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Las múltiples caras de la seguridad en América Latina : selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad
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2. EL CONTEXTO INTERNACIONAL Qué esperar de las políticas de la administración Trump 2.0 con respecto a América Latina Maureen Meyer El primer mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos(2017-2021) reveló su inclinación por una política exterior transaccional y su escaso prestigio moral o interés por elevar los derechos humanos, la democracia y el Estado de derecho a nivel mundial. En América Latina, su desprecio por los controles y equilibrios entre los pode­res del Estado, la politización de las instituciones judiciales y los ataques a la prensa impulsaron a los gobiernos con tendencias autoritarias a desmantelar los principales es­fuerzos anticorrupción y de buena gobernanza. En medio de crisis globales como las guerras en Ucrania e Israel-Gaza, y el objetivo de contrarrestar a China, no está claro hasta qué punto América Latina será una prioridad para la política exterior de la administración Trump 2.0. Sin embargo, las promesas electorales relacionadas con la mi­gración y el narcotráfico probablemente pondrán a Améri­ca Latina en el centro de varios debates y acciones políti­cas. La designación del senador Marco Rubio como secre­tario de Estado situará a un cubanoamericano con conocimientos e interés por América Latina en el timón de la diplomacia estadounidense. Trump y Rubio tienen alianzas y estrechos vínculos con lí­deres en América Latina de tendencia autoritaria y populis­ta, como el presidente argentino Javier Milei(2023-) –el pri ­mer líder extranjero que se reunió con Trump tras las elec­ciones–, el presidente salvadoreño Nayib Bukele(2019-), el expresidente guatemalteco Alejandro Giammattei(2020­2024) y el expresidente brasileño Jair Bolsonaro(2019­2023) y su familia, incluido su hijo Eduardo, que estuvo en la fiesta de observación electoral de Trump en Mar-a-Lago la noche de las elecciones. Aunque es probable que la ad­ministración adopte una postura firme contra los gobiernos autoritarios de Cuba, Nicaragua y Venezuela, podemos es­perar que forje una alianza con gobiernos conservadores y líderes de la oposición en América Latina que tengan pun­tos de vista similares sobre la restricción del acceso al aborto, el recorte del apoyo a la diversidad y la protección de los grupos vulnerables y el debilitamiento de los contro­les institucionales respecto a su propio poder. La naturaleza transaccional de Trump y su enfoque hacia la migración y el narcotráfico, más allá del comercio y los aranceles, no serán temas nuevos para los gobiernos lati­noamericanos. Sin embargo, algunas de sus propuestas más extremas, como la intervención militar en México para hacer frente al narcotráfico, han ganado más tracción den­tro del Partido Republicano. Cabe anticipar una fuerte res­puesta policial y militar para frenar la producción y el tráfi­co de drogas ilícitas desde la región. Además de la presión y las amenazas de aranceles sobre México debido a la pro­ducción y el tráfico de fentanilo, Colombia también puede llegar a situarse en el centro de la diana e incluso está en riesgo de serdescertificada por no cooperar lo suficiente en la guerra contra las drogas si tenemos en cuenta que tiene la producción récord de coca desde 2020. Mientras que el primer mandato de Trump se centró en la construcción del muro fronterizo, su segundo mandato pa­rece centrarse en la deportación masiva de migrantes indo­cumentados que viven en Estados Unidos y el desmantela­miento de las rutas legales temporales para otros inmi­grantes establecidas o extendidas durante la administración Biden(2021-2025). Aunque la financiación y los obstáculos logísticos pueden limitar el alcance de las deportaciones, México y otros países de América Latina, que como región representan aproximadamente 7,87 millo ­nes de los 11 millones de migrantes indocumentados que se calcula que hay en el país –y la mayoría de los beneficia­rios de muchos otros programas de permisos legales tem­porales–, tendrán que prepararse para recibir a un elevado número de deportados y para el impacto económico deri­vado de la reducción de las remesas. También cabe esperar que para los países latinoamerica­nos, entre otros México y aquellos en Centroamérica, re­nazca la presión para que cierren sus respectivas fronteras, lleguen a acuerdos de cooperación en materia de asilo y re­duzcan drásticamente el número de migrantes que llegan a la frontera entre Estados Unidos y México, con el fin de evitar repercusiones económicas como aranceles o suspen­siones de la ayuda estadounidense; como ocurrió con la ayuda a Centroamérica durante parte del primer mandato de Trump(2017-2021). Con una mayoría republicana en el Congreso, es probable que Trump logre asegurar el apoyo y la financiación que necesita para llevar a cabo su restrictiva agenda de inmi­gración. Los republicanos ya han aprobado en la Cámara de Representantes leyes que restringen aún más el acceso al asilo, restablecen el programaQuédate en México y los acuerdos con países que fungen comotercer país seguro para la acogida de solicitantes de asilo, y al mismo tiempo pretenden condicionar la ayuda estadounidense al exterior a la aplicación de las leyes regionales de inmigración. 14 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V.