manufacturados de perfil tecnológico medio. La letra y el espíritu de los protocolos de 1986(recuérdese que el primero se refería a bienes de capital) estaban orientados a corregir esta disparidad y hasta incluían mecanismos correctivos favorables a la economía más débil: Argentina 3 . El protocolo sobre bienes de capital tuvo una vida efímera; fue pronto superado por el nuevo acuerdo bilateral de 1988 y, luego, por el cuatripartito de 1991. Poco ayudó, por tanto, a Argentina a recuperar posiciones, pero el acuerdo posterior sobre la industria automotriz permitió que Argentina mantuviera una exportación de relevancia hacia Brasil en manufacturas de contenido tecnológico medio. El autoabastecimiento alimentario La otra cara de esta ausencia de un proyecto común se percibe en la producción de alimentos en el MERCOSUR. País con población creciente, Brasil ha sido, a los largo de su historia, eficiente en la producción de alimentos tropicales y, menos eficiente y deficitario, en la producción de alimentos de clima templado. Argentina, Uruguay y Paraguay han sido, desde siempre, productores eficientes de alimentos de clima templado. La aproximación entre los socios del MERCOSUR tenía, con toda claridad, una lógica de abastecimientos y de seguridad alimentaria para Brasil y de seguridad de mercado de destino para los otros tres miembros. Hasta 1990 Brasil practicó una política agrícola muy activa basada en cuatro grandes pilares:(1) la ampliación de la frontera agrícola;(2) la garantía de precios mínimos y la corrección monetaria mensual desde el comienzo hasta el fin de cada cosecha;(3) la adquisición de productos agrícolas por parte del Estado y(4) la formación de acervos estratégicos de productos agrícolas esenciales, como arroz, maíz y trigo, para garantizar el abastecimiento. Esta política, si bien muy costosa para el fisco, condujo a una expansión importante de la producción de granos y de oleaginosos. Según cifras oficiales brasileñas, en 1980 la productividad de granos por hectárea se ubicaba en 1576 kilos y en 1990 había subido a 1995 kilos. En lo que refiere a la soja, la productividad saltó, entre 1980 y 1990 de 1276 a 1523 kilos por hectárea. Un fenómeno similar se registraba en carne bovina y en carne de ave, ambas en expansión. Pero en lácteos los resultados continuaron siendo decepcionantes. A pesar de la política agrícola activa, el déficit de alimentos de clima templado persistió en Brasil, particularmente en trigo, arroz, cebada, maíz y lácteos. En 1986 Argentina y Brasil firmaron el PICE. El primer protocolo, que atendía a la preocupación argentina, se refirió a los bienes de capital, pero el segundo al abastecimiento triguero y el tercero al abastecimiento alimentario en general, dos temas de preocupación del entonces gobierno brasileño. En 1990, el nuevo gobierno de Fernando Collor de Mello dio un paso más en la dirección de abastecerse en los vecinos: se inició la nueva política agrícola, de signo liberalizador, destinada a reducir el costo fiscal de la política anterior. La nueva política agrícola se basó en cinco pilares:(1) retiro gradual de las compras directas del estado;(2) disminución de la participación estatal en el financiamiento agrícola;(3) avance gradual del sector privado en el almacenamiento de granos;(4) fijación de precios mínimos según la distancia de los centros de consumo o puestos de embarque;(5) reducción arancelaria y para arancelaria de los bienes alimenticios. Claramente, el objetivo era reducir la protección estatal a la agropecuaria y abandonar el crecimiento horizontal, es decir, la expansión de la frontera agrícola. Una pieza importante en el nuevo enfoque era la aproximación de Brasil a sus vecinos, productores eficientes de alimentos de clima templado. Por lo tanto, cuando se firma el Tratado de Asunción, en 1991, parecía evidente que Argentina, Paraguay y Uruguay cubrirían el déficit brasileño con sus granos, su carne(esporádicamente) y sus lácteos. La historia que siguió tuvo buenos y malos momentos en la venta de productos alimenticios a Brasil. No estuvo exenta de conflictos, sobre todo por adquisiciones brasileñas en terceros mercados y por barreras transitorias al ingreso que afectaron la credibilidad de los proveedores. Pero un balance sintético sugiere que dos hechos marcaron las limitaciones de esta complementación en alimentos: 3 El protocolo preveía que en caso de incremento del déficit comercial en bienes de capital de uno de los socios, el otro se comprometía a realizar inversiones en el deficitario para elevar su oferta exportable 92 | MERCOSUR 20 años por una parte, las dificultades que enfrentó Argentina –el país con mayor capacidad de oferta entre los tres socios con excedente alimentario- para cumplir en algunas ocasiones con sus compromisos de abastecimiento a Brasil y, por la otra, la persistencia brasileña en el autoabastecimiento alimentario que lo condujo, en definitiva, a ser exportador de granos, carnes y lácteos y a no depender de sus socios del MERCOSUR. De hecho, en la segunda década del MERCOSUR, los cuatro socios fueron exportadores fuertes de productos alimenticios al resto del mundo. El Consenso de Washington, Las Leñas y Ouro Preto La década de los noventa se inició con la firma del Tratado de Asunción, en 1991, y concluyó con la macro devaluación brasileña de enero de 1999. En el medio se realizaron varios emprendimientos, se tomaron decisiones importantes y tuvieron lugar algunos debates de significación. Con criterio selectivo se hará referencia a algunos de esos emprendimientos y decisiones. Pero previamente es necesario referir a las limitaciones a que quedó sometido el acuerdo regional como consecuencia de las ideas dominantes que se resumen en lo que se ha llamado el Consenso de Washington(CW). Expuesto muy en síntesis, el CW sometió a una critica demoledora a los criterios económicos que habían primado, con distinto grado de adhesión, en la región(el modelo de sustitución de importaciones fue sometido a una nueva embestida, el crecimiento hacia adentro y el papel activo del Estado fueron estigmatizados como generadores de ineficiencias; el aparato del Estado debía reducirse a la mínima expresión; el desarrollo solo podía descansar en el sector privado; y los equilibrios macro económicos básicos resultaron los únicos elementos imprescindibles para el desarrollo). A partir de ese diagnostico crítico, el CW proponía medidas concretas que los gobiernos debían perseguir, a saber: acentuar y profundizar la liberalización comercial que ya estaba en marcha; implementar programas de estabilización con especial énfasis en la contención de los precios internos; desregular sectores y actividades; eliminar barreras a la Inversión Extranjera Directa (IED) y privatizar las empresas públicas. El impacto que el CW tuvo en los cuatro socios del MERCOSUR fue muy grande. Argentina adhirió con fervor al Consenso: aplicó el programa de estabilización más rígido(convertibilidad) de que se tenga memoria desde la revaluación de la libra esterlina en 1925; privatizó empresas publicas con precipitación y con claras carencias en materia de regulación, y las consecuencias de semejante política se dejaron sentir a poco andar y procuró profundizar la apertura comercial, con adicionales abatimientos de aranceles. El fervor del gobierno uruguayo de la época no hubiera sido distinto, pero una oposición fuerte y una movilización social contuvieron parcialmente los ánimos gubernamentales. Brasil adhirió con más cautela a la embestida del CW. Quizá eso explique que en 1992 se realizara la reunión de Las Leñas y en 1995 la reunión de Ouro Preto. La reunión de Las Leñas tuvo relevancia, sin duda, pues fue el primer puntapié hacia el MERCOSUR que conocemos hoy. Se acordaron compromisos para armonizar, en los dos años siguientes, las políticas macro económica, comercial y de promoción. Puesto que se trataba de fundar un proyecto regional, la prioridad se fijó en la política comercial entre los socios. El énfasis en la política comercial, por tanto, estuvo centrado en la desgravación lineal, automática y universal entre los cuatro y el avance hacia un Arancel Externo Común(AEC) con el resto del mundo, pero sin especial preocupación por las barreras no arancelarias en el comercio regional, la política antidumping y las salvaguardias, que se admitieron de manera transitoria. Y tampoco se prestó mayor atención a la inserción internacional del bloque y cómo podía verse afectada por algunas decisiones que se implementaban y otras que se omitían. Conjunto de carencias que complicarían el clima MERCOSUR entre los socios en los años venideros. Si bien el MERCOSUR había acordado la desgravación automática, lineal y universal, en Las Leñas se resolvió entablar negociaciones específicas en ocho agrupaciones, ramas o sub ramas que fueron definidas como sensibles: automotriz, maquinaria y equipo, petroquímica, papel, siderúrgica, electrónica, farmacéutica y textil. En realidad, en el Tratado de 1991 estaba previsto, siguiendo la tradición del PICE, de 1986, que se firmaran entre las partes acuerdos de complementación industrial en varios sectores. Pero la experiencia indicaba que sólo había prosperado el acuerdo en el sector siderúrgico; en el sector textil las partes no se pusieron de acuerdo, y en petroquímica, si bien los delegados de Argentina y Brasil lo firmaron, el acuerdo no fue refrendado luego por los gobiernos. La reunión de Las Leñas no logró modificar el clima frío, sobre todo entre los empresarios, para avanzar MERCOSUR 20 años | 93
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