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Transiciones posibles de la guerra y la paz en Colombia a casi una década del Acuerdo de paz
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cio de análisis de alto nivel sobre la reconfiguración de las dinámicas de la vio­lencia armada desde la desmovilización a partir de noviembre de 2016 de las Farc­EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo) hasta la actualidad. . Transiciones, momentos y ciclos de la violencia armada Desde la década de 1940, Colombia ha vivido múltiples episodios de violencia difíciles de agrupar bajo una única etiqueta. Diversos académicos han intenta­do organizar esta historia enciclos, entendidos como periodos en los que la violencia armada comparte ciertos rasgos diferenciadores. Deas(2015) y Melo (2021) proponen una periodización en términos de ciclos de guerra y paz. En cuanto a la violencia más reciente, Palacios y Safford(2012) identifican cuatro fases históricas sucesivas de violencia política: la violencia sectaria bipartidista (1945-1953), la mafiosa(1954-1964), la guerrillera(1960-1980) y las violencias de la década de los noventa. Más recientemente, Francisco Gutiérrez Sanín(2020, 2025) ha propuesto que hemos atravesado tres ciclos de guerra: la Violencia(1940-1960), la guerra con ­trainsurgente(años 60-2020), y un tercer ciclo que comienza a comienzos de la década de 2020. Toda periodización es necesariamente incompleta y deja fuera ciertos matices. Por eso, aquí no intentamos proponer otra. No obstante, nos sumamos al esfuerzo de Gutiérrez Sanín por comenzar a definir esta nueva vio­lencia que, al menos, no se parece a la de décadas anteriores. A nuestro juicio, la principal característica que define este nuevo ciclo es la transición de un conflicto armado tradicional(de carácter nacional y centrado en la lucha por la toma del poder) hacia múltiples conflictos territorializados con objetivos menos claros. Esta transformación vuelve más compleja cualquier lectura de la violencia, pues exige comprender dinámicas locales que no siem­pre resultan evidentes para quienes no conocen a fondo la subregión en conflic­to. Precisamente por no reconocer esa complejidad es que, a nuestro entender, seguimos haciendo lecturas equivocadas. Insistimos en utilizar marcos naciona­les para interpretar conflictos que están claramente atravesados por lógicas y economías locales. Este artículo busca, entonces, tomar distancia del nivel nacional sin perderlo de vista, y proponer algunos factores que, aun cuando no explican por solos cada conflicto específico, ayudan a dotar de sentido al panorama general cuando intentamos agrupar estas violencias para repensar el conflicto armado La violencia después del Acuerdo de paz 31