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Gerencia comunitaria
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A pesar de este alcance obtenido, en un intento por entender mejor la lógica y el sentido de la participación, diversos autores han reflexionado recientemente sobre este tema encontrando que existe aún una brecha importante entre el discurso que convoca a la participación y la concreción de ésta en la práctica de las comunidades y colectivos sociales. Por ello, los hitos y espacios que se han establecido, constituyen una oportunidad para comenzar a identificar o retomar metodologías y estrategias de participación que contribuyan a llenar de contenido real este discurso. En este marco situacional, la revisión del tema de participación se vislumbra con nuevos sentidos, que exigen la reflexión tanto desde el punto de vista conceptual como de las señales que puede brindarnos el accionar de la sociedad. Las tendencias presentes en el ejercicio de la participación En América Latina en general y en Venezuela en particular, la participación no ha tenido un desarrollo lineal, sino que, se ha visto fuertemente influida por elementos del contexto, lo que se explica dado su carácter fundamentalmente social y por tanto cambiante. De las lecturas realizadas es posible identificar ciertos momentos en los que las prácticas participativas han evidenciado rasgos específicos. Sin embargo, es necesario acotar que no se trata de establecer fases o etapas claramente delimitadas y rígidas, sino de reconocer elementos preponderantes en el ejercicio y orientación de la participación en situaciones particulares. Así en la década de los sesenta la participación es entendida como un proceso mediante el cual se pretende que los grupos marginados de la sociedad, sean incorporados a la vida moderna, desde la visión de progreso vigente en la época y con la finalidad de conseguir la integración de la sociedad. Más adelante, las crisis de carácter político que afectaron a gran parte de los países de América Latina, inducen a los gobiernos a impedir la agudización de conflictos sociales y, por ende, a impulsar formas de participación como una manera de abrir compuertas para mantener la legitimidad política formal. La profundización de la crisis económica y la aparición de los programas de ajuste con el consecuente empobrecimiento masivo de la población fomentan, desde los mismos gobiernos y agencias multilaterales, un enfoque en el que la participación es entendida como una estrategia para el desarrollo social; comprendiéndola como un proceso y resultado al mismo tiempo. Proceso porque se cree que las personas y comunidades deben estar involucradas en los proyectos y programas que los afectan, y resultado porque se logra individuos y comunidades capacitadas, mayor autonomía y sostenibilidad de los proyectos. Más recientemente, la participación ha comenzado a verse en una perspectiva que la reivindica como derecho, como un valor en misma, y como un deber que todos los miembros de una sociedad deben cumplir. Especialmente en los últimos tiempos y al calor de esta última concepción, diversos sectores sociales han logrado mayor visibilidad y presencia, alcanzando importantes reivindicaciones, tales como las mujeres, los niños, niñas y jóvenes y las poblaciones indígenas. Si establecemos un paralelismo entre este devenir histórico y los contenidos prevalecientes en relación con la participación en la actualidad, encontramos que ha habido un redimensionamiento de la misma, al comenzar a entenderla en un sentido más global que puntual. La participación ciudadana surge como un concepto integrador en el que se suman contenidos y estrategias sociales, políticas y comunitarias. A juicio de Klisberg, esta percepción más integral de la participación,... pone la discusión sobre la participación en un encuadre diferente al de décadas anteriores. No se trata de una discusión entre utópicos y antiutópicos, sino de poner al servicio de los severos problemas sociales que hoy agobian a buena parte de la población, los instrumentos más efectivos, y allí aparece la participación, no como imposición de algún sector, sino como oportunidad.