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Honduras: ilegalidad, polarización y crisis
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fesamericacentral.org PERSPECTIVAS N O 21/2017 HONDURAS: ILEGALIDAD, POLARIZACIÓN Y CRISIS Jennifer Erazo Diciembre 2017 El domingo 26 de noviembre de 2017, Honduras asistió a su décima primera elección general de manera ininterrumpida desde el retorno a la Democracia. Ni siquiera el golpe de Estado de 2009, alteró la regularidad del proceso electoral general. Un proceso que lamentablemente fue marcado por la poca transparencia y la incertidumbre en la aplicación de las reglas y procedimientos electorales. Elecciones en las que la discrecionalidad del Tribunal Supremo Electoral(TSE), atendiendo a intereses partidarios, se convirtió en el gran elector y decisor de los resultados por sobre el mandato de la ciudadanía, opacando todo el proceso electoral que ha sido denunciado como fraudulento por la oposición y diversos sectores sociales. Al cierre del documento y con el 90%% de las actas escrutadas, la moneda dio la vuelta y después de llevar una ventaja de cinco(5) puntos, con más del 60% de las actas contabilizadas, la votación para Salvador Nasralla descendió después al 41.5% de los votos, a 1.3 puntos por debajo de Juan Orlando Hernández que registra 42.85% de los votos, un resultado extremadamente cerrado que no ha permitido al Tribunal oficializar ganador. A pesar de las denuncias y masivas manifestaciones contra el fraude, es probable que en pocos días se oficialice a Juan Orlando Hernández como presidente por cuatro años más. En ese escenario, se consuma la reelección presidencial en un contexto de concentración de poder después de 8 años de gobierno nacionalista en los que se ha agudizado la militarización de la sociedad. Con el precedente de estas elecciones, por desgracia Honduras pasará a ser reconocida ya no solo con uno de los países con mayor nivel de pobreza, desigualdad e inseguridad en el continente, pasa a confirmar también que es uno de los países con la menor credibilidad de su sistema electoral, lo que obstaculiza la alternancia pacífica de gobiernos democráticamente electos y, a la vez, agudiza las condiciones para que aumente la conflictividad social.