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Mercosur 20 años : 20 años
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mente la integración 20 . Los Estados Parte, tal cual había acontecido en mayor o menor medida en el nivel nacional, cedían en el espacio regional su capacidad de regulación, dejando al mercado como distribuidor de los beneficios y costos del proceso. El comercio dejaba de ser un instrumento para incentivar determinados cambios en la estructura productiva de los países y la competitividad de las economías, para convertirse en el objetivo último de las decisio­nes de integración. La ausencia del Estado, promovida por los gobiernos de la región al interior de cada uno de los países, se reflejaba también en el proceso de integración. Los resultados del período son contundentes: profundi­zación de las asimetrías entre los países 21 y socavamiento de la legitimidad política y social del proceso. El modelo del regionalismo abierto entró en crisis en los últimos años de la década de los noventa, así como el paradigma del Consenso de Washington que le daba sustento en el plano doméstico. Fuertemente cuestionado por la mayoría de los gobiernos que asumieron en la región a comienzos de los 2000, dio lugar a una múltiple configuración de escenarios de integración y a una importante diversidad de opciones de inserción internacional por parte de los países del área, como veremos más adelante. La integración regional latinoamericana y caribeña en el siglo XXI. Cambio político y derrotero del Mercado Común del Sur Después del regionalismo abierto, ¿qué? Tanto la historia larga, como el actual mapa de la integración regional en América Latina y el Caribe, nos muestran la multiplicidad de opciones existente en términos de acuerdos regionales y de alternativas de inserción internacional de los países. El escenario actual es de una gran fragmentación. En él, diversos proyectos compiten, se superponen o, simplemente, conviven, encontrándose sus fronteras indefinidas aún. En América del Sur el MERCOSUR, como veremos, a pesar de su recurrente crisis de identidad y de proyecto, continúa apostando a una integración profunda, con características novedosas con respecto a etapas anteriores que nos permiten, incluso, especular acerca de la exis­tencia de un nuevo tipo de regionalismo. Asimismo encontramos, en esta región, una Comunidad Andina de Naciones(CAN) partida, en cuyo marco dos países han firmado tratados de libre comercio con EEUU. Estos tratados han hecho mucho daño al acuerdo de integración andino, poniendo en cuestión su propia existencia 22 . En ese mismo marco, Venezuela lleva adelante varias acciones simultáneas, no necesariamente convergentes: sale de la CAN, solicita ser miembro pleno del MER­COSUR, impulsa fuertemente el Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América(ALBA) e integra la Unión de Naciones Suramericanas(UNASUR). Bolivia y Ecuador forman parte del ALBA y la UNASUR. Perú y Colombia, habiendo firmado tratados de libre comercio con EEUU, forman parte también de la unión suramericana. Chile mantiene una política de integración unilateral al mundo, a través de la firma global de acuerdos de libre comercio, a la vez que pertenece a la UNASUR. Por último, el espacio centroamericano avanza en la integración, pero al mis­mo tiempo firma un tratado de libre comercio con EEUU que limita sus posibilidades presentes y futuras de definir políticas de desarrollo. Estas pequeñas descripciones son solo ejemplos de la riqueza y complejidad del escenario de integración latinoamericano y caribeño a comienzos del siglo XXI. Pero veamos enseguida, cuál ha sido el derrotero del MERCOSUR en los últimos años. 20 Para un mayor desarrollo de esta cuestión, cfr. Geneyro, Rubén y Vazquez, Mariana,El MERCOSUR por dentro, Bogotá, Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, Democracia y Desarrollo, 2007. 21 Véase al respecto el excelente trabajo de Martín Obaya,Los límites del regionalismo abierto. En busca de nuevos ejes para la integración del MERCOSUR, en Revista Argentina de Economía y Ciencias Sociales, Número 16, Volumen XI, verano de 2007, pp. 99-134. 22 Sobre las implicancias de los tratados de libre comercio para la Comunidad Andina, cfr. Ruiz Caro, Ariela,Posibles impactos del TLC con EEUU en los países andinos y en la CAN, en Revista Argentina de Economía y Ciencias Sociales, Número 16, volumen XI, verano de 2007. 170 | MERCOSUR 20 años El Mercado Común del Sur en el siglo XXI. La disputa por el modelo en una nueva etapa El siglo XXI encontró a América Latina y el Caribe y, particularmente, a América del Sur, en un momento de cambio político profundo en el cual los principios del Consenso de Washington, paradigmáticos otrora, fueron ampliamente cuestionados. La firma, el 16 de octubre de 2003, del Consenso de Buenos Aires, por parte de los presidentes Néstor Carlos Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva, de Argentina y Brasil respectivamente, constituyó un punto de inflexión importante. Este documento, presentado como referente de un cambio de época, recuperaba conceptos y posicionamientos políticos olvidados en la década previa por el pensamiento hegemónico. Su primero 23 y séptimo 24 puntos destacaban, respectivamente, el derecho al desarrollo y el papel estratégico del Estado. Con respecto al proceso de integración regional en la subregión, los presidentes señalaban: 15. Ratificamos nuestra profunda convicción de que el MERCOSUR no es sólo un bloque comercial, sino que cons­tituye un espacio catalizador de valores, tradiciones y futuro compartido. De tal modo, nuestros gobiernos se encuen­tran trabajando para fortalecerlo a través del perfeccionamiento de sus instituciones en los aspectos comerciales y políticos y de la incorporación de nuevos países. 16. Entendemos que la integración constituye una opción estratégica para fortalecer la inserción de nuestros países en el mundo, aumentando su capacidad de negociación. Una mayor autonomía de decisión nos permitirá hacer frente más eficazmente a los movimientos desestabilizadores del capital financiero especulativo y a los intereses contrapues­tos de los bloques más desarrollados, amplificando nuestra voz en los diversos foros y organismos multilaterales. En este sentido, destacamos que la integración sudamericana debe ser promovida en el interés de todos, teniendo por ob­jetivo la conformación de un modelo de desarrollo en el cual se asocien el crecimiento, la justicia social y la dignidad de los ciudadanos. Asimismo, en su punto tercero, el documento promueve la participación activa de la sociedad civil en el proceso de integración regional, señalando: 3. Convenimos en impulsar decididamente en el proceso de integración regional la participación activa de la so­ciedad civil, fortaleciendo los órganos existentes, así como las iniciativas que contribuyan a la complementación, la asociatividad y el diálogo amplio y plural. Luego de la firma del Consenso de Buenos Aires, que claramente marcó un cambio de época, muchos fueron los signos de la existencia de nuevos aires en la región. Desarrollaremos algunos de ellos en los siguientes párrafos. En primer lugar, debemos señalar la elaboración del Programa de Trabajo para el MERCOSUR 2004-2006(PT 2004-2006), aprobado en diciembre de 2003 25 , y su concreción, a lo largo de los últimos años. Este nuevo programa de trabajo del bloque se proponía, por un lado, dar cumplimiento a ciertas promesas previas de la integración y, por otro, incorporar nuevos temas a la agenda del mismo. El docu­mento se dividía en cuatro partes: MERCOSUR económico-comercial; MERCOSUR social; MERCOSUR institucional y nueva agenda de la integración. El PT 2004–2006, finalmente aprobado, organizó la labor del bloque durante aquel período y parte del siguiente, dado que algunos de sus objetivos principales fueron cumplidos más tarde. 23Nosotros, los Presidentes de la República Argentina, Néstor Kirchner, y de la República Federativa del Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, convencidos de que el bienestar de los pueblos constituye el objetivo prioritario de ambos gobiernos, reafirmamos nuestra voluntad de intensificar la cooperación bilateral y regional para garantizar a todos los ciudadanos el pleno goce de sus derechos y libertados fundamentales, incluido el derecho al desarrollo, en un marco de libertad y justicia social acorde con los valores, propósitos y objetivos establecidos en la Cumbre del Milenio. 24Somos conscientes del papel estratégico que nuestros Estados deben desempeñar y redoblaremos los esfuerzos tendientes a fortalecer sus instituciones, profesionalizar a la administración pública, mejorar su capacidad de respuesta, incrementar su eficacia y asegurar una mayor transparencia en los procesos de toma de decisiones. 25 Aprobado por la Decisión del CMC N o . 26/03. 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