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Las múltiples caras de la seguridad en América Latina : selección de recursos del Newsletter del Centro Regional sobre Paz y Seguridad
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Otra oportunidad perdida para América Latina Érika Ruiz Sandoval La invasión rusa de Ucrania sorprendió a una América Lati­na más fragmentada, depauperada, desigual, violenta, ideologizada y polarizada que antes, tras un pésimo mane­jo de la pandemia. Al igual que la covid-19, este conflicto de alcance global con potencial para redefinir el orden mundial la tomó desprevenida, y se mostró incapaz para reaccionar con prontitud y de manera coordinada ante el desafío. Esta nueva gran crisis internacional es otra oportu­nidad perdida para una región cuya irrelevancia internacio­nal aumenta cada día. A casi cuatro meses de iniciada la invasión, ya es posible esbozar sus brutales efectos en la región. Se disparará la pobreza en casi un 35% y 8 millones de personas podrían caer en situación de inseguridad alimentaria por el aumen­to en los costos de los alimentos y la falta de fertilizantes, según la CEPAL (Cepal, 2022). Habrá bajo crecimiento y aumentará el desempleo. Si bien algunas economías –como las de Brasil y Argentina, pro­ductoras de energía y alimentos– se han beneficiado de la invasión, los efectos no serán duraderos, debido al aumen­to de la inflación inducido por la guerra. Como la inflación afecta directamente a la población, esto elevará la tensión social y el descontento en una región ya polarizada política y socialmente. La subida de las tasas de interés para tratar de frenar la inflación ha hecho más atractiva la inversión en economías desarrolladas y con menos riesgos. Pero, peor aún, ha aumentado el costo del servicio de la deuda, estrategia a la que recurrieron muchos gobiernos latinoamericanos durante la pandemia. En lo relativo a la invasión de Rusia del territorio ucrania­no, América Latina, reconocida en el ámbito multilateral por sus contribuciones a la defensa del derecho internacio­nal, ha sido incapaz de condenar de forma contundente y unánime las acciones rusas. Explicaciones hay varias, pero ninguna que consiga que la región salve su cara. Podría empezarse con el trabajo que ha hecho Rusia para penetrar cada vez más en los países de la región, a costa de la anterior presencia hegemónica de Washington. Des­taca el papel de los medios rusos, particularmente RT y Sputnik, que tienen una gran popularidad. Desde una su­puesta objetividad, han conseguido reavivar el sempiterno sentimiento antiestadounidense y que los latinoamericanos consideren como aceptables los regímenes autoritarios. El desencanto con la democracia y con la globalización en América Latina es de tal magnitud que se consideran ade­cuados e incluso preferibles las democracias iliberales y los gobiernos autoritarios. El fracaso de la gran transformación democrática y la apertura económica muestra que ha sido imposible transformar una cultura política autoritaria que viene desde el pasado colonial. A la vez, hay un profundo malestar con la globalización, porque no se han cumplido las promesas que pretendieron justificar la transformación estructural. Al final, los métodos que utiliza Putin para go­bernar también son los de Daniel Ortega(2007-) en Nicara ­gua, Nicolás Maduro(2013-) en Venezuela o Miguel Díaz Canel(2019-) en Cuba, y otros líderes latinoamericanos que van por el mismo camino, incluso si fueron elegidos en las urnas. Por otra parte, la apertura económica y la integra­ción regional efectiva son asignaturas pendientes. Así, la región se enfrenta a este complejo momento de cambios geopolíticos de forma fragmentada, sin posiciones comunes. Se trata de una mezcla de actores muy enfoca­dos en la refriega política interna con poca perspectiva in­ternacional, en la que incluso se presentan divergencias en­tre las posiciones de sus presidentes y lo que hacen sus Cancillerías y Misiones ante la OEA o la ONU . Varios gobiernos, por otra parte, han jugado sus cartas. Cuando la inteligencia estadounidense ya había advertido de que la invasión era inminente, los presidentes Jair Bol­sonaro(2019-2023) y Alberto Fernández(2019-2023) viaja ­ron a Moscú. Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) pretenden jugar a laneutralidad. El primero lo hace con el fin de garantizar el suministro de fertilizan­tes rusos, y el segundo por razones que no son fáciles de explicar cuando México depende enormemente de Estados Unidos en todos los ámbitos. Por su parte, Fernández fue capaz de ofrecer a Argentina como puerta de entrada para Moscú. Por último, la mayoría de los países latinoamerica­nos se ha negado a aplicar sanciones contra Rusia, incluso si no tienen un costo significativo para sus economías. Pareciera que los gobiernos latinoamericanos se quedaron atrapados en la Guerra Fría y no entienden que el mundo está en un momento distinto. La cuestión es que han he­cho un mal cálculo al creer que pueden sacar provecho tanto de Washington como de Moscú, sin darse cuenta de que este juego solo debilita aún más a la región. Tampoco consideran que, si este conflicto se alarga, sus principales socios(Estados Unidos, la Unión Europea y China, en dis­22 Friedrich-Ebert-Stiftung e. V.