ANÁLISIS Elecciones presidenciales 2017: un déjà vu de la tradicional política ecuatoriana M ANUELA C ELI M OSCOSO E NERO 2017 Las próximas elecciones generales en febrero de 2017 se muestran como un espejo en el que se reflejan todas las recurrencias y limitaciones del sistema político ecuatoriano. Tras una década de predominio casi excluyente de Alianza PAIS como fuerza hegemónica en el escenario nacional, hoy se constata una tendencia a la reconstitución de un escenario político que, a pesar de la proliferación de opciones diversas, no resulta alternativo debido a la inercia de la política oficial y el reaparecimiento de antiguos sectores conservadores bajo nuevos membretes partidarios. El contexto permite también una constatación de la repetición de dinámicas electorales, de alianzas, de propuestas reincidentes y de la incapacidad de las élites para proponer proyectos de alcance nacional. El desgaste político de Alianza PAIS, los severos problemas económicos que atraviesa el país y el repliegue de las fuerzas progresistas en la región, son algunos de los elementos que coadyuvan al debilitamiento del oficialismo. Asimismo, la ausencia de Rafael Correa como candidato, incide directamente en las proyecciones electorales de la organización; expresa su falta de organicidad y su subordinación a un excesivo personalismo. Los ocho binomios presidenciales inscritos para las elecciones del próximo mes de febrero cubren un espectro ideológico relativamente diferenciable en términos discursivos. La disputa electoral se reduce a la estéril competencia entre dos sectores de la derecha frente al oficialismo, que amalgama posturas ideológicamente ambiguas. Además, sin mayores proyecciones de triunfo pero con cierta capacidad de incidir en el escenario, se encuentra la tradicional socialdemocracia, reconstituida en alianza con otros sectores autodenominados de centro o centro izquierda. Casi todos los candidatos tienen antecedentes políticos al igual que las organizaciones que los promueven. La mitad –entre los que están quienes tienen mejores posibilidades– cuentan con algún tipo de alianza o convenio con otras fuerzas. Tres repiten su candidatura a la presidencia, cinco han ocupado ya cargos públicos. Las impredecibles tendencias electorales están entre la posibilidad de un difícil y apretado triunfo del oficialismo en primera vuelta o un balotaje que enfrenta al candidato de Alianza PAIS –Lenin Moreno– con uno de los representantes de la derecha –Guillermo Lasso o Cynthia Viteri– que actualmente compiten por el segundo lugar. Este último escenario pondría en riesgo las posibilidades de Moreno, que no lograría los arrasadores resultados electorales obtenidos por Alianza País –y, sobre todo, por Rafael Correa– en periodos precedentes. Llama la atención la cifra de indecisos, así como también el porcentaje de nulos y blancos en las encuestas de intención de voto. Esto expresa, de alguna manera, la apatía ciudadana frente a candidaturas recicladas de partidos que se activan como maquinarias electorales previamente ausentes o lejos de los intereses ciudadanos; altos niveles de dispersión y desorganización política potenciados por esa representación difusas; inercias de las viejas dinámicas políticas que caracterizaron a una democracia de élites, ofertas intrascendentes y debates poco sustanciales propios de una confrontación vaciada de contenido. En indecisos, nulos y blancos se esconden votos castigo, votos por descarte, votos sin adscripciones.
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Elecciones presidenciales 2017: un déjà vu de la tradicional política ecuatoriana
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