FES BRIEFING 100 DÍAS DE BIDEN Desafíos y oportunidades para México y Latinoamérica Mauricio de Maria Campos Abril 2021 Transcurridos los primeros 100 días del Gobierno de Biden, podemos concluir que sus acciones en la esfera nacional han sido en general contundentes y positivas, tanto en el ámbito de la emergencia sanitaria y el impulso a la recuperación, como en el de la reconstrucción y el relanzamiento político, económico y social del país. En política exterior, las señales han sido mixtas y en algunos casos ambivalentes. Cambió el nombre del juego y las caras en la dimensión internacional, y se dieron pasos importantes en la búsqueda de un elusivo liderazgo mundial de Estados Unidos, pero las políticas específicas apenas empiezan a ser modificadas. El“America First” de Trump con sus estrategias“Made in America” y la rivalidad con China continúan. Las diferencias con la Rusia de Putin han vuelto a los cauces de la era Obama. Las nuevas políticas en Medio Oriente comienzan a anunciarse. Su política multilateral agrada, con el regreso a foros importantes que son claves para la gobernanza global. El anuncio de futuras estrategias y acciones reformistas y constructivas en el marco de la ONU y Breton Woods fue bienvenido. No obstante, para Biden tienen un lugar secundario. Esperemos la asamblea de la ONU. Algo similar ocurre en política migratoria. Los primeros 45 días de Biden fueron promisorios de una reversa a los muros y estrategias discriminatorias de Trump. Muchas restricciones en decretos presidenciales fueron canceladas. Sin embargo, las buenas intenciones son salpicadas por caravanas de centroamericanos apremiados por el deterioro político, económico y social pandémico, la búsqueda de la vacuna y el sueño americano—versión Biden— fortalecido por nuevos programas de rescate doméstico. EL FIN DE LA ERA TRUMP El asedio al Capitolio el 6 de enero, con la complacencia del presidente Trump, nos recordó intentos de golpes de Estado en países latinoamericanos y africanos. Ishaan Tharoor describió en The Washington Post la situación como una clara evidencia del fin del“excepcionalismo americano”(2020). En el mundo, la percepción de Estados Unidos como faro de luz de la democracia y los derechos humanos se vino abajo hace tiempo, desde sus participaciones en golpes de Estado, las guerras de Vietnam e Iraq, las cárceles y torturas de Guantánamo y Abu Ghraib. El mal manejo de Trump de la crisis sanitaria del covid-19 fue la gota que derramó el vaso. Asia-Pacífico mostró lo que significa contar con capacidad de previsión y reacción frente a las crisis: disciplina, innovación sobre la marcha y recuperación. El gran impulso económico a las vacunas en Estados Unidos no pudo contrarrestar el desastre de contagios y fallecimientos. PRIMERAS ACCIONES DE BIDEN: ATENCIÓN PRIORITARIA A LA AGENDA DOMÉSTICA: EMERGENCIA SANITARIA, RECUPERACIÓN ECONÓMICA, EMPLEO E INVERSIÓN EN INFRAESTRUCTURA VERDE La rapidez con que el Gobierno de Biden ha actuado para cambiar la trayectoria ha sido contundente. También ha impresionado una audaz política keynesiana, anunciada desde la campaña. Por lo pronto, hemos presenciado la aprobación del Congreso de un paquete de rescate sanitario, económico y social frente a la pandemia de 1.9 billones de dólares, seguido por la presentación al Congreso de otro de 2.25 billones de dólares, dirigido a franquear la brecha acumulada de infraestructura, generar empleos de manera masiva y promover la inversión industrial y social verde, mediante un programa sin precedentes de inversión pública y privada—desde Franklin D. Roosevelt—, con visión de largo plazo: los próximos ocho años. FES BRIEFING PRIMEROS PASOS DE POLÍTICA EXTERIOR. REGRESO AL MULTILATERALISMO, POLÍTICA REGIONAL E INMIGRACIÓN El antimultilateralismo de Trump ha sido relegado por el nuevo Gobierno. El regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París de Cambio Climático y a la Organización Mundial de la Salud es buena señal para México y el mundo. La reconstrucción de la entrampada Organización Mundial de Comercio parece una realidad alcanzable gracias al consenso de Biden con la elección de la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala como directora general. En principio, Estados Unidos se ha declarado dispuesto a participar en la urgente reforma de la ONU y las instituciones de Bretton Woods, propuesta por el secretario general, Antonio Guterre, y un número importante de países desarrollados(Japón, Alemania), emergentes(Brasil, Sudáfrica, México) y en desarrollo. Sin embargo, la tarea no será fácil para reformar un sistema de 75 años en el que Estados Unidos y otros cuatro países mantienen privilegios: la membresía permanente y el derecho a veto sobre las grandes decisiones en el Consejo de Seguridad. El regreso al TPP no se ve como una opción muy viable tras la creación del RECEP, en que China, Japón y Corea del Sur han logrado, junto con otras 12 naciones de Asia Oriental, una zona de libre comercio e inversiones. El Gobierno de Biden entiende muy bien la inevitabilidad de una eventual conciliación del actual sistema ONU-Bretton Woods con la nueva institucionalidad creada por China con la Ruta de la Seda—y la Franja y la Ruta— y el Banco de Infraestructura Asiática. África y una buena parte de Asia y Europa ya están lidiando pragmáticamente con esa visión. China ha tenido siempre una visión geopolítica y económica estratégica que ha desplegado exitosamente en Asia, África, e incluso Latinoamérica. Hasta mediados de 2022, las prioridades domésticas seguirán a la cabeza de la lista de la Casa Blanca. En este contexto(Ventura, 2021), tres áreas que saltan a la vista como maduras para una colaboración global de Estados Unidos y la restauración de la confianza en el multilateralismo serían: 1. Apoyar una efectiva y coordinada respuesta global frente al covid-19 asegurando una igualitaria y oportuna distribución de las vacunas. 2. Lograr que el sistema multilateral comercial opere bien, vía la OMC. 3. Colocar la distribución del ingreso, la inclusión y el desarrollo sustentable en el centro de la agenda internacional. La pandemia ha revelado la dificultad para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sustentable de la ONU, si no se consigue una efectiva y renovada cooperación multilateral. Estados Unidos comenzó con el pie correcto en lo doméstico. ¿Será posible extender esos principios y criterios a lo global? Improbable. El costo presupuestario para Estados Unidos de los paquetes locales en curso será enorme. Un programa similar a nivel global—aun una versión modesta— sería difícil de abordar en los próximos cuatro años. Es un buen desafío para las grandes potencias y la ONU en la década que se inicia. ESTADOS UNIDOS Y AMÉRICA LATINA. ¿CAMBIOS POSIBLES EN EL HORIZONTE ? La relación con América Latina y el Caribe exige nuevas actitudes de Biden y nuevos entendimientos frente a la indiferencia histórica de Estados Unidos con respecto a la región. Más allá de la superación de la problemática del BID, la OEA y otras ausencias y torpezas de Trump, son urgentes nuevas iniciativas de cooperación y recursos de inversión. Las iniciativas más importantes serían la formulación y puesta en marcha de una estrategia regional de cooperación sanitaria en materia de previsión, acciones concertadas para la producción y distribución de vacunas y medicamentos y, en el ámbito económico y social, el diseño e implementación de un programa que acelere la recuperación económica y social de la región de manera incluyente y sustentable. Según el informe más reciente de Naciones Unidas sobre la situación económica mundial y sus perspectivas, América Latina y el Caribe han sido de las zonas más afectadas por la pandemia, con una pérdida de 8% en el PIB, 45 millones de personas de regreso a la pobreza y un deterioro de las profundas inequidades estructurales en la región más inequitativa del planeta(Cepal, 2020). ¿Habrá posibilidades de una estrategia compartida regional y de crear—como ya lo hizo África recientemente— una efectiva zona de libre comercio y desarrollo continental que compense las asimetrías entre los países? Difícilmente. La que parece tener mayores posibilidades es la alianza para el desarrollo del sur de México y los países centroamericanos del triángulo del norte. Esta requeriría, además de reformas en materia migratoria, una estrategia que combine buenos gobiernos, inversión productiva y apoyos de US AID, Banco Mundial, BID y bancos nacionales de desarrollo. En todo caso, la rivalidad China-Estados Unidos marcará grandes retos y oportunidades para un consenso regional. MÉXICO Y ESTADOS UNIDOS EN EL MARCO DE NORTEAMÉRICA Y EL MUNDO La frontera entre México y Estados Unidos ha sido desde 1848 el límite entre dos naciones muy diferentes, pero también entre la región más rica—Estados Unidos y Canadá— y la más desigual del mundo: Latinoamérica y Caribe. Ello ha significado enormes asimetrías en niveles de vida y expectativas de bienestar. FES BRIEFING En su relación con México, Trump estuvo siempre convencido de que las fronteras porosas y la inmigración habían tornado vulnerable a Estados Unidos; de que los cárteles criminales son productos mexicanos, centroamericanos o sudamericanos, y de que los acuerdos comerciales acarreaban daños a Estados Unidos—no a México—. No le pasaban por la mente las asimetrías económicas y sociales, las vulnerabilidades históricas estructurales y las aspiraciones legítimas de progreso de nuestra población. Con Biden esperamos una relación más digna y previsible que con Trump, con énfasis creciente en exigencias laborales, ambientales y de derechos humanos, pero con oportunidades de nuevas formas de cooperación económica, social, ambiental y, nos gustarían también, fórmulas eficaces de seguridad compartida. Este 2021 está lleno de buenos deseos y esperanzas a partir de la llegada de las vacunas, pero México y Estados Unidos tienen todavía un arduo camino por recorrer para recuperar la“normalidad” y reactivar sus economías de manera sostenida y sustentable en los próximos cuatro años. Se va a requerir una gran capacidad nacional de organización, mucha inversión y una cooperación que fue siempre insuficiente y bastante ausente en los últimos cuatro años. La vecindad geográfica e histórica, los desafíos compartidos en materia de seguridad, el crimen organizado, el tráfico de armas, las migraciones, el medio ambiente y la realidad económica que vincula a Estados Unidos con México impulsan el retorno a una nueva normalidad. El Gobierno de México debe estructurar y promover una nueva política bilateral frente a Washington y no olvidar a Canadá y Centroamérica en el proceso. El T-MEC, con sus adiciones importantes de última hora, promovidas por los demócratas en materia laboral y ambiental, será pieza central en la relación comercial y de inversiones entre los dos países y Canadá, pero requiere un crucial complemento de inversión pública y privada. En este contexto, urge que México reactive y reoriente la política económica doméstica y, al mismo tiempo, la exterior, y fortalezca las instituciones y los mecanismos conducentes del Gobierno, el sector privado, los sindicatos y la sociedad civil. Urge también que revise sus estrategias en materia energética y ambiental. Biden ya ha revertido políticas y medidas contra el medio ambiente de Trump, y ha logrado encaminar en sus dos paquetes básicos nuevas medidas para promover una infraestructura y una industrialización verde. México tiene que reflexionar sobre su estrategia de mediano y largo plazo y hacer un redoblado esfuerzo por cumplir con sus compromisos energéticos y ambientales—globales y regionales—. Ello exigirá repensar a América del Norte y fortalecer los mecanismos de integración económica, social y de seguridad, más allá del T-MEC y las tradicionales instancias de coordinación y cooperación. La pandemia ha confirmado que necesitamos establecer políticas convergentes en materia de salud, educación, medio ambiente y protección social, y avanzar hacia una diferenciada integración económica y social. NECESIDAD DE ABORDAR, DE MANERA RENOVADA, ASIGNATURAS PENDIENTES ENTRE LOS TRES PAÍSES Tras la firma del TLCAN, en 1994, los tres países exploraron, durante la presidencia de Ernesto Zedillo, la viabilidad de un programa regional de mediano y largo plazo de inversiones en infraestructura física de Alaska al Suchiate. Gobiernos, académicos y empresarios de los tres países participamos en reuniones de alto nivel que examinaron, incluso, las posibilidades de coordinar políticas sociales. La idea de una mayor integración y cooperación norteamericana decayó durante el periodo de Bush por tres razones(Pastor, 2010): China se unió a la OMC en 2001 y, a partir de esa fecha sus exportaciones a Estados Unidos, Canadá y México crecieron tan rápido que, para 2007, había superado a nuestro país como segundo exportador a los Estados Unidos. El ataque a las Torres Gemelas del 9/11 desató múltiples obstáculos y medidas de seguridad al flujo de personas, transporte de bienes y servicios entre los tres países. Declinó la construcción de infraestructura en los tres países y en las zonas fronterizas. Un reciente estudio efectuado por la Sociedad de Ingenieros Civiles de Estados Unidos muestra que el deterioro de infraestructura en este país ha sido enorme en este siglo. No hay estudios equivalentes sobre México, pero cifras de la caída en inversiones no dejan lugar a dudas de que la brecha de infraestructura ha crecido a una velocidad mayor que en Estados Unidos(De Maria, 2021). El NADBANK, creado a partir del TLCAN para impulsar inversiones en infraestructura física y social en la frontera entre México y Estados Unidos, ha contado con escasísimos recursos. Ha llegado la hora de reanudar la exploración de esa red imaginada—al estilo europeo— para fortalecer América del Norte y promover el desarrollo regional de los tres países y, eventualmente, de Centroamérica. México lo planteó de manera limitada hace dos años, pero Trump le cerró la puerta en las narices prefiriendo amenazar a México con sobretasas de aranceles si no empleábamos a la Guardia Nacional para frenar las caravanas de migrantes centroamericanos. El tamaño de los programas de alivio y de inversión en Estados Unidos no tiene precedente. Su impacto sobre la demanda de productos y servicios canadienses y mexicanos seguramente será importante, incluyendo las remesas de migrantes mexicanos. Sin embargo, son los programas“rooseveltianos” de Estados Unidos los que constituyen una verdadera oportunidad para México. Todo dependerá de que en los próximos cuatro-ocho años México duplique o triplique sus inversiones en infraestructura y producción sustentable, desarrollo tecnológico y formación de recursos humanos. Si no lo hace, habrá perdido la gran oportunidad de convertir a la 4ª Transformación en una eficaz palanca del desarrollo y la generación de empleos en México. FES BRIEFING Hay proyectos de inversión pública mexicanos en curso en el Istmo de Tehuantepec y en el Sureste que resultarían cruciales, en particular a la luz de la saturación y los accidentes en los canales de Suez y Panamá y otros estrechos marítimos, que crecientemente están mostrando vulnerabilidades de la actual infraestructura marítima global. Proyectos privados de comunicaciones y transportes que se están realizando o se han planeado para el resto del territorio nacional y para Estados Unidos y Canadá(tras de las fusiones entre empresas ferroviarias), van también en esa dirección y deberían incorporarse a un programa integrado regional. Existen condiciones objetivas para que prosperara la iniciativa de AMLO a Biden para reactivar un programa de trabajadores migrantes mexicanos y centroamericanos, bajo bases legales y organización institucional. Con Canadá ya lo tenemos, aunque extremadamente modesto. Estados Unidos, con una sociedad que envejece rápidamente e importantes proyectos en la industria de la construcción, va a necesitar grandes cantidades de trabajadores en la próxima década. El Gobierno de Biden debe explicitar esa demanda a su“buen vecino” y satisfacerla por cauces legales. Las elecciones mexicanas de julio y una nueva visión para la segunda mitad del sexenio, con reformas fiscales y un renovado impulso de la banca de desarrollo, podrían constituir la plataforma para un ambicioso programa de inversión pública en infraestructura, complementado por inversión productiva privada. REFERENCIAS De Maria y Campos, Mauricio(2021).“Infraestructura. El siguiente reto de Biden ¿Y México?”, El Financiero(15 de marzo). Pastor, Robert(2010):“Mexico´s Future in North America-Its Third Challenge”, en Arturo Oropeza(coord.), América del Norte en el Siglo XXI. Ciudad de México, UNAM-CIACI. Tharoor, Ishaan(2020).“The End of the Road to American Exceptionalism”, The Washington Post(diciembre). Ventura, Julian(2021).“The Road Back to Effective Multilateralism. A View from Mexico”, ensayo de la serie America´s Global Role: the view from abroad. American Chatham House(9 de febrero). Cepal. Informe 2020. Mauricio de Maria Campos es Miembro del Consejo Directivo del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento (IDIC), Embajador de México ante el G-16 de la ONU(199810) y ante Sudáfrica(de 2002 a 2007). La Fundación Friedrich Ebert(FES) fue creada en 1925, y es la fundación política más antigua de Alemania. Es una institución privada y de utilidad pública, comprometida con el ideario de la democracia social. La fundación debe su nombre a Friedrich Ebert, primer presidente alemán democráticamente elegido, y da continuidad a su legado de hacer efectivas la libertad, la solidaridad y la justicia social. Cumple esa tarea en Alemania y en el exterior en sus programas de formación política y de cooperación internacional, así como en el apoyo a becarios y el fomento de la investigación. Toma Partido es una plataforma para la construcción de análisis, iniciativas y alianzas políticas y sociales amplias hacia el fortalecimiento y una transformación democrática emancipadora y feminista de los partidos políticos progresistas de América Latina y el Caribe. Es una invitación y una iniciativa de todas las oficinas de la Friedrich-Ebert-Stiftung en la región. El uso comercial de todos los materiales editados y publicados por la Friedrich-Ebert-Stiftung(FES) está prohibido sin previa autorización escrita de la FES. Las opiniones expresadas en esta publicación no representan necesariamente las de la Friedrich-Ebert-Stiftung o las de la organización para la que trabajan los/as autores/as o las de las entidades que auspiciaron la investigación. 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