los años 90 en Argentina ha significado un período de desindustrialización(acompañado por otro de desnacionalización) que comenzó a revertirse paulatinamente a partir de 2003, pero con fuertes consecuencias estructurales. En cuanto a los problemas de las asimetrías competitivas entre los países de la región, el brasileño Celio Hiratuka 21 ha destacado la necesidad de reconocer que los países tienen diferentes estructuras de producción, con diferentes capacitaciones competitivas, y sólo es posible hablar de producción complementaria y formación de cadenas regionales si existe una fuerte política para reducir las asimetrías competitivas. Y para ello es necesario reducir el desequilibrio de comercio favorable a Brasil con los países del MERCOSUR. Gustavo Bittencourt considera que a mayor grado de desarrollo industrial autónomo y mayor capacidad de innovación de las redes productivas locales, menos efecto de desplazamiento se produce cuando entra la Empresa Trasnacional y existe una mayor capacidad de captar efectos de derrame. Esto llama a la necesidad de generar políticas que articulen esas capacidades que no existieron en los noventa y se han comenzado a gestar en el período reciente y, salvo Brasil, el resto de los países del MERCOSUR se encuentra lejos de tener sistemas de política industrial que funcionen. Coinciden Bekerman y Dalmasso al sostener que“la Política de Desarrollo Productivo de Brasil es actualmente el esfuerzo más avanzado de América Latina en términos de diseño y articulación de política industrial”. En este sentido, las políticas para el desarrollo industrial y productivo han sido diversas en la región tanto en los noventa(Brasil mantuvo políticas sectoriales y una apertura más gradual y discriminatoria dando mayor protección a los sectores de mayor contenido tecnológico) como en la última década. Asimismo, ambos autores exponen que en la comparación Argentina – Brasil,“durante la década de los 2000, si bien ambos países han compartido una mayor convicción sobre la necesidad de intervenciones activas sobre el desarrollo productivo, se observa una diferencia en la orientación de la política económica: Brasil ha centrado su plan en los aspectos micro, haciendo énfasis en la competitividad de su industria y sus sectores estratégicos, en la innovación y en su inserción externa mientras que la Argentina basó su política en los aspectos macroeconómicos, buscando acelerar la recuperación de su economía y del empleo luego de la crisis”. Las diferencias en las estructuras productivas de la región deberán tenerse en cuenta, entre otros, en dos aspectos. Por una parte, para evitar su profundización a partir de nuevas políticas públicas unilaterales y, por otra parte, buscando mecanismos que disminuyan las asimetrías y permitan vincular el entramado productivo de los países miembros a partir de ciertas políticas industriales comunes. Esta breve enunciación de algunas temáticas que hacen al contexto en el que se desarrolla la integración productiva tiene por objeto marcar la dimensión de la tarea que el bloque se ha impuesto al consolidarla como un eje de su agenda; y que deberán contemplarse en el proceso de corto, mediano y largo plazo para que efectivamente pueda considerarse a la integración productiva como una herramienta para disminuir asimetrías, avanzar hacia un mayor desarrollo productivo en la región y posicionar a las cadenas de valor regionales en los mercados internacionales. La necesidad de un cambio de dinámica Los matices abordados dan cuenta de la necesidad de trabajar sobre la integración productiva desde diferentes ángulos, pero que exigen decisiones políticas en materia institucional y de participación de diversos actores. En lo institucional, el MERCOSUR ha consolidado hasta el momento al GIP como el articulador de las actividades y propuestas que avanzan en la integración productiva, pero esto puede marcar un límite en la dinámica que se requiere para concretar mayores resultados en tiempos razonables para mantener las expectativas sobre la integración productiva a escala regional. No puede desconocerse que el MERCOSUR ha transitado diversas etapas de apoyo y consolidación, como así también de dudas y retrocesos en el interés de los países miembros, por lo cual en una temática tan sensible no debería arriesgarse a diluir las expectativas por falta de avances en los instrumentos que son necesarios para alcanzar mayores resultados. Las exigencias de la integración productiva en materia de coordinación de políticas y de adopción de decisiones estratégicas(con impactos en el desarrollo, empresas, empleo, comercio, etc.) pueden verse obstaculizadas por un escaso 21 Investigador del Núcleo de Economía Industrial y Tecnología(NEIT)/Instituto de Economía(IDE), Universidad Estadual de Campinas, Brasil 272 | MERCOSUR 20 años avance institucional que garantice efectividad. Un ejemplo en este sentido puede ser la decisión de crear un Fondo PyME en 2007, cuya primera etapa es generar un Fondo de Garantías, pero que a 2010 no se encontraba operativo; mientras a escala binacional Argentina y Brasil ya promocionan los avances del fondo conformado por el BNDES, el Banco do Brasil y sus contrapartes argentinas: el Banco de la Nación Argentina y el BICE. Desde la CRPM(2007) se plantea la necesidad de darle una referencia institucional acorde a lo relevante de la temática: “La toma de conciencia sobre la importancia de la integración productiva como mecanismo para promover la convergencia estructural de las economías y, por lo tanto, para evitar la reproducción de las desigualdades competitivas entre los países miembros y las empresas, es un requisito para instalar el tema como un punto decisivo en la agenda del MERCOSUR y para otorgarle un lugar central en su esquema institucional, en principio de nivel equivalente a la Comisión de Comercio”. Sin duda la integración productiva también forma parte del debate sobre la institucionalidad en el MERCOSUR y resalta la necesidad de establecer organismos y recursos acordes a los objetivos estratégicos planteados. Como aspecto adicional, la integración productiva involucra desde la potencial coordinación de políticas nacionales sobre inversiones, desarrollo productivo, PyMEs, financiamiento a la generación de proyectos e instrumentos bilaterales y regionales. Todo ello deriva en la necesaria ampliación de los actores que deben convocarse para participar activamente en ese proceso; desde los propios ámbitos empresarios, sindicatos, académicos, instituciones vinculadas a la ciencia y la tecnología, como a los gobiernos subnacionales que también desarrollan herramientas propias pero que, fundamentalmente, tienen en sus territorios los impactos positivos y negativos de estos procesos. Sólo en referencia a las iniciativas de los propios gobiernos subnacionales se multiplican las acciones desarrolladas, como lo demuestra la red de Mercociudades(que abarca a más de 200 ciudades de la región), la Comisión Regional de Comercio Exterior del Norte y Este Argentino(CRECENEA), el Consejo de Desarrollo e Integración del Sur(CODESUL)-que conforman provincias argentinas y estados brasileños, respectivamente-, la reciente conformación del GIP de las Misiones y la existencia del Foro Consultivo de Municipios, Estados Federados, Provincias y Departamentos del MERCOSUR(FCCR) que también ha señalado a la integración productiva como un eje relevante en su agenda. Esto hace necesario acompañar sus acciones y vincularlas con el PIP para sumar todos estos esfuerzos para avanzar en una mayor complementación productiva. Esto justifica claramente la necesidad de contemplar una dinámica novedosa y efectiva para fortalecer el GIP en la estructura institucional con capacidad política y técnica para cumplir con estos múltiples objetivos. Las pistas de aterrizaje y la capacitación Entre el conjunto de acciones e iniciativas que deberán desarrollarse, haremos mención a dos de particular importancia. La primera se relaciona con la conformación de una vasta red buscadora de potenciales socios. Europa en su proceso de integración generó numerosos programas de envergadura con este fin. El Europartenariat, el Programa Eureka(en el que se inspiró el Programa Bolívar de Integración Tecnológica Regional y Competitividad Industrial de los años 90 en Latinoamérica), entre otros, buscaban promover la asociatividad. La compleja gestión de identificar, acercar y articular los diversos factores y actores para producir resultados exitosos, precisa de una infraestructura capacitada y profesional. En el ámbito del GIP, y con el apoyo de la AECID, la CAF y el CEFIR, se creó el Centro de Asociatividad Empresaria, basado en el Parque Tecnológico de Misiones y cuyo objeto consiste en promover una red de antenas instaladas en las cámaras empresarias, los municipios, los bancos, los sistemas de garantía, las universidades, las fundaciones y todos aquellos espacios interesados en albergar estos trampolines en búsqueda de interesados en ser contrapartes de iniciativas que surgen de otras“antenas” o de las propias. En el CEFIR se instaló una contraparte de acción subregional para interactuar con el Centro misionero. La segunda iniciativa se refiere a la capacitación de empresas en el desarrollo de proyectos de integración productiva. MERCOSUR 20 años | 273
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