10 Develar mundos Los caminos cruzados o las experiencias comunicativas de un anfibio.(2012) Estudiar psicología en los años 70 significaba escoger en qué mar se navegaba. Los mares eran las escuelas y tendencias psicológicas, profundamente divididas por abismos epistemológicos, corpus conceptuales y acercamientos metodológicos. El psicoanálisis se colocaba en una orilla y el conductismo en otra. Levemente, aparecían en el horizonte la psicología cognitiva, algunos avances de la psicología social y unos trazos leves de la psicología cultural. El conductismo llegaba con presiones en aumento, desde Estados Unidos, enfatizando el condicionamiento operante y el mundo idílico de Walden Dos. Skinner era su figura y los ratones su metáfora. No alcancé a ver ninguno en los laboratorios, aunque supe cómo bajaban las palancas de su laberinto, asomaban sus cabezas y sus patas para recibir su alimento como refuerzo. De ahí, dar el paso al comportamiento humano me parecía un triple salto mortal sin malla de seguridad. Por el contrario, anduve por los anfiteatros médicos estudiando anatomía y neurología. Quizás por ello me sigue impresionando la“Lección de anatomía de Rembrandt” y muy tempranamente me conmovió el mundo que estudiaba Michel Foucault a través de la figura de la extracción de la piedra de la locura, la mirada médica de Bichat y la vigilancia del Panóptico. Y por supuesto, las pinturas de El Bosco. El mundo del psicoanálisis era completamente diferente al del conductismo. Su dios era Freud y la biblia sus escritos. Los intérpretes eran muchos, aunque Klein o Lacan eran por entonces los más citados. Si en una orilla estaba la conducta, en otra reposaba el inconsciente; si en una se hacían programas detallados para cambiar los comportamientos, en la otra la palabra, los sueños y los actos fallidos se extendían literalmente sobre el diván.“El jardín de Freud” se llama aún una excelente revista
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