1994, cuando el nombre fue cambiado a Annales . Histoire , Sciences Sociales . países de economía centralizada puso de manifiesto la fuerza política de los deseos de las personas para integrarse al consumo de masas de bienes y servicios. Algo similar se infiere del reciente proceso de ascensión y caída de los gobiernos progresistas en América Latina, cuyas políticas permitieron el surgimiento de capas que se identifican como“clases medias” y aspiran a frecuentar los espacios del consumo. En Francia, el movimiento social llamado“chalecos amarillos” ( gilets jaunes, en francés) tenía una agenda compuesta por tres puntos esenciales: aumento del poder de compra de los sueldos y pensiones; servicios públicos de calidad y justicia tributaria para el financiamiento de los servicios públicos. El movimiento incluyó a personas que se identifican como“clase media” y se quejan de la pérdida de su poder de compra a causa de la reducción de sueldos y pensiones, lo que no les permite un acceso adecuado a bienes y servicios que consideran necesarios para un estándar de vida decente. El origen histórico de las prácticas de consumo, las instituciones que les dieron forma, la construcción histórica de la identidad del consumidor, así como la integración del consumo en la vida diaria de las personas se convirtieron en temas obligatorios para un pensamiento crítico de la sociedad de consumo con vistas a fundamentar propuestas de cambio de mentalidades. 2.3 La vida material y los tiempos de la vida En su obra La riqueza de las naciones(1776), Adam Smith afirmó que el consumo era el único objetivo y propósito de toda la producción, aunque, en su análisis, el consumo aparece vinculado a formas de sociabilidad consideradas improductivas o nocivas. 45 Es en La teoría de los sentimientos morales(1759) que Smith hizo consideraciones acerca de los impulsos sociales y psicológicos que llevan a las personas a acu45 “El consumo es el único fin y propósito de toda la producción; y el interés del productor debe ser atendido solamente en la medida en que sea necesario para promover el del consumidor. La máxima es tan perfectamente autoevidente que sería absurdo intentar probarla. Sin embargo, en el sistema mercantil, el interés del consumidor es casi constantemente sacrificado por el del productor; y parece ser que se considera la producción, y no el consumo, como el último fin y objeto de toda la industria y el comercio”(Smith, 1976; vol. 2, libro IV, p. 179, traducción mía). 22 mular objetos y cacharritos con los cuales se llenan los bolsillos(Trentmann, 2016b; Smith, 2009, p. 150). Como argumenta Amartya Sen, en la introducción a la nueva edición del libro hoy desdeñado, el marco desarrollado por Adam Smith en el primer libro abarca el análisis posterior de la producción y distribución de la riqueza. Ignorar la relación entre ambos libros supone abandonar las ideas presentadas en La teoría de los sentimientos, como la necesidad de reconocer la pluralidad de las motivaciones humanas, que incluyen tanto empatía como egoísmo; la relación entre ética y economía, y la integración de los mercados en las instituciones en general, para el funcionamiento de la economía. Si bien Smith dejó claro que no es por“la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero que podemos esperar nuestra cena, sino por su interés por su propio bienestar”, tampoco extendió a todos los otros dominios de la economía la búsqueda de ventajas personales, el interés propio, como la única motivación humana(Sen, 2009, p. 10). Entender el consumo contemporáneo implica encontrar las articulaciones entre una cultura material altamente desigual y el sistema político-social del cual la cultura es parte integrante. Es decir, el consumo humano, como práctica social en el sistema de producción capitalista, no puede ser analizado como un hecho en sí, disociado de las estructuras de poder y dominación que influyen críticamente en la vida material cotidiana. La literatura acerca de la cultura material y de la vida cotidiana es tan abundante que es difícil imaginar que tiene pocas décadas. Su inicio está asociado a los historiadores de los Annales, más precisamente a Fernand Braudel, quien en 1952 recibió el encargo de escribir una historia económica de la Europa preindustrial. Después de hacer una lectura crítica de historiadores y economistas, decidió incluir la vida cotidiana de las personas comunes, como una instancia de la vida material cuyo ritmo es dictado por“aspectos de la vida que nos controlan sin que seamos conscientes de ellos: hábitos o, mejor dicho, rutinas…” (Braudel, 1977, pp. 6-7). La vida material La vida cotidiana está llena de un sinnúmero de actos acumulados y reiterados que se convierten en hábitos que nos ayudan a vivir; nos limitan, pero tornan nuestras decisiones más fáciles, porque son ellos los que deciden. Para Braudel, ese cotidiano irreflexivo constituye la“vida material”.“Esta vida material, tal como yo la entiendo, es la vida que el ser humano, a lo largo de su historia previa, tornó parte de su propio ser, de cierta manera fue absorbido en sus entrañas, transformando los experimentos y experiencias emocionantes del pasado en necesidades banales de todos los días, de forma que nadie más se fija en ellas” (Braudel, 1977, pp. 8). 46 Posteriormente, Braudel fue criticado por analizar la vida cotidiana, el mercado y la política como esferas apartadas, sin investigar sus interacciones, así como por desconsiderar los aspectos dinámicos de la vida de todos los días. 47 Además, este autor describe la vida material y la cuantifica, pero los actores y, principalmente, las“actrices” son poco mencionados. 48 Su obra tuvo dos grandes méritos: introducir lo cotidiano en la Historia y tomar en cuenta al resto del mundo para complementar una visión eurocéntrica de la historia preindustrial. Braudel no analizó el consumo, pero sí los objetos de la vida material en el mundo preindustrial: la alimentación, el vestido, la ornamentación corporal, la vivienda y los transportes. 49 En cada uno de esos grandes conjuntos, Braudel discutió el cambiante sentido de lo superfluo, conforme un producto deja de ser escaso, de lujo y privilegio de pocos para estar disponible para el consumo de muchos y tornarse parte del consumo necesario para la reproducción de la vida. En Europa, antes del siglo XVI, el azúcar era un lujo, así como los platos hondos, los tenedores y los vasos de vidrio. 50 46 La metodología de los Annales facultó a los historiadores la utilización de fuentes documentales como diarios de personas ordinarias, partidas de nacimiento, testamentos, entre otras, que anteriormente no tenían valor literario o histórico. 47 Braudel dividió su Civilización material, economía y capitalismo: siglos XV-XVIII , en tres volúmenes: 1. Las estructuras del cotidiano: el posible y el imposible; 2. Los juegos del intercambio; y 3. El tiempo del mundo. 48 En todo el primer volumen, en el original francés, a lo largo de más de 600 páginas, se utiliza el término abstracto“hombre”( homme ) y la palabra“mujer”( femme ) raramente aparece. 49 El primer volumen de la obra monumental Civilización material, economía y capitalismo, siglos XV-XVIII fue publicado en Francia en 1967, pero en la introducción, Braudel delinea la génesis de la obra a partir de 1952(Braudel, 1984). En el vol. 1, el autor también incorpora la energía, la tecnología, la moneda y las ciudades. 50 Trentmann(2016b) indicó que, desde Platón en la Grecia antigua, pasando por san Agustín y escritores del Renacimiento italiano, la crítica moral al consumo siempre condenó el afán de tener cosas como peligroso y corruptor de las almas 23 En contraste con la historia social tradicional, en la historia de la vida cotidiana, los cambios y continuidades son entendidos como el resultado de acciones de grupos e individuos concretos. El objetivo es demostrar cómo las imposiciones o los incentivos sociales son percibidos y procesados, generando intereses y necesidades, ansiedades y esperanzas.“Para ponerlo de una manera diferente: el foco se dirige hacia las formas por las cuales las personas se‘apropian’ de –mientras simultáneamente transforman–‘su’ mundo”(Lüdtke, 1995, p. 7). Como sujetos históricos, es a partir de la vida material en su cotidiano que los individuos construyen los modos en que perciben la red de relaciones sociales en que actúan. Como ya fue señalado, antes de los ochenta, la mayor parte de los estudios de la vida material se concentró en los espacios del consumo(tiendas departamentales, exposiciones internacionales, restaurantes, cafés, entre otros), las instituciones que favorecieron el consumo, y los cambios tecnológicos y del proceso de trabajo que aumentaron la escala de la producción y la diversificación de productos para crear un mercado de consumo de masas. Vista mayormente del lado de la oferta, la expansión del consumo reflejaba decisiones tomadas por empresarios clarividentes. El consumidor, como un ser pasivo, se adhería a las propuestas de los manipuladores de mentes y corazones, y se dejaba conducir por los medios de la cultura de masas. Fue hasta fines de los setenta cuando el interés multidisciplinario por el consumo, surgido de los estudios culturales y sociales, comenzó a rescatar la autonomía de los deseos y las necesidades de los consumidores e introdujo complejidad en las relaciones entre producción y consumo(Brewer y Porter, 1993; Trentmann, 2016a). La suma de ambas perspectivas reforzó la percepción del capitalismo como una máquina de creación incesante de necesidades y de manipulación de los deseos humanos. 51 El consumo, sin embargo, dejó de ser visto como una respuesta mecánica, automática, a los nuevos productos y cambios de precios. El consumo es más que la compra de objetos, porque engloba el imaginario, deseos, afectos, apariencias, construcción de representaciones de uno ante los otros, necesarios para la inserción en los grupos sociales a los que uno pertenece o a los que quiere pertenecer: involucra relaciones de privilegio y control social, pero también emociones y experiencias individuales. En particular, la discusión sobre el origen de la sociedad de consumo está asociada a un debate más amplio sobre los determinantes del capitalismo industrial en Occidente y la narrativa de la Revolución Industrial en Gran Bretaña. Los estudios de la vida material en Holanda e Inglaterra de los siglos XVII y XVIII encontraron indicios de una relación dinámica entre la manufactura de bienes de consumo y la demanda local por esos bienes. De cierta manera, un consumo incipiente“de masas”, solventado por manufacturas artesanales, antecedió a la producción industrial en masa apoyada en energía a vapor derivada del carbón. La expansión del interés de los consumidores por buenas prendas de vestir, confort doméstico, porcelanas, relojes, así como por azúcar, café, té, chocolate y tabaco, configuró los que algunos autores llamaron la revolución del consumo o revolución industriosa, que precedió a la Revolución Industrial o que, más bien, interactuó con otros factores que resultaron en esta (De Vries, 2008; Rybczynski, 1986). Estudios iconográficos, testamentos y documentos jurídicos llamaron la atención de los historiadores por la profusión de objetos materiales que comerciantes, artesanos y los habitantes de las ciudades en general lograban acumular en las sociedades precapitalistas. En el estudio sobre la vida material holandesa en el siglo XVII, presentado en el libro sobre“el malestar de la riqueza”, Simon Schama describió la extensión del confort material del que los burgueses holandeses disponían en sus casas. La opulencia material mostrahumanas. Las palabras lujo y lujuria tienen el mismo origen etimológico( luxus ). Cosimo Perrotta(2004) tomó prestadas de Eli Heckscher las expresiones“hambre de bienes” y“miedo de los bienes” para su estudio de las reacciones ante el consumo y la riqueza material en el pensamiento clásico desde Hesíodo hasta Adam Smith. 51 El marketing nació en Estados Unidos a principios de la década de 1920, periodo en el cual se combinaron las grandes empresas, productos de masa, nuevos circuitos de distribución (grandes tiendas, venta por correspondencia, cadenas), publicidad y la creación de marcas registradas. A partir de los años cincuenta, modelos teóricos de diversas disciplinas –psicoanálisis, psicología social, sociología, economía y, después de 1970, enfoque cognitivo, antropología, semiología– fueron empleados para entender las motivaciones de los consumidores, construir canales de difusión y comprender cómo una publicidad puede actuar sobre su clientela. 24 da en las pinturas de la época cuestionaba las ideas de Max Weber sobre el ascetismo de las clases burguesas como una precondición para la acumulación capitalista(Schama, 1987, citado por Agnew 1993, pp. 19-20). Se puede decir que la sociedad de consumo empezó a gestarse a fines del siglo XVII y principios del XVIII, junto al naciente capitalismo industrial. En ella, el consumo pasó a tener un rol sistémico que se acentuó con la progresiva expansión del capitalismo. Historiadores y antropólogos mostraron el impacto de la abundancia material en las transformaciones sociales que ocurrieron en la Inglaterra del siglo XVIII, cuando las clases medias tuvieron condiciones para imitar los gustos y adquisiciones de las clases aristocráticas y burguesas. El mérito de esos estudios fue transformar al consumidor de un agente pasivo en un importante actor de la historia cultural y social. Como lo reconoció una autora, hasta el capitalismo industrial, la historia del consumo es una historia de discontinuidades(McCabe, 2015, p. 3). En los periodos anteriores al siglo XIX, en algunos países europeos y en China, el consumo y la acumulación de objetos se concentraban en las élites aristocráticas y burguesas. Si bien hay evidencia de la autonomía de los deseos de confort y el gusto por nuevos productos en las sociedades precapitalistas, es solo hasta que las empresas industriales pueden suministrar nuevos bienes en escala masiva, con cierta frecuencia, regularidad y continuidad, que la cultura material se generaliza y se homogeneiza. A fines del siglo XIX, nuevas fuentes de energía, innovaciones en máquinas y procesos productivos promovieron cambios en la organización del trabajo, posibilitando formas más intensivas de explotación del trabajo humano. Nuevas instituciones, principalmente financieras, impulsaron la producción de bienes manufacturados, a fin de mantener un flujo continuo de nuevos productos, en cantidad y precios suficientes para instaurar un consumo de masas. De esta manera, los factores de la demanda y de la oferta se retroalimentaron e impulsaron la creación de una sociedad de consumo de masas. Trentmann(2016a) enfatiza la importancia de las políticas del Estado, intencionales o no, para la ampliación del mercado de consumo. Desde la brutal intervención de los imperios coloniales, el trabajo esclavo y servil en las plantaciones de café, azúcar, algodón y cacao, entre otras, hasta las políticas de créditos y subvenciones para la vivienda, inversiones en infraestructuras varias y de comunicación, sistemas de pensiones y políticas sociales, los Estados siempre actuaron a la par del mercado y las empresas privadas para expandir la sociedad de consumo. El concepto de una sociedad de consumidores tiene implicaciones amplias al caracterizar jerarquías sociales en las que las expectativas, esperanzas y miedos, prospectos de integración, armonía y disolución pasan a depender cada vez más de la operación tranquila y de la expansión continua de un sistema de bienes (Brewer y Porter, 1993, p. 2). 52 Los estudios sobre la vida material y cotidiana procuran entender las circunstancias materiales de la existencia cotidiana de personas ordinarias, y trascender las fronteras convencionales entre lo privado y lo público, para una articulación más efectiva entre las esferas culturales y políticas. El propósito de estos estudios es enriquecer los análisis tradicionales de las ciencias sociales, basados en la identificación de estructuras, procesos y patrones, al introducir las experiencias cotidianas de las personas –con sus necesidades, deseos y en sus situaciones concretas de vida– con la intención de presentar los procesos estructurales del cambio social con un mayor alcance. Al incluir en la Historia la vida banal de personas ordinarias, sus memorias, sus alegrías, ansiedades y esperanzas, los estudiosos expresan la ambición intelectual de romper la dicotomía entre factores objetivos, materiales, estructurales o institucionales y los subjetivos, culturales, simbólicos o emocionales(Lüdtke, 1995). Sin embargo, como se preguntó Norbert Elias,¿qué es la vida cotidiana? Lo cotidiano estuvo incluido en su propia obra, a partir de la historia de la creación de los hábitos formales“civilizados” en las cortes europeas y el proceso de adopción de las nuevas disciplinas por las capas subordinadas en un proceso de imitación y emulación social. Así abordó este autor los cambios en el comportamiento de las clases aristocráticas seculares, en hábitos tales como el comportamiento en la mesa, las formas de utilizar los cubiertos, las maneras de realizar actos naturales, como sonarse la nariz, escupir y otras necesidades fisiológicas, funciones 52 En inglés se utiliza la expresión sociedad del consumidor ( consumer society ) en lugar de sociedad de consumo( consumption society ). 25 que eran desempeñadas en público y que se tornaron privadas. 53 Elias critica la noción de la vida cotidiana, utilizada como un campo disciplinar, porque contiene implícitamente la idea de que existen en ella particularidades autónomas que serían totalmente diferentes de las de otros dominios de la vida en sociedad, y quizás en contraste con ellos. En realidad, considerando la vida colectiva de los hombres como un aspecto de su vida cotidiana, se constata de manera particularmente pertinente a qué punto la estructura de la vida cotidiana no se distingue como una estructura especial más o menos autónoma, sino que integra la estructura de un estrato social determinado, que, a su vez, está incluido en las estructuras de poder de la sociedad en su totalidad(Elias, 1995, p. 240). La crítica de Elias es oportuna porque los historiadores de lo cotidiano, y en especial en los estudios del consumo en lo cotidiano, se enfrentan a la dificultad de enlazar la microhistoria con los grandes temas y categorías del análisis histórico y social: la formación de las clases sociales, las fuentes del poder económico y su acción para impedir el cambio social y político. Ese trabajo pionero lo hizo el filósofo marxista Henri Lefebvre. En 1958, Lefebvre inició su monumental obra dedicada a la rehabilitación de la vida cotidiana como la base esencial de la vida material humana. Lefebvre utilizó el marxismo como conocimiento crítico, desmitificador de la vida cotidiana. 54 En su primer intento, el sociólogo abordó la vida cotidiana, de la cual la ambigüedad y la contradicción son partes esenciales, como el espacio de reapropiación por parte de las personas de su propia existencia, en sus relaciones con las cosas, con vistas a desreificar la realidad social. Al mismo tiempo, la vida cotidiana significa la repetición, la rutina, la monotonía de la cual las personas quieren evadirse por el sueño, por las formas de entretenimiento que el mercado ofrece, como las telenovelas, las películas seriadas, los innumerables espectáculos deportivos. 53 El estudio de Norbert Elias sobre la emulación de los comportamientos de las cortes aristocráticas por los burgueses influenció los estudios de consumo(Elias, 2000). 54 El libro fue escrito entre el verano y el otoño de 1945 y publicado por vez primera en 1947, según nota del autor(Lefebvre, 1958, p. 9). En el prefacio a la segunda edición del primer volumen de la Crítica de la vida cotidiana, Lefebvre utiliza dos citas de Lenin acerca de la importancia de Marx para hacer trascender la teoría económica en la explicación del capitalismo. 55 Según Lenin, el éxito de El capital se debe a que ha“revelado al lector toda la formación social capitalista como una cosa viva, con los hechos de la vida corriente”. Marx, en El capital, analiza primero lo que existe de más simple, de más habitual, de fundamental, de más frecuente en las masas y en la vida cotidiana, lo que se encuentra a todo momento, las relaciones de intercambio comercial en el régimen burgués, el intercambio de mercancías. Su análisis discierne en este fenómeno elemental[…] todos los antagonismos(o los embriones de todos los antagonismos) de la sociedad contemporánea(Lefebvre, 1958, p. 9). Menos de quince años después de terminada la Segunda Guerra Mundial, Lefebvre notó la fuerza de las nuevas necesidades sociales que habían sido redefinidas por la disponibilidad de bienes destinados a mejorar la vida material de todos los días. En las casas de campesinos ya había estufas eléctricas, mientras al mismo tiempo la propiedad y la vivienda necesitaban reparaciones. En el interior de las casas de obreros, aparecían lavadoras, televisores y autos. Él sugiere que“[l]ejos de suprimir la crítica de la vida cotidiana, el progreso técnico moderno la realiza. A la crítica de la vida por el sueño, o las ideas, la poesía, o las actividades que emergen por encima de lo cotidiano, esta tecnicidad reemplaza la crítica interna de la vida cotidiana: su crítica por ella misma, la de lo real por lo posible y de un aspecto de la vida por otro aspecto” (Lefebvre 1958, p. 16). 55 Otra corriente de estudio de la vida cotidiana, con autores como Michel Maffesoli y Michel de Certeau, critica la visión marxista de Lefebvre como una actitud del modernismo, que busca imprimir una dirección y una finalidad histórica al presente para darle un sentido. Al contrario, la crítica posmoderna intentó eliminar el referente histórico para una aceptación de la fragmentación de la vida cotidiana. En el“posmodernismo” predomina un rechazo a hipotecar el presente por un futuro lejano, a delegar la libertad en la esperanza de un proyecto de futuro y la afirmación de un presente, de lo instantáneo como plenitud de la vida. Lo cotidiano debe ser comprendido tal cual es y no como debería ser. La vida cotidiana es un espacio de evasión en el cual los individuos buscan utilizar su creatividad e invención para enfrentar las presiones sociales y políticas (Carretero Pasin, 2002). 26 Más tarde en su vida, Lefebvre perdió parte de su optimismo, dejando de ver lo cotidiano como el espacio de una ambigua libertad, para convertirlo en“la plataforma sobre la cual se erige la sociedad burocrática del consumismo controlado”(Lefebvre, 1983, p. 9). La vida diaria se define como el denominador común de las actividades y el locus de las funciones humanas. Asimismo, lo cotidiano representa el aspecto uniforme de los más importantes sectores de la vida social: trabajo, familia, vida privada, ocio, y todos ellos comparten la misma característica, una pasividad organizada. Sin embargo, el sociólogo destaca que la distribución de esa inercia no es igualitaria, porque lo cotidiano no tiene el mismo peso para todos los grupos sociales. Algunos grupos, como las mujeres, los trabajadores y los empleados de servicios banales, están entre los más penalizados(Lefebvre, 1983, p. 10). De acuerdo con Lefebvre, es esencial asegurarse de que las diferentes dimensiones de lo cotidiano, que tienen consecuencias significativas en las narrativas del consumo, no sean ignoradas. Entre otras, se debe volver a plantear la cuestión: ¿lo cotidiano de quién? Para contestar esa pregunta, es esencial incluir las relaciones de género, de clase, raza y etnia en la historia de la vida material cotidiana. Porque si bien las mujeres siempre estuvieron escondidas en la Historia de los grandes eventos, en la vida cotidiana están conspicuamente presentes, en la producción y reproducción de la vida en los hogares, en la esfera de las relaciones informales y privadas, al margen del ámbito del poder y de la esfera“pública”. 56 Además, el consumo en los hogares tiene una clara dimensión de género. En la literatura de ficción y en el imaginario colectivo, los personajes femeninos están asociados a gastos de lujo, compras compulsivas, obsesión por la moda y las rebajas de productos innecesarios. En un nivel más profundo, se pueden leer esas metáforas sexualizadas, aplicadas a la circulación y el consumo de bienes, como vagas expresiones de relaciones sociales que confieren al hombre el rol de proveedor y a la mujer el de consumidora(De Grazia, 56 Las oposiciones binarias en el discurso político y filosófico han sido rechazadas porque no son adecuadas para explicar las complejidades de la realidad social. Sin embargo, a pesar de las imprecisiones, la ideología de esferas separadas para hombres y mujeres reflejó la nueva realidad de género en la sociedad industrial(Strasser, 2000, p. 11). 1996, pp. 2-3). La familia, como una institución multiforme, es el espacio en que los recursos derivados de una forma de poder –el poder de compra adquirido y ejercido en el mercado– son reorganizados para definir identidades, un sentido de estatus y reivindicaciones de derechos(De Grazia, 1996, p. 8). Desde fines de los sesenta, economistas feministas marxistas empezaron a contestar la lógica de los marxistas tradicionales, desplazando el foco de las cuestiones de explotación desde las relaciones de producción en las plantas industriales hacia la reproducción social –la legión de actividades y condiciones básicas para la existencia humana que deben ser satisfechas como condición previa a las relaciones de producción. Asimismo, las cuestiones relacionadas con la reproducción social y los vínculos entre la división“sexual” del trabajo en los hogares y las relaciones de clase se transformaron en temas de articulación entre los movimientos sociales y los análisis de las relaciones patriarcales en la sociedad. 57 Salta a la vista que la vida cotidiana se compone principalmente de tareas rutinarias de producción, mantenimiento, organización del consumo, suministro de servicios básicos en los hogares, que gravitan sobremanera, y en todas las sociedades, en torno del trabajo de mujeres, si bien con amplias diferencias según las clases sociales en el empleo del tiempo personal y en la utilización del trabajo pagado para la ejecución de las tareas más desagradables. Como ilustración, no se puede olvidar que la alimentación constituye un rasgo central de la cultura material. Las mujeres siempre fueron(y siguen siendo) productoras imprescindibles desde la producción agrícola, la selección de los alimentos primarios, la invención de formas de procesarlos, el uso del espacio y los equipos para la preparación y la ingestión de las comidas, y la distribución de la comida preparada a los miembros de la familia 57 Cabe mencionar un movimiento, hoy olvidado, denominado los Situacionistas, cuyo planteamiento de la vida cotidiana influenció el propio Henri Lefebvre. Los Situacionistas fueron intervencionistas culturales que surgieron a mediados de los años cincuenta a partir de remanentes de grupos de artistas vanguardistas de inspiración surrealista y antifuncionalista, Uno de los principales autores fue Guy Debord, que definió su época como La Sociedad del Espectáculo, el momento histórico en el cual la lógica del capitalismo había colonizado todas las relaciones sociales y culturales, la totalidad de la vida cotidiana(Kaplan y Ross, 1987; Debord, 1995; McDonough, 2002). 27 y las comunidades. Es revelador de las cuestiones de género que este hecho relevante haya sido ignorado por historiadores, antropólogos y sociólogos en los estudios de la vida cotidiana por largo tiempo. 58 En los países industrializados, los hogares dejaron de ser centros de producción, aunque todavía lo sean en gran parte de los países periféricos: en África y en partes de América Latina y Asia, donde las mujeres aún cocinan con carbón y lavan la ropa en tablas de lavar, con un mínimo de productos procesados industrialmente. En la medida en que la producción de bienes y servicios, anteriormente proveídos en los hogares, fue transferida a empresas privadas y el Estado, la mayor parte de lo que se consume en los hogares pasó a ser adquirido en el mercado o suministrado por el sector público. 59 Consecuentemente –o, más bien, en una interacción causal entre necesidades materiales y desarrollo industrial–, con el tiempo se debilitó la autonomía de los hogares y aumentó la monetización de la reproducción social, al exigir que uno o más componentes de la familia se transformasen en trabajador a sueldo, en el mercado. Para la economía convencional, los hogares son centros de consumo y de oferta de mano de obra. Sin embargo, existen evidencias de que aun en los hogares de geometría variable ubicados en los países de industrialización madura se realizan operaciones de producción o de finalización de productos industriales adquiridos en el mercado: es el caso de comidas que necesitan recalentarse, muebles y equipos que deben ser desempacados, sus piezas individualizadas para posteriormente ser ensambladas. 60 En la econo58 Strasser(2000, p. 5) comenta que cuando ella publicó su libro, en 1982, los estudios en la literatura de historia social sobre la sociedad desde abajo incluían a las mujeres como trabajadoras en diferentes momentos históricos, pero se olvidaban del trabajo doméstico, la principal actividad de más de la mitad de la población mundial. 59 En su propuesta de una“revolución industriosa”, Jan de Vries se basa en la teoría de Gary Becker para estudiar la relación entre los hogares y la economía de mercado. Él definió el hogar familiar como“una entidad que realiza funciones de reproducción, producción, consumo y redistribución de recursos entre sus miembros, así como transmisión de riqueza entre generaciones”(De Vries, 2008, p. 10). 60 El tamaño y la composición de los hogares sufrieron grandes transformaciones en los últimos cincuenta años dejando ellos de estar directamente asociados con la familia nuclear o aún menos con personas relacionadas por el matrimonio. mía del autoservicio, el trabajo no pagado de miembros de hogares diversificados es cada vez más utilizado para hacer funcionar los cajeros automáticos en los bancos, en compras de supermercados y otros bienes y servicios por internet, programación de viajes, etc. Los hogares guardan, por lo tanto, un doble carácter de producción y consumo. Según Susan Strasser(2000), la historia de la industrialización y sus efectos perturbadores en la cotidianidad de las personas puede trazarse a partir de la historia del trabajo doméstico de millones de mujeres. Es innegable que, desde fines del siglo XIX, nuevos productos y servicios incidieron positivamente en la naturaleza, composición y duración de las tareas domésticas. Inicialmente limitados a los sectores más pudientes de las sociedades europeas y de Estados Unidos, el gas, la electricidad, el agua corriente, las comidas preparadas, prendas confeccionadas, muebles y utensilios industrializados, con la producción en masa de las primeras décadas del siglo XX, fueron extendidos a amplios sectores de la población estadounidense(Strasser, 2000, p. 11). En Europa, la generalización del consumo de esos bienes y servicios fue alcanzada hasta fines de los años cincuenta. En Japón, el aumento del consumo de bienes para ahorrar tiempo en las tareas domésticas solo se verificó a partir de los setenta(Francks y Hunter, 2012). En América Latina, en África y en muchas partes de Asia, una proporción sustancial de las poblaciones todavía no tiene acceso a los bienes y servicios esenciales para que todos y todas puedan tener confort en la vida material; no obstante, ya sea con productos usados, donados o comprados, la mayoría de los electrodomésticos del siglo XIX ya son de uso generalizado en todos los hogares del planeta. En su historia de los cambios tecnológicos introducidos en la vida diaria de los hogares, Witold Rybczynski(1986, p. 230) advierte que el confort es una invención, un artificio cultural, que tiene un pasado y no puede ser comprendido sin referencia a su historia específica. 61 Como arquitecto, Rybczynski criticó el modernismo arquitectónico por su negligencia con 61 La palabra“confortable” proviene de la raíz latina confortare , que quiere decir fortalecer o consolar. Fue solamente en el siglo xviii que se empezó a utilizarse confort para significar un nivel de amenidad doméstica(Rybczynski, 1986, pp. 22, 23). 28 el confort de los usuarios al privilegiar la forma sobre la función. El confort es una idea con diversos significados en diferentes tiempos: privacidad, intimidad, eficiencia y conveniencia, pero no debe ser confundida con la evolución de la tecnología aunque esté estrechamente vinculada a ella. En su teoría del consumo, Tibor Scitovsky(1976) separó la utilidad para el consumidor en dos partes: la búsqueda del confort y la búsqueda del placer. Mientras el deseo de confort puede ser satisfecho, el deseo de placer no conoce límites. Existen evidencias empíricas de que profundas transformaciones ocurrieron en la naturaleza del trabajo de las mujeres en los últimos 100 años, con la consecuente reducción del tiempo empleado en tareas extenuantes y aburridas que ejercían como sirvientas pagadas en las residencias burguesas o como sirvientas no pagadas en sus propios hogares. La introducción de nuevas tecnologías que ahorran tiempo en los trabajos domésticos, insertas en máquinas y utensilios domésticos, comida procesada, productos químicos, junto con un conjunto diversificado de servicios privados y públicos, incentivó a las mujeres de clase media a participar en el mercado de trabajo, sin que los hombres tuviesen que asumir más tareas en los hogares. Los productos electrodomésticos y la comida industrial inciden en el medio ambiente y en la salud humana, pero su consumo es necesario para ahorrar tiempo dedicado a las actividades domésticas, incluida la elaboración de alimentos. Además, la reducción del tiempo empleado por las mujeres en las tareas domésticas incidió en los términos de las negociaciones en el interior de los hogares sobre la distribución del tiempo de mujeres y varones entre trabajo fuera de casa, trabajo en la casa y tiempo de ocio, aunque permanecen incuestionables asimetrías entre hombres y mujeres en el uso del tiempo personal, con las mujeres disfrutando menor tiempo de ocio(pobreza de tiempo). 62 Existen abundantes evidencias de que las mujeres acumulan por lo menos dos turnos de trabajo, uno en el mercado y otro en sus casas. No se puede dejar de reconocer el impacto positivo de la tecnología en la reducción del tiempo dedicado a tareas como limpieza y mantenimiento de la vivienda y su contenido, preparación de la comida, lavado y 62 Todas las encuestas de uso del tiempo exhiben evidencias de la desigualdad en la distribución de los tiempos en los hogares entre hombres y mujeres. planchado de ropa de cama, vestidos, etc. Sin embargo, investigaciones del uso del tiempo confirman que esa reducción fue compensada por un mayor tiempo dedicado a las funciones de cuidado de niños, niñas y adultos en condiciones de dependencia o vulnerables, además del tiempo dedicado a adultos independientes(compañeros e hijos varones). Históricamente, fueron necesarios cambios en la organización espacial de las viviendas y en el tiempo dedicado a las actividades físicas de limpiar, cocinar, lavar y planchar, etc., para que los cuidados a los seres humanos y no humanos se volviese la ocupación principal del tiempo de las mujeres en los hogares multigeneracionales (Ventura-Dias, 2011). Se requiere una mejor comprensión de los hábitos y rutinas cotidianos para entender la importancia de formas más intensas de confort y conveniencia en las residencias(iluminación, calefacción, ventilación, agua corriente, etc.).“Es precisamente la utilidad de tales formas habituales de consumo y su‘normalidad’ que hace difícil cambiarlas. Esto no quiere decir que no se debe intentar transformarlas, pero el punto de intervención debe ser lo de las prácticas sociales –lo que las personas hacen con las cosas y los recursos–, no moralidades o motivaciones individuales”(Trentmann, 2016a, p. 15). Y entre los recursos más escasos, si podemos considerarlo así, está el tiempo. Los tiempos de la vida Esos hábitos y rutinas que componen la vida cotidiana se organizan en tiempos más o menos regulares que dividen las actividades sociales según principios históricamente definidos. Pensar las prácticas sociales en términos del tiempo permite una comprensión más profunda de las interacciones entre las cuestiones ambientales, económicas, políticas y socioculturales. El tiempo marca las experiencias cotidianas de diversas maneras. En general, el tiempo se refiere al ritmo y duración de los acontecimientos, y a la rutina como una sucesión ordenada de eventos determinados en la vida diaria. La producción de los insumos utilizados en el proceso de producción y consumo de la vida material requiere tiempo, como también el consumo ocurre en un tiempo. El uso del tiempo por parte de las personas es una variable importante para problematizar los cambios en las modalidades de consumo(Cogoy, 1999; Steedman, 2001). El tiempo no es una realidad preestablecida en sí, anterior y exterior a la práctica social o al proceso his- 29 tórico. Bourdieu decía que la práctica no está en el tiempo, sino que ella hace al tiempo. Como propone un autor colombiano, Ricardo Uribe, el tiempo cotidiano debe ser visto como una dimensión dinámica, que se temporaliza por las prácticas, las interacciones sociales, las actitudes subjetivas que se revelan frente al tiempo objetivo definido por relojes, cronómetros y calendarios(Uribe, 2016, p. 14). Cada cultura tiene su concepción del tiempo. Y nuestra cultura de masas –y de vivir en un tiempo real acelerado– no es excepción(Ventura-Dias, 2017). El tiempo objetivo, mensurable, permite un control del tiempo y la sincronización de las acciones de las personas. Un tiempo que empezó hace poco tiempo. En el mundo rural, el tiempo era medido por los eventos naturales: el amanecer, la salida del sol, el mediodía, el atardecer, la puesta del sol y la noche oscura que invita al sueño. Como sugirió Norbert Elias, los relojes son procesos físicos que la sociedad estandarizó para medir el tiempo mediante una descomposición en secuencias-modelo de recurrencia regular, como horas, minutos y segundos(Elias, 1992). La medición del tiempo es, al final, solo un aspecto del significado del tiempo y de la gran variedad de percepciones y usos del mismo. Sin embargo, sin un lenguaje común de la medición del tiempo, sin un acceso generalizado a instrumentos precisos para proveer indicaciones uniformes de localización en el tiempo y sin una disciplina del tiempo, la vida y la civilización urbana serían imposibles, porque todo lo que hacemos depende en cierta manera de ir y venir, encontrarse y partir(Landes, 2000, p. 2). Hablar de la escasez del tiempo y el ritmo acelerado de la vida urbana en la modernidad madura es un lugar común. Desde esa perspectiva, la civilización material en sociedades de consumo opulentas, orientada por la competencia de todos contra todos y gratificaciones inmediatas, se tornó demasiado acelerada para permitir una calidad de vida personal, así como para lograr metas de sostenibilidad ambiental (Ventura-Dias, 2017). Los movimientos sociales ecológicos intentan comunicar la importancia de reducir la velocidad de la vida para construir relaciones humanas más sólidas, con campañas para que las personas adopten una nueva simplicidad de vivir, incluyendo hábitos de consumo más frugales. Sin embargo, como fue planteado anteriormente, la vida material cotidiana no otorga a las personas la autonomía necesaria para enfrentar ese tipo de opción. La ordenación de los tiempos del trabajo, de ocio y de cuidados responde a necesidades estructurales que se contraponen a las exigencias relacionales humanas. El tiempo puede ser percibido como un hecho inevitable de la vida al cual debemos someternos y que no amerita ser investigado, o bien, puede ser conceptualizado como una construcción social que puede ser transformada. El tiempo de la vida de cada persona puede verse como limitado por dos simples acontecimientos, el nacimiento y la muerte, y entre esos dos eventos, lo cotidiano se organiza mediante un conjunto de rutinas ordinarias, como dormir, comer, trabajar, con intervalos de ocio que son llenados por actividades pasivas, como mirar noticieros en la televisión o en las redes sociales; o más activas, como la práctica de deportes. Sin embargo, pensar el tiempo de la vida significa pensar la vida en términos de dinámicas de lo fortuito, destacando ritmos, cambios, demoras, coincidencias, frecuencias y contingencias que permean la historia de cada vida. En la economía capitalista, la distribución del tiempo personal está subordinada al tiempo dedicado al trabajo para otros. Con la industrialización, el proceso de trabajo que consistía en la producción de insumos completos en los hogares( cottage industry) se transformó en un trabajo cronometrado en plantas industriales. El tiempo fue despojado de cualquier determinación concreta y pasó a ser percibido como una mercancía en el proceso productivo, con un costo a ser reducido. 63 Desde la introducción de los métodos tayloristas, el aumento de la productividad del trabajo se orientó hacia la producción de más cosas en menos tiempo por unidad producida. 64 Máquinas, nuevas fuentes de energía y tecnologías más eficien63 Gary Becker(1965), que introdujo el estudio del uso del tiempo en la economía convencional, analizó la“productividad del tiempo de consumo” derivada de la creación de supermercados, píldoras de dormir, teléfonos, etc. 64 Araujo(2011) invoca los distintos usos y percepciones del tiempo en los obreros y los burgueses retratados por Émile Zola, a fines del siglo XIX en su obra Germinal , tanto por la duración y control del tiempo del trabajo, como por la localización, duración y contenido del tiempo libre. En la narrativa de Zola, se destacan la experiencia subjetiva de los sujetos y su relación con el sistema de organización social estructurado para responder a la lógica de la industrialización, y la experiencia objetiva de desposesión del tiempo de los obreros, ante la estructura social dominante que se impone en el habitus . 30 tes permitieron que un número cada vez mayor de cosas fuese producido por menos trabajadores y en menos tiempo. Como consecuencia, entre 1870 y 1930, en casi todos los países, los trabajadores lograron una reducción de la jornada laboral de más de 60 a cerca de 47 horas semanales, y posteriormente a la semana de 40 horas, aunque en diversos países latinoamericanos, la semana laboral es de al menos 48 horas(Bolivia, Colombia, Costa Rica, México, Uruguay, entre otros). 65 Con excepción de Estados Unidos, en las primeras décadas del siglo XX, los gobiernos empezaron a introducir legislación para obligar a las empresas a conceder un número mínimo de semanas de vacaciones, de días feriados pagados, licencia por enfermedad, variables según el país. 66 La reducción de las horas trabajadas anualmente parecía constituir una tendencia que llevaría a materializar las aspiraciones del economista John Maynard Keynes y de otros en el sentido de que el gran reto de los seres humanos, en las primeras décadas del siglo XXI, sería cómo usar el tiempo de ocio derivado de la nueva libertad respecto a las preocupaciones económicas urgentes para vivir de forma juiciosa, agradable y buena(Keynes, 1930, p. 367). Sin embargo, como propone Hunnicutt(2013), al contrario del problema del“ocio” de Keynes, la realidad del mundo del trabajo muestra un“hambre de tiempo” entre los trabajadores. Voluntaria o involuntariamente, en las sociedades ricas, las personas están trabajando un número de horas mayor que las que laboraban sus padres en el pasado. Esto sin dejar de reconocer que el desempleo y el subempleo coexisten con el sobretrabajo. Por una parte, las personas valoran los bienes y servicios más que el tiempo de ocio y están dispuestas a trabajar más para mantener un poder de compra adecuado a un nivel de vida de clase media. Por otra parte, las empresas presionan en favor de la“flexibilización” del tra65 La primera convención internacional sobre las horas de trabajo, que estipula el principio del día de ocho horas y la semana de 48 horas, para los trabajadores en manufacturas, es de 1919, fecha de la creación de la Organización Internacional del Trabajo(OIT), mientras que la semana de 40 horas fue adoptada como patrón en 1935(Lee, McCann y Messenger, 2007, pp. 1, 8-9). 66 Estados Unidos es el único país donde no existe legislación laboral nacional que obligue las empresas a vacaciones pagadas. La negociación es directamente entre trabajadores y patrones, con evidentes asimetrías de poder entre empleados y empleadores. bajo, exigiendo que los trabajadores estén disponibles 24 horas al día, siete días a la semana(24/7), mientras que el comercio electrónico permite el consumo de bienes y servicios 24 horas al día, siete días a la semana(Crary, 2013; Hyman, 2019; Sennett, 2006). A lo largo de su historia, el capitalismo continuamente ha debilitado el valor del trabajo. En la actualidad, la exigencia de total flexibilidad en los procesos de contratación y despido, en los horarios aleatorios de los empleos y en la evaluación del trabajo como un costo que debe ser reducido por todos los medios, crean para los trabajadores y trabajadoras una realidad de incertidumbre e inseguridad, en el cual el trabajo ya no es más un punto de referencia para la definición de objetivos personales duraderos. Las consecuencias en términos de desempleo estructural, subempleo y la transformación de trabajadores en seres desechables conllevan un proceso en el que todos pierden. Una sociedad bien formada está basada en vínculos sociales importantes como la confianza, la lealtad y el sentimiento de obligación individual ante un orden social-democrático, que requieren un largo tiempo para desarrollarse. En la dimensión temporal del nuevo capitalismo, el tiempo personal que estructura cada hombre y mujer se limita a experiencias fundadas en una serie de eventos fortuitos(Sennet 2000, pp. 23-24). Como bien comentó Richard Sennet en su libro La corrosión del carácter, el significado del trabajo fue transformado por la flexibilidad. El capitalismo flexible bloqueó“el camino recto de la carrera, desviando a los empleados repentinamente de un tipo de trabajo a otro”. Como consecuencia, la flexibilidad cambia el significado mismo del trabajo,“pues a lo largo de su vida la gente hace fragmentos de trabajo”, cambiando de empleo con frecuencia(Sennet, 2000, p. 9). En la actual organización del trabajo, se desordenan los tiempos sociales porque se rompen las fronteras entre el tiempo del trabajo(esfera pública) y el tiempo de cuidados personal, familiar y comunitario(esfera privada). En el caso de los trabajos precarios, de tiempo parcial, de contratos por encargos(entrega de comidas, por ejemplo) o por periodos cortos(limpiadora de hoteles), empleados y empleadas someten sus vidas personales a la disponibilidad de oportunidades en el mercado laboral. En el otro extremo, trabajadores en actividades intensivas en conocimiento en los sectores científicos, financieros, creativos o jurídicos consideran normal una semana laboral de más de 60 31 horas, toda vez que en la“economía del conocimiento” la métrica clave es el resultado logrado en cada proyecto específico(Hermann, 2015). En ambos casos, bien o mal remunerados, las vidas personales de trabajadores y trabajadoras están a disposición del capital. El tiempo escaso transforma el hogar en un espacio de conflictos intermitentes debido a negociaciones continuas entre sus miembros respecto a la distribución de tareas domésticas, de cuidados a niños, niñas, enfermos y ancianos dependientes, y las obligaciones comunitarias. ¿Cómo conciliar las demandas de los tiempos de cuidados con los otros tiempos sociales? El aumento de las horas de trabajo, de forma voluntaria en algunas ocupaciones, pero en general impuesto por el empleador, se expresa así en la mercantilización de la vida en el hogar, con fuerte incidencia en la dimensión emocional y afectiva de la esfera privada. En realidad, la vida familiar(independientemente de las formas heterogéneas que componen un grupo familiar) debería contrastar los lazos cooperativos, de reciprocidad y de responsabilidad, inherentes a la esfera de los cuidados, con el ambiente competitivo, instrumental de los espacios del trabajo. Sin embargo, ambos espacios están insertados en las mismas relaciones sociales de mercantilización de la vida. Para que la cultura subyacente a la vida material capitalista permita un equilibrio entre trabajo y vida privada tenemos que proponer una reestructuración drástica de la sociedad que plantee una cultura del tiempo totalmente diferente. Los estudiosos del tema hablan de los procesos temporales de la vida ordinaria caracterizados por la microorganización de rutinas y hábitos, que deben ser alterados para dar paso a sociedades más equitativas, solidarias y sostenibles. Sin embargo, son cambios que representan procesos de larga duración y que implican también un reordenamiento de las relaciones de poder en el hogar y en la sociedad, en el ámbito privado y en el espacio público. Esa microorganización de rutinas y hábitos involucra conflictos por el uso del tiempo de las personas, que asumen rasgos diferenciados según niveles de ingreso, sexo, razas y etnias. La distribución de los tiempos de trabajo y ocio en el hogar y en la sociedad, y la responsabilidad de organizar y coordinar diversos arreglos de tiempo, implican relaciones de poder. El control sobre su propio tiempo y el tiempo del otro significa control y poder de uno sobre el otro, y, con más frecuencia, de uno sobre la otra. Consecuentemente, para que ocurran cambios en las prácticas de consumo, las estructuras de tiempo de la sociedad deben ser redescubiertas y reinventadas. A los movimientos sociales les corresponde exigir una nueva asignación social del tiempo para que las horas de trabajo sean acortadas sin prejuicio del poder adquisitivo del salario(Foster, Clark y York, 2010). Sobre todo, la lucha por mayor equidad debe concentrarse en la lucha por una mayor igualdad en la distribución del tiempo libre entre trabajadores manuales e intelectuales, entre trabajadores de altas y bajas calificaciones, y entre hombres y mujeres, principalmente con una mejor distribución de las tareas de cuidados en los hogares y comunidades. 3. Los sobrepasados límites de los recursos del planeta 3.1 El consumo y el cambio climático: problemas perversos 67 Entre fines de los sesenta e inicios de los setenta, cuando historiadores, sociólogos, antropólogos y psicólogos empezaron a interesarse por el consumo y la vida material, un grupo autodenominado“El Club de Roma” decidió iniciar un ambicioso proyecto sobre el “drama de la humanidad”, que abarcaba un conjunto de sensibles problemas humanos. 68 En la lista, hecha hace más de medio siglo, se observa la inclusión de algunos problemas cuya solución está aún pendiente. Los problemas fueron seleccionados a partir de tres criterios: su amplitud(estar presentes en algún grado en todas las sociedades); contener elementos técnicos, sociales, económicos y políticos; y, el más importante, su interdependencia(no podrían ser analizados por separado). Dichos problemas eran(son): 1. pobreza en medio de la abundancia; 2. degrada67 El título de esta sección fue tomado prestado de Incropera (2016). 68 El“Club de Roma” fue una organización informal creada en abril de 1968, cuando cerca de 30 científicos, educadores, economistas, humanistas, empresarios industriales y funcionarios nacionales e internacionales se reunieron en la Accademia dei Lincei, en Roma(Meadows et al. , 1972, p. 9). 32 ción del medio ambiente; 3. falta de confianza en las instituciones; 4. crecimiento urbano descontrolado; 5. inseguridad en el empleo; 6. alienación de la juventud; 7. rechazo a los valores tradicionales; y 8. otras perturbaciones monetarias y económicas. Al cabo de dos años, las conclusiones fueron presentadas en una publicación titulada"Los límites al crecimiento"(Meadows et al., 1972). 69 Utilizando un modelo relativamente simple, con los medios computacionales de entonces, los expertos buscaron llamar la atención sobre las consecuencias del crecimiento de la población mundial, de la producción industrial y del consumo de recursos naturales existentes en el planeta. La conclusión más dramática era que la tendencia de crecimiento en la población mundial, la industrialización, la producción de alimentos, la tasa de contaminación y de agotamiento de recursos debía ser reducida; en caso contrario, los límites al crecimiento serían alcanzados alrededor de mediados del siglo XXI. La solución sería establecer una“condición de estabilidad ecológica y económica que fuese sostenible en el futuro. El estado de equilibrio global debería ser planificado de tal manera que las necesidades materiales básicas de cada persona en la Tierra fuesen satisfechas y que cada persona tuviese una oportunidad igual para realizar su potencial humano individual”(Meadows et al., 1972, pp 23-24). El modelo buscó integrar las variables socioeconómicas con las variables medioambientales, en un marco de equidad distribucional. El modelo, la construcción de las variables y las conclusiones fueron criticadas por otros científicos, pero el reporte marcó una época y se transformó en una referencia para el gran público sobre la finitud de los recursos de la Tierra(Smil, 2005). No por mera coincidencia, en 1972 fue celebrada en Estocolmo, Suecia, la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, también conocida como la Primera Cumbre para la Tierra, donde la cuestión del cambio climático fue planteada por vez primera. Fueron necesarios veinte años más para que un documento de compromisos intergubernamentales relacionados con el medio ambiente y el cambio climático incluyera la necesidad de hacer cambios en 69 El título completo es“The Limits to Growth. A Report of The Club of Rome’s Project on the Predicament of Mankind”. los patrones de consumo, aunque en términos no vinculantes. El capítulo 4 de la Agenda 21, el documento oficial de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, realizada en Río de Janeiro en 1992, se tituló“Cambio de patrones de consumo”, si bien el consumo estaba también incluido en los apartados de energía, transporte y desechos, entre otros, en lo que constituía una admisión de la complejidad del tema(Naciones Unidas, 1992). 70 De hecho, en la Cumbre de la Tierra de Río 1992, se estableció la noción de que“[p]ara alcanzar el desarrollo sostenible y una mejor calidad de vida para todas las personas, los Estados deberían reducir y eliminar las modalidades de producción y consumo insostenibles y fomentar políticas demográficas apropiadas”(Principio 8 de la Declaración sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Río). Los acuerdos multilaterales más recientes –el Acuerdo de París, referente al cambio climático, y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, ambos adoptados en 2015 en las Naciones Unidas– mantienen la necesidad de alcanzar patrones sostenibles de producción y consumo(PCS o SCP, por sus siglas en inglés), como condiciones indispensables para la preservación de las fuentes de vida en el planeta. 71 Es decir, los debates internacionales reconocen que producción y consumo son elementos interdependientes en un sistema socio-técnico-económico. 72 Sin embargo, no 70 En el Informe Brundtland, de 1987, el consumo es mencionado en la sección“El concepto de desarrollo duradero”, párrafo 5. Los niveles de vida que trascienden el mínimo básico son duraderos si los niveles de consumo tienen en cuenta en todas partes la durabilidad a largo plazo. Pero muchos de nosotros vivimos por encima de los medios ecológicamente aceptables. Las necesidades conocidas están determinadas social y culturalmente, y el desarrollo duradero requiere la promoción de los valores que alienten niveles de consumo que permanezcan dentro de los límites de lo ecológicamente posible y a los que todos pueden aspirar razonablemente(Naciones Unidas, 1987, p. 60). 71 En la Agenda 2030, el objetivo 12 se refiere a alcanzar patrones sostenibles de producción y consumo. Las 11 metas del objetivo 12 se refieren principalmente a diferentes aspectos de la producción y de políticas de gobierno(subsidios a combustibles fósiles). Solamente en el Marco Decenal de Programas sobre Modalidades de Consumo y Producción Sostenibles(meta 12.1) existen algunos programas orientados hacia la información al consumidor, estilos de vida sostenibles y educación, sistemas de alimentación sostenibles. Pero se trata de proyectos y actividades promovidos por algunos países y organismos no gubernamentales) sin carácter vinculante. 33 se puede establecer una equivalencia simple entre la responsabilidad de las empresas a lo largo de las cadenas productivas y la de los consumidores individuales, como se desarrolla más adelante, porque sería olvidar las enormes asimetrías de poder, información y decisión entre consumidores atomizados y un pequeño número de grandes empresas multinacionales que controlan entre ellas los principales mercados de bienes de consumo: alimentos(humanos y de animales domésticos), productos de higiene personal y de limpieza, cosméticos, electrodomésticos, smartphones, televisores, automóviles, entre tantos otros. Siguiendo a Vaclav Smil, podemos decir que la historia de la humanidad conlleva el uso crecientemente intrincado y complejo de materiales. Desde un principio, el ingenio humano transformó fibras naturales, madera y piedras en prendas, instrumentos de trabajo, armas y viviendas, hasta la gran aceleración generada por el descubrimiento de nuevas fuentes de energía, principalmente las derivadas de combustibles fósiles. Hasta hace menos de tres siglos, las posibilidades de extracción, procesamiento y transporte de biomateriales y minerales estaban limitadas por la capacidad de las fuerzas impulsoras vivas(músculos animales y humanos), apoyadas en artefactos mecánicos sencillos, y por los lentos perfeccionamientos de tres fuerzas motrices mecánicas ancestrales(velas, molinos de agua y de viento). Con la conversión de la energía química de los combustibles fósiles en la energía cinética barata y universalmente desplegada de la fuerza motriz mecánica(motor a vapor, motor a combustión) ocurrió una transformación fundamental en el consumo material, que fue acelerada por la generación de la electricidad y por el surgimiento de síntesis químicas comerciales resultante en la producción de una enorme variedad de compuestos, como fertilizantes, plásticos y medicinas(Smil, 2014, p. ix). Las desigualdades entre países y dentro de los mismos en el consumo material y el consumo de materiales implican, como está reconocido en los preámbulos de los documentos multilaterales, que debe ocurrir una gran movilización y transformación material para reducir esas brechas. Al mismo tiempo, el 72 El binomio producción-consumo obvia un factor intermediario esencial que son la moneda y las instituciones de crédito. drama del cambio climático no nos debe hacer olvidar los otros límites planetarios: así como los combustibles fósiles constituyen la principal fuente de emisión de gases de efecto invernadero, el consumo material es la principal causa de contaminación y degradación ambiental y de pérdida de la biodiversidad. 73 Utilizando cálculos muy precisos, Vaclav Smil examinó acciones posibles para reducir nuestra dependencia de los materiales y disminuir la brecha entre países, sin reducir la calidad de vida en los países industrializados. Sin embargo, el autor nos advierte que, en el largo plazo, aun con los procesos de producción, diseño y manufactura más eficientes –utilizando técnicas que permitan el mínimo de desperdicio y materiales que pueden ser reciclados, manteniendo las más elevadas tasas prácticas de reciclaje–, esas soluciones técnicas no serán capaces de incidir en tasas de desmaterialización suficientemente altas para compensar la demanda de materiales generada por el crecimiento poblacional continuo, la elevación de los niveles de vida y la preferencia humana universal por acumular pertenencias. Por tanto, es muy probable que, en la búsqueda de reconciliar nuestras necesidades y deseos con la preservación de la integridad de la biósfera, nos veamos forzados a tomar decisiones, en el ámbito gubernamental, para ayudar a reducir los niveles absolutos de consumo material y, de esta manera, redefinir la propia noción de sociedades modernas, cuya existencia ha sido definida por flujos materiales incesantes y masivos(Smil, 2014, p. xi). El autor especula sobre la necesidad de repensar el crecimiento económico, una noción fundamental para los economistas, dado que la búsqueda de un crecimiento ilimitado es una estrategia insostenible que constituye una suerte de ecocidio. Sin embargo, Smil recuerda los efectos negativos de la crisis financiera de 2007-2008(la Gran Recesión) en el funcionamiento de las economías, cuando el crecimiento eco73 Smil(2014) concluyó que la industrialización y la urbanización crearon una civilización material moderna caracterizada por dos procesos: 1. Un aumento expresivo en el aprovisionamiento de materiales tradicionales de construcción y 2. Un consumo elevado de metales. El autor estimó que el mundo consume en un año todo el acero que se consumió en la década posterior a la Segunda Guerra Mundial, y más cemento que todo el que se consumió en la primera mitad del siglo XX. 34 nómico alcanzó niveles mínimos. Basta con observar los movimientos de insurgencia y desobediencia civil en los países de industrialización avanzada, en 2020 y 2021, por las consecuencias de las políticas sanitarias en las actividades económicas. Smil, como tantos otros científicos, se dio cuenta de las limitaciones de las soluciones técnicas para la reducción del consumo de recursos materiales por el consumidor final. Los impactos sobre el cambio climático, la biodiversidad y otros sistemas de la Tierra de la extracción de recursos naturales a un ritmo superior al que sería necesario para su reposición no pueden ser solucionados por medios técnicos, que constituyen meros paliativos. Históricamente, el aumento de la eficiencia en el uso de un determinado recurso escaso resultó en el aumento del consumo de los productos que utilizan ese recurso, en lo que se llama la paradoja de Jevons. 74 En periodos recientes, mayor productividad y costos menores en la industria manufacturera permitieron una utilización más eficiente de los materiales, sin que se lograran niveles más elevados de desmaterialización. Smil ofrece el ejemplo del uso del Diseño Asistido por Computadora ( cad, por sus siglas en inglés). El uso del cad permitió un volumen significativo de“desmaterialización” por la eliminación de los diseños en papel. Gracias al cad, no solamente se redujo el uso de papel—que incidió en menor extracción de madera y producción de celulosa—, sino que los muebles para el diseño de los proyectos se volvieron innecesarios. Sin embargo, su uso creó demandas adicionales en términos de infraestructura electrónica, programas de computación especializados, electricidad y aparatos asociados a equipos electrónicos de alta tecnología(Smil, 2014, pp. 134-135). Existen ejemplos de tecnologías que aumentaron la eficiencia energética de electrodomésticos, como refrigeradores o aparatos de aire acondicionado, y que redundaron en la expansión del consumo de tales productos(Princen, 2005). La expansión de la sociedad de consumo para incluir a las grandes poblaciones de India, China, Pakistán, entre otros, incidirá en el consumo de recursos naturales finitos, como tierra, agua y energía. 75 Los gobiernos deberán intervenir de forma más incisiva para que las empresas adopten el concepto de economía circular aumentando la durabilidad del producto, reduciendo modas y nuevos modelos rápidamente obsoletos, incrementando la desmaterialización de los productos y reemplazando la apropiación de bienes por el alquiler de servicios que mantienen las mismas funciones(el producto como un servicio)(Ventura-Dias, 2020). Empero, la factibilidad de la puesta en vigor de esas políticas es cuestionada porque los Estados nacionales están directamente implicados en la construcción de la infraestructura material, económica, técnica y jurídica del consumo de masas(Smil, 2014, pp.190-192). Ingenieros y científicos acostumbrados a pensar en términos de complejidad e incertidumbre, saben que algunos de los límites planetarios que fueron rebasados por las actividades humanas –perturbando sistemas naturales esenciales para la vida del planeta, como la pérdida de la biodiversidad, la acidificación de los océanos y el cambio climático– constituyen lo que hace casi 50 años los planificadores Horst Rittel y Melvin Webber llamaron un“problema perverso”(Rittel y Webber, 1973; Incropera, 2016). 76 En sus reflexiones acerca de la actividad de la planificación, los autores se refieren a las tareas rutinarias de los profesionales que enfrentaban“problemas que podían ser definidos, entendidos y consensuados”. Con el paso del tiempo, los problemas que requerían soluciones de políticas públicas empezaron a tornarse más espinosos porque, junto a medidas de eficiencia, también debían hallarse respuestas para cuestiones de equidad. Con el crecimiento del pluralismo en la 74 La paradoja de Jevons es un concepto central en la ecología industrial. En un texto sobre la cuestión del carbón, Jevons analizó el aumento en la eficiencia de los motores a vapor. El economista observó que el aumento en la eficiencia del uso del carbón no se reflejaba en una reducción de la demanda del carbón por las plantas manufactureras y las compañías de ferrocarril(véase“Jevons’ Paradox(Rebound Effect)” en Environmental Justice , disponible en:). 75 En 2010, 50 millones de personas en India, que corresponde a solamente 5% de la población, había alcanzado un nivel de ingreso de clase media. Se estima que al final de 2020, la clase media de India alcance cerca de 200 millones, un poco menos del 20% de la población, pero una cifra equivalente a casi toda la clase media de Estados Unidos(citado en Putt del Pino et al. , 2017, p. 7). 76 El término en inglés es wicked problem , que puede ser traducido como problema perverso, vicioso, engañoso o agresivo, pero también como“travieso”. El artículo fue escrito cuando la actividad de planificación en los gobiernos y en las sociedades todavía era considerada legítima. 35 sociedad, el consenso se torna más difícil de ser negociado, mientras que el conocimiento y la capacitación de los profesionales deben adaptarse a los comportamientos de sistemas sociales complejos y abiertos. Los problemas sociales son inherentemente“perversos” por diversas razones: 1. La información necesaria para entender el problema depende de la idea que se tiene para su solución. Por tanto, no existe una formulación definitiva de un problema perverso. Al contrario, la formulación de un problema perverso en sí constituye el problema. 2. Consecuentemente, no existe una solución y un punto final para la tarea del planificador. 3. Todo problema perverso puede ser considerado un síntoma de un problema más amplio. No existe una teoría que permita solucionar los problemas de equidad o definir el bien societal de una manera que resuelva los dilemas impuestos por los problemas perversos que la sociedad debe enfrentar. En ese marco de análisis de las políticas públicas, el consumo puede ser clasificado como un“problema perverso”. El cambio climático antropogénico constituye un modelo perfecto de un problema perverso(Incropera, 2016). Sus características se tornan más evidentes cuando se compara con otro problema ambiental, como la protección de la capa de ozono, un problema de talla global que fue objeto de negociaciones multilaterales para reducir las emisiones de las sustancias que reaccionaban químicamente con el ozono. Entre 1974, cuando fueron difundidas las teorías científicas sobre la acción de químicos antropogénicos en la estratósfera, y 1987, con la firma del Protocolo de Montreal, los negociadores tuvieron que vencer un contexto de falta de confianza en modelos científicos todavía especulativos y las fuerzas poderosas de los grupos industriales(Benedick, 1991). 77 A pesar de las tensiones entre los intereses de países más y menos industrializados, intrínsecos a la diplomacia 77 En los años setenta, científicos identificaron un agujero en la capa de ozono en la Antártida. Sustancias producidas por el ser humano –incluidas en los grupos de clorofluorocarbonos (CFC), halones, tetracloretos de carbono(CTC) e hidroclorofluorocarbonos(HCFC)– fueron señaladas como destructores de la capa de ozono. Los CFC son utilizados como propelentes en la fabricación de aerosoles, espumas, plásticos, servicios de refrigeración, como agentes de proceso y en los sectores de solventes y de medicamentos. multilateral, el acuerdo fue exitoso, y en 1996, la producción de gases CFC fue inferior a la de 1960(Da Silva 2009, p. 157). Su éxito es explicado por las características del problema. No obstante algunas similitudes con el cambio climático –por tratarse de un peligro ecológico global, que exigía que los gobiernos evaluasen costos catastróficos posibles en un futuro distante y costos de corto plazo derivados de las consecuencias económicas de medidas preventivas–, las discrepancias son más notables. Básicamente, la protección de la capa de ozono de las sustancias antropogénicas pudo ser planteada a partir de objetivos claros y específicos, de manera que los mecanismos de ejecución de los compromisos gubernamentales estuvieron bien definidos porque se podían cuantificar con precisión los costos económicos, así como las medidas en términos de políticas para solventarlos. Todas esas condiciones están ausentes en las discusiones y los intentos de construir acuerdos multilaterales con obligaciones vinculantes para mitigar los efectos de la acción humana en la biósfera. El Tratado de Río, con el título oficial de Convención-Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, fue negociado y entró en vigor en 1994, pero los objetivos específicos y los mecanismos de ejecución fueron postergados para negociaciones futuras en las Conferencias de las Partes(COP, por sus siglas en inglés). En 1992, pocos se percataron de que el cambio climático no era un fenómeno ecológico discreto, y de que su núcleo se vincula con una necesidad básica de la vida moderna, que es la energía(Edmonds et al., 2012). Es decir, que el esfuerzo de descarbonización de las economías involucra una gran complejidad, toda vez que la estabilización de las emisiones de CO 2 implica cambios drásticos en el sistema de energía global, en el uso de la tierra(conflictos entre la preservación de florestas y ríos y la mercantilización de la tierra) y en el régimen económico como un todo. Además, las personas olvidan que el petróleo no es solamente utilizado como combustible y plásticos. Los derivados del petróleo están presentes en cosméticos(champús, jabones, productos de maquillaje), productos para limpieza, medicinas, telas sintéticas, alimentos(colorantes, saborizantes, conservantes, fertilizantes, pesticidas), pinturas, cauchos, plásticos (botes, sillas, mesas, discos compactos e infinidad de utensilios). Cambiar la forma de crear y utilizar energía, en un tiempo suficientemente corto para dete- 36 ner un proceso de deterioro de las condiciones climáticas, representa el cambio“programado” en la vida cotidiana de centenas de millones de personas, el más dramático que la humanidad haya experimentado. 78 El tiempo es una noción inseparable de los análisis del cambio climático. Primero, existe la desproporcionalidad entre el tiempo del consumo de los materiales fósiles con el tiempo cósmico de su producción. Asimismo, el tiempo es parte integrante del problema del cambio climático, dada la inercia significativa que está asociada al largo tiempo de residencia de los gases atmosféricos de efecto invernadero y la lenta tasa de equilibrio entre la atmósfera de la Tierra y los océanos. Por último, es muy difícil transmitir a las personas comunes la idea de que los efectos catastróficos del cambio climático que sufren“aquí y ahora” las poblaciones de diferentes regiones se deben a las emisiones de gases de efectos invernadero de muchas décadas pasadas y que, por lo tanto, los esfuerzos para la reducción de esas emisiones en los próximos años no les van a beneficiar a ellas directamente, y ni siquiera a sus hijos. Los efectos de la mitigación no serán percibidos sino hasta que transcurran varias décadas más. Fue necesario un largo tiempo para que el conocimiento científico sobre el cambio climático(inicialmente referido como“calentamiento global”) pudiese ser entendido por profesionales de las ciencias humanas, políticos, diplomáticos y directivos de empresas, quienes, a su vez, se percataron de la inmensidad del campo de actividades humanas englobado por las emisiones de gases de efecto invernadero, así como de la temporalidad específica del fenómeno. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático(más conocido por sus siglas en inglés, IPCC), una entidad científica multidisciplinaria que incorporó a científicos de todos los campos disciplinarios involucrados, fue creado en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente(UNEP). 78 El título del libro de Incropera(2016) es elocuente: Cambio climático: Un problema perverso. Complejidad e incertidumbre en la intersección de la ciencia, la economía, la política y el comportamiento humano . Basta con decir que las dos principales fuentes, en el amplio sentido, de emisiones de CO 2 son el uso de combustibles fósiles y los cambios en el uso de la tierra, para fines agrícola o urbano, lo que quiere decir que el control de emisiones de gases de efecto invernadero tiene implicaciones para virtualmente toda y cualquier actividad humana. Además, el marco temporal del cambio climático es intergeneracional. La concentración de CO 2 depende no solo de todas las emisiones de todas las fuentes generadas hoy a nivel global, sino también se debe a las emisiones de todas las fuentes a lo largo del tiempo. Esto quiere decir que ninguna nación puede capturar los beneficios de sus propias acciones de mitigación, así como ninguna generación de la población de la Tierra puede capturar todos los beneficios de las acciones de mitigación (Edmonds et al., 2012, p. S8). Las relaciones cruzadas entre el cambio climático y otros problemas ambientales, y las interacciones positivas y negativas entre soluciones para una parte del sistema que ignoran los efectos en otros nodos, se suman a las características perversas del problema. DeSombre(2013) ha puesto en evidencia lo anterior al analizar las interacciones entre las medidas adoptadas para reducir el carbón en la generación de electricidad y las que pretenden reducir la polución del aire y la lluvia ácida provocada por el carbón. 79 Asimismo, se pueden añadir las contradicciones entre la adopción de fuentes nucleares para la generación de electricidad como una medida para reducir el uso del carbón, o, en contraste, lo sucedido en Alemania cuando la decisión de cerrar las plantas nucleares sin tener una alternativa“limpia” disponible resultó en un aumento del uso del carbón. 80 79 El uso de sustancias para remover las emisiones de azufre, responsables de la lluvia ácida, resulta en el aumento de CO 2 durante la generación de electricidad porque las plantas se tornan menos eficientes(DeSombre, 2013, p. 409). 80 Después del accidente nuclear de Fukushima, en 2011, el gobierno alemán anunció el cierre de todas las plantas nucleares para 2022. Sin embargo, la energía nuclear, limpia, fue reemplazada por energía generada por carbón. Entre 2012 y 2016, cerca de 40% de la energía consumida en Alemania se originaba en el uso del carbón. En el nuevo plan aprobado en julio de 2020, Alemania pretende cerrar la última planta de carbón en 2038(Jordans, 2020). 37 En el mismo sentido, se advierte que todas las soluciones tecnológicas propuestas para mitigar el cambio climático tienen impactos ambientales directos e indirectos, principalmente en términos del uso de la tierra, efectos en la biodiversidad y explotación de recursos naturales. Las evidencias certifican que los combustibles fósiles(carbón, petróleo y gas natural) dañan el medio ambiente mucho más que las energías renovables, incluidos los otros efectos del uso de los combustibles fósiles en la contaminación del aire y del agua, salud pública, vida animal, desposesión de tierras de las poblaciones originarias, uso de la tierra y del agua, además de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Empero, las fuentes renovables de energía(solar, eólica, geotérmica, biomasa e hidráulica) ocasionan impactos en el medio ambiente, cuya intensidad depende de la tecnología utilizada, entre otros elementos. Por ejemplo, la producción de etanol de maíz como combustible puede tener un impacto sobre la producción de gases de efecto invernadero mayor que la producida por el petróleo que pretende reemplazar; esto se debe a la elevada intensidad energética en la producción del maíz en Estados Unidos(DeSombre 2013, p. 409). Las soluciones para la descarbonización de las economías, sin un cambio en las formas de vida de las poblaciones, como es el caso del transporte, también presenta efectos nefastos, particularmente debido a la extracción y explotación de recursos naturales no renovables asociados a la desposesión de las tierras de las poblaciones originarias, contaminación de suelos y ríos, entre otras afectaciones. Es el caso de los vehículos eléctricos, que constituyen el medio prioritario para que Europa pueda cumplir con sus compromisos en el Acuerdo de París, así como las metas que los países europeos recientemente se autoimpusieron para reducir en 55% las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030(Harvey, 2020). Mediante incentivos económicos, el número de vehículos eléctricos privados debe aumentar de los actuales 2 millones a 40 millones en 2030. El problema está en los pasivos ambientales y los impactos sociales que generan las baterías de litio recargables de autos, camiones, trenes y bicicletas eléctricas. En efecto, estas baterías utilizan el litio como principal material activo, así como para almacenar electricidad en la red eléctrica(además de su utilización en smartphones, laptops y otros dispositivos eléctricos cotidianos). No es fortuito que, por su importancia en las tecnologías del futuro, al litio se le haya denominado el petróleo blanco u oro blanco. En Europa, depósitos de litio fueron descubiertos en Austria, Serbia, Finlandia y Portugal, que tiene depósitos para más de 10 años de producción. En América Latina, la región comprendida entre el desierto de Atacama, en Chile, Bolivia y la parte oeste de Argentina, conocida como el triángulo del litio, contiene cerca de la mitad de las reservas mundiales de ese elemento. El litio es un mineral con gran potencial para la transición energética, debido a sus características que le permiten almacenar energía de forma eficiente y a que, por ser maleable, puede ser adaptado a diferentes diseños, formas y tamaños. Al permitir el almacenamiento de la energía derivada de las energías renovables, el uso del litio podría implantarse como un nuevo vector energético en una de las estrategias más significativas para transformar nuestra forma de vida basada en la combustión fósil. Como proponen estudiosos de la Universidad de Buenos Aires:“La tenencia de reservas[de litio] en Sudamérica ha despertado la expectativa de que se convierta en una oportunidad para obtener rentas, alcanzar la equiparación tecnológica o facilitar el desarrollo endógeno” (Grupo de Estudios en Geopolítica y Bienes Comunes-UBA, 2019, p. 17). Empero, no se excluye la posibilidad de que, ante la ausencia de una visión más amplia –que incorpore las variables socioambientales a la formulación y ejecución de políticas y prácticas de innovación sociotécnicas, y al tratamiento adecuado de la dimensión territorial regional–, la extracción del litio corra el riesgo de preservar a los países sudamericanos como meros oferentes de materias primas sin valor agregado, a pesar de que el litio es un elemento esencial para una cadena de valor compleja y sofisticada(Fornillo, 2019; 2015). 81 No se puede ignorar que la obtención de litio conlleva un proceso extractivo con elevado consumo de recursos como el agua, y que plantea cuestiones de dinámicas socioterritoriales en una región habitada 81 “En Jujuy, una de las tres provincias argentinas con mayores reservas de litio, se declaró el litio como mineral estratégico. Sin embargo, pocos fueron los esfuerzos para modificar la política minera que apuesta a la explotación de los minerales sin valor agregado para la exportación. De este modo, pese al interés que se suscitó inicialmente, no se han desarrollado estrategias integrales para la explotación con valor agregado de este mineral”(Heinrich Böll Stiftung, 2020). 38 por poblaciones originarias y por residentes con costumbres arraigadas. En particular, la región de Atacama posee un ecosistema frágil y el litio, que es encontrado en el agua salada subterránea, es segregado en piscinas inmensas para su evaporación al sol, con impactos de largo plazo en el sistema acuífero local (Balch, 2020). 82 En Argentina, las inversiones para la explotación de las reservas de litio en salmuera(ubicadas en Salta, Jujuy y Catamarca) generan preocupación en las comunidades locales por sus posibles impactos en el medio ambiente y en las prácticas socioculturales(Mignaqui, 2017). Es evidente que el énfasis en este documento en asumir la complejidad del consumo y del cambio climático como temas de política pública nacional y de cooperación internacional, no significa eludir la urgencia de implementar medidas que estabilicen y mitiguen las emisiones de gases de efectos invernadero, y de definir incentivos positivos y negativos para cambiar los hábitos y conductas de los(as) consumidores(as). Al contrario, las interrelaciones entre fuentes de energía, equidad en el consumo y consecuencias territoriales y socioambientales de los usos industriales, agrícolas y urbanos de la tierra deben fortalecer la necesidad de incluir el mayor número de actores y partes interesadas en el debate de soluciones que afectan a todos y todas. La construcción de acciones individuales y colectivas para transformar las prácticas actuales de consumo requiere contrastar los intereses de corto plazo del rentismo financiero con los de largo plazo de la sociedad. Al mismo tiempo, el carácter“polimorfo y perverso” de la“emergencia climática” nos advierte que no existen soluciones tecnológicas sencillas, la llamada“bala de plata”, lo que no implica dejar de reconocer que, por supuesto, las innovaciones tecnológicas, adecuadamente ponderadas, son parte de la solución. Todas las acciones humanas tienen costos sociales y 82 El billonario Elon Musk anunció en Twitter(en un mensaje después borrado) su apoyo al golpe militar-parlamentario en Bolivia, para garantizar el suministro de litio para las baterías de sus autos eléctricos(“Entenda por que as eleições da Bolivía colocaram o empresario Elon Musk nos trending topics”, O Globo , 19 de octubre de 2020. Disponible en). medioambientales porque inciden directa o indirectamente, en mayor o menor grado, en ecosistemas físicos, sociales y culturales preexistentes. Corresponde a la sociedad civil organizada, bien informada de todos los retos, oportunidades y consecuencias de las medidas técnicas propuestas, adoptar la solución más satisfactoria para la mayoría. 3.2 La producción y el consumo: responsabilidades diferenciadas Por otra parte, podemos dejar de mirar el cambio climático como un problema perverso, asociado con los matices y abstracciones del consumo humano, y buscar a los responsables inequívocos por el acumulado de emisiones de gases de efecto invernadero y el aumento de los flujos anuales(Campbell, 2020). Grosso modo, los tres sectores productores de gases de efecto invernadero son el transporte(de carga y de personas), la producción de energía eléctrica para todos los usos y la producción industrial. Los primeros candidatos son las grandes empresas multinacionales privadas y públicas de combustibles fósiles, no solamente porque constituyen la principal fuente del problema, sino porque utilizan una proporción gigantesca de recursos financieros para corromper, entorpecer e impedir acciones políticas, normas y leyes que intenten contener sus acciones. El Instituto de Rendición de Cuentas del Clima(Climate Accountability Institute) estimó que 20 empresas petroleras fueron responsables por 480 mil millones de toneladas de dióxido de carbono entre 1965 y 2017, de las cuales 12 son de propiedad del Estado(Taylor y Watts, 2019). 83 Otro estudio de un grupo británico(Carbon Disclosure Project, CDP) estimó que desde 1988, el año en el cual se constituyó el IPCC, hasta 2015, cerca de la mitad de las emisiones mundiales industriales se originaron en 25 empresas del Estado y privadas, y que un total de 100 empresas fueron responsables 83 El trabajo original fue del geógrafo Richard Heede, responsable del banco de datos que cuantifica las emisiones de gases de efecto invernadero de las grandes empresas petroleras y carboníferas. 39 de 71% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. El Informe del cdp también reveló que 32% de las emisiones provienen de empresas con acciones que cotizan en la bolsa, lo que abre un espacio para campañas que obliguen a sus accionistas a definir planes para la transición hacia una economía más sostenible(CDP, 2017). Las empresas se defienden afirmando que ellas solo ofrecen el producto que centenas de millones de usuarios necesitan, dado que más de 80% del consumo global de energía primaria proviene todavía de combustibles fósiles. Sin embargo, la noción de“soberanía del consumidor”, según la cual la utilidad individual, las necesidades y los deseos de los consumidores ordenan el sistema productivo, es una falacia que no tiene base empírica. Para la mayor parte de los problemas que el consumo humano y no humano ocasionan al medio ambiente y al desorden climático, el consumidor cuenta con pocas opciones, toda vez que las decisiones acerca de la fuente energética, tecnología de producción, proceso de trabajo, explotación de recursos primarios, transporte, tipo de material utilizado, diseño y vida útil del producto, tipo de embalaje, entre otras, son tomadas por las grandes corporaciones industriales, que también son responsables de más de 90% del flujo de desechos(Cogoy, 1999). Un buen ejemplo de la responsabilidad criminal de las grandes empresas en la emisión de gases de efecto invernadero es el llamado“dieselgate” de hace algunos años. En septiembre de 2015, la Agencia de Protección al Medio Ambiente de Estados Unidos, con base en investigaciones iniciadas en 2012 por tres estudiantes de California, reveló que la fabricante de autos alemana Volkswagen había instalado en sus autos con motores diésel(gasóleo), un programa informático que podía detectar cuando los autos eran puestos a prueba para verificar sus emisiones de dióxido de carbono. El programa adulteraba la medición para presentar resultados que indicaban una baja cantidad de emisiones. Además, la empresa había organizado una amplia campaña publicitaria para vender sus autos con motores diésel, anunciando que estos tenían un excelente desempeño en la carretera, con muy bajos niveles de emisión de gases contaminantes. En realidad, cuando los autos salían de las condiciones controladas de los laboratorios de prueba, y el programa dejaba de funcionar, los motores emitían niveles de óxido de nitrógeno 40 veces superiores al nivel permitido en Estados Unidos. Volkswagen reconoció que había instalado el programa en cerca de 11 millones de vehículos en todo el mundo y tuvo que pagar multas multimillonarias a los entes reguladores de diversos países; sin embargo, esto no remedia la vida de las personas que murieron o enfermaron gravemente por el aire contaminado que respiraron. Al final, ningún directivo de la empresa fue enjuiciado(Jung y Park, 2016). Las grandes empresas multinacionales gastan cientos de millones de dólares para promover sus intereses en Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, a expensas del interés común. Con ello logran impedir o menoscabar las regulaciones medioambientales que obligarían a las empresas a asumir los costos de sus pasivos ambientales o a introducir dispositivos en los procesos productivos y/o en los productos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. El poder financiero de esas empresas es desproporcionado en comparación con el que poseen los grupos que defienden el interés público. En Estados Unidos, se estima que las grandes empresas y sus asociaciones gastan 34 dólares por cada dólar que los sindicatos o grupos de defensa del medio ambiente emplean para contrarrestar a los grupos de cabildeo industriales(Drutman, 2015). InfluenceMap, un instituto del Reino Unido que investiga las acciones de las grandes corporaciones que impiden la implementación de políticas de mitigación y de regulación laboral y medioambiental, identificó 50 empresas como las más influyentes en la configuración de la política climática y de energía en el mundo, ya sea directamente o mediante sus asociaciones industriales y comerciales. De esas empresas, 35 actúan activamente junto a parlamentos y medios de comunicación para impedir el avance de acciones que propongan la descarbonización de la economía. Los investigadores concluyeron que la cuantificación de los impactos de una empresa de la cadena de valor de los combustibles fósiles puramente por sus emisiones de gases de efecto invernadero proporciona una visión muy incompleta, porque excluye el importante impacto de su influencia en el discurso público y el proceso de formulación e implementación de políticas públicas relacionada con el cambio climático (InfluenceMap, 2017). Además, es importante señalar que los niveles de derroche, en los últimos 30 años, en las sociedades de abundancia fueron subvencionados por el retroceso en las condiciones laborales en la producción global. En particular, en la industria del vestido, volvemos 40 a observar en las plantas de Bangladesh, Senegal o Marruecos, condiciones laborales que eran comunes en las primeras plantas industriales de Manchester, en el siglo XIX, y que fueron descritas en detalle por Marx y Engels. El trabajo esclavo o casi esclavo, sobre todo de mujeres, y la normalización del trabajo infantil en condiciones infrahumanas, favorecieron un crecimiento de 60% en las compras de prendas por el consumidor medio entre 2000 y 2014(Putt del Pino et al., 2017, p. 23). La industria textil y del vestido emplea a más de 40 millones de personas, la mayoría de ellas mujeres, y genera una cantidad colosal de desechos. En Estados Unidos, cada individuo se deshace de 37 kilos de materia textil anualmente, lo que genera un total de cerca de 13 millones de toneladas de desechos textiles, 85% de los cuales se destina a los vertederos, contribuyendo a casi 8% de todo el desecho sólido generado en el país durante un año (Putt del Pino et al., 2017, p. 24). Michael F. Maniates critica la noción de que cuestiones complejas asociadas al consumo, consumismo, poder y responsabilidad puedan ser resueltas de forma sencilla, limpia y ordenada mediante opciones ponderadas de consumidores informados del impacto de sus acciones sobre el medio ambiente, de manera individualizada, no coordinada por el Estado o por la sociedad civil organizada. La individualización de la responsabilidad elimina la necesidad de construir instituciones, de discutir la naturaleza y el ejercicio del poder político, o de hacer un cambio colectivo en la distribución de poder e influencia en la sociedad. La individualización de responsabilidades resulta en las angustias de los consumidores por reducir el consumo de bolsas de plásticos en los supermercados, en lavar para reciclar disciplinadamente los empaques plásticos y de aluminio de los comestibles orgánicos comprados en tiendas distantes y a precios más elevados que en los supermercados, en considerar la eficiencia energética de los electrodomésticos antes de comprarlos, conservar energía, utilizar la bicicleta y no el auto, y plantar un pequeño árbol en su jardín. Dado que la individualización de responsabilidades caracteriza el problema ambiental como consecuencia de las opciones destructivas del consumidor, las soluciones se orientan hacia las acciones de los individuos como consumidores primero y ciudadanos después. La consecuencia es la creación de un“consumo verde” o ecofriendly que favorece el crecimiento de una nueva industria sin cuestionar los cimientos de la economía(Maniates, 2001, p. 34). Algunos investigadores han detallado la acción de fuertes grupos de cabildeo de la industria del plástico en la construcción de la responsabilidad individual por la reducción en el uso de las bolsas y botellas de plástico, mientras la asociación patronal no escatima esfuerzos para bloquear leyes que incidirían en la reducción efectiva de los productos de plástico de uso único. La poderosa Alianza Americana Progresiva de la Bolsa(APBA, por sus siglas en inglés) logró crear leyes en 13 estados de Estados Unidos que impiden que los municipios promulguen prohibiciones locales de productos plásticos de uso único. 84 Sus técnicos y directivos saben muy bien que la proporción del plástico utilizado para empacar dulces, pizzas, tubos de pasta dental, que puede ser reciclada es ínfima. Desde enero de 2018, cuando China dejó de recibir los desechos de plástico(y otros tipos de desechos) de los países industrializados, se verificó que los sistemas de reciclaje de esos países se resumen en enviar los desechos hacia los países periféricos que aún los aceptan(Turquía, Senegal, Tailandia, India e Indonesia)(Lerner, 2019; Root, 2019). 85 Como se ha señalado, básicamente, la superación de los límites planetarios por los niveles de producción y consumo incompatibles con la resiliencia de los ecosistemas de la Tierra constituye un problema colectivo para el cual se requieren soluciones colectivas o estructurales. Las soluciones individuales no son efectivas para problemas que son colectivos. La sustitución, por parte de los consumidores individuales, de bolsas de plástico por bolsas de algodón ejemplifica un tipo de comportamiento elogioso del punto de vista ético, porque denota una sensibilidad a los resultados del consumo en el medio ambiente, y la adopción de un consumo responsable con los límites del planeta, pero no es una solución ni para el volumen de plásticos ya existente en los vertederos del mundo ni para las más de ocho mil millones de toneladas métricas de plástico que son producidos anualmente, cuyo destino final serán los océanos y 84 La APBA forma parte de la Asociación de la Industria del Plástico, que incluye a Shell Polymers, LyondellBasell, Exxon Mobil, Chevron Phillips, DowDuPont y Novolex, grandes actores en la producción del plástico. 85 Véase Tabuchi, Corkery y Mureithi, 2020, sobre las acciones de la industria del plástico para transformar a Kenia en un nodo de distribución de desechos plásticos en África. 41 los cerros y calles de las barriadas africanas, asiáticas y latinoamericanas. 86 La importancia de crear leyes, normas e instituciones definidas por el Estado para incentivar acciones colectivas fue sintetizada por Mancur Olson, cuando dijo que en la economía existen dos leyes. La primera es la que se conoce como la mano invisible del mercado, que propone que algunas veces, cuando el individuo considera solamente sus intereses, un resultado racional desde el punto de vista colectivo, o sea socialmente eficiente, emerge de manera automática. La segunda ley es que muchas veces la primera ley no funciona. Independientemente de cuán inteligente sea la forma por la cual cada individuo procure alcanzar sus metas individuales, no se puede llegar a un resultado que sea socialmente adecuado. Es decir, la racionalidad individual no es suficiente para garantizar la racionalidad colectiva. Solamente una mano visible materializada en normas, leyes y organizaciones adecuadas puede contribuir a la construcción de soluciones cooperativas. Como proponen Foster, Clark y York(2010, p. 395), una verdadera ecología del consumo –la creación de un nuevo sistema de generación y satisfacción de necesidades sostenibles– solo es posible como parte de una nueva ecología de producción, que requiere para su emergencia la abolición del sistema de valores capitalistas y su sustitución por un nuevo sistema de relaciones humanas. La meta sería la creación de una sociedad que es consciente de los límites naturales y en la cual la producción y el consumo estarían focalizados en las necesidades colectivas y en el desarrollo humano. No se trata de sostener la acumulación y el crecimiento económicos y sí de sostener el desarrollo humano y el mantenimiento de las condiciones de vida para millones de otras especies en la Tierra. Un desarrollo que enriquezca las capacidades humanas de cada individuo requiere la creación de tiempo libre. El tiempo no sería visto de forma instrumental, sino como experiencia de vida. Ese equilibrio solamente podrá ser alcanzado en un contexto de comunidad, 86 En Estados Unidos, solamente 9% del desecho plástico es reciclado y esa proporción se redujo aún más en los años recientes. Menos de 1% de las decenas de mil millones de bolsas plásticas utilizadas en ese país es reciclado(Lerner, 2019). o sea, en una relación de reciprocidad con los demás seres vivos y, por tanto, en una relación metabólica con la naturaleza como un todo, de tal forma que se protejan las condiciones fundamentales de la vida en el planeta. 4. Consideraciones finales Ese es el propósito de la propuesta de Transformación Social-Ecológica(TSE) para América Latina: un proyecto alternativo de sociedad para pensar los sistemas humanos y naturales de forma integrada, y en los sistemas humanos, subordinar la organización de las actividades económicas al eje social-político-cultural. La TSE implica la formulación de estrategias, acciones y medios para que las sociedades latinoamericanas transiten hacia condiciones de mayor equidad (social, de género, racial y étnica), que generen una buena convivencia en la diversidad, asegurando la preservación de las fuentes de la vida en la Tierra. La TSE está basada en una crítica a la racionalidad del individuo que persigue sus propios intereses y, por ende, percibe a los otros seres humanos y no humanos, así como al mundo natural, como oportunidades para actividades económicamente rentables, como instrumentos para la consecución de sus propósitos (Proyecto Regional Transformación Social-Ecológica, 2019). A la racionalidad del individualismo, la TSE contrapone la racionalidad de la solidaridad, de la praxis humana cooperativa, que incorpora la percepción de los otros seres humanos como fines en sí mismos, y de la centralidad de la vida en todas las formas. La TSE propone una visión de sociedad en la que las personas puedan ejercer su libertad en la construcción de su autonomía, reconociendo la interdependencia social y valorizando las relaciones humanas como esenciales para la constitución del propio ser (Nedelsky, 2011). Una propuesta de TSE para América Latina implica cambios significativos en las modalidades de producción y consumo, en las instituciones sociales, en las formas de propiedad, en la organización de los tiempos de vida y en la definición del bien vivir, cuestionando el modelo cultural del capitalismo financiero global, que está basado en el consumo ilimitado de bienes y servicios, y en la mercantilización de emociones, afectos y deseos. 42 Como sugiere Barbara Adam(1998, p. 8), nuestro entendimiento de la dimensión temporal de la vida socioambiental se restringe al tiempo objetivo de los calendarios y relojes, es decir, a una perspectiva de causalidad lineal. La naturaleza, el medio ambiente y la sostenibilidad, con todo, no son meras cuestiones de espacio, de territorio, sino esferas, procesos y conceptos fundamentalmente temporales. Sin un conocimiento profundo de la complejidad temporal resultante de la interpenetración de los ritmos cósmico, natural y cultural, la acción y la política ambiental pueden embarrancarse, dado el énfasis prevaleciente en la materialidad visible, cuando en realidad lo que debería analizarse son los ritmos impuestos por el tiempo industrial a la temporalidad de los ecosistemas. Para la TSE, el tiempo comparece en la propia noción de transformación, de transición, como un proceso de cambio y de construcción que tiene una temporalidad, un horizonte de tiempo. Una transformación social y ecológica se desarrolla en el tiempo. La temporalidad que implica un devenir, un tiempo hacia adelante, es el tiempo para la construcción y materialización de la TSE. También hay otro concepto del tiempo, el tiempo histórico o el concepto histórico del tiempo, en la tradición del pensamiento de la Ilustración y de la modernidad; en esta última se inscribe la TSE por ser un proyecto de crítica a la organización social y económica del capitalismo contemporáneo, y de realización y emancipación de hombres y mujeres, enmarcado por una ética de la convivencia entre seres humanos y no humanos, y entre estos y la naturaleza. Más allá de sus contradicciones, la modernidad encierra conceptos y prácticas que constituyeron –y constituyen– un pensamiento crítico(Proyecto Regional Transformación Social-Ecológica, 2019). Como ya se expuso, es necesario partir de la producción de la vida material para lograr cambios permanentes en el comportamiento de los consumidores hacia prácticas que sean más solidarias con la naturaleza, más saludables y más conscientes de los alcances colectivos de sus actividades individuales, en fin, para lograr formas de vivir y convivir más cooperativas. 87 Un enfoque desde arriba, con políticas moralizantes y/o autoritarias debe ser descartado. No se trata de buscar la reducción de un inventario invisible de consumo, sino de intentar actuar sobre algunos sistemas de producción-consumo que son relevantes, sin excluir el placer, el juego y la cultura, que constituyen parte integral de las prácticas de consumo. La tarea de proponer formas y conductas de consumo más sostenibles es más difícil en el caso de América Latina porque, a diferencia de las economías industrializadas, con mercados de bienes materiales saturados, en la región hay grandes contingentes de la población que apenas comienzan a ingresar en los mercados de consumo masivo. Esa incorporación se hace con notables desequilibrios, en particular, en el sistema de alimentación y nutrición, pues el consumo de alimentos industriales(comida chatarra) está ocasionando un aumento epidémico de la obesidad infantil y adulta. Es importante reiterar que la adopción que hacen los sectores populares latinoamericanos de modalidades de consumo de otras clases sociales, o modelos importados desde otros países, no representa una mera imitación de patrones culturales, que deban ser rechazados moralmente. La cultura del consumo en América Latina incluye prácticas culturales que no son menos auténticas que otras prácticas generadas por formas de vida tradicionales. A partir de la compleja estructura de clases sociales en los países latinoamericanos, cada uno de los consumidores campesinos, indígenas, pobres urbanos, clases medias y clases dominantes introduce sus distintos valores, historias y aspiraciones para una apropiación singular de los bienes materiales y de las formas culturales provenientes de afuera. Como propone Arnold Bauer, los latinoamericanos están en medio“de un mercado mundial en expansión, impulsado por la movilidad del capital, el Internet, la demanda construida por los medios de comunicación y su propio deseo de obtener comodidad y abundancia”(Bauer, 2001, p. 283). 88 La trágica historia de América Latina está marcada por la violencia, desposesión de tierras y culturas, ex87 “Necesitamos convertirnos en buenos artesanos del medio ambiente”(Sennett, 2008, p. 25). 88 En el estudio clásico de Oscar Lewis sobre la vida en los hogares mexicanos en los años cincuenta, el antropólogo observaba que la harina de trigo reemplazaba a la harina de maíz, y que los tenedores sustituían la tradición de enrollar la comida en las tortillas(citado en Sinclair y Pertierra, 2012, p. 2). 43 plotación del trabajo humano y de los recursos naturales, con formas propias en cada subregión. De norte a sur, el continente americano es rico en biodiversidad, recursos minerales e hídricos, suelos fértiles y bosques que, desde la invasión y colonización europea, fomentaron la codicia, acarreando una explotación devastadora de los recursos nativos, transformando territorios y destruyendo ecosistemas naturales(Rodríguez Becerra, 2019). Se trata de una región en la cual la transformación capitalista ocurrió en condiciones económicas e histórico-sociales específicas sin los prerrequisitos del modelo democrático-burgués de las primeras economías capitalistas centrales y hegemónicas(Fernandes, 2008). Los niveles dramáticos de desigualdad en la distribución de ingreso y riqueza tienen sus orígenes en las condiciones de trabajo servil y esclavo que, de forma coercitiva, integraron a las poblaciones originarias y a los otros seres humanos traídos de África a los mercados internacionales. El capitalismo rentista financiero y extractivista que se mantiene vigente, con el dominio oligárquico y transnacional sobre los recursos mineros y agrícolas, se asienta en un orden patriarcal de dominación política, y en la dinámica de la degradación humana y ecológica. En sociedades tan injustas y desiguales como las latinoamericanas, es en el consumo cotidiano y en el acceso a bienes y servicios que las diferencias de ingreso, de clase social, de raza y de etnia quedan expuestas. Las disparidades en el nivel y la composición del consumo de los hogares se manifiestan tanto entre países como en el interior de estos. La modernidad de la internet y los smartphones, de acceso casi generalizado en la región, coexiste con formas de vivir que niegan a las personas los derechos ciudadanos más básicos. 89 En la mayoría de los países latinoamericanos, una parte significativa de la población no tiene acceso al agua tratada, a los servicios sanitarios, a la salud, a la vivienda y a la educación de calidad, como quedó en evidencia durante la pandemia del nuevo coronavirus. La transformación de las prácticas de consumo plantea cuestiones acerca de la división del trabajo en los cuidados de la naturaleza entre hombres y mujeres. Una sociedad sostenible debe ser también una sociedad de cuidados porque significa la plena integración de los costos de producción y reproducción de la vida humana y no humana, así como los de la reproducción de la naturaleza en la economía monetaria. Es una sociedad ideal en la cual la vida, en su plenitud, y todas las actividades cotidianas relacionadas con su reproducción se transforman en los pilares centrales de su funcionamiento(Schildberg, 2014). En ese contexto, una actividad económica sostenible es definida como aquella que aspira a preservar y mejorar las oportunidades para que las personas vivan una vida en toda su plenitud. Las nuevas tareas domésticas que involucran reciclaje, compostaje, utilización de materiales duraderos, reemplazar los plásticos y productos químicos por productos biodegradables y cocinar con productos orgánicos para reemplazar la comida chatarra, suscitan nuevas cuestiones de equidad en la distribución del tiempo dentro de los hogares. Es evidente que la construcción de sociedades de consumo más frugal, orientadas hacia el vivir y convivir, implica un cambio radical en mentalidades, en valores, en prácticas sociales, en la definición de prioridades individuales, en la organización del tiempo en las rutinas ordinarias, en la valoración del tiempo de convivio ante el tiempo para el consumo o para concretar ambiciones personales en un contexto de competencia interpersonal. La promoción de cambios en los estilos de vida para tener un comportamiento más sostenible implica cambiar el orden temporal de la vida de todos los días, de la educación al transporte, incluyendo las rutinas de trabajo y de compras. 89 En 2018, Brasil tenía más de un smartphone por habitante. Según datos del Banco Mundial, la menor tasa de uso de banda móvil por habitante es de 85% en algunos países como Bolivia y Guatemala. Referencias ADAM, B.(1998). Timescapes of Modernity. The Environment and Invisible Hazards. Londres: Routledge& Kegan Paul. 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La serie Cuadernos de la Transformación es una iniciativa del Proyecto Regional Transformación Social-Ecológica que divulga propuestas de trayectorias alternativas en las que convergen tanto la sustentabilidad social como la ambiental para enfrentar los desafíos de la actualidad en estos ámbitos. Desde diferentes disciplinas y posturas teóricas, en Cuadernos de la Transformación se difunde el pensamiento de autores que abordan temas de especial relevancia para el cambio estructural en Latinoamérica y el orbe en general. La Transformación Social-Ecológica es un enfoque en permanente construcción que privilegia el debate y los saberes transdisciplinarios en aras de encontrar respuestas a los retos que impone la actual crisis multidimensional. la autora Vivianne Ventura-Dias Investigadora independiente. Arquitecta y urbanista por la Universidad Presbiteriana Mackenzie de São Paulo. Cuenta con una maestría en Planeación Urbana y Regional, y un doctorado en Economía Agrícola y Recursos Naturales por la Universidad de California en Berkeley. Fue investigadora senior e integrante fundadora de la Latin American Trade Network entre 1997 y 2013. Fue directora de la División de Comercio Internacional e Integración de la CEPAL de 1998 a 2003. Es autora de un gran número de artículos, capítulos y documentos de trabajo. www.fes-transformacion.org