PERSPECTIVA LOS 100 DÍAS DE BIDEN: Desafíos y oportunidades para México y Latinoamérica Mauricio De Maria Campos y Castelló Mayo 2021 El antimultilateralismo de Trump ha sido superado por el nuevo Gobierno. La política multilateral estadounidense dio señales muy positivas, con el regreso a importantes foros que son claves para la gobernanza global. El retorno de Estados Unidos al Acuerdo de París de Cambio Climático y a la Organización Mundial de la Salud es una buena señal para México y el mundo. La pandemia y sus impactos podrían ser el punto de partida de una nueva gobernanza, si se dan la imaginación, la voluntad y los liderazgos necesarios. Está por verse el reacomodo de países a nivel regional y global. La relación con América Latina y el Caribe exige nuevas actitudes de Biden y nuevos entendimientos frente a la indiferencia histórica con respecto a la región. Son urgentes nuevas iniciativas de cooperación y recursos de inversión que superen siglos de marginación. Con respecto a la relación México-EUA, podemos esperar una relación más digna y previsible que con Trump, con énfasis creciente en exigencias laborales, ambientales y de derechos humanos, pero con oportunidades de nuevas formas de cooperación económica, social, ambiental y, nos gustarían también, fórmulas eficaces de seguridad compartida. Todo dependerá de la visión del Gobierno de Biden y de la actitud que adopte el Gobierno de AMLO. LOS 100 DÍAS DE BIDEN: Desafíos y oportunidades para México y Latinoamérica Mauricio De Maria Campos y Castelló Mayo 2021 Índice Introducción 4 1. El fin de la era Trump 5 2. Primeras acciones de Biden: atención prioritaria 6 a la agenda doméstica: emergencia sanitaria, empleo, recuperación económica e inversión en infraestructura verde 3. Primeros pasos de política exterior. Regreso al 7 multilateralismo, política regional e inmigración 4. Los Estados Unidos y América Latina. ¿Cambios 8 posibles en el horizonte? 4.1 México y Estados Unidos en el marco de Norteamérica y el mundo 9 5. Referencias 11 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- Los 100 días de Biden: desafíos y oportunidades para México y Latinoamérica Introducción Transcurridos los primeros 100 días del Gobierno de Biden, hemos sido testigos de una transición significativa: una ruptura y un cambio hacia un nuevo futuro para los Estados Unidos en el mundo, pero también, como era de esperarse, tras un año de crisis nacional y global por la pandemia, la permanencia y la resiliencia de viejos retos y dilemas, particularmente evidentes en el ámbito continental americano y mexicano. Tenemos que reconocer que las acciones del Gobierno de Biden en la esfera nacional han sido contundentes y positivas tanto en el ámbito de la emergencia sanitaria y el impulso a la recuperación económica y social, como en la reconstrucción y el relanzamiento económico y social del país. Lo que ha experimentado grandes transformaciones es la orientación de la política doméstica y la visión ideológica y económica: FDR revisited, en sustitución del Lincoln revisited de Obama y, ciertamente, del conservadurismo corporativo“Made in Las Vegas& Miami” de Trump. Sin embargo, hay que admitir que en la esfera de la política exterior las señales han sido mixtas y, en algunos casos, ambivalentes. Lo mismo puede decirse de la política migratoria y las acciones derivadas. Los primeros 45 días de Biden fueron promisorios de una reversa a los muros y estrategias discriminatorias de Trump. Muchas restricciones migratorias en decretos presidenciales fueron canceladas. Sin embargo, las buenas intenciones han sido salpicadas por las realidades de las caravanas de centroamericanos y mexicanos apremiados por el deterioro político, económico y social pandémico, la búsqueda de la vacuna y el sueño americano versión Biden, fortalecido por los nuevos programas de rescate doméstico. Hay una nueva ola de migrantes en Mesoamérica y el resto del mundo lista para probar al nuevo Gobierno que, por lo pronto, anuncia semáforo amarillo tendiendo a rojo. Cambió el nombre del juego y de las caras en la dimensión internacional, y se dieron pasos importantes en la búsqueda de la recuperación de un elusivo liderazgo mundial de los Estados Unidos, pero las políticas específicas apenas empiezan a modificarse tímida y erráticamente. El“America First” de Trump, con sus estrategias“Made in America” y la rivalidad con China siguen a la orden del día. Las diferencias con la Rusia de Putin han vuelto agudizadas a los cauces tradicionales de la era Obama. La política multilateral estadounidense dio señales muy positivas, con el regreso a importantes foros que son claves para la gobernanza global. El anuncio de futuras estrategias y acciones reformistas y constructivas en el marco de la ONU y Breton Woods fue bienvenido. No obstante, para Biden tienen un lugar secundario en el tiempo. 4 El fin de la era Trump 1 EL FIN DE LA ERA TRUMP Los Estados Unidos de América—entre el 12 de noviembre del 2020 y la toma de posesión de Biden, en enero de 2021— revelaron una democracia amenazada. El asedio al Capitolio el 6 de enero, con la complacencia del presidente Trump, nos recordó intentos de golpes de Estado en países latinoamericanos y africanos. Ishaan Tharoor describió en The Washington Post la situación como una clara evidencia del fin del“excepcionalismo americano”(2020).“La destrucción de la imagen de las transferencias pacíficas del poder en los Estados Unidos” para Richard Haas, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores; mientras Biden declaraba con afán tranquilizante que los eventos“no reflejan lo que somos”. El mal manejo de Trump de la crisis sanitaria del covid-19 fue la gota que derramó el vaso. En Asia-Pacífico, China, Corea del Sur, Japón, Vietnam, Tailandia y Nueva Zelanda mostraron lo que significa contar con capacidad de previsión y reacción frente a las crisis, así como disciplina, innovación sobre la marcha y recuperación. El gran impulso económico a las vacunas no fue suficiente ni oportuno para contrarrestar el desastre. El futuro mostrará cuán duradera será la crisis actual de valores y actitudes y hasta dónde apunta hacia una mayor descomposición de la sociedad estadounidense. Diversos estudios y encuestas muestran que las generaciones más jóvenes están menos inclinadas a creer en“el excepcionalísimo del país y más deseosas de que los Estados Unidos jueguen un papel de liderazgo en el exterior. Son las generaciones más viejas las que necesitan mantener mitos como el del excepcionalismo americano”(Tharoor, 2020). En el mundo, hace mucho que se vino abajo la percepción de Estados Unidos como faro de luz de la democracia y los derechos humanos, desde sus participaciones en golpes de Estado, las guerras de Vietnam e Iraq, las cárceles y torturas de Guantánamo y Abu Ghraib. Sin embargo, con la llegada de Trump, su insistencia en“America First” frente a un mundo exterior ascendente y una marcada oposición al multilateralismo global impulsado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la creación del sistema de Naciones Unidas y Bretton Woods, el liderazgo estadounidense y el ejemplo para el mundo de su sistema de gobierno, economía exitosa, liderazgo tecnológico y sueño de progreso, recibió golpes muy serios. 5 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- Los 100 días de Biden: desafíos y oportunidades para México y Latinoamérica 2 PRIMERAS ACCIONES DE BIDEN: ATENCIÓN PRIORITARIA A LA AGENDA DOMÉSTICA: EMERGENCIA SANITARIA, EMPLEO, RECUPERACIÓN ECONÓMICA E INVERSIÓN EN INFRAESTRUCTURA VERDE La rapidez con que el Gobierno de Biden ha actuado para cambiar la trayectoria, echando a andar de nuevo la máquina de billetes y contratando deuda, que solo Estados Unidos dispone, ha sido contundente. Igualmente sorprendente ha sido una audaz política keynesiana, anunciada desde la campaña, no obstante que el nuevo Gobierno dispone de una estrechísima mayoría en las dos cámaras legislativas. Por lo pronto, hemos presenciado la aprobación del Congreso de un paquete de rescate sanitario, económico y social frente a la pandemia de 1.9 billones de dólares. Y se ha presentado un nuevo paquete de 2.25 billones de dólares dirigido a franquear en los próximos ocho años la brecha acumulada de infraestructura, generar empleos de manera masiva y promover la inversión industrial y social verde, mediante un programa de inversión pública y privada sin precedentes desde Franklin D. Roosevelt. El programa se financiará con recursos del Estado y las empresas, un aumento de la tasa corporativa del impuesto sobre la renta al 28%(a medio camino entre el nivel que prevalecía con Obama y el que estableció a la baja Trump en beneficio de los grandes capitales) y medidas dirigidas a evitar la evasión de impuestos en el exterior de las empresas estadounidenses. 6 Primeros pasos de política exterior. Regreso al multilateralismo, política regional e inmigración 3 PRIMEROS PASOS DE POLÍTICA EXTERIOR. REGRESO AL MULTILATERALISMO, POLÍTICA REGIONAL E INMIGRACIÓN El antimultilateralismo de Trump ha sido superado por el nuevo Gobierno. El regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París de Cambio Climático y a la Organización Mundial de la Salud es una buena señal para México y el mundo. La reconstrucción de la entrampada Organización Mundial de Comercio parece una realidad alcanzable gracias al consenso del nuevo Gobierno de Biden con la elección de la nigeriana Ngozi Okonjo-Iwea como directora general. También parece viable, aunque con más obstáculos en el camino, la renovación de los acuerdos nucleares con Rusia e Irán. Es probable, asimismo, que los Estados Unidos participen activamente en la urgente reforma de la ONU y las instituciones de Bretton Woods que proponen el secretario general, Antonio Guterre, y un número importante de países desarrollados(Alemania y Japón, por ejemplo), emergentes (Brasil y Sudáfrica) y en desarrollo. Gran Bretaña y la Unión Europea parecen estar dispuestas a avanzar en esa dirección. Sin embargo, la tarea no va a ser fácil: reformar un sistema que acaba de cumplir 75 años y en el que cinco países mantienen privilegios: la membresía permanente y el derecho a veto sobre las grandes decisiones en el Consejo de Seguridad. La pandemia y sus impactos podrían ser el punto de partida de una nueva gobernanza, si se dan la imaginación, la voluntad y los liderazgos necesarios. Está por verse el reacomodo de países a nivel regional y global. El reto para Biden no se resolverá con la vuelta a las políticas de Obama, que ya tenían sus propias limitaciones y dolencias en su perspectiva global sobre la economía, la desigualdad social, la migración, el medio ambiente y la seguridad. El regreso al TPP no se ve como una opción muy viable tras la creación del RECEP en que China, Japón y Corea del Sur han logrado, junto con otras 12 naciones de Asia Oriental, una zona de libre comercio e inversiones. El Gobierno de Biden entiende muy bien que el ámbito multilateral demanda cambios profundos en la gobernanza mundial y las instituciones de la ONU y Breton Woods. Parecería entender también la inevitabilidad de una eventual conciliación del actual sistema con la institucionalidad creada por China con la Ruta de la Seda—y la Franja y la Ruta y el Banco de Infraestructura Asiática—. África y una buena parte de Asia y Europa ya están lidiando pragmáticamente con esa visión, pero la convergencia no se ve fácil de parte de los Estados Unidos en el corto y mediano plazo. China ha tenido, en cambio, siempre una visión geopolítica y económica estratégica, que ha desplegado exitosamente en Asia, en África, e incluso en Latinoamérica. Hasta mediados de 2022, las prioridades domésticas seguirán a la cabeza de la lista de la Casa Blanca. En este contexto, Julián Ventura indica en un artículo reciente(2021) tres áreas que saltan a la vista como maduras para una colaboración global de los Estados Unidos que pueden mandar señales positivas para restaurar la confianza en el multilateralismo: 1. Apoyar una efectiva, coordinada y equitativa respuesta global frente al covid-19. Asegurar una igualitaria y oportuna distribución de las vacunas para todos los países; sería paso clave. 2. Lograr que el sistema multilateral comercial opere bien, con una economía global golpeada por la pandemia. Es necesario recuperar la pista en la OMC. 3. Colocar la distribución del ingreso, la inclusión y el desarrollo sustentable en el centro de la agenda internacional. La pandemia ha revelado la dificultad para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sustentable de la ONU, si no se da una efectiva y renovada cooperación multilateral. Los Estados Unidos comenzaron con el pie correcto en lo doméstico. ¿Será posible extender esos principios y criterios a lo global? Improbable. El costo presupuestario para los Estados Unidos de los paquetes locales en curso será enorme. Un programa similar a nivel global—aun una versión modesta— sería difícil de abordar. Toda la buena voluntad de Europa y el mundo desarrollado—incluyendo a China— no podría lograrlo. ¿Qué hacer para evitar que las desigualdades actuales prevalecientes entre regiones y dentro de los países se agudicen en la próxima década? Un buen desafío para las grandes potencias y la ONU en la década que se inicia. 7 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- Los 100 días de Biden: desafíos y oportunidades para México y Latinoamérica 4 LOS ESTADOS UNIDOS Y AMÉRICA LATINA. ¿CAMBIOS POSIBLES EN EL HORIZONTE? La relación con América Latina y el Caribe exige nuevas actitudes de Biden y nuevos entendimientos frente a la indiferencia histórica con respecto a la región, más allá de la superación de la problemática del BID, la OEA y otras ausencias y torpezas de Trump. Son urgentes nuevas iniciativas de cooperación y recursos de inversión que superen siglos de marginación. La más obvia y apremiante sería una mejor coordinación en materia de salud y la construcción, desde ahora y a futuro, de un programa continental de prevención y remediación frente a pandemias y otras emergencias sanitarias, comenzando por la producción y distribución de vacunas. China, Rusia y la India llevan indudablemente la delantera en la diplomacia regional de vacunas. Durante 2020, la ausencia de una estrategia y acción continental ha sido notoria frente a lo alcanzado en otras regiones del mundo. La Organización Panamericana de la Salud ha jugado un papel discreto. Solo hubo cooperación entre un puñado de países en algunas cuestiones puntuales(Argentina, Chile y México, por ejemplo). A pesar de las múltiples diferencias que han caracterizado en los últimos años a las relaciones de Estados Unidos con los países latinoamericanos y del Caribe, y las que han prevalecido al interior de LAC, ¿habrá posibilidades de una estrategia compartida regional y de crear—como ya lo hizo África recientemente— una efectiva zona de libre comercio y desarrollo continental que compense las asimetrías entre los países? Difícilmente. La que parece tener mayores posibilidades es la alianza para el desarrollo del sur de México y los países centroamericanos del triángulo del norte. Esta requeriría, además de reformas en materia migratoria, una estrategia que combinara buenos gobiernos, inversión productiva y apoyos de US AID, el Banco Mundial, el BID y los bancos nacionales de desarrollo. En todo caso, la rivalidad China-EUA marcará grandes retos y oportunidades para un consenso regional. Las iniciativas más importantes de mediano y largo plazo serían la formulación y puesta en marcha de una estrategia regional de cooperación sanitaria en materia de previsión, acciones concertadas para la producción y distribución de vacunas y medicamentos y, en el ámbito económico y social, la puesta en marcha de una estrategia competitiva que acelere la recuperación económica y social de la región de manera incluyente y sustentable. Según el informe más reciente de Naciones Unidas sobre la situación económica mundial y sus perspectivas, América Latina y el Caribe han sido de las zonas más afectadas por la pandemia, con una pérdida de 8% en el PIB, 45 millones de personas de regreso a la pobreza y un empeoramiento de las profundas inequidades estructurales en la región más inequitativa del planeta(Cepal, 2020). 8 Los Estados Unidos y América Latina. ¿Cambios posibles en el horizonte? 4 LOS ESTADOS UNIDOS Y AMÉRICA LATINA. ¿CAMBIOS POSIBLES EN EL HORIZONTE? 4.1 MÉXICO Y ESTADOS UNIDOS EN EL MARCO DE NORTEAMÉRICA Y EL MUNDO La frontera entre México y los Estados Unidos ha sido desde 1848 el límite entre dos naciones muy diferentes, pero también ente dos sociedades y economías contrastantes entre Alaska y Tierra del Fuego; la frontera entre la región más rica y la más desigual del mundo: Latinoamérica y el Caribe. Ello ha significado enormes desigualdades en niveles de vida y expectativas de bienestar. En su relación con México, Trump estuvo siempre convencido de que las fronteras porosas y la inmigración habían tornado vulnerable a los Estados Unidos; de que los cárteles criminales son productos mexicanos, centroamericanos o sudamericanos, y de que los acuerdos comerciales acarreaban daños a los Estados Unidos—no a México—. No le pasaban por la mente las asimetrías económicas y sociales, las vulnerabilidades históricas estructurales y las aspiraciones legítimas de progreso de nuestra población y los agravios a nuestros migrantes. Su pensamiento no fue totalmente novedoso. Partió de viejas concepciones y prejuicios muy enraizados. Ahora, como Alejandro Mayorga, secretario del Interior de Biden, señaló a Jorge Ramos Ávalos recientemente: “la frontera no está abierta; lo que hemos descontinuado es la crueldad de la pasada administración”(2021). Con Biden podemos esperar una relación más digna y previsible que con Trump, con énfasis creciente en exigencias laborales, ambientales y de derechos humanos, pero con oportunidades de nuevas formas de cooperación económica, social, ambiental y, nos gustarían también, fórmulas eficaces de seguridad compartida. Todo dependerá de la visión del Gobierno de Biden y de la actitud que adopten el Gobierno de AMLO y, en menor medida, de los otros países mesoamericanos en el futuro inmediato. Este 2021 está lleno de buenos deseos y esperanzas a partir de la llegada de las vacunas; pero México y los Estados Unidos tienen todavía un arduo camino por recorrer para recuperar la“normalidad” y reactivar sus economías de manera sostenida y sustentable en los próximos cuatro años. Se van a requerir grandes capacidades nacionales de organización, mucha inversión y una cooperación que fue siempre insuficiente y muy ausente en los últimos cuatro años. México no parecía estar entre las prioridades del nuevo Gobierno. Sin embargo, la vecindad geográfica e histórica, los desafíos compartidos en materia de seguridad, crimen organizado, tráfico de armas, migraciones y medio ambiente y la realidad económica que vincula a Estados Unidos con México, impulsan el retorno a una nueva normalidad. El Gobierno de México debe estructurar y promover una nueva política bilateral frente a Washington y no olvidar a Canadá y Centroamérica en el diseño. El T-MEC, con sus adiciones importantes de última hora promovidas por los demócratas en materia laboral y ambiental, será pieza central en la relación comercial y de inversiones entre los dos países y Canadá, pero requiere un crucial complemento de inversión pública y privada. En este contexto, urge que México reactive y reoriente la política económica doméstica, y al mismo tiempo la exterior, y fortalezca las instituciones y los mecanismos conducentes del gobierno, el sector privado, los sindicatos y la sociedad civil. Urge también que revise sus estrategias en materia energética y ambiental. Biden ya ha revertido políticas y medidas contra el medio ambiente de Trump, y ha logrado encaminar en sus dos paquetes básicos nuevas medidas para promover una infraestructura y una industrialización verde. México tiene que reflexionar sobre su estrategia de mediano y largo plazo y hacer un redoblado esfuerzo por cumplir con sus compromisos ambientales globales y regionales. Ello exigirá repensar a América del Norte y fortalecer los mecanismos de integración económica, social y de seguridad, más allá del T-MEC y las tradicionales instancias de coordinación y cooperación. La pandemia ha confirmado que necesitamos establecer políticas convergentes en materia de salud, educación, medio ambiente y protección social, y avanzar hacia una integración económica, social y de infraestructura física entre los tres países comenzando por las fronteras entre México y los Estados Unidos, donde el contraste es evidente. 9 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- Los 100 días de Biden: desafíos y oportunidades para México y Latinoamérica Tras la firma del TLCAN en 1994, con Carlos Salinas, los tres países exploraron durante la presidencia de Ernesto Zedillo la viabilidad de un programa regional de mediano y largo plazo de inversiones en infraestructura física de Alaska al Suchiate. Gobiernos, académicos y empresarios de los tres países participamos en reuniones de alto nivel que examinaron incluso las posibilidades de coordinar políticas sociales. Lamentablemente, la idea de una mayor integración y cooperación entre los tres países decayó durante el periodo de Bush por tres razones principales(Pastor, 2010): 1. China se unió a la OMC en 2001 y, a partir de esa fecha, sus exportaciones a los Estados Unidos, Canadá y México crecieron tan rápido, que ya para 2007 había superado a nuestro país como el segundo exportador a los Estados Unidos. 2. El ataque a las Torres Gemelas del 9/11 desató múltiples obstáculos y medidas de seguridad al flujo de personas, transporte de bienes y servicios entre los tres países. 3. Declinó la construcción de infraestructura en los tres países y en las zonas fronterizas. Un reciente estudio realizado por la Sociedad de Ingenieros Civiles de los Estados Unidos muestra que el deterioro de la infraestructura en este país ha sido enorme en este siglo. No hay estudios equivalentes sobre México, pero cifras de la caída en inversiones no dejan lugar a dudas de que la brecha de infraestructura ha crecido a una velocidad mayor que en Estados Unidos(De Maria, 2021). El NADBANK, creado a partir del TLCAN para impulsar inversiones en infraestructura física y social a lo largo de la frontera entre México y los Estados Unidos, ha contado tradicionalmente con muy escasos recursos. Ha llegado la hora de proponer a Biden y Trudeau reanudar la exploración de esa red imaginada—al estilo europeo o asiático— para fortalecer América del Norte y promover el desarrollo regional de los tres países y, eventualmente, de Centroamérica. México lo planteó de manera limitada hace dos años, pero Trump le cerró la puerta en las narices; prefirió amenazar a México con sobretasas de aranceles si no empleábamos a la Guardia Nacional para frenar las caravanas de migrantes centroamericanos. considerablemente en 2020, y es de esperarse que se incrementen más aún en 2021, generando un importante alivio económico y social. Sin embargo, son los programas“rooseveltianos” de los Estados Unidos los que constituyen una verdadera oportunidad para México. Todo dependerá de que en los próximos ocho años y, en particular en los próximos cuatro, México duplique o triplique sus inversiones en infraestructura y producción sustentable, desarrollo tecnológico y formación de recursos humanos. Si no lo hace, habrá perdido la gran oportunidad de convertir a la 4ª Transformación en una eficaz palanca del desarrollo y la generación de empleos en México. Hay proyectos de inversión pública mexicanos en curso en el Istmo de Tehuantepec y en el Sureste que resultarían cruciales, particularmente a la luz de la saturación y los accidentes en los canales de Suez y Panamá y otros estrechos marítimos, que crecientemente están mostrando las vulnerabilidades de la actual infraestructura marítima global. Proyectos privados de comunicaciones y transportes que se están realizando o se han planeado para el resto del territorio nacional y para Estados Unidos y Canadá(tras las fusiones entre empresas ferroviarias) van también en esa dirección y deberían incorporarse a un programa integrado regional. Asimismo, existen condiciones objetivas reales para que prospere la iniciativa de AMLO a Biden para reactivar un programa de trabajadores migrantes mexicanos y centroamericanos bajo bases legales y organización institucional. Con Canadá ya lo tenemos, aunque extremadamente modesto. Estados Unidos, con una sociedad que envejece rápidamente e importantes proyectos en la industria de la construcción, va a necesitar grandes cantidades de trabajadores en la próxima década. El Gobierno de Biden debe explicitar esa demanda a su“buen vecino” y satisfacerla por cauces legales. Las elecciones mexicanas de julio y una nueva visión para la segunda mitad del sexenio, con reformas fiscales y un renovado impulso de la banca de desarrollo, podrían constituir la plataforma para un ambicioso programa de inversión pública en infraestructura, complementado por inversión productiva privada. La voluntad y la imaginación tienen la palabra. El tamaño de los programas de alivio y de inversión autorizados y en consideración en los Estados Unidos, no tiene precedente. Su impacto sobre la demanda de productos y servicios canadienses y mexicanos seguramente será importante. Las remesas de migrantes mexicanos aumentaron 10 Referencias De Maria y Campos, Mauricio(2021). “Infraestructura. El siguiente reto de Biden ¿Y México?”, El Financiero(15 de marzo). Pastor, Robert(2010): “Mexico´s Future in North America-Its Third Challenge”, en Arturo Oropeza(coord.), América del Norte en el siglo XXI. Ciudad de México, UNAM-CIACI. Tharoor, Ishaan(2020). “The End of the Road to American Exceptionalism”, The Washington Post(diciembre). Ventura, Julian(2021). “The Road Back to Effective Multilateralism. A View from Mexico”, ensayo de la serie America´s Global Role: the view from abroad. American Chatham House(9 de febrero). Cepal. Informe 2020. Referencias 11 12 IMPRESIÓN ACERCA DEL AUTOR PIE DE IMPRENTA Mauricio De Maria Campos y Castelló. Miembro del Consejo Directivo del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento(IDIC), Embajador de México ante el G-16 de la ONU(1998-10) y ante Sudáfrica (de 2002 a 2007). Fundación Friedrich Ebert en México Yautepec 55| Col. Condesa 06140| Ciudad de México| México Responsable Yesko Quiroga| Representante en México Coordinador de proyectos Carlos Cabrera Teléfono+52(55) 5553 5302 Fax+52(55) 5254 1554 https://mexico.fes.de El uso comercial de todos los materiales editados y publicados por la Friedrich-Ebert-Stiftung(FES) está prohibido sin previa autorización escrita. Las opiniones expresadas en esta publicación no representan necesariamente las de la Friedrich-Ebert-Stiftung(o de la organización para la que trabaja el o la autora). 13 ISBN 978-607-8642-81-6 LOS 100 DÍAS DE BIDEN: desafíos y oportunidades para México y Latinoamérica Transcurridos los primeros 100 días del Gobierno de Biden, hemos sido testigos de una transición significativa: una ruptura y un cambio hacia un nuevo futuro para los Estados Unidos en el mundo, pero también, como era de esperarse, tras un año de crisis nacional y global por la pandemia, la permanencia y la resiliencia de viejos retos y dilemas, particularmente evidentes en el ámbito continental americano y mexicano. El Gobierno de Biden entiende muy bien que el ámbito multilateral demanda cambios profundos en la gobernanza mundial y las instituciones de la ONU y Breton Woods. Parecería entender también la inevitabilidad de una eventual conciliación del actual sistema con la institucionalidad creada por China con la Ruta de la Seda—y la Franja y la Ruta y el Banco de Infraestructura Asiática—. La relación con América Latina y el Caribe exige nuevas actitudes de Biden y nuevos entendimientos frente a la indiferencia histórica con respecto a la región, más allá de la superación de la problemática del BID, la OEA y otras ausencias y torpezas de Trump. Son urgentes nuevas iniciativas de cooperación y recursos de inversión que superen siglos de marginación. Para el caso de México, con Biden podemos esperar una relación más digna y previsible que con Trump, con énfasis creciente en exigencias laborales, ambientales y de derechos humanos, pero con oportunidades de nuevas formas de cooperación económica, social, ambiental y, nos gustarían también, fórmulas eficaces de seguridad compartida. Todo dependerá de la visión del Gobierno de Biden y de la actitud que adopten el Gobierno de AMLO y, en menor medida, de los otros países mesoamericanos en el futuro inmediato. México no parecía estar entre las prioridades del nuevo gobierno. Sin embargo, la vecindad geográfica e histórica, los desafíos compartidos en materia de seguridad, crimen organizado, tráfico de armas, migraciones y medio ambiente y la realidad económica que vincula a Estados Unidos con México, impulsan el retorno a una nueva normalidad. El gobierno de México debe estructurar y promover una nueva política bilateral frente a Washington y no olvidar a Canadá y Centroamérica en el diseño. Mauricio De Maria Campos y Castelló Mayo 2021 www.fes.de/stiftung/internationale-arbeit