612 Develar mundos El sabor de las naranjas o la preocupación porque resulten agrias.(2019) 1 Cuando el concepto de industrias culturales apareció por primera vez en la Dialéctica de la Ilustración, de Max Horkheimer y Theodor Adorno (1941), ya había corrido mucha agua debajo de los puentes de la creación. La publicación de libros tenía una venerable vida de milenios y los periódicos contaban sus años en siglos. Pero a finales del siglo xix, y sobre todo en el xx, las industrias creativas se hicieron imparables. El cine, la radio, la televisión y la música tuvieron una evolución acelerada, unos soportes técnicos que se fueron transformando, unas cadenas de valor sofisticadas, unos sistemas de distribución cada vez más robustos y sobre todo una incidencia real en la vida de la gente. Pero las industrias culturales y creativas se fueron ampliando con el diseño, la publicidad, el turismo, la arquitectura y las nuevas tecnologías, mientras que las industrias creativas de primera generación se modificaban profundamente. Han sido tan vertiginosos los cambios que los especialistas en prospectiva ya no cuentan las transformaciones en siglos o décadas, sino en lustros. Mientras que la televisión demoró unos 30 años para consolidarse como el medio con mayor audiencia, el teléfono celular se expandió como un tsunami en menos de cinco años. Al finalizar el primer trimestre del 2018, Colombia tenía 31 millones de conexiones a internet de banda ancha, un 44,3% de los hogares poseía algún tipo de computador y el número de teléfonos móviles superaba en mucho al número total de habitantes del país. La televisión se diversificó en múltiples pantallas y sus formas tradicionales como la televisión abierta, empezaron a caer en barrena. En la música 1 Bogotá: Revista Arcadia, 28 de marzo de 2019.
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