aliados, la firmaran y, posteriormente, la ratificaran. El presidente George H. W. Bush aceptó participar a última hora en la Cumbre de Río. No obstante, su participación no fue bien vista por los grupos más conservadores de EE.UU. Por ejemplo, Wall Street Journal , desde sus páginas editoriales, aseguró que firmar la Convención era atentar contra el empleo y la competitividad estadounidenses. Durante las negociaciones de Kioto, el gobierno del presidente Bill Clinton, siempre con el Partido Demócrata, a favor de un acuerdo climático, jugó un papel positivo en la construcción del Protocolo. La delegación de Estados Unidos fue liderada por el vicepresidente Al Gore, un símbolo de la causa ambientalista global, quien firmó el Protocolo a nombre de su gobierno. Pero, en el procesos de negociación, el Senado estadounidense, cuya mayoría era republicana, no lo ratificó debido a que los países en desarrollo no tenían obligaciones específicas de reducción de emisiones. Esta misma advertencia habría de incidir en la posición de EE.UU. en el camino hacia Balí, que defendió con fuerza la necesidad de que los países en desarrollo se comprometieran con unos objetivos voluntarios, posición que tuvo una positiva acogida entre los otros países en desarrollo. En últimas, los desacuerdos no resueltos sobre la financiación, la transferencia tecnológica y los compromisos de reducción de emisiones de los países en desarrollo y desarrollados, siempre presentes en las negociaciones –a las cuales, se sumaron los problemas generados por los cambios en la geopolítica del cambio climático–, quebraron las negociaciones de Copenhague. ¿Y China, con su acelerado desarrollo en los últimos años, qué papel está jugando? Después de 23 años de firmada la Convención y 18 de firmado el Protocolo, la geopolítica del cambio climático ha cambiado dramáticamente. China, en conjunto con aquellos grandes países en desarrollo que registran un impresionante crecimiento en los últimos decenios –India, Brasil, Indonesia, Sudáfrica, entre otros–, son ya hoy –y lo serán de forma más acentuada en el futuro–, grandes emisores de GEI. En contraste con 1992, cuando las emisiones de estos países tanto en ese año como las acumuladas, eran muy bajas a nivel mundial. Esto ha llevado a que los países desarrollados busquen compromisos firmes de reducción de GEI por parte de estos países en rápido desarrollo. 4. La viabilidad política: el acuerdo político global y los debates y los actores en las nuevas negociaciones 69
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