Pasada la década perdida los países de América Latina entran en la globalización con formas diversas de inserción. La formación del MERCOSUR fue una respuesta regional al desafío de la globalización. En ese contexto parece importante hacer un balance de cómo se orientaron las políticas de empleo. No cabe duda que ya no se pueden aplicar las políticas tradicionales que daban respuesta a los temas del empleo observados en economías mixtas, con una fuerte intervención económica del Estado. En las economías liberalizadas se recurre mas bien a políticas activas. El concepto de políticas proactivas o activas de mercado de trabajo se refiere a aquéllas adoptadas para contribuir a lograr el ajuste a través de la eliminación de barreras a la movilidad laboral y fortalecer la capacidad de respuesta del mercado de trabajo. Este concepto permite diferenciarse del de políticas de mercado de trabajo reactivas o pasivas, que corresponden a un conjunto de programas dirigidos a aminorar el impacto de la transición o compensaciones frente a éste por la vía de subsidios o beneficios en ayuda de los pobres, como por ejemplo, la asistencia directa al desempleado a través de la red de seguridad social. La distinción entre políticas de mercado de trabajo proactivas y reactivas es importante también en relación con el financiamiento. Las políticas reactivas son fundamentalmente políticas sociales, financiadas por el presupuesto público, mientras que las políticas proactivas favorecen la participación del sector privado y la aplicación de criterios de recuperación de costos. Por ejemplo, los programas de capacitación laboral ya no como política social, sino para facilitar una respuesta productiva de la economía. EL CASO DE CHILE Desde la ortodoxia económica la relación entre crecimiento económico y empleo ha sido uno de los supuestos básicos que ha sustentado las políticas de empleo. Hasta fines de los 90, el caso de Chile parecía confirmar esta regla. Ya desde mediados de los 80 y como resultado de las reformas neoliberales y de la apertura externa se perfila una economía primario-exportadora, basada en la explotación de las ventajas comparativas en recursos naturales, una mano de obra abundante con niveles educacionales suficientes para las tareas extractivas y con tasas de salarios competitivas a escala internacional. Hasta que, en los últimos dos años, la situación cambia, el modelo exportador ya no genera suficiente empleo, abriendo serias interrogantes que desafían tanto a las políticas públicas de empleo como al análisis económico. Es posible ahora concebir un“crecimiento sin empleo” lo que obliga a analizar por qué los mercados del trabajo reaccionan en forma diferente según las fases del desarrollo exportador. Es necesario observar mas de cerca el comportamiento de los sectores de actividad, las tasas de aumento de la productividad y la introducción de cambios tecnológicos, variables que podrían estar incidiendo en que no se creen empleos. De confirmarse las tendencias actuales habría que introducir cambios importantes en las políticas de empleo. 1. Desempeño económico e impactos sobre el mercado de trabajo Chile constituye un caso pionero de aplicación de políticas de ajuste, reformas estructurales y apertura comercial. A mediados de los’70, antes que el resto de los países de América Latina, un gobierno militar procedió a aplicar el ajuste, a desregular los mercados, preparando el camino para la inserción en los mercados externos. Se reduce el tamaño del Estado y se da comienzo al proceso de privatizaciones. El proceso de reestructuración económica lleva a un aumento de la tasa de crecimiento del PIB y de las exportaciones, aunque todo ello ocurre con un alto costo social. Pero el enfoque monetarista extremo desembocó en una seria crisis del sistema financiero en 1982, que hace caer el PIB y aumentar el desempleo hasta tasas que llega5
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Mercados laborales y polıt́icas ocupacionales en el Cono Sur : estudios nacionales
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