lena medio y Puerto Boyacá, comandadas por Henry Pérez; en Cundinamarca conformadas por el ejército privado del narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha; y en la Sierra Nevada de Santa Marta lideradas por Hernán Giraldo y Adán Rojas( CNMH , 2022; Ronderos, 2014; Sánchez, 2023). Posteriormente, en 1997, nacieron las Autodefensas Unidas de Colombia ( AUC ) como una federación paramilitar con un Estado Mayor, vocería nacional y cierta autonomía de los bloques y frentes que la integraban. Este proyecto se desmovilizó entre 2003 y 2006 tras un proceso de negociación con el gobierno del presidente Álvaro Uribe(2002-2010)(Ruiz, 2023; CEV , 2022). Incluso las AUC , que no eran una organización insurgente, se guiaban por una lógica ideológica, especialmente por medio de un discurso contrainsurgente y anticomunista(Gutiérrez Sanín, 2019). Ese marco ideológico ayuda a explicar, en parte, su forma de gobernar a los civiles bajo su dominio, las alianzas políticas que establecieron y sus patrones de victimización(Feldmann, 2024). En el conflicto armado contemporáneo esta tendencia de“polos ideológicos” comenzó a cambiar desde mediados de la década anterior, a medida que la ideología fue cediendo paso a una visión mucho más pragmática del país, de sus regiones y de la guerra. El proceso de desideologización se evidencia en una serie de alianzas y cooperaciones regionales entre actores supuestamente antagónicos desde el punto de vista político-ideológico. En el sur de Córdoba y el Urabá antioqueño(zona del Parque Nacional Natural Paramillo), el bloque Iván Ríos –una disidencia de las antiguas FarcEP – y el Ejército Gaitanista de Colombia actuaron como aliados( Verdad Abierta, 17 de febrero de 2015; CNMH , 2015). Más recientemente, en el sur del Chocó, unidades del EGC y una disidencia comandada por Iván Mordisco han combatido conjuntamente al ELN ( Colombia+20, 18 de febrero de 2025). Antes de entrar en guerra en el sur de Bolívar, el ELN y el EGC incluso pactaron un acuerdo de no agresión. Estas situaciones muestran cómo, en el presente, la decisión de cooperar o confrontar militarmente a otro grupo armado difícilmente puede explicarse a partir de compromisos ideológicos. Otras variables parecen ser mejores predictores de estas decisiones: los recursos humanos y materiales disponibles, la trayectoria histórica en el territorio o las alianzas ya existentes con actores legales e ilegales. Esto complejiza cualquier lectura externa: ya no basta con identificar insurgentes y paramilitares, pues se trata de una red de relaciones localizadas que escapan a marcos binarios. Antes, bastaba con conocer los compromisos ideológicos de un grupo armado para hacer conjeturas relativamente informadas sobre sus alianzas y enfren42 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V.
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Transiciones posibles de la guerra y la paz en Colombia a casi una década del Acuerdo de paz
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