5. Reflexión Final y Recomendaciones El desempleo en el mundo está esencialmente ligado al movimiento global de la economía y, en períodos de fuertes transformaciones, refleja los efectos de los cambios tecnológicos y de organización productiva. Superada esta fase, el crecimiento económico vuelve a generar un mayor número de puestos de trabajo. En Argentina, el desempeño negativo del empleo durante la última década ha estado asociado primordialmente a los efectos de la reforma económica. Sin embargo, su persistencia y generalidad alcanzan en nuestro país niveles extraordinarios que sólo se explican por la naturaleza misma del cambio estructural y de las nuevas pautas de funcionamiento del modelo económico resultante. Por lo mismo, el proceso de creación de empleo depende aquí de un conjunto de factores mucho más cruciales que la legislación laboral: el estado de la estructura productiva, los costos de financiamiento, el estado del mercado interno e internacional, el tipo y nivel de inversión, la innovación tecnológica y el crecimiento de la productividad, son algunos de los más relevantes. En este contexto, el problema del desempleo asume en el caso argentino un carácter estructural y una particular gravedad y heterogeneidad. La crisis socio-ocupacional se encuentra hoy en niveles inéditos, compromete el presente y el futuro de amplios sectores de la población y corta transversalmente a toda la sociedad. El qué hacer surge entonces como una pregunta ineludible. Sin embargo, dicha pregunta no puede hacerse al margen del contexto en que se viene desarrollando el problema. La desocupación persistente tiene consecuencias en distintos ámbitos de la vida económica, social e incluso política de nuestro país, afectando las bases mismas del sistema democrático. Si bien el significado de ciudadanía no se reduce a ser un miembro ocupado, estar desocupado o sin un empleo regular, es el principal factor de enajenación de una ciudadanía activa e inclusiva. Por lo mismo, la sociedad actual se vive y se reproduce fragmentada y conflictiva. Ante esta situación, cuando hoy en Argentina el empleo estable es un bien escaso y se extiende la precariedad y la flexibilización laboral, ¿cuál es el mejor papel que puede y debe asumir una política de empleo? La opción parece en principio evidente: ¿Atender la emergencia social bajo el supuesto de la transitoriedad del problema, o, por el contrario, poner en marcha nuevas estrategias en función de fortalecer los mecanismos de inclusión social, comprendiendo que no se trata de un problema focalizable y menos aún coyuntural? La realidad económica y social asociada a los problemas de empleo y desocupación en nuestro país, impone que las expectativas de solución al problema no puedan ser depositadas en los ciclos del mercado, ni que sostenga la hipótesis de transitoriedad del fenómeno. Así como tampoco en una modalidad de intervención que establezca una política o acción única y general. En la Argentina de hoy se multiplican las demandas sociales al tiempo que merman los recursos fiscales disponibles. El actual estancamiento productivo y la situación fiscal no sólo perjudican a los hogares y a la población en términos de falta de oportunidades laborales, pérdida real de puestos de trabajo, crisis moral y caída de los ingresos, sino que también disminuye la capacidad de intervención e inversión social del Estado. Sin embargo, la experiencia demuestra que acertar en el diagnóstico no brinda facultades para la acción. Hoy la emergencia social exige atención rápida y efectiva a poblaciones que no cuentan con ningún medio de subsistencia. Al mismo tiempo, para muchas poblaciones empobrecidas resulta fundamental acceder a cierto Capital Técnico y Productivo como medio de desarrollo sostenible. 81
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Mercados laborales y polıt́icas ocupacionales en el Cono Sur : estudios nacionales
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