aNÁLISIs 1/2018 Elecciones en Chile: segmentar para ganar Claudio Fuentes S. Antecedentes Las elecciones presidenciales, del Congreso y Consejos regionales de noviembre de 2017 en Chile se efectuaron bajo nuevas reglas del juego. En 2015 se había aprobado un nuevo sistema electoral que hizo más proporcional la selección de asientos en la Cámara de Diputados y el Senado. Posteriormente, se introdujeron importantes reformas al financiamiento, la transparencia y el control del gasto electoral. Mientras todos esperaban que este cambio sustantivo en las reglas favorecería a quienes detentaban el poder(los incumbentes), sorpresivamente aquello no sucedió. Los electores favorecieron la renovación y, contra todo pronóstico, las reglas aprobadas no limitaron las opciones de los desafiantes. La explicación a este resultado inesperado radica en el modo en que los actores políticos enfrentaron a un electorado menos ideologizado, más escéptico y desconfiado. El caso abre sin duda una discusión sobre el modo de vinculación entre representantes y representados, una cuestión central en la discusión que viene en la agenda política latinoamericana. La reforma al sistema electoral redujo la cantidad de distritos de sesenta a veintiocho, pero en cada uno de ellos existiría una mayor cantidad de asientos por repartir. Teóricamente, se pensaba que esta reforma favorecería sobremanera a los diputados y senadores en ejercicio, pues ellos partían con una evidente ventaja al ser conocidos en sus territorios. Si a ello le sumamos otra reforma que limitó la cantidad de recursos permitida para campañas y los espacios de publicidad habilitados para realizarlas, todas las condiciones favorecían a quienes se presentaban a reelección. Territorios más extensos a cubrir, menor espacio de publicidad y menor cantidad de dinero era el cocktail ideal para partidos tradicionales y sobre todo para los incumbentes. Sin embargo, la tasa de reelección cayó. Si en las elecciones anteriores de 2013 un 84,6% de los candidatos en ejercicio de la Cámara de diputados resultaron finalmente reelectos, esta vez se redujeron a 76,2%. Partidos tradicionales como la Democracia Cristiana, el Partido por la Democracia( PPD ) y la Unión Demócrata Independiente( UDI ) sufrieron importantes bajas en la cantidad de asientos obtenidos. Ninguno de los candidatos cuestionados por denuncias de corrupción fueron electos por la ciudadanía. Tampoco importó mucho la cantidad
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