Frente a ambos ejes estratégicos, resulta fundamental forjar una nueva institucionalidad social capaz de descentralizar y hacer transparente y participativa toda decisión pública de intervención. Por otra parte, ambos criterios de intervención exigen un repertorio variado de estrategias, programas y acciones que, orientados a contextos y sectores específicos y con objetivos particulares constituyen una nueva Política de Empleo. Esta política se encuadra plenamente con aspectos destacados de la Agenda laboral que propone la Memoria de la OIT para América Latina y el Caribe para esta década. Estas acciones pueden ser clasificadas en cinco líneas estratégicas: a) Asistir a la población desocupada en situación de extrema pobreza a través de una red de contención social contra la exclusión basada en el desarrollo de planes de empleo que garantizan ingresos laborales transitorios, convocan a la acumulación de capital social y generan un servicio o inversión comunitaria o en infraestructura productiva local. b) Apoyar y asistir en forma directa la formación y/o desarrollo de autoempleos, emprendimientos y empresas informales como alternativas de reinserción laboral productiva y fomento al desarrollo económico local, con impacto sobre economías regionales y tendientes a su modernización e inserción en mercados competitivos, focalizando transferencias de recursos y asistencia técnica hacia aquellos sectores desocupados de bajos ingresos. c) Brindar contención contra la precarización del empleo y la caída en la pobreza de sectores asalariados formales despedidos, con cotización en la Seguridad Social, a partir de lo cual apoyar la búsqueda de empleo, la capacitación laboral y la reinserción laboral en condiciones más favorables: Sistema Integrado de Prestaciones por Desempleo. d) Promover y asistir al desarrollo y fortalecimiento institucional a nivel local con el objeto de movilizar, potenciar y comprometer a los equipos técnicos y actores sociales y económicos regionales en la tarea de definir, planificar y asignar estrategias productivas y sociales, con el mejor uso posible de los recursos disponibles. e) Formación y acumulación de capital social y humano en sectores desocupados excluidos o vulnerables, a partir de crear mejores condiciones y oportunidades de acceso a un empleo asalariado y/o a la formación de micro empresas, empresas familiares, cooperativas e, incluso, sostener y reconvertir unidades minifundistas de baja productividad. APÉNDICE I PROGRAMAS ACTIVOS DE EMPLEO TRANSITORIO PIT – Programa Intensivo de Trabajo: Estuvo destinado a la inserción laboral de trabajadores desocupados de larga duración, preferentemente jefes de hogar, con calificaciones obsoletas e inscriptos en la Red de Servicios de Empleo, para la realización de obras y tareas de utilidad pública y social. A partir de la declaración de la emergencia ocupacional, que habilitaba a los gobiernos provinciales a utilizar las modalidades promovidas de la Ley Nacional de Empleo se firmaban convenios marco con el gobierno provincial donde se determinaba la ejecución del PIT y la asignación presupuestaria por provincia. El Fondo Nacional de Empleo se hacía cargo de los sueldos y cargas sociales de los trabajadores contratados por Organizaciones No Gubernamentales. PROAS – Programa de Asistencia Solidaria.(1994-1995) Este programa, de ejecución conjunta entre el MTSS y la Secretaría de Desarrollo Social de la Presidencia de la Nación, se destinó a brindar entrenamiento 82
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Mercados laborales y polıt́icas ocupacionales en el Cono Sur : estudios nacionales
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