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Transiciones posibles de la guerra y la paz en Colombia a casi una década del Acuerdo de paz
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grupos de Q4(como el EGC , las AUC o las Farc­EP ) muestran implantación en más de cinco departamentos y capacidad de integración de facciones, mientras que en Q1 apenas se logran presencias dispersas y efímeras. No obstante, entendiendo que este ciclo de violencia es más veloz no solo en términos de rearme sino de implantación, los grupos armados no estatales también tienden a gastar más recursos en tratar de proveer rápidamenterazo ­nes que los legitimen y les permitan controlar territorio y población, tales como construcción de infraestructura pequeña o provisión de bienes y servicios como seguridad y justicia. Repiten repertorios del pasado y los adaptan narrati­vamente al presente de forma constante, lo que en apariencia les permite usar discursos políticos con cierta flexibilidad. Así, la dimensión territorial del capital armado se acompaña de la necesidad de tener discursos que legitimen el dominio. En el tercer ciclo, la ideología clási­ca dejó de cumplir la función cohesionadora que tuvo en las guerrillas tradicio­nales. En su lugar, emergen paquetes de reivindicaciones: repertorios adapta­bles de demandasprotección comunitaria,justicia local,antiextracción, orden que cumplen una doble función: servir de puente con las comunidades y abrir marcos de negociación con las élites. Estos paquetes no transforman la estructura de poder pero dotan de legitimidad local a la implantación territo­rial, reforzando la capacidad de sobrevivencia. La frontera entre violenciapolítica ycriminal siempre ha sido porosa. En los tres ciclos de guerra en Colombia se observa la misma hibridación: usos po­líticos de la violencia que conviven con economías ilícitas y con alianzas coyun­turales con élites. Para este caso, considero interesante trasladar el análisis de las categorías puras(político o criminal) a la observación de funciones: cómo se construyen, adaptan o abandonan discursos para sostener control territorial y capital armado. Esta mirada ayuda a evitar trampas normativas y permite cap­turar la mutación de repertorios más allá de la etiquetapolítico ocriminal. Así, en este tercer ciclo de violencias los grupos armados dejaron de utilizar marcos ideológicos para explicar el mundo. Decir que los actuales no son ideo­lógicos no significa que carezcan de discursos políticos, sino que esos discursos no cumplen la función cohesionadora, normativa y estratégica que tuvieron en las guerrillas clásicas. En las Farc o el ELN , la ideología orientaba la vida inter­na, definía la disciplina, justificaba la subordinación de intereses individuales al proyecto colectivo y marcaba límites –al menos declarativos– en el trato con la población civil. Hoy, en cambio, la mayoría de organizaciones se sostienen so­bre incentivos materiales y relacionales: control de rentas ilícitas, gobernanza Reciclajes y mutaciones de la violencia en Colombia 199