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El rostro cambiante del crimen organizado colombiano
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PERSPECTIVAS 9/2014 El rostro cambiante del crimen organizado colombiano Jeremy McDermott El crimen organizado colombiano, que en otros tiempos manejó incontesta­damente el tráfico mundial de cocaína, hoy parece ser solo un proveedor de los carteles mexicanos. Sin embargo en los últimos diez años los grupos crimi­nales en Colombia han tenido una transformación radical. Entre los grandes carteles de Medellín y Cali y las bandas criminales(Bacrim) de hoy existen diferencias profundas. El aumento del poder e influencia de los carteles mexicanos en el tráfico de cocaína a Estados Unidos, llevó a los grupos colombianos a adaptarse rápi­damente, diversificando su portafolio de actividades criminales para compen­sar la reducción de sus ganancias provenientes el narcotráfico, y explorando nuevos mercados y rutas de comercio ilegal. El crecimiento del consumo de drogas en algunos países suramericanos facilitó este proceso. Esos cambios en la dinámica del crimen organizado en Colombia también transformaron la estructura de los grupos involucrados que participan en él. Las Bacrim actuales están conformadas por las llamadas oficinas de cobro, autónomas en sus finanzas, conectadas como redes que siguen un modelo similar al de las franquicias. En este nuevo escenario se privilegia la coope­ración en lugar de la violencia, que resulta ser perjudicial para los negocios. El crimen organizado colombiano sigue a la vanguardia en la región en mate­ria de narcotráfico, pero ahora es más clandestino, ha adquirido un carácter más discreto y opera crecientemente fuera del país.