fesamericacentral.org PERSPECTIVAS N O 06/2017 Cambios en la sombra: Mujeres, maras y pandillas ante la represión. Óscar Estrada Julio 2017 Las pandillas juveniles, al ser tradicionalmente una organización conformada por un grupo de hombres, configurado por hombres, pensado por hombres y diseñado por hombres, en donde las mujeres son minoría cuantitativa, cuenta con todos los estereotipos, prejuicios, desbalances y desigualdades entre hombres y mujeres que prevalecen en la sociedad patriarcal, potenciados por la violencia y marginalidad que prevalece en las pandillas. Es sin embargo, en ese ambiente misógino, donde lo femenino es devaluado como débil, en donde la crisis obliga a la pandilla a recurrir a las mujeres para su supervivencia. Al sentirse amenazados, como en toda sociedad en guerra, los hombres pandilleros han recurrido a su retaguardia natural. Las mujeres: madres, abuelas, parejas, hermanas, son esa retaguardia que permite a los pandilleros seguir activos. Algunas mujeres se involucran directamente con las pandillas e inician el ciclo de violencia y criminalidad común entre sus pares varones. Otras, en cambio, permanecen siempre al margen, sin vincularse directamente en la vida pandillera, pero sin desprender los lazos afectivos que las unen con los hombres de las maras y pandillas Óscar Estrada | Mujeres, maras y pandillas ante la represión. 1. Cuidar la Plaza María Isabel Martínez, alias«La Diabla», fue condenada a 17 años de cárcel por tráfico de drogas, su defensa presentó varios recursos y logró que la pena le fuera rebajada a seis años.(El Heraldo, 16 de abril de 2015,) Ahora las pandillas son grupos más cerrados. A criterio de Guadalupe Ruela, director de Casa Alianza, las maras y pandillas ya no están interesadas en aumentar su membresía para pelear territorio con la otra pandilla. Más que defender un territorio geográfico defienden al grupo y sus actividades criminales. Lo que priva, en todo caso, es el control del negocio y el territorio supeditado a éste. Sostienen la empresa criminal con actividades homicidas. «Antes las maras estaban interesadas en aumentar su membresía porque el enemigo era la otra mara. Hoy no están interesadas en pelearse una con la otra, están interesadas en hacer efectivo su negocio en determinado territorio», afirma Ruela. El Freezer, un pandillero de Comayagüela entrevistado para este reporte, coincide con lo afirmado por el director de Casa Alianza al decir que las pandillas ya no son la organización de barrio integrada por jóvenes que peleaban con otras pandillas por el solo control territorial de una zona marginal. Ahora a las pandillas y maras les interesa«controlar la plaza» que es una concepción más amplia del territorio. La plaza, en la jerga del narcotráfico, es la zona en la que manda determinado capo, constituye el espacio y la clientela de la droga, o las rutas que manejan para la extorsión. Es un espacio tanto territorial como simbólico. La mara MS-13 llama a el conjunto de plazas que componen sus ingresos,«La Empresa», según reporte de inteligencia en la Operación Avalancha. «La MS no tiene rival, la MS controla la plaza», afirma imperativo, el Freezer, que sin embargo reconoce la muerte de miembros de la 18 en manos de su pandilla, como producto de las disputas que se dan por el control de esa plaza o por conflictos viejos. «El pedo con esos majes es que nos han matado a un montón de camaradas, ¿me entendés?, y por eso no los perdonamos ni verga, por eso los pelamos. Como te dije antes pué, esta onda es a muerte, y a todos esos perros chavaludos pusioyo les cantamos las tablas en vivo pué, muerte a esos putos pué. Pero sí, no te voy a mentir, peleamos las plazas porque de ahí comemos», afirma el Freezer. Las maras y pandillas han demostrado a lo largo de estas dos décadas, una gran capacidad para adaptarse y sobrevivir. Desde su aparición como fenómeno social en los países del triángulo norte de Centro América, a finales de la década de los 90, han sido blanco de constante ataque por parte de los gobiernos de la región. La implementación de una serie de políticas de mano dura y la criminalización, les han obligado a incrementar su violencia en los territorios y mutar sus características más visibles, limitando el uso de tatuajes, lenguaje corporal y la vestimenta que las maras importaron del Este de Los Ángeles en su etapa temprana. La discriminación social y la fuerte represión han provocado que cada vez menos niños y jóvenes se sientan atraídos por las maras y pandilla, con lo cual se ha reducido el número de sus integrantes. De 2002 a 2010 los miembros de maras y pandillas «desaparecieron» públicamente en Honduras, reduciendo su campo de acción a zonas marginales de Tegucigalpa y San Pedro Sula, así como algunas ciudades periféricas del país. Se quitaron los tatuajes, cambiaron su forma de vestir y hablar con el objetivo de pasar desapercibidos por los organismos represores del Estado, de no ser detenidos por los policías ni asesinados o discriminados socialmente. Pero en 2010, luego de que la ley Anti Mara dejó de ser foco de atención mediática, procedieron a gestar una reconfiguración de las organizaciones, modificando sus estrategias. La propaganda oficial señala a las maras y pandillas como mafias transnacionales a un paso de 2 Mujeres, maras y pandillas ante la represión.| Óscar Estrada constituirse en carteles, pero en realidad la economía de las organizaciones sigue siendo de subsistencia. El dinero que producen con las actividades criminales debe ser distribuido entre los integrantes de la pandilla, pago de armas y pertrechos, costos médicos, abogados y pensión para los compañeros presos, y aunque el producto de cierto golpe pueda parecer mucho dinero, cuando se suma todo el costo de las pandillas, al final apenas ajusta para sobrevivir, lo que en su lógica les obliga a reforzar la actividad criminal diversificando la misma. En las condiciones precarias con que se mantienen las maras y pandilla en Honduras, no se puede confiar en la plaza para la subsistencia. 2. Moverse Nelly Suyapa López Hernández, alias«la Camu», era buscada por el delito de asesinato. Fue aprehendida cuando llevaban tres rapiditos que habían quitado por la fuerza a sus propietarios en la colonia Flor del Campo para trasladar personas al sepelio de su compañero de hogar.(El Heraldo, noviembre de 2014) Doña Santos, vecina de La Peña, al sur de la capital, ha visto como las pandillas de su barrio ha mutado. Ella vio cuando llegaron los primeros pandilleros después del huracán Mitch en 1998 y luego como los fueron exterminados uno por uno hasta desaparecerlos como clica. «Antes era la MS la que controlaba acá—dice—. Pero los fueron matando poco a poco y luego se metió la 18». Según doña Santos, las pandillas que ahora controlan su barrio no son de la zona. Llegaron a cubrir una plaza que la cárcel y la muerte de la anterior pandilla dejaron libre.«Ni siquiera son hondureños», asegura, y afirma que los pandilleros en su barrio son extranjeros. «La mayoría de los pandilleros en mi barrio no son de acá. Son gente que viene de afuera, de Guatemala o El Salvador. Sus mujeres sí son hondureñas, pero ellos no», afirma doña Santos, reconociendo el carácter transnacional de las maras y pandillas. Como último capítulo en la guerra contra las pandillas, los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador anunciaron la creación de una Fuerza Trinacional anti pandilla que busca, a criterio del presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, impedir«que los delincuentes cometan sus atrocidades en un país y para evadir la justicia huyan a otro». «Estos grupos criminales han logrado cooperación entre ellos mismos, salen de El Salvador, se refugian en Honduras y Guatemala», argumenta el secretario de comunicaciones de la Presidencia salvadoreña, Eugenio Chicas, según reporta La Prensa Gráfica en su edición digital, al momento de inaugurar operaciones de la Fuerza Trinacional. Michael T. Hannan y John H. Freeman, en la Teoría de la población ecológica, califica que«la mejor forma de organización es la que consigue adaptarse al entorno y seguir operando con eficiencia». Términos parecidos usa Ilya Prigogine en su Teoría de los sistemas alejados del equilibrio, cuando nos indica que«la mejor forma de organización es la que puede adaptarse y auto organizarse». Ambas teorías intentan explicar organizaciones convencionales exitosas, desde una visión empresarial, pero sus preceptos pueden ayudarnos a comprender la mutación de las maras y pandillas. Porque a pesar de la guerra abierta y de los millones de dólares invertidos en su desarticulación, las pandillas siguen activas en los barrios y colonias de las principales ciudades del norte de Centroamérica. Hostigamiento permanente, persecución y exterminio, acompañan al origen de miseria y violencia con que surgen las pandillas, moldeado su estructura en organizaciones complejas, con raíces profundas en los territorios pobres de las urbes. Alianzas estratégicas con policías corruptos, o los carteles de la droga, de 3 Óscar Estrada | Mujeres, maras y pandillas ante la represión. dónde sacan su producto para vender en los barrios y colonias. Los gobiernos y sus estrategias represivas, lejos de deshacerlas, las han vuelto exitosas y sólidas. 3. Las Mujeres «La Lobacha», una jovencita de apenas 17 años fue capturada el martes recién pasado, luego de participar en el asesinato de un taxista. La joven lo dirigió hasta el sitio en donde los esperaban los sicarios que perpetraron el crimen. Tras cometer el crimen los pandilleros huyeron del lugar, dejándola abandonada. Ella recibió un disparo en la pierna durante el ataque al ruletero.(El Heraldo 14 de abril de 2015) Una de las«mutaciones» más importantes de las pandillas en los últimos años, ha sido la de«permitir» y buscar la participación de las mujeres en las tareas de la organización, aunque siempre en un papel secundario en la toma de decisiones. La Organización Mundial de la Salud define el género, como los conceptos sociales de las funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres. El género es el modo de ser mujer o de ser hombre en una cultura determinada. A través del rol de género se prescribe cómo debe comportarse un hombre y una mujer en la familia, el grupo, la comunidad y la sociedad. Al ser una construcción social, la concepción de género está sujeta a modificaciones históricas, culturales y aquellas que se derivan de cambios en la organización social. Las pandillas juveniles, al ser tradicionalmente una organización conformada por un grupo de hombres, configurado por hombres, pensado por hombres y diseñado por hombres, en donde las mujeres son minoría cuantitativa, cuenta con todos los estereotipos, prejuicios, desbalances y desigualdades entre hombres y mujeres que prevalecen en la sociedad patriarcal, potenciados por la violencia y marginalidad que prevalece en las pandillas. Así lo define la periodista española Rocío Pérez Domenech al afirmar que el machismo de la pandilla es una réplica (potenciada), del extenso patriarcado de la sociedad. Es sin embargo, en ese ambiente misógino, donde lo femenino es devaluado como débil, en donde la crisis obliga a la pandilla a recurrir a las mujeres para su supervivencia. «Ana», una pandillera activa de la MS en Comayagüela, califica el rol de las mujeres en su pandilla como la columna vertebral que mantiene la organización. «La mujer es la que guarda el dinero y las armas. La que cuando cae la chepa sale a dar la cara, porque los hombres no pueden salir tal vez porque andan tatuados o los están buscando. La mujer es gancho fácil para decirle“vení vos, guárdame esto allí mientras pasa la jura”, porque la jura no lo revisa a uno y uno se puede meter las cosas hasta en las partes si tiene qué y la jura no lo va a tocar a uno. Uno tiene derecho a no ser tocada. La mujer no puede andar tatuada. Antes te podías rayar la cara si querías, pero ahora no», dice Ana. La mujer, entonces, es la que mueve la droga de la pandilla en la ciudad. Eso porque los hombres tienen un espacio de acción más limitado dada su condición de proscritos. Así lo afirma el Freezer al manifestar que los hombres en su pandilla no venden droga. «Las chavalas son las que están a cargo de la plaza, son las que venden y las que hacen todas las movidas para camotear(esconder) la onda», afirma el Freezer. Aprovechando la concepción patriarcal que dice las mujeres son menos sospechosas a los ojos de las autoridades, ellas sirven como«mulas» de la pandilla. Llevan y traen drogas o armas, son«banderas», carne de cañón, colaboradoras, compañera o como figuras más discretas frente a las autoridades. Son además las relacionadoras públicas de la pandilla. Sirven de mediadora entre las comunidades y las maras, enlace para la comunicación entre la clica del barrio con los líderes en la cárcel, encargadas del resguardo de las armas y la administración de la venta de 4 Mujeres, maras y pandillas ante la represión.| Óscar Estrada drogas. Son las que llevan a cabo el contrabando de mercancías ilícitas en las prisiones, sirven de agentes de inteligencia para obtener información sobre las bandas rivales y portar armas en espacios públicos o se encargan de dar el seguimiento de víctimas para secuestros. Las autoridades policiales reportan con mayor regularidad la participación directa de mujeres en acciones violentas, aprovechando tanto el atractivo femenino como la imagen inofensiva de la mujer para no levantar sospecha en las víctimas ni en la policía. Favorecen la ejecución exitosa del cobro de extorsiones a transportistas y comerciantes, asaltos a carros repartidores de productos o sicariato. Según los pandilleros varones, estas tareas son más exitosas cuando las realizan las mujeres. Este nivel de complicidad para asegurar el resultado de una acción criminal también es delinquir, en distinto grado de autoría y aunque sigue siendo menor el número de mujeres participando en acciones delictivas como el sicariato, en comparación con sus pares varones, ese número está en aumento. «La mujer antes eran vista en las pandillas como algo doméstico. Ahora las lanzan a las calles a repartir droga, incluso hay casos a donde las mandas de sicarias. Son banderas u orejas de las maras. Las maras siempre andan buscando estrategias para poder cometer sus objetivos. El estado trabaja identificando mujeres que están involucradas en actos ilícitos, algunas como cabecillas», afirma Félix Arturo Alonzo del El Programa Nacional de Prevención, Rehabilitación y Reinserción Social(PNPRRS). El PNPRRS cifra la pertenencia de mujeres en maras y pandillas en al menos un 20%. 872 miembros de maras y pandillas son mujeres: 392 integran la pandilla 18 y 453 son miembros de Mara Salvatrucha(MS 13), según el ente gubernamental. Su manejo de información y el control de los recursos básicos para la pandilla, hace que poco a poco acumulen mayor poder en la estructura. Aún no se reportan datos de mujeres en altos puestos de dirección de las pandillas, pero es cuestión de tiempo para que comiencen a aparecer casos. «El Sun», un ex pandillero de la 18 de San Pedro Sula, recuerda como, ya al inicio del fenómeno en Honduras, las mujeres en su pandilla eran la avanzada. «Las mandábamos para saber cómo estaba la onda en la otra colonia. Ellas iban primero para después movernos de barrio. Chamelecón, Planeta y a veces hasta Fesitranh», dice, advirtiendo que su rol era siempre secundario, pues«se supone que si las agarran(a las mujeres) son más débiles, por el tema de la tortura. Se cree que si las agarran aguantan menos que los hombres. Uno de hombre tiene un código de vida, está dispuesto a morir por la pandilla, pero se desconfía de las mujeres, por eso, porque son más débiles», afirma el Sun. Hoy esa realidad ha cambiado significativamente, según lo manifestó el Freezer. Las mujeres ahora, a parte de servir de avanzada, son la base de la economía de la pandilla, pues los hombres están ocupados«cuidándolas». «Los hombres siempre nos encargamos de cuidar a las chavalas y los niños, a todos lo de la clica púe, nosotros sólo nos dedicamos a otros asuntos como “reventar cocos”(matar) o ir a calentar a los majes que no se pongan vivos y que anden pelando papas. La función de los hombres en las pandillas es proteger a la clica, cuidarle la espalda a los“voladores” (vendedores) de los chepos y los contrarios. Si venís a una plaza a comprar onda pero nadie te pinta, mejor no vengás, porque te la podés ganar del aire. Recordá que en cualquier momento se pueden aparecer una patrulla y o un combo de los contrarios pués, y si esos majes le hacen daño a la clica, o matan a alguien, entonces los que estaban cuidando a la clica tiene que responder, porque su misión es cuidar a la pandilla. Mirá, así en vivo te lo digo, los hombre se dedican a matar, al secuestro y la extorsión. Pero no creás que la pandilla es tan basura como esos perros chavaludos de los panosos(18), la pandilla no se mete a pedo con la gente que no la debe, ¿me entendés?, y no anda cobrando impuesto de guerra así a lo loco y a puros güevos como esos majes, la pandilla te da un tiempo 5 Óscar Estrada | Mujeres, maras y pandillas ante la represión. para que recojás la varas, y si no las tenés te espera un tiempo, no como esos basuras que van a matar a la gente por todo». 4. Ser Fuerte La Chucky fue arrestada a finales de marzo del 2016, señalada como pieza clave en varias masacres cometidas en la capital de Honduras. Su modus operandi consistía en vestir de colegiala y vigilar a miembros de la pandilla rival en los institutos educativos, informó la Policía.(El Heraldo, 22 de marzo de 2016) Guadalupe Ruela, de Casa Alianza, denuncia que el espacio que aparece como«ganado» por las mujeres, es en realidad una pieza que los líderes de las pandillas sacrifican en aras del éxito económico de las operaciones. «Exponen a las mujeres y a los niños en busca de esa eficiencia comercial—afirma Ruela—. Hay mujeres siendo expuestas al sicariato, extorsión, a ser banderas, expuestas en la búsqueda de la eficiencia del negocio», dice, agregando que el discurso oficial afirma que las mujeres aparecen muertas porque se han metido a eso, pero en realidad están siendo víctimas de un esquema de violencia. «Las pandillas ven en las comunidades un recurso de donde sacar a alguien que necesitan y luego asesinarlo. A veces escuchamos en los medios de comunicación que los criminales recluta a los niños porque no los pueden meter a la cárcel. Eso es falso, a un criminal no le interesa el bienestar de los niños. Lo que sucede en las comunidades es que si a mi me amenazan me da miedo, pero si amenazan a mis hijos me paralizan. La violencia en contra de mujeres y niños se hace para paralizar a las comunidades. Destruye el tejido social. Alguien que estará dispuesto a luchar o a rebelarse, pero sabe que cuando está trabajando su hija o pareja puede ser violada o asesinada, o que su hijo puede ser asesinado, está más dispuesto a callarse por temor a que algo le pase. Y encima lo que vemos es que los medios y un estado que no le cree y lo que dice cuando algo pasa es que lo crió mal a su hija. La mara no está interesada en crecer como organización social, sino en usar la población para que su negocio produzca y el ser violentos con mujeres o con niños inmoviliza al propio territorio y hace más efectivo el negocio para estos grupos»—agrega Ruela. El esquema de violencia ligado a lo masculino como una forma de expresar la masculinidad, es mucho más fácil ejercerlo hacia la mujer. En la mara, en donde se está conquistando constantemente un territorio, la mujer se vuelve parte de ese territorio. El tema de femicidio es un tema que siempre ha acompañado la historia de Honduras. El ingreso de los jóvenes en las pandillas no es una decisión consciente. Es la acumulación de una serie de circunstancias que van sucediendo desde la primera infancia y hasta la adolescencia. Desde que se levanta una joven de estas en la mañana está sufriendo violencia. Muchas veces cuando ella piensa en ingresar a la pandilla, no piensa que allí va a sufrir violencia. Ya la está sufriendo. Podrá ser distinta la violencia de la mara en sus manifestaciones, pero no es distinta en como ella lo está viviendo. Violencia verbal, violencia física, violencia sexual. 5. Las Jainas Ana Chanelly Córdoba, alias la China, de 20 años, fue capturada el miércoles 20 de abril, acusada de la muerte de José Manuel Gómez, motorista de la empresa de transporte Cristina. La detención de la joven se produjo luego que circulara en redes sociales y medios de comunicación un video que muestra a una sicaria cuando asesina a sangre fría al conductor al interior de la unidad. De acuerdo a las últimas informaciones, la China sería mujer de uno de los jefes de la mara 18 que opera en la ciudad de La Ceiba, en la costa norte de Honduras, y puede tener un historial completo de varios actos ilícitos que están en proceso de investigación.(El Heraldo, abril de 2016) 6 Mujeres, maras y pandillas ante la represión.| Óscar Estrada Toda la literatura consultada para este artículo señala el ingreso de las mujeres en las pandillas como un proceso degradante. Según los textos consultados, hay tres formas como las mujeres ingresan a las pandillas. 1. Por amor, siendo pareja, novia o enamorada de un pandillero, normalmente de cierto poder en la estructura, que parece ser el caso de la China. (Reclutamiento sicológico) 2. Brincada, al igual que sus compañeros, 13 o 18 segundos de«calentón» o golpiza según sea de la pandilla MS o 18.(Reclutamiento violento) 3. Por sexo, teniendo sexo con varios miembros de la clica.(Reclutamiento sexual) La Revista Factum publicó un artículo sobre el ingreso de las mujeres en las pandillas de El Salvador, «Así viven y mueren las mujeres pandilleras en El Salvador», escrito por Juan Martínez d’Aubuisson. En él se explican los rituales de ingreso a la pandilla. «Cuando yo ingresé a la pandilla a mí me dieron verga(golpearon). Me brincaron(incorporaron) con vergazos. A otras las brincaron con sexo. Eso es horrible, luego los homeboys no las respetan. A nosotras sí porque saben que pasamos lo mismo que ellos(…). Para las mujeres que así lo deseen hay otra posibilidad: acostarse con todos los miembros del grupo. Como un sarcasmo diabólico a esta forma de incorporarse—o“brincarse”— le llaman“por amor”». Esta idea, de la pandilla pasando por sexo a las nuevas reclutas mujeres, se repite una y otra vez en los estudios del tema. «La relación de noviazgo le ofrece a la mujer una situación de ventaja para evitar la golpiza y la degradante violación sexual».(Violentas y violentadas, Relaciones de género en las maras y pandillas del triángulo norte de Centroamérica. Interpeace-Oficina Regional Para América Latina). «Las mujeres prefieren la paliza porque les parece más digno y porque de esta manera el grupo las respeta más. Es una manera de demostrar honor, fuerza y valentía, reproduciendo un modelo masculino que es de suma importancia para el grupo[...], cuando una chica opta por la vía sexual de ingreso no es tomada en serio por el grupo, el resto de miembros duda de su lealtad y, por lo general, no logra integrarse plenamente a la pandilla.[...] son desprestigiadas, desvaloradas y, en ocasiones, utilizadas como“carnada” frente al enemigo o por los mismos miembros del grupo. También son rechazadas por las otras mujeres que sí ingresan a través de una paliza».(Idem) «El trato desigual de la mujer se ve en las prácticas de iniciación de las pandillas. Mientras que los hombres se someten a una paliza, las mujeres tienen la posibilidad de elegir entre esto o mantener relaciones sexuales con varios miembros de la pandilla por una duración de tiempo equivalente, pero luego son acosadas si eligen la segunda opción. Las mujeres que se unen a las pandillas, porque están saliendo con un miembro de una pandilla, por su parte, tienen una entrada automática y son tratadas con respeto por el resto de la pandilla»(Marguerite Cawley, Las mujeres mara: Roles de género en pandillas de Centroamérica). Es importante aclarar acá, que no todas las compañeras de pandilleros son pandilleras, su ingreso a la pandilla sigue siendo una decisión de él o ella. Son, eso sí, parte de lo que en este artículo calificamos como la retaguardia de las pandillas: madres, abuelas, hermanas, compañeras, quienes mantienen un vínculo sentimental con los pandilleros y una conexión a las mismas, sin ser parte de de las maras o pandillas. Reconociendo por otro lado la diversidad de actores que conforman las maras y pandillas, y el carácter anárquico de las mismas, creemos que la construcción de un mito de la violación para ingreso en la pandilla, es más un recurso para generar miedo en las mujeres que se ha extendido desde los no pandilleros y «demonizar» aún más a las maras y pandilla. La violación de las pandilleras es aceptada y normalizada por la sociedad, como un ritual degradante. La víctima en este caso, es culpada y cosificada. La trivialización de la violación en las 7 Óscar Estrada | Mujeres, maras y pandillas ante la represión. pandillas, asume la violencia sexual que podrían vivir las mujeres en las mismas, como un ejemplo para modelar el comportamiento de las mujeres afuera de las pandillas. En Honduras no existen estudios serios que nos permitan reconocer que las descripciones plantadas en los artículos de maras y pandillas en El Salvador, sean equivalentes a la realidad hondureña. Por el contrario, las entrevistas realizadas por este estudio, niegan la violación como condición para ingreso en las pandillas. «Eso de que se la cogen no es cierto», afirma Ana en la entrevista.«Puede ser que un maje te diga vení, está conmigo y si el man es un poco enojado, frustrado y es el mero toro, para dónde te haces. Pero eso de que te hacen que te acostés con todo mundo es paja. La mujer se mente porque empezaste como un pinche traca, empezaste vendiendo la mota, después de dicen que vendas coca, después piedra. La mujer misma es la que busca quien va a trabajar con ella. Calentada es cuando la torcés, cuando se te pierde droga. Allí si te matan a pija. Cuando perdiste dinero. Cuando te cae la jura por estar pelando papa. Cuando en la misma plaza en donde uno vende la droga hay gente que está fumando mariguana, fumando piedra. Ese es fijo calentón. Allí si te matan a pija. En la mara vas ascendiendo. Vas como traca, luego te sobás, te matan a un familiar, te defendiste y allí dicen, ah ésta maje está loca. O matas otro maje y te dicen que estás loca. Eso de acostarse con uno y con otro, es si querés. Yo conozco majes que sí les gusta andar del timbo al tambo, que quizás comienzan con un paisa y luego están con un toro. Pero no es que es obligación de uno acostarse con esos majes o calentarte. Te calientan si la cagás o te cogen si te dejas coger», dice Ana. «Las mujeres entraban igual que los hombres— afirma el Sun—, por el mismo rito, 18 segundos de golpiza. Se le prueba lo mismo con la idea de ver si puede sobrevivir una golpiza de la pandilla contraria. No entraban a las pandillas por sexo. Eso era muy bajo». La violación, en todo caso, parece ser un recurso correctivo adentro de las pandillas. «La forma sexual para nosotros era un castigo. Una vez a mí me obligaron a tener sexo con una chava a la que habían castigado. Yo no quería porque me daba como asco tanto hombre allí, en ella, pero tenía que hacerlo porque si no consideraban que estaba despreciando el«placer» que los homies me estaban dando. Pero era un castigo para ella. A ella la castigaron porque andaba con otros majes de la MS, como que se quería bandear y la descubrieron entonces la castigaron», afirma Sun. «Los castigos son si la mujer la tuerce—dice Ana—. Si vos perdés droga tenés que pagarla. La mujer es la que tiene la plaza de droga. Los hombres se dedican más al sicariato. La mujer es la que la distribuye porque los hombres no pueden hacer eso. Los mareros no te van a matar si vos no debes algo. Si vos robaste algo, les robaste o robaste en la colonia, allí te matan. Si viene el hombre y plancha no lo matan. Tiene que ser un pija de planchón. Pero si robas sí, porque no tenés ni necesidad ni derecho a robar. Cuando vos miras un maje descuartizado es porque descuartizó. Los que descuartizan son los 18. Es como un signo de colonias donde uno ya sabe. La mujer que la tuerce también la matan, pero la matan a golpes. A lo que aguantés. Si aguantas bueno, sino también. Aquí te la cantan en la colonia. Te dicen vos hiciste esto y esto y te dicen perdéte, sino te van a joder. Pero al hombre no. Al hombre no le dan ese chance». El control estricto que las maras mantienen sobre la plaza, se extiende a los cuerpos de las personas que en él viven. Es frecuente encontrar historias de mujeres que fueron«castigadas» por haber iniciado una relación sentimental con alguien de la otra pandilla o un agente de policía. Las mujeres son obligadas a trabajar en condiciones que podrían definirse como de esclavitud, con severas penas en caso de cometer errores en las cuentas. De igual forma, las redes sociales de los jóvenes son monitoreados muy de cerca. «Hace poco mataron a unas cipotas de diez u once años—dice doña Santos, la vecina de La Peña—. Ellas eran hijas de gente de la 18, pero salieron en 8 Mujeres, maras y pandillas ante la represión.| Óscar Estrada Facebook haciendo señas de la 13 y por eso las mataron. Decían que estaban involucradas con ellos pero no es cierto. Eran hijas de gente de las 18. A ellas les gustaba andar allí porque se creían las reinas del barrio. Andaban allí alucinando todo y si querían la empujaban a una. O si usted no les hacía caso decían a la mara que usted le había dicho algo y entonces lo mataban, por puro gusto», indica. «Yo todos los pedos de las chavalas que he visto así de chavalas, es porque se las tiran de muy bonitas y a la hora de la hora solo son güiri güiri, o se las tiran de locas y las mismas chavalas las despabilan o porque se meten con un man de otra chavala. A menos que sea una chavala de la otra mara contraria», afirma Ana. 6. Conclusión Las condiciones de violencia, miseria y marginación estructural que favorecieron el ingreso y proliferación de las pandillas en las principales ciudades del país continúan aún intactas. El Estado no tiene la capacidad para«controlar» a las maras y pandillas en Honduras, pero sus acciones las han pervertido y orillado a realizar determinadas acciones en el tiempo, obligadas para sobrevivir como estructuras. En esas condiciones, poco se podrá hacer para eliminar la presencia de maras y pandillas. El despilfarro que hacen los gobiernos de la región en el combate contra las pandillas, poco podrán hacer para terminar un problema que no están interesados en comprender. Al sentirse amenazados, como en toda sociedad en guerra, los hombres pandilleros han recurrido a su retaguardia natural. Las mujeres: madres, abuelas, parejas, hermanas, son esa retaguardia que permite a los pandilleros seguir activos. Algunas mujeres se involucran directamente con las pandillas e inician el ciclo de violencia y criminalidad común entre sus pares varones. Otras, en cambio, permanecen siempre al margen, sin vincularse directamente en la vida pandillera, pero sin desprender los lazos afectivos que las unen con los hombres de las maras y pandillas. Son las mujeres que cuidan, alimentan, visten, curan y entierran a los hombres que caen en una guerra que lleva ya veinte años y lejos está de concluir. Los estudios que existen en el tema, poco reflejan la realidad que las entrevistas desnudan en cuanto a los reclutamientos de mujeres en las maras y pandillas. La mayor presencia de mujeres en negocios y empresas de pandilleros, no necesariamente implica un aumento en su poder en la estructura. Los líderes de las maras y pandillas mantienen un control estricto de las mujeres y sus relaciones, redes sociales y vínculos, el cual traducen en violencia cuando esos líderes consideran que ella ha fallado a las reglas de la pandilla. Los pandilleros utilizan a las mujeres y niños como recursos descartables para el éxito en sus negocios. Las maras y pandilla se están enfocando a un mayor control territorial sobre todo por el tema lucrativo. Definitivamente el manejo mediático de las mujeres que integran maras y pandillas es en muchas veces maximizado y fantasioso, en muchas ocasiones generador de odio hacia las mujeres. La difusión intencional de los actos de violencia donde están implicadas mujeres, ha venido de la mano con el aumento de los femicidios en el país. 9 Óscar Estrada | Mujeres, maras y pandillas ante la represión. FUENTES: La Playboy: la participación de hombres y mujeres en una pandilla juvenil de Siloé, Cali. Marta Domínguez Violentas y violentadas, Relaciones de género en las maras y pandillas del triángulo norte de Centroamérica. InterpeaceOficina Regional Para América Latina. Así viven y mueren las mujeres pandilleras en El Salvador.(http://revistafactum.com/category/ porta/). Por Juan Martínez d’Aubuisson Brenda:“Las reglas de la mara me obligaban a matar a mi marido cuando quiso abandonar la pandilla”. Por Marcos González. Cada vez hay más mujeres en pandillas. http:// laopinion.com/2016/11/08/consulta-aqui-losresultados-en-tiempo-real/. Casi 900 mujeres son miembros de maras y pandillas en Honduras. HRN. Cuando las pandillas tienen rostro de mujer. panamaamerica.com Entrevista Lucía Pérez:“A los 12 años aprendí a ser una asesina”. lavanguardia.com. Mujeres en las maras por Rocío Pérez Domenech. Escapar de la violencia hacia más violencia: cómo es la vida de las mujeres en las maras. RT en español. Honduras: Crece el protagonismo de las mujeres en las pandillas. Cosecha roja.org Las mujeres mara: Roles de género en pandillas de Centroamérica. Escrito por Marguerite Cawley. http:// es.insightcrime.org/analisis/las-mujeresmara-roles-de-genero-en-pandillas-de-centroamerica. Las sombras de la sombra: Mujeres y reclutas del crimen organizado en Guatemala, y 2 Alejandra Gutiérrez Valdizán. FronteraD, revista digital. Marcada por la vida: historia de una pandillera de la ’18’. Por Andrés Martínez Casares(SOITU.ES). Mujeres en pandillas, un fenómeno social en incremento en Honduras. El Heraldo. Mujeres en Pandillas. Por Estephania Baez. Mujeres maras y su realidad en las pandillas centroamericanas. Por: Rocío Pérez Domenech. Mujeres que integran pandillas son seducidas por el poder. Alba Trejo. ALAI Crónica narrativa sobre las mujeres en las pandillas juveniles, violencia y rol de género. Trabajo de grado previo a la obtención del título de Licenciada en Comunicación Social. Gina Patricia Heredia Román. Pandilleras: mujeres que imponen miedo. PulsoDF. De Víctimas a Victimarias: Mujeres en Maras y Pandillas de Honduras. Jennifer Avila y Iolany Pérez. El Barrio, La Mara. Entrevista con el Freezer. ElPulso. hn Rozee, Patricia.«Resisting a Rape Culture». Rape Resistance. Consultado el 11 de enero de 2012. Steffes, Micah(January 2008).«The American Rape Culture». High Plains Reader. Archivado desde el original el 27 de noviembre de 2015. Consultado el 11 de enero de 2012. Suarez, E.; Gadalla, T. M.(11 de enero de 2010). «Stop Blaming the Victim: A Meta-Analysis on Rape Myths». Journal of Interpersonal Violence. 10 Autores Óscar Estrada Guionista, novelista y abogado. Productor de radio novelas y documentales sociales. En 2008 dirigió el largometraje«El Porvenir». Ha publicado los libros «Honduras, crónicas de un pueblo golpeado»(2013), la novela«Invisibles»(2012) y más recientemente su colección de cuentos«El Dios de Víctor y otras herejías»(2015). Fundador de la revista «Lastiri». Actualmente dirige la editorial con sede en Washington D.C. Casasola LLC. © 2017 Friedrich Ebert Stiftung FES (Fundación Friedrich Ebert) Dirección: Edificio Torre San Carlos, 8avo piso Colonia San Carlos, Tegucigalpa Email: honduras@fesamericacentral.org www.fesamericacentral.org Apartado Postal: 1744, Tegucigalpa, Honduras FES Honduras La Fundación Friedrich Ebert inició actividades en Honduras en el año de 1982. En el transcurso de éstos años han variado algunos instrumentos de trabajo, pero siempre se ha mantenido vigente el objetivo principal: el fortalecimient A o ria d l r e eg l u a lar d /cp e o. m 10 o /1 c 4/ r 8 a 5n c / ia participativa y equitativa junto Estilo Texto plaqueta final a la promoción del desarrollo sustentable con justicia social. Nuestros fuertes son el asesoramiento político y la apertura de espacios de diálogo e intercambio político entre nuestras contrapartes nacionales, centroamericanas y de América Latina. Arial bold/cpo.10/14/ Estilo Sitio Web Las opiniones expresadas en esta publicación no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de la Friedrich-Ebert-Stiftung. PERSPECTIVAS – ISSN 2413-6603