ANÁLISIS N O 020/2016 URUGUAY No hay mejor ataque que una buena defensa E s IGUIENT erie LA M N3 AÑANA S Gabriel Delacoste D iciembre de 2016 „„ Los progresismos del Cono Sur parecen haber actuado bajo el supuesto, nunca enunciado, de que jamás serían desplazados del gobierno. Es un pensamiento extraño al carácter democrático de esos partidos y que se desentiende de las posibles consecuencias de cambios en los ciclos económicos o en la subjetividad política de las sociedades. „„ Con diferentes acentos según los países, la apuesta dominante parece haber sido construir fidelidad electoral a partir de la expansión de de rechos de los sectores populares, evitando al mismo tiempo cuestionar los privilegios del capital. Esto último subestima la capacidad del capital como actor político para desplegar nuevas estrategias de influencia en las sociedades. En la actualidad se suceden los retrocesos de la hegemonía política y cultural que dominó la década pasada en la región. „„ Con ese marco de referencia, Gabriel Delacoste analiza las fortalezas y debilidades que aprecia en el modelo progresista uruguayo transcurriendo el tercer gobierno del Frente Amplio. También aventura una agenda para los últimos dos años de gobierno que, entre otros temas, sugiere actuar sobre las burocracias estatales, la reforma constitucional y el modelo penal. Son iniciativas que pueden considerarse defensivas, en tanto se orientan a consolidar aspectos centrales del programa progresista concluido y modelar el espacio en que eventualmente actuaría la actual oposición. El autor también fundamenta las posibles potencialidades de esa agenda para relanzar el proyecto político de izquierda. Índice „ „¿Crisis del progresismo? ................................................................................................................... 3 „ „La derrota electoral no puede ser tabú ...................................................................................... 5 „ „Las consecuencias de mantener la victoria electoral como objetivo excluyente .................................................................................................................. 6 „ „La agenda defensiva ........................................................................................................................... 10 „ „La agenda de reconstrucción ........................................................................................................ 12 „ „¿Qué quiere decir relanzar el proyecto político? ................................................................ 15 „ „Bibliografía ............................................................................................................................................. 20 NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA | Gabriel Delacoste ¿Crisis del progresismo? 1 Mirando hacia Argentina, Brasil, Paraguay, Chile, Perú, Venezuela o casi cualquier otro lugar del continente, es difícil no pensar a este momento como uno de retroceso rápido y general de las fuerzas progresistas. Dados los problemas y las posturas de la tercera administración frenteamplista y según a quién se pregunte, Uruguay es una isla que todavía resiste o parte de la tendencia. Es razonable pensar que hay algo de cierto en ambas visiones. El Frente Amplio( fa ) está en problemas. Se presenta dividido internamente tras las disputas ocurridas ya al comienzo de la presente administración sobre la«herencia» dejada por la anterior y las acusaciones mutuas en torno a la gestión de Ancap. Está desmovilizado como demuestra la baja(aunque no vergonzosa) participación lograda en sus elecciones internas en 2016. Las encuestas lo exhiben con bajísimos niveles de intención de voto(no vistos desde finales de los 90), aunque los apoyos al gobierno son razonables. Finalmente, la economía se encuentra inestable, con los niveles salariales estancados, y la relación con los movimientos sociales es la peor desde el nacimiento de la coalición. En ese contexto, el gobierno decidió tomar un rumbo marcadamente favorable a los intereses empresariales, buscando recuperar la inversión y el crecimiento económico, y no ha mostrado hasta ahora la intención de dar batalla política alguna a favor de causas progresistas. Podría resumir el cuadro diciendo que la coalición está dividida pero no quebrada, su militancia está desmotivada pero no liquidada, su apoyo popular está a la baja pero no en el abismo, la economía está«desacelerada» pero no en recesión, los movimientos sociales están disconformes pero no en la oposición y el gobierno se corre a la derecha pero sin retroceder en los derechos avanzados antes, aunque sin consolidarlos ni capitalizarlos política1. Esta sección del texto está basada en pasajes de Delacoste, 2015. mente. Esta situación de equilibro dificulta afirmar simplemente que en Uruguay hay crisis del progresismo; o que no la hay. Este empate expresa una tensión que no es nueva. Por lo menos desde la salida de la dictadura el fa está tensionado entre dos lógicas: por un lado, la aspiración a representar los intereses populares y a implementar una agenda promovida por la sociedad organizada, y, por otro lado, la incorporación al sistema político(y una vez en el gobierno, al económico), de manera de hacer viables las conquistas mediante una estrategia reformista. Estas dos dimensiones forman parte de una misma estrategia e implican una contradicción. A menudo, y con creciente frecuencia, lo necesario para ser un miembro exitoso del sistema político tal como existe o administrar con éxito un Estado capitalista es muy distinto de lo que exigen las aspiraciones de la sociedad organizada y los intereses populares. En los años 90 y durante el largo camino hacia la victoria electoral, el fa vivió dos procesos simultáneos con significados opuestos, cuya visua lización es necesaria para pensar esta tensión: su corrimiento al centro y su apoyo a la resistencia al neoliberalismo. Con independencia de cuál aspecto tuvo más impacto electoral, 2 es claro que ambas dinámicas ocurrieron en forma simultánea y paralela. Por un lado, el fa vivió un proceso de oligarquización 3 mediante el cual ganó protagonismo una elite convencida de que la victoria electoral llegaría por medio de la moderación ideológica y programática. Por otro lado, apoyó la resistencia de los movimientos sociales a las privatizaciones, en particular 2. Existió un debate entre Yaffé(2005) y Moreira(2004) a propósito de cuánto estos procesos explican el triunfo final. 3. El término oligarquización refiere al proceso descri to por Robert Michels según el cual las organizaciones, al crecer en complejidad, generan una división del trabajo en la que un grupo se dedica a la dirección, monopolizando gradualmente la información y la decisión. 3 Gabriel Delacoste | NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA la resistencia de los trabajadores de las empresas del Estado, un poco por convicción ideológica y otro poco como estrategia para galvanizar la oposición a los gobiernos de los partidos tradicionales. Es decir, al mismo tiempo que se alejó de su base izquierdista en pos de un objetivo político que veía superior(la conquista del gobierno), continuó apostando a la movilización y siendo permeable a sus demandas. Todo ello como parte de la misma y contradictoria estrategia. Después de la victoria electoral esta contradicción se despliega o queda latente según las diferentes coyunturas. La elite del fa pasó a tener el control de los poderes Ejecutivo y Legislativo, actuando como aliada de un movimiento sindical en proceso de recuperación al expandir derechos vinculados al mundo del trabajo. También incorpora a la elite política uruguaya cuadros de orígenes sociales distintos de los tradicionales, lo cual favoreció una gestión permeable a nuevas y antiguas demandas sociales, creando oportunidades para un vínculo virtuoso que se plasmó en políticas públicas y en la legislación(véase Serna, 2012). Las organizaciones sindicales lograron en poco tiempo tremendos avances materiales(mejora del salario, bajo desempleo), legislativos(fuero sindical, derecho a la ocupación, leyes de seguridad en el lugar de trabajo) y organizativos(crecimiento de la afiliación y la ca pacidad de movilización). Al mismo tiempo, el fa llevó a cabo una importante agenda de reformas (impositiva, de la salud, creación del Ministerio de Desarrollo Social— mides —) con impactos distributivos progresivos. Ya durante el gobierno de Mujica, y gradualmente, la agenda se fue ampliando para dar cuenta de las demandas de otras organizaciones, poniendo especial énfasis en el sector cooperativo y aprobándose las leyes de lo que pasó a llamarse la agenda de derechos : la Ley de Matrimonio Igualitario, la Ley de Cambio de Sexo Registral, la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, la legalización de la marihuana y la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual(ley sca ), entre otras banderas levantadas por una alianza de organizaciones que incluyó al movimiento sindical, de derechos humanos, feminista y nuevas organizaciones como Ovejas Negras y Proderechos. La economía política del frenteamplismo gobernante durante ese período se basó en un crecimiento económico empujado en parte por el aumento de la capacidad de consumo de los hogares beneficiados por las políticas sociales y laborales, y en parte por la expansión de la inversión extranjera directa y la exportación de materias primas en un contexto de altísimos precios internacionales, especialmente de la soja. Esta inversión se dio en el marco del mantenimiento y la expansión de las ventajas otorgadas al capital trasnacional bajo la forma de zonas francas, exenciones impositivas, ausencia de retenciones(es decir, al«buen clima de negocios»). La legitimidad política del frenteamplismo fue construida(y fundamentada) en gran parte gracias a la mejora de indicadores económicos que tenían directa relación con estas ventajas. 4 Así, la lucha de clases en Uruguay resultó, durante buena parte de los años frenteamplistas, un juego de suma positiva. El fa continuó en el gobierno su proceso de oligarquización y de aceptación de las lógicas del Estado capitalista, al tiempo que se mantuvo poroso a las demandas de la izquierda, recreando su contradictoria pero exitosa estrategia en un ejercicio equilibrista de mediación política. Sin embargo, las condiciones de posibilidad de la estrategia frenteamplista son también sus límites: aceptar las reglas del juego del centrismo y el capital permite ciertos triunfos, pero también anuncia que estos son frágiles y van a encontrar un límite. La tensión entre las fuerzas del cambio y las del statu quo se puso en escena varias veces a lo largo de estos gobiernos, especialmente en lo relacionado con el presupuesto educativo, las violaciones de derechos humanos de la dictadura, el aborto y la política exterior. Pero al comenzar el tercer gobierno frenteamplista, esta tensión se expresó con especial intensidad. Luego de una elección en la que el electorado se había movido consistentemente a la izquierda(los partidos tradicionales 4. El equipo económico de gobierno sostiene la evidencia de esa relación, sin embargo siempre es difícil separar ciencia de ideología cuando se trata de economía. 4 NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA | Gabriel Delacoste perdieron bancas, mientras el Partido Independiente ganó terreno, la Unidad Popular llegó al Parlamento y el centrismo se redujo dentro del fa ), la nueva administración anunció la reducción del déficit y de la inflación como objetivos, mientras se dedicó a revisar varias políticas de la administración de Mujica, generando conflictos internos en la coalición. El tercer gobierno del fa tomó una serie de decisiones durante sus primeros meses que hirieron la relación con los movimientos sociales. Veamos un apretado repaso: suspendió la distribución en la educación de una guía de salud sexual elaborada con participación de militantes lgbt ; pospuso la reglamentación de la ley sca así como la aplicación de partes fundamentales de la regulación del mercado de cannabis; presentó una pauta de aumentos salariales que fue rechazada por la central sindical; mantuvo un ministro de Defensa enemigo de las organizaciones de derechos humanos; giró la política exterior hacia el alineamiento con Estados Unidos; forzó a un fondes creado para apoyar proyectos autogestionarios a financiar también empresas ca pitalistas; decretó la esencialidad de la educación para evitar paros durante el conflicto en torno a su presupuesto; desarrolló una performance represiva para desalojar a un grupo de adolescentes de una oficina pública ocupada como protesta. En una situación de desaceleración económica, fragilidad política y dificultades para vincularse con la sociedad organizada, la izquierda necesita con urgencia pensar de manera amplia la estrategia política para discutir qué tipo de política es la más apropiada para la coalición en una situación como la actual. La derrota electoral no puede ser tabú Los partidos políticos existen, en parte, para ganar elecciones. El fa no es la excepción. De hecho, es muy bueno ganando elecciones. Pero en una democracia, las elecciones un día se pierden. Es necesario considerar esa posibilidad como algo probable para las elecciones nacionales de 2019. Hay algunas razones para especular sobre esta posibilidad: como mencioné antes, las encuestas lo muestran más cerca del 30% que del 40%, la economía se encuentra estancada y la coalición tiene serios problemas para mantener su unidad de acción interna y con sus bases sociales, en un contexto en el que la región está girando enfáticamente hacia la derecha. Aun dados estos factores, no es en absoluto un hecho que el fa vaya a perder las próximas elecciones. Es imposible saber con tres años de anticipación cómo se moverá la voluntad del electorado y qué capacidad tendrá cada partido para organizar una estrategia inteligente y adecuada. Sin embargo, el cuadro tal como lo aprecio es suficiente para in vitar a pensar un escenario en el que el fa ya no controle el gobierno y levantar, por lo menos a los efectos de este texto, el supuesto de que el objetivo estratégico de la izquierda uruguaya es que el fa gane las elecciones nacionales. No se trata de promover la idea de que es deseable que el fa pierda las próximas elecciones, sino de detenernos a pensar en las consecuencias que tiene en el mediano y largo plazo organizar la estrategia de la izquierda exclusivamente en torno a la pregunta ¿qué hay que hacer para que el fa gane las elecciones? Unas consecuencias que pueden ser aún más graves que las que implicaría perder las elecciones, y más aún perderlas sin planificar el día después de la derrota. Sostengo que es clave formular, al mismo tiempo que una estrategia para el mejor avance electoral, la pregunta ¿cómo continúa la lucha política de la izquierda uruguaya en caso de que el fa pierda las elecciones? Una estrategia de la izquierda uruguaya que incluye al gobierno y el fa , pero no se agota en ellos, que pueda pensar en un horizonte que exceda la cuestión electoral y gubernamental. Destaco que, por la estabilidad institucional que caracteriza al Uruguay y la ambigüedad de la crisis del progresismo local, no hay razones para pensar que el gobierno frenteamplista pueda ser interrumpido antes de marzo de 2020. Es posible entonces pensar estratégicamente el mediano plazo con cierta previsibilidad y sin tener que luchar mes a mes por la supervivencia del gobierno, como ocurrió en la cuarta 5 Gabriel Delacoste | NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA administración del Partido de los Trabajadores( pt ) brasileño o en el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Ello habilita a mirar con otros ojos las consecuencias implícitas de ubicar la victoria electoral como objetivo excluyente, y también a pensar cuáles podrían ser los objetivos si se partiera de la base de que una derrota es probable, y por lo tanto que debemos imaginar un escenario de mediano plazo caracterizado por la resistencia a un ajuste neoliberal. Dedicaré la siguiente sección a estos asuntos. Las consecuencias de mantener la victoria electoral como objetivo excluyente Existen muchas maneras de buscar una victoria electoral. La más defendida actualmente por las elites políticas e intelectuales frenteamplistas se centra en dos factores: el crecimiento de la economía y la conquista del centro político. En una economía primarizada es difícil lograr un crecimiento económico acelerado durante una fase de precios bajos de las materias primas. Para superar este límite se apela a la inversión, y especialmente a la inversión de grandes empresas trasnacionales como salida. Para lograrla, existen numerosos instrumentos: los tratados de libre comercio(que incluyen cláusulas de protección a la propiedad intelectual y desregulación de sectores enteros de la economía), los beneficios fiscales, la creación de zonas francas, la construcción de infraestructuras especialmente diseñadas para una inversión concreta, los ajustes fiscales y las alianzas del gobierno con sectores o figuras de la clase capitalista local o trasnacional. Es tas formas de atraer la inversión tienen implicancias jurídicas y materiales distintas, pero el factor común esencial es que hacen concesiones al capital que aumentan su poder de actuar sobre la sociedad. La lucha por capturar y ocupar«el centro» implica reducir las diferencias políticas con los demás competidores electorales para captar a los votantes indecisos, confiando en que los votantes de izquierda disconformes con ese movimiento se mantendrán fieles con guiños simbólicos, y por la inexistencia de opciones viables en el campo izquierdo. Esta indiferenciación puede hacerse de diferentes maneras. Existen centros demagógicos, que se mueven entre posturas ambiguas, y centros tecnocráticos, que buscan formular políticas sustantivamente centristas. En ambos casos, la ideología del centrismo siempre se sustenta en un nacionalismo reconciliado en el que la sociedad se ilusiona con la posibilidad de evitar dilemas distributivos. Las consecuencias culturales y políticas de procurar el crecimiento económico a través de las concesiones al capital y la victoria electoral mediante la indiferenciación centrista serán diferentes si esas estrategias se despliegan como ajustes o concesiones tácticas, o como estrategias políticas sustantivas de largo plazo. Antes de pensar en las consecuencias me detendré en algunos de los argumentos a favor de estas estrategias. Las justificaciones retóricas de la política de con cesiones al capital se podrían clasificar en tres gru pos: aceleracionismo pseudomarxista , pragmatismo populista y tecnocracia neodesarrollista . El primero implica postular, a partir de un argumento que imita formalmente al etapismo marxista, que solamente es posible pensar en el socialismo dado cierto avance de las fuerzas productivas, que a su vez se logra por medio de la inversión, y por lo tanto de los benefi cios a los inversores. El segundo, que si el principal objetivo de la izquierda es mejorar el nivel de vida de la gente(y no combatir la desigualdad o la injusticia), la forma más directa de lograrlo es un crecimiento económico que permita mejorar los niveles de salario, empleo y prestaciones sociales, y que se logra, nuevamente, de la mano de los beneficios a la inversión. Y el tercero, que para mantener niveles altos de protección social es necesaria una estrategia de competitividad sistémica que atraiga inversiones que permitan aumentar el valor agregado de las exportaciones para acercar al país a la frontera tecnológica, permitiendo un aumento sostenible de los niveles de vida. 5 5. Sobre la relación entre neoliberalismo y neodesarrollismo, véase Leiva(2008). 6 NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA | Gabriel Delacoste Estas tres son narraciones antineoliberales. Si para el neoliberalismo la teoría del goteo implica que el crecimiento es condición necesaria y suficiente para generar bienestar social, para estos discursos es condición necesaria pero no suficiente, ya que se requiere algún grado de planificación e inter vención estatal para que el crecimiento se traduzca en mejoras de las condiciones de vida. Pero que el crecimiento sea entendido como condición necesaria para el bienestar y que la manera de lograr este crecimiento implique concesiones al capital implica que se trata de estrategias políticas que evitan ver al capital como un agente con capacidad de ejercer poder, prefiriendo pensarlo únicamente como un factor de producción. Al entenderlo de esta manera, no pueden ver problemático, por ejemplo, que se hagan leyes a medida de empresas particulares, que se firmen trata dos que impliquen la solución de controversias en el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones( ciadi ) o que el Estado se obligue internacionalmente a no expandir las regulaciones de un sector de la economía, si esto logra mayores niveles de inversión. Se trata de un pensamiento que concibe la posibilidad de un crecimiento económico perpetuo, que permita postergar indefinidamente las pujas distri butivas: si se crece para siempre, se puede distribuir el excedente y mejorar los niveles de vida de las clases populares sin que esto implique que la clase capitalista pierda nada. El problema es que el crecimiento perpetuo es tan imposible como indeseable, dado que el capitalismo sufre crisis cíclicas y que los recursos del planeta son limitados. Además, el conflicto estallará tarde o temprano, cuando las conquistas sociales sean una carga demasiado alta para la reproducción rentable del capital, especialmente teniendo en cuenta que el capital afincado en Uruguay compite con el afincado en otros países, que pueden lograr, con otras relaciones de fuerza internas, ajustar reduciendo los salarios o la protección social, lo que generaría una presión muy difícil de resistir para que se den ajustes similares aquí. Si bien teóricamente es posible que el costo del trabajo se reduzca con aumentos de la productividad y no con ajustes del salario o la protección, las exigencias de ajuste suelen ser rápidas y aprovechar coyunturas de crisis, haciendo difícil esperar los resultados de un eventual progreso productivo. Es difícil apelar al autointerés de la clase capitalista. Es verdad que durante los«treinta gloriosos» del mundo atlántico el capital cedió ante la organización obrera(y la amenaza revolucionaria) y permitió la construcción de regímenes de bienestar basados en acuerdos de clase que generaban legitimidad política para el régimen capitalista. Pero durante la contrarrevolución neoliberal el propio capital decidió que los costos que imponían estos acuerdos eran demasiado altos, 6 y apostó por el ajuste, la desregulación y la internacionalización, aun a riesgo de generar inestabilidad política. Los acuerdos de clase son posibles y a menudo deseables, pero no sostenibles indefinidamente en el tiempo, ya que el capital necesita, por su propia naturaleza, buscar mayores tasas de ganancia, y a menudo le es más sencillo lograrlas mediante presiones sobre el Estado para que este reduzca el salario y la regulación que mediante un aumento de la productividad. Es que ante igual tecnología o productividad, triunfa en la competencia quien logre la ventaja comparativa de producir, en el contexto de una mayor precariedad laboral, un menor salario y menores impuestos. Si asumimos que el conflicto entre capital y trabajo es inevitable, va a ser definitoria la situación polí tica, ideológica y jurídica existente cuando este se desate. Pensar y actuar para modelar esas variantes tiene que ser una preocupación central para la izquierda. Por esto es fundamental pensar las concesiones al capital con perspectiva política y no solo económica, ya que es mucho más difícil disputar con un capital protegido por las normas jurídicas y legitimado por el discurso de la izquierda. 6. Sobre la contrarrevolución neoliberal, véase Harvey (2005). 7 Gabriel Delacoste | NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA Lo anterior no debe confundirse con un desprecio ciego y obtuso a las mejoras de los niveles de vida de la población. Las críticas a las estrategias pragmáticas y cortoplacistas no necesariamente se agrupan bajo el lema de cuanto peor, mejor . No existe una disyuntiva en torno a si se deben o no mejorar las condiciones de vida de la población, sino una advertencia de los peligros que implica empoderar a actores sociales que tarde o temprano usarán su poder para revertir los avances anteriores. En cuanto a la disputa política, las justificaciones de la estrategia de corrimiento al centro podrían clasificarse en democráticas y pragmáticas. La de mocrática insiste en que los gobiernos deben llevar a cabo las políticas preferidas por la mayor parte del electorado, mientras que la pragmática se resigna a que, dado que la victoria electoral solo puede obtenerse conquistando al electorado moderado, las posiciones políticas del partido deben adaptarse a él. En ambos casos, el problema de las defensas del centrismo es que anulan la disputa propiamente política, sustituyéndola por un pensamiento sobre la representación que asume que las preferencias de los electores vienen dadas y no están abiertas a ser modificadas en procesos de organización y subjeti vación. Es decir, la política centrista es una política que, en lugar de disputar e intentar operar sobre el sentido común, tiende a consagrarlo y reforzarlo. Esto es especialmente peligroso porque las percepciones accesibles a las elites políticas sobre cuál es el sentido común están mediadas por empresas encuestadoras, medios de comunicación y microclimas de elite, que han demostrado una y otra vez en diferentes lugares del mundo que crean ideas equivocadas de qué es lo quiere la población y lo que planea hacer, casi siempre sesgadas hacia la visión del establishment liberal. Esto se debe en parte a los sesgos ideológicos de las ciencias sociales, 7 en parte a la concentración de los medios de comuni7. Sobre la relación entre ciencia social y neoliberalismo, véanse Heredia(2015), Ravecca(2016) y Pérez(2016). cación en manos de unos pocos empresarios y en parte a la creación de una clase global de tecnócratas(Sassen, 2007: 205), con sus propios intereses e ideología de clase. Aun pragmáticamente, no hay garantía de que el centrismo sea la forma más efectiva de disputar electoralmente: el kirchnerismo argentino ganó polarizando en 2011 y fue derrotado con un candidato moderado en 2015, mientras que el Partido Demócrata estadounidense fue derrotado en 2016 con una candidata moderadísima a manos de un candidato extremadamente polarizador. Las socialdemocracias europeas se encuentran en pleno colapso electoral, causado por su aceptación«moderada» de la austeridad impuesta por la Unión Europea, mientras crecen las derechas extremas y, en algunos lugares, las izquierdas no tan moderadas. La experiencia demuestra que la moderación no garantiza crecimiento electoral. Si el sentido común se encuentra permeado por el neoliberalismo, más importante que intentar adaptarse a un campo de juego que resulta estructuralmente desfavorable(y que solo permite ganar en la medida en que se acepte el consenso neoliberal) es recuperar la función pedagógica de las organizaciones políticas para intentar crear, en el mediano plazo, una situación en la que el sentido común juegue a favor de la izquierda y no en contra. La izquierda uruguaya ha sido en muchos casos negligente en esta tarea. El ejemplo de la política de aumento de penas sirve para ilustrar estos problemas. El sistema político, los medios de comunicación y los expertos están convencidos de que la gente quiere aumentar las penas, a pesar de que cuando la gente efectivamente votó en un plebiscito esa opción y enfoque perdieron. La baja de la edad de imputabilidad fue derrotada por una campaña que apostó a la persuasión, la movilización y la organización de base. Una campaña que en un principio fue resistida por las elites frenteamplistas. Ese acontecimiento político, más que ningún otro reciente, demuestra las posibilidades abiertas para mover la dirección del sentido común instalado en las elites y la población. 8 NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA | Gabriel Delacoste La indiferenciación electoral puede ser efectiva para capturar a votantes indecisos, pero en el largo plazo tiene el efecto de crear confusión y generar un clima tendiente al«son todos iguales». Esto no es una consecuencia no deseada, es inseparable del «correrse al centro». Ese mensaje no lo reciben solo los indecisos, sino también los aliados y las bases sociales, los cuales gradualmente pierden confian za en la elite partidaria. Hoy podemos apreciar unas bases frenteamplistas disconformes y desorganizadas, y una disputa en los campos sindical, estudiantil e intelectual en la que los partidarios del fa encuentran cada vez más dificultades para argu mentar su adhesión partidaria. ¿Cómo defender las posiciones del fa en una asamblea estudiantil después de la esencialidad y la represión? ¿O en una de trabajadores del Estado dada la preferencia de los gobiernos del fa por las contrataciones precarias? ¿O en una ambientalista después de la revolución sojera, la contaminación de la cuenca del Santa Lucía y los coqueteos con la minería a cielo abierto y el fracking ? ¿O de militantes de derechos humanos después de la inflación punitiva de este período de gobierno? Cuanto más el gobierno y el partido se corren hacia el centro, más los militantes frenteamplistas en la sociedad pierden la capacidad de dialogar con las bases de sus organizaciones, lo que genera desafíos por la izquierda. Tanto en los casos en los que triunfan estos desafíos como en los que posiciones favorables al fa prevalecen, las organizaciones toman posturas críticas al gobierno, que son interpretadas por el fa como traiciones e indisciplinas, generando un círculo vicioso de mutuo alejamiento. El fa no puede entender que no se defienda al gobierno, la sociedad organizada no puede defender a un gobierno que provoca retrocesos directos en las causas que defiende. A pesar de que cuantitativamente estos militantes puedan representar una parte relativamente pequeña del electorado, la pérdida de estos vínculos puede desestabilizar la capacidad de la izquierda de tramitar demandas sociales, así como sus fuentes de elaboración intelectual, su incidencia territorial, su capacidad de reproducir militancia y de presentarse como representante de amplios sectores sociales organizados. Apuntala también una despolitización de la sociedad favorable al statu quo y al liberalismo individualizador. La confusión y destrucción de bases sociales se potencia cuando la indiferenciación electoral es acompañada por una estrategia de crecimiento basada en concesiones al capital. Las conquistas del fa en el gobierno se ven amenazadas si el poder del capital es cada vez mayor mientras la sociedad está menos organizada y politizada. No es difícil imaginar futuras luchas en las que el capital se encuentre protegido jurídicamente, legitimado políticamente y con capacidad de movilizar grandes recursos estatales y económicos mientras la sociedad se encuentra confundida, desorganizada y sin dirección política. Mientras el fa gobierne estos conflictos pueden verse amortiguados, pero no es sensato ni deseable anclarse en una estrategia basada en el supuesto de que se va a gobernar para siempre. En Brasil el pt buscó mantenerse en el gobierno haciendo los ajustes que reclamaban los mercados y la oposición y fue derrocado igual, para ser sustituido por un gobierno que se apresuró a intensifi car la represión y a aprobar una enmienda constitucional que limita el gasto público. En Venezuela, el chavismo intenta retrasar al referendo revocatorio arriesgando que el país se hunda en la violencia o la dictadura. Estos son ejemplos extremos de lo que ocurre cuando se intenta mantener el gobierno a cualquier precio. En cada coyuntura dada, el gradual desdibujamiento del proyecto político causado por las concesiones al capital y la indiferenciación centrista no aparece como un precio demasiado alto para seguir gobernando. Sin embargo, la acumulación de sus consecuencias puede ser tan dramática como las que actualmente experimentan otras izquierdas europeas y sudamericanas. Existe una narración de excepcionalismo frenteamplista según la cual características únicas del fa impedirían que procesos de este tipo afectaran a la izquierda uruguaya. Si bien el fa cuenta con 9 Gabriel Delacoste | NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA muchas peculiaridades y fortalezas, sería extremadamente imprudente ignorar estos peligros por refugiarse en un pensamiento complaciente. No sería la primera vez que partidos de izquierda se pasaran a la derecha. Alcanza con pensar en el laborismo de Tony Blair acompañando a George W. Bush en su aventura en Irak o en el neoliberalismo de Estado del Partido Comunista Chino. Pero no es necesario ir tan lejos geográficamente. Las dictadu ras y la crisis de la deuda de los 80 tuvieron como consecuencia que muchos partidos y figuras con abundantes credenciales populistas, izquierdistas o nacionalistas populares(como el Movimiento Nacionalista Revolucionario— mnr — boliviano, el peronismo argentino, Fernando Henrique Cardoso y, en buena medida, el Partido Socialista chileno) 8 se convirtieran al neoliberalismo ante la represión del terrorismo de Estado y la exigencia de ajuste por parte del capital y los organismos internacionales de crédito. La victoria electoral es muy importante porque la existencia de gobiernos de izquierda es una herramienta fundamental tanto para la mejora de las condiciones de vida de la gente como para el crecimiento de los proyectos de izquierda. Entender esto no excusa—sino que más bien obliga— de pensar en los problemas que implican las estrategias utilizadas en las últimas décadas por la izquierda uruguaya para lograr triunfos electorales, especialmente teniendo en cuenta que el sistema político y la sociedad uruguaya están sufriendo transformaciones que hacen que las mismas estrategias no necesariamente sostengan iguales resultados. Es necesario ser cuidadosos en el cálculo de las ventajas y las desventajas de estas estrategias, considerando tanto la expectativa de victoria como la posibilidad de una derrota electoral. Asumiendo entonces la posibilidad de derrota electoral, es crucial prepararse para esta eventualidad. Eso nos llevaría a explorar una doble estrategia, defensiva y de reconstrucción. 8. Véanse Ruiz y Boccardo(2014). Lo ideal, claro está, sería plantear una estrategia para retomar la ofensiva con profundización de las reformas, disputas políticas con intereses económicos y radicalización de las leyes sociales. Pero esto no parece posible cuando la mayoría del Poder Ejecutivo(inevitablemente liderazgo político de la coalición) tiene un gran escepticismo con respecto a las conquistas de la agenda de derechos y un gran entusiasmo por dar beneficios al capital. 9 Esto no significa que no se pueda hacer nada desde el gobierno, en el que existen diferentes posiciones, pero sí que no es razonable esperar un cambio en su orientación general. En tanto no es esperable que se avance hacia la izquierda y es posible que se pierdan las elecciones (aunque se pueda pensar en una situación de relativa tranquilidad política por unos años), puede ser razonable dedicarse a las postergadas tareas de solidificar las conquistas, reforzar la organización y disputar el sentido común ideológico. En estas tareas pueden participar tanto fracciones del gobierno preocupadas por estos asuntos como organizaciones partidarias y sociales de dentro y de fuera del mundo frenteamplista, quizás buscando nuevos caminos de unidad. La agenda defensiva Si partimos de la base de que una derrota electoral del fa es un escenario para el que es importante preparar a la izquierda uruguaya, lo primero es imaginar en qué condiciones se entregaría el control de los poderes Ejecutivo y Legislativo a la derecha. Esto implica pensar cómo en diferentes campos(burocrático, penal, cultural, económico) los gobiernos del fa están moldeando el terreno para las batallas políticas del futuro, y operar para cavar trincheras capaces de resistir futuros embates. 9. El hecho de que algunos de los principales logros de la izquierda en este período hayan implicado combatir iniciativas del gobierno(el tisa , la esencialidad, la pauta salarial) habla de que la izquierda difícilmente puede seguir una estrategia que no sea defensiva. 10 NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA | Gabriel Delacoste El primer paso sería necesariamente un diagnóstico riguroso de fortalezas y sobre todo de fragilidades de cada conquista de los gobiernos frenteamplistas, prestando atención a las tácticas utilizadas por los gobiernos posprogresistas en Argentina y Brasil para deshacer los avances de los gobiernos progresistas anteriores. Hay mucho para hacer en este sentido en el terreno jurídico para proteger las normativas en las que se basa cada conquista. Se puede, por ejemplo, estudiar cuáles de las conquistas que se basan en decisiones administrativas podrían transformarse en leyes, 10 y qué conquistas consagradas en leyes podrían tomar rango constitucional. Por ello, las discusiones en torno a la reforma constitucional son centrales. Una reforma constitucional que blinde avances en legislación laboral, progresividad impositiva, derechos de la nueva agenda y protección del gasto social sería una herramienta formidable contra un futuro ajuste. Debería acelerarse lo más posible la implementación de las conquistas que todavía se encuentran a medio aplicar, como la ley sca y la regulación del cannabis, para que estos sistemas estén en funcionamiento, consolidados y legitimados por la práctica y el uso sociales. Hacer más rígidas estas conquistas no debería implicar un gran costo político, ya que se trata de políticas que ya fueron aprobadas en períodos anteriores, por lo que fueron amortizadas antes de la última victoria electoral, quedando demostrando que los intereses que están en su contra pueden ser vencidos. Si la oposición está golpeando al gobierno por la venta de marihuana en farmacias aún sin aplicar, se debería capitalizar ese costo ya pago para por lo menos aprovechar los beneficios. Otro punto importante en la misma dirección es la solidificación de las burocracias creadas durante 10. La salida de Gonzalo Mujica del fa puede complicar este proceso, pero dado que a la coalición le falta únicamente un diputado para la mayoría y que existen varios diputados y agrupaciones de izquierda y de centro en el Parlamento, no es difícil imaginar que el fa mantenga el control de la agenda legislativa. las administraciones frenteamplistas. Es necesario admitir y ver como un problema que allí donde el Estado creció bajo el fa , lo hizo de manera desordenada y precaria. Observando la estructura del mides , el Plan Ceibal, Antel, el Ministerio de Educación y Cultura o la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, encontramos complejísimas estructuras de personas públicas no estatales, ong subcontratadas, contratos precarios, tercerizaciones, sociedades anónimas de propiedad estatal y contratos docentes, artísticos o de talleristas para cumplir todo tipo de tareas, entre otras formas de desestatización de lo público. Fracasada la reforma del Estado como«madre de todas las reformas», debe admitirse que la forma como se bypasearon las estructuras burocráticas existentes para lograr flexibilidad genera estructu ras extremadamente vulnerables a un cambio en la orientación del gobierno. Los mismos mecanismos que dan flexibilidad a una administración que in tenta cumplir de manera eficiente los objetivos de una agencia estatal pueden, en manos de un gobierno de otra orientación, ser sumamente útiles para desbaratarla. La facilidad con la que una administración que busca hacer un ajuste puede desmontar aparatos precarios es algo que nos demuestra el caso argentino, y esto debe ser tenido en cuenta por la estrategia del gobierno. La regularización y solidificación del aparato del Estado debe ser una prioridad. Las protecciones constitucionales al empleo público han habilitado sin duda abusos, pero existen precisamente para proteger a las estructuras estatales de cambios violentos, y a los funcionarios ingresados en administraciones anteriores de la arbitrariedad de las siguientes. Esto puede ser aprovechado para crear estructuras burocráticas capaces de reproducirse y reproducir las políticas que implementan, creando un actor social que tiene un firme interés en su mantenimiento y que será(como en los 90) un actor central de la resistencia contra los ajustes. No es posible garantizar la irreversibilidad de las conquistas, pero sí es posible operar sobre su capacidad para resistir intentos de retracción. El diseño 11 Gabriel Delacoste | NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA y la evaluación de las políticas que pueden sufrir disputas deben hacerse, entonces, no solamente teniendo en cuenta la racionalidad medios-fines de su efectividad para lograr resultados, sino también evaluando su resiliencia y la forma en la que operan en la formación de sujetos sociales. Es necesario operar sin ingenuidad sobre qué cosas deben ser flexibles y cuáles rígidas. El tema entonces es no solo lograr conquistas importantes, sino moldear el terreno de disputa en el que se va a dar la lucha política del futuro. En espacios como el de la política penal, en el que más que lograr avances hacia la izquierda desde hace años existe una presión constante para ceder terreno, se deben tener en cuenta no solo las supuestas ventajas de un aumento de penas o de la intensifica ción de la represión en términos de opinión pública (que, como demostró No a la Baja, no son tales si se intenta persuadir a la población), sino también las formas en que un retroceso moldea batallas futuras en torno al tema. Los aumentos de penas no solo cuestionan las alianzas del fa con las organizaciones de derechos civiles y humanos, puntales históricos de la izquierda, sino que además dan la imagen de que existe un consenso en el sistema político a favor del populismo punitivo, aislando a quienes intenten dar batalla contra aumentos de penas aún peores de futuras administraciones. En el mismo sentido pero en otro terreno, si entendemos que el capital no es solamente un factor de producción, sino que además es un actor social cuyos intereses son estructuralmente favorables a las políticas de ajuste, desregulación y precarización que propone la derecha, debemos entender las consecuencias políticas que implican las concesiones económicas a sus demandas. Por decirlo de una manera burda, todo el poder que se le entregue al capital ahora va a ser utilizado para promover ajustes futuros. Por ello, del mismo modo que se debe hacer un esfuerzo por solidificar las conquistas en el terreno de las políticas públicas, es necesario otro igualmente vigoroso por evitar que los privilegios del capital se solidifiquen en tratados inter nacionales, concesiones de largo plazo, exenciones impositivas y protecciones contra los cambios en las reglas de juego. Algo de esto fue hecho, por ejemplo, mediante el bloqueo del fa a la intención de algunas de las principales figuras del gobierno de continuar en las negociaciones del tisa . Las modificaciones que sufrió en el Parlamento el Sistema Nacional de Competitividad, la postergación de la nueva ley de zonas francas, la lucha sindical y social en torno al presupuesto y la pauta salarial demuestran cómo el fa , el Parlamento y la calle(además, por supuesto, de las organizaciones sociales, la intelectualidad y el amplio mundo de la izquierda no frenteamplista) son lugares desde donde sostener posturas de izquierda aun con un gobierno frenteamplista que a menudo empuja en otras direcciones. Evitar el crecimiento del poder del capital es necesario tanto para debilitar políticamente a la futura coalición del ajuste como para pensar en futuras luchas en las que la izquierda de las próximas décadas quiera dar pasos superiores a los que se ha propuesto hasta ahora, como la reducción de la jornada laboral, la prohibición de procesos económicos contaminantes o la abolición de la propiedad intelectual. Dar excesivas concesiones al capital y hacerlas excesivamente sólidas para lograr un crecimiento económico en el corto plazo es crearle graves problemas y limitaciones a la izquierda por muchas décadas. En resumen, un terreno de disputa en el que las concesiones al capital tienen rango de tratado internacional y las políticas sociales están basadas en frágiles estructuras paraestatales es un terreno extremadamente favorable para el ajuste. La agenda de reconstrucción Después de medio siglo de existencia, tres décadas de corrimiento al centro y tres lustros de gobierno, el fa necesita relanzar su proyecto político. La coalición deberá afrontar en los próximos años el retiro de sus principales figuras así como importantes cambios en su base social, en la sociedad y en la región. No alcanza para enfrentar estos desafíos con 12 NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA | Gabriel Delacoste la aparición de un par de figuras«de renovación» (menos aún si son figuras moderadas y con años de experiencia gubernamental), ni con nuevas alianzas electorales o cambios cosméticos en el nivel de las imágenes y los eslóganes. Pero antes del relanzamiento, que trataremos más adelante, es posible que sea necesario hablar de una reconstrucción. Esta palabra denota un proceso de recuperación de algo que se encuentra vulnerable o dañado. A pesar de los éxitos electorales y los progresos en términos de indicadores sociales y políticas públicas, este es el estado de la izquierda uruguaya, especialmente si se la mira más allá del gobierno. La compleja red de relaciones sociales que dan continuidad y potencia a un proyecto de transformaciones no se limita a la calidad de las políticas públicas ni a la capacidad de un oficialismo para reelegirse. Como dijimos antes, las estrategias llevadas a cabo para lograr estos objetivos pueden ser contraproducentes para la reproducción de esta red de relaciones. Las alianzas entre los movimientos sociales y de estos con las organizaciones políticas, la politización de la sociedad, la capacidad de captar, producir y reproducir cuadros y militantes(y no hablo aquí de expertos y tecnócratas), la capacidad de disputar el terreno cultural y la claridad ética sobre qué implica una buena vida para una persona de izquierda son terrenos fundamentales de construcción política. Una izquierda que los tome como dados espontáneamente, como si fueran un recurso natural que puede explotarse indiscriminadamente, va a encontrarse un día con que ya no puede contar con ellos. Un pensamiento excesivamente centrado en el Estado, en la fe en que buenos resultados de políticas públicas garantizan la reelección y en que la reelección es el principal objetivo puede descuidar las bases mínimas de continuidad del proyecto político. Amparo Menéndez-Carrión(2015) llama polis a un tipo de vida en común organizado de acuerdo a un eje plural-igualitario, dedicado a la producción colectiva de lo público y protagonizado por hacedores y custodios de lo público. La polis, que llegó a ser hegemónica en el caso uruguayo, se encuentra desde hace décadas enfrentada a un asalto neoliberal que sustituye con lógicas empresariales e individualistas posesivas las formas de convivencia centradas en la construcción colectiva de lo público a lo largo de todo el mundo social. Es decir, el neoliberalismo no es únicamente una serie de políticas públicas, y por lo tanto no se acaba cuando dichas políticas son sustituidas por otras más progresistas. Por eso se puede decir que el neoliberalismo en tanto lógica de organización de lo social avanzó y continuó su asalto sobre la polis uruguaya durante los años de gobierno frenteamplista. La ciudadanía pasiva, la despolitización, la desideologización(mejor dicho, la ideología empresarial), la individuación, la tecnocratización y el consumismo progresaron en estos años como consecuencia de la forma en que se dio la disputa política en la que participó el fa . Cualquier observador puede ver a simple vista que el entramado de instituciones culturales, de prensa, sociales, intelectuales y políticas que organizó al mundo de la izquierda durante décadas se encuentra seriamente desgastado y dañado, y que la construcción de ese entramado no fue espontánea ni casual. Menéndez-Carrión sostiene que la polis uruguaya se encuentra en un momento frontera en el que el neoliberalismo está al borde de transformarse en la lógica hegemónica de organización de la sociedad. Reconstruir los lazos y las subjetividades que permitan a la polis contraatacar debe ser una prioridad de la izquierda que poco tiene que ver con el éxito electoral y el avance de los indicadores económicos y sociales. ¿Por dónde empezar con este esfuerzo? Si estamos pensando desde el fa , la propia coalición-movimiento es un buen lugar para comenzar a pensar. Esto implica tomarse en serio el problema de la organización, en particular de las bases. Los comités de base tienen una infraestructura edilicia y territorial única en el país y se encuentran dramáticamente subutilizados. Debe existir una política sistemática y vigorosa de aliento a la participación en el partido, incluyendo un uso intensivo de las 13 Gabriel Delacoste | NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA tecnologías de comunicación y una agenda de discusiones en las que se dé a la militancia un protagonismo que haga sentir que se juegan cosas importantes en la participación. La existencia de una red territorial partidaria fuerte va a ser fundamental en la organización de la resistencia al ajuste, y es un espacio insustituible de construcción de subjetividad y de irradiación de una cultura de izquierda. Si bien la izquierda va mucho más allá del Estado y del partido, estas estructuras pueden jugar un rol muy importante en la reconstrucción de la izquierda social y cultural. Tanto el Estado como el partido, con sus recursos económicos y su poder político, pueden ayudar a apuntalar la organización de la sociedad en sindicatos, organizaciones sociales, culturales y territoriales autónomas. Si bien en los últimos años se ha avanzado en este sentido, especialmente en la forma en que las políticas del fa apoyaron al movimiento sindical, todavía es necesario mucho más. Deben existir protecciones legales a las organizaciones sociales, fondos para que ejecuten(sus propios) proyectos, cesiones de edificios en desuso y estímulos para la aparición de nuevas instituciones intelectuales y medios de comunicación, pensando en la expansión del campo de la sociedad organizada. Esto implica revisar la instrumentalización de las organizaciones sociales como ejecutoras subordinadas de política pública(social, cultural, educativa) formulada en el gobierno o los organismos internacionales. Esta práctica no solo le quita autonomía a la sociedad organizada, también la hace vulnerable a que gobiernos de otras orientaciones le quiten no solo sus recursos, sino también su razón de ser, que ahora implica ser un prestador de servicios para el Estado. Es importante que la izquierda pueda contar con el compromiso de las organizaciones aliadas, pero esto es muy distinto de transformarlas en empresas tercerizadas o vampirizar su prestigio para que sea capitalizado por el Estado. Si al fa le interesa que las organizaciones sociales sobrevivan a un cambio de gobierno, necesita potenciar el valor de la autonomía de lo social. A su vez, las propias organizaciones, aun cuando sus militantes sean partidarios del fa , necesitan revalorizar ellas mismas su autonomía y replantearse su rol frente al Estado. Los esfuerzos de organización necesitan ser acompañados de una reideologización que les dé sentido. Esto implica reconocer y entender como un problema que en los últimos años el fa y su gobierno hayan deslizado su discurso hacia posturas nacionalistas reconciliadas, empresistas y en ocasiones hasta antisindicales, exacerbadas por la crisis del progresismo de la que hablamos al comienzo de este documento. De mantenerse estas tendencias, va a ser muy difícil para el fa recuperar la confian za de la sociedad organizada y evitar ser hegemonizado por la derecha, si esta asumiera el gobierno con un discurso similar. Un fa corrido a la derecha tiene un impacto desorganizador que va mucho más allá de sus fronteras, al generar confusión y desconfianza, que hacen necesario un gran esfuer zo de elaboración ideológica, nuevamente dentro y fuera de la coalición. En un momento de despolitización de la cultura, en el que en la academia, el arte y el periodismo el pensar para la política es visto como poco riesgoso o incluso corrupto, es necesario crear espacios de producción de pensamiento político, dentro y fuera del partido. Si esto no sucede, la disputa en la izquierda seguirá siendo entre las posturas anticuadas de lo que queda de la izquierda clásica y la doctrina de los organismos internacionales aceptada acríticamente. Una izquierda que terceriza en las organizaciones sociales la ejecución de su política pública(de paso desnaturalizando al Estado) y el pensamiento en organismos internacionales va a tener serios problemas para dar discusiones ideológicas y estratégicas que le permitan reconstruir su proyecto político. Directamente relacionado con esto está el problema de los cuadros y su formación. Estar en el gobierno da al fa una gran oportunidad de formar individuos con un profundo conocimiento del Estado y del país, y eso debe ser aprovechado de manera planificada. Al mismo tiempo, esto debe ser articulado con la creación de espacios partidarios de discusión científica, técnica e ideológica en 14 NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA | Gabriel Delacoste consonancia con los esfuerzos de reideologización. Debe planificarse también cómo mantener activos a estos cuadros en caso de perderse el gobierno, como parte de las estrategias de reforzamiento de la organización de la sociedad. Es fundamental, por todo esto, partir de la base de que el principal factor en la resistencia al neoliberalismo no es la calidad de las políticas públicas de los gobiernos no neoliberales, sino que son los niveles de organización y politización de la sociedad. Una izquierda centrista, elitizada y demasiado centrada en cuestiones estatales y electorales conspira contra esta organización. Por esto, la agenda de reconstrucción, si bien sería ideal que fuera apoyada por el gobierno y el fa , es sobre todo responsabilidad de las propias organizaciones, que necesitan preparase para una situación en la que la coalición ya no esté en el gobierno, así como pensar en formas de recrear coaliciones y discursos de izquierda en una situación en la que crecen la atomización y la confusión. Lo que es bueno para la izquierda y para el país en el largo plazo no es necesariamente lo mismo que es bueno para la elite frenteamplista en el corto plazo. Si se ganan las elecciones no se perdió nada por dar estos pasos: solidificar las conquistas, las burocracias, las bases ideológicas y la organización social es bueno en sí mismo. Nada indica que dar pasos como los sugeridos aquí reduzca la probabilidad de una victoria. Pero si las elecciones se perdieran, estamos a tiempo de mitigar los daños ocasionados por la derrota y de pensar en reagrupar a la izquierda para futuras conquistas no desde la base de cómo volver a empezar de cero, sino desde cierto piso garantizado que permita pensar en el futuro como la conquista de un escalón superior. Para asegurarse esto, la izquierda uruguaya tiene tres años. ¿Qué quiere decir relanzar el proyecto político? Los puntos tratados hasta ahora proponen un marco relativamente minimalista para la discusión estratégica, acotado a los años finales de la tercera administración frenteamplista y sin meterse en una discusión más profunda sobre los caminos disponibles en la política contemporánea. Esta discusión, sin embargo, es necesaria si se busca no solo reconstruir, sino también relanzar hacia el futuro a la izquierda uruguaya, entendiendo que la izquierda de los próximos 30 años no puede ni debe ser como la izquierda de los últimos 30. Si para la mayoría de los miembros de la generación de izquierdistas socializada entre los 60 y los 80 el camino de la radicalización política está cerrado por la percepción de que la sociedad se mueve hacia posiciones moderadas y liberales, y el de la estabilidad de los pactos de clase está abierto gracias a la posibilidad de crecimiento económico infinito, administrado por nuevos saberes tecnocráticos, hoy estamos en una situación inversa. Para apoyar esta conjetura, haré un breve repaso de las condiciones ideológicas, económicas e institucionales en las que se mueve la izquierda contemporánea. En cuanto a lo ideológico, el cierre de la posibilidad de radicalización política es inseparable de la historia reciente de la izquierda uruguaya. 11 El último ciclo de radicalización, de finales de los 60 y principios de los 70, fue brutalmente derrotado por la dictadura militar. Si bien la salida de la dictadura fue acompañada de altos niveles de movilización y expectativas, la segunda mitad de los 80 no fue amable con la izquierda uruguaya. La crisis de la deuda hundió a los nacionalismos populares de América Latina, la«vuelta en u » de Mitterrand demostró que las políticas de izquierda no iban a responder al nuevo escenario económico, el colapso de la Unión Soviética evaporó el liderazgo político y la utopía del comunismo, la aparición de una contracultura punk confundió a quienes defendían una cultura de izquierda construida a partir de lo nacional-popular y la confirmación de la Ley de Caducidad en un plebiscito enfrentó 11. Algunas partes de esta sección están basadas en Delacoste(2016). 15 Gabriel Delacoste | NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA a la izquierda con que la mayoría de la población o bien era indiferente a quienes sufrieron la represión dictatorial o bien tenía demasiado miedo para cuestionar las bases del régimen político. Si bien este ciclo implicó algunos progresos para la izquierda, como la valoración de la democracia y los derechos humanos, así como la aparición de organizaciones de gays y de los primeros reclamos de legalización de las drogas, podemos decir que también, y sobre todo, fue un período traumático para la izquierda, trauma del que todavía no se recuperó. 12 Desde los años 90 se consolidó la tendencia hacia la moderación de la izquierda, haciendo de concesiones tácticas señas de identidad. La desaparición de la hegemonía de la izquierda en la cultura, sustituida por una alta cultura de elite, una cultura de masas mercantilizada y una academia cada vez más centrada en discusiones técnicas de comunidades globales, sumada a la competencia por el centro y los compromisos asumidos junto con la dirección de los poderes Ejecutivo y Legislativo, moldeó a una izquierda gradualista, nacionalista y neodesarrollista. Líber Seregni, Tabaré Vázquez, Danilo Astori y José Mujica fueron, de diferentes maneras, artífices de este proceso, del que renovación fue la palabra clave. La superación de las marcas ideológicas 13 asociables al ciclo de radicalización de los 60 y los 70 fue una prioridad para la izquierda«renovada», inspirada por la«tercera vía» del laborismo británico, la socialdemocracia pronegocios de Mitterrand, el gradualismo de la Concertación chilena, la conciliación nacionalista de Lula y el progresismo europeísta de Felipe González. 12. Sobre los efectos del autoritarismo sobre la democracia, véase Rico(2005). 13. Pero no las estéticas; el mantenimiento de la simbología frenteamplista y tupamara, de hecho, jugó un rol fundamental en el corrimiento al centro. Que cada una de estas referencias se encuentre hoy en crisis debería hacernos pensar sobre el rumbo de«la renovación» progresista uruguaya. El blairismo fue derrotado dos veces por el Partido Conservador en las elecciones y dos veces por Jeremy Corbyn(Seymour, 2016) a la interna de su partido, ante la exasperación de sus militantes con su rumbo derechista. El Partido Socialista francés entró en crisis luego de que Manuel Valls, primer ministro que defendió las desregulaciones laborales de Hollande, fuera derrotado en una primaria por el izquierdista Benoît Hamon. La Concertación desapareció para dar lugar a una Nueva Mayoría más corrida a la izquierda, que igual no logra blindar su flanco izquierdo por la aparición de un Frente Amplio surgido del movimiento estudiantil que cuestiona seriamente sus políticas. El pt , luego de perder una parte importe de su ala izquierdista(que formó el Partido Socialismo y Libertad— psol —) y de que la juventud se rebelara en su contra en junio de 2013, fue derrocado por una conspiración de sus aliados«moderados» y los grandes capitalistas, a quienes había garantizado paz y estabilidad en la Carta a los brasileños (Sader, 2009) de 2002. Por último, el Partido Socialista Obrero Español ( psoe ) se encuentra en una crisis terminal, habiendo habilitado el gobierno del Partido Popular y teniendo que enfrentar un fuerte desafío de Unidos Podemos a su izquierda. En muchos lugares de Occidente y América Latina la izquierda está renovando a los renovadores, al mismo tiempo que la realidad indica que estos tienen problemas para ganar elecciones y cumplir sus programas. Las nuevas izquierdas que surgen en estos países, y en muchos otros, entre los que se incluye Estados Unidos después de la aparición del socialista Sanders y la derrota de Clinton, son más radicales, más propensas al riesgo y más capaces de incorporar nuevas demandas y de canalizar energías militantes que las izquierdas moderadas y tecnocráticas creadas por la reacción al neoliberalismo. En particular los casos de Corbyn y Sanders, veteranos de las batallas de otras décadas, muestran la posibilidad de una coalición de los jóvenes que por 16 NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA | Gabriel Delacoste su edad no están traumados por la caída del muro de Berlín y viejos izquierdistas que habían sido desplazados por los moderados. En América Latina, la fuerza de una política autonomista radical basada en organizaciones locales e indígenas y pensadores ecologistas y anticoloniales está cambiando la cara de la izquierda. Estas nuevas coaliciones generacionales, formas políticas y estéticas pueden explorarse también en Uruguay. Esto no implica«volver» al sesentismo, sino superar el ochentismo, junto con los dogmas propios de tiempos que ya están pasando. Esto implica revisar la experiencia histórica de la izquierda uruguaya, desde la«construcción del mundo en común» 14 de la primera mitad del siglo, pasando por una revisión de la radicalización de los 60, la resistencia de los 70, las turbulencias de los 80, la reorganización de los 90 y los gobiernos frenteamplistas, ya no pensando en cómo exorcizar los pecados sesentistas y cómo«deducir» al progresismo de la experiencia histórica, sino en qué recuperar del pasado y el presente para lo que vamos a necesitar en el futuro. La izquierda uruguaya que venga no saldrá de la nada, pero si quiere recrearse no podrá tampoco seguir el camino de la inercia. Además de volver a pensar la historia, también será necesario volver a pensar la teoría, renovando las referencias teóricas que enmarcan el debate político. Intelectuales del centrismo como Anthony Giddens, John Rawls y Jürgen Habermas pueden ser sustituidos por otros que, como Raquel Gutiérrez, Boaventura de Souza Santos, Judith Butler, Erik Olin Wright o Antonio Negri, permitan pensar de manera radical la autonomía de lo social, las relaciones norte-sur, las relaciones de sexo/género, el socialismo y el comunismo. En cuanto a las condiciones económicas, el momento actual está marcado por tres hechos imposibles de soslayar: la inestabilidad del régimen neoliberal, la insostenibilidad de los pactos de clase y la 14. Véase Menéndez-Carrión(2015). imposibilidad del crecimiento económico perpetuo señalado por la crisis medioambiental. El mundo neoliberal, basado en un régimen de libre comercio, libre movimiento de capitales y protección de los intereses del capital supervisado por una hegemonía estadounidense apuntalada por un complejo de organismos internacionales, ya no parece tan fuerte como hace una década. La crisis de 2008 sigue haciendo estragos en Estados Unidos y Europa, mientras en ambos lugares crecen ultraderechas nacionalistas poco interesadas en mantener un régimen internacional neoliberal que ven diseñado para beneficiar a las elites finan cieras, los intelectuales, los burócratas y los migrantes. Mientras Europa continúa su decadencia y Estados Unidos ingresa en la turbulencia de la administración Trump, China asciende, sin que exista ninguna claridad sobre qué tipo de régimen (o caos) internacional va a suceder al actual. Por lo tanto, las estrategias que toman como dado un mundo neoliberal al que hay que adaptarse tienen que ser revisadas. La aparición de estas ultraderechas es consecuencia directa de la insostenibilidad de los pactos de clase. Las clases trabajadoras y medias del primer mundo se mantuvieron fieles a la centroizquierda hasta que esta empezó a implementar ajustes similares a los que habría implementado la derecha neoliberal. Los perjudicados por el ajuste en algunos casos tendieron hacia otras opciones de izquierda, y en otros, hacia ultraderechas nacionalistas. Por más garantías jurídicas, buen clima de negocios o inversiones en infraestructura que logre ofrecer un país, estos ajustes siempre son exigidos por el capital y sus representantes políticos. El crecimiento económico puede permitir juegos de suma positiva en los que pueda ganarse tiempo con pactos de clase, pero es fundamental reconocer que estos pactos, dado el inmenso poder del capital sobre el Estado, son necesariamente inestables. En ciertas circunstancias los ajustes pueden ser necesarios y hasta defendibles, pero la izquierda debe hacer un gran esfuerzo de imaginación política para salir de un tiempo cíclico compuesto de momentos de 17 Gabriel Delacoste | NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA expansión económica y protección social y otros de desaceleración y ajuste. Los desarrollistas sostienen que los pactos de clase pueden ser duraderos porque es posible mantener el crecimiento económico para siempre. En una América Latina dependiente de los volátiles precios de las materias primas este supuesto es irrisorio, lo que queda demostrado por la magnitud del impacto de una baja en esos precios sobre los progresismos sudamericanos. Se puede decir, por supuesto, que una estrategia de desarrollo que logre aumentos de productividad puede eliminar la dependencia de las materias primas. Pero esa estrategia tiene problemas. Para empezar, plantear el proyecto del país como un esfuerzo competitivo por escalar un par de puestos en la tabla de posiciones de la división internacional del trabajo obvia el hecho de que eso implica abandonar toda crítica al sistema y ceder ante un capital que busca precisamente que los países compitan entre sí por ofrecerle mejores condiciones para valorizarse. Esa competencia, lejos de mejorar la vida de las mayorías de cada país, solo logra aumentar el poder del capital. Ser un país del primer mundo o, como decía la campaña de 2009, «un país de primera» no puede ser el objetivo. Por definición, es imposible que todos los países sean países del primer mundo. La Tierra no soporta que toda la humanidad tenga los niveles de consumo que tienen hoy los países ricos. El crecimiento económico infinito es imposible porque la tierra es finita. Los recursos naturales se agotan, los extractivismos extremos necesarios para buscar las últimas reservas generan riesgos enormes, la expansión de la frontera agrícola amenaza ecosistemas cuya desaparición tendría graves consecuencias, y la contaminación de las fuentes de agua pone en jaque la sostenibilidad de la vida humana. Los gobiernos de izquierda que apuesten al crecimiento económico infinito tendrán que entender las consecuencias de sus actos para el futuro de la humanidad. Hablo de la humanidad porque el poder global del capital no puede enfrentarse en la escala nacional. Las condiciones institucionales de la pugna política actual dificultan seriamente disputar el poder del capital, y estrategias competitivas nacionalistas solo logran fortalecerlo. En el largo plazo, las victorias en el nivel nacional son apenas formas de ganar tiempo mientras se encuentran formas de dar luchas en una escala que efectivamente desafíe al poder del capital. La trasnacionalización de la política ya se está dando. Existen redes internacionales de activistas dando importantes batallas en los organismos internacionales, especialmente del sistema de Naciones Unidas, pero esta resulta una política muy elitista, tecnocrática e incapaz de generar procesos amplios de subjetivación y movilización. Los procesos de integración regional podrían crear superestados capaces de lograr mejores posiciones negociadoras, pero el déficit democrático y el fanatismo neoliberal de la Unión Europea, así como el estancamiento del Mercosur fuerzan a preguntarse qué es lo que salió mal con estas experiencias. Los movimientos sociales se influen cian entre sí más allá de fronteras, a través de redes«desde abajo», pero todavía no logran niveles de solidaridad o coordinación que les permitan acciones conjuntas. 15 Solamente alguna forma de internacionalismo popular por venir puede verdaderamente enfrentar estos problemas. Quedan, hasta ahora, más preguntas que respuestas. Este texto no busca trazar un camino, sino proponer un marco para pensar el asunto y delinear los grandes desafíos. Los problemas aquí planteados no se solucionan en la teoría, sino en la práctica. Este es un momento duro para la izquierda de todo el mundo. La primavera árabe fracasó, mientras Estados Unidos redobla su«guerra contra el terror» y se desliza hacia un imperialismo más burdo y militarista que neoliberal. El capital tiene más poder que nunca, y el Estado, por su vulnerabilidad 15. El paro internacional de mujeres planificado para el 8 de marzo de 2017 es una señal alentadora en este sentido. 18 NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA | Gabriel Delacoste ante este, es un aliado cada vez menos confiable para la izquierda. Las izquierdas moderadas, que venían de procesos de acumulación teórica y práctica desde hace décadas, viven profundas crisis, mientras experiencias más radicales(aunque igualmente estatistas y extractivistas), como la venezolana, están en una deriva hacia el caos y el autoritarismo. Mientras, los partidarios de cada una usan los fracasos de las experiencias de la otra para tirarse tiros por elevación evitando dar las discusiones sustantivas y sin entender que si ambas están en crisis es porque algo más grande está ocurriendo. La revisión del período progresista va a tener que ser profunda e impugnar los pactos de gobernabilidad, las relaciones con los medios de comunicación, la dependencia de liderazgos personalistas, el licuado de las bases sociales y el cultivo de lógicas binarias que detienen la crítica y el pensamiento, y esta revisión se va a dar lo quieran las elites progresistas o no. 16 No parece probable que el progresismo sudamericano simplemente se recupere y vuelva al gobierno igual a como salió después de un momento de alternancia. Algunas voces reclaman en Uruguay un nuevo Encuentro Progresista que repita el gesto de incorporar sectores centristas para ampliar la coalición frenteamplista. Ese camino ya se encuentra agotado y solo va a empeorar el problema. La solución no está en nuevos pactos en el interior de la elite política, sino en lo que surge desde abajo y en su capacidad de reconfigurar a la izquierda uruguaya más allá de sus formas y sus límites actuales. Las fuerzas subversivas que aparecen fruto de transformaciones sociales(como las relacionadas con la economía de lo común, el ecologismo y la política de internet) o de la irrupción de sectores que estaban vedados en el espacio público(como el feminismo, la diversidad sexual y las culturas subalternas) irrumpen previendo la aparición de nuevas izquierdas capaces de movilizar potencias hasta ahora insospechadas, que deberán encontrar formas de articularse con las tradiciones y las conquistas de la izquierda uruguaya, recreándolas y resignificándolas para liberarlas del inmovilismo progresista. Entre la muerte de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo está todo por inventar, mientras que los pensamientos conservadores, los nacionalismos de la patria chica y los dogmatismos tecnocráticos deben ser impugnados ante sus constantes fracasos. Es imposible especular hoy con en qué dirección nos llevará este proceso. Este no es un argumento sacrificial o moralista a favor del radicalismo. Es un argumento realista sobre los límites del reformismo, y por lo tanto sobre la necesidad de dejar de pensar de manera complaciente en el mundo como quisiéramos que fuera. Los«renovadores», que siempre tomaron el realismo como bandera, deben enfrentarse al hecho de que confiar en que el capital va a respetar la institucionalidad democrática tanto como la izquierda o que es posible un crecimiento económico infinito es extraordinariamente ingenuo, y que esta ingenuidad, al igual que la de los tan cascoteados sesentistas, va a tener graves consecuencias. Por eso, asumir las derrotas que el neoliberalismo ya le impuso a la izquierda o pensar en cómo proteger a la sociedad en caso de derrota electoral no implica un derrotismo. Derrotismo, en todo caso, es mantener un centrismo resignado a que lo que hay es lo mismo que lo posible. 16. Un intento especialmente lúcido de esta revisión puede leerse en Schavelzon(2017). 19 Gabriel Delacoste | NO HAY MEJOR ATAQUE QUE UNA BUENA DEFENSA Bibliografía D elacoste , Gabriel(2015).«Los límites de la articulación: los movimientos sociales en el Uruguay frenteamplista». Contrapunto , n.° 7. Montevideo: Centro de Formación con Organizaciones Sociales. —(2016).«El ochentismo». En El retorno a la democracia. Otras miradas , coordinado por Álvaro de G iorgi y Carlos D emasi . Montevideo: Fin de Siglo. H arvey , David(2005). A Brief History of Neoliberalism . Oxford y Nueva York: Oxford University Press. H eredia , Mariana(2015). Cuando los economistas tomaron el poder . Buenos Aires: Siglo XXI. L eiva , Fernando Ignacio(2008). Latin American Neostructuralism. Contradictions of Post-Neoliberal Development . Minneapolis y Londres: Minnesota University Press. M enéndez -C arrión , Amparo(2015). Memorias de ciudadanía. Los avatares de una polis golpeada. La experiencia uruguaya . 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Se evidencia en resultados electorales así como en la pérdida de iniciativas en lo político y cultural. El Frente Amplio uruguayo, al igual que todo partido o coalición de partidos con larga per manencia gobernante, contabiliza aciertos y hallazgos originales, así como grandes tareas pendientes, errores o rezagos significativos. Para afrontar los desafíos de esta etapa, el Frente Amplio renovó sus conducciones polí ticas en lo nacional y departamentales. También ha resuelto abrir un tiempo de debate estratégico. La Fundación Friedrich Ebert acompañó de di ferentes modos los procesos de recuperación democrática y pacificación ocurridos décadas atrás en la región, así como también las es trategias desplegadas por las izquierdas, los progresismos, los sindicalistas y otros movimientos sociales para hacer avanzar amplias agendas de derechos, consolidación y mejo ramiento de las democracias. En Uruguay ha cooperado con iniciativas del Frente Amplio, el movimiento sindical y otros actores sociales, sobre una amplia agenda de temas, antes y durante los gobiernos progresistas a nivel departamental y nacional. En esta etapa quiere aportar a la calificación del debate público sobre los principales desafíos de los progresismos a mediano y largo plazo mediante la publicación de una serie de ensayos solicita dos a personas protagonistas de la acción y la reflexión política en el país y la región. La serie lleva como nombre La Mañana Si guiente, un estímulo dirigido al sistema político por Líber Seregni, fundador y primer líder del Frente Amplio, en el año en que se cumple el centenario de su nacimiento. En este número, Gabriel Delacoste analiza las fortalezas y debilidades que aprecia en el modelo progresista uruguayo transcurriendo el tercer gobierno del Frente Amplio y aventura una agenda para los últimos dos años de gobierno. Autor Gabriel Delacoste es licenciado en Ciencia Política y estudiante de Maestría en Estudios Latinoamericanos. Es ayudante en el Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República. Escribe en la diaria, Brecha y otros medios de comunicación. Pie de imprenta Friedrich-Ebert-Stiftung │Uruguay Plaza Cagancha 1145 piso 8 │11100 Montevideo │ Uruguay Responsable: Sebastian Sperling, representante de la Fundación Friedrich Ebert( FES ) en Uruguay Tel.:++598-2902-29-38 │ Fax:++598-2902-29-41 http://www.fesur.org.uy| fesur@fesur.org.uy Diagramación| gliphos| Edición y corrección de estilo| María Lila Ltaif| Impresión| Impresos DIB | Depósito legal| 371.179/17| Fundación Friedrich Ebert( fes ) La Fundación Friedrich Ebert( fes ) fue creada en 1925, y es la fundación política más antigua de Alemania. Es una institución privada y de utilidad pública, comprometida con el ideario de la democracia social. La fundación debe su nombre a Friedrich Ebert, primer presidente alemán democráticamente elegido, y da continuidad a su legado de hacer efectiva la libertad, la solida ridad y la justicia social. Cumple esa tarea en Alemania y en el exterior en sus programas de formación política y de cooperación internacional, así como en el apoyo a becarios y el fomento de la investigación. Para solicitar publicaciones: El uso comercial de todos los materiales editados y publicados por la Friedrich-Ebert-Stiftung ( fes ) está prohibido sin previa autorización escrita de la fes . Las opiniones expresadas en esta publicación no representan necesariamente las de la Friedrich-Ebert-Stiftung(o las de la organización para la que trabajan los autores y las de las entidades que auspiciaron la investigación). Esta publicación ha sido impresa en papel fabricado de acuerdo con los criterios de una gestión forestal sostenible. ISBN: 978-9974-8608-1-0