La ciencia que afirma un cambio climático de origen humano se basa en documentos producidos por científicos que, para su publicación, se someten a los rigurosos procesos de revisión de pares. En contraste, los trabajos de los científicos que lo niegan muy excepcionalmente han pasado por ese proceso de peer-reviews que es un estándar de la ciencia contemporánea. permitido a los autores o editores de los libros de negación hacer afirmaciones científicas sin fundamento que son amplificadas por movimientos conservadores, los medios de comunicación masiva y las élites políticas, alcanzando, con frecuencia, amplios segmentos de la opinión pública”(Dunlap& Jacques, 2013). En síntesis, la ciencia que afirma un cambio climático de origen humano se basa en documentos producidos por científicos que, para su publicación, se someten a los complejos procesos de revisión de pares, un estándar de la ciencia contemporánea. En contraste, la‘ciencia’ que niega la existencia del fenómeno, mediante la refutación de los hallazgos que lo afirman, se basa en documentos de científicos que excepcionalmente han pasado por ese proceso. Entonces, ¿quién apoya a los que niegan el cambio climático? A final de la década de los ochenta, al mismo tiempo que se hicieron públicas las conclusiones del Primer Informe del IPCC y que se iniciaban las negociaciones de la Convención Marco de Cambio Climático, las grandes corporaciones de Estados Unidos, en especial, las empresas en el negocio de los combustibles fósiles –desde petroleras y termoeléctricas hasta las industrias de automóviles– y diversos grupos del movimiento conservador unieron fuerzas para desacreditar las evidencias científicas sobre el cambio climático y, así, evitar restricciones en el uso de petróleo, gas y carbón. En estos años, el peso de la campaña estuvo centrado en la Alianza Global de Cambio Climático(AGCC), fundada por los mayores productores de petróleo y lideradas por la ExxonMobil. En 2006, The Union of Concerned Scientists, una respetada organización estadounidense, acusó a ExxonMobil de desarrollar las mismas tácticas utilizadas por la industria del tabaco para refutar el vínculo del cigarrillo con el cáncer de pulmón. Como respuesta a tales críticas, ExxonMobil se comprometió a dejar de financiar a los escépticos. Pero en 2009 salieron nuevas revelaciones que constataban que había continuado su apoyo en 2008. Este comportamiento de una de las corporaciones más grandes del mundo llevó a que Paul Krugman, premio Nobel de Economía, en su columna de The New York Times (Abr. 17, 2006) afirmara que el presidente de la compañía que lideró la campaña, eventualmente, sería recordado como un enemigo del planeta Tierra y no como el ejecutivo que mayores compensaciones económicas hubiese recibido en la historia como resultado de su‘éxito empresarial’. 1. La ciencia: ¿qué tan seguros estamos del fenómeno de cambio climático? ¿Qué novedades hay? 21
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