ticas macroeconómicas, lo que vuelve inalcanzables los anhelados objetivos de integración en el MERCOSUR. Por otro lado, los fracasos obtenidos en la primera década del MERCOSUR en materia de ausencia de políticas públicas para la superación de asimetrías y por los escasos recursos aportados para los fondos de convergencia estructural, no solamente han trascendido a los medios modernos de comunicación social sino que se han arraigado en las dirigencias político-partidarias, gremiales y gubernamentales de los países pequeños, que obviamente son los más perjudicados por las mentadas asimetrías. Todo esto hizo que la sociedad en general no sea propensa al MERCOSUR en los países mayores y menos aún en los menores. En Brasil, diferenciado por ciertos segmentos poblacionales y regiones, el MERCOSUR ni siquiera es bien conocido y parte de su dirigencia política y gremial tiene prejuicios negativos hacia sus socios. Al parecer en Argentina está mejor difundido el MERCOSUR y la resistencia a él aparenta ser menor que en Brasil. No obstante, también allí hay todavía mucho para realizar, sobre todo en algunos sectores de ciertos gremios, partidos políticos y dependencias gubernamentales. En Uruguay, país pequeño“ganador” en el MERCOSUR, la actitud general de la ciudadanía así como de sus autoridades gremiales y gubernamentales es de denuncia y de lucha. Razones no le faltan y es mucho el camino a recorrer todavía en el“eje Brasilia-Buenos Aires” para que los pequeños sean mejor tratados en términos de políticas públicas para la superación de asimetrías y de fomento a la integración hacia el desarrollo sostenible. Paraguay, el“país perdedor” 35 en el esfuerzo de integración, el más vulnerable entre todos, lleva la peor parte en la historia y en el presente del MERCOSUR. En la primera década de su existencia, los países pequeños no podían contar con asistencia para asimetrías ni con fomento para la integración ya que estos objetivos ni siquiera figuraban en los objetivos del bloque. En la segunda década se ha contado con fondos para la convergencia estructural más que nada en los documentos oficiales del MERCOSUR, pero la práctica del FOCEM hasta hace apenas unos años ha quedado reducida en gran parte a una política redistributiva con escasos recursos. Como Paraguay es destinatario principal de ella, la propensión de este país fue la de aceptarla con agrado. Pero el escepticismo paraguayo ante las autoridades del bloque y hacia los mayores Estados Parte es enorme, como consecuencia de la experiencia acumulada. Como puede verse, la cuestión psicosocial es de mucha importancia. Después de todo, en Estado de Derecho y Democracia, también en MERCOSUR, las decisiones se toman por mayoría. Si la propensión de la población y sus representantes, legislativos, judiciales y administrativos, es negativa hacia el bloque, es difícil que se pueda avanzar significativamente en las cuestiones señaladas. Queda por lo tanto un largo camino a recorrer, tanto en materia de políticas públicas para la superación de asimetrías como en el fomento a la convergencia estructural, en igualdad de condiciones y posibilidades, hacia la integración en desarrollo sostenible. Al respecto, es tan importante el abordaje eficiente a los imperativos técnicos de ese transitar como también a la cuestión psicosocial, para lo cual se necesitan no solamente destreza, conocimiento técnico y experiencia acumulada, sino también una gigantesca campaña educativa de largo plazo, pero de iniciación inmediata, sobre los beneficios de dicha integración. Consideraciones finales y perspectivas El MERCOSUR sigue siendo un gran desideratum. Desde marzo de 1991 se han dado ciertamente algunos pasos en la dirección correcta. Pero lo que se ha conseguido hasta hoy en día ha sido relativamente poco, por lo menos en comparación con lo establecido en el Tratado de Asunción que le dio forma jurídica al emprendimiento de los cuatro países fundadores, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Tampoco se puede pedir mucho a un mega esfuerzo integrador con países tan disímiles y con asimetrías estructurales tan grandes, cuando además su dirección política no encuentra consensos para la implementación de las medidas necesarias a tal efecto. Además, cada país por dentro no ha logrado integrar todavía en igualdad de condiciones y oportunidades vastas áreas y grandes segmentos poblacionales a los beneficios del progreso económico, social y ambiental. En determinados sectores económicos dentro de cada país, subsisten también subsectores 35 J. Cresta Arias:“Asimetrías en el MERCOSUR…”, op. cit. 298 | MERCOSUR 20 años rezagados que no se encuentran conectados con el resto del país. Efectivamente, integrar a países sumidos internamente en desarrollo desigual es una tarea sumamente difícil que requiere más tiempo que el que puede necesitarse en otras latitudes, donde el desarrollo ha sido relativamente armónico a lo largo de los siglos y con resultados más o menos similares en sus formaciones sociales. En Sudamérica en general y en los países del MERCOSUR en particular, subsisten en la misma formación social estratos poblacionales, nada despreciables en número, que siguen viviendo edades históricas diferentes en tiempos contemporáneos. Eso se observa claramente en la heterogeneidad de productividades y en desigualdades estructurales de mucho peso. Por otro lado, todo esfuerzo integrador en esas condiciones puede terminar en un rotundo fracaso si, además, las políticas públicas que se articulan dentro de cada país no ponen énfasis en el desarrollo sostenible en igualdad de oportunidades. Así, las mencionadas asimetrías estructurales pueden ser empeoradas aún más. De allí que tenga que hacerse gala de equilibrio con elementos de juicio, actualizados y técnicamente inexpugnables, a la hora de evaluar las posibilidades iniciales del MERCOSUR, su evolución en dos décadas de existencia y sus perspectivas. 20 años después de su fundación jurídica, no todo puede atribuirse al MERCOSUR, pero tampoco el CMC ni el GMC pueden desentenderse del desarrollo desigual que tuvo lugar en su seno en todos esos años. En ese lapso, que ya es considerablemente largo, apenas se han podido establecer las bases para el libre comercio. En la última Cumbre del MERCOSUR, que fue ya la número 39, se ha conseguido el Código Aduanero y la próxima eliminación del doble cobro de aranceles. El camino y el tiempo recorrido dejaron en claro que en los países mayores predominan sus propios intereses individuales, antes que el espíritu de integración, y en aquellos casos en los que puede articularse un eje común entre Brasilia y Buenos Aires, es frecuente ver que se deja de lado los intereses de los países pequeños. A pesar de que el Tratado de Asunción reiteradamente realza expresamente la“coordinación de políticas macro-económicas”, los implementadores del MERCOSUR, en los hechos han puesto énfasis en el artículo 2º del mismo, en el que se establece “la reciprocidad de derechos y obligaciones entre los Estados Parte”, precedidos por una singular hermenéutica jurídica por la cual el mero acceso a un mayor mercado otorga suficientes ventajas a los países pequeños en términos de economías de escala y de inversiones conexas, lo cual vuelve prescindibles las políticas públicas para superar las asimetrías así como la delegación de soberanías en instancias superiores para la coordinación de políticas económicas. Ésta es la principal traba para que el destino del MERCOSUR no se limite a ser una mera zona de libre comercio. Las autoridades del MERCOSUR necesitaron una docena de años a fin de plasmar en sus documentos oficiales la necesidad de políticas públicas para superar las asimetrías. Expresión de esto es el establecimiento del FOCEM, que empezó a funcionar en la práctica en la segunda mitad de su segunda década. Pero con la severa limitación de escaso presupuesto, que, aún aumentado en los últimos tiempos, no es suficiente para tales propósitos, menos todavía cuando en sus primeros años, el FOCEM tenía en gran parte más bien fines redistributivos que de integración y complementación económica. Veinte años de MERCOSUR no fueron suficientes aún para hacer prevalecer el mandato expreso de la coordinación de políticas macroeconómicas, establecida en los considerandos y en artículos e incisos diferentes del Tratado de Asunción. Para que ella sea posible, hay que delegar soberanía en instancias superiores. Falta mucho para eso. El MERCOSUR todavía tiene que lidiar con la mera incorporación de normas oficiales dentro del ordenamiento jurídico local de cada país. Obviamente, sin delegación de soberanías a una instancia superior y sin coordinación de políticas macroeconómicas, el MERCOSUR permanecerá un gran desideratum. Como la experiencia acumulada en el esfuerzo integrador ha sido negativa por saldos, en los medios de comunicación, en los líderes gremiales del sector privado así como en las autoridades político-partidarias y gubernamentales del MERCOSUR reinan decepción y escepticismo. Se ha instalado en la región una predisposición psicosocial nada propensa a ese tipo asimétrico de integración internacional experimentado hasta ahora. En estas condiciones reales y psicológicas, será aún más difícil el cumplimiento del Tratado de Asunción. A menos que en los países mayores se articulen dirigentes gremiales, político-partidarios y en funciones oficiales que hagan de los mencionados objetivos del Tratado y del FOCEM, en consenso con los países pequeños, primera prioridad y cuenten con mayorías y presupuestos suficientes para implementarlos. Todavía no se ven indicios de que ello sea posible en el corto plazo. MERCOSUR 20 años | 299
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