Caracterización y aproximación al dimensionamiento de la violencia de género en Venezuela Breve introducción conceptual El patriarcado es un sistema que ha organizado las relaciones entre los seres humanos, sobre la base de una concepción del poder y de los modos cómo se distribuye, ejerce y preserva históricamente ese poder, basado principalmente en la apropiación, dominio y control sobre otras personas, colectivos, organizaciones, etc. Ello ha dado lugar, como bien lo apuntó y desarrolló Michael Foucault, a la definición de las relaciones sociales de cualquier tipo, públicas o privadas, como relaciones de poder. Éstas se expresan en el uso de criterios, mecanismos y prácticas de“poder sobre”: apropiación, dominación, control, designación, asignación, inclusión/exclusión y significación, de diversos órdenes de comportamientos en prácticamente todas las posibilidades de la vida colectiva y personal. Y así definido es como se debe intentar entender lo que implica hablar de relaciones de género como relaciones de poder. La violencia contra las mujeres representa uno de los tres pilares fundamentales del sistema de relaciones de poder entre los géneros y, en tal sentido, tiene una funcionalidad históricamente bien definida en la estructura del sistema en su conjunto, cuyos otros dos componentes son la desigualdad y la discriminación. La desigualdad es un hecho político y por tanto una condición creada, que expresa la asimetría de poder entre los géneros. No tiene bases naturales, aun cuando se haya pretendido durante siglos sostener tal punto de vista. Esta desigualdad, se expresa en patrones de comportamiento discriminatorios, que colocan al género discriminado en posición inferior, mediante la existencia de pautas de identidad y comportamiento de innumerables tipos que consagran la discriminación y ésta significando la asimetría: exclusión, invisibilización, negación, explotación, sometimiento, subordinación, etc. Y es la violencia, el pilar que cumple el rol más importante para preservar este orden de desigualdad, ya que funciona como la válvula de seguridad de la discriminación. La violencia mantiene de manera generalmente inconsciente el patrón funcional de la relación entre los géneros: dominación/subordinación. Las identidades de género se construyen sobre estas bases y eso explica parcialmente como es que solo desde hace menos de 30 años el tema haya ingresado nominalmente, apenas, en la agenda pública y comienza a expresarse en la agenda política a medida que las mujeres han ido adquiriendo conciencia política ciudadana. El ejercicio de la violencia por parte de los hombres, sea o no deliberada, tiene el propósito de preservar la desigualdad y con ello, la supremacía masculina. Esto convierte a la violencia de género en un concepto político que expresa la posición de subordinación, desigualdad, marginalidad y riesgo que ocupan las mujeres por el simple hecho de ser mujeres. Se trata de un triángulo que da sentido global y sistémico al patriarcado y que exige que la erradicación de cualquiera de estos tres componentes, desigualdad/discriminación/ violencia, se concrete en acciones que hagan desaparecer las otras dos. Esto significa, literalmente, que la violencia contra las mujeres requiere, para su eliminación, liquidar desigualdades y discriminaciones 1
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La violencia de género en Venezuela y sus manifestaciones generales en el área metropolitana de Caracas
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