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Mercosur 20 años : 20 años
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generalización(como la que a menudo se hace para otros sectores). Un artista plástico, un desarrollador de video juegos o una productora de espectáculos no pueden sentirse individualmente responsabilizados de tamaño desafío, pero la interpe­lación si cabe para todos y cada uno de los que participan de las diferentes cadenas realizadoras o productivas de la cultura. Investigadores, docentes, hacedores, creadores, intermediarios, aquellos que componen el sector cultural, por supuesto, una vastedad cambiante e inasible, pero identificable. Uno de los problemas de diseño que enfrentan estas políticas, como los acuerdos de integración cultural, es preci­samente la diversidad de situaciones que se pretenden atender de una vez. La multiplicidad de expresiones culturales, la cantidad de procesos y formas que las conforman, y la multilateralidad de procedimientos o comunicaciones que se generan entre creadores y públicos, consumidores y productores, requieren además de los acuerdos políticos generales, desarrollos más complejos y a la vez específicos, con mayor precisión técnica. Aspectos estos que, en un diálogo que la política tiene que favorecer, deben ser aportados esencialmente desde el sector cultural público y privado en todas sus dimensiones y gamas de interés. Por supuesto, esta formulación aterriza en cosas muy concretas, como la aplicación o no del sello MERCOSUR Cultural, la realización o no de co-producciones para tal o cual rama de actividad cultural, la ansiada libre circulación de bienes y servicios culturales, todos compromisos asumidos hace 20 años, desde las primeras manifestaciones de la proyectada integración. De un tiempo a esta parte, las aduanas de ambos países se han puesto cada vez más complicadas, lo que ha hecho que nos exijan un despacho de aduana por los instrumentos(herramientas personales de trabajo del músico) viajantes. Esto actualmente asciende a un costo promedio de U$S 1000 entre ambos despachos, escribían en 2008 tres mánager de grupos musicales uruguayos exitosos entre las orillas del Río de la Plata 3 . La dificultad de los trámites aduaneros y los costos formales e informales que deben asumir las producciones artísticas para circular por los países suramericanos ha llevado indistintamente al desánimo o a la ira de los gestores culturales, y la protesta ha sido una constante. El reclamo ha sido escuchado por las jerarquías de los ministerios de cultura, incluso por los propios presidentes del MERCOSUR, que pretendieron tomar cartas en el asun­to. Sin embargo, lejos de gozar del declarado derecho a la libre circulación de bienes y servicios culturales, el recorrido del intercambio cultural todavía se parece a una carrera de vallas que encima cuesta dinero. El interés de analizar el caso específico no solo se relaciona con la importancia de conocer un aspecto de la vida cul­tural de una región iberoamericana que alberga más de 270 millones de personas en 12.794.289 km2, ejemplifica lo que se decía arriba acerca de la interacción entre las políticas culturales, las lógicas económicas y comerciales, los asuntos interna­cionales y el marco normativo en coordenadas de espacio y tiempo determinadas. Así como en otro abordaje se analizó las Legislaciones en el MERCOSUR relativas a las Convenciones de Cultura aprobadas por la UNESCO, texto que se puede consultar en internet 4 , se propone ahora analizar por qué el Sello MERCOSUR Cultural, acordado en 1996 por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, los cuatro países fundadores del –significativa y lamentablemente denominado– Mercado Común del Sur, no ha logrado ponerse en práctica hasta hoy. La perspectiva adoptada en este caso no es la del tradicional malestar delnada se ha hecho por la cultura sino, por el contrario, desde la valoración del gran acto que supuso acordar un Protocolo de Integración Cultural a poco de andar el proceso de integración mercorsuriano y el reconocimiento a las reiteradas manifestaciones de las jerarquías políticas de las áreas culturales de los estados, se analiza por qué su promocionado instrumento no tuvo la aplicación deseada. Nadie podría sostener que no ha habido una intensa actividad cultural en esta región suramericana. El intercambio no ha dejado ser muy rico tanto entre las ciudades capitales o centrales como, quizás sobre todo, en los espacios fronte­rizos donde se entremezclan genuinamente las diversas manifestaciones culturales y se generan característicos paisajes culturales binacionales. Los medios de comunicación también provocan otras interrelaciones no medibles en el abordaje formal de los temas que suelen colocarse bajo el rótulo deMERCOSUR cultural. Ha habido muchas iniciativas, planes y acciones de origen público y privado, donde las organizaciones de la llamada sociedad civil o las distintas expresiones 3 Carta firmada por Verónica Piana, Juan Zas y Nicolás Fervenza dirigida el 17 de junio de 2008 a las autoridades de los ministerios de Educación y Cultura y de Turismo y Deporte. Consultada Piana a estos efectos, afirma que la situación se mantiene incambiada. 4 http://unesdoc.unesco.org/images/0015/001599/159998s.pdf. Último acceso: 13 de febrero de 2011. 190 | MERCOSUR 20 años culturales generaron vínculos fuertes inter e intra región que se fortalecieron desde la aparición(sobre todo simbólica) del MERCOSUR y que la enriquecieron. Una vida cultural tan intensa como compleja en toda Latinoamérica, llena de contradicciones entre lo fermental de las mezclas y las amenazas a lo diverso por influencias externas y corrientes internas 5 , ha sido telón de fondo o base esencial para su desarrollo en esta porción del sur en expansión. El diálogo, o mejor dicho la tensión intercultural está y seguirá estando más allá de las formalidades o de la institucionalidad, pero no se puede soslayar la responsabilidad que los propios estados, representativos de voluntades explícitas de sus respectivas sociedades, han asumido para estimular esos procesos. En ese sentido, tan necesario es reconocer los avances realizados hacia una mayor integración regional como evaluar por qué algunas buenas intenciones apenas sirvieron para amojonar el camino interfronterizo sin el éxito pretendido. La intención es aportar en el esclarecimiento de una situación no debidamente atendida para encontrar alternativas posibles de solución a los institutos actuales o, definitivamente, optar por otro camino, otra modalidad o con otros instrumentos. Se adelanta que se toma partido por la segunda opción: habrá que diseñar e implementar políticas e instituciones más finas, más ajustadas. Sin eliminar ni desconocer el recorrido del Sello MERCOSUR Cultural es aconsejable acotar las expectativas al respecto y adoptar otros mecanis­mos para avanzar en un proceso de integración que favorezca el desarrollo de la vida cultural de todas las sociedades concernidas. Esta experiencia habrá de ser tenida en cuenta para nuevos proyectos de integración, como la emergente Unión Suramericana de Naciones (UNASUR). En ese ámbito se creó el Consejo Suramericano de Educación, Cultura, Ciencia, Tecnología e Innovación(COSECCTI), que funciona también en régimen de Reuniones de Ministros pero, como lo indica la amplitud de su nombre, incluye a jerarcas de o con competencias más amplias. Sería deseable no golpearse con las mismas piedras en el camino de la utopía integracionista, ahora que los sectores culturales de los países han comenzado a consolidar un buen desarrollo profesional. Seguramente la trama continental que muchos de sus agentes han tejido contribuirá a encontrar nuevos espacios, mejores herramientas, instrumentos más afinados, para potenciar una de las mayores riquezas del continente americano, su diversidad cultural a la vez bisoña y ancestral. La cultura en el MERCOSUR Al escribirse estas líneas, la última reunión que celebraron los presidentes de los Estados Partes del MERCOSUR y Estados Asociados fue en agosto de 2010, con motivo de la XXXIX. Reunión del Consejo del Mercado Común, el órgano de máxi­ma jerarquía existente en la institucionalidad de la asociación regional. En la declaración final los primeros mandatarios destacaronla profundización de la dimensión política y social de la integración en América del Sur y aseguraron que el proceso de integración ha promovido una concertación política inédita entre los socios, la cual ha permitido fortalecer los lazos históricos y culturales, coordinar iniciativas conjuntas-tanto en el campo regional como internacional- y diseñar políticas públicas regionales en los diversos ámbitos de la integración. En esa reunión, realizada en San Juan de Argentina, el optimismo sobre el proceso integracionista volvió a tener cierto oxígeno: las afirmaciones que recoge el documento citado expresan una mayor convergencia política y se impulsan con suave viento estimulante porque los números de las macroeconomías de los países miembros dan bien, el comercio intra­zona alcanza cifras extraordinarias en esta coyuntura y los pronósticos –aun los menos optimistas, más allá de la incerti­dumbre incorporada por definición en los últimos tiempos- no anticipan angustias mayores en el escenarios locales. La llamadatercera ola democratizadora que se desarrolla en América Latina se va consolidando pese algunos claroscuros, como el intento de golpe fallido en Ecuador o las insistentes maniobras desestabilizadoras en Paraguay. A una circunstancia internacional en términos relativos favorable para el sur americano, donde destaca el creciente lideraz­go internacional de Brasil, debe añadirse cierta sintonía en el discurso político no solo frente a grandes desafíos políticos sino también respecto al papel que le cabe al viejo postulado integracionista en las respectivas agendas. Los cambios operados en la primera década de este milenio estimulan a esta porción del mundo para pensarse y proyectarse de otra manera 6 . La predomi­5 VVAA,América Latina: un espacio cultural en el mundo globalizado, Manuel Antonio Garretón coordinador, Convenio Andrés Bello, Bogotá, 2002. 6 Caetano, Gerardo,La crisis mundial y sus impactos políticos en América del Sur, CEFIR, Montevideo, 2010. MERCOSUR 20 años | 191