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Las múltiples caras de la seguridad en América Latina : selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad
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La seguridad en América Latina. ¿Cómo refundar la conversación? Jenny Pearce Existe un acuerdo general en que la situación de seguridad en América Latina es una de las peores en el mundo. Nor­malmente, la seguridad se mide en términos de homicidios por cada 100.000 personas. La media global en 2017 fue de 6,1 por 100.000, y 90% llevados a cabo por hombres. A la vez, el 81% de las víctimas fueron hombres, según el Estu ­dio global de homicidios de UNODC ( UNODC , 2019). Améri ­ca Central tenía un promedio de 25,9% homicidios por 100.000 personas y América del Sur de 24,2%. Estas son las tasas más altas en el mundo. Las estadísticas de homicidios nos ofrecen una mirada ne­cesaria pero muy limitada de lo que significa vivir en las condiciones de inseguridad que sufren muchas personas en la región. Al mismo tiempo, nos lleva a preguntar ¿qué en­tendemos por(in)seguridad? Y ¿qué entendemos por vio­lencia? Y al final, ¿cómo repensar la seguridad cuando se reconoce que la(s) violencia(s) no es la única fuente de in­seguridad? La conversación sobre este asunto sigue estando muy orientada hacia una serie de contrapuestos. Por ejemplo: seguridad del Estado vs. seguridad ciudadana, represión vs. prevención, policía nacional vs. policía de proximidad. En realidad, lo que sigue predominando es un enfoque mi­litarizado y punitivo de la seguridad desde el Estado. Esta es muy a menudo la ruta tomada después de declaraciones de diferente tipo. Por ejemplo, en su campaña electoral de 2018 el futuro presidente, Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), político de la izquierda, indicó que iba a priori ­zarabrazos no balazos. Sin embargo, pasados pocos me­ses de su presidencia, formó una Guardia Nacional, esen­cialmente bajo mando militar y dio al ejército un papel en las fronteras y diversas atribuciones que nunca había teni­do. López Obrador enfrenta una situación muy compleja, y escribo justamente desde México. ¿Cómo refundar la conversación sobre seguridad, para con­seguir la reducción de todas las violencias, incluso las del Estado junto con las múltiples inseguridades que, a su vez, son condiciones para que la violencia se reproduzca? Para responder a esta pregunta compleja daría tres pasos. Primero, iría por la ruta de la clarificación sobre cómo en­tendemos violencia e(in)seguridad. Segundo, me adentraría en experiencias con una metodología de trabajo que arran­ca desde la inclusión de los que sufren la violencia e inse­guridad en su vida cotidiana para que ellos y ellas definan lo que implica violencia e(in)seguridad en sus vidas, y terce­ro, terminaría con la importancia de conectar esas voces des­de las experiencias cotidianas con los actores cívicos y esta­dos estarán disponibles a entrar en una conversación nueva. Metodologías para co-construir y refundar la conversación sobre seguridad No es imposible reorientar la conversación sobre seguridad cuando se usan metodologías participativas que conside­ren seriamente qué implica vivir bajo amenazas constantes deviolencia crónica dentro de todos los espacios de so­cialización, desde lo íntimo, hasta la calle, la escuela, la cárcel y otros ámbitos(Pearce, 2007). Cuando se reconoce que todas las violencias importan, no solamente la violencia letal, se empieza a tener otra mira­da que va más allá de medirla con base en homicidios. Se entiende mejor también que la criminalidad es un gran re­productor de la violencia, pero no la única, y que también tiene raíces sociales. Se puede apreciar entonces que la inseguridad es algo mu­cho más amplio que la violencia y la criminalidad. Es algo subjetivo y no solamente objetivo y medible. Se trata de poder planear la vida, sabiendo que lo básico está garanti­zado. Por ejemplo, la salud, la educación, la vivienda. Es por esta razón que las Naciones Unidas lanzó el concep­to de seguridad humana en la década de los 1990. Este concepto tiene una gran resonancia entre comunidades que viven e n el medio de múltiples amenazas. Sin embargo, a la seguridad humana le faltaagencia o capacidad de ac­ción social necesaria para impulsarla. En este vacío, muy a menudo los políticos ofrecen unpo­pulismo punitivo. Hay un peligro latente y activo en Améri­ca Latina deciudadanía autoritaria. O sea que, en el me­dio de las inseguridades constantes, la ciudadanía acepta se le quiten los derechos en el nombre de laseguridad. Trabajando en varias comunidades pobres urbanas y rura­les de América Latina en los últimos doce años, un equipo de académicos, activistas e investigadores comunitarios, hemos confirmado la gran capacidad de repensar la con­versación sobre la seguridad entre los que viven el proble­ma(el articu lo académico que analiza este trabajo: Pearce y Abello Colak, 2021). 10 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V.