ANÁLISIS PAZ Y SEGURIDAD Amapola en Guerrero. Consideraciones sobre economías ilegales y subsistencia en el campo mexicano Irene Álvarez Enero 2022 En ciertas zonas de México, particularmente aquellas que practican la agricultura de subsistencia, la producción de cultivos ilícitos ha sido una forma de complementar los ingresos que se obtienen del trabajo campesino. Revertir el narcotráfico implica considerar las realidades del campo mexicano. El gobierno de México ha buscado que el Programa Sembrando Vida funcione como una iniciativa de sustitución de cultivos ilícitos. Es un esfuerzo que refiere a una perspectiva distinta, una de inversión pública orientada al desarrollo rural. Aun así, es necesario evaluar dicha iniciativa a la luz de la investigación etnográfica en zonas de producción de amapola. PAZ Y SEGURIDAD Amapola en Guerrero. Consideraciones sobre economías ilegales y subsistencia en el campo mexicano Índice INTRODUCCIÓN 2 LAS CONDICIONES DE POSIBILIDAD DEL NARCOTRÁFICO 3 SEQUÍAS, EROSIÓN Y LADERAS 5 LOS VAIVENES DE LA POLÍTICA SOCIAL 7 ¿ES POSIBLE LA SUSTITUCIÓN DE CULTIVOS ILÍCITOS? 9 COMENTARIOS FINALES 11 BIBLIOGRAFÍA 12 1 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – ANÁLISIS – PAZ Y SEGURIDAD INTRODUCCIÓN * Aunque este análisis se centra en el caso mexicano, puede resultar útil para diversos contextos de América Latina y el Caribe. Los objetivos del documento son: A) analizar las condiciones de posibilidad del narcotráfico; B) explorar la función de la comercialización de la goma de opio en las economías campesinas; C) hacer una evaluación de los programas sociales actuales; D) y proponer estrategias que aseguren una sustitución de cultivos exitosa. La metodología para el estudio fue exclusivamente etnográfica, es decir, estuvo centrada en la interacción cara a cara con personas dedicadas a la siembra de adormidera en dos regiones del estado de Guerrero: 1) La Montaña, una zona indígena que colinda al norte con el estado de Puebla; 2) y la Sierra, parte de la Sierra Madre del Sur, una franja montañosa que atraviesa el sur de México. La información se recopiló durante diversas estancias de investigación llevadas a cabo durante 2019 y 2020. ---------------* Parte de esta investigación se realizó con fondos de Noria Research en el marco del proyecto Red Amapola México. Agradezco a Romain Le Cour Grandmaison, Cecilia Farfán y Nathaniel Morris por su interlocución como amigos y académicos durante los últimos dos años. También tengo una deuda con todas las personas de Guerrero que aceptaron compartir sus experiencias conmigo y con mi padre por proporcionarme información sobre la familia Álvarez. 2 AMAPOLA EN GUERRERO. CONSIDERACIONES SOBRE ECONOMÍAS ILEGALES Y SUBSISTENCIA EN EL CAMPO MEXICANO LAS CONDICIONES DE POSIBILIDAD DEL NARCOTRÁFICO En este apartado argumento que la producción de cultivos ilícitos ha sido una forma de complementar los ingresos del trabajo en el campo. Esto no es novedoso. Después de todo, históricamente, la economía campesina se ha complementado con otras actividades, tales como el trabajo en Estados Unidos o el empleo asalariado para empresarios rurales(Gledhill, 1993). Sin embargo, en ciertos contextos, estas opciones no resultaban accesibles, lo que explicaría la emergencia de una economía ilícita que compensaba la falta de rentabilidad de la agricultura familiar. En ese sentido, aquí explico la emergencia del narcotráfico a partir de las particularidades de la vida campesina en el México contemporáneo. Para hacerlo, hago una comparación entre las realidades socioeconómicas de una familia del centro del país y de una localidad en Guerrero durante la segunda mitad del siglo XX. En 1948, los hermanos Héctor y Raúl Álvarez, oriundos de Tacubaya, Guanajuato, viajaron a San Isidro, California, para trabajar en campos de remolacha y rábano en el marco de la iniciativa bilateral que promovía la migración temporal de campesinos llamada Programa Bracero. Su padre les había heredado un terreno en su rancho; no obstante, necesitaban dinero para poder transformar ese pedazo de tierra en algo productivo. Estuvieron apenas un año o dos en Estados Unidos, pero fue tiempo suficiente para amasar un capital que, a su regreso, les permitió instalar una granja de cerdos que se convirtió en un negocio próspero. Con los años, Héctor y Raúl alternarían la porcicultura, con la usura y la producción de sorgo. Aunque no lo sabían entonces, la historia de los hermanos ejemplificaba el paso de una economía de hacienda a una forma moderna de ser campesino. Ezequiel, el padre de ambos, había sido el administrador de la Hacienda Villaseñor, propiedad de una familia de origen español dedicada a la agricultura y, después, cuando esta se fue a la quiebra, se había dedicado a administrar una cremería. Bien puede decirse que en la primera mitad del siglo XX los Álvarez pasaron de ser funcionarios de rango medio con un salario fijo a ser ganaderos y agricultores capitalistas, o sea empresarios rurales. Era una conversión predecible. Con Héctor y Raúl se suscitó la emergencia de un nuevo tipo de caciquismo: se trataba de la síntesis entre un capital político, social y económico proveniente de la decadente estructura hacendaria y el aprovechamiento de fenómenos de carácter estructural, tales como el reparto agrario 1 o el acceso privilegiado al agua de la presa local. Si bien la hacienda ya no funcionaba, algunas viejas dinámicas persistían: a Héctor y Raúl les decían“amos”; a sus descendientes “señoritos”. 2 Vivían en el viejo casco de la Hacienda Villaseñor y, mediante un sistema de usura que prestaba dinero a cambio de la garantía sobre tierras campesinas, ejercían una forma de control político y económico sobre la población. En Guerrero el proceso se vivió de modo distinto. Basta con narrar una historia de una localidad. El pueblo de Metlapilapa, Tlacoapa, Guerrero. Ubicado en la zona de La Montaña – próxima a los estados de Puebla y Oaxaca– se trata de un rancho de alrededor de trescientas personas que fue fundado a inicios del siglo XX por pastores de ganado menor y “pistoleros” o guardaespaldas originarios de la zona afromestiza de la Costa Chica guerrerense. Pese a que el municipio de Tlacoapa es indígena y habría sido fundado en el siglo XVI(Bautista, 1989), las personas que poblaron Metlapilapa eran personas mestizas que habían peleado en la Revolución mexicana y que, después, habrían vagado por distintos territorios desempeñándose como asesinos a sueldo y pastores. Igualmente, el caso destaca por tratarse de una comunidad que, desde 1980, logró comercializar la producción de cannabis de modo independiente, es decir, sin la participación de empresas criminales regionales. Todavía se dedican, entre otras actividades, a producir y distribuir mariguana a poblaciones indígenas de La Montaña. A diferencia de lo que sucedía en Tacubaya, en Metlapilapa casi no hay agricultura comercial, si acaso se comercializa el excedente de granos y hortalizas, lo que ha motivado una cierta dependencia económica al cultivo de narcóticos. 1 La ideología revolucionaria, cristalizada en la Constitución de 1917 y posteriormente en la Reforma agraria, permitió que grandes grupos de desposeídos se convirtieran en propietarios de tierras colectivas a través del ejido y la propiedad comunal. Una de las características de estas formas de propiedad es que permitían el uso productivo de la tierra, pero no su venta. Aunque el ejido posrevolucionario tenía semejanzas con la propiedad individual –derecho a la herencia, exclusión de otros ejidatarios– se distinguía de esta por ciertas restricciones legales, tales como la inalienabilidad, inembargabilidad e imprescriptibilidad –esta última se mantiene– de las unidades de dotación asignadas a cada ejidatario(Torres-Mazuera, 2013). 2 Ezequiel Álvarez, padre de Héctor y Raúl, hizo una donación de tierra al ejido de Trojes de Paúl, Pénjamo, para la construcción del vaso receptor de la presa, lo cual le dio derechos de propiedad sobre la misma. 3 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – ANÁLISIS – PAZ Y SEGURIDAD Metlapilapa ha sido un pueblo violento. Las personas todavía recuerdan a personajes como“La Llanta”, un pistolero que debía su apodo a su capacidad para disparar mientras rodaba en el piso. Hay historias célebres de cómo este personaje practicaba su tiro asesinando personas al azar. A este respecto, la historia de Metlatilapa conjuga el desarraigo, con el narcotráfico y la violencia. La formación de un sujeto narcotraficante está asociada a la falta de alternativas económicas, si se siembran cultivos ilícitos es en virtud de que no hay ninguna otra opción; sin embargo, el argumento no se queda ahí. En esos contextos, hay un degradamiento de la función estatal, en tanto esta se expresa solo como una exigencia a respetar un Estado de derecho hueco que no es sostenido por los aspectos benevolentes de la política estatal, sino que busca hacerse valer solo por su dimensión legal. Así, a lo largo de la historia, en Guerrero la estatalidad en su faceta de servicios públicos y de asistencia social es omisa, mientras que en su vertiente disciplinaria es excesiva. Espero que la comparación entre Tacubaya y Metlatilapa sirva para mostrar que el proceso de reproducción de la vida campesina está sustentado en la combinación de fuentes de ingresos variadas. En ciertos escenarios el acceso al trabajo remunerado legal es algo viable y cuando es acompañado de una acumulación de capitales político y económico, permite la emergencia de empresas rurales lícitas; aunque, en contextos desfavorecidos, el narcotráfico es parte de las estrategias económicas de sectores campesinos que buscan complementar producción agrícola con poco o nulo valor comercial con la comercialización de cultivos ilícitos. 4 AMAPOLA EN GUERRERO. CONSIDERACIONES SOBRE ECONOMÍAS ILEGALES Y SUBSISTENCIA EN EL CAMPO MEXICANO SEQUÍAS, EROSIÓN Y LADERAS En este apartado señalo que en La Montaña de Guerrero el cultivo de amapola fue una respuesta entre tantas –como la migración temporal o permanente a ciudades de México y Estados Unidos(Zabin, 1997, p. 342; Palerm, 1994, pp. 20-21; Rivera Salgado, 1999, p. 1445)– a una crisis en la economía campesina e indígena de subsistencia que se expresa en la imposibilidad de tener una dieta rica, variada y nutritiva. El opio permite complementar una economía familiar basada en una insuficiente producción de alimentos con capital proveniente de la comercialización de un cultivo cuyos precios superan, por mucho, los de la mayor parte de los productos agrícolas comerciales que pudieran cosecharse en la región. Los suelos de La Montaña se caracterizan por“procesos de erosión, pérdida de nutrientes, pérdida de la estructura del suelo y salinización” de la tierra(Landa et al., 1997, p. 25). Del mismo modo, es preciso considerar“la pérdida de la biodiversidad, la deforestación, el agotamiento de cuerpos de agua y los cambios en el uso de suelo”(Landa et al., 1997, p. 25). Otro de los factores relevantes para entender las particularidades de la región es que se trata de una zona altamente vulnerable al cambio climático –expuesta por completo a huracanes y tormentas tropicales(BordaNiño 2016)– y a la variabilidad de las precipitaciones, lo cual impacta de manera negativa a la productividad agrícola. Además, la topografía accidentada aumenta el riesgo de deslave e inundaciones, lo que plantea desafíos a las actividades campesinas. En una entrevista realizada en una localidad de alrededor de trescientos habitantes, en la región de La Montaña, un actor local, al que llamaré Ramón, que se dedicaba a la producción y acopio de goma de opio se refirió a las dificultades que enfrentaba al intentar hacer una transición a los cultivos lícitos. En el marco de una crisis de los precios de la goma de opio que hizo que a fines de 2019 la comercialización de dicho producto no fuera redituable(Le Cour Grandmaison et al., 2019), la gente comenzó a sembrar aguacate, frijol y berros. Ninguna de sus iniciativas fue exitosa. Incluso tenían dificultades para hacer producir al maíz. De acuerdo con las propias palabras de mi interlocutor:“la milpa[…] ni elote tiene”(Acatepec, 2019). A pesar de la caída de los precios, Ramón mantuvo el cultivo de amapola porque le permitía lidiar con la incertidumbre de nuevos emprendimientos. La adormidera era parte de una estrategia de diversificación campesina que le funcionaba para poder gestionar el riesgo de iniciar un cultivo como el aguacate, esto es, de una planta sin una historia de adaptación a las condiciones de suelo y clima; de una mercancía sin antecedentes de comercialización; y de un producto del que no existían saberes comunitarios. Mantener el cultivo de amapola, a pesar de los riesgos de las operaciones de erradicación y de la crisis en sus precios, era una forma de ceñirse a la lógica de“más vale diablo por conocido que bueno por conocer”. Además, a diferencia de lo que sucede con una buena parte de la producción agrícola, si el valor de mercado de la goma de opio es inferior a la inversión económica para producirla, siempre puede comercializarse en un momento más oportuno, ya que la goma de opio puede almacenarse durante una temporada sin que afecte su composición. La gente que trabajaba con Ramón en sus campos de amapola u otros cultivos recibía cien pesos($100) por hacer labores de peones. Con esto, podían comprar pollos fritos, refrescos y cerveza para complementar lo que se producía bajo un esquema de agricultura de autoconsumo. Según mi propia experiencia en La Montaña, lo que la gente come típicamente es maíz, diversas especies de quelite, elote, calabacitas, ejotes, huevo, frijoles y chile. Una comida cotidiana, por ejemplo, consiste en huevo frito, tortillas, salsa de chile verde y té; sin embargo, en ocasiones el almuerzo está constituido solo por ejotes hervidos. En general, el acceso a alimentos cultivados es limitado y depende en gran medida de la recolección de frutas y hierbas, algo que escasea en los meses de invierno; de ahí que para poder complementar la dieta resulte importante acceder a un trabajo remunerado como el que proporcionaba Ramón. En La Montaña el proceso de cocción de los alimentos se hace en estufas de fogón abierto y el trabajo doméstico lo llevan a cabo en su totalidad las mujeres. En ese sentido, es posible pensar que la compra ocasional de productos alimenticios disminuya la presión sobre el quehacer femenino, el cual consiste en trabajar en el campo, cocinar y criar a las nuevas generaciones. Los hombres también trabajan en el campo, pero además dedican buena parte de su tiempo a cumplir con una serie de obligaciones políticas y ceremoniales que certifican la pertenencia a la comunidad (Dehouve, 2015). La falta de trabajo remunerado hace que 5 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – ANÁLISIS – PAZ Y SEGURIDAD muchas familias salgan de sus localidades de origen a buscar trabajo como jornaleros en la zona norte del país o que, en otros casos, migren a Estados Unidos para trabajar como empleados en bares y restaurantes; 3 empero, migrar implica perder derechos de pertenencia a la comunidad, en tanto no se puede cumplir con los requerimientos rituales y políticos que hacen que las personas formen parte de las relaciones de reciprocidad comunitarias. Del mismo modo, abandonar el terruño implica dejar atrás la milpa. Tal y como ha mostrado Gabriel Tamariz para el caso de Oaxaca(2020) y Nathaniel Morris en relación con Nayarit(2020), la producción de cultivos ilícitos ha permitido la conservación de la milpa, es decir, de una diversidad de tipos de maíz que alternan con hortalizas. La importancia de conservar la milpa no obedece a propósitos de pura subsistencia alimentaria. Como una amplia literatura ha explicado(Good, 2004 y 2011; Martínez, 2008), en muchas localidades indígenas las preparaciones culinarias del maíz tienen un significado simbólico. Para el caso de La Montaña, e incluso de municipios tlapanecos o me’phaa productores de amapola como Acatepec y Malinaltepec, las técnicas de preparación del maíz tienen un trasfondo significativo y, en muchos contextos rituales, es importante que este sea criollo, o sea, producido de manera local(Dehouve, 2019). De igual modo, el trabajo agrícola que permite la reproducción de la milpa está profundamente asociado con el cumplimiento de una organización del espacio y tiempo. Así pues, la milpa marca el inicio del año; la siembra, la temporada de lluvias, y el crecimiento del maíz, la cosecha y los días posteriores. Tal y como Dehouve(2015) ha documentado para el caso del municipio de Acatepec, los rituales establecen una correspondencia con los ciclos agrícolas del maíz y la reproducción social de la comunidad. De igual manera, los rituales explicitan la influencia del tiempo sobre la vida social: los ritos son una forma de conocimiento colectivo que pasa de generación en generación y permite definir objetivos comunes –tales como tener una buena cosecha– y la disposición de los miembros del grupo para alcanzarlos. Es así como en un contexto donde las condiciones ambientales y económicas no permiten producir cultivos comerciales lícitos, la comercialización de goma de opio complementa la producción agrícola que se usa con fines rituales y de autoconsumo. Lo que he querido señalar hasta ahora es que en medio de la vulnerabilidad alimentaria el cultivo de amapola posibilita la permanencia en el lugar de origen. La goma de opio se transforma en una actividad que hace que todo aquello que resulta significativo, tal como el acceso a una alimentación adecuada, los rituales y el apego a la milpa, sea viable. 3 Esta fue la experiencia de Ramón, quien pasó diez años trabajando en bares de Nueva York. 6 AMAPOLA EN GUERRERO. CONSIDERACIONES SOBRE ECONOMÍAS ILEGALES Y SUBSISTENCIA EN EL CAMPO MEXICANO LOS VAIVENES DE LA POLÍTICA SOCIAL A continuación analizo el rol de la política social del gobierno federal en zonas productoras de amapola. Recurro a hallazgos etnográficos recuperados durante viajes a La Montaña acontecidos en noviembre del 2019. En esta época el kilo de goma de opio llegó a cotizarse en apenas cinco mil pesos($5,000), lo que motivó a algunos académicos a referir a la crisis del opio mexicano(Le Cour Grandmaison et al., 2019). El invierno comenzaba cuando unos colegas y yo hicimos un recorrido por las zonas altas de La Montaña. Íbamos con una persona originaria de Zilacayota, Acatepec, y uno más de Tlapa, la capital regional de La Montaña. Durante el trayecto en coche nuestros interlocutores comenzaron a explicar cómo es que el paisaje se había modificado en tiempos recientes. Decían que los terrenos que antes estaban plagados de flores de amapola ahora eran tierras inutilizadas o parcelas dedicadas al cultivo de maíz. Después de horas de recorrido, encontramos una pequeña parcela de flores rojas y moradas visiblemente descuidada. Era todo. Lo que había sido una próspera zona de producción de goma de opio ahora eran montañas cubiertas de plantas silvestres intercaladas con milpas. Por supuesto, había excepciones. Había personas como Ramón, de quien hablé antes, es decir, propietarios de porciones de terreno más grandes que los de la mayor parte de la población y con un capital económico que les permitía asumir riesgos financieros que la mayoría no podía costear; no obstante, muchos de los pequeños productores, que producían uno o dos kilos de goma de opio por temporada, habían dejado de sembrar. En ese contexto, nuestra visita a La Montaña nos permitió dimensionar la gestación de una crisis económica vinculada a la caída de los precios de la goma de opio, pero también a muchos otros factores. En este apartado me interesa referir a los elementos económicos, políticos y sociales que permiten la configuración de la inseguridad alimentaria que caracteriza a La Montaña. Postulo que la experiencia del hambre es parte de la vida cotidiana de muchas de las personas de la región y que el delicado equilibrio que hace posible la subsistencia es amenazado de forma constante por los vaivenes del mercado de drogas, los cambios de la política social del gobierno federal y la crisis de salud pública como las asociadas a la COVID-19. Una de las claves para comprender la crisis económica en La Montaña fue la modificación de la política social. La llegada del presidente Andrés Manuel López Obrador, en el 2018, implicó un replanteamiento de la intervención social estatal en dos sentidos: 1) por un lado, se intentó romper con el clientelismo o las redes de intermediación política que regulaban el acceso a la asistencia pública; 2) por otro, se privilegió un modelo de bienestar fuertemente territorializado en los estados más pobres del país y enfocado en adultos mayores, jóvenes estudiantes y campesinos propietarios. Este cambio de paradigma tuvo efectos en la población campesina de La Montaña de Guerrero, los cuales detallo enseguida. A fines del 2019, en el municipio de Acatepec, uno de los diecinueve que conforman La Montaña, la transformación de la política social se experimentó como una verdadera crisis alimentaria. El principal problema fue el retraso, también presente en el 2018, de la entrega de fertilizantes nitrogenados y fosfatados que se distribuyen entre pequeños productores de maíz, frijol o arroz a través del Programa Estratégico de Fertilizantes de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural(SADER). En el caso de Guerrero, eliminar las redes de intermediación política para entregar los apoyos de modo directo rompía con una tradición que dictaba que los criterios para definir quién obtendría los beneficios del programa obedecían más a propósitos clientelares que agrarios. Por ejemplo, el Programa de Apoyo a la Producción Primaria (PAPP), que desde 1994 entregaba fertilizantes nitrogenados a pequeños productores de maíz, es creación del exgobernador Rubén Figueroa Alcocer, quien era fabricante del producto y, al ser el titular del gobierno estatal, él mismo lo compraba. El censo incluía a grandes agricultores que no producían granos básicos y a más de un miembro de la unidad familiar. Además, era común que considerara a personas fallecidas y recién nacidos como beneficiarios( La Jornada, 2019). El fertilizante se entregaba de modo discrecional a organizaciones campesinas y ayuntamientos municipales quienes, a su vez, lo repartían a bases sociales que podían ser definidas como clientelas políticas o grupos de votantes(Ríos, Toledo y Bartra, 2009, p. 34). En ese sentido, las dimensiones del padrón obedecían al tamaño de la organización social campesina o a la del grupo de votante o afiliados a un partido político como el Partido 7 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – ANÁLISIS – PAZ Y SEGURIDAD Revolucionario Institucional(PRI). Fue así como, bajo el liderazgo de López Obrador, una de las primeras tareas de SADER fue elaborar un listado de beneficiarios que integrara a pequeños productores y no a clientelas políticas; sin embargo, esto acarreó una serie de problemas operativos que retrasaron la entrega. En el 2019, en localidades de La Montaña como Zilacayota, Acatepec �una pequeña localidad tlapaneca� el fertilizan te nunca llegó o fue entregado a destiempo. La falta de coordinación entre el calendario agrícola y la dotación de fertilizante provocó que se perdieran cosechas enteras de maíz y afectó los pocos cultivos de amapola existentes. Tanto los cultivos de subsistencia como los comerciales fracasaron. La crisis económica y alimentaria fue agravada por el recorte de otros programas sociales como PROSPERA, una iniciativa cuyos antecedentes pueden rastrearse a 1997 y que consistía en la entrega periódica de dinero en efectivo a madres de familia de hogares en situación de pobreza. El hecho de que las mujeres dejaran de percibir un estímulo económico debilitó su posición social y económica en las comunidades, además de que ocasionó una incapacidad para solventar muchas de las necesidades domésticas que requerían dinero en efectivo. Bien puede decirse que la comercialización de la goma de opio y el asistencialismo público son algunas de las pocas alternativas que permiten monetizar una economía de subsistencia. La dependencia a los fertilizantes gratuitos distribuidos por SADER revela la insuficiencia de la producción agrícola en relación con las necesidades de la unidad doméstica. De igual forma, la escasez de dinero dificulta la continuación de los estudios de nivel básico y medios superiores entre jóvenes que sustentan la educación formal con becas escolares o producción de cultivos ilícitos. En este escenario, la caída de los precios de la goma de opio confrontó a los habitantes de La Montaña con la interrupción y pobre implementación de la política social, además de revelar su dependencia a la comercialización del narcótico. Del mismo modo, otra de las estrategias del gobierno actual fue retirar los comedores comunitarios que, desde 2013, formaban parte de la Cruzada Nacional Contra el Hambre(CNCH) a cargo de la extinta Secretaría de Desarrollo Social(SEDESOL). Esta última estrategia contemplaba la introducción de alimentos que eran escasos en contextos como el de La Montaña, tales como la carne de res o las sardinas. A pesar de que la dieta ofertada no corresponde a los hábitos de consumo de las familias de la región, sí funcionaba como un complemento a la agricultura de subsistencia. Para muchas personas los comedores comunitarios significaban la inclusión de más proteínas de origen animal, además de ser una alternativa en época de estiaje. Si bien se retiraron iniciativas como los comedores comunitarios, se introdujeron programas como las Becas para el Bienestar Benito Juárez. Este esquema otorga un estímulo económico a los estudiantes que se encuentran cursando desde educación básica hasta una carrera universitaria; pertenecen a hogares en pobreza extrema, y viven en regiones con una población en su mayoría indígena o afrodescendiente, así como en contextos marginados o violentos( DOF, 2020). Sin embargo, en entrevistas abiertas que realicé a maestras de educación básica y superior de Ecatepec, se refirieron a retrasos en el pago de las becas a estudiantes. En palabras de una de ellas:“aquí[…] solamente le ha llegado como dos veces el apoyo a los estudiantes y entonces fue como un gran alivio para todas las familias”(Flor, 2019). Esto denotaba que el apoyo económico no era constante ni tenía una periodicidad regular para los alumnos de las zonas más recónditas de La Montaña. Siguiendo esta línea, desde la perspectiva de las maestras, las y los jóvenes:“están desanimados por todos los sentidos”(Acatepec, 2019). 8 AMAPOLA EN GUERRERO. CONSIDERACIONES SOBRE ECONOMÍAS ILEGALES Y SUBSISTENCIA EN EL CAMPO MEXICANO ¿ES POSIBLE LA SUSTITUCIÓN DE CULTIVOS ILÍCITOS? En el presente apartado uso mi investigación etnográfica para hacer algunas sugerencias en materia de sustitución de cultivos ilícitos. El 16 de julio del 2021, durante su conferencia matutina, el presidente Andrés Manuel López Obrador señaló, como muchas otras veces, la necesidad de que el Programa Sembrando Vida –un modelo que busca combatir la pobreza rural y la degradación ambiental a través de la siembra de árboles frutales y maderables– se aplicara en zonas de producción de amapola del estado de Guerrero. Se esperaba que ampliar la cobertura geográfica de la iniciativa permitiera combatir la proliferación de cultivos ilícitos(Villa y Caña, 2021). Este planteamiento supone que existe una relación entre pobreza y producción narcótica, algo que coincide con lo que diversos campesinos me han dicho en diversas ocasiones. Por ejemplo, en una conversación colectiva en la Sierra con personas que se dedican a producir adormidera se señalaba:“el enervante aquí no es un gusto, es una necesidad… así como está todo, no hay trabajo”(San Miguel Totolapan, 2020). En ese sentido, en esta sección me interesa tratar de responder la siguiente pregunta: ¿es factible plantear un programa de sustitución de cultivos ilícitos en las regiones de la Sierra y La Montaña de Guerrero? cios de la goma de opio durante el 2019 motivó a muchos campesinos a pedir su inclusión en la iniciativa de gobierno federal(Ocampo, 2020 y 2021). El programa había sido aplicado en grandes porciones del país; sin embargo, los municipios de Heliodoro Castillo y San Miguel Totolapan en Guerrero, dos de las municipalidades del estado donde se produce más amapola(Frissard, 2020), no habían resultado beneficiados hasta ese momento. Fue hasta el 2021 que Sembrando Vida se implementó en algunos de los territorios de mayor producción de adormidera. En diciembre del 2020 hice una estancia de investigación en una localidad de San Miguel Totolapan con una tradición de producción de amapola que se remonta a mediados de 1960, cuando la introducción de Sembrando Vida era ya una realidad que se anticipaba. Los días en este pueblo me permitieron hacer un diagnóstico de incentivos de la producción de amapola, así como una lista de necesidades que los propios cultivadores señalaron como indispensables para llevar a cabo una transición hacia la producción agrícola lícita. Desde la perspectiva de los campesinos de la Sierra, la producción de amapola está sustentada en los siguientes incentivos: Los programas de sustitución de cultivos establecen una relación entre narcotráfico y pocas oportunidades de participar en actividades laborales remuneradas, lo que equivale a suponer que si los productores de coca, mariguana u opio participaran de cultivos lícitos dejarían de formar parte de la economía de las sustancias ilegales. Esta perspectiva ha sido ampliamente documentada por una literatura académica que sostiene que los cultivos ilícitos responden a una racionalidad económica(Calvache, 2016; Jiménez, 2017; Molano, 1987; Sanabria, 1993) y no se trata de una actividad motivada por factores culturales o terapéuticos –algo que ha sido estudiado en el caso de la hoja de coca en Perú y Bolivia(García-Yi, 2014; Allen, 1981; Thoumi, 2003 y, en alguna medida, para el caso de la producción de amapola en Colombia, UNODC, 2019)–. En el caso mexicano, en tiempos recientes el gobierno federal ha buscado que el Programa Sembrando Vida funcione como una iniciativa de sustitución de cultivos ilícitos. Ciertamente, la coyuntura fue perfecta: la caída de los pre• La inversión es relativamente baja. Lo único que se requiere es implementos para distribuir agua, como mangueras y aspersores; y fertilizantes, los cuales son proporcionados por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural(SADER). • No se necesitan grandes extensiones de terreno. Con alrededor de una hectárea se puede producir un kilo de goma de opio que, a su vez, equivale a cien gramos de heroína. • Tiene resultados rápidos. Es posible producir dos o tres cosechas al año, dependiendo de las condiciones de suelo y clima. • No exige infraestructura carretera. El producto, la goma de opio o la heroína, se puede transportar fácilmente –se puede cargar en una mochila mientras se camina por caminos de brecha, por ejemplo–. • Tiene un mercado. Hay una demanda relativamente estable del producto. Por ejemplo, en diciembre del 2020, el kilo de goma de opio alcanzaba los diecisiete mil pesos($17,000). 9 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – ANÁLISIS – PAZ Y SEGURIDAD Para competir con las ventajas de este cultivo, un programa de sustitución tendría que contemplar los siguientes aspectos: • Debido a la rentabilidad y a que en algunas regiones la amapola se ha transformado en unos de los cultivos dominantes desde hace cuarenta o cincuenta años, es preciso capacitar a los campesinos en la obtención de otros productos agrícolas. • Los programas de sustitución de cultivos ilícitos tendrían que considerar la introducción de productos con alta rentabilidad y con un ciclo de cosecha corto, que puedan competir con los tiempos de la amapola. • Es relevante planear la construcción de caminos que faciliten el transporte de productos agrícolas. Sin carreteras y caminos saca-cosechas es difícil para los campesinos comercializar su producción y traer insumos a sus zonas de residencia. • Es necesario incentivar la producción agrícola y crear una demanda o mercado para cultivos legales. Los campesinos que se han dedicado a la siembra de amapola están acostumbrados a tener una demanda relativamente estable de su producto. Es preciso replicar ese mismo esquema con cultivos lícitos. después de ser sembrado o, incluso, el brócoli que puede comercializarse unos tres meses después de ser plantado. • Por último, es indispensable rehabilitar, reponer y mejorar los accesos y vías de operación dentro o colindantes a las áreas de vocación agrícola para favorecer la movilidad de los productos cosechados. Así pues, para lograr la sustitución de cultivos ilícitos es necesario desarrollar un proyecto de inversión pública que contemple tanto la dimensión productiva como de infraestructura. La producción de amapola es altamente competitiva; lograr transitar hacia otro tipo de cultivos implicaría considerar que los rendimientos de la goma de opio no se limitan a su valor comercial, sino que incluyen su portabilidad, demanda, temporalidad, adaptabilidad y practicidad. Aunque aún no ha transcurrido tiempo suficiente para indagar si la aplicación de Sembrando Vida en zonas de producción de amapola ha funcionado como un programa de sustitución de cultivos ilícitos, hay algunos señalamientos que pueden hacerse. • A pesar de que la iniciativa contempla la capacitación de campesinos y campesinas en“agroindustria, economía social y solidaria, encadenamientos productivos, canales de comercialización, incubación empresarial[y] organizaciones asociativas productivas”( DOF, 28/12/2020) que promuevan la inclusión productiva de los sujetos agrarios, el énfasis está puesto en la habilidad de los sujetos para insertarse en un mercado sumamente competitivo y no en asegurar un espacio para ellos en la economía de mercado. De acuerdo con la propia experiencia de los productores de amapola, cuando ellos mismos han intentado comercializar productos agrícolas legales, se han encontrado con obstáculos. Según dicen:“lo único[…] que podría funcionar es el maguey, el agave[para hacer mezcal] y el aguacate[…], si con el aguacate que tiene mucha demanda[…] batallas, con la manzana, la pera, más[…]”(San Miguel Totolapan, 2021); sin embargo, hasta ahora Sembrando Vida no ha desarrollado la producción de maguey“mezcalero” y el aguacate es solo uno de los tantos cultivos contemplados. Tampoco se ha desarrollado una estrategia de vinculación comercial para productos como el durazno o la manzana. • Igualmente, Sembrando Vida prevé la siembra de árboles frutales y maderables que no necesariamente tienen un ciclo de cosecha que pueda competir con el de la amapola. El durazno, por ejemplo, uno de los árboles más socorridos del programa, tarda más de dos años en producir frutos. Existen plantas como el jengibre que puede madurar ocho o nueve meses 10 AMAPOLA EN GUERRERO. CONSIDERACIONES SOBRE ECONOMÍAS ILEGALES Y SUBSISTENCIA EN EL CAMPO MEXICANO COMENTARIOS FINALES Entender la dimensión rural del narcotráfico es adentrarse en su función en las economías campesinas. El valor de la amapola para aquellas personas que la siembran está entretejido con una organización de la vida cotidiana alrededor de la producción agrícola, el ciclo ritual y el trabajo remunerado. En ese sentido, sembrar adormidera es una forma de asegurar la reproducción económica de los hogares campesinos. Como señalé en el primer apartado, este recurso fue empleado sobre todo en aquellas regiones del país en las que los cultivos lícitos no eran comerciales. Revertir el narcotráfico implicaría considerar que, en muchos contextos, sostener una forma de vida campesina implica recurrir a una variedad de estrategias que buscan complementar el trabajo agrario lícito; por lo tanto, es preciso diseñar políticas que contemplen la necesidad de monetizar el trabajo agrícola. Considero que la iniciativa reciente del gobierno federal de transitar hacia una sustitución de cultivos a partir de la ampliación de Sembrando Vida hacia zonas de producción de amapola es un primer esfuerzo que, aunque imperfecto, refiere a una perspectiva distinta, en la que el combate al narcotráfico no se ve únicamente como una problemática que merezca ser tratada con políticas punitivas, sino con inversión pública orientada al desarrollo rural. A este respecto, es preciso plantear políticas públicas comprehensivas que entiendan que la emergencia y desarrollo del narcotráfico está asociado a la falta de oportunidades de la población campesina. Con este texto busco contribuir a dicho objetivo al mostrar que la aparición de cultivos ilícitos obedece a la necesidad de monetizar las actividades agrícolas. 11 FRIEDRICH-EBERT-STIFTUNG – ANÁLISIS – PAZ Y SEGURIDAD BIBLIOGRAFÍA Allen, C.(1981). To be Quechua: The Symbolism of Coca Chewing in Highland Peru. 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Condesa 06140| Ciudad de México| México Responsable Yesko Quiroga| Representante en México Coordinadora de proyectos Elisa Gómez Teléfono+52(55) 5553 5302 Fax+52(55) 5254 1554 www.fes-mexico.org El uso comercial de todos los materiales editados y publicados por la Friedrich-Ebert-Stiftung(FES) está prohibido sin previa autorización escrita de la FES. Las opiniones expresadas en esta publicación no representan necesariamente las de la Friedrich-Ebert-Stiftung(o de la organización para la que trabaja el o la autora). ISBN 978-607-8642-90-8 Amapola en Guerrero. Consideraciones sobre economías ilegales y subsistencia en el campo mexicano La producción de cultivos ilícitos ha sido una forma de complementar los ingresos del trabajo en el campo, en zonas de México. En un contexto de crisis del campo mexicano, la economía campesina se ha valido de otras actividades como el trabajo en Estados Unidos o el empleo asalariado para empresarios rurales; sin embargo, en las latitudes más empobrecidas la producción de cultivos ilícitos es, prácticamente, la única manera de permanecer en el lugar de origen. En ese sentido, una variable importante a considerar en el estudio de economías ilícitas es la falta de rentabilidad de la agricultura familiar. La comercialización de la goma de opio y el asistencialismo público son algunas de las pocas alternativas que permiten monetizar una economía de subsistencia. El delicado equilibrio que hace posible la subsistencia es amenazado de forma constante por los vaivenes del mercado de drogas, los cambios de la política social y la crisis de salud pública como la asociada a la COVID-19. Entender la dimensión rural del narcotráfico es adentrarse en su función en las economías campesinas. Revertirlo implicaría considerar que, en muchos contextos, sostener una forma de vida campesina implica recurrir a una variedad de estrategias que buscan complementar el trabajo agrario lícito. El gobierno federal actual ha buscado que el Programa Sembrando Vida �un modelo que busca combatir la pobreza rural y la degradación ambiental a través de la siembra de árboles frutales y maderables� funcione como una ini ciativa de sustitución de cultivos ilícitos. Se trata de un primer esfuerzo que, aunque imperfecto, refiere a una perspectiva distinta, en la que el combate al narcotráfico no se ve únicamente como una problemática que merezca ser tratada con políticas punitivas, sino con inversión pública orientada al desarrollo rural. Es preciso plantear políticas públicas comprehensivas que entiendan que la emergencia y desarrollo del narcotráfico está asociado a la falta de oportunidades de la población campesina. Die in dieser Publikation zum Ausdruck gebrachten Ansichten sind nicht notwendigerweise die der Friedrich-Ebert-Stiftung. Diese Publikation wird auf Papier aus nachhaltiger Forstwirtschaft gedruckt. ISBN 978-607-8642-90-8