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Mercosur 20 años : 20 años
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periferia, con venta de materias primas y compra de productos manufacturados. Si se perfila el panorama latinoamericano en relación a las negociaciones internacionales de nuevo tipo, en la última década y media parece haberse consolidado una brecha creciente entre aquellos países y regiones que han aceptado la agenda de los TLCs, con EEUU o con la UE 158 , y aque­llos países –como de manera coherente aunque azarosa se han mantenido los países socios del MERCOSUR– contrarios a suscribir ese tipo de acuerdos 159 . De allí que resulte un camino analítico más fecundo, en especial desde cualquier visión más o menos panorámica que se intente sobre el curso político futuro de América del Sur en general y del MERCOSUR en particular, el señalamiento de las preguntas y la presentación de hipótesis que se hagan cargo del peso de las exigencias de una coyuntura signada por la magnitud de una crisis internacional que todavía no ha concluido. En un artículo reciente, Luis Maira ensaya precisamente esa ruta de análisis tan justificada a nuestro juicio 160 . En ese texto que precisamente toma como título la pregunta crucial de ¿cómo afectará la crisis a la integración regional?, Maira termina su análisis manifestando su sorpresa por laevaluación insuficiente y por lalimitada comprensión que las elites intelectuales y gobernantes sudamericanas han tenido frente a la magnitud y las consecuencias de la crisis global. De manera especial, en su análisis enfatiza enla escasa repercusión que este hecho ha tenido en el examen y las propuestas de las fuerzas progresistas de la región. Luego de resaltar el rol muy gravitante que las usinas del pensamiento neoconservador tuvieron en el ascenso de las fuerzas políticas de derecha en las últimas décadas, Maira advierte que con el cambio de ciclo nada similar ha ocurrido en el campo adversario, lo que a su juicio reviste mucha importancia a la hora de sustentar el arraigo deuna etapa posneoconservadora en la región. Luego de citar la conocida opinión de Immanuel Wallerstein en el sentido de que así como el gobierno de Bush coadyuvó al cambio político progresista en la América del Sur de la última década, el gobierno de Obama puede paradójicamente ser funcional almomento de la venganza de la derecha, Maira advierte sobre que un eventualefecto pendular muy bien puede ser favorecido por esta ausencia de pensamiento estratégico de los gobiernos y partidos que han pro­tagonizado el cambio político de los últimos años en el subcontinente. La pregunta es –concluye Maira– si todavía estamos a tiempo de corregir las fallas de caracterización de la crisis y recuperar la iniciativa política, poniendo el énfasis en aquellas ideas fuerza que la mayoría de los balances académicos o políticos señalan. Los consensos de la hora actual son muy desfavorables para las visiones de derecha y proclives al pensa­miento conservador. Se reconoce ahora que hay una mayor necesidad de política y un mayor espacio para hacerla. Cabe esperar, también, un creciente interés por los asuntos públicos. Se vuelve a apreciar como insustituible el papel del Estado en materia de regulación y dirección de la sociedad. Se hace evidente la urgencia de un control eficaz en el funcionamiento de las corporaciones y() la participación ciudadana en las decisiones más cruciales de las políticas gubernamentales. Lo que no se advierte aún son los proyectos nacionales y estrategias de desarrollo que den capacidad de respuesta a las fuerzas progresistas de América del Sur 161 . Las reflexiones de Maira vienen muy a cuento en torno al asunto de las posibilidades efectivas de un proceso exitoso de resignificación democrática con cambio social, que se en forma paralela al impacto de una crisis global como la actual. Con programas de mero pragmatismo, sin nuevas ideas sobre desarrollo o sin el coraje político de aplicarlas, más allá de su amplia diversidad, los nuevos gobiernosprogresistas, que han sido y son el principal sujeto de los proyectos de integración regional en curso en la región, no aportarán de manera consistente en esa dirección. Más aun, corren el peligro de perder la oportunidad o, lo que tal vez sería más grave, de apostar en una dirección equivocada, contraria a los requerimientos de una profundización transformadora en la región. contenidos) con la UE. En la Cumbre ALC UE celebrada en Madrid en mayo de 2010 se anunciaron los acuerdos de la UE con Colombia, Perú y Centroamérica, que venían a sumarse con los ya suscritos con Chile y México. �G��e�r�a�rd��o��C�a�e�t�a�n��o�, �C��a�rl�o�s��L�u�j�á�n�,��N�a�t�a�l�ia��C�a��rr�a�u�,��L�a�s��n�e��g�o�c�i�a�c�i�o�n�e�s��e�n��tr�e��e�l� MERCOSUR y la Unión Europea de cara al 2010, en Gerardo Caetano(coordinador),Las negociaciones entre América Latina y el Caribe con la Unión Europea. Posibilidades e incertidumbres en el 2010. pp. 199 a 263, CEFIR-TRILCE, Montevideo, 2010. �e�t�c�.�o�b��.�c�i�t�.,�p��p�.�1�4��4��a�1��6�3�. �1�6�3�. 68 | MERCOSUR 20 años Este también resulta un factor insoslayable del contexto en el que se conmemoran los 20 años del MERCOSUR: en la región la coyuntura parece exigir superar un acusado déficit de pensamiento estratégico, centrado en la consolidación democrática, en la superación de las escandalosas desigualdades, en la forja de un desarrollo de veras sustentable y en la consolidación de la integración regional. ¿Pueden encontrarse respuestas convincentes para estos retos desde caminos en solitario que desacumulen lo andado o que apuesten a un vaciamiento gradual del proceso por parte de los países del MERCOSUR? ¿Es contradictoria la estrategia de un nuevo impulso de desarrollo y de integración nacional con la perspec­tiva de profundización genuina de la integración regional? Luego de un análisis histórico crítico y no teleológico, nuestra convicción en esta conmemoración de los 20 años del MERCOSUR apunta con firmeza a que toda apuesta contra la región o sin la región no es posible ni deseable. Pero para estar a la altura de las circunstancias resulta imperativa una agenda efectiva de prospectiva integracionista. Algunas preguntas y temas para la prospectiva de una política integracionista más eficaz en el MERCOSUR de los 20 años La definición de una política exterior eficaz, en especial desde países como los del MERCOSUR, difícilmente pueda eludir la necesidad de asumir los dilemas de la inserción internacional desde perspectivas de bloques regionales, que refuercen la auténtica soberanía nacional sin recurrir a los gastados enfoques soberanistas o de nacionalismos aislacionistas de viejo cuño, capaces de promover formatos geopolíticos renovados que sustenten modelos de desarrollo alternativos a las políti­cas aperturistas ciegas –estas claramente desnacionalizadoras– de los 90 en la región. La inserción plena en unmundo de bloques y la efectivización de los anhelados escenarios multipolares, en procura de enfrentar con eficacia la ruinosa tentación de los hegemonismos unipolares, sólo podrá construirse desde un afianzamiento real y no retórico de los pro­cesos de integración regional y supranacional. Para defender de manera efectiva y no retórica un concepto moderno de soberanía, hay que incorporar la idea de que todo proceso de integración supone algún nivel de asociación política con los socios de un bloque, que consienten su común pertenencia al mismo desde la visión compartida de un programa acordado de iniciativas conjuntas en materia de desarrollo y de inserción internacional. Sin embargo, una mirada atenta sobre los actuales contextos impone en esa dirección un registro sensato sobre la necesidad imperiosa de nuevos aprendizajes y exigencias. Desde el MERCOSUR, por ejemplo, cabe formular un cúmulo de interrogantes en términos de interpelación radical, especialmente oportunos ante la invitación al balance y al prospecto que implican las dos décadas de vida del bloque regional y también la conmemoración del Bicentenario de las revoluciones hispanoamericanas. Al­gunas de esas preguntas, orientadas de forma específica a estimular un sinceramiento genuino dentro del MERCOSUR como premisa indispensable para una profundización del rumbo integracionista, se reseñan a continuación: ¿Qué posibilidades reales existen para renovar un acuerdo consistente y operativo en materia de una reformula­ción seria del pacto integracionista del MERCOSUR en el seno de sus Estados Partes, involucrando no sólo a sus gobiernos actuales sino al conjunto de los sistemas políticos de la región y a los principales actores sociales? ¿Resulta viable, por ejemplo, una agenda de acuerdos sobre puntos específicos como asimetrías, coordinación ma­croeconómica o armonización arancelaria, dentro de los sistemas políticos de los Estados socios del bloque o, como parece, deben repararse y hasta refundarse ciertos consensos fundamentales en torno al MERCOSUR y su futuro? ¿Cuánto han avanzado de manera efectiva los niveles de conectividad eficaz e innovadora entre el sector público y el sector privado como tema de la agenda de la inserción internacional impulsada por los gobiernos MERCOSU­Reños? Los países pequeños del bloque como Paraguay y Uruguay, ¿han procesado los cambios notorios que imponen las MERCOSUR 20 años | 69