33 Trazos de perfil Memoria(Personal) de la Televisión. (2024) Cuando llegó el aparato del Banco Popular a Bucaramanga, mi mamá abrió las persianas. Los vecinos, como era frecuente en esos primeros años de la televisión, se acercaban a las ventanas de las casas, para ver entre los visillos las imágenes que parpadeaban prometiendo nuevas historias. No era que en esos años no hubiera historias. Por el contrario, abundaban en los umbrales de las casas, en los salones de los colegios, en los asientos de las plazas y en las ondas de la radio que las habían permitido. En la década de los 30, los primeros fenómenos masivos de los medios electrónicos, con una salvedad fundamental: podían participar los analfabetos, que por ese entonces aún eran un grupo demográficamente importante, que permanecía expulsado y discriminado por el predominio de la cultura ilustrada. Uno de los lugares habituales de las historias eran las salas, que tenían una disposición y una geografía particular. Salas intocadas que permanecían mudas como una suerte de fetiche de la distinción y que solo eran utilizadas en ocasiones, cuando venían visitantes especiales. Pero había salas donde ocurría lo cotidiano, lugares donde casi todo era posible, desde los juegos de los niños y las niñas, hasta las conversaciones desenfadas de los mayores o el encuentro de los amores adolescentes. La sala era uno de los centros en las casas de mitad del siglo xx, como lo era la cocina, el comedor y las habitaciones. A veces llegan visitantes La llegada del televisor en los cincuenta fue como la irrupción de un advenedizo, que vendría a interrumpir los rituales habituales y a proponer otras reglas de las relaciones humanas y sociales. Se podría afirmar, sin mayores dudas, que el televisor como objeto físico y como dispositivo cultural produjo un cataclismo de las costumbres en un
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