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100 días de Biden : las relaciones cubano-norteamericanas en tiempos de pandemia: un laberinto complejo e incierto
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FES BRIEFING 100 DÍAS DE BIDEN Las relaciones cubano-norteamericanas en tiempos de pandemia: un laberinto complejo e incierto Carlos Alzugaray Treto Abril 2021 Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos pasan por uno de los períodos más problemáticos e indefinidos que se han vivido en fecha reciente. En esta relación asimétrica pero paradójica, podría suponerse que sería Joe Biden quien tuviera mayor margen de maniobra para trazar una política racional que combinara valores e intereses y que la acometiera con decisión, como lo hicieron sus dos predecesores, Barack Obama y Donald Trump, aunque es cierto que en direcciones opuestas. Sin embargo, no ha sido así. Quizás convenga recordar que la anterior administración de­mócrata de 2009-2017, de la cual formaron parte Biden y sus colaboradores, abandonó paulatinamente la fallida política de cambio de régimen por coerción que había prevalecido casi ininterrumpidamente desde 1959. La fue sustituyendo prime­ro por un deshielo y después por una decomprometimiento (o engagement en inglés). Según se ha podido saber, en el 2013 Barack Obama propuso y Raúl Castro, entonces presi­dente, aceptó iniciar negociaciones secretas que resultaron en el histórico acuerdo del 17 de diciembre del 2014 en el cual ambos gobiernos iniciaron la normalización de sus relaciones comenzando por el restablecimiento de las diplomáticas. En un período de dos años este acercamiento tuvo como pun­tos culminantes la retirada de Cuba de lalista de estados promotores del terrorismo del Departamento de Estado; el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la reapertura de embajadas; y la visita de Barack Obama a la Habana. Paralelamente, Obama fue emitiendo órdenes presidenciales que permitieron expandir considerablemente los viajes de nor­teamericanos a Cuba bajo rubros no asociados con el turismo. Se establecieron vuelos regulares y se autorizaron los cruceros. Sin embargo, el mandatario no pudo lograr que el Congreso levantara el bloqueo o embargo. Las decisiones tomadas por Raúl Castro y Barack Obama en el 2014 posibilitaron la asistencia de ambos a la Cumbre de las Américas de Panamá en abril del 2015, poniendo fin a una larga desavenencia entre Estados Unidos y sus vecinos de la región alrededor del tema de Cuba. También fue notable la reacción favorable de la comunidad internacional ante estos acontecimientos. Es importante recalcar que la política de Obama estaba basada en una apreciación nada coyuntural que compartía con decenas de especialistas y asesores: la po­lítica hacia Cuba es un producto de la Guerra Fría; está desfa­sada; ha fracasado; y, por tanto, hay que actualizarla. Contario a la exagerada pretensión de queObama lo dio to­do y no obtuvo nada, en esta negociación el gobierno cuba­no no logró avances sustanciales ni mucho menos soluciones definitivas a sus dos demandas principales(levantamiento in­condicional del bloqueo e inicio de una negociación para la retirada norteamericana de la Base Naval de Guantánamo). Un factor irritante para algunos funcionarios cubanos fue que Washington tampoco accedió a eliminar algunas iniciativas que están claramente diseñadas para subvertir al gobierno cu­bano y que tienen sus defensores y beneficiarios en grupos de emigrados históricos en Florida. Se trata ante todo del sistema de transmisiones radiales y televisivas hacia Cuba y del finan­ciamiento de grupos injerencistas dedicados a fomentar accio­nes que conduzcan a un estallido social en la Isla. Ello motivó serias aprehensiones sobre los verdaderos objetivos de la polí­tica de acercamiento de Obama, que un asesor de Biden ha calificado decomprometimiento subversivo. Transcurridos los primeros 100 días, resulta incongruente y envía un mensaje ambiguo a todos los actores interesados, pero en especial al gobierno cubano, que a pesar de estos antecedentes ocurridos cuando Joe Biden fue vicepresidente, ni la Casa Blanca ni el Departamento de Estado se decidan a anunciar y ni siquiera a ofrecer un atisbo de lo que será la política de la nueva adminis­tración hacia Cuba, sobre todo porque las sanciones, y medidas coercitivas de los 4 años precedentes han dejado las relaciones en el estado de mayor deterioro desde el fin de la Guerra Fría. La administración republicana no sólo revirtió todos los avan­ces logrados bajo los dos años de vigencia del acuerdo, parali­zando los intercambios diplomáticos entre ambas capitales, sino que se dedicó de forma coactiva e implacable a imponer sanciones todavía más abarcadoras y rígidas incluso después de desencadenada la pandemia. En varios terrenos fue más lejos que las anteriores. Por ejemplo, cesó de suspender el títu­lo III de la Ley Helms Burton, que codificó las sanciones unila­terales contra Cuba. Esa suspensión fue el resultado de un