ANÁLISIS DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS NADA SE PIERDE, TODO SE TRANSFORMA. LAS DERECHAS EN EL CICLO PROGRESISTA BOLIVIANO El progresismo y la izquierda ante la nueva derecha: claves para la región A fines de 2020, con la preocupación por el ascenso de nuevas y desafiantes experiencias conservadoras y de derecha en la región, la Red de Fundaciones de Izquierda y Progresistas desarrolló una iniciativa para comenzar a identificar y analizar este fenómeno. ¿Cómo son las nuevas derechas y cuáles son los puntos de diferencia y contacto con las«viejas derechas»? ¿Cuáles son los ejemplos regionales o internacionales que las inspiran? ¿Qué desafíos plantean a la izquierda y el progresismo en América Latina? Luciana Jáuregui J. y Marcelo Arequipa A. Abril 2021 La Red presenta este insumo informado y reflexivo breve para estimular un debate, intercambios y diálogos con diferentes actores de la región en el marco del proyecto «Toma Partido». DEMOCRACIA Y DERECHOS HUMANOS NADA SE PIERDE, TODO SE TRANSFORMA. LAS DERECHAS EN EL CICLO PROGRESISTA BOLIVIANO El progresismo y la izquierda ante la nueva derecha: claves para la región Índice Prefacio 4 Resumen 5 1. INTRODUCCIÓN 6 2. LAS DERECHAS BOLIVIANAS EN EL«PROCESO DE CAMBIO» 7 3. LAS ¿NUEVAS? DERECHAS Y EL DECLIVE DE LA HEGEMONÍA DEL mas 9 4. DE LAS«NUEVAS» DERECHAS A LO NUEVO DE LAS DERECHAS 12 Bibliografía 13 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- NADA SE PIERDE, TODO SE TRANSFORMA. LAS DERECHAS EN EL CICLO PROGRESISTA BOLIVIANO Prefacio La Red de Fundaciones de Izquierda y Progresistas fue creada en agosto de 2018 en Montevideo. Con un énfasis primario en el Cono Sur, se plantea construir desde la región un instrumento que permita pensar las experiencias de gobiernos y partidos en diversos países, sus alcances y límites, identificar enseñanzas y generar ideas que puedan crear un nuevo impulso a los procesos de cambio. A partir de un esquema abierto y flexible y con una convocatoria amplia, pretende identificar una agenda temática y definir actividades que puedan servir como espacios de intercambio y reflexión, usina de ideas y aportes al debate público. El proceso que se inició con estos aportes está en desarrollo, comprenderá intercambios y diálogos con diferentes actores de la región y aspiramos que, más adelante, fecunde también reflexiones con otras regiones para aportar a la práctica política transformadora hacia sociedades más justas e igualitarias. A fines de 2020, con la preocupación por el ascenso de nuevas y desafiantes experiencias conservadoras y de derecha en la región, y el transfondo de un escenario mundial caracterizado por desafíos múltiples a la política como herramienta de transformación, la Red desarrolló una iniciativa para comenzar a identificar y analizar este fenómeno. Estos documentos que se presentan son la primera parte de un proceso posible gracias al apoyo y el involucramiento del proyecto «Toma Partido» de la FES en América Latina y el Caribe. Los documentos no son insumos académicos ni análisis exhaustivos de la situación en cada país. Tampoco representan necesariamente los puntos de vista de las fundaciones que integran la Red ni de la FES en América Latina y el Caribe. Se trata de insumos informados y reflexivos breves para estimular un debate más amplio, y fueron estructurados para intentar identificar s a diferentes preguntas, tal como la existencia o no de una nueva derecha en cada uno de los países, los puntos de diferencia y contacto con las«viejas derechas», los ejemplos regionales o internacionales que las inspiran, el nivel de apoyo político, económico y social que logran y una interpretación sobre los factores que explican su surgimiento, evolución y perspectivas, así como los desafíos que plantean a la izquierda y el progresismo. 4 Resumen El presente documento analiza la recomposición de los proyectos políticos de la derecha en el ciclo progresista boliviano. Interesa fundamentalmente dar cuenta del modo en que las derechas modificaron(o no) sus concepciones ideológicas, sus formas organizativas y sus prácticas políticas, a partir del recambio de la matriz sociopolítica, que se caracterizó por el retorno del Estado y la implementación de políticas de redistribución económica y de ampliación democrática promovidas durante el«Proceso de Cambio». El trabajo muestra como el retorno de la derecha denotó la restitución de su capacidad hegemónica, construida desde las propias paradojas del modelo socioeconómico y político del mas . Sobre todo, en base a la politización social de los problemas de concentración del poder y de gestión pública; o de las incongruencias entre los discursos y las prácticas políticas del mas ; e incluso reaccionando abiertamente contra los procesos de democratización social impulsados en las últimas décadas. La misma que se promovió desde comités cívicos y organizaciones ciudadanas, y desde estrategias de acción electorales, pero sobre todo sociales. Así, el documento problematiza los debates sobre las nuevas derechas, evidenciando una nueva forma de construcción política y discursiva, sostenida en la articulación estratégica y selectiva de diversas fuentes ideológicas desplegadas de forma estratégica y selectiva desde el seno de la sociedad civil. Destacan particularmente tres corrientes políticas: la primera afín al liberalismo y a la política de las identidades; la segunda regionalizada y basada en la libre empresa y la descentralización y la tercera de tipo conservador. 5 RESUMEN FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- NADA SE PIERDE, TODO SE TRANSFORMA. LAS DERECHAS EN EL CICLO PROGRESISTA BOLIVIANO 1 INTRODUCCIÓN En los últimos años, el foco de atención de las ciencias sociales se desplazó del estudio de los gobiernos del«giro a la izquierda» a la emergencia de nuevas formaciones de derecha. Aquello se debió al surgimiento de fuerzas políticas reactivas en varios países de América Latina, que desplazaron a los gobiernos de turno, tanto por medio de mecanismos electorales como no electorales, pero capitalizando el descontento social de declive de la hegemonía progresista. En rigor, el mapa político latinoamericano siempre fue heterogéneo, las derechas se constituyeron históricamente en las principales fuerzas de gobierno, capaces de definir las orientaciones de las sociedades y, en las últimas décadas, varias se mantuvieron o pasaron a la oposición, constituyéndose en fuertes contrapesos para las políticas implementadas por los gobiernos del progresismo. Empero, el estudio de las derechas se mantuvo como un terreno poco explorado debido al excesivo énfasis por explicar el ciclo progresista(Luna y Kaltwasser, 2014). Recientemente, el ascenso de gobiernos de derecha en varios países antes inscritos en el«giro a la izquierda» visibilizó los procesos colaterales de recomposición de las fuerzas de oposición, interpelando referencias conceptuales desde su inesperado retorno al poder. Así surgió el apelativo de«nuevas» derechas, a fin de dar cuenta de la renovación de las estrategias de acción y representación política de la oposición en un clima de época progresista. En Bolivia, las derechas han sido un tema ampliamente referenciado, pero poco escudriñado por la literatura. En cambio, predominaron lecturas abocadas a la composición social de las élites con algunas alusiones a sus proyectos políticos u otras más enfocadas al desenvolvimiento de los partidos políticos conservadores, pero dentro de los procesos políticos generales. No obstante, los distintos ciclos políticos pueden ser aprehendidos según la díada izquierda derecha, si se consideran los términos de la disputa política entre liberales y conservadores o entre los dos polos del nacionalismo revolucionario que permeó gran parte del siglo XX. Aun cuando el ciclo de la«democracia pactada» en el que se obnubiló la distinción ideológica, dados los intentos de autonomización del sistema político y el consenso partidario en torno al programa neoliberal y la democracia representativa, el espejismo postideológico prontamente se desmoronó debido a la irrupción de movimientos indígenas y populares en el ámbito público. Fue finalmente el ascenso del mas al gobierno, el que reinstaló con fuerza las fronteras políticas de izquierda y derecha. El predominio del«Proceso de Cambio» forzó a las fuerzas de oposición a reactualizar su proyecto político, a recurrir a otros factores de poder y a operar desde el seno mismo de la sociedad civil, anteponiéndose así a casi quince años de gobierno de Evo Morales. Desentrañar cómo fue posible la recomposición política de las fuerzas de derecha es objeto de este documento. El trabajo se aboca en analizar los proyectos políticos de las fuerzas de derecha durante el ciclo progresista boliviano, entendidos aquí como el«conjunto de creencias, intereses, concepciones del mundo y representaciones de lo que debe ser la vida en sociedad, los cuales orientan la acción política de los diferentes sujetos»(Dagnino et. al., 2006: 43-45). Para tal efecto, se reconstruye el campo de acción en el que se desenvolvieron las fuerzas políticas en pugna, dado que suscribe los términos de configuración de la distinción política, en cuando a la especificidad de la disputa política, de los objetos en juego y de los proyectos políticos confrontados. En correspondencia, se examina el modo en que las derechas modificaron(o no) sus concepciones ideológicas, sus formas organizativas y sus prácticas políticas. Finalmente, a modo de conclusión, se analiza si es posible hablar hoy de una nueva derecha en Bolivia y cuáles serían los términos de esa distinción. ¿Cómo fueron los procesos de recomposición de las fuerzas de derecha? ¿Cuáles fueron los proyectos políticos desplegados? ¿Qué significó ser de derecha durante el«giro a la izquierda» boliviano? ¿Es posible hablar de«nuevas» derechas? Son algunas de las preguntas que este trabajo busca responder. 6 LAS DERECHAS BOLIVIANAS EN EL«PROCESO DE CAMBIO» 2 LAS DERECHAS BOLIVIANAS EN EL«PROCESO DE CAMBIO» Los sectores de derecha fueron una de las grandes preocupaciones de la transición democrática, considerando que éstos apoyaron los regímenes autoritarios de las décadas precedentes y podían constituirse en un factor desestabilizador del sistema democrático(O’Donnell y Schmitter 1989). Empero, las élites adoptaron más tarde la democracia, sobre todo por su capacidad de delimitar los términos del pacto social en torno al modelo político y económico(Chalmers et al,1992:3). Entonces se habló por primera de«nuevas derechas», a fin de dar cuenta de la mutación de su estrategia de poder, que apostaba por un proyecto de modernización de base partidaria y tecnocrática, anclado en una concepción restringida de la democracia y en el posicionamiento del mercado como eje ordenador de la vida social(Hinkelammert, 1988). El«giro a la izquierda» se enfundó sobre un influjo social de cambio que posicionó a los nuevos gobiernos con la promesa de reducir la desigualdad política y social originada por el neoliberalismo y el sistema liberal representativo. En el gobierno se adoptó una agenda programática que comprendió en términos en generales la recuperación de las capacidades estatales en oposición a los postulados del Consenso de Washington, la implementación de políticas de redistribución económica y el impulso de procesos de democratización política, con muchas variaciones según los casos. Este recambio implicó un desplazamiento programático, dada la regulación del mercado en la provisión de bienestar económico y la construcción de un modelo político más democrático y con mayor capacidad de respuesta popular (Grugel y Riggirozzi, 2012). En Bolivia, las derechas apostaron también por reestructurar las relaciones entre Estado y la sociedad, sobre todo en cuánto al repliegue estatal y la erosión de la mediación corporativa, que se sustituyó por la inserción individual al mercado, la representación partidaria y el tratamiento de la cuestión colonial y de los sujetos subalternos como«minorías indígenas»(Postero, 2007). El proyecto político se desplegó en consenso por una sucesión de gobiernos de coalición, cuyos principios hegemónicos fueron el liberalismo económico, la democracia representativa y el multiculturalismo(Mayorga, 2007). Así se acuñó el término de«democracia pactada», debido a la invariabilidad de las propuestas políticas y la convergencia centrípeta pareció diluir la distinción ideológica. Aunque, en rigor, la oposición se desplazó a la sociedad civil, gestando un lento proceso de construcción política, viabilizada tanto desde la participación electoral de las organizaciones indígenas campesinas, como desde su irrupción en movilizaciones sociales en coyunturas críticas(Zegada, 2010). Aquello, como se sabe, generó una crisis sociopolítica que derivó no sólo en el desplazamiento de las élites políticas del gobierno, sino en una vocación de transformación de la misma estatalidad nacional. En el país el retorno de la izquierda provino de un movimiento indígena nacional popular que enarboló la nacionalización de los recursos naturales y la realización de la Asamblea Constituyente. Precisamente, el proyecto del mas se delineó en el marco de la impugnación al neoliberalismo, a la«democracia pactada» y a la pérdida de soberanía nacional(Mayorga 2007:55). El mas canalizó las demandas sociales al ámbito político-institucional, articulando un bloque social popular y adoptando un discurso híbrido y selectivo de varías fuentes ideológicas como el socialismo, el vivir bien, la descolonización, entre otras. En el gobierno, impulsó una reforma de fortalecimiento de las capacidades estatales y de redistribución económica vía igualación por consumo, fuertemente anclada en la economía extractiva. Aquello se tradujo en una política económica presta a recuperar el control de las empresas públicas en las áreas estratégicas de la economía, sobre todo de los hidrocarburos, la exportación de materias primas altamente favorecidas por los precios del mercado internacional; la focalización en la estabilidad macroeconómica y en el mercado interno; el aumento de la inversión pública, así la implementación de bonos y políticas redistributivas focalizadas; no obstante, también se benefició al sector privado, como la banca y el comercio de importación(Morales 2017:132). Sus derivaciones, extensibles a la región, promovieron la inclusión social, aunque sin reducir la desigualdad, al impulsar la movilidad social ascendente de algunos segmentos sociales, pero sin afectar al capital privado y desde la ampliación del consumo a través del mercado (Kessler, G.&Benza, 2020). Asimismo, se procuró, no siempre con éxito, redefinir la racionalidad política del Estado, ampliando el canon democrático desde el acoplamiento normativo y práctico de distintas matrices de procesamiento político y el reconocimiento de formas híbridas en el ejercicio del poder y la representación (García y García, 2010). Particularmente, destaca el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado y los pueblos 7 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- NADA SE PIERDE, TODO SE TRANSFORMA. LAS DERECHAS EN EL CICLO PROGRESISTA BOLIVIANO indígenas como sujetos de derechos, así como la implementación-todavía problemática- de las autonomías indígenas originario campesinas que reconocen la vigencia de los sistemas políticos indígenas y campesinos y les otorgan prerrogativas económicas y político-administrativas. A su vez, vale la pena señalar que se instituyó también la paridad y alternancia de género para la conformación de la Asamblea Legislativa Plurinacional. En términos prácticos, esto tradujo en la democratización del poder político, dada la incorporación de representantes de los pueblos indígenas campesinos, de los sectores populares y de las mujeres(Arequipa, 2007). De ese modo, la ampliación democrática se caracterizó fundamentalmente por la diseminación de espacios y formatos del ejercicio político paralelos a los partidos y la difuminación de la política misma hacia la sociedad civil que interpela a las instituciones como objeto exclusivo de la acción pública(Arditi, 2009). Las derechas se dilucidaron en función del proceso de consolidación y declive de la hegemonía del mas . Éstas tuvieron que desentenderse del proyecto neoliberal precedente y se politizaron desde los propios términos de su declive, al pretender subsumir la crisis social en el clivaje estado/ región 1 y desplegarse desde el seno de la sociedad civil, pues ningún contrapeso factible fue posible desde el sistema político. La oposición se restructuró en base a los Comités Cívicos y las prefecturas de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija, enarbolando un discurso autonomista que vinculó las demandas por descentralización con los intereses de las élites empresariales tradicionales. Como argumenta Eaton(2014) el desplazamiento de los partidos políticos de derecha del gobierno, los forzó a desplegarse desde los niveles estatales subnacionales, desde las organizaciones civiles(medios de comunicación, ONGs, círculos empresariales, etc.) y desde la formación de identidades territoriales y sectoriales. De ese modo, los comités cívicos, que fungieron históricamente como expresión de los intereses empresariales locales,«se convirtieron en los principales dispositivos formuladores y movilizadores de la identidad política regional, en un discurso que relacionaba«libre empresa»,«descentralización» y«democracia»(Errejón, 2011). Así, los discursos apostaron por dicotomizar la descentralización y división de poder frente al estado centralista y el gobierno autoritario. Durante largo tiempo las fuerzas de derecha no lograron impugnar efectivamente la hegemonía del mas por su carencia de un proyecto nacional, pero sí tuvieron capacidad de bloquear los avances programáticos de la izquierda, sobre todo durante el periodo constituyente. 2 La disputa se dirimió a partir de la rearticulación de la demanda autonómica en el proyecto político del mas , que derivó en la aprobación de la Nueva Constitución Política del Estado en el año 2009. La segunda gestión de gobierno institucionalizó la nueva correlación de fuerzas. Se implementó el nuevo andamiaje político institucional y se suscitó la recomposición de los actores políticos y sus relaciones. Las fuerzas de derecha quedaron debilitadas, carentes de proyecto político, fraccionadas y disminuidas como representación partidaria. El mas se posicionó como«el principal instrumento de articulación, movilización y despliegue político-electoral del campo político» (García y García, 2010:23), delineando las coordenadas de la lucha política, las reglas de juego, las identidades políticas y las dinámicas de articulación/oposición. Aquello llevó a varios sectores de las élites del oriente a negociar con el partido de gobierno y desplazó las luchas políticas al interior del propio bloque de la izquierda. Una sucesión de conflictos populares, como el Gasolinazo, el TIPNIS las disputas mineras, demandas de los discapacitados, et., copó el ámbito público. En tanto, las fuerzas políticas de derecha se dividieron entre los partidos políticos de línea dura enfrentados al mas , los de centro proclives a la negociación y las fuerzas regionales aminoradas en torno a liderazgos y demandas regionales(Zegada, 2010). No es casual que en este momento algunos intelectuales se animaran a sugerir que«la derecha era el Evo» 3 o del otro lado, a presumir la disolución de la contradicción entre bloques de poder antagónicos. 4 Lo cierto es que la recomposición de la derecha se fraguaba en otra parte. 1 Ver Errejón, 2011. 2 Así, por ejemplo, el régimen de propiedad de la tierra fue uno de los puntos de negociación, estando previsto reducir a 5.000 hectáreas de superficie máxima a fin de reducir el latifundio, pero se amplió finalmente a 10.000. 3 Entrevista a Silvia Rivera. En: https://pueblosencamino.org/?p=991 4 Ver García Linera, 2011:23. 8 LAS ¿NUEVAS? DERECHAS Y EL DECLIVE DE LA HEGEMONÍA DEL MAS 3 LAS ¿NUEVAS? DERECHAS Y EL DECLIVE DE LA HEGEMONÍA DEL mas Una de las diferencias sustanciales entre el poder de la derecha respecto a la izquierda es su carácter horizontal. Así, aun cuando la izquierda es capaz de hacerse del gobierno, verticalmente, la amplitud del poder que mantienen las élites en todos los otros ámbitos sociales, condiciona el ejercicio político de quienes están en el cargo independientemente de su orientación(Canon, 2016). El ciclo progresista latinoamericano se enfrentó a esa constricción estructural que, incluso frente la coyuntura política y económica favorable, debió operar sobre el arraigo social del neoliberalismo, un régimen que no puede impugnarse sólo desde arriba, pues instala una racionalidad sobre la libertad, el cálculo y la obediencia en todas las áreas de la vida social. El proyecto político del mas se enfrentó a varias de esas dificultades al no lograr transformar sustancialmente el modelo productivo y afianzar sus políticas sociales desde la ampliación del consumo y la profundización del modelo extractivo. Sus repercusiones erosionaron las jerarquías de distribución de bienes económicos y simbólicos, mermando el poder de las élites de ataño, pero también modificando las aspiraciones de movilidad social de la clase media ascendente, ahora desancladas de un horizonte progresista(Ouviña&Thwaites, 2019). Mientras que, en el bloque de izquierda, generaron fuertes fisuras con los pueblos indígenas como reacción al extractivismo y pugnas corporativas por la distribución de regalías. En términos políticos, el mas también atravesó un giro interno regresivo, desplazándose progresivamente hacia el centro y adoptando cada vez más modelos de autoridad tradicionales. Esta gestión de lo político organizado bajo un esquema polarizador y centralizador generó distintos polos de crítica, tanto dentro de la propia estructura político partidaria, como en los sectores sociales antes afines y, fundamentalmente, en las clases medias urbanas que se distanciaron del gobierno(Komadina, 2019). A su vez, los casos de corrupción develaron problemas de gestión pública y aceleraron el desgaste político, minando la credibilidad de su vocación transformadora y abriendo una ventana de oportunidad para la recomposición de las fuerzas de derecha. Así, la derrota del 21 de febrero de 2016, en el que la apuesta por la reelección de Evo Morales fracasó, se convirtió en el gran punto de inflexión de la hegemonía del«Proceso de Cambio», pues generó la emergencia de flujos continuos de movilización, derivando finalmente en la salida del mas del gobierno. Como argumentan Luna y Rovira Kaltwasser(2014) las derechas tuvieron que desplegar estrategias diversas para disputar la hegemonía progresista, utilizando no sólo mecanismos de acción electorales, sino también no electorales(Luna y Rovira Kaltwasser 2014:13). Lo cierto es que el declive del proyecto político del mas suscribió, no tanto el retorno de las derechas, sino la restitución de su capacidad hegemónica. Aun cuando los cambios no fueron medulares, tuvieron la suficiente profundidad y alcance para presentar un desafío a la derecha, sobre todo en torno a dos de los pilares fundamentales: el económico y la recuperación de la centralidad del Estado y el político como fruto de modos de gobernanza alternativos que fueron más allá de las elecciones y las instituciones liberales(Canon, 2016). La gran hazaña de la recomposición de las derechas fue que eludió la impugnación a las políticas fundamentales ensayadas por el gobierno del mas y, en cambio, se focalizó en la politización de sus grietas. Las líneas del campo político se configuraron en torno a la gestión pública, en el que la reelección de Evo Morales, los conflictos gremiales, sobre todo con médicos y periodistas, así como otros temas relacionados a la defensa del medio ambiente, de los pueblos indígenas y de los derechos de las mujeres se convirtieron en las coordenadas de la disputa política. Aquello posicionó la tesis del fin de ciclo –en consonancia con el giro a la derecha regional- pero, en rigor, emergió un ciclo de disputa hegemónica abierta por la orientación de la transición política, pues el progresismo fue apenas un modo de impugnación del orden social neoliberal(Ouviña& Thwaites, 2019). Las fuerzas de derecha capitalizaron los errores del mas con efectividad. La crítica a la concentración de poder restituyó el valor simbólico de la democracia liberal representativa y del sistema de pesos y contrapesos como garantes de la circularidad de élites, convirtiéndose en el elemento articulador principal de una oposición fragmentada y heterogénea. La actuación del gobierno en los conflictos sociales no hizo más que exacerbar los imaginarios de arbitrariedad y autoritarismo de la cúpula del mas . Al mismo tiempo, se forjó un cuestionamiento a la dilapidación de recursos públicos, en el que el gobierno fue acusado de desperdiciar los fondos económicos, al no apuntalar un sistema de servicios públicos y utilizarlos de forma discrecional para conseguir apoyo popular. En este sentido se orientan las críticas a su relación con las organizaciones sociales, asimiladas como 9 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- NADA SE PIERDE, TODO SE TRANSFORMA. LAS DERECHAS EN EL CICLO PROGRESISTA BOLIVIANO clientelares y reducidas a la cooptación y la manipulación. Se sedimentó así una susceptibilidad a las formas corporativas del ejercicio del poder y la representación tan propias de los gobiernos posliberales. La novedad estriba en que esto no se tradujo en la apuesta por la desaparición de las políticas de redistribución, sino en un discurso designación«neutral» y«eficiente» sobre los criterios partidistas. Finalmente, la desconfianza hacia la gestión pública exacerbó, también una reacción conservadora a la composición social del mas , que puso en entredicho la«capacidad» de los funcionarios públicos desde un esquema racializado y desde la revalorización de la meritocracia. En el campo político además aparecieron otras líneas de conflicto secundarias, pero vinculadas al«cambio de época» y a los procesos de politización de la ecología y las identidades culturales, de género y las preferencias sexuales. Las brechas entre el discurso político del mas y las políticas sociales extractivas que afectaron a los pueblos indígenas y al medio ambiente, así como la pervivencia de prácticas machistas en el mas , activaron focos de oposición principalmente entre los jóvenes de las clases medias afines a la política de las causas sociales. Un elemento que fue hábilmente incorporado en los discursos políticos de las fuerzas de derecha, que se apropiaron banalizando algunos de los contenidos de los proyectos de la izquierda, pero dislocándolos de sus determinaciones socioeconómicas(Jáuregui, 2019:1). En oposición, las contiendas electorales visibilizaron también una tendencia conservadora contraria a los procesos de democratización impulsados desde el feminismo, la descolonización, las diversidades sexuales, etc. No es casual el reposicionamiento del factor religioso como un elemento movilizador que nutrió no tanto organizativa, sino simbólicamente a varios de los candidatos de oposición y a la propia sucesión presidencial de Jeanine Añez. Aquello engranó con el contexto regional, en el que la constelación derechista se unificó desde la lucha contra el«marxismo cultural», el anticomunismo y antibolivarianismo(Motta, 2017:80). En términos político organizativos, el desplazamiento del gobierno de las derechas les instó a operar desde los«no lugares de la política»(Zegada, 2010), desvaneciendo cualquier vinculación evidente de las élites tradicionales con el poder. Las organizaciones de sociedad civil se convirtieron en un campo privilegiado de construcción política frente a la ineficacia de la representación partidaria de los partidos conservadores. Las fuerzas de oposición se restituyeron progresivamente desde colectivos ciudadanos y desde la reactivación de los comités cívicos, que se autopercibieron como apartidarios y que apuntalaron la movilización urbana que derrocó a Evo Morales. Asimismo, aun cuando la derecha tuvo escasa renovación de liderazgos, las figuras de tipo empresarial (Luis Fernando Camacho) o intelectual(Carlos Mesa) se presentaron como«outsiders» políticos, difuminando su origen social y orientación sistémica. Por otra parte, las derechas también emprendieron una campaña desde las redes sociales, encauzando cualquier indignación colectiva en un sentido reactivo, incluso desde la validación de los discursos«políticamente incorrectos». Más llamativo resulta el reposicionamiento de las fuerzas del orden como actor político, debido a la reactivación de la producción de enemigos internos promovida desde el gobierno de transición(el masismo). Esta significación del conflicto político en los términos de civilización vs barbarie tendió a posicionar a las bases sociales del mas como alteridad y amenaza, instituyendo una política del orden público que sitúa al«nosotros» desde el rótulo de ciudadanos legales y relega al«ellos» a una representación delincuencial de quiénes no respetan la ley (Stanley, 2019:10). 5 El desenvolvimiento político de la oposición planteado en la lógica de valores desplazó la centralidad de la economía de la agenda de las derechas políticas. Las plataformas programáticas de los dos partidos principales antimasistas(Comunidad Ciudadana y Creemos) tendieron a apostar por la preservación del carácter público de las empresas, las políticas sociales y los servicios públicos, en cambio, recuperaron las vacancias dejadas por el mas sobre la industrialización, la diversificación productiva, la eficacia de la gestión, la mejora de servicios públicos, la superación de la economía extractiva, entre otros. Las alusiones al fomento de las empresas privadas aparecieron, en cambio, de forma solapada, siendo más explícitas y vinculadas a la descentralización, en el programa de la derecha del oriente del país. Son relevantes las alusiones al reconocimiento cultural de las desigualdades de género, de los problemas medio ambientales y de respaldo a los pueblos indígenas, unos desde el reconocimiento de sus formas de organización política(CC) y otros desde el apoyo productivo(Creemos). Empero, la matriz ideológica de este recambio proviene más de la política de las identidades, que entiende las desigualdades en términos de minoría y parcialidad y reivindicación cultural, antes del reconocimiento del sustrato material y su posibilidad hegemónica de cambio. 6 En todo caso, como se aprecia, el modelo económico no se expuso abiertamente como parte de la agenda de las corrientes políticas de derecha. Como argumenta López Segrera(2016) las derechas tuvieron que asumir posturas posneoliberales, apelando a programas económicos tendientes al mercado, pero sin menciones explícitas a las políticas de desrregulación, privatización y apertura comercial; y más alusivas a la preservación los programas sociales con legitimidad. A su vez enarbolaron agendas«posideológicas» sobre la corrupción, la eficiencia, el reconocimiento, etc., para disputar los espacios simbólicos de la izquierda. Se advierte así un desplazamiento de una derecha centrada discursivamente en lo económico, a una derecha centrada en la gestión pública y los valores. Esta politización de asuntos específicos por razones estratégicas se debe a que la izquierda tiene mayores posibilidades de canalizar cuestiones económicas en la competencia política, mientras que«los partidos de la dere5«En un discurso público para recibir la medalla de oro en la ciudad de Sucre Jeanine Añez señaló«(…) No permitamos que una ambición personal para dispersar el voto se salga con la suya y mucho menos que los arbitrarios, que los violentos y que los salvajes puedan volver al poder». 6 Ver Programas de los Partidos y Organizaciones Políticas, OEP. 10 LAS ¿NUEVAS? DERECHAS Y EL DECLIVE DE LA HEGEMONÍA DEL MAS cha, en especial en contextos sociales donde existen clivajes identitarios significantes, tiende a girar a otros problemas basados en valores para maximizar sus votos»(Tavits y Potter 2014, 755). Ya decía Romero en un clásico trabajo sobre las derechas, que antes de fundamentarse desde posturas doctrinarias, privilegian una actuación pragmática que encuentra en las situaciones reales la flexibilidad de su acción política(1970:14). Más si se considera que, en un contexto en el que la izquierda delineó la batalla cultural, la derecha puede presentarse como anti establishment, impugnando el histórico rol de la izquierda como promotora de cambio(Roucco, 2020:34). 11 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- NADA SE PIERDE, TODO SE TRANSFORMA. LAS DERECHAS EN EL CICLO PROGRESISTA BOLIVIANO 4 DE LAS«NUEVAS» DERECHAS A LO NUEVO DE LAS DERECHAS Ya para el año 2005, Danigno et al(2005) señalaban que la lucha hegemónica en América Latina se caracterizaba por la presencia de tres proyectos políticos confrontados: el autoritario, el neoliberal y el democrático-participativo. La especificidad radicaba en que los proyectos políticos conservadores se vieron forzados a establecer un terreno de interlocución con los campos adversarios y a resignificar los contenidos enarbolados por los proyectos democráticos. Aquello propició la tesis de las«nuevas» derechas para pensar los elementos de su recambio frente al proyecto político del progresismo. La novedad residió tanto en la adopción de discursos sociales y democráticos, como de posturas de corte conservador y anti político, así como en la mutación de sus formatos organizativos y sus prácticas políticas. No obstante, esta aparente ruptura con las derechas liberales de los años 90, obnubiló las líneas de continuidad con la trayectoria histórica del campo de las derechas. Como se expuso en este trabajo, los distintos contenidos y formatos de la derecha hablan más de su naturaleza acumulativa, pero plural y pragmática, antes que de una fuerza política cohesionada y coherentemente estructurada. Por esto, argumentaba con precisión Waldo Ansaldi(2017) que era más preciso abordar lo nuevo de las derechas, antes que las nuevas derechas, a fin de reconocer su naturaleza histórica y sedimentada, sin negar el marco político concreto y las controversias en las que emergen y se desarrollan. En el proceso de recomposición política de las derechas bolivianas, se pueden advertir tres corrientes que operan muchas veces solapadas y desde formas híbridas de ejercicio del poder y la representación. La primera, de corte dominante es la democrático-liberal y la de la política de las identidades, que enarbola la defensa de las instituciones democráticas e integra selectivamente algunos tópicos propios del«Proceso de Cambio»(la democracia, el medio ambiente, los indígenas, las mujeres, etc.). Su base social se asienta en las élites occidentales y las clases medias tradicionales. La segunda, emergente, comprende una oposición más regionalizada que reivindica el emprendedurismo y el capital privado, enarbolando un discurso de eficiencia, transparencia y descentralización. Su soporte depende las oligarquías del oriente y de algunos segmentos medios y ascendentes regionalmente articulados. Finalmente, la tercera propiamente recuperada, corresponde a la reacción conservadora frente a los procesos de democratización impulsados desde el feminismo, los colectivos LGTB, y la laicidad del Estado y que procura restituir el papel de la familia, la religión y la autoridad. Esta permea las diferentes capas sociales y se vincula de modo suplementario a las anteriores. Cada una de estas tendencias, analíticamente diferenciables, focaliza un tipo de agenda, sea esta liberal, neoliberal o conservadora, pero en la práctica se despliega de forma estratégica y selectiva, según los contextos y la correlación de fuerzas sobre la que debe operar. Entonces la novedad de las derechas residió, antes que, en la adopción de otras fuentes ideológicas, en una nueva lógica de construcción política y discursiva, en la que caben posturas amplias, diversas y hasta contradictorias, que, sin embargo, no incorporan la igualación económica. La difuminación del neoliberalismo es transversal a todas las posturas políticas, que, desde la política de las identidades, el emprendedurismo o la moral religiosa, eluden al fin y al cabo la«cuestión social». Esto se debe a que en el nodo articulador de sus proyectos persistió una matriz liberal, mercadocéntrica y social-autoritaria respectivamente, que fue la que se erosionó en las últimas décadas. A su vez, está claro que, en contextos de gobiernos progresistas, los proyectos de las élites se encauzaron cada vez menos desde las instituciones políticas y cada vez más desde la sociedad civil, exponiendo el carácter ampliado de su poder. De aquí que, como argumenta Canon(2016), aun cuando los cambios no fueron medulares, tuvieron el suficiente alcance como para presentar un desafío para las fuerzas de derecha, prestas a restablecer su iniciativa política desde los fracasos y vacancias allanados por el gobierno del mas . Aún así, la recomposición de su poder político habla más de la restitución de su capacidad hegemónica, que de un inminente retorno al poder. Recordemos que, en condiciones de desigualdad, la izquierda se resiste a morir. 12 BIBLIOGRAFÍA BIBLIOGRAFÍA Ansaldi, W. 2017.«Arregladitas como para ir de boda. Nuevo ropaje para las viejas derechas». Theomai, N° 35. Disponible en http://www. redalyc.org/html/124/12452111003/ Arditi, B. 2009.«El giro a la izquierda en América Latina: ¿una política post- liberal?» En Ciências Sociais Unisinos, 45(3): pp. 232-246. Arequipa, M. 2007. La caja negra de la política: forma y comportamiento del legislativo en Bolivia(1985-2015). Vicepresidencia del Estado Plurinacional. 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Ha publicado textos que se relacionan con los temas de los sistemas de partidos de Bolivia, la cultura política, y la democracia. Friedrich-Ebert-Stiftung| Toma Partido Plaza Cagancha 1145 piso 8| Montevideo| Uruguay Coordinación del Proyecto Toma Partido: Dörte Wollrad y Viviana Barreto| fes Uruguay Ingrid Ross y Argerie Sánchez| fes América Central Coordinación de publicaciones: Jandira Dávila y Susana Baison Edición| María Lila Ltaif| Diagramación| Gliphos| Más información: toma-partido.fes.de Contacto: tomapartido@fes.de La Fundación Friedrich Ebert( fes ) fue creada en 1925, y es la fundación política más antigua de Alemania. Es una institución privada y de utilidad pública, comprometida con el ideario de la democracia social. La fundación debe su nombre a Friedrich Ebert, primer presidente alemán democráticamente elegido, y da continuidad a su legado de hacer efectivas la libertad, la solidaridad y la justicia social. Cumple esa tarea en Alemania y en el exterior en sus programas de formación política y de cooperación internacional, así como en el apoyo a becarios y el fomento de la investigación. SOBRE ESTE PROYECTO Toma Partido es una plataforma para la construcción de análisis, iniciativas y alianzas políticas y sociales amplias hacia el fortalecimiento y una transformación democrática emancipadora y feminista de los partidos políticos progresistas de América Latina y el Caribe. Es una invitación y una iniciativa de todas las oficinas de la Friedrich-Ebert-Stiftung en la región. El uso comercial de todos los materiales editados y publicados por la Friedrich-Ebert-Stiftung( fes ) está prohibido sin previa autorización escrita de la fes . Las opiniones expresadas en esta publicación no representan necesariamente las de la Friedrich-Ebert-Stiftung o las de la organización para la que trabajan los/as autores/as o las de las entidades que auspiciaron la investigación. ISBN 978-9915-9308-6-2 NADA SE PIERDE, TODO SE TRANSFORMA. LAS DERECHAS EN EL CICLO PROGRESISTA BOLIVIANO El progresismo y la izquierda ante la nueva derecha: claves para la región A fines de 2020, con la preocupación por el ascenso de nuevas y desafiantes experiencias conservadoras y de derecha en la región y el trasfondo de un escenario mundial caracterizado por desafíos múltiples a la política como herramienta de transformación, la Red desarrolló una iniciativa para comenzar a identificar y analizar este fenómeno. Estos documentos que se presentan son la primera parte de un proceso posible gracias al apoyo y el involucramiento del proyecto«Toma Partido» de la FES en América Latina y el Caribe. Se trata de insumos informados y reflexivos breves para estimular un debate más amplio, y fueron estructurados para intentar identificar diferentes preguntas. ¿Cómo son las nuevas derechas y cuáles son los puntos de diferencia y contacto con las«viejas derechas»? ¿Cuáles son los ejemplos regionales o internacionales que las inspiran? ¿Qué desafíos plantean a la izquierda y el progresismo? ¿Qué pasa con la nueva derecha en Bolivia? El proceso que se inició con estos aportes está en desarrollo, comprenderá intercambios y diálogos con diferentes actores de la región y aspiramos a que, más adelante, fecunde también reflexiones con otras regiones para aportar a la práctica política transformadora hacia sociedades más justas e igualitarias. Los documentos no son insumos académicos ni análisis exhaustivos de la situación en cada país. Tampoco representan necesariamente los puntos de vista de las fundaciones que integran la Red ni de la FES en América Latina y el Caribe. Para más información: fes-uruguay.org| fesur@fesur.org.uy t @ fesu ruguay l fes_uruguay f fes Uruguay