1. CONCEPTUALIZACIÓN Marco de análisis Lucía Dammert/ Carolina Sampó El crimen organizado se ha convertido en el problema de seguridad más grave de la región, no solo por los altos niveles de violencia que trae aparejados, posicionando a América Latina como la región sin conflictos bélicos más violenta del mundo, sino también por la aparición de espacios de gobernanza criminal que no hacen más que poner de manifiesto la debilidad de los Estados latinoamericanos. Entendemos al crimen organizado como una forma particular de llevar a cabo actividades delictivas, más que como un delito en sí mismo. Los delitos cometidos bajo esta modalidad abarcan diversas clases de negocios ilícitos que pueden considerarse manifestaciones del crimen organizado(Sampó, 2017). Según el último reporte del Índice Global sobre Crimen Organizado( GI TOC , 2023), las principales manifestaciones en América Latina incluyen el tráfico y la trata de personas, la extorsión, el tráfico de armas, el tráfico de drogas(principalmente cocaína y marihuana), la explotación de recursos naturales no renovables(incluyendo delitos relacionados con la flora y la fauna) y los crímenes financieros. La diversificación de los mercados en los que operan las organizaciones criminales da cuenta de cómo esas estructuras se adaptan a la demanda y a aquello que pueda generar más ganancias económicas, garantizando así su subsistencia. Estas estructuras no solo operan en múltiples mercados ilícitos, como el tráfico de drogas, armas, personas y la explotación de recursos naturales, sino que logran hacer coexistir estos negocios, optimizando cada operación. Lejos de desactivar un mercado para concentrarse en otro, las organizaciones criminales buscan generar sinergias entre distintas actividades ilícitas para maximizar sus beneficios. A pesar de la diversificación, las organizaciones criminales más importantes de la región continúan concentradas en el tráfico de drogas. Esto se debe no solo a la demanda global, particularmente de la cocaína, sino también a las fuertes ganancias que sigue generando este mercado. Según los últimos datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito(Unodc: United Nations Office on Drugs and Crime)(2023), globalmente existen más de vein titrés millones de consumidores de cocaína y entre 2021 y 2022 la producción de cocaína pura creció 20%, dejando de manifiesto la magnitud del negocio. A pesar de estas cifras, en los últimos años otros mercados han ganado importancia, llevando a algunas organizaciones de la región a alcanzar un grado de especialización notable. Por ejemplo, los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación han ampliado sus actividades hacia la tala y la explotación ilegal de tierras, mientras que el Tren de Aragua se ha enfocado en el tráfico de migrantes, la trata de personas y las extorsiones( GI TOC , 2024; Sampó y Troncoso, 2024). Según el think tank Global Financial Integrity(2017), los mercados ilícitos generan anualmente ganancias totales que oscilan entre 1,6 y 2,2 billones de dólares. Por otro lado, el producto bruto interno(PBI) mundial alcanzó en 2023 los 104 billones de dólares, según datos del Banco Mundial(2024). Las falsificaciones son el mercado ilegal que más dinero mueve a nivel global, con un estimado de entre 923 mil millones de dólares y 1,13 billones de dólares, seguidas por el tráfico de drogas, que se estima genera entre 426 mil millones y 652 mil millones de dólares. La tala ilegal de árboles genera ganancias estimadas entre 52 mil millones y 157 mil millones de dólares, seguida por la trata de personas, que produce alrededor de 152 mil millones de dólares. Lejos de estas, la minería ilegal reditúa entre 12 mil millones y 48 mil millones de dólares, la pesca no regulada entre 15,5 mil millones y 36 mil millones de dólares, el co mercio ilícito de vida silvestre entre 5 y 23 mil millones de dólares, y el robo de petróleo entre 5,2 mil millones y 11,9 mil millones de dólares. Aunque no existen estimaciones actualizadas, se estima que los números han aumentado considerablemente para todos estos mercados ilícitos. Sin duda, las condiciones socioeconómicas que enfrenta América Latina generan un alto número de ciudadanos disponibles para integrar las filas de las organizaciones criminales. Esta realidad afecta particularmente a hombres jóvenes, pero también a mujeres en situaciones sumamente vulnerables, lo que las convierte en presas más fáciles para estas organizaciones. La interseccionalidad entre pobreza, clase social y pertenencia a grupos minoritarios(indígenas, afrodescendientes y parte del colectivo LTGBQ +) las hace particularmente susceptibles al reclutamiento por parte de las estructuras criminales. Esta vulnerabilidad se ve exacerbada además en aquellos contextos donde las organizaciones criminales tienen una fuerte presencia dentro del sistema penitenciario. De hecho, diversas organizaciones de este tipo han surgido y se han consolidado en dicho escenario, como el Primeiro Comando da Capital en Brasil, el Tren de Aragua en Venezuela y las Maras en Centroamérica. Las múltiples caras de la seguridad en América Latina. Selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad 7
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Las múltiples caras de la seguridad en América Latina : selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad
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