PERSPECTIVA TRABAJO Y JUSTICIA SOCIAL MUJERES INDÍGENAS Y DEL CAMPO DE COSTA RICA Múltiples pandemias y violencias en tiempos de la covid-19 Allison Quintanilla Hernández Rebeca Arguedas-Ramírez Noviembre, 2020 En tiempo de crisis por la covid-19 surge la pregunta, ¿existen otras pandemias que están enfrentando las mujeres? Esta reflexión, situada en Costa Rica, explora lo estructural y global desde lo local, con la convicción de que la transformación social ecológica será, en el tanto incorpore claves diversas y desde las regiones, sectores y personas más oprimidas. A partir de este encuadre, se exploran propuestas y demandas de mujeres indígenas y del campo, desde lo local, en Costa Rica en tiempos de covid-19 para el diálogo con ecologismos y feminismos. TRABAJO Y JUSTICIA SOCIAL MUJERES INDÍGENAS Y DEL CAMPO DE COSTA RICA Múltiples pandemias y violencias en tiempos de la covid-19 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- MUJERES INDÍGENAS Y DEL CAMPO DE COSTA RICA 1 TRANSFORMACIÓN SOCIAL ECOLÓGICA ANTE LA COVID-19 La transformación social ecológica como respuesta a la coyuntura de la pandemia y la crisis por la covid-19 debe incorporar la clave de género y el enfoque interseccional, desde las voces y liderazgos de las mujeres indígenas y del campo. La coyuntura generada por la pandemia por covid-19 ha permitido evidenciar problemas de índole estructural en el mundo, como también se han agudizado por las medidas sanitarias para contener la pandemia y por la manera en que han actuado gobiernos, sector empresarial y sociedad civil. La crisis por la pandemia puede ser una oportunidad para la profunda transformación social, política y ecológica que el planeta necesita para sobrevivir. Identificar la crisis y accionar es necesario, desde las medidas inmediatas ante la pandemia; posponer o interrumpir implica acrecentar la crisis. Esta comprendida como una crisis sistémica-ecológica-civilizatoria y global, que requiere los encuentros de experiencias, conocimientos, cuerpos y movimientos no hegemónicos, como los representados por las mujeres indígenas y del campo, para la búsqueda de soluciones concretas de lo urgente, lo inmediato y lo profundo a largo plazo, lo útil para la locha de los pueblos, como lo plantea Guzmán Arrojo(2020). En esta reflexión se incorporan algunas claves a partir del encuentro y diálogo que se propició entre mujeres indígenas y del campo en Costa Rica, para visibilizar y enfrentar las múltiples pandemias/violencias que las cruzan en tiempos de covid-19. ¿POR QUÉ Y PARA QUÉ DECIMOS QUE MÚLTIPLES PANDEMIAS Y VIOLENCIAS CRUZAN A LAS MUJERES? Esta transformación social ecológica que planteamos será en el tanto incorpore claves diversas desde las regiones, sectores y personas más oprimidas; por ejemplo, las que resultan de luchas, debates y propuestas de los feminismos del sur y los ecofeminismos. De lo contrario, los mecanismos de opresión, adueñamiento y despojo ejercidos por el sistema patriarcal-colonial-capitalista sobre cuerpos feminizados, subalternos y sobre la Naturaleza seguirán siendo reproducidos. Asimismo, hay convicción en la agenda de las mujeres indígenas y del campo, como en sus liderazgos. Estos son visibles en demandas y soluciones certeras ante los desafíos de orden global. Encarnan alternativas de vida desde el conocimiento situado de sus propios contextos de sobrevivencia y resistencia, sus propios territorios-cuerpos y posicionamientos no hegemónicos indispensables para vislumbrar caminos hacia la transformación social y ecológica que el mundo necesita. Visibilizar lo invisibilizado por sus propias voces implica comprensión de la pandemia por la covid-19, sus consecuencias y el contexto en el que se enmarca. La enfermedad por covid-19 marca con incertidumbre todas las esferas de la vida humana. La narrativa y promesa de un “restablecimiento” de la economía ante dicha incertidumbre se colocó en la agenda mediática y los discursos presidenciales del mundo como en el mayor desafío que enfrenta la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial; pero poco o nada dicen de la crisis ecológica preexistente en relación con el origen de esta pandemia y mucho menos de esta como síntoma. ¿La pandemia por covid-19 tomó por sorpresa a la humanidad? No son pocas las advertencias científicas con antesala sobre el vínculo directo entre la proliferación de nuevos virus y la destrucción de ecosistemas, deforestación y tráfico de animales silvestres, todo lo anterior también en relación con prácticas extractivistas a gran escala como los monocultivos extensivos. Maristella Svampa, socióloga y escritora del sur de América Latina, ha profundizado sobre dichos aspectos del modelo neoextractivista y su impacto en la destrucción del planeta. En particular desde el análisis de los conflictos socioambientales en América Latina. Uno de los rasgos de esta crisis ecológica es que gran parte de la población mundial se encuentra en una crítica situación vinculada al trabajo y empleo, que para las mujeres es de particular gravedad. 3 TRANSFORMACIÓN SOCIAL ECOLÓGICA ANTE LA COVID-19 La Organización Internacional del Trabajo(OIT) estima que se podrían perder alrededor de 25 millones de empleos en todo el mundo. No obstante, desde el informe Perspectivas sociales y del empleo en el mundo: Tendencias 2019 ya se advertía del grave problema que afecta la mala calidad del trabajo. En otras palabras, el“déficit” del trabajo decente, acompañado de la persistente brecha de participación laboral entre los géneros. Por ejemplo,“la tasa de participación laboral femenina fue de 27 puntos porcentuales menos con respecto a la participación masculina”(OIT, 2019, p. 1). Esto ha implicado generar movilizaciones de recursos importantes en el mundo, tanto para la atención sanitaria de la pandemia como también la atención de millones de personas pierden sus trabajos e ingresos (PNUD, 2020). En otras palabras, se convierte en una ofensa a la dignidad humana y una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres,“trasciende todos los sectores de la sociedad independientemente de su clase, raza o grupo étnico, nivel de ingresos, cultura, nivel educacional, edad o religión y afecta negativamente sus propias bases”. Es decir que se comporta como pandemia. La metáfora-analogía entre pandemia y las múltiples violencias que cruzan a las mujeres parte de dos características del concepto de pandemia que se comparten con las violencias contra las mujeres: 1) se extiende a muchos países, o bien ataca a casi todas las personas de una localidad o región y 2) es un mal o daño que se expande de forma intensa e indiscriminada. Si partimos de que la población del mundo no es homogénea, ni siquiera para el virus, por alguna razón existen condiciones de riesgo diferenciadas y las reacciones de cada cuerpo humano al virus son diversas y hay quienes desarrollan pocos síntomas o ninguno, como, también, hay quienes mueren en pocos días. A estas particularidades individuales le sumamos factores de índole social y podemos ver que las desigualdades sociales y económicas pesan, de manera que no solo la pandemia determina los escenarios para las personas. ¿Entonces es una sola pandemia la que estamos viviendo? Para dar respuesta, el concepto de sindemia es pertinente para la comprensión del fenómeno alrededor de la propagación del virus SARS-CoV-2 y la enfermedad covid-19. Este incluye, además de los aspectos vinculados a la biología y el enfoque médicosanitario, los aspectos sociales, económicos, políticos y psicológicos. Sindemia coincide con el análisis interseccional, aporte de los feminismos no hegemónicos, para la comprensión de cómo afecta esta coyuntura a las personas, incorporando otras categorías que no son ni“naturales” ni“biológicas”, si no construcciones sociales. Una pretendida transformación social y ecológica deberá incorporar la comprensión del concepto de violencia contra las mujeres y sus interrelaciones, nudos y mecanismos, que los ecofeminismos comprenden como los mismos que oprimen a la Naturaleza, lo que los ecologismos llaman como la dominación gemela de las mujeres y la Naturaleza. ¿Qué se entiende por la violencia contra las mujeres? Ante esta interrogante, el punto de partida es la conceptualizada y reconocida por los Estados parte en la Convención de Belém do Pará, como“una violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales y limita total o parcialmente a la mujer el reconocimiento, goce y ejercicio de tales derechos y libertades”. Pero un enfoque solo de género, como hemos apuntado, queda incompleto, así como queda incompleto el concepto de pandemia. Es así como era previsible que las mujeres se vieran particularmente vulneradas, no necesariamente por el virus en sí y el desarrollo de la enfermedad –incluso hoy sabemos que enferman gravemente más hombres que mujeres–, sino por las otras“pandemias-violencias” que se exponencian para las mujeres. El enfoque interseccional aunado con el de género puede reconocer los impactos diferenciados en la vida de las mujeres, acrecentados por la covid-19. Las mujeres que están teniendo mayor grado de impacto son mujeres adultas mayores, niñas, migrantes, trabajadoras domésticas, privadas de libertad, jefas de hogar, mujeres LGTBI y las mujeres más desfavorecidas del campo –mujeres racializadas, mujeres con discapacidad y mujeres indígenas(CIM, 2020). Desde la sindemia de Merril Singer y la interseccionalidad de Kimberlé Williams Crenshaw, son convocados a esta reflexión para trascender dos narrativas que imperan en este momento: la estrictamente sanitaria y la economicista-bélica. Colocar las metáforas de la violencia de género y la violencia ambiental como pandemias resulta en una contra narrativa para colocar la transformación social y ecológica en el debate. La narrativa de la metáfora bélica, como bien apunta Svampa, domina los discursos de gobiernos y organismos internacionales, se compara con los generados por la Segunda Guerra Mundial y con la necesidad de cerrar filas frente a un solo enemigo común: el virus. Para la autora no es más que un ocultamiento de las causas del problema y lo que consideramos la crisis sistémica y ecológica global. 4 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- MUJERES INDÍGENAS Y DEL CAMPO DE COSTA RICA 2 MÚLTIPLES PANDEMIAS ATRAVIESAN A MUJERES INDÍGENAS Y DEL CAMPO Destacamos algunas de las desigualdades estructurales a las que ya se enfrentaban las mujeres indígenas y del campo en el mundo, parte de las múltiples pandemias-violencias que atraviesan a estas mujeres. • Solo el 20% de mujeres en el campo tiene acceso a agua potable. • 1 de cada 3 mujeres en el campo y territorios indígenas se dedica a las actividades campesinas, pero solo un 13% en el mundo tiene acceso a tierra. • Más del 50% de mujeres en territorios rurales no tiene alfabetización básica. • El 50% de mujeres en territorios rurales e indígenas ha sufrido violencia de género. • Las mujeres del campo conforman una tercera parte de la población mundial. • El 49% de la mano de obra agrícola en el mundo son mujeres, sin embargo 19 millones de mujeres sufren de inseguridad alimentaria. • El 39% de mujeres mayores de 15 años en territorios del 1 campo no cuentan con ingresos propios. LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN LAS MUJERES INDÍGENAS Y DEL CAMPO La perspectiva de género permite que, por ejemplo, consideremos con atención que siendo las mujeres la mitad de la población mundial(49.5%) y partiendo del hecho que una de cada tres mujeres puede sufrir agresiones físicas y sexuales en algún momento de su vida, lo cual equivale a 1283 millones de personas en el mundo, sean condiciones para abordar la violencia contra las mujeres como una pandemia. Solo en 2020, de manera particular, la violencia hacia las mujeres ha aumentado, 243 millones de mujeres y niñas de edades entre 15 y 49 años en todo el mundo han sido violentadas de manera sexual o física por parte de un compañero sentimental. Esto quiere decir que la cantidad de mujeres violentadas en 2020, supera más de cuatro veces, los 55 millones de personas contagiadas por covid-19 en el mundo. La intención de hacer un ejercicio comparativo es mostrar la globalidad y alcance cuantitativo que tienen los tipos de violencia de género, que afecta en particular a las mujeres y cuerpos feminizados. Un fenómeno que“se extiende a muchos países o bien ataca a casi todas las personas”, en este caso, la mitad de la población mundial. ¿Por qué no generar entonces el movimiento de recursos que implica atender una pandemia, para atender un fenómeno que, por ejemplo, afecta a un número mucho mayor de personas en todo el mundo? La violencia por motivos de género está presente en la vida de las mujeres, tanto en el escenario urbano, como en el campo. En este último, presenta especificidades que agrietan la vida; por ejemplo, menos recursos colectivos para la búsqueda de apoyo, sumado a las distancias geográficas de los centros urbanos, donde esos recursos y servicios se encuentran. Un contexto de adversidades y exclusión que determina para las mujeres indígenas y del campo altas posibilidades de que se incremente la violencia como la inequidad económica y social o su pertenencia a grupos en condición de vulnerabilidad. Por ejemplo, a pesar de que hace falta mucho por registrar, es un hecho que ante los femicidios-feminicidio y suicidios, como última expresión de la violencia contra las mujeres, otras opresiones y discriminaciones harán más vulnerables los cuerpos de las mujeres por su estatus socioeconómico, edad, nivel educativo, origen étnico, residencia urbana o rural, estatus migratorio, discapacidad, tipo de trabajo, orientación sexual, religión, entre otros. “Estos estructurales definen los riesgos y las vulnerabilidades socialmente construidas de las mujeres en todas las etapas del ciclo vital frente a la violencia sexual, así como su acceso a mecanismos de prevención, cuidado, apoyo social y reparación de los derechos vulnerados”(UNFPA, 2011, p.12). 1 ONU Mujeres(2020) IICA(2020) 5 MÚLTIPLES PANDEMIAS ATRAVIESAN A MUJERES INDÍGENAS Y DEL CAMPO LA CRISIS DE LOS CUIDADOS “No he parado de trabajar, a pesar de que no veo los ingresos, es mucho trabajo con el estudio de los hijos desde la casa, con las tareas del hogar, y además buscar la forma de poder vender los productos’’ L. Villagra(2020). Esta fue una de las intervenciones que realizaron las compañeras que participaron en el proceso de diálogo sobre el contexto que enfrentan mujeres indígenas y del campo en Costa Rica, consecuencia de la pandemia. Las mujeres también constituyen el mayor contingente a través de los cuidados, en el sector de la sanidad, en el trabajo doméstico remunerado y en centros especializados de cuidado de menores, personas adultas mayores y personas con discapacidad(CIM, 2020, p.3). La crisis sanitaria ha permitido mirar hacia las dimensiones en la crisis de los cuidados, asociada a la pandemia que genera el congelamiento de la economía monetaria y la sobre exigencia de la economía no monetaria y doméstica. Este es uno de los principales acentos que ha puesto la investigadora e intelectual activista Juliana Martínez Fransoni. La covid-19 evidencia la desigualdad en las tareas del hogar y demuestra falta de sistemas públicos de cuidado. Ella insiste en que es el momento de proponer un nuevo modelo de cuidados para lograr igualdad y justicia. La atención médica en los diferentes espacios de atención hospitalaria y en las casas, las redes de apoyo para cuidar de la salud en comunidades, incluyendo la consecución de alimentos y agua potable son ejemplos de lo central de los cuidados, en cuanto sostenibilidad y reproducción de la vida. Estos trabajos están en su mayoría en manos de mujeres migrantes del campo y mujeres racializadas; pero, además, los trabajos domésticos remunerados se han precarizado aún más con la pandemia. En el campo y territorios indígenas, las mujeres son tradicionalmente responsables del cuidado y gestión del hogar, en actividades como la recolección y almacenamiento de agua. Ellas, al estar en contacto directo con focos de infección de otras enfermedades como el dengue en el caso de América Latina, tienen mayor riesgo de contraer enfermedades arbovirales. 2 Además, en los hogares son quienes no tienen otra opción que cuidar a las personas infectadas o enfermas de su familia. Son ellas las que afrontan los efectos de la enfermedad a corto, medio y largo plazo, incluido el restringido acceso a los servicios de salud en general y, principalmente, de salud sexual y reproductiva. ‘’En este contexto de la pandemia, hemos tenido que dedicar más tiempo al cuidado de la familia’’ E. Quesada (2020). LA FEMINIZACIÓN DE LA POBREZA EN LAS MUJERES DEL CAMPO Las pandemias de la feminización de la pobreza en las mujeres del campo, la discriminación de las mujeres en el acceso a tierra y la inequidad en el liderazgo y pertenencia a organizaciones y espacios de toma de decisión se acrecientan. El PNUD(2019) advierte que solo el 13% de mujeres en el mundo tiene acceso a tierra. Así mismo, como señala ONU Mujeres, las mujeres del campo en el mundo sufren de manera desproporcionada los múltiples aspectos de la pobreza y, pese a ser tan productivas y buenas gestoras, no disponen del mismo acceso a la tierra. Por tanto, se les dificulta el acceso a créditos, materiales agrícolas, dinámicas comerciales, mercados y cadenas de distribución. La falta de acceso a tierras como dueñas o como bien común titulado a nombre de alguna organización o asociación de mujeres se interrelaciona de manera directa con su limitada participación en lugares o puestos de liderazgo dentro de sus comunidades y hogares; es decir; donde las decisiones se toman en la esfera pública. Por ello, la invisibilización de sus conocimientos y liderazgos guardan total relación con el aumento de sus tareas en la crisis. Datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe(CEPAL), indican que la pobreza extrema en zonas rurales podría alcanzar al 42% de la población. De 10 millones de habitantes rurales, seis millones son mujeres, lo que podría quedar con ingresos insuficientes para las necesidades alimentarias básicas. EL RACISMO Y XENOFOBIA PARA MUJERES DE PUEBLOS INDÍGENAS “Los factores externos que han contribuido históricamente a la exclusión, discriminación y desigualdad hacia los pueblos indígenas no solo persisten durante la pandemia, se han profundizado” afirmó la Dra. Myrna Cunningham, presidenta del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y El Caribe(FILAC) en la Conferencia Inaugural sobre ODS, pueblos indígenas y covid-19. Apuntó también el Relator Especial de la ONU, sobre los derechos de los pueblos indígenas, Francisco Cali, que los estados de emergencia han aumentado la marginación, incluso la militarización de sus territorios, la negación de la libertad de expresión y asociación. Esto en el tanto grandes empresas o grupos no indígenas siguen sus prácticas destructivas, así como la invasión de sus territorios y bienes comunes. 2 Virus que se transmite por medio de ciertas especies de artrópodos hematófagos, insectos como moscas y mosquitos. 6 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- MUJERES INDÍGENAS Y DEL CAMPO DE COSTA RICA Durante la pandemia para los pueblos indígenas en Latinoamérica, han aumentado las amenazas de invasión de territorios, se han visto casos de incremento o aceleración de dinámicas de violencia y confrontación. “Mi hermana está amenazada de muerte, y semanas anteriores sufrió distintas agresiones físicas, en las luchas de recuperación de nuestra comunidad, a veces tenemos que buscar formas en los niños no salgan afectados al ver tanta violencia diaria en la comunidad” . M. Obando (2020). Este es el contexto en el que están inmersas las mujeres indígenas durante la pandemia y, en el caso de Costa Rica, para comprender su situación es necesario mirar hacia los varios tipos de violencia que se suman para ellas, cómo se sobreponen y cómo todas estas relaciones de violencia van determinando también la construcción de la identidad genérica de la mujer indígena. Lo anterior, al reconocer que las mujeres indígenas están subordinadas a una relación colonial, que en lo general subordina a sus territorios a la violencia estructural como condiciones de pobreza. Al mismo tiempo, esa identidad está constituida por conocimientos ancestrales y nuevos que pueden dar visibilidad a estas particulares violencias-pandemias. LA VIOLENCIA AMBIENTAL SOBRE MUJERES INDÍGENAS Y DEL CAMPO Las mujeres, en particular las mujeres pobres, enfrentan lo que se ha acuñado como violencia ambiental. Una de sus acepciones implica que cualquier actividad que contamine los bienes naturales, en especial el suelo y el agua, a través de la producción, propagación y descarga de materiales tóxicos, así como la alteración de los ecosistemas tiene relación causal directa con la aparición de enfermedades desconocidas, como es el caso del SARS-CoV-2. Por otro lado, las mujeres, en especial las mujeres indígenas, están particularmente expuestas a la violencia relacionada con el medioambiente, en su papel por la defensa y cuidadoras de los bienes comunes. Según Global Witness, de las personas defensoras ambientales que son asesinadas por defender tierras comunitarias o la Naturaleza, el mayor porcentaje son mujeres indígenas. Claro ejemplo, icónico a nivel mundial fue el asesinato de Berta Cáceres en 2016. Pese a su muerte, y al triunfo que detuvo dicho proyecto, las mujeres defensoras del medioambiente siguen enfrentando todas las formas de la violencia ambiental. Es decir, la violencia que les despoja de sus territorios para explotarlos, contaminarlos y destruirlos, así como las amenazas, intimidaciones, violaciones, torturas e incluso judicialización. Además, del estigma social por ser defensoras del medioambiente al ser cada vez más etiquetadas como“terroristas”, incluyendo a los medios de comunicación masiva que replican y construyen estos estigmas cómplices de las violencias que las atropellan. Un ejemplo claro, en el caso de Costa Rica, es el hecho de que más de diez mil personas reciben agua en cisterna por contaminación de agroquímicos por el cultivo de piña. El uso extensivo de plaguicidas y agroquímicos en Costa Rica se promueve por el Estado desde el Ministerio de Agricultura(Bonilla, 2018). En Costa Rica para el 2010, se consumieron 51.2 kg de agroquímicos por hectárea, y los países que le siguen en América Latina son Colombia con 16.7 kg y Ecuador con 6 kg, con la tercera y novena parte de los consumidos en Costa Rica por hectárea. EL EXTRACTIVISMO COLONIALISTA EN TIEMPO DE COVID-19 La narrativa instalada bélica y economicista, que busca la derrota del enemigo común(la propagación del virus) y la necesidad de la reactivación económica para una vuelta a la normalidad, ha generado lo que algunos han llamado la terapia de shock 3 extractivista. Un discurso donde las grandes empresas nacionales y transnacionales se presentan como la salvación tanto para el declive económico como social inmediato. La promesa es la generación de las riquezas necesarias para la reactivación, así como la generación de las tecnologías que permitan curar. Han colocado de nuevo conceptos como“minería verde” y“minería responsable”. Costa Rica es un claro ejemplo, incluso la pesca de arrastre, al tiempo que trabajan cuidadosamente para crear e instalar una imagen corporativa ambiental y socialmente justa. Así en América Latina, las empresas extractivas han intensificado donaciones de equipamiento médico y comida, es decir ayuda de primera necesidad. Thomas Chiasson-Lebel, James Alejandro Artiga-Purcell y Alejandra Watanabe-Farro, han hecho un análisis crítico para poner en evidencia las contradicciones de estas prácticas y cómo en lugar de contribuir profundizan las desigualdades sistémicas porque así evaden aportes fiscales en tiempos de crisis. Sus contribuciones propias y específicas pueden ser menores a sus deudas; pero realizan el proceso mediático para maximizar su imagen corporativa, cuando han sido o son ampliamente cuestionados por sus desarrollos destructivos. Asimismo, ponen en evidencia que“las multinacionales del Norte global” logran conseguir acceso a insumos médicos esenciales que hacen falta a Estados del“Sur global”. De tal manera, empresas privadas compiten con los Estados por el rol de defensor del bien común. 3 Thomas Chiasson-Lebel, James Alejandro Artiga-Purcell y Alejandra Watanabe-Farro| 27/09/2020| América Latina y Caribe. 7 DEMANDAS DE LAS MUJERES INDÍGENAS Y DEL CAMPO 3 DEMANDAS DE LAS MUJERES INDÍGENAS Y DEL CAMPO Durante el proceso de consulta y participación sincrónica y asincrónica, se lograron identificar necesidades y demandas que plantearon más de 40 mujeres en los diferentes procesos que se gestionaron junto a ellas, compañeras participantes de todo el país y sus distintas organizaciones y territorios. Estas mujeres demandan atención sobre siete grandes temas que agrupamos de la siguiente manera: comunicación, salud, justicia territorial, ambiental y de género, economía y sostenibilidad, presencia del Estado en territorios con participación vinculante de mujeres indígenas y del campo, crisis de los cuidados y atención al tejido organizativo. Lo anterior, en sintonía con el posicionamiento de Las mujeres rurales, la agricultura y el desarrollo sostenible en las Américas en tiempos de covid-19 (CIM, 2020), donde se destaca un incremento en las tasas de desnutrición, la falta de acceso a servicios públicos, incremento en los trabajos del cuidado, mayores problemáticas comunitarias, rurales y la interrupción de la cadena de producción alimenticia que impacta particularmente a productoras de alimentos a pequeña escala. En materia de comunicación, han indicado escasa información, más allá de las noticias o información relacionada a la pandemia en medios no oficiales. Aunado esto a la brecha digital que viven en particular las personas del campo y de pueblos indígenas. Este último tema está intrínsecamente vinculado al derecho a la comunicación, que tiene implicaciones directas sobre su salud y la de sus familias. Tal como menciona en su informe la Comisión Interamericana de Derechos de la Mujer,“en el contexto del covid-19, esta brecha digital de género tiene implicaciones cruciales para el acceso de las mujeres a información y servicios de salud, noticias públicas sobre medidas de aislamiento y cuarentena”(CIM,2020). “Es fundamental el acceso a internet, y la calidad de este, muchas comunidades estamos siendo desplazadas y no hay respuestas ante la falta de acceso a un servicio que nos deja fuera de todo en medio de una pandemia’’ Z. Navas(2020). También, señala sensibilidad para establecer las medidas sanitarias, en especial con respecto a la restricción de movilidad, partiendo de los complejos elementos y dinámicas que componen la vida de las comunidades rurales e indígenas. En la coyuntura de la pandemia, en los territorios transfronterizos, particularmente afectados al quedar“cerradas” las fronteras, se ha limitado el sustento diario. Esto aunado al aumento de violaciones laborales en centros agrícolas de monocultivos, entre otros aspectos por la falta de medidas sanitarias en los lugares de trabajo. Todo lo anterior, con un impacto directo en la salud y la pérdida de ingresos por el cese en sus lugares de 4 trabajo. También, evidenciaron que el acceso a la tierra y el reconocimiento de los territorios indígenas sigue en tensión, con mujeres en procesos de recuperación de tierra con amenazas directas a su integridad física, psicológica y la de sus familias. Esto en un marco de impunidad ante la violencia que se continúa perpetrando luego del asesinato de dos importantes líderes indígenas en menos de un año. Es así como la pandemia por covid-19 se cruza con las pandemias del racismo, el clasismo, la aporofobia y la discriminación, con particular gravedad en los pueblos indígenas que se encuentran en lucha de recuperación de tierras en el territorio China Kichá en Pérez Zeledón. RECOMENDACIONES Y ESCENARIOS ANTE LA CRISIS DEL COVID-19 Múltiples soluciones, recomendaciones y escenarios son posibles frente a la crisis por covid-19, desde las voces de mujeres indígenas y del campo en Costa Rica en diálogo con los ecofeminismos y feminismos. Antes de plantear la existencia de feminismos y ecofeminismos como claves contra todas las formas estructurales de violencia capitalista y patriarcal, es medular partir del hecho que las mujeres del campo y sus territorios podrán no estar en cercanía de las teorías que nutren los movimientos feministas en el mundo, pero su práctica cotidiana de sobrevivencia ante todas las formas de violencia, el trabajo comunitario en sus territorios y su defensa incansable por el acceso a la tierra, la naturaleza y la soberanía alimentaria son actos entendidos como luchas por los derechos de las mujeres y de la Naturaleza. Es decir, su accionar es la más genuina acción ecofeminista y feminista comunitaria, con las que nutren el pensamiento de los feminismos del sur. Por lo tanto, la visibilización de sus agendas debería pasar primero por el entendido de que no hay feminismo que transfiera poderes de organización y autonomía. 4 Comunicado: Las mujeres del campo y el coronavirus. Red de Mujeres Rurales Costa Rica(2020). 8 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG- MUJERES INDÍGENAS Y DEL CAMPO DE COSTA RICA Urge un diálogo sociopolítico de los feminismos y ecofeminismos por la visibilización de las agendas y caminos que quieran tomar las mujeres indígenas y del campo. No solo en contexto de crisis, sino también la propia visibilidad teórica y práctica que nos enseñan las mujeres comunitarias. Sus agendas están claras y solo requiere de los espacios idóneos y responsables para asumir ese diálogo que nombre lo que ellas quieran y no de donde queremos verlas nombradas para metas institucionales o activismos que no descentralizan sus intereses para canalizar esfuerzos. Para esto, es indispensable no instrumentalizar las voces de las compañeras en los territorios y vivencias que habitan en ruralidad. Así que la acción desde el Estado debe ser precisa y certera para hacer frente a la crisis multifactorial potenciada por la pandemia por covid-19. Así como sus investigaciones y propuestas en diversas áreas, más allá de la salud pública –pero incluyéndose. Resultaría necesario capacitar a su personal en la aplicación de un enfoque interseccional y sindémico, que intencione hacer las conexiones entre los factores de las categorías sociales que se plantea el análisis interseccional. Para hacer frente a la pandemia por covid-19 con respuestas a corto, mediano y largo plazo se necesita desde las instituciones del Estado que los liderazgos de las mujeres indígenas y del campo sean conocidos y reconocidos en procesos de diálogo vinculante. Las claves en la atención de la pandemia a corto y largo plazo están también en sus resistencias, como las prácticas agroecológicas en contraposición a los monocultivos extensivos. Entonces, es crucial y no postergable la promoción de la producción campesina, como lo indica la Red Mujeres Rurales “facilitando los mercados y las cadenas de distribución para poder comercializar nuestros productos, con la participación 5 de las mujeres en la toma de decisiones y control de los bienes en las comunidades podremos construir otras formas de producir, otra forma de ser y otra forma de estar en el planeta”. Las mujeres diversas indígenas y del campo deben entrar en la esfera pública con las condiciones que requieran para debatir, discutir y tomar decisiones sobre salud pública, seguridad alimentaria y acceso a tierra, empezando por los gobiernos locales que ellas mismas apuntan como espacios estratégicos para la incidencia política. Esto implica colocarle valor a la individualidad de las mujeres indígenas y del campo, la particularidad de sus territorios para la atención a la crisis por la pandemia, incorporar en las políticas de salud pública los conocimientos de las mujeres indígenas y del campo, de manera que se dialogue y se conozca más de los límites y posibilidades de medicina tradicional en respeto de la herencia cultural y de conocimientos que poseen las personas que habitan el campo. Las acciones estatales deben, ante la crisis, incorporar también el estímulo de los proyectos de las mujeres indígenas y de campo tanto productivos como sus redes de organización. Así como plantea Juliana Martínez y diferentes aproximaciones al tema de la pandemia“nadie puede quedar excluido porque con que una persona quede excluida todo el ciclo vuelve a empezar”, entendiendo las interconexiones de las múltiples violencias-pandemias. El mundo estará tan bien como estén las personas más afectadas. No obstante, el compromiso de quienes apunten a una transformación social y ecológica debe estar en la escucha y observación de lo que propongan desde los movimientos populares, los cuerpos-territorios no hegemónicos de los conocimientos y las prácticas no colonizadas, como pueden serlo las mujeres indígenas y del campo. Muchas de estas con la esperanza intacta, voces potentes como trueno y agendas listas argumentadas en la práctica y vivencia de otros mundos posibles que ya existen, indispensables para iluminar caminos de incertidumbre en el contexto global. Partamos de que, para la salida de la crisis de salud, enmarcada en una crisis civilizatoria, no hay otra vía que no implique una redistribución de la tierra, el no acaparamiento de semillas, la producción agrícola sin agrotóxicos y diversidad en la producción agrícola. El Estado debe priorizar el acceso a la tierra para las mujeres indígenas y del campo como respuesta a largo plazo ante la marginalización y el empobrecimiento que ofrece el agronegocio y el despojo de sus tierras. Por lo tanto, es el reconocimiento de los territorios indígenas lo que resulta indispensable y urgente, así como el acceso a la justicia y protección a defensoras del ambiente, la naturaleza y los derechos humanos. La perspectiva de género y la interseccionalidad se vuelven irrenunciables para la comprensión, así como para la acción ecológica y social que incorpore no solo las desigualdades que se atraviesan, sino las corporalidades subalternas. Además, la riqueza de soluciones y otras realidades posibles que representan son más que horizontes utópicos, 6 existen aquí y ahora, otras resistencias y reexistencias posibles. Por ello, la escucha situada reconoce que hay luces en el ejercicio de su disidencia, entendido no solo como parte de un tejido democrático. Atender las razones y conocimiento situado para disentir y para atender con precisión la crisis, por ejemplo, su negativa a la“formalización” de sus emprendimientos para la bancarización de sus ingresos, algo que se les presenta como solución, con base en sus propias experiencias, es entendido como la precarización de sus ingresos, ya de por sí escasos. 5(Red de Mujeres Rurales,2020, s/p). 6 Cuerpo subalterno es una propuesta que se nutre del concepto referido a grupos marginalizados o excluidos por Antonio Gramsci, referirse al cuerpo y no al sujeto como se planteaba pretende determinar que las corporalidades e individualidades existen dentro y fuera de grupos sociales, en el caso de las mujeres hablar de corporalidades es la mirada contemporánea del feminismo de la sobrevivencia en la cotidianidad desde el cuerpo. 9 IMPRESIÓN ACERCA DE LAS AUTORAS IMPRESIÓN Allison Quintanilla Hernández. Cientista social. Planificadora económica y social de la Universidad Nacional, escritora de narrativas contra el amor romántico, violencia de género y recuperación del cuerpo como resistencia frente a la belleza hegemónica. Cofundadora de la Asociación de Mujeres Voces Violeta. Su experiencia está relacionado a la extensión comunitaria, promoción en derechos de niñez y adolescencia, mujeres del campo y del activismo del feminismo-comunitario. Rebeca Arguedas-Ramírez: Activista ecofeminista. Licenciada en Comunicación con énfasis en Producción Audiovisual de la Universidad de Costa Rica, UCR. Magíster en Estudios Latinoamericanos del IDELA de la Universidad Nacional de Costa Rica, UNA. Académica y productora audiovisual. Friedrich-Ebert-Stiftung(FES) Costa Rica costarica@fesamericacentral.org www.fesamericacentral.org Responsable: Mirko Hempel Representante Fundación Friedrich Ebert para Costa Rica, El Salvador y Panamá Coordinador: Marco Zamora m.zamora@fesamericacentral.org San José, Noviembre, 2020 SOBRE ESTE PROYECTO En 1965 la Friedrich-Ebert-Stiftung(FES, Fundación Friedrich Ebert) abre en Costa Rica su primera oficina en la región centroamericana. El 23 de julio de 1965 se firma el Convenio de Cooperación entre el Gobierno de Alemania y el Gobierno de Costa Rica. El 1° de setiembre de 1980 se aprueba la Ley no.6454 que lo ratifica. Por más de 55 años la Fundación en Costa Rica ha desarrollado sus actividades como plataforma de diálogo, análisis político y de asesoría política. La participación de múltiples actores y el fortalecimiento de la democracia social son bases de la cooperación realizada con instituciones sociales y políticas costarricenses. En la actualidad, la Fundación Friedrich Ebert, a través de su oficina en Costa Rica, desarrolla los dos proyectos de trabajo regional de la FES en América Central. Por un lado, El Proyecto Transformación Social Ecológica, que busca contribuir al fortalecimiento de las capacidades de gobierno democrático y social, aportar contenidos y apoyar diálogos hacia una economía social y ecológicamente sostenible, elaborar propuestas de modelos de desarrollo alternativo, y una política fiscal como instrumento de justicia social y de igualdad de género. Por otro lado, el Proyecto Juventudes Progresistas, que ofrece espacios de formación y fortalecimiento de liderazgos en las juventudes, e impulsar estos liderazgos para participar de manera más efectiva en proceso de defensa de la democracia y los Derechos Humanos. El concepto de planificación y las actividades de la FES en red de las seis oficinas centroamericanas consiste en la coordinación, el intercambio y la articulación regional con implementación nacional. Para más información, consulte http:// www.fesamericacentral.org La Fundación Friedrich Ebert no comparte necesariamente las opiniones vertidas por las autoras ni éste compromete a las instituciones con las cuales esté relacionado por trabajo o dirección. 10 ISSN 2413-6603 MUJERES INDÍGENAS Y DEL CAMPO DE COSTA RICA Múltiples pandemias y violencias en tiempos de la covid-19 En tiempo de crisis por la covid-19 surge la pregunta ¿existen otras pandemias que están enfrentando las mujeres? Desde el uso de una suerte de analogía y metáfora entre el concepto de pandemia, entendida como un mal o daño que se expande de forma intensa, y las violencias que atraviesan a las mujeres en el mundo es que ofrecemos una reflexión que incluye la violencia ambiental como pandemia, que cruza en particular la vida de las mujeres indígenas y del campo. ¿Por qué nos deben interesar de manera particular las violencias que enfrentan las vidas de las mujeres indígenas y del campo? Son ellas quienes están en la primera línea de resistencia, respuesta y solución ante este y otros problemas sistémicos y en general, ante la crisis civilizatoria que atravesamos. La contradicción es muy visible cuando quienes tienen llaves maestras para la transformación social y ecológica que el mundo necesita y son las primeras en estar en peligro. Esta reflexión situada en Costa Rica explora lo estructural y global desde lo local, con la convicción de que la transformación social ecológica será en tanto incorpore claves diversas y desde las regiones, sectores y personas más oprimidas. Como, por ejemplo, las luces que resultan de las luchas, debates y propuestas de los feminismos del sur y los ecofeminismos, con la convicción que, de lo contrario, los mecanismos de opresión, adueñamiento y despojo ejercidos por el sistema patriarcal sobre los cuerpos feminizados, subalternos y sobre la Naturaleza, es decir la vida misma, seguirán siendo reproducidos. A partir de este encuadre se exploran propuestas y demandas de mujeres indígenas y del campo desde lo local en Costa Rica, en tiempos de covid-19, para el diálogo con ecologismos y feminismos. Más información sobre el tema está disponible aquí https://www.fesamericacentral.org