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Herramienta de las trabajadoras o truco publicitario? : Una guıá para los códigos de prácticas laborales internacionales
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1. Introducción En los últimos treinta años ha surgido un nuevo movi­miento social en varios países cuyo interés, sumado al del movimiento sindical, es el de mejorar las condicio­nes de trabajo en todo el mundo. Este proceso ha tenido lugar en un contexto de reestruc­tura radical de la economía mundial desde la década de 1970. La reestructura ha ido acompañada de un aumento de la degradación social –especialmente en países en de­sarrollo pero también en países industrializados– así como de una creciente destrucción ambiental y discriminación contra la mujer. Esos procesos con frecuencia están interrelacionados. Surgieron nuevas formas de resisten­cia: los movimientos ecológicos y de género adquirieron fuerza y se formaron nuevas alianzas sociales. En 1992, por ejemplo, cuando se realizó la Conferencia de las Na­ciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro, una amplia red de organizaciones ambien­tales y por el desarrollo, sindicatos, otras organizaciones vinculadas con el trabajo y grupos de mujeres, realizaron conferencias paralelas y actividades de cabildeo para ex­presar sus inquietudes e intereses. Desde entonces se ha incrementado el trabajo en redes entre formaciones nue­vas y tradicionales de sociedades de todo el mundo –no solamente durante las conferencias mundiales de la ONU de la década de 1990, sino también con relación a institu­ciones financieras y económicas importantes como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional(FMI), la Organización Mundial del Comercio(OMC) y la Orga­nización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Desde 2001, las influyentes conferencias del Foro Económico Mundial han estado acompañadas de Foros Sociales Mundiales en Porto Alegre, con miles de partici­pantes de todo el mundo que cuestionan el impacto de la globalización neoliberal. El movimiento internacional ATTAC, que exige un control democrático de los merca­dos financieros y de sus instituciones, crece en todo el mundo. La producción y el consumo ético es el objetivo de va­rias iniciativas vinculadas con el trabajo lanzadas en los últimos años, entre otras el comercio alternativo, el eti­quetado social, campañas vinculadas con la OMC, acuer­dos marco y códigos de conducta. Esas iniciativas son oportunidades formidables para el movimiento tradicio­nal de los trabajadores. A principios de la década de 1970, diversas organizacio­nes de comercio alternativo crearon vínculos comercia­les directos con productores del Tercer Mundo y les ofrecieron mejores condiciones que las que obtienen de las compañías comerciales habituales. Algunos consu­midores de países del Norte comenzaron a aplicar crite­rios éticos en sus compras, escogiendo productos del Tercer Mundo para ayudar a mejorar las condiciones de trabajo y de vida de quienes producen esos bienes. El consumo ético en apoyo de la producción y el comercio éticos fue adoptado por un amplio movimiento de soli­daridad, iglesias, consumidores y grupos de mujeres, que centraron sus actividades en torno a miles de«tien­das del mundo»(«one–world shops») en Holanda, Sui­za, Alemania, Suecia y otros lugares. Si bien los produc­tos comercializados éticamente siguen teniendo una par­ticipación relativamente pequeña en el mercado mun­dial, el movimiento«tiendas del mundo» en el Norte, con sus vínculos con socios del Sur, se ha convertido actualmente en un factor político estable en muchas so­ciedades del mundo. Las organizaciones y productos por un etiquetado so­cial surgidas de este movimiento penetraron gradual­mente el comercio tradicional. Cada vez más productos de países en desarrollo, con etiquetados independien­tes(café,, cacao, miel, azúcar, bananas, jugo de naran­ja, alfombras, flores, etc.), se venden ahora a consumi­dores del mundo industrializado en supermercados, y en cantinas de escuelas y empresas. Si bien su partici­5