Integración regional, competitividad y cambio tecnológico Entrados los años ochenta, la preocupación por la inserción externa de las economías nacionales se materializó en el concepto de competitividad. Originado en análisis comparativos de la performance de las firmas individuales, su aplicación fue extendida al desempeño de los países a nivel internacional, aunque sin consenso sobre las formas de evaluarla y medirla(Chudnosvsky y Porta, 1990). El enfoque“tradicional”, que privilegió la observación de la participación relativa de las exportaciones de un país en el mercado mundial, fue criticado por su potencial aliento a posturas beligerantes en materia comercial; así, Krugman(1997) recomendó asimilar más estrictamente competitividad a productividad, devolviendo el centro del esfuerzo a la acción empresaria, pero desconociendo el carácter social del proceso. Progresivamente, fueron ganando aceptación los enfoques sistémicos y estructurales, que sumaron al análisis de las conductas a nivel micro la observación de las estructuras productivas y de las políticas(Chesnais, 1986; Porter, 2000). El enfoque sistémico se centra en la consideración del impacto en el bienestar del cambio técnico u organizacional en sus diversas formas, como base para la generación de ventajas competitivas, tanto por el lado de los precios como por fuera de ellos(calidad, características o prestaciones del producto). Debe prestarse atención especial a las acciones que el Estado pueda llevar a cabo para impulsar la generación, adquisición, difusión y uso de conocimiento por parte de las empresas (Coriat, 1997), a fin de desarrollar nuevas competencias y acceder a nuevos mercados mediante la introducción de innovaciones tecnológicas u organizacionales. Esta opción estratégica se distingue por la posibilidad de hacer compatibles los aumentos de los niveles de competitividad y los de los ingresos y nivel de vida de la población y se vincula con la noción de competitividad genuina(Fajnzylber, 1988). El alcance de ganancias genuinas de competitividad depende de la revisión permanente de la canasta de producción (elección de especialización) y del avance constante en materia de innovación y dominio tecnológico(tecnología de producto y tecnología de proceso) u organizacional. Por otra parte, supone un proceso acumulativo, por el papel condicionante de la trayectoria futura(path dependency) implícito en la conducta tecnológica de las firmas y por la generación de externalidades derivada de los procesos de aprendizaje y mejoramiento tecnológico(Ocampo, 1991). En ese contexto, la innovación ocupa un lugar central en la explicación de la posición relativa de cada país en la economía mundial, debido a que las ventajas competitivas sólo se pueden sustentar en el mediano plazo a partir de una renovación continua de las competencias de las firmas. Es, también, la fórmula más prometedora en relación con la posibilidad de evitar el deterioro de los términos de intercambio y los desequilibrios del sector externo, que han caracterizado a las economías latinoamericanas. La integración regional ofrece una atractiva posibilidad de ampliar los mercados, las escalas de producción y, en última instancia, estimular el dinamismo económico. La integración regional puede actuar como un factor eficaz para atraer inversiones, incrementar la productividad, generar empleos y diversificar exportaciones, pilares centrales de la competitividad sistémica(Robson, 1987). Estas expectativas llevan a considerar la integración económica como una fuente potencialmente eficiente de provisión de algunos“bienes públicos” regionales, que suponen un proceso de coordinación de políticas capaz de evitar la competencia predatoria entre instrumentos nacionales y el consecuente despilfarro de recursos y, a la vez, compartir economías de aprendizaje y aprovechar sinergias de red. Tradicionalmente, tales bienes públicos han sido referidos a la posibilidad de establecer y gestionar una zona de estabilidad monetaria y cambiaria, a la provisión de infraestructura física y de comunicaciones y, más en general, al establecimiento de diferentes mecanismos y disciplinas para facilitar y liberalizar el comercio recíproco. Sin embargo, es probable que el mero establecimiento de estos mecanismos no sea suficiente para impulsar un proceso virtuoso de crecimiento económico en los países integrantes del bloque regional. Entre las principales razones que podrían limitar la aparición y el desarrollo de aquellos beneficios potenciales, se destacan la insuficiencia de los incentivos de escala, la ineficacia de los mecanismos de coordinación entre los agentes y los problemas distributivos entre los países socios, asociados a asimetrías –de partida o emergentes en el proceso– en su respectivo grado de desarrollo o capacidades productivas y competitivas(Porta, 2008). De aquí que la concepción tradicional de bienes públicos regionales, haya sido 232 | MERCOSUR 20 años extendida a la provisión de mecanismos estructurales de generación de nuevas capacidades productivas y de reducción de asimetrías. En este marco se inscribe la idea y la intención de potenciar sistemas regionales de Investigación y Desarrollo(I+D) e innovación. Cabe señalar que las actividades de innovación están doblemente afectadas por razones de escala. Por un lado, los resultados en términos de innovaciones de producto o de proceso están relacionados en una función creciente y no lineal, con la magnitud de esfuerzos y gastos incurridos en tales actividades; del mismo modo, estas actividades se caracterizan por un umbral de inversión relativamente elevado. Por otro lado, la amortización y rentabilización de estas inversiones requieren de un mercado creciente para los nuevos productos. Es conocido también que, en virtud de las incertidumbres y las externalidades asociadas a los procesos de innovación, el predominio de fallas de mercado y de coordinación, suele llevar a una situación de asignación sub-óptima de los recursos disponibles. La coordinación a nivel regional de políticas e instrumentos de estímulo a la innovación puede constituir una respuesta eficaz a ambas problemáticas. En el marco de la integración regional, el desarrollo y alcance de mejoras relativamente permanentes de competitividad, como resultado de un fortalecimiento de los procesos de innovación, puede transcurrir a través de tres planos. En primer lugar, amplía las oportunidades para flujos de intercambio del tipo intra-industrial. En segundo lugar, facilita los procesos de aprendizaje vinculados con las exportaciones. Y en tercer lugar, si se logra forjar una política común de atracción de inversiones, permite mejorar las condiciones bajo las cuales las empresas domésticas participan de las Cadenas Globales de Valor(CGV). Cada uno de estos aspectos estimula los procesos de innovación y, por lo tanto, puede fortalecer la competitividad de cada uno de los socios participes en el esquema de integración y del bloque regional en su conjunto. Los principales efectos virtuosos de la integración económica están asociados al potencial desarrollo de ventajas dinámicas, a partir de la complementación productiva y especialización intrasectorial de todos los países del bloque; el avance de un proceso de integración productiva de estas características requiere del cumplimiento de dos condiciones necesarias: 1. Que los incentivos de escala sean efectivos. 2. Que haya un entorno de prácticas y políticas que favorezca y aliente la cooperación interempresarial(Porta, 2008). Cuando estas condiciones se cumplen, aparecen evidencias de que los acuerdos regionales han permitido un crecimiento significativo de las exportaciones de productos no tradicionales y diferenciados, así como los de mayor valor agregado y más intensivos en conocimientos(Kuwayama y Duran Lima, 2003). El hecho de exportar genera economías de aprendizaje, induciendo un efecto positivo y determinante en la capacidad innovadora de las empresas (Baldwin y Gu, 2004; Crespi et al., 2008). Durante los últimos años, los países del MERCOSUR han experimentado un crecimiento notable de la actividad productiva en general(Tabla 1). Entre 2000 y 2008, el PBI creció alrededor del 70% para Uruguay y Paraguay, 60% para Brasil y se multiplicó por 2,08 para el caso de Argentina 5 . En este contexto, la expansión de la industria manufacturera también fue muy apreciable. Entre 2000 y 2008, el índice de volumen físico de la industria manufacturera argentina aumentó en un 55%, en Brasil un 31%, en Uruguay un 57% y en Paraguay un 26%. Es decir, superadas las crisis de finales de la década pasada, la actividad industrial en los países del bloque regional se ha recuperado y encaminado en un nuevo sendero dinámico. 5 En este caso hay un sesgo introducido por el año base de la comparación; si se toma el año 2003, el nivel de crecimiento en Argentina equipara al de Brasil. MERCOSUR 20 años | 233
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